domingo, 30 de noviembre de 2025

De algo tienen que morir los hombres

30 de noviembre de 1968: el encuentro entre Joselito Huerta y Pablito de Reyes Huerta

El Toreo de Cuatro Caminos
Imagen: Héctor García

La temporada de novilladas de 1968 concluyó hasta el 17 de noviembre de ese calendario, constó de 31 festejos que corrieron entre el 31 de marzo y ese tercer domingo del penúltimo mes del año de los XIX Juegos Olímpicos. El arranque de la temporada grande requería de un espacio de tiempo, por lo que éste se aprovechó para ofrecer a la afición lo que se anunció como la III Gran Feria de México, que correría entre el 20 de noviembre y el 3 de diciembre de ese año del 68 y que tendría como grand finale, la Corrida Guadalupana a celebrarse el día 12 de diciembre. 

El elenco de toreros en el que descansaba la feria era en Joselito Huerta y Raúl García, como las figuras mexicanas consolidadas y las figuras emergentes representadas por Raúl Contreras Finito, Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Jesús Solórzano y Curro Rivera. Completaban los carteles los diestros hispanos Diego Puerta, Palomo Linares, Miguel Márquez y Manolo Cortés. Estos toreros enfrentarían toros de Jesús Cabrera, José Julián Llaguno, Reyes Huerta, Torrecilla, Pastejé, Tequisquiapan, Mimiahuápam y Javier Garfias

Refiere Daniel Medina de la Serna, acerca de este serial:

La temporada chica terminó el 17 de noviembre y la Plaza México no volvió a abrir sus puertas hasta el 5 de enero para iniciar la temporada de toros; en el interín se dio en El Toreo una feria de ocho corridas (entre el 20 de noviembre y el 3 de diciembre), en la que se lidiaron toros chicos, hubo manga ancha por parte del juez, Carlos Gudiño, para la concesión de apéndices y las entradas fueron más bien raquíticas a excepción de las últimas corridas, con carteles de triunfadores...

En algún sitio de esta misma Aldea he comentado que la afición de la capital mexicana no se adapta a las ferias con festejos en días continuados, sino que su afección es a las corridas de temporada, de domingo a domingo, como toda la vida. En esta feria del 68, los siete festejos que se dieron de manera continuada – el del 12 de diciembre se pospuso – se dieron dos en sábado, dos en domingo, y una en los días lunes, martes, miércoles y jueves. Creo que resulta complicado en una ciudad como la de México, acudir a los toros entre semana, sobre todo, cuando se trata de días laborables, de allí que las ferias taurinas no hayan arraigado en ella.

La cuarta corrida de la feria

Para el sábado 30 de noviembre de 1968 se anunció un encierro de don Reyes Huerta, que sería lidiado por Joselito Huerta, Palomo Linares y Eloy Cavazos. El fin de semana anterior, Huerta había cortado una oreja algo discutida por una riñonuda faena al toro Aceituno de José Julián Llaguno, mismo que regaló, intentando salvar los muebles en un festejo que naufragó por el pésimo juego de la corrida titular de Pastejé, así que traía una espina clavada y el deseo de sacársela. Eloy Cavazos, por su parte, había cortado una oreja una semana antes, con el beneplácito de la concurrencia y Palomo Linares se presentaba en el serial.

Esos fueron los mimbres con los que se construiría una historia que casi terminaría en una tragedia.

Pablito, cuarto de la tarde

La corrida iba en caída libre. Como lo narró brevemente Medina de la Serna, el poco público que acudió a la plaza de Cuatro Caminos estaba ya de uñas. Las crónicas del festejo refieren que el abreplaza estuvo aceptablemente presentado, pero los dos que le siguieron, no tenían la presencia necesaria para ser jugados en una corrida de toros. Entonces, para Joselito Huerta, ese segundo toro de su lote representaba el volver las cosas a su orden, al precio que fuera, habida cuenta de que, ya solamente le quedaba, en el papel, un toro en la feria, en la corrida del 3 de diciembre, donde se disputaba el trofeo Azteca de Bronce.

Así pues, salió dispuesto desde el inicio a dejar la vida en el ruedo, con tal de refrendar su calidad de figura del toreo y también, de revertir el desplome de una tarde que parecía ya estar perdida en cuanto a la posibilidad de un resultado exitoso. Escribió don Manuel García Santos en su crónica para el diario El Sol de México salido al día siguiente del festejo:

Cuando vio José que el público no reaccionaba con el buen toreo, por hacerse éste con la becerrada que envió el señor don Reyes Huerta, buscó emocionar a la plaza con un toreo dramático. Con un toreo comenzado con dos faroles de rodillas al cuarto toro, lleno de rabia y aguante el segundo, por haberlo arrollado “Pablito” en el primero. A partir de ahí, verónicas apretadas y ceñidísimas a pies juntos. Gran quite por fregolinas. Y la decisión, retratada en el semblante, de buscar el triunfo costara lo que costare cuando con la espada y la muleta pidió que le cerraran al toro en tablas. Se arrodilló José. Se abrió el toro. Quedó cruzado con el torero... Aguantó José la dramática situación… La cornada fue impresionante, seca, brutal, y el diestro de Tetela, el torero de más oficio que tiene México, salió lanzado a gran altura. Cuando acudieron en su socorro pudo apreciarse que tenía una cornada penetrante de vientre con salida de intestinos...

Por su parte, Juan Pellicer Cámara – firmando como Juan de Marchena – relata en su tribuna del diario deportivo Esto, lo siguiente:

Huerta salió a buscar las palmas sin detenerse ante nada. Casi se metió al callejón de toriles para esperar de rodillas al astado, con una larga afarolada un tanto atropellada. Al hilo de las tablas volvió a hincarse para un farol apretadísimo y se incorporó para veroniquear, sin la menor enmienda, a pies juntos y rematar con media ceñidísima… Un puyazo, el único tumbo de la tarde y quite de José por fregolinas, en las que el cornudo se enroscó a la cintura del torero más que su propio capote. Otro puyazo y feísimas, pueblerinas gaoneras de Palomo. En el segundo tercio vimos como el de Reyes Huerta se quedaba en la suerte… Momentos antes de iniciarse la faena de muleta, el bicho quiso saltar al callejón. Huerta, en busca del triunfo, buscando el peligro, se arrodilló de espaldas a las tablas y acudió gazapeando el manso que de pronto frenó, hasta colocarse frente al torero, quien quedó materialmente atrapado, sin salida. En cuanto sintió la presa segura acometió el de Reyes Huerta y empitonó a José, lanzándolo por los aires, a gran altura, como un trágico pelele. La cogida fue impresionante. En brazos de las asistencias el torero de Puebla fue llevado a la enfermería...

La irreductible voluntad de triunfo y la hombría de Joselito Huerta le llevaron a sufrir un percance que, a simple vista, dejaba en claro su gravedad. Tras de la primera intervención, realizada en la enfermería de la plaza, el equipo médico integrado por los doctores Xavier Campos Licastro, Xavier Ibarra hijo, José y Tirso Cascajares, Quijano Méndez y Gustavo Zárate, rindieron el siguiente parte facultativo:

Cornada penetrante de vientre, situada en la línea media del hipogastrio, tiene una extensión de diez centímetros de longitud, presentando hernia de epiplón. Al intervenirse quirúrgicamente se encontró, además, herida de diez centímetros en el peritoneo, contundiendo y descubriendo la arteria ilíaca derecha; herida del músculo psoas ilíaco con extensión de ocho centímetros y herida en la cara externa de la vejiga en extensión de siete centímetros, que interesó peritoneo y músculo. Estas lesiones, por su naturaleza, son de las que ponen en peligro la vida. El herido ingresó en la enfermería bajo shock traumático. Durante la intervención se le aplicó una transfusión de 500 c.c. y se le aplicó suero.

Tras de la intervención, Joselito Huerta fue trasladado al sanatorio Las Américas para continuar con su tratamiento, cuya evolución inicial pareció ser favorable, llegándose incluso a darle el alta hospitalaria para que terminara de restablecerse en su domicilio, pero como sucede en muchos casos de cirugía de la masa intestinal, desarrolló una condición llamada íleo paralítico postoperatorio, que requirió su reingreso al hospital y una nueva intervención quirúrgica. Menciona el semanario El Ruedo fechado el 24 de diciembre de 1968:

En los días prenavideños ha sido una preocupación para los aficionados taurinos el estado de extrema gravedad de Joselito Huerta, que, como se recordará, fue herido en el vientre por un toro, en la plaza de El Toreo, el pasado día 30 de noviembre... El estado del paciente obligó a hacer una segunda intervención quirúrgica el pasado día 19. Ello hizo que los periódicos mejicanos destacasen, en grandes titulares, el estado de Joselito con matices pesimistas, aunque los cirujanos que le intervinieron mantenían la esperanza de que el diestro superaría la crisis... El día 21 se inició una mejoría, y los médicos, que temían tener que operarle por tercera vez, descartaron la necesidad de intervenir de nuevo...

Y ya no le intervinieron por tercera ocasión, recuperó su motilidad intestinal y paulatinamente recuperó su salud, pero tardó prácticamente once meses en volver a los ruedos, porque su reaparición se dio hasta el 26 de octubre de 1969 en Guadalajara, alternando con Mauro Liceaga y Manuel Benítez El Cordobés y cortó tres orejas esa tarde, saliendo en hombros de la afición tapatía. La realidad es que debió reaparecer la víspera, en Monterrey, alternando con el mismo Cordobés y con Roberto Ortiz El Fotógrafo, pero la corrida se suspendió por lluvia.

El porqué del título de estos apuntes

En su día, el título de estos apuntes ocupó la cabeza de más de un diario en México, y parece una de esas historias que se cuentan una y otra vez y se pierde la noción de su veracidad, pero es la propia esposa del torero la que contó lo siguiente a Ignacio Solares y Jaime Rojas Palacios:

La cornada le ocasionó, entre otras cosas, una peritonitis, una hernia, una oclusión intestinal, una fístula y una salmonelosis. Permaneció retirado de los toros por más de un año, y todavía está sometido a una dieta y a un chequeo médico mensual. ¿Y sabe usted lo que dijo José cuando tenía los intestinos en la mano?: “De algo tienen que morir los hombres”...

Joselito Huerta no murió en la raya, pero sin duda estuvo dispuesto a ello.

La corrida pospuesta

Decía al inicio de estas líneas que la Corrida Guadalupana incluida en el anuncio de la feria se pospuso. La causa fue que Manolo Martínez sufrió una lesión al torear en Quito y el programado mano a mano con Palomo Linares y toros de Javier Garfias se difirió para el día 29 de diciembre siguiente, pero con una modificación en el cartel de toreros, pues al hispano lo sustituiría Eloy Cavazos. Ese festejo sería el último que se daría en el Toreo de Cuatro Caminos, con su fisonomía original, que cerraría sus puertas a los toros hasta el día 15 de octubre de 1994, fecha en la que se volvería a dar una corrida de toros en su ruedo, actuando José Mari Manzanares, Manolo Arruza, Fermín Espinosa Armillita y Pepín Liria ante toros de Vistahermosa, es decir, casi 26 años después.

Hoy, el Toreo de Cuatro Caminos ya es historia y su lugar lo ocupa un conjunto de oficinas y un centro comercial.

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