Aquí la plaza es grande y el público también. Hay que hacerle como con los toros. Hay que hacerse primero con los chicos y arrimarse mucho hasta que se llega. Así pienso llegar yo... arrimándome. Tengo pendientes fechas en Guadalajara, Torreón y Querétaro... mientras llega la México y luego, si Dios quiere, hasta España...
En menos de un año, se había presentado ya como novillero en la plaza más grande del mundo y había recibido la alternativa en Monterrey, capital vecina a su tierra natal, festejo del que arrancó para sumar 196 corridas en los cinco años siguientes, para cumplir al pie de la letra lo que decía en esa primera entrevista, y por estas fechas, hace 55 años, llegaba a Madrid a confirmar su alternativa.
Un viaje de prospección previo
Eloy Cavazos viajó a España en 1970 y estuvo por aquellas tierras entre el 18 de mayo y el 26 de junio de 1970. No fue a torear, sino, como le comentó a quien firmó como Nacho en el ejemplar de El Ruedo, fechado el 11 de mayo de ese 1971:
Antes de pisar un ruedo español quise conocer la Madre Patria y el desarrollo de su Fiesta. Sus toros y el ambiente general. Elegí el mes de mayo y pude presenciar doce corridas de San Isidro y una en Aranjuez... No desaproveché la ocasión de entrar en contacto con las reses de acá. Toreé cinco vacas. Fue buena cosa, pues tuve ocasión de contrastar la bravura del ganado de esta tierra... A nuestro toro hay que esperarle. Uno se puede colocar mejor y no asusta tanto su corpulencia. El de acá, el toro español, se viene hacia uno más pronto. Ayuda más a la realización del lance o del pase, pero proporciona más miedo por su alzada y por las reaccione s del animal en esa encorajinada embestida. No obstante, pienso que el toro de aquí nos es favorable...
Como se puede ver, primero calibró desde el tendido a la afición de allá, después sintió al ganado, aunque fuera de manera breve - apenas tentó cinco vacas - y después decidió emprender una campaña trasatlántica. Por eso pudo presentarse en Madrid, con apenas dos tardes previas, una en Málaga y la otra en Barcelona.
La tarde de su confirmación
La confirmación de Eloy Cavazos era la quinta de las seis que se verificarían esa Feria de San Isidro. La precedieron las de Curro Vázquez, Santiago López, Curro Rivera, Jaime González El Puno, y faltaría todavía la del torero de Bormujos, Marcelino Librero El Marcelino. El padrino del neoleonés sería Miguel Mateo Miguelín y atestiguaría Gabriel de la Casa, actuando también el rejoneador Curro Bedoya. Los toros serían de José Luis Osborne para la lidia ordinaria y uno de Manuel García – Aleas para rejones.
La plaza se llenó, según las crónicas, por segunda vez en la feria, que cumplía su séptima fecha y el cielo estaba entoldado, durante la lidia del quinto, lloviznó, incluso. Miguel Mateo Miguelín vistió de granate y oro, Gabriel de la Casa, de azul y plata y Eloy Cavazos. de azul y oro.
La confirmación de Eloy Cavazos
El primer toro de la tarde se anunció como Retoñito, número 165, con 541 kilos de peso, era negro zaino, carifosco y bien armado. Con este ejemplar, el nativo de Guadalupe, Nuevo León, refrendaría su calidad de matador de toros en la capital de España. Su actuación ante él, fue vista así por Julio de Urrutia, titular de la crónica taurina en el diario Madrid
Eloy Cavazos recibió en su confirmación los trastos de matar de Miguelín en el primer toro, al que saludó con unas verónicas preciosistas rematadas con la serpentina, tercio idéntico de capa que el mexicano repitió en el sexto Osborne de la tarde. También le vimos en las dos ocasiones un quite por navarras y otro suave, muy suave, a la verónica, asimismo. Ello quiere decir que nos encontramos ante un torero elegante de capa que yergue la figura y, ejecuta los lances, lleno de gracia y de sabor. Con la muleta, por el contrario, encoge él cuerpo y fuerza el físico hasta parecer que va a besar al cornúpeta, vicio éste que resta belleza a las faenas, sobre todo cuando a su final Eloy se “enrosca” con los cuartos traseros del enemigo para hacer “la pescadilla”. Cuando corrija estos defectos y suprima de su repertorio la ganga de las espaldinas y el péndulo muleteril – principalmente cuando no vienen a cuento –, Cavazos brillará más arriba en el último tercio, aunque ayer agradara las dos veces al respetable. Donde, sin embargo, Eloy se muestra gigante es en el volapié, porque practica al pie de la letra aquel sabio consejo de Pedro Romero cuándo decía a sus discípulos que “se dejaran coger” – o percibir su sensación –, por ser ésta la única manera de que los toros se descubran en la suerte de matar. Los dos volapiés del mexicano, aunque el del último Osborne lo agarrara al segundo viaje, merecieron las orejas, una por cada toro, que el público le concedió. Porque hace tiempo que no veíamos a un matador echarse encima del toro y revolcarse materialmente sobre él con el acero como lo hizo ayer el pequeño y grande Cavazos. El que más hoy se le aproxima a nuestro Andrés Vázquez...
Rápido descifró Urrutia la tauromaquia cavacista en sus virtudes. Pero también apunta que aporta un aire nuevo, diferente, a lo que se podía apreciar por aquellas fechas en los ruedos hispanos.
Por su parte, Gonzalo Carvajal, en su tribuna de Pueblo, en clave epistolar, dirigida a una ahijada suya a quien llevó ese día por primera vez a los toros, cuenta:
Eloy, en este día de la Ascensión de 1971, vio colmadas sus ilusiones de confirmar su doctorado en las Ventas. Lo hizo, Macarena, con «Retoñito», número 105, de 541 kilos, de pelo negro zaino y carifosco, que vino a ser toro poco empleado, poco profundo pero bondadoso, con esa bondad apagada y sosa de los toros con clase a los que fallan las fuerzas. Lo que mejor hizo, Macarena, este menudo mejicano que se las sabe todas fue cuajar uno de los mejores tercios iniciales – si no el mejor – de los que llevamos visto en la isidrada: lances de pies juntos y a la verónica, capotazos medidos, suavones, como mecidos por los sones dulces de la música del Istmo de Tehuantepec, perfecto quite por navarras y torerísimo remate. Que la faena de muleta no alcanzara el ritmo del toreo cavacista con el percal – el toro entonces ya quena irse a las tablas – nunca debía ser obstáculo, Macarena, para que Eloy Cavazos, que mató de una entera, saliendo rebotado, cortase la primera oreja – protestada por los que siempre protestan - de esta tarde, en la cual casi se puso el cartel de «No hay billetes» y tampoco nos libramos de la lluvia. A Cavazos, quien posee muy hábil y buen oficio, aunque su clase resulte corta, le dieron otra oreja, con petición fuerte de la segunda, después que frente al sexto – el único toro que se salió suelto en varas y que hizo el último tramo de su pelea con buen son, pero no tan bueno como los cinco anteriores - anduvo, franela en mano, valiente y torero, con un trasteo cortado por idénticos patrones formales al primero, pero de más amplio mérito, ya que este sexto Osborne tenía bastante más que torear. Así fue, Macarena Calles, y a mi modo de ver, como Eloy Cavazos, en el día más ilusionado de su existencia, se ganó la salida por la puerta grande...
También Carvajal encuentra en la esencia del toreo de Eloy Cavazos una diferencia esencial con lo que está habituado a ver. Y considera, con justeza, que su triunfo fue rotundo.
Pero, aunque los toreros hayan triunfado, porque Miguelín saldó su tarde con el corte de tres orejas y Gabriel de la Casa y Curro Bedoya por su parte cortaron una cada uno de ellos, la gente estaba tan emocionada, que levantó a los cuatro en hombros y se los llevó por la puerta grande, a pesar de que reglamentariamente solamente estaban habilitados para ello Miguelín y Eloy Cavazos. Y es que, contra la algarabía popular, no se puede.
Pero aun así, hay quienes prefieren vivir contracorriente. Esta es la médula de la crónica que escribió don Antonio Díaz – Cañabate para el ABC madrileño:
Conforme iba acercándome a la Redacción de ABC para escribir esta crónica, iba pensando: ¿Y qué he visto de extraordinario para tal riada de orejas? Pues no me acuerdo absolutamente de nada, es decir, sí, me acuerdo de un gran par de «Miguelín», de poder a poder, en el cuarto. ¿Nada más? ¿Sólo un buen par de banderillas en una corrida en la que las orejas se desbordaron? Que me perdonen los orejeados, «Miguelín» con tres, con dos Cavazos y con una Gabriel de la Casa y Curro Bedoya, que estuvo lucido y breve en su rejoneo. Desde luego, ninguno estuvo mal, pero todos torearon con el mismo mecanismo. Como las orejas también es algo mecánico, el torero que no se sale delo rutinario tiene mucho adelantado para cosechar cantidad de ellas... Me lo pueden creer. Desde su punto de vista me parece muy bien que les lluevan las orejas como rosquillas de la tía Javiera, pero tengan en cuenta, que mi punto de vista no es el suyo. Mi deber es enjuiciar lo que veo con arreglo a mi criterio, que naturalmente puede ser equivocado, y estoy seguro de que «Miguelín», Gabriel de la Casa y Cavazos así lo estimarán. Lo lamento y me atengo a mi dilatada experiencia. Aquí estoy a las dos horas de haberse terminado la corrida. Suspendo mi trabajo y miro al techo, que es donde a veces se refugian los recuerdos...
A don Antonio no le gustaban más que ciertos toreros de su tierra y en sus relaciones escritas se aseguraba de dejar bien claro eso. La prueba allí está, en blanco y negro.
Lo que vendría después
Tres días después, al reaparecer en Las Ventas, Eloy Cavazos sería herido de gravedad por un toro de Francisco Galache, que le tendría en el dique seco hasta el 5 de junio siguiente. Cerraría ese ciclo el en el mes de octubre, y actuaría en plazas de importancia como Málaga, Ronda, Barcelona, Logroño, Palma de Mallorca o la francesa de Arles, dejando preparado el terreno para la siguiente temporada.
Eloy Cavazos es uno de los pocos toreros mexicanos que han actuado en tres décadas distintas en ruedos europeos.

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