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domingo, 14 de marzo de 2010

Una fotografía con historia (I)


El médico Antonio Ramírez González fue condiscípulo de mi padre desde los tiempos del bachillerato, es más la abuela de don Antonio era del mismo pueblo que mi padre. Fueron juntos a la Facultad de Medicina y compartieron durante muchos años el ejercicio de la cirugía y la afición a los toros. De cuando en cuando don Toño me permite escudriñar en su extensa y bien cuidada biblioteca y es allí donde me encontré esta fotografía de Sosa que les presento en esta ocasión.

En el año de 1945 se dio lo que resultaría ser la última temporada de novilladas en el viejo Toreo de la Colonia Condesa de la Ciudad de México. El jueves 28 de junio se anunciaron seis ejemplares de La Laguna de Guadalupe, en un festejo de concurso para Alfonso Reyes Lira, Ignacio Cruz Ortega, Aurelio García, Alejandro Cázares, Guillermo Carvajal, Eduardo Solís y Juan de la Cruz, quienes se disputarían, además de la oportunidad de seguir actuando en las tercias subsecuentes, el vestido de luces verde y plata que el actor Ricardo Montalbán había utilizado en la película La Hora de la Verdad, próxima a estrenarse en las salas de cine de México.

La reseña que Guillermo Ernesto Padilla hace del festejo en el segundo tomo su obra Historia de la Plaza de Toros El Toreo 1907 – 1946, refiere lo siguiente:


Alfonso Reyes Lira vio regresar vivo a un astado infumable. Ignacio Cruz Ortega  toreó muy valiente y mató con gran verdad. Aurelio García sacó insospechado partido de un buey. Alejandro Cázares consumó un faenón con un astado de carreta. Guillermo Carvajal emocionó con su enorme valor. Eduardo Solís llevó a cabo torera faena y Juan de la Cruz se esforzó lo indecible.


La actuación de Cázares le señaló pues como triunfador de la noche y como acreedor del terno de luces que el actor mexicano, nacido en la Ciudad de México, pero radicado desde su infancia en Torreón, Coahuila y por tanto, considerado como nativo de allí, vistiera en la cinta que dirigiera Norman Foster y sobre la que Tomás Pérez Turrent, destacado crítico de cine y en su día, también novillero (llegó a presentarse en la Plaza México), escribiera lo siguiente:


…Es un cineasta norteamericano, Norman Foster, quien va a realizar el mejor melodrama taurino que haya hecho el cine mexicano: La hora de la verdad (1944). El argumento (de Janet Alcoriza) recoge todas las convenciones y los prototipos del melodrama taurino: el joven torerillo (Ricardo Montalbán) que es ayudado por un viejo picador, el triunfo después de muchas penurias, la alternativa, el matrimonio con la hermosa joven, a quien la preocupación por la profesión del marido hace perder la razón, hasta que tiene que ser internada en un manicomio; el héroe que se refugia en el amor de otra mujer, con la que tiene un hijo que no conocerá porque ella decide sacrificarse y abandonarlo; la etapa de los fracasos, la soledad, la bebida, las parrandas, la muerte providencial de la loca y el reencuentro de la mujer amada que lo hace conocer a su hijo; la nueva oportunidad, el triunfo y la muerte.

Foster, ayudado por su buen oficio de cineasta, logra profundizar en ciertas verdades del mundo taurino a partir de sus propias convenciones y sin romper las reglas del juego melodramático o pretender trascender el melodrama. Su sentido del ritmo da fluidez al relato y hace verosímiles aun las peores convenciones. Evita constantemente la redundancia (tan común en el melodrama mexicano) gracias a la atinada utilización de la elipsis (buen ejemplo es la escena final, el torero agonizando en la enfermería, la mujer deambulando en la plaza vacía, resuelta con convicción y rigor sin por ello perder su intensidad melodramática). El realizador consigue además una serie de apuntes muy permanentes sobre el torero y el mundo que lo rodea, su especificidad; sabe analizar sus sentimientos contradictorios, la relatividad del miedo y/o el valor. Por último, a través de la locura de la esposa del torero, esboza un tema inédito que afortunadamente no se ha vuelto a tratar: el toreo como privilegiado momento erótico. La locura es un producto de los celos, los celos tienen un motivo concreto: la fusión entre toro y torero, la comunicación que se establece entre ellos, la entrega de uno a otro representa el acto amoroso…
Los estelares del reparto en la cinta fueron el citado Montalbán, Lilia Michel y la veracruzana Virginia Serret, continuando con  un estereotipo que había iniciado con la segunda versión de Santa (1943), dirigida por el mismo Foster, en el que interpreta al torero Jarameño al lado de Esther Fernández. Señalo que el papel del torero es un estereotipo para Montalbán, porque en 1947 vuelve a personificar al diestro Mario Morales en Fiesta, un musical dirigido por Richard Thorpe, compartiendo papeles con Esther Williams, Cyd Charisse y Mary Astor. Espero que el amigo Gustavo de Alba sepa disculpar el que invada sus terrenos.

La tarde del 23 de septiembre de 1945 se anunció la reaparición de Alejandro Cázares, quien para lidiar novillos de Torreón de Cañas de alternaría con el hispano Gabriel Alonso y Ramón López y tras de concluir el paseíllo, bajó al ruedo la guapa Virginia Serret, a cumplir con el segundo de los trofeos ofrecidos al triunfador de la novillada del 28 de junio, la entrega del vestido de luces que utilizó Ricardo Montalbán en el rodaje de La Hora de la Verdad. Ese es el momento en el que el fotógrafo Sosa captó la imagen que encabeza esta entrada.

Guillermo Ernesto Padilla relata como resultado del festejo el siguiente:


El domingo 23 de septiembre se presentó el novillero español Gabriel Alonso, con quien alternaron Alejandro Cázares y Ramón López lidiando astados de Torreón de Cañas. Alonso dejó apreciar estilo y buenos procedimientos. Cázares mostró afición y valor. Ramón López realizó una faena extraordinaria con el sexto burel.

La Hora de la Verdad se estrenó en la Ciudad de México el día 15 de noviembre de 1945 y en el Cine Alameda de Guadalajara al día siguiente. Alejandro Cázares todavía prolongó su carrera novilleril algunos años más, pero fue duramente castigado por los toros. Fue de los novilleros que iniciaron sus pasos en la arena de la Colonia Condesa y que lograron hacer la transición a la Plaza México, donde actuó un par de tardes y en las dos resultó herido de gravedad, terminando por dejar la profesión de torero.

Uno de los hechos más trascendentes del paso por los ruedos de Alejandro Cázares es el ser uno de los primeros en haber presentado a las empresas y haber llevado con él a sus primeras andanzas taurinas a un jovencito que en unos cuantos meses irrumpió para convertirse en una gran figura del toreo, me refiero a Rafael Rodríguez, con quien convivió y a quien auxilió en sus primeros pasos en los ruedos y que en un brevísimo tiempo se convirtió en El Volcán de Aguascalientes.

La fotografía de Ricardo Montalbán es obra de Peter Stackpole, tomada en la plaza de toros El Toreo, de la Ciudad de México, en el año de 1945 y pertenece al archivo de la Revista Life, recopilado en Google y probablemente corresponde a un reportaje realizado a propósito de la filmación de La Hora de la Verdad, por la fecha de su realización.
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