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domingo, 17 de agosto de 2014

15 de agosto de 2004: José María Luévano confirma su alternativa en Las Ventas

A principios de la década de los noventa del pasado siglo, cuando Guillermo González Martínez institucionalizó la enseñanza del toreo en la plaza de toros San Marcos, uno de los primeros alumnos que llamó la atención fue un muchachito moreno y de mirar taciturno que al decir de Rubén Salazar, el que fuera el primer instructor de esa escuela, tendía a realizar el toreo a la verónica con una singular hondura, encajando la barbilla en el pecho y bajando mucho las manos. Se llamaba José María Luévano y pronto sus aptitudes trascendieron al conocimiento de la afición de Aguascalientes, que tuvo oportunidad de corroborar lo que se decía de él, viéndole ante los becerros.

José María se presentó como novillero con picadores el 7 de octubre de 1990 en la misma plaza que fue su centro de formación, alternando con Ricardo Márquez, César Alfonso El Calesa, Alejandro de Anda, Juan Carlos Sánchez y Alberto Ortiz y el novillo de Los Arce que le correspondió apenas le dejó mostrar sus aptitudes esa tarde, sin embargo, le valió para ir sumando festejos y adquirir el rodaje necesario para poder avanzar en la carrera que había elegido.

Guillermo González Martínez hizo lo que hoy los economistas llaman una alianza estratégica con Manolo Martínez y una compañía cervecera y organizan un certamen novilleril, por lo que comienzan a programar novilladas en distintas plazas de la República, lo que logra que en nuestra plaza San Marcos, por ejemplo, se dieran hasta treinta novilladas en alguno de sus ciclos, cosa pocas veces vista aquí.

En esos certámenes, surgieron toreros como José María, Fernando Ochoa, los Cuates Espinosa, Arturo Manzur, César Alfonso El Calesa o Alfredo Ríos El Conde, entre los que ahora me vienen a la mente y tuvieron la ocasión de compartir tentaderos y carteles con toreros venidos del otro lado del mar, pues José Tomás, Sergio Aguilar y Sebastián CastellaFinito de Córdoba estuvo en el grupo que participaba en los tentaderos – en algún momento o integraron carteles con ellos o estuvieron en los tentaderos de las ganaderías de Manolo Martínez, El Colmenar o San Martín aprendiendo juntos.

José María Luévano se presentó en la Plaza México el 16 de agosto de 1992, llevando de compañeros de terna a Arturo Manzur y El Conde, siendo el encierro de Manolo Martínez. Fue la primera de una docena de festejos menores en los que actuó en la plaza más grande del mundo, entre los que destacan el del 26 de septiembre de 1993, cuando corta una oreja a uno de los novillos de Teófilo Gómez que le tocaron en suerte, o el del 9 de octubre de 1994, en el que cortó dos orejas a Pintadito de De Santiago. También pagó allí su cuota de sangre, pues el 16 de octubre de 1994, Azteca de Xajay le envió a la enfermería
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Recibió la alternativa en León, Guanajuato el 20 de enero de 1995, apadrinándole Miguel Espinosa Armillita y atestiguando la ceremonia Manolo Mejía. El toro de la cesión se llamó Don Juan y fue de la ganadería de Begoña. Esta alternativa la confirmó en la Plaza México el 14 de enero de 1996, volviendo a fungir de padrino Armillita y siendo testigo Enrique Ponce. El toro de la ceremonia se llamó Payaso y fue de Carranco. Sobre su actuación esa tarde, escribió Enrique Guarner:
Puede afirmarse que ya podemos sustituir a nuestras petrificadas figuras, puesto que existen tres jóvenes que van a llegar lejos. Ellos son: Federico Pizarro, Rafael Ortega y José María Luévano. La actuación de este último ayer fue excelente, tanto de capa como de muleta. Es una lástima que sea tan inexperto en el descabello, pero esto último puede aprenderse… El que abrió plaza se llamaba "Payaso" de Carranco y había nacido en junio del año 2000 A.C. El de Aguascalientes lo recibió con magníficas verónicas y recorte. Con la muleta caminó bien con el novillo y ejecutó varias series en redondo con temple y calidad. Desafortunadamente al final tendió a descargar la suerte, pero su toreo fue limpio y bien instrumentado. Mató de estocada en lo alto, algo trasera que requirió del descabello con el que falló hasta en 13 ocasiones escuchando dos avisos. No obstante, fue aplaudido en el tercio...
La carrera de José María empezó a ascender. Toreaba en las principales ferias y en los mejores carteles de la temporada en la Plaza México. El 26 de enero de 2003 cortó 3 orejas a los toros de Bernaldo de Quirós que lidió esa tarde. Sobre su actuación, Lumbrera Chico escribió:
Dueño de su oficio, pleno de valor, Luévano cortó las dos orejas de Comodín, tercero de la tarde, negro bragado de 488, al que embarcó en largas tandas derechistas retrasando la franela y tragando leña con emotividad, para despacharlo de un estoconazo y hacerlo rodar sin puntilla al cabo de una prolongada agonía… Mucho más interesante fue la faena que logró imponerle a Algodonero, de 485, penúltimo del festejo, también negro bragado y con imponente aunque fea cornamenta, un bicho que salió buscando descaradamente la manera de huir, pero que, luego de recibir siete puyas, de Julio Sánchez, quedó en calidad de piltrafa. Luévano lo metió en la muleta con una serie de doblones suaves y le cuajó cuatro excelentes tandas por la derecha muy bien ligadas tirando del animal con gran solvencia. Para su desdoro, pensando quizá en las dos orejas que ya tenía en la espuerta, José María no quiso verlo por el izquierdo, no obstante que por ese lado el rumiante embestía con mayor claridad y fuerza cuando lo remataba con el pase de pecho… Muy afilado con el estoque, volvió a ejecutar el volapié con brillantez y el juez Balderas le concedió otra orejita, que no borró la sensación de que, si hubiera invertido más riesgo y esfuerzo al intentar el toreo con la zurda, habría obtenido resultados mucho más espectaculares… 
Su actuación en esta tarde le valió para entrar al cartel del 5 de febrero siguiente con Enrique Ponce, Zotoluco y El Juli para lidiar toros de Teófilo Gómez y Reyes Huerta. Su actuación se saldó con el corte de dos orejas y la visión de Leonardo Páez acerca de ella es la siguiente:
En el festejo del 57 aniversario de la monumental Plaza México volvió a prevalecer el triunfalismo pueblerino y la apoteosis emergente que caracterizan a la empresa, brillando en todo su esplendor la principal aportación de aquélla al espectáculo: megacorridas con cuatro toreros, ocho toros de lidia ordinaria, dos más de regalo, la despedida de un picador y cuatro horas 40 minutos de infructuosos intentos por emocionar... sin toros bravos… José María Luévano lanceó muy bien a Suspiro, de Reyes Huerta, y realizó la faena más sentida y honda de la tarde frente a un astado pasador más que bravo. Como se entregara en la estocada, Balderas, quien ya había devaluado la concesión de premios con Ponce, debió soltar las segundas dos orejas que Chema paseó orgulloso por el redondel… Con su segundo, sosote, el de Aguascalientes se plantó seguro y realizó un meritorio trasteo por ambos lados, empañado, raro en él, con la espada…
El 1 de febrero de 2004, volvió a salir de la plaza más grande del mundo con trofeos en la mano, gracias a una actuación riñonuda y no desprovista de clase, según lo cuenta de nuevo Leonardo Páez:
También en su tercera corrida en el serial, el diestro de Aguascalientes se las vio primero con Buen trato, con 481 kilos, negro entrepelado bragado y bizco del pitón derecho, que no obstante su debilidad de manos sufrió un bombeo inmisericorde en la única vara que tomó… A la sosería del astado hubo de añadirse un fuerte viento, por lo que Luévano tragó en dramáticos muletazos por ambos lados, sin lucimiento pero de gran mérito. Como se entregara en el volapié, incluso de efectos más rápidos que el de Caballero, dio una justificada vuelta al ruedo… Como consecuencia de que en el callejón de la México había, además de embarnecidos apoderados, ganaderos, actores, hoteleros y locutores, Luévano, al querer brindarle a uno de los empresarios de Madrid se equivocó de persona… Diácono, con 534 kilogramos, fue sin embargo el más claro y pasador del desafortunado encierro, lo que permitió a José María consentir al mansurrón en tandas de derechazos con sentimiento y hondura, muy bien rematadas. Cuando buscó la igualada prestó oídos a ciertos villamelones e intentó algunos naturales sin lucimiento. En el primer viaje pinchó y fue trompicado, para enseguida dejar tres cuartos de acero que bastaron, llevándose merecida oreja...
Cerró esa campaña 2002 – 2003 en la Plaza México el 22 de febrero, llevándose a casa la Oreja de Oro que disputó con Rodrigo Santos, Armillita, Jorge Gutiérrez, Zotoluco, Rafael Ortega, Ignacio Garibay y Fermín Spínola, en la lidia de toros de varias ganaderías.

Embalado en esa cadena de triunfos, se anunció la confirmación de José María Luévano en Madrid para el 15 de agosto de 2004. Su padrino sería Fernando Cepeda y atestiguaría el acto el albaceteño Sergio Martínez y el encierro anunciado sería de Antonio San Román. Al final, el toro primero de la corrida fue devuelto por inválido y sustituido por Ribereño de El Pizarral, que es el que pasa a la historia y a la estadística como el que sirvió para que José María actuara por primera vez como matador de toros en Madrid y en España. Sobre esta tarde escribió Rosario Pérez:
Confirmaba la alternativa José María Luévano, triunfador de la pasada temporada grande en México. El precioso castaño que abrió plaza fue sustituido por un sobrero de El Pizarral bronco y con cierto sentido. El de Aguascalientes lo intentó; sin embargo, por momentos se vio desbordado por su enemigo, al que había que dejar siempre el trapo bien puesto. Saludó con destacados lances al ensabanado quinto. Arrancó con brillantez sobre la derecha, pero el valeroso trasteo decayó…
Su parecido físico con Fernando de los Reyes El Callao, torero de su misma cuerda, consentido de la afición de la Plaza México, despertó viejos sentimientos dormidos que le permitieron gozar por algún tiempo, del favor de la plaza más grande del mundo, pues tras de su confirmación madrileña entró en un bache del que luchaba por salir cuando el toro de la carretera se interpuso en su empeño.

José María Luévano falleció el 24 de enero de 2011 en un accidente de tráfico en las cercanías de San Juan del Río, Querétaro, donde residía con su familia.

sábado, 2 de mayo de 2009

Tal día como hoy: 2 de mayo de 2004. Jorge Gutiérrez y José María Luévano sacan la casta y se imponen a los elementos.

NECESARIA ACLARACIÓN: Hoy debiera celebrarse la sexta corrida de la Feria de San Marcos. Por las razones que han sido profusamente difundidas, esta corrida y las que siguen, no se llevarán a cabo. La razón de seguir publicando estos recuerdos, es que el trabajo ya lo tengo hecho y me parece algo ocioso dejarlo añejar un calendario completo, así que seguiré las fechas del cartel original de los festejos y continuaré publicando estas ideas, si Ustedes no tienen objeción.
Para el 8º festejo del serial 2004 se anunciaron toros de José Garfias para Jorge Gutiérrez, Eulalio López Zotoluco y José María Luévano.

Uno de los discursos recurrentes de los ecologistas es el del cambio climático. Pues una muestra de que el tiempo ya no es como solía ser, se vio esta tarde del 2 de mayo de 2004, en el que al principio de la 8ª corrida de feria, se soltó un viento casi huracanado, que hacía si no imposible, si muy complicada la lidia y después, al final del mismo, cayó un chaparrón de regulares proporciones, que de no ser por la disposición de Jorge y Luévano en especial, no hubiera tenido un final para ser recordado.

Sobre este festejo escribió Juan Antonio de Labra:

…Desde un par de horas antes del comienzo del festejo se desató un viento huracanado. Las ramas de los árboles se mecían con ímpetu y todo apuntaba iba a ser casi imposible torear. La lidia de los dos primeros toros de la tarde fue un vaivén de desconfianza porque los toreros no podían mantener planchados los engaños en ningún momento.

El toro que abrió plaza no se empleaba nada y Jorge Gutiérrez se vio obligado a abreviar con el lógico temor de ser cogido debido al amargo trago que significaba el vendaval…

…Y de pronto ocurrió lo que nunca antes había presenciado en mi vida de aficionado: la autoridad anunció a través del sonido local que el festejo se iba a interrumpir durante diez minutos para ver si amainaba el temporal. ¿Habrá algún día un artículo en los reglamentos taurinos que permita suspender un festejo por viento? Sería un tema a poner sobre la mesa, pues cuando sopla con tal violencia el espectáculo se arruina.

Tras la pausa el viento siguió molestando. Entonces, se plantó en la arena José María Luévano, un torero que venía dispuesto a jugárselo y hacer válida la importancia que supone sobreponerse a la adversidad; en este caso, al precio que fuera.

El tercer toro de la tarde era un ejemplar de armonioso trapío, muy en el tipo de la casa, que galopó con alegría desde su salida y embistió con codicia al caballo, donde fue duramente castigado en varas. A la muleta llegó un tanto parado, pero esto no fue impedimento para que José María se pusiera a torear no obstante la tremenda fuerza del viento que le flameaba la muleta. De uno en uno, consiguió muletazos de garra y la gente agradeció el esfuerzo desplegado por este temperamental torero hidrocálido, que nunca se desmoronó anímicamente y se jugó la piel con valentía. El pinchazo previo a la estocada quizá fue la mácula que ocasionó la protesta de la concesión de una oreja, una actitud injusta por parte del público ya que lo hecho Luévano, delante de ese toro y con ese viento, era digno de la más respetuosa alabanza.

Como José María había puesto el ejemplo a sus compañeros de cartel, a Jorge Gutiérrez no le quedó más remedio que echar p’adelante y coger el capote con varios pliegues, para contrarrestar los embates del viento, y llevarlo muy abajo para recetarle unas enjundiosas verónicas al preciosos cuarto, un toro bajito y noble que embistió con calidad de principio a fin.

La sonrisa se reflejó en el rostro de Gutiérrez y fue sinónimo de que estaba a gusto delante de 'Naranjero', así que poco a poco hilvanó una faena de acusada suavidad y temple, ya cuando el viento había dado una tregua, que fue coreada con entusiasmo por el público. Jorge tuvo la sapiencia de dar pausas al toro, pero sin perder nunca la comunicación con éste, hasta que sobrevino el acoplamiento entre ambos y cuajó muletazos deletreados. Consciente de la trascendencia del triunfo que tenía en la punta de su espada, se echó encima del morillo y cobró una estocada tan despaciosa como habían sido cada unos de los muletazos y el juez de plaza no dudó en concederle dos orejas que sirvieron para dejar en alto su jerarquía de figura del toreo.

Visto lo visto, a Zotoluco no le quedó más remedio que salir a morirse en el quinto, su último toro de una feria mal planteada de la que no salió bien parado, pues en nueve toros estoqueados solamente cortó tres orejas. Toreó bien a la verónica porque jugó los brazos con soltura y más tarde se entonó en los primeros compases de una faena intermitente, porque el toro de Pepe Garfias se rajó cuando se sintió podido.

El deslucido sexto volvió a sumir el festejo en el tedio y Luévano se concretó a estar dispuesto y breve.

Gutiérrez disfrutó enormemente la salida a hombros, después de dos actuaciones maduras y toreras por la edición sanmarqueña correspondiente a 2004.


Al final de cuentas, lo que pudo ser un desastre se saldó de una manera que amerita ser recordada, gracias al tesón de dos toreros que hoy son ausencias notorias en nuestro serial, Jorge Gutiérrez por haberse cortado la coleta y José María Luévano, por esos misterios que tendrían que decirse, pero no se dicen…

El cartel que estaba anunciado para hoy: Toros de Fernando de la Mora para Zotoluco, Sebastián Castella y Joselito Adame.
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