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lunes, 28 de octubre de 2019

Chicuelo y Dentista de San Mateo (II/II)

Manuel Jiménez Chicuelo
Decía en la parte anterior que se criticó el encierro enviado por don Antonio Llaguno a El Toreo por su escasa presencia. Voy a dejar aquí una especie de discusión mediática que se generó a propósito de la corrida, donde el medio especializado – Toros y Deportes – realizó una defensa a ultranza de la corrida y en otros, se dijeron cosas distintas.

La corrida de San Mateo

La crónica que he citado y que apareció en El Siglo de Torreón abre con un juicio acerca del encierro lidiado esa tarde y no es halagüeño. El cronista expresa lo siguiente:
No dejó muy alto el pabellón la vacada de San Mateo. Cierto que envió, para regalo de los ‘mataores’, media docena de ejemplares preciosos. Todos ostentaron pelambre oscura, finísima; cornamenta afinada y bien puesta; larga y sedosa cola... pero el ‘supremo juez’ dictaminó que dos de los toros eran muy pequeños para contender con los 'maestros' y chilló... chilló... y al fin se impuso, logrando que los chotillos fueran vueltos al corral y que en su lugar brincasen a la candente arena sustitutos de San Diego de los Padres. 
Hubo un quinto toro que valió un Potosí: suave, noble, bravísimo, bebiéndose el engaño como quien se bebe una copa de ambrosía. Fue Chicuelo el encargado de lidiar esta ‘bendición del cielo’. 
Dos animales de San Mateo y dos de San Diego fueron buenos. Los otros dos, de San Mateo también pasaron gracias a las complacencias del cambiador y a que los acosaron con el capote. Que si no...
La apreciación transcrita es que la corrida estaba bien criada, pero que pecaba de juventud. chotillos llama a los toros devueltos. Veremos enseguida que los defensores de la corrida esgrimen diversos argumentos, que no parecen vertidos hace noventa y cuatro años, sino ayer, antier u hoy para defender algo que, en teoría, no debería tener defensa.

La primera defensa es de Verduguillo y también es con lo que inicia su relación del festejo. Lo hace de la siguiente manera:
Sabemos de sobra que los señores Antonio y Julián Llaguno se dedican a la cría de reses bravas y no de elefantes. La diferencia esencial que existe entre el paquidermo y el toro (aparte lo de la piel gruesa, los colmillos, la trompa, etc.), es el tamaño. El elefante es más grande que el toro. En cambio, el toro tiene dos afilados pitones y una ligereza que no tienen los tranquilos habitantes de las selvas africanas. 
Pues bien: quedamos en que en la Hacienda de San Mateo no hay cría de elefantes. 
¿Qué los toros deben tener cierta edad, cierto peso? Admitido. No seré yo quien salga ahora en defensa del toro sacudido de carnes, y con los pitones como plátanos. No. Para que las corridas sigan siendo un exponente de valor, precisa que exista el peligro. Pero cuando vemos salir un toro fino, gordo, bien puesto de pitacos, con abundante armamento en la sesera, con poder, con nervio y todo lo demás, no tenemos por qué chillar. Ya hace tiempo mi ilustre compañero “Monosabio” escribió en estas mismas columnas un artículo titulado “Los chicos también las dan”. A “Joselito” lo mató un toro pequeño y cornicorto, y ¡qué coincidencia! se llamaba “Bailaor” como uno de los de esta tarde. 
San Mateo envió para el debut seis toros bajitos de agujas, bien puestos de pitones, de pelo sedoso y abundante cola, pezuña recogida, cuello corto. Seis cromos eran, pintados no habrían sido más bonitos. Quizás uno, el segundo, o sea el primero que tocó a “Chicuelo” desentonó un tanto; era un poquitín basto, y a fe que el juego que dio estuvo también en consonancia con su tipo. Fue el único que hizo cosas feas; para decirlo de una buena vez, fue manso. Los otros cinco fueron estupendos. A mi juicio el que abrió plaza fue el mejor. Era una delicia de toro; con qué suavidad embestía, con qué bonito estilo tomaba el engaño, metía la cabeza y se revolvía sin querer causar daño. Pero no lució lo que debía por lo mal que se le toreó; ya sabemos lo poco que puede hacer Juan Silveti con esta clase de enemigos. 
El quinto fue también un gran toro; peleó muy bien en todos los tercios, y llegó a la muerte conservando nervio y poder en las extremidades, Si ese toro cae en manos de otro torero no luce lo que lució con “Chicuelo”, y así como en el primero Silveti no estuvo a la altura del toro, en el quinto el torero se elevó muchos codos por encima de su adversario. 
El tercero que era muy bravo, fue devuelto por chico... Y el cuarto fue devuelto porque su matador no quiso que pasara...
La comparación del toro con el elefante es cíclicamente un arma arrojadiza para defender la falta de trapío del toro de lidia. Pues bien, Rafael Solana no paró en mientes para utilizarla e intentar justificar la digamos, justeza del encierro de San Mateo, que como ya lo he contado y se desprende de las reseñas, no se pudo lidiar completo, porque los asistentes a la plaza, simplemente no tragaron.

Pero aún hay más, en el mismo Toros y Deportes, una jovencísima Esperanza Arellano, que en esos entonces tendría unos 17 o 18 años de edad y que después sería conocida por su seudónimo de Verónica, también salta a la palestra con su alegato titulado El toro chico y el torero grande y se manifiesta en este sentido:

En la temporada pasada (¿a qué remontarnos a épocas lejanas?) por la puerta de los chiqueros salió un torillo pequeñín, con los pitones muy moderaditos, bravo, noble, inocentón ¡una monada de animalito! Se llamaba “Brillantino”... 
Pero unos y otros, nada dijeron de la insignificancia del toro, mejor dicho, de “Brillantino”. 
Otra tarde “Hortelano” un toro por su tamaño, pero un becerro, un corderito inofensivo por sus condiciones de lidia, corre la suerte de “Brillantino”... 
Y así como salieron “Brillantino” y “Hortelano” dos bichos inofensivos, el uno por su insignificancia y el otro por sus condiciones de lidia, salieron “Jorobado”... “Faisán”... “Revenido II”... 
Las faenas maravillosas se sucedían con halagadora frecuencia. Todos hablaron de ellas. Se prodigó el ditirambo, la hipérbole. Mas respecto al elemento toro no se dijo ni se escribió una palabra. 
Y ahora, hace unos días sale “Dentista”, un toro joven como otros muchos, como los que generalmente se lidian en nuestra plaza. 
“Dentista” es bravo y es noble. Chicuelo realiza con él un faenón, éste sí en verdad maravilloso, por el soberano clasicismo, por la gracia incomparable, por la suprema gallardía de que supo impregnarlo el gran artista de Sevilla... 
Admiré la conducta de “Dentista”, me cayeron en gracia sus maneras de persona mayor, me entusiasmé con su nobleza y su bravura; pero francamente perdí la cabeza ante aquella grandiosa demostración de lo que es el toreo de verdad, sin engañifas ni relumbrones. 
No alabo ni aplaudo la pequeñez de “Dentista”, pero sí protesto contra esa prodigalidad de sátiras e ironías que “Dentista” despertó en los espíritus malévolos, en los eternos descontentos, en los catedráticos convencionales. Era un choto, un becerro. ¡Pero cómo se toreó a ese becerro!... 
No señores, no es por ahí. Si no os ciega el apasionamiento; si no cerráis los ojos a la verdad; si escribís guiados no por el convencionalismo, sino por la sinceridad del entusiasmo, si usasteis el ditirambo y la hipérbole para describir a Gaona con “Brillantino”, a Lalanda con “Buzo”, a Belmonte con un Murube pequeñín e inofensivo, a Silveti con “Volante”, un Veragua de mantequilla, a Sánchez Mejías con un pietreño insignificante, elogiad con toda expansión y justicia; aplaudid con todo ardor y sinceridad la faena de “Chicuelo” con “Dentista”, faena que hablando franca y desapasionadamente, superó las realizadas por el Árbitro de las Elegancias, por el Milagro de Triana, el Emperador del Ritmo y El Hombre que Trafica con la Muerte.
La futura Verónica aplica el adagio aquel del mal de muchos…, en lugar de criticar y de exigir que en las corridas de toros, salga el toro. No defiende expresamente la pequeñez de Dentista, pero se conformó con lo que le ofrecieron.

Otra opinión es la que apareció en el semanario madrileño La Lidia del 5 de abril de 1926, a título de resumen de temporada, firmado por José Rodríguez, corresponsal en México de esa publicación y señala:
No necesitaré repetir lo que todos los aficionados saben o han oído decir. La temporada ha sido un desastre. Y un desastre de los grandes. 
Expliquemos el porqué de ello. 
1° La mala propaganda y pésima confección de los carteles. 
Lo primero, por querernos presentar a toreros medianías como grandes artistas. Lo segundo, por obligarnos a ver carteles de tres matadores, tomando como base dos de los ases y completándolos con toreros mediocres, aún cuando sean mexicanos. 
2° La actuación de los toreros y la serie de becerros y bueyes que, con anuncio de toros de primera, hemos visto desfilar. 
Aquellos con desgana y sin poder dar gusto a las derechas. El ganado, becerros y bueyes. En contadas corridas hemos visto toros que sean tales. Toros que necesitaban toreros que se preocupasen de torear más al público que a la llamada fiera... 
De los 25 naturales que dice usted le dio Manolo a Dentista de San Mateo, es una exageración, pues fueron 15. Un número extraordinario tratándose de esos pases. Sobre esto no cabe duda, y así lo reconozco y lo hago constar. Este famoso Dentista era un becerro que se perdió cuando cambiaban el tercio de banderillas; al fin Magritas lo encontró debajo de un sombrero de los que habían caído al ruedo. Esta afirmación no es mía, sino de un ...sabio, al que por consiguiente, hay que darle crédito y sobre todo, habiendo sido siempre defensor del toro chico...
Es decir, la pequeñez del ganado que se lidió en esa corrida y en toda la temporada también trascendió el Atlántico.

La importancia de Chicuelo

En el programa de televisión Tendido Cero transmitido el 28 de septiembre de este año, se emitió un extenso reportaje sobre la persona y la figura de Chicuelo. Entre las opiniones que allí se expresaron, estuvo la de Domingo Delgado de la Cámara, que entre otras cosas expresó lo siguiente:
Chicuelo es el eslabón entre Joselito y Belmonte por un lado y Manolete por otro y es además el constructor de la faena de muleta actual... Existe una idea muy superficial de Chicuelo, diría más, es el torero más maltratado y peor entendido de la historia del toreo... Chicuelo es quien verdaderamente capta las enseñanzas técnicas de Joselito y Belmonte, capta el toreo en redondo que intentaba hacer Joselito, pero que le salía movido y capta que Belmonte se iba al pitón contrario y eso le permite desplazar a los toros; entonces, ensambla el toreo ligado en redondo girando sobre los talones de Joselito con el terreno de Belmonte, lo que le permite torear quieto ligado en redondo y rematando con el pase de pecho, hace la faena actual... A Chicuelo el viaje a México le viene de maravilla, las primeras faenas ligadas totalmente en redondo las hace en México los años 25 y 26 a dos toros de San Mateo llamados Dentista y Lapicero; esto no es una casualidad. ¿Por qué fueron esas faenas en México y no en otro lugar? Pues por las características del toro mexicano... Los críticos no se dieron cuenta de la faena de Corchaíto, pero el público sí, la prueba es que no había entrado a matar y estaba todo el público en pie agitando los pañuelos pidiendo las orejas, el público sí que tuvo una percepción de que ese día se estaba produciendo un cambio histórico y desde luego se estaba entrando en otra etapa del toreo...
Esta apreciación es rotunda y nos deja en claro, como lo anticipara José Alameda, que el hilo del toreo tiene una sucesión continua, pero que no tiene momentos definidos en los cuales se va a producir.


miércoles, 28 de enero de 2009

José Alameda


Hoy se cumplen 19 años de la desaparición física de Luis Carlos Fernández y López Valdemoro, universalmente José o Pepe Alameda, quien llegara a México en 1939, exiliado como muchos de sus compatriotas, por causa de sus ideas o de las ideas de alguno de los suyos, en este caso su padre, don Luis Fernández Clérigo, quien fuera Diputado a las Cortes Españolas durante la República y Subsecretario del Consejo de Ministros.


El olvido de su título de abogado en París le llevó primero a emplearse en la operación de una tienda de regalos ubicada en la Avenida Juárez de la Ciudad de México, frente a la Alameda Central y de allí a iniciar correrías con diversos grupos de intelectuales, entre ellos Xavier Villaurrutia, director de la revista El Hijo Pródigo, en la que publicó un ensayo titulado Disposición a la Muerte, en el año de 1944, flanqueado por escritores como Luis Cernuda, José Bergamín, Octavio Paz, José Gaos y Alfonso Reyes. Es precisamente en este ensayo donde propone por primera vez lo que sería su rúbrica personal en los asuntos de la fiesta: El toreo no es graciosa huida, sino apasionada entrega.


Llega a la crónica taurina por casualidad, pues comenzó a suplir al titular de la sección en la emisora XEBZ por 1941, pero su estilo fluido en el hablar y la pureza del lenguaje que utilizaba le consiguieron pronto la titularidad del espacio y la posibilidad de escribir sobre el tema en algunos diarios de la Ciudad de México.


No obstante, la verdadera vocación de Alameda estuvo siempre en la poesía, en lo puramente literario. La actividad que le procuraba la existencia le alejaba de esos círculos, no obstante que su actividad decreció notablemente cuando las cámaras de televisión fueron echadas de las plazas. Intentó entonces reintegrarse a la enseñanza del Derecho, a la poesía, pero su contrato de exclusividad con Televisa se lo impedía y eso le causaba gran frustración.


Sus Ensayos sobre Estética, de contenido puramente filosófico, en su día subvirtieron los ambientes académicos de la capital mexicana, dado que se consideró una real herejía científica el que quien considerado un cronista de toro, se metiera a hablar de temas tan especializados y es que su actividad en torno de la fiesta, fue siempre como una máscara que no dejó ver al real José Alameda, que tuvo precisamente como otra de sus frustraciones, el ser reconocido solamente en esta arista de su existencia.


Cuenta don Julio Téllez:


Ricardo Garibay, intrigado por el silencio de las mafias literarias, decide visitarle en su casa. A la media hora de platicar y comentar su obra, le dice: ‘¡Oiga Pepe, usted, es un gran escritor!’; yo lo sé, respondió Pepe. Pero además, ¡usted también es un gran poeta!, replicó Garibay, también lo sé, respondió Pepe; y nosotros ¿por qué no lo sabemos?, inquirió Garibay. No me lo explico, respondió Pepe, agregando, yo lo sé desde hace mucho, y perdone la inmodestia, pero sí soy un gran poeta.

No cabe duda que hoy en día, necesitamos al menos otro Pepe Alameda que nos enseñe a entender los intrincados vericuetos de lo que en esta fiesta sucede.
Décima a Conchita Cintrón

Por el ruedo del ensueño
te sueño toda de oro
y todo de negro el toro
fundidos en un empeño
casi verdad, casi sueño.
Y me pregunto por qué,
ni siquiera en sueños sé
como juntas, amazona
la elegancia de Gaona,
con la llama de José.

Su bibliografía: En verso publicó Sonetos y Parasonetos, Seis Poemas al Valle de México, Oda a España, Perro que nunca vuelve, Ejercicios decimales y el libro – disco José Alameda. El Poeta. En prosa llevó a la imprenta Disposición a la Muerte, Ensayos sobre Estética, El Toreo, Arte Católico, Los Arquitectos del Toreo Moderno, La Pantorrilla de Florinda y el Origen Bélico del Toreo, Los Heterodoxos del Toreo, Crónica de Sangre, Retrato Inconcluso que son sus memorias, Historia Verdadera de la Evolución del Toreo y El Hilo del Toreo.




Homenaje a Manuel Machado

Sabio poeta Manuel
lidiador sin pretensiones
que juega a pares o nones
su literario cartel.
Con la gracia de un Luzbel
defenestrado en Sevilla
mientras más baja, más brilla,
cae al ruedo, cita al toro
y clava el dardo sonoro
de su inmortal banderilla.
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