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domingo, 13 de octubre de 2013

Los giros de la fortuna (II)

La cornada de Margeli vista por el ilustrador de
El Imparcial (México D.F., 16/10/1900)
Eduardo Margeli Furcó tenía 20 años cuando llegó a México en 1895. Venía acompañando a sus primos Juan José Durán Pipa, matador de toros también natural de Cádiz y Antonio, hermano de éste. Algunos afirman que venía enrolado en la cuadrilla del primero como banderillero y otros, como Verduguillo, señalan que Margeli venía a México a ejercer su oficio de carpintero. Sea cual fuere la verdad de su ocupación al llegar a nuestro país, terminaría dedicándose a cuestiones relacionadas con la fiesta de los toros, primero vistiendo el terno de seda y alamares y después, siendo empresario, ganadero y como dice Cossío en su obra monumental, siendo el árbitro de las cosas de los toros aquí.

Una de las primeras noticias ciertas que se tienen de Margeli como banderillero es en la cuadrilla de Juan Jiménez Ecijano, aunque de nuevo es Rafael Solana Verduguillo quien controvierte esa información y señala que es más bien en una corrida celebrada en Durango el 26 de marzo de 1899 – cuatro años después de su llegada a México – a beneficio de los deudos del torero de Écija, cuando debuta como subalterno. De ser cierta esta última versión, la carrera de quien vestido de luces era apodado El Gaditano, fue brevísima según veremos enseguida.

La temporada que enlazaría a los siglos XIX y XX en la vieja Plaza México de la Calzada de la Piedad comenzó de una manera accidentada. En la corrida que abrió el ciclo, el domingo 7 de noviembre de 1900, Diego Prieto Cuatrodedos, quien alternó con Antonio Arana Jarana ese día en la lidia de toros de Piedras Negras, se llevó una paliza de consideración y siete días después, sería Eduardo Margeli la víctima del infortunio.

La segunda corrida de la temporada se daba el 14 de octubre de 1900, con toros de Santín, propiedad de don José Julio Barbabosa, para José Machío Trigo y Antonio Arana Jarana. El festejo resultó ser uno de esos que desde antes de su inicio comienzan a torcerse y terminan en auténticos desaguisados. Así lo refleja la siguiente relación de sucesos aparecida en el diario El Universal de la Ciudad de México del 16 de octubre de 1900:
Infracciones al reglamento de corridas de toros… La corrida de toros que antier se efectuó en la plaza «México» de esta capital dejó al descubierto y en actitud de punible abandono que provoca a ira, la energía de nuestras autoridades para hacer cumplir las disposiciones de ellas emanadas… El artículo 62 del Reglamento de corridas de toros, del 16 de febrero de 98, previene que no podrán venderse billetes más que en los expendios previamente anunciados por la empresa y por los vendedores ambulantes que autorice bajo su responsabilidad, debiendo tener dichos vendedores sus distintivos y no pudiendo alterar los precios fijados en los programas… Sin embargo, momentos después de haber sido abiertos los expendios en la plaza, se agotaron en ellos los boletos de entrada, pero multitud de vendedores ambulantes merodeaban por allí exigiendo precios casi dobles por los billetes: los de sol que valían cincuenta centavos eran vendidos a setenta y cinco y los de sombra que valían a dos pesos, eran vendidos a tres… Muchos suponen, no sabemos que en esto haya tomado la empresa alguna parte, pues sin su concurso los vendedores ambulantes no hubieran podido acaparar todos los billetes; pero la mayor responsabilidad por la infracción cometida, cae fatalmente sobre la autoridad en primer término, por no haber previsto el abuso de la empresa y enseguida, por no haber retirado de las cercanías de la plaza, como medida de policía a los que abusaban de tamaña debilidad, defraudando los intereses del público… Ante esas infracciones, se pregunta uno ¿para qué sirven el Regidor de diversiones, el Inspector del Ramo y la policía misma?... Otra de las infracciones cometidas fue la de la fracción III del artículo 48; ella establece que las empresas están obligadas a tener en las cuadres desde la antevíspera de la corrida, los caballos necesarios, a RAZÓN de cinco por cada toro que haya de lidiarse, y en la corrida del domingo no existían en la cuadra los 30 caballos correspondientes… Esto demuestra que hay que retomar la fracción IX del artículo 48 en el sentido de que el Director de lidia sea nombrado por el Ayuntamiento y expensado por él. Todas estas infracciones, todos estos abusos cometidos a la sombra de la autoridad y de la debilidad, deben corregirse en lo sucesivo, pero de una manera enérgica y decisiva…
Eduardo Margeli fue herido por el sexto toro de la tarde. Recibió una cornada penetrante de vientre que por la época en la que sucedió y por la extensión de la misma, debió ser mortal y sin embargo, sobrevivió a ella. Encontré varias versiones acerca de la manera en la que el percance se produjo. Voy a reproducir algunas a continuación:

Así lo contó El Primer Reserva en El Imparcial del día siguiente del festejo:
Sexto. – Aldinegro, bien puesto, de romana, hermosa lámina y marcado con el número 147. A su salida, encuentra a «Brazo de Hierro» suelto, por lo que le hace perder el caballo y le mete de cabeza en el callejón... Juan Pérez le pone una vara con caída y pérdida de cabalgadura. «Brazo de Hierro», sin mojar, cae al descubierto, perdiendo la mariposa. La plaza se queda sin picadores y el público empieza a gritar... Martínez sale de los corrales para mojar una vez. El toro salta al callejón y despeja a éste de tanto estorbo que había... «Minuto», en medio de la gritería ensordecedora del público, dedicada al biombo taurino, deja un mal par a cabeza pasada, después de cual, entra «Gaditano» y coloca medio de sobaquillo, siendo silbado ruidosamente... La cogida. – Como banderillero de vergüenza, vuelve de nuevo con los palos, entra por el lado izquierdo, que era por el que había entrado antes su compañero «Minuto» y él, sin prever que el toro se «acostaba» de ese lado, y dejó al cuarteo un par, del que sale cogido y volteado... Al principio se creyó que la cornada no había sido grave pues el diestro se levantó con entereza y por su pie se dirigió a la barrera, pero no pudo saltar ya y fue ayudado y conducido a la enfermería...
J. de C. en El Correo Español del 16 de octubre de 1900, escribió lo que sigue:
Sexto. – Colorao, de gran presencia y mucho poder, un verdadero toro... Arremetió con bravura a los piqueros, dándoles varios tumbos... Al cambiar de suerte, el público protestó, armando un gran escándalo... El «Gaditano», entre aquella gritería, entró al cuarteo, cortándole el toro el viaje y enganchándole por el vientre, levantándole y arrojándole a gran distancia. Acudieron todos sus compañeros al quite, llevándose al toro. El pobre muchacho se levantó y fue por su pie a la barrera, saltándola. Una vez ahí cayó en brazos de los monosabios, que le llevaron a la enfermería. El desgraciado banderillero sufrió una horrorosa cornada de 18 centímetros de profundidad, que entrando por el hipocondrio derecho le atravesó los intestinos. La herida ha sido considerada por los médicos de mortal de necesidad, y probablemente el valiente muchacho habrá dejado de existir a estas horas...
Y como es costumbre en estos casos trágicos, no faltan los agoreros del desastre que solamente encuentran interés en la fiesta para denostarla, como lo refleja esta nota aparecida en el diario El País, del 16 de octubre de 1900:
Siempre ha censurado EL PAÍS el salvaje espectáculo de las corridas de toros, dando para ello poderosas razones... Hoy nuevamente, con motivo de la desgracia ocurrida en la corrida del domingo y que en nuestro deber de informar nos vemos en el caos de consignar, volvemos a repetir que a espectáculo tan salvaje como el de las corridas de toros, no debe concurrir ninguna persona que profese la Santa Religión Católica para no fomentar esa nefanda fiesta... Como decíamos, en la corrida celebrada el domingo en la plaza «Méjico», después de un herradero continuo durante los primeros cinco toros, al salir el sexto, que fue el más valiente de la tarde, arremetió con tal furia en contra de los picadores, que en un momento mató cinco caballos, recibiendo en cambio, nueve lanzazos... El director del cambio de suertes, que lo era Honorio Romero «El Artillero», torero retirar y que siempre fue una nulidad en las plazas, ordenó el cambio de tercio no debiendo hacerlo, por no estar el toro bastante castigado y conservar la cabeza en alto y demostrar gran bravura... Un banderillero, «El Gaditano», cumpliendo con su obligación, quiso colocar un par de banderillas, y al verificarlo, el toro lo enganchó en el hipocondrio izquierdo, infiriéndole una profunda lesión de diez centímetros de extensión por cinco de ancho, haciéndole pedazos el epiplón... El herido fue trasladado a la enfermería, donde se le hizo la primera curación, siendo después trasladado a su casa en estado de suma gravedad... El público que asistió a la plaza se oponía a que el toro fuera banderilleado en tales condiciones, pero el Regidor Pérez Gálvez, que presidía la corrida, indicó que la orden estaba dada, así que si el infeliz torero muere, tanta culpa tiene Pérez como «El Artillero»... La corrida en general fue un fracaso, y así prometen serlo las demás…
Eduardo Margeli fue atendido en primera instancia por los encargados del servicio médico de plaza, doctores Carlos Cuesta Baquero y Silverio Gómez. A poco de iniciar la auscultación del herido se les agregó el doctor Ricardo Suárez Gamboa, Médico Militar y que era profesor de cirugía en la entonces Escuela Nacional de Medicina, además de ser autor de una serie de monografías de clínica quirúrgica. La primera versión de la extensión de la herida y de la técnica quirúrgica aplicada para atenderla se publicó al día siguiente del festejo en El Imparcial y es de la siguiente guisa:
La herida. – Está situada en el hipocondrio izquierdo, como a cinco centímetros abajo del borde de las costillas y sobre el borde izquierdo del músculo recto anterior. Perforó las paredes del vientre, penetrando el cuerno hasta el colon descendente, causando hernia voluminosa, sin que al parecer haya herida del intestino. El cuerno, que estaba astillado, penetró poco arriba de la región inguinal, levantando la piel en todo el trayecto, hasta el nivel antes dicho, que fue donde perforó el vientre. Eduardo Margeli, «Gaditano», presenta además una escoriación de grandes dimensiones en el frontal y algunas contusiones en el costado derecho. El pronóstico es mortal. Creen los médicos que es casi segura la aparición de la peritonitis, de la cual difícilmente se salvaría el herido. La operación. – Se procedió a cloroformar al herido, encargándose de aplicar el anestésico el señor Benjamín Calderón. Conseguida la insensibilidad del paciente, se desbridó ampliamente la herida, haciéndose la asepsia de las asas herniadas, resecando los fragmentos de epiplón, haciéndose un cuidadoso aseo de toda la cavidad del vientre; se hizo la canalización del vientre, con tan buen resultado, que antes de terminar la curación se comenzaron a producir líquidos por la canal. Se procedió enseguida a hacer las suturas y ligamentos necesarios, colocándose un apósito de gasa esterilizada, para impedir la infección…
Días después – 17 de octubre –, en el diario capitalino El Popular, se da cuenta de los avances en el estado de salud de El Gaditano:
El «Gaditano» fue trasladado a su casa, callejón de la Teja número 9 y allí es asistido por los doctores Gómez y Cuesta... Pasó la noche del domingo relativamente tranquilo y sin elevación de temperatura, pero desde el amanecer del lunes se inició la fiebre que a las 5 de la tarde de ese día, era, según indicación termométrica, de 39° y cinco décimos... Hoy, martes, a las 10 de la mañana, se hará al herido la segunda cura... Su estado es grave, pero los médicos no se desmoralizan y tienen esperanzas de salvarle... La herida que recibió el banderillero Eduardo Margeli (a) el «Gaditano» y que es gravísima, de las que ponen en peligro la vida, está situada en el lado izquierdo y en la parte inferior del tórax. Penetro el asta del toro al nivel de la fosa iliaca izquierda, inmediatamente arriba del pliegue inguinal, haciendo una herida de 7 u 8 centímetros de longitud, y rompiendo la piel y el tejido celular fue a penetrar la cavidad del vientre al nivel del hipocondrio. Por este orificio hicieron hernia el epiplón y el colon descendente, pero afortunadamente para el herido, no hubo herida intestinal... Los doctores Gómez y Cuesta, ayudados inteligentemente por el doctor Ricardo Suárez Gamboa, operaron al herido desbridando la herida, redujeron las vísceras herniadas, canalizando después con gasa antiséptica y un tubo la cavidad peritoneal, e hicieron las correspondientes suturas en la pared ventral…
Con sus altas y sus bajas, Eduardo Margeli logró superar la infección – no había antibióticos en esos días – y evitar el tétanos. No obstante, ya no pudo volver a torear. El día 24 de marzo de 1901 se le ofreció por el empresario Ramón López un festejo a su beneficio. Se lidiaron toros de Cazadero (1º y 7º), Parangueo (2º, 3º y 6º), Miura (4º) y Guanamé (5º) por los diestros Eduardo Leal Llaverito, Francisco Soriano Maera, Juan José Durán Pipa, Manuel Lavín Esparterito, Juan Vara Varita y Sebastián Chávez Chano. El cuarto, de Miura, que era semental de Cazadero, solamente se picó y banderilleó, volviendo vivo a los corrales. Ricardo Leal hizo el Tancredo y todos los diestros actuantes hicieron quites, pusieron banderillas y pasaron de muleta.

La cornada vista por el ilustrador del diario
"El Popular" (México D.F., 20/10/1900)
Tras la lidia del segundo, el empresario Ramón López entregó a Margeli un obsequio y entre el cuarto y quinto toros Pipa y Llaverito sacaron al ruedo a Margeli para cortarle el añadido. Hecho esto, la concurrencia le pidió diera la vuelta al ruedo y al hacerlo, comenzó a arrojarle dinero, de las lumbreras de la plaza, el Ministro de Hacienda José Yves Limantour, envió un billete de banco y lo mismo hicieron otras personalidades de esas localidades. Al final, los diarios que relatan el festejo y el mismo Verduguillo señalan que en esa pasada de capote recibió doscientos sesenta y un pesos, que se sumaron a los dos mil quinientos que fue el beneficio líquido del festejo, dinero con el que pudo volver a andar el camino.

Poco tiempo después volvería Eduardo Margeli a aparecer en el ambiente taurino. Entre 1908 y 1909, cuando Saturnino Frutos Ojitos se dedicó al completo a la atención de la carrera de Rodolfo Gaona, junto con Manuel Martínez Feria y Enrique Merino El Sordo reunieron una nueva Cuadrilla Juvenil Mexicana, asunto del que ya me he ocupado por aquí y algunos años después comenzaría, al decir de Cossío, una actividad de guía y apoderamiento de los toreros españoles que llegaban a México por aquellas fechas.

Terminaría sus días siendo empresario de El Toreo de la Condesa y parte de muchas y muy grandes controversias, aunque para él, el giro de la fortuna fue positivo, porque de haber recibido una cornada que en su tiempo era mortal de necesidad, escaló las posiciones necesarias para llegar a ser, como decía al principio, citando a Cossío, el árbitro de las cosas de los toros en nuestro país.
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