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lunes, 31 de mayo de 2021

31 de mayo de 1931: Gitanillo de Triana y Fandanguero de Graciliano Pérez Tabernero II/II

 Las causas del percance

Azulejo en la casa paterna de Gitanillo
Pagés del Corro 157, anterior 127
Triana, Sevilla
Aunque ya descritas en las relaciones anteriores, es Federico M. Alcázar, en su tribuna de El Imparcial, quien hace una interesantísima reflexión acerca de por qué fue prendido y herido Gitanillo de Triana. Es una cuestión meramente teórica y relacionada con la forma en la que se llevaba – o lleva todavía – la lidia en aquellas calendas:

Los toros mansos, salvo excepciones, empujan siempre para adentro. Es decir, buscan la querencia de las tablas porque encuentran en ellas un medio de defensa. Lo contrario sucede con el bravo, que se va a los medios, porque allí ataca mejor. La pelea natural del manso es casi siempre del tercio para adentro, y la del bravo, a la inversa. Los toreros han tomado la costumbre – ¿no estaríamos más acertados si le llamáramos vicio? – de empezar a torear al manso y al bravo encerrados en tablas. Y, por lo regular, sucede lo inevitable: que el bravo se va en cada lance, buscando su terreno, los tercios afuera y los medios, y el manso se queda y les acosa, cuando no huye también. Desventaja de la ventaja. Deslucimiento. Todavía al torear de capa, cuando los toros andan sueltos y con poca fijeza, ofrecen pequeñas dificultades; pero éstas son mayores al final, por haberse acentuado la querencia, y con la querencia, el peligro. Hay toros que no dejan parar al torero por dentro y le comprometen en cada pase, y en cambio por fuera está relativamente holgado. Pero los toreros, que siempre tiran por el atajo, aunque tengan que saltar la barranquera, buscan el refugio de las tablas, como un medio de defensa, sin advertir lo comprometido que es torear en el terreno del toro. No comprenden que en ese sitio es difícil la salida y comprometida la enmienda. Apuran tanto el terreno, que de un pase a otro apenas queda espacio para torear y desenvolverse en un momento de peligro. Y viene el acosón, y algunas veces la cogida, con todas sus dolorosas consecuencias… Creo que si Gitanillo toma al toro más abierto en el tercio, no le hubiera cogido, y de cogerle no le cornea contra la barrera, que fue donde le dio la cornada más grave, tan grave y brutal que sólo encontrando un punto de apoyo y resistencia puede el pitón atravesar el hueso sacro. Tuvo hasta la desgracia de tropezar con el único toro que se vencía del lado izquierdo, pues los restantes embistieron por ese lado admirablemente. La fatalidad tropezó con el torero y le hizo su víctima…

Es la de Alcázar una disquisición meramente teórica, pero válida, creo, pero que no tiene en cuenta el estado de ánimo del torero, que, acuciado por su deseo de triunfar, considera a veces que puede superar esas condiciones adversas de los toros e imponerse a ellas para, en el terreno por él elegido, realizar la faena que se ha planteado.

Los partes facultativos

El doctor Jacinto Segovia, jefe de los servicios médicos de la plaza de Madrid, esa tarde tuvo mucho trabajo, pues un toro antes, el banderillero Manuel Prieto Varé, había entrado a la enfermería con una cornada que le partió la femoral. No había terminado aún la intervención cuando llegó a ella Curro Puya, de cuyas lesiones refirió lo siguiente:

«Durante la lidia del tercer toro ingresó en esta enfermería el diestro Francisco Vega (Gitanillo de Triana), con una herida de asta de toro en el tercio medio, del muslo derecho, con rotura de los músculos cuádriceps y aductores; otra en el tercio medio del muslo izquierdo. parte interna, con rotura de los músculos cuádriceps y aductores, y otra en la región sacrocoxígea, penetrante en la cavidad pelviana, con rotura del sacro y sección y arrancamiento del nervio ciático mayor. No puede precisarse la profundidad de la herida por el estado del diestro. Pronóstico muy grave. – Doctor Segovia.»

Se dejó para después la curación de los muslos, dada la gravedad y la posición de la herida del coxis. El torero permaneció en la enfermería toda la noche de ese día y fue trasladado al mediodía siguiente al sanatorio de los doctores Crespo, donde se pidió consulta al doctor José Sanchis Banús, destacado especialista en neurología a efecto de establecer el mejor tratamiento para Gitanillo de Triana.

Tras del traslado al sanatorio, periodistas de El Heraldo de Madrid, obtuvieron estas declaraciones del doctor Jacinto Segovia:

- El caso no es desesperado.

- No; pero sí muy grave. Le ha arrancado el nervio ciático de su base. Como se arranca la raíz de una planta. La lesión, fuera de esto, no tiene importancia suma, por cuanto que no ha interesado el intestino ni órgano alguno de importancia.

- ¿Quedará inútil?

- Lo más probable es que así suceda. La pierna derecha perderá juego, y el talón no podrá sentarlo. Anoche pasé un verdadero susto, a las nueve se quedó sin pulso y creí que se me escapaba. Ya veremos lo que dice Sanchis Banús...

Diariamente, la prensa madrileña publicaba al menos una gacetilla informando el estado de Gitanillo de Triana. Incluso, el diario El Sol, que en su primera plana se ufanaba de que allí no se contenía información relacionada con la fiesta, dedicaba espacio al tema, así, el 3 de junio en sus páginas se lee:

Como consecuencia del arrancamiento de las raíces del nervio ciático mayor (plexo sacro) ha quedado desgarrado el fondo del saco dural, presentándose una abundante eliminación de líquido cefalorraquídeo por la herida operatoria, existiendo el peligro de presentación de una meningoencefalitis que ensombrecería totalmente el pronóstico. – Doctor Segovia.

Cosas veredes…

Un diálogo en la enfermería

Es de nuevo El Heraldo de Madrid el que recoge un diálogo en la enfermería de la plaza entre el torero herido y aquellos que le acompañaban. La conversación publicada es de esta guisa:

Gitanillo de Triana recobró el conocimiento poco después de las nueve de la noche, aunque continuó todavía durante mucho tiempo bajo los efectos del cloroformo.

Sus primeras palabras fueron para preguntar:

- ¿Cómo estoy? Díganme la verdad.

Me parece que no siento las piernas.

Y sus brazos, sin fuerza, se deslizaron sobre el cuerpo para cerciorarse de que no se las habían cortado.

Esto le confortó un poco y guardó silencio, resignado.

Poco después rodearon la mesa de operaciones los individuos de la cuadrilla de Gitanillo y algunos amigos particulares.

A uno de éstos buscó Curro ansiosamente con la mirada, y cuando éste se acercó le dijo:

- Hola, Maximino; me ha «estrosao» el toro...

El amigo trató de confortar su espíritu.

A poco Curro le volvió a preguntar:

- ¿Qué hora es?

Vaciló el amigo. No sabía si era prudente contestar. Entonces Curro alargó su brazo y tomó el reloj de su amigo, lo consultó y dijo:

- Las nueve y media.

En efecto, esa hora señalaba el reloj.

Nuevo silencio, recomendado por los facultativos.

- ¿Habéis ustedes avisao a la familia? - preguntó después Gitanillo.

- Sí - le contestaron.

- ¿Han salió ya de Seviya?

- Sí Está tranquilo.

- ¿Vienen por carretera?

- Por carretera, sí. Calla, hombre.

Gitanillo hizo un esfuerzo v agregó:

- ¡Estoy deseando que llegue mi madre! ...

Para terminar

Maximiliano Clavo Corinto y Oro, cronista de La Voz, se caracterizaba por su estilo festivo y mordaz al redactar sus crónicas. La de la corrida del 31 de mayo distó mucho de llevar ese sello. En ella hace una interesante reflexión de la fiesta, su tragedia y su gloria:

Oro, seda, sangre y sol. Juego limpio en lucha titánica con el toro bravo de escultórica belleza, entre la gloria y la muerte. Arte y heroísmo ante una muchedumbre calenturienta y leal, presidida por la mujer española, divino cebo de pintores y admiración de los hombres de todas las razas. Gritería ensordecedora culminante de un apasionamiento que sólo puede concebirse en este espectáculo sin igual en el mundo. Rugidos de dolor, indignación y entusiasmo, todo en unos segundos y en un transporte de impresión tan fuerte, que desata con violencia todo el sistema nervioso y hace perder el equilibrio orgánico del hombre más ecuánime. Esto debe ser la verdadera fiesta de toros. Esto fue la corrida de ayer, la épica, la inolvidable corrida de ayer, que le hizo al toreo la mejor propaganda que puede concebirse… ¡Quién Iba a pensar que al desventurado primer abono, que tantos disgustos nos ha proporcionado a todos, le reservaban los dioses una despedida tan emocionante, una despedida en la que el dolor y el triunfo se confrontaran como ayer! ...

Y por su parte, Rafael Hernández y Ramírez de Alda Rafael, en La Libertad, también medita los alcances que tienen los percances de los toreros en el devenir de la tauromaquia:

¡Ay del caído! El domingo, mientras millares de personas aclamaban a Marcial Lalanda y lo sacaban en hombros por la puerta de Madrid, en el patio de caballos, rodeando la entrada de la enfermería, unos cuantos hombres, con los puños crispados y los ojos enrojecidos, esperaban con ansia noticias de Gitanillo. Eran sus amigos, los que sabían que bajo la seda y el oro de su traje de torero latía un corazón lleno de cordialidad y propicio a todas las bondades; eran los que sabían de sus alegrías, de sus dolores, de sus ilusiones, de todo lo que había de humano en el interior del ídolo, que en otras tardes sintió también sobre sus sienes la caricia de la gloria… Es muy difícil escribir algo que encuadre la totalidad de la corrida. También nosotros fuimos juguete de la emoción; también sufrimos el choque de tan distintas sensaciones que, aun sin querer, habrán de reflejarse en estas cuartillas. De la corrida quedan grabadas las escenas principales, la cogida del infortunado Varé, la más terrible aún de Gitanillo de Triana, y la actuación, más que brillante, casi genial, de Marcial Lalanda. Esos tres momentos son los que harán pasar a la historia esta corrida del 31 de mayo de 1931, como aquella otra del 27 de mayo de 1894. en que cayó el Espartero y fue la consagración de Antonio Fuentes…

Sol y sombra, triunfo y tragedia… Los eternos contrastes de la fiesta de los toros. La evolución de Gitanillo de Triana seguiría siendo noticia durante los 75 días siguientes, pues fallecería el 14 de agosto al no superar las heridas que le infirió Fandanguero, pero del desenlace de la historia, aunque conocido, seguramente me ocuparé aquí, en su día. 

Aviso Parroquial segundo: Los resaltados en los textos de Alcázar, Corinto y Oro y Rafael no constan así en sus respectivos originales. Son obra y atrevimiento de este amanuense.

domingo, 30 de mayo de 2021

31 de mayo de 1931: Gitanillo de Triana y Fandanguero de Graciliano Pérez Tabernero I/II

Francisco Vega de los Reyes
Gitanillo de Triana
Foto: Paco Marín/Kutxateka
La temporada madrileña de 1931 no caminaba precisamente sobre ruedas. Las noticias de la prensa y las crónicas de los festejos dejaban ver que la afición y los informadores no estaban contentos con lo que la empresa estaba presentando. En los dos festejos anteriores a este que me ocupa, los domingos 17 y 24 de mayo, se protestaron respectivamente los toros de Victoriano Angoso y Santiago Sánchez Rico, así como los de Juan Sánchez de Terrones y Tovar por chicos y débiles.

Alguna luz se vio cuando en esa corrida del 24, Armillita cortó una oreja al sexto de Terrones que le tocó en suerte y fue sacado en hombros o cuando el día 30, víspera de los hechos que me tienen aquí, David Liceaga, que renunciando a la alternativa que había recibido en El Toreo el anterior enero, se decidió a hacer campaña en ruedos hispanos y ese día se presentó en la Carretera de Aragón alternando con Chiquito de la Audiencia, Antonio García Maravilla y Manuel Fuentes Bejarano en la lidia de novillos de Alipio Pérez Tabernero – también criticados por flojos –. David le cortó la oreja al octavo, de Clairac, sustituto del titular devuelto por inválido, saliendo a hombros en esa presentación.

Quiero hacer notar que en estos apuntes no tendré información del ABC madrileño, pues fue incautado por las autoridades de la República Española el día 10 de mayo de 1931 y dejó de aparecer entre el 11 de ese mes y hasta el 5 de junio siguiente, pero la demás prensa de la capital de España se ocupó abundantemente del tema, con extraordinarias firmas, pero nunca deja uno de necesitar, en casos como este, la de don Gregorio Corrochano.

La octava corrida del primer abono del 31

Ese era el ambiente previo a la corrida del 31 de mayo del 31. La empresa de Madrid intentó remontar el ambiente negativo que rodeaba la situación y puso en los corrales de la plaza una bien presentada corrida de don Graciliano Pérez Tabernero, de Salamanca, para Manuel Jiménez Chicuelo, que se presentaba en la temporada, Marcial Lalanda, que reaparecía después de una lesión y Gitanillo de Triana que había estado desafortunado en su última actuación que, si mal no recuerdo, fue la confirmación de Jesús Solórzano.

La plaza de Madrid se llenó. El bien presentado encierro y el cartel de toreros no dejaban lugar a las dudas de los aficionados, que al ir ocupando sus localidades no tenían idea de que la fiesta de los toros tiene sus propios mecanismos para resarcir sus pérdidas. Por una parte, Marcial Lalanda tendría una de sus grandes tardes en la plaza vieja de la capital española y por la otra, la fatalidad se encargaría de recordar a todos los que asistieron, a los que no y a los que, en el futuro, nos interesáramos por esto, que la fiesta de los toros es un juego de vida y de muerte y que ese es uno de sus activos.

Fandanguero, número 98, negro, tercero de la tarde

Francisco Vega de los Reyes, natural de la Triana de Sevilla, pues nació allí en la entonces llamada calle de La Verbena – hoy Rodrigo de Triana – se encontraría con su destino al salir ese toro negro, tercero de la tarde. Federico Morena, en El Heraldo de Madrid, al relatar los sucesos ocurridos al día siguiente del festejo, reflexiona lo siguiente acerca de este toro y del encierro lidiado ese día:

¿Está seguro D. Graciliano Pérez Tabernero de que ha logrado extinguir por completo en sus toros la sangre de Miura? … Como es sabido – la tragedia de ayer justifica el recuerdo –, D. Fernando Pérez Tabernero, padre de D. Graciliano, fundó su ganadería en 1884 con vacas de Veragua y un semental de Miura... pero el resultado no satisfizo a D. Graciliano, y en abril de 1920 adquirió 126 vacas de los hermanos conde de Santa Coloma y marqués de Albaserrada y un eral escogido de cada una de estas ganaderías. Al decir de D. Graciliano, en 1924 lidió los restos de la antigua ganadería y estrenó la nueva con gran éxito en Barcelona. Y desde entonces, D. Graciliano cree firmemente que sus toros llevan sangre pura de Vistahermosa… Pero la corrida de ayer parece rectificar al ganadero salmantino. La sensación que recibimos los aficionados es la de que asistíamos a una miurada. ¡Qué cambios más notables se operaban en los toros! Diríase que en cada uno de ellos se manifestaban alternativamente las distintas sangres de las diferentes cruzas; pero predominando siempre la de Miura. Era una corrida como para traer de cabeza al mejor aficionado… Un toro, por ejemplo, tomaba una vara a ley, volvía luego la cara, y, en fin, recargaba de modo sorprendente... Quedaba aplomado en el tercio de varas y cortaba el terreno peligrosamente en banderillas. Era docilísimo en el segundo tercio y se arrancaba bronco y descompuesto al final… Se vencía primero por un lado y después por el otro... En fin, que en ningún momento sabía el aficionado a qué atenerse sobre la calidad de los toros de D. Graciliano. El más igual de los seis fue, sin duda, el quinto, de Marcial, que doblaba idealmente por el lado izquierdo… Por lo demás, dentro del tipo de la casa, la corrida estuvo bien de presentación...

Como podemos ver, salvo el sexto, según lo relata Morena, ese encierro de don Graciliano fue una colección de prendas y hoy se diría en el lenguaje de los profesionales que eran toros a contraestilo tanto para Chicuelo, como para Gitanillo, pero eso era lo que había y nada más.

El percance

Después de lucirse en el primer tercio y solventado el de banderillas, Curro Puya se dispuso a torear de muleta. Lo hizo según la costumbre al uso, al hilo de las tablas e iniciando por alto, seguramente para calibrar la distancia de la embestida del toro. Al realizar una de esas suertes fue prendido. Sigue contando Federico Morena:

Empezó con un pase ayudado por alto, erguido y torero, y al pretender dar el cambiado, también por arriba, se le venció el toro y le cogió de lleno por el muslo derecho. Le suspendió un instante y le despidió luego con fuerza. El pobre Curro quedó caído, boca arriba, entre el toro y la barrera. El bruto acometió furiosamente a su presa y le tiró, con rapidez, varias cornadas. Fueron unos instantes de horror. El público, puesto en pie, prorrumpía en un alarido de espanto. El cuerpo del infeliz torero, como un pelele, rebotaba contra la barrera a cada embestida del bruto. ¡Hasta que llegó el capote providencial de Lalanda! ...

Por su parte, el que firmó como Jerezano, en Ahora, salido en Madrid el 1º de junio de 1931, relata:

“Fandanguero” se muestra incierto, receloso y se defiende por el lado del dolor: el izquierdo, Curro Puya no quiere “ver” el defecto; sólo piensa en “torear” para “enseñar a torear”. Muy cerrado en tablas del 2, desafía el gitano. Un buen ayudado por alto sobre ambas manos, venciéndose el toro y siguiendo su viaje a las tablas. En ellas – en terrenos del 1 – aguanta Paco Vega, en un muletazo por alto con la derecha..., pero por ser sobre el pitón izquierdo – el lado lastimado –, el bicho “defiende” ese sitio, cierne la cabeza y tropieza, hiere, suspende, se cambia de pitón y derriba al clásico torero. Este cae debajo del estribo de la barrera, y allí el de Graciliano le busca, pisa, cornea y engancha varias veces. La escena es horrible y emocionantísima, hasta que Marcial y las cuadrillas consiguen llevarse al cornúpeto. Gitanillo, herido, destrozada la ropa, cubierto de sangre y desvanecido, es transportado a la enfermería entre una grandísima, tristísima y sentimental ovación al purísimo artista. ¡Pobre Gitanillo! ...

El resultado del percance fueron tres cornadas, una en cada muslo y la más grave la que Fandanguero le infirió en la parte baja de la espalda, a la altura del coxis, perforándole el hueso sacro y rompiéndole el saco dural, es decir el tejido de la médula espinal que se inserta en esa parte final de la columna vertebral. Esa herida, al final, sería la que le causaría la muerte al infortunado Gitanillo de Triana.

El día de mañana concluiré con estas notas, dada la extensión que van tomando…

Aviso Parroquial: Los resaltados en los textos de Federico Morena y de Jerezano son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 16 de junio de 2019

Chicuelo y Corchaíto. El giro copernicano

Colección Biblioteca Digital de Madrid
El 3 de julio de 1914 Gallito barruntó en la plaza vieja de Madrid el toreo ligado y en redondo. Lo hizo ante alguno o algunos de los toros de don Vicente Martínez que mató en solitario. La ligazón de los muletazos al natural se ha de entender en el debido contexto de las condiciones de los toros que se lidiaban por aquellas calendas, pero contenía, como explica Alameda en su Historia Verdadera de la Evolución del Toreo, el tendido de la suerte, cargando la misma y obligando al toro a ir al terreno que el torero quiere para que se pueda iniciar la siguiente. En ese punto de la historia quedaba pendiente de la evolución del toro que permitiera hacer ese tipo de toreo.

El 21 de junio de 1917, se verificó la corrida del Montepío de Toreros también en la plaza de toros de Madrid. Alternaron Rodolfo Gaona, el ya recordado Gallito y Juan Belmonte, con toros de la Viuda de Concha y Sierra. Es la famosa corrida de los dos solos. En esa tarde El Pasmo de Triana, que iba a la deriva y que con su actuación en quites y ante el primero de su lote motivó a la afición que llenaba el coso de la Carretera de Aragón a pedir que se quedaran solos Gallito y Gaona.

Pero salió el sexto del festejo, Barbero, del que Barbadillo, en su crónica de El Imparcial dijo que era un torillo largo, flaco y feo…, pero que permitió a Juan realizar una faena memorable, que dejó a Gaona y a Gallito solos, a pie, en tanto Belmonte era sacado en volandas de la plaza. Ese toro, escribía Barbadillo, fue capaz de …pelear tan suave y noblemente en la lidia.... Era quizás también la epifanía del toro nuevo, del que se requería para realizar el toreo ligado sin solución de continuidad. Era en suma, como la aportación de Gallito, un tramo más del hilo del toreo.

La corrida extraordinaria del 24 de mayo de 1928

Para la fecha se anunciaron toros salmantinos de Graciliano Pérez Tabernero, que serían lidiados por Manuel Jiménez Chicuelo, Joaquín Rodríguez Cagancho y Vicente Barrera, que recibiría la alternativa de manos del primero de los diestros nombrados. La plaza se llenó hasta los topes no obstante ser jueves y es que el cartel era redondo. 

Barrera recibió la alternativa tras serle cedido el toro Jardinero que abrió plaza y Cagancho dio la vuelta al ruedo tras despenar a Perdigón, el primero de su lote. El tercero de la tarde se llamó Corchaíto y es el que me ocupa aquí y espero que les ocupe también a Ustedes.

El tercero de la tarde

José Alameda establece que la faena a este toro tuvo el don de la oportunidad, puesto que ya Chicuelo había realizado algunas de corte similar en Figueras en 1922, por supuesto rememora las de Lapicero y Dentista de San Mateo en México en 1925 y alguna posterior. Pero recalca que el hecho de que el encuentro de Chicuelo y Corchaíto se haya producido en la plaza de Madrid terminó por cerrar uno de los círculos de la evolución del toreo.

También Alameda deja ver que no todos vieron el alcance y trascendencia de la obra del torero sevillano y toma como ejemplo dos crónicas del suceso, las de Federico M. Alcázar y la de Gregorio Corrochano. Sin embargo, la revisión hemerográfica del suceso revela que fueron más los que lo vieron, aunque quizás no lo entendieron a total cabalidad. 

La versión más difundida es la de Alcázar, que podemos conocer por la transcripción que hizo Alameda de ella, porque he de señalar que el ejemplar de El Imparcial del 25 de mayo de 1928 que está en la Hemeroteca Nacional de Madrid tiene arrancada la página que contiene la crónica del festejo. Omitiendo los ditirambos que en su día publicó don Federico, creo que lo medular de esa relación está aquí:
Comienza con cuatro naturales estupendos, ligados con uno de pecho soberbio. La ovación vuelve a reproducirse y los olés atruenan el espacio. Vuelve a ligar – siempre con la izquierda – otros tres naturales soberanos. La plaza es un clamor y el público, enardecido, loco, jalea la inmensa faena. Pero lo grandioso, lo indescriptible, lo que arrebata al público hasta el delirio, es cuando el torero, ¡el torero!, ejecuta cuatro veces el pase en redondo girando sobre los talones en un palmo de terreno. Es algo portentoso, de maravilla y de sueño. Suave, lento, el toro va embebido, prendido, sugestionado, describiendo dos círculos en torno al artista, que permanece inmóvil en el centro...
Lo que describe Alcázar al hablar de que el toro va prendido, describiendo dos círculos en torno al torero que permanece inmóvil en el centro, es lo que Guillermo H. Cantú describe como la teoría del toreo en ochos, a propósito de la tauromaquia de Manolo Martínez, donde el torero es un eje y a partir de la ligazón, el toro describe dos parábolas en torno al torero. Es el toreo de hoy en día, pero realizado hace noventa y un años.

Una segunda versión es la de César Jalón Clarito, en El Liberal. Quizás Clarito no observó la esencia novedosa que aportaba Chicuelo con su actuación, pero sí se enteró del toreo ligado que se estaba ejecutando y que era distinto a lo que se había visto hasta entonces en la plaza de Madrid:
...La mano izquierda de Chicuelo, puesta en el registro del pase natural, que por tanto tiempo tanteó sin dar hasta esta tarde en el resorte, ha ligado cuatro pases.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Debe ser público de las otras generaciones el que lo cuenta. Espectadores quizá que aprendieron a contarlos en otras jornadas de este mes de mayo taurino.
No viene el pase de pecho. Y lo buscan otros dos naturales. ¡El resorte del pase natural! Como por otro resorte se pone en pie el público y aclama al torero. Sin mano izquierda, ninguna faena es cumbre.
Esta entra en una nueva fase. Alternan las dos manos. Los pases se traban unos con otros, el alto con el bajo, el eficaz que manda al toro con el de adorno, que es en ocasiones el afarolado. Una vez, en el ayudado, se detiene al final la muleta, y gira el cuerpo del torero. Es el recuerdo de la “chicuelina”; lo que la muleta debe reproducir del capote. Y antes que la gigantesca faena se cierre, la mano izquierda la rúbrica con tres pases naturales, los más asombrosos, porque más agotado el toro, el artista ha tenido que apurarle el terreno más y tirar del centro del palo con mayor firmeza...
Decía que Clarito no aborda el tema de los dos círculos, pero repara en algo que no relató Alcázar y es en que, al final de la faena, Chicuelo tuvo que obligar al toro a embestir, a ir a por la muleta ya cuando las fuerzas le comenzaban a abandonar y para ello, el torero le tuvo que pisar el terreno para dar la necesaria dimensión a los muletazos.

Luego está el parecer de Rafael, en La Libertad. Él se decanta más por el argumento manido del girar sobre los talones para explicar la ligazón. La argumentación es entendible, la idea del toreo ligado, hasta ese momento, era nueva, desconocida para el público y desconocida para los cronistas, que para exponer a sus lectores los sucesos de una tarde, tenían que tirar del lenguaje conocido y de esa manera tratar de hacer entender un suceso. Así, Rafael escribió:
…La corrida, que iba en «crescendo», había llegado a su momento culminante. Desde que pisó la arena el primer toro y Barrera le paró los pies con seis verónicas suaves y artísticas y un recorte ceñidísimo, puede decirse que la corrida transcurría entre una constante ovación. En los tercios de quites, las gentes se levantaban en masa para aclamar a los lidiadores. El entusiasmo llegaba a la embriaguez.
Y con este ambiente tocaron a matar, y Chicuelo se fué al toro en los tercios del 2, y con la muleta en la izquierda inició la faena con cuatro naturales superiores, el cuarto, sobre todo, que ligó con uno de pecho, y luego dos naturales más y uno que remató por alto, y después con la derecha y con la izquierda, cerca, valiente, torero y artista, pases de todas clases, de la firma, molinetes, afarolados, otros de pecho, de costado, de espalda, otros con la muleta en la izquierda y girando sobre los talones, sin mover la franela; en fin, toda la gama del toreo estilista.
Cómo sería la faena, que antes de entrar a matar, el público pedía ya la oreja del toro. Dió un pinchazo, entrando recto, y después de tres naturales, que fueron tres monumentos, un pinchazo más y media en todo lo alto, que hizo rodar al toro sin puntilla...
¡La faena de Chicuelo! Esa faena que no había hecho y que hasta parece imposible que pueda volver a hacer, borró cuanto se hizo ayer bueno y malo en la plaza. La faena fué la corrida. Había aficionados, de esos aficionados que han seguido la campaña de Chicuelo durante siete años, que salían de la plaza parodiando una becqueriana:
«Hoy le he visto.
¡Le he visto y ha toreado...!
¡Hoy creo en Dios!»...
Luego hay otra versión casi tan llena de ditirambos como la de Alcázar. Es la de Corinto y Oro. Don Maximiliano Clavo, en su tribuna de La Voz intenta explicar el impacto que tuvo en Madrid la hazaña de Chicuelo. Es una relación extensa, que habla de las emociones de los que lo vieron y de la frustración de aquellos que no estuvieron en la plaza. En lo medular dice:
…lo de ayer fue francamente asombroso. Lo de ayer fue un “caso”.
Chicuelo realizó en la plaza de toros de Madrid la faena cumbre de todas las faenas cumbres que él ha realizado en muchas plazas de España. Todo salió ayer a relucir cuando Chicuelo dio eses treinta y un pases que justifican una época, un estilo y un torero prodigio. Todo salió ayer a relucir. Cuando al toro “Corchaíto” le daba Chicuelo aquella lidia tan precisa, tan segura, tan aplomada, tan técnica y tan magistral, el nombre de Joselito Gómez Ortega salía a flor de los labios de todos los espectadores. Cuando al toro “Corchaíto” lo daba Chicuelo aquellos diez y seis o diez y ocho pases naturales, el maravilloso afarolado, el de pecho, rígido y con incopiable temple, el nombre de Juan Belmonte andaba de tendido en tendido, de grada en grada y de palco en palco. Cuando Chicuelo derrochaba aquella serenidad y aquel valor en el toro, al que obligó a colaborar en la inenarrable faena, se entremezclaban por doquier los nombres del Espartero y Guerrita...
Lo de ayer fue tan extraordinario, que yo creo que a carrera larga será único. Repito que lo de ayer fue un “caso”. Chicuelo “cuidó” y conservó el toro como el que conserva y cuida un primer premio de belleza femenina que se posee después de un concurso mundial. Chicuelo no dio un pase de castigo al toro “Corchaíto” para que no se agotaran sus facultades y estuviera siempre limpio, ligero y brioso para que la inolvidable faena no tuviese un instante de languidez ni la más ligera mancha el perfecto resultado de la preciosa labor. Chicuelo, en fin, agregó a su partido los pocos aficionados que aún dudaban de que el artífice táurico de la Alameda fuese una cosa acabada en materia de torear con refinado perfeccionamiento, con gracia exclusiva, con inspiración de artista genial. Chicuelo... ¿Pero fue Chicuelo o fue D. Diego Velázquez el que abandonó su pedestal, cogió una muleta y un capote a guisa de pinceles y reprodujo en el ruedo madrileño uno de sus mejores cuadros?...
¿Se ha enterado usted de eso de Chicuelo?”
Chicuelo se hace el amo de Madrid y la primera figura del toreo…
José Díaz de Quijano Don Quijote, quien escribía sus crónicas para el semanario La Fiesta Brava de Barcelona, también tiene su versión de lo sucedido esta memorable tarde. Apareció publicada en el número del 8 de junio siguiente al de la corrida y señala lo siguiente:
El tercero, "Corchaíto", núm. 49, negro bragado, calcetero de las patas traseras, coliblanco, recogido de cuerna; muy bonito…
Chicuelo se fue a él con la franela en la zurda para torear al natural. Señor Corrochano: el público cantó a coro: ¡uno! ¡dos! ¡tres! ¡cuatro! ¡cinco! Cinco naturales en redondo, asombro de arte, de mando, de temple y de sabiduría. Tanta, que el quinto, al vencérsele el toro, lo remató por alto, en vez de echarse fuera. Cinco pases en redondo, rematados con el de pecho. ¡Ahí queda eso! Más aún. Sin cambiar de mano la muleta, siguió el toreo en redondo: dos naturales más. El de pecho con la derecha y al natural con esta mano. ¡Y otro natural prodigioso, con la zurda! (¡La epilepsia en el tendido!) Cuatro ayudados por alto a ambos lados, el súmmum del arte; al natural con la derecha, un afarolado indescriptible, y cuatro ayudados por bajo, girando el cuerpo, cuatro ayudados sui géneris, geniales, improvisación de artista cumbre, el último rematado con un molinete entre los pitones. Dos pases con la derecha, estatuarios. (Todo esto, ligado, seguido, solo con el toro.) Un ayudado por alto y ¡tres naturales en redondo, inenarrables! La gente pide la oreja... Un gran pinchazo. Dos naturales, uno con cada mano, el izquierdo estupendísimo. Otro gran pinchazo. ¡Otro natural, magno! Y... una gran estocada. El toro, muerto en pie, abre las manos y se afianza en ellas, en hermosa agonía. Ni un capote. Chicuelo, con la muleta a rastras, gira en torno suyo majestuoso, crecido, torerazo. El toro se desploma, las cuatro patas al aire... ¡Imposible describir lo que pasó! Ni un pañuelo dejó de agitarse. Concedida la oreja, la gente vociferaba pidiendo la otra; concedida la otra, seguía vociferando pidiendo el rabo. Vuelta al ruedo, entre un clamoreo y una sorda tempestad de aplausos...
Y llego a don Gregorio Corrochano, del ABC madrileño, a quien Alameda acusa de crear una conspiración de silencio en torno a Chicuelo, Corchaíto y su leyenda. También hace notar que en la crónica del festejo no vio o no quiso ver la trascendencia de lo sucedido en la tarde del 24 de mayo de 1928. Y así parece a primer golpe de vista:
Chicuelo, en su repertorio y estilo da el mayor rendimiento. Con la izquierda empieza, con la izquierda sigue, con la izquierda termina. Intercala adornos vistosos y toreros porque lo aprovecha todo. Ha hecho dos faenas, tres faenas... ¡ni el toro se agota ni él tampoco! Todos los pases de la nomenclatura taurina aquí están. Hubo series ligadas magníficas. En una faena tan larga, algún bache no importa, porque volvía a ligar. Para todos los gustos. Del mío fueron los últimos naturales, cuando ya había que enganchar al toro en la muleta y tirar de él y hacerle pasar. Tengo esas preferencias. No me importa que el toro pase porque le dé la gana al toro; me interesa mucho más que el toro pase cuando le de la gana al torero, cuando se ve que el toro ya no quiere y el torero tira y obliga y le hace pasar. Por eso la última parte de esta faena preciosista fue más de mi gusto. Dos pinchazos y una estocada corta. Los pañuelos que ya habían asomado a media faena demandaron la oreja, las orejas. Las dos…
Pero una obra de tal magnitud no podía pasarle inadvertida a tal conocedor de la fiesta. Tan así, que en su crónica de la corrida del domingo 27 siguiente, en la que alternaron Juan Espinosa Armillita, Manuel del Pozo Rayito y Vicente Barrera en la lidia de toros de Angoso, escribió lo siguiente:
Todos los días de festejo se ve la plaza de toros cuidadosamente barrida... El domingo, sin embargo, la plaza – el ruedo – no estaba barrida con esa pulcritud. Había tierra removida de los tercios del uno hacia los medios: podríamos decir que había rastro o huella. Los espectadores íbanse acomodando y miraban hacia el lugar indicado. Alguno con aficiones de cicerone preguntaba al de al lado: “¿Usted no vino el jueves?” “No señor” “Allí fue” Y le señalaba la huella.
No sé cuando se acusó más firme la evocación; si cuando Rayito intentaba inútilmente torear con la izquierda o cuando Barrera giró con el capote en ese adorno al que dio Chicuelo tanta personalidad.
Pero el recuerdo de Chicuelo presidió la corrida del domingo. No solo estaba en los espectadores, sino también en la preocupación de los toreros. ¿Por qué? Sin duda porque de todo lo que ha hecho Chicuelo en el toreo fue lo que tuvo más personalidad, y la personalidad en el arte es fundamental. Y porque levantó en medio de la plaza de Madrid un monumento al olvidado pase natural. Y violentando un poco el poder evocador, se podría decir en una hipérbole bastante aceptable que los únicos que torearon el domingo en Madrid, fueron Chicuelo y Barrera...
Barrera tuvo algunos momentos, y el conjunto de su primera faena, que nos hicieron soportar la corrida. Fue el único que dio señales de torero. Los otros dos, borrados. Barrera y Chicuelo, con su recuerdo. Y Rayito, queriendo convencer a los del 8, que quería y no podía torear con la izquierda. Y los del 8, que habían visto a Chicuelo dar 15 o más naturales, enganchando al toro y tirando en la última serie, diciéndole a Rayito lo que tenía que hacer...
La escoba que alisa y arregla la plaza pulcramente, borrando todas las faenas, no ha podido borrar la de Chicuelo. El domingo parecía que seguía toreando Chicuelo. En la arena había huella de pasos de toro en los tercios del 1 hacia los medios y en medio de la tierra removida por las pezuñas, unas ligeras pisadas de zapatillas diminutas, como de chiquillo. Huella de faena que aún no se borró. Y la evocación certera, persistente, del espectador que decía al de al lado “Allí fue”. Y no decía más, ni hacía falta decir más.
No es un mea culpa, pero al final don Gregorio se rinde a la evidencia, algo grande había ocurrido y había que consignarlo. Quizás no quedó convencido de su trascendencia, pero la vida le dio tiempo de comprobar que lo que percibió ese 24 de mayo había llegado para quedarse.

Corchaíto

Pero, ¿qué clase de toro fue Corchaíto?

Solamente Rafael en La Libertad se ocupa de hablar con alguna extensión de las condiciones de Corchaíto. En lo que interesa, dice:
Había hecho Chicuelo una faena inenarrable, y el público pedía que a aquél toro se le diera la vuelta al ruedo, y el presidente accedió a ello. Una parte del público protestó entonces. ¿Por qué?
Pocas veces ha estado más justificado ese homenaje, y aún cuando no fuera más que para premiar a la divisa que lucían los dos bravísimos toros que se habían lidiado ya, a mí me hubiera parecido bien. Pero además, aun habiendo visto que aquél toro volvió la cara varias veces, que se salió suelto en los tres primeros puyazos y que hubo que porfiarle para que tomara el cuarto, me sigue pareciendo bien que se le diera la vuelta al ruedo... un toro que después de veintisiete pases y un pinchazo hondo, todavía toma en el centro del ruedo otros tres pases naturales, embistiendo mejor que cuando salió del chiquero, ese toro es un toro excepcional, un toro del que no se puede decir si ha sido un poco más bravo o un poco más manso, porque su nobleza, su extraordinaria nobleza, lo borra todo...
Por su parte, Corrochano, en la crónica de la corrida del 24 de mayo hace los siguientes apuntamientos:
El toro de Graciliano sale suelto de los caballos, vuelve la cara. Hay momentos que tememos que lleguen a foguearle. Con lo bravos que fueron los anteriores. El toro, malo para el ganadero, es muy bueno para el torero... ¿Qué vieron mis ojos? Se saca al toro, ya dentro de la puerta de arrastre, y le dan la vuelta al ruedo. ¿Es posible? Un toro que tan mala pelea hizo con los caballos, que a punto estuvo de que le foguearan. ¿Es posible? No, no, debo estar confundido. Sin duda el que sacaron fue el primero, verdaderamente bravo y alegre. Hay que tener cuidado con esas confusiones, porque podemos poner en ridículo a la primera plaza de España. Que el toro fuera suave y noble y bueno para el torero, después de la feísima pelea de varas, no quiere decir que fuera de bandera. Que Chicuelo hiciera al toro apurándole y tirando de él al final para prolongarle la codicia, no justifica el homenaje al toro menos bravo de la tarde…
Y también Don Quijote abunda:
El jefe de las mulillas, ya arrastrado el toro, obliga a los mulilleros a sacarle al ruedo y darle la vuelta. (Protestas.) ¡Si hubiera sido al primero!...
Como podemos ver, también esta tarde se nos marcó el advenimiento del toro moderno. Lo que se apuntó en la del Montepío con Barbero, se afianzó con Corchaíto. A partir de este día la noción de la bravura se iría sustituyendo por la de la nobleza, con el resultado que todos conocemos.

Nota Aclaratoria: Los resaltados en los textos transcritos son obra de este amanuense, pues no constan así en sus versiones originales.

Aldeanos