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| José Ramón Tirado, Julio Aparicio y Antoñete Foto: Martín Santos Yubero - Archivo Comunidad de Madrid |
Su primera peripecia, añagaza y osadía la perpetró a finales de los 50 con el mexicano José Ramón Tirado a quien para darle a conocer en España le inventó la siguiente historia contada por él mismo: “iba a llegar Franco de un viaje y llamé a Tirado para que sacase un billete de avión para ese mismo día pero que no viajase. En el aeropuerto estaba toda la prensa esperando al Caudillo y yo a través de un fotógrafo amigo hice correr el rumor de que el torero que llegaba ese día no lo haría porque se había tirado del avión. Al momento todos los periodistas estaban a mi alrededor y yo inventando la historia; al día siguiente todo el mundo conocía a Tirado. Pero no me quedé ahí, sino que la seguí alimentando y un par de días después me inventé que un barco había rescatado al torero en alta mar y que aquello era un milagro. Tirado volvió a llenar páginas de periódicos y revistas, y esa temporada todo el mundo quería verle torear...
Ese aparente desacato le valió para que José Ramón toreara esa campaña 42 novilladas, quedando cuarto en ese escalafón, detrás solamente de Chamaco, Jaime Ostos y Curro Girón y le permitió recibir la alternativa el 12 de octubre de ese mismo año en la Mérida extremeña, apadrinándole Litri y llevando el testimonio de Antonio Ordóñez. El toro de la ceremonia se llamó Cuellolargo y fue de don Manuel González.
José Ramón Tirado regresó a torear el invierno a México, y confirmó su alternativa en la capital con el toro Remador de La Laguna, volviendo a ser su padrino Miguel Báez Litri, y fungiendo como testigo el Güero Miguel Ángel García.
El San Isidro de 1957
Rafael Sánchez El Pipo, tenía su manera de resolver las cosas. José Ramón Tirado ya tenía cierto predicamento en Madrid, porque allí se había presentado el 8 de julio del año anterior, y le cortó una oreja al primero de su lote; reapareció cuatro días después y se volvió a llevar una oreja del que cerró plaza y en su tercera oportunidad, el 29 de ese mismo mes de julio le cortó las dos orejas al tercero de la tarde, de Garro y Díaz Guerra.
Esa cadena de triunfos en la Villa y Corte la vendió bien don Rafael y le escrituró tres tardes para ese San Isidro del 57. Creo importante anotar aquí que Joselito Huerta, figura cimentada, apenas logró firmar una en esa feria. La confirmación de la alternativa en la apertura de la feria, con Julio Aparicio y Antoñete; la reaparición al día siguiente, con Aparicio otra vez y Manolo Vázquez y cerraría ese serial el 17 de mayo con Manolo Vázquez y Gregorio Sánchez. Y los toros eran los que exigían las figuras, por su orden, de doña Eusebia Galache, Atanasio Fernández y Barcial. Iba colocado como figura del toreo, aunque tuviera todo que demostrar.
José Ramón Tirado en su confirmación
Al final de cuentas Tirado no logró asegundar los éxitos que como novillero firmó la temporada anterior. Hay una amplia gama de apreciaciones entre los cronistas de aquellos días, pero todos coinciden en el hecho de que, ya no realizó el toreo destinado a conectar con los tendidos que le caracterizó en las presentaciones anteriores. Escribe Juan León en su crónica para el diario madrileño Arriba:
Este mejicano supo conquistarse grandes sectores de opinión con sus actuaciones novilleriles en el coso de las Ventas. Se le recibió, pues, con agrado, y él supo en sus primeras intervenciones con el capote hacerse aplaudir con fuerza, sobre todo, en su primer quite, echándose el capote a la espalda y pasándose muy cerca a su enemigo. Se 1e aplaudió también en la solemnidad de la confirmación, cuando Julio Aparicio le hizo entrega de las armas toricidas... Brindó al público y se fue al toro para citarle con el pase cambiado que tanto le acreditó en esta plaza: adelantar la muleta por delante y sacarla luego por la espalda, cuando el toro llega a jurisdicción. Siguió con dos ayudados por alto y uno de pecho. Citó con la derecha, y al segundo pase en redondo se le llevó el toro la muleta, cuajando seguidamente una buena serie de esta misma clase. Cambió de mano y logró tres naturales y el de pecho. Las embestidas de la res eran tardas y nada alegres, desluciendo los buenos deseos del diestro. Aliñó, para un pinchazo y una estocada desprendida, escuchando palmas y algún pitito...
Por su parte, Antonio Bellón, titular de la crónica taurina en el diario Pueblo, refiere:
A Tirado, un alboroto emocionante de ovaciones, sus ceñidísimas y reposadas gaoneras le dejaron su boyantillo primer toro donde más aire hacía: en la boca de riego. Su vaciarse el toro por la espalda tras angustiosa espera arrancó aclamaciones. Luego, en lucha contra viento y marea, salía airoso en redondeados redondos, y ovacionado, matando pronto, y en el huidizo sexto, acosadísimos los rehileteros, al borde del percance el Portero de Méjico, los focos encendidos, el público frío y enfriado, el espada en su macheteo preventivo no estudiaba la embestida del toro, mató aliviado, y al embotársele el verduguillo, se llevó un recado...
Y por su parte, Manuel Casanova, director del semanario El Ruedo, firmando como Emecé, refiere:
Entre el explicable nerviosismo en la tarde de confirmación de su alternativa, entre el viento que tanta desconfianza pone en los toreros, y entre que los toros que le correspondieron no fueron de los de «faena hecha», lo cierto es que la primera actuación del mejicano José Ramón Tirado como matador de toros en Madrid resultó bastante deslucida... En diestros cuya casi única tecla es la emoción, cuando ésta falta, se desvanece poco menos que en absoluto la posibilidad del éxito. Así le ocurrió en la tarde del viernes a Tirado. Salvo unas verónicas al toro de su alternativa y un ceñido quite por gaoneras, y más tarde en la faena de muleta una serie de redondos con la mano derecha, sus restantes intervenciones carecieron de brillantez. Todo lo sacrificaba en su primera faena a dar ese pase espectacular de adelantar la muleta por delante y sacarla por la espalda, en el que destacó su personalidad como novillero. Lo dio al fin, aunque a destiempo. Lo demás ya fue cuesta abajo. Unos pases discretos, un pinchazo y una estocada desprendida pusieron fin al trance de la confirmación, que la hizo con «Medianejo», número 80, berrendo en negro...
Por lo relatado en las crónicas que se transcriben, tal pareciera que la afición de Madrid esperaba al torero explosivo, que procuraba el hacer pirotécnico, exclusivamente de cara a la galería, para celebrar su hacer en el ruedo. Pero, por otra parte, también se puede apreciar que los elementos jugaron a la contra en el hacer del torero, que se vio afectado por el viento y las naturales incomodidades que éste produce.
El condicionamiento de una campaña
Las dos tardes que le restaban a José Ramón Tirado en Madrid no le resultaron triunfales tampoco, lo que condicionó en mucho el desarrollo de su temporada española del año 57, misma que cerró apenas con 6 tardes, las tres de Madrid, dos en Barcelona y una final en Palma de Mallorca el 9 de julio de ese año, con la que concluyó su paso por los ruedos hispanos.
A mediados de agosto, ya estaba toreando en plazas de México.
Una remembranza de El Pipo
Decía al principio de estas líneas que Rafael Sánchez Ortiz El Pipo, fue el artífice de la sorpresiva irrupción de José Ramón Tirado en ruedos de España, pero ese apoyo no fue gratuito. Observando su desarrollo como apoderado, he adquirido la impresión de que sabía descubrir toreros, llevando de las capeas o de las tapias a diestros como El Cordobés, José Fuentes o Curro Vázquez. Dirigiendo las carreras de otros toreros que dejaron historia como José María Clavel, José María Montilla, Paco Pallarés, o Antonio Ruiz Espartaco padre. Entre los nuestros, aparte de Tirado, también llevó las cosas de Manuel Capetillo.
Normalmente recordamos a El Pipo por las cuestiones que lo vinculan con la picaresca que se infiltra en esta fiesta – como la anécdota que cuenta Manzano –, pero era un aficionado sagaz, que sabía ver las virtudes de los aspirantes a toreros y no paraba en mientes para tratar de que llegaran a ser figuras del toreo.
Ser apoderado de toreros es algo más que ser un administrador. El ejemplo de El Pipo creo que lo deja claro.

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