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domingo, 29 de marzo de 2026

29 de marzo de 1964: Joselito Huerta conquista la Rosa Guadalupana en la Plaza México

La corrida Guadalupana

Tengo la impresión de que este festejo conmemorativo surge como reacción nacionalista al tradicional de Covadonga, que se celebraba para conmemorar la Romería anual que organizaba el Centro Asturiano de la capital mexicana y en el que tomaba participación toda la colonia española allí residente. En el Toreo de la Condesa, se registra por primera vez un festejo en honor de la Patrona de México, el 14 de febrero de 1946, cuando el órgano de prensa de la Basílica de Guadalupe aporta el trofeo anunciado como La Rosa de Guadalupe disputado en esa corrida a beneficio del Sanatorio de Toreros y que fue ganado por Fermín Espinosa Armillita en fuerte competencia con Pepín Martín Vázquez.

Ya en la Plaza México y en la década de los cincuenta, cobra cierta carta de naturalidad este festejo, que tendría en la mayor parte de sus ediciones, el generar recursos para las obras de restauración de la Basílica de Guadalupe. Las versiones de 1953 en la que se despidieron Carlos Arruza y Manolo dos Santos y la de 1954, señalan expresamente que las organizó la revista Mañana, dirigida por José Pagés Llergo. Cabe señalar que en ninguna de esas dos corridas se disputó trofeo alguno.

En 1956 la corrida se transformó en una feria de seis festejos, en la que la corrida alusiva se dio el 12 de diciembre y en la que, el trofeo llamado ya Rosa Guadalupana, puesto en concurso fue declarada desierto, por el mal juego de la corrida de Las Huertas y después de concluido el serial, se decidió entregarlo a Antonio Ordóñez por las redondas actuaciones que tuvo en el mismo. 

El festejo retornó hasta 1959 cuando Fernando de los Reyes El Callao se lleva a casa el trofeo y se hará otro hiato de un lustro para llegar al festejo que hoy me ocupa. Posteriormente la corrida se recuperó, celebrándola el día 12 de diciembre, sin trofeo de por medio y resaltan de estas últimas, desde mi particular punto de vista, la celebrada el año 2017, a beneficio de los damnificados por el sismo de septiembre de ese mismo año y la verificada el año 2021, que implicó el retorno de la fiesta de los toros a la Plaza México, después del cierre forzado de la misma por la pandemia de COVID – 19.

Una temporada a plaza partida

Los toros en la Ciudad de México en el ciclo 1963 – 64 se celebraron a plaza partida. Entre el 1o de diciembre de 1963 y el 29 de marzo de 1964, se ofrecieron a la afición la friolera de 32 corridas de toros. 18 en la Plaza México y 14 en el Toreo de Cuatro Caminos y los días 8, 15, 22 y 29 de diciembre de 1963 y 5 y 12 de enero de 1964, se dieron toros en las dos plazas, y las entradas en ambas eran satisfactorias. El eje de la temporada de la México era Paco Camino y el de El Toreo era El Cordobés. Por eso era atractivo ir a cualquiera de los dos cosos, en los que se escribieron tardes dignas de guardarse en los anales de la historia.

La corrida Guadalupana de 1964

La 18ª corrida y final de la temporada de la Plaza México se celebraría el 29 de marzo de ese calendario. Era Domingo de Ramos y existía cierta preocupación acerca de que la entrada fuera a ser floja, porque el periodo vacacional de la Semana Santa ya había arrancado desde la tarde del viernes anterior. De acuerdo con el anuncio de la corrida, los beneficios que produjera serían destinados a las obras del Seminario Menor de Acoxpa, en Tlalpan, que sería puesto en funcionamiento alrededor de un mes después del festejo. El anuncio se hizo sin cartel, el domingo anterior, pero al mediar la semana se dio a conocer que lo integrarían Alfonso Ramírez Calesero, Joselito Huerta, Joaquín Bernadó, Emilio Rodríguez y Jaime Rangel, quienes enfrentarían un encierro de Tequisquiapan, de don Fernando de la Mora Madaleno, quien traía su tercer encierro a la gran plaza (1ª y 11ª) y cuarto a la capital, porque también había enviado otro a El Toreo el 21 de diciembre anterior.

La crónica de don Alfonso de Icaza Ojo en El Redondel de la misma fecha de la corrida, acerca de los toros, señala lo siguiente:

De los toros de esta ganadería, de poco respeto en general, fue bueno el primero, mejor aún el segundo, mansurrón el tercero, aceptable el cuarto, muy bravo el quinto y cegatón el sexto...

Y es que, creo complicado tener cuatro corridas puestas para la capital en una misma temporada, así que, en algún momento, se tendrá que venir así, bajando el listón.

Acerca de la entrada, el mismo Ojo, reflexiona:

A pesar de la mucha gente que ha salido de la metrópoli, a disfrutar de las vacaciones de Semana Santa, hay quórum en la Plaza México, donde con una entrada aceptable en ambos tendidos se celebra la corrida de la Rosa Guadalupana, que habrán de disputarse los seis espadas anunciados, para despachar otros tantos toros de Tequisquiapan...

La faena del triunfo de Joselito Huerta

Joselito Huerta salió con la Rosa Guadalupana en sus manos. La realizó al segundo toro de la tarde, nombrado Rosalito, y al que se le anunciaron 448 kilos de peso. Relata don Alfonso de Icaza:

Brinda su muerte a todo el público y da comienzo a su trasteo sentado en el estribo, en cuya postura da tres pases muy valientes. Toreando bien se lleva a su adversario hasta el tercio, en medio de ruidosos aplausos que crecen de punto cuando después de que no aguantó en un pase citando de largo, liga varios derechazos de buena ejecución. Sin embargo, no está haciendo la faena que esperábamos; ya veremos si después da la nota aguda... Para ello se interpone el aire que determina que el muletazo no sea del todo limpio, pues en ocasiones el diestro queda al descubierto y tiene forzosamente que mejorar su terreno. Cambia de mano y da algunos naturales excelentes, tras de los cuales se queda la res. Más pases izquierdistas, corriendo la mano estupendamente y rematados con un gran pase de pecho... Por fin estamos viendo al Joselito de la temporada anterior... Más naturales tirando del toro magistralmente; nueva interrupción, a nuestro entender, innecesaria, y después de un pase de trinchera instrumenta nuevos derechazos lentos como ellos solos. Entra a matar con fe, y pincha, en parte por quedarse el burel. Nueva ración de tela sobresaliendo un natural estupendo, y una estocada casi hasta el puño, en lo más alto del morrillo, que con la ayuda de los capotes hace doblar, pero sólo momentáneamente, para entregarse definitivamente, para entregarse definitivamente después de largo rato. Ovación, petición de oreja bastante nutrida, concesión de un apéndice auricular y arrastre lento al bravo y noble toro de don Fernando de la Mora. Joselito, a su vez, recorre el anillo, oreja en mano, con aprobación de las mayorías y protestas de la parte más exigente del público... Ya tenemos candidato para el trofeo en disputa...

Fue la única oreja que Joselito Huerta cortó en esa temporada, pero le valió al final para obtener el trofeo en disputa.

Joaquín Bernadó el más cercano competidor

Joaquín Bernadó cerraba su segunda actuación en la temporada de la Plaza México, donde reaparecía después de haberse presentado el 12 de enero anterior, como testigo de la confirmación de Fernando de la Peña. Fue la suya, al decir de Ojo, una faena de altibajos, por el viento que sopló esa tarde, pero siempre dejando la firma de su toreo clásico y puro, que le permitió ser, por muchos años, el diestro español que más corridas de toros había toreado en nuestras plazas:

Ya tenemos s Bernadó brindando a la plaza entera la muerte de “Milagroso”, toro que acude a donde le llaman y con el que puede el espada catalán torear a gusto. Comienza su faena con pases por abajo y se sale luego al tercio pasándose la muleta por la espalda... Cita de largo, ya acortando los terrenos y vuelve al toreo por delante para llevarse a otro sitio a su adversario. Cita para el natural y sus pases resultan desiguales, ya que en unos para y corre la mano y en otros no hace ni una ni otra cosa. Cambia su muleta por otra más pesada para aminorar los efectos del aire, e instrumenta derechazos mucho mejor rematados, ya que el último tiempo de ellos resulta apuradillo... Vuelve a torear con la zurda sin lograr llegarle a la gente, por más que algunos de sus muletazos lleven auténtico mérito. Un pase cambiado, con iniciación por la espalda y remate de frente; otros varios adornos y un buen pase de pecho... El público se distrae en otras cosas, mientras que el torero sigue muleteando cada vez mejor. Mediante un molinete en la propia cara, logra Joaquín que el público reaccione en su favor y como sigue toreando bien y valerosamente, los aplausos se tornan más ruidosos... Manoletinas citando de frente; muleteo por delante, y más de media estocada, ligeramente tendenciosa que requiere el refrendo de certero descabello. Ovación y vuelta al ruedo...

Fue precisamente ese ir y venir de la intensidad de su hacer ante el toro, lo que le impidió cortar apéndices, pero el reconocimiento de la afición se lo llevó en la vuelta al ruedo que pudo dar.

El resto de la corrida

Calesero lució como siempre su toreo de capa y empezó a hilvanar una faena de muleta que prometía ser interesante, hasta que el viento lo descubrió, el toro lo prendió y enseguida las cosas se torcieron para él, terminando su labor entre música de viento. Antonio del Olivar terminó su labor saludando en el tercio, después de que empezara con un brillante toreo de capa, pero con la muleta, su actuación fue a menos. Emilio Rodríguez tuvo momentos brillantes ante el quinto de la corrida, pero no terminó de descifrar lo que había de hacer para cuajar la gran faena, siendo silenciada su labor. Y Jaime Rangel, ante el que cerró el festejo, reparado de la vista, se mostró tesonero, retirándose entre el silencio de la concurrencia.

Al concluir la lidia, se hizo entrega del trofeo en disputa a Joselito Huerta, y refiere el citado Ojo:

El trofeo en disputa, la "Rosa Guadalupana", es otorgado, con justicia, a Joselito Huerta, que es levantado en hombros por medio centenar de capitalistas y aplaudido por el público en general...

Así es como concluyó esta corrida de concurso, en la que el León de Tetela se afianzó como uno de las figuras consentidas de la afición de la capital mexicana.

domingo, 18 de enero de 2015

18 de enero de 1959: Calesero y Yuca de Tequisquiapan, en El Progreso de Guadalajara

El anuncio de la corrida
Hace ya algunos años la plaza de Guadalajara era una plaza de temporada. Eran los días en los que don Ignacio García Aceves ofrecía a la afición tapatía ciclos bien definidos de corridas de toros y de novilladas – de éstas, muchas – para intentar satisfacer a una buena afición que colmaba los tendidos del hoy desaparecido coso del Hospicio. La corrida a la que me refiero este día, tenía un aliciente adicional. Se otorgaba en ella la alternativa a un torero de la tierra, a Paco Huerta, después de que realizara una interesante campaña novilleril y le apadrinaría un diestro que era de los consentidos de la afición de la Perla de Occidente, mi paisano Alfonso Ramírez, Calesero, fungiendo como testigo un torero también de fino trazo como lo era Antonio del Olivar.

El encierro a lidiarse vendría de una ganadería que iba al alza y que en El Progreso tenía un inmejorable cartel. Los toros de Tequisquiapan, criados en esos días por don Fernando de la Mora Madaleno ya habían escrito en esa ciudad historias relevantes y la intención de anunciarlos en esta oportunidad era que permitieran a los alternantes en esta tarde que continuaran con esa cadena de éxitos.

La crónica del festejo que aparece en el diario El Informador del día siguiente de la corrida, sin firma, guarda una estructura que a mi juicio debe tener toda relación de esa naturaleza, pues comienza por hacer un balance general de festejo, para pasar a analizar el comportamiento del ganado lidiado en la tarde y después entra a detallar lo que los toreros hicieron con ellos. De ella, extraigo lo que sigue.

El festejo en lo general
La mejor corrida de toros que hemos presenciado en la remozada plaza de El Progreso fue, sin lugar a dudas, la efectuada ayer, en la que el diestro tapatío, Paco Huerta recibió la alternativa de matador de toros, sirviendo como padrino Alfonso Ramírez "El Calesero", y como testigo Antonio del Olivar… La primera mitad del festejo resultó tan extraordinaria, que en el toro del doctorado cortó oreja el nuevo matador, en el segundo "El Calesero" cortó oreja y rabo, y en el tercero, Del Olivar se llevó otra oreja. En la otra mitad solo destacó la buena voluntad y el valor de los diestros alternantes…
Los toros

De la corrida de Tequisquiapan, se expresa lo siguiente, aunque se omite hacer referencia a la presencia y al trapío de los toros lidiados:
…para que el lector pueda catalogar la actuación de cada uno de los alternantes, principiaremos por mencionar las características de los toros de Tequisquiapan que se lidiaron en esta ocasión. El corrido en primer lugar fue bravo y de buen estilo, el segundo resultó de bravura extraordinaria y mereció, junto con su ganadero, una vuelta al ruedo; el tercero mansurroneó, y tuvo una lidia incierta, llegando al último tercio en condiciones nada propicias para el lucimiento, y los lidiados en cuarto, quinto y sexto lugar tuvieron más o menos las mismas características del tercero…
Una verónica de Calesero
(Apunte de Juan Medina El Artista en El Informador 19/01/59)
Como se lee de lo transcrito, don Fernando de la Mora Madaleno dio la vuelta al ruedo tras la lidia del segundo de la tarde, en compañía de Calesero.

El gran triunfo de Calesero

Como lo señala el título de esta entrada, Calesero tuvo este día una de las grandes tardes de su vida. El segundo toro de la tarde – primero de su lote – fue nombrado Yuca y según la narración del anónimo cronista de El Informador, fue un toro de vuelta al ruedo. El trianero no lo dejó ir, lo aprovechó totalmente y escribió una de las grandes páginas de su historia en los ruedos, según podemos leer:
Toreó para él y de paso lo hizo para los aficionados. Se inspiró con la bravura de su adversario y, engolosinado, ejecutó una de las mejores faenas de su vida y la más extraordinaria que ha desarrollado en esta ciudad. Inició su obra en el segundo de la tarde, al que le pegó media docena de lances a la verónica, que fueron un portento de bien torear y después que remató con torerísima media de rodillas, la música tocó en su honor y los aficionados lo aplaudieron en forma tal que lo obligaron a dar la vuelta al anillo, devolviendo prendas de vestir. Con la plaza convertida en un manicomio, ya que después de un pinturero quite, clavó superior par de banderillas al quiebro, inició su colosal faena con un muletazo cambiado, para luego engarzar formidables derechazos, extraordinarios naturales, que siempre remató con el forzado de pecho en forma impecable y entre ovaciones de la multitud, siguió ejecutando toda clase de suertes del toreo, en las que no solo se vio la elegancia y personalidad del artista, sino también el valor, la seguridad y el dominio del maestro, del que ha llegado a la cúspide de su profesión y que sabe darle a cada uno de sus rivales la lidia requerida, de acuerdo con sus condiciones… Y como mató entrando como mandan los cánones, y después de un descabello, huelga decir que los aficionados blanquearon la plaza con sus pañuelos pidiendo los máximos honores para “El Calesero” y como la autoridad no tuvo inconveniente en conceder, el triunfador dio dos vueltas al ruedo luciendo la oreja y el rabo de su enemigo, acompañándolo en su segundo recorrido el ganadero de Tequisquiapan...
Antonio del Olivar

El torero nacido en la Mérida mexicana, pero afincado desde muy joven en Celaya, exhibió una arista distinta a la que tenía acostumbrada a la afición y públicos. No fue el torero de trazo fino y maneras clásicas esa tarde, sino que contra cualquier idea preconcebida, el triunfo lo obtuvo a partir de una exhibición de valor y de jugarse la vida ante un manso. Así se vio su actuación:
Tuvo muy poca suerte en el sorteo, ya que ninguno de sus adversarios se prestó para el lucimiento, pero este joven torero, no conforme con su suerte, se puso más bravo que sus toros y, cuando éstos no quisieron embestirle, él les embistió a ellos, logrando en tales condiciones su más meritorio triunfo en esta ciudad, pues si cuando el torero alcanza el éxito con un toro bravo es digno de aplauso, cuando logra triunfar con un manso, es superior el mérito… Y precisamente el éxito de Antonio en esta ocasión fue mayor, ya que le tumbó la oreja a un manso, al que a fuerza de consentir y aguantar, y meterle la franela en el hocico, lo hizo que arrancara en varias ocasiones para endilgarle superiores muletazos, en los que corrió la mano con valor y clasicismo. Hubo naturales y derechazos de muy buena factura, pero más que nada hubo una gran voluntad por parte del torero para jugarse la cornada, y como mató de certera media estocada, los aficionados pidieron y la autoridad concedió justificadamente la oreja...
El toricantano

Paco Huerta había hecho una interesante campaña novilleril que le había llevado a presentarse en la Plaza México el 7 de septiembre del año anterior, alternando con Emilio Rodríguez y Mario Ortega en la lidia de novillos de Cerralvo. Don Ignacio García Aceves le consideró preparado para la alternativa y le programó en este cartel con dos toreros artistas. El toro de la ceremonia – primero de la tarde – se llamó Hormigón y le cortó una oreja. Su actuar ante él fue el siguiente:
Quien desde esta fecha ha quedado convertido en matador de toros, tuvo una brillante alternativa, ya que logró cortarle la oreja al toro de su doctorado… Al primero no le hizo gran cosa con el percal, seguramente porque todavía estaba en plan de novillero, pero en cuanto “El Calesero” le cedió los trastos de matador, después de la ceremonia correspondiente, el tapatío se portó como todo un matador de categoría... Sus primeros muletazos fueron tres ayudados por alto, pegado al estribo, en los que templó y mandó con seguridad y dominio, para luego seguir con una serie de naturales en los que derrochó valor y puso a los aficionados de pie para festejarlo. Siguió con varios derechazos, que prendieron más el entusiasmo entre sus paisanos, ya que en cada uno de ellos se quedó más quieto que un poste, y después de nueva serie de naturales, de pecho, ayudados por alto y derechazos, ejecutó temerario molinete que mucho le ovacionaron, para tirarse a matar y lograrlo en el segundo viaje… Los aplausos arreciaron, los pañuelos salieron a relucir, la charanga tocó en honor del nuevo matador de toros y la autoridad concedió la oreja, con la que el diestro recorrió el anillo en señal de triunfo, devolviendo prendas de vestir...
Para terminar, dos opiniones más

Respecto de la actuación de Calesero esta tarde, dijo don Ignacio García Aceves: Si Calesero saliera así todas las tardes, sería el dueño del Banco de México.

Y por su parte, el ganadero Francisco Madrazo Solórzano remató: Cuando los artistas se enfadan y les sale un toro a su modo, cuidado con ellos, porque no perdonan…   

lunes, 29 de abril de 2013

Tal día como hoy: 1978. Molinero, un gran toro de Tequisquiapan


Para la antepenúltima corrida de la Feria, Mariano Ramos encabezaba un cartel que presentaba como atractivo adicional el hecho de que en el ruedo de la Plaza Monumental Aguascalientes se concedería una alternativa. El toricantano sería el capitalino Jesús Salazar, un torero que como su padrino de alternativa, era practicante del llamado deporte nacional, la charrería y durante la temporada novilleril anterior en la Plaza México, había mostrado un estilo sobrio y de poderío hacia los toros. La terna era completada por un diestro colombiano anunciado como as, Juan Gómez, desconocido para nuestra afición y que representaba una verdadera incógnita para todos. 

Pero la atención la cautivó desde el inicio el bien presentado encierro que envió para la ocasión don Fernando de la Mora Madaleno, que llenaba los corrales de la Monumental por su trapío. Entre todos, destacaba el número 378, negro de pinta y llamado Molinero por su criador. Varias fotografías del toro se publicaron en los diarios de los días anteriores de ese toro y de otros varios que formaron el lote, pasando a ser así el encierro de Tequisquiapan el mayor atractivo de la tarde.

La crónica de don Jesús Gómez Medina destaca entre otras cosas lo siguiente:

Molinero, ¡Qué gran toro de Tequisquiapan!... La séptima corrida de feria hubiera carecido de relieve y se habría señalado por su intrascendencia, si no se hubiese lidiado en ella ese tercer toro de Tequisquiapan... Se llamó “Molinero”, estuvo marcado con el número 378; un bicho negro, largo, enmorrillado, bien puesto de defensas. ¡Un toro – porque eso fue – de lucida presencia!... Y particularmente resultó bravo, embistiendo de principio a fin; aceptó dos puyazos fuertes, recargando; nobilísimo, de exquisito estilo – no llegó a tirar una cornada –; con un son, con un temple delicioso en su acometida. Era, en suma, un toro para una faena de consagración... Infortunadamente correspondió al debutante Juan Gómez, torero colombiano de raquítico arte y que, al parecer se encuentra fuera de forma; el cual con todo su valor y toda su voluntad en juego, de todas formas rayó muy por abajo de las condiciones singulares de “Molinero”. Tan solo de forma intermitente logró Gómez acoplar el ritmo de su toreo a la diáfana y sedeña embestida del de Tequisquiapan: producíase entonces un pase de mejores características que el reducido cónclave coreaba con entusiasmo; mas tornaban a continuación los desaciertos y flaquezas y la faena se frustraba. Y como “Molinero”, mientras tanto, proseguía embistiendo deliciosamente, surgieron los gritos de ¡toro!... ¡toro!, el colombiano requirió de dos pinchazos y una honda delantera para despenarlo y vino entonces el gran momento para don Fernando de la Mora; paseo lento en torno a la gran barrera para los despojos de “Molinero” y vuelta triunfal también para el escrupuloso ganadero queretano...

Respecto de la alternativa de Jesús Salazar y el juego en conjunto de los toros agrega:

Ha sido la de Jesús Salazar una alternativa más, la enésima de las que a últimas fechas se vienen otorgando. Y tan injustificada, tan inmerecida como todas ellas. Porque una alternativa no se da: se gana... De la actuación del flamante doctor tan solo cabría destacar un quite por ceñidas tapatías en el primero. Mariano Ramos hizo la cesión simbólica de trastos, acto que, sin embargo, no tuvo virtud suficiente para hacer de Salazar un verdadero matador de toros, pues lució muy poco al pasar de muleta a este enemigo y al sexto. Además, al de la alternativa lo pinchó repetidas veces... Nota final... El encierro de Tequisquiapan, mejor presentado y con más respeto que varios de los lidiados en anteriores festejos. Y un toro estupendo: "Molinero"; y otro también bueno el berrendo de Mariano Ramos. Además, todos pelearon con bravura con los montados...

Así fue el desenlace de una tarde en la que el protagonismo corrió totalmente a cuenta de los toros lidiados. 

El festejo de hoy: Reses de Begoña para Juan Pablo Sánchez, Arturo Saldívar y Diego Silveti.

sábado, 12 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1984: Un extraordinario encierro de Tequisquiapan


En el año de 1942, don Fernando de la Mora Madaleno fundó junto con don Carlos Cuevas Lascuráin, a partir de ganados de éste último – de origen San Mateo, Ajuluapan y Zacatepec y a los que se agregaron en 1938 un toro y diez vacas de Sánchez Fabrés Hermanos, provenientes de Coquilla –, la ganadería que a partir de 1949 quedaría en la titularidad exclusiva del primero de los nombrados y cuyos destinos dirigiría hasta su óbito, ocurrido precisamente el año que es motivo de estos recuerdos. 

La ganadería de don Fernando de la Mora dio a la fiesta varios toros importantes, como Aceituno, inmortalizado en la Plaza México por Manolo Martínez; Azucarero, un berrendo aparejado, al que hizo pasar a la historia Mariano Ramos en ese mismo ruedo; o aquí en Aguascalientes, Molinero, lidiado en nuestra Monumental el 29 de abril de 1978 y que desde su estancia en los corrales llamara la atención o el encierro completo al que me referí en la remembranza hecha el pasado 4 de mayo.

En este 12 de mayo de 1984 pues, los toros de Tequisquiapan ocuparon la atención del cronista y de la afición. Don Jesús Gómez Medina hace el siguiente análisis del mismo:

Digamos, de entrada, que el encierro enviado por don Fernando de la Mora resultó de los más bravos que se haya lidiado en los catorce festejos celebrados. Alegres, codiciosos y nobles para la lidia de a pie; prontos y obstinados para enfrentarse a los varilargueros; bien presentados y, algunos de ellos, mejor armados, particularmente el quinto, “Soberano”, que portaba dos antenas a guisa de pitones; fueron acreedores a una lidia más lucida que la que recibieron... Al primero, “Pajarito”, que embistió con presteza y repitió sobre el engaño hasta el fin, sin que menguara su alegría ni desfalleciera su buen estilo, merecidamente se le premió con arrastre lento...

La crónica de don Jesús inicia con una remembranza de la corrida del 25 de abril de 1937, cuando se encontraron en la Plaza de Toros San Marcos, mano a mano, Fermín Espinosa Armillita y Lorenzo Garza, los Colosos del Norte, como allí les llama. La remembranza le viene al caso, al hacer relación de que el segundo espada del cartel José Lorenzo Garza, brindó el quinto de la tarde a Miguel Espinosa Armillita. El hijo mayor del Magnífico, brindando al menor del Maestro de Saltillo... de allí, señala don Jesús, resulta difícil sustraerse al recuerdo y a evitar que algo que de tan manido se ha vuelto superficial, cobre una especial significación por los personajes que en ese momento se involucraron en ello.

De la actuación de los diestros en la corrida, poco hay para contar, pero entresacando de la crónica invocada, está lo siguiente:

Se esperaba más de Rafael Gil, cuyo reciente éxito en la Plaza México avala condiciones toreras que ya el público de Aguascalientes tuvo ocasión de aplaudir. Sin embargo, su actuación de ayer, en conjunto, resultó poco afortunada... José Lorenzo Garza tiene el nombre y algunas actitudes de su ilustre progenitor. Y en ocasiones, además, para a los astados y se los ciñe como lo hiciera el Magnífico. Pero le falta madurez y, quizás, fuera mejor que no tratase de imitar el estilo de su padre, sino que se buscase el suyo propio... Manolito Mejía inició su actuación con un vistoso lance de hinojos, seguido de verónicas a pies juntos, un tanto rápidas... Cubrió el segundo tercio, colgando tres pares alzando muy bien los brazos para dejar los garapullos arriba, pero, con el refajo su labor resultó desigual... El sexto se apagó pronto...

El festejo de hoy. 14ª corrida de feria: 8 de La Estancia para Antonio Barrera, Israel Téllez, Oliver Godoy y Gerardo Adame.

viernes, 4 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1985: Manzanares, Jorge, Luis Fernando y una gran corrida de Tequisquiapan


El eje de la fiesta será siempre el toro. A veces hay expresiones que parecen ingresar en la categoría de lo que Gustave Flaubert calificaría sin chistar como meros lugares comunes. Uno de ellos es aquél que reza que cuando el toro se derrumba, a la fiesta la sucede lo mismo, y otro que también podría aplicarse al caso, es que cuando el toro campea en el ruedo, la fiesta resplandece.

Pues el 4 de mayo de 1985, los sucesores de don Fernando de la Mora Madaleno, fallecido apenas el año anterior, enviaron a nuestra Plaza Monumental un encierro de su hierro principal de Tequisquiapan, que con su juego bravo y noble permitió que la esencia de la fiesta se mantuviera incólume y además resplandeciente, dejando claro y además incontestable que la esencia de todo esto está precisamente en el toro.

A ese respecto, en su crónica del festejo, publicada en el diario El Sol del Centro del día siguiente al festejo, dice don Jesús Gómez Medina:

En este venturoso resultado tuvieron una participación esencial, principalísima, los toros de Tequisquiapan. En efecto, el encierro que provino de la ganadería queretana resultó uno de los más propicios de los lidiados en los quince festejos ya celebrados. Tan sólo el primero desentonó un tanto por haberse agotado; los restantes conservaron hasta el final su acometividad inicial luciendo especialmente en este aspecto el segundo, el tercero y el quinto. El cuarto terminó apurado de facultades pero conservando su buen estilo; también se aplomó el sexto, pero en cuanto le pisaban el terreno tomaba el engaño con celo y viajaba hasta donde el torero le mandaba...

La obra de los diestros

Vuelvo a lo que en su día relató el cronista titular de El Sol del Centro para reseñar lo que los diestros dejaron escrito sobre el ruedo de nuestra Plaza Monumental:

Tres diversas expresiones del arte del toreo; tres manifestaciones distintas de la misma disciplina nos fueron ofrecidas por los tres espadas que, ayer, encabezaron el cartel... Elegancia, señorío, prestancia; la limpidez en la ejecución de las suertes unida a la eficacia. El toreo que de tan suave, de tan sedeño se transforma en caricia; tal fue el de Manzanares con "Vinatero", el cuarto ejemplar del magnífico encierro de Tequisquiapan.... El bien hacer y el clasicismo en la ejecución de la verónica; la alegría y el ritmo de los lances de capa al modo de Pepe Ortiz; el sabor y el hondo acento de aquellos derechazos largos, mandones de la faena al estupendo “Exquisito”, corrido en el sitio de honor; así fue la versión del llamado “Arte de Cúchares” a través de Jorge Gutiérrez... Y la entrega absoluta, desbordada y espectacular de Luis Fernando Sánchez con el sexto; y aquellos derechazos en movimiento retardado extraídos a viva fuerza de la mole con cuernos en que se había convertido “Estrellito”, el último de la función; he aquí tres expresiones diversas, las tres manifestaciones distintas de un arte en cuya elaboración significan tanto y tienen influjo definitivo el temperamento y el gusto de cada torero; su mayor o escaso dominio de la técnica así como el conocimiento que tenga de las condiciones y de los cambios que se operan en los bureles... Y fue así, lanzadas las tres distintas expresiones de un mismo arte; engarzado el toreo magistral y sedeño del diestro de Alicante con el toreo sabroso, intenso de Gutiérrez; y ligado este último, a su vez, con el toreo dramático por cuanto supone de aguante y de entrega y además el acorde dilatado, intenso de aquellos derechazos de Luis Fernando al sexto; de esta manera se forjó una segunda parte triunfal del festejo, que transcurrió entre aplausos y aclamaciones y quedó rubricada con el otorgamiento de apéndices para los tres espadas...

Al final, Manzanares se llevó la oreja del cuarto, Jorge Gutiérrez la del quinto y a Luis Fernando Sánchez se le concedieron las dos orejas del sexto. Orejas que cuestiona don Jesús Gómez Medina, pues señala en su crónica que la espada atravesó al toro y asomó por el lado contrario por el que entró, hecho que se debió, según su apreciación, a que el diestro se fue de la línea recta alargando el brazo, hecho que apunta, le ocurrió igualmente con el tercero de la tarde.

El festejo de hoy. 9ª corrida de feria: 6 de San Isidro para Rodolfo Rodríguez El Pana, Sebastián Castella y Diego Silveti.

lunes, 2 de agosto de 2010

5 toros de Coquilla y... 2 sueños (II/II)

La corrida se dio con un gran lleno y representó para Armillita una de las páginas brillantes de su historia en los ruedos. La reseña que hace del festejo Guillermo Ernesto Padilla nos transmite lo siguiente:

El ‘cavaleiro’ expuso mucho frente a dos bureles de gran sentido y peligro. Fermín tuvo sonadísimo fracaso con ‘Palmito’, arrogante burel de Pérez Tabernero que sustituía al de Coquilla que abrió plaza. La porra hizo objeto de una bronca formidable al torero de Saltillo. Pero salió a la arena en cuarto lugar ‘Tapabocas’, para que el maestro sacara la casta y diera con él una soberbia cátedra de torerismo, perfección y grandeza. Con el capote, inmenso. En banderillas, monumental. La faena, de enorme dominio en su primera fase y bellamente clásica en la segunda, fue un asombro. Pisando sobre prendas agarró el de Saltillo un volapié superior que desbordó el delirio. Luego, cierta precipitación de Fermín al descabellar, hizo que le fuera otorgada una oreja, pero la ovación, apoteósica y grandiosa, fue interminable. Por cierto, Armillita, resentido con los de la porra, evitó pasar frente a ellos cada vez que daba la vuelta al ruedo. Balderas puso a escote su enorme valor frente al poderío y bravura de sus dos enemigos que terminaron pudiendo más que él. Garza, frente a un bicho encastadísimo, como fue ‘Lobito’, el tercero, dio tremendo mitin. Luego, en el sexto, tratando de extraerse la espina, realizó una faena bellísima que de nada le valió, pues las broncas en su contra no cesaron hasta que desapareció de la plaza…
Heriberto Lanfranchi, en su obra La Fiesta Brava en México y España 1519 – 1969, recoge la siguiente impresión de este festejo:

Los toros: Excesivo poder tuvieron cuatro de los Coquilla y a pesar del castigo que recibieron de los picadores, el segundo (‘Lobito’), cinco el cuarto (‘Tapabocas’), cuatro el quinto (‘Tabernero’) y cinco el sexto (‘Africano’), llegaron sin el suficiente quebranto al último tercio y embestían sin cesar, con mucha codicia y aspereza y no fueron nada fáciles. Hubo vuelta para los restos del cuarto. S. da Veiga: Fue alcanzado al clavar un par de banderillas a dos manos y rodó por la arena, salvándose de un percance por estar embolado el toro. Armillita: Estuvo inmenso con ‘Tapabocas’, un toro que hubiera puesto de cabeza a más de cuatro. Soberbias verónicas, rematadas de rodillas y dos pares de poder a poder monumentales, para un faenón con la muleta, no bastando cerca de cien pases, todos soberbios, para domeñar a la fiera astada, que acometía de continuo con renovada pujanza y no le dejaba un instante de reposo. Mató de una honda tendenciosa, dos intentos de descabello y un estoconazo, otorgando la autoridad solo una oreja, cuando todo el público pedía insistentemente que le entregaran las dos y el rabo, para cinco vueltas triunfales en las que agradeció las interminables ovaciones. A. Balderas: Excelentes detalles con el capote y las banderillas; pero con la muleta no pudo imponerse al temperamento de sus dos enemigos, los cuales lo pusieron en serios aprietos. L. Garza: Tremenda bronca en el tercero, al que no quiso ni ver y al que despachó de cualquier manera, mientras insultaba al público y el ruedo se cubrió de cojines. Algo se desquitó en el sexto, en que por momentos mandaba él y en otros no.
Como podemos ver de este par de reseñas, la tarde de los toros de Coquilla en el Toreo, la única en la que se lidiaron toros de esa ganadería en los casi cuarenta años de funcionamiento de la plaza de la Colonia Condesa, fue memorable. Y por lo que aquí podemos leer, el éxito de la tarde no resulta ser el producto del despliegue publicitario que se le dio al encierro lidiado antes de la fecha, sino que de la lidia dada por los toros, únicamente se confirmó la expectación que se creó en la afición con la bravura de ellos y la comprensión y lidia adecuada, de al menos uno del encierro, el todavía hoy famoso Tapabocas.

El segundo sueño

En el año de 1927 don Carlos Cuevas Lascuráin inició la aventura de ser ganadero de reses de lidia con ganados de Ajuluapan, Zacatepec y San Mateo. Cuatro años después agregaría otras vacas y sementales de San Mateo a su hato que mantenía en la Hacienda de Los Morales, en la cercanía de la Ciudad de México. En 1937 se definirá el rumbo de su ganadería, pues se presentaría en la capital mexicana con su primera novillada y por otra parte, entraría a participar en los hechos que dan motivo a esta entrada. Del origen de Coquilla y de su presencia actual en el campo bravo mexicano, me he ocupado ya en alguna medida en otro espacio de esta misma Aldea.

En ese 1937 agregará a sus ganados sanmateínos de acuerdo con la versión de Heriberto Lanfranchi, 8 vacas españolas de Coquilla y un toro de Graciliano Pérez Tabernero de nombre Chacón. El portal de la Asociación de Criadores de Toros de Lidia de México, señala, a partir de los datos de Agustín Linares, que las vacas de Coquilla solo fueron 6. Con esa base, logra establecer una ganadería de primerísima línea, que entre el año de su presentación y el de 1965, se mantuvo en la preferencia de las figuras del toreo por la calidad de sus productos.

MuñecoLuis Procuna, primer toro indultado en la Plaza México –, RastrojeroFermín Rivera –, FlamencoRafael Rodríguez –, MineroJumillano –, son algunos de los nombres ilustres que salieron de la ganadería de don Carlos Cuevas, que a partir del año de su óbito – 1949 –, se comenzó a anunciar a nombre de su hijo Ernesto, como en la actualidad. Antes, en 1942, una porción significativa de la ganadería pasó a la propiedad de don Fernando de la Mora Madaleno, quien con ella inició la de Tequisquiapan, que comparte el mismo origen que la hoy de los sucesores de don Ernesto Cuevas.

Pero de los toros y vacas que dice Pepe Dominguín que casi por arte de magia su padre sacó de España en plena Guerra Civil, se nutrieron más ganaderías mexicanas, aunque hoy su descendencia no se perciba casi en los ruedos nacionales y así, don Jesús Zamora adquirió dos de las vacas y un toro de Coquilla para su ganadería de Ajuluapan formada inicialmente con ganados de Piedras Negras. Por su parte, don Eduardo y don Jorge Jiménez del Moral se quedaron con 2 toros de Graciliano Pérez Tabernero y uno de Antonio Pérez de San Fernando para su vacada guanajuatense de Quiriceo, formada principalmente por ganados encastados en Parladé y Gamero Cívico.

De esta información puedo deducir algunas interesantes conclusiones. La primera es la explicación de que la corrida de Coquilla se haya lidiado incompleta. Seguramente el toro de mejor reata del encierro se dejó junto con las 6 u 8 vacas que adquirió don Carlos Cuevas, para asentar esta base genética en su ganadería. Esta preferencia la asumo por el hecho de que hospedó a los toros después del viaje trasatlántico. Igualmente, el sexto toro de los hermanos Sánchez Fabrés junto con dos vacas, se fue para Ajuluapan, así pues, la corrida al salir a la plaza tuvo que ser remendada con uno de los gracilianos. De los toros de Graciliano, acabaron lidiándose solamente 4, pues los otros dos se quedaron como sementales en Quiriceo. La corrida de Montalvo sí se lidió completa – el 30 de enero – y de la de Clairac, solo se jugaron 5 toros el 27 de marzo en la reaparición en México de Juan Silveti, sin que haya noticias de que el toro faltante se haya conducido como semental a alguna vacada mexicana, aunque no me sorprendería encontrarme algún día de estos, con que es uno de los secretos muy bien guardados de alguno de nuestros criadores.


Pero en fin, que me separo del tema aquí planteado, que es el segundo sueño, el de don Carlos Cuevas Lascuráin, de tener una ganadería de primera línea y a fe mía que lo logró, pues entendió la necesidad de mantener una base pura de sangre española en su ganadería y por eso adquirió vacas, hecho que solo se puede reportar en las principales casas ganaderas de México, como lo son San Mateo, Piedras Negras, San Diego de los Padres y La Punta, aunque solo esta última mantuvo en pureza el ganado adquirido, pues las tres anteriores formaron encastes propios al cruzar el ganado de Saltillo con ganado criollo o con ganado que había sido expuesto a cruzas con ganado de lidia de diversas procedencias, como el caso del toro de Palha de los señores Llaguno. De 1937 a 1965 la ganadería formada por don Carlos Cuevas tuvo un importante espacio en el firmamento taurino mexicano y sus resultados así lo avalan.

Terminando

Todo esto me surgió a partir de la idea de encontrar primero, cuántos toros o encierros de Coquilla se habían lidiado en la Plaza de El Toreo durante su existencia. Me sorprendió encontrar que solamente se había importado uno en sus cuatro décadas de existencia y también, que su llegada a México coincidía con quizás, el apogeo de la Guerra Civil Española.

Después, veo que por esos mismos años es que se agrega simiente de esa ganadería a la de Carlos Cuevas, siendo este un caso único en la ganadería brava de México, por lo que al empezar a atar los cabos, me hallo con que Pepe Dominguín – aún con las licencias literarias del caso – recuerda el hecho del transporte y traslado de esos ganados a México, junto con otros y que al final, más en los ruedos que en el campo bravo, escribieron importantes páginas de la historia de la fiesta en este país.

Para presentar el panorama completo de este tema, me sentí precisado a abordar a un tiempo algunos asuntos que pudieran considerarse colaterales, pero como partes del todo, creo con firmeza que facilitan la comprensión del que resulta, en este momento, el centro de esta participación, la que espero les resulte de interés, a pesar de su extensión.

Aldeanos