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domingo, 26 de abril de 2020

Hoy hace 75 años: Silverio se presenta en España como matador de toros

Silverio y España

Silverio Pérez visto por Carlos Ruano Llopis
Silverio Pérez fue uno de los toreros perjudicados por el llamado Boicot del Miedo y la Guerra Civil española. Habiéndose presentado en Madrid al final de septiembre de 1935 como novillero, todo estaba dispuesto, seguramente, para que recibiera la alternativa al final de la campaña siguiente, sin embargo, las cosas se torcieron para la fiesta en España y al final quien unos años después sería El Faraón de Texcoco tendría que esperar hasta 1938 para recibir la borla e iniciar su camino hacia la inmortalidad.

Ya matador de toros, la conseja popular es que no quiso o no pudo en los ruedos hispanos. Sin embargo, durante la temporada de 1945 tuvo 13 actuaciones en plazas de importancia en aquellas tierras. Después de torear una corrida en Gijón y tras de la modificación del encierro que lidiaría en la corrida de su confirmación en Madrid, decidió dar por terminada su temporada allá. 

Se atribuye eso al miedo silveriano. Sin embargo, mi teoría personal se apoya en dos vertientes. La primera es que Silverio Pérez es quizás uno de los primeros toreros mexicanos que se dio a valer ante el establishment taurino español y que ante los cambios injustificados de condiciones e imposiciones indebidas, simplemente decidió rescindir sus contratos y volver. 

La segunda es de un orden más humano y artístico. En 1947 Armillita le decía al Tío Carlos que a él le acomodaba más la temporada española porque allá se toreaba a diario. Que el torear cada ocho días como se hacía aquí, le quitaba afición y facultades al torero. Para un torero apolíneo como él, esa línea de razonamiento es perfectamente entendible, entre más tiempo se esté delante de la cara del toro, mejor para el desarrollo de su arte. 

Pero un torero dionisiaco como Silverio, que hace residir su tauromaquia fundamentalmente y de un modo intenso, en el sentimiento, necesita de espacios de reflexión, de reposo, que le permitan alimentar el espíritu y de esa manera seguir avanzando por las veredas del arte. Entonces, una campaña como la española, en la que desde el final de la primavera y hasta el principio del otoño, se puede estar toreando casi todos los días, un torero de esta cuerda puede ser materialmente reventado si no se le sabe llevar y eso es lo que a mí me parece que se quiso hacer con Silverio y por eso es que compró su pasaje de regreso. Pero insisto, esta teoría es mía y me responsabilizo de ella.

Barcelona 26 de abril de 1945

Para el jueves 26 de abril de 1946, don Pedro Balañá Espinós anunció la presentación en ruedos hispanos del Faraón de Texcoco. No está de más recordar que Barcelona, tradicionalmente, fue el puerto de entrada de la torería mexicana a las plazas de España. Es mítico ese muro del despacho de don Pedro, en el que tenía colocadas fotografías de casi todos los toreros de México que había puesto a torear en sus plazas y que entre 1909 y 1975, 18 toreros mexicanos recibieron la alternativa allí. A Silverio le acompañarían en el cartel Aurelio Puchol Morenito de Valencia y el madrileño Manolo Escudero, quienes en principio lidiarían un encierro salmantino de Benito Martín, antes Terrones.

¿Qué sucedió esa tarde? La crónica de Eduardo Palacio, aparecida en el diario La Vanguardia de Barcelona del día siguiente del festejo, entre otras cosas nos dice esto:
A no hallarse esta pluma tan convencida como lo está, de su modestia, hubiese sentido algo así como ligero remusgo de engreimiento, al ver que lo que ella predijo va a hacer diez años en «ABC», de Madrid, ha tenido plena confirmación. Porque el mejicano Silverio Pérez, que en tal plaza, sólo toreó una corrida, el 26 de septiembre de 1935, novillada concurso en la que disputóse un toro de oro modelado por Benlliure que ganó la res de Coquilla, mostró entonces una facilidad y un arte manejando la muleta, que tres años más tarde, el 38, le hizo ser la más destacada figura de su país. Y qué su fuerte es la muleta lo afirmó ayer en esta su segunda presentación en Barcelona. Digo segunda, porque como novillero lo había hecho ya en 1935, toreando los días 8 y 23 del aludido septiembre. 
Hizo el paseo montera en mano saludándosele con grandes aplausos que le obligaron a salir a los medios, a los que sacó a sus dos compañeros de terna. Su primer enemigo, de Marzal, pues el Terrones se devolvió a los corrales, era un bicho flacón y mansote cuya muerte brindó al público, haciendo una faena amenizada por la música, muy artística, dominadora y revelando que el «Faraón de Texcoco» como le apoda la «afición» de su país, es mucha, muchísima «gente» con la franela. Un pinchazo y una estocada en las agujas concluyeron con la res, a la que se silbó en el arrastre, mientras su matador daba la vuelta al ruedo y salía, a los medios entre una ovación de bienvenida cariñosa. Su segundo toro, grande y manso, salió suelto de las varas correteando miedoso en todas direcciones. Silverio Pérez brindó a su competidor de novillero Carlos Arruza — a quien la multitud saludó con grandes aplausos —, y enjaretó una faena que careció de ligazón a causa del fuerte viento que reinaba. No obstante, su dominio con ella quedó de nuevo bien patente. Despenó al Terrones de un pinchazo sin soltar el acero y un volapié de través, y los aplausos obligáronle a salir al tercio a saludar...”
Como podemos apreciar, entre los elementos y los toros, la tarde no se prestó para que Silverio pudiera desplegar toda la magia de su toreo, sin embargo pudo demostrar a la afición catalana la calidad de su trazo y la afición que le permitía poder con los toros y definitivamente gustó a la afición barcelonesa, que le recordó, de sus anteriores presentaciones novilleriles, debidamente apuntadas por el cronista. Puede afirmarse que tuvo, una buena tarde, aún sin redondear un triunfo.

La presencia de México

Manolo Escudero cortó la única oreja de la tarde. Reaparecía después de una muy grave cornada que recibió en San Sebastián el 21 de agosto del año anterior, al hacer un quite al torero potosino Gregorio García. De la misma crónica, extraigo lo que sigue:
Y voy a lo grande de la corrida de ayer, que estuvo a cargo del madrileño Manolo Escudero; pero antes, recordaré, unos breves datos: Toreando la pasada temporada la «Semana grande» de San Sebastián, exactamente el 21 de agosto, Escudero sufrió una tremenda cornada que le dejó cuatro meses en lucha con la muerte que, por fortuna, fue derrotada. El percance no tuvo por móvil ni un descuido ni un desplante; fue algo más digno, más hermoso, más caballeresco, más español en suma. Un toro había derribado a un espada mejicano, Gregorio García, y lo tenía en el suelo a su merced. Las astas iban a prender al caído sin defensa, y Escudero se metió con su capote y su cuerpo entre ellas y el inerme, y se llevó majamente al toro a costa de una gravísima cornada. A la enfermería no fue el mejicano; el madrileño empezó en ella una lucha en defensa de la vida, encomendándose a la Virgen de la Paloma, cuya imagen, rutilante de oro y pedrería, campeaba ayer en la espalda de su capote de paseo... 
Ahora permítame usted. Manuel Escudero, que yo le envíe un abrazo de gratitud en nombre del diestro mejicano Gregorio García, como recuerdo en esta su primera salida vestido de luces, de aquella tarde del 21 de agosto pasado, en la «Semana grande», de San Sebastián...
Esa tarde del 21 de agosto de 1944 toreaban en San Sebastián una corrida concurso toros de Domecq, Félix Moreno, Antonio Pérez, Galache, Tassara y Atanasio Fernández, Manuel Álvarez Andaluz, Manolo Escudero y Gregorio García

Manolo Escudero, en entrevista concedida a quien firmó como A.R.A. en el número de El Ruedo, fechado el 6 de septiembre de 1944, describe como ocurrió el percance:
«... ¿Cómo fue la cogida?
- Una cogida tonta. Era el último toro de la tarde y Gregorio García prendía el último par de banderillas, Yo iba andando hacia la barrera para abandonar el ruedo, cuando vi al mejicano que caía y abrí el capote para hacer el quite. El toro se arrancó ciego, le atropelló y se me echó encima. Me enganchó y sentí perfectamente que me pegaba la cornada en el pecho. Me tuvo prendido unos instantes, durante los cuales no sólo sentí un dolor terrible, sino que me di cuenta de cómo se desgarraba la carne. Pensé que me había matado y ya no pude levantarme...»
El parte médico de la cornada fue el siguiente:
«Durante la lidia del sexto toro ha ingresado el diestro Manolo Escudero, que presenta herida penetrante en el pulmón, por la región axilar izquierda, con rotura de costillas y fuerte conmoción. Pronóstico, muy grave. El torero, al ingresar a la enfermería, fue asistido por los doctores Urbina y Garmendia. Sufrió un fuerte colapso, que inquietó a los facultativos, así como la gran pérdida de sangre. La primera impresión era de que el diestro sufría una cogida de las que pueden hacer peligrar su vida. A la media hora de su permanencia en la enfermería reaccionó algo, lo que permitió a los médicos su traslado a la Clínica San Ignacio, donde se le hará nueva intervención.»
Una cornada penetrante de tórax que le supuso una larga recuperación al diestro de Madrid, pero que afortunadamente le permitió continuar su carrera en los ruedos. Pude conversar con el maestro Raúl García, sobrino de Gregorio, acerca de ese incidente. Me comentó que su tío recordaba con desazón esa cornada que era para él y que nadie pudo hacer por evitarla, sin dar más detalles.

Una coda numérica

Decía líneas arriba que los toreros como Silverio Pérez necesitaban administrar sus actuaciones. El Faraón toreó apenas 372 corridas en los 14 años y meses que duró su carrera de matador de toros, lo que promedia unas 26 al año, es decir, una cada dos semanas. Si los guerreros necesitan reposo, los artistas requieren de meditar y para ello se requiere tiempo.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Una fotografía con historia (V)

Monterrey. 16 de diciembre de 1962, triunfos grandes de Jesús Córdoba y Mondeño

La independencia del empresario

Jesús Córdoba, Raúl García y Mondeño
Plaza Monumental Monterrey 16/XII/1962
Colección: Francisco Tijerina
En los años sesenta del siglo pasado – y bastantes más que siguieron –, el empresario taurino era un hombre de negocios unidimensional. Su función era la de arreglarse con ganaderos para comprar toros y con toreros para contratarlos y así organizar festejos taurinos. En ese orden de ideas el sistema funcionaba de manera organizada y cada determinado tiempo los escalafones de toreros se renovaban y en el campo surgían nuevas vacadas que seguían haciendo honor a la renombrada calidad del toro de lidia mexicano. 

Hoy en día, las cosas han cambiado y el empresario lo es todo. Apodera toreros, tiene ganaderías y la propiedad de las plazas y el sistema más que avanzar, parece ir en reversa. ¿Qué es lo que no funciona en esa multidimensionalidad? Explicaciones hay muchas, algunas tienen una buena dosis de sentido, otras, simplemente no resisten el más mínimo análisis. Estos son los tiempos que vivimos hoy en nuestra afición a la fiesta. Y no es que nos quedemos mirando el retrovisor, sino que los resultados del ayer eran más halagüeños que los de hoy.

En 1962 era empresario de la Plaza Monumental Monterrey don César Garza. Uno de esos de una sola dimensión, era empresario nada más. Y en esa actividad, durante ese calendario ofreció a su afición catorce corridas de toros. Llevó a la plaza que regentaba – por estricto orden de aparición – a toreros como Alfredo Leal, Antonio del Olivar, Humberto Moro, Jesús Córdoba, Antonio Velázquez, Luis Procuna, Juan Silveti, Manuel Capetillo, Jorge El Ranchero Aguilar, Jaime Rangel o Raúl García entre los nacionales y a Paco Camino, Fermín Murillo, Luis Segura y Mondeño entre los del otro lado del mar.

Tardes memorables tuvo ese año de 1962, como la del día 14 de enero, con un gran triunfo de Alfredo Leal ante toros de Santacilia; siete días después, los que se llevaron el gato al agua fueron Antonio del Olivar y el madrileño Luis Segura con toros de La Punta; el primero de julio la tarde fue para el linarense Humberto Moro y Joselito Huerta, que enfrentaron un encierro de Las Huertas; luego, el 2 de septiembre, Raúl García, ante sus paisanos triunfó con el ganado de Pedro Castorena y el 2 de diciembre, en el penúltimo festejo del calendario, serían Manuel Capetillo y Mondeño los llamados al éxito con un encierro también de La Punta.

Pero don César no era solo empresario de corridas de toros y entreveradas con los festejos mayores, nunca faltaban las novilladas que en el calendario que me ocupa tuvieron la presencia de toreros jóvenes como Joel Téllez El Silverio, Mauro Liceaga, el de Reynosa Tito Palacios y Gabino Aguilar entre los más destacados punteros de la novillería de esa temporada.

La forma de hacer del empresario independiente daba rédito a la fiesta y la historia es testigo de ello. Por ello mi recuerdo a la manera de hacer de un empresario independiente que supo hacer temporada en su plaza.

La historia de la fotografía

Para el 16 de diciembre de 1962 don César Garza programó una corrida de toros con un encierro de Las Huertas – el segundo que se lidiaba en el año – para Jesús Córdoba, Raúl García y Juan García Mondeño. El primero de los encierros de Luis Javier Barroso que se lidió, más o menos medio año antes, permitió el triunfo de los toreros y con la combinación que ahora presentada, era un buen atractivo para la afición.

La crónica que me sirve para hilar estos recuerdos apareció en el diario El Porvenir, de Monterrey, al día siguiente del festejo. La escribió Antonio Córdova. No hace juicio sobre la entrada al festejo, pero quiero suponer que fue un lleno. El triunfo en apéndices fue para el Maestro Córdoba y Mondeño realizó una faena importante al sexto de la tarde. Raúl García tuvo que lidiar con el hueso del encierro.

Jesús Córdoba y Perlito

El toro que abrió plaza se llamó Perlito. De la labor del Joven Maestro, Antonio Córdova escribió:
¡Las campanas de León sonaron a triunfo! Sí señor, que hasta allí donde la vida no vale nada llegó el estruendo del triunfo clamoroso que obtuvo el joven maestro Jesús Córdoba; que esculpió con la finura de su arte dos faenas primorosas a otros tantos astados de Las Huertas, y no se vaya a pensar que los pupilos del Chacho Barroso que le tocaron en suerte eran dos peritas en dulce, lo que pasa es que dichos astados se encontraron con un TORERO que tiene este año, por el sitio que merece dentro de la afición. 
“Perlito” se llamó el primero de la tarde, y con él, Jesús arrancó los primeros olés de la jornada, al dibujar cinco primorosos lances a la verónica – que todavía hay toreros que la dan ¡qué caray!, y el de León es uno de ellos – que fueron un dechado de perfección: fueron solo cinco lances, pero qué diéramos los aficionados por ver aunque sea esa cantidad en cada tarde. 
Chucho Córdova (sic) es el torero mexicano cuyo arte se funde en el crisol de la plasticidad y la clase y por ello en su turno en quites repitió la dosis de toreo al natural con la capichuela, para bordar nuevamente el lance a la verónica. 
Que Córdova (sic) es un maestro, nadie lo duda: menos aún después de verlo doblar tan toreramente con su enemigo para fijarlo en el engaño y luego correrle la mano derecha en varias tandas, adornándose en todo momento y dejando sobre el ruedo de la Plaza Monterrey el aroma suave, limpio y puro de su toreo clásico y bello. 
Su labor fue completa, por eso intercaló en su trasteo el toreo preciosista y los pases de adorno que contrastaron a veces con la verdad de sus manoletinas y la entrega total en sus pases de costado. 
La faena del leonés derechista, porque por ahí quiso el toro que se le lidiara; pero qué manera de correr la mano de Córdova (sic), sobre todo en los muchos muletazos de vuelta entera que hubo en la faena. Y como colofón digno a su torerísima labor, Chucho Córdova (sic) dejó una estocada perfecta en el hoyo de las agujas, que fue suficiente para que el de Las Huertas rodara patas arriba, y la plaza se nevara de pañuelos blancos pidiendo los trofeos para este purista del toreo que se llama Jesús Córdova (sic); que con las dos orejas de su enemigo dio otras tantas vueltas al ruedo, recibiendo la aclamación del público… 
Era la corrida número 315 de las 372 que toreó en su carrera el Maestro Córdoba y sin abdicar a su concepto, volvió a dejar en la arena regiomontana su rúbrica artística.

Mondeño y su fallo a espadas

Juan García Mondeño venía a refrendar un triunfo que había conquistado dos semanas antes. El aire ascético que imprimía a su toreo impactaba a quienes lo presenciaban y calaba hondo en los tendidos. El sexto de la tarde fue otro de los toros de Las Huertas que facilitaron el toreo que impacta en las masas y el de Puerto Real aprovechó esas condiciones para reiterar sus cualidades. Antonio Córdova lo describe así:
España debe sentirse orgullosa de contar con un torero como “Mondeño”, sobre todo, por la vergüenza y el pundonor que hay en el ruedo cuando el torero de Puerto Real está en él.
Ayer no se lograron los faenones del día de su presentación, pero “Mondeño” volvió a electrizar a la afición regiomontana con la litúrgica belleza de su toreo y nuevamente al grito de ¡Torero, Torero!, debió llegar hasta Monda, el pueblecito donde nació el magistral diestro que se cuenta entre las siete maravillas de España.
Nada logró hacer el de Monda con la capa en su segundo – bueno, aparentemente – porque logró sujetarlo y fijarlo en el engaño, para luego con la muleta enloquecer a la multitud con su toreo señorial y único, más todavía, porque el pundonoroso torero español le pisó sus propios terrenos a la res para obligarla a embestir, estando a punto de recibir una cornada al ser zarandeado peligrosamente por el astado.
Y nuevamente imperó en el ruedo de la Plaza Monterrey el toreo de “Mondeño”, nuevamente surgieron de su maravillosa muleta los derechazos de mística belleza, rematados toreramente con el forzado, para que de todas las gargantas surgiera como una sola voz el grito de ¡Torero!, mientras allá en las alturas la banda de la plaza dirigida por Dn. Bernardo y Armando Garza, perfumaba el ambiente con un pasodoble torero, tan torero como el que estaba en el ruedo.
Con qué liturgia hace el toreo “Mondeño”, cómo honra el terno de luces y cómo respeta al público que llena las plazas este torero; sacerdote pagano que oficia en las plazas de toros convertidas en templos de la tarde.
Ayer volvió a no tener fortuna con la espada, y mire que en el primer viaje se fue en corto y por derecho dejando más de medio estoque, que desgraciadamente no surtió los efectos deseados; cómo nos hubiera gustado verlo con las orejas de su enemigo en sus manos, porque cuando se torea como “Mondeño” lo hizo ayer en su segundo toro, los apéndices son imprescindibles. ¡Lástima de verdad! Pero a la gente no le importó si “Mondeño” no mató a su toro en el primer viaje y lo aclamó de nuevo obligándolo a dar la vuelta al ruedo; qué torero está el tío, no cabe duda…
Las orejas se cortan con la espada, que en esta oportunidad no le fue propicia a Juan García. No obstante la impronta dejada por su hacer ante el toro caló hondo ante la afición congregada en la Monumental Monterrey, que lo acogió como suyo.

Retales de la prensa de ese día

La prensa mexicana de esa fecha consignaba entre otras estos resultados de festejos y noticias:

En Torreón, Alfredo Leal, división y silencio; Antonio del Olivar, 3 orejas y rabo y Enrique Vera, abroncado en ambos. Toros de La Ventilla.

En la Plaza México, Antonio Velázquez, silencio y herido; Humberto Moro, ovación, silencio, pitos en el cuarto que mató por Velázquez y silencio en el sexto que mató por Camino. Paco Camino que confirmó, oreja protestada y herido en el sexto. Toros de José Julián Llaguno.

En Guadalajara, Calesero, vuelta y pitos; Manuel Capetillo, pitos y vuelta; Juan Silveti, silencio y silencio. Toros de San Mateo. Al finalizar el festejo se anunció la novillada del Estoque de Plata para el día de Navidad con Mauro Liceaga, Gabino Aguilar, Ángel Flores y Juan Clemente, con novillos de Santo Domingo.

Rematando

Esta es la historia de la fotografía. No es un reflejo fijo de un momento de una tarde determinada, sino una ventana que nos lleva a ver los sucesos de una tarde de toros. En esta oportunidad se trata de la visión de una tarde triunfal de una época ya ida, cuando las cosas de los toros eran menos convulsas que hoy en día y quizás por ello, sus resultados eran más tangibles.

Con mi gratitud

A mi amigo Francisco Tijerina, que me facilitó la fotografía, así como la crónica de Antonio Córdova que dan pie a que yo meta los míos. Sin esas facilidades, esto no quedaría escrito. ¡Un abrazo Patrón!

martes, 1 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1973: José Antonio Gaona se alza con el triunfo en la novena de Feria


El modelo de feria taurina iniciado por Guillermo González Muñoz comenzaba a adquirir carta de naturalidad en Aguascalientes. En apenas dos años, el número de corridas que integraban el serial sanmarqueño se incrementaron, de las seis ofrecidas en 1971, a siete en el año siguiente y a once en ese 1973, llevando a la conclusión, como lo expresé ya en algún otro espacio aquí mismo, de que Aguascalientes requería de una nueva y más amplia plaza de toros. 

En ese serial se programaron toreros de distintas generaciones y nacionalidades. En el cartel que hoy les recuerdo, integrado por toros tlaxcaltecas de Coaxamalucan para el rejoneador Jorge Hernández Espinosa y los matadores de toros Jaime Rangel, Raúl García y el nieto del Califa de León, José Antonio Gaona, que recién había recibido el 3 de septiembre anterior en Málaga, de manos de Andrés Jiménez El Monaguillo, llevando de testigo a Pepe Luis Román, siendo el toro de la ceremonia Serenito, de la ganadería de José Luis Vázquez Garcés y que apenas la había confirmado en la Plaza México el 21 de enero anterior de manos de Jesús Solórzano hijo, llevando como testigos a Francisco Ruiz Miguel y el colombiano Jaime González El Puno, quien también confirmó esa tarde, con el toro Cazador de Tequisquiapan.

El triunfo de Gaona

En esta oportunidad la crónica a la que recurro para recordar este suceso es de Jaime Martínez Fonseca, de El Heraldo de Aguascalientes, dado que por cuestiones del descanso obligatorio del día de la corrida, don Jesús Gómez Medina no relató este festejo:

José Antonio Gaona ha hecho magnífica faena a su primero, que tuvo cierta bravura, administrándolo bien en varas. El astado fue pasado con un ligero puyazo para que conservara algo de fuerza y que el nieto del "Califa" pudiera hacerle faena... Con el capote le dio lances a pies juntos y luego abrió el compás para hacer la verdadera verónica, rematando con revolera. Luego, con la muleta empezó a desarrollar una faena derechista, con pases largos, con temple y mando, ejecutados con serenidad y verticalidad... con plasticidad. Luego vinieron los naturales, tranquilos, con ese tipo de embestida, para ir tirando de ella limpia, suavemente, calmadamente. Fueron muletazos largos, completos y las tandas rematadas con el de pecho, girando al tomar el burel, dándole la espalda y llevándolo embebido en el engaño, para despedirlo a la perfección... Entró a matar dejando una entera en lo alto, suficiente para que el cornúpeta rodara muerto. En los tendidos la gente agitaba los pañuelos pidiendo trofeos para el chaval y le fueron concedidas las dos orejas, con las que recorrió el anillo en dos ocasiones... Lo exhibido por Gaona hace pensar que pronto estará en la órbita grande. El chamaco se ve con sitio y sabe moverse entre los pitones como debe ser... El festejo contrastó con los anteriores. Poca clientela en los tendidos.

Raúl García sólo pudo lucir en banderillas y Jaime Rangel terminó estrellándose con la debilidad de sus toros, circunstancia que resultó ser la constante de los toros enviados por don Felipe González y González en esta oportunidad.

No obstante el triunfo obtenido por José Antonio Gaona en esta corrida, para él, así como para Jaime Rangel y Raúl García, esta sería la última vez que les veríamos vestidos de luces en nuestra Feria de San Marcos, pese a que en ciclos anteriores, ellos dos fueron piezas importantes en su desarrollo y crecimiento. Después vendrían por aquí, pero realizando labores de apoderamiento.

El festejo de hoy. 6ª corrida de feria: 6 de Fernando de la Mora para Fernando Ochoa, Julián López El Juli y Octavio García El Payo.
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