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domingo, 27 de agosto de 2023

27 de agosto de 1916: La tragedia de Antonio Carpio, el dómine de Catarroja

Antonio Carpio Asins nació en Catarroja, población de la albufera valenciana el 11 de enero de 1895. Hijo de un constructor de carros y el mayor de cinco hermanos, en cuanto tuvo la edad suficiente fue enviado por su familia a realizar estudios de magisterio. Casi al final de esa formación profesional, el padre cae gravemente enfermo y con dificultad los concluye, consiguiendo, afortunadamente, ser destinado para ejercer su profesión docente a su localidad natal, donde se puede hacer cargo de su familia con el exiguo salario que entonces se pagaba a los maestros de escuela.

Creo que no requiere mucha explicación el hecho de que en la hoy Comunidad Valenciana existe una arraigada tradición taurina, tanto en la forma digamos convencional, con los festejos celebrados en las plazas de toros, así como en una importantísima cantidad de festejos con toros en las calles, los Bous al carrer. Casi al tiempo de que Antonio Carpio iniciaba su ejercicio como maestroescuela, Juan Belmonte recibía la alternativa y establecía un precedente en el sentido de que se podía salir de la miseria enfrentándose a los toros, al mismo tiempo de que impuso un nuevo canon para lidiarlos. 

Antonio Carpio se inspiró en el veloz ascenso de Belmonte y comenzó a frecuentar los festejos callejeros que se daban en su entorno. Allí abrevó los rudimentos para tratar de evitar las cornadas que dan los toros y en un momento determinado decidió que había más fortuna en los redondeles que en las aulas, renuncia a sus cinco pesetas diarias de salario y comienza a andar los caminos de España en busca de oportunidades para torear.

El paso por los ruedos de Antonio Carpio

Su presentación, vestido de luces fue en octubre de 1914, en la plaza de Valencia, en una novillada económica. Esa tarde se llevó una cornada, primera de las muchas que habían de poner en peligro su vida. Escribió acerca de lo que aportó en esos días el torero de Catarroja, José Simón Valdivielso:

El «parón», al que ya no se otorga consideración excesiva, fue entonces la revelación traída al toreo por la decisión da aquel maestrito de Catarroja, que quería conquistar, a costa de su riesgo, el bienestar para sus padres y la seguridad para el porvenir de sus hermanos... Antonio Carpio armó el gran alboroto entre la afición. ¡Y era dificilísimo armar el alboroto entonces! …

Quedarse quieto y jugar los brazos para desviar las embestidas de los toros… Ese era el secreto del hacer de Antonio Carpio en los ruedos y pronto le sirvió de reclamo para presentarse en las plazas más importantes de su patria. El 14 de marzo de 1915 lo hace en Barcelona, en la plaza de Las Arenas, alternando con Emilio Cortell Cortijano y Manuel Álvarez Andaluz en la lidia de novillos de Medina Garvey. Acerca de su actuación esa tarde, escribió para la edición nocturna del diario Noticiero Universal de la fecha del festejo, quien firmó como Licenciado Flechilla:

Carpio, que viste terno granate y oro, coge los trastos y da un pase alto muy peligroso y al segundo, de pecho, no da salida y es enganchado por el sobaco izquierdo. Se levanta y muletea desconcertado, temiéndose nuevamente una cornada. Entra algo lejos y pincha cayéndose el hierro. Intenta el descabello y suelta una baja. El toro dobla y unos aplauden y otros silban. El mozo, que está muy verde con el estoque, ha demostrado que no le tiene miedo a los cuernos…

Esa tarde, para no perder costumbre, salió con un puntazo de siete centímetros en la región glútea izquierda y no pudo matar al segundo novillo de su lote.

Su presentación en la Maestranza de Sevilla tendría lugar el 13 de junio siguiente, cuando para lidiar novillos de Gamero Cívico, tuvo de compañeros de cartel a Manuel Álvarez Andaluz y Pepe Rodas. Quien firmó como A.N. Drés en el diario Correo de Andalucía del día siguiente al del festejo, refirió acerca de su actuación lo siguiente:

Carpio, por lo que se ha visto en su debut, es un novillero muy mediano, habiendo sufrido una equivocación con venir a Sevilla, porque si ésta da mucho al que hace cosas grandes al toro, en cambio destroza a quien no se acerca, ni para ni aguanta en la inmensa mayoría de las veces... Aquí hay que hacerlo, y si no... ¡al agua! ...

El trato del cronista sevillano no fue precisamente comedido con la actuación del maestro de escuela valenciano, pues propiamente lo desahucia en su primera actuación en ese ruedo. No obstante, volverá al siguiente domingo y para no variar, saldrá herido por el primero de su lote.

La presentación en Madrid tendrá lugar el 25 de marzo de 1916, cuando enfrentaría novillos de la Viuda de Félix Gómez, junto con Manuel García Reyes y Pepe Amuedo. Esa tarde Pepe Amuedo terminaría matando a cuatro novillos, por percances de sus alternantes. A propósito de la actuación de Antonio Carpio, escribió Ángel Caamaño El Barquero, para El Heraldo de Madrid del día siguiente al de la novillada:

Siguiendo mi costumbre, ni afirmo, ni niego, ni digo que si esto, que si lo otro, y que si ya está aquí el redentor taurino. Me limito a decir que los capotazos que acaba de dar el joven Carpio han sido requetesuperiores, y se los aplaudo con entusiasmo... Carpio sale, se hace el silencio y el muchacho se va solo al cornúpeto y le larga, de primeras, un natural, otro de pecho, otro alto y otro de trinchera, que no diré yo que fueran la esencia del clasicismo; pero si digo y afirmo que estuvo cerca, cerquísima, entre los pitones y sin asustarse y sin descomponerse...

Además, Antonio Carpio sumó tardes en Almería, Zaragoza, Málaga, Cartagena, Tafalla o Gijón. Independientemente de repetir en varias ocasiones en Barcelona y en Madrid, donde se presentó por última vez el 15 de agosto y de donde salió para cumplir compromisos en Tafalla al día siguiente, en Gijón, el 20 de agosto y el de Astorga el 27 de agosto. Escribe F. Mendo en El Ruedo de Madrid del 24 de enero de 1952:

Vuelve a actuar en las Plazas de sus mejores tardes; viene a Madrid avanzada la temporada, el 15 de agosto; para entonces llevaba toreadas treinta y dos corridas, tenía firmadas otras tantas, y la Empresa de la capital de España acababa de apalabrarle el doctorado para la segunda temporada de abono de la próxima temporada… Dentro de esta excelente racha, el 27 de agosto aceptó intervenir en una corrida mixta en Astorga; tres toros de Rivas para «Torquito I» y otros tres, no menos pavorosos, para Carpio… Antes de abandonar Madrid la noche anterior a la corrida, unos amigos del torero trataron de hacerle desistir de enfrentarse con un ganado que de antemano se sabía era viejo y de excesivas defensas. Fué vano el intento.

- ¡Hay que triunfar o morir!... ¡Pero pronto!...

- Respondió Carpio.

Bebió unos chatos de manzanilla con sus acompañantes.

— ¡Por tu buena suerte! 
— Deseó alguien.

— ¡Que Dios la reparta entre nosotros!

— Murmuró el diestro con un gesto fatalista…

Astorga, 27 de agosto de 1916

El domingo 27 de agosto de 1916 se anunció en la plaza de toros de Astorga un festejo mixto en el que alternarían el matador de toros Serafín Vigiola Torquito y Antonio Carpio, novillero, en la lidia de seis de don Ángel Rivas, ganadero de Cabañas de Sayago. La procedencia de los toros a lidiarse era de la antigua ganadería de Santiago Neches, formada con vacas de Veragua y sementales de Conradi y Santa Coloma. Siendo propiedad de Neches, el 23 de agosto de 1908, en la misma plaza de Astorga, un toro de esa vacada hirió mortalmente al torero Hilario González Serranito, motivo por el cual se enajenó la ganadería a su titular en la fecha que me ocupa en este momento.

El segundo de la tarde, se llamó Aborrecido. José Rico de Estasen relata así la actuación final de Antonio Carpio ante él:

El astado, de imponente aspecto y gran poder, llevaba un nombre siniestro: «Aborrecido». Era de la ganadería de Rivas, y resultó de difícil lidia; tanto, que al hacerle un quite volteó al diestro aparatosamente, destrozándole la taleguilla. Pero Antonio Carpio no se amilanó. Antes, al contrario, continuó prodigando sus muestras de arrojo y valentía, sobre todo una vez provisto de los trastos de matar, con los que dio al bicho varios pases de muleta, apretándose hasta lo inverosímil… En uno de éstos, el novillo de siniestro nombre se le arrancó, empitonándole por el muslo derecho… El desgraciado diestro, tras de ser volteado aparatosamente, cayó al suelo. Tras la cogida aparatosa y emocionante, se levantó, echó a correr, y aún tuvo fuerzas para saltar la barrera. En el callejón acudieron a su auxilio miembros de la Cruz Roja, quienes le trasladaron a la enfermería. El infeliz novillero dejó tras de sí un reguero de sangre…

Fue atendido por el médico de Astorga, José Hernández Mena y estando en el tendido el cirujano del Hospital Princesa de Madrid, Julio Garro, se aprestaron a atender al torero herido, pero cuando llegó a la enfermería estaba el torero ya en lo que hoy llamaríamos choque hipovolémico por el profuso sangrado. Refiere el semanario madrileño Toros y Toreros del 29 de agosto siguiente:

El percance acaeció al matar Carpio su primer burel, el cual, alcanzándole, le corneó furiosamente causándole, aparte del magullamiento general, una tremenda herida como dé veintidós centímetros de extensión, por quince de profundidad en el muslo derecho interesándole la arteria femoral. En vista de la postración en que se encontraba el herido por efecto de la grandísima hemorragia sufrida, fue viaticado, y no obstante los esfuerzos de la ciencia, falleció a las diez y media de la noche…

Rafael Pérez Taylor, periodista mexicano que firmaba sus escritos como Hipólito Seijas, cita lo siguiente en su colaboración aparecida en el número del semanario La Lidia, de la Ciudad de México, fechado el 26 de mayo de 1944:

En la enfermería, entrando ya en período agónico, preguntó a su apoderado:

- ¿Cuánto dejo en el banco para mi familia?

- Sesenta mil pesetas.

- Muero contento. De maestro de escuela nunca las hubiera reunido y dejado...

Hipólito Seijas no precisa la fuente de la que recabó tal diálogo, pero el recorrido literario por la vida del torero hace presumir que esa entereza mostrada en sus últimos instantes era posible.

El regreso a Catarroja

Sería otro torero valenciano, éste de Algemesí, el que organizaría un festejo en 1922, a efecto de conseguir el traslado de los restos mortales de Antonio Carpio a Catarroja. Me refiero a Rosario Olmos, compañero de generación de Manolo Martínez El Tigre de Ruzafa y de Francisco Tamarit Chaves. Apoderado por el escritor taurino Isidro Amorós Don Justo, consigue un acercamiento con la empresa de Valencia, dirigida por Arturo Duart, para que el 3 de diciembre de ese 1922, se formara un cartel en el que actuaron Rafael Dutrús Llapisera, el picador José Cantos Barana y los novilleros Manuel Martínez, Francisco Tamarit Chaves, Rosario Olmos y Tomás Jiménez ante novillos de distintas ganaderías.

José Rico de Estasen, en el número de El Ruedo salido a los puestos el 13 de mayo de 1954, escribe acerca del resultado del festival:

Lo recaudado en la novillada benéfica de que queda hecha mención, alcanzó a sufragar los gastos del traslado del cadáver de Carpio y de la construcción del artístico mausoleo donde habría de ser inhumado en el Camposanto de Catarroja. El panteón donde reposan los restos del lidiador inolvidable aparece coronado por una cruz, de la que pende un ángel labrado con mucha soltura y primor. En el pedestal destaca el busto del fallecido, sobre una rama de laurel y una cartela con esta inscripción: «LOS TOREROS VALENCIANOS Y LA AFICIÓN A ANTONIO CARPIO» …

El dómine de Catarroja había vuelto a casa, aunque quizás nunca alcanzó a escuchar en una plaza el pasodoble que ese año de 1916 compuso en su honor el músico gallego Reveriano Sotullo, que en la cubierta de su partitura reza: Al nuevo fenómeno Antonio Carpio. Carpio, pasodoble flamenco. Pero seguramente algún día de estos, resuene en una plaza y quien lo reconozca, recuerde que se le dedicó a un torero valiente y decidido a salir adelante aún a costa de perder su vida.

Post scriptum

Hace un par de décadas, Giovanna Ribes, sobrina nieta de Antonio Carpio, dirigió el rodaje de un documental titulado El Sueño Temerario, mismo en el que:

A través de un novillero, Antonio Carpio “El Maestro” que murió en Astorga de una cornada en la femoral a principios del siglo XX y de los novilleros actuales Juan Ávila y Juan Francisco Prados, “El Sueño Temerario” es un documental personal que pretende indagar sobre la conciencia del ser humano, el temor al fracaso y su deseo de realizar grandes acciones, a veces incluso capaces de determinar el proceso histórico, acciones que los convierte en héroes cautivos de su propio sueño y que los lleva a la decisión de recibir la muerte, gustosos, antes que la figura del héroe que ellos han soñado se desvanezca entre la multitud…

La producción de aproximadamente una hora de duración, se puede ver en esta ubicación

Reconocimiento: Quiero agradecer a mi amigo Paco Abad el haberme puesto sobre la pista de este asunto en su magnífica bitácora del Aula Taurina de Granada. Lo allí publicado lo pueden ustedes consultar aquí y aquí.

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