domingo, 6 de septiembre de 2020

Tacho Campos. Una alternativa efímera

La Feria de San Marcos 1949
El Sol del Centro 17/04/1949
Nacido en 1922, Anastacio Campos Gallego se presentó como novillero en El Toreo de la Condesa el 2 de agosto de 1942, alternando con Rutilo Morales y Manuel Jiménez Chicuelín en la lidia de novillos de La Laguna. Causó buena impresión y toreó seis tardes esa temporada, quizás las mejores fueron las del 13 de ese agosto y 11 de octubre, cuando corta la oreja respectivamente a Meloso y Onza de Oro, ambos de Coaxamalucan, lo que le vale participar en el festejo de la Oreja de Plata que fue ganada por Antonio Velázquez, que junto con Luis Briones, Luis Procuna, Juan Estrada o Rafael Osorno, fueron algunos de los nombres destacados de ese serial novilleril.

En 1943 actúa 3 tardes en La Condesa y en 1944 tiene la que quizás fue su mejor temporada novilleril, pues actúa en ocho tardes junto a Pepe Luis Vázquez (mexicano), Ricardo Balderas, Jesús Guerra Guerrita, Rutilo Morales, Félix Briones y Eduardo Liceaga entre los más destacados, para partir a España al año siguiente y presentarse en Las Ventas de Madrid el 24 de junio de para lidiar novillos de Claudio Moura en unión de Manuel González Machaquito de MadridManolo Navarro y Manuel Jiménez Chicuelín, en una tarde en la que tuvo poca fortuna.

Se presentaría después en Sevilla el 1º de julio de 1945 para alternar con Lorenzo Pascual Belmonteño, Francisco Astasio Quinito y Manuel González Machaquito de Madrid en la lidia de novillos de Esteban González y en Barcelona el 26 de agosto, alternando con Armando Martín Armillita, Pepe Hillo y Gabriel Pericás en la lidia de novillos de José Escobar (6) y Francisca Marcos (5º y 8º). Volvería a Madrid el primero de octubre, para alternar con Antonio Toscano, Manolo Navarro y Francisco Rodríguez en la lidia de novillos de Hoyo de la Gitana. De acuerdo con los escalafones publicados en la época, sumó un par de festejos más en tierras hispanas. Es curioso observar que estos festejos en las plazas principales en los que actuó Tacho Campos, fueron todos de ocho toros.

Hace la transición a la Plaza México y actúa tres tardes en la temporada de 1946, misma que encabezaron Joselillo y Fernando López; cuatro en la del año siguiente, en la que de nueva cuenta fueron esos dos fenómenos los titulares del escalafón novilleril, con la aparición de un precoz Curro Ortega y la vuelta a las novilladas de Juan Estrada, que renunció a su alternativa. El 18 de julio de 1948, será testigo, junto con Juventino Mora en la Plaza San Marcos de la eclosión del Volcán de Aguascalientes,  y en la plaza mayor de México, de la aparición de los Tres Mosqueteros, toreando entre ellos tres novilladas ese calendario.

La alternativa

Para 1949, Tacho Campos y quienes llevaban su carrera, estimaron seguramente que era el momento de dar el siguiente paso y para ello consiguieron un escenario que les pareció adecuado: la Feria de San Marcos en Aguascalientes, en la que se darían tres corridas de toros que se anunciaron de la siguiente manera: para el domingo 17 de abril Ricardo Torres, Manuel Jiménez Chicuelín y la alternativa de Tacho Campos, con toros de los Hermanos Ramírez; el domingo 24 de abril, Luis Briones, Luis Procuna y Rafael Rodríguez, que se presentaba como matador de toros en Aguascalientes, con toros de Torrecilla y el lunes 25 de abril, Calesero y Rafael Rodríguez mano a mano, con toros de Armillita Hermanos

Al final, sin que mediara explicación alguna, en la corrida del 17 de abril no actuó el hidalguense Ricardo Torres. Lo sustituyó Andrés Blando, que fue el encargado de doctorar a Tacho Campos en una tarde desapacible y ventosa. La crónica de don Jesús Gómez Medina, en El Sol del Centro del día siguiente del festejo, entre otras cosas, dice lo siguiente:

…Negro entrepelado, apretado y vuelto de pitones, fuerte y hondo, y llevando en las ancas el número 55, tales fueron las características del primero de la tarde, con el que Tacho Campos recibió la alternativa. Dignamente lo saludó el reinero, toreándolo superiormente a la verónica entre olés entusiastas, para más tarde, después de que el “Güero Mochilón” se lució con la de detener, forjar un quite por gaoneras, escultóricas y ceñidas, entre las que hubo una extraordinaria. Luego de que Andrés Blando le cedió los trastos, brindó Tacho la muerte de éste su primer astado como matador de toros a su hermano y mozo de estoques. Quieto y erguido, prologó su faena con dos ayudados por alto; intentó luego correr la mano en los derechazos, pero el bicho, insuficientemente castigado se revolvió presto sobre el engaño, llevado de su auténtica bravura y, en tales condiciones, la faena careció del aplomo y del desahogo necesario. Hubo, sí, magníficos muletazos; derechazos y de la firma; trincherazos con el debido remate, pero la faena, el conjunto, careció de la necesaria trabazón, por la causa apuntada.

Tras de sufrir un achuchón de pronóstico, Campos atizó media estocada perpendicular, pero en buen sitio, que bastó. En premio a su voluntad, el nuevo doctor hubo de dar la vuelta al ruedo…

Eso fue lo destacado en la tarde de quien se esperaba, fuera un nuevo matador de toros mexicano.

Paréntesis ganadero

El encierro lidiado en la tarde de la alternativa de Tacho Campos fue de Hermanos Ramírez. Voy a aventurarme a afirmar, que esta pudo ser la presentación no oficial de la ganadería que después se anunciaría como San Antonio, propiedad de los hermanos Enrique, Víctor Manuel y Mariano Ramírez Miguel, formada con ganados originarios de Pastejé y que el encierro se formó con la rastra de algunas de las vacas que se adquirieron en 1947 como pie de simiente. Esta base ganadera fue enajenada en 1958 por los ganaderos a su paisano don Gustavo Álvarez y a partir de entonces don Mariano Ramírez se decantó por la base de Piedras NegrasLa Laguna, al adquirir una importante alícuota de la ganadería de Zotoluca.

La prensa de la época no refleja ningún dato acerca del origen o propiedad de la corrida lidiada ese 17 de abril de 1949, así que esta apreciación es una mera conjetura personal, pero conociendo la voluntad que tenía don Jesús Ramírez Alonso, empresario de la Plaza San Marcos en aquellas calendas por traer toros de ganaderías cercanas, no me extrañaría que así fuera, pues los potreros de los hermanos Ramírez Miguel se ubicaban en la cercana Encarnación de Díaz, Jalisco.

Catorce días después

En la búsqueda de otras informaciones en la hemeroteca, me encuentro con una nota fechada en la Ciudad de México el primero de mayo de ese 1949, titulada como sigue: Fernando de los Reyes cortó oreja en El Toreo. Tacho dio vuelta y Rojas desperdició un gran toro. Al entrar al cuerpo de la nota, me entero que ese primero de mayo del 49, se daban novilladas en El Toreo de Cuatro Caminos y que Tacho Campos había actuado en ese festejo, segundo de la temporada novilleril allí ofrecida, como novillero. Así pues, la dignidad de matador de toros le duró exactamente trece días.

Y siguió actuando como novillero, en Cuatro Caminos toreó todavía otras dos tardes, una, el 22 de mayo de 1949 con Guillermo Carvajal y Pepe Luis Méndez y novillos de Torreón de Cañas y otra en el año de 1950. Volvería a la Plaza México el 11 diciembre de 1949 junto con Anselmo Liceaga, Luis Solano, el ecuatoriano Edgar Puente, Jaime Bolaños y Joaquín Díaz Paquiro para lidiar novillos de Mimiahuápam, ganadería que se presentaba y destacaron en ese calendario los novilleros Juan Silveti, Héctor Saucedo y Curro Ortega.

Su tarde final en la capital fue el 10 de diciembre de 1950, cuando alternó con Fernando de los Reyes El Callao y el cubano José Sánchez Pepillo en la lidia de novillos de Atlanga. Esta fue una tarde aciaga para Tacho, pues fue avisado una vez en su primero, dos en su segundo y en el sexto, que tuvo que matar por Pepillo, que se fue herido a la enfermería, le fue vivo a los corrales. A partir de aquí, el nombre y la presencia de Tacho Campos se diluyen y desaparecen de los principales escenarios taurinos.

Algunos juicios sobre su toreo

Daniel Medina de la Serna señala que Tacho Campos ha sido un torero de intensos detalles. Ya en sus inicios se reveló como un torero que ejecutaba la verónica con profundidad y sabor y al ir avanzando en su carrera taurina, se le reconocía como un importante muletero, un representante se decía en su día, de la “escuela garcista”, por el sello que imprimía a la ejecución del pase natural.

Decir que fue un torero preferido por José Alameda es un gran timbre de honor. En las crónicas que escribió para La Lidia durante la temporada novilleril de 1944, entre otras cosas señala lo que sigue acerca de Tacho Campos:

...Este Tacho Campos, que el domingo pasado triunfó en “El Toreo”, es un lidiador corto, de esos que cuando pierden en extensión lo ganan en profundidad...Tacho Campos toreó el domingo, parando, templando y mandando. Y en eso coincidió con Garza, como Garza coincidió con Belmonte. Dicen que imita a Lorenzo. Pues si así es, ojalá vengan muchos a imitarle, en lugar de entregarse al toreo de chicuelinas, tijerillas, riverinas, orticinas, lasernistas, molinetes y demás manifestaciones patológicas del contorsionismo imperante... Una falta tiene Tacho Campos: su poca fibra. No es un torero que pelea, que se crece ante la adversidad, ni que siente la noble apetencia de redondear un éxito. Y sería lástima que por eso no llegara tan alto como debe. Me hace abrigar esos temores, la frialdad con que Tacho Campos se desentendió de todo el sexto toro, limitándose a quitárselo de delante.

Sería lástima, porque torea con una pureza extraordinaria y con un sello propio que estriba en el fino acento que sabe dar a sus muletazos, un matiz que no han sorprendido quienes lo tachan de imitador de Garza, porque Lorenzo fue toda reciedumbre y en Tacho Campos priva la finura. Esa cualidad suya culminó en los tres medios pases que dio a favor del viaje del toro, en la última parte de su faena. Giró en ellos con gran suavidad y los ligó de modo que, más que tres lances, fueron uno solo. Yo me pregunto: ¿A quién imitó entonces? ¡Cómo no fuese a Tacho Campos!...

Este muchacho representa, como pocos, lo que podríamos llamar el torero del “SÍ” y el “NO”, el tipo de lidiador en el que no caben los términos medios. Tacho no sabe torear mal. Y eso le priva de paliar sus fracasos, pero, en cambio, le proporciona triunfos definitivos...

Como se puede ver, muchas fueron las esperanzas que despertó, pero como pontificó algún día Enrique Martín Arranz, llegar a ser figura del toreo, es casi un milagro, el andar de Tacho Campos, un torero que atestiguó y vivió momentos importantes de la historia reciente del toreo mexicano, así lo demuestra.

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