viernes, 19 de diciembre de 2008

El Volcán de Aguascalientes, a 60 años de su alternativa

Hoy se cumplen sesenta años de que recibiera la alternativa Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes. Hoy quiero, en recuerdo de este importante sostén de la historia taurina mexicana, presentar una serie de reflexiones que hizo en una conferencia – si los recuerdos no me traicionan, la última que pronunció en Aguascalientes – el 22 de abril de 1992, sobre diversos tópicos de la fiesta que tanto amó, por lo que recurro a las notas tomadas en aquella fecha, mismas que someto a su consideración:

Sobre la afición

El aficionado es un comprador de ilusiones. Esa gran afición que sabe llenar los tendidos representa una responsabilidad, hay que cumplirle en una forma real, verdadera, transparente, no se le puede defraudar ya que ésta es quien da el sí. Esto debemos llevarlo siempre en la mente.


El toro y el ganadero

El hombre de campo se decide a formar una ganadería en la que pone todas sus ilusiones, todo su empeño y el más grande de todos sus deseos para criar una vacada que llegue a ser relevante en la fiesta de los toros y sea capaz de propiciar los éxitos anhelados.

El toro es una de las figuras más hermosas que se pueden encontrar dentro del mundo animal. Es necesario conocerlo con toda su grandeza, pujanza, fuerza y vigor, en el campo como dueño y señor de su hábitat común, celoso de él mismo, buscando siempre la superioridad. Me parece observarlo altivo, ofreciendo el pecho y enfrentándose a cualquier intruso. Pienso: Toro que vas por el campo en la noche de luz blanca, buscando peleas de muerte por la supremacía de tu raza…


El triunfo

El triunfo sí, pero es más hermoso disfrutar de la gloria excelsa donde se van diluyendo todos los sentidos de la plaza de toros. Parece que se viaja a un espacio etéreo donde no existe nada ni nadie. Únicamente toro y torero girando en el centro del arco iris que forman los rizos de papel picado de las banderillas, la sangre del toro y el alma del matador entregado. Por eso se juegan la vida los toreros. Por eso, bien vale la pena si así Dios lo quisiera, perder la vida.


El adiós

Cuando crucé por última vez la puerta de una plaza de toros hacia la calle, era otro totalmente. ¿Dónde iba a quedar mi traje de luceros. ¿Dónde las ilusiones? ¿Quién era yo? ¿Un desempleado? ¿Qué sabía yo hacer? o ¿Qué podía yo hacer? ¿Qué compromisos tenía con la vida y con la sociedad?

Hoy mi vida transcurre lenta y suave como agua que recorre el arroyuelo y de su cristalino recorrer emanan, viven y afloran los recuerdos. Recuerdos de existencia placentera. Recuerdos de gloria y de sonetos. A sus aguas se asoman las estrellas, quiebran su luz hasta llegar al lecho de aquél arroyuelo que retrata la digna majestad del toro negro. Diamantino fulgor sobre sus astas; amplio, severo y arrogante el pecho. Suave su paso sobre la campiña, hondo bramar de su paso lento. ¡Cuán lejos de has ido de mi vida! ¡Cuánto te añoro aún, cuánto te quiero! No importan mis carnes desgarradas, ni mi sangre regada sobre el ruedo, ni tampoco las tardes de desdicha, ni tristeza que hiera mi recuerdo.

¡Cuán lejos te apartas día tras día, mas no se vivir sin ti!... ¡Sé que no puedo!



Mi visión acerca del hombre

Rafael Rodríguez Domínguez contrajo matrimonio con la señora María Teresa Arellano Madrazo y en su unión procrearon a Rafael (+), María Teresa, Nicolás, Lorena y Sara María, quienes como el torero, viven y desarrollan sus actividades en Aguascalientes. Por otra parte, Rafael Rodríguez, al retirarse de los redondeles, se distinguió por su carácter emprendedor y es reconocido como uno de los introductores de nuevas tecnologías y sistemas productivos en la vitivinicultura y en la crianza de ganado Aberdeen Angus de alto registro.

En reconocimiento a sus méritos tanto dentro de los ruedos, como con relación al desarrollo económico de su tierra, una de las calles aledañas a la Plaza de Toros Monumental lleva su nombre desde el año de 1979, nombre que fue impuesto por el Cabildo del H. Ayuntamiento de Aguascalientes y el 25 de abril de 1996, se develó en su honor una monumental escultura en la Expoplaza de la ciudad de Aguascalientes, obra del artista michoacano, otrora novillero, José Luis Padilla Retana El Seminarista.

Más allá de la arista humana, no va de más reiterar que es precisamente Rafael Rodríguez el torero que más rabos ha cortado en la Plaza México con un total de once, los de Panadero de Pastejé, Palomo y Bolchevique de Zotoluca, Chupa Flor de Zacatepec y Toledano de Coaxamaluca cuando novillero y los de Collarín de Coaxamaluca, Visitón de La Punta, Lagartijo y Cordobés de Zotoluca, Churumbelo de Torrecilla y Morcillero de Piedras Negras a partir de su alternativa y que es también el primer torero mexicano que ha cortado una oreja en una feria de San Isidro, la de Guitarrero de don Felipe Bartolomé, el 16 de mayo de 1951, la tarde de su confirmación de alternativa en Las Ventas.

Hoy le recuerdo en una de las importantes efemérides de su historia personal, pero además, en lo que representa en una importante medida también, el nacimiento de la Edad de Plata del Toreo en México, un tema del que espero ocuparme más adelante.

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