domingo, 27 de septiembre de 2026

A las cosas, por su nombre...

La Tapatía de Pepe Ortiz

Un breve apunte sobre la Escuela Mexicana del Toreo

Samuel Solís se quitó el añadido en un festejo mixto celebrado el 27 de marzo de 1927, mismo en el que presentó a dos tres discípulos suyos, porque ya estaba afincado en la vieja plaza de toros de Tacuba y allí comenzaba a enseñar el toreo. Tenía el toreo en la cabeza, tenía bien aprendidos los conceptos que le transmitió Saturnino Frutos y en el andar por los ruedos, tuvo la ocasión de formarse también los propios. Así que decidió seguir el camino de su primer mentor y como Ojitos, aunque quizás de una manera más callada, se dedicó a formar toreros y a buscar uno que pusiera esto de cabeza.

No tardó mucho en encontrar el primer par de prospectos. Uno, llegaría a ser llamado El Torero de México y sería así considerado hasta que las astas de Cobijero terminaran con sus días; el otro, encaminaría sus afanes por las veredas de la literatura y la gastronomía. Pero esa pareja de Alberto Balderas y El Negro Muñoz pronto dio bastante de que hablar de ambos lados del Atlántico. Después de ellos vendrían David Liceaga y Ricardo Torres, alcanzando su cota más alta con Carlos Arruza, una de las figuras más destacadas de la historia universal del toreo.

También por su parte, Alberto Cosío Patatero formó a Heriberto García, a Fermín Rivera y a Amado Ramírez entre otros y posteriormente estos alumnos suyos, a su vez también se dedicaron a enseñar toreros y así, por ejemplo, Joselito Huerta se hizo torero con Heriberto García. Por su parte, otro discípulo de Ojitos, Luis Güemes, formó a Pepe Ortiz, quien a su vez ayudó en sus inicios a Jesús Córdoba y a Rafael Larrea y éstos después siguieron también formando toreros.

Esa es la verdadera Escuela Mexicana del Toreo, la que continuó las enseñanzas de Ojitos, adaptándolas a nuestra particular manera de ser.

El Orfebre Tapatío

Hace unas líneas mencionaba que Pepe Ortiz aprendió el toreo con Luis Güemes, quien iba de banderillero en la cuadrilla juvenil de Ojitos. Güemes era originario de San Pablo Apetatitlán, Tlaxcala y tras la disolución de la cuadrilla, se coloca con distintos toreros, hasta quedar colocado con Juan Silveti, con el que viaja a España en 1916. Fue muy castigado por los toros y quizás por eso disminuyó su actividad en los ruedos, combinándola con la enseñanza del toreo. En entrevista con la escritora Elena Poniatowska, el cantante Pedro Vargas, comentó lo siguiente:

…durante un tiempo el maestro Pierson me invitó a vivir en su casa; allí vivía Jesús Mercado, barítono; Pepita Alonso, contralto, y José Arce, tenor, y a los cuatro nos dio habitación, comida y clases de canto a cambio de que le ayudáramos a hacer la limpieza de la casa. Yo era muy bueno para hacer las camas. Un día sentí que mi voz no era la misma y Mario Talavera, mi segundo padre, me consiguió entonces un empleo de profesor de coros en las escuelas secundarias. El era un hombre muy querido y me introdujo en todos los círculos artísticos, sociales, políticos, todos; él es autor de Gracia plena y con él conocí a Pepe Ortiz, quien andaba ya de torero y le gustaba cantar; entonces yo quise ser torero también, y a las seis de la mañana me levantaba, iba por él a Tacuba y luego a ejercitar el toreo, en casa de un banderillero, Luis Güemes…

El llamado Tenor Continental revela que él también intentó ser torero, pero deja claro que el mentor original de Pepe Ortiz, quien después sería conocido como El Orfebre Tapatío, fue precisamente el discípulo de Ojitos, que fue quien le enseñó el oficio y tuvo la inteligencia natural para transmitirle, además de la teoría del toreo escrita en las tauromaquias, la manera de llevar al movimiento delante de los toros, las imágenes que ilustraban esas descripciones. Y así surgieron suertes como la orticina, la tapatía, el quite por las afueras, el quite de oro, o el quite de La Guadalupana, suertes todas que tienen nombre e historia propias. Y su creatividad no se limitó a las suertes de capa. Declaró lo siguiente a Rafael Morales Clarinero en entrevista publicada el 21 de julio de 1955:

¿Muletazos no inventó ninguno? – Hay muchos muletazos que he creado; los hacen todos los toreros, y, sin embargo, nadie sabe que son míos. - ¿Usted por qué no lo ha dicho? – No tiene caso. Para mí es igual la satisfacción y me evito muchas molestias. Alguna vez yo leía: “un novedoso muletazo que no habíamos visto antes” … y me daban ganas de hacer declaraciones, pero nunca pasaron de eso: de ganas. – ¿Nos quiere citar alguno? – Pues mire (se pone de pie y lo hace); este cambio de muleta por la espalda es una derivación de la orticina, o mejor dicho la orticina con la muleta... Se me ocurrió una tarde en que todo me salía bien. En la actualidad lo hacen todos los toreros...

La inteligencia inventiva de Pepe Ortiz estaba siempre presente y cuando las circunstancias eran las adecuadas, la ponía a su servicio, y al servicio de la fiesta.

La Tapatía

Aunque hay alguna discusión acerca de la fecha de presentación en sociedad de la suerte de La Tapatía, casi todas las opiniones coinciden en que fue el miércoles 2 de noviembre de 1927, día de Fieles Difuntos, en una corrida en la que Ortiz alternaría por primera vez con el maestro Fermín Espinosa Armillita, quien, a su vez, reaparecía en el Toreo de la Condesa, después de la tarde de su alternativa. Los toros a lidiarse serían de la ganadería mexiquense de Atenco.

La corrida en su conjunto no representó un acontecimiento digno de ser recordado. Así, con brevedad, resume Rafael Solana Verduguillo, lo acontecido en esa corrida:

Fue muy mala la corrida de Difuntos, y eso que los muchachos hicieron cuanto estuvo de su parte para dejarnos complacidos. La culpa del descalabro la tiene casi exclusivamente el señor ganadero de Atenco; también le correspondió alguna parte a Eolo. En otros términos: se lidiaron toros mansos de Atenco, y sopló durante la corrida un viento molesto que descubría a cada momento a los lidiadores...

El cuarto de la tarde se llamó Catalán, le correspondía a Armillita y en su turno al quite, Pepe Ortiz deslumbró a la clientela con una suerte que no tenía antecedentes en su memoria. Escribió en su tribuna de El Redondel, don Alfonso de Icaza Ojo:

Y ahora hablemos de la nota más brillante del festejo. Fue indudablemente el maravilloso quite que instrumentó Pepe al cuarto toro que correspondió a “Armillita”. Ortiz toma al toro y se lo lleva toreado en los pliegues del percal, echa este para atrás con una gracia imponderable y nos obsequia con una gaonera máxima, tras de la cual gira el diestro suavemente, como en el lance de Chicuelo, y eso por tres veces, con una tranquilidad pasmosa, pasándose al toro tan cerca y derrochando tal cantidad de sabor torero, que la plaza entera se levantó para ovacionar al gran artista del capote...

Por su parte, el ya citado Verduguillo, a propósito de esa parte de la actuación de Pepe Ortiz, refiere:

En los quites mucha gracia. Hizo uno con el capote a la espalda, combinando la media gaonera con la media navarra, con arte extraordinario, con tranquilidad y dominio, con elegancia inenarrable. No sé si me equivoque; pero un quite parecido al de Pepe, lo hizo ya Heriberto García en una novillada. Se le aplaudió mucho a Heri, pero más se le aplaudió a Ortiz, porque el tapatío tiene el secreto de la belleza, de la majestad...

Creo que es importante el apuntamiento que hace Rafael Solana, en el sentido de que en la temporada de novilladas de ese 1927, había visto a Heriberto García realizar una suerte parecida. Y es que las enseñanzas de los discípulos de Ojitos seguramente transcurrían por una especie de vasos comunicantes, dado el común origen de sus conocimientos.

Por otra parte, la novedad de la suerte es evidente, Ojo habla de una gaonera en la que se gira como en la chicuelina, en tanto que Verduguillo refiere un lance que combina una media chicuelina con una media navarra, descripción esta última que me parece poco afortunada, porque no entiendo la manera de partir, a medias, un lance de tal naturaleza, aunque sea para remendarlo con la mitad del otro.

Ya se encargarían los teóricos de esto, tiempo después, de hacer una descripción legible y entendible de lo que los ojos del aficionado entienden como La Tapatía.

El día de autos

El pasado viernes 25 de septiembre del presente año de gracia, durante el primer tercio de la lidia del tercer toro de la primera corrida de la Feria de San Miguel de Sevilla, correspondiente al trianero Juan Ortega, pudimos ver, unos por la televisión y otros dentro de la plaza, que el diestro llevó a ese toro, llamado Cuba, de El Puerto de San Lorenzo, lo llevó al caballo con una suerte de capa poco vista, pero que a todas luces era La Tapatía de Pepe Ortiz.

Los que vimos la corrida por televisión, escuchamos el comentario de que se trataba de un galleo… así, lisa y llanamente. Y posteriormente, en las redes sociales y más tarde en las crónicas del festejo, se insistió en esa simplona versión, llegando a llamarlo galleo del bú. Varios aficionados, sobre todo de esta orilla del Atlántico, tratamos de hacer notar que la suerte que realizó Juan Ortega tiene paternidad y nombre propios, con poco eco.

El nacimiento de La Tapatía ya ha quedado claro. La cuestión es ahora, ¿se trata de un galleo?, o esa versión es solamente una muletilla para definir verbalmente y sobre la marcha a cualquier suerte que se realiza al paso.

Define al galleo el Diccionario Ilustrado de Términos Taurinos de Luis Nieto Manjón:

galleo. Quiebro que, ayudado con la capa, hace el torero ante el toro.

«Pepe – Hillo» lo considera dentro de la suerte de recorte que se ejecuta con la capa; y será Paquiro quien determinará que esta definición debe designarse con el nombre de galleo: «El galleo se diferencia del recorte en que se hace a favor del capote o algún otro engaño, mientras que el recorte se ejecuta con sólo el cuerpo». Sin embargo, es muy frecuente llamarlos genéricamente recortes.

De acuerdo con esa definición, el galleo es una especie del género quiebro, que a su vez, de acuerdo con el Diccionario del Arte de los Toros de José Carlos de Torres, es:

quiebro. «Es lo que se hace al toro con la capa, ladeando el cuerpo de perfil, o con las banderillas y recortes cuando llegan a juntarse el diestro y el toro en el centro de los quiebros» (T. de Hillo). - «Todo movimiento de cintura con el que se evita el hachazo» (T. de Montes)…

Vuelvo a la doctrina, para aclarar lo que hoy se entiende lo que es La Tapatía, dado que las apreciaciones primarias no reflejan más que el asombro que produjo el día de su presentación en sociedad. Recurro de nuevo a la obra de Luis Nieto Manjón:

tapatías. Lance que se compone de dos fases consecutivas: al costado por detrás y de frente por detrás, a la que sigue un giro del torero sobre sí mismo, inverso a la embestida del toro. Después de la primera queda el diestro en posición de hacer la segunda, la que una vez ejecutada gira como en el molinete, quedando de nuevo en suerte. Se atribuye su invención al diestro mexicano José Ortiz Puga.

El concepto habla de movimientos y de giros, pero en ningún momento refleja o considera quiebros o recortes, entonces, me es dable concluir, que en la ejecución de La Tapatía no se involucra o media galleo alguno, salvo que, en mi desconocimiento, torear al paso, implique gallear, pero cierto estoy, que esto no es así. 

Las diversas versiones

Luego, a propósito de la misma suerte, se afirmó que, si era la Rogerina, atribuida a Victoriano Roger Valencia II o la Cacerina, cuya paternidad se imputa a Pepe Cáceres. La cuestión es sencilla. Ambos toreros vinieron a México en su día y después de hacerlo, regresaron a su tierra y fueron a presentar allá la creación de Pepe Ortiz, desconocida para sus paisanos, misma que seguramente, fue señalada por la taurinidad de sus días, como creación de ellos. En sus distintas épocas, la información viajaba de maneras muy diferentes a las actuales y lo que sucedía en un lugar lejano, podría llegar a ser conocido o no.

El hecho es claro, el primero en ejecutar la suerte en el tiempo y en darle sello propio, fue indudablemente Pepe Ortiz, así que, sin darle tantas vueltas, es él quien tiene la paternidad de la criatura y no algún otro, por importante que pueda ser.

Coda

Creo que he podido aclarar, en la medida de mi entender, que La Tapatía no es un galleo, porque no implica ni quiebro ni recorte y las circunstancias en las que la ejecutó el pasado viernes Juan Ortega, tampoco le dan la calidad de quite, porque nada quitaba, sino que exactamente a la inversa, pretendía llevar al toro al caballo. Así creo que fueron las cosas.

Aviso parroquial: Agradezco a los amigos Octavio Lara y Sergio Peraza el haberme acercado un par de interesantes documentos para orientar mis pasos en la elaboración de estos pergeños. Y a quienes tengan la paciencia de llegar hasta este punto, les ofrezco una disculpa por la extensión, pero mucho más se podría argumentar a este propósito.

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