Aparte de la presencia del Huracán de Palma del Río, habrá que señalar que se levantaba el interés por los en ese entonces jóvenes matadores Raúl García y Jaime Rangel y el arranque de las carreras de los hijos de Jesús Solórzano, Fermín Espinosa Armillita y Alfonso Ramírez Calesero, quienes representaban un auténtico atractivo en el escalafón novilleril.
Así, la Feria de San Marcos de ese año del 64 constó de cuatro festejos, tres corridas de toros y una novillada, siendo el cierre del serial, programado para el domingo 26 de abril la corrida en la que, los seis espadas contratados para actuar en los dos festejos anteriores, se disputarían el trofeo que sería una réplica del Cristo Negro del Encino, donado por la radiodifusora XEYZ, propiedad de don Jesús Ramírez Gámez, el muy reconocido Abogao, quien fuera un reconocido taurino y apoderado del linarense Humberto Moro.
El avance del festejo
La nota previa al festejo, aparecida en el diario El Sol del Centro el día de la corrida, cuenta entre otras cosas, lo siguiente:
Y por primera ocasión en la historia del toreo en Aguascalientes, el festejo se convierte en un duelo entre seis matadores, disputando la obtención de un trofeo, de un magnífico trofeo: El Cristo Negro del Encino... Calesero, Manuel Capetillo, Humberto Moro, Joaquín Bernadó, Raúl García y Jaime Rangel son los seis espadas que la tarde de hoy saldrán a la arena a pugnar por el triunfo, que llegará aparejado con la conquista de tan hermoso galardón. Porque se trata, en realidad de una bella presea, que, por su calidad artística y por su simbolismo, animará los anhelos del diestro más ambicioso... no olvidemos que los toros a lidiarse hoy son de la ganadería de Santacilia, cuya divisa se cubrió de gloria, en nuestra plaza, en fecha reciente. Precisamente cuando la segunda actuación de El Cordobés...
La nota precisa una cuestión importante, en la corrida del jueves 19 de febrero anterior, la corrida de Santacilia permitió un resonante triunfo tanto a Raúl García, que cortó dos orejas, como a Antonio Campos El Imposible, quien cortó dos orejas al sexto de la corrida. La ganadería de los Obregón Santacilia sin duda pasaba por un momento importante en esos días.
El triunfo de Joaquín Bernadó
El trofeo en disputa fue para Joaquín Bernadó. Su faena al cuarto de la tarde, fue calificada por don Jesús Gómez Medina, en su relación escrita para El Sol del Centro, como la faena de la feria, en la que, entre otras cosas, nos cuenta:
Todo principió con una larga afarolada, de hinojos. Desde este momento, Bernadó puso de relieve que, en contraste con lo hierático de su porte, bajo la chaquetilla se encubría un corazón ambicioso de palmas, con celo de triunfo… Tras del lance de hinojos, Bernadó lo hace de pie, al natural, con verdadero primor. Los aplausos suben de grado y se transforman en rotunda ovación cuando a continuación, el rubio torero hispano prosigue toreando por preciosas chicuelinas, aprovechando a maravillas la docilidad y alegría del de Santacilia... La faena fue prologada con tres pases altos, seguidos de un firmazo desdeñoso. Y, con el refajo en la diestra, prosigue la exhibición de torerismo y de arte... El de Santacilia, cierto, es muy bravo y su embestida de seda. Pero, ¡cómo tira de él y lo templa y lo hace girar en torno suyo, con el exclusivo, preciso, pausado girar de brazos y muleta, Joaquín Bernadó! … El trasteo prosigue. A la serie inicial de derechazos sumáronse, en apretado racimo, los pases naturales tersos, pulidos, algunos de ellos, de dimensiones extraordinarias... A una tanda de naturales síguese otra de más pases en redondo con la derecha, igualmente soberbios en su calidad, igualmente brillantes por su ejecución. Y entre tanto, el de Santacilia embistiendo con idéntica bravura, apresado en el embrujo de una muleta que lo guiaba con suavidad y también con imperio… ¡Y el público de pie, aclamando al gran torero! Porque ya entonces sonaba el grito consagrador: ¡Torero!... ¡Torero! … La faena logra su culminación en los muletazos circulares, prodigio de temple y de mando, precursores del capítulo de adornos... Y en cuanto el bicho cuadró, allá fue el pupilo de "Rayito", tras del acero, para sepultarlo todo en el propio morrillo... La escena, entonces, fue de auténtica apoteosis. Albearon los tendidos pidiendo para Bernadó los máximos trofeos. Y llevando estos en la mano que acababa de escribir el capítulo más brillante de la feria, el diestro hispano recorrió varias veces el ruedo bajo un alud de prendas y entre aclamaciones sin fin... Los despojos del bravo y nobilísimo astado merecieron los honores del arrastre lento. Y su criador también salió a la arena y recorrió el ruedo en compañía de Bernadó...
La faena relatada por don Jesús refleja el hecho de que Joaquín Bernadó comprendió a cabalidad las extraordinarias condiciones del toro que le tocó en suerte y que le valdría alzarse como el triunfador absoluto del festejo.
La gran tarde de Humberto Moro
Aunque la faena de Bernadó resultó ser superior, en el toro anterior, Humberto Moro también hizo un intento serio para llevarse el trofeo a sus vitrinas. Vuelvo a citar el relato de don Jesús:
La determinación de triunfo mostrada la víspera por Humberto Moro, prosiguió ayer haciendo acto de presencia, impulsándolo a la postre, a la conquista de los dos apéndices auriculares del tercero... Fue éste un toro de suave embestida, aunque un tanto tardo para hacerlo. En el primer tercio, lo mejor fue un quite por chicuelinas ceñidísimas... El trasteo de Humberto está constituido exclusivamente, por el toreo en redondo. Con la diestra y también con la otra, la de la máxima valía en estas lides, Moro se pasa al de Santacilia una y muchas veces haciendo gala de su facilidad para correr la mano, llevando muy abajo el engaño... En ocasiones, la desbordada afición del torero determina que no haya limpieza plena en los muletazos. Pero otros, en cambio, brotan límpidos, cuajados de temple y de hondura, acrecentada su longitud por el mando del lidiador... Fue precisamente en los medios del ruedo, donde se producen los mejores pases: una tanda de derechazos estupendos, que pusieron de pie a los espectadores... Tras de todo ello, la estocada completa. Gran ovación, las dos orejas y otras tantas vueltas al ruedo fueron el premio a la gana y al torerismo de Humberto Moro...
El torero de la Izquierda de Oro estableció la marca a superar en esa tarde, y también ratificó ante la afición de esta su tierra adoptiva que seguía teniendo la onza y que podía cambiarla cuando las condiciones así se prestaran.
El resto de la corrida
La crónica de don Jesús Gómez Medina resalta el tesón de Calesero y de Raúl García ante toros que pronto se agarraron al piso; la mala fortuna de Jaime Rangel, que tuvo un toro que se echó a perder después de un puyazo mal pegado que prácticamente lo inutilizó y deja unas líneas de crítica a la indolencia de Manuel Capetillo, quien salió solamente a pasaportar a su toro, para despacharlo de cualquier forma, aunque afirma el cronista “no constituía un problema mayor”.
El trofeo en disputa
En esta tarde el trofeo se entregó a Bernadó en el ruedo al término de la corrida. Años después, el Cristo Negro del Encino se destinaría para premiar al triunfador de la novillada de feria, que reunía a los más destacados de la temporada previa al serial abrileño, hoy una tradición lamentablemente perdida.

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