domingo, 2 de mayo de 2021

3 de mayo de 1951: Paco Ortiz se presenta en Las Ventas de Madrid

Paco Ortiz y los Tres Mosqueteros
Plaza México, 12 de marzo de 1950
Foto: Carlos González
El primer novillero que llenó la Plaza México después del infortunado Joselillo, fue Paco Ortiz, un torero bajito de Apan, Hidalgo, que aprendió los rudimentos del oficio en la ganadería de su paisano don Heriberto Rodríguez, aquel que gustaba de poner nombres estridentes, por lo cómico, a los toros que lidiaba en las plazas. Recorrió los pueblos de su estado y las antesalas de la capital mexicana, como lo eran el Rancho del Charro o la placita de Naucalpan, allí compartiría carteles con otros aspirantes que caminarían lejos en las arenas de los ruedos, como Jesús Córdoba o Alfredo Leal.

Su presentación en la Plaza México ocurrió el 4 de julio de 1948. Fue el primero de los Tres Mosqueteros de esa generación del 48 en debutar allí, pues Jesús Córdoba lo haría dos domingos después, Manuel Capetillo hasta el 8 de agosto y Rafael Rodríguez el 5 de septiembre. Esos cuatro toreros serían la cabeza de una de las generaciones de novilleros más brillantes, si no es que la más brillante de la historia del toreo de este país. Cerró su calendario cortando tres orejas y dos rabos: el 10 de octubre a Tremolero de La Laguna y el 31 del mismo mes a Currito de Pastejé. A cambio, el 25 de julio fue herido en la femoral profunda por Chiclanero de Coaxamalucan, lo que lo tuvo parado hasta septiembre.

Al final de ese intenso ciclo novilleril, Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba y Manuel Capetillo recibirían la alternativa con todos los honores, pero Paco Ortiz tendría que regresar a la temporada chica del 49, misma en la que toreó 7 novilladas en la gran plaza y una, el 12 de junio, en el Toreo de Cuatro Caminos. Empezó las cosas justo en dónde las había dejado el año anterior, pues en su presentación el 15 de mayo, le corta el rabo a un novillo de Pastejé; resulta herido de cierta gravedad en su incursión cuatrocaminera, lo que lo para un mes y termina la temporada con otra cornada, grave, del novillo Fanfarrón de La Laguna el día 13 de noviembre.

Con todo ese camino avanzado, le llega al fin la alternativa a Paco Ortiz. Se verificaría en el Toreo de Puebla el 22 de enero de 1950. Allí Silverio Pérez, en presencia de Antonio Velázquez, le cedería los trastos de matar para despachar a Olivero de La Punta. El 12 de marzo siguiente vendría la confirmación en la capital de la República y sería un cartel histórico, pues se volverían a reunir en la capital, por última vez, vestidos de luces, los Tres Mosqueteros y su D’Artagnan. Esa lluviosa tarde, El Volcán de Aguascalientes, en presencia de Jesús Córdoba y Manuel Capetillo le cedió al toro Carpanto de Xajay con el que apenas pudo estar digno, dentro del aguacero que caía.

Renuncia al doctorado y a España

Quizás Paco Ortiz no estaba toreando con la frecuencia que esperaba, o quizás creyó que tenía que terminar su preparación, pero en abril de 1951 anunció su intención de viajar a España a torear novilladas y a obtener, con fuerza, una alternativa allá. Lo haría de la mano de Rafael Sánchez El Pipo, quien, con su importante presencia en aquel medio, le podría arreglar una interesante campaña. Harían también ese viaje los novilleros mexicanos Lalo Vargas, Anselmo Liceaga, Jaime Bolaños, José Juárez Gitanillo, Fernando López y Rubén Rojas El Jarocho.

Abrió ese año nada menos que en la plaza de Las Ventas, en Madrid, la tarde del jueves 3 de mayo de ese 1951. Se enfrentaría a novillos de la ganadería debutante de las señoritas Enriqueta y Serafina Moreno de la CovaSaltillo puro – y alternaría con Joaquín Rodríguez Cagancho hijo y Jesús Gracia. La novillada fue complicada y resolvió la papeleta con dignidad. Manuel Sánchez del Arco Giraldillo, en su tribuna del ABC de Madrid, cuenta lo siguiente acerca de su presentación:

¿Quién salió contento de la novillada que ayer se celebró en Madrid? Los empresarios no contaron más que con media entrada; el ganadero vio «fogueado» uno de sus toros – fogueado o «negreado» por las banderillas denigrantes –, y los toreros vapuleados unos y rendidos otros. El público, aterido, no sólo por el airecillo impertinente, sino por la frialdad de lo que en la arena ocurría...

La ganadería – puesta a nombre de las señoritas Serafina y Enriqueta Moreno de la Cova, por sus padres, los ganaderos D. Félix Moreno Ardanuy y doña Enriqueta de la Cova – acusó claramente la procedencia Saltillo... Buena la presentación de las reses, no hubo, en este aspecto, ningún reparo; pero todos los novillos mostraron el nervio y sentido de su casta...

El cuarto derrotaba y se escupía de capotes y caballos. En una de sus arrancadas fue a los alcances del mejicano Paco Ortiz, lo entrampilló y pisoteó, dejándolo medio conmocionado y con la chaquetilla rota...

El mejicano Paco Ortiz produjo buena impresión en el tercero. El novillo no era claro, pero él demostró mucha serenidad, llevando la muleta hasta el mismo hocico de la res. Le aplaudieron la faena y bastaron para la muerte dos pinchazos, hondo el último. Hubo muchas palmas y saludos desde el tercio. Punteaba el sexto, pero «Sevillanito» lo picó bien, aunque se salió de la raya y le quitó el mal genio. Ortiz comenzó con tres pases muy buenos, más en seguida fue cogido y sufrió un puntazo en la mano izquierda. Continuó valiente y mató de una estocada, ganando una ovación como despedida. Le anotaremos, además, un quite que hizo, con mucha fantasía, al novillo que rompió plaza...

Menos complaciente en sus comentarios fue Benjamín Bentura Barico, en el número de El Ruedo

 que salió a la venta el 10 de mayo siguiente:

Poca cosa fue la novillada del día de la Ascensión para público. Empresa y toreros. Poco es para el público dos puyazos magníficos de «Sevillanito», un quite de Paco Ortiz, algún que otro rasgo de valor de Gracia y la pelea de dos de los seis novillos. No hubo más digno de aplauso en la novillada del jueves pasado y hay que convenir en que lo reseñado no es mucho. De añadidura, el frío viento, que no cesó durante la novillada, influyó en el desánimo de los toreros, que se limitaron, no siempre con acierto, a salir del paso con el menor riesgo posible...

Poca cosa fue el festejo para los toreros. El chico de «Cagancho» oyó unas palmitas en el primero y una bronca y un aviso en el cuarto; Jesús Gracia fue cogido varias veces y oyó algunos aplausos de aliento, lo mismo que el mejicano Francisco Ortiz, que hacía su presentación. Y poca cosa fue el festejo para la Empresa, ya que entrada fue mediana...

Presentación discreta

Francisco Ortiz, novillero mejicano que ha toreado bastante en su país, hizo su presentación el pasado jueves en el ruedo de Madrid. Hizo un quite muy efectista en el primero. Poco más fue lo que Francisco Ortiz logró durante el resto de la novillada. El tercero no era fácil y Ortiz no pasó de regular, pero el sexto si y no mejoró el mejicano su labor en el último. No estuvo mal Francisco, ni bien. Poca cosa.

Como se puede ver, la presentación de Paco Ortiz en Madrid no fue precisamente la que hubiera soñado, pero le valió para torear allá otras cuatro novilladas en ruedos españoles: Cieza, Granada – 2 tardes consecutivas – y Albacete, además de otra en Povoa do Varzim, en Portugal. Con esos mimbres se le programó una segunda alternativa en Piedrahita, provincia de Ávila, para el 26 de agosto, misma que le concedió Pablo Lalanda, atestiguando Julio Aparicio, siendo los toros de doña María Fonseca.

La continuación del camino

Esa alternativa española la confirmaría otra vez en la Plaza México el 6 de marzo de 1952. Le apadrinaría Félix Briones y sería testigo Pepe Luis Vázquez (mexicano). El toro de la cesión se llamó Churumbel y fue de la ganadería de Atlanga. Paco Ortiz se conduciría en los ruedos con esa dignidad hasta el año de 1956, cuando decide volver al punto de partida y renunciar al doctorado. En esa ocasión contó a Rafael Morales Clarinero, en entrevista publicada en El Redondel el 7 de octubre de ese calendario, lo siguiente:

Hace tiempo que me habían hecho proposiciones, pero yo no me había decidido por romanticismo y cariño a una alternativa que me costó mucho obtener. De verdad que me “sudó el copete” para llegar a ella; pero me puse a pensar que otros toreros, Garza, Gorráez, Liceaga, Ricardo Torres y últimamente “El Callao”, la habían renunciado y tenido éxito y eso determinó que aceptara, a sabiendas de que el “paquete” es muy duro. De verdad siento una gran responsabilidad ante el público que siempre me ha alentado y es para mí una obsesión el dejarlo contento a como dé lugar…

Regresaría a la Plaza México y torearía dos novilladas, los domingos 7 y 14 de octubre de 1956. En esta segunda fue herido por Cabrillo, del ingeniero Mariano Ramírez, cuarto de la tarde. Y ya no regresaría a la gran plaza. Recibiría una tercera alternativa en Pachuca, el 16 de noviembre de 1959, de manos de Luis Castro El Soldado, con quien alternó en la lidia de toros de José María Franco, misma que ya no confirmó. Con ella llegaría al final de sus días en los ruedos y en la vida.

Tratando de terminar

Paco Ortiz fue el primero que salió a la escena pública en una temporada de novilladas que representó la alborada de una nueva Edad del Toreo en México, la de Plata. Las cornadas – fueron 8 las que recibió calificadas de graves – y quizás el destino no permitieron que escalara la cumbre de la tauromaquia como sus compañeros de generación, pero no era un hombre amargado, esto le contó a Clarinero en la entrevista citada antes:

Sinceramente no, me da tristeza no estar colocado en primer plano y no ser figura del toreo, pero que ellos estén bien me causa satisfacción y hasta me da ánimos. Esto de “El Callao” influyó en mí. Fue un vigoroso ejemplo de carácter, que espero seguir, si hay suerte…

Así veía la vida ese torero que, para la historia, siendo novillero, llenó la Plaza México. Paco Ortiz falleció en Pachuca el 13 de junio de 1984, apenas con 55 años de edad y tuvo la alegría de ver que la plaza de toros de Apan, su tierra, llevara su nombre para la posteridad.

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