domingo, 27 de junio de 2010

Toros en Uruguay, la Plaza del Real de San Carlos

La Historia del Toreo nos presenta varios casos de celebración de festejos taurinos en países en los que, la fiesta no está arraigada o fue impedida en su desarrollo por disposiciones gubernativas. La República Oriental del Uruguay se encuentra en ese caso, aunque en el entresiglos del XIX al XX, se intentó radicarla en esas tierras del Sur del Continente Americano y allí actuaron importantes figuras de esas calendas, en busca de ese objetivo.

En esta oportunidad haré referencia a dos festejos celebrados en una plaza de toros construida en la localidad de Colonia del Sacramento, situada a unos 150 kilómetros al Oeste de Montevideo, los años de 1910 y 1911, en una plaza de toros que, pese a las circunstancias, aún permanece en pie, resistiéndose a morir víctima de la incuria y el abandono.

La Plaza de Toros del Real de San Carlos

Nicolás Mihanovich, un inversionista argentino, inicia en el año de 1908 la edificación de un complejo turístico en Colonia del Sacramento, que se compondría de una Plaza de Toros, un Frontón, un Hipódromo, un Hotel con casino y balneario y como infraestructura, agregaría una planta para la generación de energía eléctrica y un muelle con atracadero para facilitar el acceso al lugar por la vía marítima y fluvial.

Las obras de construcción de la Plaza de Toros y el Frontón se iniciaron el año de 1908 y se concluyeron en 1910. El resultado fue un coso de apariencia neomudéjar en su exterior, con una capacidad para 8 mil espectadores y un redondel con un diámetro de 50 metros. La corrida inaugural se dio el día 9 de enero de ese último año, cuando para lidiar un encierro anunciado como de Ángel González Nandín – y que probablemente era de Manuel Albarrán –, alternaron Ricardo Torres Bombita y su hermano Manuel Bombita III. La entrada fue un lleno.

La historia oficial apunta dos versiones acerca del fin del funcionamiento ordinario de la Plaza del Real de San Carlos. La primera señala que en ella se dieron solamente 8 corridas de toros y que la última fue el 27 de marzo de 1910. La segunda, extiende algo más esa vida, pues pone ese finale en febrero de 1912, cuando el gobierno de José Batlle y Ordóñez – paradójicamente descendiente de catalanes de la región de Sitges – decretó la prohibición de las corridas de toros en el Uruguay. La segunda versión es la que parece más acertada, según se verá en los acontecimientos que adelante presento. Cerrada la posibilidad de utilizar el escenario para su fin originario e impuesto un gravamen a los turistas argentinos que eran una cantidad importante de los visitantes del complejo turístico, languideció y cayó en el abandono, quedando en nuestros días los restos de la pista del hipódromo y la plaza de toros, que como decía al inicio, se resiste a morir, pese a que tiene casi un siglo de incuria y abandono.

Dos corridas en el Real de San Carlos

Para el 4 de diciembre de 1910, se anunció un festejo con toros anunciados como de la Marquesa Viuda de Castellones para Ángel Carmona Camisero, Manuel González Rerre y Manuel García Revertito. Las lluvias veraniegas obligaron a posponer la corridas veraniegas obligaron a posponer el festejo, celebrándose finalmente el día 8 de diciembre.

Afirmo que los toros se anunciaron como de la Marquesa Viuda de Castellones, porque para esa fecha esa vacada ya no correspondía a su titularidad, pues aunque su fallecido marido la fundó en 1888 con vacas del Duque de Veragua y toros de Juan Vázquez, procedentes de Vistahermosa vía Núñez de Prado, para el año 1910 era propiedad de don Julio Laffitte, quien un año antes la había adquirido y que posteriormente la enajenó a Francisco Páez y de éste pasó a Antonio Natera, que le agregó sementales de Tamarón. Esta ganadería se extinguió durante la Guerra Civil Española siendo propiedad del Conde de Casal, que la adquirió en 1930.

El semanario madrileño Respetable Público del 18 de enero de 1911 recoge la crónica de ese festejo, que es la que sigue:

Por lluvia se suspendió la corrida anunciada para el día 4, verificándose hoy con el mismo cartel, o sean toros procedentes de la vacada que fue de Castellones y ‘Camisero’, ‘Rerre’ y ‘Revertito’.

Ángel Carmona se las tuvo que entender de primeras, con un animalito dificultoso que buscaba el bulto que era un primor. El hombre no se amilanó, estando valiente y cerca, logrando que cuadrara el morlaco y señalando una estocada que fue aplaudida. A su segundo le toreó de capa admirablemente y con la muleta estuvo parado y artístico, siendo ovacionado. Merecen consignarse de su faena un pase cambiado a muleta plegada y tres de pecho ceñidísimos. Marcó una estocada y las palmas debieron escucharse en su tierra.

‘Rerre’ demostró en sus toros buena voluntad nada más; el arte no lo vimos por parte alguna.

A ‘Revertito’ le correspondió el mejor toro de la tarde. Hizo algunos quites lucidos y cambiando el tercio, quiso banderillear en silla, siendo cogido y volteado, resultando ileso. Después dejó un buen par de frente. Su faena con la flámula la efectuó desde buen terreno, terminando con la simulación de un volapié que le valió demostraciones gratas de la concurrencia. En el que cerró plaza, que eran un manso que huía hasta de su sombra, sudó el muchacho la gota gorda, pues no encontraba manera de sujetar al indecente buey, terminando de cualquier modo, dado que intentar otra cosas hubiera sido perder el tiempo, por las infernales condiciones del animal.

La entrada fue flojísima, así que a los señores Malet y Pereyra no les envidiamos los resultados económicos de la temporada.
El segundo festejo al que me refiero se celebró el 29 de enero de 1911 y los toros en esta oportunidad fueron de Manuel Albarrán para Juan Sal Saleri, el ya nombrado Rerre y Joaquín Capa Capita, un torero sevillano que era conocido de la afición americana pues hacía campañas extensas de este lado del Atlántico y en Aguascalientes concretamente, era un torero de frecuente presencia.

Los toros de Albarrán eran procedentes de lo vazqueño de Ángel González Nandín, aunque en 1906 se les agregaron vacas y sementales de Villamarta y sementales de Murube, perdiéndose por absorción el encaste originario. Quizás en la fecha de la inauguración de la plaza se lidiaron también toros de don Manuel, pues ya para entonces, don Ángel González Nandín no era ganadero. En la actualidad y aunque con diversos encastes, los hierros de Aldeanueva y Herederos de Jacinto Ortega Casado son derivados de éste de Manuel Albarrán.

La crónica del corresponsal Merino, de nuevo para el semanario Respetable Público, aparecida en su ejemplar del 21 de marzo de 1911 es del tenor siguiente:

La corrida celebrada en la tarde de hoy, 29 de Enero, se hallaba á cargo de ‘Saleri’, ‘Rerre’ y ‘Capita’, quienes se las entendieron con seis toros de D. Manuel Albarrán, o al menos así decían los carteles.

Al aparecer las cuadrillas, el pueblo soberano les dio una ovación por la marcialidad con la que se presentaron.

El madrileño ‘Saleri’ se encontró en su primer toro con un animalejo noblote, bravo y que se prestaba a todo, lo cual quiere decir que le permitió hacer un sin fin de adornos, lo mismo con la capa que con la muleta, faenas que se complementaron en la suerte suprema, valiendo al de la villa del oso una calurosa ovación y abundante cosecha de tabacos. En su segundo toro, negro y bien armado, lucióse con los garapullos, colocando tres pares de las cortas y siendo saludado con dianas y aplausos. No lo fue menos con el trapo rojo y el pincho, dejando muy buena impresión de su labor.

El ‘Rerre’, voluntarioso y con ganas de oír las palmas, hizo cuanto estaba a su alcance por conquistar el favor de las masas; y como estas son indulgentes, aplaudieron al diestro sevillano sus deseos. Las faenas del ‘Rerre’ en los toros segundo y quinto sin que fueran excepcionales, ni mucho menos, eran pasaderas; y como este diestro no aspira a eclipsar las glorias de ninguno, se limitó a cumplir, a salir del paso y agarrar el 'apoquinen', que es lo importante. Con las banderillas estuvo muy bien en el quinto, en el que simuló con suma brevedad y valentía.

‘Capita’, que actuaba de matador, en unión de los mencionados, no desmereció del cuadro, toreando y matando y siempre demostró sus buenos deseos y afán por conquistar aplausos.

En el toro cuarto se efectuó el experimento del pedestal a cargo de ‘Don Tancredo’. El público emocionado, guardó un silencio absoluto, viendo como el hombre, llamado a sí mismo, el ‘Rey del valor’, esperaba impasible las acometidas del marrajo.

En resumen: la corrida resultó bastante buena, quedando la gente satisfecha. Los de aúpa, bien. Con el capote, el Alvarado y Riaño y con las banderillas el ‘Bisoqui’ y el ‘Chispa’. Las reses buenas, en relación con lo que se lidia por estas latitudes.

Me llama la atención el hecho de que se señale el hecho de que Capita actuaba de matador y me encuentro que desde el 13 de septiembre de 1908 había sido alternativado por Jerezano en Algeciras. Yo tenía la impresión de que era un claro ejemplo o reminiscencia histórica de lo que era un media espada, que igual salía como sobresaliente en algún festejo, como espada sustituto en otros, como subalterno en las cuadrillas o como matador cuando fuera posible, porque aquí en Aguascalientes en esas condiciones llegó a actuar en esos mismos tiempos.

Las crónicas refieren pobres entradas a esos festejos. Ese hecho crematístico y la decisión política de impedir la continuación de la fiesta en el Uruguay propiciaron el abandono del complejo turístico del Real de San Carlos. Hoy solo queda una especie de esqueleto de lo que en su día fue y la plaza de toros, que a un siglo de distancia mantiene su gallardía y resiste los embates del tiempo y de los elementos, nos recuerda que eso fue algún día, tierra taurina.

Agradezco a mis amigos: Joaquín Monfil su aportación para encontrar el hilo del origen de los toros lidiados en las corridas a las que hago referencia y a Rosa Jiménez Cano por permitirme utilizar algunas de las fotografías de la Plaza del Real de San Carlos que ilustran el anexo gráfico a este texto.

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