domingo, 25 de octubre de 2026

18 de octubre de 1981: Se presentan en plazas mexicanas Espartaco y Emilio Muñoz

Previo a la muy tapatía Feria de Octubre de hace 45 años, se dieron dos festejos para conmemorar el cincuentenario de don Ignacio García Aceves al frente de la empresa taurina de Guadalajara, de los cuales, 48 los desarrolló en la plaza de El Progreso y después del primer día de 1979, en la todavía llamada Monumental de Jalisco, a la que posteriormente se renombró como Nuevo Progreso. Contó el empresario a don Paco Madrazo para el libro Agotado el Boletaje:

Una noche de junio de 1931, el Dr. Ildefonso Zaragoza me fue a invitar como socio de su empresa. Estudiaba yo el segundo año de Leyes, y esa noche – echándole valor al asunto – me comprometí – sin avisarle a mi padre – a darle cincuenta novillos de nuestra ganadería de Guadalupe como aportación a la empresa. Don Lorenzo Garza era un hombre encantador y avaló mi chifladura, así es que, adiós leyes... En mis cincuenta años como empresario taurino, no recuerdo haber dejado fuera de mis elencos a ninguna figura ni diestro importante mundialmente conocida. De los nuestros, desde Fermín Espinosa “Armillita”, a Jorge Gutiérrez. De los españoles, desde Joaquín Rodríguez “Cagancho” a Juan Antonio Ruiz “Espartaco”. Sin tampoco haber faltado a mi plaza la famosa triada extranjera formada por Manolo dos Santos de Portugal, César Girón de Venezuela y Pepe Cáceres de Colombia... No recuerdo cual fue la primera corrida que vi en mi vida, pero no olvido a Luis Freg matando a los toros de una manera sensacional. Recuerdo también a un diestro español que tenía una panza más grande que la tuya, se llamaba Matías Lara “Larita”. Te daba risa verlo en la puerta de cuadrillas, pero después te asustaba de lo valiente que era. Respeté y admiré en todo lo que cabe a don Rodolfo Gaona, figuras de su talla nacen muy de vez en cuando. Ya en la calle fue otro cantar, me fue siempre chocante, no soportaba yo el ver a un mexicano conducirse y hablar como español. Conocí a Vicente Segura, un auténtico millonario que vistió de luces, pero muy basto y torpón, no recuerdo de él nada que valiera la pena. ¿Sabes a quién me tocó ver una tarde? A Carmelo Pérez, un torero de un valor espartano con una personalidad muy atrayente… De octubre de 1931 a la fecha, he tenido el gusto y el orgullo de haber contratado para mi plaza a todos los toreros mexicanos de importante cartel...

El domingo 18 de octubre de 1931 se dio una novillada en la plaza de toros El Progreso, en la que alternaron Saúl Guaso, Jesús González El Indio y Manuel Molina, ante novillos de La Estancia. Fue el primer festejo que organizaron en sociedad el doctor Ildefonso Zaragoza e Ignacio Garcia Aceves, quien calculaba, sin hacer números, que en sus primeros 50 años como empresario, seguramente dio más novilladas que corridas de toros.

Los festejos del cincuentenario

Para celebrar el aniversario del empresario, se organizaron dos festejos, una novillada que se celebró el sábado 17 de octubre, en la que actuaron Carlos Vidal, Curro Calesero y Luis Fernando Sánchez ante novillos de San Marcos y una corrida de toros en la que ante toros de San Mateo alternarían Manolo Arruza, Jorge Gutiérrez, Juan Antonio Ruiz Espartaco y Emilio Muñoz. 

La feria daría comienzo una semana después, arrancando el sábado 24, siendo precisamente Espartaco y Emilio Muñoz los atractivos ultramarinos de ese serial, junto con el rejoneador lusitano Joao Moura, y de las figuras mexicanas participarían Mariano Ramos, Manolo Arruza, Jorge Gutiérrez, David Silveti, Miguel Espinosa Armillita y como representante de los toreros de Guadalajara, Alfonso Hernández El Algabeño. La feria constaría de siete festejos y concluiría el primero de noviembre siguiente.

La presentación de Emilio Muñoz y Espartaco

Tanto Emilio Muñoz como Espartaco eran dos toreros que podríamos calificar como emergentes en el panorama taurino español en ese momento, pues habían recibido la alternativa poco menos de dos años antes, aunque en el caso del trianero Muñoz, el caso de su precocidad le había dado una amplia exposición mediática por aquellas tierras desde que era becerrista. En esos momentos los dos iban encaminados a tomar sitio como indiscutibles figuras del toreo, eran dos toreros de corte distinto y su devenir transcurriría por distintos derroteros.

Esa tarde, Emilio Muñoz solamente pudo enfrentar a uno de los dos del encierro titular que sacó en el sorteo, porque el segundo de su lote se descordó al estrellarse en un burladero y fue sustituido por un sobrero de Peñuelas. La crónica del festejo, escrita por el licenciado Francisco Baruqui para el diario El Informador, refiere acerca del hacer del torero de la Triana sevillana lo siguiente:

Quien crea que el Emilio Muñoz de la corrida de ayer es el que tanto he ponderado situándolo como la figura próxima de España, no crea estar en lo cierto. Emilio es torero de profundidad, de hondura y emotividad. Algo dejó ver en el tercero, citando clásicamente de frente al hacer el toreo por abajo, principalmente al natural. Ahora que, definitivamente, sintió la diferencia del tipo de embestida del astado español al mexicano. Le faltó bajar más la mano y acoplarse al son y al estilo. La gente le jaleó tocándole las palmas y haciéndole salir al tercio luego de una de tres cuartos y varios intentos de descabellar... Muchos espectadores a la salida del coso me abordaron para comentar sobre de Muñoz. Repetiré ahora lo que ahí les dije... No le han visto; dejen que tome ambiente, toree algo en el campo y le embista un toro ya con acoplamiento mayor y luego hablaremos. Le he visto desde sus inicios como becerrista, luego como novillero y su alternativa como matador. Este año la bordó en Sevilla, y... Ojalá la logre en Guadalajara... Porque con el capotillo como con la pañosa es torero y de los grandes. Necesita andar mejor con la espada. Aún le faltan tres bureles dentro de la feria. Mejor suerte para con ellos…

No ocultó don Paco Baruqui su gusto y preferencia por el toreo de Emilio Muñoz, en quien confesó tener puestas sus esperanzas. Dejaba puestas al tiempo las respuestas no dadas en esa tarde de su presentación.

Espartaco enfrentó completo su lote de San Mateo. La crónica refiere acerca del hacer del diestro de Espartinas lo siguiente:

También bordeando los veinte años debutó el rubio matador hispano Antonio Ruiz "Espartaco". El chaval tiene la simpatía que produce un rostro sonriente y carácter agradable. Bien que toreó a la verónica ciñéndose al toro y marcando bien los tiempos, yendo siempre adelante. Con la muleta, espectacular y despatarrado le tomó la distancia y velocidad a sus enemigos dejando ver que sabe ligar rematando con justeza series fincadas principalmente en ayudados por abajo con la derecha. Luego de meter la tizona entera en sitio que bastó, dio merecida vuelta en su primero, para con el octavo, un cárdeno impresionante, andar con recursos y dejar buena impresión. Al igual que mi criterio de Muñoz, insisto, hay que verlos a los dos con esperanza y más ambientados para sus futuras actuaciones...

Deja ver el cronista que una vez más ocurrió que los toreros del otro lado del mar se bajaron del avión para ir al hotel a vestirse y de allí ir a la plaza. Cuando se va enfrentar un compromiso de esa magnitud, se debe tener una preparación previa acorde a la magnitud del acontecimiento. Pero así se acostumbraba hilar las cosas… Y se sigue haciendo.

Espartaco, después de esa comparecencia en la feria de Guadalajara, no volvería a nuestro país sino hasta 21 de noviembre de 1999 para confirmar su alternativa en la Plaza México de manos de Eloy Cavazos y atestiguando Alfredo Gutiérrez. Por su parte, Emilio Muñoz actuaría en igual sentido, haciéndolo hasta el 2 de enero del 2000 apadrinándolo Manolo Mejía en presencia de Oscar San Román.

El triunfador de la tarde

El quinto de la corrida fue el toro bueno de la corrida. Buen Amigo, número 24, le correspondió a Manolo Arruza y con él realizó la faena de la tarde y redondeó el homenaje a don Ignacio. Escribe el cronista:

Si algún torero deseara redondear su faena soñada, la cumbre, puedo asegurar que la realizada por Manolo Arruza al quinto de la tarde – el del indulto –, sin lugar a dudas fue la de él. Definir lo que cuajó el vástago del inolvidable Ciclón tiene lo suyo. Puedo asegurar que si los términos de magistral, sentida, estética, soberbia en sí necesitaran de justificación, con la faena instrumentada por Manolo puede hacerse. Borrachera de bien torear. Erguida con la naturalidad de la también natural elegancia en la figura, bajando las manos por ambos lados, derrochando temple, mando, gusto por torear para sí mismo, gustándose a sí y gustando al aficionado... Bien tomada la distancia y el ritmo. Faena de armonía y de cadencia... La mejor que seguramente que hasta él hoy ha bordado, porque señores, lo que Arruza hizo fue eso... ¡Bordarla! Y allí queda...

En conclusión

Refería don Paco Baruqui en el introito de su crónica:

Hace cincuenta años, un joven ilusionado, enamorado de la más bella de todas las fiestas, incursionaba en el mundo de la empresa taurina. Cincuenta años hace que iniciándose entusiastamente echaba a rodar la rueda de las satisfacciones, las contrariedades, las angustias, las esperanzas, los triunfos y fracasos... Realidades todas en sí… Hoy, cincuenta años después, aquel hombre joven se mira pleno, completo, totalmente realizado. Empresario figura y figura de los empresarios siente culminada su labor. Hoy, cincuenta años después, ha experimentado la alegría inmensa de sentirse y estar acompañado en una misa, la develación de una estatua con su efigie, una corrida memorable y un festejo social en su honor. Estamos con él. Y si en muchas ocasiones tuve que arremeter en contra de lo que definitivamente no era, él sabe que con la limpieza con la que miro la fiesta de toros - que al cabo y al fin es de la forma misma que también la mira él -, llega a esos cincuenta años dando el espectáculo verdad, íntegro, y único que es el toro íntegro y verdadero. Sea mi enhorabuena para Ignacio García Aceves y que el destino, como sé que lo desea también, le depare otros cincuenta más al frente de su plaza, de su empresa, de su afición y su enamoramiento. Parabienes mil…

Así fue como se reconoció a un empresario independiente, que llevó su plaza y la defendió para que en su tierra la fiesta de los toros se mantuviera presente.

domingo, 11 de octubre de 2026

11 de octubre de 1928: Edmundo Maldonado El Tato recibe la alternativa en Madrid

Edmundo Maldonado El Tato nació en la Ciudad de México, exactamente en Azcapotzalco, el 15 de marzo de 1906. Durante su infancia, su familia se trasladó al entonces pueblo de Tacuba y allí fue donde se desarrolló como persona y dónde se hizo torero. Don Heriberto Lanfranchi le registra una primera actuación vestido de luces, precisamente en la plaza De la Rosa, de esa localidad, el 12 de noviembre de 1925, misma de la que en lo personal, en los medios de prensa a mi alcance, no encontré referencia alguna.

Su primera actuación en el Toreo de la Condesa se produjo el 23 de mayo de 1926, alternando con Manuel Gómez Blanco Yucateco y el onubense Jesús Trinidad Litri en la lidia de novillos de Zotoluca. El cronista de El Universal Taurino que firmó como Verdugones, refiere entre otras cuestiones acerca de la actuación de El Tato, lo siguiente:

Me refiero a Edmundo Maldonado “Tato”, mozalbete acido en Azcapotzalco, criado en el pueblo de Tacuba, donde aún se llevan a la práctica los juicios salomónicos y aclamado hoy en la plaza “El Toreo” ... Maldonado, que es un recién nacido en esto de los toros, pues hoy se ha puesto por primera vez un traje de luces que por cierto era de “Chicuelo” ... “Tato” promete llegar muy arriba. Yo no he querido detallar su labor, prefiriendo dar una impresión fría, desapasionada, serena, de lo que hizo en esta su primera novillada formal. ¡Qué siga por buen camino, y que Dios lo cuide! …

El Tato salió en hombros de El Toreo y de la crónica de Verdugones se puede extraer que, para ese cronista, esa era la primera novillada que toreaba vestido de luces, agregando yo, que en otro pasaje, señalaba, que el vestido que llevaba, perteneció en su día a Chicuelo.

Años después, Rafael Solana Verduguillo, al relatar la historia de Tres Décadas de Toreo en México, hace las siguientes reflexiones sobre ese momento histórico de la novillería mexicana:

La temporada de novilladas del año de 1927 estuvo llena de promesas. Nunca, antes de entonces, habían contado los empresarios de las llamadas temporadas “chicas” con una lista tan larga de toreros que interesaran a tal grado... Bautista Villaseca, contratista en carnes, radicado en el pueblo de Tacuba, tenía también un muchacho a quien ayudaba, y despuntaba como un artista muy fino: Edmundo Maldonado “Tato” ... Todos los nuevos espadas que presentaban a los señores Morín y Villalobos triunfaban la tarde misma de su debut. A la lista de victoriosos que formaban “El Tato”, Paco Gorráez, Heriberto García, Jorge Álvarez, Jesús Solórzano, “Armillita Chico”, etc., bien pronto se agregaron dos nombres más: los de Alberto Balderas y José Muñoz...

Si bien la cita se refiere a la temporada siguiente, es importante destacar un detalle. En la plaza de Tacuba ya entrenaba y enseñaba el toreo Samuel Solís. Aunque Verduguillo señala que a El Tato lo ayudaba el señor Villaseca, su apoyo era más en los despachos que en la transmisión de la técnica del toreo. No encontré referencia escrita de que haya sido discípulo de Samuel Solís en el aprendizaje del oficio del toreo, pero si lo aprendió en la plaza de toros que en su día estuvo ubicada en las inmediaciones de lo que actualmente es la confluencia de las avenidas Marina Nacional y Mariano Escobedo en la capital mexicana, es altamente probable que el discípulo de Ojitos haya sido al menos, su primer mentor.

Creo, para concluir con este apartado, que la temporada novilleril mexicana de 1927 tuvo un solo nombre, el de Fermín Espinosa Armillita Chico y los demás que sacaron la cabeza ese ciclo, tuvieron que esperar su momento para encontrar su sitio en la historia.

A España en 1928

El Tato se marchó a España en el año de 1928 con el propósito de torear novilladas allá y buscar una alternativa con fuerza, que le proyectara a hacer una carrera más o menos larga como matador de toros. Logra presentarse en la plaza de Tetuán de las Victorias, a las puertas de Madrid el 13 de mayo de ese año, alternando con Pedro Morales Sanluqueño y Miguel Olza Vaquerín, en la lidia de novillos de Leopoldo Abente. Después de torear tres tardes consecutivas allí en Tetuán, recorre la geografía hispana actuando en plazas de primer orden como Zaragoza, Valencia, Barcelona y se presenta en Madrid el 15 de agosto de 1928, para lidiar novillos de Gabriel González en unión de Fermín Esteban, Sacristán Fuentes y Francisco Gómez Aldeano. Esta fue la impresión que causó por esos andares, según la pluma de Marcelo, cronista del diario madrileño La Voz:

Rodolfo Gaona, el torero de Méjico que se abrió paso en una época de grandes figuras y que ocupó un puesto de vanguardia por derecho de conquista, fue el precursor de la invasión coletuda de la patria de Moctezuma. Nada podemos ni debemos objetar por el intercambio de artistas, ya que los españoles tienen de par en par abiertas las plazas mejicanas, como las tuvieron siempre, y si gozamos de este régimen de cortesía allí, justo es que aquí sean objeto de recepción afectuosa los diestros del otro lado del mar que saben torear y quieren dar acabadas pruebas de su gentileza... El último, por ahora, es Edmundo Maldonado, y aunque parezca por el nombre que es diputado o candidato, al menos, por el distrito de Guanajuato, nosotros nos atrevemos a decir que es torero, y torero de buen estilo, valiente y enterado. Hábil con el capote, maneja bien la muleta y castiga y manda. Con el acero entra decidido y sabe jugar muy bien la izquierda, pasa salirse de la reunión con soltura, sin tropiezos ni embarullamiento... ¡Ah!, se apoda nada menos que Tato, y como no es el primero que usa el remoquete que llevó el yerno de Curro Cúchares, esperamos de él, de Edmundo Maldonado, que no lo profane, como aquellos lo hicieron en sus incursiones por el campo de la Historia...

Así de buena fue la impresión dejada por El Tato en su andar en las filas de la novillería durante la temporada de novilladas del año 1928 en las plazas españolas. Por esa razón no sería sorprendente que recibiera la alternativa al cierre del calendario en una plaza de importancia.

La Corrida de la Prensa de 1928

De acuerdo con las diversas crónicas del festejo, la celebración del tradicional festejo a beneficio de la Asociación de la Prensa madrileña, pasó por diversas vicisitudes que difirieron su celebración hasta el 11 de octubre de ese calendario. Cuenta Rafael Hernández y Ramírez de Alda Rafael en La Libertad:

Después de varias suspensiones, de confeccionar diversos carteles, de vencer dificultades sin cuento, pudo celebrarse ayer la tradicional corrida de la Prensa, en la que Fortuna, Valencia II, Villalta y el nuevo doctor Tato de Méjico se disputaban el premio de la oreja de oro que anualmente concede nuestra Asociación. Se llenó la plaza; el otoño nos obsequió con uno de sus días más bellos, y la fiesta tuvo la virtud de agradarle al público...

De lo transcrito, se desprende el cartel de toreros, que se las verían con cuatro toros de Manuel Martín Alonso, antes del Duque de Veragua, de Madrid y otros cuatro de Manuel García, antes de Aleas, de Colmenar Viejo. 

Aparte de la Oreja de Oro en disputa, que fue la última de su naturaleza que se puso en juego en una corrida de esta naturaleza, en los carteles anunciadores del festejo se hizo saber que tras del paseíllo, se entregaría a Diego Mazquiarán Fortuna, la Cruz de Beneficencia en reconocimiento a su hazaña del 23 de enero anterior, en la avenida Conde de Peñalver, donde estoqueó un toro desmandado, para evitar que causara una desgracia.

Y una vez que partieron plaza Fortuna, vestido de violeta y oro; Valencia II, de blanco y oro; Nicanor Villalta, con terno malva y oro; y, El Tato, con vestido grana y oro, y celebrada la entrega de la presea anunciada al primer espada, salió el primero de la tarde, llamado Rosquillero, de Martín Alonso, toro colorado con el que Edmundo Maldonado El Tato, se convertiría en matador de toros. Escribió Federico M. Alcázar, para el diario El Imparcial:

Empieza el festejo. La Plaza se va llenando poco a poco, y cuando sale el primer toro, de Veragua, quedan unos pequeños claros en la sombra... Tato de Méjico, que toma la alternativa, empujado por el triunfo que consiguió en esta Plaza la última novillada quo toreó, da unos lances, en dos tiempos, con suavidad y templo de buen torero. Los aplausos se repiten en el primer quite, y se hacen extensivos a Fortuna al echarse el capote a la espalda y rematar tocando el testuz... Ceremonia de alternativa. Fortuna arma matador de toros a Tato de Méjico. Felicitaciones de rigor… El de Veragua llega a la muleta agotado, pero docilón, y el nuevo doctor empieza con dos muletazos por bajo, y luego torea en redondo y de pecho, parado, suave y artista. Se rompe el aplauso, y continúa la faena, dando algunos pases de admirable factura. Arranca derecho y coloca una corta arriba. Dobla el toro y se aplaude al flamante matador...

Mejor estuvo ante el octavo de la corrida, lidiado ya con el auxilio de la luz eléctrica, según cuenta Maximiliano Clavo Corinto y Oro para el diario La Voz:

La pelea que hace “Señorito” es de manso sin atenuantes. No nos ha salido uno bravo de verdad… Conste también este detalle. Huyendo de todo cuanto ve moverse en la plaza y buscando la barrera a todo trapo se consigue hacerle tropezar con los jacos de tanda, y con tal mal estilo pelea con ellos que no hay caperuza porque hay hombres de buena voluntad... La noche se nos echa encima en el primer tercio y el alumbrado eléctrico se hace para acabar la corrida... Final: Tato de Méjico hace ahora los verdaderos honores a su doctorado y al cartel que me dicen tiene en Madrid. La faena que hace el mejicano al colmenareño es de artista brillante. Sobre la mano derecha da una serie de parones con absoluta rigidez, llevando al bicho clavado en los vuelos de la franela con extraordinario temple. El público se entrega al Tato en una ovación grande y en un olé general y entusiasta. Falta a la bonita faena, sin embargo, un digno remate. Tato da un pinchazo sin bajar lo suficiente la mano izquierda, media estocada ida, otro pinchazo, y la cosa se hace pesada al final. Con un descabello al primer golpe termina la corrida de la Oreja de Oro, en la que me parece que el diestro Fortuna va a salir doblemente condecorado...

Como podemos apreciar, sin haber triunfado con rotundidad, El Tato justificó su inclusión en un cartel de tan grande tradición y también el hecho de que se le haya investido matador de toros en la plaza de toros más importante del mundo.

La alternativa de El Tato fue la tercera de un torero mexicano en la plaza de la Carretera de Aragón, después de las de Ponciano Díaz celebrada el 17 de octubre de 1887 y de Refulgente Álvarez, del 17 de julio de 1927. También fue la última de un paisano nuestro en ese redondel, porque el siguiente mexicano que se doctoró en Madrid, ya lo hizo en la plaza de Las Ventas.

El Tato se presentaría como matador de toros en El Toreo de la Condesa el 20 de octubre de 1929 y se marcharía a torear a Colombia en 1934, país en el que estableció su residencia, falleciendo en su capital, Bogotá, el 29 de mayo de 1964.

domingo, 4 de octubre de 2026

4 de octubre de 1908: Rodolfo Gaona se presenta en México como matador de toros


La campaña española de Rodolfo Gaona en 1908 fue brevísima, apenas de seis festejos, entre la corrida de su alternativa, celebrada el 31 de mayo y el festejo final de ese ciclo, en la Chata de Carabanchel el 19 de julio siguiente, corrida tras de la cual, pese a su apoderado y mentor Ojitos recibía ofertas para que se presentara en diversas plazas durante las ferias del verano, éste decidió que ya era hora de volver a México. Tras de la vuelta, habría que presentarse en las plazas nacionales. El Califa de León le contó lo siguiente a Monosabio en Mis Veinte años de Torero:

Vine contratado por Ramón López a la brevísima temporada que hizo en la plaza “México”. Esa temporada, en que pudo ganarse buen dinero, fracasó por falta de toros bravos. Todavía me acuerdo de los bueyes de Parangueo, del Cazadero, del Venadero, de Guanamé, ¡qué sé yo de dónde! Los toros de cartel estaban comprados para “El Toreo”. Nosotros sólo tuvimos bravos los toros de Concha y Sierra y de Carreros... Concluida la breve temporada de la plaza “México”, me fui a “El Toreo” con “Gallito” y “Bienvenida”. Allí se estuvieron lidiando, con plaza hasta los topes, torillos bravos y sin respeto...

Ramón López había anunciado que se retiraba del negocio de los toros cuando se inauguró el Toreo de la Condesa, pero el hecho de que su amigo, paisano y otrora colega Ojitos apoderara a Gaona, fue lo que quizás le animó a dar una temporada más, pero en condiciones de amplia desventaja, porque fuera de los encierros hispanos mencionados por el torero, las corridas nacionales de garantía estaban totalmente cooptadas por la empresa de José del Rivero, que llevaba los asuntos del coso de la colonia Condesa.

Por otra parte, el elenco que ofreció Ramón López era exiguo, apenas tres toreros: el ya nombrado Gaona, Manuel Lara Jerezano y Rufino San Vicente Chiquito de Begoña y ganado de Carreros, Concha y Sierra, Venadero, Cieneguilla, y Parangueo. Con esos mimbres era complicado dar más allá de la media docena de corridas que al final terminó ofreciendo a la afición.   

La primera corrida del año en la Plaza México

Pese a que también se abría la temporada en El Toreo ese domingo 4 de octubre, había interés por ver la presentación de Gaona en el coso de la Calzada de la Piedad. Leemos en el diario capitalino El Correo Español la víspera de la corrida:

Es extraordinaria la demanda de localidades para la corrida de mañana en la plaza "Méjico". Ya hemos dicho otras veces que el entusiasmo despertado por Rodolfo Gaona, el notable torero mejicano, no tiene límites, y que los aficionados se prometen verdaderas proezas del muchacho… Esto ha dado por resultado que el despacho de billetes que la empresa tiene establecido en la calle de la Independencia se viera concurridísimo por los entusiastas del diestro leonés, temerosos de quedarse sin entrada... El lleno de mañana se da como cosa segura, en vista del creciente entusiasmo de la afición... Debemos advertir que Gaona se ha pasado toda la semana toreando en una hacienda próxima a la capital y se propone justificar mañana la gran fama que hubo de conquistarse en Madrid... También “Jerezano” que alternará con Gaona, viene deseoso de “hacerse cartel”, y como es un torero serio y un matador seguro, mucho confiamos en su victoria...

El periódico que tenía por mercado la colonia española de la Ciudad de México exponía una animada actitud de la afición hacia la apuesta de Ramón López por construir una temporada en torno a la figura del joven torero mexicano.

Por su parte, el día de la corrida, otro periódico de la capital, El Diario, presenta una breve reseña de los toros de Carreros que se lidiarían esa tarde:

La empresa Ramón López y Compañía, que explota el coso taurino ubicado en la Calzada de la Piedad, puso ayer a la vista del público los toros españoles de Juanito Carreros, que deberán ser lidiados con divisa negra y blanca por las cuadrillas de los matadores Manuel Lara, "Jerezano" y Rodolfo Gaona... En uno de los corrales de la plaza se encuentran 10 cabestros, todos con sus gargantones y cencerros, y en el otro están nueve toros de la ganadería del señor don Juan Manuel Sánchez, vecino de Salamanca y de donde proceden los toros de Carreros... Hay seis toros negros, un berrendo en castaño, calcetero, un negro bragao, y un castaño, estando todos bien armados y de los que infunden respeto...

Todo hacía parecer que Ramón López no había escatimado recursos para arrancar lo que podría haber sido una temporada histórica y triunfal.

La corrida inaugural

En una tarde de buen clima, llegaron a la plaza Jerezano y Gaona, encontrándose con que el reclamo de la presentación del joven matador de toros mexicano fue suficiente para colmar las doce mil localidades del coso. La actuación de Gaona esa tarde, la resume Omega para el diario El País de la capital de la República, de la siguiente forma:

Principiaré por decir que este diestro a pesar de su meritísima labor no escuchó todas las ovaciones a las que se hizo acreedor. El público se mostró parco en el aplauso, no explicándome el porqué de esa frialdad del “respetable” para con el modesto y pundonoroso Gaona... Éste toreó magistralmente de capa al segundo de los de Carreros, dando seis magníficas verónicas, dos recortes y una larga de las que el niño de León tiene la exclusiva, siendo premiado con la única ovación delirante de la tarde... Al cuarto toro lo cambió de rodillas aguantando y cargando la suerte a la perfección; cambio digno de el gran jefe de la dinastía de los “Gallos”... A los quites acudió con gran oportunidad, haciéndolos siempre distintos y rematándolos con suma elegancia y gallardía... En su primer adversario, cuya muerte brindó al acaudalado ganadero Sr. D. Ignacio de la Torre y Mier, se lució toreando con la muleta por lo elegante, tranquilo y ceñido que estuvo; como la res humillaba Gaona se vio precisado a pinchar en tres ocasiones, entrando siempre sobre corto y jugando la mano izquierda a la perfección... En el cuarto llevó a cabo Rodolfo una faena de verdadero maestro, dadas las condiciones en que lo encontró, demostrando que es un gran torero no sólo con los toros boyantes, sino aun en los que llegan con dificultades y vendiendo caro el pellejo en el tranco final… Varias veces entró a matar, haciéndolo siempre con la intención de meter toda la espada, cosa que no pudo ejecutar debido a lo quedado del toro hispano... Es indudable que, si Gaona ejecuta esta faena ante un público verdaderamente inteligente, con seguridad que la ovación hubiera sido de aquellas que hacen época. ¡Bravo Gaona, así siempre! … Al buey causante de la cogida de “Jerezano” lo despachó Gaona de una estocada contraria, pinchando antes tres veces, sacando un fuerte varetazo en el brazo derecho por desarmar… Cerró plaza un toro manejable al que toreó Rodolfo con lucimiento, dando una serie de pases perfectamente acabados, coronando su labor con magnífica estocada a volapié en todo lo alto que fue la de la tarde...

Dice el cronista que Gaona brindó el primero de su lote a Ignacio de la Torre y Mier, yerno del presidente Díaz y ganadero de San Nicolás Peralta, ubicada en las cercanías de la Ciudad de México, lugar en el que probablemente, conforme a la nota previa aparecida en El Correo Español, estuvo preparándose en la semana previa a la corrida. La misma crónica omite señalar que el cuarto de la tarde lo brindó a don Luis Reyes Spíndola, director propietario del diario El Imparcial, el de mayor circulación en la capital.

Como podemos ver, no fue una tarde de triunfos redondos, sino de demostración de suficiencia y de poderío ante los toros. Gaona terminó estoqueando cuatro toros, porque Jerezano acabó en la enfermería durante la lidia del quinto, con las siguientes lesiones, según parte rendido por el doctor Silverio Gómez:

Manuel Lara “Jerezano” tiene una contusión profunda en el tercio medio y cara anterior del muslo derecho, con ruptura de aponeurosis. Sanará después de 15 días.

En lenguaje de estos días, se llevó una cornada cerrada.

Terminando

Así fue la presentación de Rodolfo Gaona en la capital mexicana. Al final, como lo refiere en sus memorias, el Califa de León, se pasó al elenco de El Toreo, donde cerró su  primera temporada mexicana y el inicio de su ascenso a la cumbre del toreo.

domingo, 27 de septiembre de 2026

A las cosas, por su nombre...

La Tapatía de Pepe Ortiz

Un breve apunte sobre la Escuela Mexicana del Toreo

Samuel Solís se quitó el añadido en un festejo mixto celebrado el 27 de marzo de 1927, mismo en el que presentó a dos tres discípulos suyos, porque ya estaba afincado en la vieja plaza de toros de Tacuba y allí comenzaba a enseñar el toreo. Tenía el toreo en la cabeza, tenía bien aprendidos los conceptos que le transmitió Saturnino Frutos y en el andar por los ruedos, tuvo la ocasión de formarse también los propios. Así que decidió seguir el camino de su primer mentor y como Ojitos, aunque quizás de una manera más callada, se dedicó a formar toreros y a buscar uno que pusiera esto de cabeza.

No tardó mucho en encontrar el primer par de prospectos. Uno, llegaría a ser llamado El Torero de México y sería así considerado hasta que las astas de Cobijero terminaran con sus días; el otro, encaminaría sus afanes por las veredas de la literatura y la gastronomía. Pero esa pareja de Alberto Balderas y El Negro Muñoz pronto dio bastante de que hablar de ambos lados del Atlántico. Después de ellos vendrían David Liceaga y Ricardo Torres, alcanzando su cota más alta con Carlos Arruza, una de las figuras más destacadas de la historia universal del toreo.

También por su parte, Alberto Cosío Patatero formó a Heriberto García, a Fermín Rivera y a Amado Ramírez entre otros y posteriormente estos alumnos suyos, a su vez también se dedicaron a enseñar toreros y así, por ejemplo, Joselito Huerta se hizo torero con Heriberto García. Por su parte, otro discípulo de Ojitos, Luis Güemes, formó a Pepe Ortiz, quien a su vez ayudó en sus inicios a Jesús Córdoba y a Rafael Larrea y éstos después siguieron también formando toreros.

Esa es la verdadera Escuela Mexicana del Toreo, la que continuó las enseñanzas de Ojitos, adaptándolas a nuestra particular manera de ser.

El Orfebre Tapatío

Hace unas líneas mencionaba que Pepe Ortiz aprendió el toreo con Luis Güemes, quien iba de banderillero en la cuadrilla juvenil de Ojitos. Güemes era originario de San Pablo Apetatitlán, Tlaxcala y tras la disolución de la cuadrilla, se coloca con distintos toreros, hasta quedar colocado con Juan Silveti, con el que viaja a España en 1916. Fue muy castigado por los toros y quizás por eso disminuyó su actividad en los ruedos, combinándola con la enseñanza del toreo. En entrevista con la escritora Elena Poniatowska, el cantante Pedro Vargas, comentó lo siguiente:

…durante un tiempo el maestro Pierson me invitó a vivir en su casa; allí vivía Jesús Mercado, barítono; Pepita Alonso, contralto, y José Arce, tenor, y a los cuatro nos dio habitación, comida y clases de canto a cambio de que le ayudáramos a hacer la limpieza de la casa. Yo era muy bueno para hacer las camas. Un día sentí que mi voz no era la misma y Mario Talavera, mi segundo padre, me consiguió entonces un empleo de profesor de coros en las escuelas secundarias. El era un hombre muy querido y me introdujo en todos los círculos artísticos, sociales, políticos, todos; él es autor de Gracia plena y con él conocí a Pepe Ortiz, quien andaba ya de torero y le gustaba cantar; entonces yo quise ser torero también, y a las seis de la mañana me levantaba, iba por él a Tacuba y luego a ejercitar el toreo, en casa de un banderillero, Luis Güemes…

El llamado Tenor Continental revela que él también intentó ser torero, pero deja claro que el mentor original de Pepe Ortiz, quien después sería conocido como El Orfebre Tapatío, fue precisamente el discípulo de Ojitos, que fue quien le enseñó el oficio y tuvo la inteligencia natural para transmitirle, además de la teoría del toreo escrita en las tauromaquias, la manera de llevar al movimiento delante de los toros, las imágenes que ilustraban esas descripciones. Y así surgieron suertes como la orticina, la tapatía, el quite por las afueras, el quite de oro, o el quite de La Guadalupana, suertes todas que tienen nombre e historia propias. Y su creatividad no se limitó a las suertes de capa. Declaró lo siguiente a Rafael Morales Clarinero en entrevista publicada el 21 de julio de 1955:

¿Muletazos no inventó ninguno? – Hay muchos muletazos que he creado; los hacen todos los toreros, y, sin embargo, nadie sabe que son míos. - ¿Usted por qué no lo ha dicho? – No tiene caso. Para mí es igual la satisfacción y me evito muchas molestias. Alguna vez yo leía: “un novedoso muletazo que no habíamos visto antes” … y me daban ganas de hacer declaraciones, pero nunca pasaron de eso: de ganas. – ¿Nos quiere citar alguno? – Pues mire (se pone de pie y lo hace); este cambio de muleta por la espalda es una derivación de la orticina, o mejor dicho la orticina con la muleta... Se me ocurrió una tarde en que todo me salía bien. En la actualidad lo hacen todos los toreros...

La inteligencia inventiva de Pepe Ortiz estaba siempre presente y cuando las circunstancias eran las adecuadas, la ponía a su servicio, y al servicio de la fiesta.

La Tapatía

Aunque hay alguna discusión acerca de la fecha de presentación en sociedad de la suerte de La Tapatía, casi todas las opiniones coinciden en que fue el miércoles 2 de noviembre de 1927, día de Fieles Difuntos, en una corrida en la que Ortiz alternaría por primera vez con el maestro Fermín Espinosa Armillita, quien, a su vez, reaparecía en el Toreo de la Condesa, después de la tarde de su alternativa. Los toros a lidiarse serían de la ganadería mexiquense de Atenco.

La corrida en su conjunto no representó un acontecimiento digno de ser recordado. Así, con brevedad, resume Rafael Solana Verduguillo, en su tribuna de Toros y Deportes, lo acontecido en esa corrida:

Fue muy mala la corrida de Difuntos, y eso que los muchachos hicieron cuanto estuvo de su parte para dejarnos complacidos. La culpa del descalabro la tiene casi exclusivamente el señor ganadero de Atenco; también le correspondió alguna parte a Eolo. En otros términos: se lidiaron toros mansos de Atenco, y sopló durante la corrida un viento molesto que descubría a cada momento a los lidiadores...

El cuarto de la tarde se llamó Catalán, le correspondía a Armillita y en su turno al quite, Pepe Ortiz deslumbró a la clientela con una suerte que no tenía antecedentes en su memoria. Escribió en su tribuna de El Redondel, don Alfonso de Icaza Ojo:

Y ahora hablemos de la nota más brillante del festejo. Fue indudablemente el maravilloso quite que instrumentó Pepe al cuarto toro que correspondió a “Armillita”. Ortiz toma al toro y se lo lleva toreado en los pliegues del percal, echa este para atrás con una gracia imponderable y nos obsequia con una gaonera máxima, tras de la cual gira el diestro suavemente, como en el lance de Chicuelo, y eso por tres veces, con una tranquilidad pasmosa, pasándose al toro tan cerca y derrochando tal cantidad de sabor torero, que la plaza entera se levantó para ovacionar al gran artista del capote...

Por su parte, el ya citado Verduguillo, a propósito de esa parte de la actuación de Pepe Ortiz, refiere:

En los quites mucha gracia. Hizo uno con el capote a la espalda, combinando la media gaonera con la media navarra, con arte extraordinario, con tranquilidad y dominio, con elegancia inenarrable. No sé si me equivoque; pero un quite parecido al de Pepe, lo hizo ya Heriberto García en una novillada. Se le aplaudió mucho a Heri, pero más se le aplaudió a Ortiz, porque el tapatío tiene el secreto de la belleza, de la majestad...

Creo que es importante el apuntamiento que hace Rafael Solana, en el sentido de que en la temporada de novilladas de ese 1927, había visto a Heriberto García realizar una suerte parecida. Y es que las enseñanzas de los discípulos de Ojitos seguramente transcurrían por una especie de vasos comunicantes, dado el común origen de sus conocimientos.

Por otra parte, la novedad de la suerte es evidente, Ojo habla de una gaonera en la que se gira como en la chicuelina, en tanto que Verduguillo refiere un lance que combina una media gaonera con una media navarra, descripción esta última que me parece poco afortunada, porque no entiendo la manera de partir, a medias, un lance de tal naturaleza, aunque sea para remendarlo con la mitad del otro.

Ya se encargarían los teóricos de esto, tiempo después, de hacer una descripción legible y entendible de lo que los ojos del aficionado entienden como La Tapatía.

El día de autos

El pasado viernes 25 de septiembre del presente año de gracia, durante el primer tercio de la lidia del tercer toro de la primera corrida de la Feria de San Miguel de Sevilla, correspondiente al trianero Juan Ortega, pudimos ver, unos por la televisión y otros dentro de la plaza, que el diestro llevó a ese toro, llamado Cuba, de El Puerto de San Lorenzo, lo llevó al caballo con una suerte de capa poco vista, pero que a todas luces era La Tapatía de Pepe Ortiz.

Los que vimos la corrida por televisión, escuchamos el comentario de que se trataba de un galleo… así, lisa y llanamente. Y posteriormente, en las redes sociales y más tarde en las crónicas del festejo, se insistió en esa simplona versión, llegando a llamarlo galleo del bú. Varios aficionados, sobre todo de esta orilla del Atlántico, tratamos de hacer notar que la suerte que realizó Juan Ortega tiene paternidad y nombre propios, con poco eco.

El nacimiento de La Tapatía ya ha quedado claro. La cuestión es ahora, ¿se trata de un galleo?, o esa versión es solamente una muletilla para definir verbalmente y sobre la marcha a cualquier suerte que se realiza al paso.

Define al galleo el Diccionario Ilustrado de Términos Taurinos de Luis Nieto Manjón:

galleo. Quiebro que, ayudado con la capa, hace el torero ante el toro.

«Pepe – Hillo» lo considera dentro de la suerte de recorte que se ejecuta con la capa; y será Paquiro quien determinará que esta definición debe designarse con el nombre de galleo: «El galleo se diferencia del recorte en que se hace a favor del capote o algún otro engaño, mientras que el recorte se ejecuta con sólo el cuerpo». Sin embargo, es muy frecuente llamarlos genéricamente recortes.

De acuerdo con esa definición, el galleo es una especie del género quiebro, que a su vez, de acuerdo con el Diccionario del Arte de los Toros de José Carlos de Torres, es:

quiebro. «Es lo que se hace al toro con la capa, ladeando el cuerpo de perfil, o con las banderillas y recortes cuando llegan a juntarse el diestro y el toro en el centro de los quiebros» (T. de Hillo). - «Todo movimiento de cintura con el que se evita el hachazo» (T. de Montes)…

Vuelvo a la doctrina, para aclarar lo que hoy se entiende lo que es La Tapatía, dado que las apreciaciones primarias no reflejan más que el asombro que produjo el día de su presentación en sociedad. Recurro de nuevo a la obra de Luis Nieto Manjón:

tapatías. Lance que se compone de dos fases consecutivas: al costado por detrás y de frente por detrás, a la que sigue un giro del torero sobre sí mismo, inverso a la embestida del toro. Después de la primera queda el diestro en posición de hacer la segunda, la que una vez ejecutada gira como en el molinete, quedando de nuevo en suerte. Se atribuye su invención al diestro mexicano José Ortiz Puga.

El concepto habla de movimientos y de giros, pero en ningún momento refleja o considera quiebros o recortes, entonces, me es dable concluir, que en la ejecución de La Tapatía no se involucra o media galleo alguno, salvo que, en mi desconocimiento, torear al paso, implique gallear, pero cierto estoy, que esto no es así. 

Las diversas versiones

Luego, a propósito de la misma suerte, se afirmó que, si era la Rogerina, atribuida a Victoriano Roger Valencia II o la Cacerina, cuya paternidad se imputa a Pepe Cáceres. La cuestión es sencilla. Ambos toreros vinieron a México en su día y después de hacerlo, regresaron a su tierra y fueron a presentar allá la creación de Pepe Ortiz, desconocida para sus paisanos, misma que seguramente, fue señalada por la taurinidad de sus días, como creación de ellos. En sus distintas épocas, la información viajaba de maneras muy diferentes a las actuales y lo que sucedía en un lugar lejano, podría llegar a ser conocido o no.

El hecho es claro, el primero en ejecutar la suerte en el tiempo y en darle sello propio, fue indudablemente Pepe Ortiz, así que, sin darle tantas vueltas, es él quien tiene la paternidad de la criatura y no algún otro, por importante que pueda ser.

Coda

Creo que he podido aclarar, en la medida de mi entender, que La Tapatía no es un galleo, porque no implica ni quiebro ni recorte y las circunstancias en las que la ejecutó el pasado viernes Juan Ortega, tampoco le dan la calidad de quite, porque nada quitaba, sino que exactamente a la inversa, pretendía llevar al toro al caballo. Así creo que fueron las cosas.

Aviso parroquial: Agradezco a los amigos Octavio Lara y Sergio Peraza el haberme acercado un par de interesantes documentos para orientar mis pasos en la elaboración de estos pergeños. Y a quienes tengan la paciencia de llegar hasta este punto, les ofrezco una disculpa por la extensión, pero mucho más se podría argumentar a este propósito.

domingo, 20 de septiembre de 2026

18 de septiembre de 1931. Carnicerito de México confirma su alternativa en Madrid

Carnicerito de México se había presentado como novillero en Guadalajara el primero de marzo de 1925, para después hacerlo el 31 de mayo siguiente en el Toreo de la Condesa. Posteriormente recibiría una alternativa en El Progreso de la capital tapatía el 6 de marzo de 1927 de manos de Luis Freg, lidiándose toros de El Carnicero. Renunciaría a ese doctorado, pues volvería a actuar como novillero en El Toreo en 1928 y sería uno de los triunfadores de la temporada en esa plaza el año de 1929, junto con Alberto Balderas, Esteban García, Carmelo Pérez y Jesús Solórzano, alternando con los tres últimos en la disputa de la Oreja de Plata, mismo que se llevó el último de los nombrados.

Marcha a España al año siguiente y se presenta en aquellos ruedos el 4 de mayo en la plaza de Tetuán de las Victorias, alternando con Miguel Morilla Atarfeño y Juan Martín Caro Chiquito de la Audiencia en la lidia de novillos de Antonio Llanos. Actuaría siete tardes consecutivas en esa plaza, para presentarse en Sevilla el 22 de junio siguiente, en Madrid el 3 de agosto, en Zaragoza el 21 de septiembre y en Barcelona el 26 de octubre. Sumó en esa campaña 29 novilladas.

Entre los novilleros mexicanos que hacían campaña española en ese calendario, destacaron además de Carnicerito, Julián Pastor, Jesús Solórzano, Alberto Balderas y Luciano Contreras.

La alternativa definitiva en Murcia

Los triunfos que conquistó en la novillería le consiguieron la alternativa, la que se programó para el domingo 13 de septiembre de 1931 en la plaza de La Condomina de Murcia. El cartel se formó con un encierro andaluz de Miura, el borojeño Domingo Ortega y el bilbaíno Jaime Noaín. Era, en el lenguaje mercadológico de estos tiempos, un cartel juvenil, porque los tres compartieron varios carteles en su etapa de novilleros.

El 28 de octubre del año anterior, Carnicerito y Luciano Contreras habían dado una gran tarde de toros en una novillada que torearon mano a mano en La Condomina, razón por la que el torero de Tepatitlán tenía buen ambiente entre la afición murciana. El primero de la tarde se llamó Cebolleto, un toro quedado ante el cual solamente pudo estar valiente. Refiere la crónica del ABC madrileño que pudo rehacerse ante el que cerró plaza y que de no fallar a espadas pudo cortar alguna oreja. Al final del festejo se llevaron en hombros a los tres diestros, aunque solamente el vizcaíno Noaín había cortado apéndices.

José González no dejó pasar mucho tiempo para confirmar su alternativa en la plaza de la Carretera de Aragón. Apenas cinco días después de doctorarse, en una corrida calificada de extraordinaria, se decidió a la ratificación y así, para el jueves 18 de septiembre de ese 1931, fue anunciado junto con Manolo Bienvenida como padrino, Domingo Ortega como testigo y toros toledanos de Celso Cruz del Castillo, de encaste Saltillo.

Cuando sale el toro y todo lo descompone

La corrida de don Celso Cruz del Castillo no cumplió con las expectativas que en ella se pusieron, de hecho, puso en entredicho el prestigio de su criador. Las crónicas en su conjunto, coinciden en el hecho de su mal comportamiento en el ruedo y de que fue la causante de que un cartel que provocò un lleno en la plaza, terminara siendo un festejo en el que reinó el aburrimiento, a pesar del esfuerzo desplegado por los toreros. Cuenta Cèsar Jalòn Clarito, en su crónica aparecida en el diario El Liberal, la misma noche del festejo: 

Los toros de D. Celso Cruz del Castillo, de Maqueda, según dicen los carteles – sin duda por error o por errata, pues es Malqueda el verdadero nombre de origen que le va al ganado –, hace años que se juegan con tan mal éxito de presentación como de bravura. Lo chico y lo flaco en ellos suele ser tan corriente como lo manso. De algunos de esos males salieron redimidos en la corrida extraordinaria de ayer. No eran chicos – por lo menos cuatro de ellos – ni estaban flacos. Habían crecido y engordado con la ayuda de Dios... y de la Empresa, que les dio de comer unos meses en sus prados. Pero quizá esta misma circunstancia contribuyó a que el capítulo de la mansedumbre rebasase el nivel acostumbrado, a que fuesen los toros todavía más mansos, por más grandes…

Refiere el autor de unas de las más celebres Memorias que conoce la historia del toreo, que la corrida que permitió a Carnicerito de México confirmar su alternativa en Madrid, ya había estado por la Plaza de la Carretera de Aragón, pero que tuvo que ir a los predios de La Muñoza a terminar de ponerse, porque no estaba en condiciones cuando originalmente fue programada.

Por su parte, Rafael Hernàndez y Ramìrez de Alda, firmando como Rafael en el diario madrileño La Libertad, en torno a esta misma circunstancia, reflexiona:

Salieron al ruedo seis toros de D. Celso Cruz del Castillo, uno de los cuales fue retirado por estar cojo, y sustituido por otro de don Luis Bernaldo de Quirós, todos ellos gordos, finos, bien encornados y de bonito tipo; pero todos, ¡ay!, lo mismo los de D. Celso que el de D. Luis, mansurrones, quedadotes, sin genio ni estilo alguno, propios para que en ellos se estrellasen todas las ilusiones y todos los buenos deseos de los lidiadores. Como ocurrió…

Además de lo que apuntó Clarito, el cronista de La Libertad relaciona el hecho de que uno de los toros de Cruz del Castillo - el tercero - fue devuelto a los corrales. La razón legal esgrimida fue una supuesta cojera, pero lo que refieren varias de las crónicas, la razón legítima, es que se exigía su vuelta a los corrales por su manifiesta mansedumbre. A saber.

La realidad es que, siendo el toro el eje de esta fiesta, lo que puedan hacer o dejar de hacer los toreros está sujeto al comportamiento que estos desplieguen en la arena. Entonces, esos fueron los mimbres que tuvo la terna hace 95 años por estas fechas.

La actuación de Carnicerito

Ya apuntaba en líneas anteriores que la tarde fue cuesta arriba. Pero el diestro jalisciense no era de los que se detuvieran ante los obstáculos, por escarpados que parecieran. Ya había dejado por sentada esa arista de su personalidad torera durante su paso por las filas de la novillería, como lo advierte Federico M. Alcázar en su crónica publicada en El Imparcial al día siguiente de la corrida:

Carnicerito de Méjico no es una novedad. Tampoco un improvisado. Ha hecho la carrera paso a paso, derrochando bastante más valor que el que tienen estos fenómenos caniculares. Llega a la alternativa en sazón. Podrá o no tener una tarde brillante, pues eso depende en gran parte del ganado; pero lo que sí podemos afirmar rotundamente es que, con éxito o sin él, no saldrá de la plaza fracasado. Conoce el toreo con buenas maneras y, sobre todo, tiene valor para arrimarse. Esperemos el resultado... No me gusta este primer toro. De salida echa la cara al suelo, escarba y empieza a probar. Mal síntoma. Carnicerito le busca y tantea en varios terrenos, por fin logra dar tres verónicas paradas y ceñidas. Pero el de Cruz del Castillo se va. Sale suelto en el primer puyazo y continúa tardo y reservón... El nuevo matador de toros coge las banderillas por complacer al respetable, pues el toro no está para lucimientos. Cuartea un par bueno y repite con uno en tablas valentísimo. Se aplauden... Carnicerito encuentra al manso como salió del chiquero: con la cara por el suelo y sin embestir. Empieza con cuatro pases por bajo, en los que para, aguanta y se dobla valientemente... Como no es posible el lucimiento se decide a matar y señala un buen pinchazo; repite con otro de idéntica factura y descabella. Palmas y pitos al toro en el arrastre...

Dejó constancia Carnicerito de que, si bien el valor era su divisa, tenía el oficio bien aprendido y podía con los toros que le salieran. La cuestión del lucimiento ya es una externalidad, a veces posible, a veces no.

Por su parte, el ya citado Rafael, resume una tarde que entre líneas, advierte como un error de la administración del torero, según podemos leer:

Carnicerito de Méjico tomó la alternativa en las peores condiciones que pudieron ofrecérsele. En una corrida en que el fracaso era inevitable para cualquiera que no fuera un lidiador muy hábil y un torero muy completo, tuvo el buen gusto de no recurrir a esas temeridades novilleriles que le hubieran llevado a la enfermería sin que por eso se pudiera decir que habla estado bien. Su voluntad la demostró cogiendo las banderillas en el primer toro y jugándose la piel para clavarle dos pares y medio en los terrenos de dentro, donde lo que se contrasta es más el valor que el dominio de la suerte... En sus dos toros estuvo cerca y, en resumen, se puede decir de él que despachó los dos toros sin mengua para su decoro profesional y sin que el público, que se dio cuenta de la clase de enemigos que tenía, subrayara con protestas su labor. Puede decirse que el nuevo doctor quedó pendiente de otro examen para calificarle oportunamente...

Poco se puede agregar al análisis de Hernández y Ramírez de Alda, salvo tener en cuenta la consideración que hace acerca de la incomprensión de la concurrencia al esfuerzo del torero por agradar.

Por su parte, Gregorio Corrochano, en su tribuna del ABC madrileño, resume lo sucedido de la siguiente manera:

Poco tiene que contar la corrida de ayer. Si no se hubiera celebrado hubiera ganado – ganar por no perder – el crédito de una divisa, el de algún torero y el de algún negociador que recurriera al crédito para satisfacer una afición. Porque la corrida fue así... Lidiáronse toros de D. Celso Cruz del Castillo, que no pudieron jugarse en junio por falta de trapío, engordados en los prados de la empresa. Si alguna bravura tenía, el pienso se la quitó... Carnicerito de México eligió mala tarde para refrendar su alternativa. Buscó la emoción en banderillas, y, a decir verdad, la encontró. No banderilleó bien, pero la emoción estaba lograda. Muleteó con muchos toreros alrededor, muchos. Le estorbaron todo lo que pudieron. ¿No se dan cuenta los toreros de lo que estorban en tropel? Se van acercando, acercando, como si no vieran bien desde más atrás y quisieran verlo de cerca. Con esto, el toro se descompone más; el torero no sabe por qué hace aquello el toro y el peligro que se quiere evitar se aumenta, y el deslucimiento es el dueño del ruedo...

Una apreciación adicional la de don Gregorio encontramos aquí, en el sentido de la lidia defectuosa por parte de las cuadrillas. En fin, que las cosas no se dieron, al parecer, en ningún sentido para encaminarse por un sendero de triunfos.

El resto de la corrida

Manolo Bienvenida fue el mejor librado de la terna, cuando le realizó una gran faena al segundo de la tarde Arrojador, tras de la que dio una muy aclamada vuelta al ruedo, después de una insistente petición de oreja que no fue atendida. Por su parte, Domingo Ortega tuvo una tarde para el olvido, le tocó despachar al tercero bis, de Bernaldo de Quirós y al quinto, de la ganadería titular, siendo abroncado en ambos y al retirarse de la plaza, cuenta Corinto y Oro:

El diestro Ortega, al salir de la plaza, fue objeto de ruidosas protestas, y tuvo que protegerlo la autoridad contra las agresiones del público…

El toro de la confirmación de Carnicerito de México se llamó Estudiante, fue negro, bragado y veleto de encornadura.

domingo, 13 de septiembre de 2026

5 de septiembre de 1964: Antonio Bienvenida realiza la mejor faena de su historia

Ya casi en el cierre de la temporada de 1964, toreros como Antonio Bienvenida, Victoriano Valencia, Joaquín Bernadó, Gregorio Sánchez o César Girón – citados todos en el orden que ocupaban en el escalafón – no sumaban siquiera la veintena de festejos toreados. La cima de la estadística estaba ocupada por los diestros de la generación siguiente, y los que llegaron a partir del final de la década de los cincuenta, a revolucionar el estado de cosas en el planeta de los toros.

Así, las ferias más importantes ya eran el territorio en el que esas nuevas figuras tenían un sitio debidamente ganado, en tanto que los diestros de etapas anteriores de la historia, podían ser prescindidos sin que la afición resintiera, de pronto, su ausencia de los carteles. Ello no significaba que delante de los toros, no tuvieran cosas que decir, pero la novedad siempre resulta ser más atractiva en las taquillas.

No obstante, siempre quedan empresarios que entienden el valor de los toreros clásicos, que tienen arraigo entre la afición, como Domingo Dominguín en Carabanchel o Eduardo San Nicolás en San Sebastián de los Reyes, en La Tercera, donde transformó una feria de novilladas en una postinera feria septembrina, en la que para ese calendario de hace 62 años, intercaló dos novilladas con tres corridas de toros, en las que encontró espacio para los toreros del momento y de igual manera para los que tenían ya un sitio histórico en el gusto de la afición.

La tercera corrida de la feria

Para el sábado 5 de septiembre de ese 1964, se anunció una corrida de toros en la que originalmente, Antonio Bienvenida, Santiago Martín El Viti y el venezolano Ramón Montero Maravilla que recibiría la alternativa, enfrentarían un encierro extremeño de Cerroalto, propiedad de los hermanos Cembrano, de origen Contreras. La mañana del festejo, El Viti presentó parte médico que señalaba que estaba imposibilitado para actuar, no obstante que la víspera había tenido una actuación triunfal en Aranjuez, por lo que le sustituyó Victoriano Valencia.

La lección magistral de Antonio Bienvenida

El cuarto de la tarde, llamado Parlador, fue el toro en el que se generó la gran faena del hijo del Papa Negro. Escribió a ese propósito Curro Bernal en su crónica para el diario Pueblo:

Y a la arena saltó el cuarto de la tarde – el mayor del encierro –, de bonita cabeza y alegre embestida. Bienvenida recibió a este ejemplar, de muchos kilos, con suaves lances y media que se aplaudieron con fuerza, y después de una vara y torero quite por chicuelinas pasó a manos de los banderilleros. Par y medio en su sitio. Y hasta aquí mis notas. Luego nada diré por parte mía y todo por la de Antonio Bienvenida... La faena que realizó tiene para mí un nombre: «la faena de 1964 y de muchos mil novecientos». Lo que Antonio hizo fue tan grande que creo y aseguro es ¡único! Faena compuesta sólo por cuatro pases: ayudados por alto, en redondo, naturales y de pecho. Los otros, para Antonio, no pertenecen a la tauromaquia... Los que él ejecutó los hizo así: cargando la suerte, abriendo el compás, templando... y llevando a la res embebida en la muleta, pero sin dejar que ni una sola vez el toro la tropezase. La muleta de Antonio está almidonada y su muñeca marca a la perfección el camino que el burel ha de recorrer. Ayer vimos torear, pero en una forma tan maravillosa que jamás olvidaremos. Mató de media y cortó dos orejas y rabo... ¡Antonio Bienvenida, no te vayas de los toros!

Por su parte, Antonio Díaz – Cañabate en el ABC madrileño, entre otras cosas, dejó escrito:

Antonio Bienvenida se encuentra en el otoño de su vida de torero. Pasó la primavera novilleril... El verano, plenitud de matador de toros, pasó. Se anuncia el otoño. Antonio Bienvenida entra en él sin la fatiga ni los calores estivales, y los ardores primaverales. Entra ligero de cuerpo y de espíritu. Terribles tormentas le cercan, pero no le contaminan. Fuegos de artificio deslumbran ojos incautos, pero deja a los suyos intactos. Ojos que han visto el toreo. Ojos que conocen el toreo. Y sigue su camino otoñal. ¿De cara al invierno? No. De cara a la primavera. Antonio Bienvenida sabe que en el otoño cabe la primavera, que en el otoño también florecen las rosas. Y Antonio Bienvenida ha realizado una faena de muleta de primavera en el otoño... ¿Cómo fue? No me pidáis descripciones imposibles. Fue un florecimiento, no de unas rosas, sino de un pensil. Se abrían los capullos de los pases. Se abrían como si la muleta fuera una varita mágica. Que alumbraba tan pronto un natural, como uno en redondo, como un ayudado por bajo, como uno de pecho, como uno por alto. Todos ellos unidos, ensamblados, arraigados en una unidad, en un conjunto, formando un ramillete, formando un manojo de belleza, la belleza del ritmo que acompaña, de la serenidad que entona, de la elegancia que engrandece, del temple que suaviza, de la majestad que sublima y de la gracia que embelesa. ¡Torear! ¡Dios mío, torear! Lo que uno no ve nunca. Primavera en otoño. Primavera del arte en el otoño de la vida... Mató de media delantera y le concedieron las orejas y el rabo. Yo que Antonio Bienvenida, con toda humildad. Pero también con todo orgullo, hubiera rechazado tales recompensas, buenas para lo falso, mezquinas para la verdad. No se puede pagar igual el oro que el plomo. Aunque a veces el plomo valga más que el oro...

La impresión causada por el hacer de Antonio Bienvenida ante Parlador fue contundente y convincente, reiterando que su presencia en las plazas de mayor importancia era requerida y que el hecho de relegarlo, junto con otros diestros de gran valía, por dejar el sitio a la modernidad, era injusto. Así lo hace notar quien firmó como Rubiera, en el diario Arriba:

Resulta dificilísimo comprender que en las ferias – nervio de la Fiesta – veamos repetirse nombres y nombres de toreros de dudoso interés. Sin embargo, fuera de esas ferias quedan nombres como los de Antonio Bienvenida, Jaime Ostos y Victoriano Valencia. Es posible que jueguen en esas eliminaciones intereses empresariales, entren en juego la simpatía y la antipatía, con sus correspondientes proteccionismos y exclusiones; pero debe contar también el interés del público, al que se le escamotea la presencia en los ruedos de auténticos grandes toreros… Dos casos hemos tenido en la tarde de ayer en San Sebastián de los Reyes, clarísimamente resueltos a la vista del espectador: Antonio Bienvenida y Victoriano Valencia…

Más allá de los intereses, siempre es el toro el que termina por poner las cosas en su sitio.

El resto de la memorable corrida

Victoriano Valencia se vio favorecido con la sustitución, saliendo con tres orejas en el esportón. La crónica del citado Curro Bernal, refiere:

Victoriano Valencia, que sustituyó a El Viti, torea – a nuestro juicio – poco. Ahora bien, cuando lo hace, lo hace extraordinariamente. Su clase es de la mejor y su toreo tiene garbo y enjundia... A su segundo le cortó las dos orejas, después de espléndida faena. Pases ayudados por alto de gran factura, y torerísimos, fueron los que arrancaron la primera fuerte ovación para seguir después con derechazos largos, templados y mandones, llenos de personalidad. Con la zurda, naturales de clase, y para cerrar estas tandas, auténticos pectorales que calaron muy hondo en el espectador. Estocada entera, a toro arrancado, que mata sin puntilla, y apoteosis en la vuelta al anillo...

Por su parte, el alternativado Maravilla, le cortó las dos orejas al que cerró plaza, terminando así una tarde memorable. 

El remate de esta historia

Filiberto Mira, en su obra Antonio Bienvenida. Historia de un Torero, cita lo siguiente:

“Hijo mío, ya me puedo morir, porque ya he visto lo mejor que se ha hecho y que se hará en el toreo”.

Justo un mes después falleció don Manuel Mejías Rapela.

“Sí, me repetiría Antonio, la última vez que hablé con él, la faena de San Sebastián de los Reyes fue la mejor de mi vida. Me sentí como en éxtasis. Perdí la noción del tiempo. No recordaba, cuando terminé, qué era lo que había hecho ni dónde estaba. Me desperté, y no estaba dormido, cuando el alguacilillo me abrazó emocionado y me entregó las dos orejas y el rabo”.

Creo que no hay necesidad de mayor explicación.

domingo, 30 de agosto de 2026

28 de agosto de 1927. Gitanillo de Triana recibe la alternativa en el Puerto de Santa María

Nos cuenta Uno al Sesgo que Francisco Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, comenzó a andar por los ruedos en el año de 1924, cuando, sin experiencia previa, se probó en los tentaderos de las ganaderías de Narciso Darnaude y de Moreno Santamaría. Era conocido en esos días con el mote familiar de Curro Puya, y sería el 22 de abril de ese año, en la ganadería de Antonio Flores, delante entre otros, de Juan Belmonte, Antonio Cañero y el periodista Fernando Gillis Claridades, que: el competente tribunal quedó realmente edificado y por unanimidad se le otorgó al examinado la nota de sobresaliente, comenzando desde aquel día a extenderse la fama del torerillo de la Cava...

El 18 de mayo siguiente se presentó vestido de luces en la Isla de San Fernando, en festejo sin picadores, alternando en la lidia de novillos de Félix Gómez con Manuel Fernández Cádiz. Se presentó en Sevilla el l5 de agosto de 1925 alternando con Andrés Mérida y su combarriano Cagancho, ante novillos de Curro Molina, antes Urcola, haciendo lo propio en Madrid el 30 de julio de 1926. Curro Puya toreó su última novillada en Sanlúcar de Barrameda el 26 de agosto de 1927.

Entre 1926 y 1927, toreó 77 novilladas, siendo cabeza del escalafón junto con santanderino radicado en Valencia, Félix Rodríguez, y Cagancho, tres toreros que pasaron a la historia, los dos primeros de carrera breve y sino trágico . por distintas razones -, en tanto que Joaquín Rodríguez vivió muchos años y dejó larga historia tanto en España como en México.

Los prolegómenos de una tarde histórica

Bajo el ala de Juan Belmonte, la alternativa de Gitanillo de Triana tenía que ser un acontecimiento. Para ello, su protector se afanó en conseguir las mejores condiciones posibles en el tramo final de una temporada. Escribe Joaquín Albaicín:

Se preparó su alternativa cuidadosa y concienzudamente, con todo el apoyo de Belmonte, que ofició de testigo de la ceremonia y habló personalmente con Rafael “El Gallo” para que aceptara asumir el padrinazgo. Rafael lo hizo encantado, y llegó por fin para Francisco Vega de los Reyes (“Gitanillo de Triana”) el esperado día de su doctorado, que fue el 28 de agosto de aquel año que tan lejano nos parece de 1927, en la plaza de totos de El Puerto de Santa María, con toros de Concha y Sierra. La corrida fue todo un acontecimiento, para asistir al cual se desplazaron muchísimos aficionados de toda Andalucía...

Como bien lo describe Joaquín Albaicín en su libro Gitanos en el Ruedo, Juan Belmonte preparó las cosas como si fuera una cuestión propia, pues los toros de la Viuda de Concha y Sierra eran sus predilectos y la plaza elegida era una de solera, pero no de esas alguacilescas, que podían complicar el trance de una alternativa con exigencias fuera de sitio.

La prensa andaluza, la de Sevilla particularmente, se ocupó también de dar exposición al festejo, como la nota previa aparecida en el diario El Liberal de la víspera de la corrida, que ofrece la reseña de los toros a lidiarse:

En el encerradero de Salteras se han encajonado los seis toros de la ganadería de la señora viuda dé Concha y Sierra que se lidiarán mañana en la plaza del Puerto de Santa María... La corrida es de esmerada presentación y excelente lámina, compuesta de bichos buenos mozos, finos y gordos: una corrida magnífica... La fiesta reviste todos los caracteres de acontecimiento taurino, por tomar parte en ella el popularísimo Rafael el Gallo, el coloso Juan Belmonte (que aún está escuchando ovaciones por sus monumentales faenas en la plaza de San Sebastián el domingo último) y Gitanillo de Triana, que tomará la alternativa... La reseña del ganado es la siguiente: Número 94, «Gallito», negro lucero; número 90, «Lujoso», negro salpicado; número 104, «Tahonero», negro; número 47, «Vigilante», berrendo en negro; número 49, «Horquillero» negro, y número 64, «Buen mozo», cárdeno, careto... Habrá un tren especial, que saldrá de Sevilla a las ocho y cincuenta y dos de la mañana y del Puerto a las nueve y cuarenta y cinco de la noche... Lo dicho: la gran corrida. Mañana, al Puerto...

El reclamo estaba hecho, dos toreros ya legendarios ungirían como matador de toros a un valor nuevo, que en poco tiempo adquiriría su propia calidad de leyenda histórica.

La corrida de la alternativa

La tarde de la corrida no se ajustaba al ideal de una de toros. El cielo estaba entoldado y el viento de Levante era molesto, pero eso no ahuyentó a la afición, ni les impidió a los toreros realizar un esfuerzo importante para lograr que el festejo pasara a la historia por más razones que la mera efeméride. Así entonces, a las cinco de la tarde, hora anunciada, se abrió la puerta de cuadrillas para dar inicio a la festividad.

El primer toro de la tarde, sin que las crónicas lo consignen por su nombre, fue Vigilante, número 49, berrendo en negro. Ese es el toro con el que Rafael Gómez El Gallo, quien alrededor de esas fechas cumplía dos décadas ya como matador de toros, cedería los trastos para dar la alternativa a Gitanillo de Triana. De su actuación, nos relata lo siguiente Antonio Reyes Don Criterio, en su crónica escrita para el diario El Liberal de Sevilla:

Gitanillo de Triana ingresó ayer en el escalafón de los matadores de toros. Tomó la alternativa de manos de Rafael el Gallo – previo cortés y cariñoso discurso – y logró cortar las dos orejas del toro del doctorado… Este toro, berrendo en negro, fue uno de los mejores que ayer se lidiaron por lo noble y por el temple y suavidad con que embestía. El nuevo matador de toros practicó con el bravo astado una vistosa, valiente y lucida faena, que inició con un estatuario pase ayudado por alto. Dio otros también muy buenos, que se aplaudieron y olearon. No fue una faena de destaque, notable, pero sí lucida y tranquila. Entró a matar derecho y dio en tierra con el bruto de una estocada corta, arriba, perdiendo el trapo á la salida. Gitanillo, que brindó la muerte del toro de alternativa al ganadero don Antonio Flores, fue ovacionado, dio la vuelta al anillo y cortó las dos orejas del cornúpeto…

Dentro del terreno de la anécdota, se cuenta que, en el momento de la cesión de trastos, se dio un larguísimo parlamento entre padrino y ahijado. La versión de esos hechos que nos cuenta José Manuel López Mohiño, en su libro Francisco Vega de los Reyes “Curro Puya”. “Gitanillo de Triana”, esencia del toreo trianero, es la siguiente:

Se comentó que, llegado el momento de la ceremonia, establecieron un largo diálogo entre padrino y ahijado; los cronistas de la época afirmaron que al menos duró de 7 a 8 minutos. Extrañados todos, tanto público como periodistas de la alocución de Rafael, y una vez terminada la entrega de los trastos, todo el mundo con curiosidad fue a preguntarle al Gallo, el “Divino Calvo”, de lo que le había comentado al neófito, para asombro de todos, Rafael y Francisco discutían por el precio de unos gallos de pelea que el primero quería adquirir al toricantano y nuevo matador de toros... Esta fue una de las tantas genialidades de Rafael Gómez “El Gallo”. la afición a los gallos de pelea en esta época estaba muy generalizada en mundo del toro…

Por su parte, el ya invocado Joaquín Albaicín, en Gitanos en el Ruedo, cuenta esto:

La ceremonia de entrega de trastos al nuevo matador fue, al parecer, inusualmente larga, en especial para el público, que no alcanzaba a escuchar nada de lo que se estaban diciendo entre sí los dos toreros. Eran ambos muy aficionados a las peleas de gallos, y, como resultaba que tenía Curro dos pollos que antojábansele a Rafael dos luchadores imbatibles, no se le ocurrió otra cosa al “Gallo”, en el momento mismo de la investidura, que proponerle que se los vendiera. Así permanecieron varios minutos, cambiando impresiones sobre la raza de que hacía tal o cual crestudo gala en el palenque, y pujando cada vez más alto Rafael por los de Curro ante el gesto imperturbable de Belmonte y el estupor y la impaciencia de quienes llenaban los graderíos. Finalmente, convencido “El Gallo” de que no iba a dar a torcer su brazo Curro y de que no le vendería los gallos, le dio la alternativa, diciéndole al estrechar su mano: «Suerte, y al toro. Tú llegarás, porque eres gitano...»

Las diferencias entre una versión y la otra son de mero grado. La esencia reside en que en ese preciso momento se le ocurrió al Divino Calvo tratar la compra de unos gallos de pelea. Así eran las cosas de Rafael.

La gran tarde de Belmonte

Juan Belmonte les cortó las orejas y los rabos a los dos toros de su lote. Quizás su faena al toro quinto fue la que más caló en los tendidos. Escribió quien firmó como Gallardo para el diario El Noticiero Gaditano, aparecido al día siguiente del festejo:

Fueron los lances que dio Belmonte al penúltimo toro de la tarde, una verdadera lección de arte, valor y dominio. Ni decirse tiene que las manos se batieron constantemente… Un silencio se hizo en la plaza, cuando Belmonte iba con pasos firmes, provisto de la muleta y la espada a desafiar a la fiera. Había resucitado la figura del ídolo… Belmonte había logrado apoderarse de la muleta de Rafael, y para conquistar el triunfo, sólo tuvo que poner corazón. La «muleta maravillosa» hizo su efecto… Cuando más entusiasmado estaba el público con la faena, cayó rodando el bicho a los pies del torero. Se había consumado totalmente el triunfo… Fueron varias las vueltas que tuvo que dar al ruedo, llevando en sus manos los máximos galardones que pueden concederse a torero alguno…

Por su parte, El Gallo, quien enfrentó a los toros tercero y cuarto, salió con la oreja en la mano de este último, con el beneplácito de la concurrencia, a pesar de que fallara con el acero. Sigue relatando el citado Gallardo:

En el cuarto bicho, que le correspondió en suerte, también se lució con la muleta, no estando así desafortunado con el estoque, sin que esto fuera óbice a que el público de sol se empeñara en que le fuera concedida la oreja a Rafael, petición que mereció la aprobación de la presidencia…

El resumen del conjunto

Esa tarde de toros en El Puerto resultó ser memorable en su conjunto, pues los sucesos a recordar de ella no se reducen exclusivamente a la alternativa que se concedió en ella. Aunque el toricantano saldó su ingreso al escalafón mayor con un triunfo, Juan Belmonte fue a dejar en claro por qué era una figura principal de la fiesta. Refiere Don Criterio en el cierre de su crónica:

Fue la de ayer una gran corrida en su en su conjunto, saliendo él público sumamente satisfecho y agradablemente impresionado del resultado de la brillante fiesta. Aún está saboreando las soberbias y monumentales faenas de Belmonte, el amo y el único. Sí; el amo y el único.

Gitanillo de Triana confirmaría su alternativa en Madrid el 6 de octubre siguiente, en una corrida en la que actuarían el rejoneador portugués Simao da Veiga – lidiando dos toros, – Rafael El Gallo, Juan Belmonte y el confirmante, ante toros de Julián Fernández, antes de Vicente Martínez. 

domingo, 23 de agosto de 2026

21 de agosto de 1935: La inmortal tarde de Armillita en Bilbao

Hace algunos años, con motivo del centenario del natalicio del maestro Armillita, tuve la ocasión de dedicar algunas líneas a este tema. En alguna ocasión, contaba entonces, tuve el honor de sentarme a la mesa del maestro y uno de los temas obligados en ella, era el recuento, aunque fuera breve, de sus hazañas en los ruedos. En el capítulo de su andar por España, siempre salía a flote su faena al toro Centello de Aleas, en Madrid, el 5 de junio de 1932 y él se encargaba de terciar con recordarnos su faena al toro ensabanao de Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio – anunciados todavía como antes Veragua – en Bilbao, verificada el 21 de agosto de 1935.

En esa primera relación, me acogí a lo que escribieron los cronistas de los principales diarios de Madrid, quienes cubrieron esa Semana Grande bilbaína en calidad de enviados especiales, pero al paso del tiempo, la disponibilidad de nuevos medios de consulta, nos deja a la vista la opinión de otros medios, sobre todo locales, que completan, a mi juicio, la visión de lo que fue esta gran tarde de toros. En particular, son dos diarios, La Gaceta del Norte y El Noticiero Bilbaíno, ambos de la capital de Vizcaya, los que nos dan una visión más extensa de la enorme tarde del Maestro de Saltillo.

La visión de la tarde en La Gaceta del Norte

El cronista de la Gaceta del Norte firmaba como Desperdicios y en el introito de su crónica, deja claro que, como a su parecer, ni Domingo Ortega ni Vicente Barrera quisieron o pudieron sumarse a la ocasión de triunfo que la suerte les puso delante, dedicaría todo su espacio a la labor de Armillita. De ese relato extraigo lo siguiente:

Armillita, que vestía de heliotropo y oro, comenzó con el pase del sarcófago helado y al dar un natural pierde el refajo... Lo recupera y obsequia a “Arrempuja” con tres naturales magnos que, liga con el de pecho, y sufre otro desarme. (Ovación)… Sigue valentísimo y artista y hace de “Arrempuja” – tipo perfecto de nobleza – lo que quiere... La plaza arde de entusiasmo. Se aplaude, se aclama, se grita... Toca la música. Se da suelta a esas dos palomas que tiene para los instantes emocionantes la Comisión y “Armillita”, después de un pinchazo en los altos, entra a matar con el máximo decoro y deja una en el sitio de honor, pero un poco atravesada… ¡Se está muriendo “Arrempuja” y todavía quiere embestir el bravo animalito!... Ovación a “Armillita” y bronca al presidente porque no le concede el galardón auricular... Ovación al toro al que hay que dar la vuelta al ruedo como homenaje a su bravura y a su gran estilo... Tiene que salir Armillita a los medios con toalla y todo... Mocito... Ensabanao... Toro magníficamente criado. A pan y manteles y probablemente con su copita de coñac después del café, ya que eso a Domecq le debe de salir por una friolera... ¡Soberbia salida de gran toro! … le banderillea magistralmente “Armillita” que, tras brindar a los niños de la Santa Casa de Misericordia, saluda a “Mocito” como hay que saludar a toros así. Con tres naturales espléndidos, monumentales, a los que sirve de colofón el de pecho que ordena el arte y el buen gusto... Toca la música, pero como si no tocase, porque el clamor popular va subrayando el molinete de rodillas, los pases en redondo, los deliciosos de cabeza a rabo, la gama entera de primorosas locuras con que este torero excepcional va correspondiendo a la bravura inagotable y la nobleza infinita de su gran adversario... Y como remate glorioso de aquel atracón de arte sereno, de dominio emocionante de la res, media estocada en todo lo alto que acaba para siempre con la vida de “Mocito”, el toro que abrió para Domecq la puerta grande de nuestras ferias, humilló nuestra soberbia de aficionados inteligentes, y proporcionó a “Armillita” el más definitivo de sus triunfos... “Mocito” será el tema de las conversaciones este invierno, ¡Qué bien nos va a venir para los días lluviosos que os cuando a la gente le da por hablar de política!...

Entre el relato, Desperdicios deja ver la inconformidad de la afición y la crítica de Bilbao con el anuncio de los toros de Domecq, cuestión que expresará más claramente su colega de El Noticiero Bilbaíno, según lo veremos un poco más adelante.

En El Noticiero Bilbaíno

Por su parte, Alegrías, el cronista de El Noticiero Bilbaíno, coincidió con su colega Desperdicios acerca de la tarde de Ortega y Barrera, pero reprochándoles el que, teniendo la categoría que ostentaban, desperdiciaran una corrida como la de Domecq de manera tan insulsa. De lo que escribió Alegrías, resalto:

A tal señor, tal honor. Y a tales toros, modelos de bravura y nobleza, tal torero modelo de valentía, técnica, voluntad... y, – que no me oigan algunos – arte. “Armillita” tuvo la suerte – en esto la suele tener a menudo – de que le tocaran dos toros tan completos en bravura y nobleza como “Arrempuja” y “Mocito”, pero “Mocito” y “Arrempuja”, también tuvieron la suerte – para lucir más – de caer en manos de torero tan completo y tan noble, que da todo lo que tiene, como Fermín Espinosa “Armillita”... Con los palos estuvo mejor que nunca. A “Arrempuja” le puso tres pares, dos al cuarteo y uno de poder a poder, formidables, pues Fermín ganó la cara guapamente y a fuerza de riñones y facultades por arrancar el veragüeño con gran genio, por no haber sido suficientemente picado. ¡A ver si nos enteramos! Y a “Mocito”, dos al cuarteo y uno por dentro tremebundo... Sin embargo, donde radico el gran éxito fue en el muleteo y con la espada... En el quinto, que brindó a los niños de la Misericordia, aún estuvo mejor “Armillita”. Un alto y uno de pecho, grandiosos, precedieron a tres naturales, el segundo perfectísimo, y el de pecho con la izquierda bravísimo y luego a una faena, en los medios, variadísima, de perfectos perfiles y de un dominio y valentía insuperables mezclando lo clásico con lo cascabelero y con lo emocionante ya que “Mocito”, sin sacar aún la lengua, embestía con fuerza y se revolvía. Entrando a ley cobró el azteca media estocada lagartijera que hizo cisco al modelo de toros bravos que fue el ensabanao de Domecq... Con el entusiasmo del público vino el cortejo de orejas, rabos, salidas al centro de la pista y vueltas al ruedo... “Armillita”, ídolo de este público, ha firmado con pluma de oro la feria próxima. Suponemos que ¡por fin! será cobrando como los demás...

Mas condensada es la relación de Alegrías, pero es coincidente con todas las aquí expuestas, en la grandeza de la obra de Armillita y la cierra con ese deseo de que vuelva al año siguiente y de que se le paguen honorarios de figura del toreo. No sé si Alegrías pudo volverlo a ver, pero ya no al siguiente calendario, sino hasta una década después.

La corrida de Juan Pedro Domecq

El anuncio de la corrida de Domecq no fue bien recibido ni por la afición ni por la crítica bilbaínas y una vez desembarcada, sus recelos parecían confirmarse, según refiere el ya citado Alegrías en El Noticiero Bilbaíno

:

A raíz del desencajonamiento de los toros de nuestra feria, apareció en estas columnas una apreciación acerca de la presentación de las reses en la que no salía muy bien parada la escrupulosidad del ganadero. La censura, que era acre, indudablemente, no era mía. Indispuesto al terminar aquella operación, un compañero, competente en la materia, fue el que escribió la opinión. Pero yo, cuando me enteró telefónicamente de lo escrito, le demostré, con toda franqueza, mi disconformidad con el tono mesurado con que censuraba el pobre y destartalado aspecto del envío de la Casa Domecq. Y aún le insté para que el dictamen se escribiera más acerbamente... Desde luego, las censuras a la presentación siguen, pero, acaso influenciado por el éxito de la sangre brava, ya me parecen algo excesivas en lo que a mis deseos atañe. Pero, desde luego, también que sí a precio tal se nos ha de servir casta y docilidad tan singulares, bien a gusto debemos pagarlo. Que esta corrida de Domecq fue excepcional... “Pescador”, jabonero melocotón, gordo, cortito, bien armado y basto, fue el primero y aguantó cinco puyazos – uno le sobraba – sin mostrar poderío, llegando aplomadote al final. “Lavaíto”, cárdeno, terciado, poca cosa para estos festejos, fue el tercero que, aunque empezó saliendo suelto del castigo al final embistió a los jacos con genio y con genio hizo el último tercio. “Cañamón”, negro, bragao, lucero, con cara de señor maduro y muchas chuletas, cumplió muy bien en cuatro lanzadas fuertes que le atizaron y llegó nobletón al acto final. “Solitario”, un jabonero, muy bizco, muy basto, escurrido de carnes, y muy feo, en una palabra, tomó muy voluntarioso cuatro varas y fue en todo momento un toro seco, durillo, pero noble como él solo… Y hemos dejado aparte, porque así lo merecen, a “Arrempuja”, número 38, negro bragao y a “Mocito”, numero 6, ensabanao…

Variopinto el encierro, acusando la fuerte presencia de la sangre de Veragua todavía, pero también dispareja en tipo, acusó bravura y el juego particularmente de dos toros debidamente aprovechados despejó en buena medida los recelos iniciales de los aficionados de Bilbao, quienes dejaron la plaza de Vista Alegre satisfechos con el juego que dieron.

Armillita capitán general de la tauromaquia

Una de las breves crónicas de los diarios madrileños, en este caso, del diario La Libertad, firmada por Recorte, abre con una reflexión que en ese día pudo parecer un ditirambo más, pero que, en retrospectiva, refleja, creo, el real estado de las cosas en la fiesta de aquellos días:

La temida afición vizcaína ha rubricado esta tarde con gruesos caracteres el título de capitán general de la tauromaquia a favor de Fermín Espinosa (Armillita)… El título no ha sido cosa de otorgamiento, sino consecuencia de un detenido y concienzudo examen, que ha durado varias temporadas y cuyo último ejercicio se ha verificado en la tarde de hoy ante el completo tribunal. Las papeletas han sido de esas que por brillantes son difíciles cuando el opositor no está todo lo empollado que se precisa para desarrollar el tema. En el presidente del tribunal pudo apreciarse de manera muy ostensible marcado antagonismo con el examinando; pero, a su vez, la gran masa de vocales hizo también muy patente su protesta, abucheando a la presidencia cada momento que el artista opositor despejaba una de las muchas incógnitas que tiene la papeleta artístico - taurina... Armillita, hasta ahora general, ha ascendido hoy al tercer entorchado, o bien se ha doctorado con todas las notas sobresalientes...

Como se puede leer, esa tarde de hace noventa y un años, se consideró que Armillita alcanzó la cima de la torería. Una actuación redonda esa tarde en Bilbao, así pareció confirmarlo.

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