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| Antonio Llaguno y El Soldado junto a los restos de Famoso Foto: Sosa |
La prensa especializada no se mostró complacida con el viaje de Briones, que fue secundado después por Tono Algara y así, firmas como las de Flavio Zavala Millet, firmando como Paco Puyazo, don Luis de la Torre El-Hombre-Que-No-Cree-En-Nada y el politólogo e historiador Roberto Blanco Moheno atacaron sin clemencia principalmente a Briones y también a quienes lo enviaron a negociar la paz, por considerar que traicionaban un movimiento que podía generar una total independencia de la fiesta de toros en México.
Al final de cuentas, la ruptura se pudo subsanar, pero Manolete ya tenía ese invierno comprometido, por lo que el elenco de toreros hispanos para la temporada 44 – 45 se formó con nombres como Cagancho, Gitanillo de Triana, Pepe Luis Vázquez, Rafael Ortega Gallito y Antonio Bienvenida entre los más destacados.
La presentación de Manolete quedaría para la temporada venidera, y esa circunstancia motivaría a quienes lo esperaban como eje del ciclo de corridas en la capital, a criticar lo que se ofrecía como anodino o aburrido, sin que ninguna tarde diera satisfacción completa a la afición. Y si a esto sumamos que el 19 de noviembre del 44, el Maestro Armillita sufrió una grave cornada en San Luis Potosí, tenemos que el torero mexicano que podría cautivar la atención de la afición capitalina estaba en el dique seco.
En esas condiciones llegó el domingo 7 de enero de 1945, fecha en la que se celebró la octava corrida de la temporada, misma en la que se anunció un encierro de La Punta para que lo lidiaran Luis Castro El Soldado, Silverio Pérez y Pepe Luis Vázquez.
El encierro de La Punta
Comenzaré por referirme a los toros enviados por don Francisco y don José C. Madrazo a El Toreo, porque al final de cuentas su comportamiento en el ruedo desembocó en lo que causó el resultado final del festejo. Refiere El-Hombre-Que-No-Cree-En-Nada, en su comentario aparecido en La Lidia, una semana después del festejo:
...los señores Madrazo, propietarios de la vacada de La Punta, enviaron seis toros en buena edad y magníficamente presentados, no habiendo desmerecido en corpulencia sino uno de ellos. De los seis, dos fueron bravos y uno bravísimo, el corrido en quinto lugar, siendo los restantes reservones, reparados de la vista y con tendencias más a la mansedumbre que a aquello que tanto favorece a los lidiadores, sin presentar ninguno mayores dificultades. Todos fueron pegajosos para las caballerías, propinando tremendos tumbos que ofrecieron oportunidades a los matadores para realizar el verdadero quite, suerte olvidada que no apareció por ninguna parte a no haber sido por el heroico Simón que cuando se presenta la ocasión pone la muestra al más pintado. Esta codicia de los punteños dio lugar también a ver picar como ya es muy raro en los actuales tiempos, tan raro es que el público desorientado por completo, se pone a chillar cuando debiera aplaudir con entusiasmo, protestando, eso sí, en contra de quienes autorizan el asesinato alevoso de las reses permitiendo el empleo de puyas descomunales...
Como se puede leer, a juicio de don Luis de la Torre, un par de toros dejaron espacio para triunfar, con la única cuestión de que tenía que toreárseles.
El toro que regaló El Soldado
Las distintas reseñas históricas parecen coincidir que las dos faenas grandes de Luis Castro El Soldado en El Toreo fueron las que realizó a los toros Rayito y Famoso, ambos de San Mateo, la primera, en la corrida recordada como la de los tres Luises y la segunda que es la que hoy me ocupa. Ambos toros, tienen el estigma de ser toros de regalo, o toros del perdón como los llamó la prensa de su día, para tratar de enmendar los efectos de una mala tarde.
En esta oportunidad tenía otra cuestión añadida. Para esos días era de dominio público y evidente el agrio desencuentro de los hermanos Madrazo con don Antonio Llaguno, sin que sus causas hayan trascendido. Así, el ganadero zacatecano no perdía oportunidad para tratar de demostrar que sus toros eran superiores. Así, en los chiqueros tenía encerrado uno, dispuesto a salir a dejar en mal a sus colegas jaliscienses. Sigue contando don Luis de la Torre:
“El Soldado”, ya desde temprana hora, en perfecto acuerdo con el ganadero, obsequió al público con el toro del “perdón”, que no de otra manera puede calificarse ese desprendimiento cuando se ha tenido una mala actuación...
La procedencia del toro de regalo no fue fortuita y en cierta forma me recuerda lo sucedido el 28 de febrero anterior, cuando Armillita regaló a Paracaidista de La Laguna, cortándole el rabo, después de despachar él solo con pulcritud una dura corrida precisamente de San Mateo.
La faena de El Soldado a Famoso
Roque Armando Sosa Ferreyro Don Tancredo abre su crónica publicada en La Fiesta en los siguientes términos:
Un toro de maravilla, un toro de bravura y nobleza incomparables, fue inmortalizado el domingo anterior en el ruedo metropolitano. El toro, cárdeno bragado y salpicado, número 28, se llamó “Famoso2 y procedió de las dehesas de San Mateo, la ganadería milagrosa de don Antonio Llaguno. Y el torero es un artista que se llama Luis Castro “El Soldado”...
Vestido de celeste y oro, El Soldado enfrentó al toro que le dedicó don Antonio Llaguno, cárdeno claro y paliabierto. Las crónicas coinciden en que su trapío, adecuado a su encaste, desentonaba con el de los toros de La Punta de la lidia ordinaria y si hemos de tener en cuenta lo escrito por El-Hombre-Que-No-Cree-En-Nada, más parecía un novillo:
Para tal objeto se soltó un novillo de San Mateo de bravura y suavidad extraordinarias, el que fue magistralmente aprovechado por el donante, quien no sabemos por qué motivos se abstuvo de invitar a sus compañeros a alternar con él en el primer tercio, lo que significó un patente desaire para nuestro huésped Pepe Luis Vázquez...
Un ejemplar de tal calidad requería tener un gran torero enfrente para aprovecharlo debidamente. La faena que El Soldado realizó a Famoso fue completa, pues hasta las banderillas tomó, no obstante traer un varetazo en el muslo derecho, sufrido en Irapuato el día de año nuevo. Relata Don Tancredo:
Pero si estupendo fue el cornúpeta de San Mateo, justo es consignar que “El Soldado” estuvo también a la altura de “Famoso”, toro de los más difíciles cuando no lo torea un artista, sino un jornalero de los ruedos. Sus templadísimas verónicas, sus ceñidas y rítmicas chicuelinas, el finísimo cuarteo con que adornó primeramente el morrillo del sanmateíno, sus valerosos muletazos en tablas, sus naturales mandones y garbosos, uno de ellos, rematado por alto; sus derechazos largos y emotivos, sus pases de pecho plenos de majestuosidad y de verdad, sus ayudados por alto y por abajo, firmas y adornos del mejor gusto, y por último, entrando en corto y por derecho, media estocada en las mismas péndolas que hizo rodar al astado. Toda su labor estuvo en un plano de excelsitud artística, y en su honor hay que decir que su trasteo fue realizado con una alfombra de sombreros en el ruedo, y que antes de coronarlo con la media estocada que rubricó su éxito, ya los pañuelos aleteaban en el tendido pidiendo las orejas y el rabo de “Famoso”... Llevando en las manos los apéndices del incomparable toro de San Mateo, Luis “El Soldado” y don Antonio Llaguno dieron la vuelta al ruedo para recibir el homenaje de la afición metropolitana, mientras el cadáver de "Famoso" también era ovacionado al pasearlo alrededor de la arena. Y la policía hubo de intervenir para evitar que la multitud sacara en hombros a los triunfadores de esta tarde inolvidable, pues "El Soldado" hubo de ser llevado a la enfermería de la plaza, donde se le practicó una pequeña intervención quirúrgica...
Por su parte, quien firmó como Francisco Montes en La Lidia, refiere:
Castro inició la faena con tres muletazos en el estribo que ligó con uno de pecho; la ovación no se hizo esperar; siguió toreando por naturales que no fueron del todo lucidos y luego continuó con la mano de cobrar y sus pases resultaron brillantes y bien rematados; la faena es de estimable mérito aunque derechista; ayudados por alto estatuarios, cambios de muleta por la espalda, ayudados por bajo, una faena muy torera y quizá la mejor que ha hecho en su vida; lasernistas, derechazos en redondo en los que materialmente se embarra en la faja al estupendo y maravilloso burel de San Mateo; entra a matar muy bien y deja media estocada delantera que hace rodar al burel sin puntilla: la ovación es delirante, se le conceden las dos orejas y el rabo de su enemigo, a quien merecidamente se le da la vuelta al ruedo; el público emocionado pide salga a la arena el ganadero, el que, en compañía del espada, da la vuelta al anillo recibiendo una apoteósica demostración de cariño...
Y días después, don Luis de la Torre El-Hombre-Que-No-Cree-En-Nada, reflexiona:
Lo toreó de capa como “El Soldado” sabe hacerlo en condiciones del todo favorables, interviniendo él solo durante el tercio de varas que se redujo a dos. Le colocó un magnífico cuarteo en banderillas que nos hizo recordar lo buen rehiletero que fue en los principios de su carrera, colgando otro más de colocación defectuosa, aunque con muy buenos procedimientos. Y después vino lo grande, el faenón reivindicador iniciado con tres muletazos en el estribo de positivo mérito, para apenas alejado el burel del lugar de iniciación, plasmar un trasteo en un palmo de terreno, en el que hubo toda clase de pases, desde el clásico natural, rematado ya por bajo ya por alto, hasta el adornamiento plástico y perfecto, pasando por los muletazos de toda índole ejecutados con majestuosidad y torerismo puro, sin el menor detalle de afectación, conservando siempre el cuerpo enhiesto, moviendo los brazos y con ellos la muleta con dominio y absoluta soltura, pasándose al bruto a pocos centímetros del pecho o de la faja, según las circunstancias. Una cátedra del bien torear, aprovechando a maravilla las excepcionales cualidades del pequeño enemigo que no supo tirar una cornada y al que despachó al destazadero de una casi entera de rapidísimos efectos, ganándose por todo ensordecedora ovación, oreja y rabo. Los despojos del bravísimo novillo fueron también ovacionados, dándosele, ahora sí, la vuelta al ruedo en compañía de su criador... ¡VAYA TORO BIEN APROVECHADO! …
Las opiniones de la crónica son unánimes en cuanto al hacer de El Soldado ante Famoso, y de esa manera, reitero, ha pasado a la historia como una de las más acabadas obras de su paso por los ruedos.
Importante es también señalar que la vuelta al ruedo que dio don Antonio Llaguno junto con el torero de Mixcoac, fue la última de su trayectoria ganadera, porque días después fue intervenido de la columna vertebral y tras de dicha cirugía, ya no pudo volver a desplazarse por su propio pie, dejando de asistir a las plazas, pero manteniéndose pendiente de la ganadería que al paso de los años sería el eje del toro de lidia que se cría en México.
El Soldado ha pasado a la historia como uno de los toreros artistas más grandes que ha dado este país, pero también nos dejó estampas de reciedumbre torera, imponiéndose a las condiciones de los toros que no tenían aptitudes para lucir la clase delante de ellos, es sin duda un caso único del torero que puede con los toros, pero que también crea arte con ellos. La tarde que hoy me ocupa, es un claro ejemplo de ello.






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