domingo, 9 de agosto de 2026

8 de agosto de 1947. Pepín Martín Vázquez… en Valdepeñas

Manolete, Curro Caro, Pepín Martín Vázquez
Valdepeñas 8 de agosto 1947
Foto: Cano
Manolete había anunciado su intención de retirarse de los ruedos al término de la campaña de 1947 y en los hechos estaba llevando a cabo esa pretensión, porque después de concluir abruptamente su campaña americana en el mes de febrero, a causa de una nueva ruptura de las relaciones taurinas hispano – mexicanas, hizo una pausa en su actividad en los ruedos, reapareciendo en plazas europeas hasta finales del mes de junio. Esta última circunstancia y la obligada ausencia de Carlos Arruza en los carteles, removieron la punta del escalafón y así, lo encabezaron Parrita, Luis Miguel Dominguín, Manuel Álvarez Andaluz, Pepe Luis Vázquez, Rovira y también, a la mitad del calendario, estaba enfilado a ocupar el primer puesto un torero sevillano del barrio de La Macarena: Pepín Martín Vázquez.

El hijo del señor Curro Martín Vázquez, a quien vimos aquí en México en 1946, ya se había asentado como un torero que llevaba a los ruedos una propuesta distinta, una tauromaquia que, vista en el vídeo, representa la transición a la forma de hacer las cosas delante de los toros como sería cotidiano medio siglo después. Y eso, cuando se repite constantemente delante de los toros, entusiasma a los tendidos y crea alrededor del diestro un aura de figura.

En la brevísima temporada que Manolete hizo en ese 1947, de apenas 21 tardes, alternó tres veces con Pepín Martín Vázquez: Madrid, en la corrida de Beneficencia, en Santander y en la tarde que hoy me ocupa.

Valdepeñas, Ciudad Real

La Feria de agosto de Valdepeñas tiene sus raíces en las ferias comerciales de la Edad Media y se celebra de manera separada a la que se verifica en septiembre dedicada a la vendimia o al vino. En ese año de 1947, esa feria agosteña se aderezó con una corrida de toros, en la que, para enfrentar un encierro de la Viuda de Concha y Sierra, se acartelaron Curro Caro, Manolete y Pepín Martín Vázquez

La corrida, a pesar de ser la plaza una de tercera categoría, inaugurada en 1872, con cinco mil localidades, de acuerdo con los pesos en canal de los toros dados a la prensa, promedió en vivo alrededor de 462 kilos, lo que significa que tuvo edad. 

La relación de la corrida que contienen los diarios madrileños, proporcionada por la agencia Cifra del festejo, es de la siguiente guisa:

VALDEPEÑAS 8. – Corrida de feria. Seis toros de Concha y Sierra para Curro Caro, Manolete y Pepín Martín Vázquez. – Primero. – Curro Caro y Pepín, aplaudidos en quites. Bien pareado. Curro Caro empieza la faena sentado en el estribo; dos pases de rodillas, naturales y de picho, media delantera y descabello. (Ovación y petición de oreja). – Segundo. – Manolete le da unos lances que remata con media verónica. (Ovación.) El toro es castigado en varas. Manolete realiza una gran faena, iniciada con ayudados por alto, seguidos de naturales, molinetes y manoletinas. (Ovación y música.) Una estocada superior, de la que rueda el astado. (Clamorosa ovación, dos orejas, rabo, que rechaza, el diestro; vuelta al ruedo, con devolución de prendas y salida a los medios). – Tercero. – Pepín es aplaudido con el capote. A consecuencia del castigo sufrido llega el toro muy quedado a la suerte final. Faena breve de Pepín Martín Vázquez, en la que destacan dos molinetes con derroche de valor. Media estocada. (Aplausos clamorosos.) El toro es pitado «n el arrastre. Se renuevan los aplausos al matador. – Cuarto. – Curro Caro hace una faena corta, dado el mal estado del bicho. Un. pinchazo, una delantera hasta el puño, de la que rueda el toro sin puntilla. (Palmas y algunas protestas por la brevedad). -  Quinto. – Manolete es aplaudido con la capa. Ei público abronca a los piqueros por el excesivo castigo que dan al toro. Manolete con la muleta es nuevamente aplaudido al dar dos soberbios ayudados y dos redondos. Coloca una estocada y remata el puntillero. (División de opiniones). – Sexto. – Cojea de la pata izquierda. Pepín lo recoge con la capa y le da tres verónicas que se jalean. Al quitar por chicuelinas recibe una gran ovación. Pepín empieza la faena con dos soberbios estatuarios que ponen al público en pie. Sigue por naturales, y al dar el segundo es volteado, resultando cogido; en brazos de las asistencias pasa a la enfermería, donde, el doctor Izarra procede seguidamente a operarle. Curro Caro despacha al bicho de dos medias estocadas. Pesos de los toros: 267, 260, 280, 275, 279 y 301 kilogramos, respectivamente.

La información, como podemos ver, es escueta, simplemente se limita a relatar con brevedad los sucesos del festejo, sin mayor análisis sobre los sucesos del ruedo, aunque el torero, casi medio siglo después, le relató lo siguiente a Alfonso Carlos Sáiz Valdivielso:

Estaba toreando con la izquierda. En el centro de la suerte el toro se desentendió de la muleta y me metió el pitón por la ingle. Sentí como una llamarada de fuego que me subía hasta el vientre. Cuando me incorporé, me vi inundado de sangre. Al llegar a la enfermería los dolores eran espantosos, tanto que pedí al médico que me anestesiara pronto, porque no quería conservar la sensación de dolor... El dolor, el recuerdo del dolor, es lo que de verdad nos quita el tipo a los toreros…

Los toreros, en activo o en el retiro, pocas veces quieren hablar de las sensaciones que les producen sus percances.

Los partes facultativos y un Buick azul por la carretera

La brevísima relación de agencia, señala que Pepín Martín Vázquez pasó a la enfermería para ser intervenido por el doctor Izarra, quien, al concluir su labor, rindió el siguiente parte:

Durante la lidia del sexto toro ingresó en la enfermería de la plaza el matador de toros Pepín Martin Vázquez, que padece herida producida por asta de toro en el tercio medio del muslo izquierdo cara anteroizquierda con gran dilaceración muscular, contusión intonsa de paquete vascular nervioso en un trayecto de diez centímetros y fuerte hemorragia. Pronóstico muy grave. Firmado: doctor Izarra.

Advertido Manolete de la gravedad de Pepín, dispuso de inmediato que se le trasladara en su automóvil a Madrid para que le atendiera el doctor Jiménez Guinea. Y en el Buick azul se montaron el Monstruo, Camará, el doctor Izarra, el chofer y el torero herido, para hacer el recorrido de alrededor de 250 kilómetros, los que, se pensó en su día, eran la diferencia entre el sobrevivir o no para Pepín Martín Vázquez.

Alrededor de las 11 de la noche fue ingresado en el Sanatorio de Toreros de Madrid y allí fue examinado por Jiménez Guinea, quien determinó intervenirle de nueva cuenta y posteriormente se rindió un nuevo parte médico:

En la noche de hoy ha ingresado este Sanatorio el matador de toros Pepín Martin Vázquez, lesionado en la corrida celebrada en Valdepeñas, sufriendo una herida por asta de toro situada en el tercio medio de la cara anterointerna del muslo izquierdo. Interesa piel, tejido celular y aponeurosis, con una trayectoria dirigida hacia arriba, afuera y hacia atrás, de unos 25 centímetros, que produce grandes destrozos en los músculos abductores, desgarra la vaina de los vasos femorales, contundiendo fuertemente la arteria y la vena en una extensión aproximada de ocho centímetros, terminando al nivel de la línea áspera del fémur. Pronóstico muy grave. Doctor Jiménez Guinea.

La descripción de las lesiones hecha por Jiménez Guinea es más prolija y descriptiva de las zonas anatómicas afectadas por el cuerno del toro de Concha y Sierra, pero también es clara en un punto muy importante, el sangrado estaba debidamente controlado.

La larga recuperación del torero

Pocos días después de su ingreso al Sanatorio de Toreros, Pepín Martín Vázquez fue entrevistado por Pilar Yvars para el semanario El Ruedo, y entre otras cosas comentó lo siguiente:

Lo he pasado muy mal. Pero lo de la cornada parece que ya no ofrece peligro. Ahora me duelen los brazos, por causa de las inyecciones que me han dado para calmarme y que pudiera dormir. Y persiste el dolor en el pie. Más que la herida misma, me ha dolido la parte inferior de la pierna, de la rodilla hasta el pie... Por causa de ella pierdo veintiuna corridas que tenía aún que dar esta temporada. Pero, bueno... Ya surgirán nuevos contratos... En cuanto esté restablecido. Mientras me encuentre en el campo no dejaré de torear. No hay que desentrenarse. Mi mayor deseo es estar pronto bien del todo para seguir, como hasta ahora, enfrentándome con los toros...

Refería a la entrevistadora dolor en la parte inferior de la pierna herida y su hermano Rafael, que le acompañaba allí, comentaba que con esa extremidad cayó cuando lo soltó el toro que lo hirió. Quizás llevaba también alguna lesión ósea o articular no revelada en los partes, porque al final de cuentas, la reaparición de Pepín Martín Vázquez se vino a dar hasta el 9 de mayo de 1948, en Barcelona, es decir, nueve meses después del percance, tiempo en el que, además de prepararse en el campo para la reaparición, participó en la filmación de la película Currito de la Cruz, dirigida por Luis Lucía, cuyo guion se derivaba de la novela de Alejandro Pérez Lugín.

Pero ya los toros no serían lo mismo para Pepín Martín Vázquez. En 1949 otra cornada, ésta sufrida en Peñaranda de Bracamonte y una más, al año siguiente en Lima, le harían saber que era hora de rectificar el camino. Y en 1952 decidió cumplir con los compromisos más próximos y con su temporada americana, teniendo su tarde postrera en Caracas el 23 de febrero de 1953. 

Aunque en el tiempo inmediatamente posterior a lo de Valdepeñas sonaba optimista, me da la impresión de que las secuelas anímicas de esa cornada, nunca terminó de superarlas y por eso dejó inacabada la transformación que prometía para la forma de hacer el toreo. Una vez que dejó los ruedos, también dejó los ambientes cercanos a ellos, retirándose a una vida auténticamente privada y familiar.

El prólogo de una temporada de sangre

Cuando se revisa el 1947 taurino, generalmente se hace referencia a las tragedias ocurridas en Linares, el 28 de agosto; en Vila Viçosa, Portugal, el 15 de septiembre y en la Ciudad de México el 28 de ese mismo mes de septiembre. Y las tres tienen nombre propio: Manolete, Carnicerito de México y Joselillo. Han trascendido porque, como lo ha escrito el Padre Ramón Cue, son la prueba fehaciente de que el toreo es un juego de tres, del toro, del torero y de la muerte. 

Pero esa sucesión de percances a los que don Carlos Septién García escribiera su Martirologio de 1947 tuvo su prólogo escrito también con la sangre de un torero, que por no ser su destino morir en la plaza, pudo sobrevivir y percatarse de la dura realidad que importa el jugarse la vida en los ruedos, y creo que es de justicia, que cuando se hable de las penas causadas por las astas de los toros en ese particular calendario, se debe poner por delante, la de esa tarde del 8 de agosto, en Valdepeñas, porque allí se comenzó a escribir la historia trágica de 1947.

domingo, 2 de agosto de 2026

2 de agosto de 1944: Luis Miguel Dominguín recibe la alternativa en La Coruña


Los hermanos González LucasDomingo, Pepe y Luis Miguel – , de acuerdo con la obra del segundo de ellos titulada Mi Gente, tomaron la decisión en acuerdo con su padre, de dedicarse a torear en el año de 1936 y para ello dejaron España, se radicaron en Lisboa, lugar en el que podrían torear en público y posteriormente se dirigieron a México, en donde estuvieron en el campo en las ganaderías de Piedras Negras y La Laguna, sin poder actuar en las plazas, dada la ruptura de las relaciones taurinas hispano – mexicanas. Eso les hizo apuntar la dirección de sus pasos hacia América del Sur, donde pudieron desarrollarse primero como becerristas y posteriormente, como novilleros.

Así, Luis Miguel Dominguín llegó a tomar una alternativa el 23 de noviembre de 1941, en Bogotá, de manos de Domingo Ortega, con el testimonio de su hermano Domingo, lidiando toros peruanos de La Viña. La crónica  aparecida en el diario El Tiempo de Bogotá, firmada por K – Milo, refiere que Luis Miguel le cortó las orejas y el rabo al toro de su alternativa.

La familia González Lucas regresaría a España en 1942 y habida cuenta que a las alternativas recibidas fuera de allí no se les reconocía validez, Luis Miguel comenzó a torear novilladas, recibiendo su primera cornada el 30 de agosto de 1942 en Málaga. 

Torearía 15 festejos en 1943, presentándose ese año en Las Ventas, alternando el 5 de septiembre con Rafael Perea Boni y Eugenio Fernández Angelete, cortando dos orejas esa tarde, lo que le valdría regresar allí el día 30 siguiente, mano a mano con su hermano Pepe, tarde en la que solamente dio una vuelta al ruedo tras despachar a su primero y en la que tratando de salir triunfante, regaló el sobrero.

La temporada de 1944, la de su alternativa, le representó otras 22 novilladas, en las que compartió cartel con todos los que encabezaban el escalafón, como Pepín Martín Vázquez, Parrita, Paquito Muñoz o Jaime Marco El Choni. Se presentó en Sevilla el 8 de junio y allí mismo, el 30 de julio, se despidió de la novillería, alternando con Rafael Martín Vázquez y Cayetano Ordóñez hijo, cortándole las dos orejas a un novillo del Duque de Tovar y siendo llevado en hombros hasta el Hotel Majestic.

La previa de la corrida

La feria veraniega de La Coruña del año 44 constaría de dos corridas a celebrarse el miércoles 2 y el domingo 6 de agosto. La primera sería la fecha en la que Luis Miguel sería alternativado – de manera definitiva – por Domingo Ortega, en presencia de su hermano Domingo y con la actuación del rejoneador Álvaro Domecq. El encierro a lidiarse sería de Samuel Hermanos y salvo los toros y la actuación del torero a caballo, el cartel de toreros a pie era una repetición del de Bogotá de casi cuatro años antes.

La Hoja del Lunes coruñesa aparecida el 31 de julio anterior, a propósito de la primera corrida de feria, relata:

Van a iniciarse las fiestas veraniegas de La Coruña y, contra todo lo acostumbrado, se inician este año en miércoles con un acontecimiento taurino: la alternativa de Luis Miguel Dominguín que recibirá el título de manos de Domingo Ortega... Grande es el honor que nos otorga el benjamín de una dinastía de toreros, y nuestra plaza habrá de sentirse orgullosa en ese día cobijando entre sus muros tan grande solemnidad, siquiera su alegría se vea empañada por la amenaza de derribo que sobre ella pesa... Esta ceremonia de la alternativa será para muchos espectadores una novedad, pero nuestra plaza ha sido ya testigo de otra solemnidad análoga, registrada hace una treintena de años, poco más o menos. Y fue la Asociación de la Prensa la que organizó y llevó a efecto, por cierto, con éxito sin precedente, aquella corrida en que Manuel Mejías “Bienvenida” otorgó el espaldarazo a Alfonso Cela “Celita”... Pues de tan grata recordación de aquella solemnidad, estamos convencidos de que habrá de ser la que, pasado mañana, miércoles, nos ofrezca Luis Miguel Dominguín. La plaza volverá a verse colmada de gente, porque el nuevo matador de toros llega a ocupar este puesto por sus propios merecimientos cumplidamente demostrados en los circos taurinos de toda España...

El ambiente para esta primera corrida de feria parecía interesado en este cartel de apertura. Interesante resulta la reflexión que se hace también en el sentido de que se planteaba el derribo de la plaza de toros, inaugurada en 1885. La realidad es que resistió en pie hasta 1967, cuando se celebró en ella su último festejo y posteriormente fue demolida.

El triunfo de Luis Miguel

Curiosamente, la crónica de la agencia Cifra, replicada por los diarios ABC, Arriba y Pueblo de Madrid, no refieren la actuación de don Álvaro Domecq al relatar el festejo y el semanario El Ruedo, ni siquiera se ocupa de la corrida en comento. De esa crónica, se deduce que la tarde de la definitiva alternativa de Luis Miguel fue triunfal. 

La plaza estuvo llena, el tiempo fue bueno y presidió el alcalde Luis Vázquez asesorado por Marcial Lalanda. La actuación del toricantano fue del siguiente tono:

Primero. – Luis Miguel lo recibe en la en la barrera, de rodillas, con una larga afarolada. Continúa por verónicas, que se aplauden con entusiasmo. Tres varas. En quites son ovacionados los tres matadores. Un par y dos medios de banderillas. Ortega, en medio de gran ovación, entrega los trastos a Luis Miguel. Este brinda a su padre. (Suena la música.) Luis Miguel comienza la faena con cuatro pases soberbios de rodillas. Sigue con otros muy ceñidos, que arrancan ovaciones. Intercala tres naturales y se adorna con toque de pitón. Pinchazo y media. Descabello. (Ovación, oreja, vuelta al ruedo y salida a los medios)… Sexto. – A la salida, Luis Miguel se arrodilla en el centro de la plaza y recibe con al toro con una larga afarolada. Continúa con verónicas insuperables que se ovacionan. (El público puesto en pie, le tributa una prolongada ovación). Cuatro varas y los tres matadores se hacen aplaudir en quites. Luis Miguel cambia medio par de banderillas y repite con dos pares, que se ovacionan por su ejecución artística. Brinda a Ortega, y comienza una faena muy torera y temeraria, adornada con pases de diversa factura. Termina con media y descabello al tercer intento. (Oreja, ovación, vuelta y salida del redondel a hombros de los espectadores)…

Domingo Ortega cortaría una oreja al segundo de la corrida y por su parte Domingo Dominguín daría una vuelta al ruedo tras la lidia del quinto de la corrida.

El arranque de una leyenda

A los pocos días de haber recibido la alternativa, se anunció que Luis Miguel Dominguín sería apoderado por Marcial Lalanda. Así lo contó a su biógrafo, don Carlos Abella:

Mi padre consideró oportuno que el primer año de matador me apoderara Marcial Lalanda y fue una temporada de preparación pues toreé solo ocho corridas, pero hay una de la que guardo especial memoria, pues fue la celebrada el 25 de agosto en Almería, porque esa tarde salí a por todas porque era la primera vez que toreaba con «Manolete» y sabía que era a quien había que empezar a presionar. Estuve bien y en un momento de la corrida, Domingo Ortega, que actuaba en primer lugar y que ya «comodón» se amoldaba a «Manolete», me reprochó mi celo, como ya había hecho en Bogotá hacía dos años. «Domingo, tú ganas 50,000 pesetas, como “Manolete” y yo solo 15,000 pesetas»... Y volviste a torear con él el 12 de octubre en Alicante... Sí, pero, aunque en Almería no corté orejas, el apoderado de «Manolete», «Camará» consideró incómoda mi presencia en los carteles de «Manolete» y se movió con las empresas para que me dejaran «parado». De hecho, después de Almería, solo toreé tres corridas...

El apoderamiento por Marcial Lalanda se anunció en El Ruedo del 9 de agosto de 1944. En cuanto al enfrentamiento con la administración de Manolete, hay historias que corroboran su veracidad, pero al final de cuentas, la historia nos deja ver la coincidencia de ambos toreros en fechas importantes de sus trayectorias.

domingo, 26 de julio de 2026

25 de julio de 1969: Antonio Lomelín se presenta en ruedos de España

1969 fue el año de la guerrilla, la temporada en la que El Cordobés y Palomo Linares se organizaron una temporada paralela para contrarrestar la presión de empresarios como los Chopera, Canorea, Livinio Stuyck, Emilio Miranda y los Dominguín, quienes pretendían contratarlos con honorarios sujetos a un tope predeterminado y firmándoles las fechas en bloque.

Entonces, los dos diestros, que en las dos temporadas anteriores tuvieron entre ellos sus más y sus menos, unieron sus fuerzas, tomaron en arrendamiento muchas plazas de segunda y tercera categoría y se hicieron de una portátil para recorrer toda la geografía española sacando la vuelta a los empresarios que quisieron poner freno a sus pretensiones económicas – principalmente – y taurinas. 

Para ello, contaron con un amplio despliegue publicitario en los distintos medios, con el diario madrileño Pueblo y su director y jefe de información taurina, Emilio Romero a la cabeza, que fue quien bautizó la insurrección como La Guerrilla.

En ese estado de cosas, hubo muchos toros en España ese año de gracia, 625 corridas de toros se dieron y 375 novilladas con picadores. Así, los toreros hispanos tuvieron muchas fechas por cubrir y eso se reflejó en una escasa presencia de los nuestros por aquellas calendas, porque apenas se presentaron en esos ruedos tres matadores de toros: Manolo Martínez, Alfredo Leal y Antonio Lomelín; un rejoneador, Gastón Santos y un novillero, Luis Procuna hijo.

Antonio Lomelín bajo el signo de Arruza

Antonio Lomelín había recibido la alternativa en Irapuato el 20 de noviembre de 1967 y la confirmó en la Plaza México el 18 de febrero siguiente. Fue avanzando en una carrera en la que comenzaba a sacar la cabeza, apoyado en un valor a toda prueba, su facilidad con los palos en el segundo tercio y su impresionante habilidad como estoqueador. Los medios mexicanos comentaron con brevedad que, en mayo de 1969, asistiría a varios festejos de la Feria de San Isidro en Madrid.

La crónica de quien firmó como Claridades – no confundir con Fernando Gillis – en el Diario de Barcelona del día siguiente al del festejo, parece confirmar la especie:

Antonio Lomelín vino a España para ver 1a feria de San Isidro. Le acompaña un hijo de Silverio Pérez, ingeniero agrónomo, que mata el gusanillo de la afición toreando en festivales. Lomelín tomó la alternativa en la plaza de Irapuato (Estado de Guanajuato), el 20 de noviembre de 1967 de manos de Manuel Capetillo. «Haré lo posible – me dice – por cortar las orejas esta tarde»...

Bien arropado llegaba a tierras hispanas el diestro de Acapulco y también contó con la habilidad de quien le llevaba sus asuntos entonces, Manuel del Pozo Rayito, porque de ser un viaje de mera toma de contacto con el ambiente taurino español, terminó por arreglarle una brevísima campaña por aquellas tierras, que terminó por abrirle puertas para la siguiente temporada, que sería de capital importancia para él.

La fecha escogida, el día de Santiago Apóstol, taurinamente en Barcelona, encerraba una efeméride importante. Sigue contando Claridades:

Día de Santiago. Ha transcurrido un cuarto de siglo de la presentación de Arruza en Barcelona. Corría el 1944. El refuerzo de los turistas no contaba para nada. La entrada fue mezquina. Pero el éxito arrollador de Arruza y el triunfo de Mario Cabré fue como un toque que pone en actitud de alerta a una multitud. Cinco días después para ver a Arruza con Domingo Ortega y «El Andaluz» no se encontraba una entrada ni en reventa. A ningún precio... No se me olvidará jamás. Una afición jubilosa, de febril entusiasmo, aupaba a hombros a Arruza y Cabré por la avenida de José Antonio. Al llegar frente al hotel Ritz, detiene sus trémulos pasos la multitud. Arruza y Mario Cabré se abrazan emocionados. Es un símbolo veraz que hermana la gloria taurina de ambos países. Es la más auténtica propaganda, no la estúpida que manejan con incongruente constancia los toreros actuales... Al cuarto de siglo va a debutar en España un compatriota del inolvidable Arruza. Descansa en una habitación del Ritz. Contemplo la calle por el ventanal de se alojamiento. Le digo al torero mejicano: «Sensible el público a las proezas que habían realizado Arruza y Cabré, los fue aclamando con vítores de frenesí hasta el hotel». Lomelín me escucha inmóvil...

Así pues, un cuarto de siglo después de que Carlos Arruza se presentara en la Monumental de Barcelona, otro torero mexicano hacía lo propio en el mismo ruedo. Cuando Antonio Lomelín confirmó en Madrid, Antonio Abad Ojuel comparaba la sorpresa que el Ciclón Mexicano causó el día de su presentación allí, con la que el diestro acapulqueño produjo en la misma situación.

La corrida de su presentación

Para ese jueves de Santiago se anunciaron toros de Pilar Sánchez Cobaleda (1º y 6º); María Sánchez Cobaleda (2º y 4º) y Manuel Sánchez Cobaleda (3º y 5º), procediendo el de rejones, también de este último hierro, todos del encaste Vega – Villar. El cuarto de la corrida fue devuelto a los corrales por haber aparentado estar reparado de la vista, y fue sustituido por uno de María Antonia Fonseca Herrero. El cartel de toreros se integró por el rejoneador mexicano Gastón Santos, y en la lidia ordinaria el chiclanero Adolfo Ávila El Paquiro, Antonio Lomelín y el diestro de Trigueros Pablo Gómez Terrón.

La tarde de Antonio Lomelín fue bien saldada, pues cortó la oreja al primero de su lote y dio la vuelta tras despachar al segundo. Rafael Manzano, corresponsal del semanario El Ruedo de Madrid, relata:

Antonio Lomelín, mejicano, hacía su presentación en España. Ha dejado buena Impresión por sus excelentes maneras. A su primero lo veroniqueó con desahogo. La media del remate, superior. Le correspondió un bicho receloso y reservón; lo enceló con él cuerpo y tiró muy bien de su enemigo, con pases mandones y valerosos. Entró a herir en corto y señaló una entera, que bastó. Le concedieron una oreja. Un bicho con unas velas impresionantes, cornivuelto, fue el quinto. Lo recibió con una larga cambiada, de hinojos. Cogió los palos y dejó más sembrados en la arena que en el morrillo. Brindó al hijo de Silverio Pérez, que estaba en una barrera. La res tenía demasiadas perchas y e1 mejicano se sintió preocupado por las defensas del bicho, que se ceñía por el derecho, pero que tenía cómodo viaje por el izquierdo. Sin embargo, no se afligió y, sobre todo, entró a matar muy bien, señalando media, que bastó. Dio la vuelta al redondel...

Dejó su tarjeta de presentación con la espada, pero no pudo refrendar sus habilidades con las banderillas. Ya tendría tiempo de hacerlo. Por su parte, el ya nombrado Claridades, refiere:

Frente al torero con cosas de «torero antiguo», como le advirtió su tío, la juventud de Lomelín, mejicano esperanzado en cortarles las orejas a los toros. El segundo toro de la corrida tomó un refilonazo y una vara, saliendo suelto. En el tercio de banderillas prende el mejicano tres pares vulgares. Nada calibro de buen banderillero. Al ponerle el toro en suerte el peón Pepe Cano, cae debajo del estribo donde el toro le echa varias cornadas. Pasa por mi mente el drama del pobre Manuel de la Cruz Fuentes Bejarano. Advierto el terror, pero un capote danza portador del milagro de Santiago Apóstol. Segundo interminable. Lomelín con el toro de embestida corta, tardo y quedado, realiza una faena compuesta. Quizá peca, de adelantarle la muleta cada vez con exageración por el pitón contrario. Mata de pinchazo, estocada entera, volcándose, aún sin exceso de apreturas en la suerte. Oreja y vuelta al ruedo… En el toro quinto, de bella estampa y veleta de cornamenta, pidió el cambio con un solo puyazo, prendiéndole dos medios pares con desacierto. Brindó al hijo de Silverio Pérez, y anduvo breve con el toro de corta. embestida. Mató de pinchazo sin soltar y media estocada bien puesta. Vuelta al ruedo…

No hay mucha diferencia de criterios entre las dos relaciones. Quizás era cosa de tomarle el ritmo al toro español, porque en la prensa que pude revisar, no se hace referencia a que Antonio Lomelín haya visitado el campo por aquellas tierras o que haya toreado a puerta cerrada. Cuestiones que se podrían resolver en el tiempo y delante de los toros.

El resto de la campaña de Lomelín

El año de 1969 le redituó a Antonio 8 corridas en ruedos españoles, en plazas como Barcelona, San Sebastián, Almería o Palma de Mallorca. Alternó con toreros de la talla de Julio Aparicio, en su campaña de despedida, Joaquín Bernadó, Paco Camino, El Cordobés, Paquirri o Ángel Teruel, y dejó preparada la temporada de 1970, en la que confirmaría triunfalmente su alternativa en Madrid.

Retales de la prensa de la época

Al ir siguiendo la noticia de la corrida de la presentación de Antonio Lomelín, me encontré con la información de un festejo nocturno “De la Oportunidad”, – celebrado a las 11 de la noche del sábado 26 de julio – en la plaza de Vista Alegre en Carabanchel, Madrid. Alternaron Blas Romero El Platanito, Pepín Garrido, Jesús Lucas El Cañavate, Roberto Piles y Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea, ante novillos salmantinos de Enrique García de la Serna, de origen santacoloma.

Eran los primeros pasos en los ruedos de todos ellos. Terminarían cobrando notoriedad El Platanito, Roberto Piles y El Niño de la Capea por sobre todos, porque se alzaría para ser una figura histórica del toreo. Esa tarde – noche en realidad – es una de esas que tienden a esconderse en la memoria, para dejar el paso a las grandes tardes triunfales. 

domingo, 19 de julio de 2026

19 de julio de 1953: Jaime Bravo se presenta en Madrid

Jaime Bravo era nativo del barrio de Tepito en la capital mexicana y que de conformidad con lo que refiere la enciclopédica obra de Cossío, inició su andar por los ruedos en el año de 1950. Entre los años de 1952 y 1955 desarrolló una destacada carrera como novillero en los ruedos de España, logrando presentarse en sus principales plazas. 

La presentación de Jaime Bravo en Madrid

Su presentación en Madrid se pacta para el 19 de julio de 1953, tarde de domingo en la que compartirá cartel con Juan Bienvenida y con otro debutante, el sevillano José Rodríguez Coriano, para dar cuenta de un encierro de los sucesores de Graciliano Pérez Tabernero.

Del encierro inicialmente anunciado, solamente se lidiaron cuatro de los novillos reseñados, completándose el lote con dos de Juan Belmonte, corridos en quinto y sexto lugar. La impresión que dejaron los cronistas es en el sentido de que el ganado que se jugó, sobre todo el salmantino, más que una novillada, era una verdadera corrida de toros. Escribió Antonio Bellón, en su tribuna del diario madrileño Pueblo:

A esta actual revalorización del toro, la Empresa de Madrid contribuye en vanguardia. Siempre pisaron la arena madrileña reses con trapío y kilos sobrados, y ahora, en las novilladas caniculares, se lidian verdaderas corridas de toros... Ayer eran las reses, los toros, anunciadas de los hijos de Graciliano, y fue remendada la corrida en los corrales con dos bureles, también toros, de Juan Belmonte, lidiados en quinto y sexto lugar. Los de Belmonte fueron mansurrones, y los de Graciliano, para los debutantes Coriano y Bravo, no boyantes...

El comentario de Bellón arranca del hecho de que apenas un año antes, Antonio Bienvenida, hermano del primer espada del festejo que le tocaba relatar, había denunciado el fraude del afeitado. Por ello hablaba de la revalorización del toro en Madrid.

Pero, para nadie es novedoso o secreto, que, en los festejos veraniegos de Las Ventas, el toro - y el novillo también - crecen en proporciones que a veces escapan a cualquier lógica. 

La tarde de Jaime Bravo

El debutante mexicano saldó su tarde en Madrid con una salida al tercio y una vuelta al ruedo. Las distintas crónicas del festejo destacan su valor delante de los toros y su disposición por conectar con los tendidos. Escribió don Luis Uriarte, firmando como El de Tanda, para la Hoja del Lunes madrileña:

El tercer Graciliano fue el mejor de la tarde, y Jaime Bravo, que se había hecho aplaudir en un cambio de rodillas y en las verónicas que a seguido ligó, cogió las banderillas y se las ofreció a Bienvenida. Medio par aquél, uno muy fino Juanito, otro al quiebro el mejicano con un par de las cortas, que se cayeron, y otro bonísimo de poder a poder de su compañero, a quien se aplaudió largamente. La faena de Bravo – con mayúscula – lo fue también de bravo – con minúscula –: ayudados por alto, redondos, una arrucina perfectamente ejecutada, naturales, de pecho, con el aditamento de un par de desplantes de rodillas, justificaron el jaleo aprobatorio de la concurrencia. Con la espada flojeó el mejicano por su defecto de no arquear el brazo al herir. Los tres pinchazos y la estocada corta, sin embargo, no fueron óbice para que se le ovacionara cariñosamente... Y aquí se acabó la paz... con el sexto, de Belmonte, no tan molesto, aunque tampoco cómodo, Bravo derrochó voluntad - y habilidad en los momentos de apuro -, lo despachó de una estocada corta y hasta se permitió el lujo de dar la vuelta al ruedo...

Advierte en su relato la variedad del torero, el valor desplegado, pero también lo que aparenta ser una falta de plan delante de los toros, algo que parece reiterar quien firmó como El Primer Reserva, sustituyendo al titular Giraldillo, para el ABC de Madrid:

Coraje y un poco de todo. – Jaime Bravo, que tiene una buena planta de torero, ha llegado a Madrid cuando todavía no ha aprendido a dar reposo a su toreo. Sabe ya pararse y hacer lentos los giros de su capote, pero el ansia de triunfar le roba la serenidad y hace de sus faenas un embarullado conjunto de todos los lances, todas las escuelas y todos los intentos. A medio viaje del toro, trata de improvisar el lance, en el que no parece haber pensado antes, y sólo su agilidad y su frío valor le libran de la cornada, que el domingo pareció inminente en muchas ocasiones... A su primero, el mejor toro de la tarde, alegre, dócil para el trapo, le dio unas verónicas con mucho sabor y temple. Falló, en cambio, en las banderillas, ya que después de media docena de tanteos sólo consiguió dejar un palo en el morrillo de la res, en tanto que Bienvenida salvaba el tercio, especialmente en un magnífico par de poder a poder. La faena de muleta, mescolanza de ayudados, pases en redondo, una arrucina escalofriante, desplantes y rodillazos, fue aplaudida y no pasó a más, porque Bravo tuvo que ensayar tres veces antes de lograr media estocada suficiente... El que cerraba plaza era de Belmonte y no estaba para demasiadas florituras. El mejicano le dio unos lances de capa lentos y apretados que se aplaudieron, y durante el muleteo, en que lo intentó todo sin cuajar nada, pasó muchos apuros con extraordinaria tranquilidad. Tuvo la suerte de coger una estocada que bastó, y gracias a eso y en premio a su valor y voluntad, dio la vuelta al ruedo, como despidiéndose del gentío que salía apresuradamente...

Sin dejar de reiterar la falta de estructura en su hacer en esa tarde, se deja claro el hecho de su buen hacer con la capa en el primer tercio, y sobre todo, la actitud desplegada buscando el triunfo ante todo, como debiera ser la actitud de cualquier novillero.

Antonio Bellón, citado antes, en su relación para el diario Pueblo, redondea en el sentido siguiente:

El mejicano Jaime Bravo, de cierto aire arrucesco, es torero elegante, fácil, con muchas cualidades que con el tiempo pueden cuajar en un matador de toros si a su labor le pone ligazón. Con el capote lanceó majestuoso y sus quites por gaoneras son impresionantes de quietud y de habilidad para quedarse junto a la oreja del burel... Ofreció los palos en el tercero a Juanito Bienvenida, ovacionado al colgar los zarcillos, y Bravo no tuvo suerte al clavar, más en la preparación y el aguante fue perfecta su labor. Encorajinado, partió un par de banderillas final y con el resto de los garapullos, menos de una cuarta de palitroque, cambió con vista y valor... Una faena con toda clase de pases en su primero le valió ovación y saludo. El vómito de la res quitó entusiasmos, y en el sexto volvió a mostrarse elegante, enterado y habilidoso, para salvar achuchones del toro, abrazándose al animal y quedándose pegado a pala y oreja. Dio la vuelta al ruedo, y en tarde menos tormentosa y sin nervios – naturales ayer, día de su presentación – trabada su sabiduría y facilidad, puede redondear una gran actuación...

Al final de cuentas, Jaime Bravo resolvió su presentación en la principal plaza del mundo, dejando en la crónica y en la afición la intención de volverle a ver por allí. 

El resto de la tarde

Juan Bienvenida buscaba resarcirse de las pérdidas de su anterior actuación en el coso madrileño, donde tuvo una mala tarde y una buena cantidad de asistentes tenían la intención de cobrarle la factura en esta presentación. Pudo salir al tercio tras la lidia de sus dos novillos, aunque sin faltar entre las ovaciones, el desagradable condimento de los pitos de aquellos que nunca parecen estar contentos con nada.

Por su parte, el otro debutante, Coriano, a quien Bellón en su crónica describe como ya maduro de edad, se mostró como un torero valiente, y que a pesar de las volteretas que le dio el primero de su lote, también pudo terminar su tarde con una vuelta al ruedo. 

El devenir de Jaime Bravo

Jaime Bravo volvería a Madrid una media docena de tardes más y en una de ellas sería protagonista de unos hechos que pasarían a la historia del toreo. El 31 de julio de 1955, en la novillada en la que alternó con Rafael Mariscal y Enrique Orive, tras la lidia del cuarto de la tarde, el picador de su cuadrilla, el michoacano Sixto Vázquez, fue llamado a dar la vuelta al ruedo por la extraordinaria forma en la que picó en esa tarde.

Recibiría la alternativa en Palma de Mallorca el 18 de septiembre de ese mismo año del 55, de manos de Victoriano Posada y llevando de testigo a Pepe Ordóñez, siéndole cedido el toro Amapolo de Fernández Zúmel. Esa alternativa la confirmaría en la Plaza México el 12 de febrero de 1956, con el toro Fandanguero de Torrecilla, de manos de Manuel Capetillo y atestiguando el acto Jorge El Ranchero Aguilar.

Ya como matador de toros, Jaime Bravo tendría un gran cartel en las plazas de la frontera norte de México, donde nuestra temporada, durante muchos años, sostenía el verano taurino. También fue uno de los pioneros en la introducción de los festejos taurinos en los Estados Unidos, siendo uno de los toreros que actuaron en una feria que se ofreció en el Astrodome de Houston en los años sesenta, a la que acudieron figuras de la talla de Paco Camino.

México en España en 1953

La temporada española del 53 contó con la presencia de un amplio número de toreros mexicanos. Por los matadores de toros actuaron Luis Briones, Pepe Luis Vázquez, Rafael Rodríguez, Jorge El Ranchero Aguilar, Juan Silveti, Curro Ortega, Anselmo Liceaga, Nacho Treviño y Fernando de los Reyes El Callao.

De los novilleros, aparte de Jaime Bravo, se presentaron Miguel Ángel, Alfredo Leal, Carlos Barrón, Pepe Luis Méndez, Manuel Márquez, Raúl Iglesias, El Callao, Joaquín Díaz Paquiro, Diego Arenas, Antonio Durán y Carlos González.

La reanudación del Convenio en 1951, propició el intercambio de toreros entre ambos países y sobre todo, nuestros novilleros cruzaban el mar, buscando prepararse para alcanzar con honor el grado de matador de toros. Sin duda, los tiempos han cambiado.

domingo, 12 de julio de 2026

10 de julio de 1910: El encuentro de El Papa Negro y Viajero de Trespalacios

El Nuevo Mundo, Madrid, 14 de julio 1910

Escribía don Manuel Serrano García Vao Dulzuras en su anuario Toros y Toreros dedicado a la temporada 1910:

Un ejemplo de voluntad firme, de afición grande, de pundonor exagerado es el que ha dado el joven Manuel Mejías, y ha sido una lástima que, cuando mayor era la velocidad adquirida, haya encontrado un obstáculo que le ha impedido continuar la marcha triunfal con tan grandes resultados emprendida con paso firme y puesta la vista en un punto al que quería llegar y podía llegar, según hemos visto por el esfuerzo realizado... Llevaba cinco años de alternativa, en los que no había perdido terreno, sino al contrario, había ganado todos los años un poco, pero no lo suficiente para ocupar el lugar que desde luego era su ilusión, como es la de todos... Tuvo un rasgo de clarividencia y un arranque de valor, y se presentó al empezar la temporada de 1910 ofreciendo a los públicos todo el gran toreo que tiene dentro, y sacando de lo más hondo de sus reservas un excelente matador de toros, que había estado oculto mucho tiempo... Los ímpetus que traía eran avasalladores; de los que espantan, alegran, entusiasman, producen estupefacción y arrollan todo lo que cogen por delante...

En ese sentir, el joven Bienvenida había contratado para ese calendario más de medio centenar de festejos y para el 10 de julio de 1910, llevaba cumplidos 19 contratos, de los cuales, 16, se verificaron en las plazas de Sevilla, Madrid y Lisboa, tres de primera línea. Para esa tarde del 10 de julio de 1910, refiere Luis de Armiñán, la empresa de Madrid a traves de Manuel Retana, propuso inicialmente un cartel en el que El Papa Negro alternara con Machaquito y con Rafael El Gallo, pero, don Manuel se empeñó en hacerlo en solitario:

Se lo agradezco, don Manuel, pero llevo una temporá magnífica y deseo redondearla aquí, antes de completarla en el norte. Tengo sueños, esperanzas muy grandes. Ruegue a mis compañeros que me cedan la fecha... ¿Qué toros tienen ustedes? … En «La Muñoza» hay dos corridas del conde de Trespalacios... A Manolo le agradaba entonces el ganado de Trespalacios, prócer extremeño... Retana y Bienvenida escogieron los más gordos y entre ellos, uno que les gustó mucho... Era cárdeno, chorreado, alto de cuerna, número 13 en su camada, se llamaba «Viajero». El buen sastre no quería lidiarle... Mira Manolo, que tiene cara de guasa, es descaradillo y alto de agujas...

Bienvenida manifestó su gusto por ese último ejemplar y hasta anunció que lo echaría en tercer lugar.

La corrida del 10 de julio de 1910

Bienvenida vistió ese domingo un terno grana y oro y llevó como sobresaliente de espadas al entonces novillero Alfonso Cela Celita y presidió el festejo don Antonio Rosado.

Ante el primero, llamado Cometa y el segundo Jardinero, Bienvenida lució sobre todo en los primeros tercios. Saludó en los medios tras el arrastre del que abrió plaza y su labor fue silenciada al terminar la lidia del segundo. 

Viajero de Trespalacios

Quien firmó como Don Benigno, encargado de la información taurina del diario El Mundo de Madrid, relata lo siguiente:

El socio que sale ahora se llama Viajero, viste de cárdeno y es algo mayor que los otros... Bienvenida da tres lances, muy bueno el primero, bueno el siguiente y atropellado el otro... Tampoco es bravo este toro, y tardea como los otros para acometer cuatro veces, la cuarta en los toriles, por dos caídas... Vuelve a parear Bienvenida, clavando un par al cambio, un poco pasado, pero dejando llegar... Bienvenida brinda al público de sol y se va solo al toro... Cita de largo, acude el toro, codicioso, derrota al bulto y engancha á Bienvenida por la pierna izquierda, lo tira a lo alto y en el suelo le mete la cabeza, sin acertarle... Acuden los capotes y Bienvenida se lleva la mano á la pierna, sin poderse levantar, y en brazos de los peones es conducido a la enfermería... La impresión en el público es enorme y el sentimiento general. Este era el primer toro que salía propósito para quo se luciese el torero... De la enfermería dicen que es un puntazo lo de Bienvenida. Parecía más...

La realidad se iría develando al paso de las siguientes horas, porque todavía el parte facultativo rendido por el servicio médico de plaza era escueto y daba espacio al optimismo:

«Durante la lidia del tercer toro ha ingresado en esta enfermería e1 diestro Manuel Megías (Bienvenida), con una herida contusa en la región de1 tercio medio del muslo izquierdo y en la cara interna, de cinco centímetros de extensión y unos seis de profundidad, y otra en la cara posterior, de tres centímetros de extensión y que interesa sólo la piel y tejido celular. – Doctor Julián de la Villa.»

La cirugía se realizó en la enfermería de la plaza y se reportó que no había mayores lesiones que las descritas en el parte, por lo que en esa misma tarde se trasladó al torero herido a su domicilio para su recuperación, señalando el doctor de la Villa que estaría recuperado en unos veinte días.

Al día después del percance

En la madrugada posterior a la cornada, Bienvenida comenzó a sentir fiebre y dolor en la región herida, por lo que pidió la intervención del doctor Pindado, para hacer una nueva exploración de sus lesiones. En el ejemplar del diario El Mundo salido el 11 de julio de 1910, se publicó la siguiente información firmada por su cronista Don Benigno:

A las doce le curó el doctor Pindado... Al trasladarle de cama se vieron dos charcos de sangre en el suelo, señal de que Bienvenida había sufrido una hemorragia de consideración durante la noche... El doctor Pindado procedió a reconocer minuciosamente la herida, y se encontró con que la de la parte anterior del muslo, que se creyó puntazo, era un cornalón, según el tecnicismo médico de los toreros, cuya profundidad no pudo determinarse, pero que excede de 12 centímetros... Ni con el dedo ni con unas pinzas, al limpiar con algodones la herida, pudo encontrar el doctor Pindado el fondo de aquella... Sin embargo, como no hay vasos ni tendones interesados, esta no es grave. De ella extrajo el médico un trozo de taleguilla...

Tras de la cura, y ya sintiéndose mejor, el torero habló con los periodistas, explicando el mecanismo de la cornada:

Yo cité al toro de largo, esperándole con los dos pies juntos para darle así un pase natural. Él se vino a mí, se ilusionó con el bulto y yo le quise dejar llegar y le dejé, le dejé, y cuando le metí la muleta, él no hizo caso, se metió por debajo y me pudo... Este es uno de los salarios del oficio... Cuando se los pagan a uno, no hay más remedio que cobrarlos...

Con esa entereza asumió Bienvenida el gravísimo percance que había sufrido.

El duro trance de la recuperación

En cuanto pudo viajar, Bienvenida volvió a su casa en Sevilla, pero se percató que no podía mover la pierna herida. Pidió la opinión del médico Gonzalo Blanco, quien, tras valorarlo, concluyó que tenía seccionado el nervio ciático y de allí inició un peregrinar por diversas clínicas y consultorios donde la respuesta a sus interrogantes caía en el mismo casillero: había quedado inútil para seguir siendo torero. 

Hasta que encontró al doctor Decref quien había atendido a un picador suyo, Monerri, quien había sufrido una seria lesión tras de una caída de un caballo. Decref le diseñó una especie de prótesis que le ayudaba a caminar y le aplicó sesiones de electroterapia, las que se sumaron a una cirugía que logró unir los cabos del nervio seccionado, y que permitieron que, con el tiempo, la pierna recobrara su movilidad.

El devenir del torero

Bienvenida reapareció hasta el mes de abril de 1911, temporada en la que no tuvo muchos éxitos, debido a su disminuida condición física. Para el año de 1912, arrancaba una temporada que sería definitoria en su futuro como torero, pero el 26 de mayo, en Madrid, el pitón de otro toro, éste llamado Ropero de la ganadería de Esteban Hernández, le hirió de gravedad de nueva cuenta en el muslo izquierdo. 

Escribió en su día Verduguillo:

Yo creía que a 'Bienvenida' lo había quitado de torero la cornada que le dio el 10 de julio de 1910 en la plaza de Madrid el toro 'Viajero', cárdeno, número 13, de la ganadería de Trespalacios, al iniciar su faena con el llamado pase de la muerte... El mismo “Bienvenida” me sacó del error:

- No – me dijo una noche – el toro que me cortó la carrera fue “Morito”, negro zaíno, número 45, de la ganadería de don Esteban Hernández, en Madrid, el 14 de mayo de 1912...

El nombre del toro y la fecha no coinciden, pero la corrida a la que me refiero es la misma a la que hizo mención el torero en esa conversación, porque ese 14 de mayo de 1912, no hubo toros en Madrid.

Bienvenida toreó por última vez vestido de luces en España el 9 de septiembre de 1924 en Bélmez, Córdoba, mano a mano con Manolo Belmonte, para lidiar toros de Pérez de la Concha y fue aquí en México, en el Toreo de la Condesa donde lo hizo por última vez en su vida, el 20 de marzo de 1927, en un festejo benéfico, matando él dos toros de San Diego de los Padres y sus hijos Manolo y Pepe, cuatro erales de Xajay.


domingo, 5 de julio de 2026

7 de julio de 1946: Cañitas se alza como triunfador en Pamplona

En la feria de Pamplona de 1946 se verificaron tres corridas de toros, los días 7, 8 y 9 de julio. El festejo de apertura se integró con toros de Juan Pedro Domecq, para el mexicano Carlos Vera Cañitas, el sevillano Manuel Álvarez Andaluz y el torero local Julián Marín. Era la presentación en esa plaza del bravo Cañitas, quien al final del calendario resultó ser el torero nuestro que más fechas sumó en ruedos europeos, una sorpresa después de la meteórica campaña que desarrolló Carlos Arruza el año anterior, porque el Ciclón apenas llegó a ser el tercero en el escalafón de los diestros de estas tierras.

Previo a la corrida, casi en la alborada del día de San Fermín, se produjo el primer encierro, en el que se corrieron los toros a lidiarse en la tarde. La nota de la agencia Mencheta aparecida en el diario madrileño Arriba del 9 de julio siguiente, entre otras cosas, refiere:

Se ha verificado el primer encierro de toros para la corrida de esta tarde, pertenecientes a la ganadería de Domecq... El encierro ha resultado emocionante, pese a no ocurrir ningún incidente de importancia, sino sólo algunas caídas y muchos sustos, por la aglomeración de mozos que corría delante de los cornúpetas... Los toros entraron juntos, bien arropados, por los cabestros, dirigiéndose seguidamente a los corrales, sin hacer caso de los improvisados... Después fueron soltadas en la plaza algunas vaquillas, que dieron mucho juego y repartieron también muchos trompazos... Terminado este primer espectáculo, las terrazas dé los cafés de la plaza del Castillo se llenaron de gente para desayunar, y en el Castillo se organizó un baile. La animación en la capital es inmensa, y la afluencia de forasteros supera en mucho a la de otros años, contribuyendo a ello la esplendidez del tiempo...

La información sobre el encierro refleja que el correr a los toros ya no era una cuestión que atrajera exclusivamente a las personas de la región, sino que se empezaba a convertir en un atractivo para personas de distintas latitudes, lo que con el paso del tiempo terminaría por convertir a esa tradición en un fenómeno de trascendencia internacional.

Los toreros mexicanos actuantes en el ciclo también expresaron su opinión acerca de ellos a Alfredo R. Antigüedad, quien en el número de El Ruedo” fechado el 18 de julio de ese año, escribió:

El diestro mejicano “Cañitas” no se ha perdido un encierro. “Yo espero seguir toreando, por San Fermín, en Pamplona. Pero si no viniera de torero, vendría a ver los encierros. Es algo tan emocionante y bonito que no me lo pierdo. No creo que los toros se perjudiquen con el encierro, aunque tampoco puedo decir que ganen... Fermín Rivera: “Si fuera posible hacer el encierro en todas las Plazas, la fiesta ganaría mucho. Porque no hay duda que la emoción que despierta en los mozos que corren delante de los toros, les hace aficionarse a la fiesta. Yo tengo en Méjico varías ampliaciones fotográficas de los encierros del año pasado y tengo encargo de llevar este año bastantes más. Mis paisanos están tan sorprendidos como yo de este bellísimo espectáculo...

Como se puede ver, los toreros mexicanos se manifestaron a favor de los encierros, tanto en su manifestación de celebración popular, como por el hecho de que, a su juicio, no afectan a los toros para su posterior lidia.

El encierro de Juan Pedro Domecq

La corrida que se lidiaría el día de San Fermín de hace 80 años distó mucho de parecerse a lo que hoy sale a los ruedos con el que fuera el hierro del Duque de Veragua. Las distintas relaciones del festejo dan una descripción de algo que ya no estamos acostumbrados a ver. Cuenta Antonio Bellón, enviado del diario madrileño Pueblo:

Toros de Domecq con edad, largos, no muchos chichas y sí poquísimos pitones, certeros al derribar piqueros y jamelgos y los pitones hábiles buscadores de dianas en seda, gamuzas y pellejas de rocín. Toros gratos para el espectador – protestaban porque se les picase – y lo contrario para el torero...

Por su parte, quien firmó como P. Salazar para la Hoja del Lunes de Pamplona, refiere:

Cuando vimos desencajonar la corrida de don Juan Pedro Domecq, nuestra crónica no se dio al aplauso ni a la censura. El toro no se puede juzgar hasta que ha pasado por la pelea; pero sí observamos una corrida basta y destartalada y hasta vieja, de muy feas cabezas en su mayoría, como para una novilladota de esas que se acostumbra a “soltar” en le plaza de Madrid y que en la balanza arroja más kilos que loa llamados toros...

Así pues, la corrida en su presentación no agradó a los que relataron la corrida, pues les pareció destartalada, de juego complicado y de pocas condiciones para el lucimiento de los toreros. Vamos, las antípodas de lo que hoy representa esa ganadería.

El triunfo de Cañitas

En su presentación en Pamplona, Cañitas se alzó como triunfador de esa feria de 1946, cortándole las orejas al segundo toro de su lote. Relata Juan León, enviado del periódico madrileño Arriba:

A Cañitas – muy afortunado, por lo general, en los sorteos – le tocó el mejor lote – primero y cuarto – gracias a lo cual pudo salir ileso de la tarde. Cortó las orejas del “colorao” y escuchó muchas palmas en diversos momentos de sus dos toros. Y pudo, no sólo por lo dicho, sino por el empeño que puso en todo y por banderillear a sus dos enemigos. Y también por aquel repartir el público a voleo las cosas que da en una corrida...

Es breve el relato del cronista de Arriba, pero deja ver que la actuación de Carlos Vera se destacó por el empeño que puso delante de los toros que le tocaron en el sorteo.

Por su parte, el ya citado Antonio Bellón, relató en el diario Pueblo:

Entre los sustos, la danza, el sol, los gritos y las buenas digestiones, la segunda parte de la corrida no tuvo control posible. Se aplaudía a Cañitas al banderillear con apuros y al hacerlo con precisa exposición le regateaban las palmas. La faena, valiente y sin trabazón, vacilaba entre adornos y zurdazos. A una ovación seguía la algazara y Cañitas ponía valor y valor en pases en el estribo, naturales, manoletinas, otra vez naturales, sin fijarse de bajar la cabeza del animal, que a poco, clava a Cañitas en tas tablas. Total, Carlos Vera comenzó la vuelta con dos orejas en la mano y la terminó con dos puros que le tiraron, haciéndole unos desprenderse antes de tos apéndices mientras otros pedían que no se desprendiera de ellos...

El “toro de la merienda” es complicado para cualquiera, y la relación de Bellón deja claro que Cañitas tuvo que asumir las dificultades que implica enfrentarlo. Aun así, terminó cortándole las orejas.

Por su parte, P. Salazar, en su crónica de la Hoja del Lunes pamplonica, nos cuenta:

Cuarto: Colorado, ojo de perdiz. Toma las varas reglamentarias. Nada en quites. “Cañitas” coge nuevamente las banderillas y prende medio per para dejar, luego dos muy buenos, uno especialmente, muy difícil que no se premia como merece. Con la muleta, “Cañitas” hace algunas cosas buenas, derrochando valor, especialmente, unas manoletinas y unes pases metido en tablas que se jalean. Media estocada muy bien puesta, que hace doblar al toro. dos orejas y vuelta...

Así fue como se vio por la prensa nacional de España y la local de Pamplona, la presentación del valentísimo torero mexicano Carlos Vera Cañitas.

El resto de la corrida

Julián Marín le cortó una oreja protestada al tercero de la tarde y Andaluz, que sacó en el sorteo el lote más complicado, terminó su tarde con las opiniones divididas.

El siguiente festejo

Para el siguiente día, lunes, estaban anunciados en el cartel Fermín Rivera, Agustín Parra Parrita y Raúl Acha Rovira, para enfrentar una corrida de don Joaquín Buendía, de encaste Santa Coloma.

domingo, 28 de junio de 2026

26 de junio de 1960: Se inaugura la Plaza Monumental de Tijuana

En la inauguración
Foto: Ortega
Cuando en el año de 1956 se derribó en Ciudad Juárez la plaza de toros conocida como la Plaza Pani, quizás en recuerdo de su constructor, el ingeniero Camilo Pani – también autor del proyecto y edificación de la San Marcos de aquí de Aguascalientes – , rápidamente fue sustituida por dos cosos en un plazo breve, porque en el año de 1957, en el mismo predio que ocupaba la plaza antigua, se levantó la actual Alberto Balderas y por su parte, el Mayor Médico Veterinario Salvador López Hurtado construyó lo que fue la Plaza Monumental de aquella ciudad fronteriza. 

Era una época de bonanza de la fiesta de los toros en la frontera norte de México, donde en el verano, se daba alrededor de la tercera parte del total de los festejos taurinos que se celebraban en todo el país. Le contaba el Mayor López Hurtado a Rafael Morales Clarinero, que, entre septiembre de 1957 y octubre 1959, nada más en Ciudad Juárez se dieron 120 corridas de toros entre las dos plazas.

El Mayor atribuía ese éxito a lo siguiente, cuando reflexionaba sobre el bajo número de corridas en el año de 1978:

Ahora sólo se dan seis corridas al año porque se acabó la afluencia turística que había cuando se hacían rápido los trámites para los divorcios. Los norteamericanos, que son prácticos y buscan hacer pronto las cosas, preferían ventilar sus asuntos en Juárez... Eso, como causa principal, pero hay otras varias que han determinado que de treinta corridas y tres novilladas que se daban en una temporada, se haya llegado sólo a la media docena...

En otra parte de esta Aldea ya escribía de la pérdida para la fiesta del territorio fronterizo, dejándose de celebrar festejos los días feriados de uno y otro lado de la línea divisoria, como el cuatro de julio, el labor day, el 5 de mayo, nuestras fiestas patrias y otras que invitaban a nuestros vecinos a acudir a las plazas, pero ante la paulatina deserción de los tendidos, la oferta cesó, lo que causó que los toros sean casi testimoniales ya en aquellas tierras.

La Monumental de Tijuana

En un texto titulado El hombre pasa, la obra queda, el cronista radicado en Tijuana Valeriano Salceda Giraldés, nos cuenta:

Se acercaba el final de 1959 y el Mayor Salvador López Hurtado, propietario y empresario de la plaza de Monumental de Ciudad Juárez se puso en contacto con los señores Alfonso Bres y Enrique Jordá dueños de El Toreo de Tijuana, con la idea de comprar la plaza y se la ofrecieron en dos millones de dólares de los de aquella época, y el Mayor les aseguró que con ese dinero él podía construir una plaza de toros mejor que la de ellos, y le contestaron: Bueno eso dice usted. Decirlo es muy fácil. Vamos a ver si usted es capaz de hacerla...

Después de lo hecho en Ciudad Juárez, no era fácil dudar de la capacidad del Mayor para resolver la afirmación a los señores Bres y Jordá y así, con sagacidad, López Hurtado adquirió una importante superficie de terreno en la zona de Las Playas, al Poniente de la ciudad, localizada frente al Océano Pacífico, a la que los gobiernos estatal y federal pretendían impulsar para su desarrollo. Así, en los límites de la zona federal de la línea fronteriza con los Estados Unidos, decide construir la plaza de toros que había anunciado, teniendo como perito responsable de la obra al ingeniero Raymundo Múzquiz Ayala.

En febrero de 1960, Aurelio Pérez, conocido aquí en México por su seudónimo de Villamelón, en esos días corresponsal del semanario madrileño El Ruedo

, en el número correspondiente al 25 de febrero de ese calendario, escribe:

Se confirma que en Tijuana el hombre de negocios don Salvador López Hurtado, que pretendió, sin resultado, llegar a un acuerdo con el empresario de la plaza de toros, que actualmente organiza corridas, ha decidido construir una nueva plaza de toros en dicha ciudad fronteriza. Plaza que espera inaugurar el próximo primero de junio. Es muy posible que para esa fecha esté terminado el coso taurino, porque el señor López Hurtado ha encargado la construcción del mismo a una empresa norteamericana, y ya se sabe lo que los americanos son en lo relacionado con el cumplimiento de sus obligaciones, y hay que pensar que, si ellos se han comprometido a entregar el inmueble a fines de mayo, cumplirán su promesa. Dice el nuevo empresario que la plaza de toros que está construyendo será la más bonita y la mejor acondicionada del país. Esto puede ser cierto, pero habrá que esperar para comprobarlo. También asegura que ha firmado ya contratos con los matadores de toros Procuna, «Calesero», Capetillo, Silveti, Rafael Rodríguez y Joselito Huerta. El señor López Hurtado concedió una entrevista a los informadores de Prensa, y entre otras cosas dijo: «Traté de entrar en arreglos con la empresa de la plaza de toros de Tijuana, pero se puso fuera de la realidad. Ya en plan de competencia buscaré los mejores elementos para dar la pelea. Dicen que no soy taurino, que me arriesgo demasiado, pero los negocios deben arreglarse con decisión. Ahí está mi obra de Ciudad Juárez. Ahora quiero dejar otra en Tijuana, ciudad que tendrá una plaza como se merece». Lo cierto es que, de ahora en adelante, si el proyecto del señor López Hurtado se lleva a término, como parece. Tijuana tendrá dos plazas de toros, y si bien es verdad que hasta ahora ha sido un gran negocio la explotación dé la plaza existente, por el gran número de aficionados y turistas norteamericanos que se han desplazado a la ciudad mejicana para presenciar espectáculos taurinos, es posible que la concurrencia de aficionados y turistas no sea de ahora en adelante todo lo numerosa que el mantenimiento de dos plazas de toros exige para que en ambas sea negocio la explotación de dicho espectáculo. Pero, en fin, es muy posible que durante la actual temperada tengan en Tijuana corridas de toros en una o en dos Plazas, en tanto que en Méjico nos tengamos que conformar de vez en vez con alguna corrida de novillos...

La versión del dicho del Mayor López Hurtado coincide con lo que expresa Giraldés, en el sentido de que se pidió por El Toreo de Tijuana un precio exorbitante. 

Para el siguiente mes de marzo, Villamelón reiteraba en su tribuna de El Ruedo, que el Mayor López Hurtado estaba muy activo contratando toreros para superar a la competencia que le representaría El Toreo:

UN EMPRESARIO IMPACIENTE. – El constructor y empresario de la futura Plaza de Tijuana, don Salvador López Hurtado, está decidido a contratar a todos aquellos toreros de cartel que estén a su alcance para evitar así que sean comprometidos por los empresarios señores Jordá y Bres. Los señores Jordá y Bres piensan comenzar su temporada en el mes de abril, y el señor López Hurtado confía en poder inaugurar la nueva Plaza allá para el mes de julio. Lo contrario de lo que va á suceder en Tijuana ocurre en Ciudad Juárez, donde las dos empresas que hasta ahora actuaban en competencia han llegado a un acuerdo y comenzarán su temporada conjunta en el próximo mes de abril...

La información de don Aurelio Pérez refleja que, al arrancar las plazas de Ciudad Juárez al mismo tiempo su existencia, fue consecuencia necesaria un acuerdo colaborativo para que pudieran funcionar, pero en la forma en la que se produjeron los hechos previos a la decisión de construir la Monumental, un acuerdo de esa naturaleza en ese momento no era posible.

La tarde de la inauguración

Al final la obra estuvo concluida y lista para ser abierta al público para el domingo 26 de junio de1960. Al nuevo recinto lo apadrinaría don Rodolfo Gaona, quien develaría la escultura de El Encierro que corona el pórtico de acceso al coso, y una escultura suya, rematando un quite, ambas obra del gran escultor mexicano, Humberto Peraza Ojeda. También presidieron la ceremonia inaugural los gobernadores de Baja California Norte y de Chihuahua, Eligio Esquivel Méndez y Teófilo Borunda, respectivamente.

Se anunció un encierro de don José Julián Llaguno para Alfonso Ramírez Calesero, Rafael Rodríguez y Antonio del Olivar. Los toros lidiados fueron Rondeño, que se despitorró y fue sustituido por Mirabrás, que permitió al Volcán de Aguascalientes dar dos vueltas al ruedo; Cordobés, al que Del Olivar le cortó la primera oreja concedida en la nueva plaza; Martinete, con el que tras de su lidia, Calesero dio dos vueltas al ruedo; Petenero, Calé, y Sevillano.

Cabe mencionar que esa misma tarde se llevó a cabo también una corrida de toros en el El Toreo en la que actuaron Curro Ortega, Joselillo de Colombia y el venezolano Carlos Saldaña, quienes lidiaron toros de La Trasquila.

El devenir de la Monumental

El Toreo de Tijuana fue demolido en el año 2007 después de una batalla legal en la que el poder económico se impuso a la razón y al Derecho. Después, diversos ayuntamientos tijuanenses se pronunciaron en contra de la fiesta de los toros y se negaron a autorizar la celebración de festejos taurinos, de esa manera, los sucesores del Mayor Salvador López Hurtado intentaron primero, vender la Plaza Monumental y posteriormente, obtener una licencia para su demolición, pero en una resolución que me resulta hasta cierto punto sorprendente, la Dirección de Administración Urbana (DAU) del Ayuntamiento de Tijuana, en mayo de este 2026, denegó la licencia de demolición, con fines de establecer en el predio que ocupa el coso, desarrollos habitacionales, porque tras consultar con diversas instancias gubernamentales, la DAU determinó que la Plaza Monumental es un monumento que no puede ser alterado ni destruido.

Así pues, la Plaza Monumental de Tijuana es, en mi conocimiento, uno de los pocos casos en los que, un inmueble dedicado primordialmente a la tauromaquia, es declarado monumento por una autoridad competente.

La Sociedad de Historia de Tijuana, el Seminario de Cultura Mexicana y el Patronato Pro Preservación del Patrimonio Histórico de Agua Caliente, son algunas de las instancias que también han sometido a la Secretaría de Cultura del gobierno estatal para preservar la Plaza Monumental de Playas de Tijuana, a partir de la noción de que, por la rápida evolución urbana y poblacional, sería un grave error, muy grave, que se derribara, dejando a la ciudad sin referentes históricos.

A 66 años de su inauguración, la Monumental de Tijuana sigue luchando por permanecer.

domingo, 21 de junio de 2026

20 de junio de 1926: Pepe Ortiz recibe la alternativa en Barcelona

Verduguillo refiere que conoció a Pepe Ortiz en el año de 1923, cuando Arturo M. Doblado, quien apoyaba al tapatío durante sus inicios en los ruedos, lo llevó a las oficinas de El Universal Taurino para pedir al escritor que lo apadrinara, invitándolo además a su presentación en El Toreo el domingo siguiente. La primera impresión que le causó a Rafael Solana fue la siguiente:

Me gustó el muchacho tapatío, lo encontré medrosillo y algo amanerado, pero al mismo tiempo le descubrí un estilo muy especial, una forma muy distinta de interpretar el toreo. Es decir, tenía personalidad... Desde luego, advertí un cuidado minucioso en el atuendo, iba Pepe muy bien vestido, con un traje flamante, corinto y oro, nuevecito, y al con su andar por el ruedo se distinguía el mozo entre sus compañeros con los más usados ternos que les alquilaba “Frascuelillo”...

Pepe Ortiz tendrá, como lo veremos al paso de estas líneas, una carrera en la que se irán entreverando los triunfos con las cornadas. En ese mismo 1923, llegando a ser puntero con Juan Espinosa Armillita y los hermanos Rodolfo y Julián Rodarte, el ciclo terminará abruptamente para él con una grave cornada inferida por un novillo de Piedras Negras. Se tendría que resarcir en los dos calendarios siguientes, llegando en la temporada de 1925, a ser aceptado por Rodolfo Gaona como sobresaliente en el festejo de su despedida, a propuesta del nombrado Verduguillo y de Carlos Quirós Monosabio

Y así llegó al día de su alternativa en El Toreo, el 2 de noviembre de 1925, de manos de Chicuelo, con quien actuó mano a mano ante toros de Atenco. El toro de la ceremonia, primero – bis, se llamó Garlopo, colorado, número 37, sustituto del titular devuelto por manso. En su crónica de Toros y Deportes, nos recuerda el propio Verduguillo:

No logró el mexicano el triunfo completo; pero la faena que hizo al toro de la alternativa, basta por sí sola para acreditarlo como muy buen torero... En cuanto a finura y gracia, Ortiz las tiene por toneladas; por eso le resultan tan bonitos esos quites en que abaniquea suavemente y se lleva a la res prendida al capotillo... Con la muleta estuvo hecho un maestro, un artistazo en su primer toro. ¡Con qué suavidad lo toreó! Con qué finura, con qué estilo de buen torero engranó los pases ayudados por bajo con los de pecho, ligando la faena, haciéndola toda en el mismo terreno... Faena cumbre fue lo de José en el toro de la alternativa; por eso la concurrencia pidió para el espada las dos orejas, el rabo y todo el toro, obligándole a dar dos vueltas al ruedo, y a salir después, a los medios, abrazado de Chicuelo, el padrino, el gran artista...

Junto con el torero de la Alameda de Hércules e Ignacio Sánchez Mejías, Pepe Ortiz se convertiría en el sostén de esa temporada 1925 – 26, pero el destino le tenía preparada otro percance, porque en el festejo final de la misma, celebrado el 31 de enero de 1926, una reedición del cartel de su alternativa, el toro Gallito de Atenco, cuarto de la corrida, le infirió una cornada en el brazo derecho al intentar un par de banderillas, dejando prácticamente la corrida completa a Chicuelo y quedando él en el dique seco hasta bastante avanzado el año.

La alternativa española

El tiempo que le llevó recuperarse de la cornada sufrida en el cierre de la temporada de la capital mexicana, motivó que Pepe Ortiz llegara a España tiempo después del inicio de la temporada española, así fue que es hasta el 20 de junio de 1926 que puede iniciar su andar por aquellos ruedos, para recibir, como era mandatorio en ese tiempo, una nueva alternativa. Su puerta de acceso fue, como en muchos casos, la Plaza Monumental de Barcelona, donde para ante toros salmantinos de Graciliano Pérez Tabernero, le apadrinaría Juan Belmonte en presencia de Ignacio Sánchez Mejías. La nota previa del festejo, aparecida en el diario Noticiero Universal de la víspera del festejo, entre otras cosas dice:

El interés por ella va creciendo a medida que se acerca el domingo. Y era de esperar... Los toros de Graciliano P. Tabernero, han gustado mucho en la fotografía expuesta sobre las taquillas del Principal y es de suponer que ocurrirá lo mismo en el ruedo, dada la característica bondad de las reses de este ganadero, que ayer dio en Madrid otra buena corrida de toros... De Juan Belmonte y de Mejías ya se sabe lo mucho y bueno que se puede esperar lidiando ganado bravo y de José Ortiz, que constituye la novedad mayor de la corrida y por cuya alternativa hay verdadera expectación en los aficionados, es de esperar que conforme lo mucho, bueno que de él ha dicho toda la prensa dé Méjico por su valor y excelente estilo de torear, rememorador del de Gaona...

La tarde de la alternativa no pareció ser atractiva a las mayorías, si hemos de hacer caso a la descripción de la entrada que hace el anónimo cronista de el Diario de Barcelona, que refiere lo siguiente:

Fallaron en esta corrida los pronósticos. La plaza no se llenó. Los tendidos de sombra se llenaron, pero en los de la parte de sol quedaron vacías las seis últimas filas; en los tendidos de sol y sombra se vieron durante la tarde algunos claros y en las gradas y andanadas de las dos partes se vieron importantes huecos. En la parte de sombra vimos a muchos tripulantes del crucero danés surto en nuestro puerto y en varios palcos se encontraban los jefes del mismo. En uno de ellos había el comandante y segundo comandante con el cónsul de Dinamarca y su familia... En la plaza estaba el público especial de las solemnidades, el que va a los toros cuando hay una corrida grande, no los que van ordinariamente a los toros...

Así que en ese ambiente fue el que Pepe Ortiz refrendó – porque ya había recibido el grado en México – su calidad de matador de toros en ruedos de España. Refiere Enrique García Cellalbo Carrasclás en su crónica para el diario Noticiero Universal:

El toro de la alternativa era, como queda dicho, de don Graciliano P. Tabernero; atendió por "Guajiro"; lució en el costillar el número 34; fue negro de pelo; terciado; de bonito tipo, y gacho de cuerna. Datos para la historia. Lo lanceó Ortiz en dos tiempos, por irse y no dejarle rematar el bicho en el primero, dándole seis verónicas muy buenas y media final muy ceñida y lucida, que se premiaron con una ovación, reproducida al rematar el primer quite, en el que el debutante toreó con gran suavidad y finura... "Guajiro" llegó bien a la muerte, aunque achuchando algo al neófito, que empezó siendo muy aplaudido al recibir los trastos de manos de Belmonte y brindar después la muerte del toro de su doctorado desde los medios a toda la concurrencia... Fresco y tranquilo toreó Ortiz con la muleta. Parando con soltura y lucimiento dio con la mano derecha cuatro lucidísimos muletazos, dos ayudados, consintiendo bien, y otros cuatro de ambas clases, derecho y lucido, oyendo grandes aplausos. En mal terreno intentó el natural con la zurda, saliendo trompicado; y tras breves muletazos más arrancó un poquito largo, pero decidido, a matar, dejando media estocada tendenciosa y una entera algo contraria, doblando el toro después de tres intentos de descabello. Ortiz fue cariñosamente aplaudido, saludando desde los medios...

El jueves siguiente al día del festejo, en el semanario La Fiesta Brava, también de la capital catalana, Fernando Sayos Trincherilla, redactor jefe y cronista de la publicación, cuenta lo siguiente:

En José Ortiz hay figura de toreo, le cae bien la ropa. Juventud y buena disposición para el toreo; cuando se haga a este ganado que en España se juega José Ortiz puede dar grandes tardes de toros... Desde el primer momento, apenas desplegó el capote en el que rompió plaza, el público vio en él un torero fino y elegante, y aplaudió entusiasmado los lances con que obsequió al toro de la alternativa. Siguió el público aplaudiendo en los quites, y cuando Belmonte le hizo entrega de los trastos resonó una ovación unánime. Saludó Ortiz a la presidencia, y fuese a los medios a brindar la muerte de su enemigo. Tranquilo y torero empezó la faena con la derecha, sobresaliendo de su labor unos magníficos muletazos de pecho y por alto que se jalearon. Con la espada cogió de primeras un buen pinchazo y luego un poco más de media estocada, y como el toro tardara a doblar recurrió al descabello acertando al segundo empujón. Y José Ortiz oyó nutridos aplausos, viéndose obligado a saludar desde los medios...

Una presentación importante, emborronada por el mal manejo de la espada, que dejó entrever a la afición barcelonesa la calidad de torero que tenía Pepe Ortiz.

Los toros de la corrida

Del encierro anunciado solamente se lidiaron cinco toros. En el reconocimiento previo se desechó uno de ellos, siendo sustituido por otro de Villamarta, mismo que le tocó en el sorteo precisamente a Pepe Ortiz, que lo dejó para salir en sexto lugar. Ese toro fue devuelto a los corrales por estar notoriamente reparado de la vista y fue reemplazado por otro de Pérez Padilla, al que todas las crónicas se refieren como un mulo con poder y nada más y al que se quitó de encima de la manera más pronta posible. Resume el ya citado Trincherilla:

Se lidiaron cinco toros de Graciliano Pérez Tabernero. No justificaron la justa fama de que goza esta vacada. Terciados y feos de cabeza. De bravura fueron bastante parejos, pues excepto el primero, los restantes hacían un tufo a mansos que mareaban. No era esto lo que el público esperaba de este ganadero que tan bien acostumbrado nos tiene. Don Graciliano nos debe el desquite. Ya hemos dicho que el de Pérez Padilla fue un mulo...

Tan complicado fue el encierro, que Juan Belmonte saldó su tarde apenas con una vuelta al ruedo en el segundo, en tanto que Ignacio Sánchez Mejías pudo terminar la suya con una vuelta tras nutrida petición en el quinto, negada ésta, según las crónicas, por lo defectuoso de la estocada con la que puso fin a su faena.

La llegada de la modernidad

Mi amigo José Luis Cantos Torres, en su acuciosa obra sobre la Plaza Monumental de Barcelona, refiere que en esta fecha se utilizó por primera vez un vehículo de motor para el riego del redondel a la mitad del festejo. Curiosamente, no todas las crónicas de la corrida reparan en el hecho. La que aparece sin firma en el Diario de Barcelona, dice:

Por primera vez se utilizó ayer para el riego del ruedo un automóvil de riego, que hizo la operación en breves minutos, en substitución del carro cuba que empleaba el triple de tiempo...

Por su parte, en la Hoja del Lunes de la Ciudad Condal, al día siguiente del festejo, la crónica firmada por Don Eduardo, indica:

La empresa, «que no se priva de nada», hace el riego del redondel con un auto - tanque, al que se aplaude...

Un par de líneas apenas, pero era ya un paso importante en la manera de conducir los festejos taurinos para evitar la producción de tiempos muertos en su desarrollo.

La temporada de Pepe Ortiz

Quien pasará a la historia como El Orfebre Tapatío apenas torearía un par de tardes más en ruedos europeos. El 18 de julio siguiente iría a Palma de Mallorca para alternar con Rafael El Gallo e Ignacio Sánchez Mejías en la lidia de toros de Aleas y el 31 de agosto se presentaría en Melilla en un festejo en el que alternaría mano a mano con Cayetano Ordóñez Niño de la Palma y en el que se correrían toros de Santa Coloma.

Aunque Pepe Ortiz tuvo aficionados y periodistas que lo apreciaron como torero, el sistema en sí nunca entendió sus calidades como tal. Escribe Tomás Orts Ramos Uno al Sesgo:

Cuando por primera vez vino a nuestra patria en 1926, este notabilísimo lidiador mexicano, llegaba convaleciente de una cornada en un brazo que recibió toreando, en la plaza de México, su primera temporada de matador de toros. Un explicable deseo de darse a conocer cuanto antes de los públicos españoles, le hizo precipitar su presentación en manifiesto estado de inferioridad; y si bien en esta corrida, que fue la de su alternativa en Barcelona, se le aplaudió mucho toreando, más con el capote que con la muleta, y matando estuvo decoroso, el éxito no pasó de estimable. En dos corridas más actuó en esta excursión, una en Palma de Mallorca y otra en Melilla, en condiciones poco favorables para que pudiera revelarse el torero de que se nos había hablado... Para estas corridas no podía vestirse a gusto el diestro tapatío, que, si aceptaba torear, era por una imposición de las circunstancias...

Volvería en 1927, 1928, 1931 y 1934, pero siempre en esas condiciones poco favorables a las que se refiere Uno al Sesgo, por lo que no pudo firmar en aquellos ruedos tardes que confirmaran lo que aquí se pudo ver de su hacer en los ruedos.

Pero dejó para la posteridad una importante herencia artística, representada en suertes de capa que cuando se ejecutan – muy de cuando en cuando – vuelven a su nombre una cita obligada. 

Aldeanos