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domingo, 13 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1984: Campo Alegre, Mariano Ramos y César Pastor


Entre el final de las décadas de los setenta y los ochenta, la ganadería que en su día fuera la de don Alfredo Ochoa Ponce de León gozó de gran predicamento entre la torería mexicana. Eran toros que en esos días mantenían el justo equilibrio entre bravura y nobleza, dando lustre a una saga ganadera que comprendía en esos tiempos a su hermanos don Jesús con el hierro de El Romeral, don Fernando con el de El Junco y doña Mercedes con el de Viuda de Emilio Fernández, todos asentados en el Estado de Michoacán y que facilitaron el afincamiento de la fiesta en esa región de nuestro país.

Para el festejo que es motivo de esta remembranza, ocho fueron los toros que apartó para el festejo que daba cierre a la vertiente taurina de nuestra Feria y en la que comparecían dos toreros que gozaban de notoriedad en el medio nacional, como es el caso de Mariano Ramos y César Pastor, en tanto que cerraban la cuarteta Jorge Carreño y un diestro hidrocálido, Arturo Magaña, quien, ante la escasez de oportunidades en su tierra, se marchó a Sudamérica, luchó por allá hasta que consiguió que Antoñete le diera la alternativa en Isla Margarita, Venezuela, el 17 de diciembre de 1978, en presencia de Carlos Rodríguez El Mito, cediéndole el toro Chamicero de Bellavista

El buen encierro de Campo Alegre

La crónica de don Jesús Gómez Medina dice sobre los toros de Campo Alegre lo siguiente:

Magnífico encierro de Campo Alegre. – La ganadería michoacana de Campo Alegre, de la que es propietario don Alfredo Ochoa, reapareció – ¿o acaso fue debut? – en Aguascalientes, con muy plausibles resultados. Los ochos bureles lidiados, en efecto, tuvieron presencia, trapío. Algunos destacaron en este capítulo como “Bordador”, el hermoso berrendo que abrió plaza y los dos de pelaje castaño, “Cumplido” y “Amapolo” respectivamente... Esto en cuanto al aspecto; que por lo que hace a la bravura y condiciones para la lidia, se impone reconocer que, en general, los de Campo Alegre cumplieron con creces; algunos en forma excelente como los dos castaños y “Rebollo”, el cuarto. En suma; que el ganadero puede estar satisfecho de su encierro. Sus pupilos dejaron bien plantados los colores de su divisa en la Plaza Monumental Aguascalientes...

Los toreros

Mariano Ramos cortó una oreja al quinto de la tarde y César Pastor las dos al séptimo. Lo que destaca don Jesús a ese respecto, es lo siguiente:

Mariano, que nada había logrado de relieve en el primer tercio, muleta en mano llevó a cabo un trasteo casi exclusivamente derechista, integrado por series breves, pero bien estructuradas, aprovechando cabalmente el buen estilo de “Cumplido” cuya fortaleza decrecía a ojos vistas. Por ello su matador terminó llevándolo toreado con el engaño a media altura, para ayudar al astado, al que despenó con media estocada ligeramente caída. Ovación, oreja y vuelta al ruedo... A la postre el triunfador del festejo lo fue César Pastor, que hizo suyas las dos orejas de “Amapolo”, el bravo castaño que apareció en séptimo lugar. De salida, el toro, codicioso; remató en tablas, luego Pastor lo toreó gallardamente por verónicas y remató con una revolera, entre aplausos... De largo acometió “Amapolo” sobre el caballo, sobre el que recargó codiciosa y reiteradamente. Y tres pares de banderillas, tres, colgó César Pastor, sin excesivo lucimiento... Por el contrario, sí lo obtuvo al torear de muleta; desde el pase en el estribo inicial, al que siguieron varios por alto, muy quietos y el toreo en redondo sobre la diestra en varias series, superándose siempre en ligazón y ajuste, en la quietud y en la brillantez con que eran ejecutados los muletazos. Aún añadió el toreo por naturales; nuevos derechazos, los pases de adorno y, por último, lo mejor; la estocada, el estoconazo haciendo el viaje con rectitud, echándose lentamente sobre el morrillo y sepultando el acero en lo alto... Fue esta, tal vez, la mejor estocada de la feria y por sí sola explicaba la exigencia popular para que César Pastor fuese galardonado con las dos orejas de “Amapolo”, amén de la consiguiente vuelta al ruedo...

Jorge Carreño se exhibió sin sitio y dejando en el cronista la duda acerca de sus condiciones para ser torero y en cuanto a Arturo Magaña, consigna su voluntad de agradar ante el lote menos potable del encierro, siendo premiado con la vuelta al ruedo tras de la muerte del segundo de la tarde.

El festejo de hoy. 15ª y última corrida de feria: 8 de Celia Barbabosa para Rafael Ortega, Víctor Puerto, Antonio García El Chihuahua y Antonio Romero.

sábado, 12 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1984: Un extraordinario encierro de Tequisquiapan


En el año de 1942, don Fernando de la Mora Madaleno fundó junto con don Carlos Cuevas Lascuráin, a partir de ganados de éste último – de origen San Mateo, Ajuluapan y Zacatepec y a los que se agregaron en 1938 un toro y diez vacas de Sánchez Fabrés Hermanos, provenientes de Coquilla –, la ganadería que a partir de 1949 quedaría en la titularidad exclusiva del primero de los nombrados y cuyos destinos dirigiría hasta su óbito, ocurrido precisamente el año que es motivo de estos recuerdos. 

La ganadería de don Fernando de la Mora dio a la fiesta varios toros importantes, como Aceituno, inmortalizado en la Plaza México por Manolo Martínez; Azucarero, un berrendo aparejado, al que hizo pasar a la historia Mariano Ramos en ese mismo ruedo; o aquí en Aguascalientes, Molinero, lidiado en nuestra Monumental el 29 de abril de 1978 y que desde su estancia en los corrales llamara la atención o el encierro completo al que me referí en la remembranza hecha el pasado 4 de mayo.

En este 12 de mayo de 1984 pues, los toros de Tequisquiapan ocuparon la atención del cronista y de la afición. Don Jesús Gómez Medina hace el siguiente análisis del mismo:

Digamos, de entrada, que el encierro enviado por don Fernando de la Mora resultó de los más bravos que se haya lidiado en los catorce festejos celebrados. Alegres, codiciosos y nobles para la lidia de a pie; prontos y obstinados para enfrentarse a los varilargueros; bien presentados y, algunos de ellos, mejor armados, particularmente el quinto, “Soberano”, que portaba dos antenas a guisa de pitones; fueron acreedores a una lidia más lucida que la que recibieron... Al primero, “Pajarito”, que embistió con presteza y repitió sobre el engaño hasta el fin, sin que menguara su alegría ni desfalleciera su buen estilo, merecidamente se le premió con arrastre lento...

La crónica de don Jesús inicia con una remembranza de la corrida del 25 de abril de 1937, cuando se encontraron en la Plaza de Toros San Marcos, mano a mano, Fermín Espinosa Armillita y Lorenzo Garza, los Colosos del Norte, como allí les llama. La remembranza le viene al caso, al hacer relación de que el segundo espada del cartel José Lorenzo Garza, brindó el quinto de la tarde a Miguel Espinosa Armillita. El hijo mayor del Magnífico, brindando al menor del Maestro de Saltillo... de allí, señala don Jesús, resulta difícil sustraerse al recuerdo y a evitar que algo que de tan manido se ha vuelto superficial, cobre una especial significación por los personajes que en ese momento se involucraron en ello.

De la actuación de los diestros en la corrida, poco hay para contar, pero entresacando de la crónica invocada, está lo siguiente:

Se esperaba más de Rafael Gil, cuyo reciente éxito en la Plaza México avala condiciones toreras que ya el público de Aguascalientes tuvo ocasión de aplaudir. Sin embargo, su actuación de ayer, en conjunto, resultó poco afortunada... José Lorenzo Garza tiene el nombre y algunas actitudes de su ilustre progenitor. Y en ocasiones, además, para a los astados y se los ciñe como lo hiciera el Magnífico. Pero le falta madurez y, quizás, fuera mejor que no tratase de imitar el estilo de su padre, sino que se buscase el suyo propio... Manolito Mejía inició su actuación con un vistoso lance de hinojos, seguido de verónicas a pies juntos, un tanto rápidas... Cubrió el segundo tercio, colgando tres pares alzando muy bien los brazos para dejar los garapullos arriba, pero, con el refajo su labor resultó desigual... El sexto se apagó pronto...

El festejo de hoy. 14ª corrida de feria: 8 de La Estancia para Antonio Barrera, Israel Téllez, Oliver Godoy y Gerardo Adame.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1993: Arturo Gilio se impone a un duro encierro de Reyes Huerta


El anuncio de la Feria de 1993, con la leyenda: corrida sorpresa...
El festejo que cerró la feria de 1993 tuvo algunos ingredientes poco usuales. Primero, cuando se hizo el anuncio de los carteles de la feria, antirreglamentariamente se dejó la fecha apartada y el cartel en blanco, solamente con la leyenda de corrida sorpresa, sin siquiera indicar la procedencia de los toros que se lidiarían ese día, para después, conforme avanzó el serial, con cierta visión empresarial, integrar en el mismo a los toreros que fueron destacando en éste, considerando que su intención era ofrecer lo que por aquí se conoce como la corrida del toro, no tanto porque se lidie en ella al toro con edad, peso y trapío inusitados, sino porque cada uno de los espadas lidia uno solo y generalmente para redondear un determinado número de fechas en una feria o temporada determinados.

En esta oportunidad, el cartel se conformó con el rejoneador potosino José Antonio Hernández Andrés, quien enfrentaría un toro de la ganadería de su hermano Jorge y los matadores de toros Zotoluco, Luis Fernando Sánchez, David Bonilla, Héctor de Granada, Teodoro Gómez y Arturo Gilio, quienes saldrían a lidiar una corrida de don Reyes Huerta.

La corrida de don Reyes, de acuerdo con la crónica publicada sin firma en El Sol del Centro al día siguiente del festejo, pero presumiblemente de la autoría de don Juan Esparza Rodríguez, quien se encargó de esa tribuna tras de la retirada de ella de don Jesús Gómez Medina, refleja que estuvo compuesta por seis prendas, que únicamente permitieron a los toreros exhibir su mayor o menor rodaje y solamente fue el más joven de la sexteta de toreros de a pie, Arturo Gilio, el que materialmente arrancó una oreja al que le tocó en suerte, en tanto que un diestro de Aguascalientes, muy querido por la afición, el Chato David Bonilla, se fue a la enfermería con un tobillo fracturado y Héctor de Granada se llevó por su parte una buena paliza.

De la descripción de la actuación de Arturo Gilio, entresaco lo siguiente:

Aunque correspondió al centauro abrir el festejo, habrá que ocuparse uno en primer término del desempeño que tuvo el diestro lagunero Arturo Gilio frente a “Guapito”, marcado con el número 46 en los costillares y de 473 kilogramos; Arturo, vestido de negro y oro, entusiasmó a los espectadores al torear por verónicas... se encargó de adornar a su socio, el tercer par fue el mejor colocado, pero el lagunero en todos recibió el agradecimiento de una concurrencia que registró bastante menos de media entrada... “Guapito” resultó ser un buen zurdo, por el lado derecho no nada más era malo, sino hasta con mucho peligro; lo anterior lo comprendió Gilio, quien se tuvo que dedicar a ofrecer una faena izquierdista, en la que hubo tandas de bien ejecutados naturales... de mucha calidad y temple... el remate de la labor fue con un farol... premiado con cerrada ovación y música... y a tirarse a matar, un pinchazo y luego la estocada. Como premio, una oreja...

Decía antes que David El Chato Bonilla se fue a la enfermería con un tobillo fracturado, don Juan Esparza describe el trance así:

...La faena de muleta la inició Bonilla con muletazos por alto, una tanda de ayudados, luego a torear con la izquierda; un molinete y dos buenos derechazos en la siguiente tanda para rematar con el de pecho; insistió en torear por ayudados; intentó dar más con la mano izquierda y ya no respondió por ese lado “Bordador”, no había más tiempo para desperdiciar, la muleta a la derecha, resbaló David y el toro fue por su presa, no le pegó la cornada, pero el golpe le fracturó el tobillo izquierdo a Bonilla...

También Héctor de Granada pasó su quinario, en al faenar al cuarto de lidia ordinaria, quinto de la tarde, le sucedió lo siguiente:

...cuando el diestro trataba de demostrar que él se había impuesto, en unos muletazos de pitón a pitón, “Payaso” lo alcanzó en la parte inferior interna del muslo izquierdo... todo quedó en el daño a la taleguilla en grana y azabache. Héctor rodó hasta quedar fuera de la zona de peligro, pero aún se llevó otro susto y tuvo que hacer gala de piernas, “Payaso” estaba decidido a cobrarse con creces cada muletazo en que su acometida había sido burlada...

Por los demás actuantes, por sus fallos con la espada, Zotoluco solamente saludó desde el tercio al igual que Luis Fernando Sánchez, en tanto que el moreliano Teodoro Gómez veía silenciada su labor. El caballero en plaza José Antonio Hernández Andrés fue aplaudido tras de su actuación.

El festejo de hoy. 12ª corrida de feria: 6 de Corlomé para Óscar San Román, Víctor Mora, Ismael Rodríguez, Oliver Godoy, Gerardo Adame y Antonio Romero. (Corrida de la Oreja de Oro)

domingo, 6 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1973: Rafaelillo y Miraflores de Rancho Seco


La Feria de San Marcos de 1973 tuvo una inusual y no vuelta a repetir presencia del campo bravo de Tlaxcala. El 25 de abril se lidió un encierro de Piedras Negras; el 1º de mayo uno de Coaxamalucan y el día 6 de mayo, fecha que en este momento nos ocupa uno de Rancho Seco. Y si he de ser exhaustivo, tanto la corrida que abrió el serial, como la extraordinaria del 5 de mayo, fueron de la ganadería del Ingeniero Mariano Ramírez, que en esos días era pura de ese origen, pues se fundó en 1956 con la mitad de la original vacada de Zotoluca, la que hogaño lleva el hierro que originalmente fuera de la fundacional de Tepeyahualco.

Esa corrida del cierre de la Feria, se conformó con la actuación del Centauro Potosino Gastón Santos, el colombiano Pepe Cáceres, Raúl Contreras Finito y el tijuanense Rafael Gil Rafaelillo, quienes enfrentarían ese bien presentado encierro que trajo a nuestra feria don Carlos Hernández Amozurrutia desde Tlaxco, Tlaxcala.

El sorteo del encierro fue accidentado, pues un toro, el número 73, que al salir al ruedo sería llamado Miraflores y saldría en séptimo lugar, presentaba en una anca una lesión, que para el ganadero y los apoderados era un mero puntazo y para don Jesús Gómez Medina, que ocupaba el palco de la Autoridad, podía ser una cornada. Tras de un largo rato de discusión y de observación del toro, que no tenía signos de cojera y tampoco presentaba síntomas de fiebre o de otros daños derivados de una lesión profunda, compatible con una cornada, por lo que el toro fue aceptado condicionado a que de mostrar signos de claudicación en el ruedo o de ser protestado por el público, sería devuelto a los corrales sin miramientos. Afortunadamente eso no sucedió y pudimos ver al toro de la Feria, y de muchas más.

La gran faena de Rafaelillo

Paso sin más a la relación de don Jesús Gómez Medina sobre esta gran tarde:

Rafaelillo y Rancho Seco dieron broche triunfal a la Feria. A la memoria de don Enrique Bohórquez, cronista ejemplar, que supo expresar como pocos “el sentimiento del toreo”; a Eduardo Solórzano y Rafael Rodríguez que, aunque alejados de los ruedos, sienten aún la fiesta a pleno corazón; a Juan Luis y Pepe Pérez Jaén, en cuya afición pervive la savia torera del inolvidable don José Pérez Gómez “Nili”... Fue a la hora del crepúsculo, durante esos minutos propicios al ensueño, ricos en presagios, en los que las sombras nocturnas se esparcen lenta e insensiblemente, prestas a ganar la diaria contienda a los esplendores solares. Durante ese breve lapso crepuscular que oscila entre la luz y las tinieblas y que constituyó, dicen, el marco de las grandes proezas belmontinas... Fue entonces que salió el séptimo de Rancho Seco, sexto de la lidia ordinaria. Se llamó “Miraflores”, tenía el número 73 y era negro, de cabeza acarnerada, tirando a veleto y con cuatro años largos en la boca. Nada más ni nada menos que un toro... “Rafaelillo” – desde ayer, tras la faena a "Miraflores" y mientras prosiga por el mismo camino, don Rafael Gil, torero artista si los hay –, se dio a torear al de Rancho Seco en una serie de lances a pies juntos, en una forma si no del todo clásica, de todas maneras espectacular y brillante, a lo que contribuía la brava acometida de “Miraflores”. Remató con pinturería, y oyó una ovación, la primera de las que luego brotarían en incontable sucesión... “Miraflores”, tras el fuerte puyazo y el trajín de las banderillas, había llegado al final con su bravura intacta, atemperada por el castigo recibido; dócil, nobilísimo, embistiendo con el hocico al ras del suelo; con una alegría, con un estilo, con un “son” extraordinarios... Erguido, sonriente, el chiquillo desafiaba al de Rancho Seco, llevando la faena en la diestra; acometía aquél sobre el señuelo que a su bravura se ofrecía, y brotaba, así, el derechazo lento, pausado, solemne. Cada pase superaba en calidad y en intensidad emotiva al precedente; y el ¡olé! que provocaba subía de diapasón a medida que la serie íbase redondeando... ¡El torero, ebrio de emoción artística, impelido por el fuego creador que crepitaba en su pecho, volcaba sobre la arena todo el profundo sentimiento – ¡“el sentimiento del toreo”! – que albergaba su corazón de artista ansioso de encontrar la fórmula de expresión para su mensaje! Y de los tendidos brotaba de inmediato la réplica, el eco más contundente y halagador para quienes usan coleta: ¡torero!... ¡torero!... clamaban a coro los espectadores, saboreando, ellos también y viviendo con toda la intensidad de que es capaz un aficionado, la gesta que en el ruedo se realizaba... En las alturas, las sombras eran cada vez más densas; pero en la arena había un incendio de arte que bañaba en luz y fuego a “Rafaelillo” y a “Miraflores”... Las series de toreo en redondo, con la derecha se sucedían; la emoción crecía de punto y el ritmo de triunfo aumentaba en la misma proporción en que cada muletazo resultaba más pulido, más templado, de mayor longitud. En algunos de estos, “Rafaelillo” toreó sin ver al burel; ¡tal era su nobleza!, ¡admirable toro de Rancho Seco, embistiendo con idéntica alegría, con la misma claridad, con tan depurado estilo como si en él confluyese toda la sangre bravía de muchas generaciones de bureles próceres!... Tan solo un bache registró la gran faena: fue cuando “Rafaelillo” confundió su condición de torero – artista con la de director de la banda; le perdió la cara al toro, acometió éste y le propinó la voltereta y el susto consiguiente. Mas, en cuento Rafael tornó a ponerse en torero – torero, dejándose de recursos que suelen emplear los mediocres, incapaces de provocar en otra forma la emoción popular, resurgió el bien torear; renació la emoción derivada de la evidencia del arte; y aquel sentimiento del toreo sustituido pasajeramente por la sensación del susto, readquirió la primacía conferida por la plena entrega del gran artista del toreo que es – que ayer fue cumplida plenamente – Rafael Gil “Rafaelillo”... Una entrega que encontró su expresión más dramática en el momento de la estocada: a toma y daca, yéndose sobre el morrillo con la mayor decisión a cambio de salir volteado de manera tan espectacular y peligrosa que provocó hasta la intervención de algunos – como Rafael Rodríguez y Pepe Pérez Jaén – que, como tantos más, desde el callejón presenciaban entusiasmados y extáticos la imprevista proeza. Rafael Gil puso remate a aquella. Y, aunque salió trompicado, al tornar al ruedo, vivió su momento de apoteosis, en unión del ganadero, don Carlos Hernández; las dos orejas y el rabo del admirable “Miraflores”; las vueltas al ruedo entre aclamaciones y a hombros de los capitalistas; las ovaciones, la música; en suma, el fervor popular volcado a sus pies de joven y brillante triunfador... Y para “Miraflores”, el toro que con su bravura y nobilísima condición revivió viejos lauros de su divisa, los honores del arrastre lento en torno a la barrera...”

Rafael Gil Rafaelillo
La corrida se había desarrollado en un ambiente que medió entre el sopor y la tragedia. Del resto de la corrida unos batallaron para mantenerse en pie y otros fueron la antítesis de Miraflores, pero el primero de la lidia ordinaria fue el que condicionó en gran medida lo que habría de venir. Manolo Pérez, banderillero y compatriota de Pepe Cáceres sufrió una grave cornada al ser prendido y prensado contra el burladero que está exactamente en el tendido de sol, en el otro extremo de la puerta de cuadrillas. Desde ese momento la pesadumbre se apoderó de los presentes y de quienes estaban en el ruedo y ya poco se esperaba del festejo.

Pepe Cáceres y Finito no volvieron a actuar en una de nuestras ferias, así como tampoco hemos vuelto a ver un encierro de Rancho Seco en nuestras plazas. Y en cuanto a la faena de Rafaelillo, si algún día se hiciera un recuento de las grandes faenas ocurridas en el ruedo de la Plaza de Toros San Marcos, esta es una de las que se deben tomar en cuenta.

El festejo de hoy, 11ª corrida de feria: 6 de Fernando de la Mora para Eulalio López Zotoluco, José Mari Manzanares y Arturo Macías.

sábado, 5 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1984: Miguel Armillita y Luis Fernando Sánchez justifican el cartel extraordinario


El serial de San Marcos de 1984 corrió entre el 22 de abril y el 13 de mayo y se anunció como constante de catorce festejos – 12 corridas de toros y 2 novilladas –, descansando el peso de las festividades mayores en toreros como Eloy Cavazos, Curro Rivera y Jorge Gutiérrez por los toreros mexicanos y El Niño de la Capea y José Mari Manzanares por los que vinieron del otro lado del Atlántico, aunque ya en Aguascalientes, como lo señalara don Jesús Gómez Medina un par de años antes, a propósito de la importante faena de Humberto Moro hijo el día de la despedida de El Estudiante, otro torero también de casa, las puertas de la Monumental Aguascalientes – ese es su nombre oficial –, se abrían también para los toreros hidrocálidos.

Ese era el caso para dos parejas de hermanos, unos de profunda raigambre en el mundo taurino, hijos del que con poco margen para la discusión, es el torero más grande que ha dado México en la historia y me refiero a Fermín y Miguel Espinosa, los hijos de Armillita, en tanto que lo que podría considerarse su contraparte, la constituyeron los hermanos Ricardo y Luis Fernando Sánchez, hijos también de torero, aunque no de la dimensión y trascendencia del Maestro de Saltillo.

Ricardo Sánchez solamente pudo cumplir su primer compromiso en la Feria, el 24 de abril, pues fue herido por el segundo toro del lote de Las Huertas que le tocó en suerte y por otra parte, aunque hubo triunfos resonantes de otros diestros, tanto Miguel Armillita como Luis Fernando Sánchez, sin encontrarse directamente en un cartel, comenzaron a forjar un pique en los tendidos que empujó a los empresarios doctor Alfonso Pérez Romo, Eduardo Solórzano y Julio Díaz Torre a intentar ofrecer a la afición un festejo extraordinario.

El diario El Sol del Centro, el jueves 3 de mayo de 1984 anuncia lo siguiente:

El adelanto que dio a sus favorecedores EL SOL DEL CENTRO de la corrida extraordinaria en mano a mano entre los diestros oriundos de Aguascalientes, Miguel Espinosa “Armillita Chico” y Luis Fernando Sánchez quedó confirmado por la empresa de la plaza de toros de la avenida licenciado López Mateos... Lo anterior lo dio a conocer el señor Eduardo Solórzano el mismo día primero de mayo...

El encierro que se anunció fue uno de la ganadería potosina de Manuel Labastida. Recuerdo que fue una corrida seria, desde la barrera en la que presencié el festejo, justo arriba de la puerta de toriles, me percaté que en el anca izquierda los toros llevaban herrado indistintamente el número cero o el nueve, lo que me indica que tenían entre cuatro y cinco años de edad. Eso sí, fueron algo flojos, pero con las complicaciones que da el toro con edad, lo que dio a la corrida la emoción que da la presencia del toro, añadida a la confrontación de dos toreros que tenían cautivado el interés de la afición en ese momento.

Miguel y Luis Fernando cortaron un rabo cada uno, al tercero y al cuarto de la tarde y los detalles de esas faenas según la crónica de don Jesús Gómez Medina, son los que siguen:

El triunfo de Miguel con “Indiano”... Pausadas verónicas, a pie junto primero y abriendo luego el compás, tan quietas como mandonas, ganándole el terreno de un lance al siguiente del burel... y, tras el puyazo de ritual, el lance de “Chicuelo” concluido con vistoso remate... Y tres pares de banderillas, entre ovaciones y música, destacando el tercero, al sesgo por las afueras, Y el brindis a Juan Andrea, en testimonio de una añeja amistad. Y la faena rebosante de calidad y torerismo ante un enemigo cuyo vigor decrecía a ojos vistas, al que Miguel toreó señorialmente, imperiosamente; más a la vez, con un temple tan justo, con suavidad tal, que en ocasiones diríase que la muleta estaba hecha de terciopelo... y, cuando “Indiano” fue a menos, los adornos pintureros, oportunos y todo realizado en el sitio que el torero quiso, en los medios del ruedo; y todo ligado, eslabonado y, además, concluido, rematado a ley; como si, mientras toreaba, fuese Miguel repitiendo para sí la sentencia de Rafael “El Gallo”: Lo bien toreao es lo bien arrematao... Entrando por derecho, media estocada en lo alto. Dobló luego “Indiano” y, entre rotundas aclamaciones, testimonio de admiración, entusiasmo y pleitesía, Miguel Espinosa fue galardonado con las orejas y el rabo y recorrió el ruedo en triunfo...

En cuanto al cuarto de la tarde, la versión de don Jesús es como sigue:

Y el éxito de Luis Fernando con “Antequerano”... Apareció en cuarto turno y fue de pelaje cárdeno, bien dotado de herramientas. De salida flaqueaba de los remos traseros... Luis Fernando Sánchez le propinó dos lances de hinojos que alborotaron al graderío, seguidos de toreo a la verónica de discreta ejecución... Ya está Luis Fernando brindando a Humberto Moro, colega y consanguíneo al que inoportuno percance dejó fuera de los festejos feriales. ¡Bello gesto, en verdad, el de Luis Fernando! A todo esto, “Antequerano” no era fácil ni mucho menos. Mansurrón, muy tardo, agarrado al piso, como ahora se dice; y, cuando finalmente embestía, lo hacía paso a paso, enterándose, sin plena fijeza; de aquí el singular mérito de lo realizado por su matador. Rompió éste las hostilidades con dos riñonudos pases de rodillas, y, una vez de pie, a pugnar, a insistir, a acosar una y otra vez al descastado burel, en este sitio o en el otro; en el tercio, o en los medios, en tablas, para obligarlo, para forzarlo a embestir, Y cuando finalmente esto ocurría, ¡qué prodigioso aguante, qué valor tan rotundo y, a la vez, tan sereno; qué estoicismo, en suma, el de este joven torero de Aguascalientes, mientras “Antequerano” pasaba, mejor que acometía, en muletazos angustiosamente lentos, intensamente emotivos, con olor a tragedia y a gloria!... Porque así es como se forjan las figuras; a golpes de corazón, con audacia, con fe, con relámpagos de arte como el que irradiaba la muleta de Luis Fernando cuando la bestia, sometida a la inexorable decisión del torero, terminaba por obedecer el trazo imperioso del engaño... Logró de esta manera muletazos sensacionales dentro de una faena que, naturalmente no tuvo cabal unidad ni en cuanto a la jerarquía de los pases ni al lugar en que fue llevada a cabo; pero que siempre estuvo caldeada por la llama de la emoción más intensa y dignificada por la entrega total de que su realizador hizo gala. Una estocada por demás delantera puso término a la vida de “Antequerano”. Y en pleno triunfo, Luis Fernando Sánchez recibió las orejas y el rabo del bicho y recorrió la pista entre cálidas e interminables aclamaciones...

La corrida fue presidida por el C.P. Jesús Dávila Medina, quien en esos días desarrollaba la misma función en la Plaza México. Miguel Espinosa Armillita, vistió un terno nazareno y oro, en tanto que Luis Fernando Sánchez salió con uno en palo de rosa con pasamanería blanca. El sobresaliente fue otro torero de la tierra, el matador de toros Fabián Ruiz y cabe hacer notar que Miguel Armillita solicitó la anuencia de la autoridad para retirarse antes de la salida del sexto de la tarde, debido a que tenía que tomar un avión para trasladarse a Tijuana, donde toreaba al día siguiente.

El festejo de hoy. 10ª corrida de feria: 6 de Mimiahuápam y Begoña para Eulalio López Zotoluco, Alejandro Talavante y Diego Silveti.

viernes, 4 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1985: Manzanares, Jorge, Luis Fernando y una gran corrida de Tequisquiapan


El eje de la fiesta será siempre el toro. A veces hay expresiones que parecen ingresar en la categoría de lo que Gustave Flaubert calificaría sin chistar como meros lugares comunes. Uno de ellos es aquél que reza que cuando el toro se derrumba, a la fiesta la sucede lo mismo, y otro que también podría aplicarse al caso, es que cuando el toro campea en el ruedo, la fiesta resplandece.

Pues el 4 de mayo de 1985, los sucesores de don Fernando de la Mora Madaleno, fallecido apenas el año anterior, enviaron a nuestra Plaza Monumental un encierro de su hierro principal de Tequisquiapan, que con su juego bravo y noble permitió que la esencia de la fiesta se mantuviera incólume y además resplandeciente, dejando claro y además incontestable que la esencia de todo esto está precisamente en el toro.

A ese respecto, en su crónica del festejo, publicada en el diario El Sol del Centro del día siguiente al festejo, dice don Jesús Gómez Medina:

En este venturoso resultado tuvieron una participación esencial, principalísima, los toros de Tequisquiapan. En efecto, el encierro que provino de la ganadería queretana resultó uno de los más propicios de los lidiados en los quince festejos ya celebrados. Tan sólo el primero desentonó un tanto por haberse agotado; los restantes conservaron hasta el final su acometividad inicial luciendo especialmente en este aspecto el segundo, el tercero y el quinto. El cuarto terminó apurado de facultades pero conservando su buen estilo; también se aplomó el sexto, pero en cuanto le pisaban el terreno tomaba el engaño con celo y viajaba hasta donde el torero le mandaba...

La obra de los diestros

Vuelvo a lo que en su día relató el cronista titular de El Sol del Centro para reseñar lo que los diestros dejaron escrito sobre el ruedo de nuestra Plaza Monumental:

Tres diversas expresiones del arte del toreo; tres manifestaciones distintas de la misma disciplina nos fueron ofrecidas por los tres espadas que, ayer, encabezaron el cartel... Elegancia, señorío, prestancia; la limpidez en la ejecución de las suertes unida a la eficacia. El toreo que de tan suave, de tan sedeño se transforma en caricia; tal fue el de Manzanares con "Vinatero", el cuarto ejemplar del magnífico encierro de Tequisquiapan.... El bien hacer y el clasicismo en la ejecución de la verónica; la alegría y el ritmo de los lances de capa al modo de Pepe Ortiz; el sabor y el hondo acento de aquellos derechazos largos, mandones de la faena al estupendo “Exquisito”, corrido en el sitio de honor; así fue la versión del llamado “Arte de Cúchares” a través de Jorge Gutiérrez... Y la entrega absoluta, desbordada y espectacular de Luis Fernando Sánchez con el sexto; y aquellos derechazos en movimiento retardado extraídos a viva fuerza de la mole con cuernos en que se había convertido “Estrellito”, el último de la función; he aquí tres expresiones diversas, las tres manifestaciones distintas de un arte en cuya elaboración significan tanto y tienen influjo definitivo el temperamento y el gusto de cada torero; su mayor o escaso dominio de la técnica así como el conocimiento que tenga de las condiciones y de los cambios que se operan en los bureles... Y fue así, lanzadas las tres distintas expresiones de un mismo arte; engarzado el toreo magistral y sedeño del diestro de Alicante con el toreo sabroso, intenso de Gutiérrez; y ligado este último, a su vez, con el toreo dramático por cuanto supone de aguante y de entrega y además el acorde dilatado, intenso de aquellos derechazos de Luis Fernando al sexto; de esta manera se forjó una segunda parte triunfal del festejo, que transcurrió entre aplausos y aclamaciones y quedó rubricada con el otorgamiento de apéndices para los tres espadas...

Al final, Manzanares se llevó la oreja del cuarto, Jorge Gutiérrez la del quinto y a Luis Fernando Sánchez se le concedieron las dos orejas del sexto. Orejas que cuestiona don Jesús Gómez Medina, pues señala en su crónica que la espada atravesó al toro y asomó por el lado contrario por el que entró, hecho que se debió, según su apreciación, a que el diestro se fue de la línea recta alargando el brazo, hecho que apunta, le ocurrió igualmente con el tercero de la tarde.

El festejo de hoy. 9ª corrida de feria: 6 de San Isidro para Rodolfo Rodríguez El Pana, Sebastián Castella y Diego Silveti.

jueves, 3 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1981: Sin corte de orejas, César Pastor triunfa en el cierre de la Feria


El principio de la década de los ochenta fue promisorio para César Pastor, que se encontraba en la cresta de la ola al haber participado en la capital del país en los carteles más destacados de las dos temporadas anteriores y en preparación para acudir al siguiente ciclo europeo para confirmar su alternativa en la Plaza de Las Ventas de Madrid.

En esta octava y última corrida del serial de San Marcos de 1981, fue acartelado con Manolo Espinosa Armillita y Jesús Solórzano hijo, para lidiar un encierro de San Marcos, propiedad del arquitecto Ignacio García Villaseñor y el festejo fue, de acuerdo con la crónica aparecida al día siguiente del mismo en diario El Sol del Centro, firmada por don Jesús Gómez Medina, uno de larga duración, pues anunciado para comenzar a las cinco de la tarde – aún no se aplicaba aquí el horario de verano – concluyó a las siete de la noche con cuarenta minutos.

Las razones a las que atribuye el cronista la extraordinaria duración temporal del festejo, fueron tanto la lidia de un toro de regalo, como las constantes interrupciones de la lidia por parte de los diestros actuantes para increpar a don Fernando Soto García, en esos días director de la Banda Sinfónica Municipal, para que ejecutara algún pasodoble durante su labor en el ruedo.

Dice don Jesús al respecto:

...Para que los festejos recobren su duración normal y los espectadores no salgamos de la plaza como lechuzas despistadas, yo propondría lo siguiente: Que el Juez de Plaza, volviendo por sus fueros y velando por la seriedad del espectáculo, sea el que tome la batuta y ponga a toreros y músicos en su respectivo sitio; es decir, que sea de veras Autoridad; o que, de lo contrario, “de perdida”, como dicen los “chavos”, doten a cada matador de un teléfono con hilo directo hasta la tribuna de la música para que no se pierda tanto tiempo y al instante puedan ponerse de acuerdo el espada y los filarmónicos; con lo que la corrida saldría ganando, si no en formalidad, sí en brevedad. ¡Y todos tan contentos!...

El triunfo de César

Ya lo comentaba en alguna fecha anterior, que en cierta medida, los apéndices para los toreros, pueden resultar meros retazos de toro. En el festejo que hoy sirve para el recuerdo, el triunfador de la corrida se retiró con la espuerta vacía, pero con el reconocimiento de la afición. A ese propósito, la crónica ya citada nos refiere lo que sigue:

...Para este joven espada sonaron las palmas más estruendosas y reiteradas de la corrida y su labor en sus dos enemigos tuvo como epílogo, el aplauso rotundo que acompañó las dos vueltas al ruedo con que lo premió el público hidrocálido... Su primer enemigo, “Glotón”, gordo, enmorrillado, fue bravo, alegre. Pastor lo veroniqueó lucidamente antes de rematar por partida doble... Del segundo tercio se encargó el espada en turno: En primer término, un par de poder a poder estupendo, emotivo, seguido de un cuarteo desigual y de otro al sesgo por las afueras, magnífico... El prólogo del trasteo lo constituyeron varios emotivos muletazos con ambas rodillas en tierra... a fuerza de aguante y determinación le extrajo varias series de naturales y de mejores derechazos antes de terminar mediante media en buen sitio... Ovación y vuelta al ruedo... Al sexto, “Parrandero”... a guisa de bienvenida, le propinó un lúcido farol de rodillas, seguido de lances al natural que fueron muy aplaudidos. De nueva cuenta tomó los garapullos cuajando brillantísimo tercio de banderillas que le mereció una de las más estrepitosas ovaciones de la tarde. Y su trasteo muleteril, realizado a base de exponer, de llegarle al bicho, de obligarlo y, luego, de mandar y templar su embestida, en ocasiones logró un nivel de brillantez y torerismo singulares... Tras un pinchazo, sepultó Pastor todo el acero; dobló el bicho, lo levantó el puntillero y poco después “Parrandero” rodaba definitivamente por la arena. Ovación fuerte con vuelta al ruedo devolviendo prendas... Yo, como aficionado y en el pellejo del juez, le hubiera otorgado la oreja...

Manolo Espinosa lidió tres toros esa tarde, los dos de su lote ordinario y el de regalo, procedente de Boquilla del Carmen. Pudo saludar en el tercio en su primero, fue avisado en su segundo y escuchó palmas en el obsequio. Por su parte, Jesús Solórzano salió al tercio en el segundo de la tarde y logró dar la vuelta al ruedo tras la lidia del quinto, señalado por don Jesús como el momento en el que se produjeron los desatinos musicales a los que alude en su relación del festejo.

El festejo de hoy. 8ª corrida de feria: 6 de Teófilo Gómez para Uriel Moreno El Zapata, Alejandro Talavante y Octavio García El Payo que sustituye al herido Joselito Adame.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1982: Trofeos sin contenido para Eloy Cavazos y Curro Rivera


Algunos califican a los apéndices que los toreros cortan como meros retazos de toro. A veces la expresión se utiliza para señalar una infrapremiación de una faena y en otras ocasiones, para expresar el desacuerdo con un reconocimiento excesivo a obras que debieron ser calificadas con mayor rigor desde el Palco de la Autoridad.

Al hacer su recuento de la corrida del 2 de mayo de 1982, – toros de Carranco para Eloy Cavazos, Curro Rivera y Javier Bernaldo – don Jesús Gómez Medina hace notar que pese a los apéndices cortados, el festejo resultó intrascendente, es decir, las orejas carecieron de contenido, resultaron ser meros retazos de toro que al paso del tiempo, nada dejaron a quienes se los llevaron.

Acerca de este aspecto de la tarde, de la crónica de don Jesús, publicada en el diario El Sol del Centro, recojo lo siguiente:

Hace ya más de tres centurias que uno de los más ilustres ingenios de la lengua española – nada menos que el Fénix de los Ingenios –, dejó escrita en unos breves renglones, una sentencia cuya perenne vigencia comentamos de continuo: 

“El vulgo es necio
y, pues lo paga, es justo
hablarle en necio,
para darle gusto...”
Y esto, que Lope de Vega refería al arte teatral, es igualmente valedero para otras manifestaciones artísticas... o cuasi artísticas, llámense cinematografía, música, tauromaquia, etc... Particularmente en esta última, al fin espectáculo multitudinario, la influencia de la masa resulta determinante, definitiva casi, por la carga de emoción o de sensibilidad que sobre aquella gravita. Pero, a la vez, las preferencias de la parte más cuantiosa y al mismo tiempo menos docta de los espectadores, suelen ser decisivas al momento de valorizar y de galardonar el mérito y la brillantez de un lance, de una faena o de una actuación... Precisamente por ello se premian actuaciones y se otorgan premios por trasteos y faenas de las que, al salir de la plaza, no conservamos casi el recuerdo: ¡así fueron de fosforescentes y superficiales!... Lo anterior viene al caso como resultado de cuanto ocurrió ayer, en el octavo festejo de nuestra Feria. En el curso del mismo, en efecto, fueron concedidos cinco apéndices, dos orejas a Curro Rivera; y otras dos más el rabo, a Eloy, Además se otorgaron honores a los despojos de uno de los bureles... Y, sin embargo, al analizar horas después lo ocurrido en la Monumental, poco, muy poco es lo que subsiste en el recuerdo. Se impone, entonces, la pregunta: ¿los galardones estuvieron mal otorgados? ¿o acaso fueron excesivos?... Sobre esto último, es preciso afirmar que la actuación del juez de plaza, siempre difícil, siempre sujeta a los vaivenes de la cambiante y apasionada opinión del pópulo, actualmente resulta más comprometida y expuesta. Pues, si ateniéndose a un criterio estrictamente taurino se resiste a conceder el trofeo o lo otorga con exacta proporción al mérito de la faena, se convierte en víctima propiciatoria de la insolencia popular. Y sí, por el contrario, cede fácilmente ante el reclamo de los más entusiastas y generalmente más indoctos, se gana de inmediato las censuras y los reproches de “la parte seria de la afición”, como diría “Oselito”... Por todo esto, volviendo a lo ocurrido ayer, podríamos decir, parafraseando un dicho que adquirió celebridad, que la actuación de Arturo Muñoz no fue buena, ni mala... sino todo lo contrario...
La actuación de los toreros

De las faenas premiadas, a su juicio excesivamente por el Juez de Plaza, don Arturo Muñoz La Chicha, Gómez Medina relata:

…Y ya está Eloy brindando a la asamblea para realizar a continuación una de sus típicas faenas a base de toreo en redondo, sobre una y otra mano, con el aditamento de molinetes rapidillos y rodillazos espectaculares. La faena en conjunto, resultó vistosa, espectacular, si bien Eloy no haya toreado con una parsimonia mayor, ni con un ajuste excesivo; pero repetimos, con una espectacular fosforescencia y además, a los briosos acordes de la charanga... Eso sí: Eloy estoqueó superiormente, sepultando el acero en lo alto, entrando con gran decisión y con resultados definitivos. Gran ovación; las dos orejas, también el rabo... y arrastre lento a los despojos de “Jamaiquino”. Curro Rivera en cambio, logró su capítulo de éxito al enfrentarse a su primero, otro astado de buenas características, que, aunque terminó un tanto aplomado, conservó su docilidad hasta el fin. De esta manera, a base de aguante y temple, logró Rivera llevar a cabo una faena de innegable torerismo, obligando a un bicho de escasa fuerza y haciéndolo pasar en varias tandas de derechazos, antes de sepultar un espadazo de efectos mortales. Ovación vuelta al ruedo y las dos orejas. ¿No hubiera sido suficiente con una?...

De la actuación de Javier Bernaldo, en esos días de reciente alternativa, dice don Jesús que más vale no hablar.

El festejo de hoy. 7ª corrida de feria: 3 de Santa Bárbara y 3 de Peñalba (denominación de Bernaldo de Quirós) para Ignacio Garibay, José Mari Manzanares y Joselito Adame.

lunes, 30 de abril de 2012

Tal día como hoy.1982: En la despedida de El Estudiante, la obra artística la firma Humberto Moro


Jesús Delgadillo El Estudiante, es uno de los toreros nativos de nuestro Barrio de Triana, recibió por primera vez la alternativa el 20 de abril de 1958, en la Plaza de Toros San Marcos de manos Alfredo Leal, ante el testimonio de Joselito Huerta, le cedió los trastos para dar muerte al primero de los de Lucas González Rubio corridos esa tarde. Esta alternativa la confirmó el 18 de enero de 1959 en la Plaza México, llevando como padrino a Jorge El Ranchero Aguilar y como testigo a Fernando de los Reyes El Callao. El toro de la ceremonia fue Coreano de La Laguna.

Tras de renunciar a esa alternativa, el 10 de septiembre de 1964, en Barcelona, Fermín Murillo, en presencia de Curro Romero, le cede a Murciano, de Torrestrella, alternativa que confirmaría en Madrid el 12 de octubre con el toro Gladiador de Arellano y Gamero Cívico, siendo padrino de la ceremonia Orteguita y testigo Santiago Castro Luguillano, quien también confirmaba esa tarde.

Confirma su alternativa barcelonesa en la Plaza México el 22 de enero de 1967, siendo su padrino Joaquín Bernadó y actuando como testigo Raúl García con la cesión del toro Vinatero de Tequisquiapan.

Entre ese año de 1964 y el de 1975, los de su mayor actividad en los ruedos, repartió sus actuaciones en plazas mexicanas y españolas, siendo quizás su principal logro el corte de una oreja en la Plaza de Las Ventas en Madrid, el 8 de agosto de 1965, a un toro de Félix Cameno, en tarde en la que alternaba con Antoñete y Pepe Osuna. Es, para la estadística, la última oreja cortada allí por un matador de toros de Aguascalientes, vestido de luces.

Jesús Delgadillo López estuvo prácticamente parado desde ese año de 1975, pero tenía la intención de despedirse formalmente de los ruedos y en su tierra. Para ello, la noche del 30 de abril de 1982, consiguió hacer su presentación en la plaza Monumental Aguascalientes y al mismo tiempo realizar esa despedida de los ruedos, alternando con Eloy Cavazos y Humberto Moro hijo, en la lidia de seis toros de San Manuel. Recuerdo que el resultado para él fue el de dar una vuelta al ruedo tras la lidia del cuarto, entre el nostálgico son de Las Golondrinas y el afecto de sus paisanos, que veían dejar los ruedos a uno de sus toreros que se destacó por su clase y su oficio en cuanta plaza pisó.

De esa actuación, don Jesús Gómez Medina, en El Sol del Centro, resume:

El afán de “El Estudiante” de decir adiós a la profesión que durante años y años fuera parte primordial de su vida, ante el público de su ciudad natal, encontró finalmente su compensación en el cariñoso aplauso con que los espectadores lo saludaban en la que fue su última vuelta al ruedo del ahora ex – torero. Fue tal la efusión del público, que “El Estudiante” no pudo menos que emocionarse profundamente. Por lo demás, su actuación ante sus dos enemigos había sido por demás discreta...

Humberto Moro firma la obra de arte

Del resto del festejo, don Jesús relata lo siguiente:

Una bella lección de bien torear... Sí, indudablemente: El toreo que solemos presenciar por estas calendas no es el más auténtico, ni el más valioso, ni siquiera el más moderno; pues, como decía aquél viejo predicador al referirse a las hijas de Eva, “siempre han existido mujeres buenas... y pícaras de siete suelas”, también ha habido toreros buenos, auténticos toreros y lidiadores que deforman y degradan y afean el arte del toreo... Pues bien; ayer el torero auténtico, el verdadero torero se llamó Humberto Moro... En efecto, en su admirable faena al sexto, el joven diestro hidrocálido combinó, en gentil conjunción, la plasticidad con la eficacia, la gallardía con el mando, el reposo y la hondura del estilo rondeño con el garbo y la inspiración del toreo sevillano... ¡Ah Humberto Moro! ¿Cómo no agradecerte que ayer, cuando toreabas por soberanos derechazos al sexto, hubieses traído a nuestra retina la imagen de otro Humberto Moro toreando por soberanos naturales al toro de su triunfal revelación, una tarde de enero que hizo hito en los anales taurinos de Aguascalientes?... ¿Por qué no esperar, entonces, que la de ayer haya sido la fecha de tu definitiva revelación; la que marca el día en que pudiste exhibirte en la totalidad de tu potencia taurina y en el que ofreciste ante nuestros deleitados ojos un bagaje estupendo de un toreo hecho de aguante, de temple, de dominio; de arte y de arte mayor, en suma; de un arte intenso, profundo, que, para cuajar por completo, solo espera encontrar el campo abierto a sus posibilidades y no el coto estrecho en el que hasta hoy te has visto aprisionado?... Por ello, porque tu faena al cárdeno “Amoroso” reunió todos estos atributos, te ganaste la admiración y el fervor de tirios y troyanos, de catecúmenos y doctores; cortaste ambas orejas y recorriste el ruedo en pleno triunfo... Y, de paso, reivindicaste a los toreros de Aguascalientes, para quienes, hasta ayer, estuvo vedado el acceso al ruedo hidrocálido...

Eloy Cavazos también cortó dos orejas en esa noche – en un hecho hoy poco frecuente, la corrida fue nocturna – aunque por los prolegómenos de la crónica de don Jesús Gómez Medina y la ausencia de mayores detalles en el cuerpo de la misma, su actuación seguramente no tuvo la entidad suficiente para ser del gusto del relator. 

Es por ello que solamente consigno aquí el resultado respecto del torero de Monterrey y el recuerdo de los demás sucesos relevantes ocurridos en la corrida, en este trigésimo aniversario de la despedida del torero de Aguascalientes, Jesús Delgadillo El Estudiante.

El festejo de hoy. 5ª corrida de feria: 8 toros de Mimiahuápam para Sebastián Castella, José Mari Manzanares, Juan Pablo Sánchez y Arturo Saldívar.

domingo, 29 de abril de 2012

Tal día como hoy. 1962: Humberto Moro y Antonio del Olivar triunfan en la quinta y última de Feria


La quinta y última corrida de la feria de 1962 traía de nueva cuenta a Manolo dos Santos – reaparecido el año anterior – junto con el sensacional muletero de Linares, Humberto Moro y el fino torero celayense Antonio del Olivar. Ellos se enfrentarían a un encierro de la ganadería aguascalentense de Peñuelas, que en los calendarios anteriores habían tenido tardes triunfales para su propietario, don Miguel Dosamantes Rul y eran del agrado de los toreros.

Al final del festejo, los toreros mexicanos, Humberto Moro y Antonio del Olivar fueron los que sacaron el mejor resultado de la tarde. Manolo dos Santos pasó de puntillas por nuestra Feria y como lo leímos el día de ayer, en el siguiente serial de San Marcos, anunciaría a nuestra afición su decisión de despedirse de nosotros.

Los momentos destacados

Don Jesús Gómez Medina, cronista titular de El Sol del Centro destaca de esa tarde los siguientes momentos:

...Moro logró un éxito de consideración al pasar de muleta al corrido en el sitio de honor. Un bicho con suavidad y nobleza, con un lado izquierdo magnífico. Además, el más hecho, el de mejor tipo entre los seis... Unos pasecillos para fijar al burel, y el engaño a la siniestra. Y el pase natural, resurgiendo en todo su esplendor. ¡Con ritmo, con cadencia, con quietud y con mando! Las aclamaciones del pópulo corean cada muletazo; pero, inesperadamente el de Peñuelas toma las de Villadiego y la serie queda sin rematar... Pero aquellos naturales fueron de tal calidad y sabor, tuvieron tanta brillantez y señorío – ¡los mejores de la Feria! – que, cuando el linarense, tras un pinchazo, puso al de Peñuelas en manos del aprendiz de jifero mediante una estocada ligeramente desprendida, la ovación se repitió con fuerza y, previo otorgamiento de la oreja, Humberto Moro recorrió el ruedo en triunfo... En conjunto, la actuación de Antonio del Olivar fue la más completa, la más lúcida de la jornada. Con una determinación y un valor realmente singulares; y acusando un sitio y un torerismo también notables, del Olivar llevó a cabo dos faenas igualmente meritorias. Más brillante, más dilatada y emotiva, la del sexto; el bicho tenía bravura y fuerza en sus acometidas, y como del Olivar lo aguantaba a pie firme, y con limpieza y ritmo se lo pasó por la mismísima faja repetidas veces en muletazos en redondo con la derecha, o bien en los de trinchera, en los de pecho de gran plasticidad y dramatismo, y en los firmazos con los que puso fin a las diversas series, la emoción de los espectadores acabó por desbordarse y, pese al pinchazo, cuando coronó su lucido y meritísimo trasteo con una estocada delanterilla, entre grandes aclamaciones, Antonio del Olivar fue izado en hombros y paseado de esta manera por el ruedo, llevando en la diestra la oreja del de Peñuelas... Antes, al concluir la faena del tercero, el poderdante del “Cachorro de Querétaro” había visto premiada su labor con la vuelta a la arena... Rotundamente gris resultó la actuación del artista lusitano. Abrumado por la sosería de sus antagonistas, Manolo a decir verdad, muy poco logró de plausible. Lo mejor, su brevedad para saldar el compromiso...

Así transcurrió este festejo final de Feria, una que resultó ser en su día, junto con la de 1960, la más extensa en cuanto a número de corridas hasta antes de la adopción del modelo actual, implantado en 1971 por don Guillermo González Muñoz.

El festejo de hoy. 4ª corrida de feria: 6 de Teófilo Gómez para Eulalio López Zotoluco, Sebastián Castella y Juan Pablo Sánchez.

sábado, 28 de abril de 2012

Tal día como hoy. 1963: Manolo dos Santos y Enrique Vera resultan los mejor librados en el cierre del serial


Manolo dos Santos
Hay toreros que ingresan a los carteles de las ferias por una mera cuestión coyuntural. Creo que ese fue el caso de Enrique Vera, que formó terna con Manolo dos Santos y Jorge El Ranchero Aguilar en la cuarta y última corrida de la Feria de San Marcos del año de 1963, al socaire del éxito que habían tenido sus incursiones en el cine, particularmente en dos películas; El Niño de las Monjas y El Último Cuplé, ambas éxito de taquilla aquí en Aguascalientes. No omito considerar que también Vera participó en Tarde de Toros, dirigida por Ladzlo Vadja, pero por su focalización a los entretelones de la fiesta, quizás su impacto fue menor que las dos primeras.

Un testigo que considero de excepción de esta tarde, mi amigo Gustavo Arturo de Alba, explica en su portal Cineforever la composición mayoritaria del público de esa tarde y las razones de su asistencia:

...Enrique Vera vino a México en 1962 y 1963, sin que llegará a actuar en la Plaza México, pero si lo vimos en Aguascalientes, durante la Feria de San Marcos de 1963, en que mi padre me mandó de “chaperón” de una de mis hermanas solteras, en ese tiempo, la cual quería ir a ver, en vivo y en directo, al guapo torero que había enloquecido de amor por la cupletista Sara Montiel. La corrida de marras se celebró el 28 de abril, alternando Enrique Vera con Manolo Dos Santos y Jorge “El Ranchero” Aguilar, en la lidia de un encierro de “El Rocío”, en donde el único animal que se prestó para el lucimiento de los toreros, fue precisamente el que le tocó a Vera, quién consiguió dar una vuelta al ruedo, en una faena de aliño, dada la áspera embestida del burel, en que se lució, como en la película, con sus manoletinas y muletazos por alto, aparte de ligar una serie afortunada de derechazos, pero lo cierto es que Enrique Vera no era un torero profundo, que llevaba gente a la plaza, más bien se iba por complacer o, la obligación de acompañar a hermanas o novias, según fuera el caso, a los tendidos para que admiraran la galanura de ese lidiador, el cual también combinaba la actuación en teatro, con las de cine, bailarín y cantante de andaluz… ah y también cuando tenía tiempo era torero...

La otra visión del festejo

La crónica publicada en el diario El Sol del Centro y suscrita por don Jesús Gómez Medina, refleja un festejo tedioso, principalmente a causa de la sosería de los toros murubeños de la ganadería de El Rocío, en esas fechas propiedad todavía de don Manuel Buch y Escandón, los que, si bien fueron bravos para los caballos, pronto se aplomaron. Del relato que hace don Jesús puedo rescatar lo siguiente:

Su majestad el tedio imperó ayer en el Coso San Marcos... Un solo puyazo, pero de efectos, pues el toro recargó y el varilarguero apretó el palo de firme y, tras un connato de toreo por las afueras a cargo del espada en turno, ya tenemos a éste con los garapullos en la mano... Por cierto, éste del segundo tercio uno de los episodios más destacados en la actuación de Dos Santos, pues éste con facilidad y oportunidad, colgó cuatro pares en el sitio adecuado, sobresaliendo por su emotividad y buena ejecución el sesgo por las afueras que colocó en cuarto término... Se adornó más tarde realizando el lasernista, siempre en pugna con un burel cuya sosería se acentuaba a cada momento. Y, para concluir, dejó una estocada contraria y delantera que hizo doblar. Ovación y vuelta al ruedo... Enrique Vera. Este joven torero hispano también cuajó los instantes más aplaudidos de su labor, mientras lidiaba al primero de sus antagonistas... Pese a la sosería del bicho, Vera echó tipo en dos parones por el lado derecho, que se quedaron sin rematar cuando el del Rocío tomó las de Villadiego... El trasteo, brindado a toda la concurrencia, incluyó tres series de derechazos cuya brillantez fue en aumento, rematadas con otros tantos pases de pecho. Se aploma el socio; Vera se adornó con tres manoletinas muy quietas y ceñidas, tras las cuales sufre un trompicón... Hace una rabieta el hispano, que no ha podido olvidar que alguna vez trabajó ante las cámaras cinematográficas. Y a toro parado, clava el acero hondo y con tendencias, y remata con descabello al primer golpe. Vuelta al ruedo, entre aplausos cerrados... Dejábamos de consignar cómo fue la entrada: regular en el tendido sombreado y muy floja en sol. Y es que los aficionados tienen un olfato...

Esos son los episodios más rescatables de un festejo que pasará a la historia también por ser la última vez que pisó vestido de luces el ruedo de la Plaza de Toros San Marcos el Lobo Portugués Manolo dos Santos. El cartelillo anunciador del festejo señalaba que en esa corrida se despedía del público de Aguascalientes, como de hecho, sus números parecen delatar que ya lo había hecho de los públicos europeos, pues si bien el año anterior había actuado en 25 festejos, en éste de 1963, ya no se presentó en plazas de allende el Atlántico y en México particularmente, solamente se vistió de luces en cuatro oportunidades. En cuanto a esta anunciada despedida, la crónica del festejo no hace mención ningún acto puntual destinado a señalar ese hecho dentro del mismo, pero el hecho del adiós de nuestras plazas sí resultó definitivo.

El festejo de hoy. 3ª corrida de feria: 7 toros de Begoña para el rejoneador Jorge Hernández Gárate, Julián López El Juli, Juan Pablo Sánchez y Arturo Saldívar.

viernes, 27 de abril de 2012

Tal día como hoy. 1969: Cortando tres orejas, Manolo Martínez se alza como el triunfador de la Feria


Tras de su presentación en nuestro serial abrileño de 1967, en una corrida extraordinaria, Manolo Martínez reaparecía en la Plaza de Toros San Marcos en la corrida que daba término a la Feria, alternando con Joaquín Bernadó y Alfonso Ramírez Calesero Chico, para lidiar un encierro de Suárez del Real. La corrida adquiría cierta significación, aparte de la propia que le correspondía por su lugar en las celebraciones sanmarqueñas, porque el torero de Monterrey estaba a punto de salir a iniciar su primera campaña en ruedos europeos. De hecho, tras de esta actuación, solamente se presentaría el 1º de mayo en Tepic y el 4 en Querétaro para matar en solitario toros de Javier Garfias y de allí partir a España, para presentarse en la Corrida del Corpus en Toledo el día 5 de junio de ese 1969.

El triunfo de Manolo Martínez

En su crónica publicada en el diario El Sol del Centro al día siguiente del festejo, don Jesús Gómez Medina se ocupa exclusivamente de la actuación del que estaba en camino de ser el mandón. No hace una sola referencia a las actuaciones ni de Joaquín Bernadó, ni del hijo mayor de Calesero. Del preámbulo recojo estas impresiones:

No pudo haber sido más torero el adiós de Manolo Martínez; en pleno triunfo, entre aclamaciones, aplausos y música y llevando consigo las dos orejas del último astado que lidió en Aguascalientes... Porque el de la Sultana del Norte se halla a punto de atravesar el charco, en ruta hacia la Madre Patria a donde marcha en pos del espaldarazo consagrador de los públicos hispanos. Pero, antes, busco que su adiós a la plaza que durante estos breves días, se transforma en el aula máxima del toreo, en la academia del arte taurino, revistiése la brillantez y la solemnidad más singulares...

Manolo Martínez enfrentó esa tarde a dos toros de nombrados por su criador como Pepinillo y Ruizeño, ambos de muy diferentes condiciones. Y con ellos realizó dos faenas de gran intensidad de acuerdo con el relato que hace el invocado don Jesús Gomez Medina. El quinto, Ruizeño, fue el del gran triunfo y sobre este, el cronista escribió:

...“Ruizeño”, era por el contrario un adversario difícil, peligroso; con fuerza y sentido. Por ello puso en apuros a un banderillero tan diestro como Rutilo Morales... Y en el ambiente de la plaza brotó la incógnita: “¿Sería capaz Manolo Martínez de hacerle faena a un enemigo con tales características...?” Pues sí; ¡también al enemigo difícil le hizo la faena y, encima, le cortó las dos orejas!... ¿Es o no es todo esto, demostración de torerismo?... Porque triunfar con el toro dócil, pastueño, que más que enemigo resulta colaborador del torero, esto muchos lo hacen. Vencer, en cambio, tras de remontar la corriente; llegar al éxito tras de haber superado obstáculos y luego de poner en riesgo la epidermis, esto es privativo de los menos. De los ases, de las figuras, de los toreros de época, como este Manolo Martínez... Pero digamos ahora someramente cómo fue la faena del gran triunfo del reinero. Dos o tres muletazos de exploración como para medir, para calibrar al astado, y acto seguido, sin más trámites, sin nuevas dilaciones, a pararle y a correr la mano y a enrollarse a “Ruizeño” con la seguridad, con la facilidad y la frescura que se emplearían para torear a un toro de cartón.... A fuerza de aguante, Manolo desengañó al astado. Vamos, se apoderó de él, como se dice en la jerga taurina. Y logrado esto, hizo con el bicho cuanto le vino en gana. Lo toreó por derechazos templados y mandones, rítmicos y señoriales – ¡derechazos de Manolo Martínez! –; se lo pasó por la mismísima camisa en los pases de pecho escultóricos, ajustadísimos. Y además, el péndulo, los molinetes, los de la firma combinados con el trincherazo. ¡Todo cuanto en gana le vino ejecutó!... Y, como epílogo, un espadazo desprendido, que pronto surtió efectos.... Vendría luego la escena que antes aludimos; el triunfo, el apoteosis de Manolo Martínez; la concesión de las dos orejas, la vuelta al ruedo, las aclamaciones... En suma, la entrega de un público plenamente rendido frente a la evidencia de que, con Manolo Martínez, el toreo mexicano está en el camino de adquirir una dimensión y un esplendor que antaño tan solo supieron darle los llamados toreros de época, las figuras cumbres de nuestra torería...

En efecto, la visión de don Jesús no estaba apartada de la realidad que estaba por venir. Sería cuestión de un par de temporadas más para que Manolo Martínez consolidara su posición al frente de la torería mexicana y efectivamente, se convirtiera en una figura de épica y de época, todavía a estas fechas vara de medir en estas cuestiones.

El festejo de hoy. 2ª novillada de feria: 6 novillos de José Julián Llaguno para Ricardo Frausto, Manuel Fernández Mazzantini y Efrén Rosales.

domingo, 22 de abril de 2012

Tal día como hoy: 1973. En la alternativa de Vito Cavazos, es Curro Rivera el que hace el toreo


El primer toro que se lidiaría en la Feria de San Marcos de 1973 sería un toro de alternativa. El suceso también tendría un dejo de novedad en nuestro ciclo abrileño, pues si bien en el pasado reciente del Coso de la calle de la Democracia se habían celebrado dos ceremonias de investidura de matadores de toros – El lusitano Óscar Rosmano el 29 de noviembre de 1970 y Armando Mora el 28 de marzo de 1971 –, la última que se había celebrado en un festejo sanmarqueño había tenido lugar en 1960, cuando Luis de Seda y Oro elevó a la categoría superior al trianero Rubén Salazar el primero de mayo de ese calendario.

La información previa al festejo, publicada en el diario El Sol del Centro refleja la expectación que producía el serial y en sí el cartel inaugural, tanto por la reaparición de Eloy Cavazos y Curro Rivera, como por la novedad que revestía el investir en la Feria a un nuevo matador de toros, en este caso, David Vito Cavazos. De esa nota, entresaco lo siguiente:

Reaparecen Eloy y Curro y se doctora Vito Cavazos. A guisa de preámbulo de lo que será esta Feria, ya el cartel inicial incluye la actuación de dos de las tres máximas figuras del toreo nacional: Eloy Cavazos, el sensacional pequeño y gran torero de Monterrey; Curro Rivera, el autor de la que fue, indiscutiblemente, la mejor faena en la pasada temporada metropolitana... Y al lado de ambos, compartiendo responsabilidades y disfrutando también, desde hoy, de idéntica jerarquía, Vito Cavazos, que en esta primera corrida alcanza la meta codiciada por cuantos en un día vistieron por vez primera el traje de torear: la alternativa, el doctorado...

Yo asistí a esta corrida. Mis recuerdos se limitan principalmente a los seis toros que se lidiaron en ese festejo al que fui llevado por mi padre. El toro de la ceremonia – un negro listón, al que recuerdo con mucha cara y arrobas – volteó la cara al primer picador y le comenté a mi padre que el toro era manso. En cuanto se colocó de nuevo al toro, este se arrancó de largo, recargando fuerte y metiendo los riñones, propinando un tumbo al piquero y lo que es más, recuerdo que repitió la escena en la siguiente vara. Cuando todo esto sucedió, mi padre me dijo Allí está tu manso, fíjate bien en ese toro, que es muy bravo, porque va a pasar mucho tiempo para que veas otro igual... Al final de la corrida tuve la oportunidad de conocer y felicitar personalmente al Ingeniero Mariano Ramírez, el ganadero de la tarde, quien se encontraba conversando con los matadores retirados Rafael Rodríguez y Humberto Moro y el empresario Guillermo González entre otras personas. No recuerdo la respuesta que me dio don Mariano, pero sí percibí que en ese momento era un hombre inmensamente feliz.

Alguna información más precisa

Para este serial don Jesús Gómez Medina había vuelto a ocupar su cátedra en El Sol del Centro, combinando esa actividad con la Presidencia de los festejos taurinos en la Plaza San Marcos y de su narración de la corrida se desprende con más detalle y precisión lo siguiente:

¡Torear bien!... ¡Torear con arte!... Torear, en suma, como ayer lo hizo con el nobilísimo “Cartujo” del Ing. Mariano Ramírez, Currito Rivera. Feliz conjunción del burel dechado de alegría y excelente estilo, con el torero – torero, con el torero artista.
¡Oh! aquellos naturales cadenciosos, de dilatada trayectoria, ligados a la perfección en el último sitio y culminados, según la ley de toreo rondeño, con el pase de pecho ejecutado al mismo ritmo caricioso de los muletazos precedentes.
Especialmente en la segunda de las dichas series pareció culminar la plasticidad, la hondura y el bien torear. Negreaban las pisadas de “Cartujo” en torno del torero, transformado en epicentro que giraba levemente sobre las plantas, mientras que de su muleta brotaban, como rojas amapolas, la milagrería de aquellos pases naturales, flor de clasicismo, sí; pero nimbados a la vez con la luz iridiscente de un arte juvenil, radioso, alegre...
El toreo es liturgia y rito; pero, también, gallardo desplante, bizarría y alarde jocundo y triunfal.
Más tarde, con la diestra, idéntico derroche de torerismo y de belleza en los derechazos, en los pases circulares, en los molinetes; en toda la gama, en suma, de bien torear a que daba pie la nobleza sin límite y la aterciopelada embestida de “Cartujo”.
A estas alturas, prácticamente las orejas y el rabo estaban ya en las manos de Currito; más precipitóse un tanto éste, llevado sin duda del deseo de acabar cuanto antes; y aunque se fue en corto y por derecho, particularmente la segunda ocasión, pinchó dos veces antes de sepultar hondo el acero, en sitio un tanto trasero... se esfumaron los apéndices; más los aficionados, embriagados todavía de emoción taurina, hicieron a Curro Rivera objeto de una cálida, estentórea ovación, mientras los despojos de “Cartujo” habían desaparecido sin recibir en homenaje de que eran merecedores...

Don Jesús califica la actuación de Eloy Cavazos como integrada por una media faena y la de su hermano David, el toricantano como deslucida. El toro de la alternativa se llamó Esclavino y fue de pelo negro listón.

Algunas reflexiones finales

De la misma crónica de la corrida y a partir del hecho de que don Jesús Gómez Medina estimó en ella que el quinto de la tarde, Cartujo, merecía premio a sus despojos y de otro hecho ocurrido al final de la lidia del cuarto de la tarde, en el sentido de que Alberto Ortiz El Chaval de Orizaba, banderillero de la cuadrilla de Eloy Cavazos ahondara una espada para precipitar la muerte del toro, transcribo lo siguiente:

Se impone concluir esta reseña con algunas consideraciones de carácter netamente personal: ¿por qué el que esto escribe, al actuar como Juez de Plaza, no ordenó los honores que merecían los despojos del estupendo “Cartujo”? ¿Y también por qué no hubo sanción alguna para el Chaval de Orizaba?
En el primer caso, visto el desenlace poco feliz de la gran faena de Curro Rivera y conociendo la índole de los aficionados, juzgué que al tributar un homenaje al astado, aquellos interpretarían que con éste queríase decir que el torero no supo estar a la altura del toro; lo que era inexacto y por tanto, resultaría injusto.
En cuanto a la falta de sanción para el Chaval de Orizaba, que estas líneas sirvan de aviso a él mismo y a otros subalternos, a efecto de que, en los posteriores festejos se abstengan de realizar actos tan rotundamente antitaurinos como el llevado a cabo por dicho banderillero...

El festejo de hoy. 1ª corrida de feria: 2 de Fernando de la Mora para rejones y 4 de Jesús Cabrera para Pablo Hermoso de Mendoza, Rafael Ortega y Alejandro Amaya.

sábado, 21 de abril de 2012

Tal día como hoy: 1972. Alfredo Leal borda al natural un toro de Las Huertas


Prudente aclaración: A partir de hoy y hasta el día 13 de mayo, apareceré por aquí con más frecuencia de la acostumbrada. El motivo de mi presencia será la de recordar con Ustedes algunos hechos ocurridos en nuestra Feria de San Marcos en otros tiempos. Espero que encuentren interesantes esos recuerdos, que son los hechos que han dado su grandeza a esta Fiesta y a esta Feria.

La Feria de 1972

El ciclo de San Marcos de 1972 nació entre aires de tormenta. Tras de los repetidos triunfos de Manolo Martínez en el año anterior, era, para afición y empresa, un ingrediente necesario en los carteles del ciclo abrileño. En las noticias previas al anuncio de la composición de la Feria, se mencionó con insistencia su nombre como el eje de la misma, pero al final, la noticia que sacudió el ambiente taurino de Aguascalientes, fue el que la empresa que dirigía Guillermo González Muñoz no había podido llegar a un arreglo con el diestro regiomontano y que por ello, se quedaba fuera del serial, descansando todo el peso de éste en Curro Rivera, que como principal atractivo, mataría en solitario una corrida de Torrecilla el día del Santo Patrono.

Otro de los hechos a destacar, sería que la noche del lunes 24 de abril, uno de los diestros que tenía una impecable trayectoria en los ruedos de ambos lados del Atlántico y una clase privilegiada, pondría punto y final a su andar por las arenas. Alfredo Leal, El Príncipe del Toreo había escogido el escenario de la Plaza de Toros San Marcos para matar lo que debería ser el último toro de su vida.
Ese era el escenario en el cual se presentaba el festejo que hoy les quiero recordar.

La corrida del 21 de abril de 1972

Para esa tercera corrida de feria, se anunciaron 8 toros de Las Huertas, ganadería entonces propiedad de Luis Javier Barroso Chávez, que lidiarían el nombrado Alfredo Leal, Joaquín Bernadó, Alfonso Ramírez Calesero chico y Jesús Solórzano hijo. La nota previa al festejo, señalaba que el encierro era disparejo, una escalera, según podemos leer enseguida:

La verdad no nos gustó el encierro de Las Huertas que se lidiará esta noche: es disparejo, fuera de tipo y algunos toros dan la impresión de estar pasados de edad. Pero como dijo Alfonso Ramírez “Calesero”: “Yo no quiero que me gusten, quiero que me embistan...

Ante esa corrida, el festejo se fue deslizando entre altibajos, hasta que salió el quinto de la noche, llamado por el ganadero Lupillo, por ser hijo de Guadalupano, un toro que indultara Raúl García en la Plaza México el día de San José de 1967. 

La crónica del festejo a que hago referencia es de Francisco Lazo, cronista titular del diario deportivo Esto de la Ciudad de México y que por ese año ejerció de cronista huésped en el diario local El Sol del Centro, en virtud de que el cronista titular, don Jesús Gómez Medina ocupó el Palco de la Autoridad durante ese calendario, incluida la Feria, por lo que de esa relación recojo lo siguiente acerca de la faena del Príncipe del Toreo a ese toro de Las Huertas:

Lanceó en el centro del anillo, cargando ligeramente sobre la pierna de salida, a ritmo lento. Y con la muleta, echándola apenas adelante, embarcaba, templaba y mandaba, muy erguido, moviendo solo el brazo, con elegancia. Eran los primeros muletazos, bellos en ejecución, pero aún sin el sentimiento que iba a desbordar Alfredo sobre el ruedo de la plaza de San Marcos... Y ahora con la izquierda, más lento todavía, haciendo flamear el trapo rojo en el último tiempo, con un suave muñecazo. Trataba al toro con delicadeza para hacerlo sentir a gusto y sentirse él, Alfredo, igual. Y todo allí, en el centro del anillo, sin paréntesis que pudieran romper la continuidad, que sacaran de su embeleso al torero y cortaran aquél coro de ¡torero, torero!, o las aclamaciones que de tan continuas, parecían una sola... Pocas, pocas veces se ha visto torear así; repetimos, pocas veces se encuentran un toro de tanta calidad y un torero de tanto arte... Se echó la espada a la cara Alfredo y el público, engolosinado gritaba ¡no, no!, pues quería seguir disfrutando de aquellos momentos. Solo que era ya hora de entrar a matar, y lo hizo Leal, muy derecho, dejando una estocada entera, un tanto traserilla, que hizo rodar sin puntilla al noble animal. Petición unánime. Dos orejas concede la autoridad, solamente, quizás por la colocación defectuosa del acero. A Leal no le importaban los trofeos, como tampoco pareció importarle al público. Y juntos, torero y aficionados se entregaron a la celebración, uno sonriendo ampliamente y los otros vitoreándolo. Y le dijo Alfredo al “Chacho” Barroso: “¡Qué toro!”. Y le respondió el ganadero: “¡Qué torero!”...

El resultado final de la corrida redundó en una tesonera actuación de Joaquín Bernadó, una desdibujada y abúlica presentación de Calesero chico y una entonada presentación de Jesús Solórzano hijo, quien se vio en la necesidad de regalar un sobrero de Jesús Cabrera, al inutilizarse su segundo toro. Con la lidia de nueve toros, el festejo concluyó cuando faltaban quince minutos para las doce de la noche.

Leal y su anunciada despedida

Tras de su faena al quinto de la noche, refiere Francisco Lazo en su crónica la siguiente declaración de Alfredo Leal:

Sí; me voy. Pero deseo hacerlo con dignidad... y toreando así como pude hacerlo hoy. Hubo momentos en que no escuchaba nada, como si el toro y yo estuviéramos en el vacío, él embistiendo y yo llevándolo suavemente... Luego parecía reventar todo y escuchaba la aclamación. ¡No veas que feliz me siento...!

El Príncipe del Toreo toreó la corrida del 24 de abril anunciada como la de su despedida y cuajó otro toro por naturales, de Jesús Cabrera, la ganadería que fue el cimiento de muchos de sus éxitos. Sin embargo, después de esa noche decidió que no podía seguir sin torear y aquí le tuvimos el año siguiente y en los ruedos de México pudimos disfrutar de su arte y de su clase durante todavía algo más de una década.

El festejo de hoy. 1ª novillada de feria: 6 novillos de Real de Saltillo para Antonio Lomelín hijo, Ricardo Frausto y Joaquim Ribeiro El Cuqui.
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