domingo, 19 de diciembre de 2021

19 de diciembre de 1971: Paquirri y Girasol de Jesús Cabrera

Paquirri, triunfante
Paquirri entró pronto en el ánimo de la afición de la Plaza México. Desde la tarde de su confirmación de alternativa se mostró como un torero que no rehuía la pelea y aún a resultas de terminar herido, se jugó la vida para salir con las dos orejas de Caporal, el segundo del lote de José Julián Llaguno que sorteó en las manos, asunto del que ya me he ocupado en esta ubicación. En la tarde de su reaparición, volvió a triunfar con otro Caporal, este ahora del ingeniero Mariano Ramírez, al que también le cortó las orejas, tarde de la que se habló ya aquí.

Eso aseguró que volvería para la siguiente temporada grande, ya no como novedad, sino como figura del toreo y así se le acarteló. Para la cuarta fecha del serial, se anunció un encierro de don Jesús Cabrera y para enfrentarlo, al nombrado Francisco Rivera Paquirri, Eloy Cavazos y Jesús Solórzano. No creo que sea necesario señalar que la Plaza México se llenó hasta el reloj, con la esperanza de los aficionados de ver una importante tarde de toros.

Los toros de don Jesús Cabrera

En los prolegómenos de su prolija crónica, Carlos León, en su tribuna del extinto diario Novedades de la Ciudad de México, acerca de los toros lidiados, en epístola dirigida a don Ernesto Fernández Hurtado, director del Banco de México en esas calendas, escribió:

Pues también habló usted, estimado don Ernesto, de que en las arcas del banco a su cargo hay reservas crecientes. Ello, siendo tranquilizador, no colma las esperanzas de los aficionados, que no solamente queremos que las reservas crezcan – como creció el sustituto del quinto el domingo anterior – sino que también acaben de crecer los toros del lote que se lidia. Y eso que el jefe de espectáculos se apellida “Del Toro”. Que, si se llega a apellidar “Becerril”, estaríamos definitivamente perdidos.

No dudamos que los toros de don Jesús Cabrera tenían edad. Tantas veces habían venido a la México, para ser rechazados y regresar a sus potreros, que ya eran clientes habituales de los corrales y hasta la empresa les obsequiaba calendarios. Pero mire usted: nosotros, los que poco entendemos de asuntos financieros, hemos oído que la onza Troy equivale a 35 granos de oro. Y que un grano equivale a 53 miligramos. Por tanto, si la apariencia del toro como tal se logra a base de granearlo y si don Jesús Cabrera, como hombre rico y espléndido que es, ha de granear a sus reses con áureos granos, ahora nos explicamos por qué a cada uno de sus bureles lo hayan pesado en miligramos y no en kilogramos, como hacen otros ganaderos que no pueden permitirse tan dispendiosos hijos. Y de allí esos dijes que envió hoy. De oro macho, pero dijes…

Paquirri y Girasol

La médula de la tarde llegaría durante la lidia del cuarto toro del festejo, nombrado Girasol por su criador. Carlos León, en la ya mencionada crónica, entre otras cosas, escribió: 

Y el torero, el gran torero, brilló esplendoroso con “Girasol”, el cuarto del encierro. No voy a negar que era terciado. Pero más lo fue, hace muchos ayeres, aquel “Dentista” de San Mateo con el que Manuel Jiménez, el sevillano “Chicuelo”, cuajó aquel faenón inmortal que no se olvidará nunca. Porque cuando se hace el toreo tan estupendamente realizado, lo terciado de un toro no va a empequeñecer por contagio, la grandeza de lo bien logrado.

Ya con las banderillas – para que Mauro Liceaga se quede para siempre encerrado en un clóset y no vuelva ni a mencionar lo que es clavar los palos –, el de Barbate había puesto la plaza de cabeza dando una cátedra emotiva de lo que es la verdad en el segundo tercio. Y con el ambiente a su favor, con un público rendido y entregado ante tanta majeza, el de Cádiz brindó a los que le chillaban, para que de una vez enmudecieran. Y si volvieron a abrir la boca ya fue para gritarle: ¡Torero!

¡Y qué clase de torero! Un faenón con las más caras esencias de la escuela rondeña, citando de frente, templando de verdad y no arrastrando telones, con la elegancia de la verticalidad y sin retorcerse como charamusca, ejemplarizando lo que es el bien torear en medio de la locura colectiva de quienes ya habían olvidado, por adorar falsos ídolos, de lo que es un torero de los pies a la cabeza. Citando siempre en la suerte de recibir, el andaluz pinchó tres veces antes de consumar la estocada recibiendo. Y cortó una oreja y dio dos vueltas al ruedo y aún fue a saludar a los medios en una apoteosis de consagración, después de haber realizado – y lo afirmamos desde ahora – la que será, sin duda, la faena cumbre de la temporada...

En su propia crónica deja claro que Eloy Cavazos triunfó en toda la línea, pues le cortó las dos orejas al primero de su lote y el rabo a Ranchero, quinto del festejo, y que Jesús Solórzano se sacó la espina con un toro de regalo después de verse displicente con su lote ordinario.

La pertinencia de una mención

En el cuerpo de la descripción de la actuación de Paquirri ante Girasol, Carlos León afirma con contundencia: Ya con las banderillas – para que Mauro Liceaga se quede para siempre encerrado en un clóset y no vuelva ni a mencionar lo que es clavar los palos –, el de Barbate había puesto la plaza de cabeza… El contexto de esa afirmación resulta ser harto interesante. 

El domingo 28 de noviembre anterior, Paquirri había alternado con Mauro Liceaga y Manolo Martínez en la lidia de toros de José Julián Llaguno. Las crónicas de agencia que pude encontrar, reflejan lo siguiente acerca de un pasaje de esa corrida:

Mauro Liceaga fue ovacionado en verónicas. Banderilleó entre aplausos, destacando su primer par. El toro llegó con poca fuerza a la muleta y Liceaga hizo faena empeñosa. Pinchazo, estocada. Silencio… Al cuarto lo recibió con un cambio a porta gayola comprometido Invitó a banderillear al español Paquirri y tuvo un detalle censurable, pues cuando el toro iba arrancado para el diestro gaditano, Liceaga se movió cortándole el viaje en forma ventajista que puso en situación comprometida a su compañero. Liceaga banderilleó sin lucimiento. Faena valentona ante un toro de muy corta arrancaba al que se empeñó en citar a recibir, resultando enganchado e ingresando en la enfermería con cornada en el tercio superior del muslo derecho. Manolo Martínez terminó con el toro de una estocada… Cuando iba a dar la vuelta al ruedo (tras la lidia del 3º), Liceaga, en un detalle de poco compañerismo, salió andando hacia la puerta de toriles ante el asombro del diestro español, que se conformó con agradecer desde el tercio...

La presencia de Mauro Liceaga, un torero de dinastía, que no lograba levantar cabeza desde que recibió una grave cornada penetrante de vientre en Monterrey en 1964, llegó a esa corrida con una sola consigna, la de fastidiar al torero de Barbate. Así lo cuenta Guillermo H. Cantú en Manolo Martínez. Un demonio de pasión:

Manolo, el torso desnudo, descansando en la cama días antes de la corrida. Forma habitual de despachar y de dirigir a su “corte”, compuesta además de sus ayudantes formales por cinco o seis corifeos asiduos y uno que otro más fino, a los que interpela abruptamente:

- A ver, ¿cómo está esa onda? ¿Recuerdan lo que sabe hacer “Paquirri”?

- Sí matador, es muy buen banderillero – alguien le contesta. Se luce mucho, tiene facultades, es un as del segundo tercio.

- A ver, compadre – se dirige Manolo a su apoderado –, échate para acá a Maurito (Liceaga), que venga inmediatamente…

- Vas a torear la corrida del próximo domingo – le anuncia Manolo, en pleno ejercicio del mando de la fiesta – pero, Maurito – le advierte preciso – a clavar banderillas por derecho. Me picas al andaluz. Invítalo a banderillear contigo.

- Con mucho gusto, Manolo. Hay que ponerlo en orden, ¿verdad?

- De eso se trata – contesta el de la batuta.

El siguiente domingo en la Monumental Plaza México Mauro Liceaga es un portento. Le da todas las ventajas al toro, pone los palos de poder a poder, deja en todo lo alto los pares, yendo por derecho, impecable, insuperable. Esa es su misión. “Paquirri” se descontrola. El último par que intenta, a invitación de Mauro, lo clava dividido: un garapullo en el lomo del morlaco y otro en la arena. El dardo del amedrentamiento psicológico da en el corazón del torero, que entre otras cosas no puede usar las banderillas que acostumbraba llevar por su cuenta. Pero Francisco Rivera es un gran profesional avezado al combate y no es fácil bajarle su nivel. Hace una faena riñonuda y vibrante en su presentación y, creciéndose al reto, mata de una estocada recibiendo. Gran ovación, con el entusiasmo de la gente al máximo. El regiomontano ofrece a su vez una lección completa de arte y maestría y estoque en mano a la altura de los ojos mata recibiendo ¡a sus dos toros! Nunca más se volvería a saber en la México del aguerrido diestro ojiverde, hasta que un toro le cegó la vida en Pozo Blanco... (Págs. 187 – 188)

Como pueden apreciar, la versión sesgada y chauvinista de Cantú pretende presentar esa tarde como una de un gran triunfo de Mauro Liceaga y Manolo Martínez y la retirada de nuestros ruedos de Paquirri, cuando en realidad, Mauro se fue al hule con una cornada, pues mezcló su servilismo con pundonor y se llevó una cornada, en tanto que el de Monterrey, aunque cortó una protestada oreja, terminó su tarde con música… de viento, en medio de una gran bronca.

La realidad de los hechos es que Manolo Martínez no pudo nunca someter a Paquirri a sus designios o imponerse con amplitud a él dentro del ruedo. Desde la tarde del 9 de agosto de 1970, cuando se encontraron por primera vez en Barcelona, hasta la del 19 de abril de 1978 en Sevilla, cuando se vieron en un ruedo por última vez, el gaditano se le fue por delante en casi todas y cada una de las veinticinco tardes en las que alternaron. Y en este caso, Manolo Martínez tenía muy fresca la herida del 28 de febrero de ese 1971, cuando en El Progreso de Guadalajara, Francisco Rivera le cortó cuatro orejas y dos rabos a toros de San Mateo, en festejo que toreó mano a mano con el regiomontano, quien salió apenas con una oreja protestada en las manos.

Quizás por esas cuestiones nos quedamos sin ver con más frecuencia en México a Paquirri, un torero que, con sus particularidades, resulta ser uno de los principales que ha tenido España en la segunda mitad del siglo XX.

Aviso parroquial: Los resaltados en el texto de la crónica de agencia y en el texto de Guillermo H. Cantú, son imputables en exclusiva a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

lunes, 13 de diciembre de 2021

La Feria Guadalupana de 1956 (II/II)

Rafael Rodríguez, 11 de diciembre de 1956
El Toreo de Cuatro Caminos, toro de Matancillas

Anunciada la feria, el viernes 7 de diciembre se abrieron las puertas del Toreo de Cuatro Caminos para dar inicio a ese inusitado serial de festejos consecutivos e ininterrumpidos en los que participaban las principales figuras del toreo de ambos lados del mar. Ante el tirón de taquilla que se anticipaba, el doctor Alfonso Gaona, inmerso en la temporada 1956 – 57 de la Plaza México, inaugurada apenas el domingo 3 anterior, anunció que pospondría la segunda corrida de su serial semanal para no entorpecer la buena obra que se realizaba en Cuatro Caminos, aunque la historia nos enseña que quizás esa posposición era ya un síntoma de una temporada que nació enferma, pues tras del 11º festejo del apartado, la misma terminó abruptamente y la gran plaza se cerró por la friolera de 473 días, asunto del que ya me he ocupado en este sitio en esta ubicación.

La primera corrida

El resultado del primer festejo en el que alternaron Antonio Ordóñez, Joselito Huerta y José Ramón Tirado ante toros de La Punta no fue halagüeño, ni en los tendidos, ni en el ruedo. Escribe Don Dificultades para El Ruedo de Madrid:

A pesar de que dijeron que se habían agotado los boletos de las localidades generales y casi terminado las numeradas. no hubo sino media entrada. La reventa de boletos sufrió un descalabro, ya que los revendedores se quedaron con bloques enteros de billetes para la corrida...

Los toros de La Punta, de extraordinaria presentación, fueron bravos para los caballos, pero se apagaron en el tercio final y los toreros poco pudieron hacer delante de ellos.

La segunda tarde

El sábado 8 de diciembre estuvo marcado por un alto grado de sensibilidad, pues representó la reaparición de Fermín Rivera quien ante Antonio Borrero Chamaco, haría matador de toros a Fernando de los Reyes El Callao, quien, en la Plaza México, había toreado la friolera de 39 novilladas. Aquí se produjo uno de los primeros cambios en lo anunciado originalmente, porque tres de los toros de Jesús Cabrera no fueron aceptados por la autoridad y tuvieron que se reemplazados por otros tantos de San Mateo

De nuevo, José Jiménez Latapí reseña que la reventa sufrió un nuevo revés pues Contaron que se habían agotado los boletos. A pesar de ello hubo grandes claros en ambos tendidos… De este festejo también me he ocupado por estos pagos en esta ubicación.

El tercer día

Quizás se hizo vigente el refrán aquel de que la tercera es la vencida. Sin hacer menos la faena de Fernando de los Reyes de la víspera, sin premios por el defectuoso manejo del acero, en este 9 de diciembre la Feria Guadalupana alcanzó su clímax taurino y en ella Antonio Ordóñez realizó la que quizás sea la mejor faena que llevó a cabo en ruedos mexicanos. La hizo a Cascabel de San Mateo, en tarde que compartió terna con Litri y Joselito Huerta. Fue también la corrida del primer lleno. Cuenta Don Dificultades:

Cortó al bravísimo y harto difícil de templar «Cascabel», de San Mateo, las dos orejas y el rabo. Nosotros creímos, y así lo gritaba mucha gente, que le habían dado todo el toro, como se hacía en los primitivos tiempos de la Fiesta… No cabe mayor armonía, ni mejor ritmo, que es distinto a rima, que la lograda por Antonio Ordóñez, Arte puro y sobrio, toreo vertical y sereno, todo llevado a cabo en un palmo de terreno en un alarde de mando. Toreo puro: naturales, derechazos, de pecho. ayudados altos, tras haber cuajado una serie de verónicas que pusieron a la Plaza al rojo blanco de entusiasmo, y para rematar, la estocada, recibiendo, refrendada por un volapié.

El público de Méjico, que es artista por excelencia, se le entregó a Ordóñez y era de escucharse a toda la Plaza gritándole ¡torero!, y era de verse cómo más de treinta mil pañuelos se agitaban en demanda de los trofeos…

Por su parte, Carlos León, en su tribuna del extinto diario Novedades de la capital mexicana, escribió:

La epopeya de la época… con demasiada frecuencia y ligereza se habla de verónicas de antología o de faenas de lo mismo, hasta haber hecho de ese encomio una trillada frase de cajón. Pero cuando la antología es el tratado que reúne trozos selectos de lo clásico, sólo algo de un puro clasicismo como esa faena rondeña de Antonio Ordóñez puede pasar a la posteridad como una auténtica lección de preceptiva taurina para tantos aprendices de toreros… Afortunadamente, de vez en cuando surgen en la fiesta esas hazañas imperecederas, que son como una escoba que barre con tanta basura que invade los ruedos. Ante ese ejemplar de lo que es, ha sido y será la pureza, la única verdad limpia y clara de la lidia se establece, por ventura, la enorme diferencia que existe entre el bien hacer, el bien torear y todas esas imperfecciones que han desvirtuado pasajeramente el arte de la lidia…

La del día 10

Los toros de Rancho Seco salieron complicados y no dejaron espacio de maniobra a José Ramón Tirado, Chamaco y El Callao. Escribía Carlos León que lo único soportable de este festejo fue que solamente quedaban unas horas para volver a ver a Antonio Ordóñez.

La quinta de la feria, con aperitivo boxístico

Los toros anunciados eran de Matancillas y se enfrentarían a ellos Rafael Rodríguez, Litri y Antonio Ordóñez. Heriberto Lanfranchi consigna en su Historia que tres de los toros sacaron el hierro de La Punta y que la corrida tuvo una inmejorable presentación.

Antes de iniciar el festejo, celebrado a plaza llena, se produjo en los tendidos de la plaza un bochornoso incidente, pues Carlos Arruza, objeto de las invectivas y pullas del cáustico cronista Carlos León, fue a buscarlo a su localidad y lo agredió. En la edición del diario Novedades, en el que publicaba sus crónicas el periodista, apareció al día siguiente del festejo, la siguiente nota, que entre otras cosas decía:

Alevosa agresión de Arruza a nuestro cronista Carlos León. – Nuestro crítico taurino Carlos León fue objeto, ayer, antes de iniciarse la quinta corrida de la Feria Guadalupana, en la Plaza de El Toreo, de una alevosa agresión por parte del ex torero Carlos Arruza, quien de manera premeditada y ventajosa golpeó al periodista que estaba cumpliendo su misión profesional.

El agresor, por lo visto, siente deseos de verse de nuevo en letras de molde y en hechos sucedidos dentro de un coso taurino, en lugar de comprender, puesto que pasó algunos arios como actor y tuvo tiempo de ello, que no hay nada menos ajustado a lo recto, que emplear el pobre argumento de la fuerza…

La agresión de que ha sido víctima nuestro compañero Carlos León, cronista que no ha vivido ni vive del medio conforme gustaría a muchos, es más censurable, más digna de repulsa, por esa misma razón. La pluma de Carlos León, libre siempre, pues no se ha dejado mediatizar por “cañonazos” de calibre alguno, por ello mismo merece el mayor respeto…

En lo que interesa, Antonio Ordóñez volvió a mostrar su calidad y categoría y cortó una oreja a Canciller, sexto del festejo, actuación que para El Ruedo de Madrid, resumió de esta manera Don Dificultades:

La entrada fué casi un lleno… Antonio Ordóñez... En su segundo, que a todo el mundo le parecía complicado, el torero de Ronda lo miró fácil y le cuajó un faenón de los suyos, pleno de imperial elegancia, templando de maravilla y ligando. Todo ello en un palmo de terreno, en medio de los gritos jubilosos de los aficionados, y coronó aquello con una gran estocada. Cortó oreja, y nosotros salimos admirados de cómo cambió Ordóñez al público, que ya estaba hosco, y lo hizo entusiasmarse basta donde más. Antonio se cortó un dedo del pie derecho con el estoque y pasó a la enfermería…

El fin de fiesta, la Corrida Guadalupana

Para el día de la Virgen de Guadalupe se anunció originalmente a Litri, Antonio Ordóñez, Joselito Huerta, José Ramón Tirado, Chamaco y El Callao con los toros de Las Huertas, anunciados en la publicidad como de Luis Javier Barroso, ganadería casi debutante, pues apenas había lidiado su primera corrida el 10 de agosto anterior en Monterrey en un cartel formado por Alfonso Ramírez Calesero, Luis Procuna y Jesús Córdoba, quien les cortó cuatro orejas y un rabo.

Al final, Antonio Ordóñez no compareció a esta que sería su cuarta actuación del ciclo, a consecuencia de la herida que se produjo con el estoque en la víspera y le sustituyó Rafael Rodríguez, que salió como primer espada de la corrida, en la que se disputaba la Rosa Guadalupana. Los toros de Las Huertas fueron complicados y al final de cuentas, lo único brillante fue el prólogo del festejo, según Don Dificultades:

Un lleno total. Desfile de reinas en lujosos Cadillacs. Paseo de cuadrillas llevando a charros ricamente vestidos y a una charrita empuñando el estandarte guadalupano. Ambiente de día grande. Entusiasmo sin límites...

Los números de la feria

Con tres tardes estuvieron: Antonio Ordóñez quien en la tercera cortó el rabo a Cascabel de San Mateo y en la quinta, una oreja a Canciller de Matancillas; Joselito Huerta quien en la tercera se llevó la oreja de Llaverito de San Mateo; José Ramón Tirado; Antonio Borrero Chamaco, con una oreja en la segunda, la de Abejorro de San Mateo, Fernando de los Reyes El Callao, que sin orejas, hizo una gran faena a Gordito de Jesús Cabrera, el segundo de su lote la tarde de su alternativa y Miguel Báez Litri, que se llevó la oreja de Coplero de San Mateo en la memorable tercera tarde del ciclo. Con dos tardes fue Rafael Rodríguez y con una sola, Fermín Rivera que el día de su reaparición le cortó las dos orejas a Los 21 de Jesús Cabrera.

En el renglón ganadero La Punta y San Mateo lidiaron 9 toros cada una, Rancho Seco y Las Huertas 6 y Jesús Cabrera y Matancillas, 3 de cada ganadería. Aclaro que, en el caso de Matancillas, el único que señala que su encierro venía remendado con tres toros con el hierro de La Punta, es don Heriberto Lanfranchi.

La Rosa Guadalupana

Este trofeo estuvo en disputa en la corrida del 12 de diciembre. Las circunstancias en el ruedo impidieron que fuera adjudicado. En alguna forma, el Patronato pensó en concederlo al triunfador numérico del serial, que en el caso sería el rondeño Antonio Ordóñez, pero en el festejo en el cual se celebró el éxito de la feria, ocurrió el siguiente hecho que quien firmó como Pepe Luis, corresponsal de la agencia United Press, en nota aparecida en el diario El Siglo de Torreón el día 24 de diciembre de 1956, se narra así:

MAGNIFICENCIA. – La Comisión Organizadora de la llamada Feria obsequió con un banquete a ganaderos y toreros. En él ocurrió algo inesperado. Antonio Ordóñez pidió, en nombre de los toreros españoles la “Rosa de Oro”. ¿Para quién? Para un Maestro del Toreo que culminó su larga y gloriosa existencia en una magistral faena en las corridas guadalupanas. Para Fermín Rivera. A nadie se le había ocurrido idea tan sencilla y adecuada. Y en el momento final del banquete se entregó al Maestro de San Luis el trofeo más bello que puede obtener un torero mexicano. Realizó Antonio Ordóñez la más maravillosa faena, en la cual no solo puso la sublimidad del arte, sino algo más: el alma…

Así, quedó, creo, justamente adjudicado un trofeo que después cobraría carta de naturalidad en una corrida que sería fija en el calendario taurino mexicano.

Epílogo

Mi amigo Horacio Reiba refiere que a posteriori hubo rebumbio por las cuestiones dinerarias de la feria. Que las cuentas nada más no le cuadraron a Tono Algara. Pero también se demostró la viabilidad de este tipo de ferias y así en Cuatro Caminos se volvió a programar una en noviembre y diciembre de 1964, de 8 corridas con El Cordobés y Paco Camino como ejes del serial; en 1967, dos de ellas, una en julio de 4 festejos, con Manuel Capetillo, Finito y Manolo Martínez en el centro de ella disputándose el Azteca de Oro y otra en noviembre y diciembre, también de 4 corridas, con Capetillo, Joselito Huerta y Manolo Martínez como atractivos principales y la de 1968, de 9 corridas, de las que nada más se dieron 8 – se canceló la del 12 de diciembre por lesión de Manolo Martínez en Quito –, encabezadas por Diego Puerta, Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Curro Rivera y Palomo Linares y también con un Azteca de Oro en disputa. La última corrida de esta feria, el 29 de diciembre, sería la del cierre del Toreo de Cuatro Caminos para la fiesta de los toros hasta el 15 de octubre de 1994.

Al final, sería en el año de 1971, en Aguascalientes, donde el concepto de feria que se presentó en México en diciembre de 1956, terminara por cobrar carta de naturalidad y pregunto: ¿en detrimento de las plazas de temporada?

domingo, 12 de diciembre de 2021

La Feria Guadalupana de 1956 (I/II)

Antonio Algara y Manolete
Foto: Casasola - Mediateca INAH
Los seis días que mediaron entre el 7 y el 12 de diciembre de 1956 vienen a ser, seis décadas y media después, el punto de un parteaguas histórico en la manera de hacer las cosas en los toros aquí en México. Se ofrecería a la afición una feria taurina, con festejos en días consecutivos – aún entre semana – en la capital del país. La razón de ser de esa feria era aprovechar las festividades de la Virgen de Guadalupe y la motivación partida de un Patronato que tenía por finalidad la procura de recursos para las obras de rehabilitación de la Basílica Guadalupana.

Las figuras más destacadas del nombrado Patronato eran don Guillermo Barroso Corici, su hijo Luis Javier Barroso Chávez – ganadero de Las Huertas –, el Licenciado Lázaro Martínez y Gómez del Campo – en su día juez de plaza –, don José C. Madrazo – ganadero de La Punta y Matancillas – y la operación estaría a cargo de Antonio Algara, quien fuera un destacado empresario del Toreo de la Condesa, de la Plaza México y también del Toreo de Cuatro Caminos, coso en el cual se pretendía efectuar la que sería conocida como La Feria Guadalupana. Por supuesto, aparecía en los actos informativos correspondientes, el recién nombrado Arzobispo Primado de México, Miguel Darío Miranda y Gómez, quien apenas en junio de ese año del 56, había entrado a ocupar la sede episcopal que dejó vacante don Luis María Martínez.

En el ejemplar del semanario madrileño El Ruedo, del 30 de agosto de ese 1956, se publicaba una extensa entrevista que Francisco Narbona González realizó a Antonio Algara, quien, entre otras cuestiones, le reveló lo siguiente:

Yo estaba hace una semana en Méjico, tan tranquilo, cuando me llamaron les amigos del Comité Guadalupano para que organizara una feria taurina a beneficio de las obras del Santuario… Una feria al modo de la de Sevilla o de la de San Isidro. Con seis corridas seguidas… Ya tengo compradas las corridas. Serán de las mejores ganaderías aztecas; de esas mismas que por diversas causas no iban a los ruedos capitalinos: La Punta, Matancillas, San Mateo, Torrecilla, Pastejé... Tengo el permiso del Arzobispado para que la feria lleve el nombre de Guadalupana. Y la Plaza de El Toreo ofrecida desinteresadamente por el propietario. Y la exención de impuestos, decretada por el gobernador del Estado federal de Méjico. Y el patrocinio de la esposa del Presidente de la República… Quiero que vayan «Litri», Ordóñez, «Chamaco» ... y dos mejicanos que han triunfado aquí: Joselito Huerta y Tirado... Y de los toreros de allá... Silveti, Capetillo, Córdoba, Rodríguez, «El Ranchero» ... por vez primera también sabrán los aficionados quiénes están contratados y qué ganado se lidiará. No habrá derecho de apartado, sino abono, según se acostumbra acá. Confío en que antes de la feria podamos exhibir las corridas en un lugar qué sea como la Venta de Antequera o el Batán. Ya le digo que será algo totalmente nuevo para los mejicanos... Yo me conformo con que deje en total un millón de pesos. Que dicho en pesetas sería algo así como tres millones y medio...

Es decir, Antonio Algara se proponía, al tipo de cambio vigente en esas fechas ($12.50 pesos por dólar, fijos), obtener al menos, una utilidad de 80,000 dólares americanos, una cantidad nada despreciable en aquella época y que sería de gran utilidad para las urgentes obras que tenían que acometerse para estabilizar primero y sostener después el santuario guadalupano que amenazaba con partirse en dos por el hundimiento del suelo sobre el cual estaba construido.

Un intermedio sindical

Como es de recordarse, en 1951 se reanudaron las relaciones entre las torerías de México y España, después de que a mediados de 1947 un grupo de toreros hispanos encabezados por Antonio Bienvenida, Luis Miguel Dominguín y Juan Belmonte Campoy – que no hicieron temporada entre nosotros e invocaban falta de reciprocidad – declararon terminado el convenio que permitía que los nuestros actuaran allá y los hispanos aquí. Ese convenio del 51, prevenía, entre otras cuestiones, que tendría que ser revisado cada cinco años.

Antonio Algara se fue a hacer contrataciones a España cuando a la par se negociaba la prórroga del convenio hispano – mexicano. Algunos rifirrafes hubo en esa negociación, porque se pretendió excluir a la Unión Mexicana de Matadores de Toros y Novillos de ella y por otra parte, se puso sobre la mesa, por primera vez, la posibilidad de que en los carteles tanto de allá como de aquí, no pudieran actuar en mayoría diestros mexicanos o españoles, respectivamente. Dice una información publicada en el ejemplar del semanario madrileño El Ruedo salido a los puestos el 15 de noviembre de ese año:

La discrepancia está en que los toreros mejicanos, considerando que es perjudicial para los toreros sudamericanos que en un cartel de aquí figure más de un diestro español y en España más de un mejicano, han propuesto que queden abolidos los carteles con dos españoles en Méjico y dos mejicanos en España, pero aceptando que en dichos carteles puedan ser incluidos toreros hispanoamericanos y portugueses… También señalan que en el anterior convenio había una cláusula fijando diez plazas de toros para contratar a los mejicanos en España y a los españoles en Méjico, siempre que se llevasen dos corridas y dos novilladas contratadas. En el nuevo convenio no se acepta esa obligación; debiendo implantarse la libre contratación… Estos dimes y diretes han hecho que se ande en reajustes con los toreros españoles por parte de la Plaza de «El Toreo», que ya los había contratado, según dice el señor Algara...

Al final de cuentas, para el 17 de noviembre, en nota de la agencia United Press, aparecida en el diario El Siglo de Torreón del día siguiente, se dice:

La Asociación Nacional de Matadores de Toros y Novillos recibió esta noche el pliego de contraproposiciones de los toreros españoles para la redacción del nuevo convenio Taurino Hispano – Mexicano... Sin demoras se envió a Madrid el siguiente cable: “Aceptamos bases enviaron su carta del día doce y enviamos por correo texto convenido suplicando firmarlo respetando convenio anterior y autorizando corridas con dos españoles que se anuncian en feria guadalupana” ... El mensaje fue firmado por todo el Comité Directivo...

Así pues, los escollos de lo que vendría a ser la primera feria taurina que se daría en México, estaban retirados y se podía seguir adelante en su organización.

Los carteles de la feria

El ejemplar de El Ruedo del 6 de diciembre de 1956, adelantaba la siguiente información acerca del contenido de la Feria Guadalupana:

Con las debidas reservas – ya que no coinciden estos datos con lo que se ha indicado en el pacto taurino hispano – mejicano sobre la proporción de toreros españoles y aztecas en las corridas de seis toros – publicamos estos carteles, que se han dado a conocer como definitivos en la Feria Guadalupana, que se va a celebrar inmediatamente en la Plaza de El Toreo de la capital mejicana:

Día 7. – Rafael Rodríguez, Antonio Ordóñez y José Ramón Tirado, con toros de La Punta 

Día 8. – Fermín Rivera, «El Callao» y «Chamaco», con toros de Chucho Cabrera.

Día 9. – «Litri», Antonio Ordóñez y Joselito Huerta, con toros de San Mateo.

Día 10. – «Litri», Joselito Huerta y «El Callao», con toros de Matancillas.

Día 11. – Antonio Ordóñez, José Ramón Tirado y «Chamaco», con toros de Rancho Seco.

Día 12. – Fermín Rivera, «Litri», Antonio Ordóñez, Joselito Huerta, José Ramón Tirado y «Chamaco», con toros de Pastejé y Las Huertas…

Al final de cuentas, las reservas manifestadas por el corresponsal de El RuedoDon Dificultades – eran fundadas, porque la presentación definitiva de la feria fue en el tenor siguiente:

Viernes 7 de diciembre: Antonio Ordóñez, Joselito Huerta y José Ramón Tirado. Toros de La Punta

Sábado 8 de diciembre: Fermín Rivera, Antonio Borrero Chamaco y Fernando de los Reyes El Callao, que recibiría la alternativa. Toros de Jesús Cabrera

Domingo 9 de diciembre: Miguel Báez Litri, Antonio Ordóñez y Joselito Huerta, toros de San Mateo

Lunes 10 de diciembre: José Ramón Tirado, Fernando de los Reyes El Callao y Antonio Borrero Chamaco. Toros de Rancho Seco

Martes 11 de diciembre: Rafael Rodríguez, Miguel Báez Litri y Antonio Ordóñez. Toros de Matancillas

Miércoles 12 de diciembre: Miguel Báez Litri, Antonio Ordóñez, Joselito Huerta, José Ramón Tirado, Antonio Borrero Chamaco y Fernando de los Reyes El Callao. Toros de Las Huertas, anunciados como de Luis Javier Barroso

Los carteles tenían su interés. Litri reaparecía en México después de que en 1951 interrumpiera abruptamente su primera campaña en nuestras plazas cuando las cosas no le comenzaron a salir por derechas desde el principio; Chamaco y José Ramón Tirado se presentarían como matadores de toros ante el público capitalino, porque sería hasta un par de meses después que confirmaran en la Plaza México. Por su parte, Fermín Rivera reaparecía en la capital también después del infarto que sufriera poco más de un año antes en Monterrey y en campaña de despedida y Joselito Huerta había confirmado la Navidad del calendario anterior y venía de hacer una interesante campaña española.

La feria entonces, estaba bien concebida. En el papel, los carteles estaban balanceados y eso aseguraba buenas entradas, sobre todo, porque se puso en práctica la venta de abonos con descuento por la adquisición de entradas para la totalidad de los festejos y la feria tenía un ingrediente adicional que le añadía interés, desde mi personal punto de vista: sería transmitida por televisión abierta en su integridad.

Dada la extensión que van cobrando estas notas, trataré de terminar con ellas el día de mañana.

domingo, 5 de diciembre de 2021

5 de diciembre de 1971: Mariano Ramos confirma su alternativa en la Plaza México

Mariano Ramos
La temporada de novilladas de 1971, a decir de Daniel Medina de la Serna fue corta, apenas de veintidós festejos. Pero en ese número que el autor de la Cincuentona Monumental… considera breve, aparecieron varios toreros que dejarían su impronta en la historia patria del toreo en diversas capacidades. Así, nombres como los de Rafael Gil Rafaelillo, Curro Leal, David Vito Cavazos, José Antonio Gaona o Miguel Munguía El Inspirado actuaron con mayor o menor éxito en ese serial menor. Pero el nombre que se puso a la cabeza de todos fue el de un torero que tenía sus orígenes en la charrería y que se había formado en la ganadería de Ibarra, a la vera de don Agustín Chávez Magallón. Su nombre era Mariano Ramos.

Desde su presentación en la 6ª tarde de la temporada y hasta su actuación final en ella el 7 de noviembre, en su octava actuación, dejó bien claro que su paso era ascendente, que era un torero de esos que aparecen muy de cuando en cuando. Quedaron sus faenas a Flamenquillo de El Romeral la tarde del 26 de septiembre o la de Agricultor de La Laguna del 31 de octubre, cuando se lleva el Estoque de Plata. Esa tarde, se dijo lo siguiente de su actuar:

El Estoque de Plata fue para Mariano Ramos en una espléndida tarde estival... Mariano, con el segundo de la tarde fue aplaudido con el capote e hizo faena cumbre iniciada con doblones magistrales para continuar con pases de todas las marcas mientras sonaba la música en su honor... Obra maciza, impregnada del mejor torerismo, encontró el colofón de la estocada. Para él fueron las dos orejas ganadas en buena lid y otras tantas vueltas al anillo... (El Informador, Guadalajara, 1º de noviembre de 1971)

Antes, el 10 de octubre de ese 1971, le vimos aquí en Aguascalientes. Alternó con Luis Procuna hijo y Arturo Magaña en la lidia de novillos de don Ezequiel Gutiérrez. Esta fue la impresión que le causó a don Jesús Gómez Medina, cronista de El Sol del Centro:

UN TORERO DIFERENTE, CON MUCHO MANDO Y CLASE ES MARIANO RAMOS... Mucho se había dicho del muchacho, que se reveló en la actual temporada chica capitalina y ayer justificó ante el público de Aguascalientes, el por qué llegó a esta plaza precedido de tales triunfos... En efecto, Mariano Ramos, pese a su corta edad y al poco tiempo que tiene en las filas de la novillería mexicana, demostró que es un torero diferente, muy poderoso, con mucho mando, y si bien los dos primeros adversarios – en la lidia ordinaria – no le dieron margen para el éxito, con el séptimo, de regalo, armó la escandalera... El novillo no era propiamente una “perita en dulce” ya que llegó al tercio final reservón y desarrollando sentido, pero Mariano, con ese valor y ese poderío muleteril, fue mostrando el camino a seguir al astado, exponiendo enormidades y haciendo el toreo de verdad, sin ventajas y sin adelantar en lo absoluto el engaño... Mariano daba la impresión de un torero español, que jamás cita adelantando el engaño, empero sin torear exclusivamente con la muñeca, en sí, que aguantaba a pies juntos la embestida del burel, al que luego llevaba bien acompañado trazando con su muleta la dimensión del pase, surgiendo una faena que mantuvo al público de pie y entregado plenamente a la clase y torerismo de Ramos, que finalizó con tres cuartos en buen sitio, para que doblara el séptimo y último de la tarde, y con ello el triunfo del muchacho, que recibió la oreja de su enemigo... Los tres espadas fueron paseados en hombros de los aficionados, a esas alturas eufóricos, por el resultado de este primer festejo de la temporada 1971 – 72, que se inició con el mejor de los éxitos…

El 20 de noviembre siguiente, Mariano Ramos sería hecho matador de toros en Irapuato por Manolo Martínez, quien en presencia de Francisco Rivera Paquirri, le cedió los trastos para dar cuenta de Campanero de Santacilia

La segunda corrida de la temporada grande 1971 – 72 

El ciclo de corridas de toros se sostendría principalmente con Alfredo Leal, Joselito Huerta, que reaparecería en el tramo final después del evento de salud que tuvo el año anterior, Jaime Rangel, Raúl Contreras Finito, Manolo Martínez, Eloy Cavazos y Curro Rivera por los toreros mexicanos y con Curro Vázquez, Palomo Linares y Francisco Rivera Paquirri por los hispanos. Se presentarían como matadores de toros y confirmarían sus alternativas Mariano Ramos (2ª) y los ultramarinos José Luis Galloso (6ª) y José Luis Parada (9ª).

El cartel de la segunda corrida de la temporada lo formaron los toros de Tequisquiapan, en esos días de la titularidad de don Fernando de la Mora Madaleno y para enfrentarse a ellos Manolo Martínez, Antonio Lomelín y el confirmante Mariano Ramos, quien resolvió con solvencia el compromiso, pero sin un triunfo señalado. Eso vendría después y en alguna oportunidad, con un toro de esa misma casa. La crónica de la agencia AEE (Asociación de Editores de los Estados), sin firma, publicada en el diario El Siglo de Torreón al día siguiente de la corrida, resume lo siguiente:

Segunda corrida de la temporada en la Plaza México, que registró lleno completo, en una tarde soleada, aunque con ráfagas de viento.

Se lidiaron toros de Tequisquiapan, bien presentados, bravos y fáciles en su mayoría.

Confirmó su alternativa Mariano Ramos. En el toro del doctorado, nada hizo con el capote. Faena valiente y empeñosa, para una estocada atravesada, pinchazo y media. Silencio.

En el sexto fue ovacionado con el capote y en verónicas y una media, muy templadas. Con la muleta desaprovechó un buen toro, al que se dedicó a cortarle los viajes y andarle por la cara sin mayor lucimiento. Estocada atravesada y pinchazo. Silencio.

Manolo Martínez, nada con la capa. Inició la faena con doblones, emocionantes porque el toro repitió con fuerza. Excelentes tandas de derechazos que enardecieron a la multitud. Agregó al martinete una serie de pases con la zurda entre el entusiasmo general, despachando de estocada saliendo derribado sin consecuencias, cortando dos orejas dio una vuelta al ruedo y saludos desde el tercio.

En el cuarto de la tarde, un toro con poca fuerza, no se acopló. Faena breve, de trámite, para pinchazo y estocada. Silencio.

Antonio Lomelín tuvo deslucida presentación en esta temporada. A su primero, sosote, faena empeñosa entre la indiferencia popular. Dos pinchazos y estocada. Silencio.

Con el quinto se metió muy cerca de los pitones, logrando algunos pases templados con la diestra, pero la faena no logró el vuelo triunfal y acabó diluyéndose. Estocada. Nuevamente fue silenciada su labor”

La crónica aparecida en el ejemplar del semanario El Ruedo de Madrid fechado el 7 de diciembre de ese 1971, esencialmente dice lo mismo que la anterior, pero agrega dos datos que, en retrospectiva, parecen interesantes:

MEJICO, 5. (EFE). – El cartel del domingo estuvo integrado por tres toreros mejicanos. Manolo Martínez fue el padrino de Ramos, y Antonio Lomelín, el testigo, porque José Luis «Galloso», que era el diestro español al que la Empresa tenía en cartera para esta fecha, toreó el día anterior en Bogotá y no se contó con la seguridad de que pudiera hacer el viaje oportunamente para actuar al día siguiente en la segunda corrida de la temporada en la plaza México... Ramos ha anunciado que el año próximo piensa hacer campaña en ruedos españoles. Se trata de un torero que hace recordar a los viejos aficionados a Fermín Espinosa «Armillita». con el que tiene una gran similitud, según dicen los amigos mejicanos, aunque en su alternativa no ha tenido una buena tarde.

El toro de la confirmación se llamó Antequerano y pesó 450 kilos.

Dan a entender, maliciosamente creo, que la confirmación de Mariano Ramos llegó casi “de carambola”, sin estar programada, cuando la realidad es que era uno de los eventos importantes de la temporada grande, pues se trataba del triunfador del serial de novilladas inmediato anterior.

Mariano Ramos para la historia

Mariano Ramos toreó más de mil corridas de toros. La de la efeméride la celebró en Torreón, el 23 de julio de 1988, cuando en solitario, vestido de rosa mexicano y oro, enfrentó en solitario, por su orden, seis toros de San Judas Tadeo, Javier Garfias, La Concha, Castorena, La Guadalupana y Valparaíso, cortando dos orejas a Pollito el primero de la tarde y otras dos a Milenario, el tercero.

Toreó 80 corridas en la Plaza México y dejó para la historia varias faenas como las de los toros Abarrotero de José Julián Llaguno el 6 de enero de 1974, toro que fue indultado. Después vendrían las de Azucarero de Tequisquiapan, el 9 de febrero de 1975, la de Mil Amores de Mariano Ramírez el 20 de febrero de 1977 y la que puede considerarse como el epítome de su tauromaquia, la de Timbalero de Piedras Negras, el 21 de marzo de 1982, tema del que ya me he ocupado por estas páginas virtuales. Terminaría su andar por las arenas de la colonia Nochebuena el 6 de enero de 2002, cuando alternando con Federico Pizarro y Juan José Padilla, despachó toros de doña Celia Barbabosa.

Acerca de Mariano, escribió Conchita Cintrón:

Hace años hubo una tarde histórica, en Sevilla, en la cual realizó Mariano Ramos una faena cumbre… Yo tengo dos horas disponibles para describir lo que realizó y no me es posible hacerlo… pues la expresión artística, cuando se revela en toda su plenitud, es tan rica en matices como difícil de analizar… Todo arte se resume en belleza, aunque no todo lo bello se considera arte. El arte, diría yo, nace del propósito de expresar belleza; de la necesidad imperiosa de comunicar un mundo interior, incompatible con las limitaciones impuestas con lo mortal… Por existir belleza sin arte puede haber interpretaciones con momentos hermosos que no llegan a ser expresión artística. Son actuaciones superficiales que, en los toros, incitan al aplauso entusiasmado del aficionado popular que grita, gesticula, y se preocupa muchísimo por la actitud de la presidencia… pero en cambio, a su lado, nunca faltará gente más exigente (¿o será más sensible?) totalmente al margen de la algarabía del tendido. Son personas que esperan algo más profundo de los toros… Aguardan ese momento que nos ofreció ahora Mariano Ramos; ese momento sublime en que el artista de elección, expresando una emoción que le rebasa el alma, le revela en el espectáculo grandioso el encuentro del hombre con la eternidad…

Mariano Ramos nunca anunció una campaña de despedida, ni toreó una corrida a propósito, simplemente fue diluyéndose su presencia de los carteles. En 2008 se le homenajeó en la Asociación de Matadores por haber cumplido 37 años de alternativa. Falleció en la Ciudad de México el 5 de octubre del año 2012, a los 59 años de edad.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Aguascalientes, 20 de abril de 1986: La tarde rotunda de Nimeño II en México

Nimeño II
La prensa del lunes 13 de septiembre de 1989 daba a conocer que Christian Montcouquiol Nimeño II había sufrido un grave percance en el coliseo de Arles la tarde de la víspera, cuando el toro Pañolero, cuarto de una corrida de Miura en la que el francés alternó con Víctor Mendes y Rafael Perea Boni, le volteó y le provocó una caída que el diestro resintió sobre la región posterior del cuello, produciéndole severas lesiones en la columna cervical.

Se le dio el tratamiento de urgencia en la enfermería de la plaza y posteriormente se le trasladó a Marsella, a un hospital especializado en el tratamiento de ese tipo de lesiones. Fieles a su costumbre, los médicos franceses no rindieron un parte de las lesiones sufridas por Nimeño, pero un par de días después, la Agencia France Presse comunicó que había padecido fractura y luxación de las vértebras cervicales que le provocó una parálisis de los brazos y de las piernas y también una parálisis respiratoria.

Poco más de un par de años después, los mismos medios comunicaban que el torero, que había logrado una notable recuperación, pero sin la posibilidad de volver a ponerse delante de los toros, había decidido poner punto final a su existencia. Eso fue el 25 de noviembre de 1991, en su casa, abrumado quizás por la idea de que no podría volver a vestir el terno de luces.

Sus principios en México

Nimeño II llegó a México de la mano de Manolo Chopera y arropado por don Álvaro Domecq Romero en el año de 1979. Podría decirse que casi se bajó del avión para llegar a confirmar su alternativa en la Plaza México el domingo 28 de enero de 1979. Le apadrinó Manolo Martínez que le cedió al toro Pescador de Tequisquiapan en presencia de Dámaso González. Una tarde, recuerdo, algo accidentada para el palco, porque a Manolo Martínez se le concedió una oreja del segundo de su lote, pero la concurrencia pedía la segunda que no fue concedida, con la bronca consecuente para el juez; Dámaso González por su parte, finiquitó su historia en la México entre el desencanto de la concurrencia, a la que no pudo complacer, ni recurriendo al expediente del toro de regalo y el debutante francés se mostró como un torero enterado, que era un fácil banderillero y que podía con los toros.

Reaparecería en la gran plaza el 25 de febrero de ese año del 79 y cortaría su primera oreja a un toro de Xajay. Sumaría en esa campaña 9 festejos en plazas como las de Acapulco, Mérida, Irapuato y Texcoco.

Nimeño y Aguascalientes

En el mismo año de 1979 Christian Montcouquiol se presentó en Aguascalientes. Fue una corrida organizada por don Guillermo González Muñoz que voy a calificar de inusual, en primer lugar, porque tuvo lugar el domingo 18 de febrero, una fecha en la que no existe una tradición en nuestra ciudad para dar toros y después, porque el festejo se dio en la Plaza de Toros San Marcos, que tenía ya algunos años que no se usaba para festejos mayores, dada la existencia de la Monumental Aguascalientes desde el año de 1974. El cartel lo conformaron don Álvaro Domecq Romero, que enfrentó dos toros de Rancho Seco y completó el cartel por los de a pie, Jesús Solórzano, con toros de don Jorge Barbachano.

Esa tarde es recordada por la faena del hijo del Rey del Temple al toro Príncipe, que fue indultado. La crónica de don Jesús Gómez Medina, en El Sol del Centro al día siguiente del festejo, evidentemente se centra en ese hecho, pero trasluce en breves líneas lo que apreció acerca de Nimeño:

Hasta que apareció el sexto, un berrendo en cárdeno bravo y alegre, también de Barbachano, el diestro galo había pasado con más pena que gloria. Era tan solo un torero exótico más... y tan sólo eso... Pero ante el berrendo, el diestro del Midi evidenció mucho mejores cosas particularmente al torear de muleta. El berrendo fue bravo de verdad y peleó reciamente con los montados, y concluyó embistiendo codicioso y repitiendo sus acometidas. Pues bien: “Nimeño II” le paró guapamente, se fue acoplando a su embestida y terminó toreando superiormente. Hubo varios pases naturales estupendos, que emocionaron al graderío. Mas, para su desgracia, falló con el acero y el triunfo se le fue de las manos…

Ya tendríamos oportunidad de apreciar en justicia lo que Nimeño representaba en valor.

La tarde rotunda de Nimeño

Curiosamente, esa buena impresión causada por el torero de Francia no le redituó volver a esta llamada tierra de la gente buena de inmediato, pues tendría que esperar hasta 1986 para volver a ser llamado a torear en ella. Lo hizo en la Feria de San Marcos y en la tarde de su presentación, el 20 de abril, alternando con Mariano Ramos, Humberto Moro y David Silveti en la lidia de una muy seria corrida de Campo Alegre, tuvo, la que, de acuerdo con lo que los resultados arrojan, la tarde más rotunda de su paso por los ruedos mexicanos, pues ese día se entretuvo en cortarles cuatro orejas y un rabo. De la crónica del invocado don Jesús Gómez Medina, entresaco lo que sigue acerca de esa tarde:

…acoplado por entero a la diáfana acometida de “Jaraleño” y ajustado el giro de la muleta a la templada embestida del burel, surgieron límpidos, ligados, estupendos, los mejores pases naturales que llevamos vistos en la feria. La llama del entusiasmo más genuino brotó en todos los pechos y, al calor de las aclamaciones, Nimeño II prosiguió bordando sus muletazos. Pues hubo también, con el refajo en la otra mano, derechazos sensacionales, despatarrado a lo Silverio, para imprimir al pase una hondura y una dimensión extraordinaria. ¡Éste, éste fue el momento cumbre de la faena y también de la corrida! … Vinieron luego los adornos; y, para concluir, la estocada precedida por un pinchazo. Gran ovación. Petición de oreja que la autoridad otorga por partida doble, entre protestas. Y vuelta al ruedo en triunfo.

El octavo y último se llamó “Revenido”, nombre ilustre por una gran faena de Rodolfo el de León. Este "Revenido" fue negro, listón, bien puesto de cornamenta. Y, especialmente, bravo y con buen estilo de principio a fin… Y, ante un enemigo – colaborador, otra faena incrustada con pases de gran brillantez, sobre una y otra mano, aprovechando cumplidamente las singulares condiciones del de Campo Alegre, para concluir con un estoconazo en el que se fue decidido tras del acero. Tardó en doblar "Revenido"; lo hizo finalmente y, entonces, a requerimiento popular, le fueron entregados a su matador las orejas y el rabo del magnífico astado. Y con esos trofeos en las manos y en andas de los capitalistas, abandonó Nimeño II la arena de su doble éxito…

Por esa tarde, Nimeño II fue declarado triunfador del ciclo sanmarqueño por el jurado de los premios Hidrocálido – Domecq y queda en los muros del patio de cuadrillas de la Monumental Aguascalientes, una gran placa que recuerda su triunfo en esa corrida. Cerró su campaña con 16 festejos toreados, cortando 19 orejas y un rabo, en plazas como León, Autlán, Mexicali, Guadalajara y México.

Nimeño y México

Nimeño II torearía poco menos de un centenar de corridas en México, pero estuvo en todas las plazas de importancia del país. Actuó en nueve tardes en la Plaza México, cortando dos orejas en dos de ellas, en Guadalajara también fue muy apreciado, sobre todo, por la catadura de los toros que allí tuvo que enfrentar. El licenciado Francisco Baruqui, cronista del diario El Informador de Guadalajara, así lo describió tras su presentación en esa plaza:

Conecta con los tendidos por el deseoso ánimo que manifiesta. Sabe tomarle la distancia al enemigo, conociendo a la perfección los terrenos y situándose donde debe situarse para ligar los pases, tesonero y voluntarioso cuando es necesario, es un torero que no desentona en cartel alguno...

Toreó su último festejo en Aguascalientes el 7 de mayo de 1988, enfrentando una corrida de San Mateo junto con David Bonilla y Alfredo Ferriño y en México, seguramente sin proponérselo, lo hizo el 21 de enero de 1989, en León, Guanajuato, alternando con Jorge Gutiérrez y Javier Bernaldo en la lidia de toros de Xajay. Se alzó como el triunfador de esa corrida de la feria de San Sebastián al cortarle el rabo al cuarto de la tarde.

El futuro es impredecible y mucho más, en cuestiones de esta fiesta. Poco vimos por aquí a Nimeño II, aunque lo que le vimos fue valioso y bueno, lo que Alameda llamó el seguro azar del toreo terminó, seguramente, de manera anticipada, el paso del torero por los ruedos, sin embargo, la historia le recordará y nos recordará que el toreo es siempre, como escribió el Padre Cue, un juego de tres…

domingo, 21 de noviembre de 2021

1948: Manuel Capetillo y Naviero de Zotoluca

Manuel Capetillo
Foto: Santos Yubero
Madrid, mayo 1952
La historia de la Plaza México nos deja en claro que hay cuatro temporadas de novilladas que han impactado a la afición y hecho sólida la presencia de ese escenario. Son las de 1946, en la que sobresalieron Joselillo y Fernando López; la de 1978, la proverbial de El Pana y César Pastor; la 1982 – 83, quizás la última gran temporada chica con Manolo Mejía, Valente Arellano, Ernesto Belmont y Luis Fernando Sánchez y por supuesto, la temporada de 1948, que es, según teoría personal, la que abre la puerta a la Edad de Plata del Toreo en México.

La temporada del 48 se recuerda por la irrupción de Los Tres Mosqueteros en el escenario taurino. Jesús Córdoba, Manuel Capetillo y Rafael Rodríguez – en ese orden se presentaron en la gran plaza – hicieron posible una temporada de 29 festejos que inició el 1º de mayo y concluyó el 5 de diciembre de ese año. Pero, aunque los mosqueteros fueron las estrellas más rutilantes, en ese calendario también destacaron Paco Ortiz, El Ranchero Aguilar, Alfredo Leal, Héctor Saucedo y Curro Ortega, nombres que escribieron su propia leyenda en las relaciones de la fiesta y se quedaron para siempre en la memoria colectiva.

La gran revelación de las novilladas del 48 fue sin duda Rafael Rodríguez, que llegó a la temporada hasta la 14ª fecha. Pero a partir de allí se entretuvo en cortar cinco de los diez rabos que se obtuvieron en ese ciclo. Por su parte, Jesús Córdoba se llevó la Oreja de Plata, por una faena de una oreja, superando incluso a Paco Ortiz, que había cortado un rabo en ese festejo y Manuel Capetillo ganó una Medalla Guadalupana que se disputó en una novillada ex – profeso.

Ese era el ambiente cuando se celebró, el domingo 21 de noviembre de 1948, el 27º festejo de la temporada, un auténtico cartel de triunfadores, pues lo integraron Paco Ortiz, Jesús Córdoba y Manuel Capetillo, quienes enfrentarían un encierro de Zotoluca. Ya se hablaba de que Córdoba, Capetillo y Rodríguez se despedían de las filas novilleriles, pues sus alternativas estaban unos domingos adelante.

Los de Zotoluca

La novillada de Zotoluca, de acuerdo con la crónica de agencia que pude recabar, debió ser brava, pues recoge al menos una docena de quites por los alternantes del festejo, lo que me sugiere que cada uno de los seis novillos recibió al menos, dos puyazos, cosa que en estos tiempos que corren, es algo inimaginable. 

El primero, Serrano, uno por chicuelinas de Paco Ortiz y otro por saltilleras de Córdoba; el segundo, Bromista, fue quitado por Córdoba y Ortiz sin que se haga mención de suertes; del tercero Cordobés, se refiere un quite de Capetillo; al cuarto Pirata, Ortiz quita por gaoneras y Córdoba hace el de la mariposa; en el quinto, Velador, tanto Córdoba como Ortiz libran por chicuelinas y en el sexto, Naviero, Capetillo quita por chicuelinas, Ortiz lo hace con la misma suerte y Córdoba por gaoneras. Hay que destacar que Naviero fue premiado con la vuelta al ruedo. 

Paco Ortiz cortó una oreja a Pirata, el cuarto, tras de una expuesta faena en la que se empleó en los tres tercios y Córdoba selló su tarde con una vuelta al ruedo y una aclamada salida al tercio al no estar fino con la espada. En esa docena de quites y la rivalidad y el pique en el ruedo, están los ingredientes que le dan vida y color a esta fiesta.

Me llamó la atención el nombre del tercero, Cordobés. Debió ser en ese tiempo una familia importante en la ganadería entonces de don Rubén Carvajal, pues cuatro años después, Rafael Rodríguez le cortó el rabo a otro toro del mismo nombre, también de Zotoluca, allí en la Plaza México.

Manuel Capetillo y Naviero

La faena de la tarde y una de las de esa gran temporada fue la del sexto, Naviero. Daniel Medina de la Serna escribe que desde que Capetillo se abrió de capa, la gente se empezó a volver loca y que ya en los primeros compases de la faena de muleta, se pedía la oreja para el torero de Guadalajara, que, en esa etapa de su carrera, todavía se mostraba como un artífice del toreo de capa.

La crónica de agencia – más reseña que crónica – aparecida en el diario El Siglo de Torreón del 22 de noviembre de 1948, a propósito de esta faena, relata:

En el sexto, con el cual se despide Capetillo de novillero, da cuatro verónicas en la primera tanda y tres más en la segunda. Arma el escándalo cuando remata con la media clásica. Ovacionaza y prendas… Quita con tres chicuelinas enormes por lo templadas, mandonas y lentas que remata con la media clásica. Otra gran ovación y prendas. Vuelve a torear por chicuelinas que remata con una rebolera de ensueño. Ovación… Ortiz hace el mismo quite montándose en el toro con igual remate. Fuertes palmas. Córdoba quitando por gaoneras arma el alboroto, pero al intentar la segunda es prendido sin consecuencias, vuelve al bicho y remata con media rebolera. Palmas… Capetillo brinda a toda la plaza, inicia a base de ayudados por alto, olés estruendosos, naturales enormes, sombreros en la arena, rematados por abajo de una manera inconcebible… Derechazos, el pase de la firma, cambio de mano. Trincherazos completos, la plaza ruge de la emoción. Saca al bicho de las tablas. Dos naturales de escándalo, palmas incesantes, deja una estocada profunda que fue suficiente… Escandalazo de entusiasmo, escuchándose las palabras de ¡torero!, ¡torero! Se le da la oreja y el rabo y al toro la vuelta al ruedo…

Así se cerraba la etapa novilleril de una indiscutible figura del toreo.

Lo que después vendría

Los Tres Mosqueteros habían actuado juntos en un cartel por última vez como novilleros el 20 de noviembre en Torreón, ante un bien servido encierro de La Punta y el único que cortó una oreja fue Jesús Córdoba. Bien se decía que ya su paso por las filas de los novilleros llegaba a su fin, pues el ciclo de corridas de toros estaba ya en la puerta. En la Plaza México, se descansó un domingo y el 19 de diciembre se inauguró la temporada grande con la alternativa de Rafael Rodríguez.

Por su parte, Jesús Córdoba y Manuel Capetillo la recibirían el día de Navidad, el primero en Celaya, de manos de Armillita y el de Guadalajara en Querétaro, siendo apadrinado por Luis Procuna, tarde en el que el segundo de su lote, de La Punta, lo hirió de consideración. Ese día, me contaron Rafael Rodríguez y Jesús Córdoba, cada uno por su cuenta, Los Tres Mosqueteros dejaron de serlo, cada uno tomó su camino y se dedicó a forjar su propia historia en los ruedos.

Así, ese oscuro sobresaliente en una novillada celebrada en El Progreso de Guadalajara el 9 de noviembre de 1947, se convirtió en figura del toreo, y de los toreros de su tiempo, ha sido quizá el más longevo, pues en mi opinión, supo adaptarse al cambio que se fue gestando en el toro mexicano, que fue definiéndose cada vez más hacia la suavidad, y que a costa de abandonar el lucimiento del primer tercio, permite faenas de muleta muy largas – y menos expuestas, creo yo – mismas que han entrado en el gusto de los públicos y que hoy son el canon del toreo.

Así pues, podemos ver otra situación de que la temporada de novilladas del 48 representó un parteaguas histórico. Es por eso que en su conjunto y en sus hechos, como este que hoy pongo en blanco y negro, merece ser recordada.

domingo, 14 de noviembre de 2021

16 de noviembre de 1913: Juan Belmonte hace matador de toros a Samuel Solís

Samuel Solís
Foto: Casasola, Cª 1920 INAH  
La historia de Saturnino Frutos Ojitos y su cuadrilla de jóvenes toreros mexicanos ha sido contada de muchas maneras. Quizás las que mejor nos presentan esa etapa de la Historia Patria del Toreo son el libro hagiográfico de Rodolfo Gaona escrito por Carlos Quirós Monosabio, titulado Mis Veinte Años de Torero y el que publicó Guillermo Ernesto Padilla bajo el título de El Maestro de Gaona. Allí hay dos interesantes perspectivas del paso de quien fuera banderillero de la cuadrilla de Frascuelo e implantador, sin duda, en nuestras tierras, en una manera definitiva, de la tauromaquia que hoy conocemos.

Entre 1905 y 1907, Ojitos llevó por las plazas de nuestra República la nombrada cuadrilla integrada por los matadores Rodolfo Gaona, Prócoro Rodríguez y Samuel Solís; los picadores Antonio Rivera y Daniel Morán; los banderilleros Fidel Díaz, Antonio Conde, Pascual Bueno y Manuel Rodríguez y Rosendo Trejo como puntillero. La cuadrilla se deshace cuando Ojitos se dedica en exclusiva a atender los asuntos de Gaona y aunque con posterioridad Manuel Martínez Feria y Enrique Merino El Sordo integran un sucedáneo de ésta, la original, es la aquí anotada.

De esa original cuadrilla llegaron a la alternativa dos de los iniciales matadores, El Califa de León y Samuel Solís, quien recibió tres alternativas, la primera en Puebla el 24 de enero de 1909 de manos de Morenito de Algeciras, la que en este momento me motiva a distraerles y una tercera, el 9 de enero de 1916, con Luis Freg como padrino.

Tercera corrida de la temporada 1913 – 1914

La temporada 1913 – 1914 tenía mucho interés para los aficionados, pues casi todos los toreros que habían triunfado en la campaña española estarían en El Toreo de la Condesa. Vicente Pastor, Luis Freg, Rodolfo Gaona, Manolo Martín Vázquez y Juan Belmonte eran el eje de los carteles y los toros vendrían de las principales ganaderías mexicanas y españolas para que don José del Rivero, director de la empresa La Taurina, S.A., pudiera ofrecer un ciclo con atractivo para la afición. Cuestión aparte, en los cartelillos anunciadores de la prensa, se ofrecía un acceso exclusivo para automóviles por la calle de Salamanca, pagando un peso por usarlo.

La tercera corrida marcaba la reaparición del Pasmo de Triana y la alternativa de uno de los triunfadores del ciclo de novilladas inmediato anterior, el capitalino Samuel Solís, con una bien lograda corrida de Piedras Negras, que se presentaba en la temporada. Durante la semana se publicaron varias notas con fotografías tanto de los diestros actuantes, como del encierro en los corrales de la plaza, animando a aficionados y público a asistir. A propósito de la alternativa de Solís, quien firmó como Pata Larga escribió en El Diario lo siguiente:

Durante la temporada de novilladas dos fueron los toreros que sobresalieron: uno llamado Samuel Solís y otro, Sebastián Suárez “Chanito”, estando el primero más hecho y más cuajado que el segundo, y de aquí que la empresa, y a petición de muchos aficionados, accediera a darle la alternativa a Samuel Solís...

Ese era el ambiente previo al festejo, que se celebró con un lleno hasta la azotea. Porque habrá que aclarar, que en El Toreo de la Condesa, la azotea era una localidad que en las grandes celebraciones, se vendía como cualquiera otra.

La actuación de Samuel Solís

Las crónicas de hogaño dirían que Samuel Solís estuvo discreto esa tarde. Y es que no tuvo una actuación triunfal ante los tres toros de Piedras Negras que enfrentó. El le cedió Juan Belmonte en primer lugar se llamó Pescador, marcado con el número 72 y según la crónica que se lea, era retinto bragado, castaño claro, o colorado hornero. Lo que sí me llama la atención es que ese nombre es frecuente en los toros de Piedras Negras, pues casi 30 años después, Silverio Pérez torearía por sustantivos, según El Tío Carlos a otro Pescador de Piedras, allí mismo, en El Toreo.

Vestido de perla y oro, de la aguja, con vestido encargado a la madrileña sastrería de Uriarte, en la que se vestían las figuras del toreo en aquellas calendas, Samuel Solís estuvo, de acuerdo a la apreciación de Miguel Necoechea Latiguillo en El Imparcial de la capital mexicana, en la siguiente tesitura:

Samuel, torero de otro estilo, idiosincráticamente diverso a Belmonte, hubiera podido estar bien, muy bien, pero siempre hubiera resultado desmedrado y endeble al lado de semejante coloso… Por lo demás, el mexicano en el toro de su alternativa, lució como los buenos con el capote; se adornó con la muleta y entró recto y decidido con el estoque... Con el capote en el sexto, vuelve a ser estilista y parado; busca desquite después con las banderillas, y tras de larga preparación, cuelga tres pares al cuarteo para dar fin a su adversario con una estocada atravesada y otra de igual sospechosa marca… Solís volverá por sus fueros, no hay que dudarlo. La alternativa trae aparejada, entre otras cosas, la obligación de saber llevarla con vergüenza y con donaire...

Belmonte, de rosa y oro, le cortó la oreja al quinto y fue sacado en hombros de la plaza. Por las cuadrillas, a caballo destacaron Conejo Chico, Portugués y Conejo Grande y con las banderillas y en la lidia Pulga de Triana, Magritas, Morenito de Valencia y Patatero.

Del encierro de Piedras Negras, el que firmó como Pelongo, en el diario El Independiente de la Ciudad de México al día siguiente del festejo, escribió:

Aficionados buenos, como son los dueños de la vacada de Piedras Negras, no podían permitir que la divisa roja y negra de sus toros fuera postergada y que su ganadería perdiera el lugar al que había llegado por propios merecimientos. La tarde de ayer vimos una corrida de toros bien cuidados, finos, de bravura no escasa y algunos, como el quinto, grandes y de poder.

Se arrancaron de lejos a los montados, algunos fueron duros y no se dolían al hierro y todos fueron nobles y manejables. Una corrida que, sin ser cosa del otro mundo, sí cumplió y dejó satisfechos a los adeptos a la vacada, que veían con tristeza ir a menos la prestigiada ganadería.

Parece que los señores ganaderos quisieron poner algo de su parte, pues con toros como los de ayer pueden lucirse los diestros…

Así pues, Samuel Solís se alternativó en una buena tarde de toros y eso le valdría para torear otras dos tardes en esa campaña capitalina.

Anuncio de la alternativa de Samuel Solís...

El devenir de Samuel Solís

Ya apuntaba arriba que Samuel Solís recibiría una tercera alternativa en 1916. Y es que para el año de 1914 se fue a buscar fortuna a plazas españolas, donde el doctorado recibido no era válido. La prensa hispana le registra presentándose ante la cátedra madrileña el 19 de mayo de 1914, a puerta cerrada, para matar dos toros, uno de Palha y otro de García de la Lama con los que estuvo bien a secas, en una especie de prueba y promoción ante las empresas. Me llama la atención de que brindó la muerte del portugués al empresario madrileño, quien le correspondió con 50 duros. Esa campaña logra torear allá cuatro o cinco festejos en plazas como Carabanchel, Tetuán, Robledo o Ávila. Regresaría a seguir toreando novilladas allá en 1915.

La despedida de los ruedos

Dentro del ciclo de novilladas del año 1927, para el domingo 27 de marzo, se anunció un festejo con carácter de extraordinario, en el que matarían un toro cada uno Samuel Solís y Carlos Lombardini y actuarían los aspirantes a novilleros Alberto Balderas, José El Negro Muñoz y David Liceaga. El principal reclamo, era la presencia de Rodolfo Gaona para cortarle la coleta a quienes en su día fueron sus compañeros de escuela taurina y de inicios en el andar por los ruedos.

Samuel Solís ya tenía tiempo de no actuar como jefe de cuadrilla, sino como hombre de plata, según lo cuenta quien firmó como Verdugones, en el introito de la crónica de ese festejo y que se publicó en el número de Toros y Deportes aparecido el 21 de marzo de ese año 1927:

Samuel Solís, el finísimo torero mexicano, gracioso diestro en quien hace pocos años todavía abrigábamos grandes esperanzas, nos ha dicho adiós esta tarde. Prácticamente, el discípulo de “Ojitos” estaba ya retirado de matador de toros desde hace mucho tiempo atrás. Veíamosle salir de banderillero, ya en corridas de cierta importancia, y también en novilladas, al lado de toreros noveles, sirviéndole de peón de brega a muchos que no tienen siquiera los méritos suficientes para hacer el paseo a su vera... Se anunció que Samuel mataría un toro de Atenco; después seguirían Alberto Balderas y Pepe Muñoz, discípulos de Samuel, quienes despacharían cuatro toretes, y, por último, cerraría con broche de oro el espectáculo el becerrista David Liceaga, quien en actuaciones anteriores había tenido fortuna...

Samuel Solís estuvo digamos, efectivo esa tarde. Solamente pegó unos lances con la capa en los que hubo algún lucimiento y al final, sin mayor trámite, despachó de un soberbio espadazo al toro de Atenco al que enfrentó. Carlos Lombardini se fracturó un brazo unos días antes, así que no pudo actuar. Gaona bajó al ruedo, le cortó la coleta a sus amigos y el escenario quedó puesto para quienes la crónica de Verdugones señala como discípulos de Samuel.

Samuel Solís y la escuela mexicana del toreo

Y es que Samuel Solís se afincó en la vieja plaza de toros de Tacuba y allí entrenaba y comenzaba a enseñar el toreo. No llegó a ser figura del toreo, pero tenía el toreo en la cabeza, tenía bien aprendidos los conceptos que le transmitió Saturnino Frutos y en el andar por los ruedos, tuvo la ocasión de formarse también los propios. Así que decidió seguir el camino de su primer mentor y como Ojitos, aunque quizás de una manera más callada, se dedicó a formar toreros y a buscar uno que pusiera esto de cabeza.

No tardó mucho en encontrar el primer par de prospectos. Uno, llegaría a ser El Torero de México y lo sería hasta que las astas de Cobijero terminaran con sus días; el otro, encaminaría sus afanes por las veredas de la literatura y la gastronomía. Pero esa pareja de Alberto Balderas y El Negro Muñoz pronto dio bastante de que hablar. Después de ellos vendrían David Liceaga y Ricardo Torres, alcanzando su cota más alta con Carlos Arruza, una de las figuras más destacadas de la historia universal del toreo.

Esa es la verdadera escuela mexicana del toreo, la que continuó las enseñanzas de Ojitos, adaptándolas a nuestra particular manera de ser. Y si no, véanse los logros de los discípulos de éste como formadores de toreros. Alberto Cosío Patatero formó a Heriberto García, Fermín Rivera y a Amado Ramírez entre otros y posteriormente estos alumnos suyos, a su vez también se dedicaron a enseñar toreros y así, por ejemplo, Joselito Huerta fue formado por Heriberto García. Por su parte, otro discípulo de Ojitos, Luis Güemes formó a Pepe Ortiz, quien a su vez ayudó en sus inicios a Jesús Córdoba y a Rafael Larrea y así sucesivamente. 

Como se puede ver, la huella de Ojitos a través de Samuel Solís y de otros que fueron sus discípulos sigue aún vigente en nuestros días. El torero que actuó en el festejo de apertura del Toreo de la Condesa el 22 de septiembre de 1907 y que matara el último astado que se corriera en su ruedo el 19 de mayo de 1946, como fin de fiesta de una corrida en la que actuaron Edmundo Zepeda, Andrés Blando y Miguel López que recibió la alternativa, un eral de San Diego de los Padres llamado Lince, quizás no fue figura vestido de luces, pero se labró un sitio en la historia trasladando el conocimiento del toreo a quienes llegaron a serlo.

Samuel Solís, decía, no alcanzó a ser considerado figura del toreo. Eso no tiene una explicación cierta, le faltó valor, dirán algunos; otros más afirmarán que fue la ausencia de personalidad; alguien terciará que se trató de mala suerte y habrá quien señalará que fue una combinación de todas las anteriores. La realidad es que los caminos del destino de los hombres a veces son inescrutables y lo que parece evidente resulta ser nada más una coartada de la realidad. El futuro de Samuel Solís estaba en trasladar hacia el futuro la tauromaquia que Ojitos nos trajo de España para hacer grande a la fiesta en México.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Noviembre de 1971: Joselito Huerta… las cornadas de la existencia

Mario Carrión, Joaquín Bernadó y Joselito Huerta
Madrid, 10 de junio de 1956
Archivo de la Comunidad de Madrid - Fondo Martín Santos Yubero

Una de las ferias tradicionales del calendario mexicano es la de los Fieles Difuntos en Tlaxcala. La de hace 50 años tenía su miga, porque, dejada de lado la idea de dar toros únicamente el día de la celebración religiosa o cívica, se comenzaba aquí a organizar seriales en torno a esas fechas emblemáticas y así, en una de las cunas de nuestro toro de lidia, se ofrecieron tres festejos, los días 2, 6 y 7 de noviembre, en los que el eje torero fue la presencia de Joselito Huerta y en la cuestión ganadera, prácticamente todos los toros que se lidiaron fueron de la tierra, con dos corridas de concurso, los días 2 y 7, que llevaron a la gente a llenar la plaza hoy nombrada en honor de Jorge El Ranchero Aguilar.

La corrida del cierre de la feria, el día 7, era la de la alternativa de Manolo Rangel, que sería apadrinado por El León de Tetela y atestiguaría su hermano Jaime Rangel. Los toros, en concurso, vendrían de los cerrados de Atlanga, La Trasquila, Zacatepec, Coaxamalucan, Las Huertas y Zotoluca. Manolo Rangel fue investido matador de toros con Mil Amores de Atlanga y resultó herido, pasando a la enfermería y ya no salió de ella.

Joselito Huerta saldría a enfrentar en segundo término al toro de La Trasquila. Estuvo a la altura de las circunstancias con él, la relación publicada en el semanario madrileño El Ruedo del día 9 siguiente, dice al respecto:

Joselito Huerta, en su primero, faena empeñosa, pero sin lucimiento. Estocada. Palmas. Cuando caminaba por el callejón sufrió un desmayo. En una ambulancia fue trasladado a la ciudad de Méjico, donde fue internado en el Sanatorio Español y está sometido a examen médico. Huerta tuvo una peligrosa cornada penetrante de vientre que le obligó a permanecer más de un año retirado de los ruedos… Jaime Rangel mató a los tres toros restantes sin mayor lucimiento. Pero poniendo valor y voluntad.

Para la prensa nacional esa súbita pérdida de la conciencia del torero en el callejón de la plaza pasó poco menos que desapercibida. Es hasta un par de días después que se hace eco de una breve entrevista al torero que cuenta su sentir desde una habitación de hospital:

Otra vez vi la muerte de cerca, sentí que todo se había acabado, fue peor que la cornada que sufrí en el vientre hace más de dos años”, expresó hoy el matador de toros Joselito Huerta, que sufrió un dramático desmayo cuando lidiaba un toro en la plaza de Tlaxcala… “Esa sensación tan angustiosa sólo la sentí el primero de diciembre de 1968, segundos antes de sufrir la cornada del toro “Pablito” en el ruedo de Cuatro Caminos”, dijo el diestro, que se recupera en el Sanatorio Español… El parte médico dado a conocer, dice que no es grave su estado, presenta un cuadro de agotamiento general, la presión arterial le bajó a 45. Era lógico y el intenso dolor de cabeza y el desmayo… (El Informador, Guadalajara, 9 de noviembre de 1971)

La impresión diagnóstica hasta ese momento era la de un mero cuadro de agotamiento general. Sin embargo, los signos que externaba el torero ameritaron el examen por otros especialistas que dictaminarían la realidad clínica de Joselito Huerta, que iba más allá de un simple cuadro de stress.

Aneurisma, el asesino silencioso

El médico de cabecera de Joselito Huerta era Hernán Cristerna, internista, quien solicitó la intervención de Jaime Heysser, médico militar, especialista en neurocirugía, para determinar el origen de los dolores de cabeza que se asociaron antes, durante y después de la pérdida de conocimiento del torero en Tlaxcala y fue este último el que tras de los estudios necesarios, pudo determinar que el problema no era mero cansancio acumulado, sino la presencia de un aneurisma de la carótida izquierda en su tramo intracraneal.

Un aneurisma es una dilatación anormal en la pared de una arteria que hace que pueda llegar incluso a formarse una especie de globo y llenarse de sangre. Tratándose de los que están dentro del cráneo, puede ocurrir que la protuberancia que se forma en la arteria antes de la rotura presione un nervio o el tejido del cerebro que lo rodea. Si esto sucede, puede deteriorarse alguna de las funciones cerebrales o producirse, como en este caso, pérdidas súbitas del conocimiento, por el proceso inflamatorio que generan.

Los aneurismas que están dentro del cráneo, por sí solos, no presentan síntomas. Se conocen cuando se rompen y producen hemorragias o como en el caso de Huerta, producen desmayos que motivan la búsqueda de sus causas. En el caso de las hemorragias, en un buen número de casos, los resultados resultan fatales.

Precisado el diagnóstico, se decidió llevar al torero a Zúrich para ser intervenido. La razón la encuentro explicable dado que el doctor Heysser hizo sus estudios de posgrado en Alemania, así que recurrió a la ayuda de un personaje que resulta ser el padre de la neurocirugía moderna en Suiza, el profesor Hugo Krayenbühl:

El médico calificó de “muy grave” el caso, por lo que se tendrá que recurrir a un especialista de fama internacional “no obstante que en México hay magníficos neurocirujanos” … Se eligió al Dr. Krayenbühl, jefe de neurocirugía del Hospital Cantonal de Zúrich, para que opere al diestro de Tetela, muy posiblemente el lunes próximo… Joselito será llevado mañana a las cinco de la tarde por Air France, vía París, en una camilla acondicionada. Irán con él su esposa Martha Chávez de Huerta, la esposa de su apoderado Marisa R. de González y el Dr. Heysser del Sanatorio Español… (El Informador, Guadalajara, 11 de noviembre de 1971)

La intervención se llevó a cabo el lunes 15 de noviembre. El semanario madrileño El Ruedo, en su número del día 23 siguiente, relata:

La intervención fue hecha por el doctor Krayenbühl – jefe del servicio de Neurocirugía del Kantonspital de Zúrich – y el doctor Yazargil, especialista en estas lesiones. Asistieron a la operación los doctores mejicanos Heysser y Magallanes, que acompañaron a Joselito Huerta hasta Suiza en su delicado traslado, para prevenir cualquier grave contingencia. El doctor Heysser ha sido, a partir de la operación, el portavoz sobre el estado del paciente… «De no surgir complicaciones posteriores e imprevistas, Joselito Huerta quedará como si no hubiera pasado nada y podrá volver a los ruedos», declaró el doctor mejicano, comentando el proceso satisfactorio que sigue el diestro azteca tras la intervención quirúrgica… El estado del torero es bueno dentro de los límites posoperatorios, tras la intervención… «Hasta ahora – precisó el doctor mejicano – se puede decir que la operación ha obtenido éxito. Esperamos que todo siga como hasta ahora y Joselito quedará totalmente restablecido.» …

Una semana después, la misma publicación daba cuenta del regreso del torero a Madrid, para continuar su restablecimiento y el ejemplar de El Ruedo de siete días después daba a conocer una entrevista con el torero en la que contaba su idea de regresar a México el 6 de diciembre a terminar su recuperación.

Así fue la manera en la que abruptamente terminó la temporada de 1971 para Joselito Huerta, en la que toreó 53 corridas, cortando 76 orejas y 8 rabos, quedando – creo que por ese parón involuntario – como segundo en el escalafón y me encuentro con que El Ruedo le apunta un festejo en ruedos de España ese año, aunque no pude localizar fecha y plaza.

La reaparición y el tramo final de una gran carrera

Joselito Huerta volvería a los ruedos. Reapareció en la Plaza México el 13 de febrero de 1972, junto a Alfredo Leal y Antonio Lomelín, para lidiar toros de José Julián Llaguno. Al terminar el paseíllo se le hizo dar la vuelta al ruedo, reconociéndole la afición capitalina su valor y su entrega. Esa tarde le cortó la oreja a Pintor, el primero de su lote. Cerró esa campaña con 44 festejos.

El año de 1973 ya sería el del adiós. Inició esa campaña en Puebla, matando en solitario seis toros de Cerro Gordo, a los que cortó tres orejas el primer día del año. El 7 de enero, en Acapulco, corta cuatro orejas a los toros de Ayala que lidió allí. Al siguiente domingo se lleva las orejas de un toro de San Mateo en Monterrey y el 21 de enero, en León, se entretiene en cortarle tres orejas a los toros de Torrecilla que le tocaron en el sorteo.

Terminó sus días vestido de luces el 28 de enero, en corrida televisada en abierto y a nivel nacional, alternando con Manolo Martínez y José Mari Manzanares en la lidia de toros de José Julián Llaguno. El último que mató de luces se llamó Huapango y le cortó el rabo ante una plaza llena y entre la admiración, el respeto y la entrega de la gente.

Y es que Joselito Huerta ya tenía que dejar los ruedos, porque unos días antes había tomado posesión del cargo de Alcalde de Atizapán de Zaragoza, asiento de sus negocios y de su residencia, por el periodo 1973 – 1975, y ya resultaba incompatible el ir y venir de la vida del torero, con la del Presidente Municipal que tiene que atender a sus conciudadanos. Seguía en la actividad pública, en contacto con la gente, pero ya no como el ídolo de la multitud, sino como servidor de ella.

También tendría más tiempo para dedicarse a una actividad que le venía por herencia ancestral, la práctica del llamado deporte nacional, la charrería, a la que impulsó y patrocinó desde su posición política y que le permitió cuantas veces le fue posible, como fin de fiesta, lidiar y matar un novillo para gozo de quienes asistían a ver al equipo en el que participaba.

Las cornadas de la existencia

Necio sería negar que Joselito Huerta fue un torero muy castigado por las astas de los toros. Sin mayor investigación puedo afirmar que no hubo continente del llamado planeta de los toros en el que no haya sido herido a causa de su entrega y pundonor. Y en más de alguna ocasión, el León de Tetela pudo conocer lo que se afirma es la frialdad de la muerte.

En lo que hoy trato de contarles, no fueron las astas de los toros las que lo pusieron al borde de una situación fatal, sino la vida misma, un mal congénito que, visto como lo enfrentó, demuestra que esa manida afirmación de que los toreros están hechos de otra pasta, tiene mucho de verdad. Otra persona, en su situación, quizás se hubiera visto superada por ella.

Al final, las cornadas fueron las que terminaron con la vida de Joselito Huerta, pues falleció, en la Ciudad de México, a causa de las secuelas de una Hepatitis “C”, derivada de alguna o algunas de las transfusiones de sangre recibidas para curarle de alguna de esas 13 heridas por asta de toro que sufrió en su paso por los ruedos, el día 12 de julio del año 2001.

Aldeanos