domingo 11 de marzo de 2012

Sevilla, 1953. Un esplendoroso abril para Jesús Córdoba


El Maestro Jesús Córdoba

La Feria de Abril sevillana del año 53 fue accidentada. Primero, porque la lluvia impidió que se celebrara conforme a lo originalmente planteado. De las seis corridas ofrecidas inicialmente, terminaron dándose solamente cinco y con varios cambios en el programa original. La feria descansaba en cuatro comparecencias de Antonio Ordóñez y completaban el elenco Jesús Córdoba, Rafael Ortega, Manolo Vázquez, Emilio Ortuño Jumillano, Jorge El Ranchero Aguilar, José María Martorell y Manuel Calero Calerito, todos ellos, originalmente a dos tardes cada uno.

El mal tiempo impidió iniciar los festejos el día 18 de abril, por lo que las tres primeras corridas se desplazaron en su fecha, arrancando el día 21 con la Corrida de la Cruz Roja, misma en la que Antonio Ordóñez fue herido de consideración y quedó imposibilitado para cumplir con los tres compromisos que le restaban en la feria. El mismo recorrido de fechas, hizo que la corrida de Clemente Tassara, originalmente anunciada para el 20 de abril y que lidiarían José María Martorell, Rafael Ortega y Jumillano, se suspendiera en definitiva y que varios carteles se reconfiguraran, quedando El Ranchero Aguilar solo con una de las tardes que tenía contratadas. 

Para sustituir al herido Antonio Ordóñez, el 22 de abril se programó al cordobés Manuel Calero; para el 24, a Jerónimo Pimentel y el 25 de abril, fue El Tesoro de la Isla quien cogió la sustitución. Por último, el 26 de abril, domingo, se cerró el serial con una novillada en la que destacan la presencia de Manolo Zerpa y el lusitano Paco Mendes. Luego siguiendo con las vicisitudes, el 22 de abril, la corrida se suspendió tras la lidia del tercero de la tarde, debido a la negativa de los toreros para continuar toreando por lo impracticable del ruedo a causa de la lluvia, razón por la cual el Teniente de Alcalde que presidía el festejo puso a disposición del gobierno civil – eufemismo para decir que mandó detener – a los toreros actuantes, que fueron multados. 
Anuncio de los carteles de la Feria de Abril de 1953 recompuestos
tras de las suspensiones debidas a las lluvias (ABC de Sevilla, 19/04/53)

Jesús Córdoba y la tarde de los Miuras

La presentación del Joven Maestro se produjo el día 24 de abril con la corrida de Miura – anunciada como la tradicional corrida de Miura – en la que formó cartel junto con Calerito y Jerónimo Pimentel. Para la anécdota, al festejo asistió el General Franco acompañado de su esposa y mi paisano Jesús Córdoba, le cortó una oreja al cuarto de la tarde. De la relación de Gil Gómez Bajuelo, publicada en el diario ABC de Sevilla al día siguiente del festejo, extraigo los siguientes recuerdos:

…Sus dos faenas de muleta fueron excelentes, siempre con el sello elegante. La primera, brindada al Caudillo. Muy derecho, corriendo la mano, acabando los pases. Girando muy bien en los naturales y preciosos de ejecución los redondos. Siempre erguida la figura, airoso el andar. Cuando el toro no pasaba, le obligó y le sacó unos estatuarios magníficos. La espada le quitó la oreja. Porque pinchó dos veces, no entrando muy bien. En cambio en la estocada entró superiormente y la logró en lo alto. Córdoba recibió un regalo del Caudillo y dio la vuelta al ruedo. La segunda faena, brindada al público, tuvo el mismo perfil de esencia torera. Y como la primera, arrullada por los alegres sones de la música. Volvió la suavidad y mando de los redondos, el aguante con los pies juntos en los bellísimos altos, barriendo despaciosamente los lomos, y el tirar de la res a un centímetro del pitón en los momentos de obstinada queda. Faena torera de los pies a la cabeza. Y esta vez, coronada con una estocada hasta la empuñadura, entrando decidido y saliendo trompicado en su preocupación de mirar sólo al morrillo y porque el toro se quedó quieto… Jesús Córdoba cortó la oreja, dio la vuelta al ruedo devolviendo sombreros, recibiendo ramos de flores y ordenando guardar la oreja… El mejicano es también de los que saben el calor de una oreja en Sevilla...

Al día siguiente, a hombros, tras un hecho inusitado

Apunte de Vicente Flores de una estocada
de Jesús Córdoba la tarde de los Miuras
(ABC de Sevilla, 25/04/53)
 
El día de San Marcos – 25 de abril –, Jesús Córdoba alternó con Rafael Ortega y Jumillano para matar una corrida originalmente anunciada de María Sánchez Cobaleda. Al final, solo se lidiaron cuatro de los originalmente anunciados y dos de Escudero Calvo como sobreros. En esa tarde se produciría en el festejo un hecho inusitado tanto en España, como en una plaza como la de la Real Maestranza sevillana, se lidió como regalo un séptimo de Benítez Cubero, regalo que a petición de los señores Maestrantes haría a la afición congregada en el Coso del Baratillo precisamente el diestro leonés Jesús Córdoba

Independientemente de lo que más adelante comentaré, recurriré de nueva cuenta a la relación hecha por  Gil Gómez Bajuelo del ABC sevillano, que en lo medular de su crónica, nos refiere:





Jesús Córdoba lidió el sobrero de la última corrida de Feria en el que obtuvo un triunfo saliendo a hombros 
Evidentemente, no se pueden hacer cestos sin mimbres. Esto ocurrió ayer en la última corrida de toros de nuestra renombrada Feria. Claro es que, con corridas de este corte, el renombre corre riesgo de esfumarse. Se lidiaron cuatro toros de Cobaleda, dos de Escudero y uno de Benítez Cubero, obsequio gentil del mejicano Jesús Córdoba... En esta corrida, el mejicano Jesús Córdoba confirmó plenamente sus excelentes aptitudes toreras. Deja en Sevilla un gran cartel de torero fino y enterado... La faena a su primero fue de calidad. El Cobaleda, aunque feo y con grandes defensas, era noble. Pero se fue apagando de tal modo que sólo un torero de los recursos del mejicano pudo obtenerle el máximo rendimiento. Había que citarle muy cerca, tirar de él, a una distancia inverosímil, y después llevarlo empapado en el viaje, con un temple ideal. Fue así como Córdoba aprovechó el poco gas que tenía el bruto. Tan al límite aprovechado que logró unos pases altos mayestáticos, unos redondos suavísimos y otro del mismo género, monumento de aguante, que hizo entrar en acción el metal de la banda. Todo ello muy cerca, muy torero, en una faena en la que hasta lo accesorio tuvo aire de elegancia. Alegrando al bicho, esculpió un pase alto soberano. La faena quedaba lograda. Unos pinchazos y media estocada no pudieron interponerse en la aprobación unánime a la gran faena de muleta. En el cuarto, de Escudero, no había nada que hacer. Lidiado entre constantes protestas del público y cayéndose con frecuencia. Córdoba, instigado por los espectadores, dio sólo unos pases, poquísimos, y con sólo dos pinchazos se echó el animal. Entonces Córdoba tuvo un gesto, que el público ovacionó calurosamente. Fue obsequiar a los espectadores con un séptimo toro, de Benítez Cubero. Lo brindó al respetable. Quiso la docilidad del enemigo que el mejicano cuajara una gran faena, con variedad de pases, bajo el signo unitario de un estilo personalísimo. Los pases altos, los ayudados por bajo, los derechazos, los naturales y el rodillazo afarolado. Todo con mando, suavidad y derechura. Faena oleada por el público y alegrada por la música. Una estocada en lo alto culminó la actuación feliz del mejicano, que dio a hombros la vuelta al ruedo, exhibiendo el trofeo triunfal de la oreja de su enemigo. Bonito final de una corrida que, había transcurrido sin grandes relieves y en la que Córdoba puso de vez en cuando la nota alegre de su reposado y elegante capote...

Y terminando su casi redonda actuación – la espada le restó ese aire de rotundidad –, se lo llevaron en hombros por la puerta de cuadrillas hasta salir de la plaza por la calle Iris, en una tradición sevillana que hoy se encuentra lamentablemente abandonada.

Otro apunte de Vicente Flores de la tarde del 25
de abril (ABC de Sevilla, 26/04/53)
Alguna vez tuve la ocasión de escuchar del Maestro Córdoba el recuerdo de esta tarde. Contaba que al estar preparando para la muerte a un débil segundo de su lote, le llamaron a acercarse a las tablas y lo hizo intrigado, con cierto recelo, pues pensó que quizás le sancionarían por ir a tomar muleta y espada y sin mayor trámite, salir a doblarse con el toro para buscar la igualada y tirarse a matar. 

Ya en tablas, es enterado de que el recado era otro, de parte de los señores Maestrantes, en el sentido de que el sobrero estaba a su disposición para que lo obsequiara, pues querían seguirle viendo. Allí refiere el Maestro, pidió que el representante de la Autoridad en el callejón interviniera, porque él sabía que solo se podía obsequiar el sobrero, excepcionalmente, en corridas de un solo matador. Allí le confirman que tiene la venia de la presidencia del festejo y de los maestrantes para obsequiar el toro si así lo desea. Cuenta el Maestro que la manera en la que se lo ofrecieron, le hizo sentir que era un desprecio el no hacerlo.

Al final, el obsequio del toro de Benítez Cubero ese día de San Marcos le permitió a Jesús Córdoba redondear una feria sevillana y destacar la firmeza del paso con la que llevaba y que le permitiría terminar la campaña con 35 corridas toreadas y entre los diez primeros del escalafón, según podemos ver en esta página del blog del Aula Taurina de Granada.

Mi homenaje

Faltan algunas semanas para llegar al aniversario de estos fastos, no obstante, el pasado miércoles el Maestro Córdoba cumplió 85 años de edad y llegó a ellos bien y de buenas. No se me ocurre mejor forma de rendirle homenaje – a los toreros se les debe recordar siempre por lo que hacen delante de los toros y nada más –, más que recordando estas dos grandes actuaciones suyas en los ruedos, que resultaron de las más importantes de ese abril y de esa temporada de 1953.

domingo 4 de marzo de 2012

29 de febrero de 2008: El Pana y Morante en Carabanchel


Un cartel anunciador del singular festejo

El pasado miércoles se cumplió el primer ciclo bisiesto de la presentación de Rodolfo Rodríguez El Pana, en lo que hoy es El Palacio de Vistalegre y que de 1908 a 1995, fuera la singular Chata de Carabanchel. Por cierto, el primer toro que saltó a su ruedo – 15 de julio de 1908 – fue muerto por Rodolfo Gaona, se llamó Sentimiento, negro mulato bragado, de la Marquesa Viuda de Castellones y fue cedido al Califa de León, por Ricardo Torres Bombita, quien por antigüedad, es quien debiera haberlo estoqueado. 

La corrida de toros a la que tendré que referirme el día de hoy podría considerarse como un asunto meramente marginal, porque la personalidad de los diestros actuantes – sobre todo la de El Pana – proporciona material suficiente para escribir una bitácora como ésta completa, más habré de ceñirme a los hechos a los que la efeméride me remite, eso sí, en lo que se pueda.

Algunos prolegómenos

El 7 de enero del año anterior El Pana había salido al ruedo de la Plaza México a torear lo que se había anunciado como la corrida de su despedida. Tras de enfrentar a Rey Mago de Javier Garfias, segundo de la tarde – el primero del festejo lo mató Serafín Marín, que confirmaba – descubrió que el final de sus días de llevar el vestido de luces aún no había llegado, que la gente en los tendidos aún esperaba que fuera a las plazas a decir el misterio que llevaba encerrado muy dentro y que él podía aún, como cantara José Alfredo Jiménez, sacar juventud de su pasado, para poder ir a explicarlo. Así fue como con las dos orejas de Conquistador, el que debió ser el punto y final de una carrera que inició en las capeas casi 40 años antes, puso un punto y seguido envuelto en sahumerios de gloria.

Acerca de esto, Fidel Samaniego, editorialista y analista del diario El Universal de la capital mexicana, escribió unos días después del festejo lo que sigue:

La historia, su increíble y, en mucho, triste historia parecía acercarse al final. Él, personaje, autor de ésa, su novela, escribía las que, se suponía, serían las últimas líneas... el torero, el personaje, el hombre, todos en uno, uno en todos, regresó, regresaron ante el toro con su paso lento, con su inspiración desbordada. Y con sus pases, con sus detalles, provocó los gritos, las aclamaciones, las lágrimas y se entregó, y dejó que ellas, ellos, los que estaban en los tendidos, se le entregaran... Al día siguiente, cuando despertó, Rodolfo Rodríguez González supo que la historia continuaba, tenía que continuar...

Morante de la Puebla tuvo quizás un camino menos tortuoso para obtener el reconocimiento de las aficiones en el mundo del toreo. Más introvertido, deja sus contactos con las masas para cuando está en el ruedo y ante el toro, aunque en el año de la resurrección de El Pana, se había dejado ver ya en algunos ambientes de intelectualidad y también había nombrado apoderado a otro genio, Rafael de Paula. Al final de cuentas, la combinación resultó explosiva, como esos sonoros petardos que los toreros de arte pegan cuando no encuentran el toro que les viene, y eso es una pena, porque hubiera sido interesantísimo saber la manera en la que, un artista como El Paula se las entendía en los despachos.

Al parecer los nahuales de Rodolfo y los duendes de José Antonio se entendieron pronto. Morante tenía algún tiempo de estar alejado de los ruedos – desde junio de 2007 –, al parecer por problemas de salud y reapareció en la Plaza México – el 6 de enero de 2008, en una especie de remake de la resurrección del año anterior – mano a mano con El Pana, en una corrida en la que el ex – tahonero se fue al hule con una cornada en el tercero de su lote y el de La Puebla del Río logró, tras de esforzarse bastante, una salida en hombros que fue el exordio de una interesante campaña española.

Lo de Carabanchel

El Pana, rumbo a Vistalegre
(Cortesía altoromexico.com)
Tras de la recuperación de El Pana, se anunció que se cocinaba el episodio español de lo sucedido el Día de Reyes. Se buscó además una fecha que tuviera alguna coincidencia con la personalidad estridente de ambos diestros. El año 2008 fue bisiesto, es decir, el mes de febrero, como cada cuatro años, lleva 29 días y para más comodidad empresarial, la fecha tocaba en viernes. Entonces, en términos de mercadotecnia, resultaba, al menos en el papel el poner a dos toreros digamos, esotéricos, en una fecha singular y que quedara en fin de semana.

A fines de enero de ese año, cuando se determinó que el entonces quincuagenario Rodolfo Rodríguez estaba en condiciones de salir al ruedo tras la cornada del 6 de enero, se hizo oficial el asunto y así se anunció una corrida de Núñez del Cuvillo para El Pana y Morante de la Puebla, el viernes 29 de febrero, en el cubierto Palacio de Vistalegre de Carabanchel.  

El Pana llegó a la plaza en un coche de caballos, Morante lo hizo en un Rolls Royce. Ambos, atascados en el tráfico, llegaron tarde a la cita. Morante vestido de pistache y azabache y El Pana de calabaza y plata, liado en un sarape de Saltillo, a modo de capote de paseo. El Pana, pese a tratarse de local cerrado, – y en contra de la normativa vigente – salió al ruedo fumando un aromático veguero. El Presidente del festejo no fue tan quisquilloso como en sus días de novillero lo era don Pablo Pérez y Fuentes, que cuando salía a la arena de la Plaza México de esa guisa, antes de sonar las notas de la obra de Rafael Gascón, Cielo Andaluz, le mandaba un sonoro bocinazo para invitarlo a despojarse del ocote y hacer el paseo como Dios manda – curiosamente, ni a don Jesús Dávila, ni a don Pedro López Anaya, los otros dos que presidían los festejos en La México en esos días, parecía importarles mucho eso del habano de El Pana –.

De lo sucedido en el festejo, recojo estas líneas de la crónica de Alberto Urrutia, publicada al día siguiente en el diario madrileño El País:

Muletazos con sabor y son. El cuarto empujó en varas, pero en la muleta flojeó. Morante lo sacó de las tablas con mimo y dibujó varios muletazos con sabor y son, aunque sin terminar de redondear. Tampoco hubo faena rotunda en el sexto, a pesar de que el sevillano lo intentó con ahínco y con esa torería innata. Los doblones emanaron aroma añejo, como la trinchera, pero aquello no voló tan alto como se esperaba. Numéricamente, el balance del acontecimiento se inclinaba al fracaso. Además de no llenarse la plaza, no hubo ni una vuelta al ruedo: sólo las ovaciones de sus partidarios... Las actuaciones de El Pana transcurrieron entre la división de opiniones. Faena sui generis al inválido primero, que se derrumbó en varias ocasiones y dificultó el toreo. Claro que toreo hubo poco, salvo algún muletazo con el mando a distancia... Aunque con su ilusión demostró que la juventud es en parte un estado de ánimo, 56 años, con sus primaveras y sus otoños, son una edad considerable para ponerse delante de un toro. Lo intentó con este tercero bis en una actuación variada y aseada, pero con una manera peculiar de estirar el brazo, cual pescador con su caña. Pintoresco, con pasajes de originalidad y guiños teatrales a la galería, buscó agradar ante el estupendo quinto, pero El Pana no conectó... Al final, el arte de Morante sobrevivió en una tarde de tintes surrealistas y esperpénticos, con escenas propias de la magna obra de Valle – Inclán: espectáculo con «luces de bohemia».

Al final

El Pana y Morante
Plaza México, enero 6, 2008
Creo que El Pana acusó los efectos de bajarse del avión para ir a la plaza a torear. Quizás debió ir a torear por fuera al menos un par de corridas para ponerse con el toro español, pues considero que no es lo mismo torear vacas en el campo y matar algún toro a puerta cerrada, que tomar contacto con el mismo toro en la plaza y frente al público. Sin embargo, de la manera que se planteó este festejo, da la impresión que no era el punto de arranque de una campaña, sino una mera presentación y de acuerdo con el resultado, se hilaría en consecuencia.

Tras de esa presentación en Carabanchel, El Pana no ha vuelto a torear vestido de luces en España. A últimas fechas ha externado su interés de confirmar su alternativa en Las Ventas. En una entrevista televisiva pasada hace un par de domingos, el ya sexagenario diestro ha manifestado su deseo de ser parte de un cartel en el que le apadrine Gregorio Tébar El Inclusero y funja como testigo Carlos Escolar Frascuelo. Eso sí, con su socarronería habitual, sugirió una corrida a modo. ¿Veremos un festejo así? Sólo el tiempo lo dirá. 

domingo 26 de febrero de 2012

En el centenario de José Alameda (II)


Alameda antes de Alameda (I)

José Alameda (Cª 1980)
José Alameda cubrió la temporada de novilladas de 1944 para el semanario mexicano La Lidia y en el mismo, fueron las únicas colaboraciones periódicas suyas que he podido localizar. Las firmó utilizando su nombre civil, abreviado, es decir, como Carlos Fernández – Valdemoro, al igual que ese ensayo titulado Disposición a la Muerte, que al final del mismo calendario vería la luz en la revista literaria El Hijo Pródigo, dirigida por Xavier Villaurrutia.

La que hoy les presento, es la del festejo que inauguró la temporada en El Toreo el domingo 11 de junio de 1944. Novillos de La Laguna para un ya veterano Julián Pastor, Nacho Pérez y Arturo Fregoso. Salió publicada en el número 82 de La Lidia, el viernes 16 de junio de 1944 y se tituló La primera novillada, haciendo alusión a que se trataba del festejo inaugural de la serie y en ella, Alameda exhibe ya un estilo didáctico y por lo mismo diáfano, que permite aún a casi siete décadas de distancia, percibir la realidad de lo sucedido en la tarde que nos relata. Aquí el cuerpo de la narración:

Un nuevo piloto. El viaje a España de Tono Algara dejó al frente de la empresa “Espectáculos El Toreo” S.A. a don Joaquín Guerra. Y las circunstancias le obligaron a entrar en funciones antes de lo que él esperaba. Este hombre, a despecho de su apellido, tan actual por cierto, es fundamentalmente pacífico. Yo siempre lo he visto con la sonrisa en los labios. Pero no hay que fiarse de las circunstancias. Porque no es Joaquín Guerra de los que retroceden ante los problemas. Muy por lo contrario, los ataca siempre de frente y logra mancornarlos, reducirlos y vencerlos. Lo que pasa es que lo hace sin violencia, como esos lidiadores finos que para poder con el toro no necesitan descomponerse. Ahí está la prueba. No hubo obras en la plaza de “El Toreo” y urgía pues, reanudar en ella las actividades. El tiempo se venía encima. Pero Joaquín Guerra no lo dejó pasar, sino que le salió al encuentro y estampó en los muros de la Capital su primer cartel. Lo hizo más pronto de lo que muchos esperaban. Y, aunque para ello hubo de afrontar dificultades, no perdió su eterna sonrisa de hombre simpático, de hombre que para vencer empieza por convencer. Vaya desde aquí nuestra sincera felicitación al amigo en quien tanto valen el gesto cordial como las decisiones prontas.
El animoso Julián Pastor. A la cabeza de ese primer cartel organizado por el gerente accidental, figuraba Julián Pastor, un torero cuya experiencia profesional le permite encontrar siempre recursos para resolver, por uno u otro procedimiento, las dificultades que en la lidia surgen.
Lances a la verónica de gran valentía y chicuelinas ceñidísimas con las que se lució en el primer tercio del toro que abrió plaza, lo hicieron desde luego entrar por el camino del éxito. Y en él supo mantenerse por el transcurso de la corrida.
Diligente y sin titubeos, como corresponde a su experiencia, muleteó a ese primer novillo, que achuchaba por el lado derecho. Y aunque, a causa de ello, estuvo dos veces en peligro, no se descompuso. E inclusive logró pases lucidos, entre los cuales destacaron algunos derechazos y un lasernista sobremanera ceñido.
Cuando terminó con el astado de una contraria ligeramente trasera y media tendida, se le tributó una calurosa ovación, cuyo tono rebajó él mismo al aventurarse a dar una vuelta al ruedo.
Comportándose siempre como lidiador avisado, se apresuró a lancear al cuarto, antes de que éste pudiera desarrollar las tendencias poco tranquilizadoras que no tardó en descubrir. Lo hizo con verónicas a pies juntos, pegándose hábilmente a los costillares. Y así logró esquivar las dificultades que el toro presentaba. “Avería” se llamaba el novillo y a punto estuvo de causarle una “ídem” a Julián Pastor durante la faena de muleta, pues se quedaba en el centro de la suerte, bajo el engaño. Y además, ya avanzada la faena, comenzó a gazapear, sin que por ello se privase de algunas arrancadas imprevistas, en una de las cuales estuvo a punto de llevarse por delante al diestro. Fue el novillo más difícil del encierro. Pero Julián no perdió la serenidad y tras de doblarlo por bajo, con valentía y conocimiento de causa, lo mató de una estocada desprendida. Y tornó a ser ovacionado.
Al margen de las depuraciones de estilo, que no van con su temperamento, es Julián Pastor un torero consciente, seguro y valeroso, cualidades que justifican la simpatía que despierta en el público.
El afortunado Nacho Pérez. En Nacho Pérez creímos advertir notables progresos. Así lo estimó también el público, que siguió con interés toda su actuación. Cierto es que le cupo en suerte el mejor lote. Pero también es verdad que supo sacarle partido.
Con el segundo de la tarde ejecutó algunos magníficos pases de costado, que dieron emoción a la faena ya desde su fase inicial. Además se enteró muy bien de lo que era el toro. Y, advirtiendo su franca embestida por el lado izquierdo, pasóse la muleta a la zurda y así ligó varios pases que se le jalearon. Los hizo con limpieza y seguridad. Pero yo me atrevería a aconsejarle que no echase la espada por delante para ayudarse con ella y que se cruzase más con el toro, para no hacer la suerte lo que se llama “al hilo”, sino más enfrentado con su enemigo. Esto, desde luego, entraña mayores dificultades, pero también dota a las suertes de más emoción y autenticidad. Los que sí ejecutó muy bien fueron los ayudados por alto, algunos de ellos magníficos de aguante, temple y valor, a los que agregó otros de costadillo igualmente meritorios. Todo lo cual compuso una faena variada, interesante y emotiva, que entusiasmó al gentío. Y cuando Nacho le dio fin con un pinchazo hondo, media un tanto contraria y un descabello a la primera, fue obligado a dar la vuelta al ruedo.
Con el quinto estuvo igualmente bien. Hubo en su faena algunos derechazos que provocaron entusiasmo y pases por alto de tan buena calidad como los que ejecutó en el toro anterior. Algunos muletazos giratorios – de especie fronteriza, entre lasernistas y molinetes – le resultaron magníficos por lo precisos y ceñidos. Entre los aplausos con que se premiaba su faena, surgió una voz que, refiriéndose al terno de Nacho, un vestido verde y oro, propiedad de Silverio, gritó: “¡Ese traje me lo pongo yo!” Aquella voz aludía a la influencia de Silverio, atribuida al traje, pero que a Nacho le llega por más profundos caminos, pues la lleva en la sangre. Es una influencia muy ostensible, y donde más se notó fue en un quite por chicuelinas a su primer toro. Un quite “silverista” puro. Y como tal, ovacionado.
El impasible Fregoso. Arturo Fregoso es un torero muy sereno. Acaso demasiado. Porque la tranquilidad en un lidiador vale mucho, pero cuando se extrema, se convierte fácilmente en frialdad.
Sólo en una ocasión se le encendió la sangre. Fue cuando su primer toro, al que había dado tres apretadísimas chicuelinas, lo prendió por una pierna y lo hizo salir por la cola, en limpia voltereta. Se levantó entonces y fuése al toro a cuerpo limpio para desafiarlo, pegándole con la mano en el testuz. Tras de lo cual volvió a ejecutar chicuelinas como las anteriores.
Pero luego volvió a enfriarse. Y muleteó sin inquietud, pero sin brío al novillo, que tenía una tendencia poco grata a derrotar alto. Y la verdad es que Fregoso no se asustaba de los derrotes, pero tampoco se encorajinaba como hubiera sido necesario para buscarle al toro una pelea eficaz.
En el sexto, apunto algún buen lance a la verónica e hizo un quite por faroles verdaderamente magnífico. Fueron faroles como aquellos con los que sorprendió y entusiasmó el año pasado. Tan templados y rítmicos, que logró transformar esa suerte de mero adorno en algo positivamente emocionante.
Esperábamos que siguiese igual de torero con la muleta. Pero cuando iba a iniciar su faena, saltó al ruedo un espontáneo que entre carrera y carrera, logró un buen pase de rodillas y otro de pecho. Cuando se retiró y mientras el público estaba distraído pidiendo que no lo encarcelasen, comenzó a muletear Fregoso, que naturalmente encontró al toro en el estado de incertidumbre a que da siempre lugar el barullo ocasionado por los espontáneos. Sin embargo, poco a poco Arturo se fue acomodando con el novillo y aunque hizo un trasteo desligado, logró pases de muy buena calidad, especialmente los que ejecutó por alto en la parte final del trasteo. Pero estuvo muy desafortunado con la espada, como lo había estado en el toro anterior. Y el público comenzó a invadir el ruedo. Esto dificultó enormemente la labor del diestro, al que la autoridad tocó los dos avisos, sin tener en cuenta que el tiempo no puede computarse lo mismo cuando un torero lidia en condiciones normales que cuando lo hace impedido por una verdadera invasión popular de la arena.
De los toros y de la manera de castigarlos. De La Laguna vino un encierro parejo y terciado. Flojos en su pele con los caballos, los novillos fueron, sin embargo, dóciles para los toreros, si se exceptúan el tercero y el cuarto, cuyos defectos puntualicé más arriba. El que reveló más casta y empuje fue el sexto, que se creció al pegarle muy fuerte “Limber”, ese eficaz varilarguero que suele picar contra todas las reglas del arte, tapándole la salida al toro al irse con el caballo hacia las afueras. ¿Sería inoportuno señalarle que la salida que debe tomarse es precisamente la contraria? Porque no basta con pegarle al toro. Hay que pegarle como es debido.

Julián Pastor había debutado en El Toreo el 6 de junio de 1927, fue compañero de quinta de Fermín Espinosa Armillita, Alberto Balderas, Heriberto García, José González Carnicerito, Esteban García y José El Negro Muñoz entre otros; Nacho Pérez - hermano del Faraón Silverio - hizo lo propio el 31 de agosto de 1941 y algunos de sus compañeros de generación fueron Luis Procuna, Félix Guzmán, Pepe Luis Vázquez - mexicano -, Carlos Vera Cañitas y Manuel Gutiérrez Espartero, en tanto que Arturo Fregoso lo había hecho el 30 de mayo del año anterior, siendo parte de un grupo integrado entre otros por Antonio Toscano, Paco Rodríguez, Félix Briones y Tacho Campos. De la terna, solamente regresaría a El Toreo en esta temporada Nacho Pérez y al final de sus carreras, ninguno de los tres recibiría la alternativa.

domingo 19 de febrero de 2012

17 de febrero de 1946: Manolete, Pepe Luis y Procuna. Platino, Cazador y Cilindrero


A la memoria de don Isidoro Cárdenas Carranza, gran amigo y aficionado a esta fiesta, en su día corresponsal de los semanarios Dígame y El Mundo de los Toros, quien falleciera hace unos minutos.


Las tormentosas vísperas

El Toreo de la Condesa
La 19ª corrida de la temporada 1945 – 46 en El Toreo de la Condesa estuvo a punto de no celebrarse. Tres días antes se había efectuado allí mismo la corrida a beneficio del Sanatorio de Toreros – fue la corrida en que Armillita ganó la Rosa Guadalupana y de la gran faena de Pepín Martín Vázquez con Caribeño de Xajay – y el Monstruo de Córdoba se cayó del cartel alegando el agravamiento de una lesión muscular que venía padeciendo desde el mes de enero anterior – no obstante el 5 de febrero actuó en la inauguración de la Plaza México – y le sustituyó en la ocasión Gitanillo de Triana. La Unión de Matadores que lideraba Luciano Contreras no se quedó conforme con el parte facultativo presentado por Manolete y decidió suspenderle en sus derechos sindicales por dos años, quedando el torero impedido en consecuencia, para actuar en todas las plazas mexicanas por ese lapso de tiempo. Una información aparecida al respecto en el diario El Informador de Guadalajara, el 15 de febrero de ese año, dice lo que sigue:

La Unión de Matadores de Toros, del cual es Secretario Luciano Contreras, anunció un veto a Manolete, por dos años para no torear en plazas mexicanas. La determinación de la Unión, obedece por no haber toreado hoy el diestro cordobés estando anunciado, pretextando estar enfermo, pero los médicos que lo reconocieron dictaminaron que estaba bien. Esto viene a suspender la corrida “mano a mano” que estaba anunciada para el sábado próximo en la Plaza México con Silverio Pérez. Se dice también que el cordobés está siendo atacado por un diestro mexicano, que hace labor subterránea en contra de él.

Manolete triunfante el El Toreo
El resultado del veto que Luciano Contreras y sus huestes intentaron imponer, resultó en la fundación de una nueva Unión Mexicana de Matadores de Toros, presidida por Armillita y a la que se afiliaron también David Liceaga, Jesús Solórzano, Silverio Pérez, Calesero, Juan Silveti, Heriberto García, Luis Procuna, Antonio Velázquez, Fermín Rivera, El Soldado, Cañitas, Carlos Arruza y Gregorio García entre los mexicanos más notables y por los hispanos el propio Manolete, Pepe Luis Vázquez, Manolo Escudero, Gitanillo de Triana, Pepín Martín Vázquez y Angelete, quedándose en la anterior solamente Cagancho y éste, por breve tiempo.

Creo que no es necesario decir, que ni el mano a mano del sábado 16 de febrero entre Manolete y Silverio Pérez en la Plaza México – fue la tarde del Faraón con Barba Azul de Torrecilla – ni la corrida del día siguiente en El Toreo, sufrieron contratiempo alguno.

La apoteosis en El Toreo

La empresa dirigida por Tono Algara anunció un encierro de Coaxamalucan, ganadería tlaxcalteca dirigida por los hermanos Felipe y Darío González. Eran seis toros que por su orden se llamaron Tilapo, Cazador, Cilindrero, Platino, Troyano y Abanico. Seis toros que, de acuerdo con la crónica de Francisco Montes en el número 168 de La Lidia, aparecido el 22 de febrero de ese año:

…Así es como se demuestra la categoría de ganadero de reses bravas, enviando astados que lo sean de verdad y es como se gana la predilección de la afición. Fueron sencillamente magníficos cinco de los bureles de Coaxamalucan habiendo llegado tres de ellos al destazadero sin apéndices, además de que uno de ellos fue paseado en torno del redondel como premio a su bravura, compartiendo el premio el ganadero, que en medio de los tres espadas dio la vuelta al anillo…

Manolete salió con la parroquia en su contra. Algún efecto surtió la campaña que en los días previos iniciara Luciano Contreras, más con su actuación esta tarde pudo resarcir las pérdidas que ello le pudo causar. La gran faena vino con el cuarto de la corrida, Platino, número 264, de pelaje sardo, entresacando de la crónica antes referida lo siguiente:

…inició su portentosa faena con tres pases ayudados por alto, estatuarios, en los que se pasó entero al burel y después del tercero, recibió un fuerte palotazo… pero imponiéndose a éste… se irguió como un genio que es del toreo y ligó seis derechazos de portento, de prodigioso temple y mando… ligándolos en redondo… derechazos que fueron la mecha que prendió la locura en los tendidos… siguió con tres manoletinas… y para poner fin a su portentosa faena ligó tres naturales  que ahí quedan en el ruedo de El Toreo de México como modelo de bien torear… entró a matar muy derecho y ejecutando la suerte a la perfección, dejó una estocada en buen sitio, se precipitó porque el toro no doblaba con rapidez y descabelló al segundo empujón… La plaza era un manicomio, veintidós mil pañuelos pedían también la pata…

Pepe Luis Vázquez
Pepe Luis Vázquez tuvo esta tarde lo que a mi juicio resulta ser quizás la tarde más redonda en su paso por los ruedos mexicanos. Fue ante Cazador, segundo de la tarde, número 275 y El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada escribió en el número 169 de La Lidia, del 1 de marzo siguiente, lo que sigue:

…Hagamos caso omiso de las excelencias de su toreo de capa, cada vez creciendo en ligazón, en gracia, en sabor, para seguir batiendo palmas de entusiasmo a la esencia pura, al clasicismo sin par de su primer faena, preciosa, valiente, segura, sin un solo lunar, en la que lo mismo lucieron los pases naturales armoniosos, ligados con los incomparables de pecho, perfectos, largos, impecables, que todos los de otra índole como complemento de belleza a lo ya por sí mismo intensamente bello…

Luis Procuna a su vez tuvo su gran momento de la tarde con el tercero, Cilindrero, número 278, toro que le dio la ocasión de mostrar su especial tauromaquia y de ejecutar el toreo por alto que tanto le distinguiera. De la ya citada crónica de Francisco Montes, extraigo lo que sigue:

…el torero de San Juan ligó tres faroles de magnífica ejecución y artística rebolera… tomó los palos y después de un vistoso galleo, dejó un palo… cerró el tercio uno de sus peones… Brindó a David Liceaga y principió con pases de tanteo para luego estirarse con tres de costado… luego ligó tres derechazos extraordinarios, dos afarolados artísticos y plenos de gracia, dos derechazos en que aguantó enormidades… luego con el toro en los medios ligó naturales magníficos… y entró a matar dejando media en todo lo alto para tumbar patas arriba al bravo ‘Cilindrero’…
Luis Procuna
El Toreo de la Condesa vivía su última temporada. Durante cuatro décadas fue la principal plaza de toros de la capital mexicana y ante la puesta en funcionamiento de la Plaza México, que le duplicaba en capacidad, sus días estaban contados. Durante el último año de funcionamiento de El Toreo y primero de La México, no se puede hablar de una real competencia entre ambos escenarios, básicamente por el número de festejos que en una y otra plaza se dieron y en menor medida, porque en el nuevo coso, aún se trabajaba para terminar detalles que lo dejarían en condiciones óptimas de funcionamiento, no obstante esto, la tarde que hoy les recuerdo, debió ser una de las más grandes en la historia de la plaza que se despedía, más que nada, por lo redonda que resultó, pues todo salió bien. Se hizo presente el seguro azar del toreo, que diría José Alameda.

El festejo al final, admite, a 66 años vista, el certero y breve resumen de El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada:

Toros y toreros, conjuntamente, nos proporcionaron el placer incomparable de presenciar una verdadera corrida de toros…

Placer incomparable sin duda y en estos tiempos que corren, cada día más escaso…

Aldeanos