domingo, 28 de abril de 2013

Tal día como hoy: 1973. Tormentoso prólogo, triunfalista epílogo


El festejo del 28 de abril de 1973 era el estelar de la Feria. En él se reunían por primera vez en la Plaza de San Marcos, en un mismo cartel los nombres de Manolo Martínez, Eloy Cavazos y Curro Rivera. Los toros anunciados para esa tarde fueron de la ganadería de Torrecilla, que por esos días estaba en el mejor de sus momentos y sus toros eran de los que las figuras nacionales y extranjeras exigían para tener una mejor posibilidad de éxito.

Recuerdo que desde la hora del sorteo las cosas no iban bien. El encierro que llegó a los corrales de la plaza carecía del mínimo respeto y de las condiciones para ser lidiado en una corrida de toros, por lo que desde unos días antes se estuvieron trayendo y llevando reses para intentar mejorar lo presentado por el ganadero José Antonio Llaguno Ibargüengoitia. Al final, el Juez de Plaza, don Jesús Gómez Medina indicó que suspendería el festejo por la impropiedad del ganado y por alguna razón urdida en los entretelones de la fiesta y de la administración, la corrida terminó celebrándose, a condición de que el ganadero sería multado y la sanción comunicada a la afición antes de iniciar la corrida.

Don Jesús Gómez Medina, que combinaba el ejercicio de la presidencia de los festejos con la crónica en el diario El Sol del Centro, refleja en su recuento el tenso ambiente previo y el vivido en la corrida. De su relación cito lo que sigue:

Preámbulo tormentoso y epílogo triunfal de la corrida. Gran faena de Curro Rivera al sexto con orejas y rabo y apéndice a Manolo y Eloy... Apología “pro domo sua”. Pues, a partir de 1948, desde que en forma casi ininterrumpida, he venido haciendo las crónicas de toros en este periódico, desafío a toreros, a ganaderos y empresarios a que demuestren que en alguna ocasión, o en cualquier fecha o lugar, quien esto escribe haya demandado de alguno de ellos alguna dádiva, alguna retribución, algún servicio a cambio de un elogio, de un panegírico, del comentario más simple... Y esto, que en el planeta de los toros pudiera sonar como insólito, no lo comprenden quienes viven por y para los toreros; quienes han hecho un oficio de alterar la verdad en provecho de no importa qué intereses... si me equivoqué al sancionar un encierro que no reunía el trapío y el peso requeridos para una corrida de toros – de lo que no tan sólo yo, sino cuatro mil y más espectadores fueron testigos – acepto plenamente mi responsabilidad y la culpa consiguiente... Y si el procurar la defensa de los intereses de los aficionados es razón y motivo para que se me destituya, ¡enhorabuena! Ya en líneas anteriores lo dije explícitamente: no estoy casado con el puesto; lo acepté con todos sus inconvenientes, en atención al amigo, mas estoy dispuesto a dejarlo si ello es necesario... Tan sólo una cosa pediría antes de esto: hacer exigible, a despecho del Reglamento, la instalación de una báscula en el Coso San Marcos, para que no continúen dándonos coba con los pesos de los bureles... Curro Rivera, el triunfador. Pese a la hostilidad pública, Curro, con el tercero, estuvo torero y acertado. Buenos muletazos, sin emoción, por la falta de respeto del adversario, al que pinchó dos veces antes de dejarlo en manos de los mulilleros... Y con el sexto, “Serenito”, bravo y alegre – el único bravo del encierro – Curro triunfó cabalmente, rotundamente. Buenos lances con el percal; y en el último tercio, un trasteo pleno de torerismo, de temple, de quietud y de mando; imprimiendo a los muletazos dimensión y hondura, sacudiendo vivamente la sensibilidad colectiva, pues el público terminó entregado a su arte y a la plasticidad de su bien torear, en el que se aúnan con admirable síntesis el clasicismo con lo moderno. Media estocada en todo lo alto; las orejas y el rabo y doble vuelta al ruedo, en pleno triunfo...

Lo que nos transmite don Jesús es, creo, claro, conciso y suficiente para expresar los sucesos ocurridos en esa fecha. Sin embargo, me parece que no tiene desperdicio lo publicado al margen de la crónica por el periodista Agustín Morales Padilla, en el mismo diario y de lo que extraigo lo que sigue:

Un fraude más… La multa que la autoridad aplicó al propietario de “Torrecilla” fue benigna. Lo correcto hubiera sido impedir que los novillitos fueran lidiados, ya que no tenían la edad, ni el peso, ni el trapío reglamentario. Ahora bien, pudo haber sucedido que era el único encierro disponible y ante los riesgos que habría supuesto la cancelación de la corrida, se decidió darla... ¿Podría establecerse el origen de todo ese estado de cosas que privó en el coliseo taurino? Desde luego que sí. Dicho sin mayor preámbulo, habría que señalar en primer término, la compra, por la empresa de un encierro de mini toros para la corrida estelar de la Feria... Los diestros, particularmente Manolo y Eloy, tampoco son ajenos, pues se sabe que este último, sobre todo, pugnó por el cambio de toros y logró sustituir Valparaíso por Torrecilla... Tan existe culpabilidad de ellos, que, una vez anunciada por el sonido local la multa aplicada al ganadero, ambos se solidarizaron – y cómo no iban a hacerlo – con Antonio Llaguno y se negaban a hacer el paseíllo, desoyendo y burlándose de la reiterada orden para el despeje...

La multa anunciada por la megafonía fue de cinco mil pesos – en esos días equivalentes a unos cuatrocientos dólares – y la corrida, celebrada al fin, pasó a formar parte de la historia de nuestra Feria.

El festejo de hoy: Dos reses de Bernaldo de Quirós para rejones y cuatro de El Junco para Pablo Hermoso de Mendoza, Octavio García El Payo y Sergio Flores.

sábado, 27 de abril de 2013

Tal día como hoy: 1958. En la reaparición de Lorenzo Garza, triunfa El Ranchero Aguilar


La corrida que daba término a esta Feria tenía un extraordinario atractivo, que era la reaparición de Lorenzo Garza en la Plaza de Toros San Marcos, después de muchos años de estar ausente tanto de su redondel como de nuestro serial sanmarqueño. Se sumaba al interés el hecho de que lidiaría toros de la ganadería que él fundara, ya para estas fechas en la propiedad de don Jesús Cabrera y que alternarían con él Jorge El Ranchero Aguilar, quien apenas el mes de febrero anterior había realizado en El Toreo de Cuatro Caminos su faena al toro Bogoteño de La Laguna, la que resultaría ser una de las más grandes de su historia en los ruedos. Cerraba la combinación el linarense Humberto Moro, quien venía a refrendar su calidad de triunfador de esta plaza y esta feria.

No obstante lo bien rematado que estaba el cartel, la reaparición de El Ave de las Tempestades representaba quizás el mayor atractivo del mismo. La nota previa a la corrida refleja entre otras cosas lo siguiente:

Hoy la tercera corrida de Feria: ¡Reaparición de Lorenzo Garza!... Pues bien, este gran señor de los ruedos, esta auténtica primerísima figura de la torería, este Lorenzo Garza, cuyas hazañas crearon toda una época en el toreo mexicano, efectúa hoy su reaparición en el Coso San Marcos... ¡Bienvenido sea Lorenzo el Magnífico, el genial muletero de Monterrey!... Y que hoy, a la vera del reinero, Moro y El Ranchero Aguilar escalen también la cima del triunfo para hacer de esta última corrida de Feria una fecha de excepcional valer...

En ese ambiente se celebró el festejo y al final el gran triunfador fue el tlaxcalteca Jorge Aguilar. Don Jesús Gómez Medina nos cuenta lo siguiente:

El Ranchero Aguilar fue ayer el triunfador. Garza se vio inseguro, aunque topó con el peor lote del encierro. Moro, tuvo detalles. Lleno a reventar en la plaza. Cabrera mandó desigual encierro... Diríase que, de súbito, el reloj del tiempo había retrocedido veinte años... ¡Sí!... Cuando en la puerta de cuadrillas se perfiló la torera silueta de Lorenzo Garza, enfundado en principesco terno blanco y oro, pareció que volvía aquella tarde del 25 de abril de 1937, cuando el Magnífico, en el zenit de su fama, debutó en Aguascalientes... Tan solo el alternante no era el mismo, Y sin embargo, muy cerca estaba quien lo fue entonces: “Armillita”. También ahora, la apoteótica ovación de bienvenida obligó a Lorenzo a saludar, descubierto y emocionado, desde los medios de la plaza. Mas, ¡ay!, aquí concluyó el símil: lo que vino más tarde, el resto de la actuación del Califa de Monterrey, no tuvo, ciertamente, la brillantez de lo realizado en aquella jornada ya lejana y, sin embargo, todavía presente en el recuerdo de cuantos lo presenciaron... En esta tercera y última corrida de Feria, el triunfo grande, estruendoso, fue para el Ranchero Jorge Aguilar... Frente al segundo, un bravo, noble y alegre burel, el de Tlaxcala llevó a cabo una faena impregnada de mando, de temple y de quietud; una faena brillante y torera, en la que El Ranchero dio al toreo por abajo toda la longitud y la hondura de las grandes ocasiones... Especialmente con la derecha, Jorge Aguilar ha toreado en forma extraordinaria, por la forma en la que tiró del bicho, templó su embestida y lo enlazó con el siguiente. Todo a pie firme, con quietud y con ritmo; todo ello a la distancia justa para provocar la emoción sin detrimento de la limpieza, todo ello debidamente eslabonado, para redondear las tandas y darle unidad y solidez a la faena... Transcurrida ésta entre continuas ovaciones, a su conclusión, cuando el Ranchero dejó media estocada en la yema, para tirar patas arriba y sin puntilla al dócil y bravo burel, las dos orejas del bicho y una doble vuelta triunfal a la arena, constituyeron el testimonio del gran triunfo del diestro tlaxcalteca...

La faena de El Ranchero Aguilar al final fue considerada por un jurado integrado por Fermín Espinosa Armillita, Diego Moreno, el doctor Alfonso Pérez Romo y los periodistas Jesús Gómez Medina y Ramón Morales Padilla como la mejor de ese serial de 1958, en tanto que otros galardones fueron otorgados a Luis Procuna, por la actuación más completa. Los premios al mejor encierro y al mejor toro fueron para la ganadería de Peñuelas y para el toro Manzanero de ese mismo hierro, corrido en quinto lugar en la del día del santo patrono; como mejor banderillero se designó a Rafael Osorno y como mejor picador al Güero Guadalupe Rodríguez y se le concedió un premio especial a Calesero por su forma de parear al toro premiado como el mejor de la Feria.

El festejo de hoy: Reses de San Miguel de Mimiahuápam para Morante de la Puebla, Alejandro Talavante y Diego Silveti.

viernes, 26 de abril de 2013

Tal día como hoy. 1959: Carlos Arruza estoquea desde el caballo y se alza con el triunfo


La tercera corrida de la Feria de 1959, en el papel, prometía ser la continuadora de una serie de importantes éxitos que se habían producido en los dos festejos anteriores, nada menos, en la víspera, Rafael Rodríguez había realizado su inmortal trasteo al toro Poeta de San Mateo, mismo que le valdría la colocación de la primera placa en la historia de los muros del coso de la calle de la Democracia y que representaría el culmen de una tarde de esas que pueden ser calificadas de redondas.

La presencia de una indiscutible figura del toreo como Carlos Arruza en el festejo que por esos años cerraba la Feria, indudablemente que representaba un atisbo de garantía de que la estela triunfal seguiría adelante, sobre todo, si se considera que sus alternantes eran dos jóvenes espadas que tenían por divisa el ejercitar una tauromaquia refinada. Los toros serían hidrocálidos, de Peñuelas, una ganadería que en los seriales anteriores había obtenido triunfos resonantes.

Los titulares de la crónica que don Jesús Gómez Medina publicó en el diario El Sol del Centro del día siguiente al festejo, en principio parecen relatar una tarde de esas que no pasarán a la historia, pues rezan: Las corridas de feria, tuvieron ayer un desairado epílogo. Los toros de Peñuelas inferiores a los de las corridas del 24 y 25…, pero al penetrar al texto de su relación, encuentra uno que quizás cabeceó su recuento con cierta desazón porque no se mantuvo el hilo triunfal de los dos días anteriores. De lo escrito por don Jesús, entresaco lo siguiente:

Arruza y Moro lograron cortar apéndices... luego de los dos bravos encierros enviados por los ganaderos de La Punta y San Mateo, la corrida de Peñuelas vino a poner un desairado epílogo a la primera entre las Ferias de México... Ayer, cuando los de Peñuelas, además de mansedumbre, sacaron genio en exceso, realizando un tipo de lidia difícil en extremo, por la forma descompuesta en la que acometían y por los continuos cambios de estilo o de tendencias, tan solo Carlos Arruza, en el segundo de los suyos y Humberto Moro, merced a un riñonudo y meritísimo trasteo consiguieron la anhelada obtención de apéndices... La hazaña de Arruza. Bien había estado Carlos con su primero, un bicho con temperamento, que empujaba mucho para las tablas y que, inclusive, lo achuchó de mala manera cuando trataba de colocarlo en suerte para clavar un rejón... Sin embargo, mejor estuvo Arruza cuando, pie en tierra, con unos cuantos muletazos de tremenda eficacia se adueñó del bicho para propinarle una estocada honda... Con el cuarto, Carlos se superó toreando a caballo: lo mismo en su forma de encelar al bicho, manejando a la jaca con alarde de mando y seguridad, que clavando rejones y banderillas con una y con las dos manos, el Ciclón hízose aplaudir rotundamente... Y para concluir, acometió una hazaña sin precedente hasta la fecha, según nuestro leal saber y entender: la de estoquear desde el caballo. Acero en la diestra, echóse Arruza sobre el morrillo del morlaco y le dejó un estoconazo hasta la bola... Estalló naturalmente una ovación de las gordas. Dos orejas, el rabo del burel y una vuelta al ruedo en triunfo: tal fue el premio a la proeza del Ciclón. El triunfo de Moro. Triunfó, sí, el de Linares en la faena a su primero. Y triunfó, por sobre el toro y a pesar del toro, lo que reviste su éxito de un relieve muy especial, pues el bicho, mansurrón y con genio rehusaba además la embestida... exponiendo y toreando de verdad, logró Moro pasarlo por derechazos de excelente factura, tirando del manso en forma superior. Vinieron más tarde adornos, mostrándose siempre valeroso y con afán de palmas y por último la estocada que hizo doblar... Oreja y vuelta al ruedo entre el cerrado aplauso de los aficionados...

Una vez leído lo que nos cuenta el cronista, podemos ver que la tarde, en el renglón ganadero quizás no transcurrió como las de la víspera y la antevíspera, pero al final, el tesón de los alternantes y el poder que ejercieron sobre los toros, lograron superar las complicaciones del ganado.

El festejo de hoy: Ganado de Los Encinos para Eulalio López Zotoluco, Alejandro Talavante - que sustituye a El Juli - y Juan Pablo Sánchez.

jueves, 25 de abril de 2013

Tal día como hoy: 1956. Luis Miguel Dominguín, triunfador de la feria


La Plaza de Toros San Marcos fue escenario de las corridas de nuestra feria desde su inauguración, un 24 de abril de 1896. En su ruedo han actuado casi todos los toreros que la historia reconoce como las principales figuras de la tauromaquia, así entre los diestros hispanos, nombres como los de Antonio Montes, Luis Mazzantini, Ricardo Torres Bombita, el genial Rafael Gómez El Gallo, Ignacio Sánchez Mejías, Marcial Lalanda o Manolete en alguna fecha fueron parte del reclamo para que la afición se congregara en el coso de la calle de la Democracia.

El nombre de Luis Miguel Dominguín se suma a esa lista de ilustres, cuando es anunciado para lidiar mano a mano con Alfonso Ramírez Calesero, un encierro de don Ramiro González. Evidentemente el anuncio de esa corrida, segunda de la feria, produjo gran expectación, porque la presencia de una figura de la importancia del madrileño en nuestra plaza no era cosa común en aquellos años. La información previa a la corrida resalta lo siguiente:

Hoy es el día grande de Aguascalientes, y en la arena del coso San Marcos va a tener realización el tan ansiado y esperado mano a mano de Luis Miguel Dominguín y Alfonso Ramírez "Calesero"... No sería hiperbólico afirmar que en esta tarde, el centro de gravedad taurina del mundo estará situado en el coso San Marcos; sobre sus arenas se fijarán, plenas de expectación, las miradas de los aficionados de uno y otro lado del charco, dispuestas a dar fe de las hazañas de los dos ases del toreo... Incidentalmente, resulta adecuadísimo para festejar el sexagésimo aniversario de la inauguración del coso San Marcos, suceso que tuvo lugar la tarde del ya lejano 24 de abril de 1896... El lleno puede darse por descontado: la solemnidad de la fecha, la categoría y el indiscutible atractivo de los matadores y el ya sólido prestigio de la vacada de don Ramiro González, han despertado entre los aficionados de todos los puntos del país un interés y entusiasmo desusados por asistir al festejo... Todo se ha conjuntado para hacer de la de esta tarde una corrida excepcional, una fecha de relieve extraordinario, un festejo de los de pronóstico...

Ese era el ambiente previo a la corrida que resultó triunfal para Luis Miguel, según lo cuenta la crónica publicada en El Sol del Centro del 26 de abril de 1956, firmada en esa oportunidad por El Reserva y que en lo medular dice:

Triunfo rotundo de Luis Miguel. Cuajó dos faenas plenas de calidad, mando y torerismo. Chispazos de arte de Calesero; los de Ramiro González, nobles y fáciles. En tanto que Alfonso Ramírez fue de nueva cuenta el orfebre de los fugaces lances de calidad excelsa... Luis Miguel Dominguín cuajó una actuación pletórica de solidez y torerismo y, tras de haber sido recibido hostilmente, concluyó convenciendo a todos y llevándose consigo la admiración de forasteros e indígenas... No es la suya una de esas personalidades que, por lo brillantes o simpáticas se adentran luego en el corazón de los públicos, ni tiene su toreo la caleidoscópica luminosidad o la intensidad dramática que singulariza el arte de otros coletudos; por el contrario, su porte adusto, casi altanero, repele mejor que atrae, y su toreo que, por lo seco en ocasiones antójase desangelado, logra a la postre conquistar la admiración del pópulo por la ardua vía del convencimiento... El toreo es el arte de dominar las reses bravas; y esto, señorío absoluto sobre el astado, dominio de las suertes y de las variables situaciones de la lidia; la eficacia aunada al bienhacer, la destreza en feliz conjunción con el arte, tal fue, en síntesis, la actuación de Dominguín... Tan brillante como meritoria resultó su labor con el cuarto "Corsetero", un burel que como sus hermanos, fue noble y manejable, aunque no anduvo sobrado de alegría. Luis Miguel lo lidió con acierto, lo "metió" en el engaño y, midiendo con singular precisión el ritmo de cada embestida, tirando del bicho con mando inexorable, fueron brotando las tandas de derechazos, las repetidas series de pases naturales. Producíase luego, con oportunidad y gallardía el remate de la tanda, y a los pies del diestro rodaba la ovación. Porque el público, que principió jaleando débilmente los primeros muletazos, acabó por entregarse al madrileño y rendirle su admiración. Vinieron los adornos y, tras los adornos, la estocada en sitio desprendido, ejecutando la suerte con clasicismo. Y al rodar "Corsetero", albearon los tendidos y, con ambas orejas y el rabo del bicho en las manos, Luis Miguel recorrió el ruedo por partida doble... Tan lucido paréntesis tendría más tarde una prolongación durante la faena del sexto, "Canastero"... También entonces el dominio del diestro hizo factible la realización de un trasteo de tanta calidad y brillantez, como mérito, porque "Canastero", mansurrón y sin enjundia, acabó por rendirse al poderío de la muleta del madrileño que, como en su turno anterior, dedicóse a trazar reiteradamente la semiparábola del toreo verdad, con asentamiento, temple y mando singulares... Dos pinchazos rematados con una estocada honda en el sitio debido, dieron término a la vida de "Canastero". Y entre ovaciones y música y a hombros de los capitalistas, Luis Miguel Dominguín recorrió por última vez el ruedo sanmarqueño...

Como podemos ver, aún en esos tiempos se seguía reprochando a Luis Miguel Dominguín su participación en la corrida de Linares en la que perdiera la vida Manolete. A ello se agregaba el hecho de que su relación profesional y personal con Carlos Arruza no era de lo mejor, lo que trascendió a los medios de la época y por eso se le hostilizaba al aparecer por la puerta de cuadrillas. Eso aumentaba el grado de dificultad en sus actuaciones y el valor de los triunfos que obtenía, a partir de poder con los toros… y con los públicos.

El festejo de hoy: Corrida llamada Ponciana. Dos reses de Los Encinos para rejones y cuatro de San Isidro para Pablo Hermoso de Mendoza, Fermín Spínola y Joselito Adame.

miércoles, 24 de abril de 2013

Tal día como hoy: 1998. José Tomás y Saleroso de Vistahermosa


Es la tarde del 24 de abril de 1998 una de las más importantes que José Tomás haya vivido en la Plaza Monumental Aguascalientes. En actuaciones anteriores había tenido la ocasión de dejar atisbos de su calidad artística, pero sin contar con la posibilidad de redondear una actuación correspondiente a la leyenda que entre nosotros ya se había forjado al ir construyendo su carrera en los ruedos, principalmente en la Plaza de Toros San Marcos. En ese estado de cosas, la tercera corrida de la feria de 1998 se programó con toros de Vistahermosa para Guillermo Capetillo, Jorge Gutiérrez y José Tomás.

Tuve la oportunidad de asistir a ese festejo y ante una entrada que pudiera calificarse de pobre, José Tomás – vestido de purísima y oro – se mostró con una mentalidad y una preparación diferente a la que hayamos podido apreciar aquí en algún torero. Y es que preparaba el asalto a la cumbre que culminaría en Madrid el 28 de mayo de ese mismo año, motivo por el que cada tarde y cada toro previos a esa cita eran un capítulo más en su preparación para esos trascendentes compromisos.

De la crónica publicada en El Sol del Centro al día siguiente del festejo, sin firma, pero atribuible a don Juan Esparza Rodríguez, encargado ya en esos días de esos menesteres en el diario, extraigo lo que sigue:

José Tomás bordó el toreo de clase y cortó dos orejas. Gran estocada de Gutiérrez que dejó patas arriba a “Lucero”. Capetillo salió del compromiso. Poca gente en los tendidos para un 24 de abril. Salió el colorado “Saleroso”, que no lo fue tanto, pero que sí tuvo clase y permitió a José Tomás lucirse al torear con capa y muleta para luego coronar la actuación con la espada y pasear por el ruedo de la Monumental de Aguascalientes las 2 orejas, hubo arrastre lento para los despojos del astado de Vistahermosa... Podrán los inconformes sostener que “Saleroso” fue un bicho cornigacho y tirando a cubeto, o sea que no ofrecía gran peligro, pero cuando en la faena de muleta trató de que José Tomás se quitase o bien diera un paso atrás, le faltaron más de esos al astado para conseguir su objetivo, ahí inmóvil como estatua permaneció el torero y claro que terminó por obligar al vertebrado a embestir... Pero desde que se abrió de capa fue para ofrecerle a los paganos un recital de lo que es torear con clase a la verónica: brazos desmayados, bajos y llevando embebido al cornúpeta... Fue suficiente un puyazo, entonces José Tomás realizó un quite por principescas chicuelinas, todo era girar las plantas de los pies en un palmo de terreno... Un muletazo por alto, un firmazo hermoso, otro por alto y uno más de la firma, para luego uno hondo trincherazo y el júbilo de los asistentes al magno coso... Tanda de derechazos, eran muletazos aterciopelados... El engaño a la mano izquierda y la faena en el mismo lugar del ruedo de la Monumental... Naturales lentísimos, se podría decir que en cada uno de ellos el tiempo se detenía y al rematar con el de pecho, era un muletazo que iniciaba el 24 de abril para terminarlo el día siguiente... Habrá aficionados que recordarán aquellas verónicas, otros las quietísimas y sedeñas chicuelinas, no faltarán los que se queden con los circulares y todos recordarán aquellos templadísimos naturales, pero habrá algunos que se quedarán con aquellos casi eternos muletazos de pecho... La estocada, tardó en entregarse “Saleroso”, pero estaba herido de muerte y por fin se entregó...

Yo coincido en alguna medida con la relación de don Juan. Efectivamente Saleroso era de escaso trapío por su poca cara, muy justo de fuerza y soso, aunque precisamente podría ser en esas características negativas del toro que residiera el valor de la obra del torero, pues tuvo que ponerlo todo para capturar la atención de la asistencia a la plaza. También recuerdo que una estocada algo desprendida – y que provocó que Saleroso tardara en doblar – le privó quizás de cortar un rabo que seguramente nadie hubiera protestado.

El resto de la corrida participó de los mismos defectos de Saleroso, fue débil, sosa y de pobre presencia. De allí que como señala la cabeza de la crónica que me sirve para apoyar esta remembranza, aparte de la faena de José Tomás, únicamente se pueda traer también al recuerdo una gran estocada de Jorge Gutiérrez al segundo de la tarde.

El festejo de hoy: Novillos de Claudio Huerta - originalmente de Real de Saltillo - para Ricardo Frausto, Nicolás Gutiérrez y Diego Emilio. Los novilleros actuantes se disputan la Oreja de Plata, conjuntamente con los anunciados para el día 10 de mayo.

domingo, 21 de abril de 2013

Tal día como hoy: 1963. El Volcán de Aguascalientes abre la feria con una importante actuación


El cartel que abría la el serial abrileño de 1963 era sin duda atractivo, pues reunía en él a Luis Procuna y a Rafael Rodríguez, dos de los toreros mexicanos que encabezaban el escalafón por esas fechas y cerraba la terna el toledano Pablo Lozano, quien se había presentado en Aguascalientes en la corrida de año nuevo – una tradición que lamentablemente se ha dejado perder aquí – y aún sin cortar orejas, había dejado una magnífica impresión, obteniendo la posibilidad de ser incluido en uno de los carteles de feria, que representan la parte más fuerte de nuestra temporada taurina.

Ese calendario representó un importante reto para nuestros toreros, porque en él llegaron a nuestro país diestros hispanos como Paco Camino, Mondeño, Santiago Martín El Viti, Diego Puerta, Joaquín Bernadó o El Cordobés, quienes vendrían a dar un sesgo diferente a la manera de ver y entender la fiesta, lo que cambiaría la mentalidad y en una importante medida las preferencias de la afición, razón por la que nuestros toreros se verían más exigidos tanto desde el tendido como dentro del ruedo, porque quienes ocupaban la primera línea de nuestra torería tendrían que salir a enfrentar el embate de esas nuevas figuras ultramarinas, algunas de las cuales, hicieron época.

El encierro enviado por don Ramiro González para la ocasión dejó que desear, tanto por su presencia como por su comportamiento. También la actitud de Luis Procuna durante la lidia del cuarto – con la complacencia de la autoridad –, que visto el juego dado por los tres anteriores, solicitó y obtuvo que no se picara al toro, según lo cuenta don Jesús Gómez Medina:

Un encierro terciado y falto de alegría. Los seis bureles enviados por don Ramiro González para esta ocasión, integraron un lote joven, terciado en general del que desentonaba, por su aparatosa e incómoda estructura, el quinto. Los seis resultaron fáciles y nobles. Pero también, casi todos, se mostraron escasos de enjundia; carecieron de la embestida pronta y alegre, cuya repetición da pábulo a que la lidia adquiera la emoción y la brillantez que tanto realzan el espectáculo taurino. Hubo un toro, el cuarto, no más dócil – dóciles todos lo fueron – pero que conservó mucho más gas que sus hermanos. Pero este bicho, a petición de su matador, no fue picado. ¿Se hace preciso afirmar que, para que los toros embistan hasta el fin, hay que suprimir la suerte de varas? Nadie que posea un criterio estrictamente taurino podría asegurarlo; por el contrario, cuando esto ocurriera, habríamos llegado a la etapa anterior a la extinción del ganado de lidia…

El festejo transcurrió entre altibajos por causa del ganado. De la crónica mencionada, recojo lo que sigue:

Una típica actuación Procunista. De altibajos, de rotundos contrastes, como suelen ser las de este torero, fue la actuación de Luis Procuna. A su primero, un toro sin mayor respeto, pero incierto, mansurrón, nada logró hacerle de provecho ni con el percal, ni con la pañosa... Al cuarto, Luis le dio las buenas tardes con cuatro parones de los suyos y un recorte no exento de pinturería. El bicho, como dijimos arriba, no fue picado. El segundo tercio lo cubren Procuna y Rafael Rodríguez... El trasteo, iniciado con apretado muletazo de hinojos se llevó a cabo en diversos sitios y también mediante procedimientos distintos... Pero los desarmes vinieron a restar ligazón y lucimiento a la faena... concluyendo Luis mediante tres pinchazos sin igualer y una estocada honda. Ovación y vuelta al ruedo... La reaparición de Rafael. Los lances de Rafael Rodríguez al segundo burel aportaron el primer paréntesis de brillantez al festejo. Porque tanto en las dos primeras verónicas con el compás abierto, como en la serie a pies juntos que ejecutó a continuación, Rafael imprimió a la suerte ritmo y limpieza de la mejor ley... Más tarde, al quitar, ejecutó una tanda de fregolinas de similares características: con quietud, gallardía y temple... Tras un rodillazo al hilo de las tablas, Rodríguez pasó al bicho en varios muletazos por alto, ceñidos y quietos. Estatuarios, que decían los antiguos cronistas. A estos siguieron dos o tres series de derechazos, corriendo debidamente la mano, con temple y mando y con el bicho agotado, se adornó Rafael reiteradamente y en distintas formas... Quiso todavía recrearse en la ejecución de la suerte suprema; pero agarró hueso en tres ocasiones, concluyendo con un espadazo entero. Los aplausos del cónclave le hicieron salir a agradecerlos desde el tercio... Un estoconazo de Pablo Lozano. No tuvo mayor suerte el de Toledo al actuar por segunda ocasión en Aguascalientes. De una parte la sosería de sus adversarios le impidieron, justo es decirlo, mostrar como en la tarde de su debut, la bondad de sus procedimientos. Pero el hombre no se esforzó mayormente por ganarse las palmas. Cumplió a secas, con discreción... y nada más. En su haber quedaron, no obstante, unas buenas verónicas al sexto y el estoconazo con el que se deshizo de este mismo burel

Estos fueron los sucesos destacados de la primera corrida de la feria de hace medio siglo.

El festejo de hoy: Reses de Celia Barbabosa para Rafael Ortega, Uriel Moreno El Zapata y Joselito Adame.

sábado, 20 de abril de 2013

Tal día como hoy: 1976. Manuel Capetillo se presenta en la Plaza Monumental Aguascalientes


Manuel Capetillo había toreado una corrida de despedida de los ruedos en la Plaza México el 25 de febrero de 1968. A su decir, el empresario Ángel Vázquez le había ofrecido que al dejar los ruedos le acomodaría en el mundo del espectáculo – que no era desconocido para Capeto – pero a la hora de llevar a los hechos esa promesa, como muchas que se hacen en momentos de definición, la misma se desvaneció, por lo que al año siguiente volvió a vestir el terno de luces.

Ya no actuaría Capetillo con la intensidad de los años anteriores y dejaría los ruedos durante 1972 y 73, para volver de nueva cuenta en 1974 y volver a la Plaza México en 1976. En ese mismo calendario reaparecería en nuestra Feria de San Marcos y marcaría un hito al ser el único de Los Tres Mosqueteros que pisara vestido de luces el ruedo de la Plaza Monumental Aguascalientes, que inaugurada el 23 de noviembre de 1974, albergaba apenas su segundo serial sanmarqueño.

A Capetillo se le anunció para encabezar el cartel de la segunda corrida de feria, misma en la que lidiaría toros del Ingeniero Mariano Ramírez, alternando con Curro Rivera y Humberto Moro hijo. El festejo sería nocturno, dado que la corrida se ofrecía en martes, día laborable, por lo que se consideró que al programarla a las nueve de la noche la afluencia de público sería mayor.

El resultado de la corrida no fue de esos que se recuerdan. La crónica de don Jesús Gómez Medina, publicada en el diario El Sol del Centro al día siguiente del festejo, fue dedicada a don Leonardo Medina, hidrocálido que tenía en esos días la calidad de Cónsul Honorario de México en Los Ángeles, California y un buen tramo de ella lo dedicó a recordar otros tiempos en los que los festejos de feria fueron triunfales. De la crónica entresaco lo que sigue:

Su majestad el tedio imperó anoche. La mansedumbre de los astados impidió todo lucimiento en la segunda corrida de la feria... Retornaste al terruño para presenciar “las famosas funciones de San Marcos”, tu desencanto, tu desilusión frente a lo que llevas visto – y, en esto, “somos compañeros del mismo dolor” – seguramente habrán sido tan profundos como auténticos. La rueda de Cronos, girando implacable, te ofrece una perspectiva muy distinta a la que tú conocías: toros bravos que casi han dejado de serlo; astados que, en virtud de los prodigios de la zootecnia... y del peluquero, casi ya no tienen pitones; una nueva plaza monumental, capaz de albergar a doble cantidad de espectadores: muy grande... muy fría... y a los matadores transformados en directores de orquesta que, casi al brindar, antes de ir al toro están ya pidiendo música... Podría decirse que somos pesimistas; que los años han hecho presa de nuestro ánimo, convirtiéndonos en un caso más del “laudator temporis acti” del que hablaba Horacio. Y sin embargo, en este mirar hacia el pasado, en esta apelación nostálgica al ayer taurino no somos únicos... Veinte años y más después. Ayer, el punto de enlace entre el toreo de ayer y el de hogaño; entre la tauromaquia que tú conociste y la actual lo constituyó Manuel Capetillo. Un retorno tan imprevisto como extemporáneo ha convertido a uno de Los Tres Mosqueteros en el personaje de “veinte años... o más, después”. Mas sin provecho, pues, ayer, el horno no estaba para bollos, ni la Magdalena para tafetanes. De esta manera, ante la sorprendente mansedumbre del encierro del Ing. Mariano Ramírez, vimos cómo el torero que realizó la histórica faena de “Tabachín” se limitaba a cumplir con la brevedad que el descastamiento de sus adversarios hacía necesaria... Curro, inédito. Lo que dejamos dicho de Capetillo podría hacerse extensivo a la actuación de Curro Rivera. Todos sus blasones de figura y toda su ejecutoria de torero as y todos sus recursos no fueron suficientes para lograr si ya no el éxito, cuando menos el lucimiento frente a los dos desangelados cárdenos que le deparó el sorteo... La inútil porfía de Moro. Por su parte Humberto Moro, aunque sin la madurez y la experiencia de sus alternantes, puso a contribución todo su tesón y su empeño, que son muy grandes, en un inútil afán por conseguir el triunfo. Lejos de obtenerlo, su inmadurez afloró a la hora de emplear el acero hasta llevarse un recado presidencial en cada turno...

Así pues, el hecho a recordar en esta fecha viene a ser la reaparición de Manuel Capetillo en la Feria de San Marcos y el hecho de que se presentara en la Plaza Monumental, convirtiéndose, como decía arriba, en el único de Los Tres Mosqueteros que lograra ese hito. Todavía cumpliría un segundo compromiso un par de días después, lidiando toros de Valparaíso y alternando con Manolo Martínez y Eloy Cavazos. Esa sería la última vez que actuaría vestido de luces en nuestra plaza y en nuestra feria.

El festejo de hoy: Reses de Manolo Espinosa e hijos (rejones) y seis de Montecristo (originalmente se anunciaron de Barralva) para el rejoneador Emiliano Gamero, Eulalio López Zotoluco - que sustituye a Alejandro Talavante -, Octavio García El Payo y Arturo Saldívar.

domingo, 14 de abril de 2013

Ignacio Sánchez Mejías sobre los protectores de animales


A últimas fechas entre muchos aficionados a la Fiesta ha corrido una versión noticiosa acerca de que una asociación norteamericana que pregona el llamado trato ético a los animales ha sido señalada, a partir de sus propias estadísticas, de sacrificar sin causa o razón aparente a una gran cantidad de mascotas.

La información de mérito me da ocasión para terminar de presentar a Ustedes la parte final del tríptico que entre el 31 de mayo y el 6 de junio de 1929, publicó el torero Ignacio Sánchez Mejías en el diario Heraldo de Madrid, para defender de la Fiesta de los Toros y señalando desde su punto de vista, las incongruencias en las que incurrían – y siguen incurriendo, porque el discurso es esencialmente el mismo – las personas y entidades que afirman defender a los animales.

En esta tercera entrega, el diestro sevillano plantea la inoperancia de los argumentos de las sociedades protectoras de animales, así como una serie de argumentos que van incluso, a señalar algunas contradicciones en las que incurren algunas corrientes filosóficas que pretenden igualar a todos los seres vivos.

El artículo de cuenta es el siguiente:

«Fakires contra teólogos» 
Probado que el toro es una fiera y el caballo no debe morir si observa el picador las reglas del toreo, sólo nos resta demostrar que el hombre está libre de todo percance si se sujeta a estas mismas reglas. Pero esto no interesa a los nuevos sentimentales de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas. «Un cadáver más, ¿qué importa al mundo? – dirán ellos –. La cuestión es que no sufran los animales.»  
Ante tan extraña manera de sentir no tenemos más remedio que acordarnos de la India. Entre aquellas tribus intolerantes v fanáticas (no solamente las sectas se tienen un profundo y recíproco desprecio, dice Laurent en su Historia de lo Humanidad, sino que los viajeros hablan de colisiones, verdaderos combates, que turbaban frecuentemente las fiestas. En el año 1760, dice en la nota cuarta, página 106, tomo 1, hubo una batalla formal entre dos sectas con ocasión de la fiesta de Haridwara, y la secta de los Bairagis perdió 18.000 hombres en la batalla. Ritter, Asia, tomo II, página 911 y 912, fue, seguramente, donde los anglosajones pescaron la enfermedad de la sensiblería ante los animales. Leamos, para convencernos, las noticias que nos proporciona en su viaje a la India H. P. Blavatsky en el año 1870: «No sólo hay en cualquier ciudad, por ínfima que sea, un hospital sanatorio para animales enfermos, sino que sus sacerdotes llevan siempre una especie de bufanda de muselina a fin de no destruir el más ínfimo mosquito de los que en el aire pululan.» ( ... )  
«El Pinjarapala de Bombay (hospital sanatorio para animales) ocupa un barrio entero de la ciudad, y está distribuido entre prados, jardines y patios con abrevaderos, jaulas para fieras y cercados para animales domésticos. En el primero de los patios no vimos animales, sino centenares de espectros humanos: ancianos, mujeres y niños. Eran los indígenas que restaban de los distritos del hambre, caídos sobre Bombay como mendigos. Así, al par que pocas yardas más allá los Wets, o curanderos oficiales, estaban ocupados en la tarea de vendar las rotas patas de un chacal, en derramar aceite caliente sobre los ulcerados lomos de perros sarnosos y en apuntar muletas a cigüeñas lisiadas, muchos seres humanos se morían de hambre allí mismo. » (…)  
«Por dicha de aquellos famélicos seres humanos, había a la sazón menos animales aislados que de ordinario, v así eran alimentados con los residuos miserables de las bestias allí recogidas.» ( ... )  
¿Es ahí donde vamos a parar? ¿No les asusta a los nuevos sentimentales (antiguos por estos datos) las consecuencias que esto entraña? Sigamos leyendo a la Blavatsky:  
«Más allá nos mostraron a un santo hombre que estaba alimentando insectos con su propia sangre. Yacía tendido en el suelo y con los ojos cerrados) recibiendo de lleno los caliginosos rayos del sol, cubierto de todo género de hormigas, moscas) mosquitos y chinches.  
- Ellos son todos hermanos nuestros – observó con gran dulzura el guarda –. ¿Cómo vosotros, los europeos, podéis matarlos y hasta devorarlos?  
- ¿Qué haríais, pues, vos – interróguele – si tratase de morderos esa terrible serpiente? ¿La mataríais si ella os diese tiempo?  
- Por nada del mundo – respondió –. La cogería con cuidado y la pondría en libertad en algún paraje desierto fuera de la ciudad. 
-  ¿Y si os mordiese?  
- Recitaría tranquilo un «matrán», y si ello no producía el debido efecto) me resignaría a la ley del destino y dejaría este cuerpo) cambiándole por otro.» 
Ya llegamos, casi sin proponérnoslo, al origen de los nuevos sentimentales de las Sociedades protectoras de animales. Metempsicosis. Reencarnación. Religión primitiva. Brahamanes. Budismo. ¿A qué hablar de la muerte del hombre en las corridas? El toro, el caballo: eso es lo que importa. El toro con el alma de un pariente... Y el ser humano impotente, cobarde, tendido al sol, freno del progreso, alimento de moscas y chinches. 
Todavía la religión moderna, la religión civilizadora, el cristianismo se sitúa ante el espectáculo español caritativamente, humanitariamente, y, por boca de Pío V, Gregorio XIII y Sixto V, dice: «Prohíbo vuestras corridas de toros porque en ellas tienen que morir hombres, nuestros hermanos». Y como también la posición era falsa, se procede al recurso de alzada ante el rey, contra el Papa y el obispo de Salamanca, autor de las pastorales. Y es el propio fray Luis de León el que redacta y firma el documento, en compañía de D. Sancho Dávila, rector de la Universidad de Salamanca (cuando la Universidad de Salamanca daba lecciones de saber al mundo entero), y el obispo de Jaén, Cartagena y Sigüenza: Enríquez Gallego y el notario de la Universidad, Bartolomé Sánchez. Ahí está, en la obra del marqués de San Juan de Piedras Albas, el testimonio escrito de los teólogos moralistas salmanticenses defendiendo la licitud del arte de torear, basándose «en la destreza, agilidad y conocimiento de los toreadores españoles, aptos para burlar las acometidas furiosas de los toros. En la conveniencia privada y pública de la lucha con la fiera, que fortifica los organismos, sirve de preparación militar y estimula el valor necesario para la guerra, a pesar del riesgo que tiene tal entrenamiento de mutilaciones y hasta la muerte».  
Considerando, además, que los ejercicios ecuestres han proporcionado mayor número de desgracias que las prácticas del toreo, sin que a nadie se le ocurriera condenarles respecto de clérigos, y menos todavía de seglares, con perfecta lógica para los teólogos carmelitas descalzos, la asistencia a los espectáculos taurinos es lícita, porque no se opone a la «ley natural», pues si se opusiera lo prohibido a los clérigos no podría autorizarse a los seglares.  
Consecuencia de todo esto es que las fiestas de la canonización de Teresa de Jesús se celebran con corridas de toros, y la propia Compañía de Jesús pide permiso al Cabildo de Sevilla para poner en segundo lugar, inmediatamente después de las fiestas religiosas que conmemoraban a San Ignacio de Loyola, una lucida fiesta de toros y cañas.  
¿A qué seguir? Faquires frente a teólogos. A poco que profundicemos en estas cosas llegamos al convencimiento de que el arte de torear, a pie ya caballo, entre los oscuros medios de que se valen la civilización y el progreso, está situado por encima de las Sociedades protectoras de animales y plantas, y de que los toreros en activo laboran por la humanidad en mejor ruta que los nuevos sentimentales. 
En su argumentación, Ignacio Sánchez Mejías deja claro que todos los postulados que tienden a la defensa de los animales pasan por alto la posibilidad de la muerte del torero en el ruedo – años después él mismo sería una de las llamadas víctimas de la fiesta – presentando una visión sectaria, parcial e interesada del tema.

Pero no soy yo quien ha de formar un concepto a partir de la opinión del torero, sino que cada uno de Ustedes, a partir de la lectura de su artículo, podrá formarse el suyo propio. Ojalá lo encuentren de interés.

La versión original del artículo la pueden encontrar en esta ubicación.

domingo, 7 de abril de 2013

Sánchez Mejías y el bien hacer en la suerte de varas…


Lo que pudimos ver la pasada semana en la Feria de Pascua de Arles, cuando Gabin Rehabi enfrentó de manera honesta y gallarda al toro Lagarto, de la ganadería de los Herederos de Cebada Gago; toreando con el caballo, esperando a que el toro le fuera puesto en suerte y sin herir cuando éste le embestía a la cabalgadura al relance, picando sin barrenar y sin tapar la salida y sobre todo, haciéndolo en lo alto, me recordó el artículo publicado por Ignacio Sánchez Mejías en el diario Heraldo de Madrid el 4 de junio de 1929, en donde reflexiona tanto sobre la dignidad del caballo de picar, como en la dignidad del oficio del varilarguero.

El artículo en cuestión es el siguiente:

«El guardia de la porra, director de lidia» 
Una de las cosas que más escándalo provoca entre los detractores de la fiesta nacional (verdaderamente nacional) es la muerte del caballo. En efecto, el espectáculo es desagradable. Naturalmente que el desagrado se acentúa, hasta convertirse en repugnancia, a medida que el cultivo de la inteligencia es menos intenso. Sólo los espíritus perfectamente civilizados, como el espíritu colectivo español, pueden percibir la emoción sin que intervenga el instinto (Sobre esto hay una teoría exacta: «El sentimiento del toreo» de José Bergamín.), pero ni aun hace falta. La muerte del caballo no debe formar parte de las corridas de toros; es a ella lo que la muerte del aviador a la aviación o la catástrofe al ferrocarril. Un toro bien lidiado no debe matar ningún caballo. La suerte de picar tiene sus reglas fijas y precisas y ninguna de ellas consiste en que el toro coja al caballo, sino todo lo contrario. Pepe – Hillo, en su «Tauromaquia o arte de torear» dice, entre otras cosas: «La suerte de picar de frente a Caballo se ejecuta, situándose el Picador en la rectitud del terreno que ocupa el Toro y luego que éste parte, y llega a jurisdicción, le pone la garrocha en el cerviguillo, y abre al mismo tiempo el Caballo por la izquierda; y cargándose sobre el Toro lo despide por la cara de dicho Caballo, o en línea paralela con él. De esta definición resulta que nunca le es lícito al Picador ni salirse antes de tiempo, ni atravesarse en la Suerte, ni dejar de ver llegar al toro, y faltando a cualquiera de estos preceptos, aunque tenga delante al más claro y sencillo, le ha de dar precisamente una cogida». Es decir, la cogida del caballo es siempre debida a un incumplimiento por parte del picador de las reglas del toreo.  
Hubo una época, no sé si hace un año o dos años, que D. Torcuato Luca de Tena, aquel español tan español que, como a Unamuno, le dolía España como le pudiera doler la cabeza o las muelas, puso esta cuestión sobre su tapete. Aquí, en su casa de Sevilla, frente a la Giralda, de espaldas al río, con el corazón cara a cara a todos los problemas españoles, me hablaba un día de estas cosas. Otro, le acompañé al cortijo de Cuarto, y allí, bajo la dirección de Antonio y de Pepe Miura, expertos conocedores de todo el arte de torear se picaron ocho o diez reses sin que ninguna de ellas rozara ni un solo pelo a ninguno de los caballos. Todavía, para dejar definitivamente clara la cuestión, Antonio Miura nos refería cómo en su casa, en la antigüedad, se prestaban caballos a algún que otro célebre picador, que después de lidiar quince o veinte toros los devolvía a la cuadra de donde salieron sanos y salvos de todo peligro. Hay más. Repasando los anales de la plaza de la Maestranza de Sevilla, entre los documentos sacados a relucir por el marqués de Tablantes, hay tres detalles que no dejan lugar a dudas sobre esta cuestión: durante diez años no hay ningún picador lesionado y durante quince sólo hay un accidente mortal. En las cuentas de compraventa de caballos se pueden comprobar que son muchos los años que se venden los mismos caballos que se compran: es decir que no muere ninguno («Anales de la Real Plaza de Toros de Sevilla, 1730 – 1835», páginas 79, 91 y siguientes). ¿Qué más pruebas se quieten para que quede demostrado que la suerte de varas no consiste en que destripen los caballos? La ineptitud de los lidiadores no es un argumento contra esta suerte. Más bien lo son los petos, antes franceses, españoles hoy. Los centenares de atropellos diarios no estaban dentro de los propósitos del que inventó el automóvil, como la muerte de los caballos no podía formar parte de la suerte inventada por una raza tan amante de él. El chófer y el picador tienen acentuados puntos de contactos. Al falso concepto que del automóvil tiene el chófer, puso la autoridad el guardia de la porra. Al del picador, el peto. El peto equivale, en el problema de la circulación, a sustituir el guardia de la porra por una camilla de la Cruz Roja, tácito reconocimiento de la anormalidad. Hay que quitar los petos. Entre el toro y el picador, el público, gigantesco guardia de la porra, cuidará de la circulación. El picador, hoy día, incumple su contrato con el caballo, como el chófer interpreta mal el uso del automóvil. Tener un Chevrolet o presenciar una corrida no puede ser prueba de insensibilidad. La raza española ama el caballo más delicadamente que ninguna otra raza del mundo.  
La suerte de picar lo prueba mejor que lo niega. En ella, el hombre y el caballo establecen una alianza contra la fiera. No importa la traición del caballo o del hombre en un momento determinado. Hace poco tiempo Camero, a las órdenes de Joselito, picó toda una temporada con un caballo tordo, aporrillado, que no valía diez duros. A últimos de temporada, en el mes de octubre, cuando Camero y el caballo tordo constituían el interés de todos nosotros, se lidió una corrida de Cívico. El quinto toro, el último de la temporada, tardeó en la lidia. «¡Camero, Camero!» gritó Joselito, y Camero, en un galope corto, paseó su maestría por el ruedo. Ya delante del de Cívico señaló la suerte. En un momento preciso pidió a su aliado el caballo el paso atrás, y el jaco tordo, que no valía diez duros y era célebre entre los jacos de la plaza por obra y gracia de su alianza, sintiéndose rebelde, se negó a obedecer. Toro, caballo y picador, en monumento que conmemora una gran desgracia, formaron un grupo. José unció a los bordes de su capote la fiereza del toro. Luego nada. El caballo desleal había muerto. Camero lo lloró muchos días. Como el contrabandista de la copla daba por terminadas sus glorias. ¿Dónde están los cantos populares de otros pueblos que asocien a la suya con tan cariñosa solicitud a ningún animal? El amor a los animales es cosa lograda en España desde hace muchos siglos. Una Sociedad que los proteja no tiene aquí objeto.  
Está todo hecho. La asociación que fomentara la Liga contra el cáncer, la protección a la infancia o el fomento de las uniones patrióticas estaría siempre justificada. Son cosas que están por hacer. 
Pretender descubrirnos a los españoles como una novedad el amor a los animales es ridículo e ingenuamente pretencioso. Al caballo sobre todo. Lo ama el guerrero y el picador, el contrabandista, el garrochista y el bandolero, el viejo y el niño, la mujer y el hombre. Lo ama en el grado que un animal puede ser querido por una persona equilibrada cuyo sentimiento no esté infectado del microbio indo que tantos estragos ha de hacer entre los anglosajones. Ir por lana y salir trasquilado: he ahí un bonito ensayo sobre la labor de Inglaterra en sus colonias.

Este artículo es el segundo de un tríptico que el torero comenzó a publicar en el mismo diario madrileño el 31 de mayo de ese año y el cual presenté a Ustedes el pasado 9 de septiembre, en esta misma Aldea y que pueden revisitar aquí a propósito de algunos lugares comunes invocados por los antitaurinos.

La versión original del artículo la pueden leer en esta ubicación, espero que la disfruten.

domingo, 31 de marzo de 2013

Hoy hace medio siglo (III): Paco Camino y los berrendos de Santo Domingo

Paco Camino con uno de los berrendos de
Santo Domingo (31/03/1963)
Paco Camino llegó por primera vez a México durante la temporada 1961 – 62 para hacer campaña en nuestros ruedos. Junto con él llegaron a confirmar sus alternativas Mondeño, Santiago Martín El Viti, Diego Puerta, Joaquín Bernadó y Curro Romero. Cada uno de ellos tuvo un impacto y una permanencia distinta en nuestra afición y en nuestras temporadas, aunque todos se labraron su propia historia y su propia leyenda entre nosotros.

El cierre de la temporada 1962 – 63 para Paco Camino es el que viene a marcar lo que quizás represente la cota más alta de su presencia en nuestras plazas. El ciclo de corridas en la capital mexicana se celebró en las dos plazas de toros que en esas fechas existían en la zona urbana de la Ciudad de México, la Plaza México y El Toreo de Cuatro Caminos – que territorial y administrativamente se ubicaba en el Estado de México – y en ese lapso de tiempo tuvo ocasión de actuar en ambos ruedos, aunque en números, su presencia en el coso cuatrocaminero era mayoritaria si consideramos que en su primera incursión a nuestros ruedos, la temporada anterior, su presencia en la Capital de la República fue exclusivamente en ese desaparecido coso.

La corrida y su preámbulo

La temporada se había dado de una manera espléndida para el ya llamado Niño Sabio de Camas. El 27 de enero de 1963 cortó el rabo al toro Novato del Ingeniero Mariano Ramírez en la Plaza México. Ya trasladada la temporada a El Toreo, la noche del miércoles 27 de marzo, en la Corrida de la Oreja de Oro, había realizado una importante faena a un toro de Pastejé, de regalo, llamado Catrín, al que solamente cortó una oreja por un desastroso manejo de la espada, pero al apéndice sumó seis apoteósicas vueltas al ruedo.

En ese ambiente se anunció para el domingo 31 de marzo de 1963 la despedida de Paco Camino de la afición mexicana, dado que retornaría a España para iniciar su campaña en las plazas de su patria. El cartel que la empresa ofrecía se formó con toros de Santo Domingo para Juan Silveti, José Ramón Tirado y Paco Camino. La corrida de los señores Labastida tenía la particularidad de que los seis toros eran de pelo berrendo aparejado. Además, el festejo sería televisado – como todos en aquellos días – en abierto a todo el país.

El hecho de que el festejo fuera televisado permitió que lo sucedido en él adquiriera una mayor trascendencia. La posibilidad de presenciar en la plaza o a través de las pantallas lo que en el ruedo sucedía permitió a cada aficionado formarse su propio criterio de lo allí sucedido.

Crónicas de lo sucedido

Localicé dos crónicas de la corrida. La primera, aparecida en el hoy extinto diario Novedades de la Ciudad de México el 1º de abril de 1963 y obra del que en esas fechas era su cronista titular Carlos León. Está, como era acostumbrado, redactada en forma epistolar y dirigida al entonces Secretario de Educación Pública, don Jaime Torres Bodet. De ella extraigo lo siguiente:

Junto a Camino, los toreros son catecúmenos. Enseñó a embestir a dos berrendos y cortó cuatro orejas y un rabo. Silveti y Tirado resultaron alumnos reprobados frente al talento taurino del sevillano…  
Aunque en México ya no exista una escuela taurina – tan olvidada, que es de urgencia darle una manita para restaurarla –, es evidente que no por fortuita coincidencia tiene usted de secretario particular a un culto cronista taurino como Rafael Solana, autor de “El Crepúsculo de los dioses”, que anticipó el ocaso de nuestros astros, dramaturgo de un “Debiera haber obispas” que ha de ser la obra favorita de “Mondeño”, o novelista de “Las islas de oro” en las cuales, según las fábulas, los piratas gambusinos encontraron la muleta que se adjudicó a Capetillo… Además señor ministro, su agudo secretario ha revelado al ático ingenio en “Trata de muertos”, “La música por dentro” o “Los santos inocentes”, donde su recopilación de cuentos adquiere más justas proporciones taurófilas, en una fiesta donde nuestra literatura de toros está tan pródigamente llena de cuentistas. 
“Magister dixit”. – Claro es que usted, UNESCOnocido como patriarca de la enseñanza, sabe de sobra que la pedagogía se originó en el hecho de que, en la antigua Grecia, pedagogo era el que conducía a los niños a la escuela. Y mire usted lo que son las cosas: ahora es un niño – el genial infante de Camas – el que toma de la mano a los grandes analfabetas de la lidia, para mostrarles el camino hacia la Escuela de Tauromaquia de Sevilla que fundó el conde de la Estrella… Y sin embargo es curioso: Paquito no aspira a ser el Pestalozzi de las verónicas, ni el Spencer de las chicuelinas, ni el Horacio Mann de los naturales, ni mucho menos el Froebel o el Condorcet que dicte pragmáticas para la pureza de las estocadas… Paquito tampoco anda, como Locke, hablando de “Some Thoughts Concerning Education”, Paquito – sevillano como don Juan Belmonte García, a quien Dios tenga en su santa gloria – no sale en plan de catedrático a decir de los catecúmenos: “Hay que torear así”, sino que simplemente demuestra: “El toreo es esto”. Y el que quiera que lo haga… si puede… Además sería tiempo perdido si nuestros escolapios de coleta, que a sus años siguen en el “kínder”, cuando el niño sevillano ya es universitario, trataran, tardíamente, de aprender la lección. Hay cosas que no se aprenden y que se nace con ellas. Por allí anda una película de gran éxito de taquilla, intitulada “Lo que los amantes deben aprender”. Durante dos semanas y más semanas, las curiosas parejas de enamorados han abarrotado la sala, creyendo que van a salir convertidos en Casanovas de Bondojito, Rubirosas de Iztapalapa o Mesalinas de Peralvillo. Pero, ¡sí Chucha! Con lo que allí enseñan de arrumacos, roncería y soflama, los que esperaban encontrarse con la versión fílmica del “Arte de amar” de Ovidio, salen más ignorantes que si esa asignatura amatoria la hubieran cursado en el colegio de monjas de Tecoyotitla… Paquito, en suma, no es un dómine que haya tratado de alfabetizar a nuestros diestros reprobados, que ya no pasan de año ni a título de suficiencia. Pero ha logrado otro milagro mejor: hacer que los espectadores abran al fin los ojos a la realidad y entiendan lo que es un torero y lo que es el toreo. Ahora, por muchas leyendas que le cuenten, nuestro público ya nunca más volverá a dejarse engañar con tontas consejas de fantasmas. 
Cuatro orejas y un rabo para el torero cumbre de la época. – Seguramente se queda uno corto al afirmar que Paco Camino es la figura impar del momento presente, pues tal vez pudiera llegarse a la afirmación de que así no se había tenido nunca. Aún estaba imborrable su trasteo maravilloso del miércoles anterior – aquel tan rutilante como las gemas de María Félix – cuando en esta tarde ha cuajado dos faenones inconcebibles que no los iguala ni supera nadie… Dos faenas diferentes. El primero, jugándose la vida, exponiendo temerariamente, arrancando a la fuerza el trasteo a un toro que se negaba a colaborar con el niño prodigioso. Porque hay una circunstancia tan notable como insólita. Los lidiadores se habían dividido siempre en tres categorías: los dominadores, los artistas y los valientes. Pero de pronto, en este chaval milagroso se funden las tres cualidades. Y, junto a una sapiencia increíble, brota el primer artista que es valiente, sin perder por ello su calidad artística… En ese trasteo a “Gladiador”, Paquito se rifó el pellejo y logró un impresionante conjunto de muletazos espartanos, de estoicismo ejemplar, para rubricar su bravía labor con el estoconazo fulminante y tumbarle un par de orejas a bicho de Santo Domingo… Con el sexto y último, que además era el toro con el que se despedía de México, Paco Camino estuvo en gigante y en coloso. “Traguito” era un burel sin malas ideas y de buen estilo, pero se iba suelto de los muletazos, sin celo ni codicia alguna para el engaño. Pero el niño catedrático, que no pierde el tiempo en enseñar a torear a nuestros toreros, sí se mostró como un maestro para enseñar a embestir al toro. Y el berrendo que se iba suelto, empezó a seguir el círculo mágico que el niño sabio le mostraba en esos muletazos preparatorios. A los pocos instantes el milagro se había consumado y “Traguito” embestía dócil y amaestrado ante el imperio de la muleta poderosa. Vino entonces el faenón antológico, el poderío muleteril de quien dejó allí, como postrer recuerdo, una hazaña imperecedera, coronada soberbiamente con nuevo estoconazo. ¡Y la locura! Las dos orejas y el rabo, la salida a hombros, los paseos triunfales que acabó compartiendo con los ganaderos Labastida y la confirmación de que con Paco Camino no puede nadie… 
Mientras tanto, como intelectuales, celebramos el advenimiento del toreo franciscano, que es la forma de torear de Francisco Camino. Pues el franciscanismo es todo un estilo de pensamiento, de literatura y de arte, que lo mismo dio filósofos y teólogos de la talla de San Buenaventura o de Raimundo Lulio, que políticos como el cardenal Cisneros o pontífices como Sixto V. Faltaba un torero, y ya surgió… Solo me resta expresarle mis deseos de que usted pueda lanzar un libro gratuito para desasnar a nuestros toreros que, en vez de las orejas de los toros, sólo merecen las de burro con que se señala a los ignorantes. Y acepte un cordial saludo de Carlos León.
La segunda de las crónicas aparece firmada por Pepe Luis en el diario El Informador de Guadalajara y de allí destaco lo siguiente:

Paco Camino, español, se despidió esta tarde del público mexicano, logrando un triunfo de apoteosis. Brillantes verónicas dio al tercero. Aplausos. Gran faena. De mucho mérito. Muletazos suaves por bajo, enseñando a embestir al toro, que llegó tardo al último tercio. Insistiendo mucho logró varias tandas de naturales rematadas soberbiamente con el de pecho entre aclamaciones. Derechazos de larga dimensión, lasernistas y cambios de muleta por la espalda. Estocada buena… Los tendidos se cubrieron de blancos pañuelos y al grito de ¡torero, torero!, se le otorgaron las dos orejas y dio dos vueltas al ruedo y saludó desde los medios… Al son de "Las Golondrinas" veroniqueó estupendamente al sexto. Ovación y música. Faenón de antología, principiando por enseñar al toro a embestir con suaves muletazos por bajo. Fue intercalando series de derechazos y naturales templadísimos, algunos circulares, enmedio del delirio del público que no se cansaba de aclamarlo y de gritarle ¡torero, torero!, la destacada serie tuvo como remate el pase de pecho… Antes de que entrara a matar estaban los tendidos cubiertos de albos pañuelos. Estocada entrando a ley. Ovacionaza, orejas y rabo, vueltas interminables a pie y a hombros, el grito entusiasta del público de ¡torero, torero!, la despedida del diestro sevillano Paco Camino constituyó un grandioso triunfo para el torero y el empresario, siendo inolvidable para el público que no quería abandonar el coso.

El Toreo de Cuatro Caminos (1967)
Foto: Compañía Mexicana Aerofoto S.A.
Juan Silveti y José Ramón Tirado tuvieron una tarde que podríamos calificar de aciaga, pues al segundo toro del lote de cada uno de ellos – Andasolo (4º) y Marquesito (5º) – se les premió con el arrastre lento y ambos diestros resultaron abroncados tras de su lidia. Al sexto, Traguito, también se le premió con la vuelta al ruedo, pero entre las protestas de la concurrencia.

Paco Camino volvería a tierras mexicanas el mes de junio de 1963 a cumplir con tres compromisos en la frontera Norte – 2 en Tijuana y uno en Ciudad Juárez – y al año siguiente realizaría una campaña de veinticuatro festejos, para completar los cincuenta y uno – 23 de ellos en la Ciudad de México – que sumaría en esa primera etapa de su paso por nuestras plazas, dado que una vez completado ese ciclo del año 64, se alejaría de nosotros por circunstancias extrataurinas hasta el año de 1976, cuando reaparece en la plaza Santa María de Querétaro y que culminaría dos años después con su despedida de nuestros ruedos en la Plaza México, alternando con Manolo Martínez y Eloy Cavazos en la lidia de toros de Mimiahuápam, en una corrida que fue transmitida por televisión a España y a México y en la que no tuvo suerte.

En video

En la internet he podido encontrar la faena de Paco Camino a Traguito en esta ubicación emotivamente narrada por José Alameda y esta otra versión interesante, filmada por un aficionado en 8mm, en color y convertida a vídeo, aunque no refleja la faena completa al toro Gladiador, tercero de la tarde, que pueden ver aquí.

Disfrútenlos antes de que las buenas conciencias antitaurinas logren privarnos de ese placer.

Aldeanos