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domingo, 28 de diciembre de 2025

26 de diciembre de 1920: Sánchez Mejías corta el primer rabo en la historia del Toreo de la Condesa

El 11 de octubre de 1916 se publicó en el Diario Oficial del Gobierno Provisional de la República Mexicana un decreto mediante el cual, Venustiano Carranza, en su calidad de Encargado del Poder Ejecutivo de la Unión, prohibió la celebración de corridas de toros en el Distrito y Territorios Federales, así como en el resto de la República, hasta el restablecimiento del orden constitucional.

Ese decreto, sibilinamente hecho público en su literalidad en la prensa ordinaria, con precisión en los diarios La Defensa, El Demócrata y El Universal desde el día 9 anterior, implicaba dos prohibiciones, una, que afectaba a todas las entidades del país y que terminó con la entrada en vigor de la Constitución de 1917, es decir, el 6 de febrero de ese año y la otra, relativa al entonces Distrito Federal y los territorios de Baja California, Del Bravo, Jiménez, Quintana Roo y Tepic perduró algunos años más, fuera porque esos territorios dejaron de tener esa calidad jurídica – Del Bravo, Jiménez y Tepic – o por lo que enseguida intentaré relatar.

En el mes de abril de 1920, en Sonora, se hizo público el llamado Plan de Agua Prieta, donde aparecían como figuras principales a Adolfo de la Huerta, Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón, oponiéndose al apoyo que daba el todavía Presidente Carranza a su embajador en los Estados Unidos, Ignacio N. Bonillas, para ser su sucesor en la elección próxima. Los ánimos se caldeaban en la Ciudad de México y por esa razón, tras de asistir don Venustiano al acto conmemorativo de la Batalla de Puebla el 5 de mayo, al siguiente día decidió cambiar la sede de los poderes federales al Puerto de Veracruz, abordando el tren presidencial para ello.

La posición política de Carranza ya estaba bastante debilitada, tanto, que el 9 de diciembre de 1919, la Cámara de Diputados dejó insubsistente su decreto prohibicionista y la de Senadores hizo lo propio el 2 de mayo de 1920, pero esa debilidad no impidió que antes, en plena vigencia de ese decreto, el 12 de octubre de 1919, se diera una corrida de toros en una plaza de toros levantada al efecto en la colonia La Bolsa – hoy colonia Morelos – de la capital, a beneficio de las obras de embellecimiento y drenaje de ese desarrollo habitacional. Esa tarde Juan Silveti lidió y mató en solitario cuatro toros de San Mateo de manera exitosa, mientras en El Toreo, Enrico Caruso y Gabriela Besanzoni presentaban la ópera de Verdi Un baile de máscaras.

La reapertura de El Toreo a las corridas de toros se celebró 16 de mayo de ese 1920, con un cartel formado por el diestro sevillano José Corzo Corcito y el Tigre de Guanajuato Juan Silveti, quienes lidiaron toros zacatecanos de San Mateo, en ese entonces, propiedad de los hermanos Antonio y Julián Llaguno.

La temporada 1920 – 21 en El Toreo

Una vez destrabados los obstáculos legales, se comenzaron a reorganizar los estamentos taurinos para volver a dar a El Toreo de la Condesa la función para la que originalmente estaba designado. En esa tesitura, se constituyó la sociedad denominada Empresa Taurina, S.A., formada por los señores Amada Díaz de De la Torre, propietaria del coso, el industrial minero español Andrés Fernández, el zacatecano Francisco Carreño, José del Rivero y Ramón López, siendo estos dos últimos representantes de los intereses de la señora Díaz y del señor Fernández, respectivamente. La cara visible de esa empresa, serían los tres últimos nombrados.

Escribe a este propósito Verduguillo:

Pepe Rivero y Ramón López salieron para España a contratar matadores que deberían actuar en la primera temporada 1920 – 21, después de la prohibición... El primer matador contratado fue Gaona y luego, por recomendación de éste, Alfonso Cela “Celita” de quien no teníamos más antecedentes de que era gallego, un matador de Galicia, una novedad. A poco supimos que estaba firmado Ignacio Sánchez Mejías, y al de Ignacio siguieron los contratos de Domingo González “Dominguín”, Ernesto Pastor, Juan Luis de la Rosa y Ángel Fernández “Angelete”, Juan Silveti fue contratado aquí...

Omite Rafael Solana en esa relación a Ernesto Pastor y refiere Heriberto Lanfranchi que se lidiaron toros de Piedras Negras, San Diego de los Padres, Atenco, Zotoluca, La Laguna y Coaxamalucan de entre las ganaderías nacionales, y del Duque de Veragua, Juan Conradi, Juan Manuel García, antes Arribas y Luis Gamero Cívico entre las españolas.

La temporada se inauguró el 17 de octubre de 1920 con toros de Piedras Negras para Juan Silveti mano a mano con Ángel Fernández Angelete, una corrida que solamente pasó a la historia por la efeméride que representó, pero por la escasa presencia de los piedrenegrinos, los espadas terminaron con rapidez la tarde.

Por su parte, Gaona volvió a México a principios de octubre de ese año y se instaló en una casa en la calle de Limantour, hoy Abraham González, de la que Verduguillo cuenta lo siguiente:

Sencillo el mobiliario, una que otra fotografía en las paredes tapizadas con papel descolorido. La sala tenía dos balconcitos a la calle; detrás un reducido comedor y luego el patiezuelo que daba acceso a la estrecha cocina. Esto era la planta baja, en la planta alta todo debió estar en consonancia. No hacía falta tener gran olfato para descubrir que Rodolfo venía, como se dice vulgarmente, “sin una peseta”... Largo rato permanecí con Rodolfo, conversando de diversos asuntos... Y mientras, el fiel mozo de espadas “Maera”, que no abandonó a Rodolfo ni en los momentos más críticos, entraba y salía arreglando el guardarropa del torero, en el que figuraban seis ternos. Los más lujosos que bordaron las habilísimas manos de la “Maestra”...

No olvidemos que el haber brindado un toro a Victoriano Huerta y el haber aceptado un festejo en correspondencia por ese brindis, motivó que Carranza le incautara sus bienes por considerarlo traidor a la patria, despojando, incluso, a la madre del torero de la casa que habitaba, y que el ridículo decreto que terminó por caer por su propia iniquidad, tenía un recipiendario en específico: Rodolfo Gaona, quien se tuvo que alejar de México durante todo el tiempo que el de Cuatro Ciénegas detentó el poder. 

Todos estos elementos, es decir, el regreso de los toros a la Ciudad de México, la vuelta del Petronio a México y los integrantes del elenco anunciado, despertaron un interés inusitado por adquirir derechos de apartado, lo que motivó la necesidad de ampliar en alguna forma El Toreo. Es cuando, cuenta Guillermo Ernesto Padilla, se le agregan los palcos de contrabarrera que terminaron de definir su personalidad como escenario taurino:

Fue por aquellos días cuando se le aumentaron a la plaza los cincuenta y ocho palcos de contrabarrera cada uno para seis personas que serían una novedad para el público capitalino al inaugurarse la temporada 1920 – 1921...

La decimoprimera corrida de esa temporada 1920 – 21

Para el domingo 26 de diciembre de 1920 se anunció la decimoprimera corrida de la temporada, con un encierro de San Diego de los Padres que sería lidiado por Juan Silveti e Ignacio Sánchez Mejías mano a mano.

En los mentideros no agradó mucho el cartel ofrecido por la empresa, en ellos se auguraba una mala entrada. Escribe Gonzalo Espinosa Don Verdades, en su crónica aparecida en el diario Excélsior al día siguiente del festejo:

Todos aquellos que presagiaban que la corrida de ayer iba a ser un acusado fiasco, que el cartel era mal confeccionado y que la entrada sería menos que mediana, quedaron burlados de todo a todo. Ni el cartel fue malo, ni la corrida pesada, ni la entrada escasa. Por el contrario, como antes lo indicamos, la entrada fue un lleno, los diestros cumplieron y todos los asistentes quedaron complacidos... El frío invernal que se sentía y el aire molesto que sopló toda la tarde, pronto fue olvidado, ya que la animación hizo enardecer la sangre en los aficionados de buena cepa, y hasta en aquellos que no lo son y acuden al circo a presenciar una fiesta de la que poco entienden. Estos señores Villamelones son los que a veces con sus intemperancias y sus necedades ocasionan molestias, silbando, nada más porque se les antoja, suertes bien consumadas, que, en vez de merecer censura, deben ser aplaudidas... Antes de comenzar la corrida se notaba cierto pesimismo. Los presagios lúgubres de las pitonisas y agoreros se habían extendido, y el mal humor había contagiado a todos los que, rebosantes de alegría y esperanza, llegaban a la plaza...

Al parecer, por lo narrado, la tarde fue fría y ventosa, pero eso no impidió que la gente acudiera a la plaza, la llenara y disfrutara de una tarde de toros que, a la vuelta de los años, resulta histórica. 

Apuntes de Ernesto García Cabral
Excélsior, 27/12/1920

El primer rabo en la historia de la plaza

El segundo toro de la tarde se llamó Caparrota, fue el primero del lote de Ignacio Sánchez Mejías. La faena realizada reflejó su emotivo acento hasta en el hacer del cronista, que tuvo que hacer uso, en momentos, hasta del ditirambo para poder transmitir lo que estaba apreciando en el ruedo. La versión de Miguel Necoechea Latiguillo, para el diario El Demócrata, aparecido al día siguiente del festejo, entre otras cosas dice:

...inicia Sánchez Mejías su estupenda faena de banderillero... La preparación es espectacular. Torero y toro están solos en la arena y separados de tercio a tercio... Reta Ignacio y el toro se encampana, se engalla y da una corta carrera. Después se detiene… El capote de “Bombita” interviene y lo devuelve al tercio con ánimo de cerrarlo en tablas y allí va a buscarlo el diestro que al pasarse de vacío por no acudir el animal, cambia los palos por otros y decidido entra al sesgo, dejando el primer par que le vale palmas; de poder a poder es el segundo que le conquista aclamaciones y en la forma esa impresionante, sesgando por el terreno de adentro sin salida casi, encomendando su vida solo al poder de sus facultades y a la serenidad de su corazón, deja el de Sevilla un par que es quizás el más grande y expuesto que le hemos visto clavar en la temporada... Ya no es ovación sino delirio el que sacude al público, que como un poseído grita vítores y palmotea hasta romper las manos... “Caparrota” está ahora más bravo que al salir del chiquero. La faena que nos espera con un toro semejante y un torero de tanto arrojo, habrá de ser grande, pensamos... Pero fue más; resultó inmensa de valentía y relampagueante por lo breve y deslumbradora... Sánchez Mejías brindó este toro a Silveti. ¿Diplomacia? No, merecido honor al mexicano que sabiendo con quien tenía que habérselas se apretó los machos de la taleguilla como pocas veces lo ha hecho y entró en el ruedo decidido a salir como los héroes de Esparta ¡con el escudo o sobre el escudo! … Lo que después sucedió fue un asombro. “Caparrota”, cerrado en tablas, vio a su enemigo citándolo en un palmo. Al hilo de las tablas hubo un pase por alto que fue preparación de lo estupendo. Dos pases de pecho, sentado en el estribo, pero no pases, así como quiera, no; dos pases tan apretados, que ya no con los cuernos estuvo expuesto el sevillano a morir prensado contra la barrera... Cuando se puso en pie, vimos que había perdido en el lance una zapatilla. Después se echó materialmente sobre “Caparrota” dándole solo tres muletazos formidables por alto y un ayudado, que lo obligó a juntar las patas, y ya cuadrado le soltó Ignacio una media estocada monumental y en las mismas péndolas, entrando corto y derecho y saliendo por el costillar, limpio como un rayo de sol... ¡Olé los hombres! … Llovieron al ruedo sombreros y bastones, flores y prendas de vestir y una mujer entusiasta se arrancó la piel - la de abrigo, se entiende - y la arrojó al ruedo... Se concedió a Ignacio la oreja y el rabo de “Caparrota”...

Era el primer rabo que se concedía en poco más de diecinueve años de existencia de la plaza. Lanfranchi refiere que también cortó el del cuarto de la tarde, Boticario, siendo que Don Verdades y Guillermo Ernesto Padilla hablan de que cortó solamente una oreja, en tanto que Latiguillo, refiere que solamente fue ovacionado. A saber.

Fuera de datos estadísticos, esta tarde el terreno quedaba debidamente preparado para la corrida del siguiente domingo, en el que se encontrarían Gaona y Sánchez Mejías con toros de Atenco y San Diego de los Padres. En esa tarde se iniciaría una muy interesante competencia entre ambos, que trascendió a los tendidos y que le agregó un ingrediente de interés a esta temporada de reapertura.

Y, para terminar

Recurro de nueva cuenta a Latiguillo que resume el festejo de esta manera:

La de ayer sí fue una competencia entre esos dos lidiadores que cultivan el mismo género emotivo e impresionante de torear... Y si Sánchez Mejías, ayer, como el día de su debut, nos puso en un sobresalto constante, Juan Silveti, en más de una ocasión nos mantuvo el resuello en suspenso y nos hizo sentir en las carnes ese estremecimiento que es a modo de augurio de tragedia...

Los toros son sol y sombra, triunfo y sangre, vida y muerte... Así lo hacen patente los toreros en el ruedo, unas veces de manera más evidente que otras, como esta que intento contarles el día de hoy.


domingo, 3 de marzo de 2024

3 de marzo de 1912: interesante concurso de ganaderías celebrado en El Toreo de la Condesa

El anuncio de la corrida concurso
El Diario 2 de marzo 1912

La temporada 1911 – 12 de la capital mexicana constó de 21 festejos que se celebraron entre el 15 de octubre de 1911 y el 10 de marzo de 1912. El peso del ciclo recayó sobre el madrileño Vicente Pastor, quien toreó en 10 de esas tardes y Rodolfo Gaona, quien actuó en 9. Es también necesario destacar que la mayor parte del elenco eran toreros ultramarinos, porque aparte del Califa de León, solamente actuaron Luis Freg y Pedro López por los diestros nacionales. En el renglón ganadero de los toros que salieron al ruedo, solamente 15 fueron españoles, de Veragua, Miura, Arribas y Anastasio Martín. De nuestras fincas, Piedras Negras fue la que más ejemplares presentó, en número de 46, seguida por San Diego de los Padres con 20. Pero no abundó lo bueno, según escribe Ceniza en su crónica aparecida en el diario El Tiempo de la capital mexicana:

La temporada ha sido tan endeble; en ella hemos visto tanto malo y tan poco bueno, que los aficionados cansados y aburridos habían visto con indiferencia carteles de tanto fuste como sea aquellos en que figuran los nombres de Pastor y de Gaona, pues el público bien sabe que aunque a estos diestros les sobra corazón y manera para enfrentarse con astados brutos, sus esfuerzos se estrellan cuando tienen que habérselas con bichos que no llevan una gota de sangre brava en el cuerpo, los cuales, por desgracia, han menudeado en la temporada que terminará el próximo domingo...

La penúltima fecha de ese ciclo lo dedicó don José del Rivero a un festejo con carácter benéfico. Organizó una corrida de concurso de ganaderías, a beneficio de la Cruz Blanca Neutral, un servicio de atención médica fundado por la enfermera Elena Arizmendi Mejía y que tenía por función el suplir las funciones de la Cruz Roja en los puntos en los que se combatía en la Revolución Mexicana y ésta última se negaba a socorrer a los revolucionarios heridos. Ya distintas personalidades del mundo del espectáculo como Virginia Fábregas, María Conesa o Leopoldo Beristaín habían organizado eventos para recaudar fondos a favor de las causas de esta asociación.

Seis ganaderías de primera línea ofrecieron toros de irreprochable presencia para el festejo de concurso, como lo fueron Atenco, San Diego de los Padres, Santín, San Nicolás Peralta, Piedras Negras y Tepeyahualco y los enfrentarían Vicente Pastor, Fermín Muñoz Corchaíto y Rodolfo Gaona.

El toro de mejor presencia y el toro más bravo serían calificados por un jurado integrado por el periodista Eduardo Noriega Trespicos quien además lo presidía, el doctor Pedro Pablo Rangel, el licenciado Abel Botello, el profesor Benjamín Liz, el señor Fernando A. Colín, el matador de toros Diego Prieto Cuatrodedos y el banderillero Manuel Barciela Ostión.

El encierro y el toro mejor presentado

De acuerdo con los reclamos que a página completa aparecieron en la prensa generalista de la época, los toros que los ganaderos presentaron al concurso fueron Canastero, número 30 de Atenco, castaño, ojo de perdiz, bien armado; Grillito, número 35 de San Diego de los Padres, negro zaíno, bien armado; El Colibrí, número 12 de Santín, castaño, ojo de perdiz, bien armado y se hacía la precisión de que no tenía cruza española; El Chato, número 530 de San Nicolás Peralta, negro entrepelado, bien armado; Recluta, número 18 de Piedras Negras, negro zaíno, bien armado y Tordo, número 13, de Tepeyahualco, negro zaíno, bien armado. Como veremos más adelante, no todos los anunciados fueron lidiados.

El jurado se reunió en la víspera de la corrida para examinar a los seis toros, que de conformidad a las fotografías que se publicaron en la prensa y con las cuales, dicen las crónicas del festejo, don Pepe del Rivero hizo extensa difusión en aparadores y vitrinas de los principales comercios de la capital mexicana, hacían un conjunto bien presentado. El acta de esa sesión se publicó en el diario El Imparcial del día de la corrida y en lo conducente dice:

Previa votación secreta y firmando cada uno de los jurados su voto, fue concedido el premio de presentación al toro de Tepeyahualco por mayoría de cinco votos correspondientes a los votos de los señores Noriega, Rangel, Colín, Botello y Liz, contra uno del señor Barciela a favor de San Nicolás y otro de Diego Prieto a favor de Atenco… Se concedió un “accésit” al toro de Atenco, también por mayoría de cinco votos y mención honorífica al de Santín, por cuatro votos… El toro de Tepeyahualco, premiado en lo que a presentación se refiere, será jugado en sexto lugar, por ser el toro de la ganadería más moderna, el cual será estoqueado por Rodolfo Gaona…

Como se puede ver, los aficionados concurrieron de manera unánime a favor del toro de Tepeyahualco, en tanto que los toreros dividieron su opinión al votar Cuatrodedos por el toro de Atenco y el banderillero Ostión por el de San Nicolás Peralta.

El juego de los toros y el resultado del concurso en el ruedo

El toro es el que determina todo lo que en el ruedo ocurre, incluso cuando se trata de examinar preponderantemente su comportamiento. No me queda duda de que los seis ganaderos que concurrieron al evento, anunciado como primicia en el coso de la Colonia Condesa, enviaron ejemplares de irreprochables notas que pudieran prever un juego destacado en una circunstancia como la que los reunió en una misma tarde. Pero a veces lo que el ganadero espera no resulta exactamente así, y eso le sucedió a los señores de Atenco, San Diego de los Padres y San Nicolás Peralta. Escribe Ceniza, para el diario El Tiempo:

“Canastero”, de la ganadería de Atenco, castaño, ojo de perdiz, de gran romana, muy bien colocado de pitones y de hermosísima presencia... Su salida es acogida con una salva de aplausos, los cuales en breve se tornaron en sonoros pitos al ver que tenía tanta mansedumbre como hermosura, por cuya razón, y muy justificadamente, regresó al chiquero. ¡Lástima de toro! ... Fue sustituido por otro de la misma ganadería de nombre “Grifo”, retinto, rebarbo, algo sacudido de carnes y con las armas cortas... Después apareció el toro de San Diego de los Padres a quien decían “Grillito” y es un toro negro, muy largo, gordo y bien armado... “Grillito” resultó un manso de solemnidad, por cuya razón salió a substituirlo “Herrero”, retinto, albardado, gordo, muy bien armado y grande... se arrancó siempre de largo, con gran codicia y bravura y recargó muchísimo. ¡Vaya un toro bravo! ¡Mi aplauso muy entusiasta, señores Barbabosa, y muchos toros como éste! ... “El Chato”, negro, entrepelado, más gordo que una pelota, recogido de cuerna y una figura digna de una corrida de concurso... El bicho tenía mucha fachada, pero poca vivienda, o lo que es lo mismo, mucha hermosura, pero más mansedumbre que ésta, circunstancia por la cual fue “p’adentro”... Lo sustituyó un toro castaño, gordo, grande y bien armado, el cual fue más manso que su antecesor, siendo condenado justamente, al tueste...

Los toros titulares de Atenco, San Diego de los Padres y San Nicolás Peralta fueron devueltos al corral por mansos. Los sustitutos de las dos primeras ganaderías salvaron el honor de sus casas y el de San Diego, de hecho, fue valorado en las crónicas como el toro más bravo de la tarde, pero sin posibilidad de ser premiado. El caso de San Nicolás Peralta es patético, porque devolvieron al titular y foguearon al sustituto y, sin embargo, veremos adelante que la actuación más redonda de la tarde fue ante este bicharraco.

El gran triunfo de Vicente Pastor

El cuarto – bis de la tarde de San Nicolás Peralta fue condenado al tuesten, porque ya no podía ser devuelto a los corrales y sustituido por otro, dada su notoria mansedumbre, pero el torero de la calle de Embajadores no quería irse de la plaza sin un triunfo, considerando que la temporada, al menos en el renglón ganadero, como comentaba antes, no había dejado mucho margen de lucimiento para los toreros. Miguel Necoechea Latiguillo, en su tribuna de El Imparcial, resume así su actuación ante el buey de don Ignacio de la Torre y Mier:

Tocó este hueso a Pastor. Menos mal. Vicente que es como el Tenorio, hombre capaz de hacer platos con las calaveras de todos los mansos, desplególe la sarga en los hocicos, le porfió en todos los terrenos y hecho un fenómeno logró hacer del manso, no un toro bravo, porque eso es imposible, pero sí lo que él solo es capaz, es decir, consiguió que el toro le tomara la muleta en tres o cuatro ocasiones… Todavía rebosando venía el toro rebrincando con los cohetes y ya había caído sobre él la muleta – garra del madrileño, primero en un esbozo de pase de rodillas y después en varios pases redondos en que el estoque golpeando el anca hacía revolver al manso sobre el bulto que se le metía entre los pitones… La faena entusiasmó al público y el éxito más colosal fue proclamado cuando Vicente, arrancándose para hacerlo todo por el animal, le hundió el estoque, ¡qué ovación! Lejos está Madrid, pero hasta la misma Puerta del Sol debe haberse estremecido ante la tempestad desencadenada en el coso… Una vuelta al ruedo, otra vuelta, otra, la oreja y no cesó aquel entusiasmo extraordinario sino hasta que ya se banderilleaba al quinto toro. El ruedo se llenó de sombreros y Vicente debe haber valorizado aquella ovación como una de las más estruendosas y merecidas de su vida...

El resultado del concurso

Al final de cuentas, el jurado declaró desierto el premio del concurso. Del acta publicada en el periódico El Diario, extraigo:

Que tratándose de un concurso de ganaderías bravas, al dar el diploma al toro que mereciese el premio, daban a la ganadería un justificante con el cual pudiera hacer presente la sangre y bravura de sus reses, y que, como entre todas las lidiadas no hubo una que mereciera propiamente el título a que el ganadero aspiraba, convinieron en no otorgar el premio ofrecido por la empresa, dejándolo vacante… Hacemos constar que conforme a la segunda de las bases generales para el concurso, entregadas a cada uno de los jurados, el toro de reserva en caso de lidiarse, quedaba fuera de concurso… Eduardo Noriega, Pedro Pablo Rangel, Benjamín Liz, Abel Botello Garay, Fernando A. Colín, Diego Prieto. – Rúbricas… En vista de la determinación del jurado, nos manifiesta el señor José del Rivero, director de la empresa de toros El Toreo y organizador de esta corrida, que ha dispuesto que los 1,000 pesos del premio, se den a la Cruz Blanca Neutral.

Al final, aparte del beneficio que le representó el producto del impresionante lleno hasta las azoteas, la Cruz Blanca Neutral se llevó un beneficio adicional, pues el premio que pudo ser para alguno de los ganaderos concursantes, también se aplicó para sus causas.

Un par de personajes en ese entonces, menores

La narración de la lidia del quinto toro de la tarde, el Recluta de Piedras Negras, refleja que fue picado por Ramón Frontana Portugués chico y por Aurelio Sánchez Mejías, quien llegara a México un par de años antes a cargo de los encierros españoles que se lidiarían en El Toreo y que después se quedó en el coso como guardaplaza. El segundo tercio de ese mismo toro fue cubierto por Alvaradito, que resultó prendido sin consecuencias en el segundo par y por un jovencito llamado Ignacio Sánchez Mejías.

Unos cuantos años después volvería este último a El Toreo, pero ya no colocado en la cuadrilla de algún paisano suyo, sino en calidad de figura del toreo y para ocupar un importante sitio entre la afición mexicana. Los giros de la existencia son inexplicables a veces, pero el camino siempre se recorre andando y en los ruedos de México fue donde lo inició Ignacio Sánchez Mejías.

Así estaban las cosas de la fiesta en este país hace 112 años.

domingo, 17 de mayo de 2020

Talavera de la Reina. La prensa regional toledana un siglo después (II/II)

Entrada a la corrida del 16 de mayo de 1920 en Talavera
Cortesía: Colección de D. Gabriel Vegas
Retomo aquí lo dejado pendiente ayer, y presento la conclusión de la revisión hemerográfica sobre la muerte de Gallito.

En el Eco Toledano

Verde y Oro era la firma taurina de El Eco Toledano. Diario defensor de los intereses morales y materiales de Toledo y su provincia, dirigido por su propietario Antonio Garijo. Su versión de los hechos es menos prolija y más compuesta en un sentido literario. En algunos pasajes da la impresión de haber combinado sus notas del festejo con la versión de algún otro asistente de confianza y después haber compuesto la crónica para no dejar a su diario sin la información del momento, eso se nota sobre todo, cuando invoca el lugar común de la herida en la femoral como causa de la muerte del diestro de Gelves y cuando complementa su relación con datos de otros sitios, como veremos enseguida:
Las víctimas del toreo 
Muerte de Joselito, en Talavera 
El lidiador más sabio y alegre que conocieron los tiempos, ha perdido ayer tarde la vida en una plaza de toros de quinto orden, pues de otra categoría no podemos calificar la de Talavera de la Reina de nuestra provincia. 
¡Pobre Gallito! Nos parece un sueño que haya matado un toro al que desde el año 1912, puso con su querido compañero Juan Belmonte, la Fiesta Nacional a un nivel no conocido en ninguno de los anales de la tauromaquia. 
Un morlaco de la ganadería no asociado de la Sra. Viuda de don Venancio Ortega, tiró al maestro, uno de esos cornalones que llamamos de caballo, seccionándole la femoral y produciéndole enorme destrozo en la región de los intestinos, falleciendo el gran torero, apenas llegó a la enfermería, en brazos de las asistencias. 
La tragedia ocurrió cuando se hallaba pasando de muleta al quinto toro de la citada ganadería, que era gordo, astifino y largo de cuello. Parece ser que a José no le gustó el bicho desde que salió de los chiqueros y le tomó justificadas precauciones, que fueron en aumento; y al disponerse a prepararle con un pase para abrirle más de tablas y estando el espada casi materialmente metido entre los pitones con el fin de que el toro se confiara y no se le fuera, no tuvo éste más que largar el pescuezo, pegar el hachazo y quedarse con el muchacho, al que volvió a recoger del suelo. 
El momento fue de inmensa emoción en el público y las cuadrillas, que con Sánchez Mejías al frente, continuaron la lidia bajo la impresión que es de suponer. 
Después... ¡el horrible cuadro de dolor para todos! Joselito ya sabéis lo querido que era para los suyos y por todos los aficionados y no aficionados. 
La ciencia no pudo salvar al que ya salió casi muerto del asta del toro. 
En Talavera, en Toledo, en Madrid, en... toda España ha producido la fatal noticia una honda pena. ¡Un diestro de esa categoría, en sus veinticuatro años de edad; millonario e ir a morir a una plaza de un pueblo, como quien dice! 
A José lo acompañaba desde a el año pasado cuando la cogida que tuvo en Madrid con aquél Benjumea, una mala estrella, hasta el punto que anteayer mismo en esta misma plaza, el último día que pisó en ella un sarraceno que le despidió para siempre con un almohadillazo que le alcanzó la cara... ¡Quién diría a Joselito que aquello era el fin de su historial en el ruedo de su más afecto, el de Madrid! 
No acierto a escribir, queridos lectores, una sensación nerviosa me embarga desde ayer, porque para mí en la fiesta de los toros me arrastraban desde hace ocho años nada más José y Juan. Sin ellos no sabía ir a la plaza. 
Ese gran carro con las dos poderosas ruedas que transportaba a la afición y formaba los dos bandos en que la tenía dividida, queda desecho. 
La fiesta ha perdido el ciento por ciento de su entusiasmo e interés. 
A las empresas les ha llegado un golpe inaguantable y los toreros han perdido al maestro de maestros. 
Talavera de la Reina, nombre que ha de quedar grabado en los fastos del toreo, se ve invadida de aficionados y gentes de todas clases, altas, medias y bajas categorías que han ido a rendir el último adiós a Joselito
Más de doscientos automóviles llegaron de Madrid. ¡De toreros no digamos nada! Su inseparable Belmonte fue presa de un fuerte síncope al saber la triste noticia y está abatidísimo. 
¡Y Rafael! ¡Pobre Rafael! ¡No quería ver el cadáver cuando llegó! 
Bombita, Gaona, Fortuna, La Rosa... ¡todos los diestros, ex diestros y admiradores que ayer estaban en Madrid, están en Talavera desde anoche. 
El cuerpo de Joselito será embalsamado y transportado por ferrocarril a Sevilla, donde recibirá sepultura en el suntuoso panteón de familia, del Cementerio de San Fernando. 
Descanse en Paz el torero más grande que conoció el revistero y amigo imparcial, que vierte lágrimas por su muerte.
Un breve análisis de las dos crónicas

Me llama la atención que en la extensa crónica de El Castellano, se pronuncie el nombre completo de la titular de la ganadería que lidió los toros del festejo, es decir, el de doña María Josefa Corrochano Viuda de Ortega, dejando claro su parentesco (algo que siempre escuché, pero de lo nunca que tuve real certeza) con Gregorio Corrochano y que por la corrección política que exigió en su día el respeto al cronista más influyente de su tiempo, se dejó pasar a la historia como el de la Señora Viuda de Ortega, ocultando sus demás señas, para no avergonzar o dejar en entredicho al venerable don Gregorio.

Igualmente me llama la atención que se exprese el origen de Bailaor, pues resulta ser similar a lo que hoy conocemos como los patasblancas o encaste Vega Villar, producto de un cruce entre Veragua y Santa Coloma, aunque en sus inicios. ¿Sería que Corrochano aconsejaba a sus parientes como llevar la ganadería? ¿O sería que seguían los pasos de Pepe Vega y esta tragedia les cortó el camino? Además, leo una información que no recuerdo haber visto en ningún otro lugar, y es el parte facultativo de la herida que le costó la vida a Joselito. Aunque lo que les presento se trata de prensa regional, contiene información que al paso del tiempo se vuelve invaluable, como podemos ver.

El último parte facultativo

El reporte de la necropsia practicada al día siguiente por los médicos José Fernández Sanguino, Antonio Fernández Sanguino y Fermín Muñoz Urra, refiere lo siguiente:
En la inspección exterior, una herida de forma circular, de siete centímetros de diámetro, en la región hipogástrica derecha. En la cavidad abdominal, perforación de peritoneo y rotura de tres asas intestinales. Desgarro de la aorta descendente a nivel del cuerpo de la segunda vértebra lumbar. Hemorragia interna, producida por la herida arterial, mortal en pocos minutos y sin posibilidad de ninguna intervención científica.
De manera tal que queda confirmado el parte facultativo que se contiene en la relación de El Castellano y la necesaria mortalidad de la cornada que Bailaor infirió al considerado el más poderoso de los toreros.

Los infaltables

En la edición de El Castellano del día 18 de mayo de 1920, en su primera plana (la noticia de la muerte de José en Talavera se dejó para la tercera), quien firmó como Estebanillo González alza su voz y a partir de la reciente muerte de Gallito en Talavera, encuentra una razón para pedir la abolición de la fiesta de los toros. Su arenga de ocasión es la siguiente:
¡No más toros! 
No incurriremos en la vulgaridad de hablar contra las corridas de toros en nombre de la civilización, ni menos vituperaremos a nuestra patria por no haber sabido europeizarse, como por ahí dicen algunos ignorantes. 
Entre el repugnante boxeo que tanto interés despierta entre ingleses y yanquis y las corridas de toros, preferimos éstas cincuenta veces, por ser menos crueles, por haber en ellas más arte y sobre todo, por ser algo nacional. 
Pero aún llevando hasta el extremo nuestra benevolencia, tampoco podemos admitir que las corridas de toros sean precisamente una escuela de ahorro y de cultura. De esto se ha dicho ya tanto, que sería superfluo añadir nuevas consideraciones. 
También en nombre de la Agricultura nacional y en nombre de la Sociología se ha pedido la supresión de las corridas de toros, pues grandes dehesas que ahora se dedican a la cría de reses de lidia podrían ser cultivadas provechosamente y dar empleo y sustento a centenares de familias; razón que no deja de tener peso en la actual crisis de subsistencias. 
Valgan lo que valiesen estas razones, decimos que nunca se presentará ocasión más propicia para prohibir las corridas de toros. 
Ha perdido la vida un torero que por su habilidad, por su juventud y por sus cualidades personales gozaba en toda España de las simpatías aún de aquellos que no son aficionados a las corridas de toros. 
La prohibición de las corridas sería un funeral espléndido a la memoria de Joselito. Después de él, nadie. 
Nosotros propondríamos que por suscripción nacional se erigiese un gran monumento al gran torero muerto en Talavera. Podría ser un monumento alegórico a esa que ha dado en llamarse fiesta nacional y para el cual sobrarían motivos ornamentales en la historia de la tauromaquia. En ese monumento podrían inmortalizarse las grandes eminencias en el arte de Cúchares
Y cuando estuviese erigido el monumento, propondríamos también que las cortes publicasen una ley con estos dos únicos artículos: 
Para satisfacción y consuelo de los aficionados, se permite celebrar una última corrida en cada plaza. 
Una vez celebrada esta corrida de consolación, se derribarán todas las plazas que no puedan aplicarse para otros usos y quedarán prohibidas para siempre las corridas de toros. 
Más difícil que esto era la prohibición de las bebidas alcohólicas y ha bastado la voluntad de Wilson para lograrlo. 
España debería gratitud al hombre público que lo intentase.
Los argumentos de quien pide la supresión de las corridas de toros no nos suenan extraños hoy. Habla ya, desde hace cien años, de la integración de España a Europa y de la necesidad de tierras para el cultivo, y curiosamente, el quizás argumento central de su disertación, se constriñe a la protección de la vida y la integridad física de quienes tomaron al toreo como forma de vida. En esta última cuestión es en lo único que difiere su postura de la de los actuales abolicionistas, que se preocupan más por la integridad del toro que se lidia, que por los hombres que se enfrentan a él. Como podemos ver, a un siglo vista, nada nuevo hay bajo el sol.

Concluyendo

Así es como se vio en la cercanía del tiempo y del espacio la muerte de Gallito. No son los renombrados escritores, ni las tribunas de importancia las que transmiten la información, pero como decía al inicio, tiene el valor agregado de que se publicó de inmediato, fijándola para la posteridad y dejando claros algunos datos que la historia oficial a veces oculta o pasa por alto.

Espero que estos puntos de vista, poco leídos, estudiados y dados a conocer, les hayan resultado de interés.

Agradecimiento

Quiero agradecer al aficionado gallista don Gabriel Vegas, el haberme facilitado las imágenes que ilustran estas dos participaciones.

Igualmente hago notar que otra versión de estas dos entradas la publiqué aquí y aquí hace diez años.

Los originales de las crónicas transcritas las pueden encontrar en estas ubicaciones:

Diario El Castellano del 17 de mayo de 1920.

Diario El Castellano del 18 de mayo de 1920.

Diario El Eco Toledano del 17 de mayo de 1920.

Diario El Eco Toledano del 18 de mayo de 1920.

sábado, 16 de mayo de 2020

Talavera de la Reina. La prensa regional toledana un siglo después (I/II)

Cartel de la corrida del 16 de mayo de 1920
Cortesía: Colección de D. Gabriel Vegas
Hoy se cumplen cien años de la muerte de Gallito en Talavera de la Reina. Las versiones que  más conocemos son las consideradas oficiales, las que publicaron los escritores más renombrados de ese tiempo y la de Gregorio Corrochano es la que tiene primacía sobre las demás, dado que él fue testigo de excepción de la tragedia de ese 16 de mayo en el coso que, el 29 de septiembre de 1890 inauguraran Fernando Gómez El Gallo y Antonio Arana Jarana lidiando toros de Enrique Salamanca.

No obstante, existen otras versiones de los sucesos que Guerrita llegara a calificar en el momento como el fin del toreo, y algunas de ellas con el valor añadido de la inmediatez. En el repositorio de la Biblioteca Virtual del Centro de Estudios de Castilla La Mancha y en la de Prensa Histórica del Ministerio de Cultura encontré dos diarios toledanos de la época, El Castellano y El Eco Toledano, en los que con cierta profusión de detalles se narran los sucesos de la última corrida lidiada por el menor de Los Gallos.

Los ejemplares de estos dos diarios vieron la luz al día siguiente del suceso, lunes, a despecho de la Ley del Descanso Dominical de Antonio Maura, en vigor desde septiembre de 1904 y que aunque un año después había levantado la prohibición del trabajo en domingo para los periódicos, justamente el 15 de enero de 1920 volvió a reiterar la prohibición de laborar ese día para los periódicos. 

Creo que aquí es donde reside uno de los grandes valores de la información en ellos contenida, porque a despecho de las sanciones que pudieran recibir derivadas de la Ley de Maura, los editores de dichos periódicos primaron la inmediatez en la transmisión de la noticia trascendente y también si consideramos que los diarios principales no darían la noticia sino hasta el martes 18 de mayo, debido al referido descanso.

¿Por qué fue Gallito a Talavera?

Existen diversas versiones que justifican la presencia de Gallito en Talavera ese 16 de mayo. La más común es la que sitúa a José y a Juan, el 15 de mayo, comentando la insufrible situación que pasaban en el abono madrileño, donde la afición, por la escasa presencia de los toros y el nulo juego que daban, llegaba incluso hasta a las manos con los toreros. En ese diálogo, se llega al consenso de que hay que retirarse de Madrid por un tiempo y allí surge para Joselito la posibilidad de ir a Talavera, una plaza de la que se ha escrito, le hacía mucha ilusión, porque la había inaugurado su padre.

Tanto así, que Francisco Narbona y Antonio García Ramos, en la biografía que escriben de Ignacio Sánchez Mejías, afirman que el cartel original del festejo del 16 de mayo de 1920 en Talavera estaba conformado por los toros de la Viuda de Ortega para Rafael El Gallo, Ignacio Sánchez Mejías y Larita, pero que al quedar desligado José de su compromiso madrileño, se decidió que la corrida fuera un mano a mano entre él e Ignacio, con el mismo encierro, producto de un cruce entre vacas de Veragua y toros de Santa Coloma.

Creo que esta versión es buena como recurso literario y nada más. Si se revisa la prensa madrileña de esas fechas, se podrá encontrar en el semanario El Toreo de Madrid, en su número del 10 de mayo de 1920, el anuncio de que el cartel de las fiestas de Talavera sería el mano a mano entre Gallito y Sánchez Mejías con toros de Ortega y en los días subsecuentes, el diario El Heraldo de Madrid anunciaba que la Compañía de Ferrocarriles de Madrid, Cáceres y Portugal ofrecía un tren especial para la corrida además de los ordinarios, que saldría a Talavera a las 7:30 de la mañana y regresaría a Madrid a las 8:30 de la noche de esa misma fecha.

Entonces, la versión literaria es solo eso, literatura.

En tiempos recientes se ha hecho pública una versión políticamente incorrecta sobre la presencia de Gallito en Talavera. Es la que presenta Domingo Delgado de la Cámara en su libro Avatares Históricos del Toro de Lidia y que cito enseguida:
…La obra de Joselito fue admirable: creó el toro moderno… Pero también hizo otras cosas menos buenas y más vergonzantes. En el cortijo de Los Merinales por orden de Joselito se instaló una barbería para adecentar las corridas que torreaban los fenómenos. Los Merinales era un apeadero ferroviario donde se embarcaban todas las corridas de las ganaderías sevillanas. Pero antes de ser encajonados, los toros pasaban por un pequeño trámite. Una menudencia sin importancia que llenó de ira a Gregorio Corrochano cuando se enteró. 
Corrochano lo hace público; Joselito se indigna, pues lo considera una traición personal. Durante el año de 1919 no se hablan. Los palos que atiza Corrochano a Joselito desde su tribuna de ABC son tremendos. Al final hubo paz. A Joselito no le interesaba tener en contra al crítico más influyente de la historia. En el transcurso de la comida reconciliatoria se llegó al siguiente acuerdo: Corrochano se compromete a retractarse de lo dicho y a poner bien a Joselito; José a cambio se compromete a torear la corrida de feria del pueblo de Corrochano, un pueblo sin la menor importancia taurina llamado Talavera de la Reina. Esa y no otra fue la razón por la que Joselito fue a torear a Talavera…
Quizás una combinación de los dos motivos expuestos nos de la motivación exacta del por qué de la presencia de Joselito en Talavera ese día. Don Miguel Lizón cuenta que José pretendía que le acompañara a la corrida José María de Cossío, quizás para tener otro testigo de calidad en lo que allí sucediera, pero la compañía del enciclopedista del toreo no fue posible por un compromiso familiar, así que tuvo que asistir al compromiso sin esa deseada compañía.

En el diario El Castellano

Es el número 3,262 de El Castellano. Diario de información el que contiene la relación de los sucesos de la corrida del día anterior en Talavera de la Reina. No menciona el nombre de su director, aunque por un anuncio contenido en su cuarta página, deduzco que lo publicaba la Editorial Católica Toledana, que para aprovechar la imprenta, ofrecía servicios de impresión en general a la comunidad.

La descripción de los acontecimientos, remitida por el cronista A. Zamora por la vía telegráfica a la redacción de El Castellano el día de los hechos es la siguiente:
Desde Talavera. Corrida tristemente memorable. Emocionante cogida de Gallito. La muerte del gran torero 
¿Presentimientos? 
¡Qué mala cara tienes! 
La expectación reinante entre la afición para presenciar la corrida de feria de ayer en Talavera de la Reina era grandísima. 
El viernes, a las tres de la tarde, ya se habían agotado las localidades en taquilla, que pasaron en su inmensa mayoría a mano de los revendedores. Localidad hubo que se pagó a 50 pesetas, sin que las autoridades pusieran coto a estos abusos; pues momentos antes de empezar la corrida, en las inmediaciones de las puertas de entrada a la plaza, el comercio clandestino de billetes era escandaloso y público. 
La animación en las inmediaciones del edificio y particularmente en su interior, fue como jamás se ha conocido en Talavera.
La plaza se hallaba ocupada en su totalidad, abundando en palcos y gradas inmensidad de bellas señoritas ataviadas con la clásica mantilla española y el castizo mantón de Manila. 
En el palco de la presidencia tomó asiento, además del alcalde D. José González de Rivera, el gobernador civil de esta provincia, D. José De Figueroa y otras distinguidas personalidades. 
Las cuadrillas fueron acogidas con una gran ovación al hacer el paseo, al compás del pasodoble Gallito por ser la primera vez que pisaba este ruedo. 
El tiempo amenazaba con lluvias, que por fortuna no se confirmaron. 
La lidia de los cuatro toros primeros fue corriente, dadas las condiciones que reunía el ganado, que cumplió bastante bien en el primer tercio, poniéndose difícil en los dos restantes. 
Al cuarto toro le banderillearon, a petición del público, los maestros, saliendo por delante Sánchez Mejías, que arrancando desde el estribo y a cuatro pasos del de Ortega, prendió un soberbio par, sobrado de valentía. 
Joselito puso uno en los medios muy artístico y muy valiente. Mejías cambió a cuerpo limpio en la preparación de su segundo par, que después clavó saliendo del estribo. 
Joselito cerró el tercio con otro par de poder a poder. 
Lidia del quinto toro 
El quinto toro de Dª. María Josefa Corrochano, viuda de Ortega, llamado Bailaor, brocho y cornicorto, negro zaíno, de cinco años, hijo de la vaca Bailaora de Veragua y del toro Canastillo de Santa Coloma, comprado a D. Dionisio Peláez, hizo una pelea en varas de toro bravo, certero y pegajoso. 
Entró a los caballos cinco veces desde largo, dejando sobre la arena los cinco pencos. 
En banderillas presentaba alguna dificultad e hizo varias arrancadas fuertes con ánimo de cobrar caza. 
Joselito, que vestía por última vez terno grana y oro, se dirigió al toro con cierta desconfianza, toda vez que la gente le oyó decir al bicho: ¡Qué mala cara tienes! 
¿Presentiría el Wilson del toreo lo que pocos momentos más tarde iba a ocurrirle? 
Joselito lo tomó con un ayudado, cambiándose luego la muleta por la espalda y después de otros pases vistosos, el toro tomó la querencia de un caballo situado en los tercios entre el 1 y el 2. 
Con pases de tirón trató de sacarlo de su querencia, llegando a distanciarle en parte del caballo muerto. 
Cogida de Joselito 
Al intentar un nuevo pase por bajo se le arrancó el toro con tal ímpetu, que no pudiendo defenderse el torero de la terrible acometida, salió enganchado en el pitón izquierdo, volteado y derribado, quedando tendido en la arena con las manos sobre el vientre y en estado cadavérico, pasando en hombros de sus banderilleros a la enfermería. 
La aparatosa cogida del diestro emocionó enormemente al público y lidiadores, quienes desde un principio sospecharon el fatal desenlace que pudiera tener. 
Su cuñado Sánchez Mejías quedó en el terrible trance de tener que terminar con la vida del toro que había causado la sensible desgracia del rey de los astros coletudos, haciéndolo con valentía y estando el cornúpeto materialmente encima del caballo, al que tal querencia había tomado. 
El público pedía a voces que se suspendiera la fiesta; pero Sánchez Mejías dio prueba de su valor temerario dirigiéndose al presidente y solicitando que diera suelta al toro que cerraba plaza. 
Este pisó el ruedo demostrando mayor bravura que sus antecesores, arrancándose tan fuertemente a los caballos que ocasionó en una caída estrepitosa varias lesiones a los picadores Ceniza y Zurito
Sánchez Mejías, en los quites, estuvo monumental y después cogió los palos, siendo perseguido tan de cerca por su enemigo que saltaron juntos al callejón, librándose milagrosamente de un serio percance. 
No se arredró Ignacio y uno tras otro, sopló tres soberanos pares que entusiasmaron al público, que llegó a olvidar por breves instantes la emoción sufrida momentos antes. 
Con la muleta, puesto que el toro se puso algo más difícil, trató de aliviar cuando antes, despachándolo de un pinchazo, una estocada medio caída y un descabello con la puntilla. 
En la enfermería 
Al ingresar Joselito a la enfermería de la plaza, a hombros de su cuadrilla, dijo estas últimas palabras, perdiendo poco después el conocimiento: 
¡Que llamen a mi médico, que me muero en Talavera! 
Depositado en la mesa de operaciones fue reconocido por los doctores, Sres. Luque y Ortega, quienes certificaron que durante la lidia del quinto toro había ingresado en la enfermería el diestro José Gómez (Gallito) con una herida penetrante de vientre en la región inguinal derecha con salida del epiplón, intestinos, vejiga y gran shock traumático y probable hemorragia interna. Otra herida en el tercio superior e interno del muslo derecho
Muerte de Gallito 
A consecuencia de estas heridas, falleció el infortunado Joselito a las siete horas y dos minutos de la tarde, sin que los esfuerzos de la ciencia pudieran hacerle reanimar. 
Por el sacerdote D. Francisco Vázquez le fueron administrados los últimos sacramentos. 
El diestro de Gelves murió rodeado de su hermano Fernando, su cuñado Sánchez Mejías y los individuos de su cuadrilla que estaban visiblemente emocionados. 
La cabeza del toro 
Sánchez Mejías mandó cortar la cabeza del toro Bailaor causante de esta desgracia, que ha sido enviada a Madrid para ser disecada y conservada como triste recuerdo. 
Otros detalles 
El gobernador civil, Sr. Figueroa, se emocionó grandemente con la inesperada desgracia y ordenó que la estación telegráfica de Talavera permaneciera funcionando toda la noche. 
Le pusieron telegramas a Rafael Gómez (El Gallo), al doctor de Joselito, D. Agustín Mascarell y a otros amigos y deudos del finado. 
Esta plaza, donde Joselito ha hallado su muerte, fue inaugurada por su difunto padre, Fernando Gómez (El Gallo), en el año 1891, matando él solo toros de D. Enrique Gutiérrez Salamanca.
Dejo en este punto la recolección de los sucesos de esa prensa regional toledana, para continuar el día de mañana con el otro diario encontrado.

domingo, 5 de abril de 2020

Hoy hace un siglo: Confirma su alternativa en Madrid Ignacio Sánchez Mejías

Confirmación de Ignacio Sánchez Mejías
Ignacio Sánchez Mejías estaba destinado a ser un personaje histórico por sí mismo. Desde que decidió ser torero su vida se envolvió en una historia rocambolesca que valía ser contada. En 1908 se subió como polizón al vapor Manuel Calvo junto con Enrique Ortega Cuco para venir a México y aquí ambos, intentar hacer carrera en los ruedos.

Ambos fueron detenidos en Nueva York, confundidos con unos anarquistas buscados por la justicia y una vez que se aclaró su identidad y situación, Aurelio Sánchez Mejías, hermano mayor de Ignacio, que inicialmente llegó a nuestro país al cuidado de los encierros españoles que se lidiaban en las plazas de la capital mexicana y que en ese momento estaba al cargo del recién inaugurado Toreo de la Condesa, ofreció los avales necesarios para que Ignacio y El Cuco pudieran continuar su viaje hasta territorio nacional.

Así Ignacio iniciaría su carrera en los ruedos en Morelia, como banderillero en el año de 1910 y ya como novillero lo haría en la capital mexicana al año siguiente. Seguiría alternando sus actuaciones como jefe de cuadrilla y como subalterno y en esta faceta actuaría a las órdenes de Fermín Muñoz Corchaíto, Cástor Jaureguibeitia Cocherito de Bilbao y Rafael González Machaquito.

Debutaría en Madrid como novillero en 1913 y el 21 de junio de ese año durante una actuación en Sevilla sería gravemente herido, lo que lo hace replantearse su futuro en los ruedos, por lo que en 1915 retoma los vestidos de plata y actúa a las órdenes de Juan Belmonte y Rafael Gómez El Gallo. De 1916 a 1918 formará parte de la cuadrilla de Gallito.

Recibe la alternativa el 16 de marzo de 1919 en Barcelona, de manos de Gallito y llevando como testigo a Juan Belmonte, el toro de la cesión se llamó Buñolero y fue de los Herederos de Vicente Martínez.

La confirmación de la alternativa

La confirmación se programó para la Corrida de la Beneficencia del año de 1920. En ese calendario se verificaría el día 5 de abril, lunes, precisamente después de la corrida de apertura de temporada, misma que se verificaría el domingo 4 anterior.

Para el festejo, que todavía en esos días era a beneficio de los hospitales de la capital de España, se anunció, a Gallito como padrino de la ceremonia de confirmación y a Juan Belmonte y a Manuel Varé Varelito como testigos de ella, enfrentando la cuarteta, un encierro de ocho toros de los Herederos de Vicente Martínez.

El encierro lidiado

Alejandro Pérez Lugín Don Pío, en la crónica que escribió para el diario madrileño La Libertad, expresa lo siguiente acerca de los toros lidiados esa tarde:
“...Si es difícil enviar una corrida de las corrientes de «a seis», en que haya semejanza total de caracteres, ya que igualdad es imposible, calculen sus señorías lo que sucederá con una serie de ocho. 
Pues ayer la hubo en la buena, en la excelentísima crianza de los toros de Martínez, y en la bondad de su carácter. Y aunque, como es natural, los hubo con sus más y con sus menos de bravura, en conjunto, y por lo que toca a su pelea con las plazas montada, que es la que sirve, pese a las teorías modernistas, para calificar a los toros, merece la corrida de Martínez el calificativo de muy buena, Voluntad para acometer a los jinetes y nobleza para los infantes fue la nota característica de esta corrida que satisfizo mucho a todos...
Es decir, los ganaderos del Colmenar lograron acabalar una corrida de presencia y juego adecuado al acontecimiento para el que fue presentada. Además, deja entrever que ya se ponía en cuestión si la suerte de varas era en realidad la medida para calificar la bravura de los toros o no.

El triunfo del confirmante

Es César Jalón Clarito, cronista de El Liberal, hizo al día siguiente del festejo, el siguiente relato:
“Sánchez Mejías — decía un íntimo del diestro — se ha hecho matador de toros por su hijito. Es un nene simpático y precoz, que cuando su padre se iba a banderillear en la cuadrilla de su cuñado Joselito y se despedía diciendo: 
— «Ea, con Dio; que me voy a torear», el pequeñuelo oponía: «Papá, no torea. Torea «tiito». Y como Ignacio tiene mucho amor propio... 
Yo me he hecho matador de toros — refería otro día el diestro — porque tengo afición y porque creo que tengo valor y porque he dado con una escuela de toreo en la que la que pienso practicar. Esta escuela tiene como principio el de que «torear es arrimarse» y como fin... como fin el talonario de cheques o el de las recetas...  
¿Practicó en esa escuela Sánchez Mejías todo el año pasado en las plazas de provincias? El público esperaba la respuesta ayer. Y de ahí el silencio expectante que se hizo en la plaza ai aparecer en el ruedo el primero de los toros de Martínez, un berrendo, buen mozo, gordo y bien criado... 
El diestro se hizo presente a la res en el tercio, y dio el cambio de rodillas... Después, veroniqueó... Las masas guardaron silencio. 
El berrendo era bravo y derribó en la primera vara con estrépito; cayó el piquero entre las astas y la cabalgadura y el astado embistió recogiendo y apretando al hombre contra la bestia. Sé inició en este punto la emoción y continuó en el quite de Ignacio, que llevó a la res embebida en la tela, y con gran serenidad y templanza, la hizo pasar una y otra vez por tan cerca de sí que el berrendo debió babearle los alamares del chaleco... «Allí» ya sonó la primera ovación...  
Dos pares clavó el hombre, llegando de frente, decidido hasta la cara y uno de dentro a fuera... Y la muchedumbre siguió su labor con tal atención y deleite, que dos aeroplanos que en las alturas simulaban una maravillosa pareja de aviones, pasaron desapercibidos. 
Llegó el de Martínez al último tercio bravo y noble. Sánchez Mejías lo hizo llevar a las tablas. Se sentó en el estribo, por bajo de la barrera del 10. Y ofreció la muleta al bruto a dos dedos de sus hocicos... 
Tres apretadísimos pases allí, en el mismo estribo, sin moverse el hombre más que lo suficiente para dar gracia a la suerte, hicieron prorrumpir en ¡olés! y aplausos a la concurrencia. 
Pero aun fueron mejores, a mi juicio, dos estupendos pases, uno de ellos de pecho, que me hicieron pensar en el aforismo del diestro: ¡Torear es arrimarse!... Y sí que lo es. Arrimarse bien, claro está. Con serenidad, para no descomponer la figura y para dar templanza a los movimientos. 
Cuando se arrostra el peligro desde tan cerca y con tal tranquilidad, el que no es «artista» de por sí, lo parece. 
Y lo de torear cerca y tranquilo no se redujo a la lidia de ese magnífico ejemplar; se extendió a los tercios de quites en los otros toros y culminó en unos apretados muletazos al toro que cerró plaza. 
¡Ovaciones y vuelta triunfal, en la plaza de Madrid, un día de lleno rebosante, con un público que espera de uñas y que ha pagado a diez duros la localidad!... 
¡Oye, tú, pequeño Sánchez Mejías, ¿te parece que digamos que ha toreado tu papá?...
El resto del festejo

Gallito realizó una de sus obras más acabadas en Madrid con el cuarto de la corrida. Juan Belmonte, refieren las crónicas, se vio desganado y Varelito sorprendió a la afición con su habilidad estoqueadora. En suma, fue una gran tarde de toros.

El hilo del destino

Los cuatro diestros que actuaron en Madrid hace un siglo terminaron sus días en un halo de tragedia. Gallito, Varelito y Sánchez Mejías serían víctimas de las astas de los toros y Juan Belmonte, aquél de quien sentenció Guerrita que lo sería y que había que darse prisa si quería vérsele torear, terminó con su vida con su propia mano. 

Sin embargo, antes de llegar a la conclusión terrenal de todo ser humano, tuvieron sus días de sol y de gloria, como la tarde que he intentado relatarles.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Toreo en la Maestranza cuando me da la gana don José...

Ignacio Sánchez Mejías en su despedida en Ávila
Fotografía: Manuel Vaquero
© Manuel Vaquero - Archivo Ragel - Carlos González Ximénez
10 de octubre de 1922
Esto que hoy les presento aquí, lo había publicado hace ya algo más de ocho años en Tauropedia, una magnífica bitácora que administra Carlos González Ximénez y en la que nos presenta imágenes captadas por las lentes de las cámaras de Aurelio Rodero y Manuel Vaquero

En aquella ocasión, Carlos tuvo a bien presentarme algunas fotografías de Ignacio Sánchez Mejías y me sugirió que escribiera algo acerca del torero sevillano. Dándole vueltas a la situación me vino a la mente aquél hecho no igualado que ocurrió la tarde del 21 de abril de 1925, en la que actuaron ante toros de Santa Coloma, Manuel Jiménez Chicuelo, Martín Agüero, Juan Luis de la Rosa y Litri. Enseguida, lo que sucedió.

Algunos antecedentes de la situación

Ignacio Sánchez Mejías concluyó la temporada de 1922 en Ávila, estoqueando siete toros, tres de Antonio Pérez Tabernero, tres de Argimiro Pérez Tabernero y el sobrero de García de la Resina él solo. Al terminar la corrida, la sensación de que no había manera de satisfacer el interés de la afición con su actuar en el ruedo, le hizo declarar lo siguiente a Eduardo Palacio, cronista del diario madrileño ABC:
Sí, esto se concluyó; cuando me jugaba desesperadamente la vida en el último toro, lo tenía decidido firmemente; el público no me quiere, me exige que me cuelgue de los pitones, lo hago por darle gusto, por escuchar su aplauso enloquecedor, y aún así me lo regatea tacañamente; he sido vencido en lucha tan desigual y lo dicho, amigos míos, esto concluyó...
Se dedicaría a su familia y quizás a escribir, pero en esos momentos, los toros estaban fuera de toda cuestión.

Pese a todo, pudo más su afición y a mediados de la temporada de 1924 volvió a los ruedos y no obstante su tardío inicio, logró sumar 42 fechas. En esa temporada se conformó la Asociación de Empresarios y Propietarios de Plazas de Toros de España, que tenía como cabezas visibles a los señores Linaje (Madrid), Arau (Bilbao), Ucelayeta (Bilbao), Vallejo (Valladolid), Elío (Vitoria), Santiuste (Vitoria) y muy principalmente a José Salgueiro de Sevilla, que era la eminencia gris, aunque Linaje fuera el Presidente.

El funcionamiento de esa Asociación de Empresarios tendría en los hechos el de la agrupación económica conocida como cártel – pese a lo desprestigiado que está el término – toda vez que era un acuerdo celebrado entre dos o más empresas con miras a la dominación de un mercado determinado, para prevenir competencias externas. Las bases de operación de ese cártel, eran el establecer un honorario máximo para los toreros de 7 mil pesetas por corrida – se afirma que algunos toreros, como el mismo Sánchez Mejías percibían al menos el triple – y el sancionar económicamente a los diestros que se contrataran con empresas que no pertenecieran a la Asociación.

En el invierno de 1924 se forma la Sociedad de Matadores de Toros y Novillos y para presidirla se designa a Ignacio Sánchez Mejías, quien comenzará a pugnar por el derecho de los toreros a contratarse libremente y a gestionar con igual libertad el monto de sus percepciones. La respuesta de la Asociación de Empresarios fue el proponer en público una mesa de negociación, en tanto que en lo privado, José Salgueiro proponía a sus agremiados que no contrataran a Sánchez Mejías en ninguna de sus plazas.

Eso motivó que en febrero de 1925, la Sociedad de Matadores contratara al Presidente del Colegio de Abogados de Madrid, don Juan de la Cierva, para que le patrocinara una causa ante los Tribunales, en contra de los empresarios, que con su actitud, pretendían restringirles su derecho al trabajo y a la remuneración de éste. Al final, la resolución judicial fue favorable a los toreros.

El anuncio de la Feria de Abril de 1925

A finales de marzo de 1925, Salgueiro anunció los carteles de la Feria de Abril. El día 18 ante toros del Conde de la Corte, actuarían Chicuelo, Facultades y Antonio Posada; el 19, Chicuelo, Facultades y Litri lidiarían un encierro de Guadalest; el lunes 20, los toros de los hijos de Eduardo Miura serían para Juan Luis de la Rosa, Chicuelo y Martín Agüero y el martes 21 la feria cerraría con 8 toros de Santa Coloma para Juan Luis de la Rosa, Chicuelo, Martín Agüero y Litri. Posada fue herido el día 18 y fue sustituido por Chicuelo el día siguiente y por La Rosa los días 20 y 21.

Anunciados los carteles, Federico M. Alcázar, en el número correspondiente al día 1º de abril de la revista Mundo Gráfico, de Madrid, reflexionaba lo siguiente en un artículo titulado «En “La Perlita” darán razón»:
…Ya está hecho el cartel de la feria de Sevilla. Ya se ha cometido el atropello, o, mejor dicho, el despojo de que han sido víctimas Sánchez Mejías y Marcial Lalanda. Una vez más ha triunfado el capricho y la arbitrariedad de un señor frente a las justas demandas de la afición de todo un pueblo. ¿Es esto lícito? Rotundamente, no. Lo hemos dicho en otra ocasión y lo repetimos cuantas veces sea preciso. Un empresario no tiene derecho, en nombre de ningún interés particular, a privar a un público de ver a un torero cuando éste es una garantía en taquilla. En esto no debe haber vetos ni sociedades, sino la fiesta y el público. Por encima del egoísmo y de los rencores de un empresario está la afición, que paga y la fiesta por cuyo esplendor deben velar unos y otros…
El empresario de la Maestranza había cumplido lo que se propuso, al menos en lo que a él concernía, no contrató a Ignacio y se afirma que dijo: En esta plaza, mientras yo sea empresario, no pisará más su albero ese torero…

Eso último, estaría por verse.

La corrida del 21 de abril

Chicuelo fue abroncado; La Rosa pasó de puntillas; Litri se mostró esforzado y Martín Agüero demostró por qué la Historia del Toreo le recuerda como uno de los grandes artífices de la suerte de matar. Fue en el segundo toro de su lote, en el séptimo de la jornada, en el que Ignacio Sánchez Mejías, pese a la admonición de José Salgueiro, toreó en la Plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y pisó su albero en la Feria de Abril de 1925.

Los hechos sucedieron de la siguiente manera, según las relaciones que de ellos se conserva:

La versión que publican Antonio García – Ramos y Francisco Narbona, es la siguiente:
…tras la pelea con los jacos el clarín anunció el cambio de tercio y el banderillero de turno clavó el primer par, Ignacio, espectador de la corrida en primera fila de barrera, saltó al callejón y sin quitarse el sombrero de ala ancha se presentó en el redondel, requiriendo a Agüero. Solicitaba permiso para participar en el tercio. No puso obstáculo el vasco… conjuntamente, solicitaron la venia de la máxima autoridad en la plaza. Aceptó ésta y entre la renovada ovación del respetable allá se fue Sánchez Mejías, con la americana bien abrochada y el cordobés bien encajado, dejando tres pares de banderillas más. El conde de Colombí, testigo de la hazaña (y a quien debemos este testimonio) los describió así: «El primero fue espectacular, sin terreno casi para salir de la suerte; el segundo, de dentro a fuera, apoyando la espalda en los tableros de la barrera; el tercero, cambiando en la misma cabeza del toro, teniendo, después, que saltar al callejón.» Se escuchó una de las más grandes ovaciones registradas en la Real Maestranza. Luego Agüero brindó la muerte de su enemigo a Ignacio, que volvió, sonriente, a su asiento, como si tal cosa. Tan pronto el torero bilbaíno acabó con el bicho, el público le invitó a dar la vuelta al ruedo «con Sánchez Mejías», en medio de otra gran ovación. Cuando los dos espadas pasaron a la altura del burladero de la empresa, Ignacio se encaró con Salgueiro y muy cortésmente, le dijo: «Lo ve usté… Piso este ruedo y toreo en la Maestranza de Sevilla cuando me da la gana, don José…».
La segunda versión, más inmediata, es la que apareció publicada en la crónica del diario El Guadalete, de Jerez de la Frontera, el día 22 de abril de 1925, titulada Sánchez Mejías capitalista y que en su parte medular dice: 
Séptimo: Negro lombardo… Un voluntario se arroja al ruedo y después de dar varios pases es detenido. Agüero lancea bien. Sánchez Mejías, que se encuentra presenciando la corrida, pide permiso para banderillear, otorgándoselo la presidencia. Al saltar al anillo Ignacio el público le ovaciona y la música deja oír sus acordes. Entra por los terrenos de adentro y deja un buen par. Después intenta sesgar de nuevo y se ve precisado a saltar la barrera. Vuelve a la carga y con extraordinaria valentía, sin tener apenas salida, exponiéndolo todo, coloca un par magnífico, sucediéndose las ovaciones. Martín Agüero brinda a Sánchez Mejías. Está con el reflejo cerca y breve, intercalando dos pases de pecho estupendos. Entra soberbiamente al volapié y deja el estoque en todo lo alto. (Ovación grande, regalo del brindado y petición de oreja). Martín e Ignacio dan la vuelta al ruedo, siendo muy aplaudidos, incluso por los Reyes...
En lo esencial, las dos versiones son coincidentes, salvo por la mención que hace la segunda de la presencia de los Reyes de España en el festejo.

Lo que me impresiona de la información en torno al festejo y al hecho mismo, es la manera en la que se intentó silenciar. Los diarios de Madrid, lo consignan en un par de líneas. Solamente los nocturnos, El Heraldo y La Voz mencionan con algo de desarrollo el suceso; el ABC, simplemente lo omite y en las publicaciones especializadas, podemos ver que La Lidia lo reduce a un par de líneas y en El Toreo ni siquiera se reseña el festejo. Tal era la fuerza de la Asociación de Empresarios, que a toda costa pretendía mantener la victoria pírrica de Salgueiro, pues pese a todo, Ignacio Sánchez Mejías seguía manteniéndose en los primeros sitios del escalafón.

La temporada 1925 la concluyó Ignacio con 61 corridas y aún así se dio tiempo para hacer crónica y crítica taurinas en el diario La Unión de Sevilla. Hoy tenemos la oportunidad de conocer mucha de esa obra periodística en el libro titulado Sobre Tauromaquia, publicado en 2010 en Córdoba.

No obstante, considero que la hora dorada de Ignacio Sánchez Mejías en ese 1925 fue el momento que perpetuara Andrés Martínez de León en su obra que titulara El Lanzamiento y que con estas líneas intento recordarles.

domingo, 7 de julio de 2013

Relecturas de Verano IV: Ignacio Sánchez Mejías. Sobre Tauromaquia

Uno de los argumentos más manidos de los que se oponen a la Fiesta de los Toros consiste en intentar negar el valor cultural que tiene. No hay espacio para la duda en cuanto al hecho de que en torno a las cosas de los toros, muchas y muy variadas expresiones culturales se han tejido. Pero aún crece esa vertiente cultural cuando los propios actores de la Fiesta son quienes aportan a esas manifestaciones su visión desde dentro.

Las expresiones literarias de Ignacio Sánchez Mejías parecen hacerse públicas poco tiempo después de su primera retirada de los ruedos en 1922. Aunque solo un año dejará los redondeles, para actuar sin interrupciones hasta 1927, año en el que se mete de lleno, ahora sí, a las cuestiones literarias. Paco Aguado  refiere así esta dedicación a la literatura y la conjunción de Ignacio con la Generación del 27:

Sánchez Mejías fue un humanista, un hombre que mezcló en una sola persona acción y pensamiento y al que la gran Literatura le debe la iniciativa de convocar, congregar y aglutinar a los entonces incomprendidos e inadaptados poetas de la que llamarían Generación del 27. Si Belmonte se puso a la sombra de los consagrados, Ignacio apostó por los malditos en aquella reunión en el Ateneo de Sevilla y la posterior fiesta en su finca de Pino Montano. Su amigo Federico, a quien salvó de la depresión de poeta en Nueva York, se lo pagó con creces escribiendo el epitafio más hermoso que nunca pudo tener un torero. Fue aquel llanto por una muerte que le tenía obsesionado desde la tragedia de Talavera y que los gitanos, como la de Joselito o la de Granero, hacía tiempo que venían oliendo. Porque, volviendo de nuevo a Luján, durante veinte años, se salvó de ella emborrachándola con su propia sangre a cada cornada feroz que recibía, y siempre se libró por milagro...

Entre los incomprendidos a los que se refiere Paco Aguado, se encontraban Rafael Alberti, José Bergamín, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda y Federico García Lorca y a partir de ellos, organiza en Sevilla las conmemoraciones del tercer centenario de la muerte de Góngora, las que tienen lugar el 11 de diciembre de 1927. Después, preparará Las Calles de Cádiz, para reivindicar la pureza y la autenticidad del flamenco y del cante jondo. Las Calles de Cádiz se presentó en el Teatro Español de Madrid el 14 de octubre de 1933 y en él participarán Encarnación López La Argentinita y los bailaores gaditanos Rafael Ortega, La Macarrona, La Malena y La Fernanda, ésta última compañera de cartel de La Gabriela y de La Mejorana en el café sevillano del Burrero.

Es también en 1929 cuando pronuncia su célebre conferencia en la Universidad de Columbia en Nueva York y cuando comienza a publicar artículos de opinión en El Heraldo de Madrid, sobre cosas de toros, pero también, abordando temas complicados como los relativos a la censura a la que oficialmente estaba sujeta la prensa de su época.

Posteriormente abordará también la crítica y la crónica taurinas en el diario sevillano La Unión, en el que contaba a la afición su punto de vista sobre las corridas que toreaba en esos días, llegando incluso a cuestionar con profundidad y calidad de argumentos, la actuación de quienes presidían las corridas en las que él actuaba, mismas que por lo regular eran el objeto de sus narraciones.

Sánchez Mejías, el escritor

El profesor de la Universidad de Sevilla, Juan Carlos Gil González, novillero en su día – Carlos de la Serena fue su alias artístico – es quien estudia a detalle los escritos periodísticos de Sánchez Mejías y hace una interesantísima selección de ellos, de manera tal que pueden cubrir las distintas temáticas que el torero abordaba en esas comunicaciones. Sobre ellas señala el profesor Gil:

…se observa con meridiana claridad su tozuda defensa de la libertad y la fecundidad aplastante de sus reflexiones sociopolíticas. Y algo más, suficientemente inusual como para ser recordado tras el paso de su historia: la decencia de su postura inalterable ante las dictaduras de la pluma periodística al servicio de intereses espurios era una actitud vital. Que se sepa, Ignacio Sánchez Mejías jamás coqueteó con los filibusteros del periodismo para ganarse su favor con fraude de ley. Al contrario, pudo exhibir sin complejos una decencia poco usual en su gremio, muy dado a dejar en manos de terceros sin escrúpulos la fontanería de los bajos fondos. Su aventura de intentar combatir de frente los hechos injustos no mordió su prestigió taurino aunque sí le generó un sinfín de enemistades…

La recta personalidad de Ignacio Sánchez Mejías se mantuvo inalterada aún en los medios literario y periodístico. Igual se condujo delante de los toros, que en los despachos de los empresarios – recuérdese el veto al que fue sometido en 1925 –, como ante los círculos gobernantes del llamado cuarto poder y quizás fuera por ello, que luchara contra esa censura existente de manera oficial en los días en los que publicaba sus pensamientos en los diarios españoles.

El libro

Juan Carlos Gil González reúne en la obra una interesante variedad de textos y prepara el terreno al lector con un minucioso estudio previo. Se incluyen en él dos conferencias. La primera seguramente es – por su temática – la que pronunció en la Universidad de Columbia y hay una segunda dedicada al análisis de los encastes del toro de lidia. Particularmente destacaré un tríptico dedicado a lo que hoy llamamos la defensa de la fiesta, en el que de manera inteligente y por demás amena, aborda el caso de las llamadas sociedades protectoras de animales, mismas que he transcrito en esta misma bitácora y que pueden consultar en estas tres ubicaciones: 1, 2 3.

La publicación de Sobre Tauromaquia, es una especie de continuación del rescate de la obra del torero – literato, dado que unos meses antes, la propia Editorial Berenice sacó a la luz una novela inédita de Sánchez Mejías titulada La Amargura del Triunfo, obra acerca de la que Andrés Amorós considera lo siguiente:

…un retrato prototípico del ascenso y desengaño de un torero, con claves y un trasfondo muy originales debido a las manos, de sobra autorizadas, de las que procede… un verdadero hallazgo literario, por tratarse de un personaje tan importante en la literatura y la cultura española…

La colección recopilada y analizada por el profesor Juan Carlos Gil se formó con materiales procedentes del archivo de la familia del torero y con una concienzuda revisión hemerotecas y se centra principalmente en el ambiente de la fiesta, el campo y – como lo señalaba antes – en la defensa de la Fiesta de los toros. Algunos de los textos seleccionados por el profesor Gil eran inéditos y otros muchos resultaban desconocidos, por estar en las profundidades de las hemerotecas.

Más como en relecturas anteriores, detengo aquí la explicación sobre el contenido de la obra, con la idea de invitarles a su lectura, a descubrir en sus páginas el rigor y la inteligencia con la que Ignacio Sánchez Mejías trataba – sobre todo – los temas de esta Fiesta. Agrego mi acostumbrada coletilla, en el sentido de que no me parece justo el descubrir el total de la obra, pues eso creo que va en detrimento de la posibilidad de que sea leída, lo que contraría la intención de todo autor. 

Sobre Tauromaquia se presentó en Sevilla el 15 de diciembre de 2010 y fue comentado por Antonio García Barbeito, Juan Carlos Gil González y David González Romero.

Referencia Bibliográfica: Sobre Tauromaquia. Obra periodística, conferencias y entrevistas. – Ignacio Sánchez MejíasJuan Carlos Gil González (selección de textos, edición y estudio previo). – Editorial Berenice. – 1ª edición, Sevilla, 2010, 232 páginas, con ilustraciones en blanco y negro. – ISBN 978 – 84 – 92417 – 48 – 3. 

Nota aclaratoria: Esta imagen, que sirve para ilustrar la portada del libro fue tomada en México. Precisamente en la ganadería de La Punta, en donde los hermanos Francisco y José C. Madrazo y García Granados implantaron la moda de practicar el acoso y derribo con un automóvil. La escena resulta interesante, porque todo el atavío andaluz quedó desechado para su práctica en esa forma y si no, obsérvese el sarakoff que adorna la cabeza de Ignacio Sánchez Mejías en la escena campera.

Aldeanos