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domingo, 5 de abril de 2026

6 de abril de 1931: Jesús Solórzano confirma su alternativa en Madrid

El lunes 6 de abril de 1931 fue la fecha fijada para la Corrida de la Beneficencia, dice su cartel anunciador, a favor del Hospital Provincial de esta Corte, con un cartel integrado con ocho toros de don Bernardo Escudero Bueno antes del señor Marqués de Albaserrada, para Nicanor Villalta, Joaquín Rodríguez Cagancho, Francisco Vega Gitanillo de Triana y Jesús Solórzano, quien confirmaría la alternativa que recibió en Sevilla el 28 de septiembre del año anterior.

La situación política en España estaba revuelta, había campañas políticas para las elecciones municipales que se celebrarían el siguiente domingo 12, y en las cuales, la historia nos enseña, en las principales urbes de la Península Ibérica, los candidatos de orientación republicana triunfaron en las urnas, hecho que motivó que un par de días después, el Rey Alfonso XIII pactara la entrega del poder a quienes impulsaban la implantación de un estado republicano y su salida del país, pero sin abdicar a su trono. 

Esta Corrida de Beneficencia tiene un acento singular, porque fue la última que se celebró en una España monárquica hasta el 10 de junio de 1976, cuando en la plaza de Las Ventas, los rejoneadores Joaquín Moreno de Silva y Joao Moura, junto con los toreros de a pie Santiago Martín El Viti, Francisco Ruiz Miguel y Julio Robles enfrentaron toros del Conde de Mayalde, Lisardo Sánchez y de Fermín Bohórquez para rejones. A este último festejo asistió don Juan Carlos I con su esposa doña Sofía, sin que exista en la prensa de 1931, relación en el sentido de que Alfonso XIII haya ocurrido a la Plaza de la Carretera de Aragón.

La confirmación de alternativa de Jesús Solórzano

El primer toro de Bernardo Escudero que salió al ruedo fue nombrado Espartero, de pelo negro, y era el que estaba destinado para que quien pasaría a la posteridad como El Rey del Temple ratificara en la capital española su alternativa sevillana. La crónica madrileña en lo general coincide en que el diestro moreliano resolvió esa tarde halagüeñamente, aunque tampoco falta quien vea las cosas de manera negativa. Escribe Federico Morena para el diario Heraldo de Madrid salido a las calles la noche misma del festejo:

Los espadas, aprovechando las buenas condiciones de la res, se lucen en los quites, y el público, complacido, les aplaudo sin regateos… Jesús toma los palos y clava un buen par al cuarteo. (Palmas.) El bicho da en escarbar en la arena. Pero el de Méjico no encuentra dificultades en esta suerte, y prende otros dos pares, cuadrando en la cara y levantando muy bien los brazos. (Ovación.) … Ceremonia de alternativa, Jesús toma los avíos de matar de manos del aragonés. Brinda largo y sale al tercio en busca del de Albaserrada. Un pase ayudado por alto, magnífico… La muleta a la zurda y un natural, perfectamente ejecutado, que liga con el de pecho… Muy torero; sí, señores... Unos pases de buena factura sobre la derecha, y la alegría de unos molinetes. El público, encantado… Cuadra el bicho y el espada arranca derecho; pero se lleva el estoque, luego de un pinchazo hondo, ladeadito. Media estocada atravesadilla y otro pinchazo... Intenta el descabello y acierta al tercer empujón... Esto ha deslucido un poco la faena; pero el espada oye justas palmas...

Por su parte, Maximiliano Clavo Corinto y Oro, en La Voz, también aparecido la noche misma de la corrida, reflexiona:

Se trata de un toro negro, buen mozo y desarrollado de armas. Solórzano le sale al tercio del 1, y parando, templando y mandando admirablemente le pega cinco verónicas y media de las que acreditan a un torero... En el primer quite vuelve a apretarse el hombre, aunque el bicho se le pone por delante en una verónica, y en el segundo se nos aprieta también Villalta; otro quite del mejicano, admirable, cargando la suerte... Solórzano coge los palos, y comienza dibujando un par de frente de los de lujo. Repite con otro idéntico, de profesor, y cierra el tercio con un tercero con los terrenos cambiados, igualmente admirable... ¡Como la seda va el festejo, mi amigo! … Villalta, con las efusiones de rúbrica, entrega los trastos a don Jesús, que empieza con un ayudado estatuario, al que empalma un natural y otro de pecho, superiores. Continúa sobre ambas manos, muy cerca y muy valiente, un poco embarullado de tanto querer apretarse. El público bate aplausos en honor de la valentía y el estilo, aplausos que también merece el toro. En el primer empujón se le va la mano, y resulta un metisaca, y en el segundo, en línea recta, coloca una estocada corta que no hace el daño suficiente. Todavía hay un pinchazo en lo duro, y remata descabellando a la tercera... Estilo y muchas cosas de torero bueno, pero un poco de precipitación en la faena y al matar... Aplausos al torero y al toro...

De quienes salieron al día siguiente del festejo, que coincidieron con la mayoría, está Rafael Hernández y Ramírez de Alda firmando como Rafael, en su tribuna de La Libertad, quien contó:

Con tipo de torero, con seguridad de buen lidiador y con excelente estilo toreó por verónicas al primer toro y remató con quietud en los pies y temple y soltura en los brazos... El público, con ese certero instinto de las muchedumbres, vio desde aquel momento que en el mejicano hay un torero y un artista grande, y se declaró en su favor. Puede decirse que estaba roto el hielo. Hizo luego tres quites muy artísticos, toreando con mucha finura y parándose mucho con los toros... Cuando tomó los trastos de manos de Villalta ya tenía Solórzano ganado al público. Pero faltaba verle con la muleta, que es la piedra de toque del toreo. Y le vimos en una faena breve, pero torera y emocionante. Empezó con un ayudado, haciendo la estatua; siguió con un natural ceñidísimo, que ligó con el de pecho, aún más ceñido, y, entra olés y ovaciones, siguió toreando con la derecha muy artista y muy valiente. Mató de un pinchazo sin soltar, atacando con fe; media tendenciosa, otro pinchazo y un descabello al cuarto intento. No le acompañó la suerte al matar; pero, no obstante, el público le aplaudió con calor, tanto por la buena faena de muleta como para rubricar con su beneplácito la confirmación de la alternativa...

Por su parte, Gregorio Corrochano, en el ABC madrileño también salido al día siguiente del festejo, opina abiertamente en contra de la opinión general:

Decíamos que el primer toro fue excepcional. Yo no conozco el temperamento de Solórzano y no sé la importancia que dará a las cosas; pero supongo que le dará mucha rabia acordarse de este toro. Y lo supongo, porque a mí me ocurrió algo parecido. Verá usted, Solórzano. En una ocasión tropecé con una billetera. Quiero decir, mujer que vende billetes de Lotería. Ya sabe usted lo que porfía una billetera por vender. Otras veces me había porfiado, yo había adquirido y nunca logré premio alguno. Este día me resistí más. Ella, viendo que se escapaba el parroquiano, llegó a meterme un billete en el bolsillo. Decidido como estaba a no claudicar, saqué el billete y se lo devolví imperativo. Pero en este forcejeo había visto el número, un número insignificante de pocos guarismos, y le conservé en la memoria. A los pocos días, al leer un periódico, vi aquel número que me habían metido en el bolsillo y que yo no quise estaba premiado con el gordo. Cada vez que me acuerdo me da mucha rabia. Rechazar el premio gordo, cuando se ha tenido en el bolsillo es horrible. Por esto supongo la rabia que le dará a usted cuando se acuerde del toro de su alternativa en Madrid. Porque ese toro, para un torero, es meterle en el bolsillo el premio gordo. Y usted también lo rechazó. Lo mío tiene la disculpa del jugador quebrantado. Lo de usted era más claro. Para un torero no era difícil ver que aquel toro en Madrid era la reputación y el éxito. El premio gordo, créame usted. ¡Qué faena se pudo hacer! Y después de haber toreado bien de capa y banderilleado con facilidad y aceptación estaba el aplauso esperándole. La faena fue precipitación, falta de sosiego, sin dominio y atropellada; lo que pudo ser grande quedó en vulgar; lo que pudo ser el premio gordo quedó en un premiecillo de treinta pesetas. Buen toro se desaprovechó. Después de visto esto, lo del octavo era de esperar. A salir del paso, a terminar. Lo que me pasa a mí cuando juego a la Lotería; ya no me interesa. Después de haber rechazado el premio gordo... lo mismo me da jugar que no jugar, como a usted le sucedió en el octavo...

Juzga con dureza don Gregorio, quien un par de meses después, tendría ocasión de rectificar, expresamente, cuando le tocara relatar el encuentro de Solórzano con Revistero de Aleas, asunto que ya he tenido ocasión de contar por estas páginas virtuales.

El triunfo de Nicanor Villalta

Todos los cronistas coinciden en que la corrida de Bernardo Escudero fue buena, pero que de ella destacaron dos toros, el primero y el quinto. Este último fue el segundo del lote del aragonés Nicanor Villalta, con el que, terminó alzándose como el triunfador de la tarde. Escribe el ya citado Federico Morena:

QUINTO. – «Banderillo», cárdeno. Saca muchas libras. Y, sin embargo, corretón... Entra Villalta en acción... En el primer quite se echa el capote a la espalda, y nos alegra un poco la existencia con unos lances novedosos y pintureros. ¡Pero Villalta! … Solórzano cierra, el tercio de quites con cuatro lances muy vistosos, rodilla en tierra, que son premiados con nutrida salva de aplausos... Nicanor brinda a Ortega, el nuevo fenómeno, que ocupa, con Dominguín, una barrera del 2... El viento arrecia... Villalta empieza la faena con un pase ayudado por alto, luego da un natural, que liga con el de pecho, magnífico... El viento corta la faena. Moja la muleta y hace un faenón, así, como suena, con pases al natural y de pecho soberanos. Y luego torea en redondo y se mete materialmente en el toro. El público jalea entusiasmado al pundonoroso espada aragonés... Sigue toreando bravamente sobre ambas manos y mete, en fin, un soberano volapié. El toro cae con las cuatro patas por alto... El público, puesto en pie. aclama al baturro, que recibe un regalo del brindado, y algo que para él vale mucho más: las dos orejas y el rabo de «Banderillo» … El entusiasmo que hay en la plaza es indescriptible... ¡Bravo, Villalta! … ¡Viva Aragón! …

Nicanor Villalta fue sacado en hombros de la plaza al finalizar el festejo entre la algarabía de la concurrencia. El torero de Cretas se consolidaba como uno de los toreros favoritos de la afición madrileña.

Cagancho y Gitanillo de Triana

Los dos toreros gitanos también tuvieron su instante de lucimiento esa señalada tarde. Sin redondear ninguno de ellos una faena para la historia, dejaron su impronta en los quites al tercero de la tarde. Contó a sus lectores Federico M. Alcázar en su tribuna de El Imparcial, aparecido al día siguiente de la corrida:

El tercio de quites de los gitanos. – Gitanillo abre el capote en el tercer toro y hace un quite asombroso, inenarrable. Se pica Cagancho y le sigue otro inmenso. Se desborda el entusiasmo, y otra vez repitan loa gitanos el quite entre las aclamaciones de la muchedumbre. El estilo pasa de un capote a otro, depurándose, refinándose hasta lo inverosímil en Gitanillo, y adquiriendo en Cagancho ese colorido y esa gracia gitana que es la nota más acusada de su personalidad y el tono más encendido de su arte. El público los obliga a saludar al cambiar el tercio... Gitanillo vuelve, en el cuarto, a provocar el entusiasmo con el capote, toreando magníficamente...

Por su parte, César Jalón Clarito, en El Liberal, también al día siguiente del festejo, reflexionó sobre este pasaje de la corrida:

Flojo, desanimado el resto de la corrida, aún tuvo, sin embargo, otro momento destacable: el del portentoso tercio de quites de los dos gitanos al toro segundo. Cagancho y Gitanillo, tan parecidos y tan distintos – acontece con su fisonomía física que con su fisonomía artística –, enlabiaron una pintoresca disputa. A un quite del uno contestaba el otro mejorándolo. Así cantan por martinetes. Los lances de Gitanillo, largos, como sacados de un registro más hondo y estirados hasta el no hay más allá. Los de Cagancho, más ricos en garbo y en «color». Por eso digo que pareciendo iguales, son distintos. Ei público, claro, se entusiasmó en grande y loa ovacionó por igual: a los dos mucho…

Las faenas son un todo, pero a veces, un detalle, un lance o un remate se quedan para la memoria. Así le ocurrió ese Lunes de Pascua a los trianeros de la calle del Evangelista y de la calle de la Verbena con su toreo de capa.

A propósito de la Beneficencia

La Corrida de Beneficencia se ha considerado la fecha cumbre de la temporada española. Siempre. Por esa razón se exige para ella un cartel singular, redondo, En 1931 se ofreció en la segunda fecha de la temporada. Escribe Federico M. Alcázar:

De la corrida de Beneficencia, de esta corrida que fue famosa en otros tiempos cuándo había famosos toreros, tampoco queda más que el nombre y algún bello rostro de mujer perdido entre el público municipal y espeso. Perdió su prestigio tradicional y con su prestigio su abolengo. Hoy es una corrida más, con la única diferencia de que se lidian ocho toros y consiguientemente cuesta más dinero… Hasta las mujeres que esperaban esta corrida con impaciencia para lucir la airosa mantilla de blondas, le han vuelto la espalda con un gesto de desdén… Se va perdiendo lo castizo, lo típico, lo racial. El cosmopolitismo tiende a uniformar los pueblos y con los pueblos las costumbres. Los rasgos diferenciales, las virtudes específicas van desapareciendo para dar paso a una civilización aparatosa y sensual. Hombres y mujeres se clasifican por series como productos industriales. Lo grave es que esta clasificación alcanza también a los espíritus… Pero algo queda, al menos en España. Queda la fiesta de más recia, opulenta y viril hermosura del mundo, y con ella ese arrebato de las multitudes que pone en el alma temblores de emoción y en el corazón latidos de angustia...

Las reflexiones que hizo el cronista madrileño hace 95 años no tienen desperdicio, sobre todo aquellas que se refieren a lo que él llama cosmopolitismo y que hogaño entendemos como globalización, cosa que nos trata de igualar, de estandarizar, de convertir, efectivamente, en una especie de productos industriales.

Hoy como ayer, se sigue cumpliendo aquello de que no hay nada nuevo bajo el sol

domingo, 20 de julio de 2025

21 de julio de 1929: Se lidian toros mexicanos de Piedras Negras en San Sebastián

El anuncio de la Corrida de la Asociación de Prensa de San Sebastián del año 1929, a celebrarse el día 21 de julio de ese año tenía una serie de alicientes. En primer término, se proponía como una corrida hispano - americana y además, los toros a lidiarse serían cuatro salmantinos de don Leopoldo Lamamié de Clairac y otros cuatro de la ganadería mexicana de Piedras Negras. El cartel de toreros además era interesante, porque lo formaban Marcial Lalanda, Joaquín Rodríguez Cagancho, el mexicano Heriberto García y Manolo Bienvenida. Además, se agregaba al anuncio que el novillero norteamericano Sidney Franklin lidiaría al final un novillo, también de la ganadería mexicana.

Ese reclamo provocó el interés de la afición y provocó comentarios en distintos sentidos de los aficionados donostiarras, según se puede apreciar de lo publicado por el redactor del diario El Pueblo Vasco el 19 de julio de 1929:

Desde que salieron los toros de Méjico, había quien, sin verlos ni conocer referencia alguna, propalaba el embuste de que venían cinco toros muy pequeños. Quienes no saben que en Méjico se lidia ganado bastante más grande que en España, llegaron a creer la falsa versión, jugando, también por las fotografías que se enviaron de aquella república cuando se adquirió el ganado, hace aproximadamente un año. Pero el miércoles llegaron los toros a San Sebastián; y la impresión causada ha sido inmejorable. De los cajones fueron saliendo cuatro toros de gran tamaño, bien armados e inmejorablemente criados; cuatro toros con cinco años, 36 arrobas, como ya no se ve en España, porque ni los ganaderos los crían, ni los toreros los quieren...

De lo escrito se desprende que los toros de Piedras Negras llegaron a España con discreción y fueron acomodados en una finca, que refiere Vicente Sánchez López, en su obra El Toro de Charro. Orgullo de Salamanca", fue El Villar de los Álamos para su recuperación y aclimatación:

...ese cambio comenzó en agosto de 1929, cuando una corrida del hierro mexicano de Piedras Negras es embarcada para ser lidiada en San Sebastián después de haber estado un tiempo en «El Villar de los Álamos» aclimatándose después del viaje transoceánico... tras las gestiones que realizaron don Manuel Arranz y don Antonio Pérez con el empresario Eduardo Pagés...

El Villar de los Álamos era el centro neurálgico de las actividades de la familia Pérez Tabernero. En ese sitio se encontraba el embarcadero de donde salían a las plazas las corridas con los hierros de don Graciliano, de don Antonio y de don Alipio a todas las plazas. Y seguramente allí también se embarcaron los toros de Piedras Negras que partieron hacia San Sebastián una vez recuperados del viaje trasatlántico.

En cuanto al novillo que lidiaría Sidney Franklin, todavía el día del festejo, la distinta prensa española refería que se enfrentaría a un Piedras Negras, como se publicó en el diario La Voz de Córdoba:

San Sebastián. – (Corrida hispano – americana). – Cuatro toros de L. Clairac, de Salamanca y cuatro de Piedras Negras, de Méjico. – Marcial Lalanda, Joaquín Rodríguez (Cagancho), Heriberto García y Manuel Mejías (Bienvenida). Como final de fiesta y en noveno lugar, se lidiará un novillo de Piedras Negras, que estoqueará el espada norteamericano Sidney Franklin...

Ya veremos más adelante que eso no ocurrió precisamente así, que lo que le salió por los toriles, fue un novillo de Antonio Flores, antes Braganza.

Los toros de Piedras Negras

Según la crónica que se lea, la corrida fue buena, regular o mala. De la lectura de los cuatro diarios que refieren el festejo, cada relator tiene su punto de vista, y éstos recorren casi todo el espectro de opinión posible, desde el que considera que el valor de los toros de Piedras Negras para la lidia es nulo, hasta el que señala que el mejor toro de la corrida fue uno de ellos. Veamos esas opiniones.

En el diario El País Vasco, aparecido el martes 23 de julio siguiente, firmada por Juanito Sincero, dice:

No teníamos esperanzas de que los toros de Piedras Negras, traídos de Méjico para la corrida de anteayer, fuesen buenos. No creemos en los toros de Méjico, como apenas hemos podido creer en los toreros mejicanos, salvo un caso. Además ¿traer toros de Méjico a la tierra de toros bravos, a la tierra de dónde los llevan a Méjico? Es tanto como llevar vino de la Mancha a las bodegas de Jerez, o chacolí a las bodegas de la Champagne. ¿Curiosidad? No admitimos la curiosidad por conocer lo que seguramente es muy inferior a lo conocido... Nadie, entre los siquiera modestos entusiastas de la fiesta taurina, ignora que a esos toros se les llama «toros de esparto», es decir, ordinarios, sin codicia, blandos, carentes de temperamento de fiera brava para la lidia. Pues han sido traídos toros de Piedras Negras y han costado según nos dicen quienes se consideran enterados, cuarenta y cinco mil pesetas. El resultado de tales «toros de esparto» ha sido el esperado. Y, por añadidura, dos de ellos resultaron casi ciegos. ¡Un regalo de amigo! ¡El ganadero habrá quedado muy contento al deshacerse de tales bicharracos, haber cobrado muchos miles de pesetas, y «postinear» de que los han traído a España, donde se dan los más bravos toros de lidia!...

Este cronista afirma que los piedrenegrinos fueron blandos, carentes de temperamento y de codicie y además, que un par de ellos fueron ciegos y que por eso los pitaron en el arrastre. La realidad es que en todo el transcurso de su relación se advierte que nada del festejo le agradó, pues hizo cera y pabilo de la actuación de los toreros también, pero esa fue su opinión. 

En el diario La Voz de Guipúzcoa de la misma fecha, el que firmó como Un Puntillero, escribió:

Colocado en su palco, un plantel de bellísimas presidentas aparecieron numerosas fuerzas de a pie y de a caballo, capitaneadas por Marcial Lalanda, “Cagancho”, Heriberto García, Manolito Bienvenida y en segundo término Sidney Franklin, los tres últimos, nuevos en esta plaza. La aparición fue saludada y pititos para el hijo de Faraón, porque con los demás no había por qué meterse todavía. También eran nuevos en esta, como en todas las plazas españolas, los toros de Piedras Negras, “los toros de paja”, como les llaman en Méjico y que justificaron plenamente el remoquete... No hicieron ascos a los caballos, pero en cuanto sentían el hierro se iban sueltos, sin ganas de pelea y sin estilo de toro bravo. Para los capotes y la muleta fueron unos toros tardos, sosos, sin codicia, de los que dan tiempo a los toreros a “reponerse” y a colocarse para que los retraten. Toritos de paja... En honor a la verdad, el público no quedó contento de estos toros y en el arrastre, unos más y otros menos, “oyeron” – por lo menos oirían los mayorales – bastantes silbidos...

Uno escribió sobre toros de esparto y éste, sobre toros de paja. Pareciera que había un concierto previo para desacreditar a los toros de Piedras Negras, pero hay cosas que no se pueden negar y es que fueron a los caballos y se les podía torear sin muchas complicaciones.

Por su parte, el enviado del Heraldo Alavés de Vitoria, firmando como Un Reserva, apreció:

En el aspecto puramente taurino, la importancia del espectáculo estaba en los cuatro hermosos toros de Piedras Negras, traídos de Traxcala (sic) (México) y cuyos gastos han importado un sentido... Este ganado estaba bien presentado y es natural que el ganadero se esmerase al escogerlo. El mayor de todos ha sido el que ha tocado en suerte a Heriberto García, siguiéndoles en tamaño los lidiados en segundo, cuarto y primer lugar... La pelea de los Piedras Negras ha respondido al concepto que de ellos teníamos en España. Toros alegres y prontos en el primer tercio; suaves, de menos poder que los españoles y peligro para el torero...

Me da la impresión de que este escribano pretende conducirse con mayor objetividad y de exponer, sin incurrir en algún partidarismo irracional, lo que apreció en el ruedo esa señalada tarde.

Dejo para el final la impresión que sin firma apareció en el diario El Pueblo Vasco, también de San Sebastián:

El interés principal de la corrida del domingo estaba, para muchos aficionados, en la lidia que habían de dar los toros mejicanos de Piedras Negras; y el aficionado esperaba impaciente su resultado. Entre la concurrencia se vio a muchos ganaderos españoles que deseaban ser testigos de la pelea del toro mejicano.... Y no salieron desengañados, pues los Piedras Negras, con un viaje sobre sus costillas, largo, penoso y descanso casi nulo, realizaron en su conjunto una excelente pelea; no se dolieron al castigo, entrando a los caballos con bravura, y para los de a pie fueron inmejorables, excepción del tercero que llegó a la muerte receloso y cortando terreno al matador. Más o menos, en todos ellos se notó el cansancio producido por la larga travesía y los continuos encajonamientos y desencajonamientos; pero todos proporcionaron a los picadores violentas caídas, recargando siempre con bravura y bastante poder...

El tono de esta relación se va totalmente al extremo de las dos primeras que he citado, pero relata con más precisión el juego que dio cada uno de los toros con posterioridad a su encuentro con los de a caballo. Y es de señalarse también, confunde en alguna medida los hechos, al tratar de dar a entender, que prácticamente bajaron del barco hacia la plaza, cuando ya se ha dejado sentado que llegaron a tierras hispanas con la anticipación suficiente, para recuperarse en Salamanca de la travesía trasatlántica.

Otra cuestión destacada en esta crónica es que destaca que el mejor toro de la corrida fue el corrido en cuarto lugar, llamado Dulcero, marcado con el número 15 y que tocó en suerte a Manolo Bienvenida:

Merece párrafo aparte el toro lidiado en cuarto lugar, de nombre «Dulcero» y señalado con el número 15. Este toro entró a los caballos cinco veces; la quinta vara, protestada por algunos «inteligentes», sirvió para acabar de templar al bravo toro, que de este modo llegó al final suavísimo. Este fue, sin duda alguna, el mejor toro de la corrida; dígalo si no, Manolo Bienvenida...

Así pues, uno de los de Piedras Negras, para uno de los cronistas, resultó ser el mejor toro de la tarde. Un toro que tomó cinco varas y que llegó suave a la muleta, permitiendo el lucimiento de una figura histórica del toreo en ciernes.

Volumétricamente, los toros de Piedras Negras fueron superiores a los de Clairac, pese a que estos últimos por su origen Parladé, debieran ser de mayor caja, siendo superados en el peso de sus canales, según refiere el cronista del diario “La Voz de Guipúzcoa”:

Pequeños, pero gordos y bien armados, dieron en la romana, los siguientes pesos: Primero, 244 kilogramos; segundo 233; tercero, 289 y cuarto, 267, con un total de 1,073 kilos y un promedio de 268 kilos... Los toros de Clairac pesaron menos que los mejicanos: primero 243 kilogramos; segundo, 224; tercero, 226; y cuarto, 218. En total, 941 kilos, con un promedio de 235. De edad, tenían cumplidos cuatro años...

El cálculo del peso en vivo es algo complicado, por no tener una noción de la proporción de rendimiento del vivo a la canal en esos casos.

Uno de los toros de Piedras Negras
Diario El Pueblo Vasco - Foto: Marín

El toro Cerillero

Uno de los toros que envió a España don Wiliulfo González no se lidió. Fue el Cerillero, número 63. Terminada la corrida se devolvió a Salamanca, a la finca de don Alicio Cobaleda Marcos, Los Campos de Buenamadre, donde este criador se lo echó a sus vacas. Nos sigue relatando Vicente Sánchez López:

Tras retentar sus vacas durante el mes de abril de 1930 en su finca de «Los Campos de Buenamadre» don Alicio Cobaleda les echa el toro "Cerillero - 63", que así se llamaba el toro de Piedras Negras, y durante unos años consiguió con ese cruce resultados más que satisfactorios hasta que decide comprar la vacada de José María de la Puerta y de la Cruz Ulloa, que anunciaba con su título nobiliario de marqués de Valenzuela...

Así entonces, y derivado de la consulta de los libros de esa casa ganadera, tenemos que el primer toro mexicano que padreó en España y dejó descendencia, fue ese Cerillero de Piedras Negras.

No está demás apuntar que de la ganadería de don Alicio Cobaleda tras su fallecimiento, se desprendieron hierros para su esposa y sus hijos, de los que resultan los actuales de El Pilar (Eusebia Cobaleda Gajate), Reta de Casta Navarra (María Gajate), José Ignacio Sánchez Tabernero Charro (Luciano Cobaleda Gajate), y San Martín (Ignacio Cobaleda Gajate), entre otros.

Otras cuestiones del festejo

La plaza de El Chofre fue adornada con banderas de las distintas repúblicas del continente americano y fueron presidentas de honor distinguidas damas de la sociedad donostiarra, asesoradas por el Duque de Hornachuelos y don Gregorio Corrochano.

Marcial Lalanda cerró su tarde con ovación en su primero y pitos en su segundo; Cagancho escuchó palmas tras terminar al segundo de la tarde y fue abroncado al concluir el sexto; Heriberto García fue silenciado en su primero y terminó su tarde con vuelta al ruedo tras petición y Manolo Bienvenida dio vuelta al ruedo tras petición en sus dos toros. Por su parte, Sidney Franklin, quien enfrentó en noveno lugar un novillo de Antonio Flores, antes Braganza, fue ovacionado y al final, unos capitalistas se lo llevaron en hombros.

Aviso parroquial primero: Hace 16 años publiqué por aquí una primera versión de este asunto. Había a disposición de menos material de consulta para averiguar lo sucedido en esa tarde de toros. Hoy gracias a la digitalización de los diarios de San Sebastián de aquella época, podemos tener una idea más acercada de esos sucesos. Esa primera versión se puede leer aquí.

Aviso parroquial segundo: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable exclusivamente a este amanuense, por no obrar así en sus respectivos originales.


domingo, 5 de enero de 2025

5 de enero de 1930: Cagancho y Tirano de La Laguna

La decimosegunda corrida de la temporada 1929 – 30 en el Toreo de la Condesa se programó para el domingo 5 de enero de 1930, con un mano a mano entre los diestros hispanos Antonio Márquez y Joaquín Rodríguez Cagancho ante toros de La Laguna. Venía a ser una especie de reedición del que se verificó, forzadamente, el 24 de noviembre del año anterior, cuando el madrileño, apodado en algún tiempo como el Belmonte Rubio, tuvo que sustituir apresuradamente a Carmelo Pérez, quien había sido anunciado desde la semana anterior, junto con la corrida de su alternativa, en la que sufrió la cornada que al paso del tiempo vendría a cortarle su breve existencia.

Ya había planteado la semana anterior el elenco que la empresa formada por Benjamín Chato Padilla, Fernando Romero García y nada menos que don Rodolfo Gaona presentó a la afición de la capital mexicana. Las cartas más fuertes de los toreros hispanos eran sin duda, Márquez, Cagancho y Félix Rodríguez, los tres apoderados por don Domingo González Mateos Dominguín. Respecto de la relación de Cagancho y el patriarca de la casa Dominguín, escribe don Carlos Abella:

...en 1926 descubre a un torero que él cree – con fundamento –, de leyenda: Joaquín Rodríguez “Cagancho”. “Adiviné en él – le confiesa a Alfredo R. Antigüedad – un torero de público y me encargué de dirigirle, firmándole en el año de 1927 un contrato de exclusiva”. Esta exclusiva duró cuatro años y fueron los mejores de la genial trayectoria del gitano de los ojos verdes...

Justamente bajo el amparo de esa exclusiva es que Cagancho llegó a México en esa oportunidad, para enamorar a nuestros públicos y para enamorarse él de nuestra tierra. Por su parte, Antonio Márquez vendría a demostrar su calidad como figura de los ruedos y, en algún momento, a destapar, según cuenta el doctor Guarner, una de las cloacas de la prensa taurina de aquellos días.

Un presidente en los toros

La pasada semana también señalaba que la corrida del 10 de diciembre de 1929 se dio entre un aguacero y que Lanfranchi señalaba que se debió suspender, pero el historiador no menciona un hecho significativo que cambió el curso de esa historia. Relata Verduguillo:

La entrada fue fulastre y el tiempo malísimo, poco antes de la corrida cayó un aguacero. El juez quería suspender, la empresa quería que se suspendiera... Sólo había unos cuantos espectadores que ocupaban sus lugares y daban gritos pidiendo que la corrida se diese... A pesar de que la empresa hubiera querido que no se diera la corrida, el juez no se atrevía a suspenderla... estaba “mosca” mirando a un espectador que no se movía de su barrera de primera fila... Un solo espectador... pero un espectador que pesaba mucho: era el presidente de la República, el licenciado don Emilio Portes Gil, que valientemente, como un aficionado de hueso colorado, se estaba mojando y dando un ejemplo... Finalmente el juez de plaza decidió mandar alguien a preguntar al señor presidente qué era lo que él deseaba que se hiciese. Y don Emilio Portes Gil, que en ese momento no obraba como el primer magistrado del país, sino simplemente como un aficionado de primera fila... sugirió que la corrida se diese... Y la corrida se dio... ¡no faltaba más! Lo había sugerido un aficionado cuyos deseos eran órdenes...

Así eran esos días en los cuales no se vivía una pública hipocresía hoy eufemísticamente llamada corrección política. El presidente Portes Gil, por lo visto, asistía con asiduidad a los festejos en el Toreo de la Condesa, porque este 5 de enero de 1930, volvió a estar presente en su barrera, para presenciar, ahora sí, una tarde de toros que pasaría a la historia.

Para las personas públicas de estos tiempos, resulta cuando menos complicado el comportarse de esta manera, porque sujetos a un escrutinio público que cuando menos es cruel, no pueden externar sus aficiones y gustos, por el temor de incomodar a algunos, generalmente, los más intolerantes.

Cagancho y Tirano

El culmen de la tarde se presentó ante el cuarto de la corrida llamado Tirano por don Wiliulfo González, mismo que, de acuerdo con la crónica de Martín Galas en El Taurino, fue el más rematado del encierro y ante él, el torero de la calle del Evangelista, salió decidido a armar una gran escandalera.

Joaquín Rodríguez Ortega brindó su faena al tenor español Miguel Fleta y entre otras cosas, realizó lo siguiente:

Inicia con tres estatuarios pases altos y uno de pecho, continuó con tres naturales con la derecha, suaves, corriendo la mano y ligándolos de maravilla. Se pasó la franela a la izquierda y tornó a torear por naturales, terminando, después del tercero, con un forzado de pecho. Y le vimos dos pases de la firma, torerísimos, un ayudado por abajo, quedándose en los pitones de la bestia, un alto y un molinete lento y pinturero, dos de la firma, enormes, y un afarolado, tan ceñido, que el burel lo trompicó y estuvo a punto de llevárselo prendido en un pitón. Volvió “Cagancho” a la carga y derrochó gracia en sus pases únicos, despreciando al burel que iba donde el torero quería, mientras éste se quedaba viendo a los espectadores, sin cuidarse de los pitones, que le rozaban el terno... Engolosinado por los aplausos y a petición de algunos espectadores que querían seguir saboreando la miel purísima de aquella faena enorme, “Cagancho” la prolongó más de lo debido, en nuestro concepto, porque el animal estaba agotándose. Y como todo tiene final en esta vida, Joaquín puso término a su brillante trasteo con una estocada entera, en todo lo alto, que mató sin puntilla... hubo ovación clamorosa, dianas repetidas y la obligación de dar dos vueltas al anillo y de saludar desde los medios, después de que tiró a los tendidos las dos orejas y el rabo de “Tirano”, con el que conquistó uno de sus más grandes y legítimos triunfos...

El sexto de la tarde Recaudero, fue brindado por Cagancho al presidente Portes Gil, y su faena fue de aliño ante un toro reparado de la vista, con el que además, estuvo pesado con la espada.

La tarde de Antonio Márquez

El diestro madrileño fue otro de los toreros que no gozaron de la preferencia de los redactores de El Taurino. Se advierte de la relación que Edmundo Fernández de MendozaMartín Galas, hace de su actuación ante el tercero de la tarde, Murciélago, al que también le cortó el rabo. 

Fue, de conformidad con el cronista, un toro boyante, repetidor, noble, al que otros toreros que nombra en su recuento, le hubieran realizado una faena histórica, más Antonio Márquez no estuvo a la altura del lagunero, del que afirma el cronista no sabía para qué le pusieron los pitones en la sesera...

Antonio Márquez, por su parte, brindó al presidente de la República al quinto de la corrida y tercero de su lote Boletero, ante el cual, de acuerdo con el cronista, estuvo desconfiado y acabó de un golletazo.

En la sección editorial de El Taurino, aparecida en el número correspondiente al 19 de enero de 1930, se lee lo siguiente:

De los toreros que formaron la plana mayor facultativa, pocos, muy pocos son los que han conseguido permanecer en el pedestal en el que, por causas que no es preciso examinar, se hallaban colocados... Antonio Márquez, con su monótona maestría, con esa marrullería de viejo lidiador, ha paseado su figura por el ruedo de la Condesa, sin que la afición tenga por qué recordarlo con agrado...

Así era la estima que ese semanario le profesaba al torero de Madrid.

Para concluir

Cagancho seguía sumando triunfos confirmando lo que Dominguín había advertido en él, que era un torero de públicos, es decir, que llegaba con facilidad a los tendidos – por la causa que fuera –, y terminó siendo el triunfador de esa temporada que se quedó sin la presencia de toreros como Armillita, Freg y algunos otros diestros que pudieron darle más consistencia a sus carteles. Y también comenzó a arraigarse en él quizás la idea de que aquí era su sitio, porque al final de cuentas, Cagancho se quedó con nosotros, pa’ los restos.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, por no obrar así en sus respectivos originales.

domingo, 20 de octubre de 2024

14 de octubre de 1934: Se celebra el último festejo de la historia de la Plaza de la Carretera de Aragón

El paseíllo final, Madrid 14 de octubre de 1934
Foto: Baldomero - Archivo de la Comunidad de Madrid

La plaza de toros conocida como la de la Carretera de Aragón, de la Fuente del Berro o de Felipe II en Madrid, fue proyectada por los arquitectos Emilio Rodríguez Ayuso y José Álvarez Capra. Se inauguró el 4 de septiembre de 1874 con una corrida de toros en la que participaron los espadas Manuel Fuentes Bocanegra; Rafael Molina Lagartijo; Francisco Arjona Currito; Salvador Sánchez Frascuelo; Vicente García Villaverde; José Lara Chicorro; José Machío y Ángel Fernández Valdemoro, para enfrentar toros del Duque de Veragua; Antonio Hernández; Núñez de Prado; Puente y López antes Aleas; Anastasio Martín; Miura y López Navarro.

Tenía una capacidad para algo más de trece mil espectadores y fue el sitio donde se escribieron importantes páginas de la historia de la tauromaquia y también el sitio en el que se definió el curso de la lidia en el sentido que actualmente la concebimos, cuando el 24 de mayo de 1928, ya en el ocaso del escenario, Chicuelo mostró ante Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero que el toreo tenía que tomar un rumbo nuevo. Ya por esos días estaba presente también la propuesta de Gallito, en el sentido de que las plazas de toros tenían que ser de gran capacidad para atraer más afición a los festejos y a precios más accesibles.

Es así que al término de la década de los veinte se inicia la edificación de la plaza de toros de Las Ventas, a partir de un proyecto del arquitecto José Espeliú quien fue asesorado por Joselito. Ese nuevo coso tendría casi el doble de capacidad del de la Fuente del Berro y tendería a sustituirlo en un futuro no muy lejano. Fue inaugurada, aunque se diga otra cosa, el 17 de junio de 1931, porque en esa fecha se dio allí la primera corrida de toros y quedó como la primera plaza de Madrid, a partir del mes de octubre de 1934.

El festejo final de la plaza de la Carretera de Aragón

Para el domingo 14 de octubre de ese 1934 se anunció una corrida de toros con el caballero en plaza Antonio Cañero, quien enfrentaría en primer término dos toros de Martín Martín y los diestros Marcial Lalanda, Joaquín Rodríguez Cagancho y Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, quienes lidiarían toros de Ángel Sánchez y Sánchez, antes Trespalacios. Al final de cuentas, de estos últimos solamente se lidiaron cinco, porque el quinto de la corrida fue de Clairac.

Escribió Federico Morena en su tribuna del Heraldo de Madrid:

Todas las despedidas son tristes; pero plugo a los hados que ésta fuese altamente cordial. Toreros y aficionados separáronse con un «adiós» y un «hasta luego» cariñosísimos. El «adiós» para esta plaza de nuestros amores, que cumplió ayer sus destinos y que se entregará hoy resignadamente a la piqueta demoledora. El «hasta luego» como testimonio elocuente y magnífico de futura convivencia de los tres espadas y este buen público – ¿cómo bueno?; ¡jamón serrano! – de Madrid...

El primer toro de la tarde fue, decía, para Antonio Cañero, quien solamente pudo salir en esa oportunidad al ruedo, pues al intentar finiquitarlo pie a tierra, fue herido por el mismo. Escribió Recorte para el diario madrileño La Libertad:

Don Antonio Cañero lidió uno de los toros de D. Martín Martín, haciendo gala de sus grandes condiciones de caballista, teniendo rasgos de artista del toreo a caballo. El toro era bronco y tardo, teniéndole que desafiar en los terrenos de adentro para ponerle varios rejones y banderillas, un par de éstas excelentemente ejecutado y en condiciones comprometidas. Una de las veces, con la jaca castaña, desafió tan cerradamente al toro en la puerta de las cuadrillas, que alcanzó a la jaca, hiriéndola en el ijar derecho, dando muestras de gran contrariedad el caballista. Echó pie a tierra, y al dar el primer muletazo con la mano derecha, lo empuntó y campaneó, y con la cara ensangrentada pasó a la enfermería... Rota quedó aquí esta primera parte de la corrida, por la expectación que invadió la plaza, a pesar de que el novillero Trasmonte se ofreció para matar al novillo, cuyo ofrecimiento fue denegado por el presidente, originándose una gran protesta del público, acaso por la carestía de las localidades; pero tuvo su compensación, como se verá luego...

El parte que rindió el doctor Jacinto Segovia, jefe de los servicios médicos de la plaza fue el siguiente:

Durante la lidia del primer toro ingresó en esta enfermería el rejoneador D. Antonio Cañero con una herida en la región glútea derecha, que interesa tejido subcutáneo, aponeurosis y músculos glúteos, de 12 centímetros de extensión, con una trayectoria paralela al recto. Pronóstico menos grave. – Doctor Segovia.

Ese percance, que impidió que Antonio Cañero lidiara a su segundo toro, se traduciría en uno de los factores del éxito de la tarde final de la plaza, como adelanta el cronista y como podremos ver enseguida.

El cierre triunfal a cargo de Marcial Lalanda

El más grande de toda la torería... – dice su pasodoble – tuvo su gran triunfo con el cuarto de lidia ordinaria, cortándole las dos orejas. Escribió Recorte en el diario La Libertad:

...habría sido suficiente su faena de ayer al cuarto de la tarde, en esta parte de la lidia, para evidenciar que su figura se alza gloriosa, plena de luz y colores frescos, animada por un sentido científico de la lidia de reses bravas. Fue un toro berrendo, manso y difícil; lo desafió con un escalofriante pase por el lado izquierdo con las dos rodillas en tierra: pisó el terreno del toro, metiéndole la muleta en el hocico; le dio tres naturales, de los que salió humillado el animal; siguió pisándole el terreno y yéndosele a cada pase el bicho, insistiendo valerosísimo tan cerca y tan temerariamente hasta obligarle a tomar la muleta y así hacerle girar una vuelta completa, confundidos artista y toro, una vuelta tan emocionada que arrancó una ovación clamorosa, continuando con pases de todas las marcas. Y esta faena, que fue brindada al público, tuvo como remate un pinchazo en lo alto, seguido de una entera hasta el puño bien ejecutada y un descabello al primer golpe. Esta vez la plaza entera pidió las orejas, que se le concedieron, teniendo que dar la vuelta al ruedo y salir por tres veces también a saludar desde el tercio...

Y para redondear el gran suceso, pidió el que debió ser el segundo de Antonio Cañero – quien los enfrentaba en puntas – para que saliera en octavo sitio y le fue concedido por la presidencia. Ese toro lo brindó a Gregorio Corrochano. Así lo vio el propio brindado, en su tribuna del ABC madrileño:

Pero Cañero había sido herido por el primer toro. Y quedó el otro sin lidiar. No sé de dónde salió la voz de que Lalanda, acabada la corrida, mataría el toro de Cañero. Lalanda lo pidió. Y así cerraba Marcial la tarde. Salió el toro que, como el otro de Cañero, era del Conde de Orgaz, y salió dificilísimo. Manso, sin embestir, y cuando arrancaba, peligroso. Muy difícil. Menos mal que Marcial venía en tren que no le desluciera ningún torito y el público vio la importancia del regalito. Tuvo la delicadeza de brindármelo, como el último toro que se lidiaba en la plaza...

No siempre los toros de regalo resultan el pasaporte al triunfo. Ya pudimos leer que Marcial Lalanda en este caso no lo requería para esos efectos, sino para tener en su haber, quizás, el mérito de haber sido el torero que mató el último toro en la hoy llamada Plaza Vieja de Madrid y también, para dejar que la concurrencia disfrutara de su espectáculo completo. Así es ya la historia.

También triunfó Cagancho

Cagancho también tuvo una tarde brillante. Y destacó, de acuerdo con el común de las crónicas, por haber rematado debidamente las quintaesencias de su toreo, con el manejo de la espada. Alfonso, cronista de El Liberal, así describe su tarde:

El toreo parsimonioso y a la par alegre de Cagancho, tenía a la hora de matar un amargo contraste. Le fallaba el acero. ¡Cuántas bellas faenas se han perdido por esa dificultad! El gitano tenía más miedo a dejarse ir “tras de la espá” que el que dicen que sienten cuando ven a su vera a la Guardia Civil. Pues el domingo Cagancho nos hizo sentir de cerca las sensaciones del arte del volapié. Y a su primero, al que había toreado bien de cerca, lo mató de una estocada en lo alto, entrando desde cerca lentamente, muy derecho y saliendo limpio por los costillares. Un toro admirablemente muerto. Y, sin embargo, eso no fue nada al lado de lo que realizó en el siguiente. Una faena con pinturerías y gracia gitana. Adornos y majezas, vistosidad y desplantes. Esperó el momento de tener al público en situación, montó la espada para decir el clásico: “Vamos a ver si se mata así”, que tantas veces se ridiculiza después y ajustándose a las más clásicas y exigentes condiciones de la suerte del volapié, clavó todo el acero en lo alto del morrillo, haciendo rodar al bicho sin puntilla. El público – al que había brindado el toro –, entusiasmado y sorprendido por la audacia y gallardía del gitano, reclamó la oreja, que le fue concedida, y Cagancho dio la vuelta al ruedo en el último toro que mató en esta plaza...

Joaquín Rodríguez Ortega comenzaba a demostrar a los públicos de la capital española una de las divisas de su hacer ante los toros, el extraordinario manejo de la espada y no desaprovechó esta importante ocasión para hacerlo.

Por su parte, Gitanillo de Triana tuvo una tarde de poca fortuna con dos toros complicados que apenas le permitieron lucir por momentos en el toreo a la verónica.

Algunos datos para la historia

El rejoneador Antonio Cañero, quien lidiaría los dos primeros toros del festejo, llevó como auxiliadores a los banderilleros Emilio Ortega Orteguita y Faustino Vigiola Torquito II. No se le anunció sobresaliente, porque de no poder finiquitar a los toros desde el caballo, se advertía que él mismo lo haría pie a tierra. Por esa razón fue herido por el primero de su lote.

Las cuadrillas de los toreros a pie fueron integradas por los picadores Juan Atienza, Miguel Atienza y José Atienza; Francisco Zaragoza Trueno y Agustín Ibáñez Marinero; Francisco Chaves y Antonio Chaves, siendo picadores de reserva Antonio Vega y Carlos Ruiz. Como banderilleros salieron Eduardo Lalanda, Antonio Gallego Cadenas y Bonifacio Perea Boni; Alfredo Gallego Morato, Eduardo Pérez Bogotá y Antonio Vargas; Manuel Álvarez Andaluz, Manuel Ponce y Gabriel Moreno. Y como dato adicional, el último par de banderillas que se puso en esa plaza, correspondió a Bonifacio Perea Boni.

Agregaré lo que apunta Recorte en La Libertad:

La corrida empezó a las tres y media, siendo la entrada floja, acaso por las circunstancias por que atraviesa España en estos días…

Así terminaron los días gloriosos de una plaza de toros que fue ejemplar en su tiempo, poniendo siempre a la vista que la fiesta de los toros es una manifestación artística en la que la vida y la muerte se enfrentan sin cortapisas, y dejando tras de sí una enorme carga de la mejor historia taurina.

domingo, 29 de septiembre de 2024

30 de septiembre de 1928: Inauguración de la Plaza de Toros de Granada


La plaza de toros de Granada, actualmente conocida como la Monumental de Frascuelo, no fue un proyecto gestado tras un proceso extenso de discusión, sino que resultó tras de un cuestionado concurso de adjudicación de la Plaza de Toros del Triunfo. Se anunciaba en el diario El Defensor de Granada del 10 de febrero de 1927:

Esta Sociedad abre concurso para el arriendo de la Plaza de Toros, a partir del 1º de Enero de 1928, con sujeción a las condiciones que están de manifiesto en las oficinas cíe esta Sociedad, sita en el mismo edificio de la plaza, los días laborables, de once a trece, desde el día 31 del corriente, hasta el día 3 de Marzo próximo. – Granada a 28 de Enero de 1927. – El presidente del Consejo de Administración, Miguel López Sáez.

Pronto se hizo público que el matador de toros retirado José Moreno Lagartijillo Chico optaba por ser considerado para dirigir esa plaza y la afición granadina tenía gusto por esa opción, puesto que el diestro era reconocido como un taurino responsable. Así, el citado diario El Defensor de Granada del 4 de marzo siguiente daba a conocer:

En la tarde de ayer tuvo lugar el concurso para el próximo arriendo de nuestra Plaza de toros, y por el resultado de los tres pliegos leídos, ha sido adjudicado el mismo al inteligente aficionado y ex matador de toros José Moreno «Lagartijillo Chico»… Gran entusiasmo ha causada entre la afición granadina el resultado de este concurso, ya que a partir del año próximo tendremos al frente de la Plaza un buen aficionado y conocedor de estos menesteres, el que, como en su etapa anterior, sabrá complacer al público… Reciba también nuestra enhorabuena el Consejo de Administración de la Sociedad propietaria de la Plaza de Toros por el acierto al convocar dicho concurso y la comparecencia en él de tan popular como inteligente aficionado…

Todo hacía suponer que José Moreno se haría cargo, al menos por los siguientes dos años, del granadino coso del Triunfo. Pero siempre hay imponderables en ese tipo de concursos. El domingo 13 de marzo de ese 1927 se ofreció un banquete a Lagartijillo Chico. La crónica del mismo en El Defensor de Granada del día 15 siguiente, entre otras cosas, dice:

Conforme anunciamos, el domingo último, a los dos de la tarde, tuvo lugar en el hotel Inglaterra el banquete que sus amigos íntimos ofrecían al que fue valiente torero granadino José «Lagartijillo», hoy don José Moreno Sánchez, prestigioso comerciante, y ex empresario taurino… don José Gómez Jiménez ofreció el banquete, diciendo que en actos de afecto como éste debe enmudecer la palabra y dejar que hable el corazón. Después de un canto a la amistad, expresó a qué causa se debía este homenaje: expresión de simpatía hacia la persona que ha sufrido un acto injusto, y que está en la conciencia de todos; acto realizado con José Moreno, al no concederle el arrendamiento de la plaza de toros… Historia de lo ocurrido en este asunto: las proposiciones presentadas, y el resultado de la adjudicación, hecha por un voto de diferencia, a una proposición no presentada descubiertamente, como era la de José Moreno… Dice que quizá lo ocurrido haya convenido a los intereses de Granada, porque el resultado de la adjudicación ha sugerido a muchos elementos la idea de constituir una sociedad para la construcción de una nueva plaza con suficiente cabida para que en ella puedan darse notables espectáculos a precios reducidos. Esta idea va ya en camino de pronta realidad… El resultado del concurso ha hecho surgir la idea de construir una nueva plaza; las cosas van por buen camino, y ya se ha recibido contestación favorable de la dueña de unos apropiados terrenos (la que reside en Madrid)… «Construyendo una plaza de capacidad para 15,000 espectadores, y dando buenos y baratos espectáculos, los aficionados quedarán satisfechos y Granada también» – concluye diciendo el agasajado –, que como los anteriores oradores, es muy aplaudido…

Como se puede leer, ya adjudicada la plaza a Lagartijillo Chico, se valoró una propuesta que, presentada en sobre cerrado, no fue considerada en su día, revocándose el resultado inicial de la licitación y concesionándola a un grupo encabezado por Rogelio López Cravioto, sin mediar explicación alguna, según se desprende de la información periodística. El resultado de la retractación inicial de la adjudicación y la reasignación de ésta, fue la decisión de edificar en Granada una nueva plaza de toros.

En consecuencia, el 14 de mayo de 1927, se constituyó la Sociedad Nueva Plaza de Toros, cuyo consejo de administración estaba presidido por los señores Rafael Díaz y Rogés, marqués de Dílar, Celestino Echevarría, Valeriano Torres, Manuel López López, Emilio Dávila Ponce de León y Pérez, conde de Guadiana, José Cassinello, Juan Luis Trescastro de Medina, José Bernedo Arévalo, Francisco Sánchez Urrutia y por supuesto, José Moreno Lagartijillo Chico. Posteriormente, para completar los costos de la obra, se invitó a participar en el capital a aficionados y empresarios de Granada, encontrándose en las actas de la sociedad que participó el señor Federico García Rodríguez, padre del poeta Federico García Lorca.

El proyecto se encargó al arquitecto local Ángel Casas Vílchez, quien partió de un trabajo que había presentado en 1912, tiempo en el que Gallito impulsaba la edificación de plazas monumentales para hacer más accesible la fiesta de los toros, adjudicándose la obra al maestro de obras José Jiménez Huertas El Pajarero, quien a finales de julio de ese 1927, se compromete a tener terminado el coso en un año.

La inauguración de la plaza

A finales de marzo de 1928 la sociedad constructora de la plaza ofreció un desayuno en la meseta de toriles de la plaza a la prensa local, para que pudieran apreciar el notable avance de la obra y en el mismo, se anunció que sería inaugurada con una corrida de toros el domingo 30 de septiembre de ese año.

El cartel de ese primer festejo se formaría con Manuel Jiménez Chicuelo, Joaquín Rodríguez Cagancho y Félix Rodríguez, quienes se enfrentarían a un encierro de la Viuda de Concha y Sierra. Los toros fueron desencajonados públicamente el día 26 de septiembre, según se relata en El Defensor de Granada:

Ayer tarde y como se tenía anunciado, se verificó el desencajonado de los toros que han de lidiar las cuadrillas de los afamados matadores Chicuelo, Félix Rodríguez y Cagancho el próximo domingo con motivo de la inauguración del nuevo circo taurino… La presentación de los seis ejemplares que ha enviado la señora de Concha y Sierra todos los espectadores la encomiaban, pues realmente hacía tiempo que no se lidiaba en Granada corrida con más tipo de toros hechos, lustrosos de pelo, gordos y con abundancia de pitones…

También, la sociedad constructora ofreció obsequiar a los pobres cuatro mil kilos de pan la víspera del festejo y por su parte el compositor granadino Francisco Alonso, autor de famosas obras como el pasacalle Los nardos o el chotis El Pichi, ofreció la composición de un pasodoble alusivo a la apertura del nuevo coso, e incluso dirigir a la banda municipal en tan señalada oportunidad. En la misma nota antes citada, se refiere a este propósito lo siguiente:

Se ha recibido el paso doble que nuestro paisano Paco Alonso ha compuesto y que se estrenará el día de la inauguración, que lleva por lema «Nueva Plaza de Toros» y que inmediatamente se ha puesto a ensayarlo la banda municipal…

El día 28 de septiembre se anunció a la afición que el cartel inaugural sufría un cambio en su composición, pues el santanderino Félix Rodríguez no estaría en condiciones de cumplir el compromiso adquirido por cuestiones de salud y su lugar sería ocupado por Fermín Espinosa Armillita Chico:

El elegante y gran artista del toreo Fermín Espinosa «Armillita Chico», que tan excelente cartel conquistó en la pasada feria, tomará parte en la corrida del domingo sustituyendo a Félix Rodríguez, el cual se encuentra enfermo con alta fiebre… El público tenía grandes deseos de volver a ver torear a «Armillita Chico» y, por tanto, la sustitución no ha podido ser más en armonía con el deseo de los aficionados… El torero mejicano con esta corrida es la última que torea en España, embarcando seguidamente para Méjico, donde ha sido contratado para diez corridas…

Félix Rodríguez había firmado 114 corridas para ese año de 1928 y apenas pudo torear 24 de ellas, debido a su ruinoso estado de salud.

Es importante destacar que la empresa de la Plaza de El Triunfo también programó una corrida para ese domingo 30 de septiembre, con toros de Trespalacios para Antonio Márquez, Manuel del Pozo Rayito y Gitanillo de Triana. Al final el llamado Belmonte Rubio sería sustituido por Mariano Rodríguez Exquisito.

En la tarde del 29 de septiembre fue bendecida la plaza de toros y en acto previo, por la mañana, allí mismo también se entregaron las cuatro toneladas de pan a los pobres:

En la tarde de ayer tuvo lugar la bendición de la plaza de toros de la calle de Olóriz, por el señor cura párroco de la iglesia de San Ildefonso, concurriendo a tan hermoso acto numerosa y distinguida concurrencia… También se verificó, como ya teníamos anunciado, el reparto de pan a los pobres, ayer por la mañana, oyéndose constantes muestras de alabanza por acto tan humanitario como el realizado por la propiedad de dicho edificio, aliviando así las necesidades de la gente pobre…

En la misma víspera del festejo, el compositor Francisco Alonso avisó que no le sería posible asistir a la corrida como era su deseo, por una cuestión familiar:

El presidente de la Sociedad Nueva Plaza de Toros ha recibido una carta de nuestro paisano Paco Alonso, comunicándole que con motivo de la enfermedad que padece su señora esposa, no puede tener el gusto de dirigir la banda municipal que ha de estrenar en la corrida de esta tarde el pasodoble de que es autor; en su lugar lo hará el director de dicha banda, el señor Montero…

La corrida inaugural

Quien firmó como El Bachiller Cantaclaro para El Defensor de Granada, comienza su relación de la siguiente guisa:

La tarde comentó con mal cariz, amenazó lluvia. Pero al mediodía abrió el tiempo, y a la hora de los festejos lucía el sol en el firmamento… La edificación de la nueva plaza, hecha en un año, es otro sorprendente caso de voluntad insospechada, No vamos ahora a volver a detallarla, sólo diré que el edificio es magnífico y de una capital de primer orden… Media hora antes de comenzar el festejo, la banda municipal, dirigida por el maestro Montero, se sitúa en el anillo e interpreta el nuevo pasodoble dedicado a esta plaza y original del paisano Paco Alonso… Se trata de una preciosa composición, en la que brilla, una vez más, la musa alegre del maestro granadino… El público la ovacionó y hubo de ser repetido el pasodoble… Presenta la Plaza grandioso aspecto. En palcos y delanteras, la mujer granadina luciendo las más clásicas galas… Asesora el gran ex torero Rafael Guerra «Guerrita», que es ovacionado cariñosamente al aparecer en el palco, así como las bellas presidentas… Despeja muy bien el caballista Paco Rodríguez y surgen después los aguaciles y las cuadrillas a cuyo frente figuran «Chicuelo», «Cagancho» y «Armillita chico», que vienen vestidos, respectivamente, de azul, verde y rojo, con golpes de oro…

El primer toro de la corrida se llamó Tumbaguito, número 32, negro, entrepelado, bragado y no sucedió nada extraordinario en su lidia, más que nada, porque según cuenta el citado Bachiller Cantaclaro, el toro se rajó después de los primeros compases de la lidia. No obstante, por haber sido el primero en pisar la arena del nuevo coso, la empresa pidió se conservara su cabeza, para que la preservara el taxidermista.

El único apéndice de la tarde se lo llevó Chicuelo tras de lidiar al cuarto de la tarde. Escribe el Bachiller Cantaclaro:

«Agujito», núm. 73, sardo y más pequeñito. Este bicho fue el primero que fue desencajonado... «Chicuelo» veroniquea y se adorna... Cuatro varas, sin recargar el bicho, constituyen el primer tercio... Los matadores actúan quitando, vamos al decir (pues el bicho no lo necesita), y «Cagancho» es empujado por acercarse. ¿Sí llevará «razón» el hombre al no hacerlo? … «Chicuelo» hace una faena con salsa. Solito en ella, se adorna, suavísimo, en un ayudado bueno, y sigue por alto, con tranquilidad, y jugando con el mosquito... Se pasa la muleta por la espalda... Obliga al bicho para un natural con la zurda, sin resultado. Más adornos, un ayudado alto, tres por bajo y un afarolado. Quiere citar varias veces, y el bicho no fija... Lo cambia de terreno, y ataca para un pinchazo, que salta, sin que «Agujito» haga por él. (El diestro ha entrado con su poquito de balanceo, y así repite con otro pinchazo igual, después de tres pases). Dos pases más, y media arriba que tira. (Ovación, vuelta al ruedo y saludo). Con benevolencia, se le concede la oreja...

Armillita enfrentó a Bordador, número 29 y Ermitaño, número 50, resultando ovacionado en ambos, pudiendo haber cortado apéndices, pero por el mal manejo de la espada, los perdió; y por su parte, Cagancho, pues, en lo suyo, se llevó un par de broncas.

La plaza nueva casi se llenó, salvo algunos claros en las andanadas de sombra, que mostraron algunos claros. Las crónicas reflejan que la Plaza de El Triunfo sí se llenó. Los tiempos eran otros, dos corridas de toros el mismo día y en la misma ciudad, con las dos plazas repletas, cosas que ya no hemos de volver a ver.

domingo, 9 de junio de 2024

4 de junio de 1931: La alternativa de Carmelo Pérez en Toledo

Carmelo Pérez
Toledo 04/06/1931
Carmelo Pérez había recibido una alternativa el 13 de enero de 1929, en Puebla, apadrinado por Joaquín Rodríguez Cagancho y con el testimonio de Heriberto García, ante toros de San Nicolás Peralta. Sin embargo, el torero mexiquense ejercería poco tiempo ese doctorado, porque regresaría a las filas de la novillería el 5 de mayo siguiente, en El Toreo, alternando con Jesús Solórzano y Alberto Balderas.

Carmelo Pérez, Esteban García y Jesús Solórzano terminarían siendo los triunfadores de esa temporada novilleril de 1929. El texcocano ganó, en una tercia de festejos mano a mano con Esteban García celebrados los días 18 de julio, 18 de agosto y 1º de septiembre de ese año, un anillo de oro con un gran brillante y por su parte el futuro Rey del Temple se llevaría a casa la Oreja de Plata disputada el 15 de septiembre en un cartel de cuatro toreros y ocho toros.

La obtención del anillo de oro hizo pensar, ahora en este caso, a la empresa de El Toreo, que era el momento de que Carmelo Pérez se convirtiera en matador de toros de nueva cuenta. Rafael Solana Verduguillo, en su obra Tres Décadas de Toreo en México, cuenta lo siguiente a este propósito:

Al correrse la voz de que Carmelo iba a doctorarse y a tomar parte en la temporada grande, muchos viejos aficionados, amigos del diestro, nos pusimos en movimiento tratando de evitar que el torero de Texcoco cometiera semejante disparate… Yo hablé con Carmelo con toda claridad: Mira Carmelo, tú todavía no estás preparado para la alternativa, te cogen mucho los novillos… Cuando vengan las corridas gordas y graneadas, va a ser diferente el caso, vas a tener que sortear y si te toca un toro fuerte, te puede lastimar de verdad…

Al llegar a tratar con la empresa, encabezada por Rodolfo Gaona y Benjamín El Chato Padilla, Carmelo Pérez intentó evadir el compromiso, señalando precisamente la apreciación de Verduguillo, en el sentido de su verdor. El Califa de León insistió en hablar con su apoderado, Carmelo de la Rosa, quien era el encargado del zarzo de banderillas de la plaza y le empujó a firmar un contrato para una alternativa prematura y que como la historia lo demuestra, tuvo un final trágico.

En esas condiciones, Cagancho volvió a hacer matador de toros a Carmelo Pérez, en esta ocasión en El Toreo de la Condesa, el 3 de noviembre de ese 1929, con el testimonio otra vez de Heriberto García, con toros de San Diego de los Padres. El toro de la ceremonia se llamó Granado, y como lo vaticinó Rafael Solana, en la faena de muleta le dio una dura paliza. Tres domingos después, otro sandieguino, éste llamado Michín, marcaría el inicio del fin para los días del torero texcocano.

Después de Michín

Los médicos Javier Ibarra, José Rojo de la Vega y Carlos Herrera Garduño salvaron la vida de Carmelo, pero en una situación en la que la medicina carecía de los avances que hoy tiene, la ausencia de equipos de diagnóstico y de antibióticos, convirtieron en un verdadero vía crucis la recuperación del torero de Texcoco. A ese propósito, cuenta Guillermo H. Cantú:

Al despertar de la anestesia, Carmelo constató una cosa: el infierno no habían sido las cornadas tremendas de “Michín”, sino la penosísima, lenta e incompleta recuperación que en esos instantes se iniciaba… En 1929 aún no existía la penicilina ni otros antibióticos, la fístula de la espalda hubo de ser controlada con métodos prolongados como dolorosos. Una a una, las costillas del costado derecho de Carmelo fueron extirpadas… No fue únicamente tener que respirar con un solo pulmón, ni cargar el resto de su ya corta vida apósitos de algodón para dar volumen a aquél medio torso disimulado y supurante… sino además “un sufrimiento todavía mayor y para el que Carmelo necesitó echar mano de toda su hombría y de toda su fuerza de voluntad: desacostumbrarse a la droga, a la morfina, a base de la cual había vivido medio año”. ¡Y también lo logró! …

Los médicos que le atendían, advirtieron a Carmelo que era necesario guardar reposo absoluto para completar su recuperación y permitir en un futuro la reparación de la fístula que se generó a causa de la cirugía a la que se le sometió para reparar las heridas de la cornada. Pero el torero tenía otros planes al parecer, y en cuanto sintió las fuerzas suficientes se puso a prepararse para reaparecer, haciendo ejercicio para recuperar la condición física y haciendo toreo de salón.

Reapareció el 4 de enero de 1931 en El Toreo, alternando con Luis Freg y Manolo Bienvenida en la lidia de toros de La Laguna y volvería a la gran plaza los domingos 11 y 18 de ese mismo mes. Justamente en la corrida del día 11, alternando con Chicuelo y David Liceaga que recibía la alternativa, le cortó el rabo al toro Viñero de Zacatepec. El 15 de febrero en Guadalajara, realizó otra gran faena a otro toro número 66 de don Daniel Muñoz y terminó su campaña en México el 22 de febrero en El Toreo alternando con Francisco Tamarit Chaves y Pepe Ortiz en la Corrida de Covadonga.

España y Toledo

Terminada su campaña en México, Carmelo cultivó la idea de confirmar su alternativa en Madrid y hacer una campaña en forma por aquellas plazas, consiguiendo que le apoderara don Domingo González Mateos Dominguín.

Las alternativas recibidas en México no fueron reconocidas en España durante muchos años, así que los toreros mexicanos y en general, quienes las recibían aquí, tenían que volver a hacerlo en una plaza de allá para poder actuar como matadores de toros. La de Carmelo Pérez se programó para el 4 de junio de ese 1931, en Toledo. Era la tradicional Corrida del Corpus. Originalmente estaba puesto como su padrino Gitanillo de Triana, pero el 31 de mayo anterior Fandanguero de Graciliano Pérez Tabernero acabó a plazo con su vida en Madrid y se contrató para sustituirle a Manuel Jiménez Chicuelo. El testigo sería un torero de la tierra recién alternativado llamado Domingo Ortega. Los toros serían del Conde de Antillón antes de Ildefonso Sánchez Rico, de origen Contreras. Al final solamente se lidiaron cinco de los toros anunciados, pues el primero de la tarde fue de Terrones, llamado Presidente, sustituto de uno que fue muerto en los corrales.

Escribió Recorte para el diario madrileño La Libertad del día siguiente al del festejo:

El alternativado Carmelo Pérez no estuvo muy afortunado en el reparto, y de aquí que el resultado de su actuación no respondiese a lo que nos habían prometido sus mentores y nuestros compañeros del país de Moctezuma. Quizá la diferencia de temperamento en el ganado, unido al desentrenamiento que motivó una convalecencia de cerca de un año, a consecuencia de una gravísima cornada que recibió, y por añadidura el desconocimiento del carácter de nuestro público. Influyese en cierto apocamiento, azoramiento o preocupación que observamos en el nuevo matador… Sin embargo, le vimos ceñirse extraordinariamente con el capote y templar, ejecutando algo así como aquel lance que se denominó el «puente trágico», y en esto fue ovacionado… Luego, con la muleta, estuvo demasiado breve en el toro de la alternativa; dos muletazos tan solo, porque vio el mejicano que el enemigo no estaba para adornos. Al sexto, que ofrecía peligro por el lado derecho, le dio tres soberbios muletazos de pecho por el lado izquierdo, «haciendo la estatua». Matando estuvo muy breve también… Como fue tan sucinta la labor de Carmelo Pérez no nos atrevemos a formular juicio respecto a su porvenir en la carrera taurina, y hemos de conformarnos con hacer constar que la Empresa de El Toreo, de Méjico, ganó con Carmelo una buena cantidad de miles de pesos…

Por su parte, Corinto y Oro, en el ejemplar de La Voz, salido la noche misma del festejo, elaboró el siguiente análisis:

Carmelo Pérez recibe la alternativa de manos de Chicuelo y pasa a entendérselas con el toro, que está difícil y nada en su favor para debutar en España. El bicho está cada vez más bronco y tirando infinidad de cornadas por minuto. El mejicano le hace una faena brevísima y lo tumba de un sartenazo... Sexto. – Negro. De lámina, una preciosidad. Veremos de lo otro. Pues de lo otro, que se lleva muy poco con los anteriores; es decir, que es manso, sin redención posible. Salta al callejón por el 1. Carmelo Pérez veroniquea parando mucho y echando la mano abajo, como los toreros buenos, y lo mismo hace en el primer quite. Este torero, al toro que te le arranque franco le hará cosas de mucha emoción; con el difícil le falta prestancia y soltura. El bicho es tardo en varas y retrocede siempre ante los toreros de a pie… El mejicano insiste en pararse con el enemigo en dos ocasiones, pero le falta adversario claro… Carmelo Pérez quiere pararse con el toro en el pase de la muerte; pero el adversario le dice que nones; es decir, que no se le arranca. Un poco precipitado y algo inconsciente de lo que el toro necesita, que es machetearlo sobre las piernas para apoderarse de él, lo busca porfiadamente, queriendo hacer la estatua y sacarle la muleta por el rabo; pero no lo consigue, porque el bicho retrocede siempre. Y tras una faena breve, con dos pinchazos, sin estar el toro perfectamente igualado, y media estocada, lo entrega a las mulillas…

El mal juego de los toros redituó en una tarde en la que reinó el aburrimiento, conclusión unánime de los dos cronistas ya citados, así como de Gregorio Corrochano en el ABC madrileño, Rehilete en el diario La Tierra o Francisco Martínez Corbalán F. Asturias en el diario Ahora.

Después de la corrida de Toledo, Carmelo Pérez decidió ponerse en las manos del renombrado cirujano Jacinto Segovia para intentar librarse de la fístula torácica que tanto le molestaba. Ello a pesar de que ya desde antes de salir de México los doctores Ibarra, Rojo de la Vega y Herrera Garduño le habían advertido que era una cirugía de muy alto riesgo y que no merecía el riesgo intentarla. Sin embargo, la intentó y el resultado final ya lo conocemos y está contado en estas mismas páginas virtuales (aquí).

domingo, 31 de diciembre de 2023

Una fotografía con historia (IX)

Una tarde redonda, dos brindis y un Faraón por testigo…

Cagancho recibiendo el brindis de Litri
Madrid, 18 de mayo de 1966

La solidaria generosidad de Carlos Arruza siempre encontró resquicios para hacer el bien. En el año de 1966 logró reunir a varias figuras del toreo en el retiro, para organizar una especie de gira internacional y torear festivales benéficos con ellos, permitiendo, por una parte, que los productos de esas tardes de toros aliviaran en algo las vicisitudes de alguna obra que favoreciera a los que se encontraban en algún estado de necesidad y por la otra, que los nuevos aficionados pudieran apreciar la tauromaquia de diestros como Armillita, Cagancho, Lorenzo GarzaGitanillo de Triana, Silverio Pérez o él mismo. 

Así, se fueron a Lima, para torear en la Feria del Señor de los Milagros el Festival del Bicentenario, junto con Alejandro Montani, Luis Miguel Dominguín y el aficionado práctico Hugo Bustamante, dejando una honda huella en la afición de allá. Ese día el Maestro Fermín cortaría una oreja y Silverio Pérez se llevaría la tarde cortándole las orejas al novillo de La Viña que le tocó en suerte. Un momento emotivo se produjo cuando Cagancho fue a brindarle a Antonio Ordóñez su novillo, delante de Luis Miguel y de Ángel Luis Bienvenida, brindis que arrancó quizás la ovación más cerrada de la tarde.

De regreso en México, Armillita, Cagancho, Lorenzo Garza, Silverio Pérez y Carlos Arruza se reunieron en la finca de don Carlos Trouyet para preparar el viaje a España y continuar con la preparación de los festivales benéficos. Así lo contó Joaquín Rodríguez al redactor de El Ruedo en su día:

Unos días antes de salir para España – cuenta Cagancho – nos reunió a cenar el señor Trouyet a Garza, Silverio, Arruza y a mí. Todos, con la enorme ilusión del viaje, animamos a Carlos a que se uniera a la expedición. Y se hubiera unido a nosotros con la misma alegría, pero tenía firmadas unas corridas y aplazó la travesía para los primeros días de junio. ¡Fíjate qué pena! …

Carlos Arruza fallecería a causa de un accidente de carretera el 20 de mayo de ese 1966 y todos los planes que había trazado se fueron por la borda, pero eso no impidió que Cagancho, Lorenzo Garza y Silverio Pérez acudieran a presenciar algunos festejos de la Feria de San Isidro de ese año, evento en el que se generaron los acontecimientos que dan pie a que meta hoy yo los míos.

El San Isidro de 1966

Escribe José Luis Suárez Guanes a propósito de este ciclo:

La mejor feria de la historia es la de 1966. Las dos siguientes le van a la zaga. Están encuadradas en una época (hablamos en general) en que existían veintiún matadores de toros en el grupo especial. En este periodo podíamos percibir los penúltimos destellos de arte de un Antonio Bienvenida... las presencias históricas de Julio Aparicio y el valor personalísimo de “Litri”, la clase fuera de serie de Antonio Ordóñez... Jaime Ostos; el buen lidiar... de Gregorio Sánchez; las diferentes maneras de hacer de Diego Puerta, Paco Camino y “El Viti”... el arte de un resurgido “Antoñete”...

Fue una feria en la que se dieron 16 corridas de toros, y en la que no se anunciaron novilladas. En ella se produjo la hoy todavía legendaria faena de Antoñete a Atrevido el llamado toro blanco de Osborne – el 15 de mayo, en la segunda de feria – y aparte, en la décimo tercera, confirmó el regiomontano Raúl García, de manos de Paco Camino y llevando de testigo a El Cordobés, con toros de Francisco Galache, representando la única presencia mexicana en el ciclo.

Eran los días en los que la Corrida de la Beneficencia se anunciaba después de que terminaba la feria, sabiéndose quién o quienes habían triunfado en ella, para ofrecer en esa fecha un cartel de auténticos triunfadores y no anunciar un festejo preconcebido, únicamente membretado como tal. La Beneficencia en Madrid era entonces, el principal acontecimiento taurino del calendario español. Hoy es solamente una fecha más a cumplir dentro de un pliego de condiciones y un abono.

La quinta corrida del San Isidro del 66

Para el miércoles 18 de mayo de 1966 se anunció un encierro del Marqués de Domecq y hermanos para Antonio Ordóñez, Andrés Vázquez y Gregorio Tébar El Inclusero quien confirmaría su alternativa. Ordóñez había sufrido una cornada en Málaga el 10 de abril anterior, calificada, según el medio que se leyera, de grave o muy grave. Los hechos al final llevarían a decantarse por la segunda interpretación del parte médico, porque para esa quinta corrida de San Isidro, Antonio Ordóñez presentó parte médico que señalaba que estaba imposibilitado para actuar. La sustitución la tomó Miguel Báez Litri, quien, con ella, sumaría una tercera actuación en el serial, pues originalmente estaba anunciado en dos carteles.

En ese festejo, en la zona de barreras del tendido dos, se ubicaban cuatro conspicuos espectadores: Joaquín Rodríguez Cagancho, natural de la calle del Evangelista, en Triana, Sevilla; Lorenzo Garza El Magnífico, de Monterrey, Nuevo León, México; Silverio Pérez, de Texcoco, México y Manolo Caracol, del Corral de los Frailes, en la Alameda de Hércules, Sevilla. Para esas alturas de la historia de la feria, la presencia de notables en los tendidos no era de llamar mucho la atención, por ese motivo, de inmediato, no se levantó mayor polvareda por la presencia de ese auténtico póker de ases por allí.

El brindis de Litri a Cagancho

Cagancho había actuado en Madrid por última ocasión los domingos 31 de mayo – festejo de apertura de la Feria del Campo – y 14 de junio de 1953. Tenía casi una década de no dejarse ver por allí. Ese par de tardes, cautivó a una renovada afición madrileña. Su actuación en el primero de festejos la resumió así Alfredo Marquerie para el semanario El Ruedo:

“Cagancho”, que habla hecho exhibición de espanto “calé” en su primero, se acordó de su fama y de su nombre en su segundo y volvió a ser Joaquín Rodríguez, y a darnos, entre explicaciones mímicas y desplantes personalísimos e inconfundibles – el recorte flamenco, el engaño elevado a su suprema condición de burla, la mano en la cadera –, el regusto de cómo se toreaba antes y de verdad, con ligazón y trabazón, con vista, temple y mando y, sobretodo, con sabor, aroma y solera... El sol en el ocaso tiene relumbres y destellos llenos de poesía, de gracia y de melancolía...

Litri era ahijado de alternativa de Cagancho, que lo doctoró a él y a Julio Aparicio el 12 de octubre de 1950 en Valencia y el gesto que tuvo en ese festejo isidril fue señalado. Así lo recoge la crónica publicada en El Ruedo fechado el 31 de mayo de ese 1966:

Fue Litri quien presentó al público de la Feria al gitano Cagancho. Litri descubrió en una contrabarrera del 2 a su padrino de alternativa y cruzó el ruedo para brindarle la muerte de un toro del marqués de Domecq. Joaquín, señalado por la montera del ahijado, se puso en pie, y la gente, al reconocerlo, le dedicó una cariñosa ovación… ¡Es Cagancho! ¡Es Cagancho! … «La talla de Montañés», sobre el pedestal de su fabulosa fama, se humanizó abriendo los brazos en forma de aspa, echándole mucho temple al toro afectivo que le golpeaba en el corazón. Desde aquel justo momento Cagancho fue la estrella civil de la Feria taurina más larga; estrellato que compartió con sus vecinos de localidad…

De la actuación de Miguel Báez, relata entre otras cosas Manuel Álvarez Díaz firmando como Manolo Castañeta, para el Diario Madrid, aparecido al día siguiente de la corrida:

La tarde de Litri no es sólo el “litrazo” con el cite largo y el aguante impasible. Esta tarde del Litri es el brote de unas flores de torería que, por la armonía de sus colores, por el aroma que exhalan y por su pureza y su belleza bien pueden ser calificadas de excepcionales... La plaza entera aclama y ovaciona al Litri en la espléndida floración de ese arte. Así, cuando su primera faena es coronada con media estocada, el gran torero de Huelva corta una oreja, con vuelta al ruedo y saludos. Y así, al rematar la otra - ¡qué extraordinaria faena! - con un pinchazo, estocada corta y tres descabellos, le otorgan el premio de otra oreja, con recorrido por el ruedo entre ovaciones...

Litri se sujetó al canon de su padrino de alternativa y a lo asumido dentro de su madurez taurina, toreando con reposo e imprimiendo calidad a lo que hacía delante de los toros. El reconocer y hacer evidente la presencia de Cagancho en el tendido de Las Ventas no se saldaba solamente con el brindis, había que justificarlo delante del toro. Y lo hizo.

Andrés Vázquez y Lorenzo Garza

El Ave de las Tempestades se había presentado por última ocasión en Las Ventas el 15 de julio de 1945 y en esa oportunidad le cortó las dos orejas al segundo toro de Alipio Pérez Tabernero que le tocó en suerte. De nuevo voy a recurrir al testimonio de Alfredo Marquerie, quien para el número de El Ruedo salido el 18 de julio siguiente escribió:

Garza tiene nombre y perfil de pájaro. Cuando se encorva se acentúa su parecido aquilino. Su espléndida lección «de cómo se puede dar el natural hasta el infinito», sonriendo y mirando al público con alegría, fue lo mejor de lo corrida. Y por eso tuvo que triplicar, con las orejas, el premio de botas de vino que le echaron los «morenos» …

Las ilustraciones de Antonio Casero en ese ejemplar del semanario madrileño nos presentan a un Garza pletórico y la crónica que Manuel Sánchez del Arco Giraldillo escribió para el ABC, refleja que ejecutó en repetidas ocasiones el pase del desprecio… Hoy en día es un adorno que sirve para rematar series bastante manido, pero no es por mucho, reciente, según podemos leer.

El quinto toro de la corrida fue el número 19, llamado Hablador y al final de la feria sería premiado como el mejor del ciclo. Ese toro, al que le cortó las dos orejas, lo brindó el Nono de Villalpando a Lorenzo Garza, y recurro otra vez al recuento de Manolo Castañeta, quien resumió así la triunfal tarde de Andrés Vázquez:

Hay que decir una vez más que, por esas cosas extrañas que se dan en la vida, en el bello estilo de este torero se mezclan y funden los acentos sinceros y nobles de su naturaleza castellana y los de una cierta gracia, un garboso donaire de la tierra sevillana. Con este singular injerto, con esta extraña amalgama – extendida ahora con la suerte de banderillas, que hoy no tomó en ninguno de sus toros –, Andrés Vázquez ha encontrado y logrado una fuerte e interesante personalidad...

A pesar de que los regiomontanos son tradicionalmente considerados como cicateros o rácanos cuando de los dineros se trata, Lorenzo Garza correspondió en el sitio al brindis, devolviendo la montera con un valioso reloj de oro dentro. Se relata en El Ruedo:

El reloj de Lorenzo Garza fue a parar a las manos de Andrés Vázquez, quien le había brindado un toro. Un bravo toro del marqués de Domecq. Quien triunfó con el mismo y le cortó las dos orejas. Andrés ha cruzado Madrid, en dos estancias, con el mismo resuello triunfal de esta su nueva etapa…

Y páginas más adelante, declaraba el autor del brindis, en entrevista posterior a la corrida:

Era un toro noble y suave, pero anduvo bastante suelto y pese a su excedente bondad para el torero murió buscando el refugio de las tablas... ¿Supone mucho este triunfo? ... Reconciliarme con Madrid, este público que me hizo torero... ¿Algo más? ... ¡Una gran satisfacción! Lorenzo Garza me tiró el reloj de oro que llevaba. Por cierto, que tiene una inscripción por detrás de mucho valor personal, y pienso devolvérselo porque debe significar mucho para él...

Revisé la prensa especializada de los días siguientes y no hay referencia de que Lorenzo Garza y Andrés Vázquez se hayan reunido, así que no hay noticia cierta de que el torero de Villalpando haya efectivamente devuelto a El Magnífico su apreciado reloj. Pero el gesto pintó de cuerpo entero al brindado.

Y ambos brindis, el que Litri hizo a su padrino de alternativa y el de Andrés Vázquez a Lorenzo Garza, reitero, tuvieron dos testigos de excepción, el Faraón Silverio Pérez y a Manolo Caracol. Una pena que el hecho haya sucedido la antevíspera del deceso de Carlos Arruza y que el suceso haya acaparado toda la información.

Agradecimiento: Expreso mi gratitud a doña Carmen Milla, de la Fundación Diario Madrid por haberme facilitado la crónica del festejo aparecida en ese periódico, misma que me ha servido para ilustrar estos comentarios.

Aldeanos