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domingo, 1 de marzo de 2026

28 de febrero de 1965: El gran triunfo de El Cordobés en la Plaza México

Desplegado publicitario de El Cordobés
El Redondel 7 de marzo de 1965

El Cordobés tardó en entrar con el público de la Plaza México. Confirmó allí su alternativa el domingo 7 de febrero de 1965, recibiendo los trastos de manos de Antonio Velázquez y oficiando como testigo Antonio del Olivar. A pesar de que, Manuel Benítez estuvo empeñoso y hasta entregado ante los dos toros de su lote, casi de inmediato un importante sector de la concurrencia se puso en su contra y se dedicó a reprocharle cuanto intentaba. La tarde terminó para él y para todos, como tituló su crónica don Alfonso de Icaza Ojo, en un mitin de órdago. Reapareció a la siguiente semana para atestiguar la confirmación de alternativa de Mauro Liceaga, de manos de Rafael Rodríguez. La actitud de una buena cantidad de los concurrentes hacia el de Palma del Río fue en el mismo sentido, quizás más ruidosa. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Y, ¡por fin!, pisó el ruedo de la México el fenómeno de la época, Manuel Benítez Pérez llamado “El Cordobés”, para el que quisiera algo de él. Confirmó (9ª) de manos de Antonio Velázquez y aunque tuvo buenos momentos, "inspiradísimos" escribió Alfonso de Icaza, acabó por fracasar dándole gusto a los que fueron a ver eso y que eran legión. Segunda corrida (10ª) y segundo y más ruidoso descalabro...

Era evidente que, en la Plaza México, que tenía un cupo del doble del Toreo de Cuatro Caminos, había lugar para aquellos que, quizás se quedaron fuera de esta última plaza, donde El Cordobés se había presentado en este país y había triunfado en toda línea, quizás pensando que, aquel viejo refrán seguía rigiendo: fuera de México, todo es Cuautitlán...

La 12ª corrida de la temporada 1964 – 65

Manuel Benítez reaparecería en la gran plaza el domingo 28 de febrero de 1965, y ese día el de la duodécima corrida de esa temporada 1964 – 65, dejaría en claro por qué era una figura del toreo. El cartel anunciado para esa tarde se formaba con los acalitanos Alfonso Ramírez Calesero y Rafael Rodríguez, que precederían en el orden de lidia a El Cordobés, para enfrentar a un encierro de Mimiahuápam, ganadería entonces de la titularidad de don Luis Barroso Barona.

Los dos toreros de Aguascalientes estaban ya en el ocaso de sus carreras, sin saberlo y quizás sin preverlo, Rafael Rodríguez toreó ese día su última corrida en la plaza de toros que lo llevó a la cima, y por su parte Calesero estaba a su vez actuando en su antepenúltima tarde, porque poco menos de un año faltaba para que allí mismo se cortara la coleta en una tarde que, después de todo, resultó ser memorable para él.

También El Cordobés, aunque en circunstancias distintas se presentaría en la Plaza México, dentro de su carrera, ya solamente esta tarde y la noche del siguiente jueves 4 de marzo, en la corrida de la Oreja de Oro. Seguiría viniendo a México en otros calendarios, pero ya no volvería a actuar en la capital mexicana.

Una tarde verdaderamente histórica

El tercer toro de la corrida se llamó Palomo y venciendo la oposición de aquellos que en las dos tardes anteriores lograron poner a la mayoría en su contra, le cortó la primera oreja de la corrida. Escribió Ojo en su crónica para El Redondel:

“El Cordobés” se quita la montera y como viene más mechudo que nunca, causa sensación. Se dobla con su adversario echando la cabeza al suelo e inmediatamente después instrumenta dos derechazos que arrancan olés de los tendidos. Se sigue arrimando, da otros dos pases iguales y luego se cambia y alborota el gallinero con uno de sus característicos muletazos. Toda la faena la realiza “El Cordobés” entre los pitones y para provocar la arrancada del toro le patea en los hocicos. Torea ahora con la izquierda en el mismo palmo de terreno en que ha desarrollado todo su trasteo, y aunque sus pases no le resultan limpios, sí son indiscutiblemente emocionantes... Porfía el diestro; da pases estatuarios a la mínima distancia. Aguanta heroicamente y se hace ovacionar por la plaza entera. El toro se ha ido quedando más y más y Manuel lo hace embestir pegándole con la barriga. Se adorna rasgando el testuz de la res y vuelve a torear con su aguante único a dos dedos de los pitones. Le chillan algunos el que se cambie de lado, pero luego cuando pisa los terrenos inverosímiles, arma la escandalera... Hay otros alardes de parte del diestro de Palma del Río, que a unos gustan y a otros no, y en cuanto “Palomo” junta las manos, entra a herir Manuel en corto y por derecho y deja un estoconazo ligeramente contrario, de tanto atracarse. El toro tarda en doblar y ello induce al “Cordobés” a descabellarlo al primer intento. Ovación, música, millares de pañuelos que piden la oreja, concesión del apéndice por parte de la autoridad y vuelta triunfal al anillo, devolviendo sombreros y prendas de vestir… Este es “El Cordobés”: un torero que torea distinto a los demás y que entusiasma más que ninguno...

Una faena típica de las suyas. Imponiéndose al toro que se quedó parado y metiéndose entre los pitones. No dejó ya resquicio de duda de que los espectadores estaban ante una real y auténtica figura del toreo. Pero todavía tenía el de Palma del Río cosas que expresar. Así, ante el sexto de lidia ordinaria, Mayito, sucedió lo siguiente:

Y ya tenemos al “Cordobés” frente a “Mayito”. Doblones suaves como ellos solos; dos pases por alto, molestado por el aire y derechazos en los que se enrosca al toro a la barriga, armando tremenda escandalera. Anuncia que va a regalar un toro y la ovación crece de punto. Más pases de aguante y mando increíble y ahora con la zurda, naturales sencillamente asombrosos. Los remata con el pase de pecho y la plaza se viene abajo, cayendo al ruedo sombreros en cantidad. Sigue la faena cordobesista pura, impregnada de esa personalidad que hace de Manuel Benítez un torero único, mejor o peor que los demás, pero sin parecerse a nadie. Los naturales de ahora son de asombro y los dos pases de pecho que le siguen, fenomenales... El toro se agota poco a poco, pero “El Cordobés” sigue encima de él, provocando la arrancada, sacándole pases de todas marcas. Lo iguala y atiza media estocada, llevándose el arma. Nuevo viaje, y acostándose en el morrillo, sepulta una estocada hasta el puño. El bravo y noble burel está a punto de entregarse, pero “El Cordobés” se empeña en descabellar innecesariamente, y falla hasta cuatro veces, para acertar al quinto intento. Estalla la ovación, no obstante y no pocos pañuelos flamean en los tendidos cuando el diestro se retira al callejón, obligándolo el público a que saliera para agradecer los aplausos de la mayoría de los espectadores...

A los primeros muletazos anunció el regalo de un toro, seguramente porque calibró que Mayito estaba ya muy mermado de fuerzas, y sin embargo, le realizó una faena de corte muy distinto a la anterior, principalmente sobre la mano izquierda, tan rematada, que aun después de los fallos con la espada, se le pedían las orejas.

El toro de regalo

El séptimo de la corrida se llamó Corsario, y era de Torrecilla. El obsequio no tenía por intención el salvar in – extremis una tarde fallida, era en realidad el intento del torero de complacer a la afición, aún habiendo triunfado con el lote sorteado en su momento. De lo realizado ante ese toro, escribió don Alfonso de Icaza Ojo:

Dos doblones para hacerse del toro y una serie de pases rápidos en los que los cuernos del burel le destrozan la franela. Cambia ésta Manolo e instrumenta varios derechazos, habiendo a poco otro intermedio en el trasteo. Naturales aguantando mucho; derechazos enredándose al toro en la cintura; uno de cuatro vueltas que para a la plaza de cabeza por la manera en la que el diestro corre la mano y mide el arranque de la fiera, y ya, con el ambiente caldeado, naturales; pases cambiados y uno de pecho piramidal. Más derechazos de lentitud increíble; toreo personalísimo de aguante heroico; cite a distancia que va acortando hasta que el toro se le arranca y más muletazos, con una y otra manos, de positivo asombro. Cuando lo remata con el de pecho, la plaza entera es un manicomio… Más naturales, sencillamente maravillosos; el de pecho fenomenal y ya desde ese momento, centenares de pañuelos que piden para este sensacional torero, de este nobilísimo animal, los apéndices. Se perfila a ley Manolo, arranca a matar y deja un estoconazo, también contrario, que hace doblar. Ovación inenarrable, miles de pañuelos que se agitan en los tendidos, concesión de las orejas y el rabo, el público que se echa al ruedo para abrazar al “Cordobés” y pasearlo por el ruedo en hombros, por una multitud enloquecida. Los granaderos dispersan a la multitud, los gritos de torero, torero, se oyen por todo el ruedo; vuelven a cargar al “Cordobés” en hombros, cuyo traje de luces ha sido destrozado, y en hombros se lo llevan por la puerta grande en una auténtica apoteosis…

El Cordobés terminó de establecer en la Plaza México, ante todos los que le demostraban admiración o respeto y también ante aquellos que iban dispuestos a reventarlo, que era una auténtica figura del toreo y no una creación publicitaria o de la literatura. Dejó fuera de cualquier duda su categoría dentro de los redondeles. Escribió quien firmó como Paliacate en el semanario madrileño El Ruedo, salido a los puestos el 9 de marzo siguiente:

Ha ganado El Cordobés una batalla difícil, ciertamente. Y la ha ganado – hasta sus más acérrimos adversarios, los que le silbaron cuando iniciaba el paseíllo – en muy buena lid, limpiamente. Para fortuna de los aficionados mejicanos, que han tenido la oportunidad de contemplar una de las más completas actuaciones que se le recuerdan a Manuel Benítez; en tres toros ha podido dar la imagen precisa y completa de lo que es su toreo…

Creo que la explicación es clara y contundente.

¿El final de una época?

Decía al inicio que Alfonso Ramírez Calesero y Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes, en esta señalada tarde prácticamente concluyeron su paso por la Plaza México, representando el cierre de las edades de Oro y de Plata del toreo en México. Nuestra Edad Moderna ya estaba en ciernes, puesto que las figuras que la encabezarían estaban próximas a recibir la alternativa. Sigue escribiendo el invocado Paliacate:

De verdad: se le puede discutir el arte, pero no su fabulosa habilidad para hipnotizar a quien se le ponga por delante, público o toro. Este Cordobés ha escrito una nueva página en la historia del toreo en Méjico y ha confirmado que es, sin discusión, el torero de la época. Porque hoy, ya lo saben, es cordobesista todo Méjico…

Ya advertía el escriba que el estado de cosas en la fiesta mexicana estaba por cambiar. La historia nos demuestra que no le faltaba razón.

El triunfo en la visión del torero

En El Redondel fechado el 7 de marzo de ese 1965, se publicó una entrevista que don Rafael Morales Clarinero hizo a El Cordobés, en la que, a propósito de la corrida de su triunfo, dijo:

Si no hubiera tenido éxito en mi tercera corrida den la Plaza México, quizá me hubiera retirado. Cuando menos así me lo había propuesto. No sé si hubiera podido cumplirlo... Uno de los días más felices de mi vida lo tuve el domingo cuando triunfé en la México. El más malo, se puede escoger entre los dos anteriores en que no pude torear a gusto entre ustedes... Puedo decir que en esta plaza es donde más se nota un triunfo o un fracaso... Pesa mucho la plaza. Siente uno que se sume, que está muy hondo. Que la gente está arriba, muy arriba. Siente uno como que se ahoga... No puedo señalar mi tarde de triunfo en la México como la mejor de mi vida; pero sí en la que más gusto y felicidad sentí. No estaba seguro de triunfar; pero sabía que iba a poner todo lo que pudiera. Estaba dispuesto a todo con tal de lograrlo... Y claro, salí con más miedo y compromiso que otras tardes...

Lo que comentó al entrevistador refleja la responsabilidad que sintió el torero y la sensación de alivio que le produjo el triunfo.

Tres brindis

Esa tarde destacaron tres brindis de los diestros actuantes. Calesero brindó el primero de la tarde a don Manuel Tello Barnaud, Secretario de Relaciones Exteriores, zacatecano y sin complejos derivados de la mal llamada corrección política, fue a los toros y fue brindado. El mismo Poeta del Toreo igualmente brindó su segundo a una asistente habitual a las barreras de la plaza, a la Doña María Félix.

Por su parte, El Cordobés brindó el séptimo a Manolo Prieto Crespo, quien, junto con Juan Cañedo, fue quien lo trajo a México por primera vez para actuar en el Toreo de Cuatro Caminos. Dijo el torero:

Manolo Prieto ha sido aquí, en México, más que un amigo, un hermano, por eso le brindé el toro del desquite...

Así se produjeron los acontecimientos más destacados de una corrida que resulta ser histórica en muchas de sus aristas.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 22 de febrero de 2026

20 de febrero de 1966: La despedida de Calesero en la Plaza México

Calesero inició el año de 1966 con una campaña de festejos de despedida que terminaría el 14 de mayo del año del año siguiente y que constaría de 18 festejos. Como le contó al doctor Alfonso Pérez Romo, aunque ya tenía más de 25 años de alternativa, se iba cuando todavía le podía a los toros y a los públicos, no porque ya le costara estar delante de ellos. Mantenía, lo que años después describiera el Notario sevillano don Luis Bollaín como el cuerpo enjuto, pero sin encorsetar... y el atractivo de verle desde el paseo: ¿Qué se le podrá ver a este singular azteca en desfile al frente de la cuadrilla o cruzando en recta el redondel...? Calesero seguía siendo atractivo para la afición y para las masas.

El adiós en la Plaza México

La despedida de Calesero en la capital mexicana se anunció para el domingo 20 de febrero de 1966. Le acompañarían en el cartel Manuel Capetillo y Raúl García, formando un compendio de tres épocas del toreo mexicano ante toros de Valparaíso. No hay necesidad de aclarar que la plaza de toros más grande del mundo se llenó, porque, aunque en ella, en sus dos décadas de existencia, Calesero apenas había cortado una oreja, aquel domingo 12 de enero de 1954, cuando en la tarde de la reaparición de Armillita, Carlos León le propuso para un hipotético Premio Nóbel del Toreo. Así estaría el Poeta del Toreo esa tarde y así esperaba verle la gente, cada vez que le veían anunciado en los carteles. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Nunca fue una figura del toreo, pero sí fue, junto con Pepe Ortiz, uno de los toreros que con más arte y sabor manejaron el capotillo. Siempre fue visto con agrado, a pesar de su desesperante falta de corazón, completando cualquier cartel; algún lance, algún quite, algún remate luminoso se llevaba el aficionado en la retina, aunque fueran otros los diestros que partieran el bacalao...

Quizás no fuera una figura del toreo al uso, de los que cortan orejas todas las tardes. Pero habrá que hacer notar que entre esa tarde de 1954 y este año de su despedida, Calesero encabezó el escalafón de sus pares en varias temporadas y tuvo presencia en todas las plazas importantes de la República. Estaba allí porque interesaba, porque llevaba a la gente a las plazas. Ser figura del toreo no es necesariamente cosa de números, también puede serlo de sello, de dejar recuerdos en la memoria colectiva.

La 11ª corrida de la temporada 1965 – 66 

Calesero vistió el mismo terno grana y oro que sacó el domingo anterior en Aguascalientes, donde mató seis toros y les cortó ocho orejas y un rabo en una tarde que ha quedado como una de las importantes de la historia de la centenaria Plaza de Toros San Marcos. Es recibido con afecto por la afición. Refieren las crónicas:

...como en sus días de novillero; con una tarde de lágrimas, de palomas y de golondrinas, dijo adiós a los toros, cercado por su público capitalino, que llenó casi por completo la Plaza más grande del mundo, la México, el más gitano de todos los diestros de México en todos los tiempos: Alfonso Ramírez “Calesero”, a quien sus hijos menores cortaron la coleta a las cinco y media de la tarde… Con medio siglo en los garbosos hombros, llevados con la ligereza de los 25 abriles, majo y señorón, Alfonso ha vestido esta tarde principescamente y desde el tercio escucha la primera de las grandes ovaciones, que le obligaron a dar una lenta vuelta al ruedo, devolviendo ya sombreros, antes de que apareciera el primer toro… La gente se le entregó y el torero de Aguascalientes dejó el capote de brega para abrir los brazos y circundar el anillo con el mismo cariño que desciende en oleadas desde los tendidos. Cuando se despidió Fermín Espinosa “Armillita”, la vuelta al ruedo la dio con el capote de paseo sobre el hombro derecho. “Calesero” dio hoy sin acompañamientos, limpio el cuerpo, como para poner banderillas...

Le tocaron en suerte los toros Trompetista y Mañanero, curiosamente ambos anunciados con 478 kilos de peso. La actuación de Calesero ante el primero de ellos, según relato de Carlos Loret de Mola Médiz, firmando como Luis Soleares, es en el siguiente tenor:

En su primer toro, “Trompetista”, Calesero torea a un milímetro de la cornada, como un jabato, empezando con un farol de rodillas en tablas, tras de lo cual dibujó seis verónicas majestuosas y una media. Hace un quite primoroso por chicuelinas y termina con una larga cordobesa. Cerca de cincuenta mil almas aplauden con delirio. La gente lo obliga a banderillear y por cumplir, deja un cuarteo abiertillo... Cuando toma la muleta y brinda al público con ánimo cariñoso, comprendemos que esta será en realidad su última faena, porque, ¿quién podrá estar seguro de que su próximo toro, que será el último, se deje torear como éste? … “Calesero” se arrodilla entablerado y da un ayudado por alto. Luego en el tercio, un cambiado. Vienen cuatro derechazos templadísimos y el de la firma, el pase de Granero, cambio por la cara y luego con la izquierda tres naturales y en el cuarto el aire lo descubre y el toro lo derriba en forma impresionante. Se levanta y vuelve sin mirarse la ropa y sin la zapatilla derecha. Más derechazos, el de pecho, naturales con remate por arriba, trincherazos en medio del alarido en los tendidos, más derechazos y naturales. Se perfila y receta una casi entera que con descabello al segundo intento resulta única. Ovación que él corresponde desde el tercio...

Pudo haberle cortado la oreja a ese primero de su lote, de acuerdo con la descripción del cronista, pero la falla con la espada le impidió ser premiado más allá de la salida al tercio. 

El segundo de su lote fue un toro complicado, pero Calesero no quiso simplemente salir del paso, sigue escribiendo el cronista, en su relato publicado en el diario El Siglo de Torreón:

En el cuarto se escuchan “Las Golondrinas”. “Mañanero”, de 478 kilos, cárdeno bragado y descaradillo de pitones. El burel tira hachazos y tiene genio que va creciendo. No se deja lidiar, pero “Calesero” ha de despedirse como un torero y le hace una lidia dominadora, señorial y breve, en la que intercala algunos derechazos de gran finura, mientras en los tendidos caen las notas de "Las Golondrinas" y la gente se pone, poco a poco, de pie, para aplaudirle. "Calesero" se perfila y coloca una media estocada en el hoyo de las agujas haciendo doblar a “Mañanero” cerca de toriles... Y así dobla el último toro de la extensa vida de uno de los mayores artistas del toreo mexicano...

Calesero demostró que todos los toros tienen su lidia, no necesariamente traducida en una faena de lucimiento, sino adecuada a sus condiciones, así, demostró que era un torero completo, enterado de su oficio y que merecidamente cerró una extensa historia en los ruedos del mundo en la Plaza México.

A propósito de su adiós, reflexiona Pedro Ponce, cronista de la Revista Taurina, en el número aparecido el 27 de febrero de ese 1966:

Un lance como esa media verónica, un quite como ese por chicuelinas, bastarían para que de un torero se hablara toda una temporada, o muchas temporadas, como cuando Pepe Ortiz dio la larga cordobesa, o cuando hizo el quite de oro; pero la gente decía que “Calesero” “bajaba con la muleta”... porque no le daba a cada toro doscientos muletazos iguales que hoy quiere ver el público grueso... El público actual no se merece a “Calesero”, Alfonso ha hecho bien en irse… Pero su grandeza se impuso. Siempre dio un calosfrío verlo dar aquellos lances de cielo; y por eso dio tres vueltas al ruedo, una de ellas en hombros, y por eso cortó la oreja de un toro al que solamente le espantó las moscas... Esos lances allí quedaron para la historia, ya puede llover un siglo, que no se van a despintar...

Le fue concedida la oreja de Mañanero, por el conjunto de su labor en la tarde y en reconocimiento a las realizaciones de toda su carrera en los ruedos. Una vez que paseó la oreja, los miembros de su cuadrilla, Rafael Osorno y Jesús Belmonte lo pasearon en hombros, para después ir a los medios a que le cortaran el añadido:

...los banderilleros, los picadores, viejos conocidos como Rafael Osorno y Jesús Belmonte, le levantan en hombros, y seguido y escoltado por todos los toreros, da su segunda vuelta al ruedo. La ovación se torna cada vez más fuerte y cariñosa y revolotean palomas en los tendidos. Lo dejan sus peones y le siguen sus hijos menores, quienes, en los medios abrazan a su padre y le cortan la coleta...

Así fue el cierre de la historia de Calesero en la Plaza México, vestido de luces.

Una reflexión final

Años después, don Jesús Gómez Medina, a propósito de un homenaje que se le hacía a Calesero en esta su tierra, reflexionaba lo siguiente:

En un país donde hasta los hechos históricos y los héroes patrios se crean por decreto y en el que los victimarios descienden hasta convertirse en los glorificadores de sus propias víctimas; el pueblo, instintivamente, reconoce más autenticidad y descubre merecimientos más positivos en quienes, para encumbrarse, no utilizaron el crimen o el despojo, sino que triunfaron y dieron lustre y prestigio a su ciudad con armas e instrumentos mucho más limpios y legítimos; con la manifestación de un arte capaz de generar entusiasmos, y haciendo vibrar en el ánimo de la multitud la fibra de emoción estética que cada uno llevamos dentro… Por ello se justifica reconocer a Alfonso Ramírez, porque durante muchos lustros, ha iluminado con la claridad de un arte auténtico, depurado, exquisito en ocasiones, los redondeles de México y también de la Madre Patria y de América del Sur, porque sus jornadas triunfales han sido compradas al rudo precio del esfuerzo, de la entrega y de la ofrenda de la propia sangre; porque su inspiración se ha traducido en nuevos lances que enriquecieron el acervo del toreo; porque su afición, a despecho del tiempo, subsiste intacta; y, finalmente - quizás en primer término - porque siempre y en todos los sitios, el Poeta del Toreo, el triunfador, ha dado realce y renombre a su ciudad natal: Aguascalientes...

Todavía hoy es válida la apreciación de don Jesús. El legado de Calesero a la fiesta de los toros, a 60 años de su despedida de los ruedos sigue teniendo peso específico. Hemos de aprovecharlo para que el toreo pueda seguir adelante.

domingo, 12 de octubre de 2025

La otoñada taurina en Aguascalientes (II)

Los hijos de Calesero, Fermín Rivera y Antonio Velázquez, inician una nueva etapa de nuestra fiesta

Una nueva generación de toreros mexicanos parecía comenzar a germinar y don Jesús Ramírez Alonso, todavía empresario de la Plaza de Toros San Marcos, creyó que podría realizar una especie de encore de aquella novillada de los Tres Cachorros que tan exitosa le resultara en las fiestas agosteñas de 1964. Y es que los hijos de Fermín Rivera, Calesero y Antonio Velázquez, venían ya dando de qué hablar en los círculos y cenáculos de taurinos, acerca de las maneras que tenían para hacer el toreo y de la posibilidad de extender su linaje dentro de los ruedos.

Como atractivo adicional, a los nombres de Curro Rivera, José Antonio Ramírez El Capitán y José Luis Velázquez, se sumaba otra presentación, la de la ganadería de Villalicia, anunciada como propiedad de Ramírez Hermanos y dirigida por Alfonso Ramírez Calesero, quien ya en los años cuarenta lidiara una corrida de toros a su nombre, y muy probablemente también fue de su titularidad, aunque presentado a nombre de Hermanos Ramírez, el encierro con el que recibió la alternativa Tacho Campos en 1949, en esta oportunidad debutaba un nuevo hierro, aún no asociado, con el que tenía la intención de andar largo en el llamado planeta de los toros.

El inicio de una nueva etapa histórica en nuestra fiesta

No se intuía un cambio en un tiempo breve en la cumbre de la torería mexicana, pero los novilleros que hacían su presentación ese  domingo 5 de noviembre del año 1967 despertaban ilusiones. No obstante, al no ser parte de la cantera local, la información previa en los diarios locales fue escueta. Pero en la víspera del festejo, entre otras cuestiones, el diario El Sol del Centro, destacaba lo siguiente:

En vísperas de la irrupción en las filas novilleriles de José Luis Velázquez, Curro Rivera y José Antonio Ramírez, se ha acentuado a su máximo la expectación entre los aficionados taurinos de Aguascalientes, que se disponen a ser testigos de este relevante acontecimiento... José Luis Velázquez llegó ayer a Chichimeco y está toreando vaquillas al por mayor; José Antonio Ramírez también se entrena en el campo bravo, e igual acontece con Curro Rivera, pues los tres buscan llegar a esta oportunidad en plenitud de facultades físicas y, fundamentalmente, centrados lo más posible con el toro...

El origen familiar de los tres debutantes era motivo más que suficiente para que la afición local se mostrara interesada en enterarse de lo que eran capaces de lograr delante de los toros. Quizás el más aventajado de la terna era Curro Rivera, quien ya se había presentado vestido de luces en Matehuala el 14 de mayo anterior, pero los tres tuvieron la escuela taurina en su casa y los tres eran descendientes de auténticas figuras del toreo.

Igualmente, en El Sol del Centro del día del festejo, se reiteraban los blasones heredados por los diestros que por la tarde harían su presentación, pero se agregaba un apartado para comentar acerca de la ganadería debutante:

Por cierto, el “Poeta del Toreo”, debutará en esta novillada como ganadero y a decir verdad, se augura para él un futuro ilimitado en esta actividad, considerando la enorme capacidad y el caudal de conocimientos que en esta materia ha reunido “Calesero”... Los seis novillos, procedentes de las dehesas de Villalicia, están desde ayer en los corrales de la Plaza San Marcos. Es un encierro parejo en presentación, que esperamos, se preste para el lucimiento de los tres espadas...

Todo estaba dispuesto para que llegara la hora del festejo, en el que la afición de Aguascalientes y la de su región pudiera comenzar a apreciar lo que en realidad representaría el inicio de un cambio de edad en la fiesta mexicana. Veríamos, al final de cuentas, el nacimiento de una figura de época que fue un auténtico triunfador en todas las plazas importantes del mundo.

El primer triunfo de Curro Rivera

El triunfador de la tarde resultó ser Curro Rivera, cortando la única oreja que se concedió en ella. Como dejé escrito líneas arriba, también se mostró como el espada más aventajado del cartel. De la crónica que escribió don Jesús Gómez Medina para El Sol del Centro, extraigo lo siguiente:

El hijo de Fermín II es, desde luego, el más hecho de la tercia. Sus adelantos son evidentes hasta en la habilidad para torear al graderío... Buenas maneras para torear a la verónica y excelentes sin duda sus remates. Su labor con el percal resultó tan plausible en el primero como en el cuarto burel... Y en la muleta, las mismas buenas hechuras aunadas a una encomiable tendencia a ejecutar las suertes clásicas del toreo. Muchos de sus naturales y derechazos fueron magníficos; y sus cambios de mano por delante y el de pecho que liga a continuación, destilaron torerismo purísimo. Ciertamente le correspondieron los dos novillos más propicios – también los más cuajados del encierro –; pero a fe que Curro supo aprovecharlos toreándolos larga y variadamente. La faena del primero tuvo como preámbulo el pase del péndulo; con el cuarto, principió espectacularmente de hinojos ligando una dilatada serie yendo siempre hacia adelante... Al estoquear, el joven Rivera aguanta a pie firme la acometida del morlaco; por eso le resultan las estocadas traseras, por parar más de la cuenta en el momento del cruce. Y como no le imprime al brazo la dirección adecuada el acero queda tendido… Vuelta al ruedo en su primero. Y la oreja y doble o triple recorrido triunfal tras de la lucida faena del cuarto, haciéndose acompañar de su progenitor y también del ganadero...

Don Jesús destaca desde el inicio una facultad que fue innata en Curro y que era su facilidad para conectar con los tendidos. Ya en otros apartados de este mismo espacio virtual, he contado que, en otras etapas de su carrera, creó una relación de amor – odio con la afición de Aguascalientes, que sabedora de las enormes capacidades que tenía como torero, le exigía en serio. Y a veces, el torero se sentía demandado de más y se encaraba con los tendidos… Y sucedía lo que tenía que pasar. Pero unas tardes después, las aguas tomaban su cauce.

Curro Rivera tuvo en Aguascalientes un sitio en el que se sintió arropado para llevar a cabo varios hitos importantes en su trayectoria, lo que demuestra que siempre consideró esta tierra como suya.

Las pinceladas de El Capitán

José Antonio Ramírez, visto en retrospectiva, es quien llevó más lejos la estafeta que le transmitiera su padre, Calesero. Entró por mérito propio en la historia del toreo al realizar una faena de esas de culto al novillo Pelotero de San Martín en la Plaza México en 1977 y todavía hoy, cuando toma los trastos en algún festival benéfico, borda pinceladas de un prístino arte ante los astados. De su hacer en esa su presentación como novillero en Aguascalientes, escribió don Jesús Gómez Medina:

Con éxito, porque el chaval, amén de tener simpatía, exhibió al torear de capa a la verónica un estilo de auténtica cepa caleseril; lo que equivale a decir buen estilo. Pero, además, se mostró más valiente, más decidido de cuanto fuera de suponerse... Con la muleta, especialmente, José Antonio, a cambio de explicables torpezas, está siempre en terreno del enemigo, obligándolo, insistiendo para hacerlo embestir. Y luego lo lleva en el engaño con temple y medida, y corre la mano y liga los pases con arte y limpieza. Naturalmente en ocasiones se ve en aprietos; más por encima de todo queda en el recuerdo la evidencia de un toreo de calidad y de una decisión, de una valentía que permiten presagiar un brillante futuro al novel lidiador... En la suerte suprema, las deficiencias imputables a su novatez. Ello impidió que el éxito de José Antonio fuese más estruendoso. De todas maneras, al concluir con sus dos adversarios dio sendas vueltas al ruedo...

Entre el sentimiento personal y la escuela doméstica, quedó bien demostrado que la clase en la vida surge desde dentro. Así lo demostró en esta tarde El Capitán.

José Luis Velázquez, con el valor por divisa

El hijo de Antonio Corazón de León hasta poco antes de esta novillada era estudiante de ingeniería. Tengo la impresión de que su padre, como todos los toreros, prefería que sus hijos varones fueran hombres de letras o de ciencia, antes que toreros como él. Las preocupaciones para ellos – y también para él y para su madre – serían de índole completamente diferente. Pero José Luis decidió seguir los pasos de su padre y así, en esta tarde, junto con otros dos vástagos de destacados diestros en el retiro, también iniciaba su andadura por los ruedos. Así le vio el cronista de El Sol del Centro:

Hijo de Tigre... Y como este José Luis es del linaje de “Antonio Corazón de León”, ya tenemos la explicación un tanto simplista del valor, de la indeficiente valentía mostrada por el chamaco en su primera actuación enfundado en el comprometedor traje de luces... José Luis está muy verde con el capote. Trata de quedarse quieto, pero desconoce o no domina aún la técnica del toreo de capa... Pero con la muleta, el muchacho adquiere estatura. Porque a su congénita valentía y a su tesón genuinamente velazqueño, viene a sumarse el afán por realizar a todo trance el toreo en redondo. Y cuando José Luis se acomoda y mete al bicho en el engaño y, corriendo la mano con precisión, flexiona el busto para cargar la suerte, el muletazo adquiere una intensidad y un sabor singulares. Tales virtudes tuvieron los pases naturales de su faena al tercero, del que perdió la oreja porque, si bien se fue recto y decidido sobre el morrillo tratando de liquidar al socio, el acero quedó en dos ocasiones mal colocado, necesitando el descabello. Y todo quedó en una aplaudida vuelta al ruedo... En el sexto, soso, gazapón y con el hocico por la arena, José Luis insistió de nueva cuenta. Con tesón, con una valentía que no hicieron decrecer las volteretas, logró así unos muletazos de recibo, pero de nueva cuenta no acertó pronto con la espada...

José Luis Velázquez demostró tener lo principal, el valor para estar delante de los toros y la intuición, como señala el cronista, para intentar y hacer el toreo en redondo con la muleta. El toreo con el capote y el manejo adecuado de la espada, eran asignaturas que se irían aprendiendo y puliendo con el paso del tiempo, según fuera sumando más festejos.

Otros sucesos de la tarde

Por esa segunda mitad de los años sesenta, eran pocas las novilladas que se ofrecían en Aguascalientes y muchos los novilleros locales o los aspirantes a serlo. Por esa razón, cuando se daba un festejo aquí, era frecuente que alguno de ellos se tirara de espontáneo. Esta tarde no fue la excepción. Cuenta don Jesús Gómez Medina, ya para cerrar su crónica:

Nuevamente el curso normal del festejo se vio interrumpido en dos ocasiones por la aparición de los espontáneos. ¿Hasta cuándo se tolerará tal anomalía? … Por otra parte, la debilidad de remos de los novillos, ¿no sería el resultado de manipulaciones en los chiqueros? Pues, que sepamos, nunca existe en tal sitio la debida vigilancia...

Esta tarde, relata el cronista, fueron dos los anarquistas de la fiesta los que se tiraron a interrumpir la lidia. Y resalta también don Jesús su sospecha de que la debilidad de los novillos que se jugaron fue a causa de manipulaciones en los chiqueros. No hace alusiones al estado de las cornamentas, pero creo que se puede deducir del mismo, como se puede ver, nada nuevo hay bajo el sol.

Así es como transcurrió este otro capítulo extraído aleatoriamente de la historia de la otoñada taurina en Aguascalientes. Hasta la próxima semana.

domingo, 5 de octubre de 2025

La otoñada taurina en Aguascalientes (I)

2 de octubre de 1949, se reinaugura por segunda ocasión la Plaza de Toros San Marcos

El otoño también ha sido un tiempo de toros en Aguascalientes, aunque históricamente se acostumbró aprovechar los días aledaños al 20 de noviembre para ofrecer festejos en nuestra ciudad. Será a partir del año de 1975, cuando se conmemoró el cuarto centenario de la expedición de la Real Cédula que autoriza la fundación de la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes, suscrita el 22 de octubre de 1575, cuando se agrupan entre esa fecha y el inicio del mes de noviembre, cuando se agrupan festejos taurinos en torno al aniversario de la fundación jurídica de lo que hoy es nuestra ciudad y de las conmemoraciones y celebraciones que se llevan a cabo en torno al Día de los Fieles difuntos.

En las próximas entregas procuraré recolectar algunas estampas de esos festejos otoñales de nuestra ciudad, de los que hayan dejado alguna huella en nuestra historia taurina.

La Plaza de Toros San Marcos y su primera reinauguración

Después de la apertura del coso de la calle de la Democracia el 24 de abril de 1896, se mantuvo en operación, compitiendo con su vecina, la del Buen Gusto hasta casi la segunda década del siglo XX, década esta, en la que, nos cuenta Antonio Muñoz Rodarte, la de San Marcos, comenzó a mostrar los estragos del paso de los años y de la falta de mantenimiento preventivo, por lo que en mayo de 1928, el alcalde Enrique Montero ordenó una profunda inspección del inmueble, de la que resultó la necesidad de hacer una serie de importantes reparaciones y remodelaciones desde el pasillo del acceso y hasta los corrales en los que se guardan los toros a lidiarse en los festejos.

El entonces propietario de la plaza, don Miguel Dosamantes Rul, ofreció iniciar las obras de remodelación en noviembre de ese mismo año y le anunciaba que había establecido una sociedad para su explotación buscando convertirla en una verdadera plaza de toros moderna.

En febrero del siguiente calendario, 1929, de acuerdo con los documentos archivados en el Registro Público de la Propiedad, Dosamantes Rul vendió el cincuenta por ciento de los derechos de propiedad sobre la plaza a los hermanos Francisco y José C. Madrazo, ganaderos de La Punta, en la cantidad de cinco mil pesos oro nacional. La mitad restante, la adquirieron los citados ganaderos el 16 de agosto del año siguiente, en la cantidad de doce mil quinientos pesos de la misma naturaleza que los anteriores, lo que me hace suponer que una parte, si no la totalidad del costo de las obras de reparación de la plaza fueron costeados por los hermanos Madrazo.

El festejo de reinauguración se programó para el domingo 21 de abril de 1929, con 5 toros de La Punta, para Esteban García y Carmelo Pérez, mano a mano, anunciándose que era la inauguración de un costoso y adecuado acondicionamiento de la plaza, que era la segunda de la República y orgullo de la afición taurina de Aguascalientes.

La segunda reinauguración

Algo más de dos décadas después de aquella primera reinauguración, la Plaza San Marcos requería de una nueva intervención. La zona de palcos seguía siendo de madera y aunque visualmente eran más diáfanos y agradables que los originalmente construidos, eran de constante y costoso mantenimiento. Por esa razón sus actuales propietarios decidieron repararla y agregarle algunas instalaciones con las que no contaba a partir de su proyecto inicial. Escribe don Jesús Gómez Medina, al relatar el acto de la bendición de las instalaciones por Mons. José de Jesús López y González, en esos días, obispo de la Diócesis:

La capilla ostenta en el lugar de honor, una hermosa imagen del Sagrado Corazón, a la derecha está el Señor del Gran Poder, Patrono de los Toreros, y a la izquierda, ¡naturalmente!, Nuestra Señora de Aguascalientes… El altar es de cantera con labrados relieves, y a sus pies están dos elegantes reclinatorios. Cierra la Capilla un cancel de madera, de estilo netamente colonial o novohispano... El ruedo luce limpio y terso; se acabaron los hoyancos y la arena movediza, que tan peligrosa hacía la lidia en ocasiones. Los tendidos, también renovados, con las graderías de sombra corridas hacia arriba al haberse suprimido los palcos, parecen estar impregnados de alegría y de luz, pues hasta en los imprescindibles anuncios se tuvo el buen tino de emplear los colores simbólicos por excelencia: el rojo y el gualda... En los chiqueros se han construido bebederos y pesebres, y se les dotó de un amplio departamento sombreado, que, seguramente, hará más gratas las últimas horas de los bichos destinados a la pública diversión... Ya al entrar, el espectador encuentra una agradable sorpresa: los pasillos que conducen a ambos departamentos, al de sombra y al soleado, han sido cementados completamente, amén de que se amplió la escalera superior del tendido caro...

Es decir, se agregó al coso la capilla con la que no contaba, se mejoraron accesos, escaleras, corrales y se suprimieron los palcos de sombra, sustituyéndolos por la gradería que hoy conocemos como las localidades generales de sombra.

Ese acto protocolario de carácter religioso, se celebró el mismo día del festejo de reapertura, es decir, el domingo 2 de octubre de 1949, cuando para enfrentar un encierro de La Punta, alternarían Alfonso Ramírez Calesero, Antonio Velázquez y Manuel Capetillo.

La triunfal tarde de Antonio Velázquez

Antonio Corazón de León cerró su tarde cortando tres orejas y saliendo en volandas de la plaza. También se mostró como un torero de muy amplias posibilidades, porque al primero de su lote, que presentó un cúmulo de dificultades, lo toreó en el terreno de cercanías y pisándole los terrenos, pero a su segundo, lidiado en sexto lugar por haberse corrido los turnos después del percance a Calesero en el cuarto, lo aprovechó conforme a su calidad. Refiere en su crónica don Jesús Gómez Medina:

Desde el primer capotazo hasta el último instante, la lidia de “Jarifo” transcurrió entre ovaciones y dianas; se irguió Velázquez en el tercio y aguantó enormidades en una serie de lances llevando al bicho muy bien toreado. En quites repitió la gaonera angustiosa, yodofórmica, pues de allí a la enfermería no habría sino escasos milímetros. Picó muy bien “Lindbergh” y al quite fue Capetillo, que se echó también el capote a la espalda, para plasmar, para esculpir el momento más artístico de la tarde, con garbo, con señorío, bajando los brazos desmayadamente y poniéndose los pitones por ceñidor… Pronto y bien transcurrió el segundo tercio; salió a los medios Velázquez, brindó al público y se fue al toro para redondear su tarde. ¡Y vaya forma de redondearla! … en esta faena, Velázquez acabó con los decires: que si era “encimista”; que no toreaba de largo... El leonés se olvidó de modas y de “ismos” para hacer el toreo de siempre, el toreo fundamental, el toreo por excelencia. Y así fueron surgiendo las series de derechazos, en los que toro y torero formaban un grupo de estrujante dramaticidad; los naturales en los que, citando de largo, desde un tercio hasta el contrario, Antonio “Corazón de León”, plasmaba una y otra vez, en plenitud de torero y de valiente, la suerte fundamental del toreo. A un natural seguía el siguiente, y la serie se prolongaba hasta culminar en el de pecho, de hondo acento belmontino… Y el toro, el admirable “Jarifo” de La Punta, embistiendo con igual alegría, con nobleza impar; diríase que mejorando de un lance al siguiente. Añadió Velázquez molinetes, trincherazos y de la firma y a continuación metió el acero hasta la empuñadura. Tardó en doblar el bicho, y cuando al fin lo hizo, la ovación se desplomó a los pies del triunfador: se le otorgaron las orejas y el rabo, también la pata – ¿no les parece a ustedes que ya se está prodigando demasiado esta clase de apéndices? – y, finalmente, en hombros de los entusiastas y acompañado de Manuel Capetillo, también triunfador en la jornada, Velázquez abandonó el coso…

El toro bravo que pone a todo el mundo en su sitio. Cuando es bien aprovechado, encumbra a quien puede con él, y de la narración del cronista podemos desprender que Antonio Velázquez supo entender a carta cabal las excelentes condiciones del toro de La Punta que le permitió tener una redonda tarde en Aguascalientes ese domingo de hace setenta y seis años.

Manuel Capetillo también triunfador

Quien al paso de algunos años sería llamado El Mejor Muletero del Mundo todavía no alcanzaba su primer aniversario como matador de toros. Todavía reposaba mucho de su hacer ante los toros con su toreo de capa y no perdonaba un quite, pero de lo narrado por don Jesús Gómez Medina en su tribuna de El Sol del Centro, se advierte ya el profundo muletero que conocería la afición años después:

A cargo de Manuel Capetillo corrió la nota de arte, del más puro y hondo acento. “Lagartero”, corrido en tercer turno, hizo alegre salida. Lo corrió Casillas; pero el tapatío no se acomodó del todo en los primeros lances. Tras de una vara trasera, Capetillo libró por fregolinas, haciéndolo a continuación “Calesero” con el lance de “Chicuelo”, gracioso y artista… Capetillo comenzó doblándose suavemente, encelando al bicho en la muleta, metiéndole en ella. Se lo llevó a los medios y allí fue forjando la faena. Al principio sin completo éxito, porque el toro derrotaba alto; pero Manuel insistió, templó la embestida, le corrió la mano con ritmo sedeño e imperioso a la vez, y poco después se consumaba el prodigio. Con la cintura quebrada, la mano baja y la pata a’lante, Manuel Capetillo iba redondeando el trasteo… La roja franela, en sus manos, adquiría suavidades y ritmo de terciopelo; el lance se consumaba y en el mismo, seguía el giro imperioso de su muñeca – ¡una muñeca con goznes de oro! – engendraba el siguiente muletazo… Una serie de derechazos tenía continuación en otra nueva de mejor calidad; aquello era la fiesta del toreo más puro, del más hondo acento del que nació en Ronda en las manos prodigiosas de Pedro Romero... Más, ¡oh, sorprendentes sentires de los aficionados! El público no entró en completo trance de emoción, sino cuando Manuel realizaba una serie de tremebundas manoletinas. Vino luego la estocada, de efectos definitivos, y tras ella, al doblar el punteño, se otorgaron a Capetillo la oreja y el rabo, trofeos ampliamente ganados, porque se hizo acreedor a ellos a fuerza de insistir y de prodigar un toreo de la más pura ley…

De los Tres Mosqueteros fue precisamente Capetillo el que más tardó en encontrar su acento personal, pero también quien más permaneció en el gusto de los aficionados. La evolución que le llevó a ser precisamente llamado El Mejor Muletero del Mundo por don Alfonso de Icaza Ojo en el año de 1957, estaba apenas iniciando.

La mala fortuna de Calesero

El primero de la tarde fue un toro rajado que permitió al torero de nuestra Triana apenas cumplir con deshacerse de él, y no obstante eso hubo voces, al decir del cronista, que le reprochaban que no se luciera con él. El cuarto de la corrida, llamado Charrito, lo prendió e hirió al tercer lance, pasando a las manos del Dr. Oscar Hernández Duque, haciéndose cargo de él Velázquez y motivándose por ello el movimiento de turnos entre él y Capetillo.

Algunas cuestiones más

Durante las solemnidades de la bendición, la jovialidad del entonces obispo diocesano extendió los actos litúrgicos a otros sitios de la plaza, cuenta don Jesús Gómez Medina:

…a invitación del Dr. Duque, bendijo también la enfermería, que precisamente está contigua al recinto sacro. En seguida, con sencillez y afabilidad, atendió la súplica de David Reynoso, que en nombre de los toreros le pidió que bendijera el ruedo… Accedió gustoso el Excmo. Señor, que desde el centro del anillo bendijo el ruedo propiamente dicho, y las graderías. En un rapto de jovial y simpática efusión, exclamó risueñamente: “¡Sólo falta que me pidan que bendiga a los toros!” Y, cómo respondiéndose a sí mismo, preguntó por dónde salían los cornudos bichos, y ante la puerta misma del toril esparció el agua bendita...

El guía religioso de la mayor parte de la población que entonces habitaba esta ciudad, entendía muy bien a sus fieles y quiso santificar uno de los escenarios en los cuales se reunían para tener un tiempo de esparcimiento. Sin duda, eran otros tiempos y nuestra sociedad era distinta, pero algo en lo que no hemos dejado de tener similitudes, es en la arraigada afición a los toros que existe y existirá en nuestro Aguascalientes.

lunes, 15 de septiembre de 2025

Aguascalientes en agosto: toros por la Asunción y la vendimia (y VI/II)

Aguascalientes rinde homenaje a El Poeta del Toreo

Transcurrida la parte social, política y religiosa del día del homenaje a Calesero, el momento culminante del mismo se presentaría a las cuatro de la tarde en la Plaza de Toros San Marcos, donde el homenajeado alternaría con sus hijos Alfonso, José Antonio y Luis Francisco en la lidia de siete novillos que por su orden de salida fueron de: Torrecilla, Ing. Mariano Ramírez, San Nicolás, Begoña, Peñuelas, José Julián Llaguno y Santa Rosa de Lima.

Además, se tendría el espectáculo hípico de los caballos de doma de alta escuela de la Casa Pedro Domecq y la actuación de la Banda de Música del Estado de Zacatecas, juntamente con la Banda Sinfónica Municipal de Aguascalientes.

Las personalidades del tendido y del callejón

De la revisión de la prensa de la época, se puede advertir que el nombre de Calesero seguía siendo un importante reclamo para personas destacadas en los diversos aspectos de la vida nacional, así, estuvieron presentes entre otros el escritor y periodista Renato Leduc, el pintor Pancho Flores, Antonio Ariza, Pepe Ariza, Edmundo Fausto Zorrilla y Agustín Salgado, funcionarios de la Casa Domecq; Ramón Morales Padilla, funcionario de la oficina de comunicación de la Presidencia de la República; los compañeros de iniciación taurina del homenajeado, Rodrigo del Valle, Manolo García, Arturo Muñoz La Chicha y Rubén Ramírez, y el entonces director de El Sol del Centro, Agustín Morales Padilla. Pero, además, don Jesús Gómez Medina, en su crónica del festejo, refiere:

¡Qué marco más singular el que tuvo esta corrida! La presencia de grandes figuras, de los ídolos del pasado, así como de los ases del presente llenaron la plaza de torerismo. Allí estaban Conchita Cintrón, Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba, “El Ranchero” Jorge Aguilar, Eduardo Solórzano, Eliseo El Charro Gómez, Humberto Moro; y de los actuales, la trilogía Espinosa – Manolo, Fermín y Miguel – Humberto Moro, David Silveti. La plaza, realmente olía a torero...

Y a fuerza de hacer un ejercicio de memoria, seguramente podríamos deducir a más destacados aficionados y personalidades asistentes a este singular e histórico festejo.

El incombustible arte de Calesero

Alfonso Ramírez dejó espacio para la evocación, pero también para el triunfo. Torero de arte puro, también lo fue de luces y de sombras. Y supo hacer su partido en las plazas y tener sus incondicionales dispuestos a esperar que le llegara el momento del triunfo. Esta tarde fue una de esas. Escribió don Jesús Gómez Medina:

La presencia de “Calesero” en el redondel que supo de sus primeros escarceos artísticos, que fue el escenario de los éxitos primeros como de los de la edad madura y que conoció, también, del agrio sabor de las tardes de derrota, verlo de nueva cuenta allí, enhiesto, gallardo, señorial, gentilmente vestido de corto con el buen gusto y la presencia que siempre fueron suyos, nos obligaba a echar la vista hacia el ayer en un afán infructuoso por retraer las emociones vividas entonces al conjuro del arte de Alfonso… Pero, también, surgía la interrogante: ¿Veremos de nuevo alguna vez, en esta plaza o en algún otro sitio, lances como los que ahora estamos paladeando de nuevo: las verónicas señoriales, la larga caligráfica, chicuelinas que son - ¡qué fueron una vez más, ayer! - un estallido de alegría y de color o el garabato caleidoscópico del manguerazo villaltino, simulando una rosa gigantesca al abrirse a la caricia del sol veraniego? … Y después con la muleta, frente al codicioso cárdeno de Torrecilla que salió en primer término y especialmente ante el nobilísimo “Manzanero” de Begoña, ¡qué efusión de bien torear! Desde los pases clásicos, el natural y el de pecho...  hasta la nota genial, graciosa, oportuna, de los remates y adornos de antigua y de nueva prosapia; que, para quien es esencialmente artista, no existen barreras de escuelas, ni de estilos y épocas... Se ganó la oreja del primero y ambos apéndices del de Begoña, al que despachó de superior estocada. Más, por encima del número y calidad de los apéndices, “Calesero”, el hombre, se adueñó definitivamente del afecto de un público al que subyugó siempre con la iridiscencia y la calidad de su arte. ¡Enhorabuena, torero – artista! …

Como podemos leer, Calesero estuvo inspirado y además, afortunado. Los dos novillos de su lote le permitieron hacer el toreo clásico, puro y artístico que siempre fue el de su signatura, alzándose, una vez más, con un triunfo que le reiteró el reconocimiento y el cariño de la afición de su tierra.

Un gran triunfo de El Capitán

La última vez que vimos vestido de luces en la Plaza San Marcos a José Antonio Ramírez fue el 1º de mayo de 1972, en la novillada de feria de ese calendario y en la que su actuación le valió llevarse el Cristo Negro del Encino en disputa. En esta su reaparición en este redondel, tuvo una actuación triunfal ante el sexto novillo del festejo, Nevadito de José Julián Llaguno, ante el que, de acuerdo a la crónica de don Jesús Gómez Medina, realizó lo siguiente:

Frente a “Nevadito”, el estupendo cárdeno de José Julián, fue cuando en el propio campo de batalla “El Capitán” ganó el ascenso a general. Faena de perfiles singulares por la cadencia, la ligazón y el señorío de los muletazos; faena impregnada de clasicismo; pero saturada, a la vez, con los jóvenes efluvios del toreo en uso. Y todo ello realizado a pie firme, con largueza en el trazo y con exactitud en el mando. Lo que se dice un faenón, coronado con el estoconazo en las agujas. Gran ovación. Las orejas y el rabo. Y recorrido en pleno triunfo, en compañía de sus alternantes – su propio padre y sus dos hermanos – ante la euforia y la emoción del público...

El Capitán volvió a dejar una exhibición del arte que atesora en el ruedo de la Plaza San Marcos, reiterando que es un torero de esos a los que hay que esperar. Ya se había quitado el añadido el 20 agosto de 1972 en los medios de la Plaza México, después de pasar un quinario con una dura novillada de Zamarrero. Volvió a torear a inicios de 1977 en Guadalajara y en la Plaza México el 9 de octubre de ese año, se encontró con Pelotero de San Martín, realizando con él una faena de esas consideradas de culto. No lo hurtó, lo lleva en los genes.

Alfonso, Calesero Chico

A Calesero Chico le habíamos visto en la Plaza San Marcos la vez anterior el 1º de mayo de 1974. Fue por esas fechas, la última corrida de Feria de San Marcos que se había dado en ese escenario. La debilidad de los toros que le tocaron en suerte no le permitió mayores cosas y lo que se quedó en los toriles no valía para recurrir al expediente del toro de regalo.

Así, en su reaparición, le tocaron en suerte los novillos del Ing. Mariano Ramírez y de Peñuelas. El primero de ellos le facilitó algún lucimiento, según nos cuenta don Jesús Gómez Medina:

¡Qué bien toreó José Alfonso al bravo ejemplar del Ing. Ramírez! A despecho del desentrenamiento el “Güero” trazó muletazos de singular calidad en una faena que no remató pronto con el acero porque, contra lo usual, falló el puntillero, luego con el de Peñuelas, que resultó mansurrón, Alfonso trasteó con pupila, pero el acero le fue hostil...

El sitio ante los toros es fundamental para resolver muchas cuestiones que presentan, pero demostró, en momentos, que el que tuvo, retuvo.

Por su parte, el Curro, se presentaba en esta oportunidad, diría yo, como aficionado práctico, porque su primera actuación como novillero sería hasta el siguiente año y recibiría la alternativa hasta 1983, por esa razón y respetándose las tradiciones de la fiesta, se enfrentó a un solo novillo y lo lidió en séptimo lugar. Cuenta don Jesús Gómez Medina:

Ahora, que la nota fuerte de emoción, de valor, casi según decíamos antes, la dio Luis Francisco “Curro”... Porque el de Santa Rosa fue bravo, con encastada bravura, al que, ciertamente, le faltó otro puyazo. “Curro” le paró con guapeza desde el primer lance y prosiguió derrochando esa singular determinación durante las banderillas y en el trasteo muleteril, sin dolerse por las volteretas y palotazos; por el contrario, con la ropa deshecha y el rostro lleno de contusiones, volvía a la lid con renovados arrestos, cada vez más valiente, cada vez más decidido. Su valor terminó por doblegar al de Santa Rosa como ya de antemano le había conquistado al público, que lo ovacionó largamente y lo premió con las dos orejas al concluir con su espectacular y tremebundo trasteo...

La manera de hacer de quien después se anunciaría como Curro Calesero, cuando menos en este festival, fue el epígono de la línea artística imperante en su familia. De lo que nos cuenta el cronista, se puede advertir que su incipiente tauromaquia se apoyaba en el tesón, el valor y la voluntad de triunfar a cualquier precio. Iría evolucionando con el tiempo, pero sería esencialmente distinto a los demás toreros de su casa.

El corolario del festejo

Fue esta una tarde redonda, sin duda. Refiere don Jesús Gómez Medina:

La entrada, un lleno total. La exhibición ecuestre, de primera, el duelo musical tan constante como brillante... Verdaderamente todo resultó de primera: la Casa Pedro Domecq y Lalo Solórzano pueden ufanarse del gran éxito obtenido...

Todo de primera... Era lo menos que se podía ofrecer a tan ilustre homenajeado.

Epílogo

Entrevistado por los medios locales, Calesero declaró lo siguiente acerca de los acontecimientos sucedidos ese 19 de agosto de 1979:

Amigos, paisanos, duré mucho en esta profesión llena de emociones muy fuertes, pero como las de hoy, no he sentido nada igual, gracias a los que han hecho posible este homenaje, a la Casa Pedro Domecq y a todos los que intervinieron en él y si se me escapa alguno, perdónenme, pero estoy tan emocionado que no puedo hablar. Este es uno de los momentos más felices de mi vida...

Las celebraciones concluyeron por la noche, con una cena que el gobernador del Estado ofreció al torero y a su familia, así como a diversos invitados, en el Salón Versalles del Hotel Francia.

Aviso parroquial primero: Un extraordinario reportaje gráfico, obra de Armando Rosales El Saltillense, puede consultarse en el libro Alfonso Ramírez, El Calesero. El Poeta del Toreo, cuya versión digital está para consulta libre en esta ubicación. (Págs. 161 y siguientes)

Aviso parroquial segundo: Agradezco al personal del Archivo Histórico del Estado, especialmente a la maestra Dolores García Pimentel y al maestro Joaquín Chávez Pérez la ayuda y las orientaciones para ordenar esta serie de notas sobre los festejos agosteños en Aguascalientes.

Aviso parroquial tercero: Los resaltados en la crónica de don Jesús Gómez Medina son imputables exclusivamente a este amanuense, porque no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 14 de septiembre de 2025

Aguascalientes en agosto: toros por la Asunción y la vendimia (y VI/I)

Aguascalientes rinde homenaje a El Poeta del Toreo

José Alfonso Ramírez Alonzo – así está escrito su nombre en su partida de nacimiento – fue hijo del farmacéutico Justo Ramírez Sánchez y de doña Rosa Alonso Parga, natural de nuestro Barrio de Triana, donde nació en el actual número 506 de la calle Cristóbal Colón. A invitación del entonces gobernador del Estado, Isaac Díaz de León, en el año de 1927, se forma una cuadrilla infantil con los muchachos que formaban en la llamada calle ancha o calle de la cárcel que se ubica al costado Poniente del templo parroquial del Señor del Encino, los hermanos Ramón, Rodolfo y Luciano Rodarte.

Esa cuadrilla infantil se integró inicialmente con Alfonso Ramírez y Rodrigo del Valle en calidad de matadores; y Ramón López, Manolo García, Juan Jiménez, y Rubén Ramírez como banderilleros. Se presentarían en la Plaza de Toros San Marcos el 27 de junio de ese año y por el éxito tenido, el gobierno estatal les repetiría varias fechas más.

Deshecha la cuadrilla, Alfonso Ramírez iniciaría su andar como novillero, consiguiéndose con la recomendación de los hermanos Francisco y José Madrazo, ganaderos de La Punta, su presentación en El Toreo de la Condesa para el primero de mayo de 1933, en un festejo de selección. Esa fue una tarde aciaga para él, porque el novillo que le tocó en suerte se le fue vivo y aunque exhibió su calidad al torear con la capa, a propósito de esa actuación, el influyente periodista Carlos Quirós Monosabio escribió lo siguiente: Alfonso Ramírez será torero el día que a las ranas les salgan pelos.

La suerte de Alfonso parecía estar echada, pero un comerciante catalán afincado en la Ciudad de México, Vicente Lleixá, quien había apoderado en su día a Julián Rodarte, observó aptitudes en él y se decidió a apoderarlo y a ponerlo a torear por las afueras, para prepararlo para volver a la capital. Es él quien le pone el mote de Calesero, con el que Alfonso Ramírez pasaría a la inmortalidad, y con él, le consigue la oportunidad de volver a El Toreo el 30 de junio de 1935, donde ante un encierro duro de Quiriceo mostró sus avances, lo que le permite repetir en el ciclo, hasta llegar al festejo de la Oreja de Plata, celebrado el 30 de octubre, cuando alternando con Chicuelín, Juan Estrada, David Liceaga, Eduardo Solórzano y Carlos Arruza, obtiene un resonante triunfo con el cuarto del festejo, Jardinero de San Mateo, llevándose a su casa el trofeo en disputa.

El 24 de diciembre de 1939, en el mismo coso de la colonia Condesa, recibirá la alternativa de manos de Lorenzo Garza, en presencia de David Liceaga, siéndole cedido el toro Perdiguero de San Mateo. Confirmará ese doctorado en Madrid, en la plaza de Las Ventas el 30 de mayo de 1946, cuando lidiando cinco toros de Arturo Sánchez Cobaleda y uno de Julián Escudero, Pepe Luis Vázquez, con el testimonio de Pepín Martín Vázquez, le cede los trastos a Calesero para dar muerte a Cejudo de la ganadería titular del festejo.

Calesero encabezó el escalafón mexicano los años de 1958, 1959 y 1960 y tuvo resonantes triunfos en las principales plazas del país. Aunque suene a ditirambo, el 10 de enero de 1954, en la Plaza México, el día de la reaparición de Armillita, el mordaz cronista del diario Novedades, Carlos León, postulaba a Calesero para un Premio Nobel del Toreo. Y eso, nada más cortando una oreja. En Guadalajara, decía don Ignacio García Aceves, después de su gran faena al toro Yuca de Tequisquiapan, el día de la alternativa de Paco Huerta: Si Calesero saliera así todas las tardes, sería el dueño del Banco de México... Y aunque en Cuatro Caminos, también fueron en la capital aquellas faenas a Trianero de Torrecilla y Príncipe de Pastejé. En pocas palabras, donde quiera que estuvo, Calesero dejó su impronta.

Calesero anunció su despedida de los ruedos para los días 13 de febrero de 1966 en su tierra natal y al siguiente domingo en la Plaza México, pero no dejaría de torear ni de mantenerse presente en el ambiente de la fiesta.

La XXV Feria de la Uva

Para cubrir la arista taurina de la Feria de la Uva de 1979, la Casa Pedro Domecq, en la que Calesero era uno de los encargados de las relaciones públicas, decidió organizar una serie de eventos para homenajear en su tierra al torero que puso su nombre en alto. Así, se elaboró un programa en el que para el domingo 19 de agosto se le recibiría en la estación del ferrocarril, se celebraría una misa en su honor en el templo parroquial del Señor del Encino, después se develaría una placa que señalaría la casa en la que nació y se dedicaría una calle de su barrio con su nombre, para por la tarde, celebrar un festival taurino en el que el propio Calesero y sus hijos actuarían en la Plaza de Toros San Marcos, a beneficio de las obras de un parque infantil que se levantaba al Oriente de la ciudad.

En la información previa de las celebraciones, publicadas en El Sol del Centro del día de los festejos, don Jesús Gómez Medina entre otras cuestiones relata lo siguiente:

Cuando este día, al filo de las 11:15 horas efectúe su arribo a Aguascalientes Alfonso Ramírez “Calesero”, dará principio la serie de festejos que nuestra ciudad tiene dispuestos en homenaje a uno de sus artistas más connotados... Encabezando el contingente de recepción, ahí estará el Prof. J. Refugio Esparza Reyes, Gobernador Constitucional del Estado y el Lic. Francisco Ramírez Martínez, Presidente Municipal... S.G.M. Marcela I, Reina de la XXV Feria de la Uva y su gentil cortejo... Acto seguido, Alfonso, su esposa la gentil Alicia y sus hijos y nietos, abordarán la calesa de la Casa Domecq, para encabezar el desfile a través de la ciudad... También formarán parte del cortejo los amigos y compañeros de su primera etapa: Rodrigo del Valle, Manolo García, Arturo Muñoz “La Chicha”, Rubén Ramírez, etc... Al llegar la caravana a la Plaza Principal, Alfonso y sus familiares descenderán del carruaje para recibir, en la puerta de la Catedral, el saludo y la bendición de nuestro Obispo, Mons. Salvador Quezada Limón... Posteriormente el cortejo proseguirá su recorrido por la calle de Colón, haciendo alto en la casa donde vio la primera luz “Calesero” ... Tendrá entonces la develación de la placa que señala ese hecho... Sin duda alguna, va a ser este uno de los trances más emotivos del programa... Nuevo recorrido y nuevo alto, ahora en el arranque de la legendaria calle de la Alegría... a muy breve distancia del recoleto Jardín del Encino... en este lugar va a ser descubierta otra placa: la que le otorga un nuevo nombre a la calle... que a partir de hoy se llamará “Calle Alfonso Ramírez Alonso”... Concluido este acto, la primera etapa del programa culminará en el Templo del Encino... Tendrá lugar entonces una solemne misa concelebrada, presidida por el párroco Cango. Urbano Rizo...

Al día siguiente de los eventos, Mario Mora Legaspi, entonces un joven redactor del mismo Sol del Centro, contaba como fue la llegada del torero a la estación ferroviaria:

Entre una gran expectación, en punto de las 11 horas de una mañana esplendorosa, digno marco para un festejo de esta índole, hizo su arribo la máquina de vapor número 650 de la Western Railroad, que llenó una brillante página del sistema ferroviario nacional... Venía arrastrando el carro número 4920 de las Líneas Nacionales, en el cual viajaron los integrantes de la familia Ramírez Ibarra... Fueron recibidos por el presidente municipal de la capital del Estado, licenciado Francisco Ramírez Martínez, quien también llevó la representación personal del gobernador J. Refugio Esparza Reyes... Inmediatamente después se inició el desfile que fue muy vistoso, pues se contó con la participación de la Banda de Música del vecino Estado de Zacatecas...

Por su parte, el entonces alcalde, Francisco Ramírez Martínez, al develar la placa que perpetuaba el nombre de Calesero en una de las calles de su barrio, manifestó:

Una sociedad como la nuestra, cimentada sobre una serie de valores morales, cívicos y humanos, solo puede aspirar a su permanencia en la medida en que haya hombres capaces de practicar con plena convicción esos valores; y en la medida en que sea capaz de reconocer a esos individuos que, con todos los atributos cívicos, morales y humanos, dignifican su existencia... El H. Ayuntamiento de Aguascalientes en sesión ordinaria del pasado día seis, acordó romper con la tradición que, en el barrio de Triana, encierra el nombre de la calle de la Alegría, para imponerle, en un acto de elemental justicia, el nombre de un ciudadano poseedor de reconocidos méritos, el señor Alfonso Ramírez Alonso... El H. Ayuntamiento encuentra en este ejemplar ciudadano, los atributos necesarios y suficientes para ofrecerlo como ejemplo a la juventud del Municipio... Reciba usted el reconocimiento popular a su entereza de hombre... el exhorto a continuar por el sendero que lo ha llevado al lugar que ocupa, sin olvidarse que en Aguascalientes se le admira y se le tiene como ejemplo...

Por su parte, don Rodrigo del Valle, que iniciara con Calesero su andar por los ruedos, entrevistado por don Jesús Gómez Medina, comentó:

Sí, Alfonso y yo comenzamos al mismo tiempo... Todo principió como juego... Era gobernador del Estado por aquellos años don Isaac Díaz de León, a quien le llegó el rumor de que se había formado una cuadrilla de pequeños toreros que lo hacían muy bien, fue a vernos acompañado de otros funcionarios... “le caímos bien”, como suele decirse y se convirtió en nuestro patrocinador y hasta en nuestro empresario... Alfonso, desde el principio, pintaba para torero elegante, estilista. Yo más bien me caracterizaba por la decisión para ir al toro...

El cronista de la ciudad, el profesor Alejandro Topete del Valle estuvo presente en todos los eventos celebrados alrededor del homenaje a Calesero, en una breve entrevista para El Sol del Centro, entre otras cosas, manifestó:

El homenaje a “Calesero” ha sido muy justificado, pues su destreza como matador de toros ha sido algo sin paralelo. Ha sido un torero que supo disfrutar el triunfo y que supo poner en alto el nombre de esta tierra, y lo que es más importante, ha sido un hombre recto, consciente de sus deberes cívicos, trabajador, buen esposo y ejemplar padre... La ciudad recibió con emoción a uno de sus hijos más queridos... Todos debemos estar orgullosos de que nuestro Estado cuente con hombres bien nacidos, que destacan en todas las actividades positivas, hasta en el difícil arte de la tauromaquia...

Todos los eventos hasta aquí relacionados tuvieron una muy buena afluencia de espectadores. El atractivo de ver a una máquina de vapor en funcionamiento, la recuperación de la tradición de repartir uvas a la gente desde las tolvas de los viñedos a los viandantes, los charros de las distintas asociaciones locales vestidos a toda gala acompañando a Calesero y a su familia junto con el atractivo de los caballos de la Casa Domecq y la Banda de Zacatecas en el recorrido y posteriormente, el cálido y cariñoso arropamiento que sus combarrianos dieron al diestro homenajeado. Fue una fiesta de todo Aguascalientes, no solamente de un puñado de aficionados a los toros.

Dejo aquí estos apuntes por el día de hoy, dada la extensión que van adquiriendo. El día de mañana concluyo con estos recuerdos, que, desde mi personal punto de vista, se refieren al punto más alto que alcanzó la arista taurina de la Feria de la Uva.

domingo, 10 de agosto de 2025

Aguascalientes en agosto: toros por la Asunción y la vendimia (I)

A 70 años de la primera corrida de una Feria de la Uva

Existen registros en los archivos de que en lo que hoy es Aguascalientes se cultivaba la uva y se producían vino y aguardientes desde el siglo XVIII. En ese entonces la Villa tenía apenas alrededor de seis mil habitantes y de acuerdo con el censo de cepas levantado a propósito de un expediente administrativo, conforme a los procedimientos agrícolas de la época, la superficie cultivada llegaría a lo sumo a unas diez hectáreas.

Posteriormente, en el primer cuarto del siglo XX, con la apertura del Distrito de Riego 01, en lo que hoy es Pabellón de Arteaga, originalmente la Colonia Progreso, ante la posibilidad de contar con aguas para el riego, se plantaron vides en esa región, pero sin la posibilidad de una explotación industrial, siendo su aprovechamiento como fruta en fresco y se relata que se hicieron algunos intentos de vinificación, pero principalmente a nivel doméstico o familiar.

Es a la mitad del pasado siglo cuando don Nazario Ortiz Garza inicia en Aguascalientes la viticultura con vocación industrial, al plantar inicialmente trescientas hectáreas de vid con la intención de vinificación y crea la Vinícola San Marcos, que fue el buque insignia de la vinicultura acalitana durante las casi tres décadas que permaneció esa industria, que junto a los talleres de los ferrocarriles y la del vestido, se convirtieron en el sostén de la economía de Aguascalientes por ese tiempo.

Habrá que señalar que el producto principal que se elaboraba en esas épocas era el aguardiente, comercializado principalmente bajo la forma de brandy, siendo el más reconocido el Brandy San Marcos, a pesar de que existieron otras marcas locales como Parián, Filso, Cardenal, Alonso o Montoro. La superficie cultivada de vides, se afirma fue de alrededor de unas ocho mil hectáreas.

Después de un paréntesis de un par de décadas, causado por la absorción de los primeros viñedos por la mancha urbana, el encarecimiento del costo de la energía eléctrica para extraer el agua del subsuelo para la irrigación por la cancelación de subsidios, y sobre todo, por la apertura comercial de México, que hizo inviable la vitivinicultura en la región, se comenzó a retomar en superficies más reducidas y con la idea de producir vinos de mesa de calidad. Eso ha regresado a nuestra tierra una tradición reciente, pero que arraigó pronto en la población y ha sido, una de nuestras señas de identidad.

La Feria de la Uva

Es en el año de 1954, que el gobernador Benito Palomino Dena, juntamente con don Nazario Ortiz Garza, instauran la Feria de la Uva o Feria de la Vendimia, a celebrarse en la tercera semana de agosto de cada año, en la que se organizarían eventos culturales y sociales y en la que también, muy señaladamente, los viticultores obsequiarían algo de su producto a la población de Aguascalientes. Esto último se hacía mediante un desfile de tractores que remolcaban tolvas cargadas con racimos de uva, que las embajadoras de los viñedos entregaban a los espectadores del desfile.

El quincenario de la Asunción

Aunque la cédula de fundación de la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes está fechada en octubre – día 22 –, la ciudad está encomendada a su patronazgo y la fecha de su conmemoración es el día 15 de agosto. 

Los primeros quince días del octavo mes del año convierten a Aguascalientes en el escenario de una serie de expresiones de devoción hacia la patrona de la ciudad. De todos los puntos de la diócesis llegan peregrinaciones hacia la Catedral Basílica a proclamar su fe y su admiración y respeto por la Virgen de la Asunción y los fastos concluyen el día 15 por la noche con la Romería de la Asunción, celebración que tiene ya casi siete décadas de llevarse a cabo.

Los toros, la Asunción y la vendimia

A partir de la mitad del siglo XX, se aprovecharon indistintamente las fiestas de La Asunción o de la Vendimia para ofrecer algún festejo taurino a la afición. Nunca se estructuró una feria taurina en forma, porque la fiesta patronal se concentraba en una sola fecha – el 15 de agosto – y la celebración de la vendimia se reducía inicialmente a un fin de semana largo después de las celebraciones patronales, así que sin una fijeza en el calendario, lo mismo se daba una corrida de toros, una novillada o un festival, vinculado con cualquiera de las dos celebraciones, dependiendo de la forma en la que los días de la semana se acomodaran.

En estas próximas entradas trataré de recordar algunos de los eventos más destacados de los sucesos ocurridos en el ruedo de la plaza de toros San Marcos entre 1955, cuando se dio la primera corrida de toros vinculada a la Feria de la Uva y el año de 1977, en el que, a mi juicio, lo taurino alcanzó su máximo esplendor con un magno festival en homenaje a Calesero. 

Seguramente en ese lapso de tiempo hubo varios festejos más en esa época del año, pero trataré de exponer aquí los que me parecen los más significativos.

La primera corrida de la Feria de la Uva

Para el domingo 7 de agosto de 1955 se anunció la celebración de la corrida extraordinaria con motivo de la Segunda Feria de la Uva. El cartel se componía con un encierro de Torrecilla, entonces todavía propiedad de don Julián Llaguno, que enfrentarían Alfonso Ramírez Calesero y Rafael Rodríguez mano a mano.

El festejo revestía un interés propio de nuestra ciudad. El solo anuncio de los dos toreros de Aguascalientes en el mismo cartel, producía ese ambiente de enfrentamiento que el amigo Gustavo de Alba señalaba como fácil de confundir con una especie de lucha de clases, cuando nos decía:

...sin necesidad de tener brochazos de marxológo, la comparación fácil de una lucha de clases que se dirimía, año tras año, durante la Feria de San Marcos en el ruedo del centenario coso de la calle de la Democracia: ricos versus pobres, curros versus descamisados, los de sombra frente a los de sol. Sin embargo, creo que esa rivalidad va más allá de la lucha de clases o, quizás mejor dicho, la trasciende con algo más importante que con el paso de los años se ha perdido en la afición aguascalentense: la emoción, el interés profundo por la fiesta... Aquellos que no iban a la plaza, solían acercarse, con genuina atención a los conciliábulos de taurinos que se formaban, ya fuera en la legendaria “Bolería Calesero”, en el Parián, o en los cafés de la época, para preguntar cómo habían estado “El Calesa” y “El Volcán”, aun cuando no fuera tiempo de feria...

Entonces, el ambiente estaba a punto y la entrada asegurada, sobre todo si se considera que Rafael Rodríguez había estado ausente de la Feria de San Marcos el abril anterior.

Cuando el toro todo lo descompone

Uno de los subtítulos de la crónica de don Jesús Gómez Medina para El Sol del Centro reza: Torrecillas mandó 6 feas ratas... Y la narración acerca de su comportamiento y presencia que hace acerca de ese encierro, es la siguiente:

...la lidia de los seis primeros toros (?) a punto estuvo de hacer naufragar al festejo en el mar de sosería y mal estilo que aportaron al festejo los pupilos de don Julián Llaguno. Su endeblez, además, y su carencia de respeto, los hacían inadecuados para lidiarse en un festejo de categoría. La conclusión se impone: o al Sr. Llaguno no le interesa conservar el prestigio de su ganadería, o bien tiene en muy poca estima a la afición de Aguascalientes...

Ante un encierro de tales condiciones, Calesero tuvo pocas oportunidades de lucimiento, teniendo algunos momentos brillantes ante el tercero de su lote, quinto de la tarde, pero sin pasar más allá.

Rafael Rodríguez y Tapatío de Ramiro González

Aunque ya le había cortado dos orejas al segundo de su lote, tras ser picado el sexto de la corrida, Rafael Rodríguez anunció el regalo de un toro, que fue autorizado por quien presidía el festejo. El sobrero era precisamente el toro llamado Tapatío, de la ganadería de don Ramiro González, toro que describe así la crónica:

“Tapatío” de las dehesas de Ramiro González fue el encargado de salir por los fueros de los de su especie. ¡Fue un hermoso ejemplar de toro de lidia! Fuerte, enmorrillado, corto y apretado de pitacos; con trapío, en suma, marcado con el número 91. Además, con bravura, poderío y nobleza, y con más de 450 kilos sobre los lomos. ¡Lo que se llama un toro! …

La faena, de acuerdo con la narración escrita de don Jesús Gómez Medina, fue emotiva, tanto por la entrega del torero, como por la pelea que dio el toro, que recibió tres puyazos, señala, estrellando a los jamelgos contra las tablas... Así pues, el toro fue bravo y poderoso. Ante él, El Volcán de Aguascalientes realizó lo siguiente:

Bravo, pujante, sobrado de codicia y duro de patas – inclusive pareció haberle faltado otro puyazo –, tal concluyó sus días el de Ramiro González. La faena de Rodríguez tuvo como nota de mayor relieve, la de su emotividad. En cada pase, el riesgo era evidente, la distancia, mínima. Pues bien: en tal sitio y en estas condiciones se desarrolló la lidia de “Tapatío”, que llegó a su clímax cuando con el engaño en la mano torera, Rafael se enroscó repetidas veces al astado en el pase fundamental del toreo de muleta. Y, tras los desplantes y los muletazos de adorno, la estocada en sitio desprendido... Fue entonces cuando el festejo alcanzó su culminación; al triunfo del torero - rubricado con las orejas y el rabo de su enemigo - se enlazaba el triunfo del ganadero. Entre ovaciones y música recorrieron ambos el ruedo, en tanto que a los despojos del excepcional “Tapatío” se les tributaban los máximos honores...

El encierro titular a punto estuvo de cargarse el festejo y un toro sobrero, de regalo, salvó in extremis la tarde, dejando claro a propios y extraños que el toro y su bravura son la esencia de esta fiesta.

Así fue como concluyó el primer festejo taurino celebrado para celebrar el cultivo de la uva y su vendimia en Aguascalientes, por estos días, hace ya 70 años.

Aldeanos