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domingo, 19 de julio de 2026

19 de julio de 1953: Jaime Bravo se presenta en Madrid

Jaime Bravo era nativo del barrio de Tepito en la capital mexicana y que de conformidad con lo que refiere la enciclopédica obra de Cossío, inició su andar por los ruedos en el año de 1950. Entre los años de 1952 y 1955 desarrolló una destacada carrera como novillero en los ruedos de España, logrando presentarse en sus principales plazas. 

La presentación de Jaime Bravo en Madrid

Su presentación en Madrid se pacta para el 19 de julio de 1953, tarde de domingo en la que compartirá cartel con Juan Bienvenida y con otro debutante, el sevillano José Rodríguez Coriano, para dar cuenta de un encierro de los sucesores de Graciliano Pérez Tabernero.

Del encierro inicialmente anunciado, solamente se lidiaron cuatro de los novillos reseñados, completándose el lote con dos de Juan Belmonte, corridos en quinto y sexto lugar. La impresión que dejaron los cronistas es en el sentido de que el ganado que se jugó, sobre todo el salmantino, más que una novillada, era una verdadera corrida de toros. Escribió Antonio Bellón, en su tribuna del diario madrileño Pueblo:

A esta actual revalorización del toro, la Empresa de Madrid contribuye en vanguardia. Siempre pisaron la arena madrileña reses con trapío y kilos sobrados, y ahora, en las novilladas caniculares, se lidian verdaderas corridas de toros... Ayer eran las reses, los toros, anunciadas de los hijos de Graciliano, y fue remendada la corrida en los corrales con dos bureles, también toros, de Juan Belmonte, lidiados en quinto y sexto lugar. Los de Belmonte fueron mansurrones, y los de Graciliano, para los debutantes Coriano y Bravo, no boyantes...

El comentario de Bellón arranca del hecho de que apenas un año antes, Antonio Bienvenida, hermano del primer espada del festejo que le tocaba relatar, había denunciado el fraude del afeitado. Por ello hablaba de la revalorización del toro en Madrid.

Pero, para nadie es novedoso o secreto, que, en los festejos veraniegos de Las Ventas, el toro - y el novillo también - crecen en proporciones que a veces escapan a cualquier lógica. 

La tarde de Jaime Bravo

El debutante mexicano saldó su tarde en Madrid con una salida al tercio y una vuelta al ruedo. Las distintas crónicas del festejo destacan su valor delante de los toros y su disposición por conectar con los tendidos. Escribió don Luis Uriarte, firmando como El de Tanda, para la Hoja del Lunes madrileña:

El tercer Graciliano fue el mejor de la tarde, y Jaime Bravo, que se había hecho aplaudir en un cambio de rodillas y en las verónicas que a seguido ligó, cogió las banderillas y se las ofreció a Bienvenida. Medio par aquél, uno muy fino Juanito, otro al quiebro el mejicano con un par de las cortas, que se cayeron, y otro bonísimo de poder a poder de su compañero, a quien se aplaudió largamente. La faena de Bravo – con mayúscula – lo fue también de bravo – con minúscula –: ayudados por alto, redondos, una arrucina perfectamente ejecutada, naturales, de pecho, con el aditamento de un par de desplantes de rodillas, justificaron el jaleo aprobatorio de la concurrencia. Con la espada flojeó el mejicano por su defecto de no arquear el brazo al herir. Los tres pinchazos y la estocada corta, sin embargo, no fueron óbice para que se le ovacionara cariñosamente... Y aquí se acabó la paz... con el sexto, de Belmonte, no tan molesto, aunque tampoco cómodo, Bravo derrochó voluntad - y habilidad en los momentos de apuro -, lo despachó de una estocada corta y hasta se permitió el lujo de dar la vuelta al ruedo...

Advierte en su relato la variedad del torero, el valor desplegado, pero también lo que aparenta ser una falta de plan delante de los toros, algo que parece reiterar quien firmó como El Primer Reserva, sustituyendo al titular Giraldillo, para el ABC de Madrid:

Coraje y un poco de todo. – Jaime Bravo, que tiene una buena planta de torero, ha llegado a Madrid cuando todavía no ha aprendido a dar reposo a su toreo. Sabe ya pararse y hacer lentos los giros de su capote, pero el ansia de triunfar le roba la serenidad y hace de sus faenas un embarullado conjunto de todos los lances, todas las escuelas y todos los intentos. A medio viaje del toro, trata de improvisar el lance, en el que no parece haber pensado antes, y sólo su agilidad y su frío valor le libran de la cornada, que el domingo pareció inminente en muchas ocasiones... A su primero, el mejor toro de la tarde, alegre, dócil para el trapo, le dio unas verónicas con mucho sabor y temple. Falló, en cambio, en las banderillas, ya que después de media docena de tanteos sólo consiguió dejar un palo en el morrillo de la res, en tanto que Bienvenida salvaba el tercio, especialmente en un magnífico par de poder a poder. La faena de muleta, mescolanza de ayudados, pases en redondo, una arrucina escalofriante, desplantes y rodillazos, fue aplaudida y no pasó a más, porque Bravo tuvo que ensayar tres veces antes de lograr media estocada suficiente... El que cerraba plaza era de Belmonte y no estaba para demasiadas florituras. El mejicano le dio unos lances de capa lentos y apretados que se aplaudieron, y durante el muleteo, en que lo intentó todo sin cuajar nada, pasó muchos apuros con extraordinaria tranquilidad. Tuvo la suerte de coger una estocada que bastó, y gracias a eso y en premio a su valor y voluntad, dio la vuelta al ruedo, como despidiéndose del gentío que salía apresuradamente...

Sin dejar de reiterar la falta de estructura en su hacer en esa tarde, se deja claro el hecho de su buen hacer con la capa en el primer tercio, y sobre todo, la actitud desplegada buscando el triunfo ante todo, como debiera ser la actitud de cualquier novillero.

Antonio Bellón, citado antes, en su relación para el diario Pueblo, redondea en el sentido siguiente:

El mejicano Jaime Bravo, de cierto aire arrucesco, es torero elegante, fácil, con muchas cualidades que con el tiempo pueden cuajar en un matador de toros si a su labor le pone ligazón. Con el capote lanceó majestuoso y sus quites por gaoneras son impresionantes de quietud y de habilidad para quedarse junto a la oreja del burel... Ofreció los palos en el tercero a Juanito Bienvenida, ovacionado al colgar los zarcillos, y Bravo no tuvo suerte al clavar, más en la preparación y el aguante fue perfecta su labor. Encorajinado, partió un par de banderillas final y con el resto de los garapullos, menos de una cuarta de palitroque, cambió con vista y valor... Una faena con toda clase de pases en su primero le valió ovación y saludo. El vómito de la res quitó entusiasmos, y en el sexto volvió a mostrarse elegante, enterado y habilidoso, para salvar achuchones del toro, abrazándose al animal y quedándose pegado a pala y oreja. Dio la vuelta al ruedo, y en tarde menos tormentosa y sin nervios – naturales ayer, día de su presentación – trabada su sabiduría y facilidad, puede redondear una gran actuación...

Al final de cuentas, Jaime Bravo resolvió su presentación en la principal plaza del mundo, dejando en la crónica y en la afición la intención de volverle a ver por allí. 

El resto de la tarde

Juan Bienvenida buscaba resarcirse de las pérdidas de su anterior actuación en el coso madrileño, donde tuvo una mala tarde y una buena cantidad de asistentes tenían la intención de cobrarle la factura en esta presentación. Pudo salir al tercio tras la lidia de sus dos novillos, aunque sin faltar entre las ovaciones, el desagradable condimento de los pitos de aquellos que nunca parecen estar contentos con nada.

Por su parte, el otro debutante, Coriano, a quien Bellón en su crónica describe como ya maduro de edad, se mostró como un torero valiente, y que a pesar de las volteretas que le dio el primero de su lote, también pudo terminar su tarde con una vuelta al ruedo. 

El devenir de Jaime Bravo

Jaime Bravo volvería a Madrid una media docena de tardes más y en una de ellas sería protagonista de unos hechos que pasarían a la historia del toreo. El 31 de julio de 1955, en la novillada en la que alternó con Rafael Mariscal y Enrique Orive, tras la lidia del cuarto de la tarde, el picador de su cuadrilla, el michoacano Sixto Vázquez, fue llamado a dar la vuelta al ruedo por la extraordinaria forma en la que picó en esa tarde.

Recibiría la alternativa en Palma de Mallorca el 18 de septiembre de ese mismo año del 55, de manos de Victoriano Posada y llevando de testigo a Pepe Ordóñez, siéndole cedido el toro Amapolo de Fernández Zúmel. Esa alternativa la confirmaría en la Plaza México el 12 de febrero de 1956, con el toro Fandanguero de Torrecilla, de manos de Manuel Capetillo y atestiguando el acto Jorge El Ranchero Aguilar.

Ya como matador de toros, Jaime Bravo tendría un gran cartel en las plazas de la frontera norte de México, donde nuestra temporada, durante muchos años, sostenía el verano taurino. También fue uno de los pioneros en la introducción de los festejos taurinos en los Estados Unidos, siendo uno de los toreros que actuaron en una feria que se ofreció en el Astrodome de Houston en los años sesenta, a la que acudieron figuras de la talla de Paco Camino.

México en España en 1953

La temporada española del 53 contó con la presencia de un amplio número de toreros mexicanos. Por los matadores de toros actuaron Luis Briones, Pepe Luis Vázquez, Rafael Rodríguez, Jorge El Ranchero Aguilar, Juan Silveti, Curro Ortega, Anselmo Liceaga, Nacho Treviño y Fernando de los Reyes El Callao.

De los novilleros, aparte de Jaime Bravo, se presentaron Miguel Ángel, Alfredo Leal, Carlos Barrón, Pepe Luis Méndez, Manuel Márquez, Raúl Iglesias, El Callao, Joaquín Díaz Paquiro, Diego Arenas, Antonio Durán y Carlos González.

La reanudación del Convenio en 1951, propició el intercambio de toreros entre ambos países y sobre todo, nuestros novilleros cruzaban el mar, buscando prepararse para alcanzar con honor el grado de matador de toros. Sin duda, los tiempos han cambiado.

domingo, 5 de julio de 2026

7 de julio de 1946: Cañitas se alza como triunfador en Pamplona

En la feria de Pamplona de 1946 se verificaron tres corridas de toros, los días 7, 8 y 9 de julio. El festejo de apertura se integró con toros de Juan Pedro Domecq, para el mexicano Carlos Vera Cañitas, el sevillano Manuel Álvarez Andaluz y el torero local Julián Marín. Era la presentación en esa plaza del bravo Cañitas, quien al final del calendario resultó ser el torero nuestro que más fechas sumó en ruedos europeos, una sorpresa después de la meteórica campaña que desarrolló Carlos Arruza el año anterior, porque el Ciclón apenas llegó a ser el tercero en el escalafón de los diestros de estas tierras.

Previo a la corrida, casi en la alborada del día de San Fermín, se produjo el primer encierro, en el que se corrieron los toros a lidiarse en la tarde. La nota de la agencia Mencheta aparecida en el diario madrileño Arriba del 9 de julio siguiente, entre otras cosas, refiere:

Se ha verificado el primer encierro de toros para la corrida de esta tarde, pertenecientes a la ganadería de Domecq... El encierro ha resultado emocionante, pese a no ocurrir ningún incidente de importancia, sino sólo algunas caídas y muchos sustos, por la aglomeración de mozos que corría delante de los cornúpetas... Los toros entraron juntos, bien arropados, por los cabestros, dirigiéndose seguidamente a los corrales, sin hacer caso de los improvisados... Después fueron soltadas en la plaza algunas vaquillas, que dieron mucho juego y repartieron también muchos trompazos... Terminado este primer espectáculo, las terrazas dé los cafés de la plaza del Castillo se llenaron de gente para desayunar, y en el Castillo se organizó un baile. La animación en la capital es inmensa, y la afluencia de forasteros supera en mucho a la de otros años, contribuyendo a ello la esplendidez del tiempo...

La información sobre el encierro refleja que el correr a los toros ya no era una cuestión que atrajera exclusivamente a las personas de la región, sino que se empezaba a convertir en un atractivo para personas de distintas latitudes, lo que con el paso del tiempo terminaría por convertir a esa tradición en un fenómeno de trascendencia internacional.

Los toreros mexicanos actuantes en el ciclo también expresaron su opinión acerca de ellos a Alfredo R. Antigüedad, quien en el número de El Ruedo” fechado el 18 de julio de ese año, escribió:

El diestro mejicano “Cañitas” no se ha perdido un encierro. “Yo espero seguir toreando, por San Fermín, en Pamplona. Pero si no viniera de torero, vendría a ver los encierros. Es algo tan emocionante y bonito que no me lo pierdo. No creo que los toros se perjudiquen con el encierro, aunque tampoco puedo decir que ganen... Fermín Rivera: “Si fuera posible hacer el encierro en todas las Plazas, la fiesta ganaría mucho. Porque no hay duda que la emoción que despierta en los mozos que corren delante de los toros, les hace aficionarse a la fiesta. Yo tengo en Méjico varías ampliaciones fotográficas de los encierros del año pasado y tengo encargo de llevar este año bastantes más. Mis paisanos están tan sorprendidos como yo de este bellísimo espectáculo...

Como se puede ver, los toreros mexicanos se manifestaron a favor de los encierros, tanto en su manifestación de celebración popular, como por el hecho de que, a su juicio, no afectan a los toros para su posterior lidia.

El encierro de Juan Pedro Domecq

La corrida que se lidiaría el día de San Fermín de hace 80 años distó mucho de parecerse a lo que hoy sale a los ruedos con el que fuera el hierro del Duque de Veragua. Las distintas relaciones del festejo dan una descripción de algo que ya no estamos acostumbrados a ver. Cuenta Antonio Bellón, enviado del diario madrileño Pueblo:

Toros de Domecq con edad, largos, no muchos chichas y sí poquísimos pitones, certeros al derribar piqueros y jamelgos y los pitones hábiles buscadores de dianas en seda, gamuzas y pellejas de rocín. Toros gratos para el espectador – protestaban porque se les picase – y lo contrario para el torero...

Por su parte, quien firmó como P. Salazar para la Hoja del Lunes de Pamplona, refiere:

Cuando vimos desencajonar la corrida de don Juan Pedro Domecq, nuestra crónica no se dio al aplauso ni a la censura. El toro no se puede juzgar hasta que ha pasado por la pelea; pero sí observamos una corrida basta y destartalada y hasta vieja, de muy feas cabezas en su mayoría, como para una novilladota de esas que se acostumbra a “soltar” en le plaza de Madrid y que en la balanza arroja más kilos que loa llamados toros...

Así pues, la corrida en su presentación no agradó a los que relataron la corrida, pues les pareció destartalada, de juego complicado y de pocas condiciones para el lucimiento de los toreros. Vamos, las antípodas de lo que hoy representa esa ganadería.

El triunfo de Cañitas

En su presentación en Pamplona, Cañitas se alzó como triunfador de esa feria de 1946, cortándole las orejas al segundo toro de su lote. Relata Juan León, enviado del periódico madrileño Arriba:

A Cañitas – muy afortunado, por lo general, en los sorteos – le tocó el mejor lote – primero y cuarto – gracias a lo cual pudo salir ileso de la tarde. Cortó las orejas del “colorao” y escuchó muchas palmas en diversos momentos de sus dos toros. Y pudo, no sólo por lo dicho, sino por el empeño que puso en todo y por banderillear a sus dos enemigos. Y también por aquel repartir el público a voleo las cosas que da en una corrida...

Es breve el relato del cronista de Arriba, pero deja ver que la actuación de Carlos Vera se destacó por el empeño que puso delante de los toros que le tocaron en el sorteo.

Por su parte, el ya citado Antonio Bellón, relató en el diario Pueblo:

Entre los sustos, la danza, el sol, los gritos y las buenas digestiones, la segunda parte de la corrida no tuvo control posible. Se aplaudía a Cañitas al banderillear con apuros y al hacerlo con precisa exposición le regateaban las palmas. La faena, valiente y sin trabazón, vacilaba entre adornos y zurdazos. A una ovación seguía la algazara y Cañitas ponía valor y valor en pases en el estribo, naturales, manoletinas, otra vez naturales, sin fijarse de bajar la cabeza del animal, que a poco, clava a Cañitas en tas tablas. Total, Carlos Vera comenzó la vuelta con dos orejas en la mano y la terminó con dos puros que le tiraron, haciéndole unos desprenderse antes de tos apéndices mientras otros pedían que no se desprendiera de ellos...

El “toro de la merienda” es complicado para cualquiera, y la relación de Bellón deja claro que Cañitas tuvo que asumir las dificultades que implica enfrentarlo. Aun así, terminó cortándole las orejas.

Por su parte, P. Salazar, en su crónica de la Hoja del Lunes pamplonica, nos cuenta:

Cuarto: Colorado, ojo de perdiz. Toma las varas reglamentarias. Nada en quites. “Cañitas” coge nuevamente las banderillas y prende medio per para dejar, luego dos muy buenos, uno especialmente, muy difícil que no se premia como merece. Con la muleta, “Cañitas” hace algunas cosas buenas, derrochando valor, especialmente, unas manoletinas y unes pases metido en tablas que se jalean. Media estocada muy bien puesta, que hace doblar al toro. dos orejas y vuelta...

Así fue como se vio por la prensa nacional de España y la local de Pamplona, la presentación del valentísimo torero mexicano Carlos Vera Cañitas.

El resto de la corrida

Julián Marín le cortó una oreja protestada al tercero de la tarde y Andaluz, que sacó en el sorteo el lote más complicado, terminó su tarde con las opiniones divididas.

El siguiente festejo

Para el siguiente día, lunes, estaban anunciados en el cartel Fermín Rivera, Agustín Parra Parrita y Raúl Acha Rovira, para enfrentar una corrida de don Joaquín Buendía, de encaste Santa Coloma.

domingo, 21 de junio de 2026

20 de junio de 1926: Pepe Ortiz recibe la alternativa en Barcelona

Verduguillo refiere que conoció a Pepe Ortiz en el año de 1923, cuando Arturo M. Doblado, quien apoyaba al tapatío durante sus inicios en los ruedos, lo llevó a las oficinas de El Universal Taurino para pedir al escritor que lo apadrinara, invitándolo además a su presentación en El Toreo el domingo siguiente. La primera impresión que le causó a Rafael Solana fue la siguiente:

Me gustó el muchacho tapatío, lo encontré medrosillo y algo amanerado, pero al mismo tiempo le descubrí un estilo muy especial, una forma muy distinta de interpretar el toreo. Es decir, tenía personalidad... Desde luego, advertí un cuidado minucioso en el atuendo, iba Pepe muy bien vestido, con un traje flamante, corinto y oro, nuevecito, y al con su andar por el ruedo se distinguía el mozo entre sus compañeros con los más usados ternos que les alquilaba “Frascuelillo”...

Pepe Ortiz tendrá, como lo veremos al paso de estas líneas, una carrera en la que se irán entreverando los triunfos con las cornadas. En ese mismo 1923, llegando a ser puntero con Juan Espinosa Armillita y los hermanos Rodolfo y Julián Rodarte, el ciclo terminará abruptamente para él con una grave cornada inferida por un novillo de Piedras Negras. Se tendría que resarcir en los dos calendarios siguientes, llegando en la temporada de 1925, a ser aceptado por Rodolfo Gaona como sobresaliente en el festejo de su despedida, a propuesta del nombrado Verduguillo y de Carlos Quirós Monosabio

Y así llegó al día de su alternativa en El Toreo, el 2 de noviembre de 1925, de manos de Chicuelo, con quien actuó mano a mano ante toros de Atenco. El toro de la ceremonia, primero – bis, se llamó Garlopo, colorado, número 37, sustituto del titular devuelto por manso. En su crónica de Toros y Deportes, nos recuerda el propio Verduguillo:

No logró el mexicano el triunfo completo; pero la faena que hizo al toro de la alternativa, basta por sí sola para acreditarlo como muy buen torero... En cuanto a finura y gracia, Ortiz las tiene por toneladas; por eso le resultan tan bonitos esos quites en que abaniquea suavemente y se lleva a la res prendida al capotillo... Con la muleta estuvo hecho un maestro, un artistazo en su primer toro. ¡Con qué suavidad lo toreó! Con qué finura, con qué estilo de buen torero engranó los pases ayudados por bajo con los de pecho, ligando la faena, haciéndola toda en el mismo terreno... Faena cumbre fue lo de José en el toro de la alternativa; por eso la concurrencia pidió para el espada las dos orejas, el rabo y todo el toro, obligándole a dar dos vueltas al ruedo, y a salir después, a los medios, abrazado de Chicuelo, el padrino, el gran artista...

Junto con el torero de la Alameda de Hércules e Ignacio Sánchez Mejías, Pepe Ortiz se convertiría en el sostén de esa temporada 1925 – 26, pero el destino le tenía preparada otro percance, porque en el festejo final de la misma, celebrado el 31 de enero de 1926, una reedición del cartel de su alternativa, el toro Gallito de Atenco, cuarto de la corrida, le infirió una cornada en el brazo derecho al intentar un par de banderillas, dejando prácticamente la corrida completa a Chicuelo y quedando él en el dique seco hasta bastante avanzado el año.

La alternativa española

El tiempo que le llevó recuperarse de la cornada sufrida en el cierre de la temporada de la capital mexicana, motivó que Pepe Ortiz llegara a España tiempo después del inicio de la temporada española, así fue que es hasta el 20 de junio de 1926 que puede iniciar su andar por aquellos ruedos, para recibir, como era mandatorio en ese tiempo, una nueva alternativa. Su puerta de acceso fue, como en muchos casos, la Plaza Monumental de Barcelona, donde para ante toros salmantinos de Graciliano Pérez Tabernero, le apadrinaría Juan Belmonte en presencia de Ignacio Sánchez Mejías. La nota previa del festejo, aparecida en el diario Noticiero Universal de la víspera del festejo, entre otras cosas dice:

El interés por ella va creciendo a medida que se acerca el domingo. Y era de esperar... Los toros de Graciliano P. Tabernero, han gustado mucho en la fotografía expuesta sobre las taquillas del Principal y es de suponer que ocurrirá lo mismo en el ruedo, dada la característica bondad de las reses de este ganadero, que ayer dio en Madrid otra buena corrida de toros... De Juan Belmonte y de Mejías ya se sabe lo mucho y bueno que se puede esperar lidiando ganado bravo y de José Ortiz, que constituye la novedad mayor de la corrida y por cuya alternativa hay verdadera expectación en los aficionados, es de esperar que conforme lo mucho, bueno que de él ha dicho toda la prensa dé Méjico por su valor y excelente estilo de torear, rememorador del de Gaona...

La tarde de la alternativa no pareció ser atractiva a las mayorías, si hemos de hacer caso a la descripción de la entrada que hace el anónimo cronista de el Diario de Barcelona, que refiere lo siguiente:

Fallaron en esta corrida los pronósticos. La plaza no se llenó. Los tendidos de sombra se llenaron, pero en los de la parte de sol quedaron vacías las seis últimas filas; en los tendidos de sol y sombra se vieron durante la tarde algunos claros y en las gradas y andanadas de las dos partes se vieron importantes huecos. En la parte de sombra vimos a muchos tripulantes del crucero danés surto en nuestro puerto y en varios palcos se encontraban los jefes del mismo. En uno de ellos había el comandante y segundo comandante con el cónsul de Dinamarca y su familia... En la plaza estaba el público especial de las solemnidades, el que va a los toros cuando hay una corrida grande, no los que van ordinariamente a los toros...

Así que en ese ambiente fue el que Pepe Ortiz refrendó – porque ya había recibido el grado en México – su calidad de matador de toros en ruedos de España. Refiere Enrique García Cellalbo Carrasclás en su crónica para el diario Noticiero Universal:

El toro de la alternativa era, como queda dicho, de don Graciliano P. Tabernero; atendió por "Guajiro"; lució en el costillar el número 34; fue negro de pelo; terciado; de bonito tipo, y gacho de cuerna. Datos para la historia. Lo lanceó Ortiz en dos tiempos, por irse y no dejarle rematar el bicho en el primero, dándole seis verónicas muy buenas y media final muy ceñida y lucida, que se premiaron con una ovación, reproducida al rematar el primer quite, en el que el debutante toreó con gran suavidad y finura... "Guajiro" llegó bien a la muerte, aunque achuchando algo al neófito, que empezó siendo muy aplaudido al recibir los trastos de manos de Belmonte y brindar después la muerte del toro de su doctorado desde los medios a toda la concurrencia... Fresco y tranquilo toreó Ortiz con la muleta. Parando con soltura y lucimiento dio con la mano derecha cuatro lucidísimos muletazos, dos ayudados, consintiendo bien, y otros cuatro de ambas clases, derecho y lucido, oyendo grandes aplausos. En mal terreno intentó el natural con la zurda, saliendo trompicado; y tras breves muletazos más arrancó un poquito largo, pero decidido, a matar, dejando media estocada tendenciosa y una entera algo contraria, doblando el toro después de tres intentos de descabello. Ortiz fue cariñosamente aplaudido, saludando desde los medios...

El jueves siguiente al día del festejo, en el semanario La Fiesta Brava, también de la capital catalana, Fernando Sayos Trincherilla, redactor jefe y cronista de la publicación, cuenta lo siguiente:

En José Ortiz hay figura de toreo, le cae bien la ropa. Juventud y buena disposición para el toreo; cuando se haga a este ganado que en España se juega José Ortiz puede dar grandes tardes de toros... Desde el primer momento, apenas desplegó el capote en el que rompió plaza, el público vio en él un torero fino y elegante, y aplaudió entusiasmado los lances con que obsequió al toro de la alternativa. Siguió el público aplaudiendo en los quites, y cuando Belmonte le hizo entrega de los trastos resonó una ovación unánime. Saludó Ortiz a la presidencia, y fuese a los medios a brindar la muerte de su enemigo. Tranquilo y torero empezó la faena con la derecha, sobresaliendo de su labor unos magníficos muletazos de pecho y por alto que se jalearon. Con la espada cogió de primeras un buen pinchazo y luego un poco más de media estocada, y como el toro tardara a doblar recurrió al descabello acertando al segundo empujón. Y José Ortiz oyó nutridos aplausos, viéndose obligado a saludar desde los medios...

Una presentación importante, emborronada por el mal manejo de la espada, que dejó entrever a la afición barcelonesa la calidad de torero que tenía Pepe Ortiz.

Los toros de la corrida

Del encierro anunciado solamente se lidiaron cinco toros. En el reconocimiento previo se desechó uno de ellos, siendo sustituido por otro de Villamarta, mismo que le tocó en el sorteo precisamente a Pepe Ortiz, que lo dejó para salir en sexto lugar. Ese toro fue devuelto a los corrales por estar notoriamente reparado de la vista y fue reemplazado por otro de Pérez Padilla, al que todas las crónicas se refieren como un mulo con poder y nada más y al que se quitó de encima de la manera más pronta posible. Resume el ya citado Trincherilla:

Se lidiaron cinco toros de Graciliano Pérez Tabernero. No justificaron la justa fama de que goza esta vacada. Terciados y feos de cabeza. De bravura fueron bastante parejos, pues excepto el primero, los restantes hacían un tufo a mansos que mareaban. No era esto lo que el público esperaba de este ganadero que tan bien acostumbrado nos tiene. Don Graciliano nos debe el desquite. Ya hemos dicho que el de Pérez Padilla fue un mulo...

Tan complicado fue el encierro, que Juan Belmonte saldó su tarde apenas con una vuelta al ruedo en el segundo, en tanto que Ignacio Sánchez Mejías pudo terminar la suya con una vuelta tras nutrida petición en el quinto, negada ésta, según las crónicas, por lo defectuoso de la estocada con la que puso fin a su faena.

La llegada de la modernidad

Mi amigo José Luis Cantos Torres, en su acuciosa obra sobre la Plaza Monumental de Barcelona, refiere que en esta fecha se utilizó por primera vez un vehículo de motor para el riego del redondel a la mitad del festejo. Curiosamente, no todas las crónicas de la corrida reparan en el hecho. La que aparece sin firma en el Diario de Barcelona, dice:

Por primera vez se utilizó ayer para el riego del ruedo un automóvil de riego, que hizo la operación en breves minutos, en substitución del carro cuba que empleaba el triple de tiempo...

Por su parte, en la Hoja del Lunes de la Ciudad Condal, al día siguiente del festejo, la crónica firmada por Don Eduardo, indica:

La empresa, «que no se priva de nada», hace el riego del redondel con un auto - tanque, al que se aplaude...

Un par de líneas apenas, pero era ya un paso importante en la manera de conducir los festejos taurinos para evitar la producción de tiempos muertos en su desarrollo.

La temporada de Pepe Ortiz

Quien pasará a la historia como El Orfebre Tapatío apenas torearía un par de tardes más en ruedos europeos. El 18 de julio siguiente iría a Palma de Mallorca para alternar con Rafael El Gallo e Ignacio Sánchez Mejías en la lidia de toros de Aleas y el 31 de agosto se presentaría en Melilla en un festejo en el que alternaría mano a mano con Cayetano Ordóñez Niño de la Palma y en el que se correrían toros de Santa Coloma.

Aunque Pepe Ortiz tuvo aficionados y periodistas que lo apreciaron como torero, el sistema en sí nunca entendió sus calidades como tal. Escribe Tomás Orts Ramos Uno al Sesgo:

Cuando por primera vez vino a nuestra patria en 1926, este notabilísimo lidiador mexicano, llegaba convaleciente de una cornada en un brazo que recibió toreando, en la plaza de México, su primera temporada de matador de toros. Un explicable deseo de darse a conocer cuanto antes de los públicos españoles, le hizo precipitar su presentación en manifiesto estado de inferioridad; y si bien en esta corrida, que fue la de su alternativa en Barcelona, se le aplaudió mucho toreando, más con el capote que con la muleta, y matando estuvo decoroso, el éxito no pasó de estimable. En dos corridas más actuó en esta excursión, una en Palma de Mallorca y otra en Melilla, en condiciones poco favorables para que pudiera revelarse el torero de que se nos había hablado... Para estas corridas no podía vestirse a gusto el diestro tapatío, que, si aceptaba torear, era por una imposición de las circunstancias...

Volvería en 1927, 1928, 1931 y 1934, pero siempre en esas condiciones poco favorables a las que se refiere Uno al Sesgo, por lo que no pudo firmar en aquellos ruedos tardes que confirmaran lo que aquí se pudo ver de su hacer en los ruedos.

Pero dejó para la posteridad una importante herencia artística, representada en suertes de capa que cuando se ejecutan – muy de cuando en cuando – vuelven a su nombre una cita obligada. 

domingo, 19 de abril de 2026

18 de abril de 1954: Alfredo Leal recibe la alternativa en Sevilla

Alfredo Leal había sido uno de los triunfadores de la temporada de novilladas de 1952 y eso le valió recibir la alternativa en la Plaza México en la temporada grande siguiente, el domingo 16 de diciembre de 1952. El cartel era inmejorable, pues le apadrinaría Carlos Arruza, en ese momento la principal figura mexicana y el cordobés José María Martorell, quien venía a darse a conocer a nuestra afición y que caló hondo en ella. 

La tarde no fue exitosa para el toricantano y por su parte, el padrino tuvo ocasión de escribir una de las páginas brillantes de su historia en los ruedos con el cuarto de la tarde, nombrado Bardobián por don Daniel Muñoz

Iniciado ya el año de 1953, Alfredo Leal marcha a España, pero no con la intención de confirmar allá su alternativa, sino de torear novilladas para recibir una nueva, con fuerza y reandar el camino en mejores condiciones. Así, se presenta en aquellos ruedos el 5 de junio en Barcelona y logra torear ocho novilladas, de las cuales tres fueron en la Ciudad Condal y otras tres en Madrid. Esa temporada le dejó las cosas preparadas para volver a ser investido matador de toros el calendario siguiente.

La temporada sevillana de 1954

El abono de Sevilla para 1954 comprendía la corrida del Domingo de Resurrección, que sería el 18 de abril, con la actuación del rejoneador Ángel Peralta, Cayetano Ordóñez Niño de la Palma hijo, Manolo Carmona y Alfredo Leal, quien recibiría la alternativa, con toros de Salvador Guardiola para rejones y Tomás Prieto de la Cal para la lidia ordinaria. La Feria de Abril, con cinco corridas de toros, los días 27, 28, 29 y 30 de abril y 1o de mayo y dos novilladas, los días 25 de abril y 2 de mayo. Alfredo Leal iba anunciado en la última de feria, con Rafael Ortega, Niño de la Palma y Dámaso Gómez, y los toros de Joaquín Buendía.

A propósito del llamado toro de Sevilla

Esta fiesta es de toros, y como tal, está condicionada por los que los ganaderos envían a las plazas. Se habla mucho acerca de que si determinadas plazas tienen o aceptan un determinado tipo de toro. El caso de Sevilla es paradigmático, pues el toro que es el ideal de allí, es una verdadera entelequia, indefinible, imposible de conocer y desde mi personal punto de vista, exageradamente acomodado a según quien lo vaya a enfrentar. 

Pues bien, ese Domingo de Resurrección de 1953, don Tomás Prieto de la Cal envió una corrida a Sevilla que en su día fue criticada y hoy seguramente sería anatemizada. Escribe Fernando López Grosso firmando como El Chico del Baratillo en la Hoja del Lunes sevillana del día siguiente al del festejo:

O toro viejo o toreo moderno. – Esta es la verdad cuando tres espadas de la época presente se enfrentan con una corrida del volumen y la edad de los bichos lidiados en la tarde de ayer. La mayor prueba la da el peso que en canal dieron en la romana y que fue así: Primero, 316.900; segundo, 329.800; tercero, 290.400; cuarto, 355,800; quinto, 369,800, y sexto, 338.000. Pudieron observar los aficionados que el toro de este volumen y edad no es el más apropiado para el toreo moderno, hoy del gusto de los más, y no es porque falte valentía en los muchachos, sino porque raras veces este toro sale adaptable para el toreo de hoy, siendo su sentido el principal obstáculo para que se dejen torear, de no ser ajustándose a la lidia de antaño, en la que predominaba la preparación para la muerte. Un primer toro quedado, soso y poco pronto, que, con el segundo, suave y superior a la muleta, fueron los más propios para torear mejor. Los demás, todos iguales, mansos, con fuerza, de peligro por sus arrancadas dudosas. Fue en conjunto, una corrida, peligrosa y difícil para los toreros, por su feo estilo, en los que se destacaron como peores el lote de Manolo Carmona. Poco satisfecho debe estar el señor Prieto de la Cal, que poco ha sabido sostener o reafirmar la procedencia de Sotomayor y Veragua... Y con una corrida así, cabe toda disculpa por cuanto no es poco despacharla con holgura y buenos deseos...

Se atribuye a Domingo Ortega el aforismo de: torear no es pegar pases. De lo que describe López Grosso, da la impresión de que los toros de Prieto de la Cal, tenían mucho para toreárseles, pero no al uso de aquellos días, por esa razón no hubo un resultado triunfal en la tarde.

La actuación de Alfredo Leal

Según a quien se lea, fue Curro Romero o Manolo Martínez el que afirmó que los apéndices son meros retazos de toro. Hoy se reconoce más una oreja ratonera o de paisanaje, que una valoración positiva de una actuación no galardonada por quienes tienen real o presuntivamente, conocimiento de estas cosas. 

Alfredo Leal tuvo una actuación solvente, adecuada a las condiciones de los toros que sacó en el sorteo y haciéndoles las cosas que era posible de acuerdo a sus condiciones. Escribió Gil Gómez Bajuelo, cronista del ABC de Sevilla, en su edición del martes 20 de abril siguiente:

El mejicano Alfredo Leal, a quien Cayetano Ordóñez dio la alternativa en cordial y emotiva ceremonia, cumplió su cometido muy honorablemente, venciendo no sólo las dificultades de sus enemigos, sino la responsabilidad de su presentación en España, en el mes de abril y en una plaza como la de la Maestranza sevillana, cuyo prestigio pone freno en los ánimos más enteros. Leal nos ofreció destellos de su capote en el primero, y muletazos altos, de sabor artístico, en su segundo, estando siempre sereno y sin perder la cara a sus enemigos, sin que los derrotes le hicieran descomponer la figura. Estuvo breve y bien con el estoque, matando al primero de media estocada y de una al segundo. Dejó una buena impresión y se espera con interés su reaparición, en circunstancias más propicias...

Esa buena actuación le valió a Leal el poder confirmar su alternativa al siguiente domingo en Madrid, llevando como padrino al mismo de su alternativa y como testigo a Jerónimo Pimentel, con toros de María Montalvo, cerrando esa temporada española con ocho corridas toreadas.

El devenir de Alfredo Leal

Durante las tres décadas siguientes Alfredo Leal sería un torero que participaría en las principales temporadas y ferias en ambos lados del Atlántico. La pureza de su trazo y la fidelidad a su manera de hacer el toreo, le mantuvieron en el interés de la afición mucho tiempo. En el caso particular de Sevilla siempre fue visto con gusto, tanto, que formó parte de carteles importantes como el mano a mano que toreó en agosto de 1968 con Curro Romero, en el que triunfó, aunque el palco de la autoridad le negara los apéndices, o en la feria de San Miguel de ese mismo año, fue parte del cartel de la despedida de los ruedos de Manolo Vázquez.

No por cualquier cosa, Alfredo Leal fue conocido al poco tiempo de esta alternativa como El Príncipe del Toreo, y es que fue, sin duda, una figura del toreo.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 15 de marzo de 2026

14 de marzo de 1965: Manolo Espinosa Armillita se presenta como novillero en Barcelona

Manolo Espinosa, el hijo mayor del maestro Armillita se había presentado como novillero en Lima el 24 de mayo de 1964, alternando con Jesús Solórzano y el peruano Paco Céspedes en la lidia de novillos de Chuquizongo. Recién había terminado sus estudios de arquitectura en la capital mexicana, condición al parecer impuesta, para que pudiera dedicarse al toreo. Después de esa y una segunda presentación en la Plaza de Acho, se presentó en Bogotá y de allí regresó a México para actuar en diversas plazas de nuestra geografía, entre las que se cuentan las de Mérida, San Luis Río Colorado y muy señaladamente la de Aguascalientes, en donde el 16 de agosto de ese calendario, escribió, junto con los hijos de Calesero y de El Rey del Temple, una de las páginas brillantes de la historia de la Plaza de Toros San Marcos, pronta a celebrar su 130 aniversario.

Para el calendario de 1965, Manolo Espinosa marchó a España, donde, apoderado por José Ignacio Sánchez Mejías, realizaría una campaña novilleril que le permitiera recibir la alternativa en ese mismo calendario. Su presencia en aquellas plazas no iba a estar exenta de las remembranzas. En el número de El Ruedo fechado el 23 de febrero de ese 1965, un joven Vicente Zabala Portolés le realizó una extensa entrevista, cuya entrada es la siguiente:

Tiempos gloriosos para la historia del toreo. Transcurren los años finales del veinte, entrando casi en el treinta. Los españoles viven una época brillante de la fiesta de los toros, en que anduvieron en competencia más de una docena de figuras. Allí estaba el poderío de Ortega, la alegría de Manolo Bienvenida, la difícil facilidad de Marcial, el capote de Curro Puya. Y los mejicanos: Garza, El Soldado, Chucho Solórzano, Ortiz, ¡Armillita! Hemos dicho Armillita, «el Joselito mejicano», como le llamaban los de su época. Torero largo, dominador, fácil, completo. Los españoles recuerdan a Fermín Espinosa. Los mejicanos le añoran. Es parecido. Pero no es igual. Los aztecas dirán: «Si hubiera ahora mismo un Armillita...» Y lo van a tener. El hijo de Fermín está en España. Viene a hacer su temporada española. Se trata de un muchacho correcto, con aspecto de hombre todavía en el preuniversitario, aunque ya sea todo un arquitecto...

De ese inicio se advierte una cuestión, que, en la generación torera de Manolo Espinosa, también venían empujando varios hijos de figuras del toreo de las edades de oro y de plata de México y España, lo que prometía, al menos en los nombres, una renovación con nombres de otras épocas. 

El anuncio de su presentación

La temporada en Barcelona había iniciado el domingo 21 de febrero de ese año, y el miércoles 24 siguiente, falleció don Pedro Balañá Espinós, propietario de las plazas de toros de Barcelona y empresario de ellas, en especial de la Monumental. Por sus exequias y el luto que se le guardó, el desarrollo de la temporada se interrumpió y se programó su reanudación para el domingo 14 de marzo siguiente, con una novillada en la que se lidiaría un encierro de don Carlos Urquijo de Federico para el malagueño Andrés Jiménez El Monaguillo, el salmantino Paco Pallarés y el debutante mexicano Manolo Espinosa Armillita, quien era uno de los atractivos del cartel, según se puede deducir de esta gacetilla aparecida en el diario barcelonés El Noticiero Universal de la víspera del festejo:

Grandes atractivos ofrece la novillada que se celebrará mañana en la Monumental y en la que hará su presentación el novillero mejicano, Manuel Espinosa “Armillita”, hijo de que fue famoso matador de toros, Fermín Espinosa... Completan el cartel, otros dos novilleros, sobradamente conocidos del público barcelonés, como son “El Monaguillo” y Paco Pallarés... Se lidiarán reses de la acreditada ganadería de don Carlos Urquijo de Federico y esta extraordinaria novillada comenzará a las cinco menos cuarto en punto de la tarde.

Tanto El Monaguillo, que se presentaba en el ciclo, como Paco Pallarés, que reaparecía después de su éxito en el festejo inaugural, fueron de los que encabezaron el escalafón novilleril el calendario anterior y eran buenos conocidos de la afición de Barcelona, pero la novedad, el atractivo reclamo para llevar a la gente a la plaza, era precisamente el hijo de Armillita, un torero que en su día, escribió allí importantes páginas de su historia personal y también de las de la del coso.

La segunda novillada de 1965 en Barcelona

El festejo tuvo algunos matices singulares, porque se reflejó en su celebración la desaparición de quien por alrededor de cuatro décadas había sido el responsable de organizar las cosas en esa plaza. Escribió Rafael Manzano en su crónica de la Hoja del Lunes de Barcelona, aparecida al día siguiente del festejo:

Ayer, el despejo, al reemprenderse la temporada taurina barcelonesa, tuvo una honda emoción. Salieron las cuadrillas descubiertas y con un lazo negro, en recuerdo del inolvidable empresario don Pedro Balañá Espinós. Cuando, los bien repletos graderíos le consagraban un minuto de silencio, yo pensaba en muchas cosas. Por ejemplo, que don Pedro Balañá había iniciado su carrera de empresario taurino el 13 de febrero de 1927, con reses de la divisa de Murube; su hijo la continuaba el domingo con un encierro de don Carlos Urquijo de Federico, es decir, también de Murube. En el ruedo, espigado y moreno, vestido de verde botella y oro viejo, estaba Manuel Espinosa Acuña, hijo de «Armillita chico», que pisaba por vez primera un ruedo en España. También su padre salió por vez primera a un coso español en la Monumental de Barcelona, el 25 de mayo de 1928. He aquí que, en la familia taurina se suceden «constantes históricas» y eso tan difícil que se llama «continuidad de las generaciones»...

Pareciera que nada nuevo hay bajo el sol, pero la realidad es que todo en esta fiesta se renueva, los hombres, los toros y las aficiones. También la forma de apreciar lo que en los ruedos sucede. Por eso la fiesta ha subsistido, y seguirá subsistiendo.

La labor de Manolo Espinosa

La tarde de Manolo Armillita no resultó en un triunfo resonante. Se mostró, sí, como un torero enterado y con oficio. En primer lugar, cito lo que escribió acerca de su labor Fernando Gudiel Fillat, firmando como FEGUFI en el Diario de Barcelona del 16 de marzo de ese 1965:

Este joven novillero mejicano ha llegado a España no muy cuajado y aunque dejó vislumbrar buenas maneras, como no está acostumbrado a lidiar ganado español, con más casta y temperamento que el de su país, no obtuvo el señalado triunfo que de él esperábamos... No estuvo el muchacho mal, ni muchísimo menos. Torea de capa y muleta con buen temple y cuando se aclimate al genio, bravura y casta de nuestros novillos lucirá más su buen arte... Al sexto lo fijó con unos lances buenos e hizo un magnífico quite por gaoneras. Rafaelillo y Pablo Celis le prendieron dos formidables pares de banderillas, que se ovacionaron en grande y muy merecidamente... Brindó Armillita a su apoderado, don José Ignacio Sánchez Mejías y empezó a torear por naturales de muy buen son, sufriendo una aparatosa cogida de la que salió indemne por milagro. Acabó con el bicho de una estocada atravesada y un descabello al tercer intento... Se le despidió con palmas...

Regreso a la crónica de Rafael Manzano ya citada, quien, en la parte conducente, expresó:

Ayer, Manuel Espinosa, no sólo tuvo que luchar con las reses de Urquijo, encastadas y menos «dulces» que las hispanoamericanas, sino con algo más fuerte: con el recuerdo. Se pensaba en su padre, cuando recibió a su primero con dos valerosos faroles de hinojos. El muchacho ha salido con dignidad de la prueba; es muy duro luchar contra el fantasma de la nostalgia... A su primero, le hizo una faena muleteril con sabor, tirando muy bien de la res, ahondando cada pase, templando la embestida de su enemigo. Se le aplaudió y sonó la charanga. Aun se alegró con pases de costadillo y afarolados. Mató de media, sin cuadrar a su enemigo, con una salida indiscreta y acertó al tercer golpe de verduguillo. Se le aplaudió. Llevando el alias de «Armillita» debería practicar más con las banderillas. Por aquello del recuerdo...

Y concluyo la revista de medios con lo que publicó quien firmó como A.E. en El Noticiero Universal, al día siguiente de la novillada:

Al debutante Manuel Espinosa «Armillita» se le vio poco puesto aún, pero demostró innegable voluntad… Saludó a su primer bicho con dos faroles de rodillas poco logrados. El bicho derribó en la primera vara y llegaría al último tercio con franca, ideal embestida. Y «Armillita», que había prendido dos pares de banderillas vulgares, muleteó en redondo y al natural sólo discretamente, adornándose en unas trincherillas y un pase afarolado. Después de un buen pinchazo recetó una estocada atravesada, para descabellar al tercer golpe. Escuchó palmas. Lo mejor de su actuación fue el quite por gaoneras al sexto de la corrida, en las que el «manito» se apretó lo suyo. El bicho tomó una pica empujando mucho y se cambió el tercio a petición del mejicano. En el segundo sentaron cátedra los banderilleros Pablo de Celis y «Rafaelillo» que tuvieron que corresponder, montera en mano, a la gran ovación del concurso. «Armillita» inició su faena con unos naturales discretos. Poco después fue alcanzado por el novillo, sin más consecuencias que un rasgón en la taleguilla. El resto del trasteo careció de color y se remató de una estocada atravesada y descabello al segundo golpe...

Como pueden ustedes leer, hay opiniones para todos los gustos. En lo particular, me quedo con dos cuestiones: en el hecho de que por la fecha en la que llegó Armillita a Madrid y la de su presentación en Barcelona, poco tiempo tuvo para prepararse en el campo y también, que el tener un apellido ilustre es una exigencia añadida en cualquier profesión.

Para la estadística: el amigo José Luis Cantos Torres, en su exhaustivo estudio sobre la plaza Monumental de Barcelona nos deja saber que los nombres de los novillos que enfrentó Manolo Espinosa en su presentación por su orden fueron Altisol, de 376 kilos de peso y Saltarín, de 382 kilos en la romana.

El resto del festejo

El Monaguillo salió triunfador de la tarde, pues terminó cortándole una oreja al cuarto de la tarde, nombrado Sozaleño, al que se le dio la vuelta al ruedo y Paco Pallarés se vio imposibilitado de refrendar el éxito obtenido en su presentación, por sus reiterados fallos con el estoque.

La campaña de Manolo Armillita

La temporada novilleril de 1965 en España llevaba en sus carteles nombres que después tuvieron el carácter de ilustres: José Fuentes, Palomo Linares o Paquirri eran de los que encabezaban el escalafón, junto con otros toreros que destacaron como Gregorio Tébar El Inclusero o José Manuel Inchausti Tinín. Entre esos nombres, Manolo Espinosa torearía 20 festejos entre España y Francia y sería de los nuestros el que más sumaría, seguido de Finito, Jesús Solórzano, El Silverio, Mario de la Borbolla y Juan de Dios Salazar, que fueron los mexicanos que actuaron por aquellas plazas.

Cerró su temporada en Toulouse, el 3 de octubre de ese 1965, para regresar de inmediato a México, donde recibiría la alternativa el 20 de noviembre siguiente en San Luis Potosí, de manos de Joselito Huerta y con el testimonio de Raúl García.

Se despidió de los ruedos el 23 de febrero de 1992 en la Plaza México

domingo, 21 de diciembre de 2025

Dalí en los toros

Cortesía: Joaquín Albaicín
A finales de 1960, al hacerse público que Salvador Dalí y su esposa Gala habían llegado a un acuerdo con el Museo del Prado para que todas sus pinturas, dibujos y otras creaciones artísticas pasaran al Museo del Prado después de su muerte, Ramón Guardiola, el alcalde de Figueras se entrevistó con el pintor para hacerle ver que dada la trascendencia de su persona y de su obra, Figueras debería tener un sitio en dedicado a representar y exhibir la obra de Dalí.

Fue el propio Dalí el que propuso que se rehabilitaran las ruinas de lo que fuera el Teatro Principal o Municipal de la ciudad, casi destruido en las postrimerías de la Guerra Civil, inspirado en lo que se realizó con la Sala de las Cariátides del Palacio Real de Milán, donde unos años antes había expuesto obra y que había sido rescatada de los efectos causados por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Figueras homenajea a Dalí

El 12 de agosto de 1961 se organizó un homenaje a Salvador Dalí en Figueras, su ciudad natal, con un extenso programa de actividades. Recorrido por las calles, corrida de toros, desfile de cabezudos, visita a las ruinas del teatro que se reconstruiría para instalar allí el museo, la entrega de la Hoja de Higuera de Plata y una cena de gala.

La corrida de toros

La decimonónica plaza de toros de Figueras, en esos días todavía de propiedad privada, se engalanó con un cartel formado por Curro Girón, Fermín Murillo y Paco Camino, quienes enfrentarían un encierro de Molero Hermanos, de Valladolid. Aunque la tarde fue ventosa, los toreros pudieron tener actuaciones destacadas. Relató el corresponsal de El Ruedo, en el número fechado el 17 de agosto siguiente:

En Figueras, la bella ciudad del Ampurdán, se celebró una corrida en homenaje del genio pictórico de Salvador Dalí, que hizo de las suyas a lo largo de la corrida y al término de la misma... Curro Girón realizó en su primero una faena valerosa y porfiona, para despacharlo de una gran estocada. Al cuarto le toreó de forma superior a la verónica, le banderilleó entre ovaciones y le cuajó una excelente faena que mereció los honores de la música y le valió dos orejas y rabo… Fermín Murillo tuvo el lote menos apto para el lucimiento. En ambos peleó contra el viento y el pésimo estilo de sus enemigos, a los que realizó dos valerosas y expuestas faenas, que fueron premiadas con música y grandes ovaciones. Pero la espada no estuvo certera y lo que pudo ser triunfo de orejas quedó en ovaciones… Paco Camino dejó la impronta de su arte en unos lances maravillosos. Con la muleta, dos grandiosas faenas, en las que la mano izquierda entró en funciones con un toreo al natural que entusiasmó a propios y extraños. Mató a su primero dé estocada y hubo premio de dos orejas y rabo, y al sexto, de estocada y descabello, pero como quiera que el puntillero le levantase en tres ocasiones el toro, todo quedó en vuelta triunfal...

En varias publicaciones se refiere que, a petición de Dalí, se pretendía que los despojos del último toro de la tarde fueran levantados por un helicóptero y depositados en el mar o en los picos de Montserrat. Refiere el redactor de El Ruedo:

Muchas, veces Dalí – que se hace el quite de la pintura buscando por medios pintorescos las páginas gráficas de los semanarios – ha sido atraído por la fiesta de les toros. Aún recordamos aquella corrida proyectada para ser celebrada en Lima, a cuyo final un autogiro izaría el cadáver de un toro sobre el pico más alto de los ingentes Andes. La versión andina cedió paso a la versión mediterránea - ninguna de las cuales vio la luz - y los Andes fueron sustituidos en el proyecto por los picos de Montserrat...

Al final de cuentas, el helicóptero, que debió llegar desde una población francesa cercana, no llegó y el fin de fiesta sugerido y previsto por el pintor no se pudo producir, pero hubo un final adecuado a su personalidad, el estallido de un toro esculpido en yeso, por los artistas belgas Niki y Saint Phalle y Jean Timbuyill, mismo que estuvo a punto de causar un desaguisado, pues las chispas de uno de los cohetones casi le queman la cara. Relata el corresponsal de la Hoja del Lunes de Barcelona:

El primer cohete de la traca fue a dar, precisamente, en el ojo izquierdo de Dalí, que no se había movido de su sitial en la presidencia... A la salida de la plaza, abriéndose paso entre la muchedumbre, compuesta de turistas extranjeros en su mayor parte, una vistosa comitiva recorrió las calles de Figueras....

Y por su parte, refiere el corresponsal del diario madrileño Pueblo:

Esto no fue obstáculo para que, durante la desintegración del toro de yeso, lleno de cohetes, bengalas, fuego y una paloma viva que emprendió el vuelo ante el entusiasmo de los asistentes, Salvador se cubriera la cabeza con un gran pan de los denominados de “pages” para protegerse de los petardos y recibir, de paso, una gran ovación del público...

Fragmentos de una entrevista

Juan R. Vila, de la Hoja del Lunes de Barcelona, tuvo la oportunidad de entrevistar a Salvador Dalí ese día. Y le dio algunas respuestas muy interesantes:

- ¿Qué significado tenía el «toro sorpresa», sacrificado al final de la corrida daliniana?

- El alquitrán, que lanzaba a chorros, significa lo que de momento es blando y luego se endurece. Esto es la vida misma, que es así.

- ¿Y el fuego?

- El fuego que el toro despedía expresa el vigor, y da el tono de rito sagrado a lo que es la corrida de toros.

- ¿Sigue con la tauromaquia?

- Continúo haciendo bocetos sobre ella. Siempre me renuevo. Ahora pienso renovar mi forma de pintar. Yo siempre estoy en renovación.

- ¿Entonces, lo que ha hecho y hace, no es definitivo?

- Definitiva en sí es la idea; la expresión es variable. Como soy un genio, seis veces por minuto se me ocurre una genialidad...

Esas pocas respuestas pintan de cuerpo entero a Dalí.

Las corridas de homenaje

En varios de los textos periodísticos que he podido consultar se hace referencia al festejo como corrida daliniana, pero lo fue por el personaje en cuyo honor se celebró, porque al final de cuentas, como lo señala el redactor de El Ruedo, fue una corrida seria y al uso, es decir, no hubo ni vestidos de torear estilizados especialmente al efecto, ni intervenciones absurdas en la plaza para darle más efecto al evento. En suma, no se trató de una de las hoy en día tan traídas y llevadas corridas temáticas que tanto abundan y que tan poco aportan.

Por otra parte, aunque en su día y con vista hacia la taquilla, la confección del cartel puede considerarse como redonda, a veces ese tipo de festejos debieran formarse en función de la idiosincrasia del homenajeado, que será quien llevará a la afición a los tendidos. Escribe Joaquín Albaicín:

...creo que lo suyo habría sido confeccionar los carteles con espadas gitanos y mexicanos, que – con excepción de “El Platanito” y “El Cordobés” – han sido los únicos toreros destiladores de un arte afecto al surrealismo. Haber, sí, traído como fuese desde su retiro en Texcoco a Silverio, o al Procuna aún en activo, o hacer reaparecer para la ocasión a un “Rafael Albaicín” entonces a caballo por los “spaghetti – westerns” de Almería o a un “Gitanillo de Triana” al frente de su tablao madrileño. Y llamar a Yul Brynner para pedir la llave de la plaza… Y “Manitas de Plata” tremoleando desde un palco. Pero no se hizo...

Es decir, los toreros que rinden el homenaje, deben ser coincidentes con el ser y con la personalidad del homenajeado – vamos, de la misma cuerda –, de modo tal que éste sea más profundo y más sentido por todos.

Aviso Parroquial: Agradezco a Joaquín Albaicín el haberme puesto sobre la pista de este asunto y de la imagen que ilustra estos pergeños.

domingo, 21 de septiembre de 2025

20 de septiembre de 1953: Luis Solano recibe la alternativa en Barcelona

Enrique Martín Arranz, cuando participó en la dirección de la Escuela Taurina de Madrid hizo poner en uno de los muros más visibles de ese lugar un cartel con la leyenda: Ser torero es difícil; figura del toreo, casi un milagro. Esa expresión es el reflejo de la historia de muchos que aspiraron a ser toreros en su día y quizás sea el caso de Luis Solano, el torero que me ocupa el día de hoy.

Iniciar una carrera en los ruedos cuando surgen fenómenos que acaparan el interés de la afición, y evitan que las posibilidades de quienes avanzan a un paso diferente o les falta el carisma para atraer la atención de las masas que están absortas por el hacer de unos cuantos delante de los toros. Así parece haberle sucedido a Luis Solano, quien llega a la Plaza México en la temporada novilleril de 1946, aquella en la que surgen con fuerza tres novilleros que marcarían el inicio del cambio del rumbo de la fiesta en México: Pepe Luis Vázquez, Fernando López El Torero de Canela y José Rodríguez Joselillo.

Le tocaría acompañarlos todavía al calendario siguiente, y aunque solamente el primero de los nombrados llegaría a ejercer con extensión como matador de toros, porque al Torero de Canela y a Joselillo las astas de los toros los frenaron en seco, el torero de Jalisco sería testigo de la irrupción en los redondeles de la siguiente etapa de fenómenos cuando el 9 de noviembre de 1947, un entonces oscuro sobresaliente, llamado Manuel Capetillo, se lleva la tarde en un mano a mano que Luis Solano toreaba en El Progreso con Fernando López y al domingo siguiente, en el mismo coso del Hospicio, el propio Capetillo volvería a triunfar delante de Solano y de Santiago Vega.

Faltaban unos meses para que aparecieran en el firmamento Rafael Rodríguez y Jesús Córdoba, quienes, unidos con Capetillo y Paco Ortiz, formaron la etapa de los Tres Mosqueteros del toreo mexicano, en una temporada novilleril, la de 1948, recordada como la más exitosa y fructífera que haya conocido la Plaza México en su historia. Después llegaron otros hombres con aire de novedad como El Ranchero Aguilar, Alfredo Leal, Juan Silveti o Humberto Moro, que comenzaron a dejar sin oportunidades a Solano, a pesar de que, como le viera don Paco Madrazo, tuviera buen corte y estupendas maneras de torero.

Eso le lleva a recibir una alternativa en León, Guanajuato, el 21 de enero de 1951, de manos de Luis Castro El Soldado, llevando como testigo a Luis Briones, con toros de Atenco, festejo en el que estuvo apenas discreto. 

La alternativa española de 1953

Con esos mimbres, Luis Solano marcha a España en 1953 para intentar, supongo, confirmar su alternativa de dos años antes. En los escalafones de ese año y del anterior, no tiene actuación alguna registrada en plazas europeas, de allí mi suposición, y la transmito, porque en una de las crónicas que encontré del festejo que hoy me ocupa, Ventura Bagués Don Ventura, en esos días cronista de El Ruedo y de la Hoja del Lunes de Barcelona, donde hace esta temeraria afirmación:

Vistió por primera vez el traje de luces en Ciudad Juárez; hizo su presentación en la capital de su país en 1946, y tomó una alternativa, de manos del «Soldado» en León de los Aldamas el 21 de enero de 1951... Por ser inválida tal alternativa en los ruedos españoles, hubo de aceptar la que ayer le confirió Cayetano Ordóñez...

El famoso cronista e historiador se muestra renuente a aceptar y reconocer un hecho - hoy en día todavía los hay - que ya estaba superado. La cláusula tercera del convenio firmado en febrero de 1951 para reanudar las relaciones taurinas España – México estableció: Las clasificaciones hechas en México y en España de los matadores de toros se respetarán mutuamente por las Asociaciones de Toreros de ambos países. Así entonces, eran válidas las alternativas reconocidas por la entonces Unión Mexicana de Matadores de Toros y Novillos, por ser la facultada para registrar y clasificar a los matadores de toros mexicanos, mismos que, eran aquellos que habían recibido la alternativa en cualquier lugar de la República Mexicana o del extranjero.

En esas condiciones, la alternativa de Curro Ortega, del 10 de diciembre de 1950 en Acapulco, fue reconocida en España cuando se presentó allá el 14 de septiembre de 1952, precisamente en Barcelona, como testigo de la alternativa que Julio Aparicio le dio a otro torero mexicano: Rafael García. Y a este caso, se suman otros, como los de Guillermo Carvajal, Carmelo Torres o Manuel Jiménez Chicuelín. Consecuentemente, nada nuevo había bajo el sol, solamente el deseo de incordiar. Luis Solano no iba a recibir una alternativa allá porque la suya no valiera, sino porque la renunciaba, cosa muy distinta.

Luis Solano, 29 de junio de 1947, Plaza México
Foto: El Ruedo

La corrida del 20 de septiembre de 1953

La empresa Balañá anunció un cartel compuesto con un encierro de don Lisardo Sánchez, de Salamanca, que enfrentarían Cayetano Ordóñez hijo, Anselmo Liceaga y Luis Solano, quien recibiría la alternativa. Al final de cuentas, dos de los toros de la ganadería anunciada serían rechazados en el reconocimiento y serían sustituidos por otros de don José Matías Bernardos, también salmantinos, que saldrían en primero y tercer lugar.

La realidad es que esta tarde no es la que Luis Solano hubiera soñado. Lo que las crónicas relatan hacen que afirmar que salió del paso sea exagerado. Cuenta quien firmó como FEGUFI para el Diario de Barcelona fechado el 22 de septiembre siguiente, cuenta:

Como prólogo de las corridas de la Merced, lidiárónse el domingo en la Monumental, cuatro toros de don Lisardo Sánchez, de Bótoa, y dos, primero y tercero, de don José Matías Bernardos, de Salamanca. Se las entendieron con tales astados, de muchas arrobas y desarrolladas defensas, tres pundonorosos muchachos que a nada fruncen el ceño, se atreven con todo lo que vomita el portón de los chiqueros, y han de conformarse con su sino adverso, tan y mientras no puedan imponerse y exigir el torito cómodo y facilón. Apechugaron con el corridón Cayetano Ordóñez, primogénito del “Niño de la Palma”, Anselmo Liceaga y Luis Solano, diestro mejicano que se nos dio a conocer tomando la alternativa con la sana intención, sin duda, de regresar a su Patria convertido en todo un matador de toros... Mas como el hábito no hace al monje y, con o sin doctorado no es por hoy Luis Solano más que un novillero adocenado, poco provecho ha de reportarle allá y acá, su flamante alternativa si no se suelta y aprende lo que ignora, que no es grano de anís ni mucho menos...

El juicio es duro, pero es el más amable de los que encontré. Lo que sí refleja, es el desconocimiento total del escriba acerca de quien se doctoraba en la Monumental esa tarde.

Por su parte, Rafael López Chacón, en La Prensa, del día siguiente al de la corrida, hace las siguientes reflexiones:

En el toro de la cesión de trastos – “Limpiador”, negro, bragado, número 92 – el toricantano Luis Solano estuvo voluntarioso, aunque sabido es que la voluntad no basta y, a veces, el buen deseo encubre – descubre – inexperiencia, y algo que es peor, desconocimiento. Que es lo que “distinguió” esta... aventura de recibir la alternativa del neófito mejicano – neófito por partida doble –, puesto que no está en sazón para la investidura de matador de toros, ni basta alardear de valentía cuando la ignorancia es patente. Lástima que se preparen tan solemnes formalidades para su descrédito. No insinuó Solano en qué parar la atención para considerarle merecedor del doctorado en España. Si allá, en Méjico, lo alcanzaba, no sabríamos decir cómo, cuándo y por qué resulta desatino tomar alegre y frívolamente la alternativa en una plaza de primera categoría, como la Monumental de Barcelona. En fin, Solano habría hecho muy bien quedándose en un modesto lugar del escalafón de novilleros de su país...

También exhibe su desconocimiento del doctorante de esa tarde, pero he de decir en abono de ambos cronistas, que les asiste la razón en el sentido de que las corridas bien servidas salen al ruedo fuera de las fechas de relumbrón, cuando los toreros que encabezan el escalafón no pasan por las plazas en las que se lidian.

El triunfador de la tarde

Curiosamente, el triunfador de la tarde fue un banderillero de la cuadrilla de Luis Solano, el segundo de su cuadrilla, Joaquín Piquer, quien fue fuertemente ovacionado, escuchó música y saludó desde el tercio tras parear al descarado sexto de la corrida. Escribe el citado López Chacón:

No concluyo este amago de comentario sin señalar la atronadora ovación que el público hizo a Piquer al banderillear magistralmente al último. Baste decir que con anuencia del matador tuvo que destocarse y saludar montera en mano. En tanto, la charanga dejábase oír apenas en medio de las aclamaciones al formidable peón y genial banderillero...

Agregaría nada más que Cayetano Ordóñez estuvo lucido con su primero y aseado con el cuarto y que Anselmo Liceaga pasó de puntitas.

El devenir de Luis Solano

Luis Solano toreó su última tarde vestido de luces en Arcelia, Guerrero, el año de 1961. Fue un festejo mixto en el que alternó con el novillero Luis Espinosa. Esa tarde se lidiaron cuatro toros anunciados a su nombre.

En la obra de Heriberto Lanfranchi titulada Historia del Toro de Lidia Mexicano, se recoge que en 1985 adquirió parte de la ganadería de Acapangueo, misma que a su vez, fue la antigua michoacana de Cerro Prieto, de don Benjamín Mendoza.

En ese mismo año de 1985, Luis Solano adquiere los derechos del hierro y divisa que fuera de don Rafael Obregón Urtaza, cambiando el hierro y anunciando a su nombre, siendo dado de baja por la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia (ANCTL) en el año 2010.

Luis Solano falleció el 23 de noviembre de 1987.

domingo, 3 de agosto de 2025

3 de agosto de 1975: Marcos Ortega recibe la alternativa en Barcelona

Marcos Ortega nació en Morelia, Michoacán y se crio en la Ciudad de México, en la colonia La Joya, y de este último sitio se asentaba su origen en los programas de la gran plaza, en la que se presentó el 21 de mayo de 1972, cortando una oreja al sexto de la corrida, que tuvo que matar por herida de su alternante Joselito Herrera, llamado Presidente, de Santa Rosa de Lima. Ese ciclo del 72, actuaría en siete festejos más y pasaría el invierno en Sudamérica, actuando principalmente en plazas de Venezuela.

Al siguiente calendario volvería a la Plaza México, para presentarse en cinco festejos más cortando una oreja el día de su presentación, a Bicicleto de Santa Marta y teniendo resultados discretos el resto de sus participaciones.

Es en esas fechas que el apoderado español Rafael González Chabola, a quien seguramente conoció en la temporada que realizó al Sur del Ecuador, lo invita a ir a España y a intentar torear novilladas allá para recibir posteriormente la alternativa. Marcos Ortega hace suya la idea y no se le verá por nuestros ruedos sino hasta cerca del final del año de 1975.

Marcos Ortega en España 1974 – 75

Chabola le encuentra a su nuevo poderdante mexicano actividad casi desde el inicio del año. En esos días, en Arnedo, La Rioja, el Festival del Zapato de Oro, organizado por el Club Taurino Arnedano era un festejo informal que tenía finalidades de beneficencia. Para 1974, se programó en horario matinal con los rejoneadores Álvaro Domecq Romero y Manuel Vidrié, el matador de toros Andrés Hernando y Marcos Ortega como novillero, con cuatro novillos de Torrestrella. Los entonces presidente y secretario de dicho Club Taurino Arnedano, Santiago Gutiérrez Milla y Marino Gil de Muro, explicaban al redactor de la revista madrileña El Ruedo, en marzo de 1974, al anunciar el festival, lo siguiente:

El trofeo «Zapato de Oro», que tiene un gran valor intrínseco... está patrocinado por la prestigiosa industria zapatera de la importante ciudad riojana... Queremos que ese día sea de auténtica fiesta para Arnedo. La solemnidad se iniciará con una misa matinal celebrada en el ruedo de la plaza, seguida de un festival, cuyos beneficios, si los hay, se destinarán a la lucha contra el cáncer... También gestionamos que los actos sean presididos por una alta personalidad riojana...

El festival fue triunfal para todos los actuantes, pues Álvaro DomecqAndrés Hernando y Marcos Ortega se alzaron con dos orejas cada uno, en tanto que Manuel Vidrié cortó las dos orejas y el rabo del novillo que le tocó en suerte.

Para el siguiente calendario, ese festival se convertiría en una de las ferias de novilladas más importantes del llamado planeta de los toros, vigente hasta la fecha.

Ese triunfo le abriría a Marcos Ortega las puertas de plazas como Jumilla, Logroño, Vitoria, Calasparra, Algemesí o Azpeitia en España y las francesas de Born de Parentis, Ceret, Saint Cyprien, Saint Sever y Aire sur Adour, sumando en ese calendario 31 novilladas cortando 58 orejas, 9 rabos, y sumando 14 salidas en hombros.

El año siguiente lo planteó para acercarse a Madrid y se anunció en varias ocasiones en San Sebastián de los Reyes, logrando llamar la atención de los veedores de la casa Balañá, quienes lo llevaron a Barcelona, donde toreó seis tardes, cuatro novilladas y dos corridas mixtas. De las novilladas, en tres formó cartel con el salmantino Pepín Peña y el alicantino Luis Francisco Esplá. También se presentó en la plaza mallorquina de Inca y en el coliseo francés de Arles. Cerró su etapa de novillero ese año con 18 festejos toreados. 

En este punto creo importante resaltar que en las plazas de Balañá, a partir de su tercera actuación, la del 1º de junio, se le colocó un remoquete que tres décadas antes Ricardo García K - Hito había acuñado para describir el arrollador paso de Carlos Arruza por los ruedos hispanos. Así entonces, los publicistas de Barcelona, Palma y otras plazas anunciaban a Marcos Ortega como El ciclón mexicano.

El anuncio de la alternativa

La empresa de don Pedro Balañá Espinos le ofreció la alternativa a Marcos Ortega y con ella, cinco corridas de toros adicionales, cuatro en Barcelona y otra en Palma de Mallorca. Se planteó inicialmente que ese festejo se diera a finales de julio, pero algunos ajustes de calendario motivaron un cambio de fecha, según se hizo saber en el semanario El Ruedo fechado el día 22 de julio de 1975:

Debido a un ajuste de última hora en los carteles de la Ciudad Condal, la alternativa del mejicano Marcos Ortega, prevista en un principio para el 31 de julio, tendrá lugar el domingo 3 de agosto. Será padrino de la ceremonia el madrileño Ángel Teruel, y testigo el diestro albaceteño Dámaso González. Queda pendiente tan solo la divisa de los toros a lidiar ese día en la Monumental de Barcelona...

Así pues, quedó ya firme la fecha del doctorado del torero mexicano, estando solamente pendiente la procedencia del ganado que completaría el cartel.+

La tarde de la alternativa, tarde de efemérides

Arreglado ya el cartel de toreros y definida la fecha, se definió que los toros serían de Juan Mari Pérez Tabernero, de Salamanca - actual Montalvo - los que enfrentaría la terna ese domingo de hace 50 años. La actuación de Marcos Ortega esa tarde tuvo diversos matices, cortando la oreja al segundo de su lote. La crónica de Rafael Manzano, en la Hoja del Lunes aparecida al día siguiente del festejo, refiere:

...Recibió los trastos de mano de Ángel Teruel... Inició su faena con un pase sentado en el estribo. A nuestro juicio equivocó su trabajo, ya que se empeñó en realizar una labor vibrante y cálida con un toro que se había desinflado en las varas y aparecía derrengado de los cuartos traseros. Mató mal, alargando el brazo, de tres pinchazos y una honda. Se le aplaudió con afecto. Digamos para la historia que el toro de la alternativa se llamaba «Calamar» y que el maestro vestía de azul y oro... Al que cerró plaza, Marcos Ortega lo veroniqueó con arte. Y se llevó al bicho al castigo por chicuelinas corraleras. Llegó la res con cierto son al último tercio. El azteca comenzó su faena con tres pases, ambas rodillas en la arena. Y siguió sobre la mano derecha con un toreo vistoso, aunque falto de temple. Entró a herir en su rectitud, agarrando una gran estocada que fulminó a su enemigo. Flamearon los pañuelos y le concedieron una oreja. Marcos Ortega banderilleó a sus dos toros, con su acostumbrada brillantez y eficacia...

Como dato adicional, agregaré que Manzano abre su relato recordando que el festejo se celebró en el 483 aniversario del inicio de la primera expedición de Cristóbal Colón.

Otra versión de los hechos es la signada por Juan de Salamanca en el Diario de Barcelona fechado el 5 de agosto siguiente:

Teruel, como padrino y en presencia de González, entregó al mejicano los trastos de matar, – no sin su discursito de circunstancias –. «Calamar» llegó con escasa fuerza al último tercio, y «el ciclón mejicano» perdió intensidad y no precisamente por su culpa, si no por la de su enemigo. Y entre los deseos justificados de agradar con pases de distintas marcas, al son de la música – el pasodoble dedicado a Domingo Ortega – trató de rematar su labor, pero los dioses le negaron el éxito, ya que estuvo desafortunado con el estoque. Solamente y al retirarse al callejón escuchó palmas de cortesía. Más «el ciclón mejicano» resurgió levemente en el último de la tarde. Brindó la faena a su padre, desplazado desde Méjico para tan propicia ocasión, y con «Banquero» realizó un trasteo muy meritorio con derroche de valor y en algunos instantes con claros atisbos de arte. Al cobrar una buena estocada cortó la oreja. Ilusiones cumplidas en un día histórico para su carrera taurina...

De Salamanca hace mención al entradón que produjo el cartel anunciado y respecto de la fecha, refiere que, por ser día de lidia de toros, no debe olvidarse que es día de santa Lidia de Tiatira

Por su parte, Julio Ichaso, en La Vanguardia, es más pragmático, va directamente a los hechos ocurridos, sin hacer referencias históricas de tipo alguno a lo sucedido y refiere:

Primero, número 35, «Calamar». El mejicano se arrodilla para recibir al toro de su doctorado y sufre una tremenda colada. No se aflige y ya en pie torea con los pies juntos sacando Unos lucidos lances. Pone banderillas el mejicano y es aplaudido. Con la muleta apenas puede aprovechar la escasa fuerza de su enemigo, pero, con todo, la voluntad de Ortega permite al público que veamos buenas maneras y, sobre todo. valor y ganas de triunfo. Acaba en la cuarta entrada y es aplaudido... Sexto, número 53, «Banquero». Un precioso ejemplar al que Ortega saluda con garbosas verónicas. Con un picotazo hondo pide el mejicano el cambio y de nuevo vuelve a sonar la música en su trabajo muleteril iniciado de hinojos. Toree Ortega con lentitud y saca a relucir bastante temple en sus naturales que quizá carecen de remate. Sin embargo, el público reconoce la extraordinaria voluntad del novel doctor, lo ovacione. Y cuando acaba de una entera, solicita y obtiene de la presidencia una oreja como premio a este matador mejicano que va a actuar en tres ocasiones consecutivas a nuestra Monumental...

Así fue como vio la principal prensa barcelonesa a Marcos Ortega la tarde de su alternativa, en la que, cada uno de los escribas tuvo sus motivos para conmemorar determinadas efemérides o santificar las fiestas.

Lo que vendría enseguida 

La línea final que escribió el cronista de La Vanguardia habla de que actuaría en tres tardes consecutivas en la Monumental. Y es que casi al salir de la plaza, ya estaba anunciado para el siguiente jueves, para alternar con César Morales y Paco Alcalde en la lidia de toros del Conde de Mayalde y el domingo 10 de agosto, acartelado con el rejoneador Álvaro Domecq Romero, Rafael Torres y Paco Bautista, para lidiar toros de Salvador Guardiola.

Y es que efectivamente, don Pedro Balañá le cumplía lo ofrecido al firmarle la alternativa. Y todavía volvería allí el 31 de agosto con Paquirri y Pepín Peña. Seguiría después en Palma de Mallorca, Oviedo, Ayamonte, Gerona y Figueras.

Y seguramente el incombustible Chabola le buscaba acomodo en las ferias del final de calendario, como Zaragoza, Jaén y alguna otra de tronío, con la finalidad de traerlo de regreso a México con su cartel bien cimentado.

La suspensión del convenio

Para el último día de septiembre del 75, Marcos Ortega sumaba ya 10 corridas toreadas en ruedos hispanos y apuntaba a sumar varias fechas más. Pero en vísperas de esa fecha, acontecimientos políticos generados entre el gobierno de México y el de España, motivaron la suspensión prácticamente de todo contacto entre ambos países y por consecuencia, la fiesta no iba a ser excepción. Señala una nota aparecida en El Ruedo del 7 de octubre de ese año:

El Convenio Taurino Hispano – Mejicano ha sido suspendido de manera provisional, ante la actitud mostrada por el Gobierno mejicano hacia España, en relación con los últimos acontecimientos de la política española. Este acuerdo fue tomado el viernes día 3 por la Junta Nacional Sindical Taurina... La Junta Nacional Sindical Taurina... ha examinado la situación que los recientes acontecimientos y la actitud del presidente de Méjico hacia España han planteado hacia el Convenio Taurino Hispano - Mejicano y las actuaciones previstas de toreros mejicanos en plazas españolas y viceversa. Por unanimidad, se acordó suspender el Convenio con Méjico, hasta en tanto no se modifiquen las circunstancias actuales...

Así pues, la temporada que tenía todavía por delante un mes, terminó para los toreros nuestros que hacían campaña por aquellas tierras. Una información contigua señalaba que un par de días antes, Eloy Cavazos y Arturo Ruiz Loredo ya habían emprendido el viaje de regreso y que en los días siguientes lo harían Manolo Arruza, el personaje de estas líneas y el novillero José Alfredo Betancourt El Chaval.

Marcos Ortega reaparecería en la Plaza México el 28 de diciembre de ese mismo año 75 para confirmar su alternativa barcelonesa, de manos de Curro Rivera y atestiguando Manolo Arruza, cediéndosele el toro Silao de San Miguel de Mimiahuápam.

Un remate estadístico

Marcos Ortega es el décimo noveno torero mexicano que recibe la alternativa en una plaza de Barcelona; el decimosexto en la Plaza Monumental; y, el último en obtenerla allí al día de hoy. Agregaré que el último matador de toros mexicano en actuar en esa plaza, es Arturo Macías, quien se presentó allí el 15 de agosto de 2010 y el último novillero en hacerlo fue Sergio Flores, quien actuó en la Monumental el 19 de junio de 2011. 

Edito: En la misma fecha de esta entrada, a las 12:30 horas del tiempo del lugar de donde la publico, me avisa el amigo Guillermo Leal que el torero Marcos Ortega ha fallecido, justo medio siglo después de haber recibido la alternativa. Que encuentre el eterno descanso.

Aldeanos