domingo, 19 de abril de 2026

18 de abril de 1954: Alfredo Leal recibe la alternativa en Sevilla

Alfredo Leal había sido uno de los triunfadores de la temporada de novilladas de 1952 y eso le valió recibir la alternativa en la Plaza México en la temporada grande siguiente, el domingo 16 de diciembre de 1952. El cartel era inmejorable, pues le apadrinaría Carlos Arruza, en ese momento la principal figura mexicana y el cordobés José María Martorell, quien venía a darse a conocer a nuestra afición y que caló hondo en ella. 

La tarde no fue exitosa para el toricantano y por su parte, el padrino tuvo ocasión de escribir una de las páginas brillantes de su historia en los ruedos con el cuarto de la tarde, nombrado Bardobián por don Daniel Muñoz

Iniciado ya el año de 1953, Alfredo Leal marcha a España, pero no con la intención de confirmar allá su alternativa, sino de torear novilladas para recibir una nueva, con fuerza y reandar el camino en mejores condiciones. Así, se presenta en aquellos ruedos el 5 de junio en Barcelona y logra torear ocho novilladas, de las cuales tres fueron en la Ciudad Condal y otras tres en Madrid. Esa temporada le dejó las cosas preparadas para volver a ser investido matador de toros el calendario siguiente.

La temporada sevillana de 1954

El abono de Sevilla para 1954 comprendía la corrida del Domingo de Resurrección, que sería el 18 de abril, con la actuación del rejoneador Ángel Peralta, Cayetano Ordóñez Niño de la Palma hijo, Manolo Carmona y Alfredo Leal, quien recibiría la alternativa, con toros de Salvador Guardiola para rejones y Tomás Prieto de la Cal para la lidia ordinaria. La Feria de Abril, con cinco corridas de toros, los días 27, 28, 29 y 30 de abril y 1o de mayo y dos novilladas, los días 25 de abril y 2 de mayo. Alfredo Leal iba anunciado en la última de feria, con Rafael Ortega, Niño de la Palma y Dámaso Gómez, y los toros de Joaquín Buendía.

A propósito del llamado toro de Sevilla

Esta fiesta es de toros, y como tal, está condicionada por los que los ganaderos envían a las plazas. Se habla mucho acerca de que si determinadas plazas tienen o aceptan un determinado tipo de toro. El caso de Sevilla es paradigmático, pues el toro que es el ideal de allí, es una verdadera entelequia, indefinible, imposible de conocer y desde mi personal punto de vista, exageradamente acomodado a según quien lo vaya a enfrentar. 

Pues bien, ese Domingo de Resurrección de 1953, don Tomás Prieto de la Cal envió una corrida a Sevilla que en su día fue criticada y hoy seguramente sería anatemizada. Escribe Fernando López Grosso firmando como El Chico del Baratillo en la Hoja del Lunes sevillana del día siguiente al del festejo:

O toro viejo o toreo moderno. – Esta es la verdad cuando tres espadas de la época presente se enfrentan con una corrida del volumen y la edad de los bichos lidiados en la tarde de ayer. La mayor prueba la da el peso que en canal dieron en la romana y que fue así: Primero, 316.900; segundo, 329.800; tercero, 290.400; cuarto, 355,800; quinto, 369,800, y sexto, 338.000. Pudieron observar los aficionados que el toro de este volumen y edad no es el más apropiado para el toreo moderno, hoy del gusto de los más, y no es porque falte valentía en los muchachos, sino porque raras veces este toro sale adaptable para el toreo de hoy, siendo su sentido el principal obstáculo para que se dejen torear, de no ser ajustándose a la lidia de antaño, en la que predominaba la preparación para la muerte. Un primer toro quedado, soso y poco pronto, que, con el segundo, suave y superior a la muleta, fueron los más propios para torear mejor. Los demás, todos iguales, mansos, con fuerza, de peligro por sus arrancadas dudosas. Fue en conjunto, una corrida, peligrosa y difícil para los toreros, por su feo estilo, en los que se destacaron como peores el lote de Manolo Carmona. Poco satisfecho debe estar el señor Prieto de la Cal, que poco ha sabido sostener o reafirmar la procedencia de Sotomayor y Veragua... Y con una corrida así, cabe toda disculpa por cuanto no es poco despacharla con holgura y buenos deseos...

Se atribuye a Domingo Ortega el aforismo de: torear no es pegar pases. De lo que describe López Grosso, da la impresión de que los toros de Prieto de la Cal, tenían mucho para toreárseles, pero no al uso de aquellos días, por esa razón no hubo un resultado triunfal en la tarde.

La actuación de Alfredo Leal

Según a quien se lea, fue Curro Romero o Manolo Martínez el que afirmó que los apéndices son meros retazos de toro. Hoy se reconoce más una oreja ratonera o de paisanaje, que una valoración positiva de una actuación no galardonada por quienes tienen real o presuntivamente, conocimiento de estas cosas. 

Alfredo Leal tuvo una actuación solvente, adecuada a las condiciones de los toros que sacó en el sorteo y haciéndoles las cosas que era posible de acuerdo a sus condiciones. Escribió Gil Gómez Bajuelo, cronista del ABC de Sevilla, en su edición del martes 20 de abril siguiente:

El mejicano Alfredo Leal, a quien Cayetano Ordóñez dio la alternativa en cordial y emotiva ceremonia, cumplió su cometido muy honorablemente, venciendo no sólo las dificultades de sus enemigos, sino la responsabilidad de su presentación en España, en el mes de abril y en una plaza como la de la Maestranza sevillana, cuyo prestigio pone freno en los ánimos más enteros. Leal nos ofreció destellos de su capote en el primero, y muletazos altos, de sabor artístico, en su segundo, estando siempre sereno y sin perder la cara a sus enemigos, sin que los derrotes le hicieran descomponer la figura. Estuvo breve y bien con el estoque, matando al primero de media estocada y de una al segundo. Dejó una buena impresión y se espera con interés su reaparición, en circunstancias más propicias...

Esa buena actuación le valió a Leal el poder confirmar su alternativa al siguiente domingo en Madrid, llevando como padrino al mismo de su alternativa y como testigo a Jerónimo Pimentel, con toros de María Montalvo, cerrando esa temporada española con ocho corridas toreadas.

El devenir de Alfredo Leal

Durante las tres décadas siguientes Alfredo Leal sería un torero que participaría en las principales temporadas y ferias en ambos lados del Atlántico. La pureza de su trazo y la fidelidad a su manera de hacer el toreo, le mantuvieron en el interés de la afición mucho tiempo. En el caso particular de Sevilla siempre fue visto con gusto, tanto, que formó parte de carteles importantes como el mano a mano que toreó en agosto de 1968 con Curro Romero, en el que triunfó, aunque el palco de la autoridad le negara los apéndices, o en la feria de San Miguel de ese mismo año, fue parte del cartel de la despedida de los ruedos de Manolo Vázquez.

No por cualquier cosa, Alfredo Leal fue conocido al poco tiempo de esta alternativa como El Príncipe del Toreo, y es que fue, sin duda, una figura del toreo.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 12 de abril de 2026

Curro Vázquez: ¿el cierre de un círculo?

ABC, Madrid 11/10/1969
El pasado miércoles se anunció el otorgamiento, en Santander tras la convocatoria realizada por el Senado del Reino de España, la Fundación del Toro de Lidia, y las comunidades autónomas de Madrid, Andalucía, Extremadura, Cantabria, Murcia, Comunidad Valenciana, Aragón, Castilla y León, y Castilla - La Mancha y la ciudad autónoma de Melilla, del Premio Nacional de Tauromaquia al matador de toros linarense Curro Vázquez.

Refiere el acta del jurado que calificó la concesión del galardón, entre otras cuestiones, lo siguiente:

...la figura de Curro Vázquez se define por una vida entera de compromiso con la tauromaquia. Su dedicación constante, tanto en los ruedos como fuera de ellos, ha contribuido de manera decisiva a la preservación, defensa y difusión de este patrimonio cultural. Su legado no se limita a su carrera profesional, sino que se extiende a su papel como referente, formador e inspirador de nuevas generaciones...

Sin duda, su paso de ya cerca de seis décadas por el llamado planeta de los toros, le ha permitido hacerse un sitio y transmitir tanto en el ruedo como fuera de él, los valores artísticos y éticos que envuelve esta fiesta que es particular y tradicional de los pueblos hispanos.

12 de octubre de 1969

Para el entonces llamado Día de la Raza, se programó en la muy madrileña plaza de Vista Alegre de Carabanchel, una corrida de toros a beneficio de la Asociación Española de Lucha contra el Cáncer, que en esos días presidía la marquesa de Villaverde. El camino para llegar al anuncio del cartel definitivo fue tortuoso, según cuenta quien firmó como X.X en la crónica aparecida en el diario madrileño Arriba del 14 de octubre de ese 1969:

Mil vicisitudes pasó la corrida de la Lucha contra el Cáncer. El cartel inicial lo formaban Paco Camino y Diego Puerta, con deseos del de Camas de lidiar miuras, que, por lo visto, no fueron encontrados con la debida presentación zootécnica. Después, el percance que sufrió Paco Camino hizo que la organización fuera abajo y se comenzara de nuevo. Esta vez aparecía Curro Romero, que daría la alternativa a Curro Vázquez, con José Fuentes como testigo y toros de Patricio Cunhal...

Es importante hacer notar que todavía en los diarios del día de la corrida se anunciaba el cartel completo del festejo, que a la postre, se vería modificado, porque la corrida portuguesa de Cunhal sería rechazada en el reconocimiento, otra de Tassara tampoco pasaría ese fielato y al final de cuentas se aprobarían cinco toros salmantinos de Barcial y uno de Manuel Francisco Garzón. Ante tal situación, Curro Romero decidió caerse de la combinación, presentando un parte médico. Declaró lo siguiente a Manuel F. Moles, del diario Pueblo, salido al día siguiente de la corrida:

Yo me ofrecí para torear esa corrida completamente gratis; pero el ganado que me dijeron que se iba a lidiar no era el de Cobaleda. Cuando vi los toros me di cuenta de que no iban a embestir y mucho menos servirían para mi estilo de toreo. Si hubieran puesto tres de Cobaleda y tres de Cunhal o de Tassara, si me habría vestido de luces. Yo estoy retirado y me hace mucha ilusión reaparecer en Madrid, pero lo que no admito es un ganado sin garantías...

Curro Romero había terminado abruptamente su campaña en el mes de junio, después de haber sufrido una serie de traspiés en Sevilla, Ronda, Toledo y señaladamente en Palma de Mallorca, donde en solitario, dejó ir en solitario una buena corrida de Salvador Guardiola. Posteriormente anunció su retirada de los ruedos.

En esas condiciones y aprobados los toros de Arturo CobaledaBarcial – y Garzón, los organizadores decidieron dar el festejo en el que Curro Vázquez recibiría la alternativa de manos de su paisano José Fuentes, ambos apoderados por el inefable Rafael Sánchez El Pipo.

A las 5 de la tarde de ese 12 de octubre de hace 57 años, se abrió la puerta de cuadrillas para dar paso al toricantano Curro Vázquez, vestido de blanco y plata y a su padrino José Fuentes, quien llevaba un vestido obispo y oro. Salió esa tarde como sobresaliente el novillero gaditano Rafael Ruiz Paquiqui.

El primer toro de la tarde y que sería el de la ceremonia se llamó Batanero y así lo describió Juan Antonio Pérez Mateos, en su crónica para el diario ABC de Madrid:

Cuando salió el primero, un castaño salpicado, de bonita lámina, con el pelo rizado del morrillo y el testuz, la gente hizo un gesto de admiración: el toro tenía una bella estampa...

A veces, la envoltura no revela la realidad del contenido. Batanero fue un toro que tuvo muchas complicaciones. Cuenta Julio de Urrutia en su crónica para el diario Madrid, salido al día siguiente de la corrida:

El Cobaleda que rompió plaza acusó desde un principio su mansedumbre congénita. Para nada valió que Vázquez, con muy buenas maneras, tratara de encelarlo en su mágico capote con unos lances pintureros y preciosistas. Nada. El burel, obligado por ese mismo capote, entró seis veces a las cabalgaduras de los dos picadores de turno, saliendo suelto y rebrincando de la suerte. El presidente sacó rápido el pañuelo encamado para condenar al manso a banderillas negras...

Curro Vázquez había toreado 50 novilladas en ese año del 69, fue el segundo en el escalafón y si hemos de considerar la tarde de la alternativa como el examen de grado para obtener la dignidad de matador de toros, el tema que le tocó resolver, fue de los más difíciles. Sigue contando Pérez Mateos:

Llega el instante de la alternativa. Curro Vázquez, vestido de blanco y plata, recibe de manos de Fuentes los trastos de matar. Curro comienza muy bien la faena con cuatro doblones. ¡Esperanza de un torero nuevo! Se va a los medios y torea por derechazos. El toro le avisa por el lado derecho, el toro le avisa por el lado derecho. Curro insiste por ese pitón, y al iniciar el derechazo, resulta aparatosamente cogido. El “barcial” lo zarandea espectacularmente. El toro lo hiere, y las asistencias se llevan al nuevo doctor en tauromaquia a la enfermería...

Por su parte, Manuel F. Molés, en su crónica para el diario Pueblo, refiere:

Curro Vázquez dijo su «aquí estoy yo» con unos muletazos de castigo dados por bajo que acabaron en adornos casi en el centro de la plaza, de una plaza que se hundía de aplausos y se rendía admirada. Los «curristas» de Madrid – que son muchos, pese a que no se acabó de llenar el coso –, los aficionados exigentes, los que gustan de jugar el papel de jueces, los que todo lo miran con lupa, se frotaban las manos. ¡Aquí hay torero! Curro Vázquez respondía más allá de lo previsto. Estaba rojo de coraje y se echó la muleta a la diestra. Diez muletazos. Cuatro avisos de cornada… Curro iba para arriba, ganando laureles, hasta que el toro le cogió con saña, le zarandeó, le tiró al suelo, le busco de nuevo y partió su traje blanco y plata para mancharlo de rojo. la cornada era evidente. La plaza, puesta en pie, despedía con una gran ovación a Curro Vázquez. Adiós justo. Curro tuvo agallas para no volver la cara al riesgo y lo aceptó como bueno. Alternativa y cornada…

Por su parte, Julio de Urrutia en su crónica del diario Madrid, relata:

Cierto que el sevillano, a quien Fuentes acababa de ceder los trastos de la ceremonia, se dobló muy bien con el manso de "Barcial". Cierto que instrumentó seguidamente unos pases en redondo, varios por alto y cuatro naturales de verdadero mérito. Pero como él chaval, a fuerza de valentía, no se diera por aludido tras dos avisos que le envió el cornúpeta en otras tantas peligrosas tarascadas, la cogida llegó como infaliblemente tenía que llegar mediante una cornada grave, según el parte facultativo. Con la caída de Vázquez sobre la arena viniéronse abajo también las ilusiones de los aficionados…

Las versiones coinciden en lo esencial, Curro Vázquez no se arredró ante la manifiesta mansedumbre del toro de su alternativa y puso por delante todos sus recursos para intentar instrumentarle una faena, pero la condición del toro terminó por imponerse, hiriendo a su lidiador.

El parte facultativo rendido por el doctor Gómez Lumbreras, responsable de la enfermería de la Chata de Carabanchel, fue el siguiente:

El matador Curro Vázquez presenta una herida por asta de toro en la región perineal derecha, penetrante en la fosa isquio – rectal, que, despegando el recto en una extensión de veinte centímetros, rompe el músculo elevador del ano y fibras del esfínter anal. “Shock” traumático. Grave. Firmado, doctor Gómez Lumbreras.

Por las lesiones causadas, la cornada requirió un tiempo extenso para su recuperación. La temporada ya estaba para su cierre y eso permitiría al torero tener el reposo necesario para restañar sus heridas y preparar su primera campaña como matador de toros.

12 de octubre de 2025

Exactamente 56 años pasaron después de la tarde de la alternativa de Curro Vázquez, cuando en la plaza de Las Ventas se ofreció, dentro del marco de la Feria de Otoño, un festival taurino en recuerdo de Antoñete. En ese festejo, Curro Vázquez y César Rincón fueron, sin lugar a dudas, los toreros que dejaron en claro por qué tienen un sitio en la historia y mostraron, a quienes no tuvieron la fortuna de verlos en su día en los ruedos, lo que es el toreo que se ha dado en llamar “eterno”.

La tarde de Curro Vázquez fue redonda, y a pesar de sus primeros temores de no estar en las condiciones físicas adecuadas para enfrentar un compromiso de esa naturaleza, demostró que todavía estaba en posibilidad de impartir, lo que quizás era su última lección magistral. Escribió Vicente Zabala de la Serna en su crónica para el diario madrileño El Mundo:

Curro Vázquez abrió, de pronto, el túnel del tiempo. De sus 74 años cayó la solera macerada, el toreo de muñecas, con el novillo de Garcigrande – como todos menos el de Morante de la Puebla – dando su guerrita por dentro a derechas y prestándose al temple por su izquierda, a la belleza del toreo a dos manos, a esa trinchera catedralicia, al sabor de la firma de aquel pase memorable. Qué cosas más hermosas. Aquel natural de dormido pulso, este cambio de mano como escultura y aquella media verónica portentosa que ya quedaba lejos. Bramaba la gente con el ole ronco que sale de dentro. Como le salía a Curro -que tan bien leyó las banderas y los terrenos- las maravillas que fue sumando, como un collar de perlas, hasta hacer un todo para recordar. Le metió el brazo con habilidad y la plaza fue un clamor. Las dos orejas dibujaron una sonrisa en la fina tez del maestro…

Como en sus mejores días, Curro Vázquez fue sacado en volandas por la Puerta de Madrid. Los aficionados de su día y los nuevos, que solamente le conocían por los relatos de su tauromaquia se hacen, revivieron unos y conocieron otros, los motivos por los cuales, se le ha tratado inmemorialmente como una de las grandes figuras del toreo de los tiempos recientes y por qué se recurre a él, para preparar a quienes se considera que pueden aspirar a esa categoría.

Todo parece apuntar, tras de la gran tarde del festival otoñal y de la concesión del Premio Nacional de Tauromaquia, que el paso activo por los ruedos de Curro Vázquez ya ha concluido. No se ha pronunciado expresamente en ese sentido, pero las circunstancias así lo permiten suponer.

domingo, 5 de abril de 2026

6 de abril de 1931: Jesús Solórzano confirma su alternativa en Madrid

El lunes 6 de abril de 1931 fue la fecha fijada para la Corrida de la Beneficencia, dice su cartel anunciador, a favor del Hospital Provincial de esta Corte, con un cartel integrado con ocho toros de don Bernardo Escudero Bueno antes del señor Marqués de Albaserrada, para Nicanor Villalta, Joaquín Rodríguez Cagancho, Francisco Vega Gitanillo de Triana y Jesús Solórzano, quien confirmaría la alternativa que recibió en Sevilla el 28 de septiembre del año anterior.

La situación política en España estaba revuelta, había campañas políticas para las elecciones municipales que se celebrarían el siguiente domingo 12, y en las cuales, la historia nos enseña, en las principales urbes de la Península Ibérica, los candidatos de orientación republicana triunfaron en las urnas, hecho que motivó que un par de días después, el Rey Alfonso XIII pactara la entrega del poder a quienes impulsaban la implantación de un estado republicano y su salida del país, pero sin abdicar a su trono. 

Esta Corrida de Beneficencia tiene un acento singular, porque fue la última que se celebró en una España monárquica hasta el 10 de junio de 1976, cuando en la plaza de Las Ventas, los rejoneadores Joaquín Moreno de Silva y Joao Moura, junto con los toreros de a pie Santiago Martín El Viti, Francisco Ruiz Miguel y Julio Robles enfrentaron toros del Conde de Mayalde, Lisardo Sánchez y de Fermín Bohórquez para rejones. A este último festejo asistió don Juan Carlos I con su esposa doña Sofía, sin que exista en la prensa de 1931, relación en el sentido de que Alfonso XIII haya ocurrido a la Plaza de la Carretera de Aragón.

La confirmación de alternativa de Jesús Solórzano

El primer toro de Bernardo Escudero que salió al ruedo fue nombrado Espartero, de pelo negro, y era el que estaba destinado para que quien pasaría a la posteridad como El Rey del Temple ratificara en la capital española su alternativa sevillana. La crónica madrileña en lo general coincide en que el diestro moreliano resolvió esa tarde halagüeñamente, aunque tampoco falta quien vea las cosas de manera negativa. Escribe Federico Morena para el diario Heraldo de Madrid salido a las calles la noche misma del festejo:

Los espadas, aprovechando las buenas condiciones de la res, se lucen en los quites, y el público, complacido, les aplaudo sin regateos… Jesús toma los palos y clava un buen par al cuarteo. (Palmas.) El bicho da en escarbar en la arena. Pero el de Méjico no encuentra dificultades en esta suerte, y prende otros dos pares, cuadrando en la cara y levantando muy bien los brazos. (Ovación.) … Ceremonia de alternativa, Jesús toma los avíos de matar de manos del aragonés. Brinda largo y sale al tercio en busca del de Albaserrada. Un pase ayudado por alto, magnífico… La muleta a la zurda y un natural, perfectamente ejecutado, que liga con el de pecho… Muy torero; sí, señores... Unos pases de buena factura sobre la derecha, y la alegría de unos molinetes. El público, encantado… Cuadra el bicho y el espada arranca derecho; pero se lleva el estoque, luego de un pinchazo hondo, ladeadito. Media estocada atravesadilla y otro pinchazo... Intenta el descabello y acierta al tercer empujón... Esto ha deslucido un poco la faena; pero el espada oye justas palmas...

Por su parte, Maximiliano Clavo Corinto y Oro, en La Voz, también aparecido la noche misma de la corrida, reflexiona:

Se trata de un toro negro, buen mozo y desarrollado de armas. Solórzano le sale al tercio del 1, y parando, templando y mandando admirablemente le pega cinco verónicas y media de las que acreditan a un torero... En el primer quite vuelve a apretarse el hombre, aunque el bicho se le pone por delante en una verónica, y en el segundo se nos aprieta también Villalta; otro quite del mejicano, admirable, cargando la suerte... Solórzano coge los palos, y comienza dibujando un par de frente de los de lujo. Repite con otro idéntico, de profesor, y cierra el tercio con un tercero con los terrenos cambiados, igualmente admirable... ¡Como la seda va el festejo, mi amigo! … Villalta, con las efusiones de rúbrica, entrega los trastos a don Jesús, que empieza con un ayudado estatuario, al que empalma un natural y otro de pecho, superiores. Continúa sobre ambas manos, muy cerca y muy valiente, un poco embarullado de tanto querer apretarse. El público bate aplausos en honor de la valentía y el estilo, aplausos que también merece el toro. En el primer empujón se le va la mano, y resulta un metisaca, y en el segundo, en línea recta, coloca una estocada corta que no hace el daño suficiente. Todavía hay un pinchazo en lo duro, y remata descabellando a la tercera... Estilo y muchas cosas de torero bueno, pero un poco de precipitación en la faena y al matar... Aplausos al torero y al toro...

De quienes salieron al día siguiente del festejo, que coincidieron con la mayoría, está Rafael Hernández y Ramírez de Alda firmando como Rafael, en su tribuna de La Libertad, quien contó:

Con tipo de torero, con seguridad de buen lidiador y con excelente estilo toreó por verónicas al primer toro y remató con quietud en los pies y temple y soltura en los brazos... El público, con ese certero instinto de las muchedumbres, vio desde aquel momento que en el mejicano hay un torero y un artista grande, y se declaró en su favor. Puede decirse que estaba roto el hielo. Hizo luego tres quites muy artísticos, toreando con mucha finura y parándose mucho con los toros... Cuando tomó los trastos de manos de Villalta ya tenía Solórzano ganado al público. Pero faltaba verle con la muleta, que es la piedra de toque del toreo. Y le vimos en una faena breve, pero torera y emocionante. Empezó con un ayudado, haciendo la estatua; siguió con un natural ceñidísimo, que ligó con el de pecho, aún más ceñido, y, entra olés y ovaciones, siguió toreando con la derecha muy artista y muy valiente. Mató de un pinchazo sin soltar, atacando con fe; media tendenciosa, otro pinchazo y un descabello al cuarto intento. No le acompañó la suerte al matar; pero, no obstante, el público le aplaudió con calor, tanto por la buena faena de muleta como para rubricar con su beneplácito la confirmación de la alternativa...

Por su parte, Gregorio Corrochano, en el ABC madrileño también salido al día siguiente del festejo, opina abiertamente en contra de la opinión general:

Decíamos que el primer toro fue excepcional. Yo no conozco el temperamento de Solórzano y no sé la importancia que dará a las cosas; pero supongo que le dará mucha rabia acordarse de este toro. Y lo supongo, porque a mí me ocurrió algo parecido. Verá usted, Solórzano. En una ocasión tropecé con una billetera. Quiero decir, mujer que vende billetes de Lotería. Ya sabe usted lo que porfía una billetera por vender. Otras veces me había porfiado, yo había adquirido y nunca logré premio alguno. Este día me resistí más. Ella, viendo que se escapaba el parroquiano, llegó a meterme un billete en el bolsillo. Decidido como estaba a no claudicar, saqué el billete y se lo devolví imperativo. Pero en este forcejeo había visto el número, un número insignificante de pocos guarismos, y le conservé en la memoria. A los pocos días, al leer un periódico, vi aquel número que me habían metido en el bolsillo y que yo no quise estaba premiado con el gordo. Cada vez que me acuerdo me da mucha rabia. Rechazar el premio gordo, cuando se ha tenido en el bolsillo es horrible. Por esto supongo la rabia que le dará a usted cuando se acuerde del toro de su alternativa en Madrid. Porque ese toro, para un torero, es meterle en el bolsillo el premio gordo. Y usted también lo rechazó. Lo mío tiene la disculpa del jugador quebrantado. Lo de usted era más claro. Para un torero no era difícil ver que aquel toro en Madrid era la reputación y el éxito. El premio gordo, créame usted. ¡Qué faena se pudo hacer! Y después de haber toreado bien de capa y banderilleado con facilidad y aceptación estaba el aplauso esperándole. La faena fue precipitación, falta de sosiego, sin dominio y atropellada; lo que pudo ser grande quedó en vulgar; lo que pudo ser el premio gordo quedó en un premiecillo de treinta pesetas. Buen toro se desaprovechó. Después de visto esto, lo del octavo era de esperar. A salir del paso, a terminar. Lo que me pasa a mí cuando juego a la Lotería; ya no me interesa. Después de haber rechazado el premio gordo... lo mismo me da jugar que no jugar, como a usted le sucedió en el octavo...

Juzga con dureza don Gregorio, quien un par de meses después, tendría ocasión de rectificar, expresamente, cuando le tocara relatar el encuentro de Solórzano con Revistero de Aleas, asunto que ya he tenido ocasión de contar por estas páginas virtuales.

El triunfo de Nicanor Villalta

Todos los cronistas coinciden en que la corrida de Bernardo Escudero fue buena, pero que de ella destacaron dos toros, el primero y el quinto. Este último fue el segundo del lote del aragonés Nicanor Villalta, con el que, terminó alzándose como el triunfador de la tarde. Escribe el ya citado Federico Morena:

QUINTO. – «Banderillo», cárdeno. Saca muchas libras. Y, sin embargo, corretón... Entra Villalta en acción... En el primer quite se echa el capote a la espalda, y nos alegra un poco la existencia con unos lances novedosos y pintureros. ¡Pero Villalta! … Solórzano cierra, el tercio de quites con cuatro lances muy vistosos, rodilla en tierra, que son premiados con nutrida salva de aplausos... Nicanor brinda a Ortega, el nuevo fenómeno, que ocupa, con Dominguín, una barrera del 2... El viento arrecia... Villalta empieza la faena con un pase ayudado por alto, luego da un natural, que liga con el de pecho, magnífico... El viento corta la faena. Moja la muleta y hace un faenón, así, como suena, con pases al natural y de pecho soberanos. Y luego torea en redondo y se mete materialmente en el toro. El público jalea entusiasmado al pundonoroso espada aragonés... Sigue toreando bravamente sobre ambas manos y mete, en fin, un soberano volapié. El toro cae con las cuatro patas por alto... El público, puesto en pie. aclama al baturro, que recibe un regalo del brindado, y algo que para él vale mucho más: las dos orejas y el rabo de «Banderillo» … El entusiasmo que hay en la plaza es indescriptible... ¡Bravo, Villalta! … ¡Viva Aragón! …

Nicanor Villalta fue sacado en hombros de la plaza al finalizar el festejo entre la algarabía de la concurrencia. El torero de Cretas se consolidaba como uno de los toreros favoritos de la afición madrileña.

Cagancho y Gitanillo de Triana

Los dos toreros gitanos también tuvieron su instante de lucimiento esa señalada tarde. Sin redondear ninguno de ellos una faena para la historia, dejaron su impronta en los quites al tercero de la tarde. Contó a sus lectores Federico M. Alcázar en su tribuna de El Imparcial, aparecido al día siguiente de la corrida:

El tercio de quites de los gitanos. – Gitanillo abre el capote en el tercer toro y hace un quite asombroso, inenarrable. Se pica Cagancho y le sigue otro inmenso. Se desborda el entusiasmo, y otra vez repitan loa gitanos el quite entre las aclamaciones de la muchedumbre. El estilo pasa de un capote a otro, depurándose, refinándose hasta lo inverosímil en Gitanillo, y adquiriendo en Cagancho ese colorido y esa gracia gitana que es la nota más acusada de su personalidad y el tono más encendido de su arte. El público los obliga a saludar al cambiar el tercio... Gitanillo vuelve, en el cuarto, a provocar el entusiasmo con el capote, toreando magníficamente...

Por su parte, César Jalón Clarito, en El Liberal, también al día siguiente del festejo, reflexionó sobre este pasaje de la corrida:

Flojo, desanimado el resto de la corrida, aún tuvo, sin embargo, otro momento destacable: el del portentoso tercio de quites de los dos gitanos al toro segundo. Cagancho y Gitanillo, tan parecidos y tan distintos – acontece con su fisonomía física que con su fisonomía artística –, enlabiaron una pintoresca disputa. A un quite del uno contestaba el otro mejorándolo. Así cantan por martinetes. Los lances de Gitanillo, largos, como sacados de un registro más hondo y estirados hasta el no hay más allá. Los de Cagancho, más ricos en garbo y en «color». Por eso digo que pareciendo iguales, son distintos. Ei público, claro, se entusiasmó en grande y loa ovacionó por igual: a los dos mucho…

Las faenas son un todo, pero a veces, un detalle, un lance o un remate se quedan para la memoria. Así le ocurrió ese Lunes de Pascua a los trianeros de la calle del Evangelista y de la calle de la Verbena con su toreo de capa.

A propósito de la Beneficencia

La Corrida de Beneficencia se ha considerado la fecha cumbre de la temporada española. Siempre. Por esa razón se exige para ella un cartel singular, redondo, En 1931 se ofreció en la segunda fecha de la temporada. Escribe Federico M. Alcázar:

De la corrida de Beneficencia, de esta corrida que fue famosa en otros tiempos cuándo había famosos toreros, tampoco queda más que el nombre y algún bello rostro de mujer perdido entre el público municipal y espeso. Perdió su prestigio tradicional y con su prestigio su abolengo. Hoy es una corrida más, con la única diferencia de que se lidian ocho toros y consiguientemente cuesta más dinero… Hasta las mujeres que esperaban esta corrida con impaciencia para lucir la airosa mantilla de blondas, le han vuelto la espalda con un gesto de desdén… Se va perdiendo lo castizo, lo típico, lo racial. El cosmopolitismo tiende a uniformar los pueblos y con los pueblos las costumbres. Los rasgos diferenciales, las virtudes específicas van desapareciendo para dar paso a una civilización aparatosa y sensual. Hombres y mujeres se clasifican por series como productos industriales. Lo grave es que esta clasificación alcanza también a los espíritus… Pero algo queda, al menos en España. Queda la fiesta de más recia, opulenta y viril hermosura del mundo, y con ella ese arrebato de las multitudes que pone en el alma temblores de emoción y en el corazón latidos de angustia...

Las reflexiones que hizo el cronista madrileño hace 95 años no tienen desperdicio, sobre todo aquellas que se refieren a lo que él llama cosmopolitismo y que hogaño entendemos como globalización, cosa que nos trata de igualar, de estandarizar, de convertir, efectivamente, en una especie de productos industriales.

Hoy como ayer, se sigue cumpliendo aquello de que no hay nada nuevo bajo el sol

Aldeanos