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domingo, 11 de octubre de 2026

11 de octubre de 1928: Edmundo Maldonado El Tato recibe la alternativa en Madrid

Edmundo Maldonado El Tato nació en la Ciudad de México, exactamente en Azcapotzalco, el 15 de marzo de 1906. Durante su infancia, su familia se trasladó al entonces pueblo de Tacuba y allí fue donde se desarrolló como persona y dónde se hizo torero. Don Heriberto Lanfranchi le registra una primera actuación vestido de luces, precisamente en la plaza De la Rosa, de esa localidad, el 12 de noviembre de 1925, misma de la que en lo personal, en los medios de prensa a mi alcance, no encontré referencia alguna.

Su primera actuación en el Toreo de la Condesa se produjo el 23 de mayo de 1926, alternando con Manuel Gómez Blanco Yucateco y el onubense Jesús Trinidad Litri en la lidia de novillos de Zotoluca. El cronista de El Universal Taurino que firmó como Verdugones, refiere entre otras cuestiones acerca de la actuación de El Tato, lo siguiente:

Me refiero a Edmundo Maldonado “Tato”, mozalbete acido en Azcapotzalco, criado en el pueblo de Tacuba, donde aún se llevan a la práctica los juicios salomónicos y aclamado hoy en la plaza “El Toreo” ... Maldonado, que es un recién nacido en esto de los toros, pues hoy se ha puesto por primera vez un traje de luces que por cierto era de “Chicuelo” ... “Tato” promete llegar muy arriba. Yo no he querido detallar su labor, prefiriendo dar una impresión fría, desapasionada, serena, de lo que hizo en esta su primera novillada formal. ¡Qué siga por buen camino, y que Dios lo cuide! …

El Tato salió en hombros de El Toreo y de la crónica de Verdugones se puede extraer que, para ese cronista, esa era la primera novillada que toreaba vestido de luces, agregando yo, que en otro pasaje, señalaba, que el vestido que llevaba, perteneció en su día a Chicuelo.

Años después, Rafael Solana Verduguillo, al relatar la historia de Tres Décadas de Toreo en México, hace las siguientes reflexiones sobre ese momento histórico de la novillería mexicana:

La temporada de novilladas del año de 1927 estuvo llena de promesas. Nunca, antes de entonces, habían contado los empresarios de las llamadas temporadas “chicas” con una lista tan larga de toreros que interesaran a tal grado... Bautista Villaseca, contratista en carnes, radicado en el pueblo de Tacuba, tenía también un muchacho a quien ayudaba, y despuntaba como un artista muy fino: Edmundo Maldonado “Tato” ... Todos los nuevos espadas que presentaban a los señores Morín y Villalobos triunfaban la tarde misma de su debut. A la lista de victoriosos que formaban “El Tato”, Paco Gorráez, Heriberto García, Jorge Álvarez, Jesús Solórzano, “Armillita Chico”, etc., bien pronto se agregaron dos nombres más: los de Alberto Balderas y José Muñoz...

Si bien la cita se refiere a la temporada siguiente, es importante destacar un detalle. En la plaza de Tacuba ya entrenaba y enseñaba el toreo Samuel Solís. Aunque Verduguillo señala que a El Tato lo ayudaba el señor Villaseca, su apoyo era más en los despachos que en la transmisión de la técnica del toreo. No encontré referencia escrita de que haya sido discípulo de Samuel Solís en el aprendizaje del oficio del toreo, pero si lo aprendió en la plaza de toros que en su día estuvo ubicada en las inmediaciones de lo que actualmente es la confluencia de las avenidas Marina Nacional y Mariano Escobedo en la capital mexicana, es altamente probable que el discípulo de Ojitos haya sido al menos, su primer mentor.

Creo, para concluir con este apartado, que la temporada novilleril mexicana de 1927 tuvo un solo nombre, el de Fermín Espinosa Armillita Chico y los demás que sacaron la cabeza ese ciclo, tuvieron que esperar su momento para encontrar su sitio en la historia.

A España en 1928

El Tato se marchó a España en el año de 1928 con el propósito de torear novilladas allá y buscar una alternativa con fuerza, que le proyectara a hacer una carrera más o menos larga como matador de toros. Logra presentarse en la plaza de Tetuán de las Victorias, a las puertas de Madrid el 13 de mayo de ese año, alternando con Pedro Morales Sanluqueño y Miguel Olza Vaquerín, en la lidia de novillos de Leopoldo Abente. Después de torear tres tardes consecutivas allí en Tetuán, recorre la geografía hispana actuando en plazas de primer orden como Zaragoza, Valencia, Barcelona y se presenta en Madrid el 15 de agosto de 1928, para lidiar novillos de Gabriel González en unión de Fermín Esteban, Sacristán Fuentes y Francisco Gómez Aldeano. Esta fue la impresión que causó por esos andares, según la pluma de Marcelo, cronista del diario madrileño La Voz:

Rodolfo Gaona, el torero de Méjico que se abrió paso en una época de grandes figuras y que ocupó un puesto de vanguardia por derecho de conquista, fue el precursor de la invasión coletuda de la patria de Moctezuma. Nada podemos ni debemos objetar por el intercambio de artistas, ya que los españoles tienen de par en par abiertas las plazas mejicanas, como las tuvieron siempre, y si gozamos de este régimen de cortesía allí, justo es que aquí sean objeto de recepción afectuosa los diestros del otro lado del mar que saben torear y quieren dar acabadas pruebas de su gentileza... El último, por ahora, es Edmundo Maldonado, y aunque parezca por el nombre que es diputado o candidato, al menos, por el distrito de Guanajuato, nosotros nos atrevemos a decir que es torero, y torero de buen estilo, valiente y enterado. Hábil con el capote, maneja bien la muleta y castiga y manda. Con el acero entra decidido y sabe jugar muy bien la izquierda, pasa salirse de la reunión con soltura, sin tropiezos ni embarullamiento... ¡Ah!, se apoda nada menos que Tato, y como no es el primero que usa el remoquete que llevó el yerno de Curro Cúchares, esperamos de él, de Edmundo Maldonado, que no lo profane, como aquellos lo hicieron en sus incursiones por el campo de la Historia...

Así de buena fue la impresión dejada por El Tato en su andar en las filas de la novillería durante la temporada de novilladas del año 1928 en las plazas españolas. Por esa razón no sería sorprendente que recibiera la alternativa al cierre del calendario en una plaza de importancia.

La Corrida de la Prensa de 1928

De acuerdo con las diversas crónicas del festejo, la celebración del tradicional festejo a beneficio de la Asociación de la Prensa madrileña, pasó por diversas vicisitudes que difirieron su celebración hasta el 11 de octubre de ese calendario. Cuenta Rafael Hernández y Ramírez de Alda Rafael en La Libertad:

Después de varias suspensiones, de confeccionar diversos carteles, de vencer dificultades sin cuento, pudo celebrarse ayer la tradicional corrida de la Prensa, en la que Fortuna, Valencia II, Villalta y el nuevo doctor Tato de Méjico se disputaban el premio de la oreja de oro que anualmente concede nuestra Asociación. Se llenó la plaza; el otoño nos obsequió con uno de sus días más bellos, y la fiesta tuvo la virtud de agradarle al público...

De lo transcrito, se desprende el cartel de toreros, que se las verían con cuatro toros de Manuel Martín Alonso, antes del Duque de Veragua, de Madrid y otros cuatro de Manuel García, antes de Aleas, de Colmenar Viejo. 

Aparte de la Oreja de Oro en disputa, que fue la última de su naturaleza que se puso en juego en una corrida de esta naturaleza, en los carteles anunciadores del festejo se hizo saber que tras del paseíllo, se entregaría a Diego Mazquiarán Fortuna, la Cruz de Beneficencia en reconocimiento a su hazaña del 23 de enero anterior, en la avenida Conde de Peñalver, donde estoqueó un toro desmandado, para evitar que causara una desgracia.

Y una vez que partieron plaza Fortuna, vestido de violeta y oro; Valencia II, de blanco y oro; Nicanor Villalta, con terno malva y oro; y, El Tato, con vestido grana y oro, y celebrada la entrega de la presea anunciada al primer espada, salió el primero de la tarde, llamado Rosquillero, de Martín Alonso, toro colorado con el que Edmundo Maldonado El Tato, se convertiría en matador de toros. Escribió Federico M. Alcázar, para el diario El Imparcial:

Empieza el festejo. La Plaza se va llenando poco a poco, y cuando sale el primer toro, de Veragua, quedan unos pequeños claros en la sombra... Tato de Méjico, que toma la alternativa, empujado por el triunfo que consiguió en esta Plaza la última novillada quo toreó, da unos lances, en dos tiempos, con suavidad y templo de buen torero. Los aplausos se repiten en el primer quite, y se hacen extensivos a Fortuna al echarse el capote a la espalda y rematar tocando el testuz... Ceremonia de alternativa. Fortuna arma matador de toros a Tato de Méjico. Felicitaciones de rigor… El de Veragua llega a la muleta agotado, pero docilón, y el nuevo doctor empieza con dos muletazos por bajo, y luego torea en redondo y de pecho, parado, suave y artista. Se rompe el aplauso, y continúa la faena, dando algunos pases de admirable factura. Arranca derecho y coloca una corta arriba. Dobla el toro y se aplaude al flamante matador...

Mejor estuvo ante el octavo de la corrida, lidiado ya con el auxilio de la luz eléctrica, según cuenta Maximiliano Clavo Corinto y Oro para el diario La Voz:

La pelea que hace “Señorito” es de manso sin atenuantes. No nos ha salido uno bravo de verdad… Conste también este detalle. Huyendo de todo cuanto ve moverse en la plaza y buscando la barrera a todo trapo se consigue hacerle tropezar con los jacos de tanda, y con tal mal estilo pelea con ellos que no hay caperuza porque hay hombres de buena voluntad... La noche se nos echa encima en el primer tercio y el alumbrado eléctrico se hace para acabar la corrida... Final: Tato de Méjico hace ahora los verdaderos honores a su doctorado y al cartel que me dicen tiene en Madrid. La faena que hace el mejicano al colmenareño es de artista brillante. Sobre la mano derecha da una serie de parones con absoluta rigidez, llevando al bicho clavado en los vuelos de la franela con extraordinario temple. El público se entrega al Tato en una ovación grande y en un olé general y entusiasta. Falta a la bonita faena, sin embargo, un digno remate. Tato da un pinchazo sin bajar lo suficiente la mano izquierda, media estocada ida, otro pinchazo, y la cosa se hace pesada al final. Con un descabello al primer golpe termina la corrida de la Oreja de Oro, en la que me parece que el diestro Fortuna va a salir doblemente condecorado...

Como podemos apreciar, sin haber triunfado con rotundidad, El Tato justificó su inclusión en un cartel de tan grande tradición y también el hecho de que se le haya investido matador de toros en la plaza de toros más importante del mundo.

La alternativa de El Tato fue la tercera de un torero mexicano en la plaza de la Carretera de Aragón, después de las de Ponciano Díaz celebrada el 17 de octubre de 1887 y de Refulgente Álvarez, del 17 de julio de 1927. También fue la última de un paisano nuestro en ese redondel, porque el siguiente mexicano que se doctoró en Madrid, ya lo hizo en la plaza de Las Ventas.

El Tato se presentaría como matador de toros en El Toreo de la Condesa el 20 de octubre de 1929 y se marcharía a torear a Colombia en 1934, país en el que estableció su residencia, falleciendo en su capital, Bogotá, el 29 de mayo de 1964.

domingo, 13 de abril de 2025

A un siglo de la despedida de los ruedos de Rodolfo Gaona (y VI)

12 de abril de 1925: Rodolfo Gaona se despide de los ruedos

Cuando Rodolfo Gaona preparaba ya lo que sería su última campaña en los ruedos, celebró varias reuniones con Carlos Quirós Monosabio, para preparar la obra que se anunció como el libro íntimo de Gaona, titulado Mis Veinte años de Torero. En ese interesantísimo recuento, publicado primero por entregas en El Universal Taurino, el Califa de León explicó en la parte final una parte de los motivos – taurinos – que lo hacían apartarse de los ruedos. En el capítulo veinte de dicha obra, entre otras cuestiones, el torero hace estas reflexiones:

Pues sí: ya es tiempo. Después de veinte años de pelea, creo que se ha hecho bastante en todos sentidos... Hay que ir pensando en “pirarse”. Y está decidido: me voy... ¿Cuándo? Cualquier día. El menos pensado. Antes de lo que algunos puedan creer... Me siento en pleno goce de todo mi poder. Estoy fuerte. Puedo con el toro... Juzgo que mi misión ha quedado cumplida... Sin alardes de ninguna especie, estoy convencido de que mi carrera ha sido una de las más difíciles, porque fue una pelea sin tregua. Aquí y en España siempre me han echado un contrincante con quien disputar las palmas. No se ha querido que descanse, y de lo que yo haga depende el éxito de las temporadas de México... Toda fuerza tiene su límite... Me voy satisfecho porque no me han vencido, y de que en el último momento supe conservar el puesto que los públicos me dieron...

La principal razón taurina de Gaona para irse de los toros es la que compele a casi todas las figuras del toreo que se retiran en su plenitud: la desmedida exigencia de los públicos a partir de la capacidad reconocida a la figura en turno. Y cierto es también, como lo afirma el Petronio, que toda fuerza tiene un límite, por lo que llega un momento en el que hay que buscar el momento de dejar el sitio a los que vienen llegando atrás, eso sí, sin claudicar y defendiendo hasta el último instante el sitio conseguido delante de los toros.

Los prolegómenos de una despedida triunfal

La corrida de la despedida de Rodolfo Gaona fue organizada por el propio torero y su entorno. Si bien ocurrió en las inmediaciones de la temporada 1924 – 25, se celebró un par de domingos después de que esta concluyera. A propósito de la forma en la que este festejo fue confeccionado, escribió Rafael Solana Verduguillo:

“Monosabio” y yo estuvimos días antes a ver a Gaona, tratando de convencerlo de que no se fuera. Alegamos mil cosas... Gaona me escuchaba viendo el humo de su cigarrillo que se perdía en el infinito... Cuando yo terminaba de hablar, recogía el hilo de la conversación “Monosabio”... Gaona, cuando contestaba algo, decía siempre lo mismo: “Esto está resuelto: lo he meditado mucho, y se acabó” ... No tuvimos más remedio que conformarnos. Y nos pusimos a hablar sobre el cartel que había preparado para la tarde de su despedida; nada había resuelto... Estaba en México un torero, bueno nada más, muchacho atento y caballeroso que se hacía simpático no solo por su comportamiento en la plaza, sino por sus buenas maneras de gente educada. Se llamaba Rafael Rubio y lo apodaban "Rodalito". Juzgándolo oportuno, eché un capotazo a su favor, diciéndole a Rodolfo: La plaza se llenará con cualquiera que esté al lado tuyo, pon a “Rodalito” que te cobrará poco, y le darás una buena oportunidad a este muchacho para que se haga cartel en México... Y ya que se habla de oportunidad, dijo don Carlos Quirós, yo también quiero hacer una petición... ¿Cuál?, preguntó Gaona... Que pongas de sobresaliente a Pepe Ortiz, aunque no sea más que para que haga el paseíllo al lado tuyo... Bueno, ¿ya no quieren pedir más?, preguntó Rodolfo entre serio y gracioso. Yo le respondí: Hemos venido a pedirte que no te vayas, pero ya que “está todo resuelto”, cualquier cosa que te pidamos ahora es poco... Bueno, dijo Rodolfo; hablaré con “Rodalito” y con Pepe Ortiz hablará “Chano”, y le dirá que torea de sobresaliente. ¿Alguna otra cosa? ... Nos despedimos porque ya Rodolfo comenzaba a impacientarse...

No tengo manera de comprobar la veracidad de las afirmaciones de Verduguillo, pero del desarrollo de la prensa de la época, se advierte que él y Monosabio eran los escritores de toros más cercanos al torero de Guanajuato, así que tampoco me queda mucho espacio para dudar de la certeza de esas afirmaciones.

Rafael Rubio Rodalito, torero albaceteño alternativado por Luis Freg en 1922 y que tendría que esperar para confirmar en Madrid por Larita hasta agosto de ese 1925 cobra relevancia en la historia del toreo por un par de acontecimientos en su andar por los ruedos. El de más trascendencia, creo, es el haber actuado en la tarde postrera del Califa de León y el otro, es el haber sido participante en unas corridas de toros que se dieron en el Estadio Nacional de Roma los días 22, 29 y 3 de julio de 1924, alternando con Pedro Basauri Pedrucho. Del sobresaliente, Pepe Ortiz, solamente he de decir que es conocido universalmente como El Orfebre Tapatío y es el creador de algunos de los más hermosos quites que la tauromaquia reconoce en estos tiempos que corren.

La última tarde

La corrida se anunció para las tres y media de la tarde del domingo 12 de abril de 1925. Se lidiarían dos toros de Atenco, dos de San Diego de los Padres y dos de Piedras Negras por Rodolfo Gaona, quien se despedía de los ruedos y Rafael Rubio Rodalito, fungiendo como sobresaliente de espadas, José Ortiz. Las puertas de la plaza se abrieron refiere la prensa de la época, a las once de la mañana y alrededor de las dos de la tarde comenzó a lloviznar. Afortunadamente, a la hora del inicio del festejo, el cielo comenzó a abrirse y dejó de llover.

La tarde de Gaona tuvo lucimiento en dos toros, el quinto de la corrida y tercero de su lote, Veguero, número 17, de San Diego de los Padres, faena brindada en comandita al Secretario de Agricultura, Ing. Luis L. León, al Lic. Miguel Alessio Robles y al Gral. Arnulfo R. Gómez y de la que el corresponsal del diario tapatío El Informador, escribió:

En el quinto, el Indio deslumbra al público con nueve verónicas, de las cuales tres fueron coreadas y tres aplaudidas... Gaona comienza por sentarse en el estribo y así da un colosal pase por alto, luego de pie hace el de la firma, después cinco naturales con la izquierda, uno de pecho, otros tres naturales y uno de pecho, aquí escucha una gran ovación. Después un molinete entre los pitones, saca un pase ayudado con los pies clavados, vienen otros altos, que constituyen el delirio del público, que no descansa de aplaudir; caen al ruedo sombreros, bastones, se escuchan dianas, y después de que cesa un poco la ovación, el Indio continúa la faena y saca un pase de pecho, otro rodilla en tierra, se tira a matar y deja un pinchazo, después otro más y por fin deja una honda con que hace morir al bicho. Entonces escucha Gaona una ovación que se prolonga por cinco minutos, en cuyo tiempo da varias vueltas al ruedo en medo de un repiqueteo de campanitas...

Pero Gaona no pensaba irse con ese resultado y pidió que le echaran el sobrero. Y así salió en séptimo lugar Azucarero, cárdeno, número 20, de San Diego de los Padres. La crónica de El Universal Taurino, seguramente escrita por Verduguillo, está firmada por La Afición y acerca de esta última faena, relata, a la letra:

Un bonito ejemplar de San Diego de loa Padres llamado “Azucarero”, marcado con el número 20, berrendo en cárdeno y recogidito de pitones. Hizo salida de toro de bandera y a fe que resultó un azucarero, pues no era otra cosa que miel, rica miel de San Diego de los Padres, de la cual gustó el Califa hasta empalagarse. Remata el regalito en las tablas, acude con valor a los montados, ocasiona un tumbo a Conejo Grande, después otro a Guadalupe Rodríguez a quien hace el quite Gaona con una serie de verónicas de esas que ya no tienen calificativo, por lo grandes y remata con una larga vistosa. La ovación es imponente. Guadalupe Rodríguez, que ha sido arrastrado por su cabalgadura, hace coraje, monta otra vez y arrea un puyazo archimonumental, el puyazo de la temporada, nada menos; recargó con maestría, chorreó el palo y no se dejó desmontar, marcando la salida colosalmente. No se sabía para quien era la ovación que todavía duraba, si para el Gran Gaona o para el magnífico picador Guadalupe Rodríguez… Gaona coloca cuatro pares de banderillas; dos al cambio, uno de poder a poder y un cuarteo superior. ¿Para que repetir que se provocó el delirio en este tercio y que las manos se cansaron de tanto aplaudir? … Y vino la mejor, la última faena del maestro, que principió con el pase de la muerte; después obsequió a “Azucarero” con dos ayudados por alto, dos de pecho, un natural, uno de tirón, un ayudado por abajo, se cambia la muleta de mano y sigue dándonos la última emoción de la temporada… Hay en la faena de Gaona todo el arte que sabe doblegar, toda la finura de su estilo. La plaza entera parece venirse abajo. Ahora sí, “Las campanas de León tocan a gloria” … Pero el maestro se hartó de torear y “Azucarero” llegó a la muerte un tanto aplomado, lo que contribuyó a que Rodolfo pinchara cuatro veces y acabara en una estocada. Todo esto deslució la faena…

Esta última faena resultó ser el epítome de la tauromaquia de Gaona, salvo por sus desaciertos con la espada, siendo que siempre fue un estoqueador seguro. Pero la afición supo reconocerle, aún con esos fallos, la grandeza con la que se estaba despidiendo de los redondeles.

Rodolfo Gaona se retiró de la plaza en cuanto se preparaba el arrastre del toro. No esperó la ocasión de ser sacado en volandas y en olor de multitudes. Así lo cuenta el cronista del Universal Taurino:

La banda tocó la vieja pieza de “La Golondrina” y Rodolfo agradeció la ovación desde los medios. Y cuando todo el mundo creyó que el Indio aún estaba en la plaza para esperar el complemento de su homenaje, resultó que se había marchado y sin decirnos “adiós”…

No me queda la menor duda de que Rodolfo Gaona supo ser, pero también supo dejar de ser…

El día después

El Universal Taurino reunió en una edición especial numerosas colaboraciones de las principales plumas de la época con reflexiones acerca de lo que representó el adiós de Rodolfo Gaona. Así, podemos leer en sus páginas opiniones, positivas todas, de autores como Ángel Caamaño El Barquero, Tomás Orts Ramos Uno al Sesgo, Maximiliano Clavo Corinto y Oro, y el mismo Eduardo Pagés de España y de México, indudablemente, los nombrados Verduguillo y Monosabio así como también de hombres de letras como el Académico de la Lengua don Luis G. Urbina y muchos otros más. De entre ellas, tomo una breve reflexión de lo que en esos días escribió el acalitano don Luis de la Torre El – hombre – que – no – cree – en – nada acerca de la despedida del diestro leonés:

Las corridas de toros seguirán siendo el gallardo espectáculo de siempre, lleno de inusitado espectáculo, de alegría incomparable, de atractivo sin límites; seguiremos presenciando lidias pletóricas de incidentes sugestivos y bellos, y no veremos desaparecer de los espectadores esos apasionamientos creados por el partidarismo que solamente encuentra asiento entre los aficionados a la fiesta brava... Pero, ¿quién podrá negar que la retirada de Rodolfo Gaona haya muerto la figura más gigantesca con que ha contado el toreo? Vino Gaona. Se ha ido Gaona. La fiesta seguirá siendo la misma. Pero la historia tendrá que señalar un periodo de veinte años como excepcional, por haber figurado en él el mago del toreo, el único que merece el título de ÚNICO…

Unas reflexiones personales

De las propias expresiones de Gaona, considero que bien hubiera podido mantenerse en el superior primer plano que guardaba un par de temporadas más, para ceder el testigo a quien habría de sucederlo. Afirmo lo anterior, porque 232 días antes, vestido de corto, se había presentado en El Toreo de la Condesa un chiquillo nacido en Saltillo, hermano del torero que había alternativado el 30 de noviembre de 1924. ¿Su nombre? Fermín Espinosa Armillita Chico y al domingo siguiente, en la placita de Chapultepec, ya vestido de luces, volvió a poner a la afición de cabeza. La historia nos deja claro que la sucesión se produjo, pero la sede quedó vacante al menos un par de años.

Después, unas semanas antes de ese 12 de abril, El Universal Taurino publicó que el Califa de León había contraído matrimonio con doña Enriqueta Gómez, madre de sus hijos Rodolfo y Enrique. Quiero pensar que también esa fue una de las razones de peso que le llevaran a afirmar con contundencia, que todo estaba decidido y que le dieron la firmeza necesaria para respetar la decisión tomada y también a la afición, no volviendo a vestir el terno de luces desde esa fecha.

Por último. Se ha cumplido un siglo de la despedida de los ruedos de Rodolfo Gaona. Reitero, una auténtica despedida, porque nunca más volvió a vestir el terno de luces, por razón alguna. ¿Se imaginaría el Califa que su legado solamente permanecería vigente apenas cien años y que se intentaría sepultar por un puñado de insensatos?

domingo, 6 de abril de 2025

A un siglo de la despedida de los ruedos de Rodolfo Gaona (V)

Gaona y Revenido II de Zotoluca

La temporada 1924 – 25 del Toreo de la Condesa fue la final del ejercicio de Rodolfo Gaona ante los toros vestido de luces y fue una llena de triunfos. Entre los que se pueden listar a partir de la prensa de la época que relata sus hazañas, están las de Faisán de Atenco; Jorobado de Piedras Negras; en el beneficio de Valencia II; Cantarero de Coaxamalucan; Cornetín de Atenco, en el beneficio de Antonio Márquez; en la Corrida de la Prensa; y, Turronero II de La Laguna, aparte de las que he intentado relatar de manera individual en estas virtuales páginas.

Pero hay una tarde, la del 11 de enero de 1925, la corrida del beneficio de Gaona, en la que realizó una faena a un toro de regalo que la crónica consideró que superó a casi todas las realizadas en ese ciclo final de su paso por los ruedos y algún relator incluso llegó a calificarla de la faena más grande que le había visto al Califa de León en toda su trayectoria. Me refiero a la que le realizó al toro Revenido II de Zotoluca, nombrado así quizás en remembranza de aquel otro Revenido de la casa matriz de Piedras Negras, al que enfrentó el 17 de febrero del año anterior y acerca de la que, El – hombre – que – no – cree – en – nada escribió lo siguiente:

Sí, señores, en esa labor, grande entre las grandes, desde el primer muletazo iniciado y consumado de rodillas, hasta el momento en el que el estoque desapareció palmo a palmo en el morrillo del toro, hubo de admirarse valor enorme y sereno, tranquilidad pasmosa, sapiencia por toneladas y, sobre todo, arte puro, delicado y exquisito. ¡El acabose, señores! Torear con mayor quietud, con mayor dominio, con mayor coraje y con mayor belleza – sin hipérbole – ¡IMPOSIBLE!... Para esa faena cumbre, que nació inmortal, es una fortuna que los cronistas taurinos no hayan podido describirla; merece ser cantada por los artistas capaces de producir, al hacerlo, una obra tan perfecta, como lo fue la misma faena; necesita ser dibujada por mano maestra capaz de hacer comprender toda la belleza contenida en cada uno de sus detalles admirables...

Pues la obra de Gaona ante el segundo Revenido, despertó similares pasiones entre los cronistas, como podremos verlo enseguida.

El beneficio de Rodolfo Gaona

El cartel de la décimo cuarta corrida de la temporada 1924 – 25, a celebrarse el 11 de enero de 1925, se formó con toros de Piedras Negras para Rodolfo Gaona, José Roger Valencia I y Joselito Flores y como lo adelantaba antes, era el beneficio de Gaona. El cartel no era tan redondo que los anteriores del ciclo, descansando básicamente en la presencia del Petronio. Escribió en su día, Rafael Solana Verduguillo:

Sabemos de memoria que Rodolfo Gaona es afecto a presentar la tarde de su beneficio carteles un tanto débiles y a veces, escasos de interés. Mejor dicho, él no. El leonés no se ocupa por regla general de organizar las funciones en su honor. Comisiona a segundas partes, y como éstas nunca fueron buenas, de ahí que, taurinamente hablando, los beneficios del Maestro resulten un tanto esaboríos… Los organizadores de esos festejos no suelen ser personas entendidas en cuestión de toros, pero sí son comerciantes o bien negociantes que saben dónde se puede ganar un peso más. Y probablemente se harán este cálculo: Si la plaza se llena, Rodolfo, ¿para qué nos vamos a meter en trabajos de pagar toreros caros? … Hoy ha figurado en el cartel un buen torero, José Roger “Valencia I”, pero, en cambio, se ha hecho actuar también a Joselito Flores, modesto torero mexicano que por culpa de quién sabe quién, no se ha llegado a vestir de luces en toda la temporada. Y precisa dejar asentado aquí, que no era el momento para la presentación de un diestro de la categoría de Joselito, después de haber visto a los ases todos de la temporada en diversas actuaciones…

La critica de Solana es dura, pues hace notar que, al ser el producto de la corrida en su totalidad para Gaona, se procuró una inversión corta, en la pretensión de una utilidad grande, aprovechando sin duda, el tirón de taquilla del torero guanajuatense, al que todos querían ver a sabiendas de su despedida y por esa razón su equipo pareció haber procurado el mejor beneficio al menor costo posible.

La corrida de Piedras Negras fue de juego desigual, correspondiéndole a Gaona los toros de juego más complicado, aparte de que sopló viento toda la fría tarde. Al final de cuentas Valencia I saludaría un par de ovaciones y Joselito Flores sería herido por el sexto. 

Rodolfo Gaona y Revenido II de Zotoluca

Las crónicas señalan que la concurrencia pidió a Gaona el obsequio de un toro. Al final de cuentas él era el organizador del festejo y en cierto modo tenía el deber añadido de complacer a quienes llenaron el Toreo de la Condesa esa señalada tarde. En esa tesitura, al leonés no le quedó más que corresponder a la petición de la afición que quería acompañarlo en su temporada final. Sobre su hacer con el toro de Zotoluca, escribió Verduguillo para El Universal Taurino:

A petición del público, que no quiere llevarse una mala impresión del último beneficio de Gaona, el leonés obsequia un toro. Es de Zotoluca, cárdeno claro, vuelto de pitones. Se llama “Revenido”… Gaona torea de capa como en sus buenos tiempos; para, templa y manda en las verónicas, conservando los pies quietos y el cuerpo erguido. ¡Cuánto tiempo hace que no toreaba así! Y luego se echa el capote atrás y suelta cuatro lances estupendos y remata con una larga cordobesa. ¡El delirio! … En los quites, nos hace Rodolfo volver quince años atrás. Nada de modernismos, ni de retorcimientos, ni de quebrantamientos de la res. Todo suave, todo artístico, todo torero. Y Pepe Valencia, no le fue a la zaga, y también rayó a enorme altura, ya abanicando, ya doblando con el toro hacia las afueras, rematando apoyado en el testuz. Las palmas echaban humo… Y Rodolfo tomó las banderillas. Y comenzó con un par al cambio majestuoso, imponente, dejando llegar lo indecible. Metió los brazos el leonés, cuando ya tenía los dos pitones en la barriga. ¡Cuánto valor! ¡Cuánto arte! Y luego tres pares de frente, de los suyos, no hay que decir más… ¿Y la faena? Bastaría con decir que Rodolfo ha toreado como antes. El pase de la muerte, los naturales con la derecha, con la izquierda, los de pecho, los ayudados por bajo. Todo de torero bueno, de torero clásico… Y para coronar tan grande labor, el estoconazo hasta las uñas dando el pecho, saliendo por los costillares, limpio, sin más suciedad que la de los dedos tintos en sangre… ¡Qué bien ganadas las dos orejas y el rabo! ¡Y el paseo en hombros de los entusiastas! ¡Ese era Gaona... ese es Gaona! Somos jóvenes aún. Nuestras canas y nuestras arrugas nos engañan. ¡Mentira! No ha pasado el tiempo... Ahí está Ojitos llorando de emoción, con el puro apagado entre los labios... ¡Qué grande eres, Rodolfo! …

La faena que relata Rafael Solana recupera, en su concepto, aquellos matices que fueron objeto de duros señalamientos críticos por los críticos y aficionados que señalaban que su tauromaquia se había modernizado y dejado atrás las enseñanzas y los moldes clásicos que aprendió con su mentor Saturnino Frutos Ojitos. 

El juicio de Gaona ya en retrospectiva, respecto de su obra ante este toro es un poco diferente. Considera que la obra es absolutamente suya. Desde su óptica, el toro fue muy complicado y todo lo tuvo que poner él. Así le contó a Monosabio:

Con “Revenido II”, de Zotoluca, creo haber hecho mi mejor trabajo de muleta en esta última temporada... Para todo el público, aquel bicho fue un gran toro, y hasta se ha dicho que fue como “Revenido I”. Y no era un gran toro. Distó mucho de serlo... Era bravo, sí, pero no tenía lidia. Acabó sin pasar, con la cabeza alta, embistiendo reunido y sin humillar. Casi nada más atropellaba y en un principio creí que no podría matarlo, porque no se descubría... Y no obstante que a “Revenido II” no podía toreársele, le saqué lucimiento. Le obligué a pasar y, como es natural cuando el toro no acompaña, le expuse mucho y estuve a orillas de fracaso. Forcé el toreo... Ese toro se lo pongo a otro, ¡y a ver qué faena le hace!...

Así pues, con la visión del cronista desde el tendido y el parecer del autor de la obra, podemos apreciar que coinciden en que fue una gran faena, sin duda la mejor del Califa en su temporada de despedida, aunque en los matices relativos al toro y su comportamiento, haya divergencia en sus comentarios, pero eso es parte de la riqueza de la fiesta. Hasta la próxima semana.

domingo, 30 de marzo de 2025

A un siglo de la despedida de los ruedos de Rodolfo Gaona (IV)

Rodolfo Gaona y la evolución del toreo

El toreo había cambiado con una rapidez inusitada en las dos décadas que Rodolfo Gaona permaneció en los ruedos como matador de toros. Por una parte, Juan Belmonte apareció y depuró el elemento del temple y después vendría Gallito a traer los primeros esbozos del toreo en redondo. Sin embargo, a esas dos piezas les faltaba un tercer elemento para que unidas debidamente produjeran una verdadera evolución. Escribe José Alameda:

La consideración preferente de los valores espaciales, de postura o de plasticidad es una trampa en la que ha caído la crítica y la historiografía taurina... Los valores de tiempo son esenciales en el toreo... Y Gaona los tenía... Gaona les andaba a los toros, pero no solo en banderillas... también con la muleta... dentro del desarrollo de la faena, para mantener la reunión entre suerte y suerte, en el enlace de ellas... en las pocas filmaciones que se conservan, se encuentran algunos momentos en que le anda al toro con un “tempo”, con una cadencia, que no son frecuentes hoy en día, pero menos lo eran en aquellos...

El tercer elemento era ese tempo o ritmo que aportaba Gaona y que como dice Alameda, se le escapa a la mayoría de los historiadores del toreo. Por azar o por preclara inteligencia, Chicuelo reúne las piezas y las expresa por primera vez en México el 1º de febrero de ese 1925 ante Lapicero de San Mateo, demostrando que otra forma de hacer el toreo es posible.

Gaona ante la crítica en su última temporada

El Califa de León alguna vez confesó que Belmonte había llevado a todos los toreros de su tiempo a terrenos que nunca sospecharon pisar. Igualmente, con el paso del tiempo, la tauromaquia del torero de León fue evolucionando de manera imperceptible, distinguiéndose con claridad diferencias entre lo que le hacía a los toros el Gaona anterior a 1916 cuando permaneció prácticamente exiliado en España hasta 1921, y lo que realizó en sus últimas temporadas en México. Escribe una entonces jovencísima Esperanza Arellano, quien después sería conocida por su seudónimo de Verónica sobre este particular:

Ha toreado con esa arrogancia, con esa elegancia suya, es cierto, pero siempre en el terreno del más neto de los modernismos. Y sigue siendo, no lo niego, el amo, el único, modernista y todo, porque sabe lo que nadie y domina como nadie. Ahí lo imperdonable. ¿Qué necesidad tiene Gaona de torear así? ¿El mal gusto de los públicos? ¡No y mil veces no! ¿Es que Rodolfo dejaría de ser el gran torero que es, dejaría de querérsele y aplaudírsele, sólo porque no prodigara el relumbrón, la chabacanería y no torease con refinado modernismo? Él, el gigante, el coloso, debía imponerse e imponer al relajamiento, la degeneración, el mal gusto de los públicos, su arte grande, quintaesenciado; su toreo clásico, bello y gallardo, y aquéllos no tendrían más remedio que rendirse a la verdad, avasallándose al arte que satisface y a la belleza que cautiva y subyuga...

Estas duras afirmaciones contenidas en el ejemplar de El Universal Taurino aparecido el 5 de enero de 1925, cuestionan la evolución de la tauromaquia de Gaona, le critican que se haya adaptado a los cambios que evidentemente estaba sufriendo el toreo y de alguna manera le exigían que volviera a sus maneras originales.

Pero no es solamente Verónica quien alza la voz para señalar que la evolución del toreo del llamado Petronio es motivo de desagrado. También don Luis de la Torre El – hombre – que – no – cree – en – nada, en el ejemplar del El Universal Taurino del 19 de enero siguiente, se expresa en semejante sentido:

En su libro “Mis Veinte Años de Torero”, Capítulo IX, Párrafos II y IV de la página 117, refiriéndose a la mejor faena de su vida, ejecutada el día 21 de abril de 1912, en la plaza de Sevilla, España, dice Gaona: “La faena de muleta fue breve y artística: quince muletazos magistrales, solo, derecho y toreando de brazos... Aquella fue una faena seria. Sin arrodillamientos. Sin molinetes, ni cogerse de los pitones. Nada: toreo clásico, del que yo sabía... Los pases fueron ligados todos, en el terreno que yo quise, mandando y. haciendo del toro lo que me dio la gana”. ¿Se dan cuenta, señores gaonistas (?), de lo que es una faena cumbre de las que ahora se ven pocas, simple y sencillamente porque no las entendemos? Junto a ese modelo de faena y comparadas con algunas otras que han ejecutado no sólo Gaona, sino también otros diestros modernistas a quienes no queremos darles mayor importancia, digan ustedes, ¿qué lugar les corresponde a las tan cacareadas de “Pavo”, “Faisán” y algunas más? Yo juzgo que colocadas entre el modernismo – lugar que les corresponde –, son faenas magníficas, pero nunca comparables con otras portentosas en las que, según opinión netamente gaonista, ha sobrado toro o ha faltado torero, únicamente porque no ha sido el ídolo quien las ha ejecutado. Para las de Gaona hubo oreja bien ganada; para las otras, aunque también la hubo, se concedió por indulgencia y nada más. ¡Vaya imparcialidad y buena fe! ...

Algo de miopía, sin duda, ante el inminente cambio de maneras que estaba ya tocando a la puerta. El 1º de febrero de ese mismo año ocurrió la epifanía y el 25 de octubre siguiente Manuel Jiménez Chicuelo regresaría a ratificar que el modelo a seguir para la realización de una faena en una plaza de toros, sería a imagen y semejanza de la que él realizó ese domingo a otro toro de San Mateo, ahora llamado Dentista. A veces somos renuentes al cambio, pero con afición, terminamos aceptándolo.

15 de febrero de 1925, el encuentro de Gaona y Azote de San Diego de los Padres

En el año de 1921, a iniciativa de los directores de los diarios El Universal, El Gráfico, El Demócrata, El Heraldo, El Mundo y Últimas Noticias entre otros, se inició la edificación de la Casa de Salud del Periodista en la zona conocida ese entonces como Chapultepec Heights hoy las Lomas de Chapultepec en la Ciudad de México. Entre los eventos generados para financiarla, se incluyó en la temporada 1921 – 22 una corrida de toros, que se volvió tradicional desde entonces.

La correspondiente a la temporada 1924 – 25 se ofreció el día 15 de febrero de 1925 y para lidiar toros de San Diego de los Padres, se anunció a Rodolfo Gaona, Manuel Jiménez Chicuelo y Antonio Márquez. Esa tarde fue fecha de uno de los grandes hitos de la campaña final del Indio Grande, por su hacer ante el toro Azote, del que el torero recordó ante su biógrafo Carlos Quirós Monosabio:

A “Revenido II” y a “Azote” también los maté a mi gusto... Entre los pares que vivirán muchos años, dejo el de “Pinturero” y el de “Azote” – de San Diego los dos –; éste muy parecido al de “Pavo”... En la corrida de la Casa de Salud del Periodista, con “Peinador” y “Triciclo”, hice dos tercios de quites que, vaya, todavía se están aplaudiendo...

La crónica escrita por Verduguillo para El Universal Taurino acerca de la actuación de Gaona ante el sandieguino, en lo esencial es la siguiente:

En cuarto turno aparece “Azote”, cárdeno bragado, coletero, calcetero. Número 12. Tiene todo el tipo de aquel célebre toro “Sangre Azul”, de quien se dice que es hermano… toma el Califa las banderillas; y después de gallear, prende un colosalisímo par de poder a poder. Y sigue con otro, llegando a la cara, y levantando los brazos, maravillosamente. El tercer par es imponente. Vaya forma de medir los terrenos y de cuadrar en la misma cabeza… Rodolfo tiene que contender con un enemigo que, aunque escaso de poder, conserva codicia y acude donde le llaman. El primer pase es ayudado por alto; sigue un natural muy vistoso, aunque despegadillo. Se pasa el leonés la muleta a la derecha. Un natural, luego el de pecho, con los pies juntos, corriendo la mano, y pasándose todo el toro por la faja. Y después de esto, toda esa serie de pases y medios pases que el Califa lleva guardados en el baúl, y sólo saca los días grandes. ¡Qué faenaza! Cuánto valor, cuánta salsa ha derrochado el mexicano. Los que han opinado que para tener salsa torera hay que nacer en las márgenes del Guadalquivir, se han equivocado; que no contaban con que en el Estado de Guanajuato hay una ciudad que se llama León, que también da lo suyo… Y cuando “Azote” junta las manos, nuestro entusiasmo se torna en locura, al ver a Gaona volcarse, materialmente, sobre el toro, y hundirle la tizona un poquito del lado de allá pero con magnífica dirección. El toro tarda en doblar y Rodolfo descabella a pulso… Ovación delirante: las dos orejas, el rabo, tres vueltas al redondel. Sombreros, pañuelos, palomas, bastones… El acaboselipsis…

La faena de Gaona no fue precisamente breve y tendiente únicamente a despachar al toro que, falto de fuerza, pocas opciones dejaba para esperar la realización de algo de lucimiento ante él. Y sin embargo, tirando de una nueva manera de hacer, de una tauromaquia que estaba por llegar para quedarse, pudo evitar el adormecimiento de la concurrencia, alegrarla y alzarse con un gran triunfo en esa señalada tarde.

15 de marzo de 1925. Gaona y Hortelano de Veragua

La corrida a beneficio del Montepío de Toreros fue la penúltima que toreó Gaona en El Toreo. Se repetía el cartel de un mes antes, para alternar con Chicuelo y Antonio Márquez en la lidia de un encierro del Duque de Veragua, que permitió a los lidiadores recaudar recursos para sus compañeros heridos y también para los actuantes, que tuvieron una tarde redonda. Gaona le cortó el rabo al cuarto del festejo, Hortelano. Escribe Verduguillo acerca de su actuación:

“Hortelano” se llama el cuarto: es negro entrepelado, listón… Tras de brindar al señor Secretario de Industria y Comercio don Luis N. Morones, que ocupa un delantero de tendido, Rodolfo pasa a contender con “Hortelano”, al que encuentra aplomadísimo, pero dando la cara. Al dar Gaona el primer pase, de pecho con la derecha, el toro clava los pitones y da la voltereta, y con esto se le acaba el poco gas que le quedaba… El Indio supo aprovechar las condiciones de inmovilidad de su adversario y lejos de aburrirnos le sacó gran partido. Vimos al artista adornarse en todos los momentos, aunque el toro no le embistiera. No fueron pases los que dio el leonés, fueron simples adornos al margen de la fiera que le veía asombrada del dominio que derrochaba el maestro… Sí, señor, porque maestría y mucha se necesita para alcanzar lucimiento con un toro que no solamente no pasa, sino que ni siquiera se mueve…  Gaona ha logrado hacer del toro lo que se le da la gana. Y así vemos que lo lleva de un sitio a otro, como si fuera un corderito amaestrado. Le gustó a Rodolfo para dar la estocada, la querencia natural de los toriles, donde el torito podría hacer algo por él. Y sí que lo hizo. El leonés se perfiló en corto, dando la espalda a la misma puerta de los chiqueros, entró derecho, y hundió todo el acero en la misma cruz. Después descabelló al segundo golpe. Ovación grande, las dos orejas, el rabo, etc. Ovación también al toro…

La descripción que hace Rafael Solana de esa actuación es importante, porque no refleja una actuación tradicional, de manual, diríamos, ante un toro aplomado, agarrado al piso. Rodolfo Gaona quería cerrar su temporada regular con un gran triunfo y lo consiguió recurriendo a cuanto recurso estuvo en su mano para salir avante. Aparte del bien dominado oficio y de su evidente raza, recurrió a formas de salir a enfrentar a los toros que entonces eran novedosas.

Para terminar

La grandeza del toreo y de los toreros se demuestra en su capacidad de adaptarse a su evolución, siempre que se respete su esencia. En esos días el toro estaba siendo objeto en México de una profunda transformación genética, hecho que, sumado a la que estaba ya sufriendo el toreo, lo que exigía una manera nueva de enfrentar a los toros en los redondeles. Rodolfo Gaona, en el cierre de su brillante carrera, dejó bien claro que estaba perfectamente adaptado a esos cambios y en aptitud de contender con los nuevos valores de la fiesta, en sus propias claves. A veces, pareciera, a los que nos cuesta adaptarnos es a nosotros, los aficionados.  

domingo, 16 de marzo de 2025

A un siglo de la despedida de los ruedos de Rodolfo Gaona (III)

Rodolfo Gaona y Brillantino de Piedras Negras

La temporada 1924 – 25 en el Toreo de la Condesa constó de 25 corridas de toros, ofrecidas entre el 12 de octubre de 1924 y el 29 de marzo de 1925. Rodolfo Gaona fue indudablemente el eje y el soporte de ese ciclo, porque tomó parte en 15 de esos festejos, formados con un elenco de toreros integrado aparte de Gaona, por los diestros nacionales Arcadio Ramírez Reverte Mexicano; Luis Freg, Joselito Flores, José Ramírez Gaonita y Juan Espinosa Armillita quien recibiría la alternativa en esa temporada; por los hispanos vendrían José Roger Valencia I, Victoriano Roger Valencia II, Antonio Márquez, Manuel Jiménez Chicuelo, Mariano Montes, José García Alcalareño, Antonio Sánchez, y Gregorio Garrido.

En el renglón ganadero, los festejos se formaron con encierros de Piedras Negras, Atenco, Zotoluca, San Diego de los Padres, La Laguna, Coaxamalucan, San Mateo, Ajuluapan, Santín, San Nicolás Peralta y lotes hispanos de Justo Puente, antes herederos de Vicente Martínez y del Duque de Veragua.

Esos fueron los mimbres con los que el Dr. Jesús Luna y don Ignacio Soto arreglaron la temporada en la que el Califa de León se retiraría - definitivamente - de los ruedos.

La sexta corrida de la temporada 24 – 25

La presentación de Rodolfo Gaona en esa temporada de su adiós se preparó para el sexto festejo del ciclo, programado para el domingo 16 de noviembre de 1924, fecha en la que se le anunció para actuar mano a mano con José Roger Valencia I en la lidia de un encierro de Piedras Negras, ganadería tlaxcalteca dirigida en esas fechas por don Lubín González.

El hecho del anuncio de la primera actuación de Gaona en El Toreo durante ese ciclo, provocó una entrada superior en todas sus localidades. Así lo cuenta Miguel Necoechea Latiguillo, en su crónica del festejo para el diario El Demócrata de la capital mexicana fechado al día siguiente del festejo:

La presentación de Gaona ha tenido esta vez, como siempre, en la temporada de toros, el prestigio de brillante acontecimiento... La plaza de “El Toreo” llena de bote en bote lo atestigua; lo prueban, con la argumentación de costales de argentíferos y áureos tejos las taquillas; lo gritaba la “reventa” para la que ayer no existía el desalentador “¡barreras de primera fila al precio!”, sustituido por el denunciador de llenos: “¡compro el boleto que sobre!”... ¡Qué iban a sobrar! Persona hubo que el viernes ya pagara el ansiado papelillo a precio crecidísimo y que el sábado lo hiciera a valor de fábula; para el domingo no había una sola barrera, aunque se ofreciera por ella un ojo de la cara... La afición andaba loca...

Los síntomas eran de un gran acontecimiento, de esos que quedan, al menos por su arista económica, para la historia. Luego, lo que suceda en el ruedo, que no tiene visos de previsibilidad, tendrá que esperar a que los hechos programados, sucedan.

A la reaparición de Gaona se sumó otro acontecimiento, pues sin anuncio previo, se presentaron en la plaza los generales Álvaro Obregón, Presidente Constitucional de la República y Plutarco Elías Calles, Presidente Electo, quien entraría en funciones el 1o de diciembre siguiente. Escribe Gonzalo Espinosa Don Verdades para el diario capitalino Excélsior:

Poco antes de que diera comienzo la fiesta, llegaron a la plaza los señores generales de división Álvaro Obregón Presidente de la República y Plutarco Elías Calles, futuro Primer Mandatario. La muchedumbre, al darse cuenta de los dos Presidentes, los ovacionó cariñosamente...

La presentación de Rodolfo Gaona en la temporada no era indiferente ni a la clase política de la época, que se hizo presente en la plaza de toros para acompañar a quien en esos días y para la historia, es y ha sido, uno de los más grandes diestros que este país ha dado.

Rodolfo Gaona y Brillantino

El quinto toro de la tarde, último del lote sorteado por Rodolfo Gaona fue Turronero, un colorado, ojo de perdiz, bragado, que prácticamente desde la salida exhibió muestras de debilidad, por lo que después del primer encuentro con los montados, al perder las manos, fue devuelto por el Regidor en funciones de Juez de Plaza, el señor Petricioli, quien una semana antes, cuenta Don Verdades en su crónica, sostuvo a un toro de semejantes condiciones en el ruedo, siendo desastrosa la lidia del mismo. Agrega Gonzalo Espinosa:

Si nos hubiéramos resignado a que se lidiara este toro, según lo aconseja "Monosabio", ¡cuánto nos hubiéramos arrepentido! … Indudablemente que no hubiéramos presenciado la monumental labor que Rodolfo Gaona ejecutó con el sustituto y tal vez la bronca hubiera tomado las proporciones de un escándalo...

Y es que, afirmaba Don Verdades, el citado Monosabio, defendió hasta el extremo, la permanencia del toro de La Laguna que fue extremadamente débil el domingo 9 de noviembre anterior, no obstante que la prudencia aconsejaba su sustitución.

El toro que sustituyó a Turronero se llamó Brillantino, y fue de pelo negro, entrepelado y bragado. Este toro, contó Rodolfo Gaona en su libro autobiográfico Mis Veinte Años de Torero, fue el más manejable de su temporada postrera:

El toro más manejable que me han echado esta temporada, indudablemente fue “Brillantino”, de Piedras Negras... Le hice una buena faena, pero, como el toro puso lo suyo, el mérito nos lo repartimos entre los dos...

La faena de Gaona con Brillantino, fue calificada por Don Verdades, como superior a la que realizó el Califa a Revenido de Piedras Negras el 17 de febrero anterior y por su parte, Latiguillo va más allá, porque señala que supera no solamente a la de Revenido, sino también a las de Curtidor y Bordador. Esa fue la impronta que dejó esa tarde.

La versión de Rafael Solana Verduguillo para El Universal Taurino de lo sucedido esa tarde es la siguiente:

Comienza con el “pase de la muerte”, corriendo la mano con suavidad extraordinaria. Sigue un natural con la diestra y luego uno de pecho enorme. Mr. Smith se pone de pie y ya tiene el sombrero en la mano para arrojarlo a los pies del espada... Luego se lía Rodolfo a dar naturales; pero éstos tres muletazos que da con la zurda, constituyen el lunar en la artística faena. Ni para, ni manda, ni corre la mano, y, en cambio, deja que el toro le gane terreno y lo descomponga... Pero ya está Rodolfo con la muleta en la diestra nuevamente; ahora ejecuta tres pases de los llamados del “Centenario”; viene un molinete un tanto despegado, uno forzado de pecho, dos cambiándose de mano la franela, otro molinete ceñidísimo, y otro de pecho. Se arrodilla el diestro y, tomando al toro por la cepa del pitón, lo hace pasar en dos ocasiones; se pone de pie, vuelve la espalda al morucho, se hinca nuevamente, y en esa forma sigue toreando, hasta que, agotado, permanece un rato largo, de rodillas, ante el toro, terminando por volverle la espalda, para después pararse parsimoniosamente, y salir andando con lentitud de tortuga... Un pinchazo bueno y una honda tendenciosa, descabellando al segundo golpe… ¡Apoteosis! Sesenta dianas, mil sombreros en el ruedo, siete vueltas al ídem, catorce salidas a los medios... y la plaza convertida en un manicomio. Todos estamos locos...

Por su parte Miguel Necoechea Latiguillo en el diario El Demócrata, describe lo siguiente:

Quizá no lo entendieran quienes no lo vieron, y quizá no lo creyeran los que, ayunos de ese sentimiento de espiritualidad que nos empuja a la exaltación mística, que nos enmudece y que nos pasma a los que vamos a los toros por el arte mismo de la fiesta y divorciados de toda simpatía vulgar, pero todos quedamos convencidos, firmemente convencidos, después de verlo ayer frente a "Brillantino", de que Rodolfo significa, no durante una época, sino en todas las edades, el punto diamantinamente concéntrico del arte del toreo... Y es que en este artista magnífico, la persistente evolución del toreo puede luchar cambiando de procedimientos, pero a ellos ha adoptado fácil y gallardamente, los detalles de su arte peligroso, sin cambiar los valores fundamentales del principio que él mantiene, ÚNICO dentro de su integridad artística y en el límite preciso del clasicismo...

De la versión publicada en Excélsior por Don Verdades, extraigo:

“Revenido” ha pasado a la historia. El nombre de aquel famoso toro con que Rodolfo Gaona hizo una faena de muleta que hasta hoy no se olvida, va a ser reemplazado por el de "Brillantino", el sustituto del quinto animal de ayer, con el que el torero mexicano ejecutó una de las más admirables faenas de su vida torera y que en mucho sobrepasó la ejecutada con “Revenido”... La faena de “Brillantino” fue de esas faenas que jamás se olvidarán y que en una de las páginas de la historia de 20 años de la historia de un torero, que un colega prepara, debe quedar grabado con caracteres de oro y de diamantes, para que las generaciones futuras se recreen y sepan lo que los gladiadores taurinos de nuestra época sabían hacer... Gaona cortó la oreja de “Brillantino” que por unánime petición de millares y millares de espectadores fue concedida por su señoría el edil que presidía la fiesta. El apéndice auricular de “Brillantino” estuvo bien ganado por el torero de León y nadie, absolutamente nadie se opuso a que se le concediera...

Por su parte, Valencia I tuvo una actuación muy destacada ante el primero de su lote, segundo de la tarde Platanero, al que, de acuerdo con las crónicas, pudo cortarle también la oreja, de haber estado fino con la espada.

Los tiempos que ya no serán

El lleno en la reaparición de un torero en su campaña de despedida con la presencia del titular del Poder Ejecutivo en la plaza para acompañarlo es algo que ya no será posible ver en el país que hoy vivimos. Es altamente probable que solamente nos queden estos recuerdos de una fiesta que tiene por divisa la grandeza y que un puñado de intolerantes, que enarbolan intereses que no merecen ser confesados, pretenden erradicar por decreto. Pero no la quitarán de nuestra conciencia ni de nuestra memoria y en lo que esté en nuestra mano, seguiremos difundiendo su trayectoria, para que quede claro que es parte de la cultura y la historia de México.

domingo, 1 de diciembre de 2024

30 de noviembre de 1924: Juan Espinosa Armillita recibe la alternativa en El Toreo de la Condesa

Juan Espinosa Armillita había debutado como novillero en el año de 1922 y al año siguiente se había presentado en la plaza Chapultepec de la capital mexicana, alternando con el neoyorkino Sidney Franklin en la lidia de novillos de La Encarnación, en festejo matinal y lo haría en el coso de la colonia Condesa el 18 de mayo de 1924, cuando se abrió la temporada de novilladas de ese calendario, misma que constó de 15 festejos menores y tres corridas mixtas. El torero de Saltillo actuó en 14 novilladas y dos de esas corridas con matadores de toros, un hecho inusitado hasta nuestros días.

Fueron sus compañeros de quinta Pepe Ortiz, Genaro Corona, Miguel Gallardo El Diablito, Manuel Gómez Blanco Yucateco o Sidney Franklin entre los novilleros, porque en ese ciclo actuaron varios diestros que habían recibido antes la alternativa y la renunciaron como Samuel Solís, Julián Rodarte, Porfirio Magaña, Cayetano González o Eligio Hernández El Serio. Se ve que habiéndose barruntado que la despedida de Rodolfo Gaona estaba ya cerca, muchos toreros intentaban escalar una cima que en su día no pudieron alcanzar, aprovechando que El Califa de León dejaba las lides en los ruedos.

Apoderado por el matador retirado Eduardo Leal Llaverito – tío abuelo de nuestro contemporáneo Curro Leal – el saltillense Juan Espinosa Armillita desarrolló una triunfal temporada novilleril en el Toreo de la Condesa, imponiéndose en varias de las tardes en las que actuó al complicado ganado al que le tocó enfrentar, porque las novilladas que don José del Rivero adquirió para la temporada en buena medida provinieron de hierros como Parangueo, Galindo, Cazadero, La Encarnación o San Nicolás Peralta y aunque también se presentaron ganaderías como Piedras Negras, Zotoluca, San Mateo o San Diego de los Padres, el número de novillos que enviaron fue bastante menor a las nombradas en primer término.

Polémica temprana

Pronto se desató una polémica acerca de las posibilidades de Armillita. Se comenzó a hablar de que él sería el sucesor de Gaona, quien ya había anunciado que al final de la inminente temporada de corridas de toros se despediría de los ruedos. Al pontifex máximus del gaonismo, Carlos Quirós Monosabio, no pareció caerle bien la propuesta, porque en el número de El Universal Taurino fechado el 24 de junio de ese 1924, en una pieza titulada No se ganó Zamora en una hora, entre otras cuestiones, escribió:

Espinosa no ofrece la singularidad de un caso. Imita – y muy bien hace en imitarlo –, a Gaona. Gaona lo mismo hubiera hecho, si en sus mocedades encuentra a quien copiar... Espinosa será un gran lidiador, muy seguro, muy enterado, muy fácil, pero no marcará huella personal. Se parecerá a otro... Gaona fue él desde sus comienzos. Tuvo semejanzas con modelos que no conocimos, y por ello no pudo sujetársele a ninguna comparación. Y aun cuando siguiera su escuela, puede decirse que no los imitó, sino que, desde un principio, buscó hacer destacar su personalidad... Juan, hasta hoy, poco es lo que tiene hecho para corresponder a las señaladas muestras de estimación que ha recibido de los aficionados... Los que ya creían ver en Juan Espinosa a enemigo de peso para arrojarlo sobre Gaona, se habrán convencido de que ese deseo está verde...

Juzgó, como se puede ver, con inusitada dureza y sin conceder atisbo alguno de duda al joven Armillita que, si bien tenía ya un par de años recorriendo las plazas de nuestra república, demostraba que entendía el torero y tenía voluntad de ser gente en esto.

Dos números después, el 8 de julio siguiente, en el mismo Universal Taurino, don Luis de la Torre, El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, replicó a Monosabio y de esa réplica entresaco:

Gaona y Espinosa, cada quien, en su nivel, el uno de maestro cuajado y el otro de aventajadísimo discípulo, los dos son lidiadores estupendos, y si se diera el caso anotado por “Monosabio”, entonces “Armillita” sería algo maravilloso, rayano casi en lo sobrenatural... ¿Qué Gaona creó una personalidad? ¡Quién lo ha dudado hasta ahora! Pero debemos no olvidar, sin que por ello disminuya en algo su enorme mérito, que fue guiado por un maestro que no desatendió el más insignificante detalle a fin de que sus discípulos, de acuerdo con su inteligencia y aptitudes, los aprovecharan, poniéndoles como modelos a los grandes clásicos de su época... Si Espinosa no es muy variado en su repertorio – que sí lo es – culpa debe ser de su modelo, que en los últimos tiempos se muestra demasiado avaro de las riquezas de su arte. Si Espinosa hubiera visto a Gaona en los tiempos a que alude el señor “Monosabio”, indudablemente que sería tan largo como lo era entonces el futuro Califa...

Muy temprano se le tiraron a la yugular al joven Armillita, por su deseo de tratar de ser un torero importante y de escalar con rapidez la primera línea de la torería nacional.

La octava corrida de la temporada 1924 – 25

La alternativa de Juan Espinosa Armillita se programó para el domingo 30 de noviembre de 1924, anunciándose como padrino al leonés Rodolfo Gaona y para atestiguar la ceremonia al madrileño Antonio Márquez quien se presentaba en la temporada. El encierro seleccionado al efecto fue de la ganadería de Zotoluca, propiedad de don Aurelio Carvajal. Las entradas a la plaza se agotaron con bastante anticipación. Escribió Verduguillo para El Universal Taurino:

La alternativa de “Armillita” y la reaparición de Márquez, han hecho el milagro. No cabe la gente en los tendidos y los que han llegado tarde, se han visto en la necesidad de escalar las azoteas y allí tomar asiento… Los Sres. Presidentes, Generales Obregón y Calles, han sido ovacionados al entrar en el circo. La ovación se ha prolongado por varios minutos, y han tomado parte en el agasajo todos los concurrentes… “Chicuelo” es también aplaudido, cuando ocupa su barrera de primera fila, Y para que nadie se sienta, también aplaudimos al C. Regidor que preside la corrida, a pesar de que no conoce el reglamento de toros vigente…

Lleno hasta en la azotea y personajes de renombre en los tendidos. Cuando en los carteles se ofrecen combinaciones formadas con imaginación, inteligencia y atendiendo al interés de la afición, ésta se retrata en las taquillas y llena las plazas. Esta particular fórmula es infalible.

Sigue escribiendo Rafael Solana en su crónica:

Las cuadrillas hacen el paseo, marchando al frente un charro vestido a la usanza de hace algunos años, y tras de éste, los maestros Rodolfo Gaona (de tabaco y oro), Antonio Márquez (de verde esmeralda y oro) y Juan Espinosa “Armillita” (también de tabaco y oro). Los tres espadas son ovacionados, y cuando los varilargueros ocupan sus puestos, sin colocarse ningún peón entre ambos, como lo dispone el reglamento, Rosendo Béjar manda que salga el primero…

El toro de la alternativa de Armillita se llamó Costurero, de pelo cárdeno oscuro, listón, salpicado, bragado y estaba marcado con el número 34. Ante él, el toricantano realizó una faena en la que destacó su actuación en el segundo tercio:

Juan Espinosa toma los garapullos... Después de dos salidas en falso, el niño se decide y prende un magnífico par, llegando a la. cara, y cuadrando como los grandes banderilleros… La ejecución ha sido colosal. Por el lado izquierdo va ahora el muchacho. Se pasa sin clavar una vez, y a la segunda, deja uno de poder a poder estupendo, Las palmas que se le tributaron fueron pocas, y eso que toda la plaza aplaudió... Lo dicho: “Armilla” es as con las banderillas. ¿Estamos de acuerdo? … brinda a los Presidentes, y se encara desde luego con “Costurero” que ha llegado al trance final con la cabeza suelta… Los primeros cuatro muletazos son de torero enterado, por bajo, para castigar… Lograda la cuadratura, el de Saltillo, se perfila en corto, emprende el viaje derecho y rápido, y hunde todo el acero, un tanto perpendicular y delantero, con lo que basta para que “Costurero” quede en condiciones de ser descabellado, lo que hace Juan en dos tiempos, es decir: primero toca un poquitín, cayendo el toro, pero el puntillero lo levanta, y luego Espinosa tiene que descabellar por segunda. vez; ahora sí completo…

Como se puede leer, la alternativa de Juan Espinosa Armillita no fue triunfal, pero sí fue una demostración de que se trataba de un torero poderoso, con capacidad para superar las dificultades que los toros le presentaran y, sobre todo, que estaba listo para la alternativa que le había sido concedida.

Rodolfo Gaona ante Pavo

Señalaba Verduguillo al relatar la actuación de Armillita que éste último era un as con las banderillas. Pues bien, Rodolfo Gaona, quien era un consumado artista del segundo tercio, no iba a dejarse pisar el terreno y aunque el cuarto de la tarde, Pavo, un muy bien armado berrendo en negro no era precisamente el toro ideal, salió a dejar su rúbrica y a establecer que él seguía siendo, todavía, el principal en esos menesteres:

Del segundo tercio se encarga Don Rodolfo. He puesto DON, y van ustedes a ver por qué. Por lo pronto, clava el Indio un par muy bueno, de poder a poder, por el lado derecho. Luego prende un sesgo por fuera colosalisímo. Cuartea en seguida otro par por el lado izquierdo, de maestro, llegando y... “Asómate a la: ventana para que mi alma no pene” ... ¿Y el cuarto par? Bueno: un sesgo por dentro, faltando un milímetro para que el Indio quedara clavado en las tablas. ¿Valientes a mí? Yo borro donde otro pinte. Por supuesto que ese cuarto par, que fue hazaña de maestro y además de hombre, provocó en los tendidos enorme alboroto… No escribí... y conste, que para que yo no escriba, y me dedique a contemplar una faena con todo el afán y toda la sed de emociones que mi pecho encierra, debe ser ella muy grande, enorme. Básteme decir, que las célebres faenas de “Brillantino” y “Faisán” quedaron borradas por la inenarrable labor del Indio…

El celo es un ingrediente fundamental para ser figura del toreo, el tener ese deseo de mantener y defender el sitio que se ha ganado delante de los toros.

El encierro de Zotoluca

La corrida enviada a El Toreo por don Aurelio Carvajal tuvo edad y cuajo. Los toros de la divisa celeste y rojo y que llevaban el antiguo hierro de Tepeyahualco, dejaron satisfechos a todos con su presentación:

Hay encerrados para esta tarde, seis buenos mozos de Zotoluca. Ya sabemos que don Aurelio Carvajal, es entre los ganaderos, uno de los que más se ha venido preocupando porque sus reses tengan buena presentación y tipo. De “Zotoluca” no salen becerros. Y el que quiera desmentirme, no tiene más que ver que las dos corridas que se han lidiado este año, han sido las más serias de cuantas hemos visto… Es una corrida de prueba la que hay encerrada en los corrales. No parece, sino que Pepe del Rivero quiso encerrar a “Armillita” en su alternativa con toros de respeto para que les vaya perdiendo el miedo, y para demostrar a los incrédulos que el joven de Coahuila puede con todo lo que le echen...

Coda

Sin duda que el hecho que se proclamara a Juan Espinosa Armillita como sucesor de Rodolfo Gaona, molestó a muchos de los seguidores del Califa. La historia nos enseña que después de una interesante y digna trayectoria como matador de toros en ruedos de España y de México, sería también un enorme y muy distinguido hombre de plata.

Pero otro Armillita, Fermín Espinosa, que sí sucedió a Rodolfo Gaona y que, sin duda, es la principal figura del toreo que México haya dado a la historia, se presentó en El Toreo, con 13 años de edad, el 13 de agosto de ese mismo año de 1924. 

La dinastía Armillita había llegado para quedarse.

domingo, 27 de octubre de 2024

24 de octubre de 1924: Con una dura corrida de San Mateo, se presenta Valencia II en el Toreo de la Condesa

La temporada 1924 – 25 en el Toreo de la Condesa estaba destinada a ser histórica, pues fue la de la despedida de los ruedos de Rodolfo Gaona, uno de los más grandes toreros que ha dado México y también uno de los más importantes de la historia universal de esta fiesta. Aunque el Califa de León cargaría con el peso del ciclo, la empresa formada por José del Rivero y el doctor Luna buscó conformar un elenco adecuado para revestir el acontecimiento que cerraría esa señalada temporada. Escribe Rafael Solana Verduguillo:

Llegó el Dr. Luna a Madrid dispuesto a ver corridas antes de hablar con ningún apoderado. Asistió a casi todas las ferias importantes, comenzando por la de Valencia y acabando por la de San Sebastián. Y pensó que entre todos los toreros que había visto, sólo tres podían interesar a los aficionados mexicanos... El primero que contrató fue “Chicuelo”; era entonces Manolo Jiménez el artista por excelencia... En Madrid, el más aplaudido era un torero paisano, muy buen banderillero, poderoso con la muleta, Se llamaba Antonio Márquez. También lo contrató el doctor Luna... a este Márquez le disputaba todas las tardes las ovaciones otro madrileño, un muchacho chaparrón, cuyo nombre era Victoriano Roger y lo apodaban “Valencia II”, o bien el “Chato Valencia”... era muy valiente y se pasaba los pitones muy cerca lo mismo al torear con el capote que con la muleta, y tenía una media verónica que no se había vuelto a ver desde Belmonte. Su hermano José ya estaba contratado, y así consideró el doctor que con los “Valencias”, Márquez y “Chicuelo”, ya tendría Gaona para divertirse...

A los toreros hispanos que menciona en su libro Solana, se sumaron Mariano Montes, José García Alcalareño, Antonio Sánchez, Gregorio Garrido y Rafael Rubio Rodalito, quienes tendrían como contrapartes nacionales, aparte del ya nombrado Gaona, a Luis Freg, Joselito Flores, Arcadio Ramírez Reverte Mexicano, quien se despedía de los ruedos, José Ramírez Gaonita y Juan Espinosa Armillita, que recibiría la alternativa.

En esas condiciones se presentaba a la afición una temporada que se esperaba fuera memorable en muchos de sus aspectos y la puerta de inicio a una nueva etapa de la historia de la tauromaquia en este lado del mar.

La tercera corrida de la temporada 24 – 25 

Para el domingo 24 de octubre de 1924 se anunció un singular cartel, con toros de San Mateo para los madrileños José Roger Valencia I y Victoriano Roger Valencia II, quien se presentaba en la capital mexicana, mano a mano. Quizás para la afición los toros de San Mateo representaban el principal atractivo en el anuncio, por ser ya producto de la simiente de Saltillo importada por los hermanos Antonio y Julián Llaguno algo más de tres lustros antes. En cuanto a los toreros, Valencia I ya era conocido de la afición capitalina, porque se había presentado la temporada anterior y era reconocido como un torero valiente y pundonoroso, pero su hermano Victoriano representaba una incógnita que solamente se conocía por las relaciones contenidas en la prensa taurina de la época. 

Y sin embargo, la plaza se llenó, en su crónica aparecida en El Universal Taurino del 27 de octubre siguiente, el propio Verduguillo refiere lo siguiente:

Por primera vez hemos visto esta temporada los tendidos rebosantes de aficionados. El anuncio de Valencia II, en fraternal competencia con su hermano mayor, bastó para que la gente acudiera en masa a presenciar las proezas de los matadores, hijos de aquel célebre. banderillero de grata memoria… En sombra no cabía la gente. Y en sol, el graderío estaba totalmente ocupado, sin hacerse necesario subir a las azoteas. Fue un lleno, pero no un llenazo… La empresa ha dado una nota simpática, no alterando los precios, tratándose como se trató de un cartel mucho más costoso que el de domingos anteriores. Así han demostrado los señores Luna y Rivero que, aunque tanto ellos como sus socios han entrado en el negocio para ganar y no para perder dinero, no les ciega la ambición. La presentación de Valencia II, torero mucho más caro que Luis Freg y Mariano Montes debió suponer un pequeño aumento en los precios de entrada. Sin embargo, fueron los mismos. Mi enhorabuena a todos los que desembolsan la pastilla para adquirir el billete…

Los tiempos eran otros. Los precios de acceso a la plaza estaban fijados de antemano y no se hacían diferencias entre unos toreros y otros para exprimir a la afición, sino que se le consentía y se procuraba asegurar el lleno. Y se conseguía.

Los toros de San Mateo

Esta tarde no fue precisamente una de triunfo para la divisa rosa y blanco. De seis toros que se anunciaron, salieron al final nueve de los toriles. Fueron devueltos a los corrales el primero Peluquero, por manso; el primero bis, Peregrino por la misma causa. El cuarto Fortuna fue condenado a banderillas negras, pero refiere la crónica citada: Béjar ordena que se le pongan banderillas de fuego. Pero don Antonio Llaguno, que como he dicho antes, no persigue los duros, sino el prestigio de su vacada, manda que por su cuenta salga otro toro más... El cuarto bis nombrado Canta Claro sí tuvo que sufrir las banderillas de fuego, al igual que Peligroso el quinto de la corrida. Únicamente generó reconocimiento para su criador el primero tris, Mala Sombra por el cual don Antonio Llaguno recibió una fortísima ovación.

En alguna forma se trató de justificar ese mal juego de los toros por, dice Rafael Solana en su crónica, un distinguido aficionado cuyo nombre no es forzoso mencionar, en el siguiente sentido:

Tenemos que andar constantemente a salto de mata; no sabemos ya dónde esconder los toros. Los echamos un día en un potrero y al día siguiente nos vemos obligados a sacarlos porque los agraristas y otros “istas” meten el desorden, y la seguridad de las reses está en peligro… No quiero decirle las que pasamos en los tiempos de la revolución. Aquello fue horrible... Como que hubo día en que tuvimos que encerrar los toros en un corral pequeño, donde aperas podían moverse… Todos estos movimientos y estas andanzas, dan por resultado que los toros se estropeen, y que cuando salen a la plaza no den el juego que la afición tiene el derecho de esperar de ellos, ya que son de pura sangre española…

Allí queda la justificación no pedida acerca del pésimo juego de esa corrida, que en esos días resultaría ser un hecho inusitado.

Los hermanos Valencia

José Roger Valencia I reafirmó las condiciones que se le conocieron desde la temporada anterior. Tanto así que al salir al primero de la corrida tuvo que ser llevado a la enfermería por un fuerte golpe que le propinó el toro antes de ser devuelto a los corrales. Regresaría a finiquitar a los otros dos de su lote. Esperanza Arellano, a quien después conoceríamos por su seudónimo de Verónica, reflexionó lo siguiente acerca de su actuación:

Mi admiración fue grande y sincera, cuando vi a José salir de la enfermería después de la cogida que sufrió en el primer toro, y destaparse por verónicas y gaoneras estatuarias. Pero mi admiración se tradujo en entusiasmo indescriptible cuando el madrileño armó el escándalo de la tarde después de sufrir otra emocionante cogida en el tercer toro. Ahí José fue el torero macho para el que las caricias del enemigo son un motivo más para derrochar el valor y la vergüenza por quintales; ahí José nos hizo sentir toda la fuerza, toda la potencialidad viril de la fiesta brava, cuando con el rostro ensangrentado, las ropas en desorden y con la serenidad que sólo proporciona el valor positivo, toreó a la fiera sabiamente, dominándola, para más tarde hundirla el estoque en las entrañas… ¡Bravo, José, eso es tener el corazón bien plantado y lo demás son tonterías! ¡Ah, si todos los toros hubiesen sido como el tercero, qué tarde, qué gran tarde, nos hubieran dado los hermanos Valencia!

Por su parte, el debutante Valencia II tuvo una presentación que dejó espacio para que se le quisiera volver a ver. Le tocaron los huesos del encierro y resolvió con atingencia. Así lo calificó la citada Verónica:

Hay que verlo con el toro boyante, con el que se hace gala de arte y “jechuras” y con el toro difícil con el que hay que hacer derroche de conocimientos y acopio de habilidades. Entonces podremos juzgar a conciencia y sin temor a posibles equivocaciones. Antes, no. Por esto, no externaré mis opiniones definitivas sobre el diestro de Madrid. Me limitaré a decir que por simples detalles Victoriano me parece un torero verdad que desconoce el truco y las artimañas. Que presumo, por lo que vi hacerle con el capote que tarde llegará en la que nos vuelva locos al torear de capa a un toro que embista franco y, sobre todo, pronto. Si con toros como los de San Mateo, Valencia II dio el parón verdad, no sé qué hará con toros... que no sean los de San Mateo... ¿Me han entendido? … Y no queriendo entrar en más detalles, diré, para terminar, que Victoriano estuvo valientísimo, conocedor y habilidoso, con los toros que, en suerte, (¡vaya suerte!) le tocaron…

Al final de cuentas, los toreros fueron los que salvaron una tarde que por las condiciones de los toros estaba destinada a irse por el despeñadero. Y es que, todos los toros tienen lidia, su lidia.

Lo que el futuro deparaba

La anunciada despedida de Rodolfo Gaona dejaba una importante interrogación en el ambiente taurino mexicano. Algo más de un mes después de esta corrida, el Califa le daría la alternativa a Juan Espinosa Armillita, a quien muchos consideraban que podría ser el sucesor del torero de León de los Aldama. Pero también en el mismo ciclo se produciría, en el siguiente febrero, un acontecimiento en el ruedo de El Toreo, que representaría un giro histórico en la manera en la que se hacía el toreo, cuando Lapicero de San Mateo y Chicuelo se encontraron en esa arena.

Allí quedó demostrado que la historia del toreo está en constante movimiento, la conclusión de una de sus etapas siempre será el prólogo de la siguiente. Por eso la fiesta se ha extendido en el tiempo hasta nuestros días.


domingo, 18 de febrero de 2024

Rodolfo Gaona y Revenido de Piedras Negras a un siglo de distancia

Muchos proclaman que la faena que Rodolfo Gaona le realizó al cuarto toro de la corrida del 17 de febrero de 1924 en el Toreo de la Condesa, fue la mejor de su carrera aquí en México. Después de tanto tiempo transcurrido, es complicado hacer una afirmación de esa naturaleza. Lo que se puede afirmar con certeza, es que fue una gran obra y que provocó una gran controversia en su momento, porque los opinadores más destacados de su tiempo se pronunciaron acerca de ella y lo hicieron en sentidos diversos y hasta opuestos.

Esa corrida fue el beneficio del torero de Alhama de Aragón Juan Anlló Nacional II, que fue acompañado en el cartel por el valenciano José Roger Valencia y el Califa Rodolfo Gaona, para enfrentar un encierro de Piedras Negras, ganadería de Tlaxcala dirigida en esos días por don Lubín González. 

Para esa temporada del 23 - 24, don Pepe del Rivero trajo para competir con Gaona precisamente a Nacional II, a Valencia, a Facultades y a Mariano Montes entre los hispanos, y entre los nacionales destacaron como siempre Juan Silveti y Luis Freg. A decir de Verduguillo en su recuento de la historia de esos tiempos, Gaona ya expresaba su cansancio por cargar con el peso de la fiesta aquí y quizás por eso el empresario Del Rivero le preparó un elenco de toreros que aprietan lo que pueden, pero que no podían con El Petronio.

El beneficio de Nacional II transcurría por buenos cauces. Valencia había emocionado a la concurrencia al despachar al segundo de la corrida con un soberbio volapié, que Varetazo, el cronista titular de El Universal Taurino calificó de tremebundo y Juan Anlló, al tercero de la tarde le realizó una buena faena, bien rematada con la tizona, que le valió el corte de las dos orejas del toro. Por otra parte, es menester reconocer que los toros que envió don Lubín González eran hasta ese momento de irreprochable presentación y de excelente juego.

Revenido, número 14, de Piedras Negras

El primer punto de controversia que despertó la faena de Rodolfo Gaona a Revenido fue el toro mismo. Por una parte, el doctor Carlos Cuesta Baquero, firmando como Roque Solares Tacubac, en El Universal Taurino, afirma:

Un toro de escaso “respeto”; aunque no propiamente una “mona”, sí de mediana corpulencia y de no grande cornamenta. Toro que hizo franca pelea en los dos primeros tercios de la brega… En el último tercio, teniendo el toro todas las condiciones que requiere en sus adversarios el “Señor Gaona”: bravura, parsimonia en el acometer, sencillez para tomar cumplidamente el engaño. Lo que da motivo para el calificativo de “toro ideal” …

Por su parte, Varetazo, en la extensa crónica que hace de la corrida, también resalta algunas condiciones de Revenido:

El cuarto fue más pequeño que sus hermanos, cárdeno oscuro, con bragas vuelto de cuerna, número 14 y responde al nombre de “Revenido” (¡vaya nombrecito!). Hace salida contraria, y para demostrarlo, se lleva en su viaje a los dos picadores, tomando un refilonazo de cada uno… Don Rodolfo brinda la muerte de “Revenido” al general Arnulfo Gómez, Jefe de la Guarnición y de las Operaciones del Valle… Aquí va él hacia el toro, y ordena, enérgico, que se retire la peonada. Hay expectación, porque el toro no es una gran cosa. Es bravo y codicioso, sí, pero tiene sus defectillos, uno de ellos – el más importante, quizá – es que no toma bien el engaño…

Los dos cronistas exponen que el toro era de menos volumen o corpulencia que los tres anteriores que salieron al ruedo. Quizás, a un siglo de distancia, podríamos pensar en que se trataba ya de un toro mejor proporcionado, con más hechuras asaltilladas que lo hacían distinguirse de los demás que venían en el lote que fue a el Toreo.

La gran faena de Rodolfo Gaona

En 1951, en el desaparecido diario Noticiero Gráfico, Rafael Solana Verduguillo, publicó una serie de artículos con su visión de la historia taurina de México. Don Humberto Ruiz Quiroz los coleccionó y aunque por motivos profesionales Verduguillo dejó su recuento en el año de 1934, los Bibliófilos Taurinos de México los recopilaron en una obra titulada Tres Décadas de Toreo en México. En dicho recuento, el citado autor reflexiona:

Una tarde se lidiaron toros de Piedras Negras. Entre ellos salió un cárdeno listón, muy abierto de pitones, que se llamaba “Revenido”. Lo toreó muy bien Rodolfo con el capote... Llegó la hora de la muerte. Rodolfo brindó la faena de “Revenid” al general Arnulfo Gómez, comandante militar de la plaza... Se hincó Rodolfo, y obligando mucho a “Revenido” le dio dos muletazos por alto; ya de pie, le ligó una serie de pases maravillosos; y a media faena, volvió a hincarse Gaona y surgieron otros muletazos brillantísimos... El público ardía en una llamarada de entusiasmo...

Fue, desde este punto de vista, una obra en la que el torero se impuso a las condiciones del toro, que, recurriendo al recuento de Varetazo, parece ser que efectivamente no tomaba bien los engaños.

Una segunda versión es la de don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, quien en la sección La Página del Público, en el número del Universal Taurino fechado el 26 de febrero de 1924 entre otras cosas escribió:

Sí, señores. en esa labor, grande entre las grandes, desde el primer muletazo iniciado y consumado de rodillas, hasta el momento en que el estoque desapareció palmo a palmo en el morrillo del toro, hubo de admirarse valor enorme y sereno, tranquilidad pasmosa, sapiencia por toneladas y, sobre todo, arte puro, delicado y. exquisito. ¡El acabose, señores! Torear con mayor quietud, con mayor dominio, con mayor coraje y con mayor belleza – sin hipérbole –. ¡IMPOSIBLE! … Para esa faena cumbre, que nació inmortal, es una fortuna que los cronistas taurinos no hayan podido describirla: merece ser cantada por artistas capaces de producir, al hacerlo, una obra tan perfecta como lo fue la misma faena; necesita ser dibujada por mano maestra capaz de hacer comprender toda la belleza contenida en cada uno de sus detalles admirables… Bien sé que no faltará quien diga que exagero; sé perfectamente que ha habido va, que hay y que habrá quien se proponga restar méritos a la prodigiosa labor, encontrando defectos en verdaderas insignificancias. Pero, ¡qué importa! ¿No quedó ya, como prueba irrefutable de su grandeza, en la mente de más de veinte mil espectadores, la ovación más clamorosa y de mayor duración que nunca se haya escuchado? …

Don Luis califica la hazaña del Califa de León como una página de diamante de la historia de la tauromaquia… Nada más.

Por su parte, el doctor Carlos Cuesta Baquero, reflexiona:

El “Señor Gaona”, que no es lerdo, comprendió la “idealidad” y la aprovechó según la manera que él quiso aprovecharla. Hizo trasteo profuso en “pinturería”, aunque no en belleza que proviniera de arte clásico. En la que podía proporcionar con la mano izquierda, enlazando los pases para hacer la faena en corto terreno y teniendo quietud en los pies… Con la mano izquierda fueron muy contados los muletazos – si acaso los dio, ¿por qué no los menciona el cronista áulico, el de cámara? –, todo fue con la mano “diestra”, en pases ayudados, estando el “Señor Gaona” de pie o arrodillado… ¿Verdad que tan fatigoso no hubiera sido aquello, si el “Señor Gaona” lo efectúa toreando tal y como debió ser? ¿Verdad que, a los toros bravos, nobles y “pastueños” hay que “trastearlos” sin exceso de adorno, pero sí bellamente sujetándolos en poco trecho y así, sin necesidad de recurrir a “el agua”? … Pero éstas son observaciones de vejete rancio, que en antaño vio toros y leyó de toros. Yo, prescindiendo de mis ranciedades, digo que esa faena fue estupenda, que merece la placa que para conmemorarla solicitan. Seré de los que lean, una y mil y pico de veces, la inscripción que en esa placa graben...

Aún aquellos que no convenían con los procedimientos que resultaron de la evolución torera de Rodolfo Gaona, tuvieron que convenir en que la faena de Revenido no fue cosa de todos los días.

Con más ditirambos, Varetazo, el cronista titular de El Universal Taurino, describe lo que vio de la siguiente manera:

En uno de los tercios de sombra, Rodolfo está ya arrodillado, sosteniendo la muleta entrambas manos. Alegra, arranca “Revenido” y se produce un ayudado alto, magistral. Magistral y valiente, porque el burel no entró con franqueza, sino que gazapeó. Un berrido de entusiasmo lanzó la multitud... Ya de pie, Gaona, con la derecha, dio un pase de pecho, soberbio. Con los pies quietos, jugando sobriamente los brazos, sin ninguna afectación, con elegancia refinada. Esto es canela. El toro pasó limpiamente, como un juguete, como un animal inofensivo... Entra la fiera, y el artista, con pasmosa suavidad, con temple indescriptible, lo pasa ante sí, lo manda y en el momento de rematar, quita rápidamente la muleta de la cara del bruto, y sale majestuosamente, paso a paso... Gaona está hoy desconocido. ¿Pero éste es aquel señor que toreaba encorvado, patiabierto y con el pico de la muleta? No. Este es otro. Este es el artista máximo de la torería. Este... La ovación es lo más grande que yo he oído en mi vida. Los músicos ya no tocan, porque los pobres, en el paroxismo del entusiasmo, ¡están aplaudiendo!...

Lo que se refleja de las apreciaciones citadas, es que la faena fue de una gran importancia y que causó un evidente impacto entre quienes llenaron el Toreo de la Condesa ese domingo de hace cien años. El propio Rodolfo Gaona le confesó a Monosabio para su libro Mis Veinte Años de Torero:

La mayoría de los aficionados ha dicho que la faena a “Revenido”es la mejor que tengo hecha aquí. Creo lo mismo. Y por esto: Hubo dominio completo y cuanto arte puede echarse a un toro… Cuando de un toro se hace lo que se quiere y se le obliga a pasar, a ir de aquí para allá, y se le hace acometer o detenerse cuando uno quiere, entonces es el torero el que manda y el toro quien obedece. Y es el hombre el que lo ha dominado por su arte, por su inteligencia. Esto es lo más que puede pedirse a un torero…

Lo que vino después

La cabeza de Revenido fue reservada por algún aficionado. En la sección de Información General del Universal Taurino del 19 de febrero de 1924 se publicó lo siguiente:

Parece ser que la cabeza del toro “Revenido” de la famosa vacada tlaxcalteca de Piedras Negras, lidiado el domingo último en “El Toreo” y al que Rodolfo Gaona hizo una estupenda faena de muleta, también pasará a formar parte del ornato de los salones del antiguo “Majestic” …

Por otra parte, para el día 29 de febrero – también fue bisiesto 1924 –, el Club Taurino ofreció una comida a Rodolfo Gaona:

Con el objeto de agasajar al diestro Rodolfo Gaona, como acción de gracias por la asombrosa faena que el leonés ejecutó con el toro “Revenido” de la famosa vacada tlaxcalteca de Piedras Negras, el domingo 17 de los corrientes, un numeroso grupo de socios del Club Taurino ha organizado para el próximo día 29 un banquete que será servido en los salones de la mencionada organización… Han quedado ya abiertas las inscripciones para tener derecho a sentarse a la mesa en esa festividad, en la Administración del Club, en la inteligencia de que para poder tomar parte no es necesario ser socio, pues según manifiestan los organizadores, quieren que el homenaje que se le tribute al leonés sea lo más suntuoso…

Breviario cultural

En la misma sección del Universal Taurino en la que se informó el destino de la cabeza de “Revenido”, aparece la siguiente información:

La hermosa colección de cuadros con que cuenta el “Club Taurino” ha sido enriquecida con el reciente donativo que ha hecho el diestro Rodolfo Gaona. Consiste el obsequio en un hermoso cuadro, pintado al óleo por el conocido artista Diego de Rivera y que representa al picador “Mangas”.

Con frecuencia surge la pregunta acerca de la identidad del picador que pintó Diego Rivera. Pues aquí está la solución de esa incógnita. Y ahora sí, hasta la próxima semana.

Aldeanos