Mostrando entradas con la etiqueta Juan Belmonte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Belmonte. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de junio de 2026

20 de junio de 1926: Pepe Ortiz recibe la alternativa en Barcelona

Verduguillo refiere que conoció a Pepe Ortiz en el año de 1923, cuando Arturo M. Doblado, quien apoyaba al tapatío durante sus inicios en los ruedos, lo llevó a las oficinas de El Universal Taurino para pedir al escritor que lo apadrinara, invitándolo además a su presentación en El Toreo el domingo siguiente. La primera impresión que le causó a Rafael Solana fue la siguiente:

Me gustó el muchacho tapatío, lo encontré medrosillo y algo amanerado, pero al mismo tiempo le descubrí un estilo muy especial, una forma muy distinta de interpretar el toreo. Es decir, tenía personalidad... Desde luego, advertí un cuidado minucioso en el atuendo, iba Pepe muy bien vestido, con un traje flamante, corinto y oro, nuevecito, y al con su andar por el ruedo se distinguía el mozo entre sus compañeros con los más usados ternos que les alquilaba “Frascuelillo”...

Pepe Ortiz tendrá, como lo veremos al paso de estas líneas, una carrera en la que se irán entreverando los triunfos con las cornadas. En ese mismo 1923, llegando a ser puntero con Juan Espinosa Armillita y los hermanos Rodolfo y Julián Rodarte, el ciclo terminará abruptamente para él con una grave cornada inferida por un novillo de Piedras Negras. Se tendría que resarcir en los dos calendarios siguientes, llegando en la temporada de 1925, a ser aceptado por Rodolfo Gaona como sobresaliente en el festejo de su despedida, a propuesta del nombrado Verduguillo y de Carlos Quirós Monosabio

Y así llegó al día de su alternativa en El Toreo, el 2 de noviembre de 1925, de manos de Chicuelo, con quien actuó mano a mano ante toros de Atenco. El toro de la ceremonia, primero – bis, se llamó Garlopo, colorado, número 37, sustituto del titular devuelto por manso. En su crónica de Toros y Deportes, nos recuerda el propio Verduguillo:

No logró el mexicano el triunfo completo; pero la faena que hizo al toro de la alternativa, basta por sí sola para acreditarlo como muy buen torero... En cuanto a finura y gracia, Ortiz las tiene por toneladas; por eso le resultan tan bonitos esos quites en que abaniquea suavemente y se lleva a la res prendida al capotillo... Con la muleta estuvo hecho un maestro, un artistazo en su primer toro. ¡Con qué suavidad lo toreó! Con qué finura, con qué estilo de buen torero engranó los pases ayudados por bajo con los de pecho, ligando la faena, haciéndola toda en el mismo terreno... Faena cumbre fue lo de José en el toro de la alternativa; por eso la concurrencia pidió para el espada las dos orejas, el rabo y todo el toro, obligándole a dar dos vueltas al ruedo, y a salir después, a los medios, abrazado de Chicuelo, el padrino, el gran artista...

Junto con el torero de la Alameda de Hércules e Ignacio Sánchez Mejías, Pepe Ortiz se convertiría en el sostén de esa temporada 1925 – 26, pero el destino le tenía preparada otro percance, porque en el festejo final de la misma, celebrado el 31 de enero de 1926, una reedición del cartel de su alternativa, el toro Gallito de Atenco, cuarto de la corrida, le infirió una cornada en el brazo derecho al intentar un par de banderillas, dejando prácticamente la corrida completa a Chicuelo y quedando él en el dique seco hasta bastante avanzado el año.

La alternativa española

El tiempo que le llevó recuperarse de la cornada sufrida en el cierre de la temporada de la capital mexicana, motivó que Pepe Ortiz llegara a España tiempo después del inicio de la temporada española, así fue que es hasta el 20 de junio de 1926 que puede iniciar su andar por aquellos ruedos, para recibir, como era mandatorio en ese tiempo, una nueva alternativa. Su puerta de acceso fue, como en muchos casos, la Plaza Monumental de Barcelona, donde para ante toros salmantinos de Graciliano Pérez Tabernero, le apadrinaría Juan Belmonte en presencia de Ignacio Sánchez Mejías. La nota previa del festejo, aparecida en el diario Noticiero Universal de la víspera del festejo, entre otras cosas dice:

El interés por ella va creciendo a medida que se acerca el domingo. Y era de esperar... Los toros de Graciliano P. Tabernero, han gustado mucho en la fotografía expuesta sobre las taquillas del Principal y es de suponer que ocurrirá lo mismo en el ruedo, dada la característica bondad de las reses de este ganadero, que ayer dio en Madrid otra buena corrida de toros... De Juan Belmonte y de Mejías ya se sabe lo mucho y bueno que se puede esperar lidiando ganado bravo y de José Ortiz, que constituye la novedad mayor de la corrida y por cuya alternativa hay verdadera expectación en los aficionados, es de esperar que conforme lo mucho, bueno que de él ha dicho toda la prensa dé Méjico por su valor y excelente estilo de torear, rememorador del de Gaona...

La tarde de la alternativa no pareció ser atractiva a las mayorías, si hemos de hacer caso a la descripción de la entrada que hace el anónimo cronista de el Diario de Barcelona, que refiere lo siguiente:

Fallaron en esta corrida los pronósticos. La plaza no se llenó. Los tendidos de sombra se llenaron, pero en los de la parte de sol quedaron vacías las seis últimas filas; en los tendidos de sol y sombra se vieron durante la tarde algunos claros y en las gradas y andanadas de las dos partes se vieron importantes huecos. En la parte de sombra vimos a muchos tripulantes del crucero danés surto en nuestro puerto y en varios palcos se encontraban los jefes del mismo. En uno de ellos había el comandante y segundo comandante con el cónsul de Dinamarca y su familia... En la plaza estaba el público especial de las solemnidades, el que va a los toros cuando hay una corrida grande, no los que van ordinariamente a los toros...

Así que en ese ambiente fue el que Pepe Ortiz refrendó – porque ya había recibido el grado en México – su calidad de matador de toros en ruedos de España. Refiere Enrique García Cellalbo Carrasclás en su crónica para el diario Noticiero Universal:

El toro de la alternativa era, como queda dicho, de don Graciliano P. Tabernero; atendió por "Guajiro"; lució en el costillar el número 34; fue negro de pelo; terciado; de bonito tipo, y gacho de cuerna. Datos para la historia. Lo lanceó Ortiz en dos tiempos, por irse y no dejarle rematar el bicho en el primero, dándole seis verónicas muy buenas y media final muy ceñida y lucida, que se premiaron con una ovación, reproducida al rematar el primer quite, en el que el debutante toreó con gran suavidad y finura... "Guajiro" llegó bien a la muerte, aunque achuchando algo al neófito, que empezó siendo muy aplaudido al recibir los trastos de manos de Belmonte y brindar después la muerte del toro de su doctorado desde los medios a toda la concurrencia... Fresco y tranquilo toreó Ortiz con la muleta. Parando con soltura y lucimiento dio con la mano derecha cuatro lucidísimos muletazos, dos ayudados, consintiendo bien, y otros cuatro de ambas clases, derecho y lucido, oyendo grandes aplausos. En mal terreno intentó el natural con la zurda, saliendo trompicado; y tras breves muletazos más arrancó un poquito largo, pero decidido, a matar, dejando media estocada tendenciosa y una entera algo contraria, doblando el toro después de tres intentos de descabello. Ortiz fue cariñosamente aplaudido, saludando desde los medios...

El jueves siguiente al día del festejo, en el semanario La Fiesta Brava, también de la capital catalana, Fernando Sayos Trincherilla, redactor jefe y cronista de la publicación, cuenta lo siguiente:

En José Ortiz hay figura de toreo, le cae bien la ropa. Juventud y buena disposición para el toreo; cuando se haga a este ganado que en España se juega José Ortiz puede dar grandes tardes de toros... Desde el primer momento, apenas desplegó el capote en el que rompió plaza, el público vio en él un torero fino y elegante, y aplaudió entusiasmado los lances con que obsequió al toro de la alternativa. Siguió el público aplaudiendo en los quites, y cuando Belmonte le hizo entrega de los trastos resonó una ovación unánime. Saludó Ortiz a la presidencia, y fuese a los medios a brindar la muerte de su enemigo. Tranquilo y torero empezó la faena con la derecha, sobresaliendo de su labor unos magníficos muletazos de pecho y por alto que se jalearon. Con la espada cogió de primeras un buen pinchazo y luego un poco más de media estocada, y como el toro tardara a doblar recurrió al descabello acertando al segundo empujón. Y José Ortiz oyó nutridos aplausos, viéndose obligado a saludar desde los medios...

Una presentación importante, emborronada por el mal manejo de la espada, que dejó entrever a la afición barcelonesa la calidad de torero que tenía Pepe Ortiz.

Los toros de la corrida

Del encierro anunciado solamente se lidiaron cinco toros. En el reconocimiento previo se desechó uno de ellos, siendo sustituido por otro de Villamarta, mismo que le tocó en el sorteo precisamente a Pepe Ortiz, que lo dejó para salir en sexto lugar. Ese toro fue devuelto a los corrales por estar notoriamente reparado de la vista y fue reemplazado por otro de Pérez Padilla, al que todas las crónicas se refieren como un mulo con poder y nada más y al que se quitó de encima de la manera más pronta posible. Resume el ya citado Trincherilla:

Se lidiaron cinco toros de Graciliano Pérez Tabernero. No justificaron la justa fama de que goza esta vacada. Terciados y feos de cabeza. De bravura fueron bastante parejos, pues excepto el primero, los restantes hacían un tufo a mansos que mareaban. No era esto lo que el público esperaba de este ganadero que tan bien acostumbrado nos tiene. Don Graciliano nos debe el desquite. Ya hemos dicho que el de Pérez Padilla fue un mulo...

Tan complicado fue el encierro, que Juan Belmonte saldó su tarde apenas con una vuelta al ruedo en el segundo, en tanto que Ignacio Sánchez Mejías pudo terminar la suya con una vuelta tras nutrida petición en el quinto, negada ésta, según las crónicas, por lo defectuoso de la estocada con la que puso fin a su faena.

La llegada de la modernidad

Mi amigo José Luis Cantos Torres, en su acuciosa obra sobre la Plaza Monumental de Barcelona, refiere que en esta fecha se utilizó por primera vez un vehículo de motor para el riego del redondel a la mitad del festejo. Curiosamente, no todas las crónicas de la corrida reparan en el hecho. La que aparece sin firma en el Diario de Barcelona, dice:

Por primera vez se utilizó ayer para el riego del ruedo un automóvil de riego, que hizo la operación en breves minutos, en substitución del carro cuba que empleaba el triple de tiempo...

Por su parte, en la Hoja del Lunes de la Ciudad Condal, al día siguiente del festejo, la crónica firmada por Don Eduardo, indica:

La empresa, «que no se priva de nada», hace el riego del redondel con un auto - tanque, al que se aplaude...

Un par de líneas apenas, pero era ya un paso importante en la manera de conducir los festejos taurinos para evitar la producción de tiempos muertos en su desarrollo.

La temporada de Pepe Ortiz

Quien pasará a la historia como El Orfebre Tapatío apenas torearía un par de tardes más en ruedos europeos. El 18 de julio siguiente iría a Palma de Mallorca para alternar con Rafael El Gallo e Ignacio Sánchez Mejías en la lidia de toros de Aleas y el 31 de agosto se presentaría en Melilla en un festejo en el que alternaría mano a mano con Cayetano Ordóñez Niño de la Palma y en el que se correrían toros de Santa Coloma.

Aunque Pepe Ortiz tuvo aficionados y periodistas que lo apreciaron como torero, el sistema en sí nunca entendió sus calidades como tal. Escribe Tomás Orts Ramos Uno al Sesgo:

Cuando por primera vez vino a nuestra patria en 1926, este notabilísimo lidiador mexicano, llegaba convaleciente de una cornada en un brazo que recibió toreando, en la plaza de México, su primera temporada de matador de toros. Un explicable deseo de darse a conocer cuanto antes de los públicos españoles, le hizo precipitar su presentación en manifiesto estado de inferioridad; y si bien en esta corrida, que fue la de su alternativa en Barcelona, se le aplaudió mucho toreando, más con el capote que con la muleta, y matando estuvo decoroso, el éxito no pasó de estimable. En dos corridas más actuó en esta excursión, una en Palma de Mallorca y otra en Melilla, en condiciones poco favorables para que pudiera revelarse el torero de que se nos había hablado... Para estas corridas no podía vestirse a gusto el diestro tapatío, que, si aceptaba torear, era por una imposición de las circunstancias...

Volvería en 1927, 1928, 1931 y 1934, pero siempre en esas condiciones poco favorables a las que se refiere Uno al Sesgo, por lo que no pudo firmar en aquellos ruedos tardes que confirmaran lo que aquí se pudo ver de su hacer en los ruedos.

Pero dejó para la posteridad una importante herencia artística, representada en suertes de capa que cuando se ejecutan – muy de cuando en cuando – vuelven a su nombre una cita obligada. 

domingo, 19 de enero de 2025

3 de octubre de 1941: Festival en homenaje y beneficio de Félix Rodríguez en Madrid

Félix Rodríguez fue un torero que tuvo un paso fugaz por los ruedos, pero que dejó una gran impronta en la historia del toreo. Apenas pudo completar un poco más de cuatro temporadas como matador de toros, pero sus contemporáneos aseguran que, de no haber sido por su endeble salud, quizás hubiera sido el esperado sucesor de Gallito.

La enfermedad fue la que lo echó de los ruedos y lo que pudo ganar en ellos, se fue escapando como agua entre las manos. La última vez que se vistió de luces fue el 19 de junio de 1932 en Perpiñán, Francia, y a partir de esa fecha solamente se pudo dedicar a atender los males que le aquejaban.

La prensa de la época señala que, en el año de 1941, Antonio Márquez, contemporáneo suyo, se afanó en organizar un festival taurino en su beneficio. Escribió Recorte en el ejemplar de El Ruedo fechado el 17 de enero de 1946:

Con el fin de aliviar la angustiosa situación económica en que le había precipitado la enfermedad, y por iniciativa de Antonio Márquez, se celebró en Madrid un festival a beneficio del desgraciado torero. En dicho festival tomaron parte gran número de toreros, consiguiéndose una buena recaudación que sirvió para mitigar, de momento, los sufrimientos que poco a poco iban arrancándole la vida...

José Luis Ramón agrega que, por esa misma época, el Sindicato del Espectáculo le concedió una pensión mensual de la que disfrutó hasta su fallecimiento en 1943.

El anuncio del festival

El festejo tendría lugar el viernes 3 de octubre de 1941, en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, dando inicio a las cuatro y media de la tarde.

El cartel originalmente anunciado se formó con novillos de Antonio Pérez de San Fernando, de Salamanca, que serían lidiados por Juan Belmonte, a caballo y en lidia ordinaria, a pie, por Rafael Gómez El Gallo, Antonio Márquez, Domingo Ortega, Antonio Bienvenida, y Juan Mari Pérez Tabernero.

En la víspera del festival, se publicó tanto en el diario matutino ABC, como en el vespertino Pueblo, ambos de la capital hispana, la siguiente información:

El festival a beneficio de Félix Rodríguez. El matador de toros Juan Belmonte (hijo) ha hecho entrega de 500 pesetas por una localidad para dicho festejo... Los toreros y aficionados que deseen adquirir entradas haciendo donativos pueden pasarse por las oficinas de la empresa (Victoria 9) durante la tarde del jueves y la mañana del viernes...

Así, toreros y aficionados fueron presentándose primero, en el despacho de la empresa y posteriormente en las taquillas de la plaza, para poder hacer su aportación a la buena causa que motivó la organización de este singular festejo.

Lo sucedido en el festejo

Corrida a beneficio del infortunado Félix Rodríguez, retirado de la profesión a causa de una grave enfermedad... Al hacer el paseo todos los matadores son aplaudidos. Torean Belmonte, Rafael el Gallo, Márquez, Marcial, Ortega y Antonio Bienvenida...

Sin mediar explicación, Juan Mari Pérez Tabernero salió de la combinación y fue sustituido por Marcial Lalanda, según se aprecia del introito de la crónica de Benjamín Bentura Sariñena Barico, en la edición de Pueblo de la misma fecha del festejo.

El común denominador de los novillos de Antonio Pérez de San Fernando fue la extrema falta de fuerza que exhibieron en todos los turnos de la lidia. Escribió Giraldillo en el ABC madrileño de la mañana siguiente al día del festejo:

El resultado artístico no correspondió al interés despertado, porque los seis novillos de Pérez Tabernero venían resentidos seriamente del accidente que sufrió el camión que los transportaba. Al principio todos arrancaron bien, pero pronto vinieron abajo, excepto los dos últimos, que debieron padecer menos. Juan Belmonte toreó muy bien a caballo... pero donde sobresalió fue en la colocación de dos pares de banderillas, metiendo la jaca por dentro... Cuando iba a hacer la faena de muleta, el novillo cayó y fue apuntillado. Antonio Márquez, Marcial Lalanda, Domingo Ortega y Antonio Bienvenida, torearon muy bien, con más suerte estos dos, porque sus novillos no estaban resentidos de las patas... El gran Rafael “El Gallo”, objeto de una ovación cariñosísima, toreó con gracia. Su presencia en el espectáculo, fue una nota altamente simpática... Márquez y Bienvenida brindaron a “K – Hito”, el gran aficionado, dibujante y escritor, a cuya iniciativa desde las columnas de “Dígame”, se debe la idea del festival...

Acerca de la entrada, el mismo Manuel Sánchez del Arco, dice:

Se celebró el festival, con una entrada muy buena, tanto que hace suponer una recaudación lucida que venga a mitigar la aflictiva situación en que se encuentra el que un día gustó la gloria de los aplausos... El rasgo generoso de cuantos han tomado parte en el festival, o de algún modo han contribuido al buen resultado económico del mismo, merece registrarse con elogio: El público madrileño ha sabido responder al nobilísimo fin que el espectáculo perseguía...

No quiero dejar de hacer notar, que la crónica del diario "Pueblo" consigna que auxiliando a Juan Belmonte, iba nada menos que Cayetano Ordóñez Niño de la Palma.

El accidente que dañó al encierro

En el diario Pueblo del mismo día del festejo, en nota aparte, se contiene esta información, fechada en Salamanca:

El jefe de la estación ferroviaria de Salamanca comunicó a la Cruz Roja, por noticias que había recibido del jefe de la estación de Barbadillo, haber ocurrido un accidente con motivo del choque de un camión que conducía una corrida de toros de don Antonio Pérez Tabernero, que había de ser lidiada en Madrid... El mayoral que acompañaba a la corrida de toros murió poco después del accidente y el conductor del coche y su ayudante sólo sufrieron algunos rasguños...  Algunas de las reses han quedado inutilizadas para la lidia...

Así pues, vinculando la crónica del festejo de Giraldillo con esta última información, se puede advertir que el pobre juego de los novillos salmantinos en el festival, se debió propiamente al percance carretero que sufrieron y que terminó por afectar directamente al resultado artístico del mismo.

Un apunte sobre El Gallo

Rafael El Gallo había recibido la alternativa en los albores del siglo XX, en 1902 y toreó su última corrida vestido de luces en Barcelona, en 1936. Esa es una carrera larguísima en los ruedos, aún con las idas y venidas que tuvo el que fuera uno de los diestros más geniales que la historia ha conocido.

Ya retirado, siguió, como se ve, toreando festivales a invitación de Juan Belmonte. Antonio Díaz - Cañabate, en su Historia de una Tertulia, a propósito de este en particular, cuenta:

El rápido de Sevilla llegó a Madrid esta noche, a las once de la noche. A las once y media, Rafael «El Gallo» está en el Lyon... ¿De dónde vienes Rafael? Pues de Villanueva del Arzobispo, donde hemos toreado ayer un festival, Juan, el «Niño de la Palma», Láinez y yo... Buena temporada de festivales llevas. ¿Cuántos has toreado? … ¡Qué se yo. diez o doce! Son cosas de Juan Belmonte. Una mañana, llega a Gayango, y me dice: «Rafael, el domingo toreamos en Écija», y nos vamos a Écija a divertirnos un rato. Yo le llamo a esta trupé que hemos formado Juan y yo, «El Empastre» ... Rafael torea en Madrid dentro de tres días un festival a beneficio de Félix Rodríguez, el que fue buen torero, inválido y postrado en cama hace mucho tiempo... ¿Qué, Rafael, vienes muy animado? … Yo, animao estoy siempre; ahora, que luego sale el toro, y a lo mejor se le acaba a uno la animación. Si embiste, le toreamos, y si no, a esperar a otro...

Poco tiempo después, tres años para ser precisos, Rafael El Gallo sería objeto de un festival de similares intenciones, del que me he ocupado en este apartado de esta bitácora.

Como podemos ver, la tauromaquia siempre está presente cuando hay una buena causa que atender.

domingo, 3 de noviembre de 2024

1º de noviembre de 1944: Festival homenaje a Rafael El Gallo en Sevilla

Para el día de Todos los Santos del año 44 del pasado siglo, Rafael El Gallo era ya sexagenario y tenía casi una década de haber toreado vestido de luces por última vez. Sus señas reconocidas por la afición, eran las de la tertulia que en torno suyo y el de Juan Belmonte, se formaba en la calle Sierpes, en Sevilla, en Los Corales, que también tenía otro acceso por Almirante Bonifaz. Allí se podía encontrar a ese torero que, a casi siglo y medio de su natalicio, cabe cada vez más en la descripción que de él hiciera en su día Selipe:

Rafael rechazó catalogaciones y excedió las estrecheces de las escuelas. Sus suertes no se comprendían en lo definible, ni sus actuaciones dentro de lo regular: era imposible encasillar en netas cuadrículas el garbo relampagueante ni sujetar a predicciones los inequívocos alardes de valor y los celebrados eclipses del mismo. Tan genuinamente único era en su toreo Rafael "El Gallo" que anduvo solo y revistió de inverosimilitud su imitación. Al lado de la gran pareja de astros de primera magnitud, de Joselito y Belmonte, Rafael vivió su carrera diversa entre los polos de clamores hiperbólicos y de desastres ruidosos. No le estorbó el brillo más radiante porque él supo aureolarse de fulgor esplendoroso, ante el que se rendían joselitistas y belmontistas...

Rafael no se distinguió por cuidar los buenos dineros que debió ganar en su paso por los ruedos, así, para el mediar de la década de los 40 del pasado siglo, sus pares urdieron el organizar un festejo singular en el que ellos con su actuación, y la afición con su contribución, aportara algo para que el sobreviviente de aquella brillante dinastía de toreros, pudiera seguir caminando hacia adelante con la dignidad correspondiente a cualquiera que se haya vestido de luces.

En esas condiciones se programó un festival en la Maestranza para el jueves 1º de noviembre de ese año del 44 en el que se anunció que actuarían a caballo Juan Belmonte y Álvaro Domecq y a pie torearían Manuel Jiménez Chicuelo, Domingo Ortega, Pepe Bienvenida, Manuel Rodríguez Manolete, José Ignacio Sánchez Mejías y Pepín Martín Vázquez, quienes enfrentarían novillos de Juan Belmonte, Concha y SierraEnrique Calderón, Félix Moreno de la Cova, Carmen de Federico, Pablo Romero, Conde de la Corte y Marqués de Villamarta. También se agregaba al programa que el propio homenajeado y beneficiado saldría en primer lugar, enfrentándose a un novillo de Miura.

La información previa aparecida en el diario ABC de Sevilla del 26 de octubre anterior, adelanta:

Del mayor acontecimiento taurino puede calificarse el grandioso cartel que la Comisión Organizadora de este homenaje ha podido confeccionar... Actuarán como rejoneadores los afamados Juan Belmonte y Álvaro Domecq, y la lidia ordinaria, el homenajeado Rafael Gómez “El Gallo”, que ha solicitado para él el toro de MIURA (¡Rafael siempre será “El Gallo”!), Chicuelo, Ortega, Pepe Bienvenida, Manolete, Sánchez Mejías y Pepín Martín Vázquez. Presidirá este magnífico y único espectáculo un ramillete de distinguidas y bellísimas señoritas, asesoradas por veteranos ex matadores de toros, realzando aún más esta fiesta memorable la exhibición de un bello conjunto de caballistas y carruajes enjaezados a la andaluza, que desfilarán al comienzo de la corrida...

En el diario Ayer de Jerez de la Frontera, fechado el mismo 1º de noviembre, aparece una información en la que se hace saber que el 26 de octubre anterior, el doctor Fernández Zumel había intervenido a Domingo Ortega de una lesión en el tendón de Aquiles de uno de sus pies, ordenándole reposo por 15 días. Allí se encuentra la explicación de la nota aparecida en el ABC sevillano del 29 de octubre anterior, donde sin mediar mayor noticia, se anuncia que el torero toledano sería sustituido por Rafael Albaicín.

En la víspera del festival, se hacía el siguiente anuncio en la breve sección taurina de ese número del ABC sevillano:

Como se sabe, “El Gallo” es un apasionado del buen cigarro puro, y deseosa la afición sevillana de obsequiarle, satisfaciendo los gustos del genial artista, la Comisión Organizadora, recogiendo estos deseos, advierte que, en todas las puertas de entrada a la plaza de la Real Maestranza, serán colocadas unas cestas para que cuantos lo deseen puedan depositar en ellas los cigarros puros que hayan de ofrecerle. Estamos seguros que el gran Rafael estimará el obsequio, muy deveras...

El desarrollo del festejo

La tarde del primer día de noviembre de 1944 fue lluviosa, pero eso no impidió que la plaza de la Maestranza se llenara hasta el tope y que se viviera en ella una interesante tarde de toros. Al final de cuentas el cartel originalmente anunciado presentó más cambios como se verá enseguida. Actuaron por su orden: Juan Belmonte, Rafael El Gallo, Luis Fuentes Bejarano, quien sustituyó a Pepote Bienvenida, Cayetano Ordóñez Niño de la Palma, quien cubrió el sitio que no pudo ocupar Chicuelo, Álvaro Domecq, Manolete, Rafael Albaicín, quien ya apuntábamos, sustituía a Domingo Ortega, José Ignacio Sánchez Mejías y Pepín Martín Vázquez, quienes enfrentaron por su salida de toriles, novillos de Juan Belmonte, Miura, Enrique Calderón, Félix Moreno de la Cova, Concha y Sierra, Pablo Romero, Conde de la Corte, Carmen de Federico y Marqués de Villamarta.

Belmonte le cortó las orejas y el rabo al novillo que le tocó en su turno; El Gallo dio una aclamadísima vuelta al ruedo en el suyo, acompañado de su banderillero Pepe Rodas, quien bregó y cubrió con lucimiento el segundo tercio; Fuentes Bejarano, Álvaro Domecq y Manolete cortaron una oreja a los que les tocaron y todos ellos brindaron al homenajeado. El noveno del festejo, que correspondía a Pepín Martín Vázquez, regresó vivo a los corrales, dando la impresión, de acuerdo con la opinión de Filiberto Mira, como la del cronista de la agencia Cifra, de que estaba toreado.

Al final, el festival cumplió con su objetivo, Antonio Olmedo Don Fabricio, cronista del ABC de Sevilla, resume así lo sucedido:

Con la prestancia que corresponde al propio animador, se celebró la fiesta homenaje a Rafael “El Gallo”. Sevilla dio ayer una gran prueba de afecto al famoso torero, que ganó millones, pero no supo hacerse rico, siendo esta la más característica de sus genialidades entre las muchas y muy estimables que esmaltan la brillante historia del lidiador excepcional. Desafiando a la lluvia el pleno de la afición vieja y nueva acudió a la Maestranza a rendir a Rafael el tributo de su aplauso y la furia del meteoro quedó burlada...

El festival, en lo humano y en lo económico resultó ser un éxito. Nunca se reveló la suma recaudada para auxiliar al genial torero, pero Álvaro Rodríguez del Moral escribe lo siguiente:

…le preguntaron a Juan Belmonte que como debían entregarle el dinero, si anual o mensualmente. Belmonte contestó que ni siquiera semanalmente, que a diario y a ser posible la mitad por la mañana y la otra mitad por la tarde…

Ya lo decía Don Fabricio, Rafael ganó millones, pero no supo hacerse rico. Era demasiado desprendido.

El domingo 20 de octubre de 1957 se llevaría a cabo otro evento similar en Madrid, organizado por el ABC de Madrid y presidido por Vicente Pastor y Manuel Mejías Rapela El Papa Negro. En él actuaron Luis Fuentes Bejarano, Domingo Ortega, Gitanillo de Triana, César Girón, Pedrés y Rafael Jiménez Chicuelo hijo, para hacer frente a novillos de Antonio Pérez de San Fernando y de María Montalvo.

Esta clase de eventos son ya cada vez menos frecuentes, tal pareciera que la hermandad entre los actores de la fiesta se va perdiendo y también, que el sentido de la solidaridad de éstos con las mejores causas de la sociedad se disipa. En otros días, cuando una necesidad se hacía presente, nadie tenía que sugerir siquiera la celebración de un festejo para ayudar a aliviar una necesidad real. Hoy, pese a que los medios actuales nos permiten a todos conocerlas en tiempo real, no parecen inmutarse. O témpora, o mores!

domingo, 4 de febrero de 2024

El día que Larita cortó un rabo en Madrid

Larita triunfante visto por Roberto Domingo
El Liberal, Madrid, 10/05/1921

Matías Lara Larita
es todo un caso dentro de la historia del toreo. Nativo de Málaga, estuvo activo en los ruedos como matador de toros durante diecinueve años, siendo alternativado en su tierra el 1º de septiembre de 1914 por Paco Madrid, en presencia de Juan Belmonte. No encajaba en aquel aforismo que decía que, para ser torero, había que parecerlo, porque era corto de estatura y definitivamente obeso, pero se distinguía por tener un valor a toda prueba, que le permitía enfrentar las corridas más complicadas sin mostrar apuro alguno y salir casi siempre, airoso de tales pruebas.

Juan Belmonte afirmaba que era el torero más valiente que él había conocido, por la razón de que no les tenía miedo a los toros. Y agregaba El Pasmo: “Larita” se encierra con seis Palhas y está tan tranquilo como si se hubiera encerrado con seis gallinas... usted no sabe lo que es un Palha visto de cerca, ni quiera Dios que lo sepa...

La 8ª corrida del abono de la temporada madrileña de 1921

Ese es el bosquejo del torero que fue anunciado para actuar el domingo 8 de mayo de 1921. Inicialmente iría acartelado con Curro Martín Vázquez y Pedro Carranza Algabeño II, para enfrentar una corrida portuguesa precisamente de Palha. Posteriormente el señor Curro presentó un parte facultativo que establecía que estaba impedido para actuar en esa fecha, por lo que le sustituyó Domingo González Dominguín.

La corrida que envió don José Palha no fue de esas de ¡Horror, terror y furor! que se anunciaban en los carteles como reclamo para su divisa. Revoleras, en el diario madrileño La Correspondencia Militar del día siguiente al del festejo, resume así el comportamiento del encierro:

El ganado, los terroríficos Palhas, fueron en conjunto bien presentados; hubo en ellos toda la gama de la ganadería portuguesa, desde la catedral que salió en cuarto lugar, al carabao del sexto, con unos cuernos que eran un par de lanzas, hasta el primero, más pequeño y escurrido de carnes que los demás...; pero en general, una corrida bonita, de lámina y de arrobas… La nueva Empresa sigue presentándonos «toros», y cuando en el ruedo hoy toreros con toros hechos, nos divertimos... En la pelea fueron algo desiguales...

Por su parte, don Gregorio Corrochano, en el ABC madrileño del día 10 de mayo siguiente, reflexiona:

De los seis toros de Palha, no hubo nada más que uno francamente bravo, el sexto; los demás no fueron bravos, ni los dos fogueados ni los otros tres; pero todos fueron fáciles para el torero, y nada peligrosos. Como se trata de toros portugueses, los calificamos con frase de un ganadero portugués, Gama, aquel escrupuloso ganadero, que no regateó a Murube para hacer una buena ganadería, que luego vendió a Antonio Pérez, cuando veía toros como éstos decía: “Mansos, mai sin maldade”.

Lo que sí, es que el encierro fue variopinto, como correspondía a su origen en la época, y así por su orden, salieron: Campanero, número 90, jabonero sucio; Bombita, número 67, cárdeno oscuro; Rendero, número 91, cárdeno salpicado; Guerrita, número 99, berrendo en negro; Pastor, número 63, berrendo en jabonero y Gabado, número 9, castaño.

Fueron condenados a banderillas de fuego cuarto y quinto de la corrida, los dos berrendos.

La actuación de Larita

Larita salió vestido, según a quien se lea, de tabaco y oro según El Toreo; gris y negro, de acuerdo a El Imparcial o de paja y negro conforme a La Correspondencia de España; la realidad es que era un vestido de torear que se salía de lo digamos, ordinario, como lo pretende describir P. Álvarez, en el último de los diarios citados:

El torero vestía una «toilette» casi original. No era el traje morado y negro con que toreó una nocturna y luego se fue a Teléfonos a celebrar una conferencia; el de ayer era color paja y negro. Su hechura, sus adornos, y la colocación de éstos eran el origen del comentario. En cuanto a la primera, no sabemos claramente su clasificación. Lo que sí podemos decir es que era una casaquilla ancha y larga, dando al torero un volumen aparente, mayor del que tiene, ya algo exagerado, porque Larita no es de cintura mimbreña y flexible. Más que chaquetilla, pudiera ser ranglán, «matinée», salida de teatro o copia del paletó de Fernando VII. Tal vez haya visto lo que nos recordaba un grabado de «La Lidia» antigua, en la que estaba Cúchares. Él ya lo dijo a los espectadores: soy torero antiguo… Aquellos agremanes y azabaches pudieran ser también de alguna manteleta que usaran las contemporáneas de Cúchares o la propia María Castaña…

Pues con ese desarreglo, que quizás llamaba a la hilaridad, Larita salió a jugarse alegremente la vida y se alzó con el triunfo. Pronto demostró que iba con seriedad, como lo describe Barbadillo en su crónica de El Imparcial madrileño del 10 de mayo siguiente:

Al primer bicho, cornalón y grande, y quedadote, y manso como todos – si se exceptúa al lidiado en último lugar, noble y bravo – de la temida y dura vacada portuguesa, lo principió a veroniquear muy cerca y apretado. Al tercer lance dio la res un hocicazo en un brazo al torero y lo tiró a rodar. Se alzó Larita e hizo su habitual gesto de despreocupación, y se echó a reír la gente. Fue de las pocas veces que la gente se rio. Que era anteayer “una cosa muy seria” ver a aquel hombre jugarse la vida con aquel brío, con aquel “desparpajo” – si vale la palabra –, con aquella pasmosa e inverosímil naturalidad… Peleó la res mansurroneando y tardeando y al llegar la hora de banderillear cogió el diestro dos pares de rehiletes, y después de jugar con el cornúpeta, entrecruzó los palos como si fuesen muleta y estoque para un pase ayudado, y en esta forma, a cuerpo limpio, dio el ceñido pase a la res. Es una suerte especial del torero, la hace “como quien lava” … clavó los cuatro arpones en el ancho de un duro. Fue formidable la ovación. Cogió los trastos de matar. El bicho le achuchaba por los dos lados; más por el derecho. El hombre lo trasteó, solo en los medios, brevemente, aguantando y pegando de verdad. Y se fue el bruto a las tablas del 6, y al hilo de estas tablas, dándole la espalda al toril y en donde el toro había de empujarle atrozmente, entró el diestro por dentro, se echó encima, cruzó soberbiamente y salió el animal rodado de la mano, con el estoque entero por la cruz… Así, a lo menos, es como hay que matar… Y la ovación enorme, la oreja, la vuelta, la salida a los medios, la apoteosis. Había sonado la hora de Larita…

Pero faltaba la guinda de su actuación. El cuarto de la tarde, el berrendo número 99, nombrado Guerrita por su criador fue el que le permitió redondear el triunfo ya conseguido. P. Álvarez, en La Correspondencia de España, escribió:

El toro, que había sido fogueado, estaba emplazado frente al 5, con la cabeza por el suelo y sin arrancarse. Se llegó con la muleta en la mano izquierda, y tan cerca estuvo de él, que, dándole un palo con el estoque en el testuz, el berrendo embistió, dándole dos pases, y teniendo de nuevo que avisarlo con el estoque para que se moviera… Después de tres pases dio un pinchazo que fue aplaudidísimo, media estocada, y luego hizo Larita la nota de valentía de la tarde: con el toro en los medios plegó la muleta, metió el brazo por encima del testuz y con tranquilidad grande arrancó una banderilla, sacó con ella el estoque y descabelló. La ovación fue enorme. Se le concedieron las dos orejas y el rabo, echando éste al palco de la Empresa, donde estaba D. Federico Blanco, a quien brindó la muerte del toro…

Por su parte, Gregorio Corrochano, en el ABC hizo el siguiente análisis de esta su segunda faena:

El cuarto se lo brindó a la Empresa. El toro llegó muy tardo, a pesar de los avivadores de fuego. Larita le tanteó con la mano izquierda, y como el toro no se arrancaba y estaba muy cerca, le dio con el estoque en el hocico. Entonces el toro se arrancó muy fuerte, y, a pesar de ello, Larita repitió la suerte. Tanto, esta faena como la otra fueron muy breves; éste fue el mayor acierto de Larita, pues estos toros medio mansos hay que aprovecharlos. Esto lo saben todos los toreros; lo qué ocurre es que no siempre el torero tiene decisión para aprovechar. Mató de dos medias estocadas, la primera ligeramente atravesada, y la segunda ligeramente tendida, porque el toro derrotó mucho. Y en los medios, sin el alivio de los tableros, plegó Larita la muleta, como despreciando esta defensa, sacó el estoque con una banderilla y descabelló. Más ovaciones y más orejas. Tarde completa, de conjunto, lucida...

Del conjunto de la actuación de Larita, Antonio Casero, que hacía e ilustraba la crónica en esos días para el Heraldo de Madrid, hizo las siguientes reflexiones:

Ayer vimos a un torero serio y valiente, y aunque derrochó alegrías, se vio en la plaza lo que hacía mucho tiempo no veíamos: torear, banderillear y matar, como dicen que lo hacían aquellos toreadores de redecilla y castoreño… Ayer olía la plaza a torero pundonoroso, a torero sin estética; pero con más corazón de artista que el que más tenga, y sobre todo que sacó al público del letargo que venía padeciendo… Ayer salía la gente de la plaza animosa, con cara de haberse divertido. En los corrillos, en las mesas de los cafés, en todas partes, se hablaba del éxito de Larita. ¿Qué alguien discute todavía tal o cual detalle? Discutan lo que quieran; pero lo que es indudable es que gracias a él ayer hubo alegría en la plaza y olor a torero de los que no se peinan con cosmético, y el público salió contento, que es lo que se trataba de demostrar... El triunfador Larita salió de la plaza por la puerta grande, en hombros de las huestes que lo vitoreaban...

La impronta de Larita en la historia

Antes del de Larita, se habían cortado dos rabos en la Plaza de la Carretera de Aragón, uno por José Roger Valencia, todavía novillero, el 11 de noviembre de 1918 y otro por Gallito, el 10 de octubre de 1918 y años después, Nicanor Villalta cortaría otro a un toro de Aleas, cerrando la contabilidad del coso en ese aspecto.

Así fue la tarde en la que Larita cortó un rabo en Madrid. Larita, ese torero que, al decir de Corrochano:

Yo no sé si digo bien al llamar torero a Larita. Torero, suele ser un muchacho muy atildado, de posturas estudiadas, como una damisela, que sale a la plaza a coquetear más que a matar toros. Y Larita es, un hombre gordo, muy ancho, casi apaisado, descuidado en el vestir, que no estudió la sonrisa para el tendido, y que toda su coquetería consiste en poner la barriga en la cara de los toros…

Ojalá hubiera más toreros como Larita, con menos poses y más entrega. Quizás la fiesta no estuviera hoy en entredicho.

Aviso parroquial: Una excelente recopilación del paso por los ruedos de Larita, la pueden encontrar en este sitio del blog de la Asociación El Toreo en Red Hondo. Ojalá les resulte de interés.

domingo, 10 de julio de 2022

Relecturas de verano (XI)

La otra vida de Joselito


La ucronía es un modo de abordar la historia en la que, sin negar la realidad ocurrida, se establece una forma de enlazar los sucesos de manera tal en la que su curso se deriva por un itinerario distinto al que en los hechos avanzó. Afirma Renouvier

…alguien que se aproxima a un relato ucrónico se encuentra ante la aparición de una historia imaginaria, destinada a sentar como una verdad filosófica, superior a la misma historia…

Ante eso nos enfrentamos con la lectura de la obra de Domingo Delgado de la Cámara, titulada La otra vida de Joselito, en la que nos relata, de una manera fluida y sin ausencia de interés, lo que la historia hubiera sido si el 16 de mayo de 1920, la víctima de las astas de Bailaor de doña Josefa Corrochano vida de Ortega, hubiera sido Juan Belmonte.

Debo señalar, desde mi personal punto de vista, que Domingo parte de la versión oficial de los hechos, toda vez que acepta, para construir su relato, que tras del desastre de la corrida del 15 de mayo de 1920 en Madrid, que el cartel de Talavera de la Reina estaba anunciada con Rafael El Gallo y Larita para enfrentar los toros de la señora viuda de Ortega y que después de ese desaguisado, tanto Gallito como Belmonte se desligaron de su compromiso de Madrid, a efecto de separarse de las presiones de la afición de la capital española.

Hay información en la prensa de la época que deja claro que el cartel de Talavera, desde el inicio se formó con Joselito y Sánchez Mejías. En el en el semanario El Toreo de Madrid, en su número del 10 de mayo de 1920, se puede leer el anuncio de que el cartel de las fiestas de Talavera sería el mano a mano entre Gallito y Sánchez Mejías con los toros de Ortega y en los días subsecuentes, el diario Heraldo de Madrid se anunciaba que la Compañía de Ferrocarriles de Madrid, Cáceres y Portugal ofrecía un tren especial para la corrida de Talavera, además de los ordinarios, que saldría a las 7:30 de la mañana y regresaría a Madrid a las 8:30 de la noche de esa misma fecha.

De esa información periodística podemos desprender con claridad que la versión de El Gallo y Larita es una mera composición literaria, que a los ojos del lector lleva congruencia, pero la realidad es en otro sentido, según se puede demostrar documentalmente.

El verdadero interés de la obra de Delgado de la Cámara es la forma en la que nos presenta la evolución de los hechos a partir de que Juan Belmonte actuara ese 16 de mayo en Talavera. Lo que Alameda ha llamado el hilo del toreo hubiera tomado un derrotero bien distinto, porque la evolución histórica del toreo transitaría por veredas distintas a las que caminó después de esa fecha. 

Juan Belmonte, en los hechos ocurridos, sabemos que se agregó al establishment de la fiesta y continuó con las realizaciones de los que lo antecedieron. En el planteamiento de la obra, vemos como Gallito hubiera definido, sobre todo, el camino de la crianza del toro de lidia, buscando un toro que fuera más adecuado a la teoría del toreo en redondo que planteó, en Madrid, el 3 de julio de 1914, cuando, de acuerdo con las imágenes captadas entonces, se ve que intenta hacer el toreo, ligando los muletazos, manteniéndose en un mismo espacio, intentando que el toro – un berrendo de los sucesores de Vicente Martínez – girara en torno al diestro, sin que éste tuviera que reponerse.

También Domingo nos presenta cual sería el resultado del encuentro de Joselito con los toreros de la generación siguiente a la suya. El hipotético encuentro que tendría con Marcial Lalanda, Armillita, Vicente Barrera, Manolo Bienvenida y otros de la siguiente edad del toreo en España, nos revela la esencia de la obra que intento comentarles. La fiesta de los toros sin duda, mantuvo su interés con quienes en los hechos sucedieron a José tras los eventos de Talavera, pero si él hubiera sido partícipe de ellos, algún camino distinto se hubiera marcado en algunas circunstancias, y tiene muy presente la importancia de Fermín El Sabio en esa etapa evolutiva del toreo.

Por otra parte, la obra resalta la importante influencia que tuvo Gallito en la transformación del toro de lidia del primer cuarto del siglo XX en el que comenzaría a imperar a la mitad de esa centuria. Bien se podrá afirmar que el toro andaluz se distribuyó por toda la península ibérica – también en el resto del orbe taurino – en detrimento de otros encastes históricos, pero ese toro, principalmente el de origen Murube Ybarra Parladé en el caso que nos ocupa, sería el que tendría mejor acoplamiento al toreo que se empezaba a gestar en el tiempo que ocupa la narrativa.

Pero, creo que ya no debería de seguir adelante con estas notas. La lectura de la obra es la mejor manera de captar la calidad del mensaje que lleva y la idea de su autor de exponer lo que pudo ser de haberse producido los acontecimientos de Talavera de la Reina de una manera diametralmente opuesta a la que tuvieron en la realidad. El libro es de esos que no se le caen a uno de las manos y que es de lectura obligada para el aficionado y también para el bibliófilo, porque, aunque se modifica a los actores, la trama histórica del mismo es impecable, lo que refuerza su valor y su narrativa.

Referencia bibliográfica: La otra vida de Joselito. – Domingo Delgado de la Cámara. – Modus Operandi – Marqués, Madrid, 1ª edición, 2021, 303 Págs. – ISBN 978 – 84 – 18016 – 18 – 9.

domingo, 14 de noviembre de 2021

16 de noviembre de 1913: Juan Belmonte hace matador de toros a Samuel Solís

Samuel Solís
Foto: Casasola, Cª 1920 INAH  
La historia de Saturnino Frutos Ojitos y su cuadrilla de jóvenes toreros mexicanos ha sido contada de muchas maneras. Quizás las que mejor nos presentan esa etapa de la Historia Patria del Toreo son el libro hagiográfico de Rodolfo Gaona escrito por Carlos Quirós Monosabio, titulado Mis Veinte Años de Torero y el que publicó Guillermo Ernesto Padilla bajo el título de El Maestro de Gaona. Allí hay dos interesantes perspectivas del paso de quien fuera banderillero de la cuadrilla de Frascuelo e implantador, sin duda, en nuestras tierras, en una manera definitiva, de la tauromaquia que hoy conocemos.

Entre 1905 y 1907, Ojitos llevó por las plazas de nuestra República la nombrada cuadrilla integrada por los matadores Rodolfo Gaona, Prócoro Rodríguez y Samuel Solís; los picadores Antonio Rivera y Daniel Morán; los banderilleros Fidel Díaz, Antonio Conde, Pascual Bueno y Manuel Rodríguez y Rosendo Trejo como puntillero. La cuadrilla se deshace cuando Ojitos se dedica en exclusiva a atender los asuntos de Gaona y aunque con posterioridad Manuel Martínez Feria y Enrique Merino El Sordo integran un sucedáneo de ésta, la original, es la aquí anotada.

De esa original cuadrilla llegaron a la alternativa dos de los iniciales matadores, El Califa de León y Samuel Solís, quien recibió tres alternativas, la primera en Puebla el 24 de enero de 1909 de manos de Morenito de Algeciras, la que en este momento me motiva a distraerles y una tercera, el 9 de enero de 1916, con Luis Freg como padrino.

Tercera corrida de la temporada 1913 – 1914

La temporada 1913 – 1914 tenía mucho interés para los aficionados, pues casi todos los toreros que habían triunfado en la campaña española estarían en El Toreo de la Condesa. Vicente Pastor, Luis Freg, Rodolfo Gaona, Manolo Martín Vázquez y Juan Belmonte eran el eje de los carteles y los toros vendrían de las principales ganaderías mexicanas y españolas para que don José del Rivero, director de la empresa La Taurina, S.A., pudiera ofrecer un ciclo con atractivo para la afición. Cuestión aparte, en los cartelillos anunciadores de la prensa, se ofrecía un acceso exclusivo para automóviles por la calle de Salamanca, pagando un peso por usarlo.

La tercera corrida marcaba la reaparición del Pasmo de Triana y la alternativa de uno de los triunfadores del ciclo de novilladas inmediato anterior, el capitalino Samuel Solís, con una bien lograda corrida de Piedras Negras, que se presentaba en la temporada. Durante la semana se publicaron varias notas con fotografías tanto de los diestros actuantes, como del encierro en los corrales de la plaza, animando a aficionados y público a asistir. A propósito de la alternativa de Solís, quien firmó como Pata Larga escribió en El Diario lo siguiente:

Durante la temporada de novilladas dos fueron los toreros que sobresalieron: uno llamado Samuel Solís y otro, Sebastián Suárez “Chanito”, estando el primero más hecho y más cuajado que el segundo, y de aquí que la empresa, y a petición de muchos aficionados, accediera a darle la alternativa a Samuel Solís...

Ese era el ambiente previo al festejo, que se celebró con un lleno hasta la azotea. Porque habrá que aclarar, que en El Toreo de la Condesa, la azotea era una localidad que en las grandes celebraciones, se vendía como cualquiera otra.

La actuación de Samuel Solís

Las crónicas de hogaño dirían que Samuel Solís estuvo discreto esa tarde. Y es que no tuvo una actuación triunfal ante los tres toros de Piedras Negras que enfrentó. El le cedió Juan Belmonte en primer lugar se llamó Pescador, marcado con el número 72 y según la crónica que se lea, era retinto bragado, castaño claro, o colorado hornero. Lo que sí me llama la atención es que ese nombre es frecuente en los toros de Piedras Negras, pues casi 30 años después, Silverio Pérez torearía por sustantivos, según El Tío Carlos a otro Pescador de Piedras, allí mismo, en El Toreo.

Vestido de perla y oro, de la aguja, con vestido encargado a la madrileña sastrería de Uriarte, en la que se vestían las figuras del toreo en aquellas calendas, Samuel Solís estuvo, de acuerdo a la apreciación de Miguel Necoechea Latiguillo en El Imparcial de la capital mexicana, en la siguiente tesitura:

Samuel, torero de otro estilo, idiosincráticamente diverso a Belmonte, hubiera podido estar bien, muy bien, pero siempre hubiera resultado desmedrado y endeble al lado de semejante coloso… Por lo demás, el mexicano en el toro de su alternativa, lució como los buenos con el capote; se adornó con la muleta y entró recto y decidido con el estoque... Con el capote en el sexto, vuelve a ser estilista y parado; busca desquite después con las banderillas, y tras de larga preparación, cuelga tres pares al cuarteo para dar fin a su adversario con una estocada atravesada y otra de igual sospechosa marca… Solís volverá por sus fueros, no hay que dudarlo. La alternativa trae aparejada, entre otras cosas, la obligación de saber llevarla con vergüenza y con donaire...

Belmonte, de rosa y oro, le cortó la oreja al quinto y fue sacado en hombros de la plaza. Por las cuadrillas, a caballo destacaron Conejo Chico, Portugués y Conejo Grande y con las banderillas y en la lidia Pulga de Triana, Magritas, Morenito de Valencia y Patatero.

Del encierro de Piedras Negras, el que firmó como Pelongo, en el diario El Independiente de la Ciudad de México al día siguiente del festejo, escribió:

Aficionados buenos, como son los dueños de la vacada de Piedras Negras, no podían permitir que la divisa roja y negra de sus toros fuera postergada y que su ganadería perdiera el lugar al que había llegado por propios merecimientos. La tarde de ayer vimos una corrida de toros bien cuidados, finos, de bravura no escasa y algunos, como el quinto, grandes y de poder.

Se arrancaron de lejos a los montados, algunos fueron duros y no se dolían al hierro y todos fueron nobles y manejables. Una corrida que, sin ser cosa del otro mundo, sí cumplió y dejó satisfechos a los adeptos a la vacada, que veían con tristeza ir a menos la prestigiada ganadería.

Parece que los señores ganaderos quisieron poner algo de su parte, pues con toros como los de ayer pueden lucirse los diestros…

Así pues, Samuel Solís se alternativó en una buena tarde de toros y eso le valdría para torear otras dos tardes en esa campaña capitalina.

Anuncio de la alternativa de Samuel Solís...

El devenir de Samuel Solís

Ya apuntaba arriba que Samuel Solís recibiría una tercera alternativa en 1916. Y es que para el año de 1914 se fue a buscar fortuna a plazas españolas, donde el doctorado recibido no era válido. La prensa hispana le registra presentándose ante la cátedra madrileña el 19 de mayo de 1914, a puerta cerrada, para matar dos toros, uno de Palha y otro de García de la Lama con los que estuvo bien a secas, en una especie de prueba y promoción ante las empresas. Me llama la atención de que brindó la muerte del portugués al empresario madrileño, quien le correspondió con 50 duros. Esa campaña logra torear allá cuatro o cinco festejos en plazas como Carabanchel, Tetuán, Robledo o Ávila. Regresaría a seguir toreando novilladas allá en 1915.

La despedida de los ruedos

Dentro del ciclo de novilladas del año 1927, para el domingo 27 de marzo, se anunció un festejo con carácter de extraordinario, en el que matarían un toro cada uno Samuel Solís y Carlos Lombardini y actuarían los aspirantes a novilleros Alberto Balderas, José El Negro Muñoz y David Liceaga. El principal reclamo, era la presencia de Rodolfo Gaona para cortarle la coleta a quienes en su día fueron sus compañeros de escuela taurina y de inicios en el andar por los ruedos.

Samuel Solís ya tenía tiempo de no actuar como jefe de cuadrilla, sino como hombre de plata, según lo cuenta quien firmó como Verdugones, en el introito de la crónica de ese festejo y que se publicó en el número de Toros y Deportes aparecido el 21 de marzo de ese año 1927:

Samuel Solís, el finísimo torero mexicano, gracioso diestro en quien hace pocos años todavía abrigábamos grandes esperanzas, nos ha dicho adiós esta tarde. Prácticamente, el discípulo de “Ojitos” estaba ya retirado de matador de toros desde hace mucho tiempo atrás. Veíamosle salir de banderillero, ya en corridas de cierta importancia, y también en novilladas, al lado de toreros noveles, sirviéndole de peón de brega a muchos que no tienen siquiera los méritos suficientes para hacer el paseo a su vera... Se anunció que Samuel mataría un toro de Atenco; después seguirían Alberto Balderas y Pepe Muñoz, discípulos de Samuel, quienes despacharían cuatro toretes, y, por último, cerraría con broche de oro el espectáculo el becerrista David Liceaga, quien en actuaciones anteriores había tenido fortuna...

Samuel Solís estuvo digamos, efectivo esa tarde. Solamente pegó unos lances con la capa en los que hubo algún lucimiento y al final, sin mayor trámite, despachó de un soberbio espadazo al toro de Atenco al que enfrentó. Carlos Lombardini se fracturó un brazo unos días antes, así que no pudo actuar. Gaona bajó al ruedo, le cortó la coleta a sus amigos y el escenario quedó puesto para quienes la crónica de Verdugones señala como discípulos de Samuel.

Samuel Solís y la escuela mexicana del toreo

Y es que Samuel Solís se afincó en la vieja plaza de toros de Tacuba y allí entrenaba y comenzaba a enseñar el toreo. No llegó a ser figura del toreo, pero tenía el toreo en la cabeza, tenía bien aprendidos los conceptos que le transmitió Saturnino Frutos y en el andar por los ruedos, tuvo la ocasión de formarse también los propios. Así que decidió seguir el camino de su primer mentor y como Ojitos, aunque quizás de una manera más callada, se dedicó a formar toreros y a buscar uno que pusiera esto de cabeza.

No tardó mucho en encontrar el primer par de prospectos. Uno, llegaría a ser El Torero de México y lo sería hasta que las astas de Cobijero terminaran con sus días; el otro, encaminaría sus afanes por las veredas de la literatura y la gastronomía. Pero esa pareja de Alberto Balderas y El Negro Muñoz pronto dio bastante de que hablar. Después de ellos vendrían David Liceaga y Ricardo Torres, alcanzando su cota más alta con Carlos Arruza, una de las figuras más destacadas de la historia universal del toreo.

Esa es la verdadera escuela mexicana del toreo, la que continuó las enseñanzas de Ojitos, adaptándolas a nuestra particular manera de ser. Y si no, véanse los logros de los discípulos de éste como formadores de toreros. Alberto Cosío Patatero formó a Heriberto García, Fermín Rivera y a Amado Ramírez entre otros y posteriormente estos alumnos suyos, a su vez también se dedicaron a enseñar toreros y así, por ejemplo, Joselito Huerta fue formado por Heriberto García. Por su parte, otro discípulo de Ojitos, Luis Güemes formó a Pepe Ortiz, quien a su vez ayudó en sus inicios a Jesús Córdoba y a Rafael Larrea y así sucesivamente. 

Como se puede ver, la huella de Ojitos a través de Samuel Solís y de otros que fueron sus discípulos sigue aún vigente en nuestros días. El torero que actuó en el festejo de apertura del Toreo de la Condesa el 22 de septiembre de 1907 y que matara el último astado que se corriera en su ruedo el 19 de mayo de 1946, como fin de fiesta de una corrida en la que actuaron Edmundo Zepeda, Andrés Blando y Miguel López que recibió la alternativa, un eral de San Diego de los Padres llamado Lince, quizás no fue figura vestido de luces, pero se labró un sitio en la historia trasladando el conocimiento del toreo a quienes llegaron a serlo.

Samuel Solís, decía, no alcanzó a ser considerado figura del toreo. Eso no tiene una explicación cierta, le faltó valor, dirán algunos; otros más afirmarán que fue la ausencia de personalidad; alguien terciará que se trató de mala suerte y habrá quien señalará que fue una combinación de todas las anteriores. La realidad es que los caminos del destino de los hombres a veces son inescrutables y lo que parece evidente resulta ser nada más una coartada de la realidad. El futuro de Samuel Solís estaba en trasladar hacia el futuro la tauromaquia que Ojitos nos trajo de España para hacer grande a la fiesta en México.

domingo, 19 de julio de 2020

Una fotografía con historia (VII)

El Gallo en Pamplona, 1934

Rafael El Gallo en Pamplona 1934
Archivo Rodero - Vaquero
La temporada del año 34 fue turbulenta. Un calendario antes había nacido la Asociación de Ganaderos de Reses Bravas, formada inicialmente a iniciativa de Juan Belmonte, expulsado de la Unión de Criadores por haber ayudado a los hermanos Francisco y José C. Madrazo a traer a México los ganados de Gamero Cívico para su ganadería de La Punta y engrosada después por otros notables miembros como Marcial Lalanda, que llevó a la nueva agrupación su hierro de la Unión y también el que recién había adquirido para su esposa Emilia Mejías a Fermín Martín Alonso y que era el original de Florentino Sotomayor, los adquirentes de la ganadería de Coquilla, que lo hicieron en cuatro distintos lotes y otros notables como Carmen de Federico, Melgar, Escudero y los hermanos Ayala. Y es que en esos días no bastaba adquirir un hierro de la Unión para ser miembro, además se debía ser aceptado.

A ese ambiente caldeado se sumó el hecho de que en alguna forma se conminó por esas fechas al empresario Eduardo Pagés a deshacerse de su ganadería de origen Urcola, que había adquirido a Francisco Molina.

Eduardo Pagés Cubiña

Nacido en Barcelona, Pagés entró al planeta de los toros como periodista y firmando como Don Verdades. Es autor de dos libros Joselito y Belmonte, ¿Cuál de los dos?, de 1918 y La República del Toreo de 1931. También se le tiene por creador de las cuadrillas de toreros bufos, al ser el organizador de la de El Chispa y sus botones y la banda de El Empastre.

Cobra notoriedad cuando en 1932 toma en arrendamiento la plaza de toros de Sevilla por un periodo de cuatro años. Organiza su primera feria de abril al año siguiente y para ese entonces ya daba toros en Madrid, Santander, Salamanca, San Sebastián y Valladolid, llegando a ser, inclusive, propietario de estas dos últimas plazas.

Para la temporada del 34, contaba con ganado de garantías en cantidades limitadas. Entonces, debía suplir esa deficiencia de sus carteles de alguna otra manera. Pagés es el inventor de la exclusiva. En 1925 la patentó con Belmonte, en ese entonces le firmó una serie de corridas a honorario fijo, veinticinco mil pesetas, cinco mil duros, una suma astronómica en esos días, cuenta Paco Aguado, pero recompensable en la taquilla y en la venta de abonos con la presencia de la principal figura de ese tiempo.

Entonces, en 1934 Pagés, entrenado en esas lides, volvió a recurrir al expediente de la exclusiva, pero ya no solamente sacó del retiro a Belmonte, sino que también lo hizo con otro torero legendario y ofreció igualmente a Rafael El Gallo treinta corridas en sus plazas para ese calendario en condiciones que seguramente fueron superiores, porque ambos toreros las aceptaron y terminaron toreando los festejos contratados, con la mejor parte del ganado disponible dadas las circunstancias del caso.

Algo del 34 de El Gallo

En 1934 Rafael cumpliría ya 32 años de alternativa y 52 de edad. Pero su afición y su torería quedaban intactas. De esa manera, Eduardo Pagés lo puso a reaparecer en Sevilla el 1º de abril de ese año alternando con Chicuelo y Paco Perlacia con toros de Esteban González y su actuación lo convenció a darle la sustitución de Algabeño el 19 de abril, donde para lidiar toros de Torre Abad, quedó acartelado con Cagancho, Domingo Ortega y Diego de los Reyes. Esa tarde le cortó el rabo al segundo de su lote y se alzó como el triunfador de esa versión de la feria abrileña. Si alguien tenía duda acerca de la decisión de Pagés, allí quedó claro que había Gallo para un buen rato. Y sí que lo había, el 3 de mayo reaparece en Madrid y pega un petardo de los que solamente él  podía dar y así en ese tono particularmente suyo transcurre esa campaña que es particularmente histórica para la fiesta.

Pamplona, julio de 1934

La plaza de toros de Pamplona, llamada todavía plaza nueva se había inaugurado el día de San Fermín de 1922. Todavía conservaba el diseño original del arquitecto Francisco Urcola y era casi una réplica de la ya entonces desaparecida Monumental de Sevilla. De hecho, la fotografía que da pie a que hoy meta yo los míos, en un primer golpe de vista, sugiere que El Gallo torea en esta última, pero quienes conocen del asunto, Fidel y Julio Carrasco Andrés y Carmen del Castillo, autores de dos magníficas obras sobre la plaza que construyó Gallito, me sacaron del error y me aclararon que fue captada en Pamplona.

Por su parte, Ángel Erro, del Club Taurino de Pamplona ante la noticia de que la imagen se logró en su tierra, me confirmó la fecha de la misma, pues fue la única tarde en la que Rafael El Gallo actuó en ese ruedo, el 10 de julio de 1934, en la llamada Corrida del Comercio. Hoy la plaza de toros de Pamplona tiene una fisonomía diferente, pues sufrió reformas en 1942, 1952, 1966 y 2004 para dejarla con la apariencia que hoy le conocemos. Para conocer algo más de su historia, les recomiendo leer este artículo en el sitio Memorias del Viejo Pamplona.

La tarde del 10 de julio

La Corrida del Comercio del 10 de julio, a la vista del cartel anunciador de la feria, aparentemente estaba fuera del abono de la misma. Fue programada por el comercio organizado de la ciudad y se dio en martes, día hábil, pero como escribió quien firmó como Alfonso, en el diario madrileño El Liberal del día siguiente del festejo, la plaza se llenó. Y es que cartel completo era con toros de Concha y Sierra para Rafael El Gallo, Juan Belmonte y Victoriano La Serna.

La mayoría de las crónicas se centran en el gran triunfo de Belmonte en lo que también era su reaparición en el ruedo pamplonés. Pero ubicar el momento de la imagen que motiva estas líneas es lo interesante y creo que ha sido posible conseguirlo. Debió ser en un quite que Rafael hizo o al primero de su lote o al tercero de la tarde, casi seguramente a éste, según se lee de la crónica de Federico Morena, del Heraldo de Madrid, aparecido la misma noche del festejo:
Primero. - «Morisco», berrendo en negro, (Los toros son de Concha y Sierra.) Rafael torea por verónicas. Pone en la suerte enorme salero. (Ovación.) En el primer quite da una larga cordobesa que es muy aplaudida. Belmonte, en el de su turno, mete dos verónicas y media templadas, geniales. (Olés. La ovación se oye en Triana.) La Serna torea embarullado, unos cuantos lances y está a punto de ser cogido. El Gallo cierra con dos chicuelinas y media (Ovación.) 
El toro es bravo y nobilísimo, en la plaza hay gran entusiasmo… 
Tercero. – «Estafador». Capirote. Botinero. Dobla admirablemente. La Serna veroniquea sin quietud ni cosa que lo valga, (Palmitas. También se oyen algunos pitos.) Quita embarullado. Gallo mete en el de su turno la larga de rigor. (Palmas.) Belmonte derrama la esencia de su arte imponderable (Ovación entusiasta.) El toro se limita a cumplir. 
El Gallo, fuera de turno, nos obsequia con una larga y una revolera vistosísimas. (Palmas.)...
Federico M. Alcázar, en La Voz, también aparecido en Madrid la noche misma del festejo, publicó lo siguiente:
Primero. – «Morisco». Berrendo en negro, buen mozo, bien armado. El Gallo lancea parado y remata con salero. (Palmas.) Luego quita Rafael, dejando al toro en suerte. Belmonte se para, templa y da tres lances y media verónica sublime. (Ovación delirante.) Laserna sale trompicado en el quite. Gallo torea por navarras, provocando el entusiasmo en el público. El toro cumple dócil y suave... 
Tercero. – «Estafador». Berrendo en negro. Laserna baila unos lances que no agradan. Luego se hace un lío con el capote y torea embarullado en el quite. Rafael remata con el capote plegado, dejando al toro en suerte. Después tira una larga afarolada, que se aplaude. El toro cumple dócil…”
La imagen nos muestra al torero saliendo con el capote al hombro rematando una suerte de capa, evidentemente una larga. La pinta del toro es berrenda, y tiene el accidente de ser capirote y botinero, como lo describe Morena en su crónica. Así que es probable que esa imagen de Rafael saliendo andando de la suerte, haya sido captada al rematar la larga que las crónicas describen en el quite al tercer toro, correspondiente a La Serna.

En el fondo de la misma, se observa al peón corriendo a quitar al toro que parece ir a por el despreocupado diestro que sale andando de la suerte o simplemente siguiendo el vuelo de su mágico capote.

Mi gratitud

A Carlos González Ximénez, titular del Archivo Ragel, que contiene también los fondos de los archivos de Aurelio Rodero y Manuel Vaquero, por permitirme utilizar la imagen que da motivo a estas líneas y Fidel y Julio Carrasco Andrés y Carmen del Castillo y a Ángel Erro, este último del Club Taurino de Pamplona, por ponerme sobre la pista de este asunto.

Aviso parroquial

Los resaltados en las crónicas de Federico Morena y Federico M. Alcázar no obran así en sus respectivos originales, son imputables exclusivamente a este amanuense

domingo, 5 de abril de 2020

Hoy hace un siglo: Confirma su alternativa en Madrid Ignacio Sánchez Mejías

Confirmación de Ignacio Sánchez Mejías
Ignacio Sánchez Mejías estaba destinado a ser un personaje histórico por sí mismo. Desde que decidió ser torero su vida se envolvió en una historia rocambolesca que valía ser contada. En 1908 se subió como polizón al vapor Manuel Calvo junto con Enrique Ortega Cuco para venir a México y aquí ambos, intentar hacer carrera en los ruedos.

Ambos fueron detenidos en Nueva York, confundidos con unos anarquistas buscados por la justicia y una vez que se aclaró su identidad y situación, Aurelio Sánchez Mejías, hermano mayor de Ignacio, que inicialmente llegó a nuestro país al cuidado de los encierros españoles que se lidiaban en las plazas de la capital mexicana y que en ese momento estaba al cargo del recién inaugurado Toreo de la Condesa, ofreció los avales necesarios para que Ignacio y El Cuco pudieran continuar su viaje hasta territorio nacional.

Así Ignacio iniciaría su carrera en los ruedos en Morelia, como banderillero en el año de 1910 y ya como novillero lo haría en la capital mexicana al año siguiente. Seguiría alternando sus actuaciones como jefe de cuadrilla y como subalterno y en esta faceta actuaría a las órdenes de Fermín Muñoz Corchaíto, Cástor Jaureguibeitia Cocherito de Bilbao y Rafael González Machaquito.

Debutaría en Madrid como novillero en 1913 y el 21 de junio de ese año durante una actuación en Sevilla sería gravemente herido, lo que lo hace replantearse su futuro en los ruedos, por lo que en 1915 retoma los vestidos de plata y actúa a las órdenes de Juan Belmonte y Rafael Gómez El Gallo. De 1916 a 1918 formará parte de la cuadrilla de Gallito.

Recibe la alternativa el 16 de marzo de 1919 en Barcelona, de manos de Gallito y llevando como testigo a Juan Belmonte, el toro de la cesión se llamó Buñolero y fue de los Herederos de Vicente Martínez.

La confirmación de la alternativa

La confirmación se programó para la Corrida de la Beneficencia del año de 1920. En ese calendario se verificaría el día 5 de abril, lunes, precisamente después de la corrida de apertura de temporada, misma que se verificaría el domingo 4 anterior.

Para el festejo, que todavía en esos días era a beneficio de los hospitales de la capital de España, se anunció, a Gallito como padrino de la ceremonia de confirmación y a Juan Belmonte y a Manuel Varé Varelito como testigos de ella, enfrentando la cuarteta, un encierro de ocho toros de los Herederos de Vicente Martínez.

El encierro lidiado

Alejandro Pérez Lugín Don Pío, en la crónica que escribió para el diario madrileño La Libertad, expresa lo siguiente acerca de los toros lidiados esa tarde:
“...Si es difícil enviar una corrida de las corrientes de «a seis», en que haya semejanza total de caracteres, ya que igualdad es imposible, calculen sus señorías lo que sucederá con una serie de ocho. 
Pues ayer la hubo en la buena, en la excelentísima crianza de los toros de Martínez, y en la bondad de su carácter. Y aunque, como es natural, los hubo con sus más y con sus menos de bravura, en conjunto, y por lo que toca a su pelea con las plazas montada, que es la que sirve, pese a las teorías modernistas, para calificar a los toros, merece la corrida de Martínez el calificativo de muy buena, Voluntad para acometer a los jinetes y nobleza para los infantes fue la nota característica de esta corrida que satisfizo mucho a todos...
Es decir, los ganaderos del Colmenar lograron acabalar una corrida de presencia y juego adecuado al acontecimiento para el que fue presentada. Además, deja entrever que ya se ponía en cuestión si la suerte de varas era en realidad la medida para calificar la bravura de los toros o no.

El triunfo del confirmante

Es César Jalón Clarito, cronista de El Liberal, hizo al día siguiente del festejo, el siguiente relato:
“Sánchez Mejías — decía un íntimo del diestro — se ha hecho matador de toros por su hijito. Es un nene simpático y precoz, que cuando su padre se iba a banderillear en la cuadrilla de su cuñado Joselito y se despedía diciendo: 
— «Ea, con Dio; que me voy a torear», el pequeñuelo oponía: «Papá, no torea. Torea «tiito». Y como Ignacio tiene mucho amor propio... 
Yo me he hecho matador de toros — refería otro día el diestro — porque tengo afición y porque creo que tengo valor y porque he dado con una escuela de toreo en la que la que pienso practicar. Esta escuela tiene como principio el de que «torear es arrimarse» y como fin... como fin el talonario de cheques o el de las recetas...  
¿Practicó en esa escuela Sánchez Mejías todo el año pasado en las plazas de provincias? El público esperaba la respuesta ayer. Y de ahí el silencio expectante que se hizo en la plaza ai aparecer en el ruedo el primero de los toros de Martínez, un berrendo, buen mozo, gordo y bien criado... 
El diestro se hizo presente a la res en el tercio, y dio el cambio de rodillas... Después, veroniqueó... Las masas guardaron silencio. 
El berrendo era bravo y derribó en la primera vara con estrépito; cayó el piquero entre las astas y la cabalgadura y el astado embistió recogiendo y apretando al hombre contra la bestia. Sé inició en este punto la emoción y continuó en el quite de Ignacio, que llevó a la res embebida en la tela, y con gran serenidad y templanza, la hizo pasar una y otra vez por tan cerca de sí que el berrendo debió babearle los alamares del chaleco... «Allí» ya sonó la primera ovación...  
Dos pares clavó el hombre, llegando de frente, decidido hasta la cara y uno de dentro a fuera... Y la muchedumbre siguió su labor con tal atención y deleite, que dos aeroplanos que en las alturas simulaban una maravillosa pareja de aviones, pasaron desapercibidos. 
Llegó el de Martínez al último tercio bravo y noble. Sánchez Mejías lo hizo llevar a las tablas. Se sentó en el estribo, por bajo de la barrera del 10. Y ofreció la muleta al bruto a dos dedos de sus hocicos... 
Tres apretadísimos pases allí, en el mismo estribo, sin moverse el hombre más que lo suficiente para dar gracia a la suerte, hicieron prorrumpir en ¡olés! y aplausos a la concurrencia. 
Pero aun fueron mejores, a mi juicio, dos estupendos pases, uno de ellos de pecho, que me hicieron pensar en el aforismo del diestro: ¡Torear es arrimarse!... Y sí que lo es. Arrimarse bien, claro está. Con serenidad, para no descomponer la figura y para dar templanza a los movimientos. 
Cuando se arrostra el peligro desde tan cerca y con tal tranquilidad, el que no es «artista» de por sí, lo parece. 
Y lo de torear cerca y tranquilo no se redujo a la lidia de ese magnífico ejemplar; se extendió a los tercios de quites en los otros toros y culminó en unos apretados muletazos al toro que cerró plaza. 
¡Ovaciones y vuelta triunfal, en la plaza de Madrid, un día de lleno rebosante, con un público que espera de uñas y que ha pagado a diez duros la localidad!... 
¡Oye, tú, pequeño Sánchez Mejías, ¿te parece que digamos que ha toreado tu papá?...
El resto del festejo

Gallito realizó una de sus obras más acabadas en Madrid con el cuarto de la corrida. Juan Belmonte, refieren las crónicas, se vio desganado y Varelito sorprendió a la afición con su habilidad estoqueadora. En suma, fue una gran tarde de toros.

El hilo del destino

Los cuatro diestros que actuaron en Madrid hace un siglo terminaron sus días en un halo de tragedia. Gallito, Varelito y Sánchez Mejías serían víctimas de las astas de los toros y Juan Belmonte, aquél de quien sentenció Guerrita que lo sería y que había que darse prisa si quería vérsele torear, terminó con su vida con su propia mano. 

Sin embargo, antes de llegar a la conclusión terrenal de todo ser humano, tuvieron sus días de sol y de gloria, como la tarde que he intentado relatarles.

Aldeanos