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domingo, 15 de febrero de 2026

16 de febrero de 1911: Una singular corrida benéfica en El Toreo de la Condesa

Después de que el 20 de noviembre de 1910 hiciera público don Francisco I. Madero el Plan de San Luis, se desataron en diversos puntos de la República conflictos armados entre las fuerzas armadas del Estado y grupos que apoyaban la salida del general Porfirio Díaz del gobierno. Una de las zonas donde se localizaron los encuentros más cruentos fueron en el Estado de Chihuahua, en la zona fronteriza con los Estados Unidos, produciendo numerosas bajas en las fuerzas del Ejército Mexicano. Ante esa situación, el diario El Heraldo Mexicano, cuya línea editorial evidentemente estaba alineada con los intereses gubernamentales, se propuso organizar una corrida de toros a beneficio de los deudos de los militares caídos en esas acciones. El 6 de enero de 1911, se publicó en la primera plana del citado periódico:

Esta corrida tendrá un carácter netamente nacional, porque tomarán en ella elementos puramente mexicanos. Será un gran atractivo para el público aficionado ver reunidos en el coso a sus diestros más aplaudidos u notables, a la mayor parte de sus más aplaudidos y valientes matadores con los que cuenta México... Los matadores cuyo concurso y aceptación damos por otorgados, pues bien reconocidos son su patriotismo y sentimiento de innegable altruismo, que siempre los ha distinguido como buenos mexicanos son: Vicente Segura, Rodolfo Gaona, Carlos Lombardini, Pedro López, Eligio Hernández “El Serio”, Rodolfo Rodarte, Luis Freg y Arcadio Ramírez “Reverte Mexicano”... Don José del Rivero, el inteligente y popular empresario de la plaza de “El Toreo” que siempre ha dado innegables muestras de filantropía y desprendimiento, no dudamos que cederá la plaza para que el jueves 9 de febrero, se celebre la corrida de beneficencia que proyectamos... Como otro atractivo del festival, hemos hecho formal invitación a los inteligentes revisteros que hoy se hallan retirados de la brega, pero que en no remotas épocas deleitaron a sus lectores con sus galanas crónicas, para que, en colaboración con los más conocidos de hoy, regresen en una edición especial, que El Heraldo Mexicano lanzará ese día, contando las peripecias y detalles de la corrida... Mucho atractivo tendría que cada uno de los revisteros siguientes: Eduardo Noriega “Tres Picos”; doctor Pablo Rangel “P. Drin”; A. Morales Puente “Jindama”; Jacobo Prantl “Pata Larga” de El Diario; Miguel Necoechea “Latiguillo”, de El Imparcial; Antonio Rivera de la Torre “Antolín” de El País; y Alfredo Ayala Mendoza “Caramelo” y Enrique A. de Llano “Rascarrabias” de El Heraldo Mexicano, reseñarán un toro de los de esta corrida... Respecto a las autoridades, aguardamos desde luego que presten toda clase de facilidades para el buen logro de nuestra idea...

Sin duda que el festejo era atractivo por la presencia en el cartel de Vicente Segura y Rodolfo Gaona, las principales figuras del toreo mexicano en ese momento y el planteamiento del tratamiento periodístico que se pretendía dar al resultado de la misma, era también de gran rumbo, porque los principales cronistas de ese tiempo cederían sus plumas a perpetuar tal acontecimiento. Por otra parte, en los días siguientes, el propio diario comenzó a publicar distintas adhesiones al proyecto y así, la cartelería con la que se anunciaría la corrida sería donada por Cigarros El Buen Tono, La Samaritana y Casa Tardán, el zarzo de banderillas por la Tampico News Company, y las moñas para las divisas comenzaron a ser ofrecidas por la Droguería de La Profesa, don Julio Bloch, La Nueva Industria, y todo se pondría en exhibición en los aparadores tanto de la Droguería de La Profesa como de la Casa Tardán.

Las vicisitudes para completar un cartel

Para el final del mes de enero se anunciaba que todos los diestros del cartel habían aceptado participar en la corrida, salvo Arcado Ramírez Reverte Mexicano o Jesús Tenes, de quienes esperaban respuesta a su invitación y en la edición del día 24 de enero, se anunció que el torero norteamericano Harper B. Lee entraría a la corrida, para ocupar el puesto final en la misma por no haberse recibido confirmación de ninguno de los dos diestros anteriores:

El cartel que se ha formado a beneficio de las familias de los soldados muertos en la frontera, ha quedado definitivamente cerrado, en vista de contar con los ocho matadores mexicanos, que serán los encargados de matar las reses que se lidien la tarde del día nueve del entrante mes de febrero... Y decimos que ha quedado completo, por haber aceptado el bondadoso ofrecimiento del valiente diestro Harper B. Lee, mexicano de origen puesto que nació en Guadalajara, quien desde hacía días nos ofreció desinteresadamente su cooperación... Por consiguiente, la combinación de matadores ha quedado definitivamente arreglada en esta forma: Vicente Segura, Rodolfo Gaona, Carlos Lombardini, Pedro López, Eligio Hernández (“El Serio”), Rodolfo Rodarte, Luis Freg y Harper B. Lee...

La improbable asistencia de don Porfirio

Quedaba pendiente la designación del ganado que se lidiaría, y el diario daba cuenta de correspondencia con la petición de diversos grupos de aficionados, empleados del ferrocarril, de establecimientos comerciales y de la banca que pedían que la corrida se trasladara al sábado 18 siguiente, para estar en aptitud de asistir al festejo, comprometiéndose los redactores a interceder por esas peticiones. Posteriormente, el día 28 de enero se anunció que el presidente Porfirio Díaz asistiría con su esposa y su gabinete al festejo:

El señor Presidente de la República, general don Porfirio Díaz, y su muy distinguida señora esposa doña Carmen Romero Rubio de Díaz han ofrecido asistir a la gran corrida de beneficencia organizada por EL HERALDO MEXICANO... Los miembros del gabinete, los del honorable cuerpo diplomático y las familias principales de nuestra sociedad, serán invitadas por una comisión integrada por los señores arquitecto Enrique Fernández Castelló, Arturo Braniff, Mario M. Bulnes y Rogerio Meraz Rivera, quienes, además, enviarán las localidades con sus respectivas invitaciones a las personas más conspicuas de la capital... Los señores antes citados, en representación de EL HERALDO MEXICANO, han invitado a veinticinco hermosas señoritas de la sociedad metropolitana, para que se sirvan presidir la fiesta brava en calidad de reinas, y casi la mayor parte de ellas, han aceptado...

En retrospectiva, considero que dada la inestabilidad política que se vivía en el país, el Presidente de la República podría pensar en asistir a los toros, aplicando la misma regla para los integrantes de su gabinete. Los principales de la sociedad, seguramente tampoco estarían por la labor, aunque por la forma en la que se les cursaron las invitaciones – con las entradas incluidas –, seguramente hicieron su aportación para contribuir al menos en lo económico, al éxito del proyecto.

Por fin se designa el encierro a lidiar

El 30 de enero se anunció que el encierro a lidiarse sería uno de la ganadería yucateca de Sinkeuel, formada, de acuerdo con Agustín Linares, en el año de 1891, con toros y vacas de Murube. Al día siguiente se informaba también, que para pasar la prueba necesaria para poder lidiar una corrida de toros en busca de cartel, el domingo 12 de febrero se lidiarían como fin de fiesta dos novillos de la misma ganadería, después de la corrida de toros en la que actuarían Cocherito de Bilbao, Vicente Segura y Rodolfo Gaona, ante toros de don Felipe de Pablo Romero. La lidia y muerte de esos novillos estaría a cargo del novillero de Mixcoac Merced Gómez.

Así, el cartel anunciado en la prensa, fue el siguiente: Vicente Segura, Rodolfo Gaona, Eligio Hernández El Serio, Carlos Lombardini, Pedro López, Rodolfo Rodarte, Jesús Tenes y Harper B. Lee, con los toros de Sinkeuel.

Los imponderables de último minuto

En la edición de El Heraldo Mexicano de la víspera del festejo – 15 de febrero –, se anunció que Carlos Lombardini no actuaría en la corrida, por haber sufrido una luxación en el brazo izquierdo y una contusión en la mano del mismo lado al entrar a matar uno de sus toros en Tampico el domingo anterior y en la portada del diario del día de la corrida aparecía el facsímil de un telegrama de la siguiente guisa:

TELEGRAMA DE RODOLFO GAONA. – El siguiente telegrama de Rodolfo Gaona se recibió ayer tarde, a hora avanzada, en “El Heraldo Mexicano”: León, febrero 15, 1911. – El Heraldo Mexicano. – San Diego 9. – México, D.F. – Imposible torear mañana. – Fuerte luxación muñeca izquierda, toreando becerro. – Mando certificado médico. – GAONA.

Así pues, antes de abrirse la puerta de cuadrillas, quedaban dos puestos libres en el cartel anunciado a la afición por medio de la prensa, pero en realidad serían tres los cambios presentados, porque Luis Freg salió de la combinación sin que se diera explicación alguna, siendo sustituido por Jesús Tenes, y por medio de la crónica del festejo, nos enteramos que Samuel Solís sustituyó a Rodolfo Gaona y Pascual Bueno a Carlos Lombardini, así que de lo que originalmente se anunció, prácticamente la mitad del cartel de toreros terminó siendo sustituido.

El resultado de la corrida

La entrada no llegó al lleno y la tarde fue ventosa y fría y las crónicas refieren que los toros yucatecos fueron complicados por presentar diversos matices de mansedumbre que complicaron su lidia. Quien escribió la crónica que sin firma, apareció en el diario El Imparcial fechado el 17 de febrero de 1911 en la Ciudad de México, relata lo siguiente:

En primer lugar, digamos que la vacada de Sinkehuel dejó mucho que desear, tanto, que con excepción del sexto y séptimo toros, los demás dejaron a desear todo. Las reses corridas ayer adolecían de un grave defecto: la mansedumbre, y ni por asomo, fuera de los animales arriba exceptuados, tuvieron un solo rasgo de nobleza y de bravura, de manera que el fastidio se apoderó del público; desde que medió la lidia del segundo de los de Sinkehuel, la gente empezó a dar visibles muestras de cansancio... Vicente Segura fue el héroe de la tarde. El pachuqueño, que se sabe arrimar a los toros, fue quien mayores palmas cosechó. El toro que le tocó lidiar llegó a la muerte buscando, pues, buscando la querencia de todas partes, pero especialmente el refugio y defensa de las tablas. Allí, Segura, con los terrenos cambiados, entrando muy en corto, propinó a su enemigo una estocada monumental, hasta mojarse los dedos y que fue subrayado con una ovación delirante... Antes había hecho una faena de muleta todo lo buena que permitían las condiciones del toro y había arrancado a herir por dos veces de una manera espléndida...

En cuanto al resto de la corrida, quien firmó como El Primer Reserva para el diario El Correo Español, lo resume de la manera siguiente:

EL SERIO: Torea movido y sin conciencia. Pincha una vez y coge luego una estocada tendenciosa. Un intento de descabello y el toro dobla... PEDRO LÓPEZ: Faena incolora con la percalina. El aire hace flamear el trapo lamentablemente. Un pinchazo hondo, una estocada contraria a un tiempo, otro pinchazo sin soltar y un descabello a pulso. Palmas... RODARTE: Hace unas cosas muy raras con la muleta y se descompone. Entrando siempre mal receta, primero  un pinchazo, y luego otro y otro y así hasta siete. Al fin consigue coger media estocada tendida y descabella por último, a la primera. Total, veinte minutos más de aburrimiento... JESÚS TENES: Comienza a torear con terror pánico. El toro huye, como los anteriores. Un pinchazo sin meterse, otro en el chaleco, otro a paso de banderillas; otro en la oreja, y una gran estocada saliendo el diestro revolcado. Ovación y dianas. El toro arrancó cuando el matador se perfilaba, clavándose el estoque el mismo bruto, si bien dejó al torero sin salida. Milagrosamente pudo éste librarse de una cornada... HARPER B. LEE: Con menos riñones que otras veces, pasó de muleta el torero americano a su enemigo. El público se ríe porque Harper da unos pases muy graciosos, todos ellos de su invención, es decir de patente yankee. Media estocada corta, un pinchazo en lo alto, otro y ocho intentos de descabello. Al fin acierta Harper y hay quien aplaude. No se hable más de antiamericanismo... PASCUAL BUENO: Torea reposado, excesivamente reposado. Entre pase y pase pasa media hora. La noche se echa encima y el público protesta. Pincha cinco veces con admirable calma y al fin, cuando el público se lo pidió por el amor de Dios, cogió una estocada buena que fue bastante... SAMUEL SOLÍS: Lo que hizo este torero no lo sé porque reinaba en la plaza una oscuridad absoluta. Alguien me dijo que entró a matar varias veces y que demostró tenerle más amor al pellejo que a la gloria, lo cual es muy razonable...

Como se puede ver, el resultado artístico no es algo que haya pasado a la historia, salvo por el hecho de que se trató de un ejemplo claro de que la fiesta de los toros es sensible a las necesidades de los demás y de que su solidaridad está siempre presente. En lo que a la historia se refiere, tan no pasó, que en la exhaustiva obra de don Heriberto Lanfranchi, ni siquiera está reseñado.

El fin de fiesta

El cierre de la crónica de El Imparcial, refiere el desencajonamiento en el ruedo del encierro de Miura que se lidiaría el siguiente domingo:

Después de la corrida se desencajonaron los toros de Miura que habrán de lidiarse el domingo... La reputación de la ganadería de don Eduardo Miura, conquistada en los terrenos de la lidia por la bravura de los bureles, su poder y su nobleza, es legendaria... La lámina de los bichos es imponente, y la empresa, teniendo en cuenta que las corridas de miuras son muy duras y dan bastante quehacer a los lidiadores, decidió que el cartel se compusiera de tres matadores, escogiendo para ello a los de más tronío de los que actualmente están en México: “Cocherito”, Segura y Gaona... Como se ve, la corrida promete. Primero por los hermosos miuras, y después por el trío de matadores que se las entenderán con ellos...

Terminada la corrida, El Heraldo Mexicano ofreció un banquete a quienes participaron en la organización y desarrollo del festejo, mismo que fue presidido por Jesús Villalpando, en nombre de la empresa editora del diario y al que asistieron toreros, cronistas y aficionados.

domingo, 9 de marzo de 2025

A un siglo de la despedida de los ruedos de Rodolfo Gaona (II)

Gaona y la política

Los tiempos de Rodolfo Gaona en los ruedos fueron aquellos en los que los políticos no se ruborizaban por reconocer su afición a los toros y por ello, asistían a las plazas para ver las hazañas de los diestros en los ruedos, pero también, para que su pueblo conviviera con ellos en un ambiente en el que, disfrutando una afición común, por un rato, todos estaban en un plano de absoluta igualdad.

Ciertos eventos taurinos eran de asistencia casi obligada para los titulares de los poderes del Estado, porque en ellos se hacía patente la relación tradicional de la fiesta de los toros con los pueblos a los que gobernaban. En el caso de México, los presidentes de la República concurrían en esos días a el Toreo de la Condesa en numerosas oportunidades a presenciar las corridas de temporada, así, veremos en esta oportunidad, algunos casos en los que el eje de la historia fue precisamente el Indio Grande, don Rodolfo Gaona.

Antigua Plaza México, 1o de noviembre de 1908

Ante un lleno de no hay localidades, se celebró la corrida del beneficio de Rodolfo Gaona, en la que ante toros de Venadero, actuó el diestro leonés mano a mano con el bilbaíno Rufino San Vicente Chiquito de Begoña

A invitación del beneficiado, asistió a la plaza el presidente de la República, general Porfirio Díaz, quien, de acuerdo con las crónicas del festejo, fue recibido con gran entusiasmo por la concurrencia.

Rodolfo Gaona brindó el primero de su lote al presidente Díaz, quien correspondió la cortesía, dicen las crónicas, con una hermosa billetera con un hermoso monograma y adornos áureos... A propósito del obsequio, relata Guillermo Ernesto Padilla, que dicha billetera llevaba dentro un billete de alta denominación, que Gaona manifestó al general Díaz que nunca gastaría en su vida, hecho que cumplió hasta el último de sus días.

El Toreo de la Condesa, 28 de enero de 1912

De esta tarde han circulado profusamente fotografías, de cuando el presidente Francisco I. Madero mandó llamar al palco que ocupaba a Rodolfo Gaona para agradecerle el brindis que le hizo en una tarde en la que se anunció que despacharía en solitario toros de San Diego de los Padres y Piedras Negras. Al final, solamente daría cuenta de cinco de ellos, porque unos inoportunos calambres le impidieron terminar la lidia del sexto, que fue estoqueado por el sobresaliente Francisco Bonal Bonarillo.

Una cuestión interesante es que el presidente Madero no tuvo empacho en asistir a la corrida correspondiendo a la invitación de Gaona y de obsequiarle en correspondencia a su brindis, a pesar de que poco tiempo antes había tenido igual gentileza con quien pudiera considerarse que fue su adversario político.

El Toreo de la Condesa 23 de noviembre de 1913

La presentación de Gaona en la temporada 1913 - 14 de nueva cuenta produjo para la empresa el ansiado anuncio de agotadas las localidades. Se le acarteló con Luis Freg, mano a mano y con toros de Zotoluca, anunciada como antes Tepeyahualco

A este festejo, acudió, aparentemente sin mediar invitación alguna, el general Victoriano Huerta, en esos días titular del Poder Ejecutivo Federal, según escribe Jacobo L. Prantl Pata Larga para el periódico capitalino El Diario:

Quién se había de imaginar que el señor general de división don Victoriano Huerta, actual Presidente interino de la República, había de asistir como un simple espectador a la corrida en la que hacía su reaparición el pontífice de la tauromaquia, el gran Gaona, nuestro compatriota... sin que nadie se lo esperara, el primer magistrado de la nación se presentó durante el segundo tercio del primer toro, en el tendido de sombra, yendo a ocupar una barrera de primera fila, siendo recibido con estruendosos aplausos... permaneció en la plaza hasta terminar la lidia del quinto toro...

Huerta, de acuerdo con las crónicas, recibió los brindis tanto de Gaona como de Luis Freg. Parecería que esos brindis tendrían solamente su vertiente de la mera cortesía, pero en el caso de Gaona, al parecer tuvo consecuencias que fueron más allá.

El general Huerta ofreció a los diestros que le brindaron una comida en una finca en Huipulco, y de ese evento circuló con profusión una fotografía en la que aparece Rodolfo Gaona, acompañado del Presidente de la República y del Inspector General de Policía, Francisco Chávez. Esa imagen, se dice, causaría graves daños al torero y a la fiesta en la capital de la República.

El decreto del 11 de octubre de 1916

Defenestrado Huerta, el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, encargado del Poder Ejecutivo Federal, se encargó de restaurar el orden constitucional en el país y también de ajustar cuentas con aquellos que consideró apoyaron el movimiento huertista. Dentro de esa última categoría cayó, en la óptica de Carranza, nada menos que Rodolfo Gaona, a quien le fueron incautados sus bienes, entre ellos su casa de las calles de Puebla en la colonia Roma. Esa etiqueta le fue adherida por haber departido con Victoriano Huerta tras de esa corrida de tres años antes.

Pero también, sibilinamente, urdió la prohibición de la fiesta de los toros, al menos en la Ciudad de México y en los territorios federales que existían en la época. Para ello urdió una campaña mediática, anticipando la emisión de un decreto, que se aseguraba, prohibiría los festejos taurinos en toda la República. Así se anunciaba en la primera plana del diario La Defensa de la capital mexicana del 9 de octubre de ese 1916:

Se suprimirán las corridas de toros. Un colega de la mañana anuncia en su primera plana que las corridas de toros van a ser suprimidas en toda la República y que no será el Gobernador del Distrito, sino el C. Primer Jefe quien expedirá el decreto respectivo... La noticia fue inspirada en fuentes oficiales dignas de todo crédito, habiéndose asegurado que el C. Primer Jefe firmará probablemente en el curso de la semana, el moralizador decreto que suprime la fiesta brava. El Gobierno Constitucionalista completa así su labor reformadora y contribuye al enaltecimiento de la civilización mexicana...

Moralizador decreto..., es interesante advertir a más de un siglo de distancia, que la cortedad de miras de aquellos que pretenden imponer su línea de pensamiento es exactamente la misma que la de los de hoy, como también se observa que cuando a los encargados del poder les interesa hacer público algo que no será del agrado de la mayoría, lo liberan al conocimiento público mediante una filtración. O témpora, o mores!

Decía que Carranza actuó de manera sibilina y es que el periódico El Demócrata. Diario Constitucionalista, fechado el martes 10 de octubre de 1916, publicó en su primera plana el decreto de marras, bajo el siguiente encabezado:

Quedan prohibidas en toda la República las corridas de toros. El Gobierno tiene el deber de contrariar y extirpar los hábitos y tendencias que son un obstáculo para la cultura. El Demócrata obtiene un señalado triunfo

Nada tendría de singular esta publicación si la misma ya hubiera sido realizada en el Diario Oficial, pero... resulta ser que el decreto fue publicado en dicho medio de publicidad oficial hasta el día siguiente. Y se publicó escondido, en la segunda página y la versión oficial carece del señalamiento de las antefirmas de quienes lo expidieron, cuestión que, desde el punto de vista de mera legalidad, lo hace cuestionable.

No obstante, el decreto no era aplicable en toda la República como señalaban los palmeros de Carranza, sino solamente en el Distrito y Territorios federales y estuvo vigente hasta el día 2 de mayo de 1920, cuando la Cámara de Senadores derogó el absurdo y por qué no decirlo, vengativo decreto de Venustiano Carranza, a quien el tiempo y la historia del toreo le pagaron con una gran figura del toreo dentro de su árbol familiar.

Los festejos del Centenario en 1921

Todos recordamos la corrida del 20 de septiembre de 1921 como aquella en la que Gaona presentó en México el llamado Pase del Centenario. Sin embargo, esa tarde también tuvo como testigo de honor de sus hazañas al Presidente de la República en turno, al general Álvaro Obregón, quien a su vez, era acompañado por el escritor español Ramón María del Valle Inclán, dándose, al decir de Ignacio Solares, que ambos aplaudieran en collera, pues al ser mancos de distinto brazo, podían hacerlo de esa manera:

Buen humor el de don Ramón. En una foto que siempre conservó Obregón estaban los dos en la Plaza de Toros de la Condesa, aplaudiendo juntos, cada uno con la mano que le quedaba, ya que Valle – Inclán era manco del brazo izquierdo y Obregón del derecho.

Esa señalada tarde, Gaona le brindó a Obregón el segundo toro de su lote, el del Pase del Centenario y es de hacerse notar, que no hubo tampoco reclamo alguno, ni mediático, ni político, por sus amistades peligrosas de tiempos pretéritos.

Coda con dos nombres de mujer

El 5 de diciembre de 1909 se encontró muerta, por su propia mano, en su domicilio a la señorita María Luisa Noecker. Entre sus pertenencias llevaba un medallón con en retrato de Rodolfo Gaona y la víspera había asistido a un festejo que se organizó por amigos del torero al que asistieron entre otros cercanos a Gaona, Algeteño y Enrique el hermano del torero. Allí alguno de ellos o de los otros invitados abusó de la dama y eso la orilló a tomar la fatal determinación.

La misma fecha en la que se encontró el cadáver, Rodolfo Gaona fue detenido y varios periódicos de la capital, encabezados por El Imparcial y su director Rafael Reyes Spíndola, y secundado por El Heraldo y El País, desataron una implacable persecución en contra del Califa de León, misma que fue apoyada por el fiscal José de la Garza, y el Juez Quinto de Instrucción Gabriel Cuervo, quienes determinaron la prisión provisional del torero.

Tres semanas permaneció en la cárcel de Belén Rodolfo Gaona, quien fue liberado por falta de méritos y quien sufrió esa prisión sin pruebas, pero a causa de la fuerza del llamado cuarto poder, que pretendió resolver en su persona, sus desencuentros económicos con la empresa de El Toreo.

El segundo nombre femenino corresponde a Carmen Ruiz Moragas, quien fuera en su día hija de un ex gobernador civil de Granada y con la que Gaona contrajera matrimonio en primeras nupcias. 

Conocida de todos es la historia del brevísimo final de esa unión matrimonial y de las razones que causaron su ruptura. Aquí, fue el poder político del titular de una casa real lo que le afectó la existencia y vino a determinar en importante medida el final de su paso por los ruedos de España.

Así pues, podemos ver que la política interviene a veces para bien y a veces para mal en las cosas de los toros y que los daños que puede causar a los actores de ella, pudieran llegar a ser en algún momento, irreparables.

domingo, 23 de junio de 2024

23 de junio de 1929: Alberto Balderas y José El Negro Muñoz se presentan en ruedos de España

Alberto Balderas
Alberto Balderas y José El Negro Muñoz fueron de los primeros discípulos destacados de Samuel Solís, quien como ya he contado por esta Aldea, enseñaba el oficio del toreo en la placita de toros que había por el rumbo de Tacuba en la capital mexicana. Por esa razón los emparejó para que dieran sus primeros pasos en los ruedos. 

Armando de María y Campos, en su obra hagiográfica acerca del llamado Torero de México, sitúa la presentación de este vestido de luces el 6 de enero de 1926 en la plaza de toros de Mixcoac, de don Próspero Montes de Oca, alternando con José Olivera Pepete y El Niño del Brillante. Su presentación en El Toreo sería el 27 de marzo del año siguiente, en un festejo mixto, en el que su mentor y Carlos Lombardini se despedirían de los ruedos y Balderas, El Negro Muñoz y David Liceaga completarían el cartel. Alberto y Muñoz despacharían cuatro erales, Solís y Lombardini un toro cada uno y David Liceaga cerraría la tarde enfrentándose a un añojo.

Alberto Balderas y José Muñoz tendrían importantes actuaciones las temporadas novilleriles al inicio de la temporada de 1929 en El Toreo, lo que los animó a intentar el viaje a España para intentar obtener allá la alternativa de matador de toros. Samuel Solís les recomendó allá con Maera, quien fuera mozo de espadas de Rodolfo Gaona, para que les consiguiera acomodo con algún apoderado en aquellas tierras. Escribe de María y Campos:

Una mañana, al abrir los ojos, se encontró frente a Santander. Unas horas después se apeaba en la Estación de Atocha, en Madrid. Los esperaba “Maera”, el ex mozo de espadas de Gaona, a quien iban “consignados” ... “Maera” empezó a presentarlos en las tertulias taurinas de Madrid... También los llevó con Dominguín, el ex torero que había descubierto a “Cagancho” y que manejaba como empresario la plaza de toros de Tetuán, antesala de la de Madrid...

Pero las cosas no apuntaban hacia que pronto, don Domingo González los llevara a sus plazas. Tuvieron que aceptar presentarse en Carabanchel, en La Chata de Vista Alegre, plaza por cierto inaugurada por Rodolfo Gaona, en festejo que se programó para el domingo 23 de junio de 1929, hoy hace 95 años.

Los prolegómenos de una tarde triunfal

Cuando Maera le arregló a Alberto Balderas y al Negro Muñoz la novillada de su presentación, el cartel planteado inicialmente era una terna encabezada por el también mexicano Julián Pastor, quien al final de cuentas se cayó de la combinación por no estar conforme con los novillos de Aureliano García, antes Rodrigo Solís, ganadería procedente de la que en su día fue de don Valentín Collantes, producto de un cruce de ganados de origen Vázquez con reses de Murube y de Campos López, todo un galimatías ganadero.

En esas condiciones, el cartel de la presentación en ruedos hispanos de Alberto Balderas y José Muñoz quedó en un mano a mano. Como un apunte adicional, vale señalar que la prensa de la época se refiere a Balderas en esa tarde como Alberto Valderas, error que es corregido a partir de su siguiente actuación. 

La triunfal presentación de Alberto Balderas

Alberto Balderas saldría con las orejas y el rabo del quinto novillo de la función. Pero antes de llegar a ese punto en el que redondeó su tarde, impresionó al público asistente en buena cantidad al coso de Carabanchel por su clásico toreo a la verónica y por el ajuste que mostró al torear en quites por gaoneras. También se mostró como un buen banderillero y dueño de un valor sereno delante de los toros. Escribió R. Solís para el Heraldo de Madrid:

Alberto Valderas nos parece, sin duda, la figura más completa de la pareja. Ayer, por lo menos, lo demostró así. Toreó con el capote cerca, tranquilo y artista; banderilleó muy bien, hizo quites pintureros y efectistas y mató con facilidad y limpieza. Pero sobre todo lo que constituyó el triunfo pleno del joven lidiador fue la faena de muleta que realizó con su tercer toro (el quinto de la tarde), que brindó a los espectadores desde el centro de la plaza...

La faena que le representó el triunfo, la del tercero de su lote, la describe así quien sin firma, relató la novillada para el diario madrileño El Imparcial:

Y al fin el quinto... Aquí vino lo extraordinario. Unas verónicas Imponentísimas, soberbias. Y en el quite otro portento de lances. Y volvieron a tomar las banderillas… ¡Qué dos pares prendió Valderas! ¡El delirio! Pero luego vino Muñoz y riámonos del propio Gaona, padrino de estos chavales. ¡No hay quien lo haga mejor que este indio! …El novillo, mansísimo. No había tomado ni una vara, andaba hacia atrás, escarbaba y echaba la cara por los suelos. El elegante torero – ¡qué gran figura! – brindó en los centros, se fue al manso y con medios pases, tirando de él, le sacó casi a los medios. Púsose la muleta en la izquierda, se arrimó al bicho, le metió la pierna dos y tres veces y al arrancarse el manso – necesariamente tenía que arrancarse –, dibujó un natural tan extraordinario, que todo el público se puso en pie y rompió en una ovación cerrada. Otra vez metió la pierna insistentemente, otra arrancada y otro natural idéntico… La Plaza era una grillera. ¡Vaya un escándalo! Otro natural, y luego un redondo, sobre la derecha, claro. Y altos y ayudados, con una elegancia, derecho, quieto... ¡Asombroso! Y arrancando, a ley, un estoconazo completo, algo tendido, saliendo prendido. Una apoteosis; orejas, rabo, vuelta (los dos la dieron), un verdadero diluvio de prendas... Valderas es, sin prejuicio ni pasión, un torero extraordinario...

Grande debió ser la impresión que causara Balderas, que los aficionados en los tendidos reclamaban la presencia de los cronistas titulares de los diarios madrileños. G. Carrión, relator para La Voz de lo sucedido en el festejo, consigna lo siguiente:

Envío. – No faltó una voz que de un tendido salió diciendo: “¿No está Corinto y Oro? ¡Cuántas cosas no diría mañana en LA VOZ de estos buenos toreros!”. – Efectivamente, no estaba, anónimo aficionado. Yo transmito tu deseo al compañero, en la seguridad de que su brillante pluma no tardará en complacerte. Toreros son que merecen critica de tan competente escritor...

Como se puede ver, pronto se advirtió que lo que se apreciaba esa tarde, no era un mero festejo de trámite, sino el inicio de una carrera fulgurante e histórica

La tarde del Negro Muñoz

La parte dura del duro encierro jugado le tocó a José Muñoz, quien solamente pudo mostrarse como un torero enterado y como un extraordinario banderillero. Escribe Ale, en La Libertad:

A José Muñoz le tocó un lote, dentro de lo malo, lo peor. Por eso el chiquillo, ni con el capote ni con la muleta, logró convencer. Tiene, desde luego, geniecillo, y es muy probable que cuando le embista un toro pueda muy bien armar un alboroto... Con las banderillas se mostró un formidable rehiletero, consiguiendo en tres toros, por tal suerte, sucesivas ovaciones... Mató pronto a sus enemigos, y por ello también le aplaudieron...

Al final del festejo se llevaron a los dos toreros a hombros de la plaza por un largo trecho, en la correspondencia que dirigía Balderas a su amigo Arnulfo Reina y que publica en su citada obra don Armando de María y Campos, refiere lo siguiente:

...cuando mató el último toro José, se echó toda la gente al ruedo y nos sacaron en hombros; nos llevaron hasta la Puerta de Toledo, todos querían llevarnos hasta la Puerta del Sol, pero ya íbamos muy cansados y nos subimos al coche...

Por lo que se describe el torero en su misiva, efectivamente fue un rotundo triunfo para ambos.

Los novillos lidiados

La novillada, por lo que reflejan las crónicas que pude consultar, fue un compendio de mansedumbre y dificultades. Dice el anónimo relator de El Imparcial:

Para debut, mano a mano, soltáronles seis novillotes desarrollados, feos, destartalados, con muchos pitones. Seis ejemplares de mansedumbre, típicos de capea pueblerina. Diríamos, para compendiar, que uno fue sustituido – ¡si sería manso! – y cuatro de los lidiados ostentaron la caperuza, si se llama caperuza a un delantal negro, por lo sucio, que, como suponía un espectador, debía de ser un delantal de cocina. ¡Qué asco!...

Por su parte, E. Ayensa, en El Liberal, refiere lo siguiente:

Los bichos del domingo, de D. Aureliano García, antes de Solís, de Sevilla – según rezaba en los carteles –, resultaron completamente ilidiables. Feos, mansos, sin poder y muy desiguales, eran algo así como un saldo. Uno de los animalitos volvió a los corrales rechazado enérgicamente por el público, y los seis restantes se lidiaron en medio de una extraordinaria bronca del respetable. Cinco bueyes llevaron la infamante caperuza, y el primero, y único, que se libró de ella, fue por equivocación seguramente...

A propósito de la caperuza que se menciona en las crónicas que se citan, escribe el amigo Julián H. Ibáñez:

La caperuza negra: En 1929 hubo un cambio en la condena de castigo a los toros cobardes o mansos. Se cambiaron las banderillas de fuego por una caperuza negra. La caperuza era una especie de bonete negro que se le ponía al toro en el pitón durante el arrastre, para “señalar” su cobarde comportamiento y soportar el repudio del público... El primer toro en sufrir ese deshonor, fue un astado de Ildefonso Sánchez Rico, lidiado en Madrid el 24 de marzo de 1929. La caperuza negra, se trataba de un estigma ridículo e innecesario, que pretendía más castigar al ganadero, que, al toro cobarde, que es quien debería de haber sufrido ese castigo... En 1931 se volvió a aplicar el de las banderillas de fuego...

Esa es la historia en torno a la presentación de dos toreros mexicanos en ruedos españoles. Uno de ellos terminó siendo una figura histórica de los ruedos y el otro, un interesantísimo hombre de letras. Y aún así hay quienes se atreven a negar que el toreo es grandeza.

domingo, 19 de mayo de 2024

19 de mayo de 1895: Guerrita torea tres corridas en un día


Torear tres festejos un mismo día en estos tiempos que corren quizás no nos parezca una hazaña singular. El avance de los tiempos y el de las vías y medios de comunicación nos ha quitado nuestra capacidad de asombro. Hoy es posible que en poco más de 24 horas se pueda torear dos corridas en dos continentes distintos, pero en las postrimerías del siglo XIX eso era materialmente impensable. Por esa razón y por las naturales limitaciones de la logística en esos tiempos, diría el maestro Aquiles Elorduy, conseguirlo sería una verdadera tarea de romanos.

Rafael Guerra y Bejarano Guerrita, había decidido a poco tiempo de la muerte de El Espartero, en mayo de 1894, apartarse de la plaza de Madrid, donde un grupo influyente de la afición no le profesaba mucha estima. Tras de cumplir su compromiso en el abono de ese calendario, el diario El Liberal anunció que en Salamanca, El Guerra anunció que se iba de los ruedos y le atribuyó una expresión que ha trascendido: en Madrid, que toree San Isidro… A este propósito, escribe Antonio Peña y Goñi en su libro Guerrita:

Así las cosas, y cuando el verano actual había sido para Guerrita una sucesión de triunfos realmente inverosímil, llevólo su mala estrella a Salamanca y le deparó allí, en forma de corresponsal de diario madrileño, a un apreciable caballero, ávido sin duda de notoriedad… El cual caballero apreciable, haciendo gala de una discreción y de un tacto superiores a todo encomio, telegrafió á El Liberal que Guerrita había manifestado ante varias personas su resolución de no volver a torear en la plaza de la corte, añadiendo estas memorables palabras: “¡En Madrid, que toree San Isidro!... La política veraniega daba poco de sí y Guerrita interesaba más que Sagasta; por lo cual gimieron las prensas, estremeciéronse los chivaletes y los cajistas temblaron... Aquello era un inesperado oasis en el árido desierto de los triunfos de Guerrita, y en él se refugiaban apresuradamente sus sempiternos enemigos para presentarlo como niño sin entrañas que desprecia e insulta a su  madre… Guerra contestó al famoso corresponsal salmantino negando en redondo la veracidad de sus asertos, pero aquél replicó e insistió en lo dicho. ¡Pues, hombre, no faltaba más! …Sí, señor; el cordobés había pronunciado las históricas palabras en el café Suizo de Salamanca, y cuantos respetabilísimos salmantinos escuchaban al diestro juraban y perjuraban haberle oído decir: “¡En Madrid, que toree San Isidro!”…

Al final de cuentas, Guerrita se desdijo de lo de la retirada y permaneció en activo un lustro más. Pero sí mantuvo su idea de mantenerse alejado de Madrid, cuando menos por ese año de 1895, prueba de ello es que, en la parte central del abono de la capital española, se anunció para torear tres festejos el domingo 19 de mayo de ese calendario. Lo haría en las plazas andaluzas de San Fernando, Jerez de la Frontera y Sevilla, ciudades todas ellas conectadas por ferrocarril y que, aunque de acuerdo a los trazados de las vías actuales, apenas representan una distancia de 137 kilómetros, en esa época, representaban por otros medios, un día de camino.

Los carteles confeccionados para la ocasión serían: en San Fernando, toros del Marqués del Saltillo para Guerrita y Pepete; en Jerez, toros de José Manuel de la Cámara, para Guerrita y Fabrilo y en Sevilla, toros de Murube para Guerrita y Antonio Fuentes. Se dispusieron trenes especiales para los aficionados que quisieran asistir a las tres corridas y también otro, especial para el torero de Córdoba y su cuadrilla. La razón de esos trenes especiales era que harían el trayecto sin escalas en las estaciones intermedias, como lo haría otro de línea regular.

San Fernando, siete de la mañana

Apenas amanecía cuando comenzó la jornada de lo que los diarios de la época llamaron el récord de Guerrita. La relación más prolija de los sucesos es la que apareció publicada en la primera plana de El Imparcial de Madrid, firmada por José de la Serna Aficiones, cronista taurino del diario en la época y que se subió a los trenes para seguir al que sería después el segundo Califa del Toreo de Córdoba. Escribió en la previa:

Comenzamos el desayuno taurino a las siete de la mañana. El cielo estaba cubierto y “chispea”... en ambos sentidos de la palabra: acuático y vinícola… No han acudido muchos forasteros: de éstos hay algunos aficionados de Madrid. La plaza, cuyo redondel allá se irá con el de la de Vallecas que llena hace seis mil entradas, está mediada de público. Noto con vivo dolor la ausencia del bello sexo. Es una corrida solo para hombres…

Los toros de Saltillo fueron, digamos, cómodos. Solamente el quinto, de acuerdo con las distintas relaciones de prensa, se distinguió por su buena presencia, y con él, Guerrita tuvo su mejor momento en esa primera corrida de las tres de la señalada fecha. Relató Aficiones:

El quinto era buen mozo, cárdeno bragao, bien puesto y de arrobas. El único de los lidiados que tenía “tipo“… Con mucho poder sufrió siete puyazos, matando un caballo… En los quites Guerrita se adornó como él sabe y puede, y Pepete también… El público entusiasmado pidió que los matadores banderilleasen. Se negaron éstos, y entre protestas y silbidos Almendro y Mojino salieron del paso… Guerrita, cerca y parando, toreó de muleta y metió un volapié neto, una gran estocada hasta la mano. Sacó el estoque y descabelló al primer intento… Ovación…

Pepete salió del paso en los dos que mató, porque el sexto de la corrida, al salir del segundo puyazo cayó al suelo y ya no pudo ser levantado, por lo que se le apuntilló allí mismo y así concluyó la corrida.

Jerez de la Frontera, once y media de la mañana

Escribió Zaldúa, corresponsal del diario madrileño El Liberal, quien cubrió las dos primeras etapas de la gesta de Guerrita:

El trayecto a la estación ha sido Un nuevo triunfo para el Guerra. Medio San Fernando en las calles, los balcones llenos de gente, los vítores y aplausos atronando el espacio. El gentío acompaña al Guerra hasta la estación. En ésta hay preparado un tren especial dispuesto por la empresa de la plaza de toros. El tren no es bastante para cuantos quieren ir en él. Muchos se disponen a hacer el camino subidos en los estribos. Arranca el tren y el público hace a Guerra la ovación de despedida. Las estaciones del tránsito están llenas de curiosos En la de Jerez recíbenos un gentío inmenso y bandas de música. Las calles están animadísimas. En los balcones hay muchas mujeres guapas…

El mismo corresponsal agregó que Guerrita hizo el viaje vestido de torero, con el terno verde y oro con el que toreó en San Fernando y a falta de referencia de que haya cambiado de ropa de torear, asumo que actuó con la misma indumentaria en Jerez, plaza en la que ahora fue el tercero de la tarde, un hidalgobarquero nombrado Canito, el del triunfo de Guerrita:

“Canito” consumió el turno tercero. Fue retinto albardao y muy voluntario… Nueve varas de castigo pusieron Beao y Pegote, perdiendo una jaca… Almendro y Mojino cumplieron en el segundo tercio, y Guerrita hizo una faena superiorísima con la muleta. Pases de pecho, adornados, molinetes... de todo hubo, para rematar con un volapié soberbio hasta la bola, que hizo polvo a Canito… Gran ovación. Esta ha sido la mejor faena del récord...

Guerrita y Fabrilo banderillearon al quinto de la tarde, con más voluntad que lucimiento. El diestro valenciano fue aplaudido tras la lidia del sexto. La plaza de Jerez no se llenó y la corrida de José Manuel de la Cámara fue más pareja y mejor presentada que la matinal.

Sevilla, cinco y media de la tarde

La corrida que cerraba el ciclo tenía también el cartel más redondo. Guerrita y Antonio Fuentes ante toros de Murube – las informaciones de la época ponen Muruve – y se estableció que daría inicio a la hora anunciada, aunque El Guerra se retrasara en llegar desde Jerez. Escribe Del Río, corresponsal de El Liberal:

Hay una animación extraordinaria; verdaderamente extraordinaria, aquí donde tan acostumbrados estamos a los espectáculos taurinos… Todo el mundo anda preguntando qué se sabe de las corridas de San Fernando y de Jerez… En las esquinas de la calle de las Sierpes se fijan boletines dando cuenta de las corridas… El día está nublado. El tren en que viene Guerrita llegará a las cuatro y cuarenta… La corrida empezará a las cinco y media. Si se retrasase el tren comenzará la lidia matando Fuentes el primero…

Pero eso no fue necesario. Guerrita llegó a Sevilla a las cuatro de la tarde y eso le permitió estar puntual a su cita en la Maestranza. Para cerrar el ciclo, de nueva cuenta sería el quinto de la tarde el toro de su triunfo. Escribió Aficiones:

Barquerito, grande, bien puesto, de mucha cabeza… Procura varios tumbos de mayor cuantía, do los que salieron lastimados el Beao y el Chano… Salieron al ruedo los matadores con los palos. Fuentes entró bien y dejó un par desigual… Guerra, después de dos salidas falsas, colgó medio par. Fuentes, al repetir, puso un magnífico par al sesgo… Y Guerra dio fin al poema, a la trilogía, a la odisea y al récord con seis buenos pases y una estocada monumental hasta el pomo… (Ovación extraordinaria, “delirium tremens” al Ercilla, Wagner, Virgilio y Zimmerman, todo en una pieza) …

Antonio Fuentes, por su parte, tuvo una actuación muy lucida ante el segundo, Regalado, al que propinó la estocada de la tarde. La entrada fue calificada por los cronistas de buena.

Reflexiones a posteriori

En el Suplemento a El Enano aparecido el 22 de mayo siguiente, se hace una prolija relación y crítica de los hechos ocurridos el 19 anterior. Aparece firmada por Carlos L. Olmedo, quien para el diario hispalense Noticiero Sevillano, firmaba sus colaboraciones como Farolillo. Entre otras cosas dijo en su día:

Tres de tres, para uno, único y solo que se ha llevado la luz, dejando a la Empresa con mucho sol; pero deslumbrada y sin moscas. (Léase dinero)... con toa la esplendidez digna únicamente de un guardia municipá agradecido, tomó los apuntes verídicos, de cómo Guerra con Pepete en la Isla, con becerros de Saltillo, y en Jerez con Fabrilo y novillos de Cámara, ejecutó las dos primeras partes del acontecimiento «cómico – bufo – taurino», que le pone a mayor altura en que se colocaron Pedro Romero y Manuel Domínguez, cuando mataban ocho toros de á siete años cumplidos, todos en la suerte de recibir… Éste también recibe... nueve mil duros libres de toda indigestión de pitones... Por datos que tenemos a la vista de las tres corridas, solo una, la de Sevilla, ha producido verdaderos resultados prácticos. En cambio, en San Fernando y Jerez, solo se ha conseguido llenar media plaza respectivamente… Con lo cual el único que no ha perdido, ha sido el beneficiado, esto es, Rafael Guerra, que esta vez puede decir, si buenas palmas me han tocado, buenos dineros les cuesta…

También se ocupa, de manera casi telegráfica, de exponer los sucesos ocurridos en el ruedo, pero la crítica al hecho de que Guerrita haya percibido sus cuartos por torear tres veces ese día y que las plazas, al menos las de San Fernando y Jerez, no se hayan llenado, son la médula de su argumentación. 

Por otra parte, está la aportación que hace Jerónimo – Antonio Peña y Goñi – en La Lidia, el 27 de mayo, en un número especial dedicado principalmente a recordar el primer aniversario de la muerte de Espartero. Allí reflexiona:

Con éxito superior a las más halagüeñas esperanzas, ha realizado Guerrita, el 19 del actual, fecha que pasará a la historia, la hazaña nunca vista hasta ahora, de torear tres corridas en un solo día, en tres plazas diferentes: a las siete de la mañana, en San Fernando; a las once, en Jerez, y a las cinco de la tarde, en Sevilla... Ovaciones en San Fernando, ovaciones en Jerez, ovaciones en Sevilla; las tres corridas han sido para Guerra una serie ininterrumpida de vítores; una verdadera marcha triunfal, homenaje merecidísimo a la maravillosa maestría del torero, a la resistencia fenomenal del hombre... Si las tres famosas corridas de Rafael hubieran traído aparejada una derrota, ¡sólo Dios sabe los denuestos de todo linaje que los antiguerristas que pululan en la prensa mucho más que en el público, hubiesen lanzado contra el gran cordobés!... El tiempo, que es gran maestro de verdades, me dará la razón; y Rafael Guerra, separado momentáneamente de nosotros, por las iras incalificables de una minoría exigua, volverá a Madrid, donde le esperan impacientes cuantos posponen las pequeñas miserias al porvenir del arte, y ven en el gran maestro de Córdoba la única áncora de salvación…

Esta es la otra cara de la moneda, la del guerrista, que intenta encontrar el atisbo de grandeza en lo realizado por el torero, despojando su actuación de las externalidades que pudieran ensombrecerla. Y sí, en lo taurino y en lo histórico, sin duda, estas tres corridas en un mismo día, quedaron como una marca, como una meta a alcanzar para todos los que se visten de torero por muchos, muchos años, independientemente de lo que hayan o no producido en otros aspectos no taurinos.

En conclusión

Guerrita viajó apenas 137 kilómetros en trenes de vapor. No tuvo a su disposición, como Arruza y Dos Santos en 1951 aquí en México, un avión como el de Rico Pani; o como Efrén Adame, Antonio Canales y Felipe Zambrano en 1965, quienes contaron con el de este último, empresario y rejoneador, para torear tres festejos en un mismo día y poderse desplazar sin sobresaltos de un sitio a otro con rapidez. Hoy eso puede hacerse con una asombrosa facilidad, hace 129 años, nada más lograrlo, era una auténtica proeza.

domingo, 31 de marzo de 2024

1º de abril de 1908: Rodolfo Gaona actúa por primera vez en ruedos de España

Rodolfo Gaona 1º de abril de 1908
Foto: Yrigoyen - La Fiesta Nacional

Rodolfo Gaona y Jiménez
, natural de León, Guanajuato, discípulo de Saturnino Frutos Ojitos y matador de la cuadrilla juvenil que éste dirigía, había iniciado ya sus pasos como novillero en el año de 1905 y un par de calendarios después ya había logrado presentarse en el Toreo de la Condesa, despertando un interés tal, que incluso, en la temporada de corridas de toros, se le incluyó, para matar un novillo, como fin de fiesta para cerrar algunos festejos que en el papel revestían alguna flojedad.

Esas actuaciones exitosas durante 1907 animaron a Ojitos a llevar a su discípulo más aventajado a España en 1908, con la finalidad de que allá recibiera la alternativa, a ser posible en Madrid. Una vez allá, quien en su día fuera banderillero de Frascuelo, se dedicó a tratar de reencontrarse con los amigos de su tiempo. Así se lo contó Gaona a Monosabio, en Mis Veinte Años de Torero:

En casa de la hermana de “Ojitos”, en los barrios bajos madrileños, en lo más clásico y típico, vivimos algún tiempo. Tan pronto como descansamos del viaje, nos echamos a la calle. “Ojitos” en busca de sus amigos. Yo acompañándole, para ir conociendo la ciudad. Los amigos de “Ojitos” ya no eran de este mundo. Casi todos habían muerto. Restaba uno que otro viejecillo – toreros retirados – que lo abrazaban con cariño. Entre esos amigos estaban el ex – matador Valentín Martín y el crítico taurino Eduardo Rebollo, “El Tío Campanita”, que escribía en “Sol y Sombra”…

La narración de quien después sería renombrado El Califa de León nos deja ver con claridad que el conocimiento de Ojitos de la taurinidad de Madrid se quedó estacionado en el entresiglos del XIX al XX, y que la consecución de una oportunidad para su torero sería algo complicada. No obstante, fue a visitar a don Indalecio Mosquera, quien apenas el año anterior había ganado la subasta del arriendo de la plaza de Madrid, tras de que Pedro Niembro, el anterior arrendatario, abandonara la empresa, acuciado por las pérdidas que esta le generaba. El gallego Mosquera manifestó no saber quien era Gaona, no obstante que los toreros que habían hecho campaña en estas tierras debieron darle referencias suyas. Así pues, Ojitos se buscó otro valedor:

“Ojitos” buscó a Mazzantini y pidióle lo recomendara con la empresa. Nada. En Madrid nos vimos solos... en quien Saturnino ponía todas sus esperanzas era Rebollo. Y Rebollo, un buen aficionado, chapado a la antigua, y cuya opinión se oía con respeto, no tenía ningún valimiento...

Por lo visto, Indalecio Mosquera no pensaba correr riesgo alguno con un torero ultramarino, así que prefirió mejor voltear hacia otro lado e ignorar incluso la recomendación que pudiera hacerle una figura del toreo en el retiro como lo era en ese momento don Luis Mazzantini.

Ojitos pone manos a la obra

Ante la imposibilidad de conseguir, aunque fuera novilladas para su pupilo, Ojitos tuvo que urdir la manera de que la afición, los taurinos y la prensa madrileña vieran a su torero. Así, rentó la placita de la Puerta de Hierro para que, en un festejo privado, por invitación, le vieran matar dos toros y pudieran apreciar sus aptitudes. Sigue contando Gaona:

Hasta que Saturnino dio señales de vida; viendo que no había manera de darse a conocer, fue y se compró dos toros de Bañuelos y alquiló la placita de Puerta de Hierro, para dar una encerrona de invitación. Fueron invitados Mazzantini, los más conocidos aficionados, los toreros, los críticos de todos los periódicos… Ese acto de “Ojitos” me parece que estuvo bien. Era para que vieran que yo no era un equivocado…

La placita se llenó y Gaona enfrentó esos dos toros, que las relaciones de la prensa que pude recopilar, califican desde dos becerrotes, hasta dos cuatreños. Al final de cuentas, las fotografías que se conservan del evento, reflejan, a mi juicio, que eran adecuados para la prueba de la que se trataba. Los recuentos de la prensa son favorables, según podremos ver a continuación:

En El Correo Español del 3 de abril siguiente, escribió Bruno del Amo Recortes:

Dos toreros mejicanos: Aquél se apellidaba Segura, éste Gaona. Al primero nos lo presentó Antonio Fuentes; la prensa adicta, por ser cosa del maestro, lo ensalzó, relatando sus hazañas. Al segundo lo presenta el antiguo banderillero Saturnino Frutos, “Ojitos”; nadie hasta hoy sabía que existía tal torero… Llegó Segura a Madrid, y se anuncia para tomar la alternativa, resultando su aparición en el ruedo un completo fracaso. Viene Gaona, y su padrino quiere que la afición madrileña dé su fallo antes de presentarlo en la Plaza de Madrid; al efecto, celebra una corrida en la Plaza de Puerta de Hierro, el muchacho torea y mata dos novillos… Puede estar satisfecho el veterano banderillero, su discípulo será un buen torero. Con la capa toreó con habilidad y soltura, y a la hora de matar se le ve engendrar el viaje en corto y por derecho, cruzando perfectamente con la muleta y dejando en lo alto la estocada… Resumen: que sin golpes de bombo ni platillos hay aquí un muchacho que en día no lejano se hará aplaudir en la Plaza de Madrid, que las empresas pueden contar con un novillero más al que no arredran los pitones ni desconoce el arte, y que no me equivocaré en augurarle un porvenir en el toreo.

Es interesante la comparación que hace Recortes acerca de la manera en la que fueron acercados a la empresa y afición de Madrid los toreros mexicanos Vicente Segura y Rodolfo Gaona. El primero iba apadrinado en su día por la principal figura de su tiempo y quien hoy me ocupa, no. Aparte de la diferencia de trato, también resalta la de aptitudes, distinguiendo a Gaona como un torero completo.

En El Imparcial de la misma fecha, se publicó sin firma:

El nuevo diestro se llama Rodolfo Gaona; ya ha toreado con éxito grande en las plazas mejicanas, y aquí se ha ofrecido al juicio de aficionados, críticos, toreros y terribles entendedores en una fiesta íntima celebrada en la placita de la Puerta de Hierro… Gaona tuvo que habérselas con dos becerrotes adelantados, grandes y con «respeto», mansurrones y broncos, y en ambos demostró tranquilidad; valor, conocimiento, destreza y una decisión y una habilidad tales al arrancar a matar, que le aseguran un porvenir de aplauso y de dinero en esta profesión… La opinión de los técnicos es que Gaona es un torero y un matador de toros seguro y valiente. Con la muleta sabe más que muchos que bullen, lucen y cobran; con el estoque tiene decisión para atacar por derecho, sobre corto y mirando al lugar sagrado de los billetes... El voto del público, selecto y entendido, le fue totalmente favorable…

El semanario El Toreo, salido el 6 de abril siguiente, sin firma también, sacó a la luz:

El principal objeto de la fiesta, era el de presentar el antiguo ex banderillero del inolvidable “Frascuelo”, Saturnino Frutos (“Ojitos”), a su ahijado y discípulo el mejicano Rodolfo Gaona a la afición madrileña, y para ello dispuso que se lidiaran dos toritos cuatreños de la propiedad de D. Félix Sanz… Rodolfo Gaona, que era el protagonista de la fiesta, dejó buena impresión en todos los que acudimos a presenciar esta encerrona. Gaona es un joven de unos veinte años y de buen tipo para torero. Maneja el capote y la muleta con desenvoltura, parando los pies y estirando los brazos, y al herir, se arranca desde corto y por derecho y pincha en lo alto. Los dos toretes los tumbó: al primero de una estocada contraria y un descabello, y al segundo, de una buena, que le valió palmas…

La información de El Toreo, refiere que los toros que se lidiaron en la fecha, fueron de Félix Sanz, ganadero de Colmenar, ubicación también de la de Manuel Bañuelos, que es la que el propio torero y la mayoría de las relaciones dan como origen de los toros que enfrentó Gaona.

Y en La Fiesta Nacional, de Barcelona, aparecido el 16 de abril siguiente, quien firmó como Pepe escribió:

A juzgar por cuanto de este muchacho se ha dicho en México, es indudable que debe valer algo. De no ser así, su maestro Saturnino Frutos “Ojitos” – antiguo banderillero de “Frascuelo” – no se hubiera arriesgado a presentar a Rodolfo ante un público tan distinguido y tan inteligente como lo era el que juzgó la labor del novillero mexicano, el día 1o del corriente en la plaza de la Puerta de Hierro. Gaona salió bien librado de la prueba, lo que no es poco decir, sabiendo que entre el público que le juzgaba había una buena porción de coletas que a buen seguro deseaban fracasase Gaona…

Como podemos ver, Rodolfo Gaona pasó con una calificación que pudiéramos señalar como sobresaliente, la prueba a la que lo sometió su mentor. Él mismo se juzga, en retrospectiva, de la siguiente manera:

Los dos toros salieron mansos y no los pude torear con lucimiento ni con el capote ni con la muleta. Pero los maté bien. Me felicitaron de don Luis para abajo. Y al día siguiente los periódicos me ponían por las nubes y todos encomiaban mi valentía y el buen estilo que tenía para matar. No pudieron juzgarme como torero y afirmaron que era matador…

Rodolfo Gaona y Paco Frascuelo
1º de abril de 1908
Foto: Yrigoyen - La Fiesta Nacional


Lo que después vendría

Después de la prueba de Puerta de Hierro, su mentor Ojitos volvió a visitar a Indalecio Mosquera y éste volvió a fingir que no sabía quien era Gaona. Eso motivó que, ante el evidente desprecio del empresario de la Plaza de la Carretera de Aragón, el propio Saturnino Frutos le organizó la corrida de su alternativa a Rodolfo Gaona en la plaza de Tetuán de las Victorias el 8 de mayo siguiente y tras de ella, una corrida en solitario en la misma plaza el 28 de junio siguiente. 

Hasta que eso sucedió, fue cuando cedió Mosquera, que por fin le ofreció a Gaona su presentación en Madrid y la confirmación de su alternativa y es así como la triunfal historia de Rodolfo Gaona como matador de toros se empezó a escribir en los ruedos de España y del mundo.

domingo, 4 de febrero de 2024

El día que Larita cortó un rabo en Madrid

Larita triunfante visto por Roberto Domingo
El Liberal, Madrid, 10/05/1921

Matías Lara Larita
es todo un caso dentro de la historia del toreo. Nativo de Málaga, estuvo activo en los ruedos como matador de toros durante diecinueve años, siendo alternativado en su tierra el 1º de septiembre de 1914 por Paco Madrid, en presencia de Juan Belmonte. No encajaba en aquel aforismo que decía que, para ser torero, había que parecerlo, porque era corto de estatura y definitivamente obeso, pero se distinguía por tener un valor a toda prueba, que le permitía enfrentar las corridas más complicadas sin mostrar apuro alguno y salir casi siempre, airoso de tales pruebas.

Juan Belmonte afirmaba que era el torero más valiente que él había conocido, por la razón de que no les tenía miedo a los toros. Y agregaba El Pasmo: “Larita” se encierra con seis Palhas y está tan tranquilo como si se hubiera encerrado con seis gallinas... usted no sabe lo que es un Palha visto de cerca, ni quiera Dios que lo sepa...

La 8ª corrida del abono de la temporada madrileña de 1921

Ese es el bosquejo del torero que fue anunciado para actuar el domingo 8 de mayo de 1921. Inicialmente iría acartelado con Curro Martín Vázquez y Pedro Carranza Algabeño II, para enfrentar una corrida portuguesa precisamente de Palha. Posteriormente el señor Curro presentó un parte facultativo que establecía que estaba impedido para actuar en esa fecha, por lo que le sustituyó Domingo González Dominguín.

La corrida que envió don José Palha no fue de esas de ¡Horror, terror y furor! que se anunciaban en los carteles como reclamo para su divisa. Revoleras, en el diario madrileño La Correspondencia Militar del día siguiente al del festejo, resume así el comportamiento del encierro:

El ganado, los terroríficos Palhas, fueron en conjunto bien presentados; hubo en ellos toda la gama de la ganadería portuguesa, desde la catedral que salió en cuarto lugar, al carabao del sexto, con unos cuernos que eran un par de lanzas, hasta el primero, más pequeño y escurrido de carnes que los demás...; pero en general, una corrida bonita, de lámina y de arrobas… La nueva Empresa sigue presentándonos «toros», y cuando en el ruedo hoy toreros con toros hechos, nos divertimos... En la pelea fueron algo desiguales...

Por su parte, don Gregorio Corrochano, en el ABC madrileño del día 10 de mayo siguiente, reflexiona:

De los seis toros de Palha, no hubo nada más que uno francamente bravo, el sexto; los demás no fueron bravos, ni los dos fogueados ni los otros tres; pero todos fueron fáciles para el torero, y nada peligrosos. Como se trata de toros portugueses, los calificamos con frase de un ganadero portugués, Gama, aquel escrupuloso ganadero, que no regateó a Murube para hacer una buena ganadería, que luego vendió a Antonio Pérez, cuando veía toros como éstos decía: “Mansos, mai sin maldade”.

Lo que sí, es que el encierro fue variopinto, como correspondía a su origen en la época, y así por su orden, salieron: Campanero, número 90, jabonero sucio; Bombita, número 67, cárdeno oscuro; Rendero, número 91, cárdeno salpicado; Guerrita, número 99, berrendo en negro; Pastor, número 63, berrendo en jabonero y Gabado, número 9, castaño.

Fueron condenados a banderillas de fuego cuarto y quinto de la corrida, los dos berrendos.

La actuación de Larita

Larita salió vestido, según a quien se lea, de tabaco y oro según El Toreo; gris y negro, de acuerdo a El Imparcial o de paja y negro conforme a La Correspondencia de España; la realidad es que era un vestido de torear que se salía de lo digamos, ordinario, como lo pretende describir P. Álvarez, en el último de los diarios citados:

El torero vestía una «toilette» casi original. No era el traje morado y negro con que toreó una nocturna y luego se fue a Teléfonos a celebrar una conferencia; el de ayer era color paja y negro. Su hechura, sus adornos, y la colocación de éstos eran el origen del comentario. En cuanto a la primera, no sabemos claramente su clasificación. Lo que sí podemos decir es que era una casaquilla ancha y larga, dando al torero un volumen aparente, mayor del que tiene, ya algo exagerado, porque Larita no es de cintura mimbreña y flexible. Más que chaquetilla, pudiera ser ranglán, «matinée», salida de teatro o copia del paletó de Fernando VII. Tal vez haya visto lo que nos recordaba un grabado de «La Lidia» antigua, en la que estaba Cúchares. Él ya lo dijo a los espectadores: soy torero antiguo… Aquellos agremanes y azabaches pudieran ser también de alguna manteleta que usaran las contemporáneas de Cúchares o la propia María Castaña…

Pues con ese desarreglo, que quizás llamaba a la hilaridad, Larita salió a jugarse alegremente la vida y se alzó con el triunfo. Pronto demostró que iba con seriedad, como lo describe Barbadillo en su crónica de El Imparcial madrileño del 10 de mayo siguiente:

Al primer bicho, cornalón y grande, y quedadote, y manso como todos – si se exceptúa al lidiado en último lugar, noble y bravo – de la temida y dura vacada portuguesa, lo principió a veroniquear muy cerca y apretado. Al tercer lance dio la res un hocicazo en un brazo al torero y lo tiró a rodar. Se alzó Larita e hizo su habitual gesto de despreocupación, y se echó a reír la gente. Fue de las pocas veces que la gente se rio. Que era anteayer “una cosa muy seria” ver a aquel hombre jugarse la vida con aquel brío, con aquel “desparpajo” – si vale la palabra –, con aquella pasmosa e inverosímil naturalidad… Peleó la res mansurroneando y tardeando y al llegar la hora de banderillear cogió el diestro dos pares de rehiletes, y después de jugar con el cornúpeta, entrecruzó los palos como si fuesen muleta y estoque para un pase ayudado, y en esta forma, a cuerpo limpio, dio el ceñido pase a la res. Es una suerte especial del torero, la hace “como quien lava” … clavó los cuatro arpones en el ancho de un duro. Fue formidable la ovación. Cogió los trastos de matar. El bicho le achuchaba por los dos lados; más por el derecho. El hombre lo trasteó, solo en los medios, brevemente, aguantando y pegando de verdad. Y se fue el bruto a las tablas del 6, y al hilo de estas tablas, dándole la espalda al toril y en donde el toro había de empujarle atrozmente, entró el diestro por dentro, se echó encima, cruzó soberbiamente y salió el animal rodado de la mano, con el estoque entero por la cruz… Así, a lo menos, es como hay que matar… Y la ovación enorme, la oreja, la vuelta, la salida a los medios, la apoteosis. Había sonado la hora de Larita…

Pero faltaba la guinda de su actuación. El cuarto de la tarde, el berrendo número 99, nombrado Guerrita por su criador fue el que le permitió redondear el triunfo ya conseguido. P. Álvarez, en La Correspondencia de España, escribió:

El toro, que había sido fogueado, estaba emplazado frente al 5, con la cabeza por el suelo y sin arrancarse. Se llegó con la muleta en la mano izquierda, y tan cerca estuvo de él, que, dándole un palo con el estoque en el testuz, el berrendo embistió, dándole dos pases, y teniendo de nuevo que avisarlo con el estoque para que se moviera… Después de tres pases dio un pinchazo que fue aplaudidísimo, media estocada, y luego hizo Larita la nota de valentía de la tarde: con el toro en los medios plegó la muleta, metió el brazo por encima del testuz y con tranquilidad grande arrancó una banderilla, sacó con ella el estoque y descabelló. La ovación fue enorme. Se le concedieron las dos orejas y el rabo, echando éste al palco de la Empresa, donde estaba D. Federico Blanco, a quien brindó la muerte del toro…

Por su parte, Gregorio Corrochano, en el ABC hizo el siguiente análisis de esta su segunda faena:

El cuarto se lo brindó a la Empresa. El toro llegó muy tardo, a pesar de los avivadores de fuego. Larita le tanteó con la mano izquierda, y como el toro no se arrancaba y estaba muy cerca, le dio con el estoque en el hocico. Entonces el toro se arrancó muy fuerte, y, a pesar de ello, Larita repitió la suerte. Tanto, esta faena como la otra fueron muy breves; éste fue el mayor acierto de Larita, pues estos toros medio mansos hay que aprovecharlos. Esto lo saben todos los toreros; lo qué ocurre es que no siempre el torero tiene decisión para aprovechar. Mató de dos medias estocadas, la primera ligeramente atravesada, y la segunda ligeramente tendida, porque el toro derrotó mucho. Y en los medios, sin el alivio de los tableros, plegó Larita la muleta, como despreciando esta defensa, sacó el estoque con una banderilla y descabelló. Más ovaciones y más orejas. Tarde completa, de conjunto, lucida...

Del conjunto de la actuación de Larita, Antonio Casero, que hacía e ilustraba la crónica en esos días para el Heraldo de Madrid, hizo las siguientes reflexiones:

Ayer vimos a un torero serio y valiente, y aunque derrochó alegrías, se vio en la plaza lo que hacía mucho tiempo no veíamos: torear, banderillear y matar, como dicen que lo hacían aquellos toreadores de redecilla y castoreño… Ayer olía la plaza a torero pundonoroso, a torero sin estética; pero con más corazón de artista que el que más tenga, y sobre todo que sacó al público del letargo que venía padeciendo… Ayer salía la gente de la plaza animosa, con cara de haberse divertido. En los corrillos, en las mesas de los cafés, en todas partes, se hablaba del éxito de Larita. ¿Qué alguien discute todavía tal o cual detalle? Discutan lo que quieran; pero lo que es indudable es que gracias a él ayer hubo alegría en la plaza y olor a torero de los que no se peinan con cosmético, y el público salió contento, que es lo que se trataba de demostrar... El triunfador Larita salió de la plaza por la puerta grande, en hombros de las huestes que lo vitoreaban...

La impronta de Larita en la historia

Antes del de Larita, se habían cortado dos rabos en la Plaza de la Carretera de Aragón, uno por José Roger Valencia, todavía novillero, el 11 de noviembre de 1918 y otro por Gallito, el 10 de octubre de 1918 y años después, Nicanor Villalta cortaría otro a un toro de Aleas, cerrando la contabilidad del coso en ese aspecto.

Así fue la tarde en la que Larita cortó un rabo en Madrid. Larita, ese torero que, al decir de Corrochano:

Yo no sé si digo bien al llamar torero a Larita. Torero, suele ser un muchacho muy atildado, de posturas estudiadas, como una damisela, que sale a la plaza a coquetear más que a matar toros. Y Larita es, un hombre gordo, muy ancho, casi apaisado, descuidado en el vestir, que no estudió la sonrisa para el tendido, y que toda su coquetería consiste en poner la barriga en la cara de los toros…

Ojalá hubiera más toreros como Larita, con menos poses y más entrega. Quizás la fiesta no estuviera hoy en entredicho.

Aviso parroquial: Una excelente recopilación del paso por los ruedos de Larita, la pueden encontrar en este sitio del blog de la Asociación El Toreo en Red Hondo. Ojalá les resulte de interés.

lunes, 25 de septiembre de 2023

23 de septiembre de 1923: Luis Freg es gravemente herido en Madrid (II/II)

Luis Freg por su propio pie a la enfermería
Madrid, 23 de septiembre de 1924
Foto: Portela - ABC

Antes de retomar el hilo temporal de los acontecimientos, creo de interés abordar el análisis que hicieron algunos importantes cronistas de la actuación de Luis Freg ante Pescador de Matías Sánchez Cobaleda. En particular, me refiero a los que en su día hicieron Federico M. Alcázar en su tribuna de El Imparcial, César Jalón Clarito en su crónica publicada en El Liberal y Maximiliano Clavo Corinto y Oro en La Voz. Y es que sus conceptos van más allá de la mera narración de los sucesos de esa tarde, entran al examen profundo del hacer del torero ante el toro y creo que muchas de las cosas que hace un siglo escribieron, siguen valiendo el día de hoy.

La opinión de Federico M. Alcázar

El título de su crónica, aparecida en El Imparcial madrileño del 25 de septiembre siguiente es La bella y triste leyenda del valor y con la profundidad y la agudeza que caracterizaron su estilo al escribir de toros, don Federico entre otras cosas, dijo:

¿Qué es el valor? Hace tiempo que venimos haciéndonos esta pregunta y siempre hemos llegado a la misma conclusión: el valor es originalmente una cualidad, una aptitud, un sentimiento. Un torero es valeroso como es alto, como es bajo, como tiene los ojos azules o negros. Consecuencia: el valor es algo innato y natural en el individuo, como es el origen de gran parte de sus virtudes y de sus vicios. Es algo íntimo y espontáneo que nace, vive y muere con nosotros. De aquí que no sea patrimonio de la voluntad. Se cultiva el valor como se cultiva una planta. La voluntad y el celo pueden contribuir a desarrollar estas cualidades, pero no a crearlas. Fundamentalmente somos valientes, no por obra y gracia de la voluntad, sino por disposición de nuestra naturaleza. Un torero es valiente no solamente porque la voluntad venza al miedo, haciéndole permanecer sereno ante el peligro, sino también y principalmente, por la disposición de su naturaleza esencialmente valerosa... En el toreo hay un concepto tradicional del valor que es falso, falsísimo. Comúnmente se le confunde con la temeridad y hasta se llega a emplear como sinónimo su significado. Y, claro es, al hacer esto, se llama toreros valientes a los que no son sino temerarios… los toreros temerarios, ¡qué tragedia más espantosa la de su vida! Son héroes por fuerza. Recordad sus gestos, sus actitudes, sus momentos. Están inquietos, azorados, nerviosos. Si el toro les tropieza, entonces surge «la tragedia de galería», el bonito y divertido espectáculo del pelo enmarañado, los brazos extendidos, las manos crispadas, los ojos encendidos, el rostro ensangrentado y lívido, y todo su cuerpo agitándose como un pelele borracho y dando la sensación de que lo que quieren, más que desafiar el peligro, es ahuyentar el miedo y vencer la cobardía… Luis Freg es de los pocos a quienes no seducen estas apariencias engañosas del valor… Luis Freg ha llegado al sitio que hoy ocupa en el toreo sin más bagaje que su valor, y sólo a fuerzas de cornadas ha logrado sostenerse en él… Entre el valor del torero, por muy grande que sea, y la brutalidad de un toro, por noble y manso que resulte, siempre vencerá éste, aunque por fortuna o por suerte salga el torero triunfante en determinados momentos. Esta es toda la historia taurina de Freg. De cien toros que ha matado, en veinte ha salido ileso, cincuenta, le han volteado, y treinta le han herido. La proporción es tan dolorosa que, aun siendo para el toreo su más limpia ejecutoria de pundonor y de vergüenza, es para el aficionado imparcial y desinteresado la conclusión más terminante de su inutilidad y de su impotencia. No vale la pena, de lograr un nombre como el de Freg, y ganar unos billetes, si en cada moneda hay un gesto de dolor y en cada letra un litro de sangre...

Juzga con dureza Alcázar la trayectoria de Luis Freg, pero también lo hace con verdad. Porque el llamado Rey del Acero cobró celebridad por sus extraordinarias maneras de matar a los toros, pero también, por la cantidad de los percances graves que sufrió durante su dilatada carrera en los ruedos. En lo que sí es claro don Federico, es que no fue un torero temerario, irreflexivo, sino de un valor sereno y calculado.

Lo que comentó Clarito

César Jalón era el cronista titular de El Liberal y su apreciación de la corrida apareció en la misma fecha que la de El Imparcial. Por el sentido de lo escrito por Clarito y por Alcázar, tengo la impresión de que ocuparon localidades contiguas o el mismo palco de prensa y comentaron sus impresiones de lo sucedido, porque en alguna forma sus opiniones tienen cierta complementariedad, como se verá enseguida:

Hay diestros, diestrísimos, a quienes parece imposible que los coja el toro. No es que sepan demasiado bien los secretos de su arte y que, en gracia a estos conocimientos, les sea facilísimo emocionar y deleitar al público sin necesidad de exponerse a los duros trances de esta que se llama «arriesgada profesión» … Y hay otros hombres, menos diestros, de menor agilidad física y mental, más torpes de comprensión y de movimiento, a quienes parece imposible que «los coja el toro», y que, ciertamente no los coge... porque se cogen ellos solos… Cuando asistimos al espectáculo de los «diestrísimos» una y otra tarde, les gritamos que el toreo no es «eso». Les excitamos – en vano – a que se acerquen algo a los pitones de las reses, no al cuello ni al cuarto trasero, que es a donde se pegan infinitamente después que pasaron las astas, y acabamos por desearles que no les hiera el toro, sí que siquiera los asuste, que comprendan por lo menos, que este arte es difícil y arriesgado y que impone, a veces, al cuerpo mayores sacrificios que el de una complicada torcedura de busto, de cintura o de cuello... Por el contrario, ante el tormento de ver como un día y el otro se juegan – y jugar es sinónimo de perder – la vida otros hombres menos diestros, con honra muy pasajera para ellos y sin ningún provecho para el público, al menos para el gusto de paladar «artístico», nos decimos que tampoco es «eso» el toreo, y nos encomendamos al santoral entero para que no se arrimen, para que les salga el enemigo difícil, ese enemigo con el que el espectador disculpa al torero todos los recursos; para que no tenga que habérselas con un toro ante cuya bondad el hombre se crea en el deber de suplir sus deficiencias con el alarde temerario de entregar su cuerpo a los cuernos, así como diciendo al público: «Ya que no puedo darte mi arte, te doy mi sangre...» …De los de este segundo grupo, el más veterano, no ya, desde luego, por antigüedad, sino también por «méritos contraídos», es el espada mejicano Luis Freg. Cosido a cornadas, después de haber hablado de tú con la muerte en más de tres ocasiones – y está de nuevo llamado a sus puertas, según cuentan –, los amigos y admiradores más fervientes del valeroso muchacho, son médicos y practicantes de medicina… Se explica así la sonrisa ingenua y desafectada de Luis Freg haciendo tranquilamente el paseíllo a la hora en que el espectador comienza a temblar por él y el gesto de despreocupación temerario con que, en pie, sin mirarse la carne agujereada, saluda, sonriendo siempre, mientras se le empalidece el semblante, al público que le rinde un homenaje a su rasgo valeroso, a su desprecio de la vida, no, por desgracia, en beneficio del arte, sino en señal de respeto por el que paga…

Como se puede leer, Clarito añade al valor sereno que le atribuye Alcázar a Luis Freg, una cierta torpeza, impericia o falta de oficio como causa de sus continuos y graves percances. Independientemente de cualquier otra cuestión, creo que César Jalón juzga con excesiva dureza al torero, más por no ser de su gusto como aficionado, que por las causas que ilustra en el desarrollo de su crónica.

Lo que entendió Corinto y Oro

La opinión de Maximiliano Clavo fue la primera en ver la luz, pues se publicó al día siguiente del festejo y se tituló El derroche de sangre. De manera algo ditirámbica, el cronista más veterano de los tres que en este momento invoco, media entre las posturas de Alcázar y Clarito, según leemos enseguida:

Este hombre, adalid de la vergüenza torera; este lidiador dolorosamente glorificado por las innumerables veces que se dejó agujerear sus carnes por las astas de los toros; este Frascuelo del siglo XX es Luis Freg, un matador de toros que hace doce años vino de Méjico a destacarse en España, fuertemente afianzado en la primera cualidad que un torero necesita para ser “algo” en la trágica fiesta hispana: valor. Y Luis Freg, asendereado por tanta y tanta cornada una y otra tarde, tiene un valor ciego, un valor no sujeto a medida, un valor que, en realidad, sobrepasa a la cantidad exigida por los derechos del público y por la fiesta misma para ser torero íntegro… Este valor ciego, inconmensurable, absurdo en repetidas ocasiones, ha puesto a Luis doce, catorce, veinte veces (Frascuelo, se ha repetido en él el caso de Frascuelo) sobre las camas de operaciones de los cirujanos en las enfermerías de las plazas, para tapar enormes boquetes que han hecho las astas en su cuerpo, que, cosido a cornadas, se viene entregando incondicionalmente a todos los toros cuantas tardes y en cuantos sitios se pone el traje de luces, deslumbrante indumentaria que en el Frascuelo mejicano tiene la lamentable equivalencia de un continuo derroche de vida…

Me parece exagerado considerar a Luis Freg el Frascuelo mejicano, aunque los toros le hayan castigado excesivamente, como al Negro. La distancia taurina entre uno y otro es abismal. No pretendo con esta apreciación faltar al respeto a Luis Freg, quien, como Salvador Sánchez, tiene un sitio privilegiado en la historia del toreo, pero cada uno tiene un lugar propio y esos lugares no son precisamente iguales.

La temporada 1923 – 24 en México

Ya de regreso en México, se puso en contacto con la empresa de El Toreo y consiguió ser incluido en el elenco de la temporada ya iniciada. Reapareció en los ruedos el 24 de febrero de 1924, para lidiar junto a Juan Silveti y Juan Anlló Nacional II, toros de San Diego de los Padres. A ese propósito, contó Freg a Armando de María y Campos:

Así como la corrida del 23 de septiembre en Madrid continuó a pesar de que en la enfermería de la plaza un hombre moría, porque así es en la fiesta de toros, yo continué mi trayectoria como torero que da a los públicos lo que tiene, volviendo a vestir el traje de luces, y llevando debajo de la chaquetilla la herida abierta y aún con tubos de canalización, porque, fistulizada, no quería cerrar. En México, el 24 de febrero de 1924, con Silveti y Nacional II toros de San Diego de los Padres. Y a mí mismo me parecía que no tenía un boquete abierto debajo de la casaquilla...

Lanfranchi, en su Historia del Toreo… afirma que bastante hizo Freg con salir a la plaza, pues se notaba a simple vista que aún no estaba debidamente recuperado; por su parte, Verduguillo en El Universal Taurino, únicamente destaca sus estocadas, aunque lo viera apurado para despachar al primero de su lote y el corresponsal del semanario The Times consigna:

Luis Freg, que fue recibido con gran ovación en el paseíllo, toreó a sus dos toros con mucho valor, lo mismo con el capote que con la muleta, por lo que fue ovacionadísimo... Matando estuvo breve y valiente en el primero, y superior en su segundo, del que cortó la oreja, y dio la vuelta al ruedo...

Volvería a la capital mexicana el 13 de abril, para alternar con Rodolfo Gaona y Guillermo Danglada quien recibía la alternativa, con toros de Ajuluapan. Logró torear algunas tardes más y en cuanto el verano redujo la actividad aquí en México, regresó a España, para continuar adelante con su carrera en los ruedos.

Para concluir

Escribió El – hombre – que – no – cree – en – nada:

Acribillado por más de medio centenar de furibundas cornadas, muchas de ellas gravísimas y no pocas de las que ponen en inminente peligro la vida, Luis Freg nunca perdió un adarme de su valor espartano, nunca se le vio regresar a los ruedos dolido de sus percances por serios que hubieran sido. Todo lo contrario, siempre dio la impresión de que las astas de sus poderosos enemigos, al herirle, inyectaban en su cuerpo de recio gladiador algo más de bravura, de coraje y vergüenza, con ser mucho ya lo que de esto llevaba dentro. Por algo se le conoció en España por “Don Valor”…

Esta es una página de la historia del bravo Luis Freg. Aquí hay espacio y quizás haya tiempo para tratar de presentar alguna otra. 


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