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domingo, 26 de abril de 2026

26 de abril de 1964: Joaquín Bernadó se lleva el Cristo Negro del Encino en la Plaza de Toros San Marcos

En 1964 se sintió pronto el boom de la presencia de El Cordobés en México, el balance final del año reflejaría casi un diez por ciento de incremento en el número total de festejos celebrados en el país con relación al año anterior. En Aguascalientes, donde Manuel Benítez actuó dos tardes al principio del calendario, también se observó un aumento importante en la cantidad de festejos ofrecidos durante el año, porque se dieron en total cinco corridas de toros, cinco novilladas y un par de festivales benéficos. 

Aparte de la presencia del Huracán de Palma del Río, habrá que señalar que se levantaba el interés por los en ese entonces jóvenes matadores Raúl García y Jaime Rangel y el arranque de las carreras de los hijos de Jesús Solórzano, Fermín Espinosa Armillita y Alfonso Ramírez Calesero, quienes representaban un auténtico atractivo en el escalafón novilleril.

Así, la Feria de San Marcos de ese año del 64 constó de cuatro festejos, tres corridas de toros y una novillada, siendo el cierre del serial, programado para el domingo 26 de abril la corrida en la que, los seis espadas contratados para actuar en los dos festejos anteriores, se disputarían el trofeo que sería una réplica del Cristo Negro del Encino, donado por la radiodifusora XEYZ, propiedad de don Jesús Ramírez Gámez, el muy reconocido Abogao, quien fuera un reconocido taurino y apoderado del linarense Humberto Moro.

El avance del festejo

La nota previa al festejo, aparecida en el diario El Sol del Centro el día de la corrida, cuenta entre otras cosas, lo siguiente:

Y por primera ocasión en la historia del toreo en Aguascalientes, el festejo se convierte en un duelo entre seis matadores, disputando la obtención de un trofeo, de un magnífico trofeo: El Cristo Negro del Encino... Calesero, Manuel Capetillo, Humberto Moro, Joaquín Bernadó, Raúl García y Jaime Rangel son los seis espadas que la tarde de hoy saldrán a la arena a pugnar por el triunfo, que llegará aparejado con la conquista de tan hermoso galardón. Porque se trata, en realidad de una bella presea, que, por su calidad artística y por su simbolismo, animará los anhelos del diestro más ambicioso... no olvidemos que los toros a lidiarse hoy son de la ganadería de Santacilia, cuya divisa se cubrió de gloria, en nuestra plaza, en fecha reciente. Precisamente cuando la segunda actuación de El Cordobés...

La nota precisa una cuestión importante, en la corrida del jueves 19 de febrero anterior, la corrida de Santacilia permitió un resonante triunfo tanto a Raúl García, que cortó dos orejas, como a Antonio Campos El Imposible, quien cortó dos orejas al sexto de la corrida. La ganadería de los Obregón Santacilia sin duda pasaba por un momento importante en esos días.

El triunfo de Joaquín Bernadó

El trofeo en disputa fue para Joaquín Bernadó. Su faena al cuarto de la tarde, fue calificada por don Jesús Gómez Medina, en su relación escrita para El Sol del Centro, como la faena de la feria, en la que, entre otras cosas, nos cuenta:

Todo principió con una larga afarolada, de hinojos. Desde este momento, Bernadó puso de relieve que, en contraste con lo hierático de su porte, bajo la chaquetilla se encubría un corazón ambicioso de palmas, con celo de triunfo… Tras del lance de hinojos, Bernadó lo hace de pie, al natural, con verdadero primor. Los aplausos suben de grado y se transforman en rotunda ovación cuando a continuación, el rubio torero hispano prosigue toreando por preciosas chicuelinas, aprovechando a maravillas la docilidad y alegría del de Santacilia... La faena fue prologada con tres pases altos, seguidos de un firmazo desdeñoso. Y, con el refajo en la diestra, prosigue la exhibición de torerismo y de arte... El de Santacilia, cierto, es muy bravo y su embestida de seda. Pero, ¡cómo tira de él y lo templa y lo hace girar en torno suyo, con el exclusivo, preciso, pausado girar de brazos y muleta, Joaquín Bernadó! … El trasteo prosigue. A la serie inicial de derechazos sumáronse, en apretado racimo, los pases naturales tersos, pulidos, algunos de ellos, de dimensiones extraordinarias... A una tanda de naturales síguese otra de más pases en redondo con la derecha, igualmente soberbios en su calidad, igualmente brillantes por su ejecución. Y entre tanto, el de Santacilia embistiendo con idéntica bravura, apresado en el embrujo de una muleta que lo guiaba con suavidad y también con imperio… ¡Y el público de pie, aclamando al gran torero! Porque ya entonces sonaba el grito consagrador: ¡Torero!... ¡Torero! … La faena logra su culminación en los muletazos circulares, prodigio de temple y de mando, precursores del capítulo de adornos... Y en cuanto el bicho cuadró, allá fue el pupilo de "Rayito", tras del acero, para sepultarlo todo en el propio morrillo... La escena, entonces, fue de auténtica apoteosis. Albearon los tendidos pidiendo para Bernadó los máximos trofeos. Y llevando estos en la mano que acababa de escribir el capítulo más brillante de la feria, el diestro hispano recorrió varias veces el ruedo bajo un alud de prendas y entre aclamaciones sin fin... Los despojos del bravo y nobilísimo astado merecieron los honores del arrastre lento. Y su criador también salió a la arena y recorrió el ruedo en compañía de Bernadó...

La faena relatada por don Jesús refleja el hecho de que Joaquín Bernadó comprendió a cabalidad las extraordinarias condiciones del toro que le tocó en suerte y que le valdría alzarse como el triunfador absoluto del festejo.

La gran tarde de Humberto Moro

Aunque la faena de Bernadó resultó ser superior, en el toro anterior, Humberto Moro también hizo un intento serio para llevarse el trofeo a sus vitrinas. Vuelvo a citar el relato de don Jesús:

La determinación de triunfo mostrada la víspera por Humberto Moro, prosiguió ayer haciendo acto de presencia, impulsándolo a la postre, a la conquista de los dos apéndices auriculares del tercero... Fue éste un toro de suave embestida, aunque un tanto tardo para hacerlo. En el primer tercio, lo mejor fue un quite por chicuelinas ceñidísimas... El trasteo de Humberto está constituido exclusivamente, por el toreo en redondo. Con la diestra y también con la otra, la de la máxima valía en estas lides, Moro se pasa al de Santacilia una y muchas veces haciendo gala de su facilidad para correr la mano, llevando muy abajo el engaño... En ocasiones, la desbordada afición del torero determina que no haya limpieza plena en los muletazos. Pero otros, en cambio, brotan límpidos, cuajados de temple y de hondura, acrecentada su longitud por el mando del lidiador... Fue precisamente en los medios del ruedo, donde se producen los mejores pases: una tanda de derechazos estupendos, que pusieron de pie a los espectadores... Tras de todo ello, la estocada completa. Gran ovación, las dos orejas y otras tantas vueltas al ruedo fueron el premio a la gana y al torerismo de Humberto Moro...

El torero de la Izquierda de Oro estableció la marca a superar en esa tarde, y también ratificó ante la afición de esta su tierra adoptiva que seguía teniendo la onza y que podía cambiarla cuando las condiciones así se prestaran.

El resto de la corrida

La crónica de don Jesús Gómez Medina resalta el tesón de Calesero y de Raúl García ante toros que pronto se agarraron al piso; la mala fortuna de Jaime Rangel, que tuvo un toro que se echó a perder después de un puyazo mal pegado que prácticamente lo inutilizó y deja unas líneas de crítica a la indolencia de Manuel Capetillo, quien salió solamente a pasaportar a su toro, para despacharlo de cualquier forma, aunque afirma el cronista “no constituía un problema mayor”.

El trofeo en disputa

En esta tarde el trofeo se entregó a Bernadó en el ruedo al término de la corrida. Años después, el Cristo Negro del Encino se destinaría para premiar al triunfador de la novillada de feria, que reunía a los más destacados de la temporada previa al serial abrileño, hoy una tradición lamentablemente perdida.

domingo, 29 de marzo de 2026

29 de marzo de 1964: Joselito Huerta conquista la Rosa Guadalupana en la Plaza México

La corrida Guadalupana

Tengo la impresión de que este festejo conmemorativo surge como reacción nacionalista al tradicional de Covadonga, que se celebraba para conmemorar la Romería anual que organizaba el Centro Asturiano de la capital mexicana y en el que tomaba participación toda la colonia española allí residente. En el Toreo de la Condesa, se registra por primera vez un festejo en honor de la Patrona de México, el 14 de febrero de 1946, cuando el órgano de prensa de la Basílica de Guadalupe aporta el trofeo anunciado como La Rosa de Guadalupe disputado en esa corrida a beneficio del Sanatorio de Toreros y que fue ganado por Fermín Espinosa Armillita en fuerte competencia con Pepín Martín Vázquez.

Ya en la Plaza México y en la década de los cincuenta, cobra cierta carta de naturalidad este festejo, que tendría en la mayor parte de sus ediciones, el generar recursos para las obras de restauración de la Basílica de Guadalupe. Las versiones de 1953 en la que se despidieron Carlos Arruza y Manolo dos Santos y la de 1954, señalan expresamente que las organizó la revista Mañana, dirigida por José Pagés Llergo. Cabe señalar que en ninguna de esas dos corridas se disputó trofeo alguno.

En 1956 la corrida se transformó en una feria de seis festejos, en la que la corrida alusiva se dio el 12 de diciembre y en la que, el trofeo llamado ya Rosa Guadalupana, puesto en concurso fue declarada desierto, por el mal juego de la corrida de Las Huertas y después de concluido el serial, se decidió entregarlo a Antonio Ordóñez por las redondas actuaciones que tuvo en el mismo. 

El festejo retornó hasta 1959 cuando Fernando de los Reyes El Callao se lleva a casa el trofeo y se hará otro hiato de un lustro para llegar al festejo que hoy me ocupa. Posteriormente la corrida se recuperó, celebrándola el día 12 de diciembre, sin trofeo de por medio y resaltan de estas últimas, desde mi particular punto de vista, la celebrada el año 2017, a beneficio de los damnificados por el sismo de septiembre de ese mismo año y la verificada el año 2021, que implicó el retorno de la fiesta de los toros a la Plaza México, después del cierre forzado de la misma por la pandemia de COVID – 19.

Una temporada a plaza partida

Los toros en la Ciudad de México en el ciclo 1963 – 64 se celebraron a plaza partida. Entre el 1o de diciembre de 1963 y el 29 de marzo de 1964, se ofrecieron a la afición la friolera de 32 corridas de toros. 18 en la Plaza México y 14 en el Toreo de Cuatro Caminos y los días 8, 15, 22 y 29 de diciembre de 1963 y 5 y 12 de enero de 1964, se dieron toros en las dos plazas, y las entradas en ambas eran satisfactorias. El eje de la temporada de la México era Paco Camino y el de El Toreo era El Cordobés. Por eso era atractivo ir a cualquiera de los dos cosos, en los que se escribieron tardes dignas de guardarse en los anales de la historia.

La corrida Guadalupana de 1964

La 18ª corrida y final de la temporada de la Plaza México se celebraría el 29 de marzo de ese calendario. Era Domingo de Ramos y existía cierta preocupación acerca de que la entrada fuera a ser floja, porque el periodo vacacional de la Semana Santa ya había arrancado desde la tarde del viernes anterior. De acuerdo con el anuncio de la corrida, los beneficios que produjera serían destinados a las obras del Seminario Menor de Acoxpa, en Tlalpan, que sería puesto en funcionamiento alrededor de un mes después del festejo. El anuncio se hizo sin cartel, el domingo anterior, pero al mediar la semana se dio a conocer que lo integrarían Alfonso Ramírez Calesero, Joselito Huerta, Joaquín Bernadó, Emilio Rodríguez y Jaime Rangel, quienes enfrentarían un encierro de Tequisquiapan, de don Fernando de la Mora Madaleno, quien traía su tercer encierro a la gran plaza (1ª y 11ª) y cuarto a la capital, porque también había enviado otro a El Toreo el 21 de diciembre anterior.

La crónica de don Alfonso de Icaza Ojo en El Redondel de la misma fecha de la corrida, acerca de los toros, señala lo siguiente:

De los toros de esta ganadería, de poco respeto en general, fue bueno el primero, mejor aún el segundo, mansurrón el tercero, aceptable el cuarto, muy bravo el quinto y cegatón el sexto...

Y es que, creo complicado tener cuatro corridas puestas para la capital en una misma temporada, así que, en algún momento, se tendrá que venir así, bajando el listón.

Acerca de la entrada, el mismo Ojo, reflexiona:

A pesar de la mucha gente que ha salido de la metrópoli, a disfrutar de las vacaciones de Semana Santa, hay quórum en la Plaza México, donde con una entrada aceptable en ambos tendidos se celebra la corrida de la Rosa Guadalupana, que habrán de disputarse los seis espadas anunciados, para despachar otros tantos toros de Tequisquiapan...

La faena del triunfo de Joselito Huerta

Joselito Huerta salió con la Rosa Guadalupana en sus manos. La realizó al segundo toro de la tarde, nombrado Rosalito, y al que se le anunciaron 448 kilos de peso. Relata don Alfonso de Icaza:

Brinda su muerte a todo el público y da comienzo a su trasteo sentado en el estribo, en cuya postura da tres pases muy valientes. Toreando bien se lleva a su adversario hasta el tercio, en medio de ruidosos aplausos que crecen de punto cuando después de que no aguantó en un pase citando de largo, liga varios derechazos de buena ejecución. Sin embargo, no está haciendo la faena que esperábamos; ya veremos si después da la nota aguda... Para ello se interpone el aire que determina que el muletazo no sea del todo limpio, pues en ocasiones el diestro queda al descubierto y tiene forzosamente que mejorar su terreno. Cambia de mano y da algunos naturales excelentes, tras de los cuales se queda la res. Más pases izquierdistas, corriendo la mano estupendamente y rematados con un gran pase de pecho... Por fin estamos viendo al Joselito de la temporada anterior... Más naturales tirando del toro magistralmente; nueva interrupción, a nuestro entender, innecesaria, y después de un pase de trinchera instrumenta nuevos derechazos lentos como ellos solos. Entra a matar con fe, y pincha, en parte por quedarse el burel. Nueva ración de tela sobresaliendo un natural estupendo, y una estocada casi hasta el puño, en lo más alto del morrillo, que con la ayuda de los capotes hace doblar, pero sólo momentáneamente, para entregarse definitivamente, para entregarse definitivamente después de largo rato. Ovación, petición de oreja bastante nutrida, concesión de un apéndice auricular y arrastre lento al bravo y noble toro de don Fernando de la Mora. Joselito, a su vez, recorre el anillo, oreja en mano, con aprobación de las mayorías y protestas de la parte más exigente del público... Ya tenemos candidato para el trofeo en disputa...

Fue la única oreja que Joselito Huerta cortó en esa temporada, pero le valió al final para obtener el trofeo en disputa.

Joaquín Bernadó el más cercano competidor

Joaquín Bernadó cerraba su segunda actuación en la temporada de la Plaza México, donde reaparecía después de haberse presentado el 12 de enero anterior, como testigo de la confirmación de Fernando de la Peña. Fue la suya, al decir de Ojo, una faena de altibajos, por el viento que sopló esa tarde, pero siempre dejando la firma de su toreo clásico y puro, que le permitió ser, por muchos años, el diestro español que más corridas de toros había toreado en nuestras plazas:

Ya tenemos s Bernadó brindando a la plaza entera la muerte de “Milagroso”, toro que acude a donde le llaman y con el que puede el espada catalán torear a gusto. Comienza su faena con pases por abajo y se sale luego al tercio pasándose la muleta por la espalda... Cita de largo, ya acortando los terrenos y vuelve al toreo por delante para llevarse a otro sitio a su adversario. Cita para el natural y sus pases resultan desiguales, ya que en unos para y corre la mano y en otros no hace ni una ni otra cosa. Cambia su muleta por otra más pesada para aminorar los efectos del aire, e instrumenta derechazos mucho mejor rematados, ya que el último tiempo de ellos resulta apuradillo... Vuelve a torear con la zurda sin lograr llegarle a la gente, por más que algunos de sus muletazos lleven auténtico mérito. Un pase cambiado, con iniciación por la espalda y remate de frente; otros varios adornos y un buen pase de pecho... El público se distrae en otras cosas, mientras que el torero sigue muleteando cada vez mejor. Mediante un molinete en la propia cara, logra Joaquín que el público reaccione en su favor y como sigue toreando bien y valerosamente, los aplausos se tornan más ruidosos... Manoletinas citando de frente; muleteo por delante, y más de media estocada, ligeramente tendenciosa que requiere el refrendo de certero descabello. Ovación y vuelta al ruedo...

Fue precisamente ese ir y venir de la intensidad de su hacer ante el toro, lo que le impidió cortar apéndices, pero el reconocimiento de la afición se lo llevó en la vuelta al ruedo que pudo dar.

El resto de la corrida

Calesero lució como siempre su toreo de capa y empezó a hilvanar una faena de muleta que prometía ser interesante, hasta que el viento lo descubrió, el toro lo prendió y enseguida las cosas se torcieron para él, terminando su labor entre música de viento. Antonio del Olivar terminó su labor saludando en el tercio, después de que empezara con un brillante toreo de capa, pero con la muleta, su actuación fue a menos. Emilio Rodríguez tuvo momentos brillantes ante el quinto de la corrida, pero no terminó de descifrar lo que había de hacer para cuajar la gran faena, siendo silenciada su labor. Y Jaime Rangel, ante el que cerró el festejo, reparado de la vista, se mostró tesonero, retirándose entre el silencio de la concurrencia.

Al concluir la lidia, se hizo entrega del trofeo en disputa a Joselito Huerta, y refiere el citado Ojo:

El trofeo en disputa, la "Rosa Guadalupana", es otorgado, con justicia, a Joselito Huerta, que es levantado en hombros por medio centenar de capitalistas y aplaudido por el público en general...

Así es como concluyó esta corrida de concurso, en la que el León de Tetela se afianzó como uno de las figuras consentidas de la afición de la capital mexicana.

domingo, 2 de octubre de 2022

Joaquín Bernadó y seis miuras en la Monumental de Barcelona

El anuncio de la corrida
La Vanguardia
Cuando se empezó a delinear la actual temporada, que está en sus últimos estertores, se anunció que este año 2022 habría un par de corridas en las que un diestro enfrentaría, en solitario, seis toros de Miura. La historia del toreo nos deja en sus páginas la seguridad de que esa es una hazaña que no se repite con frecuencia. Tanto así, que desde la fundación de la vacada hace ya 180 años, apenas rebasan una docena los festejos de esa naturaleza. 

Manuel Fuentes Bocanegra, Rafael Molina Lagartijo, Luis Mazzantini, José Gómez Ortega Gallito, Antonio Chenel Antoñete, Juan Antonio Ruiz Espartaco, Juan José Padilla, Javier Castaño y Antonio Ferrera – dos veces –, entre los matadores de toros y el novillero Antonio Moreno Moreno de Alcalá, son esos toreros que entre 1873 y 2022 han intentado y culminado algo que justamente puede ser considerado una gesta.

También se encuentra entre la lista de los toreros de alternativa el de Santa Coloma de Gramanet, Joaquín Bernadó, quien el domingo 3 de septiembre de 1972, se enfrentó en solitario – con el intermedio ecuestre de don Manuel Vidrié – a seis toros de la finca de Zahariche. Este particular asunto es el que me trae con Ustedes en esta oportunidad.

Un antecedente necesario

Como antecedente, es prudente recordar que el 5 de septiembre de 1971, en Barcelona, se lidió una corrida de Miura. El cartel de toreros lo formaron Joaquín Bernadó, Santiago López y Antonio José Galán, quien se alzó como triunfador del festejo. Tras de cumplir el compromiso, Joaquín Bernadó pidió a la empresa, para sí otra corrida de ese hierro, para matarla en solitario, en ese mismo calendario.

Pedro Balañá y el torero catalán llegaron a un acuerdo para una fecha en ese mismo 1971. Así lo cuenta José Luis Cantos Torres:

La encerrona... fue un reto personal que se impuso a sí mismo... pero por incumplimiento de la empresa Balañá, no cuajó... su postura fue contundente, no volver a torear en Barcelona hasta que la empresa cumpliera con lo ofrecido...

Por otra parte, Joaquín Bernadó le contó a su biógrafo Juan González Soto lo siguiente:

...por la corrida de toros de Miura vino eso... me dijo que sí, y luego no me lo cumplió. Y yo ya lo había anunciado a la prensa que iba a matar los seis suyos y el que quedó mal fui yo... La función fue la siguiente: me prometió una fecha de la que luego se desdijo. Y esa fecha la ocupó Luis Miguel Dominguín. En aquel momento Pedro Balañá apoderaba a Luis Miguel. ¡Esa era la cosa! Pedro Balañá puso a Luis Miguel Dominguín y me apartó a mí cuando, desde el principio, y tenía esa fecha apalabrada y negociada, prometida y asegurada...

Seguía diciendo Bernadó que ni Pedro Balañá, ni él mismo estaban en condiciones de mantener pleitos con nadie, razón por la cual llegaron a una resolución y se programó el enfrentamiento con los toros de Miura para el domingo 3 de septiembre de 1972, prácticamente un año después de que el torero hubiera matado una corrida de la misma procedencia en esa misma plaza.

Solo ante seis de Miura

Para 1972, apenas media docena de toreros se habían encontrado en solitario con esos toros. Y entre ellos, solamente Gallito había podido cortarles orejas, en esa legendaria corrida de Valencia, enfrentada a reclamo de la afición, que le había visto lidiar el solo a seis del Marqués de Guadalest. En esos días, Joaquín Bernadó sería el séptimo torero en acometer una gesta de esa naturaleza y le tocó una tarde lluviosa, que evitó la concurrencia a los tendidos de muchos aficionados. Cuenta Julio Ichaso, en su breve crónica publicada en La Vanguardia de Barcelona, el martes 5 de ese septiembre:

No estaba la tarde, muy entonada, para la brillantez de los festejos taurinos. Llovió al principio de la función, aunque con mesura, pero del «sirimiri» norteño se pasó a la lluvia continuada, molesta en grado superlativo, para los lidiadores y para el público. La falta de luminosidad no ayudó mucho al espectáculo. Le ovacionaron mucho a Bernadó, después del paseíllo… No se puede echar a barato el plausible gesto de «Quimet» de lidiar seis miuras, seis, él solito. Se puede calificar de una auténtica hombrada artística pues es un hierro al que muchos lidiadores lo marginan, o dicho más claramente, lo dejan de lado para enfrentarse con divisas más suaves, manejables y pastueñas, aparentemente…

Bernadó recordó siempre con gusto que el cronista de La Vanguardia se refiriera a él como Quimet, cariñoso diminutivo del nombre Joaquín, en catalán, pues consideró que esa era la prueba del cariño de la afición de su tierra.

Al final de cuentas Joaquín Bernadó saldó su actuación con vuelta al ruedo, dos orejas, palmas, división de opiniones, pitos y vuelta al ruedo. La mejor parte de su tarde fue como se puede ver, con el segundo, llamado Lanudo y del que, en su día, el ya nombrado Julio Ichaso, narró lo que sigue:

Segundo, con unos puñales prominentes y afilados, pero muy trotoncete. Recibió tres varas y un picotazo. El sobresaliente Jiménez Márquez realizó un gran quite. La res flojeaba de la pata derecha. Faena de corte bernadorista sin omitir unos naturales de clamor; más unos muletazos de calidad por su atracción perfilista. Finiquitó la serie con el obligado de pecho. Ovaciones. Mató muy bien, entrando sin vacilaciones. Le concedieron las dos orejas, con una vuelta clamorosa por el ruedo…

Quizás la pieza que mejor aplaude la hazaña de Joaquín Bernadó es la aparecida en la Hoja del Lunes de Madrid, que lleva una más desarrollada crónica del corresponsal R. Huertas, dictada por teléfono, según reza la nota y de la que extraigo:

…hay que destacar que esta gesta ha sido realizada ante una auténtica corrida de toros y no con un encierro preparado para el éxito de una figura. Las seis reses de la divisa verde y grana han sido como copia de aquellas viejas estampas de La Lidia. Altos como mulos, con la lámina característica de la casa, afiladas y pavorosas defensas, edad, fuerza, faltos de casta y con los defectos de la vacada acusados, ninguno ha sido apto para el lucimiento, si bien los dos primeros toros, de embestida al final un tanto noble, dieran ocasión para que Bernadó nos ofreciera las exquisiteces de su muleta…

Al final del festejo, contra lo que pudiera deducirse hasta aquí, Joaquín Bernadó no fue sacado en hombros de la Monumental. Pero sí pudo dar un par de aclamadas vueltas al ruedo acompañado de su cuadrilla. Y terminó con el vestido negro y plata que sacó en la ocasión, sin una mancha. Sigue diciendo R. Huertas:

Así se fue Joaquín Bernadó. Entre palmas y limpio, igual que inició el paseíllo, salvo las medias, ya que hubo de actuar descalzo a partir de la salida del tercer toro a causa de la lluvia, que desde ese momento se hizo intensa y puso difícil el ruedo…

El intermedio de la corrida

El caballero en plaza Manuel Vidrié actuó entre los toros tercero y cuarto, ante un astado portugués de Ernesto Louro Fernández de Castro. En retrospectiva, eso no resultó del agrado de Bernadó, que contó a González Soto:

En la corrida de los miuras también estuvo el rejoneador Manuel Vidrié. Rejoneó un toro entre el tercero y cuarto míos. Se supone que lo hizo para que yo descansara. Ese tipo de inventos... Yo hubiera preferido que Manuel rejoneara antes de que yo empezara con el primero. Para mí fue peor como se hizo. Lo mejor hubiera sido que yo toreara los seis toros seguidos, sin interrupción...

La difusión de una gesta

Interesante es ver a esta distancia de los hechos, que salvo la breve crónica de La Vanguardia, la información relativa a esta corrida se limitó casi a meras gacetillas, como se puede ver en las páginas de El Ruedo o en el diario Mundo Deportivo, también de la Ciudad Condal, en el que Juan Fontanet le dedicó un brevísimo espacio, pero que alcanzó a reflexionar lo siguiente:

Matar seis toros no constituye nada nuevo, pues lo han hecho otros muchos diestros; pero, en general, sólo los tenidos por largos, en el sentido de completos, de dominadores con repertorio amplio, que incluía el segundo tercio. No puede decirse que Bernadó figura entre ellos. Lo insólito, en el caso del diestro catalán, es haberlo hecho con toros, y toros de verdad, no de mentirijillas procedentes de una vacada en la que la historia y la leyenda se dan la mano, lo que, indudablemente, agranda el gesto. Gesto que debió de ser debidamente estimado, por cuanto la plaza, a pesar del mal tiempo, registró una entrada tan buena que nos hizo pensar que de haberlo hecho bueno pudo muy bien haberse llenado…

Aparte de la importante actuación del espada catalán, las relaciones destacan la lucida tarde del banderillero Herrerita y del sobresaliente Rafael Jiménez Márquez, murciano afincado en Barcelona, quien quizás como premio a su participación en este festejo, recibió en la misma plaza la alternativa el 15 de octubre siguiente. Sería su única actuación como matador de toros, puesto que casi de inmediato trocó el oro por la plata, escalafón en el que se desempeñó hasta bien entrados los años 80.

En conclusión

Joaquín Bernadó ha sido quizás, el torero catalán que más ha dejado escrito para la historia de esta fiesta. Es también, a estos días, el torero español que más ha actuado en México a partir del último tercio del siglo XX. Sin ser un legionario, tuvo el oficio y la clase para enfrentar todo tipo de encierros y encastes, la prueba, en estos hechos que hoy intento contar. Joaquín Bernadó es uno de esos toreros que, al hablar de clase reunida con oficio, hay que mencionar siempre en primer lugar.

viernes, 6 de mayo de 2022

La Feria de San Marcos hace medio siglo (XI/II)

La corrida del 5 de mayo y el triunfo de Fabián Ruiz

La corrida con la que se cerró la feria del año de 1972 ha pasado al capitulado de los grandes acontecimientos de la historia taurina de la Feria San Marcos, porque, como lo hemos ido planteando, en ella se lidió la corrida que, en presencia, tipo y por supuesto, pasando por el ineludible baremo de la báscula, resulta ser la corrida de toros más grande que se haya jugado en la Historia del Toreo en México.

Encabezó el cartel Joaquín Bernadó quien durante varios años de la década anterior había tenido triunfos significados en el serial sanmarqueño, como en el de 1964, en la que se alzó como triunfador máximo. Jesús Solórzano hijo, prácticamente un torero de la casa, conceptuado por los más como torero de arte, pero que tenía en su haber un profundo conocimiento de la técnica del toreo y que en el decurso de su andar por los ruedos, acometería varias gestas como la de este 5 de mayo y la presentación ante la afición de su tierra de un torero que tenía por divisa el valor a toda prueba, Fabián Ruiz, quien después de la gravísima cornada penetrante de tórax que sufrió en Tijuana, luchaba por retomar el paso y llegar a ser una figura de los redondeles.

A las cinco de la tarde se abrió la puerta de cuadrillas y salieron a la arena Joaquín Bernadó, vestido de verde claro y oro; Jesús Solórzano, de verde bandera y oro y Fabián Ruiz, de rosa mexicano y plata. La suerte estaba echada.

El comportamiento de los toros en el ruedo

La crónica de Everardo Brand Partida para El Sol del Centro refleja respecto del juego de los toros lidiados, lo siguiente:

Contrariamente a lo que suponía el grueso de los aficionados, tomando en consideración el peso de los astados, éstos no salieron parándose ni a la defensiva. Llegaron al tercio mortal plenos de facultades, esto es, con poder, embistiendo de aquí para allá, francamente, con estilo definido, con son y sólo necesitaban que un torero se les parara, los templara y los mandara, para que hubieran pasado a formar parte de un capítulo memorable de la historia taurina mexicana, y hubieran cubierto de gloria a la divisa y a su criador, el pundonoroso ganadero don Francisco Madrazo… El encierro de La Punta, bonito en verdad, demostró que los toros no llegan al último tercio con media embestida, semi – parados o completamente a la defensiva, exclusivamente por su peso. No, los punteños fueron graneados – no cebados ni engordados prematuramente para cumplir con el requisito del peso – se les apreció fibra y poder, y su sangre brava los hizo embestir en todo momento…

Es decir, los toros no sucumbieron a su volumen. Los toreros que los enfrentaron tuvieron la ocasión de lucirse con ellos, aunque en principio, las intenciones de la concurrencia estaban inclinadas hacia los astados.

El triunfo de Fabián Ruiz

Al cerrarse la tarde el de Aguascalientes, Fabián Ruiz fue el único que salió con una oreja en la espuerta. Se la cortó precisamente al primero de su lote y tercero de la tarde, el toro que acaparaba todas las miradas y comentarios, Candilejo, cuya muerte brindó al maestro Fermín Espinosa Armillita. Esto se escribió sobre su actuación:

Fue “Candilejo”, corrido en tercer lugar, marcado con el número 49, el toro más grande del encierro, con 730 kilogramos de peso. Imponente el astado, y cuando Fabián se enfrentó con él, los olés se dejaron escuchar, pero sin ninguna justificación, si acaso el valor del torero al pararse frente al toro. Porque, como lo decíamos anteriormente, el hidrocálido no toreó, fueron mantazos por aquí, otros más allá, unos intentos de torear por chicuelinas... pero nada, y el público todo se lo tomaba a bien, porque se enfrentó al toro más grande… Con la muleta en la diestra las cosas no mejoraron, y si bien el toro no pasaba de aquí hasta allá, como sus hermanos de sangre, tampoco representaba mayores problemas, y cuanto muletazo ejecutaba Fabián, se lo coreaban, especialmente en el tendido cálido. De una estocada caída y acierto al cuarto intento de descabello, dio cuenta de “Candilejo”, y pese a todo, afloraron muchos pañuelos en los tendidos, por lo que el Juez otorgó la única oreja de la tarde, una oreja que bien podemos señalar que fue cobrada por el impresionismo y el valor del hidrocálido, al enfrentarse al toro más pesado que se ha lidiado en plazas mexicanas…

Con la oreja de Candilejo en la mano, Fabián sacó a dar la vuelta al ruedo al ganadero Francisco Madrazo y al empresario Guillermo González, quienes agradecieron con él desde los medios. Ante el sexto, Sombrerero, el torero de esta tierra se limito a cumplir, que el triunfo ya lo había conseguido.

Bernadó y Solórzano

Joaquín Bernadó se enfrentó a Carretero y a Lagrimoso. El primero de su lote lo brindó al ganadero Francisco Madrazo y mejor estuvo con el cuarto:

Con el cuarto, “Lagrimoso” de nombre, marcado con el número 40 y con 635 kilos de peso, un espontáneo se arrojó al ruedo, alborotó los tendidos con unos pases por alto rodillas en tierra, empero molestó en forma considerable al matador, que veroniqueó rapidillo para ordenar que hicieran acto de presencia las cabalgaduras. Dos puyazos en lo alto, hicieron sangrar al de La Punta, que fue lidiado por Bernadó, pero sin mayor entrega…Mucho conocimiento del oficio, faenas muy parecidas las del catalán, pero hasta ahí las cosas. Con un pinchazo y un estoconazo ligeramente desprendido culminó su actuación, haciéndose merecedor de una vuelta al ruedo…

Por su parte, Jesús Solórzano sacó del sombrero a Recobito y Enanito. También fue que con el segundo de su lote, el hijo del Rey del Temple tuvo sus mejores momentos en esta tarde:

…con la muleta logró algunas series de ayudados, en redondo y por abajo, así como unos naturales, éstos no fueron ligados y menos aún conjuntados como lo merecía el burel. El toro tenía una embestida franca, nobilísima, iba de aquí hasta allá, y al finalizar el trasteo… Rápido se deshizo de él Jesús, cuando la autoridad hizo que la trompeta sonara en una ocasión, ordenando con ello el arrastre lento, pero la cuadrilla “interpretó mal” el toque y fue a cortar una oreja para entregarla a Solórzano, que se vio precisado a tirarla en el centro del redondel, cuando se “tomaba” una vuelta, con algunos pitos del público…

Así fueron los hechos en una tarde que todavía permanece en la memoria de los aficionados de Aguascalientes y que ha motivado la colocación de tres placas en el escenario en el que se produjo, en la Plaza de Toros San Marcos: una dedicada al encierro de La Punta, otra a recordar el triunfo de Fabián Ruiz y una tercera al paso de Jesús Solórzano por su ruedo, en la que se incluye su actuación en esta memorable tarde.

El devenir de La Punta

Don Francisco Madrazo Solórzano afirmaba que esta tarde del 5 de mayo de 1972 había sido su despedida – sin anunciar – como criador de toros de lidia. Sin embargo, después de esa tarde, a su nombre, como titular del hierro y divisa de La Punta, todavía se lidiaron tres encierros aquí en Aguascalientes. 

El primero de ellos fue una novillada lidiada el 8 de mayo de 1977 en la plaza Monumental. El cartel lo formaron José Antonio Ramírez El Capitán, Paco Olivera Bombita, Roberto Ramírez El Oriental, Saúl Saleri, Gerardo Navarro y Ricardo Sánchez.

Posteriormente se presentó en la misma plaza Monumental una corrida de toros el día 26 de abril de 1981. La lidiaron Eloy Cavazos, Jesús Solórzano Humberto Moro. Eloy Cavazos le cortó el rabo al 4º de la tarde, Mayoral y Humberto Moro una oreja a Señorito, sexto de la corrida

Y, el último encierro que bajo su responsabilidad se lidió en Aguascalientes, fue en la Plaza de Toros San Marcos el día 2 de junio de 1991. Fue una muy seria corrida de toros, que fue anunciada antes, con fotografías de los toros para ir predisponiendo el ambiente y la lidiaron Ricardo Sánchez, David Bonilla y Héctor de Granada.

Después de esos festejos, no tengo noticia de que se haya lidiado otro encierro bajo la titularidad de don Francisco Madrazo Solórzano, aunque éste afirmara que eso era cosa de sus hijos.

Así es como concluyo con esta historia y con estos recuerdos de la Feria de San Marcos de hace 50 años.

jueves, 5 de mayo de 2022

La Feria de San Marcos hace medio siglo (XI/I)

5 de mayo, 8ª de feria, un impresionante encierro de La Punta

El anuncio inicial del serial taurino de 1972 únicamente comprendía siete corridas de toros y el aviso de que se ofrecería la novillada – vigésimo segunda – de triunfadores de la temporada iniciada a mediados del año anterior. No obstante, el 6 de abril se hizo pública una entrevista telefónica con el empresario Guillermo González Muñoz, de la que entre otras cuestiones se dedujo:

En definitiva, don Guillermo González afirmó que la temporada taurina constará de siete corridas formales y una novillada, aunque dejó abierta la posibilidad de que se efectúe otro festejo…

Es decir, la celebración de una corrida extraordinaria nunca estuvo fuera de cuestión. Todo estribaba en que las condiciones entre afición, toreros y ganaderos se conjuntaran para que se habilitara una fecha y se pudiera ofrecer el festejo. En la columna de Francisco Lazo, cronista huésped de El Sol del Centro ese año, publicada el día 23 de abril, se relata lo que sigue:

Ya habíamos dicho que en La Punta hay un encierro que mete miedo, en 680 kilos de peso, con un toro que dio 714 en la báscula. Nos dice Guillermo González que es de su propiedad, pues lo compró ya al ganadero Francisco Madrazo. ¿No iba esa corrida a Tijuana? “No creo, dijo Guillermo, pues la quiere lidiar aquí...

Como se ve, las cosas se iban acomodando. Otras informaciones periodísticas afirmaban que esa corrida de La Punta era una de las que había reseñado la Asociación de Matadores para su corrida del Estoque de Oro que se verificó a principios de marzo. Al final, la corrida se quedó en el campo y entre don Francisco Madrazo Solórzano y don Guillermo González, decidieron que se lidiara aquí en Aguascalientes, a manera de un magno fin de feria.

La conformación del cartel

El 29 de abril se informó que la corrida extraordinaria se verificaría el viernes 5 de mayo y que, junto con los toros de La Punta, estaba ya listo Jesús Solórzano, que no está de más decirlo, era torero de la casa. Se adelantó que se esperaría a la celebración de la novillada del día primero de mayo, para rematar la combinación que se enfrentaría a los toros que ya eran esperados por la afición de Aguascalientes. 

El 1º de mayo se anunció que Fabián Ruiz, torero de Aguascalientes que trataba de remontar la cuesta de un grave percance sufrido el 29 de julio de 1969 en la Monumental de Tijuana, cuando alternaba con Eloy Cavazos y Curro Rivera. Esa tarde, Montañés de Reyes Huerta le partió el pecho y le perforó un pulmón entraba en el cartel. Dijo el doctor José Rodríguez Olivas, jefe de los servicios médicos de las plazas de Tijuana en esos días acerca del percance:

Fue una de las cornadas más graves que se han visto en Tijuana. La herida está localizada a escasos cuatro centímetros del corazón, y hay perforación del pulmón derecho... De estas cosas no sabe uno el tiempo crítico, por tanto, no puede decirse nada sobre el término de 72 horas...

El percance mantuvo parado a Fabián hasta el 2 de febrero del año siguiente, por lo que prácticamente estaba reiniciando su andadura como matador de toros. La fecha además implicaba su presentación en esta, su tierra, como torero de alternativa.

El día primero de mayo se anunció que el encierro sería desencajonado en los corrales de la plaza de toros, quedando a la vista del público a partir del día siguiente y ese día, con el encierro ya manifiesto, se dio a conocer que Joaquín Bernadó era el tercer torero que formaría el cartel:

…está por delante el interés de la afición hidrocálida por ver a Fabián Ruiz, el extraordinario torero de esta tierra, quien, por primera vez, como matador de toros, pisará el ruedo del Coso San Marcos. La animación por ver a Fabián es indescriptible. En todos los medios sociales no se habla de otra cosa que no sea de irlo a ver… La empresa ya confeccionó el cartel, y por esta ocasión se puede decir que tres fundamentales aspectos determinantes han sido conjugados. El tercer espada es el catalán Joaquín Bernadó… Es decir, en la corrida se habrán de juntar los máximos atributos que se requieren para que sobre el ruedo se vea la corrida soñada, La valentía y enjundia de Fabián Ruiz. La plasticidad de Jesús Solórzano y la maestría de Joaquín Bernadó…

Así fue como, casi por entregas, supimos quienes serían los que se enfrentarían al singular encierro de La Punta, que, hasta estos días, medio siglo después, sigue siendo el más grande en cuanto a promedio de peso que se haya lidiado en una plaza de toros mexicana.

En el día de la corrida

Las taquillas de la plaza y los demás puntos de venta de entradas se vieron colmados de interesados en asistir a ese festejo, que por el ángulo que se le mire, era verdaderamente extraordinario. La nota previa al festejo, aparecida en El Sol del Centro, presenta una reseña pormenorizada de los toros que se lidiarían:

“Sombrerero” marcado con el número 61 y con 580 kilos sobre los costillares; “Lagrimoso”, marcado con el número 40 y con 635 kilos; “Recobito”, marcado con el número 65 y 620 kilos; “Carretero”, marcado con el número 20 y 630 kilos de peso; “Enanito” marcado con el número 25 y con 672 kilos y finalmente, el más impresionante de los extraordinarios ejemplares de La Punta: “Candilejo”, marcado con el número 49 y la friolera de 730 kilos de peso… Son esas las características del encierro que ha sido admirado por una considerable cantidad de aficionados, quienes los observaron en los corrales de la plaza, con la opinión unánime de que están verdaderamente imponentes, sobre todo “Candilejo”, para el que se han vertido elogiosos comentarios y la incógnita de que ¿por quién será lidiado esta tarde?, pregunta que será despejada cuando se conozca el sorteo que al mediodía se verifique en la misma plaza de toros…

Es decir, el reclamo de la corrida era precisamente el toro, que presentado en su integridad y con el debido trapío y remate que debiera tener cualquier encierro que se envíe a una plaza, debe ser más que suficiente para hacer que la gente se interese en asistir. No por nada, la fiesta es de toros.

Los rumores sobre Candilejo

Hoy, a cincuenta años de distancia, se sigue rumorando acerca del origen de Candilejo, dudando acerca de su origen punteño y afirmándose, hasta con firmeza, que era un toro de El Colmenar, ganadería entonces de la titularidad del ingeniero Gerardo Martínez Ancira. Lo que cuenta el ganadero Francisco Madrazo Solórzano en su libro El Color de la Divisa acerca de este asunto, es lo que sigue:

...En 1969, le compré, al ingeniero don Gerardo Martínez Ancira, dilecto amigo mío, su ganadería de “El Colmenar”, formada con vacas de “Matancillas” y “La Punta”, aumentada después, con vientres de varias casas de prestigio como la de don Jesús Cabrera, “Mimiahuápam”, Javier Garfias, don Mariano Ramírez, y cinco sementales de las dos primeras vacadas… Lote que un año después vendí, en su totalidad, a don Alberto Bailleres, para su ganadería de “Begoña”. Durante una primavera, empadré con mis vacas, dos de los “Mimiahuápam”, uno de ellos, de pelo colorao bragado, “Vencido” Nº 110, muy bonito toro, muy bien construido y bien puesto de cabeza, que dio estupenda corrida. Y el otro, número 80, entrepelado, listón, bragado y meano, con mucha cabeza, padre de “Candilejo”, Nº 49, negro bragado, que el día de su brillantísima lidia (Aguascalientes, 5 de mayo de 1972), pesó 736 kilos en pie y 434 en canal. Hasta hoy ha sido el toro más grande que se ha lidiado en la historia de nuestra fiesta… Teniendo, por lo tanto, para estas fechas, en la corta piara del ganado bravo que me queda, sangre de “Mimiahuápam”. Hago este pequeño comentario al margen, porque nunca he ocultado lo que pasta en La Punta, y porque jamás he sido un comerciante de ganado bravo, al que tanto quiero, y tanto he respetado… (El Color de la Divisa, Págs. 348 – 349)

A confesión de parte, relevo de prueba. Candilejo quizás no era un toro puro de sangre Parladé, pero era definitivamente de La Punta. Espero que la cita anterior aclare las dudas y los bulos que en torno suyo se han construido y que, con relación a El Colmenar, únicamente tienen que ver en cuanto a que el padre de ese toro, venía con el ganado que compró allí don Francisco Madrazo en su oportunidad.

Pero estas notas ya se van extendiendo más allá de lo recomendable, así que las dejo aquí por hoy y continuaré el día de mañana.

jueves, 21 de abril de 2022

La Feria de San Marcos hace medio siglo (V)

Tercera de feria: Alfredo Leal borda al natural un toro de Las Huertas


Prudente aclaración:
Hace 10 años publiqué una primera versión de estos hechos. Hoy los retomo, agregando alguna información y aproximándome a la que aquella versión contenía de otra manera.

La previa de Pancho Lazo

El cronista titular del Esto, encargado por este serial del menester también en El Sol del Centro en la columna que escribía con información previa al festejo, expresó abiertamente su poco gusto por la presentación del encierro enviado por don Luis Javier Barroso:

La verdad no nos gustó el encierro de Las Huertas que se lidiará esta noche: es disparejo, fuera de tipo y algunos toros dan la impresión de estar pasaditos en edad. Pero como dijo Alfonso Ramírez “Calesero”: “Yo no quiero que me gusten, quiero que me embistan...” … Roberto Mendoza “El Sándwich” quien lleva los poderes de Joaquín Bernadó parecía un tanto desconsolado: “Nos tocó, como siempre, el más cabezón, es el número 196, al que echaremos por delante”...

Los médicos veterinarios Antonio Feregrino y Omar de Luna fueron designados por el Municipio para que verifiquen post – mortem la edad de los toros estoqueados y que las astas no hayan sufrido manipulaciones.

“Ambos somos aficionados – nos decía el doctor Feregrino – pero nunca habíamos ocupado un cargo semejante. Lo hacemos con mucho gusto y ayudamos a que se cumpla el Reglamento. Además, entramos gratis a los festejos...”

Y dentro de la crónica del festejo, Lazo se reiteró:

Los pupilos de Las Huertas, confirmaron nuestra primera apreciación al verlos en los corrales: disparejos en presentación aparentemente en edad. Había unos que parecían novillos adelantados y otros, toros arriba de los cinco años... El de regalo, fue de la ganadería de Chucho Cabrera, un toro... que le tiró de patadas a los caballos, pero de extraordinario son, que metía la cabeza muy abajo, arando con los hocicos...

Lo que debió ser la penúltima corrida aquí de El Príncipe del Toreo

En el anuncio que se hizo de los carteles de la feria, se dejó patente que la corrida de la noche del lunes 24 de abril sería la última que Alfredo Leal torearía, al menos aquí en Aguascalientes. Esta que sería para él, la víspera de su despedida de esta plaza, bajo la luz de las candilejas también, le representó un importantísimo triunfo. Lo consiguió con el quinto de la noche, llamado Lupillo, según la crónica, por ser hijo de aquel Guadalupano que indultara en la Plaza México el regiomontano Raúl García más o menos cinco años antes. Sobre el andar de El Príncipe ante ese toro, Lazo escribió:

Lanceó en el centro del anillo, cargando ligeramente sobre la pierna de salida, a ritmo lento. Y con la muleta, echándola apenas adelante, embarcaba, templaba y mandaba, muy erguido, moviendo solo el brazo, con elegancia. Eran los primeros muletazos, bellos en ejecución, pero aún sin el sentimiento que iba a desbordar Alfredo sobre el ruedo de la plaza de San Marcos... Y ahora con la izquierda, más lento todavía, haciendo flamear el trapo rojo en el último tiempo, con un suave muñecazo. Trataba al toro con delicadeza para hacerlo sentir a gusto y sentirse él, Alfredo, igual. Y todo allí, en el centro del anillo, sin paréntesis que pudieran romper la continuidad, que sacaran de su embeleso al torero y cortaran aquel coro de ¡torero, torero!, o las aclamaciones que, de tan continuas, parecían una sola... Pocas, pocas veces se ha visto torear así; repetimos, pocas veces se encuentran un toro de tanta calidad y un torero de tanto arte... Se echó la espada a la cara Alfredo y el público, engolosinado gritaba ¡no, no!, pues quería seguir disfrutando de aquellos momentos. Solo que era ya hora de entrar a matar, y lo hizo Leal, muy derecho, dejando una estocada entera, un tanto traserilla, que hizo rodar sin puntilla al noble animal. Petición unánime. Dos orejas concedió la autoridad, solamente, quizás por la colocación defectuosa del acero. A Leal no le importaban los trofeos, como tampoco pareció importarle al público. Y juntos, torero y aficionados se entregaron a la celebración, uno sonriendo ampliamente y los otros vitoreándolo. Y le dijo Alfredo al “Chacho” Barroso: “¡Qué toro!”. Y le respondió el ganadero: “¡Qué torero!” ...

Tras de su faena al quinto de la noche, se refiere en la crónica la siguiente declaración de Alfredo Leal:

Sí; me voy. Pero deseo hacerlo con dignidad... y toreando, así como pude hacerlo hoy. Hubo momentos en que no escuchaba nada, como si el toro y yo estuviéramos en el vacío, él embistiendo y yo llevándolo suavemente... Luego parecía reventar todo y escuchaba la aclamación. ¡No veas que feliz me siento...!

La actuación de Jesús Solórzano

La afición tenía en la memoria todavía la actuación de Jesús Solórzano en el festejo que abrió el serial el domingo anterior, en el que, si bien los elementos y los toros tuvieron que ver en el resultado, dio la impresión de no emplearse a cabalidad con el quinto de aquella corrida. En esta noche, salió con una actitud diferente y ahora sí, los toros fueron los que le impidieron refrendar hazañas de otros días: 

Parecía que el primero de Chucho Solórzano se iba a prestar a la faena. Chucho toreó a la verónica con mucho sabor, echando la pierna adelante y jugando bien los brazos. Preciosos aquellos lances, como el quite por chicuelinas antiguas. Luego banderilleó con sobradas facultades, en dos cuarteos y el tercer par saliendo del estribo. El toro cambió de lidia y se tornó incierto... De pinchazo y bajonazo lo mandó al destazadero... Su segundo fue bravo a carta cabal. De salida remató en los burladeros, repitiendo hasta tres veces en el que está cerca de toriles y luego, cuando lo hizo en el de matadores, pareció lastimarse las vértebras y se le inmovilizaron las patas traseras... después del primer puyazo que le hizo sangrar recobró facultades... y Chucho prometió uno de regalo... El público ya no quiso ver al toro y le ordenó al toro que lo matara, lo que hizo de una entera delantera... Salió el de Chucho Cabrera, manso, pero queriéndose comer la muleta. Muy buenos momentos tuvo Solórzano con ese toro, aunque no redondeó el trasteo. Derribó de dos viajes y se retiró entre aplausos cuando el reloj marcaba un cuarto para las doce de la noche...

Joaquín Bernadó y Calesero Chico

Los temores de El Sándwich se materializaron. El lote que le tocó no se desplazó y el maestro de Santa Coloma de Gramanet no pudo mas que estar digno ante semejante colección:

Al catalán Joaquín Bernadó le correspondieron un toro muy joven y otro muy viejo... Bernadó es un torero honrado y le busca a todos los toros, empeñoso, poniéndose cerca, tratando de agradar. El público lo comprendió y le aplaudió con fuerza. Pasó fatigas para matar a aquellos bichos que mantuvieron, hasta el último momento, la cabeza en las nubes...

Por su parte, el hijo mayor del Poeta del Toreo tenía su dosis de malquerientes en los tendidos y no se le toleraba la menor duda ante la cara del toro:

A Alfonso Ramírez “Calesero Chico”, el público le hostiliza desde el paseíllo... Ayer tuvo un toro propicio para que brillara su clase. Fue el séptimo, "Pingüino" de nombre, bravo, claro. Y Alfonso se decidió por momentos y el público le respondió entusiasta. Sólo que no sostuvo el ritmo el torero y los aficionados volvieron a lo mismo: a hostilizarle y a ratos a ridiculizarle con gritos hirientes... Su primero, bravo, pero que presentó dificultades, fue buen motivo para que el público se cebara en los sustos que pasó “Calesero Chico”...

Para el día siguiente

La cuarta corrida del serial se llevaría a cabo el sábado 22 de abril, con toros de Valparaíso para la presentación de Curro Rivera, Mario Sevilla y Adrián Romero, regresando la actividad a la tradicional hora de las cinco de la tarde.

domingo, 27 de marzo de 2022

1º de abril de 1962: Joaquín Bernadó y Manzanero de Coaxamalucan

Joaquín Bernadó
Foto: Martín Sánchez Yubero
Joaquín Bernadó inició el año de 1962 en Guadalajara el día 14 de enero y allí, en El Progreso, compartiendo cartel con Alfonso Ramírez Calesero y Jorge El Ranchero Aguilar, ante toros de Tequisquiapan, y se reiteraría, como escribió el cronista del diario El Informador que firmó como Gitanillo, que le definió como un torero:

...de gran personalidad, exquisita clase y una suavidad de seda, que corre la mano con temple extraordinario... y con su gran clase logró que los aficionados se le entregaran en su presentación...

Dos semanas después tuvo la ocasión de refrendar su buen hacer ante una complicada corrida de Xajay en el Toreo de Cuatro Caminos, alternando con el caballero en plaza Ángel Peralta, Rafael Rodríguez y Antonio Campos El Imposible. Solamente pudo dejar constancia en esta tarde de sus buenas formas ante los toros, pues la corrida no permitió a ninguno de los diestros actuantes manera alguna de lucimiento en esa sexta corrida del ciclo organizado por el doctor Alfonso Gaona.

La décimo quinta de la temporada 61 - 62

Para el primer día de abril del año 62, se anunció un encierro de Coaxamalucan, de don Felipe González, para Manuel Capetillo en su tercera comparecencia de la temporada, Joaquín Bernadó que iba a por su segunda tarde, José Ramón Tirado también en una tercera actuación y el madrileño Luis Segura que se presentaba por segunda ocasión, reapareciendo después de la grave cornada que recibió el 11 de febrero anterior. Al final de cuentas, de los toros anunciados se lidiaron solamente siete, pues el que abrió plaza fue de Piedras Negras.

El segundo de la tarde se llamó Manzanero y lo que apreció don Alfonso de Icaza Ojo acerca de la labor de Joaquín Bernadó ante él en su crónica aparecida en El Redondel de la misma fecha del festejo, es de la siguiente guisa:

…“Manzanero”, de mucho menos respeto, pues se trata de un novillo de pinta fúnebre y bizco del pitón izquierdo.

Joaquín Bernadó le sale al encuentro, trata de recogerlo, y una vez que lo logra, da varios lances de chicotazo, con los pies juntos, para instrumentar después tres buenas verónicas, toreramente rematadas. Ovación y dianas.

El propio Bernadó pone al toro en suerte, mediante un abaniqueo, y cuando él da una larga, echándose el capote a la espalda, el de Coaxamalucan dobla los remos. Una vara recargando y de nuevo cae el toro cuando hace el quite el diestro catalán, que, citando después desde lejos, instrumenta tres saltilleras estatuarias y bien rematadas que le valen nuevas ovaciones.

Siguen los banderilleros haciendo de las suyas.

Bernadó brinda a un amigo y hace que su peón le lleve el toro a las tablas, para iniciar su faena con tres pases en el estribo. Airosamente se lleva al toro a los medios y ahí corre la mano de manera superior en varios derechazos, a la vez que torea al natural, de frente, con auténtico preciosismo. El toro se echa, pero el diestro no se desanima, antes, por lo contrario, continúa toreando cada vez mejor; da un pase en dos tiempos, muy espectacular, y se adorna con manoletinas y afarolados. Las palmas del público han atronado el espacio cuando Joaquín entra a matar muy derecho, y deja una estocada entera. Estalla la ovación, y la autoridad concede dos orejas, dando el espada dos vueltas al anillo.

Dispénsesenos que no detallemos más la labor de Bernadó, pues nuestro teléfono sufrió una larga interrupción…

El juicio de Ojo respecto de la presencia del encierro es duro, desde la cabeza de la crónica que abarca las dos páginas centrales del tabloide, pues afirma que los pupilos del Gallo Viejo fueron el grupo más disparejo de lo que iba de temporada. Yo diría, tratando de atenuar la apreciación de don Alfonso, que esa circunstancia es el resultado de tratar de completar un encierro de ocho toros, pues normalmente los grupos son de seis o de siete y para cerrar uno así, a veces se tiene que echar mano de otros que están menos puestos. Pero sesenta años después y sin imágenes a la mano, difícil es ir más allá de la mera especulación.

Otra versión es la de Carlos León, quien en el Novedades, al día siguiente de la corrida, dedicó su carta boca arriba a don Miguel Alemán Valdés, en esas calendas Presidente del Consejo Nacional de Turismo y entre otras cosas, le contó en esa crónica a guisa de misiva:

En sus memorias, Pío Baroja cuenta que la vez primera que salió de viaje hacia la capital británica, se encontró en la Estación del Norte de Madrid a Ortega y Gasset. Al decirle cuál era el destino de su viaje, le preguntó el que luego sería gran filósofo:

- ¿Pues qué hay ahora en Londres?

- Hay Londres - respondió Don Pío.

Así, si alguien que no hubiera estado hoy en la plaza nos preguntara: ¿Pues qué hay en Joaquín Bernadó?, bastaría con responder: hay torero. Eso que se dice tan sencillo y que es tan difícil de afirmar. Pues si otra vez habíamos dicho que lo único torero del barcelonés era que se llamaba Joaquín, como “Cagancho”, ahora es de justicia reconocer que tuvo una actuación completa, que lo revela como un magnífico lidiador.

Con “Manzanero”, el bravísimo toro de Coaxamalucan que cubrió de gloria la divisa de Don Felipe González, le íbamos a ver a Joaquín Bernadó una lidia completísima, de acuerdo con la noble bravura del burel. Desde que se abrió de capa y trazó verónicas mandonas, yendo del tercio a los medios, se desgranó la primera ovación, que iba a repetirse cuando crispó los nervios de las masas con unas saltilleras estrujantes. Luego, la faena larga y variada, abundante en alegre pinturería. Primero los muletazos sentado en el estribo, el firmazo garboso y el de pecho dramático, para después citar como los clásicos, con la muleta plegada, para dar varios naturales citando de frente, como en las mejores épocas del toreo. Siempre suntuoso, elegante y pinturero, el catalán tiró del repertorio de las alegrías hasta lograr una faena que en todo instante fue coreada por la muchedumbre. Y como digno colofón, la estocada desprendida, pero fulminante, que hizo polvo al noble coaxamaluqueño. Dos orejas y otras tantas vueltas al ruedo, fueron el justo premio a labor tan señera...

Carlos León, mordaz cuando hacía falta o cuando las cosas no eran de su parecer, en esta oportunidad quedó rendido ante la torería y la clase de Joaquín Bernadó, cantada desde sus primeras tardes en estas tierras y que le permitiría permanecer en el gusto de la afición de este lado del mar por un par de décadas más y de alguna manera permanecer, pues después de dejar de vestir el terno de luces, como profesor de la Escuela Taurina de Madrid, varios diestros mexicanos, fueron discípulos suyos.

Lo demás de la corrida

Manuel Capetillo tuvo una faena poderosa y de lucimiento intermitente ante Mechudo, el de Piedras Negras que abrió plaza, saludando desde el tercio. José Ramón Tirado por su parte saldó su actuación con discreción, luciéndose con las banderillas en sus dos toros y por su parte, Luis Segura se vio inseguro, seguramente aún no repuesto de la cornada que recibió en la octava corrida de la temporada en ese mismo ruedo, aunque en su descargo habrá que decir que el primero de su lote era burriciego – coinciden Ojo y Carlos León – en tanto que el octavo no se vio, por la desastrosa lidia que se le dio.

Bernadó y México

Joaquín Bernadó, es todavía, creo, por pocas fechas, el torero español que más ha toreado en México desde el año 1920, con 190 tardes. Recorrió toda nuestra geografía desde 1961 hasta el año de 1988, cuando toreó entre nosotros su última docena de festejos. No rehuía fechas, plazas, ganaderías o alternantes y esa disposición siempre le fue correspondida por la afición, que acudía gustosa a verlo, porque sabía que apreciaría cuando menos, torería, que esa se lleva a la plaza, pues lo demás es aleatorio.

Es por eso que hoy, en las cercanías del sexagésimo aniversario de su primer gran triunfo en la capital mexicana, traigo a estas páginas virtuales su recuerdo.

domingo, 14 de marzo de 2021

Félix Briones. A 50 años de su despedida de los ruedos

Desprendiendo el añadido a Félix Briones
Imagen: Manolo Saucedo
Cortesía: Francisco Tijerina
El anuncio de la despedida de los ruedos de Félix Briones el 14 de marzo de 1971 en Monterrey, motivó la reflexión de lo que fue su paso por los ruedos, en los que estaba activo desde el inicio de la década de los cuarenta y en la que, ya en la capital de la República, fue compañero de quinta de novilleros como Luis Procuna, Gregorio García o Eduardo Liceaga en la época en la que actuó en el Toreo de la Condesa, plaza en la que se presentó el 6 de junio de 1943 o Fernando López El Torero de Canela, Joselillo o Pepe Luis Vázquez (mexicano), de su tiempo ya de la Plaza México, donde debutó el 23 de junio de 1946 y siendo ya uno de los triunfadores de ese ciclo, salió proyectado hacia la alternativa.

Fue doctorado por Lorenzo Garza en la desaparecida plaza de el Coliseo en su ciudad natal, Monterrey, el 24 de noviembre de 1946, en festejo mano a mano, lidiándose toros de la ganadería del propio padrino. El toro de la ceremonia se llamó Reinero. Poco más de un mes después, el 29 de diciembre de ese mismo 1946, confirmaría en la Plaza México, de manos del propio Magnífico y testificando Jaime Marco El Choni, también confirmante, siéndole cedido a Félix el toro Huerfanito de Zotoluca. Esa tarde pudo cortar orejas, pero la espada se lo impidió.

Félix Briones fue uno de los diestros emergentes – junto con Chicuelín, El Ahijado del Matadero, Guerrita o Vizcaíno – que apoyó Manolete en sus campañas mexicanas y así, alternó con el Monstruo de Córdoba y Luciano Contreras en Mérida, el 22 de diciembre de 1946, para lidiar toros yucatecos de Sinkeuel.

Un trofeo presidencial

El jueves 6 de junio de 1947, se celebró la 19ª corrida de la temporada 1946 – 47 en la Plaza México, organizada por un patronato pro construcción de escuelas en el entonces Distrito Federal, encabezado por los señores Pablo B. Ochoa y Fernando Reyes Spíndola. En dicha corrida, se disputaría el Trofeo Presidencial Cigarrera de Oro, cedido por el entonces Presidente de la República, Miguel Alemán Valdés y el Secretario de Educación Pública, Manuel Gual Vidal – ¡qué tiempos aquellos, cuando a los gobernantes no les daba prurito patrocinar trofeos taurinos! –.

El cartel de ese festejo extraordinario se integró con Fermín Espinosa Armillita, Lorenzo Garza, Luis Castro El Soldado, Fermín Rivera y Alfonso Ramírez Calesero, lidiando todos un encierro de La Punta. El sexto de la tarde se llamó Gamito y en una tarde en la que ninguno de los diestros actuantes obtuvo trofeos, Félix Briones realizó una destacada y valerosa faena, que le valió la obtención del trofeo, que le fue entregado por los dirigentes del patronato.

El ambiente previo

Félix Briones – como su hermano Luis – fue un torero muy querido en Monterrey. La prensa de la época refleja el buen ánimo que producía su anuncio de dejar de vestir el terno de luces y así se desprende de esta nota previa aparecida en el diario El Porvenir de esa ciudad, de un par de días anteriores a la corrida:

Ha despertado expectación entre los aficionados regiomontanos el cartel del domingo en la Monumental Monterrey, en el cual Félix Briones habrá de decir adiós a la profesión de torero. Precisamente el hecho de que el pundonoroso diestro local cierre con su actuación del domingo su brillante trayectoria en los ruedos, hará que mucha gente acuda al coso para ver a quien supo ganarse la admiración de los públicos taurinos de México y Sudamérica, con actuaciones sensacionales, en la que nunca impuso condiciones y salió siempre a dar la pelea a todos los alternantes, desde el más encumbrado hasta el más modesto…

Y quienes vieron y vivieron los triunfos y sinsabores del peregrinar de Félix desde su época de novillero hasta la tarde que Lorenzo “El Magnífico” lo hizo matador de toros en el desaparecido Coliseo, estarán deseando que llegue el momento de verle asomar por el portón de cuadrillas, listo a dar la pelea a Joaquín Bernadó y a Mauro Liceaga, últimos alternantes que tendrá Félix en su vida profesional…

Había ilusión por ver al torero de la tierra torear su última tarde…

La tarde del adiós

Vestido de rosa y oro partió plaza Félix Briones, iba a la izquierda del paseo, con Joaquín Bernadó a la derecha y entre ellos, otro torero de dinastía, Mauro Liceaga. En los toriles les aguardaban seis buenos mozos de don Eliezer Gómez, ganadería neoleonesa que se unía al acontecimiento para despedir al torero de la tierra. Al final de los hechos, Félix Briones se pudo ir en aire de triunfo. Arrollando, como era su divisa. La relación que hizo en su día Antonio Córdova para el diario El Porvenir de Monterrey, entre otras cosas cuenta esto:

…“Doblecolo”, se llamó el primero de la tarde, al que Félix recibió con lances de tanteo, pero luego le fijó los pies en varias series de verónicas cargando la suerte, incluso le hizo un torerísimo quite por chicuelinas. Y aunque Félix tomó los palos y dejó excepcional par de cortas, el toro vino a menos, es decir, se agotó pronto, y Félix tuvo que aliñar, matando de una estocada un tanto desprendida. 

Con “Fierroesponja”, el otro de su lote, Félix salió decidido a dar el todo por el todo, y lo recibió en el centro de la plaza con faroles de rodillas y lances estupendos, cargando la suerte. Siguió en plan triunfal con una faena en la que hubo derechazos extraordinarios, naturales soberbios, en la que toro y torero fundieron en una sola la figura, y cuando mató de magnífica estocada, la autoridad no vaciló en concederle las orejas y el rabo, mis colegas los cronistas regiomontanos, no tuvimos empacho alguno en alzarlo a hombros y pasearlo por el ruedo, sobre todo después de que Félix Gerardo, su hijo, le desprendió el simbólico añadido, dando fin a una página de gloria dentro de la fiesta taurina…

Félix Briones fue cargado en hombros por los cronistas taurinos de Monterrey y por el comediante Gaspar Henaine Capulina, después de que su hijo Félix Gerardo, que pocos años después sería uno de los destacados novilleros que le dieron la pelea al fenómeno que fue Rodolfo Rodríguez El Pana le despojara del añadido. Sigue contando Antonio Córdova:

…Emotivo el momento en el cual Félix Gerardo, su hijo, le desprendió el añadido dando por terminada toda una vida dedicada a la profesión de torero, y más emotivo aún, el momento en el cual “Pablote”, Arturo García, Memo Guerra y Gaspar Henaine “Capulina” le cargamos a hombros como fiel reconocimiento a lo que Félix hizo en su larga trayectoria dentro de la fiesta…

Para redondear la tarde, Joaquín Bernadó salió al tercio en su primero y dio dos vueltas en el quinto, tras de que se le negara la oreja que fue insistentemente pedida y Mauro Liceaga dio la vuelta tras la lidia del tercero y le cortó la oreja al sexto, lo que permitió culminar una tarde en la que Félix Briones tuvo la despedida que pudo soñar, arropado por la gente de su tierra y triunfando. No muchos toreros tienen esa suerte.

Así pues, ese domingo 14 de marzo de hace medio siglo, se cerró un gran volumen de historia taurina que representaba la carrera del torero de Monterrey.

El ganado que se lidió

La ganadería de don Eliezer Gómez González se fundó en el año de 1933 y se asentó en el rancho Las Bravas del municipio de Cadereyta, Nuevo León. El pie de simiente, de acuerdo con don Heriberto Lanfranchi fue de vacas de Jalpa y Xajay y sementales de Zacatepec. A partir de 1948, la dirigió don Eliezer Gómez Sada, por el fallecimiento de su fundador y en 1976 fue enajenada a Valdemar Saucedo Galindo. Su divisa era con los colores blanco y negro.

Una estampa torera

Bien es sabido que la tauromaquia de Félix Briones estaba fundada en el valor. Pero no era un valor exento del oficio bien aprendido. Del conocimiento de los terrenos y de la colocación. Recojo, de la crónica que, firmada a nombre de Carlos Fernández Valdemoro en el ejemplar de “La Lidia” del 25 de agosto de 1944, el después José Alameda, relata una escena ocurrida en la novillada del 20 de agosto de 1944 en el Toreo de la Condesa. Se lidiaban novillos de Ajuluapan para Félix Briones, Leopoldo Gamboa y Raúl Iglesias y nos cuenta:

...veroniqueó Briones también con mucho valor y, luego, al hacer el primer quite por orticinas, – que han vuelto a estar en boga desde que Luis Procuna las resucitó en la corrida de la Oreja de Oro – resultó cogido y aparatosamente volteado. Se levantó y quiso repetir los lances, demostrando con ello más carácter que malicia, pues el novillo no era ciertamente propio para tales adornos… A la muerte llegó el novillo con acusada querencia hacia las tablas, y aún más allá de ellas. Y saltó al callejón, cuando Félix brindaba ya su muerte. Estaba el novillo decidido a evitarla y apenas lo sacaban de entre barreras, volvía a internarse. Abrieron por fin los monosabios la puerta del callejón que está ante la puerta de cuadrillas y allí se quedó aquerenciado el toro. Félix Briones hizo cuanto pudo para sacarlo, y aprovechó una arrancada para sacarlo hacia las afueras, logrando dejar una estocada un tanto pasada. Saltó el novillo, ya herido, al callejón y allí murió, mientras el público premiaba la voluntad y la decisión de Félix con nutridos aplausos…

Es decir, sabía torear y sabía estar en su sitio . En suma, Félix Briones sabía ser torero, en el ruedo… y fuera de él.

Félix Briones falleció en León, Guanajuato, el 11 de julio del año 2011.

Es por eso que, en este día, que se cumple medio siglo de su despedida de los redondeles, le recuerdo con respeto y admiración.

Aviso Parroquial: De nueva cuenta y como en todos los casos que tienen que ver con asuntos de la llamada Sultana del Norte, agradezco a mi Patrón, don Francisco Tijerina, el haberme proporcionado los materiales para garabatear estas líneas. Asimismo, advierto que los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 30 de agosto de 2020

Hoy hace medio siglo: El Queretano confirma su alternativa en Madrid

Confirmación de El Queretano
Foto: Trullo - El Ruedo
La corrida del último domingo de agosto del año 70 en Madrid era una entonces típica del verano madrileño. Un encierro muy serio de Juan Guardiola Soto estaba en los corrales y en la cabecera del cartel anunciados dos habituales de esas fechas que, fuera de feria, llevaban en buena cantidad a la plaza a la verdadera afición de la capital española, se trataba del sevillano Juan Antonio Alcoba Macareno, quien un par de años antes, siendo novillero, toreara en solitario en esa misma plaza y Sebastián Martín Chanito, de Salamanca, quien a poco de tomar la alternativa sufrió un grave percance y no volvió a encarrilarse convenientemente. El tercero en discordia era ese día Ernesto San Román El Queretano, de México, que comparecía a confirmar su alternativa.

El Queretano había obtenido la dignidad de matador de toros en su tierra el 19 de febrero de 1967. Le apadrinó Joaquín Bernadó, torero que hasta hace muy poco quizás, es el diestro español que más festejos ha toreado en México y atestiguó la ceremonia Raúl Contreras Finito, con la cesión del toro Jacinto de Cerralvo. Curiosamente, la confirmación de Ernesto San Román en Madrid ocurriría antes que en la Plaza México, algo que por esas calendas resultaba casi frecuente.

La campaña española de El Queretano

Señalaba al inicio que la corrida de Juan Guardiola Soto era muy seria. Y lo fue. Las crónicas consultadas del festejo de la confirmación de El Queretano se ocupan principalmente de los toros, resaltando que no se cayeron – las caídas de los toros eran un problema endémico en España en esos días – y su impecable presencia. No obstante resaltan la actuación de los diestros y del rejoneador Curro Bedoya – mató un séptimo – y de la de quien firmó como Pepe Luis en la Hoja del Lunes de Madrid, del día siguiente del festejo, titulada Un toro para un torero, extraigo lo que sigue:

El sexto toro fue sustituido, por denuncia pública que no se debió escuchar, por un viejo Palha mansote y corraleado. ¡Esas cojeras inventadas!...

Debut y alternativa

Ernesto San Román (El Queretano), torero azteca con buen cartel en su país, quiso ayer refrendarlo ante la afición madrileña. Es un diestro valiente, menudo de estatura, pero de corazón grande, que no se arredró por la presencia y el trapío de los toros que le cayeron en suerte (y a propósito del verbo: los toros ayer no se cayeron). Ernesto, en el de su alternativa, se lució de capa en lances a lo Enrique Torres, un valenciano que se quería parecer a Chicuelo padre; no se lució con los rehiletes (si acaso en el tercer par...), y con la muleta se hizo ovacionar: comenzó con un pase – cita desde el platillo del redondel, los pies metidos en la montera – de corte arrucino que emocionó a los espectadores. Continuó en una faena efectista y valerosa, en la que no faltaron los derechazos, los rodillazos y los pases encadenados. No mató bien – pinchazo y media estocada con alivio excesivo y cuatro intentos de descabello –.  ¿Premio? Sólo corteses aplausos.

En el Palha sustituto se limitó a intentar hacerse con él; el toro, que había barbeado en tablas, que las saltó una vez, debió ser lidiado por las afueras. El nuevo matador de toros, que con toros ascendió de categoría – así se justifica una ceremonia –, acabó con el portugués de pinchazo y estocada bajita...

Por su parte, Jesús Sotos, en el semanario El Ruedo, también aparecido al día siguiente de la corrida, realiza el siguiente análisis, bajo el título de Mucho trapío y toreo con precauciones:

El “toricantano” se llama Ernesto San Román y es de Méjico. Se presentaba en la capital de España. En las Ventas le hemos visto. Pero poco podemos decir de él Poco en cuanto a toreo se refiere. Es arriesgado poder emitir un juicio exacto guiados por lo que el torero desarrolló el domingo, pues, amén de la insensatez que supone erigirse en juez guiados por lo realizado en una sola actuación, también debe de contar el ganado que tuvo enfrente, de excesivo respeto para un debut capitalicio de campanillas-

Una cosa – de capital importancia en esto del toreo – dejó al descubierto el diestro azteca: es un valiente de tomo y lomo. Un valentón tremendo. Posee, pues, una sólida base. Con la capa y la muleta, cosas aisladas: unas malas, otras regulares, otras aceptables, alguna buena. Mal con las banderillas.

Total: ni cañas, ni tampoco lanzas. Una actuación no da derecho a nada, repetimos, en cuanto a juicio verdadero se refiere. Compás de espera. Mató más mal que bien y escuchó aplausos al doblar el de Guardiola y el de Palha, pues el sexto, de la ganadería anunciada, fue desechado por cojitranco.

Lo dicho: Ernesto San Román “El Queretano”, un torero valiente. Eso sí que se puede demostrar a las primeras de cambio.

La crónica de Antonio Díaz – Cañabate en el ABC de Madrid, titulada El número del toro cojo y aparecida el martes 1º de septiembre siguiente, ni siquiera merece ser tenida en cuenta. Dedica apenas unas cuantas líneas a la actuación de los toreros y en cambio, derrocha todo su espacio en contar la manera en la cual, desde el tendido, según su dicho, sus vecinos de localidad, urdieron y lograron la devolución del sexto de la tarde – segundo del lote de El Queretano – para que fuera sustituido por un sobrero de Palha, corraleado y de esa manera, revertir el aburrimiento que les causaba la tarde. No obstante, quien era llamado El Cañas por sus allegados, en ese breve espacio, reitera su inveterado disgusto por los toreros que llegan de este lado del mar.

Así pues, podemos deducir que la actuación que El Queretano en Las Ventas hoy hace medio siglo, fue digna y adecuada a las circunstancias en las que se produjo.

Ernesto San Román toreó tres festejos más en esa temporada allende el mar. Abrió en San Feliú de Guixols el 26 de julio, con Ángel Peralta (Rej.) y Juan Asenjo Calero lidiando toros de Gabriel Rojas y Hermanos Peralta (Rej.) y cortó una oreja al primero de su lote; luego el 19 de agosto se presentó en Palma de Mallorca, donde alternó con Santiago Martín El Viti y Manolo Rodríguez en la lidia de toros de Juan Pedro Domecq y cortó una oreja al sexto y terminó en Barcelona el 10 de septiembre, acartelado con Victoriano Valencia y Gregorio Lalanda para enfrentar toros de Pedro Salas Garau.

El regreso a México

Ya de regreso en la patria, logró confirmar la alternativa el 28 de febrero de 1971 en la Plaza México, le apadrinó Pepe Luis Vázquez (mexicano), que le cedió al toro Perlito de La Punta, en presencia de Joaquín Bernadó y también actuó en la corrida el rejoneador Gastón Santos ante un toro de Atenco. Sería al final de cuentas la única actuación de El Queretano en la gran plaza.

Pero Ernesto San Román no iba a esperar que las empresas le llamaran. Entonces se propuso torear y si había que organizar los festejos, pues lo haría y lo hizo, creando una especie de circuito en el que llevó la fiesta de los toros a muchas localidades en las que la tradición no se tenía o estaba abandonada y la revisión de los anuarios de 1971 a 1987 nos revela que, por ejemplo, daba corridas en Sonora, en la parte no fronteriza del estado, que abrió al estado de Chiapas dando festejos en Tapachula, San Cristóbal de las Casas, Tuxtla Gutiérrez y Huixtla; que recuperó plazas en Veracruz como Misantla y Gutiérrez Zamora o que en Sinaloa también daba festejos en ciudades como Los Mochis, Rosario o Culiacán.

Esa incansable actividad le permitió mantenerse dentro de los diez primeros del escalafón en su tiempo y torear unas 310 corridas en su carrera, contando la testimonial del 7 de noviembre de 2004, en la que dio la alternativa a su sobrino Juan Carlos San Román en Cortázar, Guanajuato.

Como un hecho anecdótico, El Queretano formó parte del cartel de la última corrida de feria que se dio en la Plaza de Toros San Marcos el 1º de mayo de 1974, pues a partir del año siguiente, los festejos se celebrarían en la nueva Plaza Monumental. Alternó con Alfonso Ramírez Calesero ChicoRafael Gil Rafaelillo y el rejoneador Felipe Zambrano en la lidia de toros de Guadalupe Medina. Fue herido en la axila por el segundo de su lote.

La saga de los San Román

Ernesto San Román El Queretano no ha sido el primero, pero sí quizás uno de los más destacados de una saga de toreros con ese apellido que durante las últimas seis décadas han actuado en las plazas de toros de México. En un breve recuento, ellos son:

Agustín San Román, novillero, se presentó en la Plaza México el 23 de julio de 1963, alternó con José Campos y Alexandro Do Carmo, con novillos de Rancho Seco. Es hermano mayor de El Queretano.

Oscar San Román, matador de toros, recibió la alternativa en Querétaro, el 25 de diciembre de 1991, de manos de El Niño de la Capea y siendo testigo Jorge Gutiérrez, con toros de Javier Garfias.

Jorge San Román, matador de toros, recibió la alternativa en Tequisquiapan, el 18 de marzo de 2000, de manos de Jorge Gutiérrez y siendo testigo Oscar Sanromán, con toros de San Martín. Falleció el 31 de agosto de 2013 en accidente de carretera.

Gerardo San Román, matador de toros, recibió la alternativa en Durango el 1º de mayo de 2001, de manos de Jorge Gutiérrez y con el testimonio de Guillermo González Chilolo y toros de La Playa.

Juan Carlos San Román, matador de toros, tomó la alternativa en Cortázar el 7 de noviembre de 2004, de manos de El Queretano y siendo testigo Oscar San Román, con toros de Campo Hermoso.

Paola San Román, matadora de toros, tomó la alternativa en Morelia (Monumental) el 16 de mayo de 2015 siendo padrino Edgar García El Dandy y testigo Javier Conde, con toros de Carranco.

Diego San Román, novillero, se presentó en la Plaza México el 13 de octubre de 2019, alternando con Héctor Gutiérrez y Miguel Aguilar con novillos de Marrón. Rejoneó Diego Louceiro.

Como se puede ver, la continuidad de la dinastía San Román está asegurada por el momento. Pero hoy el personaje es El Queretano, en el aniversario de su confirmación de alternativa. ¡Enhorabuena!

Aldeanos