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domingo, 26 de abril de 2026

26 de abril de 1964: Joaquín Bernadó se lleva el Cristo Negro del Encino en la Plaza de Toros San Marcos

En 1964 se sintió pronto el boom de la presencia de El Cordobés en México, el balance final del año reflejaría casi un diez por ciento de incremento en el número total de festejos celebrados en el país con relación al año anterior. En Aguascalientes, donde Manuel Benítez actuó dos tardes al principio del calendario, también se observó un aumento importante en la cantidad de festejos ofrecidos durante el año, porque se dieron en total cinco corridas de toros, cinco novilladas y un par de festivales benéficos. 

Aparte de la presencia del Huracán de Palma del Río, habrá que señalar que se levantaba el interés por los en ese entonces jóvenes matadores Raúl García y Jaime Rangel y el arranque de las carreras de los hijos de Jesús Solórzano, Fermín Espinosa Armillita y Alfonso Ramírez Calesero, quienes representaban un auténtico atractivo en el escalafón novilleril.

Así, la Feria de San Marcos de ese año del 64 constó de cuatro festejos, tres corridas de toros y una novillada, siendo el cierre del serial, programado para el domingo 26 de abril la corrida en la que, los seis espadas contratados para actuar en los dos festejos anteriores, se disputarían el trofeo que sería una réplica del Cristo Negro del Encino, donado por la radiodifusora XEYZ, propiedad de don Jesús Ramírez Gámez, el muy reconocido Abogao, quien fuera un reconocido taurino y apoderado del linarense Humberto Moro.

El avance del festejo

La nota previa al festejo, aparecida en el diario El Sol del Centro el día de la corrida, cuenta entre otras cosas, lo siguiente:

Y por primera ocasión en la historia del toreo en Aguascalientes, el festejo se convierte en un duelo entre seis matadores, disputando la obtención de un trofeo, de un magnífico trofeo: El Cristo Negro del Encino... Calesero, Manuel Capetillo, Humberto Moro, Joaquín Bernadó, Raúl García y Jaime Rangel son los seis espadas que la tarde de hoy saldrán a la arena a pugnar por el triunfo, que llegará aparejado con la conquista de tan hermoso galardón. Porque se trata, en realidad de una bella presea, que, por su calidad artística y por su simbolismo, animará los anhelos del diestro más ambicioso... no olvidemos que los toros a lidiarse hoy son de la ganadería de Santacilia, cuya divisa se cubrió de gloria, en nuestra plaza, en fecha reciente. Precisamente cuando la segunda actuación de El Cordobés...

La nota precisa una cuestión importante, en la corrida del jueves 19 de febrero anterior, la corrida de Santacilia permitió un resonante triunfo tanto a Raúl García, que cortó dos orejas, como a Antonio Campos El Imposible, quien cortó dos orejas al sexto de la corrida. La ganadería de los Obregón Santacilia sin duda pasaba por un momento importante en esos días.

El triunfo de Joaquín Bernadó

El trofeo en disputa fue para Joaquín Bernadó. Su faena al cuarto de la tarde, fue calificada por don Jesús Gómez Medina, en su relación escrita para El Sol del Centro, como la faena de la feria, en la que, entre otras cosas, nos cuenta:

Todo principió con una larga afarolada, de hinojos. Desde este momento, Bernadó puso de relieve que, en contraste con lo hierático de su porte, bajo la chaquetilla se encubría un corazón ambicioso de palmas, con celo de triunfo… Tras del lance de hinojos, Bernadó lo hace de pie, al natural, con verdadero primor. Los aplausos suben de grado y se transforman en rotunda ovación cuando a continuación, el rubio torero hispano prosigue toreando por preciosas chicuelinas, aprovechando a maravillas la docilidad y alegría del de Santacilia... La faena fue prologada con tres pases altos, seguidos de un firmazo desdeñoso. Y, con el refajo en la diestra, prosigue la exhibición de torerismo y de arte... El de Santacilia, cierto, es muy bravo y su embestida de seda. Pero, ¡cómo tira de él y lo templa y lo hace girar en torno suyo, con el exclusivo, preciso, pausado girar de brazos y muleta, Joaquín Bernadó! … El trasteo prosigue. A la serie inicial de derechazos sumáronse, en apretado racimo, los pases naturales tersos, pulidos, algunos de ellos, de dimensiones extraordinarias... A una tanda de naturales síguese otra de más pases en redondo con la derecha, igualmente soberbios en su calidad, igualmente brillantes por su ejecución. Y entre tanto, el de Santacilia embistiendo con idéntica bravura, apresado en el embrujo de una muleta que lo guiaba con suavidad y también con imperio… ¡Y el público de pie, aclamando al gran torero! Porque ya entonces sonaba el grito consagrador: ¡Torero!... ¡Torero! … La faena logra su culminación en los muletazos circulares, prodigio de temple y de mando, precursores del capítulo de adornos... Y en cuanto el bicho cuadró, allá fue el pupilo de "Rayito", tras del acero, para sepultarlo todo en el propio morrillo... La escena, entonces, fue de auténtica apoteosis. Albearon los tendidos pidiendo para Bernadó los máximos trofeos. Y llevando estos en la mano que acababa de escribir el capítulo más brillante de la feria, el diestro hispano recorrió varias veces el ruedo bajo un alud de prendas y entre aclamaciones sin fin... Los despojos del bravo y nobilísimo astado merecieron los honores del arrastre lento. Y su criador también salió a la arena y recorrió el ruedo en compañía de Bernadó...

La faena relatada por don Jesús refleja el hecho de que Joaquín Bernadó comprendió a cabalidad las extraordinarias condiciones del toro que le tocó en suerte y que le valdría alzarse como el triunfador absoluto del festejo.

La gran tarde de Humberto Moro

Aunque la faena de Bernadó resultó ser superior, en el toro anterior, Humberto Moro también hizo un intento serio para llevarse el trofeo a sus vitrinas. Vuelvo a citar el relato de don Jesús:

La determinación de triunfo mostrada la víspera por Humberto Moro, prosiguió ayer haciendo acto de presencia, impulsándolo a la postre, a la conquista de los dos apéndices auriculares del tercero... Fue éste un toro de suave embestida, aunque un tanto tardo para hacerlo. En el primer tercio, lo mejor fue un quite por chicuelinas ceñidísimas... El trasteo de Humberto está constituido exclusivamente, por el toreo en redondo. Con la diestra y también con la otra, la de la máxima valía en estas lides, Moro se pasa al de Santacilia una y muchas veces haciendo gala de su facilidad para correr la mano, llevando muy abajo el engaño... En ocasiones, la desbordada afición del torero determina que no haya limpieza plena en los muletazos. Pero otros, en cambio, brotan límpidos, cuajados de temple y de hondura, acrecentada su longitud por el mando del lidiador... Fue precisamente en los medios del ruedo, donde se producen los mejores pases: una tanda de derechazos estupendos, que pusieron de pie a los espectadores... Tras de todo ello, la estocada completa. Gran ovación, las dos orejas y otras tantas vueltas al ruedo fueron el premio a la gana y al torerismo de Humberto Moro...

El torero de la Izquierda de Oro estableció la marca a superar en esa tarde, y también ratificó ante la afición de esta su tierra adoptiva que seguía teniendo la onza y que podía cambiarla cuando las condiciones así se prestaran.

El resto de la corrida

La crónica de don Jesús Gómez Medina resalta el tesón de Calesero y de Raúl García ante toros que pronto se agarraron al piso; la mala fortuna de Jaime Rangel, que tuvo un toro que se echó a perder después de un puyazo mal pegado que prácticamente lo inutilizó y deja unas líneas de crítica a la indolencia de Manuel Capetillo, quien salió solamente a pasaportar a su toro, para despacharlo de cualquier forma, aunque afirma el cronista “no constituía un problema mayor”.

El trofeo en disputa

En esta tarde el trofeo se entregó a Bernadó en el ruedo al término de la corrida. Años después, el Cristo Negro del Encino se destinaría para premiar al triunfador de la novillada de feria, que reunía a los más destacados de la temporada previa al serial abrileño, hoy una tradición lamentablemente perdida.

domingo, 31 de enero de 2021

Plaza México, 31 de enero de 1971: Despedida de Humberto Moro. Reaparición de Joselito Huerta

Humberto Moro
En la décima corrida de la temporada 1970 – 71 de la Plaza México, se reunieron dos hechos que tienen relevancia medio siglo después. El linarense Humberto Moro se despedía de los ruedos en definitiva y Joselito Huerta El León de Tetela, reaparecía en los ruedos de la capital mexicana después de dos años de ausencia. El redondo cartel se completaba con la presencia de Curro Rivera, una de las figuras emergentes que se labraban un sitio en la fiesta y los toros de don José Julián Llaguno.

Humberto Moro había recibido la alternativa en el ruedo de Insurgentes el domingo 4 de febrero de 1950. Le apadrinó Manolo dos Santos y fue testigo Jesús Córdoba, siéndole cedido el toro Muchachito, número 11 de San Mateo. El segundo de su lote Melenillo, le pegó una cornada. Esa tarde el testigo de la ceremonia fue el gran triunfador, al cortarle el rabo a Luminoso, siendo esa una de las más importantes actuaciones del Joven Maestro en la gran plaza.

La tarde de la despedida

De acuerdo con los anuarios, Humberto Moro había tenido muy poca actividad desde el año de 1968. En 1970, animado por su amigo Guillermo González, se vistió de luces dos tardes para participar en la Feria de San Marcos que barruntaba un nuevo formato. Y en el siguiente calendario, su apoderado y amigo de toda la vida don Jesús Ramírez Gámez El Abogao, le arregló la que sería la última tarde vestido de luces de su vida y sería en la Plaza México.

Ese domingo 31 de enero Humberto Moro, el que dejó la contabilidad para hacerse torero, enfrentó en cuarto lugar al toro Durangueño, ante el cual tuvo algunos momentos de lucimiento, pero acusando sí, la falta de sitio que genera el estar sin torear todos los días. La relación del festejo aparecida en el semanario El Ruedo de Madrid del 2 de febrero siguiente a la corrida entre otras cosas dice:

…Humberto Moro en el que abrió plaza no hizo nada con el capote. Faena precavida sin relieve, para pinchazo y media estocada. Piadoso silencio. En el cuarto se mostró voluntarioso con la. muleta, dando algunos buenos pases con la derecha, pero sin lograr mayor lucimiento. Mal con la espada. Pinchazo, media y nueve intentos de descabello. Escuchó un aviso, sonando algunos pitos. Después de la ovación en la vuelta al ruedo de despedida, se terminó con la ceremonia del corte de la coleta, a cargo del que fuera su apoderado, Ramírez Gámez…

Al final la concurrencia, que llenó la plaza, recordó y reconoció al torero que fue el triunfador de la temporada novilleril de 1950, que fue el digno padrino de las confirmaciones de alternativa de El Callao, Curro Romero, Guillermo Sandoval y Fernando de la Peña; de la alternativa de Felipe Rosas y testigo en las confirmaciones de Manolo González, Eduardo Vargas, Luis Miguel Dominguín, Antonio Chaves Flores, Gregorio Sánchez y Paco Camino.

En 1952 hizo una campaña española tardía, debutando en la Corrida del Corpus de Sevilla el 12 de junio con Luis Miguel Dominguín y Parrita con toros de Félix Moreno. Actuaría también en Barcelona, donde tuvo una destacada actuación; Vitoria, Requena, Albacete y cuatro tardes en Carabanchel, donde obtendría un importante triunfo el 29 de agosto al cortar dos orejas a toros de Pablo Romero alternando con Gitanillo de Triana y Pepe Dominguín.

Se iba el torero que ejecutó el pase natural con gran pureza, el que con su izquierda de oro cautivó al público de la capital y que firmó obras como las de los toros Fandanguillo de Torrecilla o Venado de Tequisquiapan la tarde de la confirmación de El Callao y que después de un grave percance sufrido en Xico, Veracruz, exigió reaparecer allí, en la Plaza México y lo hizo triunfando, cortándole una oreja al toro Petenero de su amigo José Julián Llaguno; el que también le cortó las dos orejas a Don Verdades de Tequisquiapan el día de la alternativa de Felipe Rosas

En suma, ese domingo se iba parte de una época grande del toreo en esa gran plaza y la gente se lo reconoció en una festejada vuelta al ruedo acompañada con el melancólico son de Las Golondrinas.

La reaparición de Joselito Huerta

La vez anterior que Joselito Huerta había actuado ante el público de la capital fue el 30 de noviembre de 1968 en El Toreo de Cuatro Caminos, alternando con Eloy Cavazos y Palomo Linares para enfrentar toros de Reyes Huerta. Esa tarde pasaría a la historia por el grave percance que sufrió el diestro poblano al iniciar su faena de muleta al cuarto de la tarde, llamado Pablito, que le infirió una cornada penetrante de vientre.

Complicaciones post – quirúrgicas comunes en ese tipo de intervenciones – episodios repetidos de lo que se llama íleo paralítico, según las noticias – tuvieron a Joselito Huerta en el hospital mucho tiempo y fuera de los ruedos durante casi un año, pues no estaría en condiciones de reaparecer sino hasta el día 26 de octubre de 1969 en la plaza Monumental Jalisco de Guadalajara, alternando con El Cordobés y Mauro Liceaga, en la lidia toros de José Julián Llaguno. Era la tercera corrida de la Feria de Octubre y cortó tres orejas a los toros que le tocaron en suerte.

Sin embargo, su regreso a la capital mexicana se tardaría un tiempo más. Desencuentros con quien llevaba los asuntos de la Plaza MéxicoÁngel Vázquez – impidieron que se pudiera anunciar para la temporada 1969 – 70 y habiéndose cerrado El Toreo de Cuatro Caminos con la idea de cubrirlo con un domo para dar además de toros, otro tipo de espectáculos, no fue posible que volviera a la capital mexicana o a sus aledaños en ese momento.

Así pues, cambiada la administración de la gran plaza, se dieron las condiciones para su reaparición en un cartel redondo. Y lo haría triunfando, pues se llevaría tres orejas y un rabo en la espuerta. Y también una multa, pues la oreja concedida por la faena al primero de su lote la tiró al ruedo y el Juez de Plaza le sancionó por considerar que eso era un desacato.

Lo grande vino en el cuarto de la tarde, llamado Rebocero, al que le cortó el rabo, el sexto de los ocho que cortaría en su trayectoria triunfal en la Plaza México. La misma relación contenida en el ejemplar de El Ruedo arriba citado dice: 

…Joselito Huerta tuvo una tarde redonda de triunfos. En su primero fue aclamado en verónicas y en un quite por chicuelinas antiguas. Inició la faena con estatuarios, para añadir después pases y adornos de todas las marcas. Estocada y descabello. Una oreja, que tira, pensando que merecía mayor premio, paira luego dar triunfal vuelta al ruedo y agradecer aplausos desde los medios. En el quinto fue aplaudido con el capote. Brindó al astronauta Collins y realizó extraordinaria faena por de rechazos, naturales y el de pecho con gran clasicismo, alfombrándose el ruedo con sombreros. Estocada, que tira sin puntilla. Dos orejas y rabo y dos vueltas al ruedo, una de ellas con el ganadero. Al toro se le dio arrastre lento…

El parón de casi un año no fue más que un punto y seguido en el andar por los ruedos de El León de Tetela, quien también diría adiós en esa plaza un par de años después, acuciado por problemas de salud, pero en ese momento volvía entero a defender el sitio que había ganado delante de los toros.

El resto del festejo

El primero del lote que correspondió a Curro Rivera acusó debilidad y en el sexto de la tarde tuvo la ocasión de cortar una oreja tras de una lidia completa, pero sus fallos con la espada lo tuvieron que conformar con una ovación.

Lo que entonces era la corrección política

Las crónicas reflejan que entre los asistentes al festejo se encontraban el astronauta norteamericano Michael Collins, tripulante del Apolo XI, que logró que pies humanos hollaran por primera vez la superficie de la luna y que éste recibió el brindis del toro al que Joselito Huerta le cortó el rabo. También nos dejan ver que estuvo en los tendidos La Novia de México, la cantante y actriz Angélica María, que fue brindada por Curro Rivera.

No cabe duda de que los tiempos eran distintos, de que los personajes públicos no tenían que esconder su afición a los toros o la curiosidad por saber qué era lo que sucedía dentro de una plaza. Hogaño, el mero hecho de pensar alrededor del tema, es motivo para que esos personajes sean satanizados. O témpora, o mores!

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