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domingo, 8 de marzo de 2026

7 de marzo de 1964: Paco Camino gana la Oreja de Oro en la Plaza México

El año de 1964 no pintaba bien para Paco Camino en la capital mexicana. Empezó entre dimes y diretes con la empresa de la Plaza México, cuya gerencia estaba a cargo del Dr. Alfonso Gaona, suegro a la sazón del torero y que fueron ampliamente ventilados en los medios. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Para Paco Camino fue una temporada de conflictos, enemistades y broncas, pero en los momentos en los que se pudo sobreponer, también fue de triunfos significativos... al parecer las relaciones con su suegro, sin duda reflejo de las conyugales, empezaban a deteriorarse, o ya lo estaban definitivamente... el apoderado de Camino, José Antonio Martínez “Chopera”, publicó en “Esto” un desplegado aclarando la situación... Reproduce del lado izquierdo un contrato provisional, manuscrito, en el que se alude a seis corridas... Firmado por Alfonso Gaona y Martínez “Chopera”... Aclaraba esta inserción, además, que el contrato no contenía ninguna cláusula de exclusividad; no obstante eso, había declinado los ofrecimientos de la otra empresa para contratar a su poderdante Paco Camino, como sí se hizo con “El Cordobés”... añade que el “doctor” trató de reducir el número de corridas del contrato de seis a cuatro... Paco Camino acabó por torear sólo cinco fechas, incluyendo la de la oreja de oro...

En esas circunstancias, el torero de Camas navegaba contra la corriente tanto en los despachos como en el redondel de la plaza más grande del mundo y para salvar los muebles se veía en la necesidad de apretar en sus compromisos finales en ese escenario. Ese era el contexto en el que llegó a la corrida de la Oreja de Oro, celebrada en ese calendario a beneficio de la Unión de Matadores y de su Sanatorio de Toreros.

El cartel de la Oreja de Oro 1965

A diferencia de las corridas de la temporada, el cartel de la Oreja de Oro se anunció hasta la mitad de la semana, dándose a conocer que la Unión de Matadores tenía a su disposición una corrida del hierro mexiquense de El Rocío, propiedad de don Manuel Buch y Escandón, y que habían aceptado enfrentarla Humberto Moro, Joselito Huerta, Antonio del Olivar, Emilio Rodríguez, Paco Camino y Jaime Rangel.

La corrida se celebraría el sábado 7 de marzo de ese 1964, en horario nocturno. Y es que los dos diestros que más atractivo tenían en el cartel, el citado Paco Camino y Jaime Rangel, ya tenían la fecha del domingo por la tarde comprometida en un mano a mano que se llevaría a cabo en León, Guanajuato.

La fecha y la hora no eran propicios precisamente para la celebración de un festejo taurino, pero así se dieron las cosas. Escribió en su crónica para El Redondel, don Alfonso de Icaza Ojo:

Con una entrada que amenazaba ser catastrófica, pero que se compuso al final, hasta ser más que aceptable, se efectuó anoche, en la Plaza México, la corrida de la Oreja de Oro, a beneficio de la Unión de Matadores y de su sanatorio...

Las tardes de toros, han de ser, de sol y moscas, por lo visto.

Los toros de El Rocío

Las relaciones que pude encontrar de este festejo dejan ver que el juego de los toros condicionó el resultado de la corrida, porque, aunque el encierro tuvo una presencia irreprochable, llegaron con poco fuelle al tercio final. Refiere Ojo en El Redondel:

Se lidiaron, posiblemente, los toros mejor presentados de la temporada, seis buenos mozos de El Rocío, la ganadería de don Manuel Buch, quien siempre se ha distinguido por su escrupulosidad en relación con el trapío de sus reses. Los seis fueron bravos con los caballos, pero se agotaron en seguida, no habiendo soportado ninguno de ellos más de dos varas y pasando varios, no obstante su fuerza inicial, con una sola. El mejor fue el quinto, que embistió con nobleza de principio a fin, y después, los lidiados en cuarto y sexto lugares, lo que determinó que la corrida, un tanto tediosa en su primera mitad, se animara extraordinariamente en la segunda... Según supimos, anoche mismo, fueron analizadas las vísceras de una de las reses, y se encontró con que el hígado estaba muy dañado por unos parásitos, que vienen haciéndole daño, de tiempo atrás, al ganado de la región...

Fascioliasis hepática, el mal que comenzó a afectar a muchas ganaderías mexicanas y que una vez identificado, pudo preverse y en su caso curarse. De hecho, en la misma relación del festejo, se habla de que la ganadería vecina de Pastejé ya empezaba a tomar medidas sobre ese particular.

Paco Camino y Chispireto

El quinto toro de la corrida fue nombrado Chispireto por su criador y se le anunciaron 540 kilos de peso en la tablilla. Sabiendo que las voluntades estaban en su contra, salió dispuesto a entregarse y darlo todo, con tal de reiterarse como el torero que dejó impresionada a la afición mexicana apenas un año antes. Sigue contando Ojo:

Pocas veces, nunca quizá, habíamos visto a Paco Camino tan bien como anoche... Con el capote, desde luego, jamás: ligó verónicas excelentes, y dióse después a “chicuelear” con una finura de seda, entre atronadores aplausos de la concurrencia. ¡Qué primor de lances! … Su toro fue el mejor del encierro, qué duda cabe, pero lo aprovechó a maravillas de principio a fin, pues tras de esos primores con el percal, vino una de las faenas más limpias y artísticas que hayamos visto en nuestro largo peregrinar por los cosos taurinos... Trincherazos majestuosos, pases con la derecha tirando del toro con maestría y llevándolo bien toreado hasta allá; naturales clásicos, muletazos de pecho “suyos”, con lo que está dicho todo, y además, adornos, torerismo, gracia y lo que hay que tener. Mató de dos buenos pinchazos y una estocada ligeramente desprendida, llegando con la mano al pelo, y dio merecidísima vuelta al ruedo, protestada por los ignorantes que creen que el pinchar es malo, aunque se haga bien... ¡Bravo, Paco! …

Por su parte, quien firmó como Juan de Dios, en el número del semanario madrileño El Ruedo salido el 19 de marzo siguiente, manifestó:

En este ambiente desfavorable, y con un público que esta temporada se muestra injusto con Paco Camino, el «Coloso de Camas» labró una faena limpia, artística y de un mérito extraordinario - porque su enemigo, ahogado y sin casta, no daba facilidades - que le valió conseguir el trofeo en disputa, y demostrar en la plaza mayor del mundo que Paco Camino sigue siendo Paco Camino: todo un tratado del arte y la perfección en el toreo… Todo lo realizado en esta noche de competencia fue auténtica lección de lidia, en un toro que no se distinguió precisamente por su bravura. Después, dos entradas a la ley y un estoconazo rubricaron la extraordinaria faena. Como no rodó el toro al primer intento, todo quedó en vuelta al ruedo...

Ambas versiones coinciden en que la actuación de Paco Camino esa noche de sábado fue entregada, en un verdadero intento de ponerse de nueva cuenta en el gusto de la afición de la capital y de dejar en claro que era una auténtica figura del toreo.

Jaime Rangel y Rasposo

Durante esta temporada se había generado una rivalidad entre el torero hidalguense, que llevaba un paso arrollador y Camino, y en esta corrida de la Oreja de Oro, los ánimos no iban a variar. El sexto de la noche, Rasposo, le permitiría mantener el paso triunfal que llevaba por la temporada. Escribió Ojo:

Salió dispuesto a disputarle el trofeo al diestro de Camas, y se lo disputó a ley consiguiendo que el público se dividiera hasta el punto de que parecía indeciso el otorgamiento del trofeo, que en justicia correspondía a quien lo obtuvo al fin y al cabo, sin que ello quiera decir que menos apreciemos la labor de Jaime, que toreó muy bien de capa e hizo una faena a todas luces meritoria, iniciada citando de largo y aguantando a ley, y continuada con pases excelentes, pese a que el toro no humillaba, razón por la cual descomponía, a veces, la muleta. También Rangel pinchó dos veces antes de agarrar la estocada, y aun necesitó el refrendo de un descabello al tercer empujón. De todas maneras, el hidalguense estuvo a la altura de su fama...

La versión aparecida en el número de El Ruedo ya mencionado, refleja:

Jaime estuvo en pian arrollador, y si no cortó oreja, más fue por pinchar demasiado que por haberse dejado enhebrar la muleta en algunos pases. El toro era bronco, echaba la cabeza arriba y no permitía la perfección en el toreo. Pero llegó con más gas que los otros, y Jaime lo toreó con el capote y con la muleta, como auténtica figura de excepción. Si el de Hidalgo sigue en el plan que está, Méjico habrá encontrado la figura que dé la pelea a los españoles...

Por lo que podemos leer, en sus dos últimos capítulos la corrida se recuperó, porque aunque Humberto Moro, Joselito Huerta, Antonio del Olivar y Emilio Rodríguez tuvieron momentos de lucimiento, la ya mencionada falta de fuerza de los toros que les tocaron en suerte, condicionó en mucho el resultado de sus actuaciones.

La Oreja de Oro

Al final de cuentas, el trofeo fue concedido a Paco Camino, por aclamación popular, que debió ser difícil de sopesar porque también Jaime Rangel tuvo mucho apoyo desde las graderías. Escribió don Alfonso de Icaza:

Surgía entonces la disputa por el trofeo: unos, los más, lo querían para Paco, pero eran muchos también los que pugnaban por que se le diera a Jaime, y así, ponerlo en manos del gran torero sevillano. Llovieron cojines sobre la arena y estallaron por igual pitos y aplausos, mientras ambos triunfadores recorrían el anillo en hombros de sus más exaltados partidarios...

Por su parte, opina Daniel Medina de la Serna:

En la oreja de oro (15ª) logró una de sus mejores faenas aquí, el toro se llamó "Chispireto" y era de El Rocío, con ella ganó indudablemente el trofeo áureo, pero sin que faltaran a la hora de la entrega los “masiosares” que no quieren ver más allá de sus narices y la pedían enardecidos para el hidalguense Rangel, los dos salieron esa noche en hombros de los fanáticos...

Como es habitual, hay espacio para la discusión, pero creo que, en este caso, aun después de seis décadas, queda claro que esa noche, la Oreja de Oro fue justamente concedida a Paco Camino.

El devenir de Paco Camino en México

Paco Camino todavía actuaría en la Plaza México los domingos 15 y 22 de marzo de ese 1964 y ya no se le volvería a ver por allí hasta el 1o de abril de 1978, cuando alternando con Manolo Martínez y Eloy Cavazos, enfrentó una corrida de San Miguel de Mimiahuápam, a guisa de despedida de la afición mexicana, corrida televisada en abierto a toda la República.

Su regreso a nuestro país se había dado un par de años antes, cuando regresó a realizar temporadas en los inviernos aquí en México, destacando sus actuaciones en Querétaro, donde realizó faenas muy importantes en su historia.

El 23 de septiembre de 1981, Paco Camino toreó vestido de luces por última vez en Valladolid.

domingo, 1 de marzo de 2026

28 de febrero de 1965: El gran triunfo de El Cordobés en la Plaza México

Desplegado publicitario de El Cordobés
El Redondel 7 de marzo de 1965

El Cordobés tardó en entrar con el público de la Plaza México. Confirmó allí su alternativa el domingo 7 de febrero de 1965, recibiendo los trastos de manos de Antonio Velázquez y oficiando como testigo Antonio del Olivar. A pesar de que, Manuel Benítez estuvo empeñoso y hasta entregado ante los dos toros de su lote, casi de inmediato un importante sector de la concurrencia se puso en su contra y se dedicó a reprocharle cuanto intentaba. La tarde terminó para él y para todos, como tituló su crónica don Alfonso de Icaza Ojo, en un mitin de órdago. Reapareció a la siguiente semana para atestiguar la confirmación de alternativa de Mauro Liceaga, de manos de Rafael Rodríguez. La actitud de una buena cantidad de los concurrentes hacia el de Palma del Río fue en el mismo sentido, quizás más ruidosa. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Y, ¡por fin!, pisó el ruedo de la México el fenómeno de la época, Manuel Benítez Pérez llamado “El Cordobés”, para el que quisiera algo de él. Confirmó (9ª) de manos de Antonio Velázquez y aunque tuvo buenos momentos, "inspiradísimos" escribió Alfonso de Icaza, acabó por fracasar dándole gusto a los que fueron a ver eso y que eran legión. Segunda corrida (10ª) y segundo y más ruidoso descalabro...

Era evidente que, en la Plaza México, que tenía un cupo del doble del Toreo de Cuatro Caminos, había lugar para aquellos que, quizás se quedaron fuera de esta última plaza, donde El Cordobés se había presentado en este país y había triunfado en toda línea, quizás pensando que, aquel viejo refrán seguía rigiendo: fuera de México, todo es Cuautitlán...

La 12ª corrida de la temporada 1964 – 65

Manuel Benítez reaparecería en la gran plaza el domingo 28 de febrero de 1965, y ese día el de la duodécima corrida de esa temporada 1964 – 65, dejaría en claro por qué era una figura del toreo. El cartel anunciado para esa tarde se formaba con los acalitanos Alfonso Ramírez Calesero y Rafael Rodríguez, que precederían en el orden de lidia a El Cordobés, para enfrentar a un encierro de Mimiahuápam, ganadería entonces de la titularidad de don Luis Barroso Barona.

Los dos toreros de Aguascalientes estaban ya en el ocaso de sus carreras, sin saberlo y quizás sin preverlo, Rafael Rodríguez toreó ese día su última corrida en la plaza de toros que lo llevó a la cima, y por su parte Calesero estaba a su vez actuando en su antepenúltima tarde, porque poco menos de un año faltaba para que allí mismo se cortara la coleta en una tarde que, después de todo, resultó ser memorable para él.

También El Cordobés, aunque en circunstancias distintas se presentaría en la Plaza México, dentro de su carrera, ya solamente esta tarde y la noche del siguiente jueves 4 de marzo, en la corrida de la Oreja de Oro. Seguiría viniendo a México en otros calendarios, pero ya no volvería a actuar en la capital mexicana.

Una tarde verdaderamente histórica

El tercer toro de la corrida se llamó Palomo y venciendo la oposición de aquellos que en las dos tardes anteriores lograron poner a la mayoría en su contra, le cortó la primera oreja de la corrida. Escribió Ojo en su crónica para El Redondel:

“El Cordobés” se quita la montera y como viene más mechudo que nunca, causa sensación. Se dobla con su adversario echando la cabeza al suelo e inmediatamente después instrumenta dos derechazos que arrancan olés de los tendidos. Se sigue arrimando, da otros dos pases iguales y luego se cambia y alborota el gallinero con uno de sus característicos muletazos. Toda la faena la realiza “El Cordobés” entre los pitones y para provocar la arrancada del toro le patea en los hocicos. Torea ahora con la izquierda en el mismo palmo de terreno en que ha desarrollado todo su trasteo, y aunque sus pases no le resultan limpios, sí son indiscutiblemente emocionantes... Porfía el diestro; da pases estatuarios a la mínima distancia. Aguanta heroicamente y se hace ovacionar por la plaza entera. El toro se ha ido quedando más y más y Manuel lo hace embestir pegándole con la barriga. Se adorna rasgando el testuz de la res y vuelve a torear con su aguante único a dos dedos de los pitones. Le chillan algunos el que se cambie de lado, pero luego cuando pisa los terrenos inverosímiles, arma la escandalera... Hay otros alardes de parte del diestro de Palma del Río, que a unos gustan y a otros no, y en cuanto “Palomo” junta las manos, entra a herir Manuel en corto y por derecho y deja un estoconazo ligeramente contrario, de tanto atracarse. El toro tarda en doblar y ello induce al “Cordobés” a descabellarlo al primer intento. Ovación, música, millares de pañuelos que piden la oreja, concesión del apéndice por parte de la autoridad y vuelta triunfal al anillo, devolviendo sombreros y prendas de vestir… Este es “El Cordobés”: un torero que torea distinto a los demás y que entusiasma más que ninguno...

Una faena típica de las suyas. Imponiéndose al toro que se quedó parado y metiéndose entre los pitones. No dejó ya resquicio de duda de que los espectadores estaban ante una real y auténtica figura del toreo. Pero todavía tenía el de Palma del Río cosas que expresar. Así, ante el sexto de lidia ordinaria, Mayito, sucedió lo siguiente:

Y ya tenemos al “Cordobés” frente a “Mayito”. Doblones suaves como ellos solos; dos pases por alto, molestado por el aire y derechazos en los que se enrosca al toro a la barriga, armando tremenda escandalera. Anuncia que va a regalar un toro y la ovación crece de punto. Más pases de aguante y mando increíble y ahora con la zurda, naturales sencillamente asombrosos. Los remata con el pase de pecho y la plaza se viene abajo, cayendo al ruedo sombreros en cantidad. Sigue la faena cordobesista pura, impregnada de esa personalidad que hace de Manuel Benítez un torero único, mejor o peor que los demás, pero sin parecerse a nadie. Los naturales de ahora son de asombro y los dos pases de pecho que le siguen, fenomenales... El toro se agota poco a poco, pero “El Cordobés” sigue encima de él, provocando la arrancada, sacándole pases de todas marcas. Lo iguala y atiza media estocada, llevándose el arma. Nuevo viaje, y acostándose en el morrillo, sepulta una estocada hasta el puño. El bravo y noble burel está a punto de entregarse, pero “El Cordobés” se empeña en descabellar innecesariamente, y falla hasta cuatro veces, para acertar al quinto intento. Estalla la ovación, no obstante y no pocos pañuelos flamean en los tendidos cuando el diestro se retira al callejón, obligándolo el público a que saliera para agradecer los aplausos de la mayoría de los espectadores...

A los primeros muletazos anunció el regalo de un toro, seguramente porque calibró que Mayito estaba ya muy mermado de fuerzas, y sin embargo, le realizó una faena de corte muy distinto a la anterior, principalmente sobre la mano izquierda, tan rematada, que aun después de los fallos con la espada, se le pedían las orejas.

El toro de regalo

El séptimo de la corrida se llamó Corsario, y era de Torrecilla. El obsequio no tenía por intención el salvar in – extremis una tarde fallida, era en realidad el intento del torero de complacer a la afición, aún habiendo triunfado con el lote sorteado en su momento. De lo realizado ante ese toro, escribió don Alfonso de Icaza Ojo:

Dos doblones para hacerse del toro y una serie de pases rápidos en los que los cuernos del burel le destrozan la franela. Cambia ésta Manolo e instrumenta varios derechazos, habiendo a poco otro intermedio en el trasteo. Naturales aguantando mucho; derechazos enredándose al toro en la cintura; uno de cuatro vueltas que para a la plaza de cabeza por la manera en la que el diestro corre la mano y mide el arranque de la fiera, y ya, con el ambiente caldeado, naturales; pases cambiados y uno de pecho piramidal. Más derechazos de lentitud increíble; toreo personalísimo de aguante heroico; cite a distancia que va acortando hasta que el toro se le arranca y más muletazos, con una y otra manos, de positivo asombro. Cuando lo remata con el de pecho, la plaza entera es un manicomio… Más naturales, sencillamente maravillosos; el de pecho fenomenal y ya desde ese momento, centenares de pañuelos que piden para este sensacional torero, de este nobilísimo animal, los apéndices. Se perfila a ley Manolo, arranca a matar y deja un estoconazo, también contrario, que hace doblar. Ovación inenarrable, miles de pañuelos que se agitan en los tendidos, concesión de las orejas y el rabo, el público que se echa al ruedo para abrazar al “Cordobés” y pasearlo por el ruedo en hombros, por una multitud enloquecida. Los granaderos dispersan a la multitud, los gritos de torero, torero, se oyen por todo el ruedo; vuelven a cargar al “Cordobés” en hombros, cuyo traje de luces ha sido destrozado, y en hombros se lo llevan por la puerta grande en una auténtica apoteosis…

El Cordobés terminó de establecer en la Plaza México, ante todos los que le demostraban admiración o respeto y también ante aquellos que iban dispuestos a reventarlo, que era una auténtica figura del toreo y no una creación publicitaria o de la literatura. Dejó fuera de cualquier duda su categoría dentro de los redondeles. Escribió quien firmó como Paliacate en el semanario madrileño El Ruedo, salido a los puestos el 9 de marzo siguiente:

Ha ganado El Cordobés una batalla difícil, ciertamente. Y la ha ganado – hasta sus más acérrimos adversarios, los que le silbaron cuando iniciaba el paseíllo – en muy buena lid, limpiamente. Para fortuna de los aficionados mejicanos, que han tenido la oportunidad de contemplar una de las más completas actuaciones que se le recuerdan a Manuel Benítez; en tres toros ha podido dar la imagen precisa y completa de lo que es su toreo…

Creo que la explicación es clara y contundente.

¿El final de una época?

Decía al inicio que Alfonso Ramírez Calesero y Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes, en esta señalada tarde prácticamente concluyeron su paso por la Plaza México, representando el cierre de las edades de Oro y de Plata del toreo en México. Nuestra Edad Moderna ya estaba en ciernes, puesto que las figuras que la encabezarían estaban próximas a recibir la alternativa. Sigue escribiendo el invocado Paliacate:

De verdad: se le puede discutir el arte, pero no su fabulosa habilidad para hipnotizar a quien se le ponga por delante, público o toro. Este Cordobés ha escrito una nueva página en la historia del toreo en Méjico y ha confirmado que es, sin discusión, el torero de la época. Porque hoy, ya lo saben, es cordobesista todo Méjico…

Ya advertía el escriba que el estado de cosas en la fiesta mexicana estaba por cambiar. La historia nos demuestra que no le faltaba razón.

El triunfo en la visión del torero

En El Redondel fechado el 7 de marzo de ese 1965, se publicó una entrevista que don Rafael Morales Clarinero hizo a El Cordobés, en la que, a propósito de la corrida de su triunfo, dijo:

Si no hubiera tenido éxito en mi tercera corrida den la Plaza México, quizá me hubiera retirado. Cuando menos así me lo había propuesto. No sé si hubiera podido cumplirlo... Uno de los días más felices de mi vida lo tuve el domingo cuando triunfé en la México. El más malo, se puede escoger entre los dos anteriores en que no pude torear a gusto entre ustedes... Puedo decir que en esta plaza es donde más se nota un triunfo o un fracaso... Pesa mucho la plaza. Siente uno que se sume, que está muy hondo. Que la gente está arriba, muy arriba. Siente uno como que se ahoga... No puedo señalar mi tarde de triunfo en la México como la mejor de mi vida; pero sí en la que más gusto y felicidad sentí. No estaba seguro de triunfar; pero sabía que iba a poner todo lo que pudiera. Estaba dispuesto a todo con tal de lograrlo... Y claro, salí con más miedo y compromiso que otras tardes...

Lo que comentó al entrevistador refleja la responsabilidad que sintió el torero y la sensación de alivio que le produjo el triunfo.

Tres brindis

Esa tarde destacaron tres brindis de los diestros actuantes. Calesero brindó el primero de la tarde a don Manuel Tello Barnaud, Secretario de Relaciones Exteriores, zacatecano y sin complejos derivados de la mal llamada corrección política, fue a los toros y fue brindado. El mismo Poeta del Toreo igualmente brindó su segundo a una asistente habitual a las barreras de la plaza, a la Doña María Félix.

Por su parte, El Cordobés brindó el séptimo a Manolo Prieto Crespo, quien, junto con Juan Cañedo, fue quien lo trajo a México por primera vez para actuar en el Toreo de Cuatro Caminos. Dijo el torero:

Manolo Prieto ha sido aquí, en México, más que un amigo, un hermano, por eso le brindé el toro del desquite...

Así se produjeron los acontecimientos más destacados de una corrida que resulta ser histórica en muchas de sus aristas.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 22 de febrero de 2026

20 de febrero de 1966: La despedida de Calesero en la Plaza México

Calesero inició el año de 1966 con una campaña de festejos de despedida que terminaría el 14 de mayo del año del año siguiente y que constaría de 18 festejos. Como le contó al doctor Alfonso Pérez Romo, aunque ya tenía más de 25 años de alternativa, se iba cuando todavía le podía a los toros y a los públicos, no porque ya le costara estar delante de ellos. Mantenía, lo que años después describiera el Notario sevillano don Luis Bollaín como el cuerpo enjuto, pero sin encorsetar... y el atractivo de verle desde el paseo: ¿Qué se le podrá ver a este singular azteca en desfile al frente de la cuadrilla o cruzando en recta el redondel...? Calesero seguía siendo atractivo para la afición y para las masas.

El adiós en la Plaza México

La despedida de Calesero en la capital mexicana se anunció para el domingo 20 de febrero de 1966. Le acompañarían en el cartel Manuel Capetillo y Raúl García, formando un compendio de tres épocas del toreo mexicano ante toros de Valparaíso. No hay necesidad de aclarar que la plaza de toros más grande del mundo se llenó, porque, aunque en ella, en sus dos décadas de existencia, Calesero apenas había cortado una oreja, aquel domingo 12 de enero de 1954, cuando en la tarde de la reaparición de Armillita, Carlos León le propuso para un hipotético Premio Nóbel del Toreo. Así estaría el Poeta del Toreo esa tarde y así esperaba verle la gente, cada vez que le veían anunciado en los carteles. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Nunca fue una figura del toreo, pero sí fue, junto con Pepe Ortiz, uno de los toreros que con más arte y sabor manejaron el capotillo. Siempre fue visto con agrado, a pesar de su desesperante falta de corazón, completando cualquier cartel; algún lance, algún quite, algún remate luminoso se llevaba el aficionado en la retina, aunque fueran otros los diestros que partieran el bacalao...

Quizás no fuera una figura del toreo al uso, de los que cortan orejas todas las tardes. Pero habrá que hacer notar que entre esa tarde de 1954 y este año de su despedida, Calesero encabezó el escalafón de sus pares en varias temporadas y tuvo presencia en todas las plazas importantes de la República. Estaba allí porque interesaba, porque llevaba a la gente a las plazas. Ser figura del toreo no es necesariamente cosa de números, también puede serlo de sello, de dejar recuerdos en la memoria colectiva.

La 11ª corrida de la temporada 1965 – 66 

Calesero vistió el mismo terno grana y oro que sacó el domingo anterior en Aguascalientes, donde mató seis toros y les cortó ocho orejas y un rabo en una tarde que ha quedado como una de las importantes de la historia de la centenaria Plaza de Toros San Marcos. Es recibido con afecto por la afición. Refieren las crónicas:

...como en sus días de novillero; con una tarde de lágrimas, de palomas y de golondrinas, dijo adiós a los toros, cercado por su público capitalino, que llenó casi por completo la Plaza más grande del mundo, la México, el más gitano de todos los diestros de México en todos los tiempos: Alfonso Ramírez “Calesero”, a quien sus hijos menores cortaron la coleta a las cinco y media de la tarde… Con medio siglo en los garbosos hombros, llevados con la ligereza de los 25 abriles, majo y señorón, Alfonso ha vestido esta tarde principescamente y desde el tercio escucha la primera de las grandes ovaciones, que le obligaron a dar una lenta vuelta al ruedo, devolviendo ya sombreros, antes de que apareciera el primer toro… La gente se le entregó y el torero de Aguascalientes dejó el capote de brega para abrir los brazos y circundar el anillo con el mismo cariño que desciende en oleadas desde los tendidos. Cuando se despidió Fermín Espinosa “Armillita”, la vuelta al ruedo la dio con el capote de paseo sobre el hombro derecho. “Calesero” dio hoy sin acompañamientos, limpio el cuerpo, como para poner banderillas...

Le tocaron en suerte los toros Trompetista y Mañanero, curiosamente ambos anunciados con 478 kilos de peso. La actuación de Calesero ante el primero de ellos, según relato de Carlos Loret de Mola Médiz, firmando como Luis Soleares, es en el siguiente tenor:

En su primer toro, “Trompetista”, Calesero torea a un milímetro de la cornada, como un jabato, empezando con un farol de rodillas en tablas, tras de lo cual dibujó seis verónicas majestuosas y una media. Hace un quite primoroso por chicuelinas y termina con una larga cordobesa. Cerca de cincuenta mil almas aplauden con delirio. La gente lo obliga a banderillear y por cumplir, deja un cuarteo abiertillo... Cuando toma la muleta y brinda al público con ánimo cariñoso, comprendemos que esta será en realidad su última faena, porque, ¿quién podrá estar seguro de que su próximo toro, que será el último, se deje torear como éste? … “Calesero” se arrodilla entablerado y da un ayudado por alto. Luego en el tercio, un cambiado. Vienen cuatro derechazos templadísimos y el de la firma, el pase de Granero, cambio por la cara y luego con la izquierda tres naturales y en el cuarto el aire lo descubre y el toro lo derriba en forma impresionante. Se levanta y vuelve sin mirarse la ropa y sin la zapatilla derecha. Más derechazos, el de pecho, naturales con remate por arriba, trincherazos en medio del alarido en los tendidos, más derechazos y naturales. Se perfila y receta una casi entera que con descabello al segundo intento resulta única. Ovación que él corresponde desde el tercio...

Pudo haberle cortado la oreja a ese primero de su lote, de acuerdo con la descripción del cronista, pero la falla con la espada le impidió ser premiado más allá de la salida al tercio. 

El segundo de su lote fue un toro complicado, pero Calesero no quiso simplemente salir del paso, sigue escribiendo el cronista, en su relato publicado en el diario El Siglo de Torreón:

En el cuarto se escuchan “Las Golondrinas”. “Mañanero”, de 478 kilos, cárdeno bragado y descaradillo de pitones. El burel tira hachazos y tiene genio que va creciendo. No se deja lidiar, pero “Calesero” ha de despedirse como un torero y le hace una lidia dominadora, señorial y breve, en la que intercala algunos derechazos de gran finura, mientras en los tendidos caen las notas de "Las Golondrinas" y la gente se pone, poco a poco, de pie, para aplaudirle. "Calesero" se perfila y coloca una media estocada en el hoyo de las agujas haciendo doblar a “Mañanero” cerca de toriles... Y así dobla el último toro de la extensa vida de uno de los mayores artistas del toreo mexicano...

Calesero demostró que todos los toros tienen su lidia, no necesariamente traducida en una faena de lucimiento, sino adecuada a sus condiciones, así, demostró que era un torero completo, enterado de su oficio y que merecidamente cerró una extensa historia en los ruedos del mundo en la Plaza México.

A propósito de su adiós, reflexiona Pedro Ponce, cronista de la Revista Taurina, en el número aparecido el 27 de febrero de ese 1966:

Un lance como esa media verónica, un quite como ese por chicuelinas, bastarían para que de un torero se hablara toda una temporada, o muchas temporadas, como cuando Pepe Ortiz dio la larga cordobesa, o cuando hizo el quite de oro; pero la gente decía que “Calesero” “bajaba con la muleta”... porque no le daba a cada toro doscientos muletazos iguales que hoy quiere ver el público grueso... El público actual no se merece a “Calesero”, Alfonso ha hecho bien en irse… Pero su grandeza se impuso. Siempre dio un calosfrío verlo dar aquellos lances de cielo; y por eso dio tres vueltas al ruedo, una de ellas en hombros, y por eso cortó la oreja de un toro al que solamente le espantó las moscas... Esos lances allí quedaron para la historia, ya puede llover un siglo, que no se van a despintar...

Le fue concedida la oreja de Mañanero, por el conjunto de su labor en la tarde y en reconocimiento a las realizaciones de toda su carrera en los ruedos. Una vez que paseó la oreja, los miembros de su cuadrilla, Rafael Osorno y Jesús Belmonte lo pasearon en hombros, para después ir a los medios a que le cortaran el añadido:

...los banderilleros, los picadores, viejos conocidos como Rafael Osorno y Jesús Belmonte, le levantan en hombros, y seguido y escoltado por todos los toreros, da su segunda vuelta al ruedo. La ovación se torna cada vez más fuerte y cariñosa y revolotean palomas en los tendidos. Lo dejan sus peones y le siguen sus hijos menores, quienes, en los medios abrazan a su padre y le cortan la coleta...

Así fue el cierre de la historia de Calesero en la Plaza México, vestido de luces.

Una reflexión final

Años después, don Jesús Gómez Medina, a propósito de un homenaje que se le hacía a Calesero en esta su tierra, reflexionaba lo siguiente:

En un país donde hasta los hechos históricos y los héroes patrios se crean por decreto y en el que los victimarios descienden hasta convertirse en los glorificadores de sus propias víctimas; el pueblo, instintivamente, reconoce más autenticidad y descubre merecimientos más positivos en quienes, para encumbrarse, no utilizaron el crimen o el despojo, sino que triunfaron y dieron lustre y prestigio a su ciudad con armas e instrumentos mucho más limpios y legítimos; con la manifestación de un arte capaz de generar entusiasmos, y haciendo vibrar en el ánimo de la multitud la fibra de emoción estética que cada uno llevamos dentro… Por ello se justifica reconocer a Alfonso Ramírez, porque durante muchos lustros, ha iluminado con la claridad de un arte auténtico, depurado, exquisito en ocasiones, los redondeles de México y también de la Madre Patria y de América del Sur, porque sus jornadas triunfales han sido compradas al rudo precio del esfuerzo, de la entrega y de la ofrenda de la propia sangre; porque su inspiración se ha traducido en nuevos lances que enriquecieron el acervo del toreo; porque su afición, a despecho del tiempo, subsiste intacta; y, finalmente - quizás en primer término - porque siempre y en todos los sitios, el Poeta del Toreo, el triunfador, ha dado realce y renombre a su ciudad natal: Aguascalientes...

Todavía hoy es válida la apreciación de don Jesús. El legado de Calesero a la fiesta de los toros, a 60 años de su despedida de los ruedos sigue teniendo peso específico. Hemos de aprovecharlo para que el toreo pueda seguir adelante.

jueves, 5 de febrero de 2026

En el 80 aniversario de la Plaza México

Hoy se cumplen 80 años de la apertura de la plaza de toros capaz de albergar a más aficionados en todo el mundo. Y el aniversario se va a celebrar con el escenario cerrado para el uso para el que fue diseñado originalmente: las corridas de toros.

A causa de una vergonzante decisión de quienes se llaman a sí mismos representantes populares, en la Ciudad de México, no es posible celebrar festejos taurinos, en una tierra en la que, dentro de unos meses, se cumplirán cinco siglos de la verificación del primero.

La fiesta de toros ha sido para México, uno de los medios que le han permitido adquirir su identidad propia, misma que es reconocida por los de dentro y los de fuera y esa identidad que tenemos como pueblo con afición a los toros, nos distingue y nos permite señalarnos en el concierto de las naciones, como una que tiene mucho que ofrecer en el ámbito de la cultura. 

El rito y el mito de la fiesta, en México nacen de un modo natural, nacen de las características de los individuos que le damos vida, se desarrollan en nosotros también de modo natural y como producto de nuestras emociones, tal y como nos lo enseña nuestra historia.

Es por eso que, el unos cuantos pretendan cancelar la afición de muchos, sostenidos por intereses y con recursos cuyo origen no quiere ser revelado y que responden al interés de anglicizar nuestra manera de vivir. Esa nueva cultura, llamada de la cancelación, es atentatoria además de las más elementales libertades de las personas, porque les impide elegir en qué creer y con qué disfrutar y encontrar esparcimiento.

Así están las cosas este día en el que, también conmemoramos que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos fue promulgada hace 109 años y que en ella se establece - al menos en la letra - el respecto irrestricto a los derechos fundamentales de las personas.

Este día, la Plaza México todavía está en pie. ¿Por cuánto tiempo?

domingo, 1 de febrero de 2026

2 de febrero de 1947: David Liceaga se despide de los ruedos en la Plaza México


En 1947, cerca del primer aniversario de la Plaza México, había espacio para celebrar fastos por primera ocasión en su ruedo. El domingo 2 de febrero de ese calendario se produciría la primera despedida de los ruedos anunciada allí en una corrida de toros. Sería la de David Liceaga, torero guanajuatense que era parte de una larga dinastía de diestros quien ante el público capitalino se cortaría el añadido y daría, de acuerdo con lo anunciado, por concluida su carrera activa en los ruedos.

El cartel en esa oportunidad lo integraban también el rejoneador Álvaro Domecq y Díez, Silverio Pérez y Manuel Rodríguez Manolete, enfrentando todos, un encierro de Coaxamalucan, propiedad de don Felipe González y González. El festejo se daba en un ambiente revuelto, porque desde España se denunciaba el convenio que permitió la reanudación de las relaciones taurinas hispano - mexicanas en 1944 y se planteaba ya una nueva ruptura.

Paradójicamente, y en términos meramente cronológicos, el torero más antiguo del cartel era precisamente David Liceaga, quien había recibido una primera alternativa en El Toreo el 11 de enero de 1931 y posteriormente otra, en Barcelona, el 21 de junio de ese mismo año, la que incluso confirmó en Madrid el 25 de septiembre de ese año, misma que se vio en la necesidad de renunciar para volver a torear novilladas y recibir un doctorado definitivo hasta el 18 de diciembre de 1938, también en El Toreo, que era con el que actuaba en esta, anunciada como su última tarde y que lo colocaba como segundo espada de la corrida.

Liceaga en su tarde final

El anuncio de la despedida de Liceaga, un torero querido por la afición y la presencia de Manolete aseguró una gran entrada en la Plaza México, lo que proporcionaba un extraordinario escenario para esa primera tarde de adiós en la gran plaza. El sorteo le deparó al maestro de Romita, Guanajuato, los toros llamados Motivoso y Garcito, siendo este último, con el que cerraría su vida como matador de alternativa.

Refiere quien firmó como Paquiro en la crónica publicada en el número 218 del semanario La Lidia de México, lo siguiente:

Dos símbolos acompañaron a Liceaga: el de la tristeza y el del recuerdo. Tristeza, y más que ella, llanto, porque era la última corrida de su vida torera. Y en todo momento el diminuto y gigantesco lidiador dejó ver sus ansias de perdurar en un recuerdo imborrable. En no pocas ocasiones se dejó acariciar por las astas de “Motivoso” y “Garcito”, lidiados en tercero y sexto lugar... Dejemos al primero de ellos. A “Garcito” lo recibió con verónicas tremendas y torerísimas. Colocó los aretes con voluntad y con suerte, haciendo que se recordaran aquellos pares de su exclusiva factura... Tomó la muleta, por última vez, fue a los medios y brindó a todo el público la lidia y muerte de su postrer enemigo... Con el engaño en la izquierda dio principio a su faena y logró varios naturales extraordinarios que quedaron dignamente rematados con el forzado de pecho, con un afarolado y con un molinete... Siguió toreando con saber y conocimiento. Por fin, se volcó sobre el morrillo y toda la espada quedó dentro de las carnes del burel. Hasta en su último instante fue un auténtico matador... Lo que siguió fue apoteótico. Apoteosis de triunfo y de tristeza. El torero luciendo la oreja de su enemigo daba la vuelta al anillo, con la cabeza baja, el paso lento y lágrimas en los ojos... Las “Golondrinas” completaron el momento de melancolía... En aquellos momentos terminaba la realidad de un torero, pero se iniciaba la leyenda de un ídolo, de un héroe...

Por su parte, Carlos Septién García El Tío Carlos refiere lo siguiente acerca de la actuación del maestro que se despedía:

El toro de la despedida se llamó “Garcito” número 311, cárdeno claro, bragado y lucero, basto de pitones. Lo corrió Tabaco y lo lanceó David con valor en varias ocasiones cerrando con revolera... A petición de las masas tomó David los palos que cambió después por unos de lujo que le ofrecieron del tendido. Colocó un primer par cambiando el viaje por dentro, muy vistoso, pero dejando un solo palo; luego un buen cuarteo y otro alegrando de largo, de dentro hacia afuera... Tomó la muleta y estoque por última vez y brindó largamente por el micrófono. En seguida ofreció al público, desde los medios, la muerte de “Garcito”, e hizo una faena sobre la mano izquierda, con varias series de pases naturales y muletazos de castigo muy toreros. Después toreó con la derecha por alto y en redondo... Entrando de frente, dejó una estocada caída y entera que mató... Se concedió la oreja pedida por el público. Y el torero dio dos vueltas al ruedo recibiendo regalos y sombreros. Manolete y Domecq lo abrazaron cordialmente... Y entre “Las Golondrinas” – esa puñalada sentimental capaz de hacer llorar a las piedras –, David Liceaga se fue triunfalmente del toreo...

La despedida de David Liceaga causó una impresión profunda en los medios y la prensa especializada, como podemos leer en el editorial del número citado de La Lidia de México:

Hombre de voluntad férrea, altivo, seguro de sí, sin complejos, salía a las plazas con una obsesión: el triunfo. Con un ideal: la superación. Y por el triunfo y la superación fue combatiente que sostuvo la batalla por años y lustros... Sí, indudablemente, fue maravillosa la transformación de aquel chiquillo “agarrotado”, al artista en plena eclosión que inmortalizara a “Macharnudo”, a “Zamorano”, a “Afinador”, a “Florista”... Así se fue David Liceaga, trazando un rasgo más, rotundo y vigoroso, en el pergamino de honor que recopiló sus actos más brillantes y destacados de luchador infatigable... Se va con él, el gesto noble y altivo del luchador caballeroso que peleó con las armas legítimas de su templado corazón y su torerismo vigoroso...

Sin duda, David Liceaga fue un torero querido por la afición mexicana.

El resto del festejo

La corrida vino a traducirse en la última que toreó Manolete en la Plaza México y le cortó una oreja al sexto de la tarde, Guitarro, ante el que, en la versión de El Tío Carlos, realizó:

Con el capote, Manolete se limitó a largar tela y fijar al toro. En quites tampoco intervino. David hizo un farol de rodillas y media verónica de pie... Brindó Manolete su faena a David Liceaga. Los dos diestros se abrazaron entre los aplausos del público... Fuese al toro Manolo. Y desarrolló en el mismo terreno una faena perfectamente concebida, limpia y pura, llena de señorío, de mando y de temple... Principió con tres ayudados por alto majestuosos. Siguió con un doblón. Y a renglón seguido, cuatro derechazos musicales modelos de aguante, de mando, de limpieza en la ejecución y de eslabonamiento. Cerró con un remate. Luego, con la muleta en la mano izquierda, ejecutó cinco naturales cordobeses. Volvió sobre la derecha y fueron ahora tres derechazos coronados con dos molinetes, uno hacia cada lado... Dos ayudados por alto y un remate por abajo positivamente imperial por el rigor y el temple. Se puso la muleta atrás y ejecutó tres manoletinas - la segunda ajustadísima - rematando también por atrás... Cerró la obra - cuajada de unidad y desarrollada a la perfección - con un prevé abaniqueo para igualar... Un pinchazo en todo lo alto, y en seguida, tres cuartos de estoque en muy buen sitio y haciendo bien la suerte, que bastaron... El público pidió largamente la oreja. Pero la autoridad - con un rigor injustificado - no la concedió. Manolete dio la vuelta al ruedo entre ovaciones y fue a saludar a los medios... Allí dejaba otra muestra de su toreo imperial...

Me llama la atención que El Tío Carlos consigne y reproche la negativa a concederle la oreja a Manolete, cuando tanto la crónica de Paquiro en La Lidia de México como la información estadística de don Luis Ruiz Quiroz refieren la concesión de ese apéndice, así que...

Por su parte, Silverio Pérez solamente mató al primero de su lote, porque el cuarto de lidia ordinaria Hormigo, le infirió una cornada penetrante de vientre que le impidió concluir su actuación. El parte médico rendido es el siguiente:

Herida por cuerno de toro con orificio de entrada de cuatro centímetros en la piel de la fosa ilíaca izquierda, interesando en una extensión ascendente de quince centímetros, la piel, tejido celular subcutáneo, el músculo oblicuo mayor, desgarrando el músculo oblicuo menos y el transverso y la grasa subperitoneal, descubriendo el fondo del saco peritoneal que se encuentra contundido. De no presentarse complicaciones, tardará en sanar veinte días. Dres. José Rojo de la Vega, Xavier Ibarra, Herrera Garduño y Huerta de la Sota.

Por su parte, don Álvaro Domecq le cortó la oreja al toro que abrió plaza, al que después de fallar con el rejón de muerte, despachó echando pie a tierra y demostrando buenas maneras de muletero y de estoqueador.

El día después

Se anunciaría en los siguientes días que el convenio taurino hispano - mexicano quedaría suspendido a partir del lunes 10 de febrero siguiente. Desde España Juan Belmonte Campoy, Domingo Dominguín, Antonio Bienvenida, Parrita y Morenito de Valencia, como dirigentes de la Unión de Matadores de España, decidieron dejar sin efectos unilateralmente ese pacto. 

Es curioso que los toreros que se opusieron al mismo, fueron aquellos que no hicieron temporada aquí en México y que al paso del tiempo se descubrió que lo que en el fondo pretendían, era evitar que Carlos Arruza hiciera temporada en sus plazas, nuevamente emparejado con Manolete, en lo que había anunciado que sería su temporada de despedida. Las relaciones se reanudarían hasta 1951.

Por su parte, David Liceaga regresaría a los ruedos el 20 de junio de 1948 en Ciudad Juárez y se mantendría activo hasta el 11 de enero de 1959, cuando toreó su última corrida en Mérida, Yucatán.

domingo, 25 de enero de 2026

26 de enero de 1902: Triunfal tarde de Antonio Fuentes y de Parrao en la antigua Plaza México

La última plaza que se levantó en la capital mexicana, después del levantamiento de la prohibición juarista, fue la que Ponciano Díaz puso en funcionamiento en la nueva calzada de Bucareli, misma que duró en funcionamiento mientras el torero con bigotes permaneció en actividad. Cuando las condiciones del inmueble comenzaron a decaer, cuenta don Lauro Rosell que Juan Jiménez Ecijano expresó su interés de edificar un nuevo coso en la Ciudad de México, para ello encargó un proyecto al ingeniero Alberto Pani, pero no se pudo materializar debido al fallecimiento del diestro andaluz a resultas de una cornada sufrida en Guadalajara, casi al final del siglo XIX.

Posteriormente, retomaron la idea de Ecijano el diestro Diego Prieto Cuatro Dedos y el banderillero Ramón López, quienes organizaron una sociedad con los señores Ángel Caso y Guillermo Cacho para adquirir un predio en el término de la Hacienda de La Condesa y edificar allí una plaza de toros. El predio se ubica en lo que entonces era Calzada de la Piedad, actual Avenida Cuauhtémoc, aproximadamente en el polígono que forma dicha vía con las calles de Guanajuato, Frontera y la Avenida Álvaro Obregón y se partió del proyecto inicial del ingeniero Pani.

La plaza, construida con madera, se proyectó inicialmente para tener un ruedo de 35 metros de diámetro, pero las autoridades exigieron que fuera de 45, por lo que el proyecto inicial se tuvo que reformar, y así, el coso se terminó con espacio para 12,000 localidades, seis corrales, 10 puertas de acceso, una de las cuales estaba destinada para la llegada de los toros a los seis corrales que tenía y la otra, para las cuadrillas, por lo que cada tendido tenía cuatro amplios accesos para los asistentes a los festejos.

La entonces Plaza México inauguró el 17 de diciembre de 1899, con los matadores Enrique Vargas Minuto y Antonio Fuentes, quienes enfrentaron 3 toros nacionales de Cazadero y 3 españoles de Cámara. Asistió el general Porfirio Díaz, Presidente de la República. Dejó de funcionar en 1910, cuando la empresa de El Toreo la tomó en arrendamiento para evitar una competencia no deseada y en 1913 fue desmantelada.

La temporada 1901 – 1902

El tercer ciclo de corridas de toros que se ofrecía en la nueva Plaza México por la empresa que encabezaba Ramón López constó de 17 corridas de toros y transitó entre el 24 de noviembre de 1901 y el 13 de abril de 1902. La totalidad de los espadas actuantes fueron hispanos y destacaron entre los contratados los nombres de Luis Mazzantini, Antonio Moreno Lagartijillo, Antonio Fuentes y Joaquín Hernández Parrao. El ganado que se lidió provino principalmente de las ganaderías mexicanas de Piedras Negras, Tepeyahualco, Parangueo, Santín, Atenco, San Diego de los Padres y El Cazadero, aunque también se lidiaron toros españoles del Marqués del Saltillo, Pablo Benjumea, Duque de Veragua, Murube, Anastasio Martín y Miura.

Creo que no es vano mencionar que las entradas fueron casi llenos en todas las tardes, de acuerdo con las diversas crónicas que pude consultar.

El beneficio de Antonio Fuentes

En esa época era práctica comúnmente aceptada que, al contratarse a un diestro importante para una temporada, se le reservara una fecha dentro de ella para que pudiera organizar una corrida en su beneficio, es decir, en la que todos los productos económicos del festejo los recaudaría ese torero. La fecha que se apartó para el diestro de La Coronela, Antonio Fuentes y Zurita, fue precisamente el 26 de enero de 1902, misma para la que, adquirió un encierro de Piedras Negras y consiguió la participación de Joaquín Hernández Parrao para enfrentarlo.

El cartel que daba a conocer la corrida tenía algunas singularidades, la primera de ellas era en el sentido de que Fuentes banderillearía a tres toros y José Moyano lo haría con otros tres. Pero también, al pie del anuncio de la ganadería, había un aviso interesante, en el sentido de que, si ninguno de los toros de lidia ordinaria era devuelto al corral, se lidiaría otro más, en obsequio al público. Es decir, se avisaba desde el principio la posibilidad de la aparición de un toro de regalo, hecho inusitado en esos días.

El encierro de Piedras Negras

La corrida que envió don José María González Muñoz para el beneficio de Antonio Fuentes puede ser calificada de notable. Ningún toro fue devuelto a los corrales y sí, en cambio, terminaron lidiándose los ocho que mandó a la plaza. Refiere Julio Bonilla Recortes en la relación que envió al semanario madrileño El Toreo, aparecido el 24 de febrero siguiente:

Los toros de Piedras Negras han acabado de cimentar su cartel con el nuevo triunfo que esa ganadería obtuvo en esta corrida... Los ocho toros que se lidiaron (porque fueron ocho, pues además del que se ofrecía en los carteles por si alguno de los seis anunciados volvía al corral, con el que serían siete, Antonio Fuentes obsequió galantemente al público con otro más, que fue el octavo), todos cumplieron en los dos primeros tercios, y llegaron bien a la muerte, sobre todo el tercero, el quinto, el sexto y el octavo, sobresaliendo éste por su nobleza y valentía... Acudieron con voluntad a los de a caballo, recibiendo los jugados en primero, cuarto y quinto lugar cuatro varas cada uno; el segundo y el tercero, cinco puyazos; el sexto, cinco; y el séptimo y octavo seis varas cada uno. Entre todos mataron catorce caballos...

No hace especial referencia a la presencia de los toros, pero quien firmó como Antolín para El Imparcial, aparecido en la capital mexicana al día siguiente de la corrida y en la relación sin firma publicada en el diario El País también de la misma fecha y lugar, pero sin firma, refieren que tres toros carecieron de la edad reglamentaria y que su juventud era manifiesta. De allí que afirme yo que la corrida fue notable y no extraordinaria.

El triunfo de Antonio Fuentes

No encontraremos en los relatos de su actuación la recolección de trofeos al por mayor, porque por aquellas calendas no había costumbre de otorgarlos. El triunfo de un torero residía en que los concurrentes a un festejo coincidieran en que éste había aprovechado debidamente las condiciones de un toro y así se lo festejaban. Agrego al caso de Fuentes en esta particular tarde, que cuando terminó con su lote ordinario, le exigieron que soltara al séptimo, porque querían seguirlo viendo. Sigue contando Recortes:

Fuentes hizo derroche de elegancia en su toreo toda la tarde... Trabajador hasta el cansancio, hasta decir basta, estuvo complaciente con el público, deseoso de escuchar palmas, contribuyendo poderosamente a levantar la afición y haciendo que el entusiasmo se desbordara a torrentes...

Por su parte, quien firmó P.P. Luis, para el Diario del Hogar del 28 de enero siguiente, refiere:

Inusitado entusiasmo despertó el beneficio de Antonio Fuentes, el diestro que actualmente goza de mayores simpatías ganadas en buena lid, concienzudo trabajo y complacencia y gratitud para el público... Su corrida de gracia difícilmente se olvidará; hizo derroche de valor y destreza, trabajando como siempre, con deseos de quedar bien y haciendo lo que el público pedía… En banderillas estuvo a gran altura; colocó seis pares al quiebro y tres al cuarteo, habiendo un solo toro al que colocó cuatro pares al quiebro... Es su trabajo con la muleta ya no hay más que pedir: todos saben lo que vale la mano izquierda de Fuentes... En quites, espléndido, consumando dos verdaderamente de mérito… Con el acero, despachó a sus cuatro bichos de cuatro volapiés, un pinchazo y un descabello a la primera… En los carteles el beneficiado ofreció un séptimo toro, si los seis anunciados resultaban buenos; pero lidiado el séptimo ofrecido hubo quien pidiera otro, y sin vacilaciones ni disculpas. Fuentes lo mandó echar al ruedo... Toda la tarde fue de ovaciones para el diestro; recibió valiosos regalos y fue al fin sacado en hombros de sus admiradores hasta la carretela...

Así, Antonio Fuentes estuvo entregado esa tarde, pero también la concurrencia se le entregó. Fue un domingo redondo para todos.

La buena tarde de Parrao

Joaquín Hernández había tenido un par de tardes de altibajos en la temporada, pero en esta del beneficio de su coterráneo Antonio Fuentes, pudo revalorizar su posición ante la afición de la Ciudad de México. La cúspide de su tarde se produjo cuando le fue cedida la muerte del octavo toro – segundo regalo – donde pudo demostrar que tenía aptitudes para ocupar espacios en una temporada de la importancia de la que nos entretiene por ahora. Refiere el citado Recortes:

“Parrao”. – Colaboró con buen éxito al lado de Fuentes para que la corrida resultara magnífica, la que ha sido calificada como la mejor de la temporada… Con el capote estuvo trabajador, dando varias verónicas parando y ceñido... Hizo dos quites grandiosos, uno de ellos en el tercer toro, en que, habiendo caído al descubierto Agujetas, metió el capote en la cara del toro, quitándolo del lugar del peligro; pero como la res hiciera nuevamente por el picador, Parrao arrojó el trapo y terminó este quite coleando y adornándose al final... Todo el público se levantó de sus asientos, y tributó al diestro ruidosísima y merecida ovación... En el cuarto turo hizo otro quite magnífico, escuchando nuevos aplausos... Al mismo toro lo toreó con lucimiento capote al brazo... Pero en el octavo toro, en que Fuentes lo dejó dueño de la situación, dando muestras de ser buen compañero, rasgo que le valió a Antonio elogios del público, Parrao estuvo hecho un héroe... En el último toro, que brindó a Fuentes, después de haberle colocado dos magníficos pares de banderillas, como quedó dicho, empleó una faena lucidísima, demostrando conocimientos, valor y arte... Durante la faena de Parrao hasta que dio muerte al último toro, el público aplaudió con entusiasmo...

Al final, Parrao fue llevado en hombros junto con Antonio Fuentes hasta su transporte. Fue también para él una tarde triunfal.

El inicio del cierre de la temporada

La prensa anunciaba ya que, para el siguiente domingo, el 2 de febrero de ese 1902, se daría otro beneficio, en este caso el del empresario Ramón López. Para la ocasión, se anunciaban 2 toros del Duque de Veragua y 6 de Tepeyahualco, para Luis Mazzantini, Lagartijillo, Antonio Fuentes y Parrao

Y es que, siendo los cuatro toreros que más fechas habían reunido en el ciclo, seguramente eran los que también tenían expectativas de contratarse en las ferias españolas, por lo que preparaban ya su regreso a la península. 

Así fue pues, la historia de un festejo triunfal que me parece singular.

domingo, 23 de febrero de 2025

24 de febrero de 1963: En la confirmación de Curro Romero, el triunfo es para Joselito Huerta


Curro Romero es un torero que tiene una legión de seguidores, aún cuando ya hace casi un cuarto de siglo que, sin anunciarlo previamente, toreó su último festejo un 22 de octubre en la plaza de La Algaba. Cuando vino a México por primera vez, hace sesenta y dos años, su hacer en los ruedos ya tenía visos de leyenda, fuera porque los aficionados mexicanos que viajaban a presenciar las ferias españolas traían versiones en tal sentido o por las escenas de su arte que se podían contemplar esporádicamente en los noticieros cinematográficos. La realidad es que cuando se le anunció como parte del elenco que se presentaría en aquella singular temporada que se daría a plaza partida, tanto en la Plaza México, como en el Toreo de Cuatro Caminos en el invierno que mediaría entre 1962 y 1963, había interés por conocerle.

Curro Romero actuó por primera vez en plazas mexicanas el domingo 17 de febrero de ese 1963, en El Progreso de Guadalajara, alternando con Luis Procuna y Joselito Huerta en la lidia de toros de Torrecilla. La crónica que del festejo escribió Enrique Aceves Latiguillo para el diario El Informador, refleja lo siguiente:

Este diestro español todo lo que tiene de buena clase, lo tiene de pésimo estoqueador. Ayer nos demostró que sabe torear estupendamente con el percal y que maneja la pañosa con temple y mando; pero también nos demostró que a la hora de la verdad “se va de este mundo”, voltea la cara horrorosamente y tira la puñalada sin saber a ciencia cierta hacia dónde va dirigida, siendo esta la razón por la cual perdió la oreja de su segundo enemigo y hasta escuchó un bocinazo de la autoridad...

Como se puede ver, pese a sus fallas con la espada, causó una buena impresión al público tapatío, que llenó los tendidos de la plaza aledaña al Hospicio Cabañas y aguantó a pie firme una tarde que pudo ser histórica si el viento no hubiera impedido mejores hazañas a los diestros alternantes.

La 12ª corrida de la temporada 1962 – 63

El derecho de apartado de la Plaza México concluía el 24 de febrero de 1963 y con ese festejo, también se ponía fin a la actividad en ese escenario, para continuar posteriormente en el Toreo de Cuatro Caminos. Ese festejo final se ofrecía precisamente con la confirmación de Curro Romero, apadrinado por el linarense Humberto Moro y con el testimonio de Joselito Huerta, enfrentando la terna un encierro tlaxcalteca de La Laguna. La plaza registró una muy buena entrada, afirmando don Alfonso de Icaza Ojo, que era tan buena como en los domingos anteriores y preguntándose qué sucedería en Cuatro Caminos con esas concurrencias, si apenas aforaba la mitad que la México.

El primer toro de la corrida se llamó Tablajero, fue negro, y la tablilla le anunció 446 kilos, aunque el cronista de El Redondel le señalaba que era algo sacudido de carnes. Ese fue el toro de la confirmación. La actuación de Curro Romero esa tarde es resumida por quien firma como Juan de Dios, corresponsal del semanario madrileño El Ruedo, en el ejemplar salido el 7 de marzo siguiente, de esta manera:

Lo vimos nervioso – cosa natural – en el toro de la confirmación de alternativa… En su segundo, Curro engarza varias verónicas extraordinarias. Con la máxima expectación se esperaba al último tercio. Empezó bien Curro, con unos muletazos que llevaban el sello de la casa, pero entre un derrote feo que hizo el lagunero, que se quedó sin fuerzas, como sus hermanitos, y que se levantó un aire del diablo, Curro optó por abreviar, y lo consiguió con un estoconazo algo caído, pero de efectos rápidos…

La versión contenida en El Redondel va más en el sentido de que en el primero de su lote la cosa terminó en una bronca de medianas proporciones y su hacer ante el sexto de la corrida, terminó entre división de opiniones, porque al final, coincidiendo con el corresponsal de El Ruedo en que fue apenas un ramillete de lances fundamentales los que aprobaron los parroquianos congregados en esa señalada corrida de toros.

Joselito Huerta, un león en el quinto de la corrida

Uno de los toreros mexicanos que más se han distinguido por defender el sitio que han conquistado delante de los toros y por su entrega, garra y tesón, es precisamente el llamado León de Tetela, Joselito Huerta. El encierro de La Laguna se había distinguido por su sosería, lo que dejaba a los diestros que lo enfrentaron el poner el resto para generar la emoción que hace estremecer a los tendidos. Así lo entendió José, y lo llevó a la práctica en el segundo de su lote, Tecolote, quinto de la tarde, ante el cual, fue visto así por Ojo, cronista del semanario El Redondel:

Joselito Huerta, después de un pase inicial, liga tres buenos derechazos que le valen calurosas palmas. Establece un intermedio en su faena que reanuda corriendo bien la mano y rematando sus pases por abajo con un forzado de pecho… El toro ha tomado bien la muleta y José sigue toreando a gusto haciendo que los aplausos y los olés alegren su meritorio trasteo. Nuevo intermedio y después de un ligero tropiezo motivado por el aire, viene un buen pase, seguido de un achuchón. Cambia de mano el espada y manda bien con la zurda, sin ceñirse mayormente. Hay un pase completísimo que remata con un molinete… Solo, en medio del anillo, sigue muleteando Joselito Huerta con tanta confianza como dominio y cuando quiere entrar a herir, el público se opone. Más naturales, cites a corta distancia, un abaniqueo por delante, un doblón y la cogida, sin más consecuencias que la voltereta. Toreo por alto, molinetes y por final de cuentas una estocada desprendida hasta el puño, que hace doblar. Ovación clamorosa, millares de pañuelos pidiendo la oreja y concesión de un apéndice con que el diestro poblano, que como quiera que sea ha salvado la corrida, da la vuelta al ruedo devolviendo sombreros y prendas de vestir…

La cabeza de la primera plana de El Redondel señala que es Joselito Huerta el salvador de la corrida de ese domingo; igual encabezado lleva la crónica que Don Neto hizo para la AFP. La realidad es que cuando los toros no provocan la emoción en el ruedo, es complicado que los toreros, por sí mismos generen esa sensación sin la colaboración de los astados.

Lo que sí es de resaltarse, es el hecho de que, como aficionados, tenemos que aceptar que cuando el torero considera que debe montar la espada, por mucho que deseemos seguirle viendo torear, debemos respetar esa decisión. En la relación de Alfonso de Icaza se advierte que Huerta, por hacer caso a un sector del público, desistió de su idea de ir tras la espada y por ello, se llevó un achuchón, para concluir con una estocada defectuosa. Quizás, si hubiera concluido en el momento que él había determinado, de otra cosa estuviéramos comentando.

Humberto Moro y un toro de regalo

Humberto Moro se vio en la necesidad de regalar un toro, Sevillano de Coaxamalucan, ante el cual tuvo una actuación de altibajos y con la que pudo saldar medianamente una tarde que se apuntaba como un fracaso. Escribió el cronista de El Redondel:

Moro inicia su faena con un doblón y a renglón seguido liga cuatro derechazos en los que corre la mano con primor. Le estorba una banderilla, pero otra vez corre la mano en pases a todas luces meritorios. Muchas palmas. Con la zurda no se luce tanto porque el toro va perdiendo gas y cuando estaba a punto de ser desarmado lo evita agarrando casi en el aire la muleta. Nuevos derechazos meritorios, uno de ellos de dos vueltas y un desarme efectivo. Dos pases excelentes; otro espectacular citando a distancia y después de cambiarse la muleta de mano al estilo de Gaona, remata con un pase de pecho. Siguen los derechazos y ya con la gente a su favor Humberto Moro vuelve a ser el de antes, pero, como en su primera corrida, prolonga demasiado su faena, a la que pone fin de un pinchazo sin soltar y una estocada casi entera en buen sitio, perdiendo el engaño en el embroque…

Así fue como terminó una corrida de toros que, en el papel parecía que podía ser histórica y al final quedó como una mera efeméride, porque las cosas se acomodaron de tal manera, que los grandes hechos no se pudieron producir.

Curro Romero en México

Decía al inicio que en México hay una importante legión de curristas, y, sin embargo, Curro Romero actuó en nuestras plazas apenas siete tardes esparcidas en tres décadas distintas. En el año de 1963, ya señalaba que se presentó en Guadalajara el 17 de febrero y que confirmó en la Plaza México el día que hoy me ocupa en este espacio. Reaparecería hasta el 17 de marzo, en Monterrey, alternando con Joselito Huerta y Felipe Rosas, en la lidia de toros, otra vez de La Laguna y terminaría ese ciclo el 24 de marzo en el Toreo de Cuatro Caminos, completando el cartel Manuel Capetillo, Santiago Martín El Viti y Víctor Huerta, enfrentando la cuarteta toros de Tequisquiapan, de don Fernando de la Mora Madaleno.

Joselito Huerta, Dr. Raúl Gómez Alanís, Curro Romero, Felipe Rosas
Monterrey, 17 de marzo de 1963
© Archivo Manolo Saucedo - Cortesía: Francisco Tijerina Elguezabal

Retornaría una segunda oportunidad hasta el año de 1981, para presentarse en la plaza de Pachuca, el 20 de noviembre, alternando en la lidia de toros de don Javier Garfias con Antonio Chenel Antoñete, Manolo Espinosa Armillita y Jesús Solórzano, en corrida que fue televisada a nivel nacional y el día 22 siguiente, se presentaría en San Luis Potosí, para compartir cartel con Jesús Solórzano y Miguel Espinosa Armillita Chico, siendo los toros también de don Javier Garfias. Su actuación final en nuestras tierras tendría lugar el 5 de diciembre de 1992 en Querétaro, plaza en la que le otorgó la alternativa a Rodrigo Galguera, en presencia de Miguel Espinosa Armillita Chico, con toros de Lebrija. 

Esa ha sido la brevísima trayectoria en México, de un torero que, sin lugar a dudas, ha construido en los ruedos y fuera de ellos, una de las leyendas más sólidas que se reconocen en el llamado planeta de los toros.

domingo, 9 de febrero de 2025

10 de febrero de 1980: Aciago final de la única campaña mexicana de Rafael de Paula


Cuenta Andrés Luque Gago en sus memorias toreras que para la temporada invernal 1979 – 80, José Ignacio Sánchez Mejías y Manolo Chopera, apoderados de Rafael de Paula, le arreglaron una gira por plazas americanas:

Podría decirse que Rafael de Paula fue un premio final a mi larga trayectoria, un lujo para cualquier banderillero... Lo apoderaban Manolo Chopera y José Ignacio Sánchez Mejías, de lo que podría deducirse que fue éste quien propició la llamada de su hermano Pepe a principios de 1979. Me aseguró que tenían previstas unas cincuenta corridas en España y unas diez en América y que iría a aquel continente con él... No estaba seguro de que pudiese torear tantas corridas, el año anterior se había lesionado la rodilla, afectada de un problema congénito, en la plaza de toros de Bayona... (Andrés Luque Gago en Recuerdos de un torero, 2011)

Dadas las circunstancias, podía suponerse válidamente que las fechas americanas a las que hace referencia don Andrés tendrían verificativo en las plazas que sus apoderados controlaban ya en aquellos días al Sur del Ecuador. Pero al menos para quienes en esos días residíamos en la capital mexicana, el miércoles 24 o el jueves 25 de enero de 1980, el doctor Alfonso Gaona, al presentar el cartel de la séptima corrida de la temporada 1979 – 80 de la Plaza México, sorprendió a todos anunciando la confirmación de alternativa de Rafael de Paula para el domingo 27 siguiente, quien no estaba anunciado en el elenco del derecho de apartado.

La tarde de la confirmación de Rafael de Paula queda así, como una fecha señalada en la historia del toreo, pero sin ningún hecho artístico resaltable para contar. Por cuestiones del convenio, el torero jerezano tenía que actuar al menos en tres corridas aquí en México, así que el siguiente domingo 3 de febrero, en Acapulco, toreó mano a mano con Miguel Espinosa Armillita Chico, lidiando dos toros de Villa Carmela y otros dos de Peñuelas y las cosas quedaron listas para que terminara su paso por nuestros ruedos el 10 de febrero, nuevamente en la Plaza México.

La novena corrida de la temporada 1979 – 80 

Para ese domingo 10 de febrero de 1980, el doctor Gaona anunció un encierro de Rancho Seco, que festejaba el cincuentenario de su presentación en la capital de México, para Rafael de Paula, Curro Rivera y Miguel Espinosa Armillita Chico. No debo dejar de decir que quienes estuvimos en posibilidad de asistir a esa corrida esperábamos que el torero gitano nos retribuyera lo que había dejado pendiente dos semanas antes, pero en los hechos, la realidad fue bien distinta.

Escribe Carlos Loret de Mola Médiz, firmando como Luis Soleares, en el diario tapatío El Informador del día siguiente al de la corrida:

Rafael de Paula naufragó ante sus dos enemigos y escuchó una bronca de órdago después de cada uno de ellos, con multitudinario coro de “¡ratero, ratero!”. El juez, además, lo multó con cinco mil pesos por su desaprensiva actuación con el primero, y con diez mil por su segundo fraude al público, con el cuarto. Un verdadero desastre. Su segundo adversario era burriciego; pero el primero pasaba bien, y Paula lo eludió y mató rápidamente… ¿Qué de bueno podría decir de Rafael de Paula? Ni siquiera el terno: un vino obscuro con adornos negros, como si estuviera de luto por su actuación. Ni una sonrisa, ni un lance, ni un pase. Lo que se llama nada. Al primero debió torearlo. Era imperativo categórico de dignidad hacerlo, porque se trataba de un ejemplar de respeto y calidad. Sólo le espantó las moscas huyendo de él, y le sepultó la espada desprendida para una muerte fulminante y cruenta. Bronca grave y multa de cinco mil pesos. El cuarto era burriciego, pero “El Gitano” huyó de su embestida igual que había hecho con el anterior. Le metió una estocada trasera y luego otra delantera. Con los dos estoques puestos, el toro se entregó, mientras el ruedo se cubría de cojines, envases de cerveza e injurias. Paula es, o era un diestro fino con el capote. Desigual y miedoso, tenía sin embargo actuaciones artísticas. En la Feria de San Isidro en Madrid – mayo de 1979 –, probablemente perdió el sitio al ser peligrosamente cogido en su segunda actuación, tras una tarde de éxito para él. Lo de ahora denota que no ha recuperado el aplomo. Ojalá tenga un mañana, lo que, por lo que a México se refiere, parece imposible…

Loret de Mola no es ni comedido ni piadoso con su narración de lo sucedido esa tarde. Estuve presente en la plaza y creo que es una de las broncas más grandes que he tenido oportunidad de ver en casi seis décadas de ver toros. Y es que el torero simplemente salió a despachar a sus toros sin mayor trámite. Entiendo que, como dice don Daniel Medina de la Serna, eran en principio a contraestilo, pero apenas entró en probaturas antes de montar la espada.

Otra cuestión que aborda Luis Soleares es la de la probable falta de sitio a causa de las crónicas y recurrentes lesiones de rodillas que padecía el torero de etnia gitana. Cita en particular un percance sufrido el 26 de mayo de 1979, en la Feria de San Isidro de Madrid, en una corrida en la que Rafael de Paula se había quedado con tres toros de la corrida y en un alarde de torería, realizó un quite a un toro con peligro, yéndose él también a la enfermería, y quedando trunco el festejo. En esa oportunidad, en principio, se le diagnosticó una conmoción cerebral, aunque posteriormente se le detectó esa lesión articular.

Por su parte, don Andrés Luque Gago, quien decíamos, venía como peón de confianza del torero, cita también la cuestión de la lesión articular en sus memorias toreras, pero ya decíamos que fija el origen de la misma en un festejo celebrado en la plaza francesa de Bayona y de estos festejos en la Plaza México, recuerda:

Como estaba previsto, viajamos a América, a Colombia y a Méjico, donde cumplí un viejo sueño, torear en la Plaza Monumental... La ruptura de los convenios había impedido que hubiese toreado allí antes... Creí que ya no lo haría nunca... Toreamos dos corridas en la Monumental de Méjico y los toros no ayudaron, salieron con poco recorrido, escaso juego, e incluso con peligro sordo. Llevé el peso de la lidia en los cuatro, y les pude... Me proclamaron banderillero triunfador de la temporada y me concedieron el trofeo correspondiente...

Efectivamente, Andrés Luque Gago fue el ganador del Trofeo Domecq al mejor peón de brega de esa temporada y en ese par de tardes si alguien brilló fue precisamente este gran torero de plata, quien derrochó torería a raudales.

Los ecos de una tarde desdichada

Los sucesos de esta corrida de toros no se quedaron para consumo local. El diario ABC de Madrid les dedicó un espacio en su sección La Fiesta Nacional en su edición del 13 de febrero de 1980, en el siguiente tenor:

México, 12 (EFE). – Casi toda la crítica mexicana coincide en calificar pésimamente la labor del torero Rafael de Paula en su última actuación en el coso de la capital azteca… «Por favor, no más arte gitano». «¡Qué malo es!». «Gran bronca armó De Paula en la México». «El gitano De Paula, bandido tramposo de siete suelas», son algunos de los titulares que hoy comentan el fracaso del torero jerezano… En cuanto a la multa por 15,000 pesos (unas 45,000 pesetas) que el presidente de la corrida, Jesús Dávila impuso ayer al diestro «calé», se dividen las opiniones, pues una mayoría opina que, de acuerdo con el Reglamento, la sanción, e inclusiva el arresto, solamente caben cuando el torero falta al respeto al público o a la autoridad… Dávila explicó que: «a su juicio no sólo se falta al respeto al público cuando el torero se encara con él, sino cuando no pone de su parte ni un mínimo esfuerzo para cumplir con decoro»…

No debo dejar de aclarar que el jefe de la información taurina del ABC madrileño era en esos días Vicente Zabala Portolés y que, en esos tiempos, Rafael de Paula no era precisamente, uno de los toreros de su estimación. Tanto así que el día aquel de la faena del toro de Martínez Benavides en Madrid, escribía que la plaza de Las Ventas había sido rebajada a ser un inmenso tablao flamenco… Entonces, tenía árbol caído para hacer leña.

Una reflexión final del torero

En una interesantísima entrevista realizada por José Antonio Ayuste, Rafael de Paula se autodefine en la siguiente forma:

Yo podré haber sido mejor o peor torero, pero de lo que estoy seguro es de que el torero de más mérito en la historia del Toreo he sido yo. He sufrido mucho con mis rodillas. Operaciones, problemas..., y por culpa de mis maltrechas rodillas siempre he estado a merced de los toros. Muchas veces me he dicho delante del toro que sea lo que Dios quiera. Estoy convencido de que yo podría haber sido un torero de historia. Con mis condiciones de torero estoy convencido de que podría haber entrado en la historia del Toreo. Un torero inválido, como he sido yo, ha matado siete corridas de seis toros. Respecto a si me he dejado algo en el tintero, he de decirte que por supuesto que sí. Los toreros se retiran sin haber hecho su faena soñada. Sin haberse realizado completamente. Los toreros se mueren sin entender completamente el misterio del toreo. Ni siquiera aquellos que han pasado a la historia por haber sido los más listos e inteligentes. El toreo es un misterio que nadie ha logrado entender jamás…

Así ha sido el paso de uno de los grandes genios del toreo que han pisado el ruedo de la plaza de toros más grande del mundo, hace 45 años.

domingo, 10 de noviembre de 2024

5 de noviembre de 1994: Entre César Pastor y Joselito, Teodoro Gómez se alza con el triunfo en el Toreo de Cuatro Caminos

El Toreo de Cuatro Caminos se inauguró el 23 de noviembre de 1947 y funcionó con intermitencia hasta 1968, año en el que se anunció que sería cubierta para permitir su utilización en diverso tipo de espectáculos aparte de los festejos taurinos, que serían más cómodos, pues no serían molestados por el viento o la lluvia. La última corrida que se dio en esa primera etapa de su existencia fue el 29 de diciembre de 1968 y fue un mano a mano que sostuvieron Manolo Martínez y Eloy Cavazos ante seis toros de Javier Garfias.

Al iniciar 1969 se cerró para intensificar los trabajos de colocación de una estructura metálica que sostendría la techumbre y que tardó muchos años en ser terminada y una vez concluida. Pasarían 26 años para que se reabriera con una corrida y el cartel para la ocasión fue integrado por José Mari Manzanares, Manolo Arruza, Fermín Espinosa Armillita y Pepín Liria, quienes el 15 de octubre de 1994, dieron cuenta de ocho toros de Vistahermosa.

Pero antes, al menos de manera pública, en el mes de agosto de ese 1994, se ofreció un festival taurino en el que actuaron el rejoneador Rodrigo Santos, Joselito Huerta, Eloy Cavazos, Mariano Ramos, David Silveti y Jorge Gutiérrez ante novillos de José Julián Llaguno. Ese festejo tuvo la finalidad de allegar fondos a un partido político (PRI). En el ejemplar del semanario madrileño El Ruedo fechado el 16 de agosto de ese año, el corresponsal Tadeo Alcina Rivera, refiere entre otras cuestiones:

Después de haber permanecido durante 25 años cerrada a espectáculos taurinos la plaza de Toros “EL TOREO DE CUATRO CAMINOS”, que se encuentra casi ya en la Capital de México, fue reabierta para ofrecer un festival taurino para recabar fondos que serán adjudicados al partido político en el poder (PRI); para tal efecto se preparó un gran cartel encabezándolo el rejoneador Rodrigo Santos y a pie el matador de toros Joselito Huerta (dos orejas), Eloy Cavazos (dos orejas), Mariano Ramos (rabo), David Silveti (vuelta), Jorge Gutiérrez (oreja). Cabe mencionar que durante el mes de octubre comenzarán a realizarse festejos en esta plaza, las corridas se darán en sábado para evitar la competencia con la Plaza Monumental México... El empresario de dicho coso es EDGARDO MEADE GARFIAS, quién al parecer está en tratos con “EL CAPEA”, JULIO APARICIO, MIGUEL BÁEZ “LITRI”, “ESPARTACO” y posiblemente “EL CORDOBÉS” entre los diestros mexicanos están los jóvenes Arturo Gilio y Eulalio López “El Zotoluco” ... Por desgracia durante el festival antes mencionado, en el enchiqueramiento fue corneado por un toro de José Julián Llaguno el torilero Jaime Ramírez, quien recibió tres cornadas una en el tórax, otra en la pierna y una en la cabeza, dos de ellas eran mortales de necesidad, por lo que al día siguiente falleció en un hospital de esta capital...

Al final de cuentas, el elenco presentado por la empresa organizadora de los festejos en Cuatro Caminos, que efectivamente iniciaron en octubre de hace 30 años, se formó con los diestros hispanos José Mari Manzanares, Pepín Liria, Manolo Cortés, José Miguel Arroyo Joselito, Fernando Lozano, y Vicente Barrera; por los nacionales participaron Manolo Arruza, Fermín Espinosa Armillita, Alejandro Silveti, César Pastor, Manuel Capetillo hijo, Teodoro Gómez, Enrique Garza, Jorge de Jesús El Glison, Eloy Cavazos, Joselito Ruiz y recibieron la alternativa Carlos Rondero y Rogelio Treviño

Los rejoneadores que se presentaron en la temporada, dentro de la Gira del Arte del Rejoneo Bancrecer – Banoro fueron Jorge Hernández Andrés, Gerardo Trueba, Rodrigo Santos, Enrique Fraga y fueron alternativados en ese ruedo Giovanni Aloi y José Antonio Hernández Andrés. Los toros que se lidiaron en todos los festejos procedieron de Vistahermosa (14), Montecristo (7), Julio Delgado (6), Marco Garfias (8), Santo Domingo (7), San Martín (8), Arroyo Zarco (6), Real de Saltillo (6), Teófilo Gómez (2), Guanamé (1), Jesús Cabrera (1) y para los festejos de rejones los toros fueron de La Guadalupana (6) y El Junco (6).

La cuarta corrida de la temporada 94 – 95 

Para la tarde del sábado 5 de noviembre de 1994 se anunció un encierro de Vistahermosa para César Pastor, José Miguel Arroyo Joselito y el moreliano Teodoro Gómez. El madrileño reaparecía después de haber cortado una oreja el sábado anterior a un toro de Teófilo Gómez, que se vio precisado a regalar dada la desesperante debilidad de los de Julio Delgado que salieron al ruedo esa tarde. El cronista de la agencia EFE, remitió al ABC de Madrid la siguiente relación sobre la tarde que nos ocupa:

El diestro mexicano Teodoro Gómez, que cortó una oreja, fue el triunfador de la cuarta corrida del serial en la plaza de toros El Toreo a las puertas de esta capital, celebrada el sábado, en la que actuó el español José Miguel Arroyo «Joselito», que luchó con un lote problemático y fue ovacionado... Al conjuro del madrileño, el serial tomó otro sendero y en esta ocasión mejoró muchísimo la entrada, poco más de media plaza, y se corrieron seis toros de Vistahermosa, debiluchos que deslucieron el festejo y uno de Teófilo Gómez que cumplió... El mexicano César Pastor con el primero, toro con clase, pero sin fuerza, tuvo destellos toreros y saludó en el tercio; con el cuarto, bien con el capote, banderillas y trasteo ante un ejemplar sin problemas, pero muy pegado al piso. Lo mató de estocada para escuchar palmas. Regaló un séptimo, el de Teófilo Gómez, aplausos con el capote y faena voluntariosa, para ser aplaudido... «Joselito» la armó con el capote con el primero en verónicas y dos medias colosales. El toro recibió un puyazo y se acobardó, se paró y, además, con recorrido, espión, no obstante Joselito le expuso y lo mató de estocada, para saludar en el tercio. El quinto, un toro cuajado, bien con el capote, inició su trasteo con siete muletazos, sentado en el estribo y un remate muy torero. El toro cambió de lidia, tuvo muchos problemas, estaba con el torero y el madrileño valiente, le sacó los pases y lo mató de estocada para salir al tercio con algunos injustos pitos... Gómez tuvo el mejor astado del encierro, el tercero, al que toreo espléndidamente con el capote en verónicas y chicuelinas, trasteo que ya no tuvo el mismo nivel, pues la res se paró y mató de tres pinchazos y estocada. Aplausos en los medios. Se superó en el sexto, al que toreó muy bien con el capote, faena valiente hasta ser cogido sin consecuencias, le sacó los pases a fuerza y lo mató de estocada tirándose por derecho. Una oreja y vuelta al ruedo...

De acuerdo con lo que contó en su día el relator de EFE, la entrada mejoró considerablemente, porque se podían leer y escuchar reiteradas quejas de que el escenario era de acceso difícil y que su interior era lóbrego, por la manera en la que se concluyó su techumbre. Sin embargo, cuando hay imaginación en la confección de los carteles, no es complicado conseguir que la afición ocurra a las plazas.

Otros hechos de esa breve temporada

El 19 de noviembre de 1994, en la sexta corrida del serial, misma en la que actuaron Fernando Lozano, Enrique Garza, Teodoro Gómez y Pepín Liria ante toros de Santo Domingo (7) y Jesús Cabrera, se rindió un sentido homenaje a Paco Camino en reconocimiento y recuerdo a las brillantes tardes que tuvo en ese ruedo tres décadas antes cuando se presentó por primera vez ante la afición mexicana. Se le entregó una placa conmemorativa por ese aniversario y dio una emotiva y aclamada vuelta al ruedo en la que fuera, quizás, la mejor entrada de esa temporada.

Por otra parte, retumbó en los medios la diatriba de Rafael Herrerías en el sentido de que toreros y ganaderos que hayan participado en la temporada de Cuatro Caminos no volverían a pisar la Plaza México mientras él estuviera al frente de la empresa que la llevaba. Herrerías cumplió a medias y en episodios su advertencia. La mayoría de los toreros volvieron alguna vez a la gran plaza, pero otros se quedaron sin torear allí hasta el final de sus carreras.

La temporada terminó el 7 de enero de 1995 con el segundo festejo de rejones y el Toreo de Cuatro Caminos volvió a cerrar sus puertas. No se volvería a abrir sino hasta el 28 de abril de 1996, para dar inicio a una accidentada temporada que llegó a los diez festejos. La última corrida de toros que se dio allí y que fue la de la no anunciada despedida del coso como escenario taurino, contó con las actuaciones del rejoneador Pedro Louceiro hijo y los matadores Javier Escobar El Fraile, Manolo García Méndez y Manolo Sánchez, quienes dieron cuenta de siete toros de Quiriceo

Después de esta fecha, el Toreo de Cuatro Caminos no volvió a funcionar como plaza de toros y en agosto de 2008 se inició su demolición, hoy quizás sería la alternativa para ofrecer festejos en la zona conurbada de la Ciudad de México sin las restricciones de carácter político que se imponen en la capital mexicana, pero los intereses económicos se impusieron, como siempre, a los de la fiesta, y así, actualmente, se ubica un centro comercial en el sitio que ocupó.

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