Mostrando entradas con la etiqueta Niño de la Capea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Niño de la Capea. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de julio de 2026

25 de julio de 1969: Antonio Lomelín se presenta en ruedos de España

1969 fue el año de la guerrilla, la temporada en la que El Cordobés y Palomo Linares se organizaron una temporada paralela para contrarrestar la presión de empresarios como los Chopera, Canorea, Livinio Stuyck, Emilio Miranda y los Dominguín, quienes pretendían contratarlos con honorarios sujetos a un tope predeterminado y firmándoles las fechas en bloque.

Entonces, los dos diestros, que en las dos temporadas anteriores tuvieron entre ellos sus más y sus menos, unieron sus fuerzas, tomaron en arrendamiento muchas plazas de segunda y tercera categoría y se hicieron de una portátil para recorrer toda la geografía española sacando la vuelta a los empresarios que quisieron poner freno a sus pretensiones económicas – principalmente – y taurinas. 

Para ello, contaron con un amplio despliegue publicitario en los distintos medios, con el diario madrileño Pueblo y su director y jefe de información taurina, Emilio Romero a la cabeza, que fue quien bautizó la insurrección como La Guerrilla.

En ese estado de cosas, hubo muchos toros en España ese año de gracia, 625 corridas de toros se dieron y 375 novilladas con picadores. Así, los toreros hispanos tuvieron muchas fechas por cubrir y eso se reflejó en una escasa presencia de los nuestros por aquellas calendas, porque apenas se presentaron en esos ruedos tres matadores de toros: Manolo Martínez, Alfredo Leal y Antonio Lomelín; un rejoneador, Gastón Santos y un novillero, Luis Procuna hijo.

Antonio Lomelín bajo el signo de Arruza

Antonio Lomelín había recibido la alternativa en Irapuato el 20 de noviembre de 1967 y la confirmó en la Plaza México el 18 de febrero siguiente. Fue avanzando en una carrera en la que comenzaba a sacar la cabeza, apoyado en un valor a toda prueba, su facilidad con los palos en el segundo tercio y su impresionante habilidad como estoqueador. Los medios mexicanos comentaron con brevedad que, en mayo de 1969, asistiría a varios festejos de la Feria de San Isidro en Madrid.

La crónica de quien firmó como Claridades – no confundir con Fernando Gillis – en el Diario de Barcelona del día siguiente al del festejo, parece confirmar la especie:

Antonio Lomelín vino a España para ver 1a feria de San Isidro. Le acompaña un hijo de Silverio Pérez, ingeniero agrónomo, que mata el gusanillo de la afición toreando en festivales. Lomelín tomó la alternativa en la plaza de Irapuato (Estado de Guanajuato), el 20 de noviembre de 1967 de manos de Manuel Capetillo. «Haré lo posible – me dice – por cortar las orejas esta tarde»...

Bien arropado llegaba a tierras hispanas el diestro de Acapulco y también contó con la habilidad de quien le llevaba sus asuntos entonces, Manuel del Pozo Rayito, porque de ser un viaje de mera toma de contacto con el ambiente taurino español, terminó por arreglarle una brevísima campaña por aquellas tierras, que terminó por abrirle puertas para la siguiente temporada, que sería de capital importancia para él.

La fecha escogida, el día de Santiago Apóstol, taurinamente en Barcelona, encerraba una efeméride importante. Sigue contando Claridades:

Día de Santiago. Ha transcurrido un cuarto de siglo de la presentación de Arruza en Barcelona. Corría el 1944. El refuerzo de los turistas no contaba para nada. La entrada fue mezquina. Pero el éxito arrollador de Arruza y el triunfo de Mario Cabré fue como un toque que pone en actitud de alerta a una multitud. Cinco días después para ver a Arruza con Domingo Ortega y «El Andaluz» no se encontraba una entrada ni en reventa. A ningún precio... No se me olvidará jamás. Una afición jubilosa, de febril entusiasmo, aupaba a hombros a Arruza y Cabré por la avenida de José Antonio. Al llegar frente al hotel Ritz, detiene sus trémulos pasos la multitud. Arruza y Mario Cabré se abrazan emocionados. Es un símbolo veraz que hermana la gloria taurina de ambos países. Es la más auténtica propaganda, no la estúpida que manejan con incongruente constancia los toreros actuales... Al cuarto de siglo va a debutar en España un compatriota del inolvidable Arruza. Descansa en una habitación del Ritz. Contemplo la calle por el ventanal de se alojamiento. Le digo al torero mejicano: «Sensible el público a las proezas que habían realizado Arruza y Cabré, los fue aclamando con vítores de frenesí hasta el hotel». Lomelín me escucha inmóvil...

Así pues, un cuarto de siglo después de que Carlos Arruza se presentara en la Monumental de Barcelona, otro torero mexicano hacía lo propio en el mismo ruedo. Cuando Antonio Lomelín confirmó en Madrid, Antonio Abad Ojuel comparaba la sorpresa que el Ciclón Mexicano causó el día de su presentación allí, con la que el diestro acapulqueño produjo en la misma situación.

La corrida de su presentación

Para ese jueves de Santiago se anunciaron toros de Pilar Sánchez Cobaleda (1º y 6º); María Sánchez Cobaleda (2º y 4º) y Manuel Sánchez Cobaleda (3º y 5º), procediendo el de rejones, también de este último hierro, todos del encaste Vega – Villar. El cuarto de la corrida fue devuelto a los corrales por haber aparentado estar reparado de la vista, y fue sustituido por uno de María Antonia Fonseca Herrero. El cartel de toreros se integró por el rejoneador mexicano Gastón Santos, y en la lidia ordinaria el chiclanero Adolfo Ávila El Paquiro, Antonio Lomelín y el diestro de Trigueros Pablo Gómez Terrón.

La tarde de Antonio Lomelín fue bien saldada, pues cortó la oreja al primero de su lote y dio la vuelta tras despachar al segundo. Rafael Manzano, corresponsal del semanario El Ruedo de Madrid, relata:

Antonio Lomelín, mejicano, hacía su presentación en España. Ha dejado buena Impresión por sus excelentes maneras. A su primero lo veroniqueó con desahogo. La media del remate, superior. Le correspondió un bicho receloso y reservón; lo enceló con él cuerpo y tiró muy bien de su enemigo, con pases mandones y valerosos. Entró a herir en corto y señaló una entera, que bastó. Le concedieron una oreja. Un bicho con unas velas impresionantes, cornivuelto, fue el quinto. Lo recibió con una larga cambiada, de hinojos. Cogió los palos y dejó más sembrados en la arena que en el morrillo. Brindó al hijo de Silverio Pérez, que estaba en una barrera. La res tenía demasiadas perchas y e1 mejicano se sintió preocupado por las defensas del bicho, que se ceñía por el derecho, pero que tenía cómodo viaje por el izquierdo. Sin embargo, no se afligió y, sobre todo, entró a matar muy bien, señalando media, que bastó. Dio la vuelta al redondel...

Dejó su tarjeta de presentación con la espada, pero no pudo refrendar sus habilidades con las banderillas. Ya tendría tiempo de hacerlo. Por su parte, el ya nombrado Claridades, refiere:

Frente al torero con cosas de «torero antiguo», como le advirtió su tío, la juventud de Lomelín, mejicano esperanzado en cortarles las orejas a los toros. El segundo toro de la corrida tomó un refilonazo y una vara, saliendo suelto. En el tercio de banderillas prende el mejicano tres pares vulgares. Nada calibro de buen banderillero. Al ponerle el toro en suerte el peón Pepe Cano, cae debajo del estribo donde el toro le echa varias cornadas. Pasa por mi mente el drama del pobre Manuel de la Cruz Fuentes Bejarano. Advierto el terror, pero un capote danza portador del milagro de Santiago Apóstol. Segundo interminable. Lomelín con el toro de embestida corta, tardo y quedado, realiza una faena compuesta. Quizá peca, de adelantarle la muleta cada vez con exageración por el pitón contrario. Mata de pinchazo, estocada entera, volcándose, aún sin exceso de apreturas en la suerte. Oreja y vuelta al ruedo… En el toro quinto, de bella estampa y veleta de cornamenta, pidió el cambio con un solo puyazo, prendiéndole dos medios pares con desacierto. Brindó al hijo de Silverio Pérez, y anduvo breve con el toro de corta. embestida. Mató de pinchazo sin soltar y media estocada bien puesta. Vuelta al ruedo…

No hay mucha diferencia de criterios entre las dos relaciones. Quizás era cosa de tomarle el ritmo al toro español, porque en la prensa que pude revisar, no se hace referencia a que Antonio Lomelín haya visitado el campo por aquellas tierras o que haya toreado a puerta cerrada. Cuestiones que se podrían resolver en el tiempo y delante de los toros.

El resto de la campaña de Lomelín

El año de 1969 le redituó a Antonio 8 corridas en ruedos españoles, en plazas como Barcelona, San Sebastián, Almería o Palma de Mallorca. Alternó con toreros de la talla de Julio Aparicio, en su campaña de despedida, Joaquín Bernadó, Paco Camino, El Cordobés, Paquirri o Ángel Teruel, y dejó preparada la temporada de 1970, en la que confirmaría triunfalmente su alternativa en Madrid.

Retales de la prensa de la época

Al ir siguiendo la noticia de la corrida de la presentación de Antonio Lomelín, me encontré con la información de un festejo nocturno “De la Oportunidad”, – celebrado a las 11 de la noche del sábado 26 de julio – en la plaza de Vista Alegre en Carabanchel, Madrid. Alternaron Blas Romero El Platanito, Pepín Garrido, Jesús Lucas El Cañavate, Roberto Piles y Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea, ante novillos salmantinos de Enrique García de la Serna, de origen santacoloma.

Eran los primeros pasos en los ruedos de todos ellos. Terminarían cobrando notoriedad El Platanito, Roberto Piles y El Niño de la Capea por sobre todos, porque se alzaría para ser una figura histórica del toreo. Esa tarde – noche en realidad – es una de esas que tienden a esconderse en la memoria, para dejar el paso a las grandes tardes triunfales. 

domingo, 21 de enero de 2024

20 de enero de 1974: Triunfo y escándalo en la Plaza México

La temporada 1973 – 74 de la Plaza México seguía dando tema para la discusión a la afición mexicana domingo a domingo y la séptima corrida del serial no sería la excepción, porque la terna integrada por Manolo Martínez, Adrián Romero y Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea, enfrentando un encierro de don Reyes Huerta, atrajo una gran concurrencia al coso de la Ciudad de los Deportes y después de concluido, dejó hechos para la historia y para la memoria.

Manolo Martínez y El Niño de la Capea habían ya tenido actuaciones con claroscuros en el serial, puesto que, en la segunda fecha, a ambos se les fue vivo uno de los toros de Mimiahuápam que les tocó en suerte. El de Monterrey vio volver a los corrales a Campanero el 4º de la tarde y por su parte, El Capea no pudo finiquitar a Nene, el cierraplaza, por lo que también regresó vivo por la puerta de toriles.

En la tarde de esta séptima corrida se conjugarían muchas cuestiones, pero sucedería un hecho inédito, creo que, en la historia universal de la fiesta, según podremos ver a continuación.

Manolo Martínez y Huapanguero

El cuarto de la tarde se llamó Huapanguero, número 19 y se le anunciaron 492 kilos en la tablilla. Las relaciones refieren que hizo cosas de manso a su salida, saltando incluso al callejón. No obstante, por alguna razón Manolo se empeñó en realizarle una faena meritoria con la muleta, por lo que se enzarzó con él en una larga serie de tandas de muletazos, con resultados que no terminaron por trascender a los tendidos. Escribió el corresponsal de la agencia EFE, para el semanario madrileño El Ruedo fechado el 22 de enero siguiente:

En el cuarto, faena empeñosa, que en un momento dado dividió opiniones, para luego unificarlas cuando dio una tanda de derechazos muy templados… Prolongó tanto la faena, que escuchó un aviso. El diestro, encorajinado, arrojó la muleta y se metió entre barreras, ordenándole la autoridad a volver al ruedo…

Por su parte, Daniel Medina de la Serna, en su Historia de una Cincuentona Monumental…, refiere con su particular estilo, lo siguiente:

…el de Monterrey protagonizó uno de sus escándalos más recordados: resulta que se eternizó muleteando a “Huapanguero”, cuarto de la tarde, hasta llegar al tiempo límite que señalaba el reglamento, por lo que el juez Jesús Dávila, considerando que sólo los diamantes son eternos y no los trasteos anodinos, le hizo sonar el primer aviso, por lo cual el de Monterrey se sulfuró, se enchiló como se dice vulgarmente y botó rabioso muleta y estoque y lanzando miradas flamígeras hacia el palco de la autoridad fue a meterse al burladero de matadores para que empezara el sainete, el usía a ordenarle que matara al toro y el torero que no, que no y que no; muchos del callejón le aconsejaban que cumpliera con su obligación y otros que hacía bien en negarse, para algo era el rey absoluto de la tauromaquia nacional, lindando sus atributos con los de un dios; el público tomaba partido según sus simpatías o antipatías y aquellos se volvió un pandemónium…

Total, que el torero no salió y sonaron los dos avisos siguientes. Entonces, Manolo Martínez tomó espada y muleta y volvió al ruedo y se puso a torear… Fueron diez muletazos intensos, con la gente en las gradas entregada a lo que hacía y se tiró a matar, dejando una buena estocada. Sigue diciendo la crónica de El Ruedo:

Dobló el toro y salieron los mansos en ese momento, embistiendo uno de ellos a Manolo, y al hacerle el quite, Chucho Morales resultó arrollado, sufriendo la fractura del brazo derecho. La gente se puso del lado de Martínez, abucheando a la autoridad y arrojando almohadillas. Hubo petición de orejas, que no se concedieron, y el diestro dio tres vueltas al ruedo…

Al final de cuentas, Chucho Morales no tuvo fractura en su brazo derecho, solamente un traumatismo de consideración.

Manolo Martínez fue propuesto para una sanción pecuniaria de $50,000.00, misma que quedó reducida a la quinta parte cuando la autoridad la calificó. Dice la información de El Ruedo salido a la venta el 29 de enero de 1974:

Todo esto se ha traducido en una gran publicidad para el torero regiomontano, mientras la parte sana de la afición señala que: «Manolo Martínez no sólo debe pagar la multa de diez mil pesos, sino añadir otros diez mil, porque el incidente del pasado domingo le permitió convertir en un triunfo lo que era una actuación mediocre» … Una gran faena de Pedro Moya «Niño de la Capea» había borrado del mapa a Martínez, cuando el gesto alterado que tuvo ante él primer aviso, arrojando la muleta y metiéndose al callejón, hizo reaccionar a una gran parte del público a su favor…

Todo es según el color del cristal con que se mira.

Nota al canto: Un clip de video de unos seis minutos y medio, con un resumen de la actuación de Manolo Martínez esa tarde, se puede ver en este lugar del sitio de Facebook de la Filmoteca José Luis Salgado.

El Niño de la Capea y Alegrías

El tercer toro de esa misma corrida se llamó Alegrías y fue el que permitió a Pedro Gutiérrez Moya el rehacerse ante la afición de la capital mexicana, después de que en su segunda actuación se le hubiera ido vivo un toro. Esto le contó a Víctor José López El Vito:

...El pasado 20 de enero se cumplió otro aniversario de una de las siempre recordabas faenas en la Plaza de Toros Monumental México. Fue, en 1974, al toro “Alegrías” de Reyes Huerta. El salmantino, desde su finca, echa mano de la memoria… Fue la tarde que México me adoptó. Relata Capea… Yo arreglé mi bronca con un gran toro de Reyes Huerta, “Alegrías”. Manolo estuvo mal y se descaró con el juez de plaza. Le multaron, le pegaron una gran bronca y desde el tendido le amenazaban con improperios…

Y es certera la remembranza del torero salmantino, porque a partir de esa tarde, su empatía con la afición de la capital fue in crescendo, hasta llegar a convertirse en uno de los toreros de la Plaza México.

Ante Alegrías, su actuación fue resumida así por el citado cronista de El Ruedo:

En el tercero, Pedro Moya «El Niño de la Capea» toreó con primor a la verónica y bordó un quite por chicuelinas. Después realiza la faena de la temporada, que inició con pases de trinchera rodilla en tierra, para después bordar al natural. Largas series con temple admirable… Cuando intentaba cuadrar al toro para entrar a matar, una espectadora de barrera se quitó la camisa y, al quedar con el busto a la intemperie, se formó el alboroto. Cuando los agentes se la llevaban por el callejón se produjo en los graderíos división de opiniones por el «striptease» imprevisto… Dos pinchazos, medio estocada y descabello al tercer golpe. Escuchó un aviso, pero a pesar de ello la gente le aclamó, enloquecida, y hubo mucha petición de oreja, obligándole al diestro salmantino a dar dos vueltas al ruedo y a saludar desde los medios…

Por su parte, refiere Daniel Medina de la Serna:

Y vaya de anécdota: mientras “El Capea” inmortalizaba y se daba gusto pasándose por la faja a “Alegrías”, en una barrera se desarrollaba un acto bataclanesco de “strip tease” a cargo de una fulana que sin más ni más se despojó de la blusa dejando al aire y a la vista del conglomerado el tetamen, no muy imponente ni aparatoso sino más bien menguado y venido a menos, dicho sea de paso, distrayendo así la mirada de los entusiastas espectadores, vinieron a continuación los forcejeos de los guardianes del orden para bajar al callejón a la deshonesta e impúdica damisela que se colgó desesperada, con todas sus fuerzas del alambre que corre a todo lo largo de las primeras filas de barreras; ahí fueron abundantes jalones y tironeos, sin que hubiera ocurrido, como apuntó atinadamente el pintor Pancho Flores en sus comentarios del siguiente martes en el “Esto”, apelar a las cosquillas, método infalible para que se soltara la irreductible exhibicionista. Curiosamente, en alguna temporada anterior, esta descocada fue la misma que trató de tirarse de espontánea en un toro de “Paquirri”...

Una gran tarde la del Niño de la Capea y que le descubrió y nos descubrió la inmensidad de torero que teníamos delante.

La actuación de Adrián Romero

Al final de cuentas Adrián Romero fue el único que salió con orejas en las manos. Se llevó la de Bonito Sueño, quinto de la corrida. En la crónica de El Ruedo:

Adrián Romero fue ovacionado en el segundo por un quite por chicuelinas. Larga y empeñosa faena a un toro con genio, al que sacó partido. Pinchazo y estocada... En el quinto, ovacionado en verónicas de pie y de rodillas, así como por chicuelinas. Fue aclamado en el tercio de banderillas, particularmente en un quiebro en los medios. Con la muleta inició el trasteo con dos cambiados y siguió con pases de todas las marcas. Gran estocada. Una oreja y vuelta al ruedo…

La consecuencia

Poco se habló del tema en la prensa nacional que pude consultar. Pero al domingo siguiente, en el diario El Informador de Guadalajara, en la columna titulada Oro, Seda y Sol, firmada por Rafaelillo M., se contienen entre otras, estas reflexiones:

El tiempo señalado es suficiente para una gran faena; lo ha sido en muchos años en que se ha observado la misma norma… Pero puede haber alguna excepción, cuando una faena plena de arte, con mando y liga, sobrepase el tiempo señalado, creo que entonces se le debe tolerar. Sin embargo, una faena prolongada, tediosa y sin torerismo, debe recibir los avisos de Ley. El público, en estos casos, empieza a pedirlos y a silbarlos. La faena que se prolonga sin ton ni son, no la aguanta el público ni el toro… Se dice que en el Distrito Federal se va a pedir a las Autoridades que se reforme el Reglamento en lo que a los avisos respecta, alargando más el tiempo. ¡Está claro! No habrá diestro que vuelva a escucharlos, aunque se eternice con el estoque… ¿Será posible que los que viven de la fiesta, destruyan la fiesta?

Y todavía recuerdo que me sorprendí cuando un día en la plaza de Sevilla, un vecino de tendido me preguntó por qué las faenas de muleta duran media hora en México… Creo que aquí encontrarán la razón.

domingo, 10 de diciembre de 2023

9 de diciembre de 1973: Confirma en la México El Niño de la Capea

El Niño de la Capea
Pancho Flores

La temporada 1973 – 74, organizada por DEMSA, con don Javier Garfias en calidad de cara visible, constó de 16 festejos, empezó el 2 de diciembre del 73 y terminó el 24 de marzo del año siguiente y tuvo como prólogo, una corrida benéfica el 15 de septiembre anterior, cuyos recursos estarían destinados a paliar en algo las necesidades de las comunidades de Puebla y Veracruz afectadas por un fuerte sismo. Como se puede ver, no es de ahora, ni de antier, que la fiesta está siempre en apoyo de las mejores causas de la sociedad. Y como remate, nuestros maestros en el retiro, torearon al día siguiente, también en la gran plaza, un festival con la misma finalidad, que igualmente llenó el coso. Decididamente creo que no somos tan malos como nos quieren pintar.

El elenco que formó don Javier Garfias para ofrecer el ciclo – y el derecho de apartado – se integró con los diestros mexicanos Mariano Ramos, Raúl Contreras Finito, Jesús Solórzano, Adrián Romero, Antonio Lomelín, Raúl Ponce de León, Manolo Espinosa, Jorge Blando, Miguel Villanueva, Luis Procuna y Jaime Rangel; los españoles Francisco Ruiz Miguel, además de El Niño de la Capea y José Mari Manzanares, quienes confirmarían sus alternativas, el colombiano Pepe Cáceres y los rejoneadores Gastón Santos y Pedro Louceiro

En el renglón ganadero, terminaron lidiándose: Javier Garfias (1 encierro más 3 toros), Mimiahuápam, San Mateo (2 encierros), Tequisquiapan, José Julián Llaguno (3 encierros), Torrecilla (1 encierro más 3 toros), Reyes Huerta, Santacilia, Zotoluca (1 toro), Jesús Cabrera, Campo Alegre, La Laguna (4 toros), Manuel de Haro (2 toros), Santo Domingo (1 toro), Mariano Ramírez y El Rocío (1 toro).

Momentos estelares de una temporada

Esa temporada tuvo sus tintes de gloria cuando Mariano Ramos materialmente bordó al toro Abarrotero de José Julián Llaguno, que fue indultado y conforme a la costumbre de la época, le fueron entregadas las orejas y el rabo simbólicos por su faena; la temporada alcanzó quizás su cota más alta el 13 de enero cuando Jesús Solórzano se entendió con Fedayín de Torrecilla y dejó firmada una de las faenas que son de las históricas de la Plaza México. También tuvo sus momentos de épica, cuando entre el disgusto de la concurrencia, Manolo Martínez se dejó toros vivos el 16 de diciembre y el 20 de enero – este último será motivo de especial análisis después – y también cuando el Niño de la Capea escuchó los tres avisos en la primera de las dos últimas fechas señaladas.

Y el tiempo de epopeya no faltó tampoco. Fue en la 14ª corrida, que bien pudo ser la del final de la temporada. La despedida de Luis Procuna fue el sumario en el que se concentraron todas las emociones de una afición que fue privada por cuestiones ajenas al toreo, de ver las desiguales actuaciones de una de las figuras históricas que el toreo mexicano ha producido y que, ha sido además irrepetible. Ese domingo 10 de marzo de 1974, Luis Procuna dejó en el ruedo de la Plaza México el epítome de su tauromaquia y cortó, el que quizás haya sido uno de los rabos mejor logrados de los ciento y tantos que allí se han otorgado. Se fue de los ruedos como lo que fue, un triunfador y le dejó claro a los que lo mandaron al ostracismo por casi una década, que, de proponérselo, todavía había mucho Procuna por delante.

La segunda corrida de la temporada 73 – 74 

La temporada, decía, se había inaugurado el domingo 2 de diciembre y para el siguiente, se programó un encierro de don Javier Garfias para Curro Rivera, Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea y Curro Leal, estos dos últimos, nuevos en la plaza como matadores de toros y, por ende, confirmantes de sus alternativas. El padrino de la ceremonia llegaba con nuevo apoderado a este ciclo capitalino, pues había roto con Enrique Vargas, que era quien lo había llevado desde sus inicios novilleriles, para dejar el manejo de sus asuntos al ingeniero Manuel Lourdes Camino

La tarde fue más bien grisácea, porque al final de cuentas, solamente El Niño de la Capea pudo cortarle la oreja al toro que abrió plaza, nombrado Consentido y que sirvió para que confirmara la alternativa que recibiera en Bilbao el 19 de junio del año anterior. Escribió el cronista de la agencia EFE, para el semanario El Ruedo:

Moya, que confirmó su alternativa española, toreó con mucho duende, temple, clase y arte. En su primero oyó grandes ovaciones y terminó de un estoconazo, recibiendo una oreja, con petición de otra y vuelta al ruedo, devolviendo prendas de vestir. Con su segundo Moya demostró que, además de artista, es un poderoso lidiador, ya que con doblones efectistas se adueñó de su nada fácil enemigo. Fue premiado con una gran ovación…

Por su parte, el psiquiatra Enrique Guarner, en su Historia del Toreo en México, relata así su recuerdo acerca de esa actuación de la siguiente manera:

El primero de la tarde fue castaño y bocinero. Pedro Moya lo recibió con preciosas verónicas y una media que levantaron al público de sus asientos. El quite por chicuelinas resultó lento y pausado. Brindó a los concurrentes y con la muleta realizó un inolvidable trasteo con magníficos pases en redondo. Iniciaba cada serie con un molinete, alegrando al toro, y la remataba con el perfecto obligado de pecho. Vino después la gran estocada y se le concedió la oreja y una vuelta al ruedo. Para mi manera de ver y luego de ver varias veces esta faena filmada, creo que merecía mayor premio o por lo menos comentarios más favorables a los que tuvo; sobre todo debido a su gran limpieza…

Se observa de ambos comentarios la descripción de un torero con clase, con poderío y con tendencia a torear limpiamente, pero no hay atisbos de lo que vendría después con él. Y es que quizás su escasa permanencia en México en esas fechas, por tener que viajar a Sudamérica a cumplir compromisos allá, le mantenía inconexo de los medios y del ambiente taurino nuestro, pero ya habría ocasión. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Todos sabemos ahora que “El Niño de la Capea” ha sido el torero español de la Plaza México, pero esas primeras tardes, para que no lo pudiéramos avizorar, ni menos profetizar, tuvo unas actuaciones contrastantes, de las que además se ausentaba, casi al día siguiente, para ir a cumplir contratos en América del Sur. En la tarde de su confirmación le cortó la oreja al de la ceremonia, “Consentido”, tras una gran faena y un volapié impecable; con el otro poco pudo hacer...

Al domingo se le iría vivo Nene de Mimiahuápam y conoció la cara no amable de la afición de la capital. Esto le contó a Víctor José López El Vito:

Su opinión sobre Manolo Martínez la resume a una de las muchas tardes que torearon juntos en la México, y que los dos vieron regresar sus toros al corral tras escuchar los tres avisos en dos de sus turnos. Uno por cabeza. Fue una tarde muy bonita… Cuando acabó la corrida, al abandonar el ruedo como es tradicional él, Manolo Martínez, más antiguo que yo al salir me dijo: “Mira mano, sígueme” … Nos metimos en la enfermería hasta las diez de la noche, asegurándonos que no había nadie esperándonos. Salimos de la plaza en medio de la oscuridad en las calles que rodean la Monumental. La gente no estaba para bromas…

Pero el 20 de enero siguiente se reuniría con Alegrías de Reyes Huerta y aún después de recibir un aviso por ponerse pesado con la espada, se le obligó a dar dos vueltas al ruedo por la faena que le hizo. El torero de Salamanca asegura que ese día fue el que lo adoptó la afición de la Plaza México.

El resto de la corrida

Curro Rivera pareció acusar el cambio de apoderamiento y, se decía también, las tensas relaciones familiares que le resultaron por esa decisión profesional. La crónica aparecida en El Ruedo, de la agencia EFE, dice:

Rivera, en su primero, dibujó cuatro lances en los medios a pies juntos y sin moverse un milímetro, y con la franela logró varias tandas de derechazos y naturales, serenos y torerísimos. Fue ovacionado. Con su segundo. Rivera lo intentó todo; pero tuvo que abreviar en virtud de que el de Garfias agotó sus fuerzas. Nuevamente ovacionado…

Por su parte, años después, Daniel Medina de la Serna, agregaría:

Para Curro Rivera fue ésta una temporada complicada por las relaciones personales con su padre, con el cual terminó por romper cuando menos en el plan poderdante – apoderado. Esa primera tarde el doble padrino estuvo como desconcertado y un tanto ausente, apenas se vio bien en su primero y algo mejor en el cuarto, aunque sin mayores proezas...

Curro Leal pasó de puntitas en esta tarde de compromiso, aunque ya tendría oportunidad de volver a la gran plaza y escribir su nombre en la historia de ella.

Para terminar

El Niño de la Capea, como lo dice Medina de la Serna, es uno de los toreros españoles de la Plaza México. Sus obras con Corvas Dulces, Fandango, Manchadito, Samurái, Pedregoso, Bordador, Delicioso, Cantarito o Piropo tienen lugar privilegiado en la historia y la memoria de la Plaza México. Hoy en el cincuentenario de su confirmación de alternativa en ella, le recuerdo con admiración y respeto.


domingo, 3 de octubre de 2010

1987: El Palacio de los Deportes, una feria atípica (y II)


Vista interior del Palacio de los Deportes. La imagen
pertenece a la colección de Yonezawa

Ya contaba en otro espacio de esta misma Aldea que las autoridades de la Ciudad de México anunciaron que el Palacio de los Deportes no se volvería a utilizar para un espectáculo elitista como el taurino y también decía que el tiempo demostraría que en política, como ante los toros, se vale rectificar y así, incluso con inversión gubernamental, en diciembre de 1987, el escenario cubierto volvería a ser el escenario de una feria taurina.

La explicación que se dio a la misma, fue la conmemoración del Centenario de la celebración en México de las Corridas de Toros a la Usanza Española. No me queda claro por qué se eligió el año de 1887 como el punto de partida para esa cronología, pero el entonces Departamento del Distrito Federal, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el matador retirado Curro Leal intervinieron en la organización de 7 corridas de toros, que tuvieron como aliciente la confirmación de alternativa de dos jóvenes toreros hispanos, Miguel Báez Litri y Rafi Camino y las presentaciones en ese escenario de Manolo Martínez, Eloy Cavazos y Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea.

A diferencia de la de 1976, en esta oportunidad, la feria del Palacio de los Deportes tendría que convivir con la temporada de novilladas de la Plaza México, que celebraría sus festejos al mismo tiempo que el primero y el último de los festejos del serial palaciego y de igual forma, la televisión no estaría presente para darle difusión. Otro agregado la haría también diferir de su único antecedente y sería que los toros a lidiarse en esta oportunidad provendrían de las principales ganaderías mexicanas, cuestión que, como lo conté en su oportunidad, no sucedió en la versión anterior.

Los carteles de la feria de diciembre de 1987

Día 4: Manolo Martínez, Pedro Gutiérrez Moya Niño de la Capea y Miguel Espinosa Armillita Chico, con toros de Tequisquiapan.

Día 5: Curro Rivera, Manolo Arruza y Miguel Báez Litri, que confirmaría alternativa con toros de Marco Garfias.

Día 6: Manolo Martínez, Francisco Dóddoli y Rafi Camino, que confirmaría alternativa con toros de Javier Garfias.

Día 10: Curro Rivera, Miguel Espinosa Armillita Chico, Miguel Báez Litri y Rafi Camino, con cuatro toros de De Santiago y otros cuatro de Tequisquiapan.

Día 11: Curro Girón, Eloy Cavazos y Manolo Arruza con toros de José Garfias.

Día 12: Eloy Cavazos, Curro Rivera y Miguel Espinosa Armillita Chico con toros de Javier Garfias.

Día 13: Manolo MartínezPedro Gutiérrez Moya Niño de la Capea, mano a mano, con toros de Los Martínez.

El resultado de la feria

Lo más destacado de la feria resultó en el triunfo obtenido por Litri en la cuarta corrida del serial, en la que se llevó las dos orejas del séptimo del festejo; en la oreja cortada por Eloy Cavazos al abreplaza del día 11 de diciembre y en la redonda actuación de El Niño de la Capea en el festejo final del serial.

Ricardo Colín Flamenquillo, hizo para el ABC de Madrid el siguiente balance de lo sucedido en la feria:

Terminó la feria «Cien años de Corridas en México» con un rotundo fracaso para sus organizadores y patrocinadores en el renglón económico el pasado domingo 13. El número cabalístico, que es de la buena suerte para el empresario Alfonso Gaona, de la Monumental México, resultó el del mal fario para Curro Leal y socios, que tan mal manejaron la serie de festejos del Palacio de los Deportes.

En ese antitaurino escenario naufragaron asimismo la mayoría de los ganaderos que allí jugaron sus encierros, entre ellos los muy prestigiados hermanos Garfias.

De los toreros triunfaron los tres españoles, Pedro Moya «Niño de la Capea», Miki Báez «Litri» y Rafi Camino y mantuvo con decoro su prestigio el veterano espada venezolano Curro Girón. De los mexicanos hay que destacar a Eloy Cavazos, Curro Rivera y Miguel Espinosa «Armillita Chico», en tanto que el gran fracasado, con constantes abucheos y escuchando avisos en varias ocasiones fue el regiomontano Manolo Martínez...

Por su parte, en la misma edición del ABC Litri comentaba a Luis García lo siguiente:

La última devaluación del peso mexicano, días antes de comenzar la feria, obligó a los organizadores a elevar en demasía los precios de las localidades. Había boletos, como dicen allí, que doblaban el importe de los de la Plaza México. Esta circunstancia, en unos momentos en que la economía de los mexicanos no anda muy boyante, retrajo mucho la asistencia de público...
El mismo Flamenquillo, al inicio de 1988, continuaba la reflexión en el mismo diario:

...Tras una amañada consulta popular, se promulgó un nuevo Reglamento Taurino del Distrito Federal que a nadie dejó satisfecho y que se ha aplicado caprichosamente. Con el máximo rigor en el coso monumental y saltándose a la torera muchos de sus artículos en el recientemente improvisado en el Palacio de los Deportes...

Por su parte y acerca de ese problema económico, Joaquín Vidal, antes del inicio de la feria hacía esta reflexión en el diario madrileño El País:

...En contraste con las fortunas que redondeaban las primeras figuras en sus campañas de invierno en América, donde cobraban fuertes cantidades en dólares, los honorarios que allí se pagan actualmente son inferiores a los que rigen en la mayoría de las plazas españolas. Los toreros que más altos honorarios perciben en la presente temporada americana son los flamantes matadores de toros Litri y Rafi Camino, unos 3,5 millones de pesetas cada uno, y apenas sumarán cuatro actuaciones. Dos han tenido lugar en Lima, con un resultado artístico sin relieve, y las restantes serán en el Palacio de los Deportes de México.

Litri y Rafi Camino constituyen una novedad en América y despiertan gran expectación, a pesar de lo cual sólo han podido cerrar cuatro contratos por la mencionada cantidad. En los propios cosos americanos esos honorarios eran normales para figuras tiempo atrás, y el padre de Rafi Camino, Paco Camino, los percibía hace 10 años...
Las confirmaciones de Litri y Camino

Alternativa de Litri hijo. Fotografía de Sebastián
Como en la feria anterior, se volvió a cuestionar la validez de las confirmaciones de Litri y Rafi Camino, tanto así que a éste último, cuando se presentó en la México el 7 de enero de 1990, Mariano Ramos, en presencia de Enrique Garza le cedió los trastos para pasaportar al toro Bandolero de Tequisquiapan y en el caso de Litri, también tuvo que pasar de nuevo por la cesión de trastos el 10 de noviembre de 1996, cuando Manolo Mejía, llevando de testigo a Alfredo Ríos El Conde, se los entregó para dar cuenta del toro Don Juan de Teófilo Gómez.

Reitero aquí mis comentarios a propósito de las confirmaciones celebradas en la feria de 1976 y no obsta a ellos que en ese 1987 se haya puesto en vigor un nuevo Reglamento Taurino, porque en lo esencial, el acto de la confirmación debería celebrarse en la presentación de cualquier diestro en cualquier plaza de primera categoría del Distrito Federal, sin distinción y como de nueva cuenta el cupo es el único baremo para distinguir la categoría, lo único que queda para estigmatizar las celebradas en el Palacio de los Deportes, es un purismo mal entendido.

En conclusión

El Palacio de los Deportes no ha vuelto a ser escenario de festejos taurinos. Me queda la impresión de que en ninguna de las dos ferias que en sus instalaciones se han ofrecido se redondearon todos los aspectos organizativos, así como también se dejaron demasiados cabos sueltos, pensando que el azar los pondría en su sitio.


Manolo Martínez visto por Lyn Sherwood

Otro asunto es el de los precios de acceso al escenario, que en ambos casos ha sido objeto de críticas por su disparidad con los acostumbrados en la Plaza México. Es evidente que habrá una diferencia notable de uno a otro escenario, pues la capacidad del Palacio es de menos de la mitad de lo que la México afora, pero al parecer se exageró en el sobreprecio, que no se compensó en ninguno de los casos con la calidad debida.

Por otra parte, salvo en contadas excepciones, la mayoría de la afición mexicana no se acostumbra a apreciar los toros bajo techo y esa parece ser la principal pega del asunto, porque posteriormente se reabrió ya cubierto el Toreo de Cuatro Caminos y el problema con las entradas fue similar y la objeción era esa, que el lugar era lóbrego, a pesar de que el viento y la lluvia no afectaban el desarrollo de la lidia.

Esto es algo de la historia de la última feria taurina verificada en el Palacio de los Deportes, a pesar de que se dijo en su día, de que eso ya no sucedería. Ojalá lo hayan encontrado interesante.

Aldeanos