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domingo, 25 de octubre de 2026

18 de octubre de 1981: Se presentan en plazas mexicanas Espartaco y Emilio Muñoz

Previo a la muy tapatía Feria de Octubre de hace 45 años, se dieron dos festejos para conmemorar el cincuentenario de don Ignacio García Aceves al frente de la empresa taurina de Guadalajara, de los cuales, 48 los desarrolló en la plaza de El Progreso y después del primer día de 1979, en la todavía llamada Monumental de Jalisco, a la que posteriormente se renombró como Nuevo Progreso. Contó el empresario a don Paco Madrazo para el libro Agotado el Boletaje:

Una noche de junio de 1931, el Dr. Ildefonso Zaragoza me fue a invitar como socio de su empresa. Estudiaba yo el segundo año de Leyes, y esa noche – echándole valor al asunto – me comprometí – sin avisarle a mi padre – a darle cincuenta novillos de nuestra ganadería de Guadalupe como aportación a la empresa. Don Lorenzo Garza era un hombre encantador y avaló mi chifladura, así es que, adiós leyes... En mis cincuenta años como empresario taurino, no recuerdo haber dejado fuera de mis elencos a ninguna figura ni diestro importante mundialmente conocida. De los nuestros, desde Fermín Espinosa “Armillita”, a Jorge Gutiérrez. De los españoles, desde Joaquín Rodríguez “Cagancho” a Juan Antonio Ruiz “Espartaco”. Sin tampoco haber faltado a mi plaza la famosa triada extranjera formada por Manolo dos Santos de Portugal, César Girón de Venezuela y Pepe Cáceres de Colombia... No recuerdo cual fue la primera corrida que vi en mi vida, pero no olvido a Luis Freg matando a los toros de una manera sensacional. Recuerdo también a un diestro español que tenía una panza más grande que la tuya, se llamaba Matías Lara “Larita”. Te daba risa verlo en la puerta de cuadrillas, pero después te asustaba de lo valiente que era. Respeté y admiré en todo lo que cabe a don Rodolfo Gaona, figuras de su talla nacen muy de vez en cuando. Ya en la calle fue otro cantar, me fue siempre chocante, no soportaba yo el ver a un mexicano conducirse y hablar como español. Conocí a Vicente Segura, un auténtico millonario que vistió de luces, pero muy basto y torpón, no recuerdo de él nada que valiera la pena. ¿Sabes a quién me tocó ver una tarde? A Carmelo Pérez, un torero de un valor espartano con una personalidad muy atrayente… De octubre de 1931 a la fecha, he tenido el gusto y el orgullo de haber contratado para mi plaza a todos los toreros mexicanos de importante cartel...

El domingo 18 de octubre de 1931 se dio una novillada en la plaza de toros El Progreso, en la que alternaron Saúl Guaso, Jesús González El Indio y Manuel Molina, ante novillos de La Estancia. Fue el primer festejo que organizaron en sociedad el doctor Ildefonso Zaragoza e Ignacio Garcia Aceves, quien calculaba, sin hacer números, que en sus primeros 50 años como empresario, seguramente dio más novilladas que corridas de toros.

Los festejos del cincuentenario

Para celebrar el aniversario del empresario, se organizaron dos festejos, una novillada que se celebró el sábado 17 de octubre, en la que actuaron Carlos Vidal, Curro Calesero y Luis Fernando Sánchez ante novillos de San Marcos y una corrida de toros en la que ante toros de San Mateo alternarían Manolo Arruza, Jorge Gutiérrez, Juan Antonio Ruiz Espartaco y Emilio Muñoz. 

La feria daría comienzo una semana después, arrancando el sábado 24, siendo precisamente Espartaco y Emilio Muñoz los atractivos ultramarinos de ese serial, junto con el rejoneador lusitano Joao Moura, y de las figuras mexicanas participarían Mariano Ramos, Manolo Arruza, Jorge Gutiérrez, David Silveti, Miguel Espinosa Armillita y como representante de los toreros de Guadalajara, Alfonso Hernández El Algabeño. La feria constaría de siete festejos y concluiría el primero de noviembre siguiente.

La presentación de Emilio Muñoz y Espartaco

Tanto Emilio Muñoz como Espartaco eran dos toreros que podríamos calificar como emergentes en el panorama taurino español en ese momento, pues habían recibido la alternativa poco menos de dos años antes, aunque en el caso del trianero Muñoz, el caso de su precocidad le había dado una amplia exposición mediática por aquellas tierras desde que era becerrista. En esos momentos los dos iban encaminados a tomar sitio como indiscutibles figuras del toreo, eran dos toreros de corte distinto y su devenir transcurriría por distintos derroteros.

Esa tarde, Emilio Muñoz solamente pudo enfrentar a uno de los dos del encierro titular que sacó en el sorteo, porque el segundo de su lote se descordó al estrellarse en un burladero y fue sustituido por un sobrero de Peñuelas. La crónica del festejo, escrita por el licenciado Francisco Baruqui para el diario El Informador, refiere acerca del hacer del torero de la Triana sevillana lo siguiente:

Quien crea que el Emilio Muñoz de la corrida de ayer es el que tanto he ponderado situándolo como la figura próxima de España, no crea estar en lo cierto. Emilio es torero de profundidad, de hondura y emotividad. Algo dejó ver en el tercero, citando clásicamente de frente al hacer el toreo por abajo, principalmente al natural. Ahora que, definitivamente, sintió la diferencia del tipo de embestida del astado español al mexicano. Le faltó bajar más la mano y acoplarse al son y al estilo. La gente le jaleó tocándole las palmas y haciéndole salir al tercio luego de una de tres cuartos y varios intentos de descabellar... Muchos espectadores a la salida del coso me abordaron para comentar sobre de Muñoz. Repetiré ahora lo que ahí les dije... No le han visto; dejen que tome ambiente, toree algo en el campo y le embista un toro ya con acoplamiento mayor y luego hablaremos. Le he visto desde sus inicios como becerrista, luego como novillero y su alternativa como matador. Este año la bordó en Sevilla, y... Ojalá la logre en Guadalajara... Porque con el capotillo como con la pañosa es torero y de los grandes. Necesita andar mejor con la espada. Aún le faltan tres bureles dentro de la feria. Mejor suerte para con ellos…

No ocultó don Paco Baruqui su gusto y preferencia por el toreo de Emilio Muñoz, en quien confesó tener puestas sus esperanzas. Dejaba puestas al tiempo las respuestas no dadas en esa tarde de su presentación.

Espartaco enfrentó completo su lote de San Mateo. La crónica refiere acerca del hacer del diestro de Espartinas lo siguiente:

También bordeando los veinte años debutó el rubio matador hispano Antonio Ruiz "Espartaco". El chaval tiene la simpatía que produce un rostro sonriente y carácter agradable. Bien que toreó a la verónica ciñéndose al toro y marcando bien los tiempos, yendo siempre adelante. Con la muleta, espectacular y despatarrado le tomó la distancia y velocidad a sus enemigos dejando ver que sabe ligar rematando con justeza series fincadas principalmente en ayudados por abajo con la derecha. Luego de meter la tizona entera en sitio que bastó, dio merecida vuelta en su primero, para con el octavo, un cárdeno impresionante, andar con recursos y dejar buena impresión. Al igual que mi criterio de Muñoz, insisto, hay que verlos a los dos con esperanza y más ambientados para sus futuras actuaciones...

Deja ver el cronista que una vez más ocurrió que los toreros del otro lado del mar se bajaron del avión para ir al hotel a vestirse y de allí ir a la plaza. Cuando se va enfrentar un compromiso de esa magnitud, se debe tener una preparación previa acorde a la magnitud del acontecimiento. Pero así se acostumbraba hilar las cosas… Y se sigue haciendo.

Espartaco, después de esa comparecencia en la feria de Guadalajara, no volvería a nuestro país sino hasta 21 de noviembre de 1999 para confirmar su alternativa en la Plaza México de manos de Eloy Cavazos y atestiguando Alfredo Gutiérrez. Por su parte, Emilio Muñoz actuaría en igual sentido, haciéndolo hasta el 2 de enero del 2000 apadrinándolo Manolo Mejía en presencia de Oscar San Román.

El triunfador de la tarde

El quinto de la corrida fue el toro bueno de la corrida. Buen Amigo, número 24, le correspondió a Manolo Arruza y con él realizó la faena de la tarde y redondeó el homenaje a don Ignacio. Escribe el cronista:

Si algún torero deseara redondear su faena soñada, la cumbre, puedo asegurar que la realizada por Manolo Arruza al quinto de la tarde – el del indulto –, sin lugar a dudas fue la de él. Definir lo que cuajó el vástago del inolvidable Ciclón tiene lo suyo. Puedo asegurar que si los términos de magistral, sentida, estética, soberbia en sí necesitaran de justificación, con la faena instrumentada por Manolo puede hacerse. Borrachera de bien torear. Erguida con la naturalidad de la también natural elegancia en la figura, bajando las manos por ambos lados, derrochando temple, mando, gusto por torear para sí mismo, gustándose a sí y gustando al aficionado... Bien tomada la distancia y el ritmo. Faena de armonía y de cadencia... La mejor que seguramente que hasta él hoy ha bordado, porque señores, lo que Arruza hizo fue eso... ¡Bordarla! Y allí queda...

En conclusión

Refería don Paco Baruqui en el introito de su crónica:

Hace cincuenta años, un joven ilusionado, enamorado de la más bella de todas las fiestas, incursionaba en el mundo de la empresa taurina. Cincuenta años hace que iniciándose entusiastamente echaba a rodar la rueda de las satisfacciones, las contrariedades, las angustias, las esperanzas, los triunfos y fracasos... Realidades todas en sí… Hoy, cincuenta años después, aquel hombre joven se mira pleno, completo, totalmente realizado. Empresario figura y figura de los empresarios siente culminada su labor. Hoy, cincuenta años después, ha experimentado la alegría inmensa de sentirse y estar acompañado en una misa, la develación de una estatua con su efigie, una corrida memorable y un festejo social en su honor. Estamos con él. Y si en muchas ocasiones tuve que arremeter en contra de lo que definitivamente no era, él sabe que con la limpieza con la que miro la fiesta de toros - que al cabo y al fin es de la forma misma que también la mira él -, llega a esos cincuenta años dando el espectáculo verdad, íntegro, y único que es el toro íntegro y verdadero. Sea mi enhorabuena para Ignacio García Aceves y que el destino, como sé que lo desea también, le depare otros cincuenta más al frente de su plaza, de su empresa, de su afición y su enamoramiento. Parabienes mil…

Así fue como se reconoció a un empresario independiente, que llevó su plaza y la defendió para que en su tierra la fiesta de los toros se mantuviera presente.

domingo, 31 de octubre de 2021

Ignacio García Aceves. A 90 años del inicio de su aventura empresarial

Don Ignacio con Jesús Solórzano
Paco Madrazo y Alberto Topete (1964)
El lunes 19 de octubre de 1931 los diarios de Guadalajara anunciaban el fallecimiento de Carmelo Pérez en Madrid la tarde del día anterior y el de Thomas Alva Edison, en West Orange, New Jersey, también la madrugada de esa víspera. En las páginas interiores, específicamente de El Informador, se daba cuenta de una novillada celebrada en la plaza de toros El Progreso, en la que alternaron Saúl Guaso, Jesús González El Indio y Manuel Molina, ante novillos de La Estancia. Fue una tarde en la que, de acuerdo con la crónica firmada por Tío Castuera, destacaron la clase y el valor de El Indio.

Esa novillada fue organizada por el doctor Ildefonso Zaragoza en sociedad con quien entonces era un joven estudiante del segundo año de la carrera de Derecho, Ignacio García Aceves, quien seguramente no se veía defendiendo causas en los tribunales y buscaba encauzar su existencia por otros derroteros. Allí comenzó ese joven de gran estatura y de ojos claros, una andadura por lo que años después sería llamado el planeta de los toros que duraría más de medio siglo.

Ignacio García Aceves aprendió pronto los intríngulis del manejo de los asuntos de la fiesta, y supo hacerse acompañar en diversas etapas de su vida como empresario, de personajes que le ayudaron a establecer y a dar lustre a la fiesta de los toros en Guadalajara. Nombres como el del licenciado Cenobio González, Miguel Manogrande, Manuel González Pinocho, su inseparable Alberto Topete, apodado El Teco o El Tecolote y en su última etapa don Paco Madrazo Solórzano, fueron cada uno en su tiempo el complemento ideal para resolver las distintas vicisitudes que va presentando el manejo de una empresa de toros.

Remozó y reinauguró dos veces El Progreso y le tocó tomar la amarga decisión de que fuera derruido para dar paso a lo que unos cuantos llaman la modernidad. Llevo a ese ruedo a todas las figuras mexicanas y extranjeras – pueden ustedes nombrar la que se les ocurra, que con seguridad allí estuvo – entre 1931 y 1978 y por supuesto, dio oportunidades a muchos, muchos novilleros que pretendían alcanzar la gloria que dan los toros. Le contó a don Francisco Madrazo Solórzano, para su libro Agotado el Boletaje, que, sin hacer números, él calculaba que en sus primeros 50 años como empresario, seguramente dio más novilladas que corridas de toros. Así se hilaban las cosas en otros días.

La feria de su cincuentenario

Para el mes de octubre de 1981, don Ignacio tiró la casa por la ventana para celebrar el medio siglo que completaba al frente de las cosas de los toros en Guadalajara. Ya no lo hacía en El Progreso, sino en la plaza que, llamada originalmente Monumental de Jalisco, fue rebautizada – malamente al decir de algunos, pues no existe entre ambas relación de causa a efecto – como Nuevo Progreso. Y lo hizo con grandeza. Entre el 17 de octubre y el 1º de noviembre de ese año, ofreció a la afición una novillada y 8 corridas de toros con figuras del toreo de España y México y también con quien era, en ese momento quizás, el mejor rejoneador del mundo.

En ese calendario del 81, estuvieron en nuestro país varios diestros europeos, pero llamó importantemente la atención la presencia en Guadalajara de dos toreros andaluces que, casi recién alternativados, tenían cautivada la atención de la afición española. Ellos eran Juan Antonio Ruiz Espartaco y el trianero Emilio Muñoz. El rejoneador portugués Joao Moura también era otro de los reclamos importantes y vendrían a formar carteles con Mariano Ramos, Manolo Arruza, David Silveti, Jorge Gutiérrez, Miguel Espinosa Armillita y por la torería de la tierra Alfonso Hernández El Algabeño.

Los actuantes en la novillada serían Carlos Vidal, Curro Calesero y Luis Fernando Sánchez y los encierros anunciados fueron de San Mateo, De Santiago, Jorge Barbachano, Santo Domingo, dos de Carranco, San Marcos con una corrida y una novillada y Mimiahuápam. Al final, solamente se lidió una de las corridas de Carranco que fueron anunciadas, pues la que saldría al ruedo el día 31 de octubre fue rechazado en el reconocimiento y fue sustituido por uno de San Mateo.


El resultado de la feria de octubre del 81

El 17 de octubre se lidió una novillada de San Marcos de excelente presentación y en esa tarde Luis Fernando Sánchez cortó la única oreja de la tarde a Vaquerito tercero de la tarde. Al día siguiente, en la corrida del cincuentenario, con toros de San Mateo, se vivió una de las tardes grandes del serial, pues el quinto, Buen Amigo fue indultado tras una gran faena de Manolo Arruza y Jorge Gutiérrez le cortó una oreja al sexto Cumplido. Se lidió uno de Peñuelas, sobrero, sustituto del 7º Caprichudo que se mató al estrellarse en un burladero, le tocó a Emilio Muñoz.

El segundo tramo de la feria inició el 23 de octubre, con un encierro de De Santiago, del que escribió Francisco Baruqui que fueron muy chicos, Emilio Muñoz le cortó una oreja al tercero. El día 24 con toros de Jorge Barbachano, chicos y débiles, Joao Moura dio la vuelta al ruedo en los dos de su lote. Esa tarde se despitorraron tres toros. Y el 25 de octubre, una corrida de Santo Domingo, justa de presencia, pero pareja, variopinta y bien criada. Espartaco dio vuelta en sus dos toros. 

El cierre de la feria inició el 29 de octubre, la corrida de San Marcos, fue calificada por Baruqui como su majestad el toro. Ante ella, Joao Moura dio vueltas al ruedo por fallar con el rejón de muerte. Al día siguiente, toros de Carranco, justitos en presentación. Emilio Muñoz y Joao Moura dan una vuelta al ruedo cada uno. El último día de octubre se lidia una segunda corrida de San Mateo, que sustituye a la de Carranco originalmente anunciada. Joao Moura, Jorge Gutiérrez y Alfonso Hernández El Algabeño cortan dos orejas cada uno y Mariano Ramos se lleva una protestada. Don Luis Ruiz Quiroz consigna que se le entregó a El Algabeño el trofeo Crónica de Plata, pero Francisco Baruqui en su crónica de El Informador no hace mención de ello. La feria cerró el 1º de noviembre, con un encierro de Mimiahuápam, muy terciado, dice Baruqui que tres toros estaban para festival de corto. Lo más destacado de la tarde que Espartaco le cortó las dos orejas al tercero.

Como se puede ver, aunque queda en la memoria colectiva que ese viaje único de Emilio Muñoz y de Espartaco a México de hace 40 años fue desde un punto de vista optimista, discreto, la realidad es que de las crónicas de Francisco Baruqui se puede advertir que tuvieron ambos un par de tardes interesantes, no rubricadas con la espada y por ello el trianero solamente cortó una oreja y el de Espartinas dos en una tarde. 

Fue una pena que no les volviéramos a ver por nuestras plazas cuando estaban en plenitud, pues volvieron nada más a confirmar a la Plaza México, para completar su expediente ya de salida, Espartaco, el 22 de noviembre de 1999 y Emilio Muñoz el 2 de enero de 2000. Así pues, la carrera de ambos, vestidos de luces en México, se reduce apenas a cinco tardes y casi con dos décadas de diferencia entre las cuatro primeras y la última.

El legado de don Ignacio

Don Ignacio García Aceves continuó siendo el empresario de la plaza de toros ya llamada Nuevo Progreso. Lo sería hasta su último aliento, que llegó el 30 de mayo de 1984. Era además ganadero, pues en 1965 se había asociado con José Antonio Llaguno García en la titularidad de los hierros de San Mateo y Pozo Hondo – actualmente San Lucas – cuya propiedad total adquirió en el año de 1980 y en 1970 adquirió la ganadería que fuera de don Miguel Franco y la renombró como San Marcos.

Su trayectoria empresarial durante más de medio siglo sin duda que tuvo sus luces y sus sombras, pero los resplandores son los que más permanecen en la memoria colectiva. Su forma de hacer fiesta en Guadalajara convirtió a su plaza de El Progreso y después a la del Nuevo Progreso, en la que dio festejos desde el 20 de octubre de 1979, en un referente a nivel nacional e internacional. No es en vano, que siempre se tenga por necesario triunfar en Guadalajara para poder acreditarse como figura del toreo en México.

Por estas y otras muchas razones, es que hoy deseo recordar a don Nacho, en la cercanía de los 90 años de sus inicios como empresario de toros y de los 40 de la celebración del cincuentenario de ese fructífero arranque empresarial.

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