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domingo, 5 de julio de 2026

7 de julio de 1946: Cañitas se alza como triunfador en Pamplona

En la feria de Pamplona de 1946 se verificaron tres corridas de toros, los días 7, 8 y 9 de julio. El festejo de apertura se integró con toros de Juan Pedro Domecq, para el mexicano Carlos Vera Cañitas, el sevillano Manuel Álvarez Andaluz y el torero local Julián Marín. Era la presentación en esa plaza del bravo Cañitas, quien al final del calendario resultó ser el torero nuestro que más fechas sumó en ruedos europeos, una sorpresa después de la meteórica campaña que desarrolló Carlos Arruza el año anterior, porque el Ciclón apenas llegó a ser el tercero en el escalafón de los diestros de estas tierras.

Previo a la corrida, casi en la alborada del día de San Fermín, se produjo el primer encierro, en el que se corrieron los toros a lidiarse en la tarde. La nota de la agencia Mencheta aparecida en el diario madrileño Arriba del 9 de julio siguiente, entre otras cosas, refiere:

Se ha verificado el primer encierro de toros para la corrida de esta tarde, pertenecientes a la ganadería de Domecq... El encierro ha resultado emocionante, pese a no ocurrir ningún incidente de importancia, sino sólo algunas caídas y muchos sustos, por la aglomeración de mozos que corría delante de los cornúpetas... Los toros entraron juntos, bien arropados, por los cabestros, dirigiéndose seguidamente a los corrales, sin hacer caso de los improvisados... Después fueron soltadas en la plaza algunas vaquillas, que dieron mucho juego y repartieron también muchos trompazos... Terminado este primer espectáculo, las terrazas dé los cafés de la plaza del Castillo se llenaron de gente para desayunar, y en el Castillo se organizó un baile. La animación en la capital es inmensa, y la afluencia de forasteros supera en mucho a la de otros años, contribuyendo a ello la esplendidez del tiempo...

La información sobre el encierro refleja que el correr a los toros ya no era una cuestión que atrajera exclusivamente a las personas de la región, sino que se empezaba a convertir en un atractivo para personas de distintas latitudes, lo que con el paso del tiempo terminaría por convertir a esa tradición en un fenómeno de trascendencia internacional.

Los toreros mexicanos actuantes en el ciclo también expresaron su opinión acerca de ellos a Alfredo R. Antigüedad, quien en el número de El Ruedo” fechado el 18 de julio de ese año, escribió:

El diestro mejicano “Cañitas” no se ha perdido un encierro. “Yo espero seguir toreando, por San Fermín, en Pamplona. Pero si no viniera de torero, vendría a ver los encierros. Es algo tan emocionante y bonito que no me lo pierdo. No creo que los toros se perjudiquen con el encierro, aunque tampoco puedo decir que ganen... Fermín Rivera: “Si fuera posible hacer el encierro en todas las Plazas, la fiesta ganaría mucho. Porque no hay duda que la emoción que despierta en los mozos que corren delante de los toros, les hace aficionarse a la fiesta. Yo tengo en Méjico varías ampliaciones fotográficas de los encierros del año pasado y tengo encargo de llevar este año bastantes más. Mis paisanos están tan sorprendidos como yo de este bellísimo espectáculo...

Como se puede ver, los toreros mexicanos se manifestaron a favor de los encierros, tanto en su manifestación de celebración popular, como por el hecho de que, a su juicio, no afectan a los toros para su posterior lidia.

El encierro de Juan Pedro Domecq

La corrida que se lidiaría el día de San Fermín de hace 80 años distó mucho de parecerse a lo que hoy sale a los ruedos con el que fuera el hierro del Duque de Veragua. Las distintas relaciones del festejo dan una descripción de algo que ya no estamos acostumbrados a ver. Cuenta Antonio Bellón, enviado del diario madrileño Pueblo:

Toros de Domecq con edad, largos, no muchos chichas y sí poquísimos pitones, certeros al derribar piqueros y jamelgos y los pitones hábiles buscadores de dianas en seda, gamuzas y pellejas de rocín. Toros gratos para el espectador – protestaban porque se les picase – y lo contrario para el torero...

Por su parte, quien firmó como P. Salazar para la Hoja del Lunes de Pamplona, refiere:

Cuando vimos desencajonar la corrida de don Juan Pedro Domecq, nuestra crónica no se dio al aplauso ni a la censura. El toro no se puede juzgar hasta que ha pasado por la pelea; pero sí observamos una corrida basta y destartalada y hasta vieja, de muy feas cabezas en su mayoría, como para una novilladota de esas que se acostumbra a “soltar” en le plaza de Madrid y que en la balanza arroja más kilos que loa llamados toros...

Así pues, la corrida en su presentación no agradó a los que relataron la corrida, pues les pareció destartalada, de juego complicado y de pocas condiciones para el lucimiento de los toreros. Vamos, las antípodas de lo que hoy representa esa ganadería.

El triunfo de Cañitas

En su presentación en Pamplona, Cañitas se alzó como triunfador de esa feria de 1946, cortándole las orejas al segundo toro de su lote. Relata Juan León, enviado del periódico madrileño Arriba:

A Cañitas – muy afortunado, por lo general, en los sorteos – le tocó el mejor lote – primero y cuarto – gracias a lo cual pudo salir ileso de la tarde. Cortó las orejas del “colorao” y escuchó muchas palmas en diversos momentos de sus dos toros. Y pudo, no sólo por lo dicho, sino por el empeño que puso en todo y por banderillear a sus dos enemigos. Y también por aquel repartir el público a voleo las cosas que da en una corrida...

Es breve el relato del cronista de Arriba, pero deja ver que la actuación de Carlos Vera se destacó por el empeño que puso delante de los toros que le tocaron en el sorteo.

Por su parte, el ya citado Antonio Bellón, relató en el diario Pueblo:

Entre los sustos, la danza, el sol, los gritos y las buenas digestiones, la segunda parte de la corrida no tuvo control posible. Se aplaudía a Cañitas al banderillear con apuros y al hacerlo con precisa exposición le regateaban las palmas. La faena, valiente y sin trabazón, vacilaba entre adornos y zurdazos. A una ovación seguía la algazara y Cañitas ponía valor y valor en pases en el estribo, naturales, manoletinas, otra vez naturales, sin fijarse de bajar la cabeza del animal, que a poco, clava a Cañitas en tas tablas. Total, Carlos Vera comenzó la vuelta con dos orejas en la mano y la terminó con dos puros que le tiraron, haciéndole unos desprenderse antes de tos apéndices mientras otros pedían que no se desprendiera de ellos...

El “toro de la merienda” es complicado para cualquiera, y la relación de Bellón deja claro que Cañitas tuvo que asumir las dificultades que implica enfrentarlo. Aun así, terminó cortándole las orejas.

Por su parte, P. Salazar, en su crónica de la Hoja del Lunes pamplonica, nos cuenta:

Cuarto: Colorado, ojo de perdiz. Toma las varas reglamentarias. Nada en quites. “Cañitas” coge nuevamente las banderillas y prende medio per para dejar, luego dos muy buenos, uno especialmente, muy difícil que no se premia como merece. Con la muleta, “Cañitas” hace algunas cosas buenas, derrochando valor, especialmente, unas manoletinas y unes pases metido en tablas que se jalean. Media estocada muy bien puesta, que hace doblar al toro. dos orejas y vuelta...

Así fue como se vio por la prensa nacional de España y la local de Pamplona, la presentación del valentísimo torero mexicano Carlos Vera Cañitas.

El resto de la corrida

Julián Marín le cortó una oreja protestada al tercero de la tarde y Andaluz, que sacó en el sorteo el lote más complicado, terminó su tarde con las opiniones divididas.

El siguiente festejo

Para el siguiente día, lunes, estaban anunciados en el cartel Fermín Rivera, Agustín Parra Parrita y Raúl Acha Rovira, para enfrentar una corrida de don Joaquín Buendía, de encaste Santa Coloma.

domingo, 10 de mayo de 2026

10 de mayo de 1957: José Ramón Tirado confirma su alternativa en Madrid

José Ramón Tirado, Julio Aparicio y Antoñete
Foto: Martín Santos Yubero - Archivo Comunidad de Madrid

José Ramón Tirado llegó a España de la mano de Rafael Sánchez El Pipo hace 70 años. El diestro de Mazatlán y el apoderado nacido en Córdoba eran proclives a realizar acciones que llamaran la atención, por los medios que fueran. Javier Manzano, autor de un interesante libro titulado Antoñete. La tauromaquia de la movida, en su página personal al referirse al encuentro de El Pipo con Tirado, escribe:

Su primera peripecia, añagaza y osadía la perpetró a finales de los 50 con el mexicano José Ramón Tirado a quien para darle a conocer en España le inventó la siguiente historia contada por él mismo: “iba a llegar Franco de un viaje y llamé a Tirado para que sacase un billete de avión para ese mismo día pero que no viajase. En el aeropuerto estaba toda la prensa esperando al Caudillo y yo a través de un fotógrafo amigo hice correr el rumor de que el torero que llegaba ese día no lo haría porque se había tirado del avión. Al momento todos los periodistas estaban a mi alrededor y yo inventando la historia; al día siguiente todo el mundo conocía a Tirado. Pero no me quedé ahí, sino que la seguí alimentando y un par de días después me inventé que un barco había rescatado al torero en alta mar y que aquello era un milagro. Tirado volvió a llenar páginas de periódicos y revistas, y esa temporada todo el mundo quería verle torear...

Ese aparente desacato le valió para que José Ramón toreara esa campaña 42 novilladas, quedando cuarto en ese escalafón, detrás solamente de Chamaco, Jaime Ostos y Curro Girón y le permitió recibir la alternativa el 12 de octubre de ese mismo año en la Mérida extremeña, apadrinándole Litri y llevando el testimonio de Antonio Ordóñez. El toro de la ceremonia se llamó Cuellolargo y fue de don Manuel González.

José Ramón Tirado regresó a torear el invierno a México, y confirmó su alternativa en la capital con el toro Remador de La Laguna, volviendo a ser su padrino Miguel Báez Litri, y fungiendo como testigo el Güero Miguel Ángel García.

El San Isidro de 1957

Rafael Sánchez El Pipo, tenía su manera de resolver las cosas. José Ramón Tirado ya tenía cierto predicamento en Madrid, porque allí se había presentado el 8 de julio del año anterior, y le cortó una oreja al primero de su lote; reapareció cuatro días después y se volvió a llevar una oreja del que cerró plaza y en su tercera oportunidad, el 29 de ese mismo mes de julio le cortó las dos orejas al tercero de la tarde, de Garro y Díaz Guerra.

Esa cadena de triunfos en la Villa y Corte la vendió bien don Rafael y le escrituró tres tardes para ese San Isidro del 57. Creo importante anotar aquí que Joselito Huerta, figura cimentada, apenas logró firmar una en esa feria. La confirmación de la alternativa en la apertura de la feria, con Julio Aparicio y Antoñete; la reaparición al día siguiente, con Aparicio otra vez y Manolo Vázquez y cerraría ese serial el 17 de mayo con Manolo Vázquez y Gregorio Sánchez. Y los toros eran los que exigían las figuras, por su orden, de doña Eusebia Galache, Atanasio Fernández y Barcial. Iba colocado como figura del toreo, aunque tuviera todo que demostrar.

José Ramón Tirado en su confirmación

Al final de cuentas Tirado no logró asegundar los éxitos que como novillero firmó la temporada anterior. Hay una amplia gama de apreciaciones entre los cronistas de aquellos días, pero todos coinciden en el hecho de que, ya no realizó el toreo destinado a conectar con los tendidos que le caracterizó en las presentaciones anteriores. Escribe Juan León en su crónica para el diario madrileño Arriba:

Este mejicano supo conquistarse grandes sectores de opinión con sus actuaciones novilleriles en el coso de las Ventas. Se le recibió, pues, con agrado, y él supo en sus primeras intervenciones con el capote hacerse aplaudir con fuerza, sobre todo, en su primer quite, echándose el capote a la espalda y pasándose muy cerca a su enemigo. Se 1e aplaudió también en la solemnidad de la confirmación, cuando Julio Aparicio le hizo entrega de las armas toricidas... Brindó al público y se fue al toro para citarle con el pase cambiado que tanto le acreditó en esta plaza: adelantar la muleta por delante y sacarla luego por la espalda, cuando el toro llega a jurisdicción. Siguió con dos ayudados por alto y uno de pecho. Citó con la derecha, y al segundo pase en redondo se le llevó el toro la muleta, cuajando seguidamente una buena serie de esta misma clase. Cambió de mano y logró tres naturales y el de pecho. Las embestidas de la res eran tardas y nada alegres, desluciendo los buenos deseos del diestro. Aliñó, para un pinchazo y una estocada desprendida, escuchando palmas y algún pitito...

Por su parte, Antonio Bellón, titular de la crónica taurina en el diario Pueblo, refiere:

A Tirado, un alboroto emocionante de ovaciones, sus ceñidísimas y reposadas gaoneras le dejaron su boyantillo primer toro donde más aire hacía: en la boca de riego. Su vaciarse el toro por la espalda tras angustiosa espera arrancó aclamaciones. Luego, en lucha contra viento y marea, salía airoso en redondeados redondos, y ovacionado, matando pronto, y en el huidizo sexto, acosadísimos los rehileteros, al borde del percance el Portero de Méjico, los focos encendidos, el público frío y enfriado, el espada en su macheteo preventivo no estudiaba la embestida del toro, mató aliviado, y al embotársele el verduguillo, se llevó un recado...

Y por su parte, Manuel Casanova, director del semanario El Ruedo, firmando como Emecé, refiere:

Entre el explicable nerviosismo en la tarde de confirmación de su alternativa, entre el viento que tanta desconfianza pone en los toreros, y entre que los toros que le correspondieron no fueron de los de «faena hecha», lo cierto es que la primera actuación del mejicano José Ramón Tirado como matador de toros en Madrid resultó bastante deslucida... En diestros cuya casi única tecla es la emoción, cuando ésta falta, se desvanece poco menos que en absoluto la posibilidad del éxito. Así le ocurrió en la tarde del viernes a Tirado. Salvo unas verónicas al toro de su alternativa y un ceñido quite por gaoneras, y más tarde en la faena de muleta una serie de redondos con la mano derecha, sus restantes intervenciones carecieron de brillantez. Todo lo sacrificaba en su primera faena a dar ese pase espectacular de adelantar la muleta por delante y sacarla por la espalda, en el que destacó su personalidad como novillero. Lo dio al fin, aunque a destiempo. Lo demás ya fue cuesta abajo. Unos pases discretos, un pinchazo y una estocada desprendida pusieron fin al trance de la confirmación, que la hizo con «Medianejo», número 80, berrendo en negro...

Por lo relatado en las crónicas que se transcriben, tal pareciera que la afición de Madrid esperaba al torero explosivo, que procuraba el hacer pirotécnico, exclusivamente de cara a la galería, para celebrar su hacer en el ruedo. Pero, por otra parte, también se puede apreciar que los elementos jugaron a la contra en el hacer del torero, que se vio afectado por el viento y las naturales incomodidades que éste produce.

El condicionamiento de una campaña

Las dos tardes que le restaban a José Ramón Tirado en Madrid no le resultaron triunfales tampoco, lo que condicionó en mucho el desarrollo de su temporada española del año 57, misma que cerró apenas con 6 tardes, las tres de Madrid, dos en Barcelona y una final en Palma de Mallorca el 9 de julio de ese año, con la que concluyó su paso por los ruedos hispanos.

A mediados de agosto, ya estaba toreando en plazas de México.

Una remembranza de El Pipo

Decía al principio de estas líneas que Rafael Sánchez Ortiz El Pipo, fue el artífice de la sorpresiva irrupción de José Ramón Tirado en ruedos de España, pero ese apoyo no fue gratuito. Observando su desarrollo como apoderado, he adquirido la impresión de que sabía descubrir toreros, llevando de las capeas o de las tapias a diestros como El Cordobés, José Fuentes o Curro Vázquez. Dirigiendo las carreras de otros toreros que dejaron historia como José María Clavel, José María Montilla, Paco Pallarés, o Antonio Ruiz Espartaco padre. Entre los nuestros, aparte de Tirado, también llevó las cosas de Manuel Capetillo.

Normalmente recordamos a El Pipo por las cuestiones que lo vinculan con la picaresca que se infiltra en esta fiesta – como la anécdota que cuenta Manzano –, pero era un aficionado sagaz, que sabía ver las virtudes de los aspirantes a toreros y no paraba en mientes para tratar de que llegaran a ser figuras del toreo.

Ser apoderado de toreros es algo más que ser un administrador. El ejemplo de El Pipo creo que lo deja claro.

Aldeanos