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domingo, 30 de agosto de 2026

28 de agosto de 1927. Gitanillo de Triana recibe la alternativa en el Puerto de Santa María

Nos cuenta Uno al Sesgo que Francisco Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, comenzó a andar por los ruedos en el año de 1924, cuando, sin experiencia previa, se probó en los tentaderos de las ganaderías de Narciso Darnaude y de Moreno Santamaría. Era conocido en esos días con el mote familiar de Curro Puya, y sería el 22 de abril de ese año, en la ganadería de Antonio Flores, delante entre otros, de Juan Belmonte, Antonio Cañero y el periodista Fernando Gillis Claridades, que: el competente tribunal quedó realmente edificado y por unanimidad se le otorgó al examinado la nota de sobresaliente, comenzando desde aquel día a extenderse la fama del torerillo de la Cava...

El 18 de mayo siguiente se presentó vestido de luces en la Isla de San Fernando, en festejo sin picadores, alternando en la lidia de novillos de Félix Gómez con Manuel Fernández Cádiz. Se presentó en Sevilla el l5 de agosto de 1925 alternando con Andrés Mérida y su combarriano Cagancho, ante novillos de Curro Molina, antes Urcola, haciendo lo propio en Madrid el 30 de julio de 1926. Curro Puya toreó su última novillada en Sanlúcar de Barrameda el 26 de agosto de 1927.

Entre 1926 y 1927, toreó 77 novilladas, siendo cabeza del escalafón junto con santanderino radicado en Valencia, Félix Rodríguez, y Cagancho, tres toreros que pasaron a la historia, los dos primeros de carrera breve y sino trágico . por distintas razones -, en tanto que Joaquín Rodríguez vivió muchos años y dejó larga historia tanto en España como en México.

Los prolegómenos de una tarde histórica

Bajo el ala de Juan Belmonte, la alternativa de Gitanillo de Triana tenía que ser un acontecimiento. Para ello, su protector se afanó en conseguir las mejores condiciones posibles en el tramo final de una temporada. Escribe Joaquín Albaicín:

Se preparó su alternativa cuidadosa y concienzudamente, con todo el apoyo de Belmonte, que ofició de testigo de la ceremonia y habló personalmente con Rafael “El Gallo” para que aceptara asumir el padrinazgo. Rafael lo hizo encantado, y llegó por fin para Francisco Vega de los Reyes (“Gitanillo de Triana”) el esperado día de su doctorado, que fue el 28 de agosto de aquel año que tan lejano nos parece de 1927, en la plaza de totos de El Puerto de Santa María, con toros de Concha y Sierra. La corrida fue todo un acontecimiento, para asistir al cual se desplazaron muchísimos aficionados de toda Andalucía...

Como bien lo describe Joaquín Albaicín en su libro Gitanos en el Ruedo, Juan Belmonte preparó las cosas como si fuera una cuestión propia, pues los toros de la Viuda de Concha y Sierra eran sus predilectos y la plaza elegida era una de solera, pero no de esas alguacilescas, que podían complicar el trance de una alternativa con exigencias fuera de sitio.

La prensa andaluza, la de Sevilla particularmente, se ocupó también de dar exposición al festejo, como la nota previa aparecida en el diario El Liberal de la víspera de la corrida, que ofrece la reseña de los toros a lidiarse:

En el encerradero de Salteras se han encajonado los seis toros de la ganadería de la señora viuda dé Concha y Sierra que se lidiarán mañana en la plaza del Puerto de Santa María... La corrida es de esmerada presentación y excelente lámina, compuesta de bichos buenos mozos, finos y gordos: una corrida magnífica... La fiesta reviste todos los caracteres de acontecimiento taurino, por tomar parte en ella el popularísimo Rafael el Gallo, el coloso Juan Belmonte (que aún está escuchando ovaciones por sus monumentales faenas en la plaza de San Sebastián el domingo último) y Gitanillo de Triana, que tomará la alternativa... La reseña del ganado es la siguiente: Número 94, «Gallito», negro lucero; número 90, «Lujoso», negro salpicado; número 104, «Tahonero», negro; número 47, «Vigilante», berrendo en negro; número 49, «Horquillero» negro, y número 64, «Buen mozo», cárdeno, careto... Habrá un tren especial, que saldrá de Sevilla a las ocho y cincuenta y dos de la mañana y del Puerto a las nueve y cuarenta y cinco de la noche... Lo dicho: la gran corrida. Mañana, al Puerto...

El reclamo estaba hecho, dos toreros ya legendarios ungirían como matador de toros a un valor nuevo, que en poco tiempo adquiriría su propia calidad de leyenda histórica.

La corrida de la alternativa

La tarde de la corrida no se ajustaba al ideal de una de toros. El cielo estaba entoldado y el viento de Levante era molesto, pero eso no ahuyentó a la afición, ni les impidió a los toreros realizar un esfuerzo importante para lograr que el festejo pasara a la historia por más razones que la mera efeméride. Así entonces, a las cinco de la tarde, hora anunciada, se abrió la puerta de cuadrillas para dar inicio a la festividad.

El primer toro de la tarde, sin que las crónicas lo consignen por su nombre, fue Vigilante, número 49, berrendo en negro. Ese es el toro con el que Rafael Gómez El Gallo, quien alrededor de esas fechas cumplía dos décadas ya como matador de toros, cedería los trastos para dar la alternativa a Gitanillo de Triana. De su actuación, nos relata lo siguiente Antonio Reyes Don Criterio, en su crónica escrita para el diario El Liberal de Sevilla:

Gitanillo de Triana ingresó ayer en el escalafón de los matadores de toros. Tomó la alternativa de manos de Rafael el Gallo – previo cortés y cariñoso discurso – y logró cortar las dos orejas del toro del doctorado… Este toro, berrendo en negro, fue uno de los mejores que ayer se lidiaron por lo noble y por el temple y suavidad con que embestía. El nuevo matador de toros practicó con el bravo astado una vistosa, valiente y lucida faena, que inició con un estatuario pase ayudado por alto. Dio otros también muy buenos, que se aplaudieron y olearon. No fue una faena de destaque, notable, pero sí lucida y tranquila. Entró a matar derecho y dio en tierra con el bruto de una estocada corta, arriba, perdiendo el trapo á la salida. Gitanillo, que brindó la muerte del toro de alternativa al ganadero don Antonio Flores, fue ovacionado, dio la vuelta al anillo y cortó las dos orejas del cornúpeto…

Dentro del terreno de la anécdota, se cuenta que, en el momento de la cesión de trastos, se dio un larguísimo parlamento entre padrino y ahijado. La versión de esos hechos que nos cuenta José Manuel López Mohiño, en su libro Francisco Vega de los Reyes “Curro Puya”. “Gitanillo de Triana”, esencia del toreo trianero, es la siguiente:

Se comentó que, llegado el momento de la ceremonia, establecieron un largo diálogo entre padrino y ahijado; los cronistas de la época afirmaron que al menos duró de 7 a 8 minutos. Extrañados todos, tanto público como periodistas de la alocución de Rafael, y una vez terminada la entrega de los trastos, todo el mundo con curiosidad fue a preguntarle al Gallo, el “Divino Calvo”, de lo que le había comentado al neófito, para asombro de todos, Rafael y Francisco discutían por el precio de unos gallos de pelea que el primero quería adquirir al toricantano y nuevo matador de toros... Esta fue una de las tantas genialidades de Rafael Gómez “El Gallo”. la afición a los gallos de pelea en esta época estaba muy generalizada en mundo del toro…

Por su parte, el ya invocado Joaquín Albaicín, en Gitanos en el Ruedo, cuenta esto:

La ceremonia de entrega de trastos al nuevo matador fue, al parecer, inusualmente larga, en especial para el público, que no alcanzaba a escuchar nada de lo que se estaban diciendo entre sí los dos toreros. Eran ambos muy aficionados a las peleas de gallos, y, como resultaba que tenía Curro dos pollos que antojábansele a Rafael dos luchadores imbatibles, no se le ocurrió otra cosa al “Gallo”, en el momento mismo de la investidura, que proponerle que se los vendiera. Así permanecieron varios minutos, cambiando impresiones sobre la raza de que hacía tal o cual crestudo gala en el palenque, y pujando cada vez más alto Rafael por los de Curro ante el gesto imperturbable de Belmonte y el estupor y la impaciencia de quienes llenaban los graderíos. Finalmente, convencido “El Gallo” de que no iba a dar a torcer su brazo Curro y de que no le vendería los gallos, le dio la alternativa, diciéndole al estrechar su mano: «Suerte, y al toro. Tú llegarás, porque eres gitano...»

Las diferencias entre una versión y la otra son de mero grado. La esencia reside en que en ese preciso momento se le ocurrió al Divino Calvo tratar la compra de unos gallos de pelea. Así eran las cosas de Rafael.

La gran tarde de Belmonte

Juan Belmonte les cortó las orejas y los rabos a los dos toros de su lote. Quizás su faena al toro quinto fue la que más caló en los tendidos. Escribió quien firmó como Gallardo para el diario El Noticiero Gaditano, aparecido al día siguiente del festejo:

Fueron los lances que dio Belmonte al penúltimo toro de la tarde, una verdadera lección de arte, valor y dominio. Ni decirse tiene que las manos se batieron constantemente… Un silencio se hizo en la plaza, cuando Belmonte iba con pasos firmes, provisto de la muleta y la espada a desafiar a la fiera. Había resucitado la figura del ídolo… Belmonte había logrado apoderarse de la muleta de Rafael, y para conquistar el triunfo, sólo tuvo que poner corazón. La «muleta maravillosa» hizo su efecto… Cuando más entusiasmado estaba el público con la faena, cayó rodando el bicho a los pies del torero. Se había consumado totalmente el triunfo… Fueron varias las vueltas que tuvo que dar al ruedo, llevando en sus manos los máximos galardones que pueden concederse a torero alguno…

Por su parte, El Gallo, quien enfrentó a los toros tercero y cuarto, salió con la oreja en la mano de este último, con el beneplácito de la concurrencia, a pesar de que fallara con el acero. Sigue relatando el citado Gallardo:

En el cuarto bicho, que le correspondió en suerte, también se lució con la muleta, no estando así desafortunado con el estoque, sin que esto fuera óbice a que el público de sol se empeñara en que le fuera concedida la oreja a Rafael, petición que mereció la aprobación de la presidencia…

El resumen del conjunto

Esa tarde de toros en El Puerto resultó ser memorable en su conjunto, pues los sucesos a recordar de ella no se reducen exclusivamente a la alternativa que se concedió en ella. Aunque el toricantano saldó su ingreso al escalafón mayor con un triunfo, Juan Belmonte fue a dejar en claro por qué era una figura principal de la fiesta. Refiere Don Criterio en el cierre de su crónica:

Fue la de ayer una gran corrida en su en su conjunto, saliendo él público sumamente satisfecho y agradablemente impresionado del resultado de la brillante fiesta. Aún está saboreando las soberbias y monumentales faenas de Belmonte, el amo y el único. Sí; el amo y el único.

Gitanillo de Triana confirmaría su alternativa en Madrid el 6 de octubre siguiente, en una corrida en la que actuarían el rejoneador portugués Simao da Veiga – lidiando dos toros, – Rafael El Gallo, Juan Belmonte y el confirmante, ante toros de Julián Fernández, antes de Vicente Martínez

domingo, 21 de diciembre de 2025

Dalí en los toros

Cortesía: Joaquín Albaicín
A finales de 1960, al hacerse público que Salvador Dalí y su esposa Gala habían llegado a un acuerdo con el Museo del Prado para que todas sus pinturas, dibujos y otras creaciones artísticas pasaran al Museo del Prado después de su muerte, Ramón Guardiola, el alcalde de Figueras se entrevistó con el pintor para hacerle ver que dada la trascendencia de su persona y de su obra, Figueras debería tener un sitio en dedicado a representar y exhibir la obra de Dalí.

Fue el propio Dalí el que propuso que se rehabilitaran las ruinas de lo que fuera el Teatro Principal o Municipal de la ciudad, casi destruido en las postrimerías de la Guerra Civil, inspirado en lo que se realizó con la Sala de las Cariátides del Palacio Real de Milán, donde unos años antes había expuesto obra y que había sido rescatada de los efectos causados por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Figueras homenajea a Dalí

El 12 de agosto de 1961 se organizó un homenaje a Salvador Dalí en Figueras, su ciudad natal, con un extenso programa de actividades. Recorrido por las calles, corrida de toros, desfile de cabezudos, visita a las ruinas del teatro que se reconstruiría para instalar allí el museo, la entrega de la Hoja de Higuera de Plata y una cena de gala.

La corrida de toros

La decimonónica plaza de toros de Figueras, en esos días todavía de propiedad privada, se engalanó con un cartel formado por Curro Girón, Fermín Murillo y Paco Camino, quienes enfrentarían un encierro de Molero Hermanos, de Valladolid. Aunque la tarde fue ventosa, los toreros pudieron tener actuaciones destacadas. Relató el corresponsal de El Ruedo, en el número fechado el 17 de agosto siguiente:

En Figueras, la bella ciudad del Ampurdán, se celebró una corrida en homenaje del genio pictórico de Salvador Dalí, que hizo de las suyas a lo largo de la corrida y al término de la misma... Curro Girón realizó en su primero una faena valerosa y porfiona, para despacharlo de una gran estocada. Al cuarto le toreó de forma superior a la verónica, le banderilleó entre ovaciones y le cuajó una excelente faena que mereció los honores de la música y le valió dos orejas y rabo… Fermín Murillo tuvo el lote menos apto para el lucimiento. En ambos peleó contra el viento y el pésimo estilo de sus enemigos, a los que realizó dos valerosas y expuestas faenas, que fueron premiadas con música y grandes ovaciones. Pero la espada no estuvo certera y lo que pudo ser triunfo de orejas quedó en ovaciones… Paco Camino dejó la impronta de su arte en unos lances maravillosos. Con la muleta, dos grandiosas faenas, en las que la mano izquierda entró en funciones con un toreo al natural que entusiasmó a propios y extraños. Mató a su primero dé estocada y hubo premio de dos orejas y rabo, y al sexto, de estocada y descabello, pero como quiera que el puntillero le levantase en tres ocasiones el toro, todo quedó en vuelta triunfal...

En varias publicaciones se refiere que, a petición de Dalí, se pretendía que los despojos del último toro de la tarde fueran levantados por un helicóptero y depositados en el mar o en los picos de Montserrat. Refiere el redactor de El Ruedo:

Muchas, veces Dalí – que se hace el quite de la pintura buscando por medios pintorescos las páginas gráficas de los semanarios – ha sido atraído por la fiesta de les toros. Aún recordamos aquella corrida proyectada para ser celebrada en Lima, a cuyo final un autogiro izaría el cadáver de un toro sobre el pico más alto de los ingentes Andes. La versión andina cedió paso a la versión mediterránea - ninguna de las cuales vio la luz - y los Andes fueron sustituidos en el proyecto por los picos de Montserrat...

Al final de cuentas, el helicóptero, que debió llegar desde una población francesa cercana, no llegó y el fin de fiesta sugerido y previsto por el pintor no se pudo producir, pero hubo un final adecuado a su personalidad, el estallido de un toro esculpido en yeso, por los artistas belgas Niki y Saint Phalle y Jean Timbuyill, mismo que estuvo a punto de causar un desaguisado, pues las chispas de uno de los cohetones casi le queman la cara. Relata el corresponsal de la Hoja del Lunes de Barcelona:

El primer cohete de la traca fue a dar, precisamente, en el ojo izquierdo de Dalí, que no se había movido de su sitial en la presidencia... A la salida de la plaza, abriéndose paso entre la muchedumbre, compuesta de turistas extranjeros en su mayor parte, una vistosa comitiva recorrió las calles de Figueras....

Y por su parte, refiere el corresponsal del diario madrileño Pueblo:

Esto no fue obstáculo para que, durante la desintegración del toro de yeso, lleno de cohetes, bengalas, fuego y una paloma viva que emprendió el vuelo ante el entusiasmo de los asistentes, Salvador se cubriera la cabeza con un gran pan de los denominados de “pages” para protegerse de los petardos y recibir, de paso, una gran ovación del público...

Fragmentos de una entrevista

Juan R. Vila, de la Hoja del Lunes de Barcelona, tuvo la oportunidad de entrevistar a Salvador Dalí ese día. Y le dio algunas respuestas muy interesantes:

- ¿Qué significado tenía el «toro sorpresa», sacrificado al final de la corrida daliniana?

- El alquitrán, que lanzaba a chorros, significa lo que de momento es blando y luego se endurece. Esto es la vida misma, que es así.

- ¿Y el fuego?

- El fuego que el toro despedía expresa el vigor, y da el tono de rito sagrado a lo que es la corrida de toros.

- ¿Sigue con la tauromaquia?

- Continúo haciendo bocetos sobre ella. Siempre me renuevo. Ahora pienso renovar mi forma de pintar. Yo siempre estoy en renovación.

- ¿Entonces, lo que ha hecho y hace, no es definitivo?

- Definitiva en sí es la idea; la expresión es variable. Como soy un genio, seis veces por minuto se me ocurre una genialidad...

Esas pocas respuestas pintan de cuerpo entero a Dalí.

Las corridas de homenaje

En varios de los textos periodísticos que he podido consultar se hace referencia al festejo como corrida daliniana, pero lo fue por el personaje en cuyo honor se celebró, porque al final de cuentas, como lo señala el redactor de El Ruedo, fue una corrida seria y al uso, es decir, no hubo ni vestidos de torear estilizados especialmente al efecto, ni intervenciones absurdas en la plaza para darle más efecto al evento. En suma, no se trató de una de las hoy en día tan traídas y llevadas corridas temáticas que tanto abundan y que tan poco aportan.

Por otra parte, aunque en su día y con vista hacia la taquilla, la confección del cartel puede considerarse como redonda, a veces ese tipo de festejos debieran formarse en función de la idiosincrasia del homenajeado, que será quien llevará a la afición a los tendidos. Escribe Joaquín Albaicín:

...creo que lo suyo habría sido confeccionar los carteles con espadas gitanos y mexicanos, que – con excepción de “El Platanito” y “El Cordobés” – han sido los únicos toreros destiladores de un arte afecto al surrealismo. Haber, sí, traído como fuese desde su retiro en Texcoco a Silverio, o al Procuna aún en activo, o hacer reaparecer para la ocasión a un “Rafael Albaicín” entonces a caballo por los “spaghetti – westerns” de Almería o a un “Gitanillo de Triana” al frente de su tablao madrileño. Y llamar a Yul Brynner para pedir la llave de la plaza… Y “Manitas de Plata” tremoleando desde un palco. Pero no se hizo...

Es decir, los toreros que rinden el homenaje, deben ser coincidentes con el ser y con la personalidad del homenajeado – vamos, de la misma cuerda –, de modo tal que éste sea más profundo y más sentido por todos.

Aviso Parroquial: Agradezco a Joaquín Albaicín el haberme puesto sobre la pista de este asunto y de la imagen que ilustra estos pergeños.

miércoles, 29 de julio de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (X)

29 de julio de 1951: Triunfo de Arruza en la despedida de Chicuelo

Chicuelo, Arruza y Manolo González
Barcelona, 29 de julio 1951
Foto: Mateo
Manuel Jiménez Chicuelo fue el primer torero que tuvo la intuición necesaria para ejecutar completa la sinfonía del toreo de la que Gallito, Gaona y Belmonte habían dejado compuestos por separado los movimientos que representan lo que hoy concebimos como el toreo moderno. Y no lo hizo con un signo meramente imitativo, sino que le dio su propio acento y su propia signatura, lo que le convirtió indudablemente en uno de los constructores del edificio que es la tauromaquia contemporánea.

Chicuelo, nacido en 1902, recibió la alternativa en septiembre de 1919 de manos de Juan Belmonte en la plaza de Sevilla. Él a su vez alternativó a 29 toreros, de los que quizás el más señalado sea Manolete, a quien se dice entregó el testigo de la evolución del toreo. Esto último es un buen recurso literario, más no un acto consciente, sin embargo, quienes han escrito sobre esta arista de la historia del toreo, así lo consideran.

Para el 29 de julio de 1951, Pedro Balañá – el viejo – anunció una corrida salmantina de Alipio Pérez Tabernero Sanchón para el ya nombrado Manuel Jiménez, Carlos Arruza y Manolo González. El anuncio de la corrida señalaba que era la despedida del diestro sevillano de la afición barcelonesa y la reaparición de Arruza tras de cuatro años de ausencia, causada esta por la ruptura de las relaciones entre las torerías de México y España.

Ese 1951 Chicuelo toreó solamente tres corridas. Abrió el año allí en Barcelona, luego, el 26 de agosto actuaría en El Puerto de Santa María con José María Martorell y Litri en la lidia de toros de Juan Pedro Domecq y cerraría su brillante trayectoria en Utrera el 1º de noviembre cuando ante toros de Concha y Sierra se acarteló con Juan Doblado y Juan de Dios Pareja Obregón a quienes dio la alternativa, para poner el punto y final a una carrera que sin duda es crucial para la fiesta de los toros.

Aunque después en una entrevista que le realizó Fausto Botello en 1967, publicada en el ejemplar del semanario El Ruedo correspondiente al 2 de febrero de ese año, el maestro diría que él jamás se despidió, que Balañá anunció la corrida con esa finalidad en su propio beneficio… 

La gran tarde de Chicuelo

Lo que realizó el diestro de la Alameda de Hércules puede observarse desde distintas ópticas, como la de A. de Castro, cronista del diario Mundo Deportivo de la Ciudad Condal, quien al día siguiente del festejo publicó lo que sigue:
...La vieja gloria – léase Manuel Jiménez «Chicuelo» – no se dejó pisar los talones por las glorias de hoy y tal fue su labor que faltó un tris para que se llevara la oreja de su primer toro, y si no la obtuvo fue por culpa del puntillero que levantó al toro con el cachete cuando ya «Chicuelo»  había cumplido brillantemente su labor. Hubo sin embargo de dar la vuelta al ruedo y salir a los medios. Del cuarto toro se llevó en la espuerta las dos orejas y su éxito fue de los que dejan «mascar» una repetición inmediata...
Pero también puede analizarse su actuación a la luz de lo que su paso por el ruedo de la Monumental representó para la historia del toreo y es así como lo trata Eduardo Palacio en su tribuna de La Vanguardia, quien entre otras cosas, reflexiona lo siguiente:
Diré sólo que en Barcelona toreó su última corrida el 29 de agosto de 1948, tarde en que se presento Manolo González, que salió al coso herido en la cabeza, como ocurrió el domingo, que hubo de salir destocado pues venía de ser pisoteado en la feria valenciana por un toro, que le hirió en la frente. Bien, pues «Chicuelo», que el aludido domingo pasado reapareció en la Monumental, donde se apretujaba la gente y, gracias a Dios, se dejaba sentir, ¡al fin!, un fuerte calor, fue ovacionado en el paseo, se le obligo a salir a los medios, y después sacó a éstos a sus dos compañeros de terna, que eran nada menos que Carlos Arruza y Manolo González. Vestía el reaparecido de perla y oro, y traía de peón de confianza al que siempre lo fue suyo; al fiel amigo, al auxiliar incondicional, Benito Martin, «Rubichi», persona conocedora como nadie de las alegrías y dolores del «maestro», quien le quiere tanto y tan predilectamente, que lo hizo padrino de pila de una de sus hijitas. No es de extrañar que «Rubichi» cuando el público aclamaba el domingo a «Chicuelo» y se le otorgaban las dos orejas del cuarto toro de la tarde, fingiese reír o por lo menos sonreír, y en vez de ello sollozase y de sus ojos desprendiéranse lágrimas, que enjugaba en su capote de brega, como el peón que siente escozor al recibir en un parpado las arenas que los toros levantan con sus remos y bufidos al corretear por los cosos. Total, que la corrida, fue un éxito, un gran éxito para los tres espadas y una delicia para los veintitantos mil espectadores que la presenciaron, entre los que había no pocos sevillanos venidos expresamente «a vé a Manué». ¿Y sabéis quien vino también de allí? Lo explicaré. Me saludo un señor, cuya cara me era conocida y ocupaba la quinta localidad a mi derecha; yo le respondí con el mismo afecto que él había puesto en el ademán y hacíame señas cuando toreaba «Chicuelo» y se tropezaban nuestras miradas, siguiendo yo sin reconocerle. Pregunté a un peón y me dijo: «Es don José Zarco, de Sevilla también». «Bien — repliqué —, ¿pero qué es?». «Pues un señor millonario que fue torero, lo dejó, se metió en negocios y ha hecho un fortunón». Entonces caí en que era José Zarco Carrillo, novillero puntero que mataba de manera extraordinaria y que se doctoró en Madrid en 1921 de manos de «Ale», para, al poco tiempo retirarse de la circulación taurina, lo que ahora juzgo muy bien hecho...
Ese cuarto toro al que Chicuelo le cortó las orejas se llamó Canastillo, número 31 y por su parte, Antonio Santainés pone esa faena al nivel de una de un toro Rebujina de Villamarta el 5 de mayo de 1932 y a su vez Don Quijote, al narrar esa faena, la reúne con otras realizadas allí como la de un toro de Pérez de la Concha en 1920, la de Vividor de Contreras en 1921, uno de Cruz del Castillo en Las Arenas también ese año, la de Sulimán de Vicente Martínez en 1923, uno de Albaserrada en el 26, otro de Contreras en el beneficio de Conejito en el 27... Y Santainés reitera que esa del Rebujina de Villamarta era la última gran obra de Chicuelo antes de esta tarde del 51...

El triunfo de Carlos Arruza

Con el recorrido realizado hasta este punto por la trayectoria de Carlos Arruza nos queda ya claro que Barcelona era una especie de plaza talismán para el Ciclón Mexicano. Es quizás, la plaza española en la que más toreó y también en la que muchos triunfos resonantes obtuvo. No creo incurrir en error si señalo también que era una plaza en la que era también muy querido.

Esa tarde del último domingo de julio de 1951, Carlos Arruza volvió a triunfar en la Monumental barcelonesa. Y lo hizo sin perder un ápice del toreo entregado y emotivo que fue su divisa desde su primera actuación allí. Eduardo Palacio, en la crónica ya citada, nos cuenta:
...Desde que Arruza ha echado a torear esta temporada lleva cinco corridas de actuación y en cuatro ha sido orejeado. Ello parece, lógico y natural viendo lo artista que está y el valor que le acompaña. El domingo recibió su primer toro con cuatro faroles de rodillas, y en pie tres verónicas majestuosas, seguidas de un quite, centelleante, iniciación de un tercio de maravilla que amenizó la música, pues González dibujó en el suyo seis lances con el capote a la espalda que fueron un verdadero primor, «Chicuelo» por «chicuelinas», y tornó Arruza a hacer otro con el capotillo a la espalda. No habían cesado las ovaciones, cuando Arruza cosechaba otras tres en sendos pares de rehiletes, y ya sonaba de nuevo la música amenizando la siguiente faena... Señaló un pinchazo sin soltar el arma y arreó un volapié entero en el propio hoyo de las agujas. Concediéronsele las dos orejas del cornúpeta y dio la vuelta al ruedo y salió a ¡os, medios entre una ovación unánime y calurosa. Al quinto toro de la fiesta clavóle dos pares y medio de banderillas, formidable el segundo, y con la muleta enjaretó una faena porfiona, acompañada por la música... La faena del mejicano, valerosa en alto grado, fue interrumpida por el toro, que prendió al artista, derribólo y lo tuvo entre las patas, tirándole fuertes derrotes, pero sin encarnar hondo por fortuna. Levantóse el muchacho con el vestido deshecho y con sangre en la pantorrilla derecha, requirió los avíos, dio cinco panes más, plenos de coraje, y entró a herir con mil toneladas de valor, enterrando todo el estoque en la misma cruz. Se le entregó una oreja, dio la vuelta, al ruedo, salió a los medios y saltó al callejón para que le recompusieran el traje...
Como se puede leer, fue la actuación de Arruza en estado puro, lo que le permitió mantener su empatía con la afición de la capital de Cataluña y a la cual correspondería siempre que tuviera la ocasión de hacerlo.

Finalizando

Hasta los carteles de la despedida de un torero tienen que organizarse con imaginación. Aquí al viejo Balañá no le faltó de esto. Manuel Jiménez Chicuelo, quien en la década anterior toreaba intermitentemente y promediaba unas tres corridas anuales tenía que ir bien arropado en su adiós en una plaza de categoría. Pero no solamente en el papel. Así, por una parte se le acompañó en el cartel con Carlos Arruza, representante de la verdadera escuela mexicana del toreo, la de Ojitos, recibida vía las enseñanzas de su maestro Samuel Solís y el toreo de la sevillanía más pura encarnado en Manolo González que mutatis mutandis, era la prolongación de la obra del torero que decía adiós.

Como se ve, hasta para eso hay que saber poner las cartas sobre la mesa, tanto para que la gente vaya a la plaza, como para que, en una actitud de respeto al torero que se despide, su tauromaquia luzca debidamente. Pero esos eran otros días. Hoy, decía un personaje de una novela de la revolución mexicana, las cosas se jilan de otro modo…

Agradecimiento

Agradezco a Joaquín Albaicín el haberme puesto sobre la pista de este interesantísimo asunto.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Una fotografía con historia (VI)

18 de agosto de 1946. Calesero en Burgos

Calesero, Albaicín, Luis Mata, Ángel Luis Bienvenida y Cagancho
Burgos, 18 de agosto de 1946
Fotografía: Fede / Diario de Burgos
La campaña de 1946 fue la primera en la que los toreros mexicanos se presentaban en plazas españolas después de la ruptura de 1936 y de la Guerra Civil Española. Ya he contado en esta misma bitácora los esfuerzos de Antonio Algara para reparar los desacuerdos generados en aquel entonces primero y reafirmados a partir de 1939 después, para poder primero, traer a México a Manolete y después, conseguir que nuestros toreros pudieran ir a actuar a España.

Uno de los toreros que se beneficiaron con esa reanudación de relaciones taurinas fue Alfonso Ramírez Calesero, quien había recibido la alternativa al final de 1939 y gozaba en México de fama de artista. Partió a España al inicio de la campaña de 1946.

El balance numérico al final de la campaña puede parecer pobre, pues el escalafón definitivo de la campaña dice que Calesero toreó solamente 9 corridas de toros, pero si revisamos las plazas en las que lo hizo, fueron Barcelona, Sevilla, Madrid, Zaragoza y Granada en España; Bayona y Burdeos en Francia y Santarem en Portugal. Es decir, únicamente plazas de primera categoría. Además, como en el caso que me ocupa en este momento, toreó varios festivales y entre otros, ubiqué en la prensa de la época, uno en Logroño.

Y es que a veces, la calidad debe primar sobre la cantidad. Y Calesero era un torero de esos, de los que de poco en poco fueron construyendo su leyenda.

El festival de Burgos de 1946

En estos tiempos que corren, en los que la fiesta de los toros es denostada y considerada políticamente incorrecta, vale la pena a veces voltear atrás para ver que desde siempre quienes participan activamente en ella y quienes tenemos afición por ella, nos preocupamos y hacemos obra por causas nobles poniendo los medios de la propia fiesta al servicio de esas causas.

Así, en agosto de 1946, el Monte de Piedad, la Caja de Ahorros y el Círculo Católico de Obreros de Burgos organizaron un festival taurino a beneficio del Asilo de Ancianos de las Hermanitas de los Pobres de esa capital. El festejo se celebraría el día 18 de agosto y en él actuarían inicialmente Joaquín Rodríguez Cagancho, Alfonso Ramírez Calesero, Rafael Albaicín, Ángel Luis Bienvenida y Manolo Escudero en la lidia de novillos de Ignacio Encinas, vecino de Palencia.

El Diario de Burgos fue el encargado de dar difusión a la organización del festival y de invitar a la afición y al público en general a asistir al mismo, dada la obra benéfica que se perseguía con el mismo:
Ya ha sido fijada la fecha definitiva en que ha celebrarse el grandioso festival taurino organizado por los periodistas a beneficio del Asilo de Hermanitas de los Pobres. 
Tendrá lugar el domingo día 18 del actual, lidiándose reses del prestigiosísimo y escrupuloso ganadero palentino, D. Ignacio Encinas, tan acreditado en Burgos en cuyo coso con tanto éxito han desfilado corridas suyas. 
Ayer, lunes, se desplazó a la propia finca del señor Encinas una representación de los organizadores a fin de elegir en el propio campo, los bichos que han de lidiarse y conseguir, de este modo, la máxima garantía de presentación del ganado como base esencial para el rotundo éxito del festejo... (6 de agosto)
Los novillos a lidiarse llegaron a la plaza el día 14 de agosto al atardecer, el propio Diario de Burgos relató las características de los mismos:
Ya han llegado los bichos. Ayer, a última hora de la tarde, llegaron a los corrales de la plaza, los cinco hermosos erales de la ganadería de Encinas, que se lidiarán en nuestro festival. 
Sus pelos y señales son los siguientes: Número 37, negro zaino, “Garrochero”. Número 18, negro meano, “Cucaracho”. Número 4, negro zaino, “Manito”. Número 14, negro zaino, “Veletero”. Número 35, negro zaino, “Civilillo”. 
Por la hora en la que hicieron su entrada en la plaza fueron contadas las personas que presenciaron el desencajonamiento, pero a todos gustaron mucho, por su finura y excelente lámina... (15 de agosto)
El día del festejo se anunció, sin expresión de causa, la sustitución de Manolo Escudero por el diestro aragonés Luis Mata, torero que entre nosotros cobró notoriedad por haber sido el que alternó con Fermín Espinosa Armillita en la última corrida que éste toreó en su vida y quien además se quedó con nosotros para siempre. Fue presentado a la afición de esta manera:
...nunca nos resignamos a desaprovechar la posibilidad de mejorar el cartel. 
Y, a fe, que, a última hora, hemos conseguido incorporar a éste una muy grata novedad, que los aficionados acogerán con viva satisfacción. 
Nada menos que Luis Mata, que alcanzó éxitos de apoteosis en ruedos mejicanos, vino a principios de año a España y en Madrid confirmó la alternativa y desde entonces acá todas sus actuaciones se cuentan por triunfos, tan señalados como los recientes y reiterados en Madrid, Barcelona y Zaragoza, cuyas calles ha paseado en triunfo en hombros de los aficionados. 
He aquí la ejecutoria con que hoy se presenta el gran lidiador aragonés ante nosotros; brillantísimos triunfos en todas las plazas y un corazón entregado al servicio de los pobres. 
Digno compañero de esos admirables diestros que son Cagancho y Albaicín, Ángel Luis Bienvenida y “El Calesero”, desde el primer momento junto a nosotros...
La celebración del festejo tuvo tintes triunfales. Cagancho, Albaicín y Ángel Luis cortaron oreja, dieron la vuelta al ruedo y recibieron, como se acostumbra en esos casos, un obsequio de la presidencia de honor. La actuación de mi paisano Calesero, fue de la siguiente guisa:
SEGUNDO. – Calesero y Bienvenida torean a la verónica oyendo palmas. 
El mejicano ofrece los palos a Ángel Luis y a Mata y los tres diestros entreteniendo al público jugueteando con el bicho entre constantes aplausos. 
Clavan los rehiletes admirablemente y las ovaciones se suceden. 
El Calesero comienza la faena de muleta con pases por alto, erguida la figura, siguieron otros de diferentes marcas para buscar la igualada, ya que el bichejo no se presta a adornos y termina con una estocada y descabello. (Ovación, oreja, vuelta al anillo y regalo)…
Pero ocurrieron cosas interesantes en el festejo. Por ejemplo, Cagancho cogió los palos en el que cerró plaza y en el que Luis Mata se alzó como el gran triunfador del festejo:
QUINTO. – Mata le saluda con unos capotazos superiores, valientes y llenos de arte. 
Albaicín y Calesero son ovacionados, como Mata, en sus intervenciones con la capichuela. 
Cagancho coge los palos y cambia un gran par; Calesero clava un palo; el aragonés un par y cierra el mejicano con otro levantando los brazos y llegando a la cara como los mejores (Grandes ovaciones). 
Mata, de rodillas, sale en busca de su enemigo y después de pasarle por alto da varios molinetes en la misma posición, metido entre los cuernos y entre abundantes palmas. Sigue en pie con manoletinas, pases afarolados, molinetes y derechazos. Un pinchazo hondo en lo alto y descabello. (Ovación, dos orejas, rabo, regalo de la presidenta, vuelta al ruedo y además es despedido con palmas que no cesan hasta que abandona la plaza)...
Independientemente de lo anterior, para dar variedad al festival, todos los diestros alternaron en quites, los que lo acostumbraban también lo hicieron en banderillas y fuera del reparto de apéndices – retazos de toro Manolo Martínez dixit – tuvieron una jornada triunfal en la que hicieron las delicias del público que llenó la antigua plaza de toros de Burgos.

Así pues, esa es la historia de una fotografía que por sí sola encierra mucho arte.

Agradezco a Joaquín Albaicín haberme puesto tras la pista de este interesante asunto.

Aldeanos