domingo, 22 de febrero de 2026

20 de febrero de 1966: La despedida de Calesero en la Plaza México

Calesero inició el año de 1966 con una campaña de festejos de despedida que terminaría el 14 de mayo del año del año siguiente y que constaría de 18 festejos. Como le contó al doctor Alfonso Pérez Romo, aunque ya tenía más de 25 años de alternativa, se iba cuando todavía le podía a los toros y a los públicos, no porque ya le costara estar delante de ellos. Mantenía, lo que años después describiera el Notario sevillano don Luis Bollaín como el cuerpo enjuto, pero sin encorsetar... y el atractivo de verle desde el paseo: ¿Qué se le podrá ver a este singular azteca en desfile al frente de la cuadrilla o cruzando en recta el redondel...? Calesero seguía siendo atractivo para la afición y para las masas.

El adiós en la Plaza México

La despedida de Calesero en la capital mexicana se anunció para el domingo 20 de febrero de 1966. Le acompañarían en el cartel Manuel Capetillo y Raúl García, formando un compendio de tres épocas del toreo mexicano ante toros de Valparaíso. No hay necesidad de aclarar que la plaza de toros más grande del mundo se llenó, porque, aunque en ella, en sus dos décadas de existencia, Calesero apenas había cortado una oreja, aquel domingo 12 de enero de 1954, cuando en la tarde de la reaparición de Armillita, Carlos León le propuso para un hipotético Premio Nóbel del Toreo. Así estaría el Poeta del Toreo esa tarde y así esperaba verle la gente, cada vez que le veían anunciado en los carteles. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Nunca fue una figura del toreo, pero sí fue, junto con Pepe Ortiz, uno de los toreros que con más arte y sabor manejaron el capotillo. Siempre fue visto con agrado, a pesar de su desesperante falta de corazón, completando cualquier cartel; algún lance, algún quite, algún remate luminoso se llevaba el aficionado en la retina, aunque fueran otros los diestros que partieran el bacalao...

Quizás no fuera una figura del toreo al uso, de los que cortan orejas todas las tardes. Pero habrá que hacer notar que entre esa tarde de 1954 y este año de su despedida, Calesero encabezó el escalafón de sus pares en varias temporadas y tuvo presencia en todas las plazas importantes de la República. Estaba allí porque interesaba, porque llevaba a la gente a las plazas. Ser figura del toreo no es necesariamente cosa de números, también puede serlo de sello, de dejar recuerdos en la memoria colectiva.

La 11ª corrida de la temporada 1965 – 66 

Calesero vistió el mismo terno grana y oro que sacó el domingo anterior en Aguascalientes, donde mató seis toros y les cortó ocho orejas y un rabo en una tarde que ha quedado como una de las importantes de la historia de la centenaria Plaza de Toros San Marcos. Es recibido con afecto por la afición. Refieren las crónicas:

...como en sus días de novillero; con una tarde de lágrimas, de palomas y de golondrinas, dijo adiós a los toros, cercado por su público capitalino, que llenó casi por completo la Plaza más grande del mundo, la México, el más gitano de todos los diestros de México en todos los tiempos: Alfonso Ramírez “Calesero”, a quien sus hijos menores cortaron la coleta a las cinco y media de la tarde… Con medio siglo en los garbosos hombros, llevados con la ligereza de los 25 abriles, majo y señorón, Alfonso ha vestido esta tarde principescamente y desde el tercio escucha la primera de las grandes ovaciones, que le obligaron a dar una lenta vuelta al ruedo, devolviendo ya sombreros, antes de que apareciera el primer toro… La gente se le entregó y el torero de Aguascalientes dejó el capote de brega para abrir los brazos y circundar el anillo con el mismo cariño que desciende en oleadas desde los tendidos. Cuando se despidió Fermín Espinosa “Armillita”, la vuelta al ruedo la dio con el capote de paseo sobre el hombro derecho. “Calesero” dio hoy sin acompañamientos, limpio el cuerpo, como para poner banderillas...

Le tocaron en suerte los toros Trompetista y Mañanero, curiosamente ambos anunciados con 478 kilos de peso. La actuación de Calesero ante el primero de ellos, según relato de Carlos Loret de Mola Médiz, firmando como Luis Soleares, es en el siguiente tenor:

En su primer toro, “Trompetista”, Calesero torea a un milímetro de la cornada, como un jabato, empezando con un farol de rodillas en tablas, tras de lo cual dibujó seis verónicas majestuosas y una media. Hace un quite primoroso por chicuelinas y termina con una larga cordobesa. Cerca de cincuenta mil almas aplauden con delirio. La gente lo obliga a banderillear y por cumplir, deja un cuarteo abiertillo... Cuando toma la muleta y brinda al público con ánimo cariñoso, comprendemos que esta será en realidad su última faena, porque, ¿quién podrá estar seguro de que su próximo toro, que será el último, se deje torear como éste? … “Calesero” se arrodilla entablerado y da un ayudado por alto. Luego en el tercio, un cambiado. Vienen cuatro derechazos templadísimos y el de la firma, el pase de Granero, cambio por la cara y luego con la izquierda tres naturales y en el cuarto el aire lo descubre y el toro lo derriba en forma impresionante. Se levanta y vuelve sin mirarse la ropa y sin la zapatilla derecha. Más derechazos, el de pecho, naturales con remate por arriba, trincherazos en medio del alarido en los tendidos, más derechazos y naturales. Se perfila y receta una casi entera que con descabello al segundo intento resulta única. Ovación que él corresponde desde el tercio...

Pudo haberle cortado la oreja a ese primero de su lote, de acuerdo con la descripción del cronista, pero la falla con la espada le impidió ser premiado más allá de la salida al tercio. 

El segundo de su lote fue un toro complicado, pero Calesero no quiso simplemente salir del paso, sigue escribiendo el cronista, en su relato publicado en el diario El Siglo de Torreón:

En el cuarto se escuchan “Las Golondrinas”. “Mañanero”, de 478 kilos, cárdeno bragado y descaradillo de pitones. El burel tira hachazos y tiene genio que va creciendo. No se deja lidiar, pero “Calesero” ha de despedirse como un torero y le hace una lidia dominadora, señorial y breve, en la que intercala algunos derechazos de gran finura, mientras en los tendidos caen las notas de "Las Golondrinas" y la gente se pone, poco a poco, de pie, para aplaudirle. "Calesero" se perfila y coloca una media estocada en el hoyo de las agujas haciendo doblar a “Mañanero” cerca de toriles... Y así dobla el último toro de la extensa vida de uno de los mayores artistas del toreo mexicano...

Calesero demostró que todos los toros tienen su lidia, no necesariamente traducida en una faena de lucimiento, sino adecuada a sus condiciones, así, demostró que era un torero completo, enterado de su oficio y que merecidamente cerró una extensa historia en los ruedos del mundo en la Plaza México.

A propósito de su adiós, reflexiona Pedro Ponce, cronista de la Revista Taurina, en el número aparecido el 27 de febrero de ese 1966:

Un lance como esa media verónica, un quite como ese por chicuelinas, bastarían para que de un torero se hablara toda una temporada, o muchas temporadas, como cuando Pepe Ortiz dio la larga cordobesa, o cuando hizo el quite de oro; pero la gente decía que “Calesero” “bajaba con la muleta”... porque no le daba a cada toro doscientos muletazos iguales que hoy quiere ver el público grueso... El público actual no se merece a “Calesero”, Alfonso ha hecho bien en irse… Pero su grandeza se impuso. Siempre dio un calosfrío verlo dar aquellos lances de cielo; y por eso dio tres vueltas al ruedo, una de ellas en hombros, y por eso cortó la oreja de un toro al que solamente le espantó las moscas... Esos lances allí quedaron para la historia, ya puede llover un siglo, que no se van a despintar...

Le fue concedida la oreja de Mañanero, por el conjunto de su labor en la tarde y en reconocimiento a las realizaciones de toda su carrera en los ruedos. Una vez que paseó la oreja, los miembros de su cuadrilla, Rafael Osorno y Jesús Belmonte lo pasearon en hombros, para después ir a los medios a que le cortaran el añadido:

...los banderilleros, los picadores, viejos conocidos como Rafael Osorno y Jesús Belmonte, le levantan en hombros, y seguido y escoltado por todos los toreros, da su segunda vuelta al ruedo. La ovación se torna cada vez más fuerte y cariñosa y revolotean palomas en los tendidos. Lo dejan sus peones y le siguen sus hijos menores, quienes, en los medios abrazan a su padre y le cortan la coleta...

Así fue el cierre de la historia de Calesero en la Plaza México, vestido de luces.

Una reflexión final

Años después, don Jesús Gómez Medina, a propósito de un homenaje que se le hacía a Calesero en esta su tierra, reflexionaba lo siguiente:

En un país donde hasta los hechos históricos y los héroes patrios se crean por decreto y en el que los victimarios descienden hasta convertirse en los glorificadores de sus propias víctimas; el pueblo, instintivamente, reconoce más autenticidad y descubre merecimientos más positivos en quienes, para encumbrarse, no utilizaron el crimen o el despojo, sino que triunfaron y dieron lustre y prestigio a su ciudad con armas e instrumentos mucho más limpios y legítimos; con la manifestación de un arte capaz de generar entusiasmos, y haciendo vibrar en el ánimo de la multitud la fibra de emoción estética que cada uno llevamos dentro… Por ello se justifica reconocer a Alfonso Ramírez, porque durante muchos lustros, ha iluminado con la claridad de un arte auténtico, depurado, exquisito en ocasiones, los redondeles de México y también de la Madre Patria y de América del Sur, porque sus jornadas triunfales han sido compradas al rudo precio del esfuerzo, de la entrega y de la ofrenda de la propia sangre; porque su inspiración se ha traducido en nuevos lances que enriquecieron el acervo del toreo; porque su afición, a despecho del tiempo, subsiste intacta; y, finalmente - quizás en primer término - porque siempre y en todos los sitios, el Poeta del Toreo, el triunfador, ha dado realce y renombre a su ciudad natal: Aguascalientes...

Todavía hoy es válida la apreciación de don Jesús. El legado de Calesero a la fiesta de los toros, a 60 años de su despedida de los ruedos sigue teniendo peso específico. Hemos de aprovecharlo para que el toreo pueda seguir adelante.

domingo, 15 de febrero de 2026

16 de febrero de 1911: Una singular corrida benéfica en El Toreo de la Condesa

Después de que el 20 de noviembre de 1910 hiciera público don Francisco I. Madero el Plan de San Luis, se desataron en diversos puntos de la República conflictos armados entre las fuerzas armadas del Estado y grupos que apoyaban la salida del general Porfirio Díaz del gobierno. Una de las zonas donde se localizaron los encuentros más cruentos fueron en el Estado de Chihuahua, en la zona fronteriza con los Estados Unidos, produciendo numerosas bajas en las fuerzas del Ejército Mexicano. Ante esa situación, el diario El Heraldo Mexicano, cuya línea editorial evidentemente estaba alineada con los intereses gubernamentales, se propuso organizar una corrida de toros a beneficio de los deudos de los militares caídos en esas acciones. El 6 de enero de 1911, se publicó en la primera plana del citado periódico:

Esta corrida tendrá un carácter netamente nacional, porque tomarán en ella elementos puramente mexicanos. Será un gran atractivo para el público aficionado ver reunidos en el coso a sus diestros más aplaudidos u notables, a la mayor parte de sus más aplaudidos y valientes matadores con los que cuenta México... Los matadores cuyo concurso y aceptación damos por otorgados, pues bien reconocidos son su patriotismo y sentimiento de innegable altruismo, que siempre los ha distinguido como buenos mexicanos son: Vicente Segura, Rodolfo Gaona, Carlos Lombardini, Pedro López, Eligio Hernández “El Serio”, Rodolfo Rodarte, Luis Freg y Arcadio Ramírez “Reverte Mexicano”... Don José del Rivero, el inteligente y popular empresario de la plaza de “El Toreo” que siempre ha dado innegables muestras de filantropía y desprendimiento, no dudamos que cederá la plaza para que el jueves 9 de febrero, se celebre la corrida de beneficencia que proyectamos... Como otro atractivo del festival, hemos hecho formal invitación a los inteligentes revisteros que hoy se hallan retirados de la brega, pero que en no remotas épocas deleitaron a sus lectores con sus galanas crónicas, para que, en colaboración con los más conocidos de hoy, regresen en una edición especial, que El Heraldo Mexicano lanzará ese día, contando las peripecias y detalles de la corrida... Mucho atractivo tendría que cada uno de los revisteros siguientes: Eduardo Noriega “Tres Picos”; doctor Pablo Rangel “P. Drin”; A. Morales Puente “Jindama”; Jacobo Prantl “Pata Larga” de El Diario; Miguel Necoechea “Latiguillo”, de El Imparcial; Antonio Rivera de la Torre “Antolín” de El País; y Alfredo Ayala Mendoza “Caramelo” y Enrique A. de Llano “Rascarrabias” de El Heraldo Mexicano, reseñarán un toro de los de esta corrida... Respecto a las autoridades, aguardamos desde luego que presten toda clase de facilidades para el buen logro de nuestra idea...

Sin duda que el festejo era atractivo por la presencia en el cartel de Vicente Segura y Rodolfo Gaona, las principales figuras del toreo mexicano en ese momento y el planteamiento del tratamiento periodístico que se pretendía dar al resultado de la misma, era también de gran rumbo, porque los principales cronistas de ese tiempo cederían sus plumas a perpetuar tal acontecimiento. Por otra parte, en los días siguientes, el propio diario comenzó a publicar distintas adhesiones al proyecto y así, la cartelería con la que se anunciaría la corrida sería donada por Cigarros El Buen Tono, La Samaritana y Casa Tardán, el zarzo de banderillas por la Tampico News Company, y las moñas para las divisas comenzaron a ser ofrecidas por la Droguería de La Profesa, don Julio Bloch, La Nueva Industria, y todo se pondría en exhibición en los aparadores tanto de la Droguería de La Profesa como de la Casa Tardán.

Las vicisitudes para completar un cartel

Para el final del mes de enero se anunciaba que todos los diestros del cartel habían aceptado participar en la corrida, salvo Arcado Ramírez Reverte Mexicano o Jesús Tenes, de quienes esperaban respuesta a su invitación y en la edición del día 24 de enero, se anunció que el torero norteamericano Harper B. Lee entraría a la corrida, para ocupar el puesto final en la misma por no haberse recibido confirmación de ninguno de los dos diestros anteriores:

El cartel que se ha formado a beneficio de las familias de los soldados muertos en la frontera, ha quedado definitivamente cerrado, en vista de contar con los ocho matadores mexicanos, que serán los encargados de matar las reses que se lidien la tarde del día nueve del entrante mes de febrero... Y decimos que ha quedado completo, por haber aceptado el bondadoso ofrecimiento del valiente diestro Harper B. Lee, mexicano de origen puesto que nació en Guadalajara, quien desde hacía días nos ofreció desinteresadamente su cooperación... Por consiguiente, la combinación de matadores ha quedado definitivamente arreglada en esta forma: Vicente Segura, Rodolfo Gaona, Carlos Lombardini, Pedro López, Eligio Hernández (“El Serio”), Rodolfo Rodarte, Luis Freg y Harper B. Lee...

La improbable asistencia de don Porfirio

Quedaba pendiente la designación del ganado que se lidiaría, y el diario daba cuenta de correspondencia con la petición de diversos grupos de aficionados, empleados del ferrocarril, de establecimientos comerciales y de la banca que pedían que la corrida se trasladara al sábado 18 siguiente, para estar en aptitud de asistir al festejo, comprometiéndose los redactores a interceder por esas peticiones. Posteriormente, el día 28 de enero se anunció que el presidente Porfirio Díaz asistiría con su esposa y su gabinete al festejo:

El señor Presidente de la República, general don Porfirio Díaz, y su muy distinguida señora esposa doña Carmen Romero Rubio de Díaz han ofrecido asistir a la gran corrida de beneficencia organizada por EL HERALDO MEXICANO... Los miembros del gabinete, los del honorable cuerpo diplomático y las familias principales de nuestra sociedad, serán invitadas por una comisión integrada por los señores arquitecto Enrique Fernández Castelló, Arturo Braniff, Mario M. Bulnes y Rogerio Meraz Rivera, quienes, además, enviarán las localidades con sus respectivas invitaciones a las personas más conspicuas de la capital... Los señores antes citados, en representación de EL HERALDO MEXICANO, han invitado a veinticinco hermosas señoritas de la sociedad metropolitana, para que se sirvan presidir la fiesta brava en calidad de reinas, y casi la mayor parte de ellas, han aceptado...

En retrospectiva, considero que dada la inestabilidad política que se vivía en el país, el Presidente de la República podría pensar en asistir a los toros, aplicando la misma regla para los integrantes de su gabinete. Los principales de la sociedad, seguramente tampoco estarían por la labor, aunque por la forma en la que se les cursaron las invitaciones – con las entradas incluidas –, seguramente hicieron su aportación para contribuir al menos en lo económico, al éxito del proyecto.

Por fin se designa el encierro a lidiar

El 30 de enero se anunció que el encierro a lidiarse sería uno de la ganadería yucateca de Sinkeuel, formada, de acuerdo con Agustín Linares, en el año de 1891, con toros y vacas de Murube. Al día siguiente se informaba también, que para pasar la prueba necesaria para poder lidiar una corrida de toros en busca de cartel, el domingo 12 de febrero se lidiarían como fin de fiesta dos novillos de la misma ganadería, después de la corrida de toros en la que actuarían Cocherito de Bilbao, Vicente Segura y Rodolfo Gaona, ante toros de don Felipe de Pablo Romero. La lidia y muerte de esos novillos estaría a cargo del novillero de Mixcoac Merced Gómez.

Así, el cartel anunciado en la prensa, fue el siguiente: Vicente Segura, Rodolfo Gaona, Eligio Hernández El Serio, Carlos Lombardini, Pedro López, Rodolfo Rodarte, Jesús Tenes y Harper B. Lee, con los toros de Sinkeuel.

Los imponderables de último minuto

En la edición de El Heraldo Mexicano de la víspera del festejo – 15 de febrero –, se anunció que Carlos Lombardini no actuaría en la corrida, por haber sufrido una luxación en el brazo izquierdo y una contusión en la mano del mismo lado al entrar a matar uno de sus toros en Tampico el domingo anterior y en la portada del diario del día de la corrida aparecía el facsímil de un telegrama de la siguiente guisa:

TELEGRAMA DE RODOLFO GAONA. – El siguiente telegrama de Rodolfo Gaona se recibió ayer tarde, a hora avanzada, en “El Heraldo Mexicano”: León, febrero 15, 1911. – El Heraldo Mexicano. – San Diego 9. – México, D.F. – Imposible torear mañana. – Fuerte luxación muñeca izquierda, toreando becerro. – Mando certificado médico. – GAONA.

Así pues, antes de abrirse la puerta de cuadrillas, quedaban dos puestos libres en el cartel anunciado a la afición por medio de la prensa, pero en realidad serían tres los cambios presentados, porque Luis Freg salió de la combinación sin que se diera explicación alguna, siendo sustituido por Jesús Tenes, y por medio de la crónica del festejo, nos enteramos que Samuel Solís sustituyó a Rodolfo Gaona y Pascual Bueno a Carlos Lombardini, así que de lo que originalmente se anunció, prácticamente la mitad del cartel de toreros terminó siendo sustituido.

El resultado de la corrida

La entrada no llegó al lleno y la tarde fue ventosa y fría y las crónicas refieren que los toros yucatecos fueron complicados por presentar diversos matices de mansedumbre que complicaron su lidia. Quien escribió la crónica que sin firma, apareció en el diario El Imparcial fechado el 17 de febrero de 1911 en la Ciudad de México, relata lo siguiente:

En primer lugar, digamos que la vacada de Sinkehuel dejó mucho que desear, tanto, que con excepción del sexto y séptimo toros, los demás dejaron a desear todo. Las reses corridas ayer adolecían de un grave defecto: la mansedumbre, y ni por asomo, fuera de los animales arriba exceptuados, tuvieron un solo rasgo de nobleza y de bravura, de manera que el fastidio se apoderó del público; desde que medió la lidia del segundo de los de Sinkehuel, la gente empezó a dar visibles muestras de cansancio... Vicente Segura fue el héroe de la tarde. El pachuqueño, que se sabe arrimar a los toros, fue quien mayores palmas cosechó. El toro que le tocó lidiar llegó a la muerte buscando, pues, buscando la querencia de todas partes, pero especialmente el refugio y defensa de las tablas. Allí, Segura, con los terrenos cambiados, entrando muy en corto, propinó a su enemigo una estocada monumental, hasta mojarse los dedos y que fue subrayado con una ovación delirante... Antes había hecho una faena de muleta todo lo buena que permitían las condiciones del toro y había arrancado a herir por dos veces de una manera espléndida...

En cuanto al resto de la corrida, quien firmó como El Primer Reserva para el diario El Correo Español, lo resume de la manera siguiente:

EL SERIO: Torea movido y sin conciencia. Pincha una vez y coge luego una estocada tendenciosa. Un intento de descabello y el toro dobla... PEDRO LÓPEZ: Faena incolora con la percalina. El aire hace flamear el trapo lamentablemente. Un pinchazo hondo, una estocada contraria a un tiempo, otro pinchazo sin soltar y un descabello a pulso. Palmas... RODARTE: Hace unas cosas muy raras con la muleta y se descompone. Entrando siempre mal receta, primero  un pinchazo, y luego otro y otro y así hasta siete. Al fin consigue coger media estocada tendida y descabella por último, a la primera. Total, veinte minutos más de aburrimiento... JESÚS TENES: Comienza a torear con terror pánico. El toro huye, como los anteriores. Un pinchazo sin meterse, otro en el chaleco, otro a paso de banderillas; otro en la oreja, y una gran estocada saliendo el diestro revolcado. Ovación y dianas. El toro arrancó cuando el matador se perfilaba, clavándose el estoque el mismo bruto, si bien dejó al torero sin salida. Milagrosamente pudo éste librarse de una cornada... HARPER B. LEE: Con menos riñones que otras veces, pasó de muleta el torero americano a su enemigo. El público se ríe porque Harper da unos pases muy graciosos, todos ellos de su invención, es decir de patente yankee. Media estocada corta, un pinchazo en lo alto, otro y ocho intentos de descabello. Al fin acierta Harper y hay quien aplaude. No se hable más de antiamericanismo... PASCUAL BUENO: Torea reposado, excesivamente reposado. Entre pase y pase pasa media hora. La noche se echa encima y el público protesta. Pincha cinco veces con admirable calma y al fin, cuando el público se lo pidió por el amor de Dios, cogió una estocada buena que fue bastante... SAMUEL SOLÍS: Lo que hizo este torero no lo sé porque reinaba en la plaza una oscuridad absoluta. Alguien me dijo que entró a matar varias veces y que demostró tenerle más amor al pellejo que a la gloria, lo cual es muy razonable...

Como se puede ver, el resultado artístico no es algo que haya pasado a la historia, salvo por el hecho de que se trató de un ejemplo claro de que la fiesta de los toros es sensible a las necesidades de los demás y de que su solidaridad está siempre presente. En lo que a la historia se refiere, tan no pasó, que en la exhaustiva obra de don Heriberto Lanfranchi, ni siquiera está reseñado.

El fin de fiesta

El cierre de la crónica de El Imparcial, refiere el desencajonamiento en el ruedo del encierro de Miura que se lidiaría el siguiente domingo:

Después de la corrida se desencajonaron los toros de Miura que habrán de lidiarse el domingo... La reputación de la ganadería de don Eduardo Miura, conquistada en los terrenos de la lidia por la bravura de los bureles, su poder y su nobleza, es legendaria... La lámina de los bichos es imponente, y la empresa, teniendo en cuenta que las corridas de miuras son muy duras y dan bastante quehacer a los lidiadores, decidió que el cartel se compusiera de tres matadores, escogiendo para ello a los de más tronío de los que actualmente están en México: “Cocherito”, Segura y Gaona... Como se ve, la corrida promete. Primero por los hermosos miuras, y después por el trío de matadores que se las entenderán con ellos...

Terminada la corrida, El Heraldo Mexicano ofreció un banquete a quienes participaron en la organización y desarrollo del festejo, mismo que fue presidido por Jesús Villalpando, en nombre de la empresa editora del diario y al que asistieron toreros, cronistas y aficionados.

domingo, 8 de febrero de 2026

6 de febrero de 1927: Pepe Ortiz realiza la orticina por primera vez en El Toreo de la Condesa

La temporada 1926 – 27 en El Toreo no resultó ser todo lo satisfactoria que la afición esperaba. Después de los grandiosos sucesos ocurridos en la anterior y con las ausencias de Rodolfo Gaona y la de Ignacio Sánchez Mejías, uno, retirado definitivamente de los ruedos y el otro, temporalmente fuera de ellos y dedicado a otros menesteres, se encontraron con un elenco que no llevaba nombres rutilantes en su composición, ni figuras que, en ese momento, se distinguieran por su consistencia. Escribió en su día Verduguillo:

No había en España, ni tampoco en México, toreros de quienes echar mano, diestros que con el anuncio de su nombre pudieran llamar a los aficionados a las taquillas a adquirir su derecho de apartado, y asistir a las corridas en que tomaran parte... Don Antonio Galván Duque tuvo la gentileza de atender a mi recomendación, y el primer espada que contrató en Madrid fue Nicanor Villalta, un muchacho aragonés, “gigante y cabezudo”, y que tenía el pescuezo más largo que un toro de Miura. Fue quien despertó mayor entusiasmo en aquella temporada en que ni “Chicuelo” ni Marcial Lalanda lograron hacer cosas mayores...

La parte nacional de los matadores de toros fueron únicamente Pepe Ortiz y Juan Espinosa Armillita, quienes junto con otros diestros como Valencia II, Fausto Barajas o Manuel del Pozo Rayito se encargaron de completar los 22 festejos de los que constó el serial que se dio entre el 10 de octubre de 1926 y el 20 de febrero de 1927.

Ka penúltima corrida de la temporada era parte de una serie de tres festejos ofrecidos de manera continua por la Asociación de Prensa, los días 5, 6 y 7 de febrero de ese 1927, los dos primeros, corridas de toros y el tercero, una actuación de los hermanos Manolo y Pepe Bienvenida ante erales de Zotoluca.

Una corrida pasada por agua

La corrida del 6 de febrero de 1927 se anunció con un encierro de San Diego de los Padres, para Manuel Jiménez Chicuelo y Pepe Ortiz, mano a mano. Una corrida que a punto estuvo de ser suspendida, después de arrastrado el segundo de la tarde, pero Chicuelo en su calidad de primer espada y director de lidia, consideró que la corrida podía continuar y se llevó una de las más fuertes ovaciones de la tarde.

Aparte de las vicisitudes climáticas, los toros no dieron el juego que de ellos se esperaba. Relata en su crónica aparecida en el semanario Toros y Deportes, aparecido al día siguiente de la corrida:

Poco tengo que decir de los toros que para la segunda corrida de la prensa enviaron los señores Barbabosa propietarios de la ganadería de San Diego de los Padres. Los pupilos de don Antonio mansurronearon de lo lindo; casi todos ellos volvieron la cara ante los pencos, no se dejaron castigar, salieron rebrincando cuando los hulanos les hurgaban la piel y saltaron al callejón una barbaridad de veces... Tres de los sandieguinos no debieron pasar, y si se escaparon de volver a los corrales, ello se debió a que el cambiador de suertes se empeñó en hacernos tragar el camelo, y en complicidad con los pincharratas, puso cuanto estuvo de su parte porque la divisa barbabosina – permítaseme el término –, saliera lo mejor librada posible... Pero justo es asentar que entre tanto buey de carreta como hoy soltaron los señores Barbabosa, hubo un toro que mereció los honores de ser paseado por el redondel... Mi felicitación calurosa a los señores propietarios de San Diego, por la brillante pelea que dio este animal; pero siento no poder decir lo mismo de los demás, porque francamente hablando, hubo algunos de ellos indignos de ser lidiados en la plaza más importante de la República, que es la de “El Toreo”...

Como vemos, un ejemplar salvó in – extremis el honor de la divisa, porque la corrida en su conjunto no correspondió con su juego al prestigio de la ganadería de su procedencia. Y, sin embargo, los toreros pudieron triunfar ante ella.

El genio creador de Pepe Ortiz

La crónica refiere que quien después sería llamado El Orfebre Tapatío sorteó el lote más malo de la corrida y que los toros corridos en segundo y cuarto lugar no tenían dentro faena alguna. Es más, el primero de su lote, saltó repetidas veces al callejón, en todos los tercios de la lidia y para poder matarlo, Pepe Ortiz tuvo que ir a sacarlo de allí. 

Lo interesante llegó con el sexto de la corrida, llamado Aretillo, un toro negro, ante el que, realizó una obra que ha pasado a la historia y que es, al final, la que da notabilidad a esta fecha de la historia. Relata Verduguillo:

José Ortiz torea con el capote con una exquisitez, con una suavidad, con una finura inigualables. Ahí han quedado esos cuatro lances para que venga cualquiera de aquí o de allá a mejorarlos. Cuatro monumentos. Si los ve Benlliure de seguro que los adopta por modelo, porque de esos entran muy pocos en libra… ¿Y en los quites? Ortiz se reveló en los dos que hizo, como un maestro. En el primero ejecutó otras dos verónicas de las que llevan su sello, y luego, con majestuosidad, con garbo indescriptible, se echó el capotillo a la espalda, dibujó una gaonera y recortó muy torero. En el otro, ejecutó tres lances de difícil clasificación: fueron una especie de tijerillas combinadas con navarras, vamos, algo maravilloso, estupendo, grandioso. “Chicuelo” no se dejó ganar la pelea, y también hizo de las suyas. La ovación para ambos fue delirante... Inició el trasteo con un pase cambiado por alto; luego dio uno de pecho, ceñidísimo, siguió con un natural con la diestra, y después otro de pecho hincando la rodilla derecha. Dejó que el toro se repusiera para después continuar la faena... La segunda parte se compuso de un pase de la firma que ni dibujado resulta más bonito, al que siguió uno de pecho muy apretado. Luego toreó José por delante, con elegancia, con dominio, con gallardía. Y al correr la mano en un natural con la diestra, el diestro resbala y cae en la cara. Momento emocionante: el toro hace por el diestro, le mete la cabeza, lo tiene entre las patas, largo rato y le pisa la cabeza. Pepe se levanta encorajinado, recoge espada y muleta, y sin verse la ropa va en busca de su enemigo... Pero a partir de eso, la faena se torna vulgar. Pepe torea por la cara, de pitón a pitón y en cuanto logra la cuadratura entra derecho y pincha en las alturas. La escena se repite hasta cuatro veces más, porque el toro se pone por delante y no ayuda nada al matador. Al fin logra Pepe media estocada en las agujas, que basta. Ovación grande...

La pérdida del equilibrio por un resbalón, quedando a merced del toro, da la impresión de haber arruinado una obra que apuntaba a ser redonda. Pero la impresión causada en la concurrencia fue contundente.

Chicuelo se mantiene en el ánimo de la capital

Manuel Jiménez Chicuelo terminó de entrar en el ánimo de la afición de la Ciudad de México un par de años antes, cuando materialmente bordó el toreo ante Lapicero de San Mateo allí mismo en El Toreo. En esta oportunidad, ya como cabeza del elenco de la temporada, se veía en la situación de tener que refrendar su calidad de figura ante la afición capitalina.

La ocasión se le presentó ante el tercero de la corrida Pergamino, que fue el toro de la corrida que salvó el honor de su divisa, lo aprovechó cumplidamente y le cortó las orejas y el rabo. Refiere Rafael Solana en su relación:

Seis lances dio Manolo a “Pergamino”, y en todos ellos el artista hizo alarde de bravura, de elegancia y dominio; remató enredándose el toro a la cintura. En los quites, el de la Alameda, lo mismo que su compañero el tapatío, se hicieron aplaudir fuerte… La faena de “Chicuelo” con “Pergamino” fue artística, pinturera, valiente: el toro no pasaba y Manolito toreó con la derecha, por bajo y por alto, siempre cerca, metido constantemente entre los pitones, en el terreno enemigo. Hubo una serie de medios pases graciosísimos que levantaron una oleada de aplausos y un afarolado que puso a la concurrencia de pie. Entró derecho el maestro y sepultó la mitad del acero en el mismo hoyo de las agujas, y como el toro tardara en doblar, “Chicuelo” descabelló al primer sopapo. La ovación fue enorme y se le concedieron al artista las dos orejas y el rabo de su noble enemigo. A petición del público, el toro fue paseado por el redondel, previa la aquiescencia del C. Regidor que presidía la corrida...

La descripción de la faena nos revela una arista distinta del toreo de Chicuelo, pues hace referencia a un torero que se mete en los terrenos del toro, más que hacer el toreo artístico con la muleta, todo con el afán de salir triunfante de esta corrida.

Reflexiones sobre Pepe Ortiz

El sesgo histórico de esta tarde deriva de que Pepe Ortiz realizó en ella por vez primera en un quite la orticina, reflejando con ella la profundidad de su creatividad con el capote en las manos. Escribe Robert Ryan:

La tauromaquia de Pepe Ortiz tiene extraordinaria vigencia porque restaura al moderno toreo de capa la olvidada riqueza del repertorio antiguo. En un momento histórico en que el arte de torear tomaba nuevos cauces de temple, estética y despaciosidad, Ortiz tomó en sus manos la capa de torear y, acorde con la nueva disciplina, se forjó una maestría de la tauromaquia de los siglos. Siendo un artista creativo, su hondo concepto de torería le impulsó a reencontrar, a redescubrir, las perdidas huellas del galleo, a explorar y revelar los pliegues más sutiles de la navarra, la tijerilla, la suerte de “Illo”, los recortes y las largas. Su arte recoge los matices de un espíritu sensible inmerso en la cultura de la capa, partiendo sus innovaciones de las aportaciones y el ejemplo de los clásicos…

A partir de esas bases es que creó distintas suertes con el capote, que le permitieron perpetuar su nombre y su obra en la historia del toreo. A propósito de la orticina, el propio torero refirió al licenciado Alberto Guzmán, quien firmando como Alberto Lázaro, dejó escrito en el semanario La Lidia:

La orticina está inspirada en “Chicuelo”, por su chicuelina – pero la chicuelina antigua, que es girando con el toro al compás de una verónica en redondo –. Se me hizo fácil hacer exactamente la suerte al revés, o sea haciendo una tijerilla redonda, girando con el toro en una vuelta completa… Esta suerte la intenté en mis horas de práctica, cuando hacía el toreo de salón. Cuando creí que era realizable, la hice con una vaca en la hacienda de Xajay y viendo que resultaba, y con la aprobación de don Eduardo Margeli (que Dios guarde), la hice en El Toreo durante la corrida que ya mencioné.

Toreros graves y toreros leves

Decía al principio que Verduguillo criticaba la temporada 1926 – 27 por no tener figuras de peso en su elenco y en sus reflexiones escritas y publicadas años después, sostenía sus argumentos señalando que el triunfador de la temporada había sido nada menos que Nicanor Villalta, quien a la vez ganó la Oreja de Oro. Esa reflexión me llevó a recordar un capítulo del libro La pantorrilla de Florinda y el origen bélico del toreo, de José Alameda, mismo que lleva por encabezado el que utilizo para esta sección. Entre otras cosas, Alameda expresa:

La literatura taurina, complacida en realzar a los toreros llamados "hondos", ha olvidado con frecuencia otra condición en cierto sentido más pura, la de los toreros que se elevan y pierden peso al torear… Entre los diversos matices del toreo de nuestro tiempo, puede distinguirse y establecerse un orden de niveles en que se sitúan los toreros, por su expresión y proyección. Unos, al ras; otros, ahondando, gravitando. Otros, hacia arriba, levitando. (La palabra “levitación”, no registrada por la Academia, lo está por otros diccionarios más abiertos, de más pronto eco, como procedente de un cierto uso real, del que puede derivarse el verbo levitar, parónimo de leve, y de levantarse.) … Toreros de gravitación y toreros de levitación. Toreros graves y toreros leves… De los primeros, está llena la literatura taurina, pragmática. De los segundos, ¿cuáles?, ¿quiénes? … Pongo tres ejemplos: un sevillano, Manuel Jiménez “Chicuelo”; un mexicano, Pepe Ortiz; otro sevillano, Pepe Luis Vázquez… Frente a la expresión ahondada del trianero Juan Belmonte, por ejemplo, del toledano Domingo Ortega (el de su primera época) o del mexicano Silverio Pérez, epígono de Ortega con personalidad propia, está el de Pepe Luis Vázquez, torero sin peso; está el de José Ortiz, que, al caminar con el toro, parecía despegarse del suelo, liberado de la arena… Pepe Ortiz fue un caso notabilísimo. Entre los toreros que han sabido andarle al toro, sólo él tuvo un acento distinto. Se le anda al toro, por lo común, para “poderle”: Ortiz lo hacía para “florearlo”. En México, “florear con la reata”, con la cuerda, es el juego que hace el jinete charro, convirtiendo la utilidad – lazo, aprehensión, caza – en adorno, ya sin causa. Era lo que Ortiz hacía en los quites, yendo y viniendo con el toro, en un juego de ala, complicado y fino a la vez, un barroco impalpable. De la “chicuelina” hizo un desliz. Inventó la "chicuelina andante". Tal como él la hacía era un paseo que se convertía en vuelo… Calificar a eso, simple y poco despectivamente, de “gracia torera” y pasarse de largo, como algunos quieren hacer… pone en entredicho a sus críticos superficiales…

Alameda nos deja claro aquí, que el poder con los toros no es ya solamente cuestión de profundidad o de hondura, que también se puede conseguir a través de la belleza e incluso, con la apariencia de lo que, algunos pretenden demeritar reduciéndolo a la mera expresión de un gracejo taurino. 

Esas son las reflexiones que nos deja, a la vuelta de casi un siglo, la creación de una suerte de capa que, la escuchamos en las reflexiones sobre el arte que se crea delante de los toros, pero la vemos muy de cuando en cuando delante de ellos. Quizás sea tiempo ya, de ir desempolvando ese amplio catálogo de suertes, para darle variedad y vistosidad a lo que sucede en el ruedo.

Hasta dentro de una semana.

Aviso parroquial: los resaltados en los textos de Verduguillo y José Alameda son obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

jueves, 5 de febrero de 2026

En el 80 aniversario de la Plaza México

Hoy se cumplen 80 años de la apertura de la plaza de toros capaz de albergar a más aficionados en todo el mundo. Y el aniversario se va a celebrar con el escenario cerrado para el uso para el que fue diseñado originalmente: las corridas de toros.

A causa de una vergonzante decisión de quienes se llaman a sí mismos representantes populares, en la Ciudad de México, no es posible celebrar festejos taurinos, en una tierra en la que, dentro de unos meses, se cumplirán cinco siglos de la verificación del primero.

La fiesta de toros ha sido para México, uno de los medios que le han permitido adquirir su identidad propia, misma que es reconocida por los de dentro y los de fuera y esa identidad que tenemos como pueblo con afición a los toros, nos distingue y nos permite señalarnos en el concierto de las naciones, como una que tiene mucho que ofrecer en el ámbito de la cultura. 

El rito y el mito de la fiesta, en México nacen de un modo natural, nacen de las características de los individuos que le damos vida, se desarrollan en nosotros también de modo natural y como producto de nuestras emociones, tal y como nos lo enseña nuestra historia.

Es por eso que, el unos cuantos pretendan cancelar la afición de muchos, sostenidos por intereses y con recursos cuyo origen no quiere ser revelado y que responden al interés de anglicizar nuestra manera de vivir. Esa nueva cultura, llamada de la cancelación, es atentatoria además de las más elementales libertades de las personas, porque les impide elegir en qué creer y con qué disfrutar y encontrar esparcimiento.

Así están las cosas este día en el que, también conmemoramos que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos fue promulgada hace 109 años y que en ella se establece - al menos en la letra - el respecto irrestricto a los derechos fundamentales de las personas.

Este día, la Plaza México todavía está en pie. ¿Por cuánto tiempo?

domingo, 1 de febrero de 2026

2 de febrero de 1947: David Liceaga se despide de los ruedos en la Plaza México


En 1947, cerca del primer aniversario de la Plaza México, había espacio para celebrar fastos por primera ocasión en su ruedo. El domingo 2 de febrero de ese calendario se produciría la primera despedida de los ruedos anunciada allí en una corrida de toros. Sería la de David Liceaga, torero guanajuatense que era parte de una larga dinastía de diestros quien ante el público capitalino se cortaría el añadido y daría, de acuerdo con lo anunciado, por concluida su carrera activa en los ruedos.

El cartel en esa oportunidad lo integraban también el rejoneador Álvaro Domecq y Díez, Silverio Pérez y Manuel Rodríguez Manolete, enfrentando todos, un encierro de Coaxamalucan, propiedad de don Felipe González y González. El festejo se daba en un ambiente revuelto, porque desde España se denunciaba el convenio que permitió la reanudación de las relaciones taurinas hispano - mexicanas en 1944 y se planteaba ya una nueva ruptura.

Paradójicamente, y en términos meramente cronológicos, el torero más antiguo del cartel era precisamente David Liceaga, quien había recibido una primera alternativa en El Toreo el 11 de enero de 1931 y posteriormente otra, en Barcelona, el 21 de junio de ese mismo año, la que incluso confirmó en Madrid el 25 de septiembre de ese año, misma que se vio en la necesidad de renunciar para volver a torear novilladas y recibir un doctorado definitivo hasta el 18 de diciembre de 1938, también en El Toreo, que era con el que actuaba en esta, anunciada como su última tarde y que lo colocaba como segundo espada de la corrida.

Liceaga en su tarde final

El anuncio de la despedida de Liceaga, un torero querido por la afición y la presencia de Manolete aseguró una gran entrada en la Plaza México, lo que proporcionaba un extraordinario escenario para esa primera tarde de adiós en la gran plaza. El sorteo le deparó al maestro de Romita, Guanajuato, los toros llamados Motivoso y Garcito, siendo este último, con el que cerraría su vida como matador de alternativa.

Refiere quien firmó como Paquiro en la crónica publicada en el número 218 del semanario La Lidia de México, lo siguiente:

Dos símbolos acompañaron a Liceaga: el de la tristeza y el del recuerdo. Tristeza, y más que ella, llanto, porque era la última corrida de su vida torera. Y en todo momento el diminuto y gigantesco lidiador dejó ver sus ansias de perdurar en un recuerdo imborrable. En no pocas ocasiones se dejó acariciar por las astas de “Motivoso” y “Garcito”, lidiados en tercero y sexto lugar... Dejemos al primero de ellos. A “Garcito” lo recibió con verónicas tremendas y torerísimas. Colocó los aretes con voluntad y con suerte, haciendo que se recordaran aquellos pares de su exclusiva factura... Tomó la muleta, por última vez, fue a los medios y brindó a todo el público la lidia y muerte de su postrer enemigo... Con el engaño en la izquierda dio principio a su faena y logró varios naturales extraordinarios que quedaron dignamente rematados con el forzado de pecho, con un afarolado y con un molinete... Siguió toreando con saber y conocimiento. Por fin, se volcó sobre el morrillo y toda la espada quedó dentro de las carnes del burel. Hasta en su último instante fue un auténtico matador... Lo que siguió fue apoteótico. Apoteosis de triunfo y de tristeza. El torero luciendo la oreja de su enemigo daba la vuelta al anillo, con la cabeza baja, el paso lento y lágrimas en los ojos... Las “Golondrinas” completaron el momento de melancolía... En aquellos momentos terminaba la realidad de un torero, pero se iniciaba la leyenda de un ídolo, de un héroe...

Por su parte, Carlos Septién García El Tío Carlos refiere lo siguiente acerca de la actuación del maestro que se despedía:

El toro de la despedida se llamó “Garcito” número 311, cárdeno claro, bragado y lucero, basto de pitones. Lo corrió Tabaco y lo lanceó David con valor en varias ocasiones cerrando con revolera... A petición de las masas tomó David los palos que cambió después por unos de lujo que le ofrecieron del tendido. Colocó un primer par cambiando el viaje por dentro, muy vistoso, pero dejando un solo palo; luego un buen cuarteo y otro alegrando de largo, de dentro hacia afuera... Tomó la muleta y estoque por última vez y brindó largamente por el micrófono. En seguida ofreció al público, desde los medios, la muerte de “Garcito”, e hizo una faena sobre la mano izquierda, con varias series de pases naturales y muletazos de castigo muy toreros. Después toreó con la derecha por alto y en redondo... Entrando de frente, dejó una estocada caída y entera que mató... Se concedió la oreja pedida por el público. Y el torero dio dos vueltas al ruedo recibiendo regalos y sombreros. Manolete y Domecq lo abrazaron cordialmente... Y entre “Las Golondrinas” – esa puñalada sentimental capaz de hacer llorar a las piedras –, David Liceaga se fue triunfalmente del toreo...

La despedida de David Liceaga causó una impresión profunda en los medios y la prensa especializada, como podemos leer en el editorial del número citado de La Lidia de México:

Hombre de voluntad férrea, altivo, seguro de sí, sin complejos, salía a las plazas con una obsesión: el triunfo. Con un ideal: la superación. Y por el triunfo y la superación fue combatiente que sostuvo la batalla por años y lustros... Sí, indudablemente, fue maravillosa la transformación de aquel chiquillo “agarrotado”, al artista en plena eclosión que inmortalizara a “Macharnudo”, a “Zamorano”, a “Afinador”, a “Florista”... Así se fue David Liceaga, trazando un rasgo más, rotundo y vigoroso, en el pergamino de honor que recopiló sus actos más brillantes y destacados de luchador infatigable... Se va con él, el gesto noble y altivo del luchador caballeroso que peleó con las armas legítimas de su templado corazón y su torerismo vigoroso...

Sin duda, David Liceaga fue un torero querido por la afición mexicana.

El resto del festejo

La corrida vino a traducirse en la última que toreó Manolete en la Plaza México y le cortó una oreja al sexto de la tarde, Guitarro, ante el que, en la versión de El Tío Carlos, realizó:

Con el capote, Manolete se limitó a largar tela y fijar al toro. En quites tampoco intervino. David hizo un farol de rodillas y media verónica de pie... Brindó Manolete su faena a David Liceaga. Los dos diestros se abrazaron entre los aplausos del público... Fuese al toro Manolo. Y desarrolló en el mismo terreno una faena perfectamente concebida, limpia y pura, llena de señorío, de mando y de temple... Principió con tres ayudados por alto majestuosos. Siguió con un doblón. Y a renglón seguido, cuatro derechazos musicales modelos de aguante, de mando, de limpieza en la ejecución y de eslabonamiento. Cerró con un remate. Luego, con la muleta en la mano izquierda, ejecutó cinco naturales cordobeses. Volvió sobre la derecha y fueron ahora tres derechazos coronados con dos molinetes, uno hacia cada lado... Dos ayudados por alto y un remate por abajo positivamente imperial por el rigor y el temple. Se puso la muleta atrás y ejecutó tres manoletinas - la segunda ajustadísima - rematando también por atrás... Cerró la obra - cuajada de unidad y desarrollada a la perfección - con un prevé abaniqueo para igualar... Un pinchazo en todo lo alto, y en seguida, tres cuartos de estoque en muy buen sitio y haciendo bien la suerte, que bastaron... El público pidió largamente la oreja. Pero la autoridad - con un rigor injustificado - no la concedió. Manolete dio la vuelta al ruedo entre ovaciones y fue a saludar a los medios... Allí dejaba otra muestra de su toreo imperial...

Me llama la atención que El Tío Carlos consigne y reproche la negativa a concederle la oreja a Manolete, cuando tanto la crónica de Paquiro en La Lidia de México como la información estadística de don Luis Ruiz Quiroz refieren la concesión de ese apéndice, así que...

Por su parte, Silverio Pérez solamente mató al primero de su lote, porque el cuarto de lidia ordinaria Hormigo, le infirió una cornada penetrante de vientre que le impidió concluir su actuación. El parte médico rendido es el siguiente:

Herida por cuerno de toro con orificio de entrada de cuatro centímetros en la piel de la fosa ilíaca izquierda, interesando en una extensión ascendente de quince centímetros, la piel, tejido celular subcutáneo, el músculo oblicuo mayor, desgarrando el músculo oblicuo menos y el transverso y la grasa subperitoneal, descubriendo el fondo del saco peritoneal que se encuentra contundido. De no presentarse complicaciones, tardará en sanar veinte días. Dres. José Rojo de la Vega, Xavier Ibarra, Herrera Garduño y Huerta de la Sota.

Por su parte, don Álvaro Domecq le cortó la oreja al toro que abrió plaza, al que después de fallar con el rejón de muerte, despachó echando pie a tierra y demostrando buenas maneras de muletero y de estoqueador.

El día después

Se anunciaría en los siguientes días que el convenio taurino hispano - mexicano quedaría suspendido a partir del lunes 10 de febrero siguiente. Desde España Juan Belmonte Campoy, Domingo Dominguín, Antonio Bienvenida, Parrita y Morenito de Valencia, como dirigentes de la Unión de Matadores de España, decidieron dejar sin efectos unilateralmente ese pacto. 

Es curioso que los toreros que se opusieron al mismo, fueron aquellos que no hicieron temporada aquí en México y que al paso del tiempo se descubrió que lo que en el fondo pretendían, era evitar que Carlos Arruza hiciera temporada en sus plazas, nuevamente emparejado con Manolete, en lo que había anunciado que sería su temporada de despedida. Las relaciones se reanudarían hasta 1951.

Por su parte, David Liceaga regresaría a los ruedos el 20 de junio de 1948 en Ciudad Juárez y se mantendría activo hasta el 11 de enero de 1959, cuando toreó su última corrida en Mérida, Yucatán.

Aldeanos