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domingo, 11 de octubre de 2026

11 de octubre de 1928: Edmundo Maldonado El Tato recibe la alternativa en Madrid

Edmundo Maldonado El Tato nació en la Ciudad de México, exactamente en Azcapotzalco, el 15 de marzo de 1906. Durante su infancia, su familia se trasladó al entonces pueblo de Tacuba y allí fue donde se desarrolló como persona y dónde se hizo torero. Don Heriberto Lanfranchi le registra una primera actuación vestido de luces, precisamente en la plaza De la Rosa, de esa localidad, el 12 de noviembre de 1925, misma de la que en lo personal, en los medios de prensa a mi alcance, no encontré referencia alguna.

Su primera actuación en el Toreo de la Condesa se produjo el 23 de mayo de 1926, alternando con Manuel Gómez Blanco Yucateco y el onubense Jesús Trinidad Litri en la lidia de novillos de Zotoluca. El cronista de El Universal Taurino que firmó como Verdugones, refiere entre otras cuestiones acerca de la actuación de El Tato, lo siguiente:

Me refiero a Edmundo Maldonado “Tato”, mozalbete acido en Azcapotzalco, criado en el pueblo de Tacuba, donde aún se llevan a la práctica los juicios salomónicos y aclamado hoy en la plaza “El Toreo” ... Maldonado, que es un recién nacido en esto de los toros, pues hoy se ha puesto por primera vez un traje de luces que por cierto era de “Chicuelo” ... “Tato” promete llegar muy arriba. Yo no he querido detallar su labor, prefiriendo dar una impresión fría, desapasionada, serena, de lo que hizo en esta su primera novillada formal. ¡Qué siga por buen camino, y que Dios lo cuide! …

El Tato salió en hombros de El Toreo y de la crónica de Verdugones se puede extraer que, para ese cronista, esa era la primera novillada que toreaba vestido de luces, agregando yo, que en otro pasaje, señalaba, que el vestido que llevaba, perteneció en su día a Chicuelo.

Años después, Rafael Solana Verduguillo, al relatar la historia de Tres Décadas de Toreo en México, hace las siguientes reflexiones sobre ese momento histórico de la novillería mexicana:

La temporada de novilladas del año de 1927 estuvo llena de promesas. Nunca, antes de entonces, habían contado los empresarios de las llamadas temporadas “chicas” con una lista tan larga de toreros que interesaran a tal grado... Bautista Villaseca, contratista en carnes, radicado en el pueblo de Tacuba, tenía también un muchacho a quien ayudaba, y despuntaba como un artista muy fino: Edmundo Maldonado “Tato” ... Todos los nuevos espadas que presentaban a los señores Morín y Villalobos triunfaban la tarde misma de su debut. A la lista de victoriosos que formaban “El Tato”, Paco Gorráez, Heriberto García, Jorge Álvarez, Jesús Solórzano, “Armillita Chico”, etc., bien pronto se agregaron dos nombres más: los de Alberto Balderas y José Muñoz...

Si bien la cita se refiere a la temporada siguiente, es importante destacar un detalle. En la plaza de Tacuba ya entrenaba y enseñaba el toreo Samuel Solís. Aunque Verduguillo señala que a El Tato lo ayudaba el señor Villaseca, su apoyo era más en los despachos que en la transmisión de la técnica del toreo. No encontré referencia escrita de que haya sido discípulo de Samuel Solís en el aprendizaje del oficio del toreo, pero si lo aprendió en la plaza de toros que en su día estuvo ubicada en las inmediaciones de lo que actualmente es la confluencia de las avenidas Marina Nacional y Mariano Escobedo en la capital mexicana, es altamente probable que el discípulo de Ojitos haya sido al menos, su primer mentor.

Creo, para concluir con este apartado, que la temporada novilleril mexicana de 1927 tuvo un solo nombre, el de Fermín Espinosa Armillita Chico y los demás que sacaron la cabeza ese ciclo, tuvieron que esperar su momento para encontrar su sitio en la historia.

A España en 1928

El Tato se marchó a España en el año de 1928 con el propósito de torear novilladas allá y buscar una alternativa con fuerza, que le proyectara a hacer una carrera más o menos larga como matador de toros. Logra presentarse en la plaza de Tetuán de las Victorias, a las puertas de Madrid el 13 de mayo de ese año, alternando con Pedro Morales Sanluqueño y Miguel Olza Vaquerín, en la lidia de novillos de Leopoldo Abente. Después de torear tres tardes consecutivas allí en Tetuán, recorre la geografía hispana actuando en plazas de primer orden como Zaragoza, Valencia, Barcelona y se presenta en Madrid el 15 de agosto de 1928, para lidiar novillos de Gabriel González en unión de Fermín Esteban, Sacristán Fuentes y Francisco Gómez Aldeano. Esta fue la impresión que causó por esos andares, según la pluma de Marcelo, cronista del diario madrileño La Voz:

Rodolfo Gaona, el torero de Méjico que se abrió paso en una época de grandes figuras y que ocupó un puesto de vanguardia por derecho de conquista, fue el precursor de la invasión coletuda de la patria de Moctezuma. Nada podemos ni debemos objetar por el intercambio de artistas, ya que los españoles tienen de par en par abiertas las plazas mejicanas, como las tuvieron siempre, y si gozamos de este régimen de cortesía allí, justo es que aquí sean objeto de recepción afectuosa los diestros del otro lado del mar que saben torear y quieren dar acabadas pruebas de su gentileza... El último, por ahora, es Edmundo Maldonado, y aunque parezca por el nombre que es diputado o candidato, al menos, por el distrito de Guanajuato, nosotros nos atrevemos a decir que es torero, y torero de buen estilo, valiente y enterado. Hábil con el capote, maneja bien la muleta y castiga y manda. Con el acero entra decidido y sabe jugar muy bien la izquierda, pasa salirse de la reunión con soltura, sin tropiezos ni embarullamiento... ¡Ah!, se apoda nada menos que Tato, y como no es el primero que usa el remoquete que llevó el yerno de Curro Cúchares, esperamos de él, de Edmundo Maldonado, que no lo profane, como aquellos lo hicieron en sus incursiones por el campo de la Historia...

Así de buena fue la impresión dejada por El Tato en su andar en las filas de la novillería durante la temporada de novilladas del año 1928 en las plazas españolas. Por esa razón no sería sorprendente que recibiera la alternativa al cierre del calendario en una plaza de importancia.

La Corrida de la Prensa de 1928

De acuerdo con las diversas crónicas del festejo, la celebración del tradicional festejo a beneficio de la Asociación de la Prensa madrileña, pasó por diversas vicisitudes que difirieron su celebración hasta el 11 de octubre de ese calendario. Cuenta Rafael Hernández y Ramírez de Alda Rafael en La Libertad:

Después de varias suspensiones, de confeccionar diversos carteles, de vencer dificultades sin cuento, pudo celebrarse ayer la tradicional corrida de la Prensa, en la que Fortuna, Valencia II, Villalta y el nuevo doctor Tato de Méjico se disputaban el premio de la oreja de oro que anualmente concede nuestra Asociación. Se llenó la plaza; el otoño nos obsequió con uno de sus días más bellos, y la fiesta tuvo la virtud de agradarle al público...

De lo transcrito, se desprende el cartel de toreros, que se las verían con cuatro toros de Manuel Martín Alonso, antes del Duque de Veragua, de Madrid y otros cuatro de Manuel García, antes de Aleas, de Colmenar Viejo. 

Aparte de la Oreja de Oro en disputa, que fue la última de su naturaleza que se puso en juego en una corrida de esta naturaleza, en los carteles anunciadores del festejo se hizo saber que tras del paseíllo, se entregaría a Diego Mazquiarán Fortuna, la Cruz de Beneficencia en reconocimiento a su hazaña del 23 de enero anterior, en la avenida Conde de Peñalver, donde estoqueó un toro desmandado, para evitar que causara una desgracia.

Y una vez que partieron plaza Fortuna, vestido de violeta y oro; Valencia II, de blanco y oro; Nicanor Villalta, con terno malva y oro; y, El Tato, con vestido grana y oro, y celebrada la entrega de la presea anunciada al primer espada, salió el primero de la tarde, llamado Rosquillero, de Martín Alonso, toro colorado con el que Edmundo Maldonado El Tato, se convertiría en matador de toros. Escribió Federico M. Alcázar, para el diario El Imparcial:

Empieza el festejo. La Plaza se va llenando poco a poco, y cuando sale el primer toro, de Veragua, quedan unos pequeños claros en la sombra... Tato de Méjico, que toma la alternativa, empujado por el triunfo que consiguió en esta Plaza la última novillada quo toreó, da unos lances, en dos tiempos, con suavidad y templo de buen torero. Los aplausos se repiten en el primer quite, y se hacen extensivos a Fortuna al echarse el capote a la espalda y rematar tocando el testuz... Ceremonia de alternativa. Fortuna arma matador de toros a Tato de Méjico. Felicitaciones de rigor… El de Veragua llega a la muleta agotado, pero docilón, y el nuevo doctor empieza con dos muletazos por bajo, y luego torea en redondo y de pecho, parado, suave y artista. Se rompe el aplauso, y continúa la faena, dando algunos pases de admirable factura. Arranca derecho y coloca una corta arriba. Dobla el toro y se aplaude al flamante matador...

Mejor estuvo ante el octavo de la corrida, lidiado ya con el auxilio de la luz eléctrica, según cuenta Maximiliano Clavo Corinto y Oro para el diario La Voz:

La pelea que hace “Señorito” es de manso sin atenuantes. No nos ha salido uno bravo de verdad… Conste también este detalle. Huyendo de todo cuanto ve moverse en la plaza y buscando la barrera a todo trapo se consigue hacerle tropezar con los jacos de tanda, y con tal mal estilo pelea con ellos que no hay caperuza porque hay hombres de buena voluntad... La noche se nos echa encima en el primer tercio y el alumbrado eléctrico se hace para acabar la corrida... Final: Tato de Méjico hace ahora los verdaderos honores a su doctorado y al cartel que me dicen tiene en Madrid. La faena que hace el mejicano al colmenareño es de artista brillante. Sobre la mano derecha da una serie de parones con absoluta rigidez, llevando al bicho clavado en los vuelos de la franela con extraordinario temple. El público se entrega al Tato en una ovación grande y en un olé general y entusiasta. Falta a la bonita faena, sin embargo, un digno remate. Tato da un pinchazo sin bajar lo suficiente la mano izquierda, media estocada ida, otro pinchazo, y la cosa se hace pesada al final. Con un descabello al primer golpe termina la corrida de la Oreja de Oro, en la que me parece que el diestro Fortuna va a salir doblemente condecorado...

Como podemos apreciar, sin haber triunfado con rotundidad, El Tato justificó su inclusión en un cartel de tan grande tradición y también el hecho de que se le haya investido matador de toros en la plaza de toros más importante del mundo.

La alternativa de El Tato fue la tercera de un torero mexicano en la plaza de la Carretera de Aragón, después de las de Ponciano Díaz celebrada el 17 de octubre de 1887 y de Refulgente Álvarez, del 17 de julio de 1927. También fue la última de un paisano nuestro en ese redondel, porque el siguiente mexicano que se doctoró en Madrid, ya lo hizo en la plaza de Las Ventas.

El Tato se presentaría como matador de toros en El Toreo de la Condesa el 20 de octubre de 1929 y se marcharía a torear a Colombia en 1934, país en el que estableció su residencia, falleciendo en su capital, Bogotá, el 29 de mayo de 1964.

domingo, 20 de septiembre de 2026

18 de septiembre de 1931. Carnicerito de México confirma su alternativa en Madrid

Carnicerito de México se había presentado como novillero en Guadalajara el primero de marzo de 1925, para después hacerlo el 31 de mayo siguiente en el Toreo de la Condesa. Posteriormente recibiría una alternativa en El Progreso de la capital tapatía el 6 de marzo de 1927 de manos de Luis Freg, lidiándose toros de El Carnicero. Renunciaría a ese doctorado, pues volvería a actuar como novillero en El Toreo en 1928 y sería uno de los triunfadores de la temporada en esa plaza el año de 1929, junto con Alberto Balderas, Esteban García, Carmelo Pérez y Jesús Solórzano, alternando con los tres últimos en la disputa de la Oreja de Plata, mismo que se llevó el último de los nombrados.

Marcha a España al año siguiente y se presenta en aquellos ruedos el 4 de mayo en la plaza de Tetuán de las Victorias, alternando con Miguel Morilla Atarfeño y Juan Martín Caro Chiquito de la Audiencia en la lidia de novillos de Antonio Llanos. Actuaría siete tardes consecutivas en esa plaza, para presentarse en Sevilla el 22 de junio siguiente, en Madrid el 3 de agosto, en Zaragoza el 21 de septiembre y en Barcelona el 26 de octubre. Sumó en esa campaña 29 novilladas.

Entre los novilleros mexicanos que hacían campaña española en ese calendario, destacaron además de Carnicerito, Julián Pastor, Jesús Solórzano, Alberto Balderas y Luciano Contreras.

La alternativa definitiva en Murcia

Los triunfos que conquistó en la novillería le consiguieron la alternativa, la que se programó para el domingo 13 de septiembre de 1931 en la plaza de La Condomina de Murcia. El cartel se formó con un encierro andaluz de Miura, el borojeño Domingo Ortega y el bilbaíno Jaime Noaín. Era, en el lenguaje mercadológico de estos tiempos, un cartel juvenil, porque los tres compartieron varios carteles en su etapa de novilleros.

El 28 de octubre del año anterior, Carnicerito y Luciano Contreras habían dado una gran tarde de toros en una novillada que torearon mano a mano en La Condomina, razón por la que el torero de Tepatitlán tenía buen ambiente entre la afición murciana. El primero de la tarde se llamó Cebolleto, un toro quedado ante el cual solamente pudo estar valiente. Refiere la crónica del ABC madrileño que pudo rehacerse ante el que cerró plaza y que de no fallar a espadas pudo cortar alguna oreja. Al final del festejo se llevaron en hombros a los tres diestros, aunque solamente el vizcaíno Noaín había cortado apéndices.

José González no dejó pasar mucho tiempo para confirmar su alternativa en la plaza de la Carretera de Aragón. Apenas cinco días después de doctorarse, en una corrida calificada de extraordinaria, se decidió a la ratificación y así, para el jueves 18 de septiembre de ese 1931, fue anunciado junto con Manolo Bienvenida como padrino, Domingo Ortega como testigo y toros toledanos de Celso Cruz del Castillo, de encaste Saltillo.

Cuando sale el toro y todo lo descompone

La corrida de don Celso Cruz del Castillo no cumplió con las expectativas que en ella se pusieron, de hecho, puso en entredicho el prestigio de su criador. Las crónicas en su conjunto, coinciden en el hecho de su mal comportamiento en el ruedo y de que fue la causante de que un cartel que provocò un lleno en la plaza, terminara siendo un festejo en el que reinó el aburrimiento, a pesar del esfuerzo desplegado por los toreros. Cuenta Cèsar Jalòn Clarito, en su crónica aparecida en el diario El Liberal, la misma noche del festejo: 

Los toros de D. Celso Cruz del Castillo, de Maqueda, según dicen los carteles – sin duda por error o por errata, pues es Malqueda el verdadero nombre de origen que le va al ganado –, hace años que se juegan con tan mal éxito de presentación como de bravura. Lo chico y lo flaco en ellos suele ser tan corriente como lo manso. De algunos de esos males salieron redimidos en la corrida extraordinaria de ayer. No eran chicos – por lo menos cuatro de ellos – ni estaban flacos. Habían crecido y engordado con la ayuda de Dios... y de la Empresa, que les dio de comer unos meses en sus prados. Pero quizá esta misma circunstancia contribuyó a que el capítulo de la mansedumbre rebasase el nivel acostumbrado, a que fuesen los toros todavía más mansos, por más grandes…

Refiere el autor de unas de las más celebres Memorias que conoce la historia del toreo, que la corrida que permitió a Carnicerito de México confirmar su alternativa en Madrid, ya había estado por la Plaza de la Carretera de Aragón, pero que tuvo que ir a los predios de La Muñoza a terminar de ponerse, porque no estaba en condiciones cuando originalmente fue programada.

Por su parte, Rafael Hernàndez y Ramìrez de Alda, firmando como Rafael en el diario madrileño La Libertad, en torno a esta misma circunstancia, reflexiona:

Salieron al ruedo seis toros de D. Celso Cruz del Castillo, uno de los cuales fue retirado por estar cojo, y sustituido por otro de don Luis Bernaldo de Quirós, todos ellos gordos, finos, bien encornados y de bonito tipo; pero todos, ¡ay!, lo mismo los de D. Celso que el de D. Luis, mansurrones, quedadotes, sin genio ni estilo alguno, propios para que en ellos se estrellasen todas las ilusiones y todos los buenos deseos de los lidiadores. Como ocurrió…

Además de lo que apuntó Clarito, el cronista de La Libertad relaciona el hecho de que uno de los toros de Cruz del Castillo - el tercero - fue devuelto a los corrales. La razón legal esgrimida fue una supuesta cojera, pero lo que refieren varias de las crónicas, la razón legítima, es que se exigía su vuelta a los corrales por su manifiesta mansedumbre. A saber.

La realidad es que, siendo el toro el eje de esta fiesta, lo que puedan hacer o dejar de hacer los toreros está sujeto al comportamiento que estos desplieguen en la arena. Entonces, esos fueron los mimbres que tuvo la terna hace 95 años por estas fechas.

La actuación de Carnicerito

Ya apuntaba en líneas anteriores que la tarde fue cuesta arriba. Pero el diestro jalisciense no era de los que se detuvieran ante los obstáculos, por escarpados que parecieran. Ya había dejado por sentada esa arista de su personalidad torera durante su paso por las filas de la novillería, como lo advierte Federico M. Alcázar en su crónica publicada en El Imparcial al día siguiente de la corrida:

Carnicerito de Méjico no es una novedad. Tampoco un improvisado. Ha hecho la carrera paso a paso, derrochando bastante más valor que el que tienen estos fenómenos caniculares. Llega a la alternativa en sazón. Podrá o no tener una tarde brillante, pues eso depende en gran parte del ganado; pero lo que sí podemos afirmar rotundamente es que, con éxito o sin él, no saldrá de la plaza fracasado. Conoce el toreo con buenas maneras y, sobre todo, tiene valor para arrimarse. Esperemos el resultado... No me gusta este primer toro. De salida echa la cara al suelo, escarba y empieza a probar. Mal síntoma. Carnicerito le busca y tantea en varios terrenos, por fin logra dar tres verónicas paradas y ceñidas. Pero el de Cruz del Castillo se va. Sale suelto en el primer puyazo y continúa tardo y reservón... El nuevo matador de toros coge las banderillas por complacer al respetable, pues el toro no está para lucimientos. Cuartea un par bueno y repite con uno en tablas valentísimo. Se aplauden... Carnicerito encuentra al manso como salió del chiquero: con la cara por el suelo y sin embestir. Empieza con cuatro pases por bajo, en los que para, aguanta y se dobla valientemente... Como no es posible el lucimiento se decide a matar y señala un buen pinchazo; repite con otro de idéntica factura y descabella. Palmas y pitos al toro en el arrastre...

Dejó constancia Carnicerito de que, si bien el valor era su divisa, tenía el oficio bien aprendido y podía con los toros que le salieran. La cuestión del lucimiento ya es una externalidad, a veces posible, a veces no.

Por su parte, el ya citado Rafael, resume una tarde que entre líneas, advierte como un error de la administración del torero, según podemos leer:

Carnicerito de Méjico tomó la alternativa en las peores condiciones que pudieron ofrecérsele. En una corrida en que el fracaso era inevitable para cualquiera que no fuera un lidiador muy hábil y un torero muy completo, tuvo el buen gusto de no recurrir a esas temeridades novilleriles que le hubieran llevado a la enfermería sin que por eso se pudiera decir que habla estado bien. Su voluntad la demostró cogiendo las banderillas en el primer toro y jugándose la piel para clavarle dos pares y medio en los terrenos de dentro, donde lo que se contrasta es más el valor que el dominio de la suerte... En sus dos toros estuvo cerca y, en resumen, se puede decir de él que despachó los dos toros sin mengua para su decoro profesional y sin que el público, que se dio cuenta de la clase de enemigos que tenía, subrayara con protestas su labor. Puede decirse que el nuevo doctor quedó pendiente de otro examen para calificarle oportunamente...

Poco se puede agregar al análisis de Hernández y Ramírez de Alda, salvo tener en cuenta la consideración que hace acerca de la incomprensión de la concurrencia al esfuerzo del torero por agradar.

Por su parte, Gregorio Corrochano, en su tribuna del ABC madrileño, resume lo sucedido de la siguiente manera:

Poco tiene que contar la corrida de ayer. Si no se hubiera celebrado hubiera ganado – ganar por no perder – el crédito de una divisa, el de algún torero y el de algún negociador que recurriera al crédito para satisfacer una afición. Porque la corrida fue así... Lidiáronse toros de D. Celso Cruz del Castillo, que no pudieron jugarse en junio por falta de trapío, engordados en los prados de la empresa. Si alguna bravura tenía, el pienso se la quitó... Carnicerito de México eligió mala tarde para refrendar su alternativa. Buscó la emoción en banderillas, y, a decir verdad, la encontró. No banderilleó bien, pero la emoción estaba lograda. Muleteó con muchos toreros alrededor, muchos. Le estorbaron todo lo que pudieron. ¿No se dan cuenta los toreros de lo que estorban en tropel? Se van acercando, acercando, como si no vieran bien desde más atrás y quisieran verlo de cerca. Con esto, el toro se descompone más; el torero no sabe por qué hace aquello el toro y el peligro que se quiere evitar se aumenta, y el deslucimiento es el dueño del ruedo...

Una apreciación adicional la de don Gregorio encontramos aquí, en el sentido de la lidia defectuosa por parte de las cuadrillas. En fin, que las cosas no se dieron, al parecer, en ningún sentido para encaminarse por un sendero de triunfos.

El resto de la corrida

Manolo Bienvenida fue el mejor librado de la terna, cuando le realizó una gran faena al segundo de la tarde Arrojador, tras de la que dio una muy aclamada vuelta al ruedo, después de una insistente petición de oreja que no fue atendida. Por su parte, Domingo Ortega tuvo una tarde para el olvido, le tocó despachar al tercero bis, de Bernaldo de Quirós y al quinto, de la ganadería titular, siendo abroncado en ambos y al retirarse de la plaza, cuenta Corinto y Oro:

El diestro Ortega, al salir de la plaza, fue objeto de ruidosas protestas, y tuvo que protegerlo la autoridad contra las agresiones del público…

El toro de la confirmación de Carnicerito de México se llamó Estudiante, fue negro, bragado y veleto de encornadura.

lunes, 19 de enero de 2026

La redondez de una tarde de toros (III/y II)

Armillita y Pituso; Solórzano y Batanero; Manolete y Molinero. Toros de La Punta

El toreo de capa de Jesús Solórzano

Decía líneas arriba que al Rey del Temple la afición ya lo daba por liquidado y que poca o ninguna esperanza tenía en él al verlo anunciado en un cartel en la principal plaza del país. En el transcurso de su crónica, El Tío Carlos agradecía a Manolete por venir a despertar o sacudir la modorra de nuestros toreros, que estaban, amodorrados por no tener quien les disputara el sitio que ocupaban. Pues esta tarde Jesús Solórzano también salió a demostrar que no estaba en liquidación y que tenía los medios y las armas para hacer frente a cualquier torero con el que se le pusiera a alternar.

Declaró sus intenciones desde que se abrió de capa con Peregrino, el primero de su lote, con el que reiteró que era uno de los intérpretes más puros del toreo a la verónica en México; después, en su turno al quite en el primero de Manolete, volvió a manifestarse así. Pero su actuación brillante vino con el quinto del encierro, faena de cuyo inicio relata don Carlos Septién García:

Cuando Jesús Solórzano se irguió en el tercio y recibió a “Batanero”, quinto de la tarde; número 62, negro, con un lance lleno de pereza, la gente gritó de gusto. Pero cuando Jesús tendió los brazos nuevamente y sin mover un centímetro los pies, recibió nuevamente al toro y así dejó caer hasta 7 verónicas impregnadas de la heráldica belleza del Virrey de Mendoza, la gente saltaba, se abrazaba y un grito unánime salía de todas las bocas: ¡Viva Morelia! … Sí. Porque el capote de Jesús parecía una roja capa cardenalicia puesta a ondear al aire de la tierra, suspendida indolentemente de “los brazos de piedra” de aquella catedral moreliana... Ovacionaza. Ovación que no paró hasta que había terminado el primer tercio. Entonces Jesús fue obligado a salir y saludar a la enardecida multitud...

De gran magnitud debió ser ese inicio de la obra de El Rey del Temple, para que se le llamara a saludar desde el tercio en lo que se preparaban los banderilleros. La motivación para lucir con la muleta estaba puesta sobre la mesa. El conjunto de su actuación, lo resume en esta forma El-hombre-que-no-cree-en-nada:

Chucho Solórzano, el estupendo torero moreliano que entró a acompañar a los dos colosos de la torería contemporánea, no se dejó opacar por ninguno de sus alternantes. Próximo a retirarse, quiso, en medio de los genios que formaban la atracción del cartel, demostrar una vez más su potencialidad de torero grande, y queriendo que el público no olvidara la justificación del mote de “Rey del Temple” con el que se le ha conocido, toreó a su segundo enemigo en forma verdaderamente maravillosa. Ocho lances naturales sin moverse un milímetro del lugar donde colocó las plantas de los pies fue el prólogo al toreo de capa más brillantes que se haya visto en el transcurso de muchos años. Pero no se detuvo allí, y al tomar la muleta, decidido a superarse, también plasmó una faena de las grandes, de las que bastan por sí solas para demostrar que se es torero. Y como sus compañeros, se llevó a casa la oreja de su bravísimo enemigo…

El gran torero de Morelia demostró que tenía los arrestos para salir adelante en cualquier situación y que, a pesar de que pocas oportunidades se le ofrecían en los escenarios principales, seguía siendo una figura del toreo.

Manolete y Molinero

La reaparición de Manuel Rodríguez Sánchez en El Toreo era quizás uno de los eventos más esperados en esa temporada 1945 – 46, después de que su presentación se viera abruptamente concluida y de que la continuidad de sus actuaciones allí se suspendiera por el tiempo de su recuperación tras la cornada que recibió la tarde de su confirmación de alternativa.

La ilusión de la afición por verlo era tal, que la afición de la capital lo sacó al tercio a saludar, apenas terminado el paseíllo. Escribe Francisco Montes:

El entusiasmo desbordante tomó caracteres de apoteosis cuando aparecieron al frente de las cuadrillas Fermín Espinosa “Armillita”, de precioso terno azul celeste y oro; Jesús Solórzano, de marfil y bordados de metal preciado, y Manuel Rodríguez “Manolete”, de pizarra y el mismo metal. La ovación que principió con el paseo de cuadrillas no terminó sino hasta que las mulillas arrastraron al sexto de la tarde… Terminado el paseíllo, la multitud aclamó al diestro cordobés que reaparecía después de su grave cornada la tarde de su presentación en nuestro coso máximo, y también sus alternantes compartieron el mismo honor...

El primer toro de su lote fue Molinero, ante el cual el Monstruo de Córdoba salió a poner al corriente a la afición capitalina. Cuenta El Tío Carlos:

Manuel Rodríguez se armó de toda arma, irguió su personalísima figura, citó como se cita en los libros de estampas. El toro, cerrado en el tercio. El torero, imperioso e inmóvil. La muleta ondeando levemente en las duras manos... Dos muletazos altos, afinados y rectos como una aguja de catedral medieval. Un derechazo. Y luego, el portento: cuatro naturales jalando al toro, metiéndolo en la muleta, obligándolo a trazar el arco rotundo de los naturales, dejándoselo a la espalda en un alarde de imperio... Allí, con el toro ya agotado, vino lo más grandioso: tres pases naturales, obligando materialmente al aplomado a tomar la muleta, tirando de él firme y suavemente. Y cuando en el centro de las tres suertes el bicho casi se quedó de plano, Manuel Rodríguez no enmendó un ápice, ni huyó. Simplemente acentuó el trazo de la muleta, corrió el brazo con un mando enérgico e hizo girar al toro hechizado una y otra vez. Era aquello como dos naturales en uno... ¡Ah toreros!: cómo nos han robado durante años el último tiempo del pase natural; cómo ahora, después de Manuel Rodríguez, no será posible dar naturales a medias, inacabados; cómo se tendrá que torear en los tres tiempos del pase, y cómo nos fijaremos cada vez más en ese último tiempo que hoy se nos aparece como una revolución porque ustedes lo habían cercenado de la más bella de las suertes... Y con el toro desigualado, dejó una estocada casi entera, ligeramente delantera, a la que entró con verdadero ímpetu... La oreja, el rabo, la vuelta al ruedo, la salida a los medios...

Tras de la lidia de este tercero de la tarde, Manolete invitó a don Francisco Madrazo y a sus alternantes a dar una vuelta al ruedo acompañándolo. Alguna crónica refiere al respecto: En la arena había zapatillas de encopetadas damas, pieles, bastones y la sonrisa franca y ancha del ganadero...

La dimensión de los naturales de Armillita

En diversos pasajes de su crónica, El Tío Carlos se empeña en señalar que Armillita toreó por naturales cortos, trayendo yo al punto de la discusión una cuestión que casi tres lustros antes surgió cuando el Maestro realizó en Madrid su histórica faena al toro Centello de la Viuda de Aleas.

En aquella ocasión, los naturales que fueron el eje de su tarde tuvieron una característica: el torero echaba adelante la muleta, para enganchar al toro y trayéndolo toreado, realizar la suerte.

Relató Federico Morena, cronista del diario Heraldo de Madrid:

«Centello» tomó el engaño rectamente. Y la muleta pasó airosamente a la mano zurda. No era el noble bruto pronto a la arrancada. Y el torero supo aprovechar esta circunstancia para imprimir a la faena más relieve, mayor brillantez. Echó el artista la muleta atrás y adelantó el cuerpo arrogantemente. Pisaba el terreno de los valientes. Entonces la muleta avanzó despaciosa, sin dudas ni vacilaciones, hasta dar suavemente con los vuelillos en el hocico de la res. Y vino la arrancada: una arrancada templadísima. El espada tiró del toro, y se lo llevó al costado, y dobló la cintura sobre el pitón, y obligóle a trazar con el espinazo una curva considerable… ¿Es así como se torea al natural? La plaza crujió en un alarido de asombro. Y otra vez la muleta avanzaba, y prendía al bicho, y tiraba de él, dominadora, triunfante. ¡Y así hasta cinco veces! Cinco naturales perfectos…

Por su parte, Rafael Hernández y Ramírez de Alda firmando como Rafael, para el diario La Libertad, escribió:

Fueron primero cuatro pases naturales, adelantando la muleta hasta provocar la embestida del toro y llevándole toreado con un temple, un arte y una elegancia exquisitos, hacerle girar en torno de la figura, sin mover los pies, mandando con la muleta y ejecutando, en suma, el pase natural de manera tal que no se concibe nada más perfecto. Y después de esos cuatro naturales, aun lo repitió en dos pases más de la misma inimitable factura... Ante aquello, ¿qué importancia tenía lo demás? El público pidió la oreja estando todavía el toro vivo…

Y es que, en esos días, el toreo de muleta, sobre todo el natural, se hacía poniéndose a la distancia, citando al toro con un toque o con la voz y si era pronto, éste se arrancaba y así se hacía la suerte. Pero la forma que describen los cronistas que aplicó Armillita con Centello, al parecer se utilizaba con toros quedados, desde los días de Antonio Fuentes y que en esos días puso de moda Domingo Ortega, según narra Federico M. Alcázar en su crítica de la actuación del Maestro Fermín esa tarde, de la que extraigo:

Pero lo más interesante y ruidoso por los comentarios apasionados que está suscitando, es un recurso que está empleando Ortega con los toros quedados y que, a juzgar por los síntomas, van a seguirlo los demás toreros con todos los toros… El recurso a que me refiero es éste: cuando un toro está muy quedado y no embiste al cite natural se le sesga al pitón contrario, adelantándole las «bambas» de la muleta al hocico y enganchándolo… Este recurso, empleado con los toros prontos, a los que basta pisarles el terreno para que se arranquen, es una pamplina innecesaria y hasta una ventaja porque al toro bravo hay que dejarlo llegar, parar y aguantarle, que este es el valor supremo. Todo el mérito que tiene en los toros quedados de corta arrancada lo pierde con los bravos de arrancada larga y franca… El domingo empleó este recurso Armillita innecesariamente, pues era un toro bravísimo de los llamados de bandera para los toreros, que cuando le pisaban un poco el terreno se arrancaba veloz… La gente no reparó que el toro no necesitaba de este recurso para torearle reposadamente al natural. Y esto no es por restarle mérito a los cuatro pases naturales, que fueron colosales…

Esas y otras cosas, se las cuenta Alcázar en una carta abierta a Carlos Quirós Monosabio, quien aquí en México no se distinguió por reconocer los méritos de Armillita. Después de ser el pontifex maximus del gaonismo, no toleró que llegara un torero a ocupar el trono que el Califa de León dejó vacante con su retirada, y de esa manera, los amigos más o menos concuerdan en sus apreciaciones.

Y en esa línea de pensamiento me da la impresión de que así como con clarividencia unos años antes de ese 5 de junio de 1932, vio el toreo que estaba por venir, cuando describió la faena de Chicuelo a Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero en ese mismo ruedo y lo describió en su misma tribuna de El Imparcial, en esta oportunidad no supo percibir el golpe de timón que un torero mexicano daba a la forma de hacer el toreo y que implicaba ya no el esperar la arrancada del toro, sino provocarla y obligarla a ir en una determinada dirección. Es decir, era la pieza del rompecabezas que faltaba, para completar lo que el torero nacido en Triana en la calle Betis, pero criado en Sevilla en la Alameda de Hércules había iniciado más o menos un lustro antes.

El círculo se iba cerrando, lo que inició Gallito con el toro de Martínez aquél de la encerrona madrileña, lo prosiguió Chicuelo con Lapicero y Dentista aquí en México y después con Corchaíto en Madrid y lo remató debidamente Fermín el Sabio con Centello. Allí nacía el natural largo al que alude El Tío Carlos en su crónica y que representó en su día el fondo de una obra histórica y la continuidad de lo que Alameda ha llamado el hilo del toreo.

Por eso, cuando Armillita dio los naturales cortos, y toreó como Manolete, no estaba haciendo nada nuevo, sino que retornaba a unas formas que le eran ya conocidas y que, en alguna forma, habían dejado de ser comúnmente aceptadas, hasta esos tiempos otra vez. Por eso afirmaba al inicio, Fermín Espinosa era un torero capaz de cantar todos los palos. Y recurría al adecuado cuando era conveniente o necesario. Como en esta triunfal tarde de hace 80 años.

Aviso parroquial: los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, por no obrar así en sus respectivos originales.

domingo, 6 de julio de 2025

6 de julio de 1944: Manolete y Ratón de Pinto Barreiros

Madrid 6 de julio de 1944 - Foto: Agencia Cifra
Alrededor de cinco años antes del fasto que hoy recuerdo, Manolete recibió la alternativa en una Corrida de la Prensa, en esa ocasión, de la Asociación de Sevilla y coincidentemente, como veremos más adelante también en ese señalado festejo, un toro importante del lote de quien después sería llamado el Monstruo de Córdoba, sería reseñado en el campo con un nombre y saldría al ruedo con otro. Pero en ambos casos, las fechas quedarían señalada indeleblemente en la historia del torero y en el recuerdo de la afición a los toros.

La Asociación de Prensa de Madrid se fundó como una mutualista o asociación de socorro mutuo en 1895, y ya para 1900 organizaba la primera Corrida de la Prensa con Luis Mazzantini, Antonio Fuentes, José García Algabeño y Ricardo Torres Bombita, la que continuó celebrándose, cada año, hasta convertirse en una de las fechas señaladas de la temporada taurina de Madrid.

Para 1944, la fecha elegida para la corrida de la Asociación de Prensa fue el 6 de julio y se adquirió un encierro salmantino de don Alipio Pérez Tabernero Sanchón, que enfrentarían Luis Gómez Estudiante, Juan Belmonte Campoy y Manuel Rodríguez Manolete. César Jalón Clarito, en sus Memorias, cuenta a propósito de los prolegómenos de la organización de ese festejo:

...el 5 de julio se juega la de la Prensa. De la Asociación de la Prensa que por azar – aunque no lo mencione en su Memoria – me toca organizarla, por cierto, con anticipación y facilidad inalcanzables en mis tiempos de secretario… Virtualmente, la corrida había quedado diseñada y resuelta cierto día de marzo o, cuando más, de abril. José María Alfaro, nuevo presidente de la Asociación, bien orientado, quiso consultar con tiempo a los críticos taurinos. Creyéndome suficientemente cumplido y bataneado más de lo suficiente en este menester, resigné en el segundo de a bordo la representación de “Informaciones”… Más a quien Alfaro y Casares querían era a mí. A “Manolete” a través de mí. Suspendieron el cónclave y apelaron a los buenos oficios de Víctor de la Serna, vicepresidente de la entidad y director mío, en cuyo obsequio fui a cargar con el baúl. Lo depositaron en seguida sobre mis hombros, disimulándolo con la ayuda de otro compañero que, al tanto de su designación formularia, limitó su compañía a despedirse de mí en la puerta de la calle. No lo volví a ver… «Como si esperándome estaría» – que me dijo un vascote a quien indiqué el punto de partida de la maquinilla para la Ciudad Lineal –, me encontré a “Camará” en el “Café Riesgo”… Y allí estaba también, que ni esperándonos, el ganadero Alipio Pérez. Don Alipio Pérez T. Sanchón en los carteles, por respeto al Pérez Tabernero de la razón ganadera de su hermano Graciliano… ¡Alipio!, le llama Camará… ¿Toros para la corrida de la Prensa del primer jueves de julio? …Sí… Pues hecho. Manda los contratos a la Asociación, o a éste, encargado de organizar la corrida… Y a mí: Tienes a “Manolete”; tienes toros; tienes la corrida con menos quehacer y mayor anticipación que nunca… La noche del 1 de julio se fija el cartel oficial: seis de don Alipio para “El Estudiante”, Juanito Belmonte y “Manolete”...

César Jalón, quizás escribiendo de memoria, confunde la fecha del festejo con la víspera del mismo, pero en esencia, señala la manera en la que se gestó la conformación de la corrida que pasaría a la historia y la intervención que tuvo para que el cartel de la misma se conformara.

La corrida de Alipio y dos sobreros portugueses

Los toros enviados por Alipio Pérez Tabernero para la Corrida de la Prensa del 44 fueron Ratonero, Perdigón, Carbonero, Rabón, Costurero y Naviero, todos de pelo negro, que procedían de la simiente que en 1922 adquirió de su hermano Graciliano, puro Santa Coloma de la línea ibarreña. Iban de sobreros dos toros portugueses de Pinto Barreiros, encastados en Parladé, vía Gamero Cívico y Conde de la Corte. De entre esos dos sobreros, destacaba uno, llamado Ratón por el mayoral de la plaza, a la que había llegado de utrero, pero que salió de la finca con el nombre de Centelha o Centella, según cuentan los descendientes del que fuera su criador.

La razón del cambio del nombre del toro, reside en que habiendo salido de sobrero en varias corridas sin tener que ser lidiado, Centelha o Centella se hizo el amo y señor de los corrales de Las Ventas durante  ese período de tiempo, llegando incluso a comerse el pienso destinado para los otros toros, decían los que los cuidaban, colándose como un ratón, para birlarles el alimento. Esa es la razón del nuevo apelativo.

Sigue contando Clarito:

...el 4 asisto con Camará al reconocimiento previo de los toros. Uno, terciado, adolece de una contrarrotura – un bulto que podrá sajarse – y pasa provisionalmente... A mediodía del 5 – apartado y sorteo – se aprueba al operado que toca en suerte a “El Estudiante”, diestro de menor responsabilidad y que, además, lo destina a romper plaza, sin término de comparación para el público. De dos sobreros del criador portugués Pinto Barreiro, los veterinarios señalan uno. “Camará” me toma del brazo: Mira: uno de los toros que le han tocado a Manolo es chico. No han visto que es más flaco que el discutido de “El Estudiante”. Seguro que a Manolo se lo protestan en la plaza. Y resulta que a mí me gusta el sobrero que han dejado los veterinarios. Es preciso convencerles del cambio, sin aludir para nada al temor por el toro de la corrida... Hablo a los veterinarios y nos asomamos con ellos al corral en donde están todavía juntos los sobreros: Pero, “Camará”… ¡Si el que ustedes… No importa; ¡me gusta más! ... Y se hace el trueque...

Si hemos de seguir lo que relata Clarito, el apoderado de Manolete fue el primero en advertir la importancia del toro de Pinto Barreiros, tanto por su catadura, que supliría la escasez de presencia del que le tocaría enfrentar en segundo término a su torero, como por ese algo que a veces determina el curso de una tarde de toros y también del rumbo de la historia. Ese día don José Flores Camará, vio en Ratón unas cualidades que estaban fuera del alcance de la visión de cualquier otro mortal. Así entonces, la suerte estaba echada…

Manolete y Ratón de Pinto Barreiros

Clarito en sus Memorias dice que la tarde había caído en declive en su segunda mitad. El sexto de los de Alipio, nombrado Naviero, que se había advertido desde el apartado y sorteo que iba a ser objeto de repulsión por la concurrencia a la plaza que completó un lleno de no hay billetes, fue devuelto a los corrales por flaco y feo, por cojo, o simplemente porque no gustó a la concurrencia, según a quien se lea. El hecho es que se devolvió a los corrales y se cumplió la premonición de Camará, y fue sustituido por Ratón o Centella, según se quiera, de Pinto Barreiros.

Ante ese toro, Manolete realizó lo que la crónica de su tiempo y los analistas de la historia del toreo consideran que fue su mejor faena en la plaza de Las Ventas. Escribió Antonio Bellón para el diario Pueblo salido al día siguiente de la corrida:

Es la asombrosa verdad del toreo, resuelta tan fácilmente que arrincona toda idea de peligro. Es el absoluto dominio de la inteligencia sobre la fuerza bruta del toro. Se mide el terreno a golpe de muñeca. No hace falta ni mirar por dónde vienen los pitones, y así el rostro de Manuel Rodríguez contempla sereno el oleaje clamoroso y triunfal de los tendidos que flamean en pañuelos mientras el toro pasa en círculos matemáticos... Torear sin mirar al toro. No desprecio por la res, sino seguridad de que va mandada, ciega, empapada por el engaño metido en los pitones... Luego la muleta picotea en recto viaje el morro del toro, al que parte la cruz el estoque de Manolete. Trepida la plaza. Hay lágrimas y sienés en estallido. Se brinca, se manotea; cada espectador descarga su rayo de entusiasmo. Ovaciones, aclamaciones. Manolete en hombros, orejas, la puerta grande qué se abre al paso del torero. La multitud que se apretuja en la calle. Apoteosis del más pundonoroso torero que pisó los ruedos en plaza donde tanto su labor se aquilata...

Es un intento de describir lo que en su momento resultó casi indescriptible. Una manera de relatar algo que, al menos en el ruedo de Las Ventas, aún no se había visto. 

Por su parte, Celestino Espinosa Capdevila, en su tribuna del diario Arriba, quien un par de semanas antes, en su crónica de la corrida del Montepío de Policía, había señalado que a Manolete debía declarársele Monumento Nacional, reflexiona:

“Manolete” sí estaba caldeando hace tiempo el clima de los toros. Sin embargo, no ha sido hasta esta temporada el tiempo de su cenit, y tampoco hasta ahora se ha visto con decisiva claridad la distancia larguísima, incalculable casi, a la que el cordobés se ha puesto de todos los demás diestros de su promoción para acá. Esta distancia, ya sí cabe decirlo, es acaso mayor que la que nunca haya separado de sus demás contemporáneos a las grandes figuras del toreo... Ese paso de este año ha sido y está siendo de enorme magnitud, a no dudarlo, el motor principal de que ya se haya concretado en “Manolete” y en su arte la atención del parnaso español. Las dos anteriores tardes de “Manolete” en Madrid, los habituales de las plazas habíamos podido observar la presencia en los toros de muchos escritores y de muchos poetas, escasamente asiduos o declaradamente ausentes del tendido. Y en la tarde de hoy, al retumbo, sin duda, de los anteriores éxitos, la concurrencia de ellos ha llegado al máximo. Los poetas han vuelto a los toros. Los he estado viendo durante el transcurso de la tarde, en la barrera, en los tendidos, en los palcos...

Capdevila advierte que los espectadores de Manolete ya no son simples aficionados, sino artistas, escritores, poetas y personas que buscan en su hacer ante los toros inspiración para su propio arte. Es decir, que su tauromaquia trasciende lo taurino, para universalizarse. Tanto, que reflexiona Clarito:

La epopeya desdobla, como láminas de un álbum, ante la presencia de un tolo la crestomatía de sus grandes faenas a toros menores. De la que hizo época en Aranjuez. De la de su triunfo y percance en Madrid aquel mismo septiembre del cuarenta y dos; aquel día que un intelectual definía: «Así es el verdadero artista: un transmisor de emoción y conocimiento.» Y Alfredo Marquerie: «Me gustaría ser el “Manolete” de la literatura.»

Importante es lo que escribió Federico M. Alcázar, titular de la información taurina en el diario Madrid, y quien en 1928, a propósito de la faena de Chicuelo a Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero, afirmara que esa faena era la obra de arte más grandiosa, más excelsa y más genial que se hubiera realizado en una plaza de toros, que no recordaba haber visto nada semejante y que no creía que fuera posible ver otra obra así. Pues a propósito del encuentro de Manolete y Ratón ese 6 de julio del 44, entre otras cosas, escribió:

¿Qué había pasado para desbordar el entusiasmo de la muchedumbre hasta el límite del fanatismo? Pues había pasado que Manolete acababa de torear en el último toro de la tarde como nunca se ha toreado... Alarde inaudito de arte, valor y dominio que produce pasmo, arrobo y embeleso. La plaza es un clamor espantoso, todo el mundo grita, gesticula, se enardece y salta en los tendidos como atacados de un vértigo de locura. Y D. Ramón, el gran Ramón patriarca del manoletismo, se lleva las manos a la cabeza como si quisiera ir a contárselo a Lagartijo...

Los historiadores del toreo establecen el hilo de éste de Gallito a Chicuelo y del torero de la Alameda de Hércules a Manolete. Pues bien, Federico M. Alcázar, por lo visto, tuvo la fortuna de ver dos puntos de inflexión en la evolución del toreo, primero, la consolidación de la faena moderna, la tarde de Corchaíto y algo más de tres lustros después, con el torero que fue anunciado por Belmonte, ese que le haría faena a todos los toros, el ejemplo definitivo de cómo sería ese hacer ante los toros ya definidos para el tiempo que corría en esos días.

Así de grande fue la tarde de Manuel Laureano Rodríguez Sánchez en esa corrida de la Asociación de Prensa de Madrid del año 1944.

Lo que no se cuenta de esa tarde

Toda la historia relatada de esa tarde se concentra a los sucesos ocurridos en torno al sexto de la tarde, Ratón de Pinto Barreiros, pero otra faceta de Manolete, la del torero poderoso y dominador, muchas veces cuestionada, apareció en el tercero de la tarde, Carbonero, con el que estuvo a una gran altura también. Dice Antonio Bellón:

...a la hora del recordar lo que pareció sueño pensamos en lo que aún nos queda por ver de Manolete, que se adivina en esa faena a su primero, al “Carbonero” de Alipio. Ventisca la res, viento que anula la eficacia del engaño y Manolete, dueño del toro en tres pases a muleta muerta, por bajo, para quebrar el cuello de la res. Y los naturales donde no hay natural embestida. Sin presunciones de exquisitez, por mi parte, fue esta faena de mayores dimensiones, más intensamente torera que la apoteósica del sexto. Todo lo hizo el torero. Dominio, imponer el muleteo a riesgo de su cuerpo. Y el volapié, y como resumen del triunfo ese chambergo emplumerado qué el alguacilillo velazqueño, el de 1a varita autoritaria, arrojó a los pies de Manolete...

Por su parte, Clarito, en sus Memorias, nos recuerda:

... Jamás, jamás, jamás, si no es a él – decimos viendo en tierra al nervioso tercer toro –; si no es el “Manolete” colosal se ha visto después de tan impresionante faena montar la espada y caer sobre la fiera con el fuego y la inexorabilidad de una centella de los dioses. Cuatro veces – luego del corte de oreja y vuelta al ruedo – se destoca su alta figura en el tercio. Y un alguacil le arroja su birrete de plumas: «¿le pide acaso la llave del toreo?»...

¡Hasta el sombrero emplumado del alguacilillo! ¿Necesitamos más para reconocer una tarde redonda? No es tan difícil rebuscar en la historia del toreo. Esta es una de ellas. Dos faenas de distinto corte, una de dominio ante un toro complicado y la otra de arte y lucimiento ante un toro que así lo permitió. Para la historia, definitivamente.

Algunas otras cuestiones

Una extraordinaria labor de Luis Gómez Estudiante, ante el primero de la tarde, se perdió entre la vorágine del esplendor del lucimiento de Manolete. Aunque impuso a un toro bravo al que había que poderle y al que le cortó la oreja, su labor quedó oscurecida. Sin embargo, creo de justicia recordarla. 

Y por otra parte, los toros lidiados, tras el arrastre, apenas promediaron 441 kilos de peso, el que menos dio en la báscula fueron 410 y el que más, 470 kilos. Eso nos demuestra que el anuncio del peso de los toros en la tablilla es ilusorio, que lo que realmente importa es el trapío de lo sale al ruedo y que lo que rindan para los carniceros es secundario. Aficionados, exijamos más trapío, que implica remate, que se adquiere con la edad y no peso, que se puede inducir artificialmente.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no aparecen así en sus respectivos originales.

Hasta la próxima semana.

lunes, 25 de septiembre de 2023

23 de septiembre de 1923: Luis Freg es gravemente herido en Madrid (II/II)

Luis Freg por su propio pie a la enfermería
Madrid, 23 de septiembre de 1924
Foto: Portela - ABC

Antes de retomar el hilo temporal de los acontecimientos, creo de interés abordar el análisis que hicieron algunos importantes cronistas de la actuación de Luis Freg ante Pescador de Matías Sánchez Cobaleda. En particular, me refiero a los que en su día hicieron Federico M. Alcázar en su tribuna de El Imparcial, César Jalón Clarito en su crónica publicada en El Liberal y Maximiliano Clavo Corinto y Oro en La Voz. Y es que sus conceptos van más allá de la mera narración de los sucesos de esa tarde, entran al examen profundo del hacer del torero ante el toro y creo que muchas de las cosas que hace un siglo escribieron, siguen valiendo el día de hoy.

La opinión de Federico M. Alcázar

El título de su crónica, aparecida en El Imparcial madrileño del 25 de septiembre siguiente es La bella y triste leyenda del valor y con la profundidad y la agudeza que caracterizaron su estilo al escribir de toros, don Federico entre otras cosas, dijo:

¿Qué es el valor? Hace tiempo que venimos haciéndonos esta pregunta y siempre hemos llegado a la misma conclusión: el valor es originalmente una cualidad, una aptitud, un sentimiento. Un torero es valeroso como es alto, como es bajo, como tiene los ojos azules o negros. Consecuencia: el valor es algo innato y natural en el individuo, como es el origen de gran parte de sus virtudes y de sus vicios. Es algo íntimo y espontáneo que nace, vive y muere con nosotros. De aquí que no sea patrimonio de la voluntad. Se cultiva el valor como se cultiva una planta. La voluntad y el celo pueden contribuir a desarrollar estas cualidades, pero no a crearlas. Fundamentalmente somos valientes, no por obra y gracia de la voluntad, sino por disposición de nuestra naturaleza. Un torero es valiente no solamente porque la voluntad venza al miedo, haciéndole permanecer sereno ante el peligro, sino también y principalmente, por la disposición de su naturaleza esencialmente valerosa... En el toreo hay un concepto tradicional del valor que es falso, falsísimo. Comúnmente se le confunde con la temeridad y hasta se llega a emplear como sinónimo su significado. Y, claro es, al hacer esto, se llama toreros valientes a los que no son sino temerarios… los toreros temerarios, ¡qué tragedia más espantosa la de su vida! Son héroes por fuerza. Recordad sus gestos, sus actitudes, sus momentos. Están inquietos, azorados, nerviosos. Si el toro les tropieza, entonces surge «la tragedia de galería», el bonito y divertido espectáculo del pelo enmarañado, los brazos extendidos, las manos crispadas, los ojos encendidos, el rostro ensangrentado y lívido, y todo su cuerpo agitándose como un pelele borracho y dando la sensación de que lo que quieren, más que desafiar el peligro, es ahuyentar el miedo y vencer la cobardía… Luis Freg es de los pocos a quienes no seducen estas apariencias engañosas del valor… Luis Freg ha llegado al sitio que hoy ocupa en el toreo sin más bagaje que su valor, y sólo a fuerzas de cornadas ha logrado sostenerse en él… Entre el valor del torero, por muy grande que sea, y la brutalidad de un toro, por noble y manso que resulte, siempre vencerá éste, aunque por fortuna o por suerte salga el torero triunfante en determinados momentos. Esta es toda la historia taurina de Freg. De cien toros que ha matado, en veinte ha salido ileso, cincuenta, le han volteado, y treinta le han herido. La proporción es tan dolorosa que, aun siendo para el toreo su más limpia ejecutoria de pundonor y de vergüenza, es para el aficionado imparcial y desinteresado la conclusión más terminante de su inutilidad y de su impotencia. No vale la pena, de lograr un nombre como el de Freg, y ganar unos billetes, si en cada moneda hay un gesto de dolor y en cada letra un litro de sangre...

Juzga con dureza Alcázar la trayectoria de Luis Freg, pero también lo hace con verdad. Porque el llamado Rey del Acero cobró celebridad por sus extraordinarias maneras de matar a los toros, pero también, por la cantidad de los percances graves que sufrió durante su dilatada carrera en los ruedos. En lo que sí es claro don Federico, es que no fue un torero temerario, irreflexivo, sino de un valor sereno y calculado.

Lo que comentó Clarito

César Jalón era el cronista titular de El Liberal y su apreciación de la corrida apareció en la misma fecha que la de El Imparcial. Por el sentido de lo escrito por Clarito y por Alcázar, tengo la impresión de que ocuparon localidades contiguas o el mismo palco de prensa y comentaron sus impresiones de lo sucedido, porque en alguna forma sus opiniones tienen cierta complementariedad, como se verá enseguida:

Hay diestros, diestrísimos, a quienes parece imposible que los coja el toro. No es que sepan demasiado bien los secretos de su arte y que, en gracia a estos conocimientos, les sea facilísimo emocionar y deleitar al público sin necesidad de exponerse a los duros trances de esta que se llama «arriesgada profesión» … Y hay otros hombres, menos diestros, de menor agilidad física y mental, más torpes de comprensión y de movimiento, a quienes parece imposible que «los coja el toro», y que, ciertamente no los coge... porque se cogen ellos solos… Cuando asistimos al espectáculo de los «diestrísimos» una y otra tarde, les gritamos que el toreo no es «eso». Les excitamos – en vano – a que se acerquen algo a los pitones de las reses, no al cuello ni al cuarto trasero, que es a donde se pegan infinitamente después que pasaron las astas, y acabamos por desearles que no les hiera el toro, sí que siquiera los asuste, que comprendan por lo menos, que este arte es difícil y arriesgado y que impone, a veces, al cuerpo mayores sacrificios que el de una complicada torcedura de busto, de cintura o de cuello... Por el contrario, ante el tormento de ver como un día y el otro se juegan – y jugar es sinónimo de perder – la vida otros hombres menos diestros, con honra muy pasajera para ellos y sin ningún provecho para el público, al menos para el gusto de paladar «artístico», nos decimos que tampoco es «eso» el toreo, y nos encomendamos al santoral entero para que no se arrimen, para que les salga el enemigo difícil, ese enemigo con el que el espectador disculpa al torero todos los recursos; para que no tenga que habérselas con un toro ante cuya bondad el hombre se crea en el deber de suplir sus deficiencias con el alarde temerario de entregar su cuerpo a los cuernos, así como diciendo al público: «Ya que no puedo darte mi arte, te doy mi sangre...» …De los de este segundo grupo, el más veterano, no ya, desde luego, por antigüedad, sino también por «méritos contraídos», es el espada mejicano Luis Freg. Cosido a cornadas, después de haber hablado de tú con la muerte en más de tres ocasiones – y está de nuevo llamado a sus puertas, según cuentan –, los amigos y admiradores más fervientes del valeroso muchacho, son médicos y practicantes de medicina… Se explica así la sonrisa ingenua y desafectada de Luis Freg haciendo tranquilamente el paseíllo a la hora en que el espectador comienza a temblar por él y el gesto de despreocupación temerario con que, en pie, sin mirarse la carne agujereada, saluda, sonriendo siempre, mientras se le empalidece el semblante, al público que le rinde un homenaje a su rasgo valeroso, a su desprecio de la vida, no, por desgracia, en beneficio del arte, sino en señal de respeto por el que paga…

Como se puede leer, Clarito añade al valor sereno que le atribuye Alcázar a Luis Freg, una cierta torpeza, impericia o falta de oficio como causa de sus continuos y graves percances. Independientemente de cualquier otra cuestión, creo que César Jalón juzga con excesiva dureza al torero, más por no ser de su gusto como aficionado, que por las causas que ilustra en el desarrollo de su crónica.

Lo que entendió Corinto y Oro

La opinión de Maximiliano Clavo fue la primera en ver la luz, pues se publicó al día siguiente del festejo y se tituló El derroche de sangre. De manera algo ditirámbica, el cronista más veterano de los tres que en este momento invoco, media entre las posturas de Alcázar y Clarito, según leemos enseguida:

Este hombre, adalid de la vergüenza torera; este lidiador dolorosamente glorificado por las innumerables veces que se dejó agujerear sus carnes por las astas de los toros; este Frascuelo del siglo XX es Luis Freg, un matador de toros que hace doce años vino de Méjico a destacarse en España, fuertemente afianzado en la primera cualidad que un torero necesita para ser “algo” en la trágica fiesta hispana: valor. Y Luis Freg, asendereado por tanta y tanta cornada una y otra tarde, tiene un valor ciego, un valor no sujeto a medida, un valor que, en realidad, sobrepasa a la cantidad exigida por los derechos del público y por la fiesta misma para ser torero íntegro… Este valor ciego, inconmensurable, absurdo en repetidas ocasiones, ha puesto a Luis doce, catorce, veinte veces (Frascuelo, se ha repetido en él el caso de Frascuelo) sobre las camas de operaciones de los cirujanos en las enfermerías de las plazas, para tapar enormes boquetes que han hecho las astas en su cuerpo, que, cosido a cornadas, se viene entregando incondicionalmente a todos los toros cuantas tardes y en cuantos sitios se pone el traje de luces, deslumbrante indumentaria que en el Frascuelo mejicano tiene la lamentable equivalencia de un continuo derroche de vida…

Me parece exagerado considerar a Luis Freg el Frascuelo mejicano, aunque los toros le hayan castigado excesivamente, como al Negro. La distancia taurina entre uno y otro es abismal. No pretendo con esta apreciación faltar al respeto a Luis Freg, quien, como Salvador Sánchez, tiene un sitio privilegiado en la historia del toreo, pero cada uno tiene un lugar propio y esos lugares no son precisamente iguales.

La temporada 1923 – 24 en México

Ya de regreso en México, se puso en contacto con la empresa de El Toreo y consiguió ser incluido en el elenco de la temporada ya iniciada. Reapareció en los ruedos el 24 de febrero de 1924, para lidiar junto a Juan Silveti y Juan Anlló Nacional II, toros de San Diego de los Padres. A ese propósito, contó Freg a Armando de María y Campos:

Así como la corrida del 23 de septiembre en Madrid continuó a pesar de que en la enfermería de la plaza un hombre moría, porque así es en la fiesta de toros, yo continué mi trayectoria como torero que da a los públicos lo que tiene, volviendo a vestir el traje de luces, y llevando debajo de la chaquetilla la herida abierta y aún con tubos de canalización, porque, fistulizada, no quería cerrar. En México, el 24 de febrero de 1924, con Silveti y Nacional II toros de San Diego de los Padres. Y a mí mismo me parecía que no tenía un boquete abierto debajo de la casaquilla...

Lanfranchi, en su Historia del Toreo… afirma que bastante hizo Freg con salir a la plaza, pues se notaba a simple vista que aún no estaba debidamente recuperado; por su parte, Verduguillo en El Universal Taurino, únicamente destaca sus estocadas, aunque lo viera apurado para despachar al primero de su lote y el corresponsal del semanario The Times consigna:

Luis Freg, que fue recibido con gran ovación en el paseíllo, toreó a sus dos toros con mucho valor, lo mismo con el capote que con la muleta, por lo que fue ovacionadísimo... Matando estuvo breve y valiente en el primero, y superior en su segundo, del que cortó la oreja, y dio la vuelta al ruedo...

Volvería a la capital mexicana el 13 de abril, para alternar con Rodolfo Gaona y Guillermo Danglada quien recibía la alternativa, con toros de Ajuluapan. Logró torear algunas tardes más y en cuanto el verano redujo la actividad aquí en México, regresó a España, para continuar adelante con su carrera en los ruedos.

Para concluir

Escribió El – hombre – que – no – cree – en – nada:

Acribillado por más de medio centenar de furibundas cornadas, muchas de ellas gravísimas y no pocas de las que ponen en inminente peligro la vida, Luis Freg nunca perdió un adarme de su valor espartano, nunca se le vio regresar a los ruedos dolido de sus percances por serios que hubieran sido. Todo lo contrario, siempre dio la impresión de que las astas de sus poderosos enemigos, al herirle, inyectaban en su cuerpo de recio gladiador algo más de bravura, de coraje y vergüenza, con ser mucho ya lo que de esto llevaba dentro. Por algo se le conoció en España por “Don Valor”…

Esta es una página de la historia del bravo Luis Freg. Aquí hay espacio y quizás haya tiempo para tratar de presentar alguna otra. 


domingo, 6 de agosto de 2023

6 de agosto de 1933: Triunfal alternativa de Lorenzo Garza en Santander

Lorenzo Garza
Foto: Luis Reynoso
Lorenzo Garza se marchó a España en 1932, con una carta de recomendación de Carlos Quirós Monosabio para Eduardo Pagés y consigue actuar allí en seis novilladas – Barcelona, Santander, Bilbao, San Sebastián y Burdeos – dejando una buena impresión, a partir de hacerse notar como un torero predominantemente de valor. Algunos lo llamaron en esa primera época torero de parón, como Daniel Tapia en su Historia del Toreo, pero otros, como Néstor Luján, en su obra de igual título, lo califica más bien de estoico.

Sea como fuere, logró interesar a más empresas que a la de Pagés, que era la que lo amparaba y en el año de 1933 suma quince novilladas antes de que, se anuncie su alternativa en la plaza de Santander, que fue el puerto por el que entró a España el calendario anterior, apadrinándole Pepe Bienvenida y fungiendo como testigo Antonio García Maravilla. Los toros serían de Celso Cruz del Castillo, de origen Saltillo – Santa Coloma, vía Dionisio Peláez y cuyo hierro corresponde en la actualidad a la ganadería de La Guadamilla.

La impresión previa del festejo

La crónica que Federico M. Alcázar escribió como enviado para el diario madrileño La Voz, en esta ocasión recoge lo sucedido en la víspera en Vitoria y en la corrida que me ocupa. En la consideración previa a la narración de los sucesos en el ruedo, cuenta:

En Santander nos aguarda una novedad: la alternativa de Garza. Lorenzo Garza no es un improvisado en el toreo. Llega a la alternativa después de una campaña brillante y triunfal de novillero. De todos los toreros que han venido en estos últimos años de Méjico, Garza es el de más acusada personalidad. Tiene un valor tan extraordinario, que raya en la temeridad, y además torea bien… Pero lo característico de su toreo es la emoción, una emoción que hace temblar a la gente de angustia. Si los toros no le echan atrás, va a poner la tila a millón. Palabra…

Como se ve, su narrativa parte de la idea inicial que se tuvo de Lorenzo Garza, que era un torero todo valor, estoico, como lo calificó Luján y que resolvía todo a base de riñones y de jugarse la piel con alegría delante de los pitones de los toros. En suma, era un temerario que sabía torear y que podía complicarle la existencia a los que estaban en la cumbre con su entrega y su valor.

Habrá que agregar que la plaza se llenó y que asistieron al festejo el Ministro de Industria y Comercio José Franchy y Roca, el embajador de Francia, – seguramente ambos vacacionaban en el lugar –, y las crónicas reflejan que había en los tendidos numerosos aficionados de habla inglesa pues estaba atracado en el puerto el vapor Calgary.  

La actuación de Lorenzo Garza en esa tarde

Según la fuente que se lea, la actuación del Califa de Monterrey tuvo importancia, pero las fuentes más fiables que son el propio Alcázar y el cronista anónimo del diario madrileño Luz, reflejan que la tarde fue triunfal para él. En la edición de Luz, salida a los puestos el 7 de agosto de 1933, se relata acerca de su actuación ante el sexto de la tarde:

Negro y más grande que los últimos. Garza intenta armar el escándalo, pero el bicho no acude; cuando lo consigue se lo pasa por la barriga con un valor temerario. Garza brinda desde el centro, y en el primer pase sale trompicado, pero luego hace una faena valentísima. Se desmaya una inglesita en un palco. Cinco pases por bajo, y ya el público se pone de pie. Otros cinco de rodillas y arma el alboroto. Sigue entre los pitones, y entra a matar, dejando una estocada formidable. Descabella y es ovacionadísimo. Se tira al ruedo un grupo de «capitalistas» y lo sacan en hombros por la puerta grande, llevándoselo hasta el ferial de ganado, donde al fin puede escapar hasta el coche…

Por su parte, Alcázar, de una manera más compuesta en el aspecto literario, expone de la siguiente forma la actuación del toricantano:

Lorenzo Garza ha estado a punto de darnos un disgusto en el primer toro. Al engendrar un lance de capa ha sido cogido y volteado, metiéndole el toro la cabeza en el suelo. Afortunadamente el percance no le ha impedido hacer un quite colosal y derrochar un valor extraordinario en la faena de muleta. Empezó con el ayudado por alto, al que siguió uno de pecho formidable. Estalló la ovación, y ligó cuatro naturales estupendos. Al doblar la muleta para echarse el toro por delante en el obligado de pecho se dobló el animal de las manos y la suerte quedó rota. Continuó toreando a los acordes de la música, metido entre los pitones, en medio del entusiasmo del público. Mató de una corta delantera, un pinchazo y un descabello. (Le ovacionaron) … En el último armó un alboroto mayúsculo. El toro era tardo; pero Garza se metió en el terreno, le obligó a embestir, y después de dos ayudados espléndidos que se jalearon dio una serie de pases en redondo formidables. Toro y torero parecían fundirse en un solo cuerpo. Tan ajustado, tan ceñido, le pasaba el toro. Cada muletazo iba seguido de un clamor de entusiasmo y un susto de la muchedumbre. Rompió de nuevo la música a tocar, y continuó toreando temerariamente, entre ovaciones clamorosas. Después se hincó de rodillas, dando varios pases colgado en los pitones. Entró derecho a matar, y el estoque cayó delantero. Por tardar en doblar el toro no le dieron la oreja; pero el público se tiró al ruedo y se lo llevó en hombros por la Alameda. Una alternativa con éxito. Con el valor que ha derrochado esta tarde Garza, sobre todo después del tantarantán del primer toro, se podían hacer varios toreros… Garza es un torero que asusta, y precisamente en esto radica el interés de su figura. También torea, y torea admirablemente, parando, templando, cargando la suerte, sobre todo al toro de pronta arrancada; pero su nota característica es el valor: un valor que, como hemos indicado anteriormente, raya en la temeridad…

El estilo del cronista es más claro para exponer, en conjunto, la realidad de la actuación del torero que se alternativaba esa tarde, describe las suertes que la integraron, pero no es la mera reseña de las mismas, sino que intenta plantear la manera como apreció lo que vio en la plaza. En lo que coincide con la anterior, es en que aún sin corte de apéndices, se lo llevaron en hombros de la plaza.

El resto de la corrida

Dice Alcázar en su crónica que vio a Pepe Bienvenida dar los mejores lances que le había visto en su vida y que como banderillero tuvo un éxito rotundo. No tengo elementos para determinar si esa afirmación era ditirambo o en realidad ocurrió así. Lo cierto es que Pepe Bienvenida es, por lo que le he visto en las cintas y el video, el torero más completo de esa casa, quizás algo corto de personalidad, pero para mí, el más completo de todos.

Maravilla le cortó la oreja al tercero, al que toreó con lucimiento tanto de capa como con la muleta. Esa tarde, según la mayor parte de las relaciones consultadas, fue el que mejor estuvo con la espada, por eso la obtención del trofeo.

Del encierro lidiado, escribió Federico M. Alcázar:

Los toros de D. Celso, hoy de sus hijos, Manolo Muñoz y Celsito, es de lo más puro que pasta en campos de Castilla. Por su procedencia y por su casta merecen la misma estimación que los de Graciliano, Coquilla y demás ganaderías punteras de Salamanca. La corrida de esta tarde ha estado magníficamente presentada. Tipo, peso, pitones, finura y trapío. Una corrida para Madrid, con un peso que no bajará de trescientos kilos. Los seis toros se han arrancado pronto a los caballos, recargando con codicia, derribando con estrépito, haciendo una pelea superior, y sobre todo, acusando la brava casta de Santa Coloma y Saltillo. El más bravo ha sido el cuarto, un ejemplar precioso, y el más flojo, el quinto. Para los toreros no han dado tanto juego. El primero y último, dóciles, y el tercero y quinto, tardos, reservones. Todos han llegado al final quedados por su pelea con los caballos…

Ya aprecio por allí que se puede deducir que hay toros bravos para el ganadero y toros bravos para el torero, cuestión de ver las entrelíneas del párrafo.

Una reflexión hecha algo más de una década después

Con esa alternativa, Lorenzo Garza toreó apenas tres corridas de toros y el 24 de febrero siguiente, volvería a torear novilladas, iniciando la definitiva campaña novilleril en Valencia. Ese calendario torearía quince novilladas y el 5 de septiembre de 1934 recibiría el doctorado definitivo en Aranjuez, de manos de Juan Belmonte. En 1945 regresó a hacer una campaña que resultó de gran importancia, porque el 15 de julio de ese año, le cortó dos orejas al segundo toro de su lote, de Alipio Pérez Tabernero, en la plaza de Las Ventas, alternando con Manuel Álvarez Andaluz, Manolo Escudero y la torera a caballo Conchita Cintrón.

Un mes antes de esa tarde triunfal, en el número de El Ruedo aparecido el 12 de junio de ese año, se publicó una entrevista que le concedió a Cruz Ernesto Franquet, entre otras cosas, Lorenzo Garza dijo:

Me costó mucho trabajo llegar donde quise. Hube de tomar en España dos veces la alternativa. Una, en Santander, que me la otorgó Pepe Bienvenida, siendo testigo Maravilla, y a la que renuncié más tarde, para volver a las novilladas, y luego, la definitiva, en Aranjuez, que me la dio Belmonte, actuando de testigo Marcial Lalanda. Pero hasta llegar aquí hubo mucho que luchar. El principio de mi carrera taurina empieza en junio del año 1934 con una tarde lluviosa, en la que conseguí el éxito que yo perseguía. Desde ahí todo fué relativamente fácil. Actuaba con El Soldado y Cecilio Barral, y me salieron las cosas como uno tantas veces ha pensado...

Así fue como se inició el camino de un torero que, según Néstor Luján:

...tiene una importancia excepcional en la historia del toreo. A él se debe la innovación del cite de perfil absoluto toreando con la muleta, que debía inmortalizar Manolete y hacerse habitual en el toreo moderno... Garza es el primero que cita de perfil... ello le permite encadenar los naturales en redondo con una fluidez que encontrará su máximo exponente artístico en Manolete y emocional en Silverio Pérez...

Sismo y estatua se le llamaría para la posteridad, a quien a partir de la voluntad de ser, inició hace 90 años el difícil camino para tratar de llegar a ser figura del toreo.

Aviso Parroquial: El resaltado en la transcripción de la entrevista aparecida en el semanario El Ruedo, es obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no obra así en su respectivo original.

domingo, 19 de marzo de 2023

19 de marzo de 1933: Presentación de Lorenzo Garza en Madrid

Un lance de Lorenzo Garza
Roberto Domingo
La Libertad, Madrid, 21 de marzo de 1933
Lorenzo Garza se había presentado en el Toreo de la Condesa el 3 de mayo de 1931, alternando con Antonio Popoca y Jesús González El Indio para lidiar novillos de La Punta. Para 1932 consigue que Carlos Quirós Monosabio le recomiende con Eduardo Pagés, y parte para España, logrando actuar dos tardes en Barcelona – donde se presentó el 14 de agosto –, Santander, Bilbao, San Sebastián y Burdeos, dejando las cosas puestas para regresar el siguiente calendario.

Para 1933 le esperaba una campaña más extensa y en la que tendría que examinarse ante la cátedra madrileña. La ocasión se presentó para el día de San José del año 33. La empresa madrileña anunció un encierro de Ramón Ortega – antes Braganza – para que lo lidiaran Diego de los Reyes, Diego Gómez Láinez y el debutante mexicano Lorenzo Garza. 

Un trágico prólogo

La novillada estuvo a un tris de suspenderse, pues al abrirse la puerta de cuadrillas para que los alguaciles hicieran el despeje, una sección de la barandilla de la andanada que quedaba sobre el tendido siete, se desprendió y dejó a siete heridos, uno grave y los demás de pronóstico reservado. La Hoja Oficial del Lunes del día siguiente del festejo, entre otras cosas dice al respecto:

Al sonar los clarines anunciando la salida de los alguacilillos, parte de los espectadores de las primeras filas de las andanadas pasaron precipitadamente, como ocurre en todas las corridas cuando no están ocupadas todas las localidades a la delantera, con el objeto de acomodarse en el barandal... Y en aquel preciso momento, una barandilla de la andanada que da sobre el tendido número 7, se desprendió de las columnas donde aquellas se sujetan y cayó con estrépito sobre el graderío...

Al final, se determinó que los pernos que sostenían esa barandilla de hierro no estaban en su sitio y que estaba fijada apenas con unos alambres, por lo que cedió al peso de la multitud que buscaba aprovechar las localidades vacías de la sección inferior. Tras de recogerse la pieza caída y procurarse atención a los lesionados, los ocupantes de las localidades circundantes pedían la suspensión de la novillada, pero la autoridad determinó que no había causa para hacerlo.

La actuación de Lorenzo Garza

La impresión que causó quien después sería conocido como El Ave de las Tempestades fue bastante buena. Aunque no logró redondear una tarde triunfal, logró apuntar a la afición de la capital española que tenía aptitudes y posibilidades para caminar un trecho largo delante de las astas de los toros. Escribió F. Asturias para el diario Ahora, salido el 21 de marzo siguiente al festejo:

Lorenzo Garza venia precedido de una fama de valiente y artista. Por lo poco que se le vio hacer – poco en cantidad – no mentía la fama. Es valiente y artista. Con el capote y la muleta aguanta y para de una manera imponente. Su segundo fué un inútil que se cayó varias veces, falto de fuerza en los remos. Así y todo, el mejicano ejecutó algunas verónicas admirables y logró cuajar unos pases de muleta que levantaron olés y ovaciones apretadas. Mató de una atravesada y varios intentos de descabello. Fue en el sexto en el que logró entusiasmar al concurso toreando con el capotillo… Cuando lo veamos sin viento, podremos juzgarle con mayor conocimiento de causa.

Quien firmó como Don Nino para El Heraldo, destacó también el conjunto armónico de la faena de Lorenzo Garza al segundo de su lote y también una circunstancia que en alguna manera emborronó su actuación, el manejo de los aceros:

Garza sabe fundir la elegancia en el hacer con el conocimiento profesional… De asombro fueron los lances con que el mejicano recibió al sexto de Ortega. Suaves, lentos, rítmicos, extraordinariamente magníficos todos y cada uno de ellos. Insuperables los dos del lado derecho y el tercero por el izquierdo del primer quite. Y cuando todo hacía presumir en un éxito de apoteosis el muletero no salió. La faena fué de recibo. Después de media estocada el novillo se «amorcilló» junto a la barrera y, como nadie tuvo decisión para sacarlo de allí, fue descabellado por Garza cuando los clarines habían marcado el tiempo del primer aviso...

Por su parte Recorte, en La Libertad, también del 21 de marzo, reflexiona entre otras cuestiones, lo siguiente:

Su forma con el capote, la forma de torear con el capote a la verónica, tomando el engaño por junto a la esclavina, seguro y desenvuelto, firme y desahogado, parando y templando, acusan un estilo y una calidad estimable... Apreciables destellos en lo forma al torear con la muleta y facilidad, al menos el domingo, en el trance supremo... acusó una buena calidad de torero y una competencia profesional superior...

Y en La Voz, por su parte José Luis Mayral Corinto y Plata, quien aquí en México, en el exilio, firmara como Curro Meloja, en verso, entre otras cosas, dijo:

Hay que mirar con cuidado

los lances de este torero.

El capote recogido

hace girar todo el cuerpo

y que pasen los pitones 

rozándole... Gran efecto;

cierta originalidad

- un poquito codillero -,

indudable exposición

y atisbos de estilo nuevo.

Me gustó con el capote:

tiene un algo, tiene un sello.

Con la muleta, lo mismo.

Hay gracia y es pinturero…

Lo que vendría para Lorenzo Garza

El 6 de agosto de ese 1933, en Santander, el torero de Monterrey recibió la alternativa de manos de Pepe Bienvenida, que le cedió al toro Repentino de Celso Cruz del Castillo, en presencia de Antonio García Maravilla. Torearía todavía otras tres corridas en España ese año, con poca fortuna, por lo que al año siguiente, el 24 de febrero, en Valencia, volvería a actuar como novillero, renunciando a ese doctorado, que recuperaría con todos los honores el 5 de septiembre en Aranjuez.

El resto de su historia tiene mucho para ser contado. La carrera de Lorenzo Garza terminó – con algunas pausas intermedias – bien entrados los años sesenta del pasado siglo y fue, sin duda, el representante de la Edad de Oro del toreo en México con la carrera más longeva.

Apéndice sobre cambios en la prensa de la época

Desde los días anteriores al festejo se venían publicando notas en torno a la producción de cambios en las páginas taurinas de varios diarios madrileños. Así, se afirmaba que Maximiliano Clavo Corinto y Oro, dejaba su tribuna en La Voz y que le sustituiría Cipriano Rivas Cheriff, director y crítico de teatro y a la sazón, cuñado del Presidente del Consejo de Ministros, Manuel Azaña; se escribió en El Adelanto de Salamanca:

La comidilla del día en las tertulias taurinas, es si “Corinto y Oro” hace o no las críticas taurinas de “La Voz” este año... Y los nombres que, al parecer, pensaban sustituirle. Pero esos nombres, no son ninguno de los que van a escribir en las columnas de “La Voz” ... En “La Voz” hay una persona capacitada para ese cargo... nos referimos a José L. Mayral, pero al parecer, se quiere llevar a la sección taurina, más que un técnico en toros, un literato: Y éste no sería otro, que... Rivas Cheriff...

En el mismo diario salmantino también se hablaba de la salida de El Imparcial de Federico M. Alcázar, sin precisar destino para su pluma, pero estableciendo que su sustituto sería nada menos que Ignacio Sánchez Mejías:

Son tantos los aspectos desde el punto de vista de la empresa de “El Imparcial” ... que a él iba de crítico el ex torero Ignacio Sánchez Mejías... Federico M. Alcázar, que estaba encargado de la crítica de toros, no pertenece ya al periódico, ocupando su puesto, ya en firme, Sánchez Mejías, y como segundo de a bordo, Alardi, que ya fue crítico taurino de un periódico de Sevilla...

La realidad es que Federico M. Alcázar fue quien sustituyó a Corinto y Oro en La Voz, lo que se anunció precisamente el lunes 20 de marzo de 1933, aunque la crónica  de la novillada, la escribiera José Luis Mayral Corinto y Plata, como era habitual. Igual, Ignacio Sánchez Mejías no fue cronista de El Imparcial, durante el breve tiempo que sobrevivió, se encargó de ella José Quilez.

Así estaban las cosas de lo que unos años después sería llamado el planeta de los toros hace 90 años. Y ahora sí, hasta la próxima semana.

Aldeanos