domingo, 13 de septiembre de 2026

5 de septiembre de 1964: Antonio Bienvenida realiza la mejor faena de su historia

Ya casi en el cierre de la temporada de 1964, toreros como Antonio Bienvenida, Victoriano Valencia, Joaquín Bernadó, Gregorio Sánchez o César Girón – citados todos en el orden que ocupaban en el escalafón – no sumaban siquiera la veintena de festejos toreados. La cima de la estadística estaba ocupada por los diestros de la generación siguiente, y los que llegaron a partir del final de la década de los cincuenta, a revolucionar el estado de cosas en el planeta de los toros.

Así, las ferias más importantes ya eran el territorio en el que esas nuevas figuras tenían un sitio debidamente ganado, en tanto que los diestros de etapas anteriores de la historia, podían ser prescindidos sin que la afición resintiera, de pronto, su ausencia de los carteles. Ello no significaba que delante de los toros, no tuvieran cosas que decir, pero la novedad siempre resulta ser más atractiva en las taquillas.

No obstante, siempre quedan empresarios que entienden el valor de los toreros clásicos, que tienen arraigo entre la afición, como Domingo Dominguín en Carabanchel o Eduardo San Nicolás en San Sebastián de los Reyes, en La Tercera, donde transformó una feria de novilladas en una postinera feria septembrina, en la que para ese calendario de hace 62 años, intercaló dos novilladas con tres corridas de toros, en las que encontró espacio para los toreros del momento y de igual manera para los que tenían ya un sitio histórico en el gusto de la afición.

La tercera corrida de la feria

Para el sábado 5 de septiembre de ese 1964, se anunció una corrida de toros en la que originalmente, Antonio Bienvenida, Santiago Martín El Viti y el venezolano Ramón Montero Maravilla que recibiría la alternativa, enfrentarían un encierro extremeño de Cerroalto, propiedad de los hermanos Cembrano, de origen Contreras. La mañana del festejo, El Viti presentó parte médico que señalaba que estaba imposibilitado para actuar, no obstante que la víspera había tenido una actuación triunfal en Aranjuez, por lo que le sustituyó Victoriano Valencia.

La lección magistral de Antonio Bienvenida

El cuarto de la tarde, llamado Parlador, fue el toro en el que se generó la gran faena del hijo del Papa Negro. Escribió a ese propósito Curro Bernal en su crónica para el diario Pueblo:

Y a la arena saltó el cuarto de la tarde – el mayor del encierro –, de bonita cabeza y alegre embestida. Bienvenida recibió a este ejemplar, de muchos kilos, con suaves lances y media que se aplaudieron con fuerza, y después de una vara y torero quite por chicuelinas pasó a manos de los banderilleros. Par y medio en su sitio. Y hasta aquí mis notas. Luego nada diré por parte mía y todo por la de Antonio Bienvenida... La faena que realizó tiene para mí un nombre: «la faena de 1964 y de muchos mil novecientos». Lo que Antonio hizo fue tan grande que creo y aseguro es ¡único! Faena compuesta sólo por cuatro pases: ayudados por alto, en redondo, naturales y de pecho. Los otros, para Antonio, no pertenecen a la tauromaquia... Los que él ejecutó los hizo así: cargando la suerte, abriendo el compás, templando... y llevando a la res embebida en la muleta, pero sin dejar que ni una sola vez el toro la tropezase. La muleta de Antonio está almidonada y su muñeca marca a la perfección el camino que el burel ha de recorrer. Ayer vimos torear, pero en una forma tan maravillosa que jamás olvidaremos. Mató de media y cortó dos orejas y rabo... ¡Antonio Bienvenida, no te vayas de los toros!

Por su parte, Antonio Díaz – Cañabate en el ABC madrileño, entre otras cosas, dejó escrito:

Antonio Bienvenida se encuentra en el otoño de su vida de torero. Pasó la primavera novilleril... El verano, plenitud de matador de toros, pasó. Se anuncia el otoño. Antonio Bienvenida entra en él sin la fatiga ni los calores estivales, y los ardores primaverales. Entra ligero de cuerpo y de espíritu. Terribles tormentas le cercan, pero no le contaminan. Fuegos de artificio deslumbran ojos incautos, pero deja a los suyos intactos. Ojos que han visto el toreo. Ojos que conocen el toreo. Y sigue su camino otoñal. ¿De cara al invierno? No. De cara a la primavera. Antonio Bienvenida sabe que en el otoño cabe la primavera, que en el otoño también florecen las rosas. Y Antonio Bienvenida ha realizado una faena de muleta de primavera en el otoño... ¿Cómo fue? No me pidáis descripciones imposibles. Fue un florecimiento, no de unas rosas, sino de un pensil. Se abrían los capullos de los pases. Se abrían como si la muleta fuera una varita mágica. Que alumbraba tan pronto un natural, como uno en redondo, como un ayudado por bajo, como uno de pecho, como uno por alto. Todos ellos unidos, ensamblados, arraigados en una unidad, en un conjunto, formando un ramillete, formando un manojo de belleza, la belleza del ritmo que acompaña, de la serenidad que entona, de la elegancia que engrandece, del temple que suaviza, de la majestad que sublima y de la gracia que embelesa. ¡Torear! ¡Dios mío, torear! Lo que uno no ve nunca. Primavera en otoño. Primavera del arte en el otoño de la vida... Mató de media delantera y le concedieron las orejas y el rabo. Yo que Antonio Bienvenida, con toda humildad. Pero también con todo orgullo, hubiera rechazado tales recompensas, buenas para lo falso, mezquinas para la verdad. No se puede pagar igual el oro que el plomo. Aunque a veces el plomo valga más que el oro...

La impresión causada por el hacer de Antonio Bienvenida ante Parlador fue contundente y convincente, reiterando que su presencia en las plazas de mayor importancia era requerida y que el hecho de relegarlo, junto con otros diestros de gran valía, por dejar el sitio a la modernidad, era injusto. Así lo hace notar quien firmó como Rubiera, en el diario Arriba:

Resulta dificilísimo comprender que en las ferias – nervio de la Fiesta – veamos repetirse nombres y nombres de toreros de dudoso interés. Sin embargo, fuera de esas ferias quedan nombres como los de Antonio Bienvenida, Jaime Ostos y Victoriano Valencia. Es posible que jueguen en esas eliminaciones intereses empresariales, entren en juego la simpatía y la antipatía, con sus correspondientes proteccionismos y exclusiones; pero debe contar también el interés del público, al que se le escamotea la presencia en los ruedos de auténticos grandes toreros… Dos casos hemos tenido en la tarde de ayer en San Sebastián de los Reyes, clarísimamente resueltos a la vista del espectador: Antonio Bienvenida y Victoriano Valencia…

Más allá de los intereses, siempre es el toro el que termina por poner las cosas en su sitio.

El resto de la memorable corrida

Victoriano Valencia se vio favorecido con la sustitución, saliendo con tres orejas en el esportón. La crónica del citado Curro Bernal, refiere:

Victoriano Valencia, que sustituyó a El Viti, torea – a nuestro juicio – poco. Ahora bien, cuando lo hace, lo hace extraordinariamente. Su clase es de la mejor y su toreo tiene garbo y enjundia... A su segundo le cortó las dos orejas, después de espléndida faena. Pases ayudados por alto de gran factura, y torerísimos, fueron los que arrancaron la primera fuerte ovación para seguir después con derechazos largos, templados y mandones, llenos de personalidad. Con la zurda, naturales de clase, y para cerrar estas tandas, auténticos pectorales que calaron muy hondo en el espectador. Estocada entera, a toro arrancado, que mata sin puntilla, y apoteosis en la vuelta al anillo...

Por su parte, el alternativado Maravilla, le cortó las dos orejas al que cerró plaza, terminando así una tarde memorable. 

El remate de esta historia

Filiberto Mira, en su obra Antonio Bienvenida. Historia de un Torero, cita lo siguiente:

“Hijo mío, ya me puedo morir, porque ya he visto lo mejor que se ha hecho y que se hará en el toreo”.

Justo un mes después falleció don Manuel Mejías Rapela.

“Sí, me repetiría Antonio, la última vez que hablé con él, la faena de San Sebastián de los Reyes fue la mejor de mi vida. Me sentí como en éxtasis. Perdí la noción del tiempo. No recordaba, cuando terminé, qué era lo que había hecho ni dónde estaba. Me desperté, y no estaba dormido, cuando el alguacilillo me abrazó emocionado y me entregó las dos orejas y el rabo”.

Creo que no hay necesidad de mayor explicación.

Aldeanos