domingo, 27 de septiembre de 2026

A las cosas, por su nombre...

La Tapatía de Pepe Ortiz

Un breve apunte sobre la Escuela Mexicana del Toreo

Samuel Solís se quitó el añadido en un festejo mixto celebrado el 27 de marzo de 1927, mismo en el que presentó a dos tres discípulos suyos, porque ya estaba afincado en la vieja plaza de toros de Tacuba y allí comenzaba a enseñar el toreo. Tenía el toreo en la cabeza, tenía bien aprendidos los conceptos que le transmitió Saturnino Frutos y en el andar por los ruedos, tuvo la ocasión de formarse también los propios. Así que decidió seguir el camino de su primer mentor y como Ojitos, aunque quizás de una manera más callada, se dedicó a formar toreros y a buscar uno que pusiera esto de cabeza.

No tardó mucho en encontrar el primer par de prospectos. Uno, llegaría a ser llamado El Torero de México y sería así considerado hasta que las astas de Cobijero terminaran con sus días; el otro, encaminaría sus afanes por las veredas de la literatura y la gastronomía. Pero esa pareja de Alberto Balderas y El Negro Muñoz pronto dio bastante de que hablar de ambos lados del Atlántico. Después de ellos vendrían David Liceaga y Ricardo Torres, alcanzando su cota más alta con Carlos Arruza, una de las figuras más destacadas de la historia universal del toreo.

También por su parte, Alberto Cosío Patatero formó a Heriberto García, a Fermín Rivera y a Amado Ramírez entre otros y posteriormente estos alumnos suyos, a su vez también se dedicaron a enseñar toreros y así, por ejemplo, Joselito Huerta se hizo torero con Heriberto García. Por su parte, otro discípulo de Ojitos, Luis Güemes, formó a Pepe Ortiz, quien a su vez ayudó en sus inicios a Jesús Córdoba y a Rafael Larrea y éstos después siguieron también formando toreros.

Esa es la verdadera Escuela Mexicana del Toreo, la que continuó las enseñanzas de Ojitos, adaptándolas a nuestra particular manera de ser.

El Orfebre Tapatío

Hace unas líneas mencionaba que Pepe Ortiz aprendió el toreo con Luis Güemes, quien iba de banderillero en la cuadrilla juvenil de Ojitos. Güemes era originario de San Pablo Apetatitlán, Tlaxcala y tras la disolución de la cuadrilla, se coloca con distintos toreros, hasta quedar colocado con Juan Silveti, con el que viaja a España en 1916. Fue muy castigado por los toros y quizás por eso disminuyó su actividad en los ruedos, combinándola con la enseñanza del toreo. En entrevista con la escritora Elena Poniatowska, el cantante Pedro Vargas, comentó lo siguiente:

…durante un tiempo el maestro Pierson me invitó a vivir en su casa; allí vivía Jesús Mercado, barítono; Pepita Alonso, contralto, y José Arce, tenor, y a los cuatro nos dio habitación, comida y clases de canto a cambio de que le ayudáramos a hacer la limpieza de la casa. Yo era muy bueno para hacer las camas. Un día sentí que mi voz no era la misma y Mario Talavera, mi segundo padre, me consiguió entonces un empleo de profesor de coros en las escuelas secundarias. El era un hombre muy querido y me introdujo en todos los círculos artísticos, sociales, políticos, todos; él es autor de Gracia plena y con él conocí a Pepe Ortiz, quien andaba ya de torero y le gustaba cantar; entonces yo quise ser torero también, y a las seis de la mañana me levantaba, iba por él a Tacuba y luego a ejercitar el toreo, en casa de un banderillero, Luis Güemes…

El llamado Tenor Continental revela que él también intentó ser torero, pero deja claro que el mentor original de Pepe Ortiz, quien después sería conocido como El Orfebre Tapatío, fue precisamente el discípulo de Ojitos, que fue quien le enseñó el oficio y tuvo la inteligencia natural para transmitirle, además de la teoría del toreo escrita en las tauromaquias, la manera de llevar al movimiento delante de los toros, las imágenes que ilustraban esas descripciones. Y así surgieron suertes como la orticina, la tapatía, el quite por las afueras, el quite de oro, o el quite de La Guadalupana, suertes todas que tienen nombre e historia propias. Y su creatividad no se limitó a las suertes de capa. Declaró lo siguiente a Rafael Morales Clarinero en entrevista publicada el 21 de julio de 1955:

¿Muletazos no inventó ninguno? – Hay muchos muletazos que he creado; los hacen todos los toreros, y, sin embargo, nadie sabe que son míos. - ¿Usted por qué no lo ha dicho? – No tiene caso. Para mí es igual la satisfacción y me evito muchas molestias. Alguna vez yo leía: “un novedoso muletazo que no habíamos visto antes” … y me daban ganas de hacer declaraciones, pero nunca pasaron de eso: de ganas. – ¿Nos quiere citar alguno? – Pues mire (se pone de pie y lo hace); este cambio de muleta por la espalda es una derivación de la orticina, o mejor dicho la orticina con la muleta... Se me ocurrió una tarde en que todo me salía bien. En la actualidad lo hacen todos los toreros...

La inteligencia inventiva de Pepe Ortiz estaba siempre presente y cuando las circunstancias eran las adecuadas, la ponía a su servicio, y al servicio de la fiesta.

La Tapatía

Aunque hay alguna discusión acerca de la fecha de presentación en sociedad de la suerte de La Tapatía, casi todas las opiniones coinciden en que fue el miércoles 2 de noviembre de 1927, día de Fieles Difuntos, en una corrida en la que Ortiz alternaría por primera vez con el maestro Fermín Espinosa Armillita, quien, a su vez, reaparecía en el Toreo de la Condesa, después de la tarde de su alternativa. Los toros a lidiarse serían de la ganadería mexiquense de Atenco.

La corrida en su conjunto no representó un acontecimiento digno de ser recordado. Así, con brevedad, resume Rafael Solana Verduguillo, en su tribuna de Toros y Deportes, lo acontecido en esa corrida:

Fue muy mala la corrida de Difuntos, y eso que los muchachos hicieron cuanto estuvo de su parte para dejarnos complacidos. La culpa del descalabro la tiene casi exclusivamente el señor ganadero de Atenco; también le correspondió alguna parte a Eolo. En otros términos: se lidiaron toros mansos de Atenco, y sopló durante la corrida un viento molesto que descubría a cada momento a los lidiadores...

El cuarto de la tarde se llamó Catalán, le correspondía a Armillita y en su turno al quite, Pepe Ortiz deslumbró a la clientela con una suerte que no tenía antecedentes en su memoria. Escribió en su tribuna de El Redondel, don Alfonso de Icaza Ojo:

Y ahora hablemos de la nota más brillante del festejo. Fue indudablemente el maravilloso quite que instrumentó Pepe al cuarto toro que correspondió a “Armillita”. Ortiz toma al toro y se lo lleva toreado en los pliegues del percal, echa este para atrás con una gracia imponderable y nos obsequia con una gaonera máxima, tras de la cual gira el diestro suavemente, como en el lance de Chicuelo, y eso por tres veces, con una tranquilidad pasmosa, pasándose al toro tan cerca y derrochando tal cantidad de sabor torero, que la plaza entera se levantó para ovacionar al gran artista del capote...

Por su parte, el ya citado Verduguillo, a propósito de esa parte de la actuación de Pepe Ortiz, refiere:

En los quites mucha gracia. Hizo uno con el capote a la espalda, combinando la media gaonera con la media navarra, con arte extraordinario, con tranquilidad y dominio, con elegancia inenarrable. No sé si me equivoque; pero un quite parecido al de Pepe, lo hizo ya Heriberto García en una novillada. Se le aplaudió mucho a Heri, pero más se le aplaudió a Ortiz, porque el tapatío tiene el secreto de la belleza, de la majestad...

Creo que es importante el apuntamiento que hace Rafael Solana, en el sentido de que en la temporada de novilladas de ese 1927, había visto a Heriberto García realizar una suerte parecida. Y es que las enseñanzas de los discípulos de Ojitos seguramente transcurrían por una especie de vasos comunicantes, dado el común origen de sus conocimientos.

Por otra parte, la novedad de la suerte es evidente, Ojo habla de una gaonera en la que se gira como en la chicuelina, en tanto que Verduguillo refiere un lance que combina una media gaonera con una media navarra, descripción esta última que me parece poco afortunada, porque no entiendo la manera de partir, a medias, un lance de tal naturaleza, aunque sea para remendarlo con la mitad del otro.

Ya se encargarían los teóricos de esto, tiempo después, de hacer una descripción legible y entendible de lo que los ojos del aficionado entienden como La Tapatía.

El día de autos

El pasado viernes 25 de septiembre del presente año de gracia, durante el primer tercio de la lidia del tercer toro de la primera corrida de la Feria de San Miguel de Sevilla, correspondiente al trianero Juan Ortega, pudimos ver, unos por la televisión y otros dentro de la plaza, que el diestro llevó a ese toro, llamado Cuba, de El Puerto de San Lorenzo, lo llevó al caballo con una suerte de capa poco vista, pero que a todas luces era La Tapatía de Pepe Ortiz.

Los que vimos la corrida por televisión, escuchamos el comentario de que se trataba de un galleo… así, lisa y llanamente. Y posteriormente, en las redes sociales y más tarde en las crónicas del festejo, se insistió en esa simplona versión, llegando a llamarlo galleo del bú. Varios aficionados, sobre todo de esta orilla del Atlántico, tratamos de hacer notar que la suerte que realizó Juan Ortega tiene paternidad y nombre propios, con poco eco.

El nacimiento de La Tapatía ya ha quedado claro. La cuestión es ahora, ¿se trata de un galleo?, o esa versión es solamente una muletilla para definir verbalmente y sobre la marcha a cualquier suerte que se realiza al paso.

Define al galleo el Diccionario Ilustrado de Términos Taurinos de Luis Nieto Manjón:

galleo. Quiebro que, ayudado con la capa, hace el torero ante el toro.

«Pepe – Hillo» lo considera dentro de la suerte de recorte que se ejecuta con la capa; y será Paquiro quien determinará que esta definición debe designarse con el nombre de galleo: «El galleo se diferencia del recorte en que se hace a favor del capote o algún otro engaño, mientras que el recorte se ejecuta con sólo el cuerpo». Sin embargo, es muy frecuente llamarlos genéricamente recortes.

De acuerdo con esa definición, el galleo es una especie del género quiebro, que a su vez, de acuerdo con el Diccionario del Arte de los Toros de José Carlos de Torres, es:

quiebro. «Es lo que se hace al toro con la capa, ladeando el cuerpo de perfil, o con las banderillas y recortes cuando llegan a juntarse el diestro y el toro en el centro de los quiebros» (T. de Hillo). - «Todo movimiento de cintura con el que se evita el hachazo» (T. de Montes)…

Vuelvo a la doctrina, para aclarar lo que hoy se entiende lo que es La Tapatía, dado que las apreciaciones primarias no reflejan más que el asombro que produjo el día de su presentación en sociedad. Recurro de nuevo a la obra de Luis Nieto Manjón:

tapatías. Lance que se compone de dos fases consecutivas: al costado por detrás y de frente por detrás, a la que sigue un giro del torero sobre sí mismo, inverso a la embestida del toro. Después de la primera queda el diestro en posición de hacer la segunda, la que una vez ejecutada gira como en el molinete, quedando de nuevo en suerte. Se atribuye su invención al diestro mexicano José Ortiz Puga.

El concepto habla de movimientos y de giros, pero en ningún momento refleja o considera quiebros o recortes, entonces, me es dable concluir, que en la ejecución de La Tapatía no se involucra o media galleo alguno, salvo que, en mi desconocimiento, torear al paso, implique gallear, pero cierto estoy, que esto no es así. 

Las diversas versiones

Luego, a propósito de la misma suerte, se afirmó que, si era la Rogerina, atribuida a Victoriano Roger Valencia II o la Cacerina, cuya paternidad se imputa a Pepe Cáceres. La cuestión es sencilla. Ambos toreros vinieron a México en su día y después de hacerlo, regresaron a su tierra y fueron a presentar allá la creación de Pepe Ortiz, desconocida para sus paisanos, misma que seguramente, fue señalada por la taurinidad de sus días, como creación de ellos. En sus distintas épocas, la información viajaba de maneras muy diferentes a las actuales y lo que sucedía en un lugar lejano, podría llegar a ser conocido o no.

El hecho es claro, el primero en ejecutar la suerte en el tiempo y en darle sello propio, fue indudablemente Pepe Ortiz, así que, sin darle tantas vueltas, es él quien tiene la paternidad de la criatura y no algún otro, por importante que pueda ser.

Coda

Creo que he podido aclarar, en la medida de mi entender, que La Tapatía no es un galleo, porque no implica ni quiebro ni recorte y las circunstancias en las que la ejecutó el pasado viernes Juan Ortega, tampoco le dan la calidad de quite, porque nada quitaba, sino que exactamente a la inversa, pretendía llevar al toro al caballo. Así creo que fueron las cosas.

Aviso parroquial: Agradezco a los amigos Octavio Lara y Sergio Peraza el haberme acercado un par de interesantes documentos para orientar mis pasos en la elaboración de estos pergeños. Y a quienes tengan la paciencia de llegar hasta este punto, les ofrezco una disculpa por la extensión, pero mucho más se podría argumentar a este propósito.

domingo, 20 de septiembre de 2026

18 de septiembre de 1931. Carnicerito de México confirma su alternativa en Madrid

Carnicerito de México se había presentado como novillero en Guadalajara el primero de marzo de 1925, para después hacerlo el 31 de mayo siguiente en el Toreo de la Condesa. Posteriormente recibiría una alternativa en El Progreso de la capital tapatía el 6 de marzo de 1927 de manos de Luis Freg, lidiándose toros de El Carnicero. Renunciaría a ese doctorado, pues volvería a actuar como novillero en El Toreo en 1928 y sería uno de los triunfadores de la temporada en esa plaza el año de 1929, junto con Alberto Balderas, Esteban García, Carmelo Pérez y Jesús Solórzano, alternando con los tres últimos en la disputa de la Oreja de Plata, mismo que se llevó el último de los nombrados.

Marcha a España al año siguiente y se presenta en aquellos ruedos el 4 de mayo en la plaza de Tetuán de las Victorias, alternando con Miguel Morilla Atarfeño y Juan Martín Caro Chiquito de la Audiencia en la lidia de novillos de Antonio Llanos. Actuaría siete tardes consecutivas en esa plaza, para presentarse en Sevilla el 22 de junio siguiente, en Madrid el 3 de agosto, en Zaragoza el 21 de septiembre y en Barcelona el 26 de octubre. Sumó en esa campaña 29 novilladas.

Entre los novilleros mexicanos que hacían campaña española en ese calendario, destacaron además de Carnicerito, Julián Pastor, Jesús Solórzano, Alberto Balderas y Luciano Contreras.

La alternativa definitiva en Murcia

Los triunfos que conquistó en la novillería le consiguieron la alternativa, la que se programó para el domingo 13 de septiembre de 1931 en la plaza de La Condomina de Murcia. El cartel se formó con un encierro andaluz de Miura, el borojeño Domingo Ortega y el bilbaíno Jaime Noaín. Era, en el lenguaje mercadológico de estos tiempos, un cartel juvenil, porque los tres compartieron varios carteles en su etapa de novilleros.

El 28 de octubre del año anterior, Carnicerito y Luciano Contreras habían dado una gran tarde de toros en una novillada que torearon mano a mano en La Condomina, razón por la que el torero de Tepatitlán tenía buen ambiente entre la afición murciana. El primero de la tarde se llamó Cebolleto, un toro quedado ante el cual solamente pudo estar valiente. Refiere la crónica del ABC madrileño que pudo rehacerse ante el que cerró plaza y que de no fallar a espadas pudo cortar alguna oreja. Al final del festejo se llevaron en hombros a los tres diestros, aunque solamente el vizcaíno Noaín había cortado apéndices.

José González no dejó pasar mucho tiempo para confirmar su alternativa en la plaza de la Carretera de Aragón. Apenas cinco días después de doctorarse, en una corrida calificada de extraordinaria, se decidió a la ratificación y así, para el jueves 18 de septiembre de ese 1931, fue anunciado junto con Manolo Bienvenida como padrino, Domingo Ortega como testigo y toros toledanos de Celso Cruz del Castillo, de encaste Saltillo.

Cuando sale el toro y todo lo descompone

La corrida de don Celso Cruz del Castillo no cumplió con las expectativas que en ella se pusieron, de hecho, puso en entredicho el prestigio de su criador. Las crónicas en su conjunto, coinciden en el hecho de su mal comportamiento en el ruedo y de que fue la causante de que un cartel que provocò un lleno en la plaza, terminara siendo un festejo en el que reinó el aburrimiento, a pesar del esfuerzo desplegado por los toreros. Cuenta Cèsar Jalòn Clarito, en su crónica aparecida en el diario El Liberal, la misma noche del festejo: 

Los toros de D. Celso Cruz del Castillo, de Maqueda, según dicen los carteles – sin duda por error o por errata, pues es Malqueda el verdadero nombre de origen que le va al ganado –, hace años que se juegan con tan mal éxito de presentación como de bravura. Lo chico y lo flaco en ellos suele ser tan corriente como lo manso. De algunos de esos males salieron redimidos en la corrida extraordinaria de ayer. No eran chicos – por lo menos cuatro de ellos – ni estaban flacos. Habían crecido y engordado con la ayuda de Dios... y de la Empresa, que les dio de comer unos meses en sus prados. Pero quizá esta misma circunstancia contribuyó a que el capítulo de la mansedumbre rebasase el nivel acostumbrado, a que fuesen los toros todavía más mansos, por más grandes…

Refiere el autor de unas de las más celebres Memorias que conoce la historia del toreo, que la corrida que permitió a Carnicerito de México confirmar su alternativa en Madrid, ya había estado por la Plaza de la Carretera de Aragón, pero que tuvo que ir a los predios de La Muñoza a terminar de ponerse, porque no estaba en condiciones cuando originalmente fue programada.

Por su parte, Rafael Hernàndez y Ramìrez de Alda, firmando como Rafael en el diario madrileño La Libertad, en torno a esta misma circunstancia, reflexiona:

Salieron al ruedo seis toros de D. Celso Cruz del Castillo, uno de los cuales fue retirado por estar cojo, y sustituido por otro de don Luis Bernaldo de Quirós, todos ellos gordos, finos, bien encornados y de bonito tipo; pero todos, ¡ay!, lo mismo los de D. Celso que el de D. Luis, mansurrones, quedadotes, sin genio ni estilo alguno, propios para que en ellos se estrellasen todas las ilusiones y todos los buenos deseos de los lidiadores. Como ocurrió…

Además de lo que apuntó Clarito, el cronista de La Libertad relaciona el hecho de que uno de los toros de Cruz del Castillo - el tercero - fue devuelto a los corrales. La razón legal esgrimida fue una supuesta cojera, pero lo que refieren varias de las crónicas, la razón legítima, es que se exigía su vuelta a los corrales por su manifiesta mansedumbre. A saber.

La realidad es que, siendo el toro el eje de esta fiesta, lo que puedan hacer o dejar de hacer los toreros está sujeto al comportamiento que estos desplieguen en la arena. Entonces, esos fueron los mimbres que tuvo la terna hace 95 años por estas fechas.

La actuación de Carnicerito

Ya apuntaba en líneas anteriores que la tarde fue cuesta arriba. Pero el diestro jalisciense no era de los que se detuvieran ante los obstáculos, por escarpados que parecieran. Ya había dejado por sentada esa arista de su personalidad torera durante su paso por las filas de la novillería, como lo advierte Federico M. Alcázar en su crónica publicada en El Imparcial al día siguiente de la corrida:

Carnicerito de Méjico no es una novedad. Tampoco un improvisado. Ha hecho la carrera paso a paso, derrochando bastante más valor que el que tienen estos fenómenos caniculares. Llega a la alternativa en sazón. Podrá o no tener una tarde brillante, pues eso depende en gran parte del ganado; pero lo que sí podemos afirmar rotundamente es que, con éxito o sin él, no saldrá de la plaza fracasado. Conoce el toreo con buenas maneras y, sobre todo, tiene valor para arrimarse. Esperemos el resultado... No me gusta este primer toro. De salida echa la cara al suelo, escarba y empieza a probar. Mal síntoma. Carnicerito le busca y tantea en varios terrenos, por fin logra dar tres verónicas paradas y ceñidas. Pero el de Cruz del Castillo se va. Sale suelto en el primer puyazo y continúa tardo y reservón... El nuevo matador de toros coge las banderillas por complacer al respetable, pues el toro no está para lucimientos. Cuartea un par bueno y repite con uno en tablas valentísimo. Se aplauden... Carnicerito encuentra al manso como salió del chiquero: con la cara por el suelo y sin embestir. Empieza con cuatro pases por bajo, en los que para, aguanta y se dobla valientemente... Como no es posible el lucimiento se decide a matar y señala un buen pinchazo; repite con otro de idéntica factura y descabella. Palmas y pitos al toro en el arrastre...

Dejó constancia Carnicerito de que, si bien el valor era su divisa, tenía el oficio bien aprendido y podía con los toros que le salieran. La cuestión del lucimiento ya es una externalidad, a veces posible, a veces no.

Por su parte, el ya citado Rafael, resume una tarde que entre líneas, advierte como un error de la administración del torero, según podemos leer:

Carnicerito de Méjico tomó la alternativa en las peores condiciones que pudieron ofrecérsele. En una corrida en que el fracaso era inevitable para cualquiera que no fuera un lidiador muy hábil y un torero muy completo, tuvo el buen gusto de no recurrir a esas temeridades novilleriles que le hubieran llevado a la enfermería sin que por eso se pudiera decir que habla estado bien. Su voluntad la demostró cogiendo las banderillas en el primer toro y jugándose la piel para clavarle dos pares y medio en los terrenos de dentro, donde lo que se contrasta es más el valor que el dominio de la suerte... En sus dos toros estuvo cerca y, en resumen, se puede decir de él que despachó los dos toros sin mengua para su decoro profesional y sin que el público, que se dio cuenta de la clase de enemigos que tenía, subrayara con protestas su labor. Puede decirse que el nuevo doctor quedó pendiente de otro examen para calificarle oportunamente...

Poco se puede agregar al análisis de Hernández y Ramírez de Alda, salvo tener en cuenta la consideración que hace acerca de la incomprensión de la concurrencia al esfuerzo del torero por agradar.

Por su parte, Gregorio Corrochano, en su tribuna del ABC madrileño, resume lo sucedido de la siguiente manera:

Poco tiene que contar la corrida de ayer. Si no se hubiera celebrado hubiera ganado – ganar por no perder – el crédito de una divisa, el de algún torero y el de algún negociador que recurriera al crédito para satisfacer una afición. Porque la corrida fue así... Lidiáronse toros de D. Celso Cruz del Castillo, que no pudieron jugarse en junio por falta de trapío, engordados en los prados de la empresa. Si alguna bravura tenía, el pienso se la quitó... Carnicerito de México eligió mala tarde para refrendar su alternativa. Buscó la emoción en banderillas, y, a decir verdad, la encontró. No banderilleó bien, pero la emoción estaba lograda. Muleteó con muchos toreros alrededor, muchos. Le estorbaron todo lo que pudieron. ¿No se dan cuenta los toreros de lo que estorban en tropel? Se van acercando, acercando, como si no vieran bien desde más atrás y quisieran verlo de cerca. Con esto, el toro se descompone más; el torero no sabe por qué hace aquello el toro y el peligro que se quiere evitar se aumenta, y el deslucimiento es el dueño del ruedo...

Una apreciación adicional la de don Gregorio encontramos aquí, en el sentido de la lidia defectuosa por parte de las cuadrillas. En fin, que las cosas no se dieron, al parecer, en ningún sentido para encaminarse por un sendero de triunfos.

El resto de la corrida

Manolo Bienvenida fue el mejor librado de la terna, cuando le realizó una gran faena al segundo de la tarde Arrojador, tras de la que dio una muy aclamada vuelta al ruedo, después de una insistente petición de oreja que no fue atendida. Por su parte, Domingo Ortega tuvo una tarde para el olvido, le tocó despachar al tercero bis, de Bernaldo de Quirós y al quinto, de la ganadería titular, siendo abroncado en ambos y al retirarse de la plaza, cuenta Corinto y Oro:

El diestro Ortega, al salir de la plaza, fue objeto de ruidosas protestas, y tuvo que protegerlo la autoridad contra las agresiones del público…

El toro de la confirmación de Carnicerito de México se llamó Estudiante, fue negro, bragado y veleto de encornadura.

domingo, 13 de septiembre de 2026

5 de septiembre de 1964: Antonio Bienvenida realiza la mejor faena de su historia

Ya casi en el cierre de la temporada de 1964, toreros como Antonio Bienvenida, Victoriano Valencia, Joaquín Bernadó, Gregorio Sánchez o César Girón – citados todos en el orden que ocupaban en el escalafón – no sumaban siquiera la veintena de festejos toreados. La cima de la estadística estaba ocupada por los diestros de la generación siguiente, y los que llegaron a partir del final de la década de los cincuenta, a revolucionar el estado de cosas en el planeta de los toros.

Así, las ferias más importantes ya eran el territorio en el que esas nuevas figuras tenían un sitio debidamente ganado, en tanto que los diestros de etapas anteriores de la historia, podían ser prescindidos sin que la afición resintiera, de pronto, su ausencia de los carteles. Ello no significaba que delante de los toros, no tuvieran cosas que decir, pero la novedad siempre resulta ser más atractiva en las taquillas.

No obstante, siempre quedan empresarios que entienden el valor de los toreros clásicos, que tienen arraigo entre la afición, como Domingo Dominguín en Carabanchel o Eduardo San Nicolás en San Sebastián de los Reyes, en La Tercera, donde transformó una feria de novilladas en una postinera feria septembrina, en la que para ese calendario de hace 62 años, intercaló dos novilladas con tres corridas de toros, en las que encontró espacio para los toreros del momento y de igual manera para los que tenían ya un sitio histórico en el gusto de la afición.

La tercera corrida de la feria

Para el sábado 5 de septiembre de ese 1964, se anunció una corrida de toros en la que originalmente, Antonio Bienvenida, Santiago Martín El Viti y el venezolano Ramón Montero Maravilla que recibiría la alternativa, enfrentarían un encierro extremeño de Cerroalto, propiedad de los hermanos Cembrano, de origen Contreras. La mañana del festejo, El Viti presentó parte médico que señalaba que estaba imposibilitado para actuar, no obstante que la víspera había tenido una actuación triunfal en Aranjuez, por lo que le sustituyó Victoriano Valencia.

La lección magistral de Antonio Bienvenida

El cuarto de la tarde, llamado Parlador, fue el toro en el que se generó la gran faena del hijo del Papa Negro. Escribió a ese propósito Curro Bernal en su crónica para el diario Pueblo:

Y a la arena saltó el cuarto de la tarde – el mayor del encierro –, de bonita cabeza y alegre embestida. Bienvenida recibió a este ejemplar, de muchos kilos, con suaves lances y media que se aplaudieron con fuerza, y después de una vara y torero quite por chicuelinas pasó a manos de los banderilleros. Par y medio en su sitio. Y hasta aquí mis notas. Luego nada diré por parte mía y todo por la de Antonio Bienvenida... La faena que realizó tiene para mí un nombre: «la faena de 1964 y de muchos mil novecientos». Lo que Antonio hizo fue tan grande que creo y aseguro es ¡único! Faena compuesta sólo por cuatro pases: ayudados por alto, en redondo, naturales y de pecho. Los otros, para Antonio, no pertenecen a la tauromaquia... Los que él ejecutó los hizo así: cargando la suerte, abriendo el compás, templando... y llevando a la res embebida en la muleta, pero sin dejar que ni una sola vez el toro la tropezase. La muleta de Antonio está almidonada y su muñeca marca a la perfección el camino que el burel ha de recorrer. Ayer vimos torear, pero en una forma tan maravillosa que jamás olvidaremos. Mató de media y cortó dos orejas y rabo... ¡Antonio Bienvenida, no te vayas de los toros!

Por su parte, Antonio Díaz – Cañabate en el ABC madrileño, entre otras cosas, dejó escrito:

Antonio Bienvenida se encuentra en el otoño de su vida de torero. Pasó la primavera novilleril... El verano, plenitud de matador de toros, pasó. Se anuncia el otoño. Antonio Bienvenida entra en él sin la fatiga ni los calores estivales, y los ardores primaverales. Entra ligero de cuerpo y de espíritu. Terribles tormentas le cercan, pero no le contaminan. Fuegos de artificio deslumbran ojos incautos, pero deja a los suyos intactos. Ojos que han visto el toreo. Ojos que conocen el toreo. Y sigue su camino otoñal. ¿De cara al invierno? No. De cara a la primavera. Antonio Bienvenida sabe que en el otoño cabe la primavera, que en el otoño también florecen las rosas. Y Antonio Bienvenida ha realizado una faena de muleta de primavera en el otoño... ¿Cómo fue? No me pidáis descripciones imposibles. Fue un florecimiento, no de unas rosas, sino de un pensil. Se abrían los capullos de los pases. Se abrían como si la muleta fuera una varita mágica. Que alumbraba tan pronto un natural, como uno en redondo, como un ayudado por bajo, como uno de pecho, como uno por alto. Todos ellos unidos, ensamblados, arraigados en una unidad, en un conjunto, formando un ramillete, formando un manojo de belleza, la belleza del ritmo que acompaña, de la serenidad que entona, de la elegancia que engrandece, del temple que suaviza, de la majestad que sublima y de la gracia que embelesa. ¡Torear! ¡Dios mío, torear! Lo que uno no ve nunca. Primavera en otoño. Primavera del arte en el otoño de la vida... Mató de media delantera y le concedieron las orejas y el rabo. Yo que Antonio Bienvenida, con toda humildad. Pero también con todo orgullo, hubiera rechazado tales recompensas, buenas para lo falso, mezquinas para la verdad. No se puede pagar igual el oro que el plomo. Aunque a veces el plomo valga más que el oro...

La impresión causada por el hacer de Antonio Bienvenida ante Parlador fue contundente y convincente, reiterando que su presencia en las plazas de mayor importancia era requerida y que el hecho de relegarlo, junto con otros diestros de gran valía, por dejar el sitio a la modernidad, era injusto. Así lo hace notar quien firmó como Rubiera, en el diario Arriba:

Resulta dificilísimo comprender que en las ferias – nervio de la Fiesta – veamos repetirse nombres y nombres de toreros de dudoso interés. Sin embargo, fuera de esas ferias quedan nombres como los de Antonio Bienvenida, Jaime Ostos y Victoriano Valencia. Es posible que jueguen en esas eliminaciones intereses empresariales, entren en juego la simpatía y la antipatía, con sus correspondientes proteccionismos y exclusiones; pero debe contar también el interés del público, al que se le escamotea la presencia en los ruedos de auténticos grandes toreros… Dos casos hemos tenido en la tarde de ayer en San Sebastián de los Reyes, clarísimamente resueltos a la vista del espectador: Antonio Bienvenida y Victoriano Valencia…

Más allá de los intereses, siempre es el toro el que termina por poner las cosas en su sitio.

El resto de la memorable corrida

Victoriano Valencia se vio favorecido con la sustitución, saliendo con tres orejas en el esportón. La crónica del citado Curro Bernal, refiere:

Victoriano Valencia, que sustituyó a El Viti, torea – a nuestro juicio – poco. Ahora bien, cuando lo hace, lo hace extraordinariamente. Su clase es de la mejor y su toreo tiene garbo y enjundia... A su segundo le cortó las dos orejas, después de espléndida faena. Pases ayudados por alto de gran factura, y torerísimos, fueron los que arrancaron la primera fuerte ovación para seguir después con derechazos largos, templados y mandones, llenos de personalidad. Con la zurda, naturales de clase, y para cerrar estas tandas, auténticos pectorales que calaron muy hondo en el espectador. Estocada entera, a toro arrancado, que mata sin puntilla, y apoteosis en la vuelta al anillo...

Por su parte, el alternativado Maravilla, le cortó las dos orejas al que cerró plaza, terminando así una tarde memorable. 

El remate de esta historia

Filiberto Mira, en su obra Antonio Bienvenida. Historia de un Torero, cita lo siguiente:

“Hijo mío, ya me puedo morir, porque ya he visto lo mejor que se ha hecho y que se hará en el toreo”.

Justo un mes después falleció don Manuel Mejías Rapela.

“Sí, me repetiría Antonio, la última vez que hablé con él, la faena de San Sebastián de los Reyes fue la mejor de mi vida. Me sentí como en éxtasis. Perdí la noción del tiempo. No recordaba, cuando terminé, qué era lo que había hecho ni dónde estaba. Me desperté, y no estaba dormido, cuando el alguacilillo me abrazó emocionado y me entregó las dos orejas y el rabo”.

Creo que no hay necesidad de mayor explicación.