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domingo, 25 de enero de 2026

26 de enero de 1902: Triunfal tarde de Antonio Fuentes y de Parrao en la antigua Plaza México

La última plaza que se levantó en la capital mexicana, después del levantamiento de la prohibición juarista, fue la que Ponciano Díaz puso en funcionamiento en la nueva calzada de Bucareli, misma que duró en funcionamiento mientras el torero con bigotes permaneció en actividad. Cuando las condiciones del inmueble comenzaron a decaer, cuenta don Lauro Rosell que Juan Jiménez Ecijano expresó su interés de edificar un nuevo coso en la Ciudad de México, para ello encargó un proyecto al ingeniero Alberto Pani, pero no se pudo materializar debido al fallecimiento del diestro andaluz a resultas de una cornada sufrida en Guadalajara, casi al final del siglo XIX.

Posteriormente, retomaron la idea de Ecijano el diestro Diego Prieto Cuatro Dedos y el banderillero Ramón López, quienes organizaron una sociedad con los señores Ángel Caso y Guillermo Cacho para adquirir un predio en el término de la Hacienda de La Condesa y edificar allí una plaza de toros. El predio se ubica en lo que entonces era Calzada de la Piedad, actual Avenida Cuauhtémoc, aproximadamente en el polígono que forma dicha vía con las calles de Guanajuato, Frontera y la Avenida Álvaro Obregón y se partió del proyecto inicial del ingeniero Pani.

La plaza, construida con madera, se proyectó inicialmente para tener un ruedo de 35 metros de diámetro, pero las autoridades exigieron que fuera de 45, por lo que el proyecto inicial se tuvo que reformar, y así, el coso se terminó con espacio para 12,000 localidades, seis corrales, 10 puertas de acceso, una de las cuales estaba destinada para la llegada de los toros a los seis corrales que tenía y la otra, para las cuadrillas, por lo que cada tendido tenía cuatro amplios accesos para los asistentes a los festejos.

La entonces Plaza México inauguró el 17 de diciembre de 1899, con los matadores Enrique Vargas Minuto y Antonio Fuentes, quienes enfrentaron 3 toros nacionales de Cazadero y 3 españoles de Cámara. Asistió el general Porfirio Díaz, Presidente de la República. Dejó de funcionar en 1910, cuando la empresa de El Toreo la tomó en arrendamiento para evitar una competencia no deseada y en 1913 fue desmantelada.

La temporada 1901 – 1902

El tercer ciclo de corridas de toros que se ofrecía en la nueva Plaza México por la empresa que encabezaba Ramón López constó de 17 corridas de toros y transitó entre el 24 de noviembre de 1901 y el 13 de abril de 1902. La totalidad de los espadas actuantes fueron hispanos y destacaron entre los contratados los nombres de Luis Mazzantini, Antonio Moreno Lagartijillo, Antonio Fuentes y Joaquín Hernández Parrao. El ganado que se lidió provino principalmente de las ganaderías mexicanas de Piedras Negras, Tepeyahualco, Parangueo, Santín, Atenco, San Diego de los Padres y El Cazadero, aunque también se lidiaron toros españoles del Marqués del Saltillo, Pablo Benjumea, Duque de Veragua, Murube, Anastasio Martín y Miura.

Creo que no es vano mencionar que las entradas fueron casi llenos en todas las tardes, de acuerdo con las diversas crónicas que pude consultar.

El beneficio de Antonio Fuentes

En esa época era práctica comúnmente aceptada que, al contratarse a un diestro importante para una temporada, se le reservara una fecha dentro de ella para que pudiera organizar una corrida en su beneficio, es decir, en la que todos los productos económicos del festejo los recaudaría ese torero. La fecha que se apartó para el diestro de La Coronela, Antonio Fuentes y Zurita, fue precisamente el 26 de enero de 1902, misma para la que, adquirió un encierro de Piedras Negras y consiguió la participación de Joaquín Hernández Parrao para enfrentarlo.

El cartel que daba a conocer la corrida tenía algunas singularidades, la primera de ellas era en el sentido de que Fuentes banderillearía a tres toros y José Moyano lo haría con otros tres. Pero también, al pie del anuncio de la ganadería, había un aviso interesante, en el sentido de que, si ninguno de los toros de lidia ordinaria era devuelto al corral, se lidiaría otro más, en obsequio al público. Es decir, se avisaba desde el principio la posibilidad de la aparición de un toro de regalo, hecho inusitado en esos días.

El encierro de Piedras Negras

La corrida que envió don José María González Muñoz para el beneficio de Antonio Fuentes puede ser calificada de notable. Ningún toro fue devuelto a los corrales y sí, en cambio, terminaron lidiándose los ocho que mandó a la plaza. Refiere Julio Bonilla Recortes en la relación que envió al semanario madrileño El Toreo, aparecido el 24 de febrero siguiente:

Los toros de Piedras Negras han acabado de cimentar su cartel con el nuevo triunfo que esa ganadería obtuvo en esta corrida... Los ocho toros que se lidiaron (porque fueron ocho, pues además del que se ofrecía en los carteles por si alguno de los seis anunciados volvía al corral, con el que serían siete, Antonio Fuentes obsequió galantemente al público con otro más, que fue el octavo), todos cumplieron en los dos primeros tercios, y llegaron bien a la muerte, sobre todo el tercero, el quinto, el sexto y el octavo, sobresaliendo éste por su nobleza y valentía... Acudieron con voluntad a los de a caballo, recibiendo los jugados en primero, cuarto y quinto lugar cuatro varas cada uno; el segundo y el tercero, cinco puyazos; el sexto, cinco; y el séptimo y octavo seis varas cada uno. Entre todos mataron catorce caballos...

No hace especial referencia a la presencia de los toros, pero quien firmó como Antolín para El Imparcial, aparecido en la capital mexicana al día siguiente de la corrida y en la relación sin firma publicada en el diario El País también de la misma fecha y lugar, pero sin firma, refieren que tres toros carecieron de la edad reglamentaria y que su juventud era manifiesta. De allí que afirme yo que la corrida fue notable y no extraordinaria.

El triunfo de Antonio Fuentes

No encontraremos en los relatos de su actuación la recolección de trofeos al por mayor, porque por aquellas calendas no había costumbre de otorgarlos. El triunfo de un torero residía en que los concurrentes a un festejo coincidieran en que éste había aprovechado debidamente las condiciones de un toro y así se lo festejaban. Agrego al caso de Fuentes en esta particular tarde, que cuando terminó con su lote ordinario, le exigieron que soltara al séptimo, porque querían seguirlo viendo. Sigue contando Recortes:

Fuentes hizo derroche de elegancia en su toreo toda la tarde... Trabajador hasta el cansancio, hasta decir basta, estuvo complaciente con el público, deseoso de escuchar palmas, contribuyendo poderosamente a levantar la afición y haciendo que el entusiasmo se desbordara a torrentes...

Por su parte, quien firmó P.P. Luis, para el Diario del Hogar del 28 de enero siguiente, refiere:

Inusitado entusiasmo despertó el beneficio de Antonio Fuentes, el diestro que actualmente goza de mayores simpatías ganadas en buena lid, concienzudo trabajo y complacencia y gratitud para el público... Su corrida de gracia difícilmente se olvidará; hizo derroche de valor y destreza, trabajando como siempre, con deseos de quedar bien y haciendo lo que el público pedía… En banderillas estuvo a gran altura; colocó seis pares al quiebro y tres al cuarteo, habiendo un solo toro al que colocó cuatro pares al quiebro... Es su trabajo con la muleta ya no hay más que pedir: todos saben lo que vale la mano izquierda de Fuentes... En quites, espléndido, consumando dos verdaderamente de mérito… Con el acero, despachó a sus cuatro bichos de cuatro volapiés, un pinchazo y un descabello a la primera… En los carteles el beneficiado ofreció un séptimo toro, si los seis anunciados resultaban buenos; pero lidiado el séptimo ofrecido hubo quien pidiera otro, y sin vacilaciones ni disculpas. Fuentes lo mandó echar al ruedo... Toda la tarde fue de ovaciones para el diestro; recibió valiosos regalos y fue al fin sacado en hombros de sus admiradores hasta la carretela...

Así, Antonio Fuentes estuvo entregado esa tarde, pero también la concurrencia se le entregó. Fue un domingo redondo para todos.

La buena tarde de Parrao

Joaquín Hernández había tenido un par de tardes de altibajos en la temporada, pero en esta del beneficio de su coterráneo Antonio Fuentes, pudo revalorizar su posición ante la afición de la Ciudad de México. La cúspide de su tarde se produjo cuando le fue cedida la muerte del octavo toro – segundo regalo – donde pudo demostrar que tenía aptitudes para ocupar espacios en una temporada de la importancia de la que nos entretiene por ahora. Refiere el citado Recortes:

“Parrao”. – Colaboró con buen éxito al lado de Fuentes para que la corrida resultara magnífica, la que ha sido calificada como la mejor de la temporada… Con el capote estuvo trabajador, dando varias verónicas parando y ceñido... Hizo dos quites grandiosos, uno de ellos en el tercer toro, en que, habiendo caído al descubierto Agujetas, metió el capote en la cara del toro, quitándolo del lugar del peligro; pero como la res hiciera nuevamente por el picador, Parrao arrojó el trapo y terminó este quite coleando y adornándose al final... Todo el público se levantó de sus asientos, y tributó al diestro ruidosísima y merecida ovación... En el cuarto turo hizo otro quite magnífico, escuchando nuevos aplausos... Al mismo toro lo toreó con lucimiento capote al brazo... Pero en el octavo toro, en que Fuentes lo dejó dueño de la situación, dando muestras de ser buen compañero, rasgo que le valió a Antonio elogios del público, Parrao estuvo hecho un héroe... En el último toro, que brindó a Fuentes, después de haberle colocado dos magníficos pares de banderillas, como quedó dicho, empleó una faena lucidísima, demostrando conocimientos, valor y arte... Durante la faena de Parrao hasta que dio muerte al último toro, el público aplaudió con entusiasmo...

Al final, Parrao fue llevado en hombros junto con Antonio Fuentes hasta su transporte. Fue también para él una tarde triunfal.

El inicio del cierre de la temporada

La prensa anunciaba ya que, para el siguiente domingo, el 2 de febrero de ese 1902, se daría otro beneficio, en este caso el del empresario Ramón López. Para la ocasión, se anunciaban 2 toros del Duque de Veragua y 6 de Tepeyahualco, para Luis Mazzantini, Lagartijillo, Antonio Fuentes y Parrao

Y es que, siendo los cuatro toreros que más fechas habían reunido en el ciclo, seguramente eran los que también tenían expectativas de contratarse en las ferias españolas, por lo que preparaban ya su regreso a la península. 

Así fue pues, la historia de un festejo triunfal que me parece singular.

domingo, 3 de noviembre de 2013

1890: El día de los Fieles difuntos, perece escandalosamente la plaza de toros Colón

Carlos Borrego Zocato
Dice don Lauro E. Rosell en su obra Plazas de Toros de México, que levantada la prohibición juarista se levantaron de inmediato varios cosos taurinos en la capital mexicana y en un breve espacio de tiempo y de la mancha urbana se levantaron tres de ellos, el de San Rafael, el de El Paseo en la calzada de Bucareli y el de Colón, en las inmediaciones del Paseo de la Reforma, frente al monumento levantado en honor a Cristóbal Colón, tomando de allí su nombre. 

Esta plaza, construida con madera y que tenía como particularidad la existencia de dos hileras de lumbreras en sus tendidos de sol y sombra se inauguró el domingo 10 de abril de 1887 con un encierro de Atenco para Juan León El Mestizo y Antonio González Frasquito.  El diario El Nacional, de la capital mexicana, aparecido el 12 de abril siguiente contenía la siguiente información:


Inauguróse también el domingo la plaza del Sr. Teresa, el cual tuvo la satisfacción de ver el local completamente lleno; desde la barrera hasta la azotea no se veía un sitio desocupado. El ganado de Atenco dio mucho juego y resultó muy cargado, lo cual constituyó las delicias de los concurrentes. Por sus comodidades, buen ganado y precios moderados, creemos que la plaza de Colón será la preferida del público...
El también en la nota periodística anterior viene al caso porque ese mismo día abrió también sus puertas la de San Rafael. La existencia de la plaza Colón sería muy corta, pues los sucesos que hoy me tienen aquí de nuevo, resultan ser, según el mismo Rosell, el último festejo que se dio en la historia de ese escenario taurino.

Dramatis personae

Para el domingo 2 de noviembre de 1890 se anunció un encierro potosino de Guanamé para los diestros hispanos Carlos Borrego Zocato y el valenciano Vicente Ferrer Pollito que recibiría la alternativa. 

Toro de Guanamé en 1911
Zocato tenía ya alguna historia entre nosotros, pues desde 1886 hacía campañas como banderillero y “media espada” al lado de toreros como Cuatrodedos, Hermosilla, Valentín Martín o Ponciano Díaz. Recibió la alternativa en Madrid en 1889 y a partir de entonces alternaba sus campañas en plazas españolas y americanas, aunque tuvo más predicamento de éste lado del mar.

Por su parte Pollito formó parte como banderillero de las cuadrillas de Cara Ancha, Fernando Gómez El Gallo y el nombrado Valentín Martín. En 1885 viene a México, permaneciendo entre nosotros hasta 1892, año en el que debuta en Madrid. Se destaca por su valor, tanto así que la publicación El Arte de los Toros le describe así: Ferrer es el torero más castigado de los toros que se ha conocido, que se conoce y que se conocerá. Así y todo aún no sabe lo que es tener miedo…

Por su parte, el ganado de Guanamé era de origen nacional, es decir, sin cruza española. Aunque la siguiente información está fechada en 1911, no creo que hubiera una gran diferencia en la conformación de la ganadería, según lo contó S. Huerta – Rodrigo en el semanario madrileño Respetable Público:
De entre las ganaderías mexicanas que merecen los honores de ser mencionadas, hay que reservar un espacio de preferencia a la vacada que, por pastar en la Hacienda de Guanamé, tiene este nombre, y de la que es propietario el rico y entusiasta aficionado D. Mariano Hernández Ceballos, que reside en San Luis Potosí, donde tantas simpatías disfruta por sus condiciones caballerosas y alta posición social... Las reses de esta ganadería lucen en su divisa los colores verde y negro, y en lo que respecta al historial de esta vacada, hay que indicar que en su formación no han intervenido para nada los elementos españoles, lo cual no ha sido obstáculo para que los toros obtenidos sean muy estimables y gocen de bastante renombre en el país… Esta ganadería es quizá la que da mayor contingente de reses para la lidia, siendo de esperar que, con un poco de cuidado, se llegue a formar un tipo de toro excelente, con bonita lámina, mucha nobleza y bravura, y esa fineza que tanto agrada a los públicos... Teniendo estos bureles buenas condiciones naturales, ¿cómo el Sr. Hernández Ceballos, hombre entusiasta, inteligente y riquísimo, no efectúa una buena cruza con elementos españoles de depurado origen? Los resultados no se harían esperar ni por el tiempo, ni por la clase, y los Guanamé conseguirían ocupar, entre las pocas ganaderías de cartel del país mexicano uno de los primeros lugares... Los pelos corrientes en los bichos de esta ganadería son los verdugos y los cárdenos...
El día de autos

Al parecer la entrada fue extraordinaria. Remendao, cronista del diario El Universal de la capital de México, el 4 de noviembre de 1890, sobre la asistencia al festejo cuenta esto:
Había una afluencia tal en la plaza de Colón que parecía que no se trataba de una corrida de toros, según las muestras, sino que iban a fusilar de nuevo al infortunado sargento Zeferino Martínez... Porque han observado los que pierden el tiempo atando cabos, que la concurrencia aumenta en los espectáculos sangrientos o sanguinolentos, como dice un poeta amigo mío en razón inversa de la baratura de las entradas y de la calidad de las víctimas... Pero estos puntos deben ser materia de editorial jeremíaco o sermón de semana santa… Decía yo que la concurrencia era numerosa. En cuanto a lo distinguido ya pueden ustedes saberlo sólo con decir que había diputados, directores de periódicos, senadores y ministros... Por lo que toca al sol, el lleno era completo: aquello era un verdadero sol de esperanzas para los señores empresarios...
Se anunciaron seis toros y salieron al ruedo nueve. Del primero al tercero un sustituto bastó para reemplazar al manso titular. El cuarto requirió dos reemplazos y allí ardió Troya. El diario El Tiempo de la Ciudad de México, el 4 de noviembre, sesgadamente relata lo siguiente:
Al ver los concurrentes que el espectáculo, que la diversión no les había salido a su gusto por la mansedumbre de los toros y que por lo tanto iban a verse privados de presenciar la multitud de lances horripilantes que se producen en la bárbara lucha del hombre y la fiera, prorrumpir en gritos estridentes, y un vocerío inmenso ensordecedor, que no era sino el prólogo de mayores manifestaciones, se levantó en toda la plaza... La indignación del público subió de punto al ver que un torero ascendió al palco de la presidencia y se acercó a decir a la autoridad que a causa de la falta de toros, no podía continuar la corrida... Entonces sí, y  al informarse que no había ya corrida, se desató una verdadera borrasca, un escándalo mayúsculo, los terribles amateurs se vieron contrariados terriblemente y comenzaron a arrojar al redondel multitud de objetos que a la mano se encontraban y luego siguieron las sillas, butacas, etcétera y a estas fueron a reunirse muy pronto tablas arrancadas de los palcos, barandales, trozos de columnas y otros mil objetos... El redondel se halló bien pronto repleto con los despojos de la plaza, la multitud grandemente excitada y no contenta con haber destrozado la plaza, hablaba de quemarla... Entre tanto, la policía no estaba ociosa y planeaba contener el tumulto, pero era de tal naturaleza, tan grande la indignación que sus esfuerzos pronto fueron menos que inútiles... En vano el Gral. Carballeda se multiplicó dando órdenes que no podían cumplirse, pues para ello habría sido necesario reducir a prisión a todos los concurrentes, especialmente a todos los del departamento de sombra... No sabemos que se hayan hecho aprehensiones ningunas... Parece que se obligó a la empresa a devolver los boletos y quizás las entradas volverán a poder de sus dueños...
Por su parte José M. Fregoso, segundo réporter del diario El Nacional, también de la capital de la república, el 5 de noviembre hace la siguiente relación y reflexión:
El público se indignó... De la parte de sol se arrojó la primera tabla... Pocos momentos después reinaba en la plaza la confusión y el desorden más espantosos... Las sillas fueron a dar al ruedo y los barandales de ambos tendidos eran arrancados y hechos pedazos por los concurrentes... La policía pretendió calmar los ánimos; pero resultó lo contrario, viéndose obligada a presenciar tranquila el alboroto... Al expirar la tarde, la plaza había sido abandonada, dejándola el público considerablemente destruida... No aprobamos actos de esta naturaleza, pero ya que tienen lugar, deseamos que sirvan a las empresas de escarmiento, a fin de que cumplan con el público sus compromisos...
Los infaltables

Los ataques a la fiesta y a quienes profesan afición a ella no cosa de estos tiempos que corren. En la sesgada relación que ya cité del diario El Tiempo, se concluye con lo siguiente:
Sea de ello lo que fuere, el escándalo del domingo es una consecuencia de las corridas de toros, bárbara diversión que es capaz de originar tumultos y desórdenes como el que hemos mencionado...
Y por su parte, el Monitor Republicano, a dos días de la corrida contiene la siguiente proclama cuando relata lo sucedido en la corrida:
Deseamos que las empresas taurinas no den lugar a estos escándalos, que según parece van adquiriendo carta de naturalización entre nosotros... Lo triste es que no queda ni recurso de censurarlos, porque la misma autoridad los provoca no tomando oportunamente toda clase de medidas para evitar que se engañe al público de una manera descarada, y permitiendo, sobre todo, las lides de toros... ¿Servirá esto de lección a las demás empresas de toros?... Los taurófilos han quedado satisfechos, porque gozaron con aquél escándalo, más que con dos buenas corridas de toros...
Requiescat im pace

El citado Lauro E. Rosell indica que este fue el último festejo celebrado en la plaza de toros Colón, aunque erróneamente cita como primer espada del cartel a Cayetano Leal Pepe Hillo. Triste final para un coso taurino que tuvo una breve existencia y una fecha curiosa fue en la que le tocó perecer.

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