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domingo, 9 de noviembre de 2025

La otoñada taurina en Aguascalientes (y VI)

Jesús Solórzano: Era un aire suave de pausados giros…

La apertura de la temporada 1970 – 71 en la plaza de toros San Marcos se ofreció el 29 de noviembre de 1970. El cartel se formó con un encierro de don Lucas González Rubio para el rejoneador Gastón Santos, quien se presentaba en Aguascalientes y a pie, el regiomontano Raúl García, Jesús Solórzano, uno de los triunfadores del anterior serial abrileño y el portugués Oscar Rosmano, quien recibiría la alternativa. En el papel, el cartel lucía muy interesante. La nota previa al festejo, publicada en el diario Heraldo de Aguascalientes, la víspera de la corrida, entre otras cuestiones, consignaba:

Para que todo el público pueda admirarlo, ya se encuentra en los corrales de la plaza de toros San Marcos, el precioso encierro que ha enviado la ganadería de don Lucas González Rubio para lidiarse en le corrida de mañana, que será todo un acontecimiento taurino... Los aficionados pueden acudir al coso San Marcos a admirar el lote de astados que ayer fueron desembarcados entre grandes medidas de cuidado, para que el encierro salga íntegro al ruedo... Son siete toros que serán lidiados por el rejoneador Gastón Santos, el centauro potosino que se presenta ante la afición hidrocálida, Oscar Rosmano quien recibe la alternativa con todos los honores, Raúl García, el regiomontano que reaparece, y Jesús Solórzano, el artista de toreo clásico y puro... El cartel es completísimo, razón por la cual los aficionados han estado acudiendo a las taquillas y de verdad, quienes no lo hayan hecho, deberían acercarse para asegurar su presencia en este gran acontecimiento taurino...

Con esa información se buscaba atraer a la afición a la plaza de toros a presenciar la corrida de arranque de temporada y a conocer al nuevo matador de toros que sería ungido en esa fecha. También se anunciaba, la misma fecha, que habría posibilidad de evitar los efectos de la oscuridad, que cae temprano en los últimos toros de los festejos. Se publicó en el mismo Heraldo de Aguascalientes:

Una buena noticia para los aficionados es que la plaza de toros San Marcos ya cuenta con torres de faros reflectores, por lo que, si la noche llega pronto, no habrá ningún problema, la visibilidad seguirá siendo estupenda, como si fuera de día... La empresa, queriendo que el público goce completamente del espectáculo, ordenó la colocación de esas torres de reflectores, para evitar el inconveniente de que en tiempo invernal la oscuridad dificultaba o impedía la lidia del último de la tarde... Ahora puede caer la noche, pero el ruedo estará completamente iluminado. ¡Enhorabuena! …

La realidad de las cosas es que, para esas fechas se estaban realizando las obras para instalar un alumbrado moderno en la plaza de las calles de la Democracia, pero esa iluminación de los festejos nocturnos no sería estrenada sino hasta el día 6 de febrero del año siguiente, así que, en el entretanto, los efectos de la penumbra se seguirían padeciendo.

La sustancia de una tarde afortunada

El éxito de la corrida descansó sobre la actuación de Jesús Solórzano, quien, con cuatro años de alternativa, empujaba fuertemente para convertirse en figura del toreo. Aquí en Aguascalientes ligó varias tardes de gran triunfo y logró ser un consentido de la afición. Este último domingo de noviembre del año 70, no sería la excepción. Se encontraría con un toro de don Lucas González Rubio que le permitiría desarrollar su tauromaquia y confirmar su posición en esta tierra. Escribió don Jesús Gómez Medina en su tribuna de El Sol del Centro:

Revestida su juvenil silueta de recamados oros y sedas color esmeralda, que, dicen, es el de la esperanza, arribó ayer al Coso San Marcos quien, horas más tarde, cobijado ya por la noche; y más que por las sombras nocturnas, amparado por la entrega entusiasta, por la férvida idolatría de un público que lo había proclamado “su” torero, Chucho Solórzano abandonaba el recinto de su consagración dejando tras de sí una estela de admiración y una marejada de los más encendidos parabienes... Profeta y mesías de su propio arte, al que llevó a extremos de perfección pocas veces logrados por quienes usan coleta, arcángel vestido de torero, Jesús Solórzano hizo del rudo ejercicio taurino un juego pleno de gracia, de simetría y de ritmo; un escarceo ligero, sutil, cuasi alado, hecho de luz y de garbo, de cadencia y señorío, que a la mente retraía el verso de Rubén: “Era un aire suave de pausados giros…” … Y todo esto realizado a la vera misma de los pitones de los bureles, cuya noble condición no elimina la existencia del riesgo... Y todo esto llevado a cabo sobre el sólido basamento de la mejor técnica taurina; pero de una técnica realzada, ennoblecida con la diamantina evidencia de un arte y de una clase de la mayor jerarquía; de tal manera que pocas veces, como ayer en las faenas de Solórzano, pudo establecerse en forma tan cabal la paridad entre el torear bien y el saber torear, “desiderátum”, por igual, de toreros y aficionados... Porque, señores aficionados: ¡torear como ayer lo hizo Solórzano, especialmente en su segundo adversario con esa inspiración y ese clasicismo, con tanta calidad y con tan rotunda intensidad, con ese arte y esa clase, en suma, es majar de poquísimas ocasiones! … Y en la historia de la tauromaquia en Aguascalientes, constituye un hito, una fecha de imperecedero recuerdo. Porque – repitámoslo - ¡ayer llegó el que tenía que venir! … con el segundo de su lote, “Artista”, cárdeno, alto de pitacos; sin mucha bravura, pero con nobilísimo estilo, el triunfo pleno, esplendoroso. ¡La apoteosis! … La escena cobró calor y emoción a partir del segundo tercio, cuando Chucho, luego de clavar un tercer par, salió perseguido espectacularmente por el cárdeno, y tan solo a su juventud y facultades debió el haber salido bien librado... En este ambiente de expectación, fue Solórzano y brindó al Lic. Edmundo Elorduy, el primero de sus “istas”, la que sería la faena de su consagración. Y a torear… ¡Y de qué forma amigos! … Un toro noble, sí, de excelente estilo; pero sin celo, sin positiva bravura; más al que la muleta bruja de Solórzano apresó con hilos sutiles para forjar así, sin visible esfuerzo físico, sin gestos espectaculares y tan solo con la efusión y la inspiración brotadas de lo más entrañable de su ser, una faena a través de la cual muchos, muchísimos redescubrieron el toreo; una faena que a otros permitióles abrir la espita del recuerdo para reconstruir faenas y escenas pasadas... Porque, ¿no es verdad que los naturales y los derechazos de Chucho nos “supieron” a distinto? ¡Ah!: es que Solórzano, señor de su arte, supo siempre situarse en el lugar debido y llevar la muleta al ritmo justo, con el temple preciso, perezoso, para ahondar si ello fuera posible, la intensidad del lance y ponerle fin mediante el preciso y levísimo giro de una muñeca cuyos goznes, si las cosas se hacen debidamente, pueden pender algún día los destinos del toreo... Y encima de esto, la variedad, la diversidad. Diversidad en la forma, que no en la calidad de las suertes. Diversidad en la ejecución de aquellas. Vimos así naturales citando de frente, ante los pitones, como lo hiciera don Juan Belmonte, para girar luego el busto al paso del astado, recreándose en llevarlo dominado, embebido en el engaño; naturales citando de perfil, realizados a pies juntos o bien ejecutados a la manera de “Litri”, cuando Solórzano, ebrio de torerismo, lanzado por el duende, bordaba, mejor que toreaba, con una muleta transformada en venero del que, a la melancólica luz del crepúsculo, fluía generosa el agua de la más pura verdad taurina... Vino luego en pleno apoteosis, la petición del indulto realizada por el público y acordada por los señores del palco de honor. Y cuando ya el inmortal “Artista” de don Lucas González Rubio desapareció por donde minutos antes había salido, el triunfo de Chucho Solórzano llegó al clímax: las dos orejas, el rabo, también una pata, simbólicos trofeos que el ya ilustre vástago del Rey del Temple paseó por el ruedo, entre ovaciones y música, haciéndose acompañar en una ocasión por el popular ganadero de Tepatitlán...

Hasra aquí la crónica de don Jesús, una crónica que a fe mía, transmite el emocionado ambiente que se vivía en la plaza en ese momento y que en su relato, deja ver con claridad la vigencia, sin citarla, de aquella sentencia de Domingo Ortega: torear no es lo mismo que pegar pases. Porque el cronista explica con claridad meridiana como Jesús Solórzano amalgamó el oficio con la clase, para hacer que un toro sin aparente fondo, diera lugar a la creación de una brillante obra artística.

Yo agregaría que una verdadera apoteosis que pudo culminarse mejor con la espada, porque de la descripción que hace don Jesús de la conducta del toro, evidentemente no era merecedor del indulto que se le pidió desde las tribunas, y sin embargo se concedió, voy a suponer que empujada la concurrencia por lo que le sucedió al torero en el primero de su lote, que malogró una faena importante por sus fallos con el acero. Pero al final, lo que trasciende es, el hecho del indulto, la entrega de la gente al hacer de Solórzano y la unanimidad de criterios en cuanto al resultado del conjunto de la tarde.

Los demás sucesos de la tarde

El lusitano Oscar Rosmano fue investido matador de toros por Raúl García con el toro Entenado, colorado, primero de la lidia ordinaria, atestiguando la ceremonia, refieren las crónicas, tanto Jesús Solórzano como Gastón Santos. Resume don Jesús Gómez Medina:

Gastón Santos exhibió sus cualidades de excelente caballista, clavando varios rejones y tres pares de banderillas en lo alto. El rejón de muerte fue insuficiente y Gastón echó pie a tierra para exterminar a su enemigo mediante dos pinchazos y una honda... Raúl García, pese a que se llevó dos toros carentes de gas, supo hacerse ovacionar su decisión y su torerismo, luciendo más de lo que permitían suponer enemigos sin ganas de luchar... Y que Óscar Rosmano, con el castaño de la alternativa, que resultó muy bravo, toreó muy bien de capa, entre aclamaciones y tuvo una primera parte de la faena muy lucida. Al final de su cometió, dio la vuelta al ruedo. Su segundo salió al ruedo ya en plena oscuridad – ¿por qué la autoridad, vistas las circunstancias, no suspendió la corrida? –. En vista de esto, no es razonable enjuiciar su labor...

Ya les contaba arriba lo del asunto del alumbrado de la plaza, que, aunque un diario se atrevió a darlo por operativo, apenas estaba en proceso de instalación. Y agregar el hecho de que en el diario Heraldo de Aguascalientes se consigna que los ocupantes del palco de la Autoridad se retiraron antes de que Oscar Rosmano diera muerte al sexto, entre las sombras de la noche.

Dos recuerdos personales

Tuve la ocasión de asistir a esa corrida, de polizón, acompañando a mi padre quien era el Jefe de los Servicios Médicos de la plaza. No tengo recuerdos claros de lo en ella sucedido, más que a mi padre profundamente emocionado con lo que había visto, a un exultante Lucas González Rubio, a don Guillermo González Muñoz recorriendo el callejón recibiendo enhorabuenas de todo el mundo y mi sorpresa de ver que aparte de orejas y rabos, también se otorgaban patas como trofeo.

La segunda remembranza es más reciente. La vida me dio la ocasión de tener una buena amistad con Jesús Solórzano, quien en alguna ocasión me pidió que le localizara la fecha y crónicas de una corrida en Madrid, en la que su padre, Cagancho y Victoriano de la Serna actuaron los tres, vestidos de blanco con bordados en plata. La corrida de los trajes blancos, la llamaba él. La encontré, fue el 8 de mauo de 1932, la envié la informacióm y al preparar estos pergeños, releía la crónica que Federico M. Alcázar escribió para el diario madrileño El Imparcial, en la que cita la misma línea del verso de Rubén Darío que recordó don Jesús Gómez Medina hace 55 años.

La conexión con esa corrida en la que los tres toreros vistieron de blanco y plata, viene del hecho de que en esta que hoy les recuerdo, los tres toreros y el rejoneador vistieron alguna tonalidad del verde, con bordados en oro. Y se preocuparon por anticiparlo a la prensa. Refiere la nota previa a la corrida, en El Sol del Centro del día del festejo:

Esta será la “Corrida de la Esperanza”. Señalamos lo anterior, en vista de que el color verde significa “Esperanza”, y por una extraña coincidencia, los tres matadores harán el paseíllo, enfundados en ternos verde y oro, al igual que la casaca que portará el rejoneador Gastón Santos, que debuta ante nuestro público…

La tarde de los ternos blancos, fue triunfal para El Rey del Temple. Esta lo fue para su hijo. En el toreo, como en la vida, las casualidades no existen.

En conclusión

Así es como he presentado a quienes pasan por aquí, una muestra de lo que Aguascalientes guarda en su historia taurina durante la temporada de otoño. Los toros no son privativos del tiempo de San Marcos, entre nosotros tienen cabida todo el año, que no quede duda.

Aviso parroquial: Los resaltados en el extracto de la crónica de don Jesús Gómez Medina son obra imputable exclusivamente a este amanuense, porque no obran así en su respectivo original.

domingo, 22 de abril de 2012

Tal día como hoy: 1973. En la alternativa de Vito Cavazos, es Curro Rivera el que hace el toreo


El primer toro que se lidiaría en la Feria de San Marcos de 1973 sería un toro de alternativa. El suceso también tendría un dejo de novedad en nuestro ciclo abrileño, pues si bien en el pasado reciente del Coso de la calle de la Democracia se habían celebrado dos ceremonias de investidura de matadores de toros – El lusitano Óscar Rosmano el 29 de noviembre de 1970 y Armando Mora el 28 de marzo de 1971 –, la última que se había celebrado en un festejo sanmarqueño había tenido lugar en 1960, cuando Luis de Seda y Oro elevó a la categoría superior al trianero Rubén Salazar el primero de mayo de ese calendario.

La información previa al festejo, publicada en el diario El Sol del Centro refleja la expectación que producía el serial y en sí el cartel inaugural, tanto por la reaparición de Eloy Cavazos y Curro Rivera, como por la novedad que revestía el investir en la Feria a un nuevo matador de toros, en este caso, David Vito Cavazos. De esa nota, entresaco lo siguiente:

Reaparecen Eloy y Curro y se doctora Vito Cavazos. A guisa de preámbulo de lo que será esta Feria, ya el cartel inicial incluye la actuación de dos de las tres máximas figuras del toreo nacional: Eloy Cavazos, el sensacional pequeño y gran torero de Monterrey; Curro Rivera, el autor de la que fue, indiscutiblemente, la mejor faena en la pasada temporada metropolitana... Y al lado de ambos, compartiendo responsabilidades y disfrutando también, desde hoy, de idéntica jerarquía, Vito Cavazos, que en esta primera corrida alcanza la meta codiciada por cuantos en un día vistieron por vez primera el traje de torear: la alternativa, el doctorado...

Yo asistí a esta corrida. Mis recuerdos se limitan principalmente a los seis toros que se lidiaron en ese festejo al que fui llevado por mi padre. El toro de la ceremonia – un negro listón, al que recuerdo con mucha cara y arrobas – volteó la cara al primer picador y le comenté a mi padre que el toro era manso. En cuanto se colocó de nuevo al toro, este se arrancó de largo, recargando fuerte y metiendo los riñones, propinando un tumbo al piquero y lo que es más, recuerdo que repitió la escena en la siguiente vara. Cuando todo esto sucedió, mi padre me dijo Allí está tu manso, fíjate bien en ese toro, que es muy bravo, porque va a pasar mucho tiempo para que veas otro igual... Al final de la corrida tuve la oportunidad de conocer y felicitar personalmente al Ingeniero Mariano Ramírez, el ganadero de la tarde, quien se encontraba conversando con los matadores retirados Rafael Rodríguez y Humberto Moro y el empresario Guillermo González entre otras personas. No recuerdo la respuesta que me dio don Mariano, pero sí percibí que en ese momento era un hombre inmensamente feliz.

Alguna información más precisa

Para este serial don Jesús Gómez Medina había vuelto a ocupar su cátedra en El Sol del Centro, combinando esa actividad con la Presidencia de los festejos taurinos en la Plaza San Marcos y de su narración de la corrida se desprende con más detalle y precisión lo siguiente:

¡Torear bien!... ¡Torear con arte!... Torear, en suma, como ayer lo hizo con el nobilísimo “Cartujo” del Ing. Mariano Ramírez, Currito Rivera. Feliz conjunción del burel dechado de alegría y excelente estilo, con el torero – torero, con el torero artista.
¡Oh! aquellos naturales cadenciosos, de dilatada trayectoria, ligados a la perfección en el último sitio y culminados, según la ley de toreo rondeño, con el pase de pecho ejecutado al mismo ritmo caricioso de los muletazos precedentes.
Especialmente en la segunda de las dichas series pareció culminar la plasticidad, la hondura y el bien torear. Negreaban las pisadas de “Cartujo” en torno del torero, transformado en epicentro que giraba levemente sobre las plantas, mientras que de su muleta brotaban, como rojas amapolas, la milagrería de aquellos pases naturales, flor de clasicismo, sí; pero nimbados a la vez con la luz iridiscente de un arte juvenil, radioso, alegre...
El toreo es liturgia y rito; pero, también, gallardo desplante, bizarría y alarde jocundo y triunfal.
Más tarde, con la diestra, idéntico derroche de torerismo y de belleza en los derechazos, en los pases circulares, en los molinetes; en toda la gama, en suma, de bien torear a que daba pie la nobleza sin límite y la aterciopelada embestida de “Cartujo”.
A estas alturas, prácticamente las orejas y el rabo estaban ya en las manos de Currito; más precipitóse un tanto éste, llevado sin duda del deseo de acabar cuanto antes; y aunque se fue en corto y por derecho, particularmente la segunda ocasión, pinchó dos veces antes de sepultar hondo el acero, en sitio un tanto trasero... se esfumaron los apéndices; más los aficionados, embriagados todavía de emoción taurina, hicieron a Curro Rivera objeto de una cálida, estentórea ovación, mientras los despojos de “Cartujo” habían desaparecido sin recibir en homenaje de que eran merecedores...

Don Jesús califica la actuación de Eloy Cavazos como integrada por una media faena y la de su hermano David, el toricantano como deslucida. El toro de la alternativa se llamó Esclavino y fue de pelo negro listón.

Algunas reflexiones finales

De la misma crónica de la corrida y a partir del hecho de que don Jesús Gómez Medina estimó en ella que el quinto de la tarde, Cartujo, merecía premio a sus despojos y de otro hecho ocurrido al final de la lidia del cuarto de la tarde, en el sentido de que Alberto Ortiz El Chaval de Orizaba, banderillero de la cuadrilla de Eloy Cavazos ahondara una espada para precipitar la muerte del toro, transcribo lo siguiente:

Se impone concluir esta reseña con algunas consideraciones de carácter netamente personal: ¿por qué el que esto escribe, al actuar como Juez de Plaza, no ordenó los honores que merecían los despojos del estupendo “Cartujo”? ¿Y también por qué no hubo sanción alguna para el Chaval de Orizaba?
En el primer caso, visto el desenlace poco feliz de la gran faena de Curro Rivera y conociendo la índole de los aficionados, juzgué que al tributar un homenaje al astado, aquellos interpretarían que con éste queríase decir que el torero no supo estar a la altura del toro; lo que era inexacto y por tanto, resultaría injusto.
En cuanto a la falta de sanción para el Chaval de Orizaba, que estas líneas sirvan de aviso a él mismo y a otros subalternos, a efecto de que, en los posteriores festejos se abstengan de realizar actos tan rotundamente antitaurinos como el llevado a cabo por dicho banderillero...

El festejo de hoy. 1ª corrida de feria: 2 de Fernando de la Mora para rejones y 4 de Jesús Cabrera para Pablo Hermoso de Mendoza, Rafael Ortega y Alejandro Amaya.

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