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domingo, 12 de abril de 2026

Curro Vázquez: ¿el cierre de un círculo?

ABC, Madrid 11/10/1969
El pasado miércoles se anunció el otorgamiento, en Santander tras la convocatoria realizada por el Senado del Reino de España, la Fundación del Toro de Lidia, y las comunidades autónomas de Madrid, Andalucía, Extremadura, Cantabria, Murcia, Comunidad Valenciana, Aragón, Castilla y León, y Castilla - La Mancha y la ciudad autónoma de Melilla, del Premio Nacional de Tauromaquia al matador de toros linarense Curro Vázquez.

Refiere el acta del jurado que calificó la concesión del galardón, entre otras cuestiones, lo siguiente:

...la figura de Curro Vázquez se define por una vida entera de compromiso con la tauromaquia. Su dedicación constante, tanto en los ruedos como fuera de ellos, ha contribuido de manera decisiva a la preservación, defensa y difusión de este patrimonio cultural. Su legado no se limita a su carrera profesional, sino que se extiende a su papel como referente, formador e inspirador de nuevas generaciones...

Sin duda, su paso de ya cerca de seis décadas por el llamado planeta de los toros, le ha permitido hacerse un sitio y transmitir tanto en el ruedo como fuera de él, los valores artísticos y éticos que envuelve esta fiesta que es particular y tradicional de los pueblos hispanos.

12 de octubre de 1969

Para el entonces llamado Día de la Raza, se programó en la muy madrileña plaza de Vista Alegre de Carabanchel, una corrida de toros a beneficio de la Asociación Española de Lucha contra el Cáncer, que en esos días presidía la marquesa de Villaverde. El camino para llegar al anuncio del cartel definitivo fue tortuoso, según cuenta quien firmó como X.X en la crónica aparecida en el diario madrileño Arriba del 14 de octubre de ese 1969:

Mil vicisitudes pasó la corrida de la Lucha contra el Cáncer. El cartel inicial lo formaban Paco Camino y Diego Puerta, con deseos del de Camas de lidiar miuras, que, por lo visto, no fueron encontrados con la debida presentación zootécnica. Después, el percance que sufrió Paco Camino hizo que la organización fuera abajo y se comenzara de nuevo. Esta vez aparecía Curro Romero, que daría la alternativa a Curro Vázquez, con José Fuentes como testigo y toros de Patricio Cunhal...

Es importante hacer notar que todavía en los diarios del día de la corrida se anunciaba el cartel completo del festejo, que a la postre, se vería modificado, porque la corrida portuguesa de Cunhal sería rechazada en el reconocimiento, otra de Tassara tampoco pasaría ese fielato y al final de cuentas se aprobarían cinco toros salmantinos de Barcial y uno de Manuel Francisco Garzón. Ante tal situación, Curro Romero decidió caerse de la combinación, presentando un parte médico. Declaró lo siguiente a Manuel F. Moles, del diario Pueblo, salido al día siguiente de la corrida:

Yo me ofrecí para torear esa corrida completamente gratis; pero el ganado que me dijeron que se iba a lidiar no era el de Cobaleda. Cuando vi los toros me di cuenta de que no iban a embestir y mucho menos servirían para mi estilo de toreo. Si hubieran puesto tres de Cobaleda y tres de Cunhal o de Tassara, si me habría vestido de luces. Yo estoy retirado y me hace mucha ilusión reaparecer en Madrid, pero lo que no admito es un ganado sin garantías...

Curro Romero había terminado abruptamente su campaña en el mes de junio, después de haber sufrido una serie de traspiés en Sevilla, Ronda, Toledo y señaladamente en Palma de Mallorca, donde en solitario, dejó ir en solitario una buena corrida de Salvador Guardiola. Posteriormente anunció su retirada de los ruedos.

En esas condiciones y aprobados los toros de Arturo CobaledaBarcial – y Garzón, los organizadores decidieron dar el festejo en el que Curro Vázquez recibiría la alternativa de manos de su paisano José Fuentes, ambos apoderados por el inefable Rafael Sánchez El Pipo.

A las 5 de la tarde de ese 12 de octubre de hace 57 años, se abrió la puerta de cuadrillas para dar paso al toricantano Curro Vázquez, vestido de blanco y plata y a su padrino José Fuentes, quien llevaba un vestido obispo y oro. Salió esa tarde como sobresaliente el novillero gaditano Rafael Ruiz Paquiqui.

El primer toro de la tarde y que sería el de la ceremonia se llamó Batanero y así lo describió Juan Antonio Pérez Mateos, en su crónica para el diario ABC de Madrid:

Cuando salió el primero, un castaño salpicado, de bonita lámina, con el pelo rizado del morrillo y el testuz, la gente hizo un gesto de admiración: el toro tenía una bella estampa...

A veces, la envoltura no revela la realidad del contenido. Batanero fue un toro que tuvo muchas complicaciones. Cuenta Julio de Urrutia en su crónica para el diario Madrid, salido al día siguiente de la corrida:

El Cobaleda que rompió plaza acusó desde un principio su mansedumbre congénita. Para nada valió que Vázquez, con muy buenas maneras, tratara de encelarlo en su mágico capote con unos lances pintureros y preciosistas. Nada. El burel, obligado por ese mismo capote, entró seis veces a las cabalgaduras de los dos picadores de turno, saliendo suelto y rebrincando de la suerte. El presidente sacó rápido el pañuelo encamado para condenar al manso a banderillas negras...

Curro Vázquez había toreado 50 novilladas en ese año del 69, fue el segundo en el escalafón y si hemos de considerar la tarde de la alternativa como el examen de grado para obtener la dignidad de matador de toros, el tema que le tocó resolver, fue de los más difíciles. Sigue contando Pérez Mateos:

Llega el instante de la alternativa. Curro Vázquez, vestido de blanco y plata, recibe de manos de Fuentes los trastos de matar. Curro comienza muy bien la faena con cuatro doblones. ¡Esperanza de un torero nuevo! Se va a los medios y torea por derechazos. El toro le avisa por el lado derecho, el toro le avisa por el lado derecho. Curro insiste por ese pitón, y al iniciar el derechazo, resulta aparatosamente cogido. El “barcial” lo zarandea espectacularmente. El toro lo hiere, y las asistencias se llevan al nuevo doctor en tauromaquia a la enfermería...

Por su parte, Manuel F. Molés, en su crónica para el diario Pueblo, refiere:

Curro Vázquez dijo su «aquí estoy yo» con unos muletazos de castigo dados por bajo que acabaron en adornos casi en el centro de la plaza, de una plaza que se hundía de aplausos y se rendía admirada. Los «curristas» de Madrid – que son muchos, pese a que no se acabó de llenar el coso –, los aficionados exigentes, los que gustan de jugar el papel de jueces, los que todo lo miran con lupa, se frotaban las manos. ¡Aquí hay torero! Curro Vázquez respondía más allá de lo previsto. Estaba rojo de coraje y se echó la muleta a la diestra. Diez muletazos. Cuatro avisos de cornada… Curro iba para arriba, ganando laureles, hasta que el toro le cogió con saña, le zarandeó, le tiró al suelo, le busco de nuevo y partió su traje blanco y plata para mancharlo de rojo. la cornada era evidente. La plaza, puesta en pie, despedía con una gran ovación a Curro Vázquez. Adiós justo. Curro tuvo agallas para no volver la cara al riesgo y lo aceptó como bueno. Alternativa y cornada…

Por su parte, Julio de Urrutia en su crónica del diario Madrid, relata:

Cierto que el sevillano, a quien Fuentes acababa de ceder los trastos de la ceremonia, se dobló muy bien con el manso de "Barcial". Cierto que instrumentó seguidamente unos pases en redondo, varios por alto y cuatro naturales de verdadero mérito. Pero como él chaval, a fuerza de valentía, no se diera por aludido tras dos avisos que le envió el cornúpeta en otras tantas peligrosas tarascadas, la cogida llegó como infaliblemente tenía que llegar mediante una cornada grave, según el parte facultativo. Con la caída de Vázquez sobre la arena viniéronse abajo también las ilusiones de los aficionados…

Las versiones coinciden en lo esencial, Curro Vázquez no se arredró ante la manifiesta mansedumbre del toro de su alternativa y puso por delante todos sus recursos para intentar instrumentarle una faena, pero la condición del toro terminó por imponerse, hiriendo a su lidiador.

El parte facultativo rendido por el doctor Gómez Lumbreras, responsable de la enfermería de la Chata de Carabanchel, fue el siguiente:

El matador Curro Vázquez presenta una herida por asta de toro en la región perineal derecha, penetrante en la fosa isquio – rectal, que, despegando el recto en una extensión de veinte centímetros, rompe el músculo elevador del ano y fibras del esfínter anal. “Shock” traumático. Grave. Firmado, doctor Gómez Lumbreras.

Por las lesiones causadas, la cornada requirió un tiempo extenso para su recuperación. La temporada ya estaba para su cierre y eso permitiría al torero tener el reposo necesario para restañar sus heridas y preparar su primera campaña como matador de toros.

12 de octubre de 2025

Exactamente 56 años pasaron después de la tarde de la alternativa de Curro Vázquez, cuando en la plaza de Las Ventas se ofreció, dentro del marco de la Feria de Otoño, un festival taurino en recuerdo de Antoñete. En ese festejo, Curro Vázquez y César Rincón fueron, sin lugar a dudas, los toreros que dejaron en claro por qué tienen un sitio en la historia y mostraron, a quienes no tuvieron la fortuna de verlos en su día en los ruedos, lo que es el toreo que se ha dado en llamar “eterno”.

La tarde de Curro Vázquez fue redonda, y a pesar de sus primeros temores de no estar en las condiciones físicas adecuadas para enfrentar un compromiso de esa naturaleza, demostró que todavía estaba en posibilidad de impartir, lo que quizás era su última lección magistral. Escribió Vicente Zabala de la Serna en su crónica para el diario madrileño El Mundo:

Curro Vázquez abrió, de pronto, el túnel del tiempo. De sus 74 años cayó la solera macerada, el toreo de muñecas, con el novillo de Garcigrande – como todos menos el de Morante de la Puebla – dando su guerrita por dentro a derechas y prestándose al temple por su izquierda, a la belleza del toreo a dos manos, a esa trinchera catedralicia, al sabor de la firma de aquel pase memorable. Qué cosas más hermosas. Aquel natural de dormido pulso, este cambio de mano como escultura y aquella media verónica portentosa que ya quedaba lejos. Bramaba la gente con el ole ronco que sale de dentro. Como le salía a Curro -que tan bien leyó las banderas y los terrenos- las maravillas que fue sumando, como un collar de perlas, hasta hacer un todo para recordar. Le metió el brazo con habilidad y la plaza fue un clamor. Las dos orejas dibujaron una sonrisa en la fina tez del maestro…

Como en sus mejores días, Curro Vázquez fue sacado en volandas por la Puerta de Madrid. Los aficionados de su día y los nuevos, que solamente le conocían por los relatos de su tauromaquia se hacen, revivieron unos y conocieron otros, los motivos por los cuales, se le ha tratado inmemorialmente como una de las grandes figuras del toreo de los tiempos recientes y por qué se recurre a él, para preparar a quienes se considera que pueden aspirar a esa categoría.

Todo parece apuntar, tras de la gran tarde del festival otoñal y de la concesión del Premio Nacional de Tauromaquia, que el paso activo por los ruedos de Curro Vázquez ya ha concluido. No se ha pronunciado expresamente en ese sentido, pero las circunstancias así lo permiten suponer.

domingo, 31 de diciembre de 2023

Una fotografía con historia (IX)

Una tarde redonda, dos brindis y un Faraón por testigo…

Cagancho recibiendo el brindis de Litri
Madrid, 18 de mayo de 1966

La solidaria generosidad de Carlos Arruza siempre encontró resquicios para hacer el bien. En el año de 1966 logró reunir a varias figuras del toreo en el retiro, para organizar una especie de gira internacional y torear festivales benéficos con ellos, permitiendo, por una parte, que los productos de esas tardes de toros aliviaran en algo las vicisitudes de alguna obra que favoreciera a los que se encontraban en algún estado de necesidad y por la otra, que los nuevos aficionados pudieran apreciar la tauromaquia de diestros como Armillita, Cagancho, Lorenzo GarzaGitanillo de Triana, Silverio Pérez o él mismo. 

Así, se fueron a Lima, para torear en la Feria del Señor de los Milagros el Festival del Bicentenario, junto con Alejandro Montani, Luis Miguel Dominguín y el aficionado práctico Hugo Bustamante, dejando una honda huella en la afición de allá. Ese día el Maestro Fermín cortaría una oreja y Silverio Pérez se llevaría la tarde cortándole las orejas al novillo de La Viña que le tocó en suerte. Un momento emotivo se produjo cuando Cagancho fue a brindarle a Antonio Ordóñez su novillo, delante de Luis Miguel y de Ángel Luis Bienvenida, brindis que arrancó quizás la ovación más cerrada de la tarde.

De regreso en México, Armillita, Cagancho, Lorenzo Garza, Silverio Pérez y Carlos Arruza se reunieron en la finca de don Carlos Trouyet para preparar el viaje a España y continuar con la preparación de los festivales benéficos. Así lo contó Joaquín Rodríguez al redactor de El Ruedo en su día:

Unos días antes de salir para España – cuenta Cagancho – nos reunió a cenar el señor Trouyet a Garza, Silverio, Arruza y a mí. Todos, con la enorme ilusión del viaje, animamos a Carlos a que se uniera a la expedición. Y se hubiera unido a nosotros con la misma alegría, pero tenía firmadas unas corridas y aplazó la travesía para los primeros días de junio. ¡Fíjate qué pena! …

Carlos Arruza fallecería a causa de un accidente de carretera el 20 de mayo de ese 1966 y todos los planes que había trazado se fueron por la borda, pero eso no impidió que Cagancho, Lorenzo Garza y Silverio Pérez acudieran a presenciar algunos festejos de la Feria de San Isidro de ese año, evento en el que se generaron los acontecimientos que dan pie a que meta hoy yo los míos.

El San Isidro de 1966

Escribe José Luis Suárez Guanes a propósito de este ciclo:

La mejor feria de la historia es la de 1966. Las dos siguientes le van a la zaga. Están encuadradas en una época (hablamos en general) en que existían veintiún matadores de toros en el grupo especial. En este periodo podíamos percibir los penúltimos destellos de arte de un Antonio Bienvenida... las presencias históricas de Julio Aparicio y el valor personalísimo de “Litri”, la clase fuera de serie de Antonio Ordóñez... Jaime Ostos; el buen lidiar... de Gregorio Sánchez; las diferentes maneras de hacer de Diego Puerta, Paco Camino y “El Viti”... el arte de un resurgido “Antoñete”...

Fue una feria en la que se dieron 16 corridas de toros, y en la que no se anunciaron novilladas. En ella se produjo la hoy todavía legendaria faena de Antoñete a Atrevido el llamado toro blanco de Osborne – el 15 de mayo, en la segunda de feria – y aparte, en la décimo tercera, confirmó el regiomontano Raúl García, de manos de Paco Camino y llevando de testigo a El Cordobés, con toros de Francisco Galache, representando la única presencia mexicana en el ciclo.

Eran los días en los que la Corrida de la Beneficencia se anunciaba después de que terminaba la feria, sabiéndose quién o quienes habían triunfado en ella, para ofrecer en esa fecha un cartel de auténticos triunfadores y no anunciar un festejo preconcebido, únicamente membretado como tal. La Beneficencia en Madrid era entonces, el principal acontecimiento taurino del calendario español. Hoy es solamente una fecha más a cumplir dentro de un pliego de condiciones y un abono.

La quinta corrida del San Isidro del 66

Para el miércoles 18 de mayo de 1966 se anunció un encierro del Marqués de Domecq y hermanos para Antonio Ordóñez, Andrés Vázquez y Gregorio Tébar El Inclusero quien confirmaría su alternativa. Ordóñez había sufrido una cornada en Málaga el 10 de abril anterior, calificada, según el medio que se leyera, de grave o muy grave. Los hechos al final llevarían a decantarse por la segunda interpretación del parte médico, porque para esa quinta corrida de San Isidro, Antonio Ordóñez presentó parte médico que señalaba que estaba imposibilitado para actuar. La sustitución la tomó Miguel Báez Litri, quien, con ella, sumaría una tercera actuación en el serial, pues originalmente estaba anunciado en dos carteles.

En ese festejo, en la zona de barreras del tendido dos, se ubicaban cuatro conspicuos espectadores: Joaquín Rodríguez Cagancho, natural de la calle del Evangelista, en Triana, Sevilla; Lorenzo Garza El Magnífico, de Monterrey, Nuevo León, México; Silverio Pérez, de Texcoco, México y Manolo Caracol, del Corral de los Frailes, en la Alameda de Hércules, Sevilla. Para esas alturas de la historia de la feria, la presencia de notables en los tendidos no era de llamar mucho la atención, por ese motivo, de inmediato, no se levantó mayor polvareda por la presencia de ese auténtico póker de ases por allí.

El brindis de Litri a Cagancho

Cagancho había actuado en Madrid por última ocasión los domingos 31 de mayo – festejo de apertura de la Feria del Campo – y 14 de junio de 1953. Tenía casi una década de no dejarse ver por allí. Ese par de tardes, cautivó a una renovada afición madrileña. Su actuación en el primero de festejos la resumió así Alfredo Marquerie para el semanario El Ruedo:

“Cagancho”, que habla hecho exhibición de espanto “calé” en su primero, se acordó de su fama y de su nombre en su segundo y volvió a ser Joaquín Rodríguez, y a darnos, entre explicaciones mímicas y desplantes personalísimos e inconfundibles – el recorte flamenco, el engaño elevado a su suprema condición de burla, la mano en la cadera –, el regusto de cómo se toreaba antes y de verdad, con ligazón y trabazón, con vista, temple y mando y, sobretodo, con sabor, aroma y solera... El sol en el ocaso tiene relumbres y destellos llenos de poesía, de gracia y de melancolía...

Litri era ahijado de alternativa de Cagancho, que lo doctoró a él y a Julio Aparicio el 12 de octubre de 1950 en Valencia y el gesto que tuvo en ese festejo isidril fue señalado. Así lo recoge la crónica publicada en El Ruedo fechado el 31 de mayo de ese 1966:

Fue Litri quien presentó al público de la Feria al gitano Cagancho. Litri descubrió en una contrabarrera del 2 a su padrino de alternativa y cruzó el ruedo para brindarle la muerte de un toro del marqués de Domecq. Joaquín, señalado por la montera del ahijado, se puso en pie, y la gente, al reconocerlo, le dedicó una cariñosa ovación… ¡Es Cagancho! ¡Es Cagancho! … «La talla de Montañés», sobre el pedestal de su fabulosa fama, se humanizó abriendo los brazos en forma de aspa, echándole mucho temple al toro afectivo que le golpeaba en el corazón. Desde aquel justo momento Cagancho fue la estrella civil de la Feria taurina más larga; estrellato que compartió con sus vecinos de localidad…

De la actuación de Miguel Báez, relata entre otras cosas Manuel Álvarez Díaz firmando como Manolo Castañeta, para el Diario Madrid, aparecido al día siguiente de la corrida:

La tarde de Litri no es sólo el “litrazo” con el cite largo y el aguante impasible. Esta tarde del Litri es el brote de unas flores de torería que, por la armonía de sus colores, por el aroma que exhalan y por su pureza y su belleza bien pueden ser calificadas de excepcionales... La plaza entera aclama y ovaciona al Litri en la espléndida floración de ese arte. Así, cuando su primera faena es coronada con media estocada, el gran torero de Huelva corta una oreja, con vuelta al ruedo y saludos. Y así, al rematar la otra - ¡qué extraordinaria faena! - con un pinchazo, estocada corta y tres descabellos, le otorgan el premio de otra oreja, con recorrido por el ruedo entre ovaciones...

Litri se sujetó al canon de su padrino de alternativa y a lo asumido dentro de su madurez taurina, toreando con reposo e imprimiendo calidad a lo que hacía delante de los toros. El reconocer y hacer evidente la presencia de Cagancho en el tendido de Las Ventas no se saldaba solamente con el brindis, había que justificarlo delante del toro. Y lo hizo.

Andrés Vázquez y Lorenzo Garza

El Ave de las Tempestades se había presentado por última ocasión en Las Ventas el 15 de julio de 1945 y en esa oportunidad le cortó las dos orejas al segundo toro de Alipio Pérez Tabernero que le tocó en suerte. De nuevo voy a recurrir al testimonio de Alfredo Marquerie, quien para el número de El Ruedo salido el 18 de julio siguiente escribió:

Garza tiene nombre y perfil de pájaro. Cuando se encorva se acentúa su parecido aquilino. Su espléndida lección «de cómo se puede dar el natural hasta el infinito», sonriendo y mirando al público con alegría, fue lo mejor de lo corrida. Y por eso tuvo que triplicar, con las orejas, el premio de botas de vino que le echaron los «morenos» …

Las ilustraciones de Antonio Casero en ese ejemplar del semanario madrileño nos presentan a un Garza pletórico y la crónica que Manuel Sánchez del Arco Giraldillo escribió para el ABC, refleja que ejecutó en repetidas ocasiones el pase del desprecio… Hoy en día es un adorno que sirve para rematar series bastante manido, pero no es por mucho, reciente, según podemos leer.

El quinto toro de la corrida fue el número 19, llamado Hablador y al final de la feria sería premiado como el mejor del ciclo. Ese toro, al que le cortó las dos orejas, lo brindó el Nono de Villalpando a Lorenzo Garza, y recurro otra vez al recuento de Manolo Castañeta, quien resumió así la triunfal tarde de Andrés Vázquez:

Hay que decir una vez más que, por esas cosas extrañas que se dan en la vida, en el bello estilo de este torero se mezclan y funden los acentos sinceros y nobles de su naturaleza castellana y los de una cierta gracia, un garboso donaire de la tierra sevillana. Con este singular injerto, con esta extraña amalgama – extendida ahora con la suerte de banderillas, que hoy no tomó en ninguno de sus toros –, Andrés Vázquez ha encontrado y logrado una fuerte e interesante personalidad...

A pesar de que los regiomontanos son tradicionalmente considerados como cicateros o rácanos cuando de los dineros se trata, Lorenzo Garza correspondió en el sitio al brindis, devolviendo la montera con un valioso reloj de oro dentro. Se relata en El Ruedo:

El reloj de Lorenzo Garza fue a parar a las manos de Andrés Vázquez, quien le había brindado un toro. Un bravo toro del marqués de Domecq. Quien triunfó con el mismo y le cortó las dos orejas. Andrés ha cruzado Madrid, en dos estancias, con el mismo resuello triunfal de esta su nueva etapa…

Y páginas más adelante, declaraba el autor del brindis, en entrevista posterior a la corrida:

Era un toro noble y suave, pero anduvo bastante suelto y pese a su excedente bondad para el torero murió buscando el refugio de las tablas... ¿Supone mucho este triunfo? ... Reconciliarme con Madrid, este público que me hizo torero... ¿Algo más? ... ¡Una gran satisfacción! Lorenzo Garza me tiró el reloj de oro que llevaba. Por cierto, que tiene una inscripción por detrás de mucho valor personal, y pienso devolvérselo porque debe significar mucho para él...

Revisé la prensa especializada de los días siguientes y no hay referencia de que Lorenzo Garza y Andrés Vázquez se hayan reunido, así que no hay noticia cierta de que el torero de Villalpando haya efectivamente devuelto a El Magnífico su apreciado reloj. Pero el gesto pintó de cuerpo entero al brindado.

Y ambos brindis, el que Litri hizo a su padrino de alternativa y el de Andrés Vázquez a Lorenzo Garza, reitero, tuvieron dos testigos de excepción, el Faraón Silverio Pérez y a Manolo Caracol. Una pena que el hecho haya sucedido la antevíspera del deceso de Carlos Arruza y que el suceso haya acaparado toda la información.

Agradecimiento: Expreso mi gratitud a doña Carmen Milla, de la Fundación Diario Madrid por haberme facilitado la crónica del festejo aparecida en ese periódico, misma que me ha servido para ilustrar estos comentarios.

domingo, 13 de junio de 2021

Detrás de un cartel (XVII)

Curro Rivera: A hombros en la Beneficencia del 71

La Corrida de la Beneficencia de Madrid es una reminiscencia de aquella disposición real que establecía que los beneficios que generaran las corridas de toros serían destinados a los hospitales de la capital de España. Era un festejo fuera del abono, posterior a la Feria de San Isidro y se esperaba su anuncio hasta conocer a los triunfadores de ese ciclo – toreros y ganaderos – para ofrecer a la afición un verdadero cartel de tronío y de esa manera recaudar fondos bastantes para una causa noble.

Hoy se ha tergiversado en mucho el sentido de ese festejo que en su día fue extraordinario en el sentido estricto del término. Se le anuncia junto con la Feria, con el cartel ya constituido y sin esperar a que, seguro azar del toreo – Alameda dixit – una sorpresa pudiera proporcionar a algún integrante de esa combinación que pudiera generar interés en la afición. Esa práctica le ha quitado interés y sentido a una corrida tradicional.

La Beneficencia de hace 50 años

El doctor Carlos González – Bueno, presidente de la Diputación de Madrid en esa época, anunció casi al cierre de la Feria de San Isidro de 1971, que la corrida de Beneficencia se daría el jueves 3 de junio de ese año y que el cartel lo integrarían un encierro de don Felipe Bartolomé para ser lidiado por Antonio Bienvenida, Andrés Vázquez y Curro Rivera, uno de los diestros mexicanos que habían cautivado a la afición española esa campaña.

Los tres toreros anunciados habían tenido actuaciones importantes durante el ciclo isidril a punto de concluir y con su presencia en el festejo benéfico se aseguraba el lleno en la plaza. El encierro santacolomeño de Felipe Bartolomé, por su parte, en aquellos días era considerado de los de garantía y en esas condiciones el cartel podría considerarse como redondo.

Pero los imponderables son activos fijos de esta fiesta. El 30 de mayo, en la 17ª corrida de San Isidro, un toro Aguilucho de Alonso Moreno de la Cova hirió a Andrés Vázquez y por ello Antonio Bienvenida, con quien toreaba mano a mano, tuvo que quedarse con el resto de la corrida. La cornada, en la zona axilar y con contusión en el pecho, mandó al torero de Villalpando al dique seco por cuando menos quince días.

En el ejemplar de El Ruedo del 1º de junio de 1971, donde se da cuenta del percance de Andrés Vázquez, también se da cuenta de esta información:

A mediodía del lunes, don Leopoldo Matos nos informó gentilmente de que en la imposibilidad de que toree Andrés Vázquez, que mejora de su grave cornada el cartel de la prestigiosa corrida de Beneficencia queda en un mano a mano entre la gloriosa veteranía de Antonio Bienvenida y la prometedora juventud de Currito Rivera. Con ello se recoge el sentir de la afición madrileña… Un cartel de contrastes. Experiencia contra ilusión. Veteranía contra aspiraciones. Cartel hispano – americano...

Así pues, el festejo quedó en un interesante mano a mano entre Antonio Bienvenida y Curro Rivera con los toros de Felipe Bartolomé.

Los toros que se lidiaron

El hombre propone, Dios dispone y llega el toro y todo lo descompone…, dice un adagio de esta fiesta. La corrida de Felipe Bartolomé condicionó en mucho el hacer de los toreros esa tarde. Esa ganadería había lidiado un buen encierro el 29 de mayo y eso fue quizás lo que animó a los organizadores de la Beneficencia a pedir otro para su corrida. En El Ruedo del 8 de junio de 1971, se analiza en estos términos:

Sea ello la culpa por el buen sabor de boca dejado por el juego, presencia y trapío de los toros lidiados el sábado 29, en plena isidrada, lo cierto es que los toros salidos en la clasicísima corrida de Beneficencia defraudaron a propios y a extraños.

Suponemos que todos han dado la edad en el reconocimiento “post mortem”. Suponemos que la mejor fe y la mayor entrega informó a los funcionarios de la Diputación Provincial que comprometieron la corrida de toros. Pero lo cierto es que, tras sucesivas salidas, salvo el tercero y el sexto, tuvieron poco de toros. Trapío justo para convencer al frío Reglamento; caras jóvenes y comportamiento – esto no es achacable a nadie – irregular.

Si a la muleta llegaron más que dóciles, bobalicones, los diestros no les concedieron el margen de confianza por el incierto comportamiento en otros tercios.

£l sexto fue protestado y devuelto a los corrales y el sustituto, sexto bis, de salida, saltó al callejón y proporcionó un susto mayúsculo y algunas contusiones a los espectadores de barrera y callejón.

El triunfo de Curro Rivera

En esas condiciones, Curro Rivera logró abrir la Puerta de Madrid por primera vez en su historia personal esa tarde, cortando una oreja al primero de su lote Grajador, número 7 con 492 kilos y otra al sexto – bis, Niño, con 577 kilos de peso. La tarde fue pasada por agua, con los paraguas como telón de fondo en los tendidos, pero con la afición aguantando a pie firme en ellos. Así vio Julio de Urrutia, en su tribuna del diario Madrid su faena al segundo de la tarde:

Era natural que, a esta falta de pulso de la corrida, impuesta ante unos toros terciados, con casta, pero de escasa fuerza, por el veteranísimo Antonio, no pudiera replicar como era de desear el voluntarioso Rivera, que bastante hizo con sacar partido del segundo Bartolomé de la tarde, caído lastimosamente en los medios tras tomar las varas reglamentarias, pero que aceptó por la izquierda tres buenas series de naturales de la muleta del mexicano. El escaso poder del toro no estaba para más y Curro lo mandó al desolladero de una casi entera, algo tendidilla, que hizo rodar al cornúpeta. Rivera cortó la oreja...

Ante el sexto – bis, Niño, Curro Rivera cortó la segunda oreja que le permitió abrir la Puerta Grande de Las Ventas. La impresión que le causó a Andrés Travesí, quien hizo la crónica para el ABC madrileño en esa oportunidad, fue la siguiente:

En el sexto, que era el sustituto, llovía. Con paraguas la gente permanecía en el tendido. El toro tenía buenas defensas. Rivera se creció y se olvidó del gris, y de la lluvia, y de la hora... No fue su faena variada. Pero consiguió algunos pases excelentes con la derecha y con la izquierda, y sus desplantes, sus adornos, tuvieron gracia y belleza. También cortó una oreja y fue despedido con aplausos, negados en ese momento a Bienvenida. Eran las ocho y llovía. La tarde seguía en gris...

Algunas otras curiosidades de este festejo

El ejemplar de El Ruedo aparecido el 8 de junio de 1971, señala que el brindis preceptivo que hizo Curro Rivera a Francisco Franco, Jefe del Estado Español por esas fechas, que presidía el festejo, fue de la siguiente guisa:

Por su bienestar y el de España entera. ¡Arriba España y Arriba México!

Y, por otra parte, el sexto – bis, Niño, al que Curro Rivera le cortó la segunda oreja de su cuenta personal, saltó las tablas por el rumbo del tendido 8 y casi llegó a las graderías, lesionando a varias personas en el callejón y en la primera fila de barreras. El parte facultativo publicado en el ABC madrileño fue el siguiente:

Fueron asistidos por el doctor García de la Torre el banderillero Rafael Martín Velasco «Rubichi», de fractura abierta del antebrazo derecho, contusiones y erosiones múltiples, de pronóstico grave (pasó al Sanatorio de Toreros); el diplomático americano Luis María Chefardet Urbina, de una herida leve en la región frontal, de pronóstico leve; el ganadero don Juan Martín (Carreros), de herida en la cara y labio superior, de pronóstico leve y don Manuel García González, de una herida incisa en la región superciliar derecha, contusiones y erosiones múltiples, de pronóstico leve, salvo complicaciones...

El lunes siguiente, Antonio García – Ramos, abogado, aficionado y bibliófilo, en la Hoja del Lunes, escribía un interesante artículo recordando que fue José Daza, en el siglo XVIII, el que propuso y diseñó el cable tensado que se coloca en muchas de las plazas de toros en la contrabarrera como mecanismo de protección, precisamente para evitar que los toros que saltan alcancen las localidades ocupadas por los aficionados.

Aviso Parroquial: Diría alguien que conozco: tarde pero sin sueño... Hace unos días de la fecha de la efeméride, pero aquí está el recuerdo de una de las últimas grandes hazañas de una figura del toreo de México en la principal plaza de toros del mundo.

Aldeanos