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domingo, 11 de octubre de 2026

11 de octubre de 1928: Edmundo Maldonado El Tato recibe la alternativa en Madrid

Edmundo Maldonado El Tato nació en la Ciudad de México, exactamente en Azcapotzalco, el 15 de marzo de 1906. Durante su infancia, su familia se trasladó al entonces pueblo de Tacuba y allí fue donde se desarrolló como persona y dónde se hizo torero. Don Heriberto Lanfranchi le registra una primera actuación vestido de luces, precisamente en la plaza De la Rosa, de esa localidad, el 12 de noviembre de 1925, misma de la que en lo personal, en los medios de prensa a mi alcance, no encontré referencia alguna.

Su primera actuación en el Toreo de la Condesa se produjo el 23 de mayo de 1926, alternando con Manuel Gómez Blanco Yucateco y el onubense Jesús Trinidad Litri en la lidia de novillos de Zotoluca. El cronista de El Universal Taurino que firmó como Verdugones, refiere entre otras cuestiones acerca de la actuación de El Tato, lo siguiente:

Me refiero a Edmundo Maldonado “Tato”, mozalbete acido en Azcapotzalco, criado en el pueblo de Tacuba, donde aún se llevan a la práctica los juicios salomónicos y aclamado hoy en la plaza “El Toreo” ... Maldonado, que es un recién nacido en esto de los toros, pues hoy se ha puesto por primera vez un traje de luces que por cierto era de “Chicuelo” ... “Tato” promete llegar muy arriba. Yo no he querido detallar su labor, prefiriendo dar una impresión fría, desapasionada, serena, de lo que hizo en esta su primera novillada formal. ¡Qué siga por buen camino, y que Dios lo cuide! …

El Tato salió en hombros de El Toreo y de la crónica de Verdugones se puede extraer que, para ese cronista, esa era la primera novillada que toreaba vestido de luces, agregando yo, que en otro pasaje, señalaba, que el vestido que llevaba, perteneció en su día a Chicuelo.

Años después, Rafael Solana Verduguillo, al relatar la historia de Tres Décadas de Toreo en México, hace las siguientes reflexiones sobre ese momento histórico de la novillería mexicana:

La temporada de novilladas del año de 1927 estuvo llena de promesas. Nunca, antes de entonces, habían contado los empresarios de las llamadas temporadas “chicas” con una lista tan larga de toreros que interesaran a tal grado... Bautista Villaseca, contratista en carnes, radicado en el pueblo de Tacuba, tenía también un muchacho a quien ayudaba, y despuntaba como un artista muy fino: Edmundo Maldonado “Tato” ... Todos los nuevos espadas que presentaban a los señores Morín y Villalobos triunfaban la tarde misma de su debut. A la lista de victoriosos que formaban “El Tato”, Paco Gorráez, Heriberto García, Jorge Álvarez, Jesús Solórzano, “Armillita Chico”, etc., bien pronto se agregaron dos nombres más: los de Alberto Balderas y José Muñoz...

Si bien la cita se refiere a la temporada siguiente, es importante destacar un detalle. En la plaza de Tacuba ya entrenaba y enseñaba el toreo Samuel Solís. Aunque Verduguillo señala que a El Tato lo ayudaba el señor Villaseca, su apoyo era más en los despachos que en la transmisión de la técnica del toreo. No encontré referencia escrita de que haya sido discípulo de Samuel Solís en el aprendizaje del oficio del toreo, pero si lo aprendió en la plaza de toros que en su día estuvo ubicada en las inmediaciones de lo que actualmente es la confluencia de las avenidas Marina Nacional y Mariano Escobedo en la capital mexicana, es altamente probable que el discípulo de Ojitos haya sido al menos, su primer mentor.

Creo, para concluir con este apartado, que la temporada novilleril mexicana de 1927 tuvo un solo nombre, el de Fermín Espinosa Armillita Chico y los demás que sacaron la cabeza ese ciclo, tuvieron que esperar su momento para encontrar su sitio en la historia.

A España en 1928

El Tato se marchó a España en el año de 1928 con el propósito de torear novilladas allá y buscar una alternativa con fuerza, que le proyectara a hacer una carrera más o menos larga como matador de toros. Logra presentarse en la plaza de Tetuán de las Victorias, a las puertas de Madrid el 13 de mayo de ese año, alternando con Pedro Morales Sanluqueño y Miguel Olza Vaquerín, en la lidia de novillos de Leopoldo Abente. Después de torear tres tardes consecutivas allí en Tetuán, recorre la geografía hispana actuando en plazas de primer orden como Zaragoza, Valencia, Barcelona y se presenta en Madrid el 15 de agosto de 1928, para lidiar novillos de Gabriel González en unión de Fermín Esteban, Sacristán Fuentes y Francisco Gómez Aldeano. Esta fue la impresión que causó por esos andares, según la pluma de Marcelo, cronista del diario madrileño La Voz:

Rodolfo Gaona, el torero de Méjico que se abrió paso en una época de grandes figuras y que ocupó un puesto de vanguardia por derecho de conquista, fue el precursor de la invasión coletuda de la patria de Moctezuma. Nada podemos ni debemos objetar por el intercambio de artistas, ya que los españoles tienen de par en par abiertas las plazas mejicanas, como las tuvieron siempre, y si gozamos de este régimen de cortesía allí, justo es que aquí sean objeto de recepción afectuosa los diestros del otro lado del mar que saben torear y quieren dar acabadas pruebas de su gentileza... El último, por ahora, es Edmundo Maldonado, y aunque parezca por el nombre que es diputado o candidato, al menos, por el distrito de Guanajuato, nosotros nos atrevemos a decir que es torero, y torero de buen estilo, valiente y enterado. Hábil con el capote, maneja bien la muleta y castiga y manda. Con el acero entra decidido y sabe jugar muy bien la izquierda, pasa salirse de la reunión con soltura, sin tropiezos ni embarullamiento... ¡Ah!, se apoda nada menos que Tato, y como no es el primero que usa el remoquete que llevó el yerno de Curro Cúchares, esperamos de él, de Edmundo Maldonado, que no lo profane, como aquellos lo hicieron en sus incursiones por el campo de la Historia...

Así de buena fue la impresión dejada por El Tato en su andar en las filas de la novillería durante la temporada de novilladas del año 1928 en las plazas españolas. Por esa razón no sería sorprendente que recibiera la alternativa al cierre del calendario en una plaza de importancia.

La Corrida de la Prensa de 1928

De acuerdo con las diversas crónicas del festejo, la celebración del tradicional festejo a beneficio de la Asociación de la Prensa madrileña, pasó por diversas vicisitudes que difirieron su celebración hasta el 11 de octubre de ese calendario. Cuenta Rafael Hernández y Ramírez de Alda Rafael en La Libertad:

Después de varias suspensiones, de confeccionar diversos carteles, de vencer dificultades sin cuento, pudo celebrarse ayer la tradicional corrida de la Prensa, en la que Fortuna, Valencia II, Villalta y el nuevo doctor Tato de Méjico se disputaban el premio de la oreja de oro que anualmente concede nuestra Asociación. Se llenó la plaza; el otoño nos obsequió con uno de sus días más bellos, y la fiesta tuvo la virtud de agradarle al público...

De lo transcrito, se desprende el cartel de toreros, que se las verían con cuatro toros de Manuel Martín Alonso, antes del Duque de Veragua, de Madrid y otros cuatro de Manuel García, antes de Aleas, de Colmenar Viejo. 

Aparte de la Oreja de Oro en disputa, que fue la última de su naturaleza que se puso en juego en una corrida de esta naturaleza, en los carteles anunciadores del festejo se hizo saber que tras del paseíllo, se entregaría a Diego Mazquiarán Fortuna, la Cruz de Beneficencia en reconocimiento a su hazaña del 23 de enero anterior, en la avenida Conde de Peñalver, donde estoqueó un toro desmandado, para evitar que causara una desgracia.

Y una vez que partieron plaza Fortuna, vestido de violeta y oro; Valencia II, de blanco y oro; Nicanor Villalta, con terno malva y oro; y, El Tato, con vestido grana y oro, y celebrada la entrega de la presea anunciada al primer espada, salió el primero de la tarde, llamado Rosquillero, de Martín Alonso, toro colorado con el que Edmundo Maldonado El Tato, se convertiría en matador de toros. Escribió Federico M. Alcázar, para el diario El Imparcial:

Empieza el festejo. La Plaza se va llenando poco a poco, y cuando sale el primer toro, de Veragua, quedan unos pequeños claros en la sombra... Tato de Méjico, que toma la alternativa, empujado por el triunfo que consiguió en esta Plaza la última novillada quo toreó, da unos lances, en dos tiempos, con suavidad y templo de buen torero. Los aplausos se repiten en el primer quite, y se hacen extensivos a Fortuna al echarse el capote a la espalda y rematar tocando el testuz... Ceremonia de alternativa. Fortuna arma matador de toros a Tato de Méjico. Felicitaciones de rigor… El de Veragua llega a la muleta agotado, pero docilón, y el nuevo doctor empieza con dos muletazos por bajo, y luego torea en redondo y de pecho, parado, suave y artista. Se rompe el aplauso, y continúa la faena, dando algunos pases de admirable factura. Arranca derecho y coloca una corta arriba. Dobla el toro y se aplaude al flamante matador...

Mejor estuvo ante el octavo de la corrida, lidiado ya con el auxilio de la luz eléctrica, según cuenta Maximiliano Clavo Corinto y Oro para el diario La Voz:

La pelea que hace “Señorito” es de manso sin atenuantes. No nos ha salido uno bravo de verdad… Conste también este detalle. Huyendo de todo cuanto ve moverse en la plaza y buscando la barrera a todo trapo se consigue hacerle tropezar con los jacos de tanda, y con tal mal estilo pelea con ellos que no hay caperuza porque hay hombres de buena voluntad... La noche se nos echa encima en el primer tercio y el alumbrado eléctrico se hace para acabar la corrida... Final: Tato de Méjico hace ahora los verdaderos honores a su doctorado y al cartel que me dicen tiene en Madrid. La faena que hace el mejicano al colmenareño es de artista brillante. Sobre la mano derecha da una serie de parones con absoluta rigidez, llevando al bicho clavado en los vuelos de la franela con extraordinario temple. El público se entrega al Tato en una ovación grande y en un olé general y entusiasta. Falta a la bonita faena, sin embargo, un digno remate. Tato da un pinchazo sin bajar lo suficiente la mano izquierda, media estocada ida, otro pinchazo, y la cosa se hace pesada al final. Con un descabello al primer golpe termina la corrida de la Oreja de Oro, en la que me parece que el diestro Fortuna va a salir doblemente condecorado...

Como podemos apreciar, sin haber triunfado con rotundidad, El Tato justificó su inclusión en un cartel de tan grande tradición y también el hecho de que se le haya investido matador de toros en la plaza de toros más importante del mundo.

La alternativa de El Tato fue la tercera de un torero mexicano en la plaza de la Carretera de Aragón, después de las de Ponciano Díaz celebrada el 17 de octubre de 1887 y de Refulgente Álvarez, del 17 de julio de 1927. También fue la última de un paisano nuestro en ese redondel, porque el siguiente mexicano que se doctoró en Madrid, ya lo hizo en la plaza de Las Ventas.

El Tato se presentaría como matador de toros en El Toreo de la Condesa el 20 de octubre de 1929 y se marcharía a torear a Colombia en 1934, país en el que estableció su residencia, falleciendo en su capital, Bogotá, el 29 de mayo de 1964.

domingo, 15 de agosto de 2021

15 de agosto de 1926: Se presenta la ganadería de Matancillas en El Toreo de la Condesa

La historia de La Punta y Matancillas es un poco el reflejo el de la vida de quienes fueron sus fundadores y por muchos años sus propietarios, don Francisco y don José C. Madrazo. La primera, el hierro titular de la casa, el que vino a pasar a la historia como uno de los fundacionales de la actual cabaña brava mexicana y el segundo, en un plano más recatado, como una derivación de gran categoría que vino a ser el que regó en muchas otras ganaderías nacionales la sangre de Parladé, porque es una verdad sabida, que los señores Madrazo nunca cedieron por ningún título, vacas con el hierro de La Punta con fines de reproducción.

Sin embargo, la finca de Matancillas, contigua a la de La Punta, sería el lugar en donde ésta última fraguaría su grandeza. Don Francisco Madrazo Solórzano, en su obra El Color de la Divisa, narra lo siguiente:

La historia de nuestra casa... principió en un tentadero realizado en la finca de Matancillas, en el potrero de las Cacalotas, en una plaza construida de piedra sobre unas viejas tapias de calicanto. 

Era el mes de noviembre de 1921, y se celebraba una tienta de las vacas primitivas. Mi padre invitó a su gran amigo, Juan Belmonte García – que por entonces hacía su segunda campaña en cosos mexicanos – a torear unas terneras.

El trianero permaneció durante toda la faena sentado en los tejadillos de la plaza. No bajó ni una sola vez a darle un capotazo a las vacas, que toreaban – como podían – amigos íntimos de la casa: Tono Algara, Luis Vidrio y Pepe Cobián, auxiliados por el matador hidrocálido Rodolfo Rodarte.

Al terminar el tentadero, durante la comida de cordero al pastor, servido a pleno campo, Juan le dijo a mi padre: “Mire Paco, si usted es ganadero sólo por divertirse, lo que tiene está bien. Pero si usted quiere ser de verdad un criador de toros bravos y competir con los de su país sin desdoro, mate todo lo que hoy tiene. Venga a España, que yo con mucho gusto sabré aconsejarle en lo que compre, para que, con eso, y al cabo de un largo tiempo, pueda usted enorgullecerse de La Punta. Yo conozco, y soy muy buen amigo de varios ganaderos de lo mejor, que estarán dispuestos a venderle una punta de vacas escogidas y toros padres seleccionados por tienta y reata, de lo más selecto de sus piaras. Piénselo bien, y cuando usted lo decida, avíseme. Estaré, como siempre, dispuesto a servirle lo mejor que me sea posible...

Y es que, en esos años, la actual finca de La Punta no existía, pues se empezó a construir hasta 1927 y entonces las pruebas del ganado de lidia, originario primero de San Nicolás Peralta con toros padres de Parladé y Saltillo y después, procedente de San Mateo, se hacían precisamente en Matancillas, en la plaza levantada allí a ese efecto. Pocos años después, Matancillas iniciaría su andadura con nombre propio por los ruedos de México.

La 14ª novillada de la temporada 1926

El día de la Asunción de 1926 se celebraría la 14ª novillada del ciclo correspondiente a ese calendario. Se anunció la presentación de la ganadería de Matancillas – como fracción de La Punta – con un encierro para Julián Rodarte, Edmundo Maldonado Tato y la revelación Fermín Espinosa Armillita Chico. La publicidad anunciadora del festejo en el semanario Toros y Deportes, señalaba que la sangre de la ganadería era cruza española de Parladé, cuestión que luego veremos, resulta algo inexacta.

Los toros de La Punta, después de la importación de la simiente parladeña, se distinguieron, la mayor parte de su tiempo, por ser negros. Esa uniformidad en su capa produjo en don Francisco Madrazo Solórzano, una cierta fascinación por los toros de pintas diversas – raras, les llama él – y en su ya citada obra, hace este apuntamiento:

En los viejos libros de la casa vienen las fichas de dos novillos jaboneros. “Garrapato”, Nº 44 y “Palomito”, Nº 49, ambos hijos del toro de Parladé, con vacas de San Nicolás Peralta. El primero de ellos, lidiado por Fermín Espinosa “Armillita”, – novillero – en El Toreo de la Condesa, el 15 de agosto de 1926; y el segundo, regalado por mi padre a su gran amigo y aficionado práctico, don Luis Vidrio… El lote primitivo se mandó matar íntegro, y no volvimos a tener “pintas raras” en La Punta...

Es decir, el encierro de la presentación de Matancillas en El Toreo no era de origen Parladé puro, don Paco menciona al novillo jabonero número 44 y más adelante veremos que Verduguillo hará referencia a otro colorado ojo de perdiz, también del lote de Armillita. Y tiene su lógica, apenas hacía poco más de un año que el ganado adquirido por medio de Juan Belmonte, de Campos Varela, había llegado a La Punta, por lo que era materialmente imposible que estuviera en posibilidad de lidiar, aunque fuera una novillada de ese origen en tan breve tiempo.

El triunfo de Armillita

Rafael Solana Verduguillo, tituló su crónica publicada en su tribuna del Toros y Deportes salido a los puestos el día 17 siguiente: Triunfó Fermín el Sabio. Lo grande ese día, lo realizó ante el segundo de la tarde, del que relata:

Voy a ocuparme en primer lugar de la labor de Espinosa, porque fue el amo de la situación esta tarde. En segundo lugar, apareció un becerrote crecidito, castaño, ojo de perdiz, y con dos buenos pitones… el coahuilense logró quedarse con el animalito, y soltó una, dos, tres, cuatro verónicas estupendas, conservando los pies quietos y juntos, mandando únicamente con los brazos y pasándose por la barriga hasta el último pelo de la cola. Nos pusimos de pie, y ovacionamos esos cuatro lances maravillosos; vinieron después dos verónicas más, solamente buenas, luego un farol regular, y un recorte ceñido y vistoso…

“Armillita” encontró a su primer enemigo barbeando las tablas y con pocas ganas de pelea. Buscó al de “Matancillas” en el terreno que éste eligió; allí le dio un muletazo por alto, dos ayudados por bajo, obligando y consintiendo mucho para que el morito no se marchara. Un ayudado por bajo más, y el de costado con la derecha, aprovechando el viaje. Esto causa alboroto en las galerías, y, naturalmente, la escena se repite; sólo que esta vez el toro se va con la música a otra parte. Ya lo esperábamos.

En la zona de toriles, se desarrolla ahora la escena. “Armillita” que conoce las querencias muy bien y por eso digo que sabe mucho de estas cosas, se mete en el terreno enemigo; ahí pesan los toros. Dos ayudados por bajo, y después un natural con la zurda, corriendo muy bien la mano, otro igual, pasándose los pitones horrorosamente cerca, y el tercero nos pone los pelos de punta porque vemos como el maestrito ha tirado del toro, y se lo ha pasado por delante con la velocidad de un galápago. Así.

El toro sigue peleando en su querencia, y el torero sigue metido en ese peligroso terreno, porque sabe que ahí es donde las dan y las toman. Otra serie de tres naturales, soberbios, torerísimos. La cuadratura se logra, Fermín entra derecho, y sepulta la mitad del estoque en el mismo hoyo de las agujas; segundos después, el toro cae sin puntilla.

La concurrencia se pone de pie y aclama al maestro; y aparecen los albos pañuelos pidiendo la oreja, que el regidor Rochín concede. Nueva ovación y petición de la otra oreja. Y otra ovación más, y ahora es el rabo lo que exige la afición para el torero triunfador. Dos vueltas al ruedo, salida a los medios. ¡El delirio! ¡Bravo “Armillita”!

El devenir de Matancillas

Los hermanos Madrazo comenzaron a lidiar los productos del ganado de origen Parladé que importaron a partir del año de 1927, cuando se obtiene el cartel para la ganadería de La Punta tras de lidiar una corrida completa en El Toreo de la Condesa, el 23 de enero, para Chicuelo, Emilio Méndez y Marcial Lalanda. 

Matancillas dejaría de ser fracción de La Punta en 1942. Tendría ya su propio hierro y divisa. Cuenta doña María Luisa Solórzano:

Los hermanos Madrazo escogieron la divisa color oro, gris y rojo, y el hierro es como una flor de lis con círculo. Cuando formaron la ganadería de Matancillas, en 1942, escogieron el mismo hierro, pero sin el círculo, y los colores verde y negro para la divisa…

Y así, Matancillas, ya con hierro y divisa propios, la ganadería predilecta de Conchita Cintrón – en 1939, mató con Jesús Solórzano y Alberto Balderas, la camada completa – presentó su primera corrida de toros en El Toreo de la Condesa el 10 de enero de 1943, para el nombrado Rey del Temple, Lorenzo Garza y Carlos Arruza.

Mucho se afirmó que en Matancillas se dejaban las vacas que no superaban los exigentes criterios de selección de don Francisco y don José C. Madrazo, pero que tampoco merecían ser desechadas. Yo agregaría que quizás también iban allí aquellas que, habiendo superado la prueba, no eran absolutamente negras, al igual que los machos que tentados con el caballo, superaban la prueba, pero no la de la negrura o que allí se ensayaban cruces entre familias antes de establecerlos en La Punta.

Nombres ilustres de toros de Matancillas son entre otros Cirilo, aquel toro con el que el Faraón Silverio dijera más de una vez, que hizo la mejor faena de su vida; Mañico, el novillo que fue cima y sima para Rafael Osorno; Tepiqueño, un novillo que encumbró a Finito en Guadalajara, o Solimán, otro novillo que nos mostró los espléndidos alcances de Jesús Solórzano aquí en Aguascalientes.

Aproximadamente en 1958 los caminos de La Punta y Matancillas comenzaron a separarse. Esta última quedó en la titularidad exclusiva de don José C. Madrazo, quien la conservó hasta el año de 1967 y al salir de la familia de sus fundadores, varió su base genética. Sin embargo, durante noventa y cinco años ya, su nombre ha estado presente en las principales plazas y ferias de México y de la América taurina durante una buena parte de ese casi ya un siglo.

domingo, 17 de julio de 2011

En el centenario de Armillita VII

18 de julio de 1926: Fermín Espinosa se presenta como novillero en El Toreo de la Ciudad de México

Alegoría publicitaria de Armillita
relativa a su primera campaña novilleril
En una entrada anterior de esta serie de recuerdos, precisamente en la que dediqué al centenario del natalicio del Maestro, transcribía un breve recorte de unos apuntes autobiográficos que inició unos meses antes de su muerte y que alcanzan desde su nacimiento y hasta los días previos a su alternativa española recibida en la Plaza Monumental de Barcelona. En esas notas, Armillita deja bien clara su disposición para el toreo desde su más tierna infancia pues es a los tres años de edad que prácticamente gana sus primeros dineros del toro.

Lo anterior viene a cuento porque cuando se propaló que debutaría como novillero en El Toreo de la Condesa, habiendo toreado su última becerrada apenas el 21 de marzo de 1926, no faltaron en ese tiempo los oficiosos defensores del menor, que hasta cierto punto se escandalizaron porque un chico de apenas 15 años de edad se enfrentaría a novillos hechos y alternando en algunos casos con novilleros que le superaban en edad por bastantes años. Mariano Alberto Rodríguez, paisano del torero, compadre y biógrafo suyo, narra este episodio de su vida de la siguiente forma:

Hasta mediados de mayo de 1926 Fermín siguió toreando becerradas, novillitos de poca presencia y fuerza. La temporada de novilladas de aquél año en la plaza El Toreo fue organizada por el viejo taurino don José del Rivero en sociedad con don Romualdo Guzmán... La temporada chica se inició el 9 de mayo con poco lucimiento y se fue dando bandazos porque los noveles no daban una, la afición se retraía y había muy pobres entradas. Para el 30 de aquél mes la empresa recurrió a corridas mixtas, matadores de segunda y novilleros para seguir adelante... El 11 de julio se presentó José González, “Carnicerito”, el León de Tepatitlán. Torero tremendista, con poca idea de la lidia. Sus triunfos fueron siempre a base de redaños... En la revista taurina “Universal Taurino” del día 13 de junio apareció, junto con el anuncio de que “Armillita” debutaría como novillero el día 18, un artículo en el que se hacían consideraciones sobre el crimen que se cometía con Fermín, quien sólo contaba con 15 años de edad, y se enfrentaría a novillos cuajados y puntales. Conminaban a don Fermín y a las gentes que habían movido al niño a que esperaran un año más para que se diera aquél paso en su carrera… El domingo 18 de julio el cartel lo formaron Edmundo Maldonado “El Tato”, Julián Pastor y “Armillita” con novillos de San Mateo. El niño sabio de Saltillo, como un hiperbólico cronista bautizó a Fermín demostró desde el primer momento, con el novillo toro, puntal y con fuerza, que tenía recursos para lidiar y matar lo que le saliera desde los chiqueros… La peonería y sus compañeros en el cartel, gente mayor y de más experiencia estuvieron aquella tarde de su presentación listos para ayudar al crío cuando se enfrentó a su primer enemigo. Enseguida se dieron cuenta de que podía sin auxilio desenvolverse solo, que no necesitaba que lo cuidaran, que podía andar solo por el mundo. Dio la sensación de ser un diestro cuajado. Hizo dos trasteos muy lucidos y fue largamente ovacionado…

Como se puede ver, las dudas de quienes cuestionaban la capacidad torera del debutante se vieron superadas por lo sucedido en el ruedo. En los parámetros actuales, no se trató de una tarde triunfal, en la que se cortaran trofeos a carretadas, más se vio por la afición a un aspirante a torero con posibilidades serias de serlo y eso, desde mi óptica, la mayor parte de las veces, vale más que muchas orejas cortadas al socaire de la emoción de un momento o del ejercicio indebido de Jueces de Plaza o Presidentes manirrotos.

Rafael Solana, Verduguillo – en ese tiempo corresponsable de la publicación de El Universal Taurino y en cierta manera protector del joven prospecto – relata de la siguiente manera el suceso que hoy intento conmemorar:

En la quinta novillada, el tuxpeño “Pepete”, Carralafuente y “Carnicerito” lidiaron novillos de Malpaso, y en la sexta se presentó Fermín Espinosa “Armillita” con novillos de San Mateo, propiedad de los señores don Antonio y don Julián Llaguno. Fue el primer lleno de la temporada; los billetes de sol se agotaron desde el sábado, y en sombra el graderío se cubrió casi totalmente, pues apenas si quedaron unos pequeños claros en la parte superior del tendido. A nadie sorprendió el entradón: las reses de San Mateo arrastraban ya una enorme cantidad de público; la combinación de matadores no dejaba que desear. Acompañaron a “Armillita Chico”, Edmundo Maldonado “Tato” y Heriberto García; los tres espadas gozaban de gran cartel, y en esa época los tres por igual se disputaban con los mismos merecimientos el honor de ocupar el sitio que había dejado vacante Gaona dos años antes… De los tres, solamente llegó uno. “Armillita”; Heriberto no se quedó muy atrás pues años después ya era figura y actuaba en carteles de tronío. Una cornada al entrar a matar después de inolvidable faena, lo quitó de enmedio. Esto fue en la plaza de Madrid. En cuanto al “Tato”, se hundió sin que nadie sepa por qué… La actuación de Fermincito sorprendió a los aficionados y muy especialmente a los críticos; era el caso de una extraordinaria intuición taurina. “Sabe más de lo que le han enseñado”, dijo don Carlos Quirós “Monosabio”, mientras “Don Verdades” afirmaba en Excélsior: “Yo nunca he visto un torero que a esa edad haga lo que este niño hace”. Mi comentario inicial fue: “Este niño nació torero, lo mismo que Mozart nació músico”... Acababa Fermincito de cumplir los 16 años, pues nació en la ciudad de Saltillo el 3 de mayo de 1911. Su padre, el viejo Fermín, torero muy bueno y muy conocedor de la profesión, tenía centrada en el chico toda su esperanza...

Poco deja la versión de Verduguillo para el comentario. Lo escrito por él algunos años después contiene un sucinto pero completo resumen de lo que representaba en ese momento la llegada de Armillita a la fiesta y de lo que implicaba su proceder delante de los toros. Indudablemente que por su falta de profundidad, deja de lado el comentario del artículo proteccionista al que alude el autor citado antes y al que albergó el semanario que él co – dirigía.

El mismo Armillita escribió lo que su debut en el escalafón novilleril le representó. En las notas autobiográficas que entregó al nombrado Mariano Alberto Rodríguez, el Maestro refiere lo siguiente:

El 18 de julio de 1926 hice mi debut como novillero en la Plaza de El Toreo alternando con Edmundo Maldonado “El Tato” y Julián Pastor, con novillos de San Mateo. El salto del becerrote al novillo me impresionó, pero no me asusté. Seguí los mismos procedimientos que usaba con el becerrote. Sí noté que el novillo siendo de casta era más fácil torearlo bien. Les veía las puntas de los cuernos, sentía que eran mucho más fuertes, que podían dañarme, pero gracias a Dios casi nada pasó. Sobre todo mi primer novillo me parecía por lo menos ya un toro con 500 kilos. Tuve una buena tarde pero sin hacer nada sobresaliente pues solo di una vuelta al ruedo en mi primero. Con todo y esto yo seguía siendo un chiquillo pues no tuve amigos que me sonsacaran a divertirme por el camino que no conviene, sobre todo cuando uno quiere ser torero, al contrario, mis amistades seguían siendo chicos de mi edad y más chicos todavía, así que mi mayor diversión era jugar a las canicas, al balero y desde luego, los juegos al toro...

Como vemos, aún dedicándose profesionalmente al toreo, la infancia de Armillita no pareció verse afectada. Ya decía al principio que desde su primera infancia sus juegos eran taurinos y después de dar el paso a la novillería, él mismo deja claro que seguía frecuentando a jovencitos de su edad para procurarse las diversiones propias de ella.

Esa es la versión del propio interesado, que en la temporada de su presentación actuó en 9 de las 17 novilladas de las que se integró, ganó la Oreja de Plata que en la misma se disputó y que por esas cuestiones que no alcanzan a veces la comprensión de uno, en la votación popular para la designación del triunfador de la temporada, el que obtuvo la mayor cantidad de sufragios, fue Edmundo Maldonado Tato.

Esta es la manera en la que inició el camino de un torero que escribió en los ruedos algunas de las páginas más importantes de la Historia del Toreo.

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