domingo, 26 de julio de 2026

25 de julio de 1969: Antonio Lomelín se presenta en ruedos de España

1969 fue el año de la guerrilla, la temporada en la que El Cordobés y Palomo Linares se organizaron una temporada paralela para contrarrestar la presión de empresarios como los Chopera, Canorea, Livinio Stuyck, Emilio Miranda y los Dominguín, quienes pretendían contratarlos con honorarios sujetos a un tope predeterminado y firmándoles las fechas en bloque.

Entonces, los dos diestros, que en las dos temporadas anteriores tuvieron entre ellos sus más y sus menos, unieron sus fuerzas, tomaron en arrendamiento muchas plazas de segunda y tercera categoría y se hicieron de una portátil para recorrer toda la geografía española sacando la vuelta a los empresarios que quisieron poner freno a sus pretensiones económicas – principalmente – y taurinas. 

Para ello, contaron con un amplio despliegue publicitario en los distintos medios, con el diario madrileño Pueblo y su director y jefe de información taurina, Emilio Romero a la cabeza, que fue quien bautizó la insurrección como La Guerrilla.

En ese estado de cosas, hubo muchos toros en España ese año de gracia, 625 corridas de toros se dieron y 375 novilladas con picadores. Así, los toreros hispanos tuvieron muchas fechas por cubrir y eso se reflejó en una escasa presencia de los nuestros por aquellas calendas, porque apenas se presentaron en esos ruedos tres matadores de toros: Manolo Martínez, Alfredo Leal y Antonio Lomelín; un rejoneador, Gastón Santos y un novillero, Luis Procuna hijo.

Antonio Lomelín bajo el signo de Arruza

Antonio Lomelín había recibido la alternativa en Irapuato el 20 de noviembre de 1967 y la confirmó en la Plaza México el 18 de febrero siguiente. Fue avanzando en una carrera en la que comenzaba a sacar la cabeza, apoyado en un valor a toda prueba, su facilidad con los palos en el segundo tercio y su impresionante habilidad como estoqueador. Los medios mexicanos comentaron con brevedad que, en mayo de 1969, asistiría a varios festejos de la Feria de San Isidro en Madrid.

La crónica de quien firmó como Claridades – no confundir con Fernando Gillis – en el Diario de Barcelona del día siguiente al del festejo, parece confirmar la especie:

Antonio Lomelín vino a España para ver 1a feria de San Isidro. Le acompaña un hijo de Silverio Pérez, ingeniero agrónomo, que mata el gusanillo de la afición toreando en festivales. Lomelín tomó la alternativa en la plaza de Irapuato (Estado de Guanajuato), el 20 de noviembre de 1967 de manos de Manuel Capetillo. «Haré lo posible – me dice – por cortar las orejas esta tarde»...

Bien arropado llegaba a tierras hispanas el diestro de Acapulco y también contó con la habilidad de quien le llevaba sus asuntos entonces, Manuel del Pozo Rayito, porque de ser un viaje de mera toma de contacto con el ambiente taurino español, terminó por arreglarle una brevísima campaña por aquellas tierras, que terminó por abrirle puertas para la siguiente temporada, que sería de capital importancia para él.

La fecha escogida, el día de Santiago Apóstol, taurinamente en Barcelona, encerraba una efeméride importante. Sigue contando Claridades:

Día de Santiago. Ha transcurrido un cuarto de siglo de la presentación de Arruza en Barcelona. Corría el 1944. El refuerzo de los turistas no contaba para nada. La entrada fue mezquina. Pero el éxito arrollador de Arruza y el triunfo de Mario Cabré fue como un toque que pone en actitud de alerta a una multitud. Cinco días después para ver a Arruza con Domingo Ortega y «El Andaluz» no se encontraba una entrada ni en reventa. A ningún precio... No se me olvidará jamás. Una afición jubilosa, de febril entusiasmo, aupaba a hombros a Arruza y Cabré por la avenida de José Antonio. Al llegar frente al hotel Ritz, detiene sus trémulos pasos la multitud. Arruza y Mario Cabré se abrazan emocionados. Es un símbolo veraz que hermana la gloria taurina de ambos países. Es la más auténtica propaganda, no la estúpida que manejan con incongruente constancia los toreros actuales... Al cuarto de siglo va a debutar en España un compatriota del inolvidable Arruza. Descansa en una habitación del Ritz. Contemplo la calle por el ventanal de se alojamiento. Le digo al torero mejicano: «Sensible el público a las proezas que habían realizado Arruza y Cabré, los fue aclamando con vítores de frenesí hasta el hotel». Lomelín me escucha inmóvil...

Así pues, un cuarto de siglo después de que Carlos Arruza se presentara en la Monumental de Barcelona, otro torero mexicano hacía lo propio en el mismo ruedo. Cuando Antonio Lomelín confirmó en Madrid, Antonio Abad Ojuel comparaba la sorpresa que el Ciclón Mexicano causó el día de su presentación allí, con la que el diestro acapulqueño produjo en la misma situación.

La corrida de su presentación

Para ese jueves de Santiago se anunciaron toros de Pilar Sánchez Cobaleda (1º y 6º); María Sánchez Cobaleda (2º y 4º) y Manuel Sánchez Cobaleda (3º y 5º), procediendo el de rejones, también de este último hierro, todos del encaste Vega – Villar. El cuarto de la corrida fue devuelto a los corrales por haber aparentado estar reparado de la vista, y fue sustituido por uno de María Antonia Fonseca Herrero. El cartel de toreros se integró por el rejoneador mexicano Gastón Santos, y en la lidia ordinaria el chiclanero Adolfo Ávila El Paquiro, Antonio Lomelín y el diestro de Trigueros Pablo Gómez Terrón.

La tarde de Antonio Lomelín fue bien saldada, pues cortó la oreja al primero de su lote y dio la vuelta tras despachar al segundo. Rafael Manzano, corresponsal del semanario El Ruedo de Madrid, relata:

Antonio Lomelín, mejicano, hacía su presentación en España. Ha dejado buena Impresión por sus excelentes maneras. A su primero lo veroniqueó con desahogo. La media del remate, superior. Le correspondió un bicho receloso y reservón; lo enceló con él cuerpo y tiró muy bien de su enemigo, con pases mandones y valerosos. Entró a herir en corto y señaló una entera, que bastó. Le concedieron una oreja. Un bicho con unas velas impresionantes, cornivuelto, fue el quinto. Lo recibió con una larga cambiada, de hinojos. Cogió los palos y dejó más sembrados en la arena que en el morrillo. Brindó al hijo de Silverio Pérez, que estaba en una barrera. La res tenía demasiadas perchas y e1 mejicano se sintió preocupado por las defensas del bicho, que se ceñía por el derecho, pero que tenía cómodo viaje por el izquierdo. Sin embargo, no se afligió y, sobre todo, entró a matar muy bien, señalando media, que bastó. Dio la vuelta al redondel...

Dejó su tarjeta de presentación con la espada, pero no pudo refrendar sus habilidades con las banderillas. Ya tendría tiempo de hacerlo. Por su parte, el ya nombrado Claridades, refiere:

Frente al torero con cosas de «torero antiguo», como le advirtió su tío, la juventud de Lomelín, mejicano esperanzado en cortarles las orejas a los toros. El segundo toro de la corrida tomó un refilonazo y una vara, saliendo suelto. En el tercio de banderillas prende el mejicano tres pares vulgares. Nada calibro de buen banderillero. Al ponerle el toro en suerte el peón Pepe Cano, cae debajo del estribo donde el toro le echa varias cornadas. Pasa por mi mente el drama del pobre Manuel de la Cruz Fuentes Bejarano. Advierto el terror, pero un capote danza portador del milagro de Santiago Apóstol. Segundo interminable. Lomelín con el toro de embestida corta, tardo y quedado, realiza una faena compuesta. Quizá peca, de adelantarle la muleta cada vez con exageración por el pitón contrario. Mata de pinchazo, estocada entera, volcándose, aún sin exceso de apreturas en la suerte. Oreja y vuelta al ruedo… En el toro quinto, de bella estampa y veleta de cornamenta, pidió el cambio con un solo puyazo, prendiéndole dos medios pares con desacierto. Brindó al hijo de Silverio Pérez, y anduvo breve con el toro de corta. embestida. Mató de pinchazo sin soltar y media estocada bien puesta. Vuelta al ruedo…

No hay mucha diferencia de criterios entre las dos relaciones. Quizás era cosa de tomarle el ritmo al toro español, porque en la prensa que pude revisar, no se hace referencia a que Antonio Lomelín haya visitado el campo por aquellas tierras o que haya toreado a puerta cerrada. Cuestiones que se podrían resolver en el tiempo y delante de los toros.

El resto de la campaña de Lomelín

El año de 1969 le redituó a Antonio 8 corridas en ruedos españoles, en plazas como Barcelona, San Sebastián, Almería o Palma de Mallorca. Alternó con toreros de la talla de Julio Aparicio, en su campaña de despedida, Joaquín Bernadó, Paco Camino, El Cordobés, Paquirri o Ángel Teruel, y dejó preparada la temporada de 1970, en la que confirmaría triunfalmente su alternativa en Madrid.

Retales de la prensa de la época

Al ir siguiendo la noticia de la corrida de la presentación de Antonio Lomelín, me encontré con la información de un festejo nocturno “De la Oportunidad”, – celebrado a las 11 de la noche del sábado 26 de julio – en la plaza de Vista Alegre en Carabanchel, Madrid. Alternaron Blas Romero El Platanito, Pepín Garrido, Jesús Lucas El Cañavate, Roberto Piles y Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea, ante novillos salmantinos de Enrique García de la Serna, de origen santacoloma.

Eran los primeros pasos en los ruedos de todos ellos. Terminarían cobrando notoriedad El Platanito, Roberto Piles y El Niño de la Capea por sobre todos, porque se alzaría para ser una figura histórica del toreo. Esa tarde – noche en realidad – es una de esas que tienden a esconderse en la memoria, para dejar el paso a las grandes tardes triunfales. 

domingo, 19 de julio de 2026

19 de julio de 1953: Jaime Bravo se presenta en Madrid

Jaime Bravo era nativo del barrio de Tepito en la capital mexicana y que de conformidad con lo que refiere la enciclopédica obra de Cossío, inició su andar por los ruedos en el año de 1950. Entre los años de 1952 y 1955 desarrolló una destacada carrera como novillero en los ruedos de España, logrando presentarse en sus principales plazas. 

La presentación de Jaime Bravo en Madrid

Su presentación en Madrid se pacta para el 19 de julio de 1953, tarde de domingo en la que compartirá cartel con Juan Bienvenida y con otro debutante, el sevillano José Rodríguez Coriano, para dar cuenta de un encierro de los sucesores de Graciliano Pérez Tabernero.

Del encierro inicialmente anunciado, solamente se lidiaron cuatro de los novillos reseñados, completándose el lote con dos de Juan Belmonte, corridos en quinto y sexto lugar. La impresión que dejaron los cronistas es en el sentido de que el ganado que se jugó, sobre todo el salmantino, más que una novillada, era una verdadera corrida de toros. Escribió Antonio Bellón, en su tribuna del diario madrileño Pueblo:

A esta actual revalorización del toro, la Empresa de Madrid contribuye en vanguardia. Siempre pisaron la arena madrileña reses con trapío y kilos sobrados, y ahora, en las novilladas caniculares, se lidian verdaderas corridas de toros... Ayer eran las reses, los toros, anunciadas de los hijos de Graciliano, y fue remendada la corrida en los corrales con dos bureles, también toros, de Juan Belmonte, lidiados en quinto y sexto lugar. Los de Belmonte fueron mansurrones, y los de Graciliano, para los debutantes Coriano y Bravo, no boyantes...

El comentario de Bellón arranca del hecho de que apenas un año antes, Antonio Bienvenida, hermano del primer espada del festejo que le tocaba relatar, había denunciado el fraude del afeitado. Por ello hablaba de la revalorización del toro en Madrid.

Pero, para nadie es novedoso o secreto, que, en los festejos veraniegos de Las Ventas, el toro - y el novillo también - crecen en proporciones que a veces escapan a cualquier lógica. 

La tarde de Jaime Bravo

El debutante mexicano saldó su tarde en Madrid con una salida al tercio y una vuelta al ruedo. Las distintas crónicas del festejo destacan su valor delante de los toros y su disposición por conectar con los tendidos. Escribió don Luis Uriarte, firmando como El de Tanda, para la Hoja del Lunes madrileña:

El tercer Graciliano fue el mejor de la tarde, y Jaime Bravo, que se había hecho aplaudir en un cambio de rodillas y en las verónicas que a seguido ligó, cogió las banderillas y se las ofreció a Bienvenida. Medio par aquél, uno muy fino Juanito, otro al quiebro el mejicano con un par de las cortas, que se cayeron, y otro bonísimo de poder a poder de su compañero, a quien se aplaudió largamente. La faena de Bravo – con mayúscula – lo fue también de bravo – con minúscula –: ayudados por alto, redondos, una arrucina perfectamente ejecutada, naturales, de pecho, con el aditamento de un par de desplantes de rodillas, justificaron el jaleo aprobatorio de la concurrencia. Con la espada flojeó el mejicano por su defecto de no arquear el brazo al herir. Los tres pinchazos y la estocada corta, sin embargo, no fueron óbice para que se le ovacionara cariñosamente... Y aquí se acabó la paz... con el sexto, de Belmonte, no tan molesto, aunque tampoco cómodo, Bravo derrochó voluntad - y habilidad en los momentos de apuro -, lo despachó de una estocada corta y hasta se permitió el lujo de dar la vuelta al ruedo...

Advierte en su relato la variedad del torero, el valor desplegado, pero también lo que aparenta ser una falta de plan delante de los toros, algo que parece reiterar quien firmó como El Primer Reserva, sustituyendo al titular Giraldillo, para el ABC de Madrid:

Coraje y un poco de todo. – Jaime Bravo, que tiene una buena planta de torero, ha llegado a Madrid cuando todavía no ha aprendido a dar reposo a su toreo. Sabe ya pararse y hacer lentos los giros de su capote, pero el ansia de triunfar le roba la serenidad y hace de sus faenas un embarullado conjunto de todos los lances, todas las escuelas y todos los intentos. A medio viaje del toro, trata de improvisar el lance, en el que no parece haber pensado antes, y sólo su agilidad y su frío valor le libran de la cornada, que el domingo pareció inminente en muchas ocasiones... A su primero, el mejor toro de la tarde, alegre, dócil para el trapo, le dio unas verónicas con mucho sabor y temple. Falló, en cambio, en las banderillas, ya que después de media docena de tanteos sólo consiguió dejar un palo en el morrillo de la res, en tanto que Bienvenida salvaba el tercio, especialmente en un magnífico par de poder a poder. La faena de muleta, mescolanza de ayudados, pases en redondo, una arrucina escalofriante, desplantes y rodillazos, fue aplaudida y no pasó a más, porque Bravo tuvo que ensayar tres veces antes de lograr media estocada suficiente... El que cerraba plaza era de Belmonte y no estaba para demasiadas florituras. El mejicano le dio unos lances de capa lentos y apretados que se aplaudieron, y durante el muleteo, en que lo intentó todo sin cuajar nada, pasó muchos apuros con extraordinaria tranquilidad. Tuvo la suerte de coger una estocada que bastó, y gracias a eso y en premio a su valor y voluntad, dio la vuelta al ruedo, como despidiéndose del gentío que salía apresuradamente...

Sin dejar de reiterar la falta de estructura en su hacer en esa tarde, se deja claro el hecho de su buen hacer con la capa en el primer tercio, y sobre todo, la actitud desplegada buscando el triunfo ante todo, como debiera ser la actitud de cualquier novillero.

Antonio Bellón, citado antes, en su relación para el diario Pueblo, redondea en el sentido siguiente:

El mejicano Jaime Bravo, de cierto aire arrucesco, es torero elegante, fácil, con muchas cualidades que con el tiempo pueden cuajar en un matador de toros si a su labor le pone ligazón. Con el capote lanceó majestuoso y sus quites por gaoneras son impresionantes de quietud y de habilidad para quedarse junto a la oreja del burel... Ofreció los palos en el tercero a Juanito Bienvenida, ovacionado al colgar los zarcillos, y Bravo no tuvo suerte al clavar, más en la preparación y el aguante fue perfecta su labor. Encorajinado, partió un par de banderillas final y con el resto de los garapullos, menos de una cuarta de palitroque, cambió con vista y valor... Una faena con toda clase de pases en su primero le valió ovación y saludo. El vómito de la res quitó entusiasmos, y en el sexto volvió a mostrarse elegante, enterado y habilidoso, para salvar achuchones del toro, abrazándose al animal y quedándose pegado a pala y oreja. Dio la vuelta al ruedo, y en tarde menos tormentosa y sin nervios – naturales ayer, día de su presentación – trabada su sabiduría y facilidad, puede redondear una gran actuación...

Al final de cuentas, Jaime Bravo resolvió su presentación en la principal plaza del mundo, dejando en la crónica y en la afición la intención de volverle a ver por allí. 

El resto de la tarde

Juan Bienvenida buscaba resarcirse de las pérdidas de su anterior actuación en el coso madrileño, donde tuvo una mala tarde y una buena cantidad de asistentes tenían la intención de cobrarle la factura en esta presentación. Pudo salir al tercio tras la lidia de sus dos novillos, aunque sin faltar entre las ovaciones, el desagradable condimento de los pitos de aquellos que nunca parecen estar contentos con nada.

Por su parte, el otro debutante, Coriano, a quien Bellón en su crónica describe como ya maduro de edad, se mostró como un torero valiente, y que a pesar de las volteretas que le dio el primero de su lote, también pudo terminar su tarde con una vuelta al ruedo. 

El devenir de Jaime Bravo

Jaime Bravo volvería a Madrid una media docena de tardes más y en una de ellas sería protagonista de unos hechos que pasarían a la historia del toreo. El 31 de julio de 1955, en la novillada en la que alternó con Rafael Mariscal y Enrique Orive, tras la lidia del cuarto de la tarde, el picador de su cuadrilla, el michoacano Sixto Vázquez, fue llamado a dar la vuelta al ruedo por la extraordinaria forma en la que picó en esa tarde.

Recibiría la alternativa en Palma de Mallorca el 18 de septiembre de ese mismo año del 55, de manos de Victoriano Posada y llevando de testigo a Pepe Ordóñez, siéndole cedido el toro Amapolo de Fernández Zúmel. Esa alternativa la confirmaría en la Plaza México el 12 de febrero de 1956, con el toro Fandanguero de Torrecilla, de manos de Manuel Capetillo y atestiguando el acto Jorge El Ranchero Aguilar.

Ya como matador de toros, Jaime Bravo tendría un gran cartel en las plazas de la frontera norte de México, donde nuestra temporada, durante muchos años, sostenía el verano taurino. También fue uno de los pioneros en la introducción de los festejos taurinos en los Estados Unidos, siendo uno de los toreros que actuaron en una feria que se ofreció en el Astrodome de Houston en los años sesenta, a la que acudieron figuras de la talla de Paco Camino.

México en España en 1953

La temporada española del 53 contó con la presencia de un amplio número de toreros mexicanos. Por los matadores de toros actuaron Luis Briones, Pepe Luis Vázquez, Rafael Rodríguez, Jorge El Ranchero Aguilar, Juan Silveti, Curro Ortega, Anselmo Liceaga, Nacho Treviño y Fernando de los Reyes El Callao.

De los novilleros, aparte de Jaime Bravo, se presentaron Miguel Ángel, Alfredo Leal, Carlos Barrón, Pepe Luis Méndez, Manuel Márquez, Raúl Iglesias, El Callao, Joaquín Díaz Paquiro, Diego Arenas, Antonio Durán y Carlos González.

La reanudación del Convenio en 1951, propició el intercambio de toreros entre ambos países y sobre todo, nuestros novilleros cruzaban el mar, buscando prepararse para alcanzar con honor el grado de matador de toros. Sin duda, los tiempos han cambiado.

domingo, 12 de julio de 2026

10 de julio de 1910: El encuentro de El Papa Negro y Viajero de Trespalacios

El Nuevo Mundo, Madrid, 14 de julio 1910

Escribía don Manuel Serrano García Vao Dulzuras en su anuario Toros y Toreros dedicado a la temporada 1910:

Un ejemplo de voluntad firme, de afición grande, de pundonor exagerado es el que ha dado el joven Manuel Mejías, y ha sido una lástima que, cuando mayor era la velocidad adquirida, haya encontrado un obstáculo que le ha impedido continuar la marcha triunfal con tan grandes resultados emprendida con paso firme y puesta la vista en un punto al que quería llegar y podía llegar, según hemos visto por el esfuerzo realizado... Llevaba cinco años de alternativa, en los que no había perdido terreno, sino al contrario, había ganado todos los años un poco, pero no lo suficiente para ocupar el lugar que desde luego era su ilusión, como es la de todos... Tuvo un rasgo de clarividencia y un arranque de valor, y se presentó al empezar la temporada de 1910 ofreciendo a los públicos todo el gran toreo que tiene dentro, y sacando de lo más hondo de sus reservas un excelente matador de toros, que había estado oculto mucho tiempo... Los ímpetus que traía eran avasalladores; de los que espantan, alegran, entusiasman, producen estupefacción y arrollan todo lo que cogen por delante...

En ese sentir, el joven Bienvenida había contratado para ese calendario más de medio centenar de festejos y para el 10 de julio de 1910, llevaba cumplidos 19 contratos, de los cuales, 16, se verificaron en las plazas de Sevilla, Madrid y Lisboa, tres de primera línea. Para esa tarde del 10 de julio de 1910, refiere Luis de Armiñán, la empresa de Madrid a traves de Manuel Retana, propuso inicialmente un cartel en el que El Papa Negro alternara con Machaquito y con Rafael El Gallo, pero, don Manuel se empeñó en hacerlo en solitario:

Se lo agradezco, don Manuel, pero llevo una temporá magnífica y deseo redondearla aquí, antes de completarla en el norte. Tengo sueños, esperanzas muy grandes. Ruegue a mis compañeros que me cedan la fecha... ¿Qué toros tienen ustedes? … En «La Muñoza» hay dos corridas del conde de Trespalacios... A Manolo le agradaba entonces el ganado de Trespalacios, prócer extremeño... Retana y Bienvenida escogieron los más gordos y entre ellos, uno que les gustó mucho... Era cárdeno, chorreado, alto de cuerna, número 13 en su camada, se llamaba «Viajero». El buen sastre no quería lidiarle... Mira Manolo, que tiene cara de guasa, es descaradillo y alto de agujas...

Bienvenida manifestó su gusto por ese último ejemplar y hasta anunció que lo echaría en tercer lugar.

La corrida del 10 de julio de 1910

Bienvenida vistió ese domingo un terno grana y oro y llevó como sobresaliente de espadas al entonces novillero Alfonso Cela Celita y presidió el festejo don Antonio Rosado.

Ante el primero, llamado Cometa y el segundo Jardinero, Bienvenida lució sobre todo en los primeros tercios. Saludó en los medios tras el arrastre del que abrió plaza y su labor fue silenciada al terminar la lidia del segundo. 

Viajero de Trespalacios

Quien firmó como Don Benigno, encargado de la información taurina del diario El Mundo de Madrid, relata lo siguiente:

El socio que sale ahora se llama Viajero, viste de cárdeno y es algo mayor que los otros... Bienvenida da tres lances, muy bueno el primero, bueno el siguiente y atropellado el otro... Tampoco es bravo este toro, y tardea como los otros para acometer cuatro veces, la cuarta en los toriles, por dos caídas... Vuelve a parear Bienvenida, clavando un par al cambio, un poco pasado, pero dejando llegar... Bienvenida brinda al público de sol y se va solo al toro... Cita de largo, acude el toro, codicioso, derrota al bulto y engancha á Bienvenida por la pierna izquierda, lo tira a lo alto y en el suelo le mete la cabeza, sin acertarle... Acuden los capotes y Bienvenida se lleva la mano á la pierna, sin poderse levantar, y en brazos de los peones es conducido a la enfermería... La impresión en el público es enorme y el sentimiento general. Este era el primer toro que salía propósito para quo se luciese el torero... De la enfermería dicen que es un puntazo lo de Bienvenida. Parecía más...

La realidad se iría develando al paso de las siguientes horas, porque todavía el parte facultativo rendido por el servicio médico de plaza era escueto y daba espacio al optimismo:

«Durante la lidia del tercer toro ha ingresado en esta enfermería e1 diestro Manuel Megías (Bienvenida), con una herida contusa en la región de1 tercio medio del muslo izquierdo y en la cara interna, de cinco centímetros de extensión y unos seis de profundidad, y otra en la cara posterior, de tres centímetros de extensión y que interesa sólo la piel y tejido celular. – Doctor Julián de la Villa.»

La cirugía se realizó en la enfermería de la plaza y se reportó que no había mayores lesiones que las descritas en el parte, por lo que en esa misma tarde se trasladó al torero herido a su domicilio para su recuperación, señalando el doctor de la Villa que estaría recuperado en unos veinte días.

Al día después del percance

En la madrugada posterior a la cornada, Bienvenida comenzó a sentir fiebre y dolor en la región herida, por lo que pidió la intervención del doctor Pindado, para hacer una nueva exploración de sus lesiones. En el ejemplar del diario El Mundo salido el 11 de julio de 1910, se publicó la siguiente información firmada por su cronista Don Benigno:

A las doce le curó el doctor Pindado... Al trasladarle de cama se vieron dos charcos de sangre en el suelo, señal de que Bienvenida había sufrido una hemorragia de consideración durante la noche... El doctor Pindado procedió a reconocer minuciosamente la herida, y se encontró con que la de la parte anterior del muslo, que se creyó puntazo, era un cornalón, según el tecnicismo médico de los toreros, cuya profundidad no pudo determinarse, pero que excede de 12 centímetros... Ni con el dedo ni con unas pinzas, al limpiar con algodones la herida, pudo encontrar el doctor Pindado el fondo de aquella... Sin embargo, como no hay vasos ni tendones interesados, esta no es grave. De ella extrajo el médico un trozo de taleguilla...

Tras de la cura, y ya sintiéndose mejor, el torero habló con los periodistas, explicando el mecanismo de la cornada:

Yo cité al toro de largo, esperándole con los dos pies juntos para darle así un pase natural. Él se vino a mí, se ilusionó con el bulto y yo le quise dejar llegar y le dejé, le dejé, y cuando le metí la muleta, él no hizo caso, se metió por debajo y me pudo... Este es uno de los salarios del oficio... Cuando se los pagan a uno, no hay más remedio que cobrarlos...

Con esa entereza asumió Bienvenida el gravísimo percance que había sufrido.

El duro trance de la recuperación

En cuanto pudo viajar, Bienvenida volvió a su casa en Sevilla, pero se percató que no podía mover la pierna herida. Pidió la opinión del médico Gonzalo Blanco, quien, tras valorarlo, concluyó que tenía seccionado el nervio ciático y de allí inició un peregrinar por diversas clínicas y consultorios donde la respuesta a sus interrogantes caía en el mismo casillero: había quedado inútil para seguir siendo torero. 

Hasta que encontró al doctor Decref quien había atendido a un picador suyo, Monerri, quien había sufrido una seria lesión tras de una caída de un caballo. Decref le diseñó una especie de prótesis que le ayudaba a caminar y le aplicó sesiones de electroterapia, las que se sumaron a una cirugía que logró unir los cabos del nervio seccionado, y que permitieron que, con el tiempo, la pierna recobrara su movilidad.

El devenir del torero

Bienvenida reapareció hasta el mes de abril de 1911, temporada en la que no tuvo muchos éxitos, debido a su disminuida condición física. Para el año de 1912, arrancaba una temporada que sería definitoria en su futuro como torero, pero el 26 de mayo, en Madrid, el pitón de otro toro, éste llamado Ropero de la ganadería de Esteban Hernández, le hirió de gravedad de nueva cuenta en el muslo izquierdo. 

Escribió en su día Verduguillo:

Yo creía que a 'Bienvenida' lo había quitado de torero la cornada que le dio el 10 de julio de 1910 en la plaza de Madrid el toro 'Viajero', cárdeno, número 13, de la ganadería de Trespalacios, al iniciar su faena con el llamado pase de la muerte... El mismo “Bienvenida” me sacó del error:

- No – me dijo una noche – el toro que me cortó la carrera fue “Morito”, negro zaíno, número 45, de la ganadería de don Esteban Hernández, en Madrid, el 14 de mayo de 1912...

El nombre del toro y la fecha no coinciden, pero la corrida a la que me refiero es la misma a la que hizo mención el torero en esa conversación, porque ese 14 de mayo de 1912, no hubo toros en Madrid.

Bienvenida toreó por última vez vestido de luces en España el 9 de septiembre de 1924 en Bélmez, Córdoba, mano a mano con Manolo Belmonte, para lidiar toros de Pérez de la Concha y fue aquí en México, en el Toreo de la Condesa donde lo hizo por última vez en su vida, el 20 de marzo de 1927, en un festejo benéfico, matando él dos toros de San Diego de los Padres y sus hijos Manolo y Pepe, cuatro erales de Xajay.


domingo, 5 de julio de 2026

7 de julio de 1946: Cañitas se alza como triunfador en Pamplona

En la feria de Pamplona de 1946 se verificaron tres corridas de toros, los días 7, 8 y 9 de julio. El festejo de apertura se integró con toros de Juan Pedro Domecq, para el mexicano Carlos Vera Cañitas, el sevillano Manuel Álvarez Andaluz y el torero local Julián Marín. Era la presentación en esa plaza del bravo Cañitas, quien al final del calendario resultó ser el torero nuestro que más fechas sumó en ruedos europeos, una sorpresa después de la meteórica campaña que desarrolló Carlos Arruza el año anterior, porque el Ciclón apenas llegó a ser el tercero en el escalafón de los diestros de estas tierras.

Previo a la corrida, casi en la alborada del día de San Fermín, se produjo el primer encierro, en el que se corrieron los toros a lidiarse en la tarde. La nota de la agencia Mencheta aparecida en el diario madrileño Arriba del 9 de julio siguiente, entre otras cosas, refiere:

Se ha verificado el primer encierro de toros para la corrida de esta tarde, pertenecientes a la ganadería de Domecq... El encierro ha resultado emocionante, pese a no ocurrir ningún incidente de importancia, sino sólo algunas caídas y muchos sustos, por la aglomeración de mozos que corría delante de los cornúpetas... Los toros entraron juntos, bien arropados, por los cabestros, dirigiéndose seguidamente a los corrales, sin hacer caso de los improvisados... Después fueron soltadas en la plaza algunas vaquillas, que dieron mucho juego y repartieron también muchos trompazos... Terminado este primer espectáculo, las terrazas dé los cafés de la plaza del Castillo se llenaron de gente para desayunar, y en el Castillo se organizó un baile. La animación en la capital es inmensa, y la afluencia de forasteros supera en mucho a la de otros años, contribuyendo a ello la esplendidez del tiempo...

La información sobre el encierro refleja que el correr a los toros ya no era una cuestión que atrajera exclusivamente a las personas de la región, sino que se empezaba a convertir en un atractivo para personas de distintas latitudes, lo que con el paso del tiempo terminaría por convertir a esa tradición en un fenómeno de trascendencia internacional.

Los toreros mexicanos actuantes en el ciclo también expresaron su opinión acerca de ellos a Alfredo R. Antigüedad, quien en el número de El Ruedo” fechado el 18 de julio de ese año, escribió:

El diestro mejicano “Cañitas” no se ha perdido un encierro. “Yo espero seguir toreando, por San Fermín, en Pamplona. Pero si no viniera de torero, vendría a ver los encierros. Es algo tan emocionante y bonito que no me lo pierdo. No creo que los toros se perjudiquen con el encierro, aunque tampoco puedo decir que ganen... Fermín Rivera: “Si fuera posible hacer el encierro en todas las Plazas, la fiesta ganaría mucho. Porque no hay duda que la emoción que despierta en los mozos que corren delante de los toros, les hace aficionarse a la fiesta. Yo tengo en Méjico varías ampliaciones fotográficas de los encierros del año pasado y tengo encargo de llevar este año bastantes más. Mis paisanos están tan sorprendidos como yo de este bellísimo espectáculo...

Como se puede ver, los toreros mexicanos se manifestaron a favor de los encierros, tanto en su manifestación de celebración popular, como por el hecho de que, a su juicio, no afectan a los toros para su posterior lidia.

El encierro de Juan Pedro Domecq

La corrida que se lidiaría el día de San Fermín de hace 80 años distó mucho de parecerse a lo que hoy sale a los ruedos con el que fuera el hierro del Duque de Veragua. Las distintas relaciones del festejo dan una descripción de algo que ya no estamos acostumbrados a ver. Cuenta Antonio Bellón, enviado del diario madrileño Pueblo:

Toros de Domecq con edad, largos, no muchos chichas y sí poquísimos pitones, certeros al derribar piqueros y jamelgos y los pitones hábiles buscadores de dianas en seda, gamuzas y pellejas de rocín. Toros gratos para el espectador – protestaban porque se les picase – y lo contrario para el torero...

Por su parte, quien firmó como P. Salazar para la Hoja del Lunes de Pamplona, refiere:

Cuando vimos desencajonar la corrida de don Juan Pedro Domecq, nuestra crónica no se dio al aplauso ni a la censura. El toro no se puede juzgar hasta que ha pasado por la pelea; pero sí observamos una corrida basta y destartalada y hasta vieja, de muy feas cabezas en su mayoría, como para una novilladota de esas que se acostumbra a “soltar” en le plaza de Madrid y que en la balanza arroja más kilos que loa llamados toros...

Así pues, la corrida en su presentación no agradó a los que relataron la corrida, pues les pareció destartalada, de juego complicado y de pocas condiciones para el lucimiento de los toreros. Vamos, las antípodas de lo que hoy representa esa ganadería.

El triunfo de Cañitas

En su presentación en Pamplona, Cañitas se alzó como triunfador de esa feria de 1946, cortándole las orejas al segundo toro de su lote. Relata Juan León, enviado del periódico madrileño Arriba:

A Cañitas – muy afortunado, por lo general, en los sorteos – le tocó el mejor lote – primero y cuarto – gracias a lo cual pudo salir ileso de la tarde. Cortó las orejas del “colorao” y escuchó muchas palmas en diversos momentos de sus dos toros. Y pudo, no sólo por lo dicho, sino por el empeño que puso en todo y por banderillear a sus dos enemigos. Y también por aquel repartir el público a voleo las cosas que da en una corrida...

Es breve el relato del cronista de Arriba, pero deja ver que la actuación de Carlos Vera se destacó por el empeño que puso delante de los toros que le tocaron en el sorteo.

Por su parte, el ya citado Antonio Bellón, relató en el diario Pueblo:

Entre los sustos, la danza, el sol, los gritos y las buenas digestiones, la segunda parte de la corrida no tuvo control posible. Se aplaudía a Cañitas al banderillear con apuros y al hacerlo con precisa exposición le regateaban las palmas. La faena, valiente y sin trabazón, vacilaba entre adornos y zurdazos. A una ovación seguía la algazara y Cañitas ponía valor y valor en pases en el estribo, naturales, manoletinas, otra vez naturales, sin fijarse de bajar la cabeza del animal, que a poco, clava a Cañitas en tas tablas. Total, Carlos Vera comenzó la vuelta con dos orejas en la mano y la terminó con dos puros que le tiraron, haciéndole unos desprenderse antes de tos apéndices mientras otros pedían que no se desprendiera de ellos...

El “toro de la merienda” es complicado para cualquiera, y la relación de Bellón deja claro que Cañitas tuvo que asumir las dificultades que implica enfrentarlo. Aun así, terminó cortándole las orejas.

Por su parte, P. Salazar, en su crónica de la Hoja del Lunes pamplonica, nos cuenta:

Cuarto: Colorado, ojo de perdiz. Toma las varas reglamentarias. Nada en quites. “Cañitas” coge nuevamente las banderillas y prende medio per para dejar, luego dos muy buenos, uno especialmente, muy difícil que no se premia como merece. Con la muleta, “Cañitas” hace algunas cosas buenas, derrochando valor, especialmente, unas manoletinas y unes pases metido en tablas que se jalean. Media estocada muy bien puesta, que hace doblar al toro. dos orejas y vuelta...

Así fue como se vio por la prensa nacional de España y la local de Pamplona, la presentación del valentísimo torero mexicano Carlos Vera Cañitas.

El resto de la corrida

Julián Marín le cortó una oreja protestada al tercero de la tarde y Andaluz, que sacó en el sorteo el lote más complicado, terminó su tarde con las opiniones divididas.

El siguiente festejo

Para el siguiente día, lunes, estaban anunciados en el cartel Fermín Rivera, Agustín Parra Parrita y Raúl Acha Rovira, para enfrentar una corrida de don Joaquín Buendía, de encaste Santa Coloma.

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