domingo, 15 de marzo de 2026

14 de marzo de 1965: Manolo Espinosa Armillita se presenta como novillero en Barcelona

Manolo Espinosa, el hijo mayor del maestro Armillita se había presentado como novillero en Lima el 24 de mayo de 1964, alternando con Jesús Solórzano y el peruano Paco Céspedes en la lidia de novillos de Chuquizongo. Recién había terminado sus estudios de arquitectura en la capital mexicana, condición al parecer impuesta, para que pudiera dedicarse al toreo. Después de esa y una segunda presentación en la Plaza de Acho, se presentó en Bogotá y de allí regresó a México para actuar en diversas plazas de nuestra geografía, entre las que se cuentan las de Mérida, San Luis Río Colorado y muy señaladamente la de Aguascalientes, en donde el 16 de agosto de ese calendario, escribió, junto con los hijos de Calesero y de El Rey del Temple, una de las páginas brillantes de la historia de la Plaza de Toros San Marcos, pronta a celebrar su 130 aniversario.

Para el calendario de 1965, Manolo Espinosa marchó a España, donde, apoderado por José Ignacio Sánchez Mejías, realizaría una campaña novilleril que le permitiera recibir la alternativa en ese mismo calendario. Su presencia en aquellas plazas no iba a estar exenta de las remembranzas. En el número de El Ruedo fechado el 23 de febrero de ese 1965, un joven Vicente Zabala Portolés le realizó una extensa entrevista, cuya entrada es la siguiente:

Tiempos gloriosos para la historia del toreo. Transcurren los años finales del veinte, entrando casi en el treinta. Los españoles viven una época brillante de la fiesta de los toros, en que anduvieron en competencia más de una docena de figuras. Allí estaba el poderío de Ortega, la alegría de Manolo Bienvenida, la difícil facilidad de Marcial, el capote de Curro Puya. Y los mejicanos: Garza, El Soldado, Chucho Solórzano, Ortiz, ¡Armillita! Hemos dicho Armillita, «el Joselito mejicano», como le llamaban los de su época. Torero largo, dominador, fácil, completo. Los españoles recuerdan a Fermín Espinosa. Los mejicanos le añoran. Es parecido. Pero no es igual. Los aztecas dirán: «Si hubiera ahora mismo un Armillita...» Y lo van a tener. El hijo de Fermín está en España. Viene a hacer su temporada española. Se trata de un muchacho correcto, con aspecto de hombre todavía en el preuniversitario, aunque ya sea todo un arquitecto...

De ese inicio se advierte una cuestión, que, en la generación torera de Manolo Espinosa, también venían empujando varios hijos de figuras del toreo de las edades de oro y de plata de México y España, lo que prometía, al menos en los nombres, una renovación con nombres de otras épocas. 

El anuncio de su presentación

La temporada en Barcelona había iniciado el domingo 21 de febrero de ese año, y el miércoles 24 siguiente, falleció don Pedro Balañá Espinós, propietario de las plazas de toros de Barcelona y empresario de ellas, en especial de la Monumental. Por sus exequias y el luto que se le guardó, el desarrollo de la temporada se interrumpió y se programó su reanudación para el domingo 14 de marzo siguiente, con una novillada en la que se lidiaría un encierro de don Carlos Urquijo de Federico para el malagueño Andrés Jiménez El Monaguillo, el salmantino Paco Pallarés y el debutante mexicano Manolo Espinosa Armillita, quien era uno de los atractivos del cartel, según se puede deducir de esta gacetilla aparecida en el diario barcelonés El Noticiero Universal de la víspera del festejo:

Grandes atractivos ofrece la novillada que se celebrará mañana en la Monumental y en la que hará su presentación el novillero mejicano, Manuel Espinosa “Armillita”, hijo de que fue famoso matador de toros, Fermín Espinosa... Completan el cartel, otros dos novilleros, sobradamente conocidos del público barcelonés, como son “El Monaguillo” y Paco Pallarés... Se lidiarán reses de la acreditada ganadería de don Carlos Urquijo de Federico y esta extraordinaria novillada comenzará a las cinco menos cuarto en punto de la tarde.

Tanto El Monaguillo, que se presentaba en el ciclo, como Paco Pallarés, que reaparecía después de su éxito en el festejo inaugural, fueron de los que encabezaron el escalafón novilleril el calendario anterior y eran buenos conocidos de la afición de Barcelona, pero la novedad, el atractivo reclamo para llevar a la gente a la plaza, era precisamente el hijo de Armillita, un torero que en su día, escribió allí importantes páginas de su historia personal y también de las de la del coso.

La segunda novillada de 1965 en Barcelona

El festejo tuvo algunos matices singulares, porque se reflejó en su celebración la desaparición de quien por alrededor de cuatro décadas había sido el responsable de organizar las cosas en esa plaza. Escribió Rafael Manzano en su crónica de la Hoja del Lunes de Barcelona, aparecida al día siguiente del festejo:

Ayer, el despejo, al reemprenderse la temporada taurina barcelonesa, tuvo una honda emoción. Salieron las cuadrillas descubiertas y con un lazo negro, en recuerdo del inolvidable empresario don Pedro Balañá Espinós. Cuando, los bien repletos graderíos le consagraban un minuto de silencio, yo pensaba en muchas cosas. Por ejemplo, que don Pedro Balañá había iniciado su carrera de empresario taurino el 13 de febrero de 1927, con reses de la divisa de Murube; su hijo la continuaba el domingo con un encierro de don Carlos Urquijo de Federico, es decir, también de Murube. En el ruedo, espigado y moreno, vestido de verde botella y oro viejo, estaba Manuel Espinosa Acuña, hijo de «Armillita chico», que pisaba por vez primera un ruedo en España. También su padre salió por vez primera a un coso español en la Monumental de Barcelona, el 25 de mayo de 1928. He aquí que, en la familia taurina se suceden «constantes históricas» y eso tan difícil que se llama «continuidad de las generaciones»...

Pareciera que nada nuevo hay bajo el sol, pero la realidad es que todo en esta fiesta se renueva, los hombres, los toros y las aficiones. También la forma de apreciar lo que en los ruedos sucede. Por eso la fiesta ha subsistido, y seguirá subsistiendo.

La labor de Manolo Espinosa

La tarde de Manolo Armillita no resultó en un triunfo resonante. Se mostró, sí, como un torero enterado y con oficio. En primer lugar, cito lo que escribió acerca de su labor Fernando Gudiel Fillat, firmando como FEGUFI en el Diario de Barcelona del 16 de marzo de ese 1965:

Este joven novillero mejicano ha llegado a España no muy cuajado y aunque dejó vislumbrar buenas maneras, como no está acostumbrado a lidiar ganado español, con más casta y temperamento que el de su país, no obtuvo el señalado triunfo que de él esperábamos... No estuvo el muchacho mal, ni muchísimo menos. Torea de capa y muleta con buen temple y cuando se aclimate al genio, bravura y casta de nuestros novillos lucirá más su buen arte... Al sexto lo fijó con unos lances buenos e hizo un magnífico quite por gaoneras. Rafaelillo y Pablo Celis le prendieron dos formidables pares de banderillas, que se ovacionaron en grande y muy merecidamente... Brindó Armillita a su apoderado, don José Ignacio Sánchez Mejías y empezó a torear por naturales de muy buen son, sufriendo una aparatosa cogida de la que salió indemne por milagro. Acabó con el bicho de una estocada atravesada y un descabello al tercer intento... Se le despidió con palmas...

Regreso a la crónica de Rafael Manzano ya citada, quien, en la parte conducente, expresó:

Ayer, Manuel Espinosa, no sólo tuvo que luchar con las reses de Urquijo, encastadas y menos «dulces» que las hispanoamericanas, sino con algo más fuerte: con el recuerdo. Se pensaba en su padre, cuando recibió a su primero con dos valerosos faroles de hinojos. El muchacho ha salido con dignidad de la prueba; es muy duro luchar contra el fantasma de la nostalgia... A su primero, le hizo una faena muleteril con sabor, tirando muy bien de la res, ahondando cada pase, templando la embestida de su enemigo. Se le aplaudió y sonó la charanga. Aun se alegró con pases de costadillo y afarolados. Mató de media, sin cuadrar a su enemigo, con una salida indiscreta y acertó al tercer golpe de verduguillo. Se le aplaudió. Llevando el alias de «Armillita» debería practicar más con las banderillas. Por aquello del recuerdo...

Y concluyo la revista de medios con lo que publicó quien firmó como A.E. en El Noticiero Universal, al día siguiente de la novillada:

Al debutante Manuel Espinosa «Armillita» se le vio poco puesto aún, pero demostró innegable voluntad… Saludó a su primer bicho con dos faroles de rodillas poco logrados. El bicho derribó en la primera vara y llegaría al último tercio con franca, ideal embestida. Y «Armillita», que había prendido dos pares de banderillas vulgares, muleteó en redondo y al natural sólo discretamente, adornándose en unas trincherillas y un pase afarolado. Después de un buen pinchazo recetó una estocada atravesada, para descabellar al tercer golpe. Escuchó palmas. Lo mejor de su actuación fue el quite por gaoneras al sexto de la corrida, en las que el «manito» se apretó lo suyo. El bicho tomó una pica empujando mucho y se cambió el tercio a petición del mejicano. En el segundo sentaron cátedra los banderilleros Pablo de Celis y «Rafaelillo» que tuvieron que corresponder, montera en mano, a la gran ovación del concurso. «Armillita» inició su faena con unos naturales discretos. Poco después fue alcanzado por el novillo, sin más consecuencias que un rasgón en la taleguilla. El resto del trasteo careció de color y se remató de una estocada atravesada y descabello al segundo golpe...

Como pueden ustedes leer, hay opiniones para todos los gustos. En lo particular, me quedo con dos cuestiones: en el hecho de que por la fecha en la que llegó Armillita a Madrid y la de su presentación en Barcelona, poco tiempo tuvo para prepararse en el campo y también, que el tener un apellido ilustre es una exigencia añadida en cualquier profesión.

Para la estadística: el amigo José Luis Cantos Torres, en su exhaustivo estudio sobre la plaza Monumental de Barcelona nos deja saber que los nombres de los novillos que enfrentó Manolo Espinosa en su presentación por su orden fueron Altisol, de 376 kilos de peso y Saltarín, de 382 kilos en la romana.

El resto del festejo

El Monaguillo salió triunfador de la tarde, pues terminó cortándole una oreja al cuarto de la tarde, nombrado Sozaleño, al que se le dio la vuelta al ruedo y Paco Pallarés se vio imposibilitado de refrendar el éxito obtenido en su presentación, por sus reiterados fallos con el estoque.

La campaña de Manolo Armillita

La temporada novilleril de 1965 en España llevaba en sus carteles nombres que después tuvieron el carácter de ilustres: José Fuentes, Palomo Linares o Paquirri eran de los que encabezaban el escalafón, junto con otros toreros que destacaron como Gregorio Tébar El Inclusero o José Manuel Inchausti Tinín. Entre esos nombres, Manolo Espinosa torearía 20 festejos entre España y Francia y sería de los nuestros el que más sumaría, seguido de Finito, Jesús Solórzano, El Silverio, Mario de la Borbolla y Juan de Dios Salazar, que fueron los mexicanos que actuaron por aquellas plazas.

Cerró su temporada en Toulouse, el 3 de octubre de ese 1965, para regresar de inmediato a México, donde recibiría la alternativa el 20 de noviembre siguiente en San Luis Potosí, de manos de Joselito Huerta y con el testimonio de Raúl García.

Se despidió de los ruedos el 23 de febrero de 1992 en la Plaza México

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