domingo, 13 de septiembre de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (XII)

Carlos Arruza, el solidario. México (I)

Carlos Arruza

La mitad del siglo XX representó un tiempo de profundo cambio para la fiesta en México. Personalmente considero que fue el momento del tránsito de una Edad de Oro brillante en lo histórico y en lo taurino, hacia una Edad de Plata que representó también una etapa de gran lucimiento para nuestra tauromaquia, ya cimentada en nuevos valores y sobre todo en la transformación del toro mexicano, que a partir de esas calendas sería ya el único en lidiarse en nuestras plazas.

Una década después, los toreros que tomaron la estafeta de manos de los maestros de la etapa dorada eran ya quienes tenían en sus manos el devenir del toreo en nuestra patria, aunque todavía por esas fechas, algunas de las figuras de la etapa anterior tuvieran actuaciones esporádicas como en los casos de Lorenzo Garza, Luis Castro El Soldado o Fermín Rivera

Cañitas

Entre esos toreros de la Edad de Oro que seguían activos se encontraba Carlos Vera Cañitas, quien recibió la alternativa en 1941 y que fuera parte importante de la etapa final en la historia del Toreo de la Condesa. También Cañitas gozó de popularidad en ruedos españoles y en esos momentos, quizás la estadística de la fiesta no tenía la importancia que hoy se le adjudica, pero ya era el diestro nacional que más tardes había actuado en la plaza de Las Ventas en Madrid con catorce, sitio que conservó desde junio de 1951 y hasta mayo de 2018, cuando Joselito Adame alcanzó primero y superó después esa marca.

En 1960, Cañitas trataba de relanzar su carrera en los ruedos y llegar a actuar formalmente en la Plaza México, pues su única actuación allí tuvo lugar el mediodía del 10 de abril de 1955, alternando con Fermín Rivera y Nacho Treviño en la lidia de toros de Santa Martha. Ese festejo con entrada gratuita, fue organizado para la filmación de la película El Niño y El Toro – en inglés The Brave One –, de Irving Rapper. Ni antes, ni después había pisado ese ruedo vestido de luces y, los hados apuntaban a que ya no lo haría.

En ese plan de relanzamiento, Carlos Vera se contrató para actuar en el Toreo de Cuatro Caminos el 21 de agosto de 1960 para alternar con Luis Briones y Juan Estrada – otros dos sobrevivientes de la etapa dorada – en la lidia de toros de Ayala. El cuarto de la tarde se llamó Buen Mozo y a juzgar por las fotografías de la época, lo era. En la parte final de la faena, que tuvo sus momentos de brillantez, el toro de Ayala prendió a Cañitas en la entrepierna derecha. La gravedad del percance se percibió de inmediato, pues el terno blanco con pasamanería negra que vestía el torero se tiñó de sangre.

El parte médico rendido por los doctores Javier Ibarra hijo y Manuel Castañeda Uribe fue devastador:

Sufre una herida por cuerno de toro situada en el Triángulo de Scarpa derecho, de cuatro centímetros de orificio de entrada, que interesa piel, tejido graso, aponeurosis, desgarrando los músculos de la región, contundiendo la arteria femoral común y seccionando la arteria femoral profunda, además de la vena femoral. Gran hemorragia arteriovenosa, por lo que hubo de practicársele una transfusión sanguínea de 1,200 centímetros cúbicos. Pronóstico reservado.

La reserva del pronóstico derivaba de la situación que tenía la circulación sanguínea del torero herido en el miembro afectado. No era la primera cornada que recibía en la región y con los procedimientos médicos comúnmente aceptados en la época, los vasos afectados eran ligados en los cabos afectados y la continuidad circulatoria se dejaba a lo que los médicos llaman circulación colateral. Así pues, admitiendo que se usara el mismo procedimiento en esta herida de Cañitas, esa reserva derivaba de la necesidad de esperar que tras la ligadura de las femorales – arteria y vena – afectadas por el cuerno de Buen Mozo, la circulación se restableciera en la extremidad afectada.

Pero la suerte y el destino de Cañitas ya estaban echados. Cinco días después de la cornada, la prensa nacional daba a conocer lo siguiente:

Hubo necesidad de amputarle la pierna herida a Cañitas. – México, D.F., agosto 25. – Al mediodía de hoy fue amputada la pierna derecha, hasta arriba de la rodilla, al torero Carlos Vera “Cañitas”, cornado el pasado domingo… Los médicos tomaron esta medida extrema ante el peligro de que se presentara una septicemia gaseosa, al no haberse restablecido la circulación sanguínea en el miembro herido… Todavía cuando era llevado a la sala de operaciones, “Cañitas” confiaba en que se le practicase una operación más para restablecer la circulación, pero el intenso color amoratado, en algunas partes negruzco de la pierna derecha, indicaba que la amputación debería hacerse desde luego… El doctor Javier Ibarra afirmó: “si existiera una brizna de esperanza, no amputaríamos el miembro”… Dijo inicialmente que se había temido que la amputación se haría casi desde la cadera. El tipo de corte que le fue hecho permite la rehabilitación por miembros artificiales… (El Informador, Guadalajara, 26 de agosto de 1960)

Así pues, el valentísimo Carlos Vera Cañitas había terminado su carrera en los ruedos, como El Tato, como más recientemente Rocky Moody. Quedaba entonces, condenado a seguir sus labores en la Procuraduría de Justicia de la capital mexicana, donde obtuvo un empleo cuando las oportunidades de vestirse de torero comenzaron a escasear.

Cañitas falleció en la Ciudad de México el 19 de febrero de 1985. 

Curro Ortega

El surgimiento del precoz Curro Ortega – curiosamente también “Cañitas” fue un torero que se inició casi desde niño – transcurre ya en la Edad de Plata del toreo mexicano. La alternativa la recibió en Acapulco en 1950 y tuvo actuaciones en ruedos hispanos, aunque no confirmara su alternativa en Madrid. 

Curro Ortega es de la generación de toreros que surgieron en la primera temporada novilleril de la Plaza México con Joselillo y Fernando López y paradójicamente es uno de los que a despecho de no haber encabezado el llamado escalafón menor en esos días, realizó una carrera más o menos larga en los ruedos del mundo.

En la frontera norte era un fijo en las temporadas veraniegas que por esos rumbos se daban y en esa frontera se encontraría con el final de su paso por los ruedos, pues en el mismo 1960, el 25 de septiembre, paradójicamente un mes exacto después de la retirada forzada de Cañitas, se anunció para lidiar toros de Pozo Hondo con Antonio Velázquez y Jaime Bravo en El Toreo de Tijuana.

Esa corrida pareció torcérsele a Curro Ortega desde el inicio. Aunque las notas de prensa publicadas en la época señalan que fue herido por el segundo de la tarde, en realidad la grave cornada que recibió fue al abrirse el festejo, pues Jim Fergus, testigo presencial, en su revista Toros correspondiente al mes de octubre de ese 1960, refleja que por un error de los torileros, el primero del lote de Curro – teóricamente el segundo de la tarde – salió al ruedo para iniciar el festejo:

25 de septiembre (Tijuana – Centro) Curro Ortega fue gravemente herido por el primer toro de la corrida. Curro era el segundo espada del cartel, pero por un error en los chiqueros, se abrió el festejo con el primero de su lote. Un incierto toro de Pozo Hondo de aproximadamente 400 kilos de peso prendió a Curro durante la faena de muleta. El torero, que acababa de completar una primera tanda de naturales, iniciaba la segunda al momento del percance. Al caer al suelo, se hizo evidente que la herida era de varias trayectorias, pues el cuerno le penetró el muslo izquierdo, arrancando tanto la vena como la arteria femoral…

Fue atendido en la enfermería por el equipo comandado por los doctores José Rodríguez Olivas y Gustavo Arévalo, quienes inhibieron inicialmente la hemorragia y posteriormente lo trasladaron al hospital del Dr. Rodríguez Olivas para continuar el tratamiento de la herida. El pronóstico se reservó, pero la visión general era más o menos optimista, pues los facultativos declararon al citado Fergus, que quizás el sábado siguiente el diestro estaría en condiciones de volver a la Ciudad de México y continuar su tratamiento allá y descartaron definitivamente un desenlace como el de Cañitas:

Curro fue trasladado a la enfermería de inmediato y en unos 12 minutos, un equipo de cinco cirujanos, encabezados por el Dr. Gustavo Arévalo hicieron una cura de urgencia, procedimiento que duró más de dos horas. Después fue trasladado al hospital del Dr. José Rodríguez Olivas, jefe de los servicios médicos de la plaza… El lunes fue un día crítico para Curro y para el martes comenzó a dar muestras de mejoría, pudiéndose anticipar que sería trasladado a la Ciudad de México el siguiente sábado. El Dr. Rodríguez descartó la posibilidad de que el diestro herido perdiera la extremidad lesionada, como en el caso de “Cañitas”...

Sin embargo, en el número siguiente de Toros se desplegaba esta información:

Una mala circulación consecuencia de percances anteriores, derivaron en la amputación de la pierna derecha de “Cañitas”. Por ese mismo motivo Curro Ortega ha quedado impedido de continuar toreando. Después de la cornada de hace unos días en Tijuana, los médicos le han advertido que otra herida podría causarle daños irreparables...

Como datos curiosos, el día que Curro Ortega fue herido, Carlos Arruza también toreaba en Tijuana, en la Monumental, formando cartel con Calesero y Manolo dos Santos para lidiar toros de la Viuda de don Miguel Franco y ganadería de Pozo Hondo que lidió ese 25 de septiembre del 60 en Tijuana, es la que hoy se anuncia como San Lucas y fue formada por José Antonio Llaguno García en 1955, con vacas y sementales de San Mateo. Lidió su primera novillada en 1958 en Acapulco y su primera corrida ese mismo año en Nogales.

Así pues, también la suerte de Curro Ortega quedó echada en un ruedo mexicano. Tendría que dedicarse a otra cosa, pues ya la vuelta a las plazas no quedaba en su futuro.

Curro Ortega falleció en la Ciudad de México el 30 de septiembre de 2012.

Carlos Arruza y sus gestos solidarios

En el caso de Cañitas, en cuanto se supo el final triste que tuvo su carrera en los ruedos, tanto el doctor Alfonso Gaona, como quienes hacían empresa en el Toreo de Cuatro Caminos pusieron a la disposición del diestro esos escenarios para que se organizara un festejo benéfico. En el caso de Curro Ortega no tengo información publicada de que así haya sido. De cualquier forma, faltaba que alguien pusiera manos a la obra para lograr la celebración de esas fechas para auxiliar y honrar a los toreros caídos en el ejercicio de su ministerio.

Carlos Arruza surge como el que tomaría el bastón de mando para lograr aliviar, cuando menos en lo económico, las penas de sus iguales. Daniel Medina de la Serna, para el caso de Cañitas, afirma que también se unieron al proyecto don José Murillo Alvírez, Manuel González Pinocho y José Juárez Gitanillo de México. Consiguieron una corrida de don Jesús Cabrera y para el 16 de septiembre de 1960, en la Plaza México, se anunció al propio Carlos Arruza, quien se presentaría como rejoneador en ese escenario, Alfonso Ramírez Calesero, Luis Procuna, Rafael Rodríguez, Jorge El Ranchero Aguilar y José Zúñiga Joselillo de Colombia.

La gran plaza se llenó y aunque el clima y los toros no colaboraron, pues se devolvió al quinto por manso y fue sustituido por uno de Santín y el sexto se inutilizó y fue reemplazado por otro de Ajuluapan, in extremis, Joselillo de Colombia realizó una faena vibrante al sexto, anunciado como Sombrerero y le cortó las dos orejas. Se afirma, sin desglosar cifras, que Carlos Vera Cañitas recibió de sus iguales y de la afición una suma cercana al medio millón de pesos, cantidad que le permitiría reencaminar sus pasos por la vida ya fuera de los ruedos.

Escribía en alguna parte de esta serie que Carlos Arruza era un hombre inquieto. Y a fe mía que esa inquietud la desplegaba siempre en causas nobles. Anunciado el final del paso por los ruedos de Curro Ortega, aprovechó el impulso adquirido con la organización del festejo pro Cañitas y se avocó a actuar en igual forma a favor de Ortega. Tomó la palabra de los empresarios del Toreo de Cuatro Caminos, dada en principio para auxiliar a Cañitas y para el 30 de octubre de ese mismo año, consiguió una corrida de Valparaíso para volver a actuar como rejoneador y anunciar su despedida de la afición de la capital mexicana en esa faceta de su paso por los ruedos y completar el cartel con Manolo dos Santos, Manuel Capetillo, Juan Silveti, Alfredo Leal, Joselito Huerta y Antonio del Olivar. Es de señalarse que el toro que enfrentó Arruza fue uno de San Mateo, lo que le agrió un poco la amistad con don Valentín Rivero, quien esperaba que el Ciclón se enfrentara a uno de sus toros en esa tarde. Arruza cumpliría varios compromisos más y torearía su última corrida en este ciclo el 6 de noviembre siguiente en Tijuana, plaza en la que retornaría a los ruedos el 20 de junio de 1965.

A diferencia de la corrida a favor de Cañitas, la de Curro Ortega fue un éxito redondo. Arruza le cortó las dos orejas a Azteca; Manuel Capetillo una a El Diablito; Juan Silveti, el rabo a Farolero – toro de arrastre lento – y Joselito Huerta también obtuvo el rabo de Soldado, que recibió el homenaje de la vuelta al ruedo a sus despojos. Manolo dos Santos, Alfredo Leal y Antonio del Olivar estuvieron empeñosos y tuvieron momentos de lucimiento. Como afirma Horacio Reiba, todos estuvieron a la altura en este festejo que resultaría histórico.

Curro Ortega también recibió una suma importante para reencaminar sus pasos por la vida. Jim Fergus, en el número correspondiente al mes de noviembre de su citada publicación, refleja algunas cifras de la siguiente manera:

Curro Ortega recibirá $252,877.70 pesos ($20,230.00 dólares) como producto de la corrida celebrada en su beneficio el pasado 30 de octubre en El Toreo. Dicha suma incluye además diversos donativos por $19,753.00 dólares y $12,000.00 dólares por concepto de la venta de la carne de los toros lidiados ese día, sumando en total lo que se entregará al torero la cantidad de $455,175.00...

En ambas situaciones – la de Cañitas y la de Curro Ortega – la inquietud y el sentido de solidaridad de Carlos Arruza para con sus iguales, lograron algún alivio para sus aflicciones y demostraron que los toreros se pueden ayudar entre sí en momentos de tribulación.

El próximo 16 de septiembre se cumplen 60 años del primer festejo al que he hecho referencia y el segundo, al decir del nombrado Horacio Reiba, resultó un punto de inflexión en nuestra historia patria taurina:

Esta corrida memorable – siete orejas y dos rabos de los de antes – marcó la frontera entre la década de transición que clausuraba y la de realizaciones plenas que estaba a punto de comenzar. Porque los años sesenta serían muy diferentes: las figuras de esa tarde histórica afianzaron su soberanía; la reanudación del convenio trajo la gran generación de los Camino, Puerta, Viti y El Cordobés; Arruza volvió a montar para maravillarnos fugazmente hasta su muerte. Y mediado el decenio, Manolo Martínez lanzaría el guante que iban a recoger los Cavazos, Rivera y Ramos, para adentrar nuestra Fiesta en una época bajo cuyos aparentes esplendores iba a germinar, por desgracia, la semilla de su posterior degradación…

Así pues, es como Carlos Arruza mostró que no solamente en los ruedos es donde los toreros deben responder a los estados de necesidad de sus iguales. Y en este caso con un valor añadido, se hizo historia y se encaminó la del porvenir. Más no serían estos los únicos hechos notables del Arruza solidario como veremos en la siguiente entrega de estos pergeños…

Aviso parroquial: Agradezco al amigo Doblón (@toritosyburros), el haberme facilitado la información aparecida en la revista Toros de Jim Fergus.

domingo, 6 de septiembre de 2020

Tacho Campos. Una alternativa efímera

La Feria de San Marcos 1949
El Sol del Centro 17/04/1949
Nacido en 1922, Anastacio Campos Gallego se presentó como novillero en El Toreo de la Condesa el 2 de agosto de 1942, alternando con Rutilo Morales y Manuel Jiménez Chicuelín en la lidia de novillos de La Laguna. Causó buena impresión y toreó seis tardes esa temporada, quizás las mejores fueron las del 13 de ese agosto y 11 de octubre, cuando corta la oreja respectivamente a Meloso y Onza de Oro, ambos de Coaxamalucan, lo que le vale participar en el festejo de la Oreja de Plata que fue ganada por Antonio Velázquez, que junto con Luis Briones, Luis Procuna, Juan Estrada o Rafael Osorno, fueron algunos de los nombres destacados de ese serial novilleril.

En 1943 actúa 3 tardes en La Condesa y en 1944 tiene la que quizás fue su mejor temporada novilleril, pues actúa en ocho tardes junto a Pepe Luis Vázquez (mexicano), Ricardo Balderas, Jesús Guerra Guerrita, Rutilo Morales, Félix Briones y Eduardo Liceaga entre los más destacados, para partir a España al año siguiente y presentarse en Las Ventas de Madrid el 24 de junio de para lidiar novillos de Claudio Moura en unión de Manuel González Machaquito de MadridManolo Navarro y Manuel Jiménez Chicuelín, en una tarde en la que tuvo poca fortuna.

Se presentaría después en Sevilla el 1º de julio de 1945 para alternar con Lorenzo Pascual Belmonteño, Francisco Astasio Quinito y Manuel González Machaquito de Madrid en la lidia de novillos de Esteban González y en Barcelona el 26 de agosto, alternando con Armando Martín Armillita, Pepe Hillo y Gabriel Pericás en la lidia de novillos de José Escobar (6) y Francisca Marcos (5º y 8º). Volvería a Madrid el primero de octubre, para alternar con Antonio Toscano, Manolo Navarro y Francisco Rodríguez en la lidia de novillos de Hoyo de la Gitana. De acuerdo con los escalafones publicados en la época, sumó un par de festejos más en tierras hispanas. Es curioso observar que estos festejos en las plazas principales en los que actuó Tacho Campos, fueron todos de ocho toros.

Hace la transición a la Plaza México y actúa tres tardes en la temporada de 1946, misma que encabezaron Joselillo y Fernando López; cuatro en la del año siguiente, en la que de nueva cuenta fueron esos dos fenómenos los titulares del escalafón novilleril, con la aparición de un precoz Curro Ortega y la vuelta a las novilladas de Juan Estrada, que renunció a su alternativa. El 18 de julio de 1948, será testigo, junto con Juventino Mora en la Plaza San Marcos de la eclosión del Volcán de Aguascalientes,  y en la plaza mayor de México, de la aparición de los Tres Mosqueteros, toreando entre ellos tres novilladas ese calendario.

La alternativa

Para 1949, Tacho Campos y quienes llevaban su carrera, estimaron seguramente que era el momento de dar el siguiente paso y para ello consiguieron un escenario que les pareció adecuado: la Feria de San Marcos en Aguascalientes, en la que se darían tres corridas de toros que se anunciaron de la siguiente manera: para el domingo 17 de abril Ricardo Torres, Manuel Jiménez Chicuelín y la alternativa de Tacho Campos, con toros de los Hermanos Ramírez; el domingo 24 de abril, Luis Briones, Luis Procuna y Rafael Rodríguez, que se presentaba como matador de toros en Aguascalientes, con toros de Torrecilla y el lunes 25 de abril, Calesero y Rafael Rodríguez mano a mano, con toros de Armillita Hermanos

Al final, sin que mediara explicación alguna, en la corrida del 17 de abril no actuó el hidalguense Ricardo Torres. Lo sustituyó Andrés Blando, que fue el encargado de doctorar a Tacho Campos en una tarde desapacible y ventosa. La crónica de don Jesús Gómez Medina, en El Sol del Centro del día siguiente del festejo, entre otras cosas, dice lo siguiente:

…Negro entrepelado, apretado y vuelto de pitones, fuerte y hondo, y llevando en las ancas el número 55, tales fueron las características del primero de la tarde, con el que Tacho Campos recibió la alternativa. Dignamente lo saludó el reinero, toreándolo superiormente a la verónica entre olés entusiastas, para más tarde, después de que el “Güero Mochilón” se lució con la de detener, forjar un quite por gaoneras, escultóricas y ceñidas, entre las que hubo una extraordinaria. Luego de que Andrés Blando le cedió los trastos, brindó Tacho la muerte de éste su primer astado como matador de toros a su hermano y mozo de estoques. Quieto y erguido, prologó su faena con dos ayudados por alto; intentó luego correr la mano en los derechazos, pero el bicho, insuficientemente castigado se revolvió presto sobre el engaño, llevado de su auténtica bravura y, en tales condiciones, la faena careció del aplomo y del desahogo necesario. Hubo, sí, magníficos muletazos; derechazos y de la firma; trincherazos con el debido remate, pero la faena, el conjunto, careció de la necesaria trabazón, por la causa apuntada.

Tras de sufrir un achuchón de pronóstico, Campos atizó media estocada perpendicular, pero en buen sitio, que bastó. En premio a su voluntad, el nuevo doctor hubo de dar la vuelta al ruedo…

Eso fue lo destacado en la tarde de quien se esperaba, fuera un nuevo matador de toros mexicano.

Paréntesis ganadero

El encierro lidiado en la tarde de la alternativa de Tacho Campos fue de Hermanos Ramírez. Voy a aventurarme a afirmar, que esta pudo ser la presentación no oficial de la ganadería que después se anunciaría como San Antonio, propiedad de los hermanos Enrique, Víctor Manuel y Mariano Ramírez Miguel, formada con ganados originarios de Pastejé y que el encierro se formó con la rastra de algunas de las vacas que se adquirieron en 1947 como pie de simiente. Esta base ganadera fue enajenada en 1958 por los ganaderos a su paisano don Gustavo Álvarez y a partir de entonces don Mariano Ramírez se decantó por la base de Piedras NegrasLa Laguna, al adquirir una importante alícuota de la ganadería de Zotoluca.

La prensa de la época no refleja ningún dato acerca del origen o propiedad de la corrida lidiada ese 17 de abril de 1949, así que esta apreciación es una mera conjetura personal, pero conociendo la voluntad que tenía don Jesús Ramírez Alonso, empresario de la Plaza San Marcos en aquellas calendas por traer toros de ganaderías cercanas, no me extrañaría que así fuera, pues los potreros de los hermanos Ramírez Miguel se ubicaban en la cercana Encarnación de Díaz, Jalisco.

Catorce días después

En la búsqueda de otras informaciones en la hemeroteca, me encuentro con una nota fechada en la Ciudad de México el primero de mayo de ese 1949, titulada como sigue: Fernando de los Reyes cortó oreja en El Toreo. Tacho dio vuelta y Rojas desperdició un gran toro. Al entrar al cuerpo de la nota, me entero que ese primero de mayo del 49, se daban novilladas en El Toreo de Cuatro Caminos y que Tacho Campos había actuado en ese festejo, segundo de la temporada novilleril allí ofrecida, como novillero. Así pues, la dignidad de matador de toros le duró exactamente trece días.

Y siguió actuando como novillero, en Cuatro Caminos toreó todavía otras dos tardes, una, el 22 de mayo de 1949 con Guillermo Carvajal y Pepe Luis Méndez y novillos de Torreón de Cañas y otra en el año de 1950. Volvería a la Plaza México el 11 diciembre de 1949 junto con Anselmo Liceaga, Luis Solano, el ecuatoriano Edgar Puente, Jaime Bolaños y Joaquín Díaz Paquiro para lidiar novillos de Mimiahuápam, ganadería que se presentaba y destacaron en ese calendario los novilleros Juan Silveti, Héctor Saucedo y Curro Ortega.

Su tarde final en la capital fue el 10 de diciembre de 1950, cuando alternó con Fernando de los Reyes El Callao y el cubano José Sánchez Pepillo en la lidia de novillos de Atlanga. Esta fue una tarde aciaga para Tacho, pues fue avisado una vez en su primero, dos en su segundo y en el sexto, que tuvo que matar por Pepillo, que se fue herido a la enfermería, le fue vivo a los corrales. A partir de aquí, el nombre y la presencia de Tacho Campos se diluyen y desaparecen de los principales escenarios taurinos.

Algunos juicios sobre su toreo

Daniel Medina de la Serna señala que Tacho Campos ha sido un torero de intensos detalles. Ya en sus inicios se reveló como un torero que ejecutaba la verónica con profundidad y sabor y al ir avanzando en su carrera taurina, se le reconocía como un importante muletero, un representante se decía en su día, de la “escuela garcista”, por el sello que imprimía a la ejecución del pase natural.

Decir que fue un torero preferido por José Alameda es un gran timbre de honor. En las crónicas que escribió para La Lidia durante la temporada novilleril de 1944, entre otras cosas señala lo que sigue acerca de Tacho Campos:

...Este Tacho Campos, que el domingo pasado triunfó en “El Toreo”, es un lidiador corto, de esos que cuando pierden en extensión lo ganan en profundidad...Tacho Campos toreó el domingo, parando, templando y mandando. Y en eso coincidió con Garza, como Garza coincidió con Belmonte. Dicen que imita a Lorenzo. Pues si así es, ojalá vengan muchos a imitarle, en lugar de entregarse al toreo de chicuelinas, tijerillas, riverinas, orticinas, lasernistas, molinetes y demás manifestaciones patológicas del contorsionismo imperante... Una falta tiene Tacho Campos: su poca fibra. No es un torero que pelea, que se crece ante la adversidad, ni que siente la noble apetencia de redondear un éxito. Y sería lástima que por eso no llegara tan alto como debe. Me hace abrigar esos temores, la frialdad con que Tacho Campos se desentendió de todo el sexto toro, limitándose a quitárselo de delante.

Sería lástima, porque torea con una pureza extraordinaria y con un sello propio que estriba en el fino acento que sabe dar a sus muletazos, un matiz que no han sorprendido quienes lo tachan de imitador de Garza, porque Lorenzo fue toda reciedumbre y en Tacho Campos priva la finura. Esa cualidad suya culminó en los tres medios pases que dio a favor del viaje del toro, en la última parte de su faena. Giró en ellos con gran suavidad y los ligó de modo que, más que tres lances, fueron uno solo. Yo me pregunto: ¿A quién imitó entonces? ¡Cómo no fuese a Tacho Campos!...

Este muchacho representa, como pocos, lo que podríamos llamar el torero del “SÍ” y el “NO”, el tipo de lidiador en el que no caben los términos medios. Tacho no sabe torear mal. Y eso le priva de paliar sus fracasos, pero, en cambio, le proporciona triunfos definitivos...

Como se puede ver, muchas fueron las esperanzas que despertó, pero como pontificó algún día Enrique Martín Arranz, llegar a ser figura del toreo, es casi un milagro, el andar de Tacho Campos, un torero que atestiguó y vivió momentos importantes de la historia reciente del toreo mexicano, así lo demuestra.

domingo, 30 de agosto de 2020

Hoy hace medio siglo: El Queretano confirma su alternativa en Madrid

Confirmación de El Queretano
Foto: Trullo - El Ruedo
La corrida del último domingo de agosto del año 70 en Madrid era una entonces típica del verano madrileño. Un encierro muy serio de Juan Guardiola Soto estaba en los corrales y en la cabecera del cartel anunciados dos habituales de esas fechas que, fuera de feria, llevaban en buena cantidad a la plaza a la verdadera afición de la capital española, se trataba del sevillano Juan Antonio Alcoba Macareno, quien un par de años antes, siendo novillero, toreara en solitario en esa misma plaza y Sebastián Martín Chanito, de Salamanca, quien a poco de tomar la alternativa sufrió un grave percance y no volvió a encarrilarse convenientemente. El tercero en discordia era ese día Ernesto San Román El Queretano, de México, que comparecía a confirmar su alternativa.

El Queretano había obtenido la dignidad de matador de toros en su tierra el 19 de febrero de 1967. Le apadrinó Joaquín Bernadó, torero que hasta hace muy poco quizás, es el diestro español que más festejos ha toreado en México y atestiguó la ceremonia Raúl Contreras Finito, con la cesión del toro Jacinto de Cerralvo. Curiosamente, la confirmación de Ernesto San Román en Madrid ocurriría antes que en la Plaza México, algo que por esas calendas resultaba casi frecuente.

La campaña española de El Queretano

Señalaba al inicio que la corrida de Juan Guardiola Soto era muy seria. Y lo fue. Las crónicas consultadas del festejo de la confirmación de El Queretano se ocupan principalmente de los toros, resaltando que no se cayeron – las caídas de los toros eran un problema endémico en España en esos días – y su impecable presencia. No obstante resaltan la actuación de los diestros y del rejoneador Curro Bedoya – mató un séptimo – y de la de quien firmó como Pepe Luis en la Hoja del Lunes de Madrid, del día siguiente del festejo, titulada Un toro para un torero, extraigo lo que sigue:

El sexto toro fue sustituido, por denuncia pública que no se debió escuchar, por un viejo Palha mansote y corraleado. ¡Esas cojeras inventadas!...

Debut y alternativa

Ernesto San Román (El Queretano), torero azteca con buen cartel en su país, quiso ayer refrendarlo ante la afición madrileña. Es un diestro valiente, menudo de estatura, pero de corazón grande, que no se arredró por la presencia y el trapío de los toros que le cayeron en suerte (y a propósito del verbo: los toros ayer no se cayeron). Ernesto, en el de su alternativa, se lució de capa en lances a lo Enrique Torres, un valenciano que se quería parecer a Chicuelo padre; no se lució con los rehiletes (si acaso en el tercer par...), y con la muleta se hizo ovacionar: comenzó con un pase – cita desde el platillo del redondel, los pies metidos en la montera – de corte arrucino que emocionó a los espectadores. Continuó en una faena efectista y valerosa, en la que no faltaron los derechazos, los rodillazos y los pases encadenados. No mató bien – pinchazo y media estocada con alivio excesivo y cuatro intentos de descabello –.  ¿Premio? Sólo corteses aplausos.

En el Palha sustituto se limitó a intentar hacerse con él; el toro, que había barbeado en tablas, que las saltó una vez, debió ser lidiado por las afueras. El nuevo matador de toros, que con toros ascendió de categoría – así se justifica una ceremonia –, acabó con el portugués de pinchazo y estocada bajita...

Por su parte, Jesús Sotos, en el semanario El Ruedo, también aparecido al día siguiente de la corrida, realiza el siguiente análisis, bajo el título de Mucho trapío y toreo con precauciones:

El “toricantano” se llama Ernesto San Román y es de Méjico. Se presentaba en la capital de España. En las Ventas le hemos visto. Pero poco podemos decir de él Poco en cuanto a toreo se refiere. Es arriesgado poder emitir un juicio exacto guiados por lo que el torero desarrolló el domingo, pues, amén de la insensatez que supone erigirse en juez guiados por lo realizado en una sola actuación, también debe de contar el ganado que tuvo enfrente, de excesivo respeto para un debut capitalicio de campanillas-

Una cosa – de capital importancia en esto del toreo – dejó al descubierto el diestro azteca: es un valiente de tomo y lomo. Un valentón tremendo. Posee, pues, una sólida base. Con la capa y la muleta, cosas aisladas: unas malas, otras regulares, otras aceptables, alguna buena. Mal con las banderillas.

Total: ni cañas, ni tampoco lanzas. Una actuación no da derecho a nada, repetimos, en cuanto a juicio verdadero se refiere. Compás de espera. Mató más mal que bien y escuchó aplausos al doblar el de Guardiola y el de Palha, pues el sexto, de la ganadería anunciada, fue desechado por cojitranco.

Lo dicho: Ernesto San Román “El Queretano”, un torero valiente. Eso sí que se puede demostrar a las primeras de cambio.

La crónica de Antonio Díaz – Cañabate en el ABC de Madrid, titulada El número del toro cojo y aparecida el martes 1º de septiembre siguiente, ni siquiera merece ser tenida en cuenta. Dedica apenas unas cuantas líneas a la actuación de los toreros y en cambio, derrocha todo su espacio en contar la manera en la cual, desde el tendido, según su dicho, sus vecinos de localidad, urdieron y lograron la devolución del sexto de la tarde – segundo del lote de El Queretano – para que fuera sustituido por un sobrero de Palha, corraleado y de esa manera, revertir el aburrimiento que les causaba la tarde. No obstante, quien era llamado El Cañas por sus allegados, en ese breve espacio, reitera su inveterado disgusto por los toreros que llegan de este lado del mar.

Así pues, podemos deducir que la actuación que El Queretano en Las Ventas hoy hace medio siglo, fue digna y adecuada a las circunstancias en las que se produjo.

Ernesto San Román toreó tres festejos más en esa temporada allende el mar. Abrió en San Feliú de Guixols el 26 de julio, con Ángel Peralta (Rej.) y Juan Asenjo Calero lidiando toros de Gabriel Rojas y Hermanos Peralta (Rej.) y cortó una oreja al primero de su lote; luego el 19 de agosto se presentó en Palma de Mallorca, donde alternó con Santiago Martín El Viti y Manolo Rodríguez en la lidia de toros de Juan Pedro Domecq y cortó una oreja al sexto y terminó en Barcelona el 10 de septiembre, acartelado con Victoriano Valencia y Gregorio Lalanda para enfrentar toros de Pedro Salas Garau.

El regreso a México

Ya de regreso en la patria, logró confirmar la alternativa el 28 de febrero de 1971 en la Plaza México, le apadrinó Pepe Luis Vázquez (mexicano), que le cedió al toro Perlito de La Punta, en presencia de Joaquín Bernadó y también actuó en la corrida el rejoneador Gastón Santos ante un toro de Atenco. Sería al final de cuentas la única actuación de El Queretano en la gran plaza.

Pero Ernesto San Román no iba a esperar que las empresas le llamaran. Entonces se propuso torear y si había que organizar los festejos, pues lo haría y lo hizo, creando una especie de circuito en el que llevó la fiesta de los toros a muchas localidades en las que la tradición no se tenía o estaba abandonada y la revisión de los anuarios de 1971 a 1987 nos revela que, por ejemplo, daba corridas en Sonora, en la parte no fronteriza del estado, que abrió al estado de Chiapas dando festejos en Tapachula, San Cristóbal de las Casas, Tuxtla Gutiérrez y Huixtla; que recuperó plazas en Veracruz como Misantla y Gutiérrez Zamora o que en Sinaloa también daba festejos en ciudades como Los Mochis, Rosario o Culiacán.

Esa incansable actividad le permitió mantenerse dentro de los diez primeros del escalafón en su tiempo y torear unas 310 corridas en su carrera, contando la testimonial del 7 de noviembre de 2004, en la que dio la alternativa a su sobrino Juan Carlos San Román en Cortázar, Guanajuato.

Como un hecho anecdótico, El Queretano formó parte del cartel de la última corrida de feria que se dio en la Plaza de Toros San Marcos el 1º de mayo de 1974, pues a partir del año siguiente, los festejos se celebrarían en la nueva Plaza Monumental. Alternó con Alfonso Ramírez Calesero ChicoRafael Gil Rafaelillo y el rejoneador Felipe Zambrano en la lidia de toros de Guadalupe Medina. Fue herido en la axila por el segundo de su lote.

La saga de los San Román

Ernesto San Román El Queretano no ha sido el primero, pero sí quizás uno de los más destacados de una saga de toreros con ese apellido que durante las últimas seis décadas han actuado en las plazas de toros de México. En un breve recuento, ellos son:

Agustín San Román, novillero, se presentó en la Plaza México el 23 de julio de 1963, alternó con José Campos y Alexandro Do Carmo, con novillos de Rancho Seco. Es hermano mayor de El Queretano.

Oscar San Román, matador de toros, recibió la alternativa en Querétaro, el 25 de diciembre de 1991, de manos de El Niño de la Capea y siendo testigo Jorge Gutiérrez, con toros de Javier Garfias.

Jorge San Román, matador de toros, recibió la alternativa en Tequisquiapan, el 18 de marzo de 2000, de manos de Jorge Gutiérrez y siendo testigo Oscar Sanromán, con toros de San Martín. Falleció el 31 de agosto de 2013 en accidente de carretera.

Gerardo San Román, matador de toros, recibió la alternativa en Durango el 1º de mayo de 2001, de manos de Jorge Gutiérrez y con el testimonio de Guillermo González Chilolo y toros de La Playa.

Juan Carlos San Román, matador de toros, tomó la alternativa en Cortázar el 7 de noviembre de 2004, de manos de El Queretano y siendo testigo Oscar San Román, con toros de Campo Hermoso.

Paola San Román, matadora de toros, tomó la alternativa en Morelia (Monumental) el 16 de mayo de 2015 siendo padrino Edgar García El Dandy y testigo Javier Conde, con toros de Carranco.

Diego San Román, novillero, se presentó en la Plaza México el 13 de octubre de 2019, alternando con Héctor Gutiérrez y Miguel Aguilar con novillos de Marrón. Rejoneó Diego Louceiro.

Como se puede ver, la continuidad de la dinastía San Román está asegurada por el momento. Pero hoy el personaje es El Queretano, en el aniversario de su confirmación de alternativa. ¡Enhorabuena!

domingo, 23 de agosto de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (XI)

26 de agosto de 1951: Triunfo rotundo de Carlos Arruza en Cádiz

Carlos Arruza, Cádiz, 26/08/1951
Foto: El Ruedo
Con admiración para mi amigo gaditano Francisco Javier Orgambides Gómez.

La temporada de 1951 representó para la afición española un reencuentro con los toreros mexicanos. En 1947 los asuntos entre ambas torerías – que apenas se habían arreglado tres años antes – se volvieron a agriar y se dejó de producir ese necesario intercambio de toreros entre uno y otro lado del mar.

Es el 25 de febrero de 1951, cuando las hostilidades cesan y en la misma fecha se celebran tres festejos en la Ciudad de México, Madrid y Barcelona. Por su orden, actuaron aquí Curro Caro, Carlos Arruza y Antonio Velázquez con toros de Pastejé; es la tarde de la faena de Arruza al toro Holgazán. En la capital española lo hicieron Manolo Escudero, Antonio Toscano y Rafael Ortega, para lidiar 5 toros de Moreno Yagüe y 1 de Terrones (5º) en un festejo que poco tuvo para reseñar dada la poca colaboración del ganado y la frialdad del clima y en la Monumental catalana actuaron Rafael Llorente, Antonio Caro y Juan Silveti, con toros de Marceliano Rodríguez. Las crónicas destacan la faena de Caro al toro Americano (5º) e indican que Silveti pudo cortar trofeos al tercero de no fallar con la espada.

Eso abrió la puerta para que Carlos Arruza volviera a intentar una interesante campaña en ruedos hispanos, no tan intensa como la del año 45, pero con categoría, pues toreó solamente 25 corridas y sufrió un percance en Jerez el 16 de septiembre. Y en el aspecto humano, también tenía en puerta una realización, pues el día 23 de agosto de ese año, nació en Sevilla la que fue la primera hija de su matrimonio con la señora Maricarmen Vázquez Alcaide, con quien había contraído nupcias el 28 de junio del año anterior en la sevillana parroquia de San Lorenzo, ante su Cristo del Gran Poder.

La redonda tarde gaditana

Para el domingo 26 de agosto del 51, se anunció una corrida de don Joaquín Buendía para el caballero en plaza Duque de Pinohermoso, Carlos Arruza, Rafael Ortega y Manolo González. No sobra señalar que la entrada al desaparecido coso fue un lleno absoluto, pues se reunían en la combinación a un torero de la tierra que era apreciado por propios y extraños; a un joven torero sevillano que tomaba el testigo que Chicuelo le dejaba en ese calendario y por supuesto, la presencia del Ciclón Mexicano, una figura que con su solo nombre arrastraba multitudes. La afición de Cádiz tenía delante algo que sería sin duda un gran acontecimiento taurino.

Al final de la tarde Carlos Arruza fue quien se alzó con el triunfo, llevándose en la espuerta cinco orejas, dos rabos y una pata. La crónica de Antonio Olmedo Delgado Don Fabricio, aparecida en el ABC de Sevilla el martes 28 siguiente, titulada La montera en la cuna, entre otras cuestiones destaca:

…“¿No ves – nos decía el eco misterioso – que Arruza ha omitido un brindis de rigor? Cierra los ojos, piensa y verás que la montera de Arruza está a la cabecera de una cuna, la de su hija”. Yo no he hablado con Arruza; pero puedo aseguraros que así ha sido, como imagino. Lo que el lector no podrá imaginar, por mucha que sea su fantasía, es lo que Arruza hizo con los toros...

Con su primero ostentó Arruza el desprecio que le causaba la mansedumbre del animal, al que manoteó en la cara y en el testuz, después de hacerle pasar poniéndole la muleta en el mismo hocico y rozando la figura con los pitones. En el que mató por la cogida de Ortega toreó a su sabor, sobre las dos manos, a distancia inverosímil, prodigando los desplantes en menosprecio de la fiereza del toro, y en el cuarto, correspondiente al segundo de su turno, colmó sus ilusiones y las de los aficionados con una faena magnífica... naturales precisos y preciosos, redondos templadísimos de sabor torero, completos molinetes de rodillas, una magnífica arrucina, terminada en magistral pase de pecho y luego alardes extraordinarios; baste decir que Arruza llegó a morder la punta de los pitones de su enemigo, ciertamente el mejor de la corrida, que en cuanto al ganado, dejó mucho que desear. Con la capa hizo Arruza quites finísimos, y por si poco fuera, banderilleó a sus tres toros, dejándoselos llegar pasmosamente, hasta conseguir reuniones de emocionantísima exactitud. El noveno par, sencillamente insuperable. Balance de trofeos en premio al mérito, incesantes ovaciones, olés rotundos, la oreja de su primero, las dos y el rabo del que le dejó Ortega y las dos, el rabo y la pata del segundo suyo; vueltas al ruedo, salidas a los medios y una multitud delirante aclamándole. Magnífico brindis. Imposible seguir. No habrá quien pueda narrar lo inenarrable. ¡Oh aquellos dos faroles de rodillas con que Arruza saludó al cuarto de la tarde! Tres toros y otras tantas estocadas. Si detallásemos, sería el cuento de nunca acabar...

Esto es lo que pasó en Cádiz, ciudad que tiene la virtud de sonreír anticipadamente al visitante que para ella traiga un piropo a flor de labios. Dígalo si no el señor Martín de Mora, que, ufano porque en las taquillas se había colgado el cartel de “No hay billetes”, repartía apretones de mano y frases de gratitud. Pero nos parece que será a él, como promotor del éxito, a quien hayan de agradecérselo.

En fin, convengamos que el brindis de Arruza ha sido un señor brindis.

El diestro Arruza ha tenido su primer hijo…

En los demás sucedidos del festejo, Rafael Ortega entró en la enfermería, herido de pronóstico reservado nada más abrirse de capa con su primero y ya no regresó a continuar y Manolo González pudo cortar orejas a dos de los tres toros que mató esa tarde de forzado mano a mano, pero se tuvo que conformar con dos vueltas al ruedo y el Duque de Pinohermoso, que abrió el festejo, saludó desde el tercio.

La versión de Don Celes, corresponsal del semanario El Ruedo, aparecida en el número publicado el 30 de agosto siguiente, menos compuesta literariamente, es de la siguiente guisa:

...Desde el primer instante Carlos Arruza mostró propósito denodado de agradar. Tres faenas de muleta, nueve pares (nueve, señores) de banderillas siete u ocho quites, numerosas intervenciones de capa... son las cifras que resumen una labor larga, abundante y diversísima. En parte se debió a la cogida en el primer tercio del tercer toro del diestro Rafael Ortega, por lo que el mejicano tuvo que entendérselas con dicho astado, además de con los dos de su lote. En los tres demostró Arruza hallarse en la plenitud de su oficio. El valor, la inteligencia y la voluntad conjugados en iguales dosis, llevando al máximo el arte de mandar en los toros, hasta extremos que alejan – yo diría peligrosamente – toda sensación de peligro. Como sugestionados los toros le obedecieron resignada y mansamente, y él pudo entregarse por igual a la caricia – en el segundo llegó a besar la aguda punta del pitón – que al gesto de desdén hacia un enemigo reducido a la impotencia. Por eso precisamente nos gustó más la faena practicada al tercero suyo, al que apenas picaron y del que aprovechó, sabia y valientemente, su embestida larga. A este toro, que recibió con una larga cambiada de rodillas, y que toreó elegantemente de capa, le hizo la faena de repertorio más largo y acabado. Primero, pases estatuarios. Después citó desde lejos, a muleta plegada, y sobrevino la serie de naturales ligada con el de pecho. Por último, el catálogo completo: molinetes de pie y de rodillas, arrucinas, adornos, manoletinas, derechazos, de la firma, rodillazos en serie... Y al final la estocada y el descabello a la primera, seguido de las dos orejas, el rabo y la pata. Resumen de una tarde en la que ya antes había cosechado una oreja, y dos orejas y rabo...

Como se puede ver, Carlos Arruza rindió la plaza y confirmó que aún después de cuatro años de ausencia, seguía siendo un gran torero y una muy importante figura del toreo.

La plaza de toros de Cádiz

En su crónica, Don Fabricio hace una feliz memoria de la influencia de Cádiz en los orígenes del toreo y de las raíces que tienen allí las dinastías toreras de los Lillos y los Cucos. Al leer esas breves líneas y la historia, nos resulta en buena medida increíble, que en estos tiempos que corren, la antigua Gades no tenga una plaza de toros.

La plaza en la que Arruza tuvo esa redonda tarde, se inauguró el 30 de mayo de 1929, con toros de Indalecio García Mateo para Valencia II, Curro Posada y José García Algabeño, presidiendo el festejo Antonio Fuentes, aún con obras pendientes de concluir.

La plaza se construyó por una suscripción pública, donándose después por los accionistas los títulos al Ayuntamiento y funcionó ininterrumpidamente hasta el 17 de julio de 1967, cuando se dio el último festejo allí en el que actuó la cuadrilla cómica de El Bombero Torero y actuó en la parte seria el novillero José Yáñez Figurita. La última corrida de toros que se dio en ese escenario fue en la víspera de ese festejo, actuando Juan Antonio Romero, Paco Camino y El Cordobés, quienes mataron reses de Juan Pedro Domecq con un lleno en los tendidos.

Tras del festejo, arquitectos municipales determinaron que había deficiencias estructurales en una de las zonas de la plaza que daban hacia el mar, por lo que se determinó el cierre de la misma y cuando se presentó el presupuesto para su reparación, el Ayuntamiento no aceptó asumir el costo de ella. Al final, permaneció cerrada y en febrero de 1976 se decretó su demolición, la que concluyó al final de ese año.

Después de esa pérdida, se ha intentado llevar a Cádiz la fiesta en plazas portátiles y así, se hizo en ese mismo 1976, aunque el consistorio no lo autorizó por no ser coincidente con la categoría taurina de la ciudad, según se lee en esta nota de El País; luego en 1993 se montó una en la que se celebró un festival benéfico el 3 de abril y por último, en 2006 se instaló otra en unos terrenos cercanos a los astilleros, en la que se dieron dos festejos,  el 17 de junio una novillada sin picadores con cuatro erales de Diego Romero para Miguel Ángel Sánchez de Ubrique, Francisco Ramos de Chiclana, Alejandro Enrique de Granada y Ramón Tamayo de San Fernando. Este festejo se completaría con dos añojos de de Núñez del Cuvillo para el gaditano Fran Gómez y al día siguiente, toros de Gavira para Manuel Díaz El Cordobés, Javier Conde y José Antonio Canales Rivera.

Existen agrupaciones de aficionados que reclaman para la vieja Gades una plaza de toros, quizás no una tradicional, pero sí un escenario multiusos que permita la celebración de festejos taurinos allí, pero a mi juicio, esa ocasión está cada día más lejos.

Sobre la historia de la plaza de toros de Cádiz, recomiendo esta lectura en el blog de Francisco Orgambides titulada Cádiz, una plaza de vida breve, no tiene desperdicio.

domingo, 16 de agosto de 2020

1º de mayo de 1949: Jesús Córdoba hace su presentación en plazas europeas

Anuncio de la presentación de Jesús Córdoba en Lisboa
Diario de Lisboa, 30 de abril de 1949
De convenios y rupturas

Aunque desde el principio del año los ánimos estaban caldeados, fue a mediados de mayo de 1947, cuando Antonio Bienvenida, Luis Miguel Dominguín, Juan Belmonte Campoy y otros toreros que no hicieron campaña invernal en México, invocaron falta de reciprocidad de nuestras empresas y toreros y declararon definitivamente terminado el convenio de 1944 que regulaba las relaciones taurinas entre México y España. Ante tal hecho, Manolete y otros diestros que si actuaron en nuestras plazas en ese periodo, intentaron recomponer esa situación y lo reinstalaron un par de semanas después, pero el 28 de junio se declararon definitivamente suspendidas las relaciones taurinas entre ambos países.

En esa tesitura, se quedaron parados entre otros allá los matadores Fermín Rivera, Antonio Velázquez, Carlos Vera Cañitas, Ricardo Torres, Manuel Gutiérrez Espartero y Antonio Toscano, así como los novilleros Pepe Luis Vázquez y José Antonio Chatito Mora. De nada valió que Carlos Arruza, otro de los afectados, fuera el Presidente de la Asociación de Toreros de España y de su Montepío, simplemente no fue escuchado y El Ciclón, al ver que su opinión no era tenida en cuenta, terminó por renunciar a ese cargo en septiembre de ese calendario.

Es interesante ver que Armillita, en entrevista concedida a El Tío Carlos en abril de ese mismo 1947, publicada en El Universal y después en La Lidia, en la que hace un análisis de su paso por los ruedos y anuncia su inminente despedida de los ruedos, estimó que la normalidad se restablecería en unos tres meses. La realidad es que los nuestros volvieron a los ruedos hispanos hasta el año de 1951.

Las otras plazas europeas

No obstante el cierre de las plazas de España para los nuestros, quedaban francas las de Portugal y las de Francia y durante los veranos, era casi mandatorio que fueran por allá a hacer campaña varios de nuestros toreros. Durante el boicot del 36, allí estuvieron para los nuestros y ahora allí seguían. En el año de 1949 Jesús Córdoba fue uno de los que acudieron a ellas. Estando en Aguascalientes, como visitante en la Feria de San Marcos, fue entrevistado para El Sol del Centro el día 21 de abril y manifestó entre otras cosas lo siguiente:

…La “cosa” taurina tenía que salir a colación. “Mi deseo – nos dijo – era actuar en la Feria de Abril. Tú te diste cuenta. Hace apenas cuatro meses que toree en Aguascalientes mi última corrida como novillero. Dos horas después mi apoderado, el doctor Ruiz, había arreglado un contrato para que yo toreara en las Fiestas. Luego hubo ciertas dificultades y el contrato se rompió. Fueron líos internos, Bueno, ahí será en otra ocasión”.

Córdoba esperaba ayer comunicación de México. Se mencionaba su nombre como uno de los probables espadas que saldrían en domingo en la Monumental en la presentación de Conchita Cintrón. Todavía no se sabía nada en firme. Se hablaba insistentemente de un mano a mano entre Capetillo y El Soldado; pero nada seguro. “Mira si no reaparezco el domingo allá – refiriéndose a la Capital – me quedaré aquí. Sí, hasta después del famoso día 25. Pero nada. Tengo pasajes para el día 27 a Portugal, en donde debutaré el próximo domingo”.

- ¿Te gustaría que se arreglara el intercambio taurino hispano – mexicano?

- ¡Claro que sí! Arruza ya está haciendo gestiones desde hace tiempo. Ahora vamos Antonio Velázquez, Gregorio García y yo. Todos metemos “canilla” en favor de la solución del lío. Yo me presento el 1o de mayo, actuando con Parrita que es una de las figuras españolas y Manolo dos Santos.

- ¿Cuántas fechas llevas contratadas?

- Quince, nos contestó. Pero hay posibilidades de que ese número aumente. Todo depende de lo que yo haga frente al toro. “Armillita” me ha dicho que allá me “pondré” mucho, pues el toro de lidia es más grande y de mayor pujanza que el de México. Y debe tener mucha razón porque conoce como nadie de toros, como lo está demostrando con su ganadería que será una de las mejores de México…

Así pues en ese orden de acontecimientos, El Joven Maestro sería el primero de Los Tres Mosqueteros en presentarse en las plazas de toros del otro lado del mar.

Lisboa, 1º de mayo de 1949

La empresa de Campo Pequeno anunció para esa fecha una corrida de toros – tourada le llaman allá – en la que a pie actuarían Pepín Martín Vázquez y el debutante Jesús Córdoba, con toros del Duque de Palmela y los caballeros en plaza Simao da Veiga y José Casimiro con toros de Francisco dos Santos y el grupo de forcados de Antonio Matías.

La tarde se torció en el aspecto climatológico, de acuerdo con la breve crónica aparecida en el Diario de Lisboa del día siguiente del festejo, firmada por F, en sustitución de quien tradicionalmente lo hacía como El Terrible Pérez y es, en traducción libre efectuada por este amanuense, de la siguiente guisa:

Si ayer hubiera sido un día primaveral, Campo Pequeno ciertamente se hubiera inundado, porque no solo era atractivo el cartel en su conjunto, sino que también había en él una persona que la afición, anhelaba ver en carne y hueso, tras las estupendas «faenas» de este «Currito de la Cruz», rehabilitando esta fiesta brava, tan distorsionada y dañada por películas, novelas y artículos pseudo – humanitarios...

Lamentablemente, el temporal que azotó con fuerza desde la madrugada, no solo perjudicó a la empresa, sino a los toreros y al público que, a su vez, dejó de lado una serie de pases redondos y dos molinetes del alegre y valiente sevillano, y unas notas con el capote, del mexicano Jesús Córdoba. Poco se pudo ver en la lidia con los trapos, de los cuatro toros de Casa Palmela, los cuales, descontando su amplia encornadura, estaban bien presentados y mostraron casta, bravura y suavidad, mostrando por qué la ganadería es de las primeras nacionales.

Los cuatro toros del Sr. Francisco dos Santos que salieron para los caballeros, también fueron de buena presentación, denotando las conocidas características de la finca ganadera de la que proceden, que tiene muchos admiradores en Portugal.

Simao da Veiga, a pesar de haber llevar en la lidia de toros ya un cuarto de siglo, mantiene la alegría que durante tantos años ha conquistado a nuestro público, al de España y al de México. Estuvo empeñoso, pisando los terrenos a los toros, y las ovaciones que le dieron fueron bien merecidas.

José Casimiro lució con su habitual seriedad y serenidad, clavando hierros largos y cortos en suertes que fueron justamente apreciadas y que le valieron una entusiasta llamada a los medios.

Alé nos dio con el capote, un poco del aire de su gracia, teniendo los peones restantes –Procopio, Correia, Joaquinillo, Gorjao, Gloria, Alemao, Navajas, Rubichi y Pla – voluntad de cumplir, luchando con el viento fuerte e incómodo.

Los forcados de Antonio Matías hicieron buenas pegas, como el «combolo», que funciona bien siempre que la «locomotora», – el  pegador – no «descarrile»...

Incomprensible la cogida de Jesús Córdoba – a quien queremos ver en una tarde más apacible – al intentar clavar un par, entrando al toro, sin pensar en la salida.

Manuel dos Santos, como siempre, es competente y rápido en la dirección de la lidia.

El próximo domingo fiesta para todos los paladares en Campo Pequeno. Parrita y otro torero, y destacan José Rosa Rodrigues y Fernando Salgueiro; y en Santarem el «mano a mano»  Diamantino – Manuel dos Santos con Simao y Manuel Conde.

Como se puede ver, salvo el hecho de que la fecha representó para Jesús Córdoba su primera actuación en un ruedo ultramarino, poco más hay para contar. 

La campaña europea de Córdoba en el 49

Al final del calendario Jesús Córdoba toreó en Europa once corridas, seis en Portugal los días 1º de mayo en Lisboa; 29 de mayo en Tomar; 31 de julio en Pavoa do Varzim; 8 de agosto en Guimaraes; 14 de agosto en Figueira da Foz y 28 de agosto en Espinho y cinco en Francia, el 19 de junio y el 14 de julio en Burdeos; el 19 de julio en Mont de Marsan; el 16 de agosto, en Collioure y cerró su temporada europea el 18 de septiembre en Arles.

Quizás el impedimento de actuar en ruedos españoles redujo el número de actuaciones de nuestros toreros en Europa, pero no impidió la circulación de ellos por esas tierras. Su paso por Portugal y por Francia es una arista de la historia de nuestra tauromaquia que está poco estudiada. Aquí un detalle de esos hechos que vale la pena averiguar. 

domingo, 9 de agosto de 2020

9 de agosto de 1981: Presentación de Cruz Flores en ruedos españoles

Anuncio de la presentación de
Cruz Flores
La Vanguardia de Barcelona
Cruz Flores
fue hijo de Saulo Flores El Chapo, un personaje que tuvo nexos con la fiesta desde su juventud. Por algún tiempo le sirvió las espadas a Manuel Capetillo, y más tarde fue parte de los ayudas de Manolo Martínez y se afirma que fue él quien le aplicó un torniquete aquél 3 de marzo de 1974, cuando Borrachón de San Mateo comprometió seriamente la vida del torero regiomontano. Pasado el tiempo, Saulo Flores se integró al equipo de la empresa Alfaga cuando gestionaba el coso de Insurgentes y era representada por Curro Leal y al concluir éste sus labores allí, pasó a ser colaborador del ganadero Pepe Chafik.

Poco antes de cumplir 19 años de edad, Cruz Flores se presentó como novillero en la Plaza México. Fue el domingo 14 de septiembre de 1975 y alternó con Gustavo Garza y Alfredo Gómez El Brillante en la lidia de novillos de De Santiago, siendo el primero que enfrentó nombrado Campanero por su criador.

Recibió la alternativa el 13 de junio de 1976 en San Juan del Río, Querétaro, apadrinado por Manolo Martínez y con el testimonio de Eloy Cavazos, lidiándose un encierro de San Martín. Esa alternativa la tuvo que confirmar en dos ocasiones, debido a un prurito tradicionalista que logró que se ignorara la reglamentación taurina vigente en la Ciudad de México y así, la primera ocasión lo hizo en el Palacio de los Deportes, el 14 de septiembre del año de la alternativa, cediéndole los trastos Curro Rivera delante de Roberto Domínguez para matar al toro Milagroso de San Miguel de Mimiahuápam y la segunda y definitiva – para la paz espiritual de los que se dicen tradicionalistas – fue en la Plaza México el 5 de marzo de 1978, siendo su padrino Manolo Martínez y el testigo Curro Rivera y el toro de la ceremonia Sultán de La Laguna.

Entre la fecha de su alternativa y la efemérides que me ocupa en este día, Cruz Flores toreó con relativa frecuencia, pues sumó 186 corridas, teniendo las cifras más altas los años de 1977, con 51 festejos y 1979, con 47. En el año de 1981, sumó 10 corridas únicamente en plazas mexicanas.

La presentación en Barcelona

Es ya un argumento manido en esta bitácora, pero es una abrumadora realidad; Barcelona fue tradicionalmente el puerto de entrada para los toreros mexicanos que iniciaban una campaña española. Y tampoco es de desdeñarse que 19 de nuestros connacionales se hayan hecho matadores de toros en alguna de sus plazas. Así pues, resultaba de una cierta lógica que para intentar hacer una campaña en ruedos hispanos, Cruz Flores empezara por la capital catalana.

Pedro Balañá le anunció precisamente para el domingo 9 de agosto de 1981, inicialmente los toros serían de Javier Pérez Tabernero Montalvo para los de a pie, y uno del Marqués de Domecq para rejones y los lidiarían el caballero en plaza Álvaro Domecq, el linarense José Fuentes, el granadino Andrés Moreno y Cruz Flores. La publicidad de la corrida advertía que el rejoneador actuaría en cuarto lugar. Al final se lidiaron solamente cuatro toros de Pérez Tabernero, uno de ellos para rejones y tres de Lamamié de Clairac (1º, 2º y 7º).

La actuación de Cruz Flores estuvo cercana a ser redonda. Cortó una oreja al segundo de su lote y dio vuelta tras petición en su primero. La crónica de Rafael Manzano, titulada Cruz Flores: El oro por el toro aparecida en la Hoja del Lunes de Barcelona, del día siguiente del festejo, entre otras cosas dice:
...Languidecía la corrida de ayer; tanto los toros de Lamamié de Clairac como los de Pérez Tabernero, quedados y sosotes, no se prestaban al lucimiento. Y el bostezo se extendía bajo la tarde caliginosa de agosto. 
Pero salió el sexto de lidia ordinaria, un bicho de Lamamié de Clairac con una cierta embestida, arrancándose desde lejos. El diestro mejicano Cruz Flores, que hacía su presentación, vio allí su oportunidad. Estuvo valiente y decidido. Faltaba la rúbrica de la espada. Y el torero, pese a que el bicho tenía la cabeza muy levantada, entró a herir en el siempre peligroso terreno de los toriles. Le puso corazón a la suerte suprema, aunque en el envite, la res le arrancase con sus finas agujas la bocamanga de la casaquilla. O el oro o el toro; y Cruz Flores prefirió perder el oro del bordado para ver rodar el toro a sus pies después de una larga y estética agonía... 
Cruz Flores 
Se presentaba en nuestra plaza – y creo que en España – un diestro mejicano. Y que había tomado la alternativa el 13 de junio, en San Juan del Río (Méjico) de manos de Manolo Martínez. Es muy poco una corrida para establecer un juicio sobre el diestro. Ayer fue sin duda el triunfador de la tarde. A su primero lo saludó con unas verónicas algo rudas. En la muleta estuvo muy bien con una res sin fuerzas, especialmente en dos tandas de naturales corriendo muy bien la mano y evidenciando fino juego de muñeca. Mató rápido de una entera pasada y tendida. Petición de oreja y vuelta. 
Se superó en el sexto, un bicho de Lamamié de Clairac, que fue, sin duda, el mejor del encierro. Lo lanceó con arte a la verónica. El tercio de banderillas fue un desastre. 
Brinda Flores al abogado de Balañá, señor Tejero. Y montó el azteca una faena excelente sobre ambas manos, evidenciando su excelente juego de muñeca rematando con limpidez los pases, sobre todo los naturales y el de pecho. A la hora de herir, con rabia de trofeo en su presentación, se arrancó en terrenos de toriles. El bicho levantó la cabeza dejando en el asta el oro de la bocamanga de su casaquilla. Herido certeramente, la res tuvo una muerte espectacular, derrumbándose a los pies del maestro. Hubo ovación, oreja y vuelta al ruedo a hombros de los «capitalistas»...
Por su parte Julio Ichaso, el veterano cronista de La Vanguardia, quizás en una de las últimas crónicas que escribió para el diario, pues falleció al mes siguiente, manifestó esto:
Tarde oscura 
...El cielo estaba tachonado de nubes, amplias y, aparentemente, cargadas de agua. El viento las movía con graciosos vaivenes. Pero todo este aparato quedó en un goteo sin importancia, afortunadamente... 
Cruz Flores 
Este espada mejicano hace su presentación, con esta función, en España. 
Tercero, número 7, «Hormiguero», de Pérez Tabernero, al que lo lanceó muy bien. Recibió la primera puya con empuje y, la segunda, y última, zarandeando al jaco. Comenzaron a caer unas gotitas de agua, que no siguieron. Brindó a la concurrencia iniciando la faena con pases por bajo, para seguir con derechazos y, el pectoral final con mucho valor y dominio. Más pases, en varias tandas, y más olés y música. No faltaron los naturales ni por supuesto, las palmas. Logró una gran estocada, echándose encima de la cuna, que fue felizmente mortal. Hubo una petición grande e insistente de la oreja, que no fue otorgada, con vuelta triunfal por e! ruedo, entre aplausos.
Séptimo, número 112, «Algarrobito», de Clairac. Fue un gran astado, que dio mucho juego al que lo veroniqueó con mucha clase y le ovacionaron. Los banderilleros anduvieron aperreados. Brindó Cruz al señor Tejero, de la Empresa Balañá. Los mejores fueron los naturales, con los finales de pecho. Mató con decisión y le atropelló el bicho en el encuentro, pero quedó fulminado espectacularmente. Le concedieron una merecida oreja, con paseo por el ruedo a hombros de los «capitalistas»...
La tarde como decía, casi le resultó redonda. Le valió para torear allí mismo, en la Monumental, otras dos tardes, la del 6 de septiembre, alternando con Dámaso Gómez, en lo que fue su última actuación en esa plaza y Francisco Ruiz Miguel, que cortó una oreja a cada uno de sus toros, en la lidia de toros de Antonio Pérez de San Fernando y Terrubias (5º). La actuación del torero mexicano fue discreta. Regresó el 30 de septiembre en un cartel bien rematado, con Palomo Linares quien tuvo una mala tarde, Emilio Muñoz, quien cortó cuatro orejas y un rabo, saldando Cruz Flores su actuación con un par de salidas al tercio. Los toros fueron de Baltasar Ibán y Bernardino Piriz (3º). Los escalafones publicados por la prensa española al final de la temporada le consignan una cuarta actuación en aquellos ruedos, misma que no pude localizar.

La hora dorada de Cruz Flores

Pero el momento dorado de la carrera de Cruz Flores se produjo el 5 de febrero de 1979, cuando alternando con Manolo Martínez y Eloy Cavazos y con la presencia en el cartel del rejoneador Álvaro Domecq, realizó al toro Simpatías de la ganadería de Reyes Huerta, una faena de indulto. Luis Soleares, pseudónimo usado inicialmente por don Carlos Loret de Mola Médiz y posteriormente por su hijo Rafael, en crónica para la agencia AEE, publicada en el diario El Informador de Guadalajara del día siguiente del festejo, escribió entre otras cosas, esto:
Don Reyes Huerta: le brindo mi faena a su torito... no la muerte, porque al rato se lo devuelvo para la cría... 
Así brinda Cruz Flores (coral y oro) ante el palco del ganadero y luego entra a la historia de la Plaza México y quizá a la gloria inigualable de ser figura del toreo. Antes, el muchacho ha veroniqueado con mando y temple, marcando los 3 tiempos a «Simpatías», de 450 kilos, marcado con el número trece. Lo lleva a la pica con mandiles sobrios. Hay ovación a su toreo de capa. Embiste bien el morito y lo castigan adecuadamente. Ni un milímetro más, Llega a la muleta como un galgo. 
Lo cita Cruz en el tercio de matadores y lo dobla sin castigar pero con finura. Va él solo a los medios, y de largo lo cita. Viene como locomotora, y lo hace entrar a la muleta con un derechazo de filigrana y carácter, seguido de seis más, y broche de pecho rodilla en tierra. 
Se entrega el frío público. Siguen nueve lentos, cadenciosos, interminables derechazos, cambio y pase de pecho con la izquierda. En el mismo terreno, en los medios, y sin enmendar entre pase y pase y entre serie y serie, Flores se supera con la gracia de tres derechazos muy despatarrado, en círculo completo, un primoroso de la firma, cambio por la espalda y molinete invertido con la izquierda. Puros cuadros al óleo. La gente ruge. Comienzan a flamear pañuelos. 
A continuación, exactamente en el centro del anillo, seis naturales de prodigio, uno con los pies juntos, y los demás con el compás abierto, adelantada la pierna contraria y la mano baja, limosnera, corriendo con lentitud. Pase de pecho interminable.  
Cita de frente por detrás, con la muleta en la derecha y corre la mano a la inversa para concluir en un larguísimo pase de pecho. Otros cinco derechazos de vuelta entera. Cuatro preciosos naturales. Una serie variada: molinete, péndulo, tres derechazos de pontifical y pase de pecho rodilla en tierra. La petición de indulto se generaliza, y el matador todavía sigue toreando como si fuera para él mismo y solo. Concede el juez el indulto, y hay más naturales y varios pases de pecho, el último de los cuales conduce a «Simpatías» a los chiqueros, a la dehesa y a la paternidad responsable. 
Un acto absurdo: solo le conceden dos orejas simbólicas. Le niegan el rabo. Protesta la gente. El joven triunfador deja los apéndices en la arena y da dos vueltas al ruedo en marcha victoriosa, más una salida a los medios. Comparte honores con el representante de la ganadería...
Cruz Flores también conocería las simas de la fiesta en la propia Plaza México, fue uno de los protagonistas de las corridas de la ignominia, específicamente la celebrada el 29 de abril de 1990 y de las que ya me he ocupado en este espacio y todavía volvería una vez más a su redondel, pero sin recuperar ya el sitio que algún día tuvo.

Cruz Flores falleció en la Ciudad de México el 9 de diciembre de 2004, después de una enfermedad complicada.

domingo, 2 de agosto de 2020

Toros en la frontera. Un patrimonio perdido

Plaza de Toros El Toreo de Tijuana
Aunque el toreo se arraigó en la frontera entre México y Estados Unidos en el último tercio del siglo XIX como consecuencia de la herencia cultural compartida de quienes hacían la vida a uno y otro lado de la línea divisoria y secundariamente, al tráfico de bienes y de personas generado por el tendido de vías férreas que comunicarían a ambos países, es en la segunda mitad del siglo XX cuando la zona se convierte en un importante bastión para la fiesta de los toros en México. 

En el caso particular de Tijuana, durante la época de la prohibición, el hotel y casino de Aguacaliente y la cercanía de esta ciudad con la llamada Meca del Cine, fueron un atractivo para personajes importantes de la farándula, lo que motivó que al atractivo del juego, de la posibilidad de consumir bebidas alcohólicas sin disimulo y sin tener que guardar fingidos recatos que a veces imponía la extrañamente pacata sociedad norteamericana, se adicionara la fiesta de los toros, que en esos días y en muchos por venir, no era considerada políticamente incorrecta de ninguno de los lados de la línea fronteriza. También habrá que tener en cuenta que la base naval de San Diego fue un asiento de muchos nuevos aficionados, que al terminar su servicio allí, la diseminaron por el resto del territorio estadounidense.

Con menos atractivos lúdicos quizás, pero con un mercado potencial del lado estadounidense, estaban Ciudad Juárez, que tenía una fortificación del ejército del país vecino cerca de El Paso y tuvo un efecto y vocación similar al de la base de San Diego; pero además estaban en esa línea divisoria Nogales, San Luis Río Colorado, Ciudad Acuña, Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros y en todas esas localidades que veían transcurrir la existencia entre dos naciones y en ellas la tauromaquia tuvo un lugar destacado entre las diversiones públicas y fue la fuente de una afición seria, informada y conocedora. No era un remedo de fiesta o un mero mexican curios. La fiesta de la frontera Norte era la verdadera fiesta de los toros.

Por razones de tiempo y espacio tomaré como ejemplo la temporada de 1963, misma en la que se dieron en esa franja la friolera de 63 festejos entre mayo y septiembre – con algunos festejos residuales hasta noviembre – y que representan la cuarta parte de todos los que se dieron en la República ese año. A esos festejos acudieron las principales figuras de la época y presentaron sus encierros las mejores ganaderías del momento y por supuesto, las empresas dieron oportunidades a toreros emergentes para que pudieran demostrar que estaban listos para mejores empresas.

La temporada del 63

La parte mayor de ese calendario gravitó en las plazas de Tijuana (26) y Ciudad Juárez (22), que fueron las dos que más festejos dieron en México ese año. Superaron en número a la Plaza México (15), aunque habrá que señalar que ese año la temporada capitalina se repartió con El Toreo de Cuatro Caminos (12) – aunque administrativa y políticamente no sea parte de la capital mexicana –, por lo que sumando los festejos de los dos cosos, se supera en uno la cantidad ofrecida por las dos plazas de Tijuana. También esas dos ciudades de frontera dieron más corridas que Guadalajara (10) y Monterrey (12) y plazas como Nogales (8) o Nuevo Laredo (7) dieron más festejos que Aguascalientes (6), e incluso Acapulco, hoy irremisiblemente perdida para los toros, dio casi un número igual de festejos que la capital del país (14).

La competencia entre dos empresas, la que dirigía el doctor Alfonso Gaona y la que encabezaba el Mayor Salvador López Hurtado hizo posible esa circunstancia. Este último había edificado dos plazas monumentales en Ciudad Juárez (1957 – 2005) y otra en Tijuana (1960) para competir respectivamente con la Alberto Balderas y El Toreo. En la revista Toros de Jim Fergus, publicada del lado americano, ambas empresas hicieron el anuncio de sus elencos para la temporada de esa ciudad bajacaliforniana. El Mayor López Hurtado ofrecía presentar a los mexicanos Alfonso Ramírez Calesero, Andrés Blando, Pepe Luis Vázquez, Jesús Córdoba, Manuel Capetillo, Joselito Huerta, Jorge El Ranchero Aguilar, Humberto Moro, Antonio del Olivar, Eduardo Moreno Morenito y Felipe Rosas; a los españoles Pepe Osuna, Juan Jiménez El Trianero, Victoriano La Serna, Juan Bienvenida, Antonio Ortega Orteguita, Paco Corpas y Curro Montes; a los venezolanos César Girón y Curro Girón. También anunció a Jaime Bolaños, aunque no actuó y como pendientes de contrato a Diego Puerta y Antonio Campos El Imposible.

Por su parte, el doctor Gaona ofreció como bases de su temporada a Luis Procuna, Juan Silveti, Alfredo Leal, Jaime Bravo y José Ramón Tirado; a los españoles Joaquín Bernadó, Juan García Mondeño, Diego Puerta y Paco Camino y al portugués José Julio.

El contingente de diestros que actuaron en alguna de las plazas de la frontera y que no fueron anunciados en elenco alguno fue encabezado por Fermín Rivera, Luis Briones, Antonio Velázquez, Rafael Rodríguez, Félix Briones, Raúl Acha Rovira, Fernando de los Reyes El Callao, Raúl García, Víctor Huerta, Jaime Rangel, Emilio Rodríguez, Jesús Peralta, José Luis Ramírez, Tomás Abaroa, Rodolfo Palafox, Benjamín López Esqueda, José Gómez, Joselito Méndez y Rubén Salazar; el venezolano Rafael Báez; el colombiano Pepe Cáceres; los españoles Enrique Vera, Martín Sánchez Pinto y Juan Gálvez y el portugués Manolo dos Santos

También actuaron los rejoneadores Juan Cañedo, Gastón Santos y Mauricio Locken. Así pues, en las 63 corridas que se celebraron en la frontera de México con los Estados Unidos, estuvo presente casi todo el mundo taurino.

Las ganaderías que lidiaron sus toros en la frontera fueron entre otras Torrecilla, Jesús Cabrera, Santo Domingo, Tequisquiapan, Mimiahuápam, José Julián Llaguno, Valparaíso, Corlomé, Golondrinas, Ernesto Cuevas, Javier Garfias, La Laguna, Las Huertas, Ramiro González, Reyes Huerta, Boquilla del Carmen, La Punta, Matancillas, Santa María, Peñuelas, Viuda de Franco, El Romeral, Santoyo, Juan Aguirre, Hermanos Trouyet, Mariano Ramírez, Atlanga, Rancho Seco y Coaxamalucan

He de hacer notar que de acuerdo a la información recopilada por don Luis Ruiz Quiroz en su Resumen Estadístico 1958 – 1963, resulta complicado precisar, en el caso de de Tijuana y Ciudad Juárez, avanzada ya la temporada, en qué plaza se celebraron los festejos, porque de la composición de los carteles se advierte la presencia de toreros del elenco de una y otra empresa entreverados en los mismos carteles, lo que me deja suponer que no tenían pacto de exclusiva con la empresa que los anunció inicialmente.

La afición del lado americano

Peñas y clubes taurinos existen en los Estados Unidos desde hace más de 70 años, siendo de los vigentes el más antiguo Los Aficionados de Los Ángeles, en El Paso hay una agrupación cercana también a esa antigüedad y desperdigadas por toda la Unión Americana hay agrupaciones de aficionados anglosajones que entienden y sienten lo que es esta fiesta. Desde 1964 además, hay una Unión de Bibliófilos Taurinos (TBA) que a diferencia de las de nuestras tierras, funciona a distancia, por correspondencia diríamos, dada la distancia a la que se encuentran ubicados sus integrantes. 

El caso de los Bibliófilos americanos es curioso en muchos aspectos más. Contaba Bob Archibald – aficionado alumni de la base naval de San Diego – que cuando concibió a los TBA, en 1964 publicó una especie de anuncio clasificado en la revista de Jim Fergus convocando a los interesados en el tema y que el primero que acudió al llamado, fue precisamente Fergus. A la fecha TBA cumple 56 años de fructífera existencia.

Esos aficionados procuran asistir a festejos y ferias no solamente en la frontera, sino que viajan de manera individual u organizada a México, Sudamérica o Europa y disfrutan de festejos, del ambiente y de la cultura de los países que visitan y además se preocupan por difundir y comunicar sus impresiones a la demás afición. De esos grupos de aficionados surgieron fotógrafos como Lyn Sherwood o Don Mengason o escritores como el propio SherwoodTony Brand, Sarita Rosenfield o Luis M. Stumer.

También las estrellas de Hollywood se prodigaban en su asistencia a esos festejos y no era raro ver ocupando barreras a actores de la talla de Gilbert Roland, Rita Hayworth, Marilyn Monroe quien incluso llegó a acudir acompañada por su entonces esposo, el Yankee Clipper Joe Di’Maggio e incluso Walt Disney frecuentaba los tendidos de las plazas de Tijuana, para decepción de aquellos que lo plantean hoy como un tótem del animalismo rampante.

Publicaciones en inglés, otro de los efectos

Hacer una relación de todas las publicaciones que se generaron en la franja fronteriza con motivo de la fiesta debe ser complicado, sin embargo, la afición traída del norte de la línea divisoria pronto encontró la manera de difundir y comunicar lo que sucedía en ese tramo territorial y lo que se producía en otros lugares del llamado planeta de los toros, así, podemos recordar entre otras algunas publicaciones como las siguientes:

Corrida. The American Review of Bullfighting (1956), publicada en mimeógrafo por J.R. Ramadier y Tony Brand; le sigue Toros, nacida inicialmente como Toros y Tauromaquia (1957 – 1966), su editor era Jim Fergus, surge como un boletín mimeografiado y concluye su andadura como una revista de una gran calidad; después está Matador – Life and Culture of the Spanish World, editada por Jim Matthews, de corta vida, fue una revista de gran calidad que solamente publicó dos números en 1964 y un especial sobre El Cordobés en 1968; Clarín, Bullfight Review in English (1965 – 1990), editada por Lyn Sherwood, que comienza con una frecuencia semanal y posteriormente se vuelve mensual, sus últimos años fue de aparición irregular; Bullfight World (1984 – 1990), otra empresa editorial de Lyn Sherwood y last but not least, Cartel: Newsletter of Mexican Toreo (1986 – 1990), editada por David Tuggle.

Como decía antes, estas publicaciones no se restringían a los sucesos de la fiesta en la frontera, sino que cubrían los acontecimientos en otras latitudes y en el caso de Luis M. Stumer, uno de los corresponsales de la revista de Jim Fergus, durante 1968, publicaba en Madrid una reseña en inglés de lo que pasaba en la fiesta de este lado del mar, bajo el título de Bulls.

Aparte de todo ello, estaban los programas de los festejos impresos en la lengua de Shakespeare, algunos en formato de revista, como los titulados Tijuana: Program y Programs: International Bullfight. También es de tenerse en cuenta que el semanario El Redondel llevó durante muchos años una columna en esa lengua, escrita y firmada por la doctora Lee Burnett incansable bibliófila taurina.

Un territorio perdido

Hoy en día la frontera norte de México es una tierra perdida para los toros. En el centro de la República y especialmente en el altiplano, los festejos son escasos durante el verano y durante esa estación del año, durante mucho tiempo ese límite territorial fue el lugar donde tenía lugar la cita de vida y muerte de toros y toreros. Es interesante ver que al menos en Tijuana y Ciudad Juárez, en ese año del 63, había días en los que se daban toros en las dos plazas en una misma fecha, por ejemplo, el 26 de mayo de ese año, entre esas dos ciudades se dieron cuatro corridas de toros y el primero de septiembre, que era la víspera del labor day de los americanos hubo toros en Ensenada, Tijuana, Ciudad Juárez, Nogales, Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros y como un dato adicional, ese día la ganadería de don Javier Garfias lidió dieciséis toros; seis en Tijuana, seis en Juárez y cuatro en Ensenada.

También representó para algunos toreros de nuestra Edad de Oro la oportunidad de seguir en activo, pues ya vimos que Fermín Rivera, Luis Procuna y Luis Briones actuaron en esas plazas fronterizas y fue para otros, quizás la única vez que actuaron en territorio mexicano como el caso de Juan Bienvenida o Victoriano La Serna hijo. 

Por otra parte, en 1963, quizás se inició el camino a la pérdida del territorio fronterizo para la fiesta, pues cuenta Dick Frontain que en ese año, don Pedro González empresario y propietario de la plaza de Nogales, como resultado de una serie de negocios fallidos, tuvo que dar en pago muchos de sus bienes a instituciones de crédito, el coso taurino entre ellos y aunque los toreros y ganaderos se empeñaron en ayudarle a salir del bache, la temporada excepcionalmente larga que se dio en esa ciudad no fue suficiente para rescatar ese reducto taurino.

Hoy los tiempos son otros. La recuperación del espacio de la frontera para la fiesta está en la franja de lo muy difícil a lo imposible, pero nunca hay que olvidar que alguna vez esas tierras, también lo fueron de toros. 

Agradezco a mis amigos Doblón y David Tuggle, editor responsable de La Busca, órgano de difusión de los TBA, la ayuda que me proporcionaron para armar estos pergeños y expreso mi recuerdo a Arturo Díaz, quien dedicó algunos de los últimos años de su vida a investigar sobre este tema, pero el tiempo se le acabó.

Aldeanos