domingo, 29 de septiembre de 2019

Una fotografía con historia (V)

Monterrey. 16 de diciembre de 1962, triunfos grandes de Jesús Córdoba y Mondeño

La independencia del empresario

Jesús Córdoba, Raúl García y Mondeño
Plaza Monumental Monterrey 16/XII/1962
Colección: Francisco Tijerina
En los años sesenta del siglo pasado – y bastantes más que siguieron –, el empresario taurino era un hombre de negocios unidimensional. Su función era la de arreglarse con ganaderos para comprar toros y con toreros para contratarlos y así organizar festejos taurinos. En ese orden de ideas el sistema funcionaba de manera organizada y cada determinado tiempo los escalafones de toreros se renovaban y en el campo surgían nuevas vacadas que seguían haciendo honor a la renombrada calidad del toro de lidia mexicano. 

Hoy en día, las cosas han cambiado y el empresario lo es todo. Apodera toreros, tiene ganaderías y la propiedad de las plazas y el sistema más que avanzar, parece ir en reversa. ¿Qué es lo que no funciona en esa multidimensionalidad? Explicaciones hay muchas, algunas tienen una buena dosis de sentido, otras, simplemente no resisten el más mínimo análisis. Estos son los tiempos que vivimos hoy en nuestra afición a la fiesta. Y no es que nos quedemos mirando el retrovisor, sino que los resultados del ayer eran más halagüeños que los de hoy.

En 1962 era empresario de la Plaza Monumental Monterrey don César Garza. Uno de esos de una sola dimensión, era empresario nada más. Y en esa actividad, durante ese calendario ofreció a su afición catorce corridas de toros. Llevó a la plaza que regentaba – por estricto orden de aparición – a toreros como Alfredo Leal, Antonio del Olivar, Humberto Moro, Jesús Córdoba, Antonio Velázquez, Luis Procuna, Juan Silveti, Manuel Capetillo, Jorge El Ranchero Aguilar, Jaime Rangel o Raúl García entre los nacionales y a Paco Camino, Fermín Murillo, Luis Segura y Mondeño entre los del otro lado del mar.

Tardes memorables tuvo ese año de 1962, como la del día 14 de enero, con un gran triunfo de Alfredo Leal ante toros de Santacilia; siete días después, los que se llevaron el gato al agua fueron Antonio del Olivar y el madrileño Luis Segura con toros de La Punta; el primero de julio la tarde fue para el linarense Humberto Moro y Joselito Huerta, que enfrentaron un encierro de Las Huertas; luego, el 2 de septiembre, Raúl García, ante sus paisanos triunfó con el ganado de Pedro Castorena y el 2 de diciembre, en el penúltimo festejo del calendario, serían Manuel Capetillo y Mondeño los llamados al éxito con un encierro también de La Punta.

Pero don César no era solo empresario de corridas de toros y entreveradas con los festejos mayores, nunca faltaban las novilladas que en el calendario que me ocupa tuvieron la presencia de toreros jóvenes como Joel Téllez El Silverio, Mauro Liceaga, el de Reynosa Tito Palacios y Gabino Aguilar entre los más destacados punteros de la novillería de esa temporada.

La forma de hacer del empresario independiente daba rédito a la fiesta y la historia es testigo de ello. Por ello mi recuerdo a la manera de hacer de un empresario independiente que supo hacer temporada en su plaza.

La historia de la fotografía

Para el 16 de diciembre de 1962 don César Garza programó una corrida de toros con un encierro de Las Huertas – el segundo que se lidiaba en el año – para Jesús Córdoba, Raúl García y Juan García Mondeño. El primero de los encierros de Luis Javier Barroso que se lidió, más o menos medio año antes, permitió el triunfo de los toreros y con la combinación que ahora presentada, era un buen atractivo para la afición.

La crónica que me sirve para hilar estos recuerdos apareció en el diario El Porvenir, de Monterrey, al día siguiente del festejo. La escribió Antonio Córdova. No hace juicio sobre la entrada al festejo, pero quiero suponer que fue un lleno. El triunfo en apéndices fue para el Maestro Córdoba y Mondeño realizó una faena importante al sexto de la tarde. Raúl García tuvo que lidiar con el hueso del encierro.

Jesús Córdoba y Perlito

El toro que abrió plaza se llamó Perlito. De la labor del Joven Maestro, Antonio Córdova escribió:
¡Las campanas de León sonaron a triunfo! Sí señor, que hasta allí donde la vida no vale nada llegó el estruendo del triunfo clamoroso que obtuvo el joven maestro Jesús Córdoba; que esculpió con la finura de su arte dos faenas primorosas a otros tantos astados de Las Huertas, y no se vaya a pensar que los pupilos del Chacho Barroso que le tocaron en suerte eran dos peritas en dulce, lo que pasa es que dichos astados se encontraron con un TORERO que tiene este año, por el sitio que merece dentro de la afición. 
“Perlito” se llamó el primero de la tarde, y con él, Jesús arrancó los primeros olés de la jornada, al dibujar cinco primorosos lances a la verónica – que todavía hay toreros que la dan ¡qué caray!, y el de León es uno de ellos – que fueron un dechado de perfección: fueron solo cinco lances, pero qué diéramos los aficionados por ver aunque sea esa cantidad en cada tarde. 
Chucho Córdova (sic) es el torero mexicano cuyo arte se funde en el crisol de la plasticidad y la clase y por ello en su turno en quites repitió la dosis de toreo al natural con la capichuela, para bordar nuevamente el lance a la verónica. 
Que Córdova (sic) es un maestro, nadie lo duda: menos aún después de verlo doblar tan toreramente con su enemigo para fijarlo en el engaño y luego correrle la mano derecha en varias tandas, adornándose en todo momento y dejando sobre el ruedo de la Plaza Monterrey el aroma suave, limpio y puro de su toreo clásico y bello. 
Su labor fue completa, por eso intercaló en su trasteo el toreo preciosista y los pases de adorno que contrastaron a veces con la verdad de sus manoletinas y la entrega total en sus pases de costado. 
La faena del leonés derechista, porque por ahí quiso el toro que se le lidiara; pero qué manera de correr la mano de Córdova (sic), sobre todo en los muchos muletazos de vuelta entera que hubo en la faena. Y como colofón digno a su torerísima labor, Chucho Córdova (sic) dejó una estocada perfecta en el hoyo de las agujas, que fue suficiente para que el de Las Huertas rodara patas arriba, y la plaza se nevara de pañuelos blancos pidiendo los trofeos para este purista del toreo que se llama Jesús Córdova (sic); que con las dos orejas de su enemigo dio otras tantas vueltas al ruedo, recibiendo la aclamación del público… 
Era la corrida número 315 de las 372 que toreó en su carrera el Maestro Córdoba y sin abdicar a su concepto, volvió a dejar en la arena regiomontana su rúbrica artística.

Mondeño y su fallo a espadas

Juan García Mondeño venía a refrendar un triunfo que había conquistado dos semanas antes. El aire ascético que imprimía a su toreo impactaba a quienes lo presenciaban y calaba hondo en los tendidos. El sexto de la tarde fue otro de los toros de Las Huertas que facilitaron el toreo que impacta en las masas y el de Puerto Real aprovechó esas condiciones para reiterar sus cualidades. Antonio Córdova lo describe así:
España debe sentirse orgullosa de contar con un torero como “Mondeño”, sobre todo, por la vergüenza y el pundonor que hay en el ruedo cuando el torero de Puerto Real está en él.
Ayer no se lograron los faenones del día de su presentación, pero “Mondeño” volvió a electrizar a la afición regiomontana con la litúrgica belleza de su toreo y nuevamente al grito de ¡Torero, Torero!, debió llegar hasta Monda, el pueblecito donde nació el magistral diestro que se cuenta entre las siete maravillas de España.
Nada logró hacer el de Monda con la capa en su segundo – bueno, aparentemente – porque logró sujetarlo y fijarlo en el engaño, para luego con la muleta enloquecer a la multitud con su toreo señorial y único, más todavía, porque el pundonoroso torero español le pisó sus propios terrenos a la res para obligarla a embestir, estando a punto de recibir una cornada al ser zarandeado peligrosamente por el astado.
Y nuevamente imperó en el ruedo de la Plaza Monterrey el toreo de “Mondeño”, nuevamente surgieron de su maravillosa muleta los derechazos de mística belleza, rematados toreramente con el forzado, para que de todas las gargantas surgiera como una sola voz el grito de ¡Torero!, mientras allá en las alturas la banda de la plaza dirigida por Dn. Bernardo y Armando Garza, perfumaba el ambiente con un pasodoble torero, tan torero como el que estaba en el ruedo.
Con qué liturgia hace el toreo “Mondeño”, cómo honra el terno de luces y cómo respeta al público que llena las plazas este torero; sacerdote pagano que oficia en las plazas de toros convertidas en templos de la tarde.
Ayer volvió a no tener fortuna con la espada, y mire que en el primer viaje se fue en corto y por derecho dejando más de medio estoque, que desgraciadamente no surtió los efectos deseados; cómo nos hubiera gustado verlo con las orejas de su enemigo en sus manos, porque cuando se torea como “Mondeño” lo hizo ayer en su segundo toro, los apéndices son imprescindibles. ¡Lástima de verdad! Pero a la gente no le importó si “Mondeño” no mató a su toro en el primer viaje y lo aclamó de nuevo obligándolo a dar la vuelta al ruedo; qué torero está el tío, no cabe duda…
Las orejas se cortan con la espada, que en esta oportunidad no le fue propicia a Juan García. No obstante la impronta dejada por su hacer ante el toro caló hondo ante la afición congregada en la Monumental Monterrey, que lo acogió como suyo.

Retales de la prensa de ese día

La prensa mexicana de esa fecha consignaba entre otras estos resultados de festejos y noticias:

En Torreón, Alfredo Leal, división y silencio; Antonio del Olivar, 3 orejas y rabo y Enrique Vera, abroncado en ambos. Toros de La Ventilla.

En la Plaza México, Antonio Velázquez, silencio y herido; Humberto Moro, ovación, silencio, pitos en el cuarto que mató por Velázquez y silencio en el sexto que mató por Camino. Paco Camino que confirmó, oreja protestada y herido en el sexto. Toros de José Julián Llaguno.

En Guadalajara, Calesero, vuelta y pitos; Manuel Capetillo, pitos y vuelta; Juan Silveti, silencio y silencio. Toros de San Mateo. Al finalizar el festejo se anunció la novillada del Estoque de Plata para el día de Navidad con Mauro Liceaga, Gabino Aguilar, Ángel Flores y Juan Clemente, con novillos de Santo Domingo.

Rematando

Esta es la historia de la fotografía. No es un reflejo fijo de un momento de una tarde determinada, sino una ventana que nos lleva a ver los sucesos de una tarde de toros. En esta oportunidad se trata de la visión de una tarde triunfal de una época ya ida, cuando las cosas de los toros eran menos convulsas que hoy en día y quizás por ello, sus resultados eran más tangibles.

Con mi gratitud

A mi amigo Francisco Tijerina, que me facilitó la fotografía, así como la crónica de Antonio Córdova que dan pie a que yo meta los míos. Sin esas facilidades, esto no quedaría escrito. ¡Un abrazo Patrón!

domingo, 22 de septiembre de 2019

Una fotografía con historia (IV)

La alternativa de Domingo González Mateos Dominguín

Alternativa de Dominguín
Fotografía: Aurelio Rodero Reca ©
© Carlos González Ximénez - Archivo Ragel
Van a ser ya diez años que publiqué esto por primera vez en otra bitácora que mantenía el amigo Carlos González Ximénez, titulada Toreros Antiguos y que fue víctima de la intolerancia de los que se autonombran antitaurinos. El acervo fotográfico que allí se nos presenta es importante y muy interesante y hay imponderables de la tecnología que permiten que a pesar del intento de silenciarla, aún se pueda consultar en modo móvil, haciendo clic en este enlace.

La fotografía que da motivo a esta entrada, obra de Aurelio Rodero – socio de Manuel Vaquero hasta la muerte de éste –, es una de las clásicas de la iconografía del toreo. José Gómez OrtegaGallito, entregando los trastos y la dignidad de matador de toros a Dominguín

La fotografía de Aurelio Rodero es la que ilustra la crónica del festejo en La Lidia y también, el libro de Pepe Dominguín titulado Mi Gente en el capítulo que hace referencia a la ceremonia.

Domingo González Mateos, Dominguín (Quismondo, 4 de agosto de 1895) quien resulta ser la cabeza de una de las dinastías más celebradas del planeta de los toros se lanza a la aventura de los ruedos en el año de 1916, cuando comienza a recorrer diversas pueblos y plazas en el aprendizaje de la profesión de torero, matando su primer novillo el día de la Asunción en Torrijos ese mismo año.

Al año siguiente logra presentarse en Madrid, primero en Tetuán de las Victorias y después en la Plaza de la Carretera de Aragón, sin convencer a la afición. Regresa a la capital hispana en febrero de 1918 y tiene ocasión de acreditar sus avances, lo que le permite en ese mismo año, recibir la alternativa que le convierte en matador de toros.

Así, para el día 26 de septiembre de ese 1918, se anuncian 6 toros de don Juan Contreras para Gallito, quien apadrinará en una ceremonia doble al sevillano Manuel Varé Varelito y al toledano Dominguín. Al final de cuentas, de los toros de Contreras solo se lidian cuatro, siendo sustituidos el primero y el sexto por dos de Salvador García de la Lama. En esa tarde, los toreros partieron plaza al son del pasodoble Dominguín obra del compositor toledano Jacinto Guerrero, estrenado en honor a nuestro personaje.

El hecho de que en la tarde se concedieran dos alternativas por un mismo padrino, fue motivo de alguna crítica. Paco Media Luna, en el semanario El Toreo, del 30 de septiembre siguiente, dice lo siguiente:
…Hemos llegado a un término de novedades, que ya, efectivamente, no sabemos de dónde sacarlas. Algunos años llevábamos viendo corridas de toros, y habíamos visto perder, por novedad, el privilegio que Madrid tenía de dar alternativas absolutas, con las plazas de Sevilla, Valencia y las del maestrazgo en general; habíamos visto corridas en que se daba la alternativa a un solo lidiador, constituyendo la fiesta en que esto sucedía un verdadero acontecimiento para el público y para el torero quien alcanzaba la distinción; pero esto de que hubiera saldos de alternativas y un solo espada para concederlas en una sola fiesta, eso, la verdad que no lo habíamos visto, ni aún sospechábamos que pudiera ocurrir… Y sin embargo, sucedió; esta suerte o desgracia le tocó a Joselito, y el esperar el turno para tomar la alternativa en una misma tarde, como quien va a tomar la cédula, les correspondió a Varelito y a Dominguín, con seis toros de la ganadería de don Juan Contreras...
A Varelito se le alternativó con Flor de Jara, de García de la Lama y sin mediar espacio, el segundo de la tarde fue el de la cesión a Dominguín, se llamó Agujeto, de Contreras, llevaba el número 20 y fue de pelo negro zaíno. Domingo González, vestido de verde esmeralda y oro, después de brindar a su padrino, lució como un torero poderoso, merecedor de nuevas oportunidades, tal y como lo describe Zig – Zag en el ejemplar de La Lidia del 30 de septiembre:
...El toledano Dominguín tuvo “mala pata”, en los toros que le cupieron en suerte. El de la alternativa se le fogueó por manso, además era un toro que huía de su sombra, y el chico de Quismondo le obligó y le hizo embestirle al capotillo, dedicándole unos bonitos lances, entre los que sobresalieron una verónica y un ceñido recorte con la rodilla en la arena… Muy templado, muy bien y von conocimiento y dominio le toreo con la muleta y con una cantidad enorme de ganas, entró dos veces, en las que pinchó bien, acertando al segundo golpe de descabello... A pesar de todo, Dominguín se presenta como torero más completo y seguro con la muleta...
Por su parte, Ángel Caamaño El Barquero, en la edición nocturna de El Heraldo de Madrid de la fecha de la corrida escribió:
Este chico, que empezó
como empieza otro cualquiera,
y pronto se destacó
entre la gente torera,
una veces imitando
el estilo de un coloso,
y otras veces demostrando
que hay en él algo grandioso;
este chico ya está en la deseada jerarquía
y el “vistobueno” le da
el rey de la torería. 
Veremos si se va al fondo
cuyas negruras espantan,
o en la plaza de Quismondo
una estatua le levantan.
La tarde de su alternativa, fue el arranque de una gran historia dentro del ambiente taurino, que comprendió, aparte de su actividad como torero, el desarrollo de diestros como Domingo Ortega, Cagancho y sus propios hijos, el desarrollo de actividades empresariales en España y América y una importante vinculación con la fiesta en México, pues fue empresario y copropietario del viejo Toreo de la Condesa en la Ciudad de México y apoderado español de toreros de esta tierra como Armillita, Rafael Rodríguez, Silverio Pérez y Luis Castro El Soldado entre los más destacados.

Domingo González, Dominguín falleció en Madrid, el 21 de agosto de 1958.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Toreo en la Maestranza cuando me da la gana don José...

Ignacio Sánchez Mejías en su despedida en Ávila
Fotografía: Manuel Vaquero
© Manuel Vaquero - Archivo Ragel - Carlos González Ximénez
10 de octubre de 1922
Esto que hoy les presento aquí, lo había publicado hace ya algo más de ocho años en Tauropedia, una magnífica bitácora que administra Carlos González Ximénez y en la que nos presenta imágenes captadas por las lentes de las cámaras de Aurelio Rodero y Manuel Vaquero

En aquella ocasión, Carlos tuvo a bien presentarme algunas fotografías de Ignacio Sánchez Mejías y me sugirió que escribiera algo acerca del torero sevillano. Dándole vueltas a la situación me vino a la mente aquél hecho no igualado que ocurrió la tarde del 21 de abril de 1925, en la que actuaron ante toros de Santa Coloma, Manuel Jiménez Chicuelo, Martín Agüero, Juan Luis de la Rosa y Litri. Enseguida, lo que sucedió.

Algunos antecedentes de la situación

Ignacio Sánchez Mejías concluyó la temporada de 1922 en Ávila, estoqueando siete toros, tres de Antonio Pérez Tabernero, tres de Argimiro Pérez Tabernero y el sobrero de García de la Resina él solo. Al terminar la corrida, la sensación de que no había manera de satisfacer el interés de la afición con su actuar en el ruedo, le hizo declarar lo siguiente a Eduardo Palacio, cronista del diario madrileño ABC:
Sí, esto se concluyó; cuando me jugaba desesperadamente la vida en el último toro, lo tenía decidido firmemente; el público no me quiere, me exige que me cuelgue de los pitones, lo hago por darle gusto, por escuchar su aplauso enloquecedor, y aún así me lo regatea tacañamente; he sido vencido en lucha tan desigual y lo dicho, amigos míos, esto concluyó...
Se dedicaría a su familia y quizás a escribir, pero en esos momentos, los toros estaban fuera de toda cuestión.

Pese a todo, pudo más su afición y a mediados de la temporada de 1924 volvió a los ruedos y no obstante su tardío inicio, logró sumar 42 fechas. En esa temporada se conformó la Asociación de Empresarios y Propietarios de Plazas de Toros de España, que tenía como cabezas visibles a los señores Linaje (Madrid), Arau (Bilbao), Ucelayeta (Bilbao), Vallejo (Valladolid), Elío (Vitoria), Santiuste (Vitoria) y muy principalmente a José Salgueiro de Sevilla, que era la eminencia gris, aunque Linaje fuera el Presidente.

El funcionamiento de esa Asociación de Empresarios tendría en los hechos el de la agrupación económica conocida como cártel – pese a lo desprestigiado que está el término – toda vez que era un acuerdo celebrado entre dos o más empresas con miras a la dominación de un mercado determinado, para prevenir competencias externas. Las bases de operación de ese cártel, eran el establecer un honorario máximo para los toreros de 7 mil pesetas por corrida – se afirma que algunos toreros, como el mismo Sánchez Mejías percibían al menos el triple – y el sancionar económicamente a los diestros que se contrataran con empresas que no pertenecieran a la Asociación.

En el invierno de 1924 se forma la Sociedad de Matadores de Toros y Novillos y para presidirla se designa a Ignacio Sánchez Mejías, quien comenzará a pugnar por el derecho de los toreros a contratarse libremente y a gestionar con igual libertad el monto de sus percepciones. La respuesta de la Asociación de Empresarios fue el proponer en público una mesa de negociación, en tanto que en lo privado, José Salgueiro proponía a sus agremiados que no contrataran a Sánchez Mejías en ninguna de sus plazas.

Eso motivó que en febrero de 1925, la Sociedad de Matadores contratara al Presidente del Colegio de Abogados de Madrid, don Juan de la Cierva, para que le patrocinara una causa ante los Tribunales, en contra de los empresarios, que con su actitud, pretendían restringirles su derecho al trabajo y a la remuneración de éste. Al final, la resolución judicial fue favorable a los toreros.

El anuncio de la Feria de Abril de 1925

A finales de marzo de 1925, Salgueiro anunció los carteles de la Feria de Abril. El día 18 ante toros del Conde de la Corte, actuarían Chicuelo, Facultades y Antonio Posada; el 19, Chicuelo, Facultades y Litri lidiarían un encierro de Guadalest; el lunes 20, los toros de los hijos de Eduardo Miura serían para Juan Luis de la Rosa, Chicuelo y Martín Agüero y el martes 21 la feria cerraría con 8 toros de Santa Coloma para Juan Luis de la Rosa, Chicuelo, Martín Agüero y Litri. Posada fue herido el día 18 y fue sustituido por Chicuelo el día siguiente y por La Rosa los días 20 y 21.

Anunciados los carteles, Federico M. Alcázar, en el número correspondiente al día 1º de abril de la revista Mundo Gráfico, de Madrid, reflexionaba lo siguiente en un artículo titulado «En “La Perlita” darán razón»:
…Ya está hecho el cartel de la feria de Sevilla. Ya se ha cometido el atropello, o, mejor dicho, el despojo de que han sido víctimas Sánchez Mejías y Marcial Lalanda. Una vez más ha triunfado el capricho y la arbitrariedad de un señor frente a las justas demandas de la afición de todo un pueblo. ¿Es esto lícito? Rotundamente, no. Lo hemos dicho en otra ocasión y lo repetimos cuantas veces sea preciso. Un empresario no tiene derecho, en nombre de ningún interés particular, a privar a un público de ver a un torero cuando éste es una garantía en taquilla. En esto no debe haber vetos ni sociedades, sino la fiesta y el público. Por encima del egoísmo y de los rencores de un empresario está la afición, que paga y la fiesta por cuyo esplendor deben velar unos y otros…
El empresario de la Maestranza había cumplido lo que se propuso, al menos en lo que a él concernía, no contrató a Ignacio y se afirma que dijo: En esta plaza, mientras yo sea empresario, no pisará más su albero ese torero…

Eso último, estaría por verse.

La corrida del 21 de abril

Chicuelo fue abroncado; La Rosa pasó de puntillas; Litri se mostró esforzado y Martín Agüero demostró por qué la Historia del Toreo le recuerda como uno de los grandes artífices de la suerte de matar. Fue en el segundo toro de su lote, en el séptimo de la jornada, en el que Ignacio Sánchez Mejías, pese a la admonición de José Salgueiro, toreó en la Plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y pisó su albero en la Feria de Abril de 1925.

Los hechos sucedieron de la siguiente manera, según las relaciones que de ellos se conserva:

La versión que publican Antonio García – Ramos y Francisco Narbona, es la siguiente:
…tras la pelea con los jacos el clarín anunció el cambio de tercio y el banderillero de turno clavó el primer par, Ignacio, espectador de la corrida en primera fila de barrera, saltó al callejón y sin quitarse el sombrero de ala ancha se presentó en el redondel, requiriendo a Agüero. Solicitaba permiso para participar en el tercio. No puso obstáculo el vasco… conjuntamente, solicitaron la venia de la máxima autoridad en la plaza. Aceptó ésta y entre la renovada ovación del respetable allá se fue Sánchez Mejías, con la americana bien abrochada y el cordobés bien encajado, dejando tres pares de banderillas más. El conde de Colombí, testigo de la hazaña (y a quien debemos este testimonio) los describió así: «El primero fue espectacular, sin terreno casi para salir de la suerte; el segundo, de dentro a fuera, apoyando la espalda en los tableros de la barrera; el tercero, cambiando en la misma cabeza del toro, teniendo, después, que saltar al callejón.» Se escuchó una de las más grandes ovaciones registradas en la Real Maestranza. Luego Agüero brindó la muerte de su enemigo a Ignacio, que volvió, sonriente, a su asiento, como si tal cosa. Tan pronto el torero bilbaíno acabó con el bicho, el público le invitó a dar la vuelta al ruedo «con Sánchez Mejías», en medio de otra gran ovación. Cuando los dos espadas pasaron a la altura del burladero de la empresa, Ignacio se encaró con Salgueiro y muy cortésmente, le dijo: «Lo ve usté… Piso este ruedo y toreo en la Maestranza de Sevilla cuando me da la gana, don José…».
La segunda versión, más inmediata, es la que apareció publicada en la crónica del diario El Guadalete, de Jerez de la Frontera, el día 22 de abril de 1925, titulada Sánchez Mejías capitalista y que en su parte medular dice: 
Séptimo: Negro lombardo… Un voluntario se arroja al ruedo y después de dar varios pases es detenido. Agüero lancea bien. Sánchez Mejías, que se encuentra presenciando la corrida, pide permiso para banderillear, otorgándoselo la presidencia. Al saltar al anillo Ignacio el público le ovaciona y la música deja oír sus acordes. Entra por los terrenos de adentro y deja un buen par. Después intenta sesgar de nuevo y se ve precisado a saltar la barrera. Vuelve a la carga y con extraordinaria valentía, sin tener apenas salida, exponiéndolo todo, coloca un par magnífico, sucediéndose las ovaciones. Martín Agüero brinda a Sánchez Mejías. Está con el reflejo cerca y breve, intercalando dos pases de pecho estupendos. Entra soberbiamente al volapié y deja el estoque en todo lo alto. (Ovación grande, regalo del brindado y petición de oreja). Martín e Ignacio dan la vuelta al ruedo, siendo muy aplaudidos, incluso por los Reyes...
En lo esencial, las dos versiones son coincidentes, salvo por la mención que hace la segunda de la presencia de los Reyes de España en el festejo.

Lo que me impresiona de la información en torno al festejo y al hecho mismo, es la manera en la que se intentó silenciar. Los diarios de Madrid, lo consignan en un par de líneas. Solamente los nocturnos, El Heraldo y La Voz mencionan con algo de desarrollo el suceso; el ABC, simplemente lo omite y en las publicaciones especializadas, podemos ver que La Lidia lo reduce a un par de líneas y en El Toreo ni siquiera se reseña el festejo. Tal era la fuerza de la Asociación de Empresarios, que a toda costa pretendía mantener la victoria pírrica de Salgueiro, pues pese a todo, Ignacio Sánchez Mejías seguía manteniéndose en los primeros sitios del escalafón.

La temporada 1925 la concluyó Ignacio con 61 corridas y aún así se dio tiempo para hacer crónica y crítica taurinas en el diario La Unión de Sevilla. Hoy tenemos la oportunidad de conocer mucha de esa obra periodística en el libro titulado Sobre Tauromaquia, publicado en 2010 en Córdoba.

No obstante, considero que la hora dorada de Ignacio Sánchez Mejías en ese 1925 fue el momento que perpetuara Andrés Martínez de León en su obra que titulara El Lanzamiento y que con estas líneas intento recordarles.

domingo, 8 de septiembre de 2019

En el 45 aniversario de la confirmación madrileña de Arturo Ruiz Loredo

La confirmación de Arturo Ruiz Loredo
Foto: El Ruedo
El caso de Arturo Ruiz Loredo es uno que lleva el signo de la precocidad. Actuó en su infancia como becerrista y Rafael Gómez, en su bitácora Toreros Mexicanos, le anota una presentación también como rejoneador en Ciudad Juárez el 4 de mayo de 1958, juntamente con sus hermanas Graciela y María Eugenia, previo a la actuación de los diestros de alternativa Andrés Blando y Miguel Ángel, con toros de La Noria.

Al avance de los tiempos, decidiría vestir el terno de seda y alamares y su presentación como novillero en la Plaza México se daría el 12 de mayo de 1968, cuando se corrieron novillos de San Miguel de Mimiahuápam en tarde en la que alternó con Diego O’Bolger y Mario Sevilla. En esa temporada en la que destacaron entre otros Curro Rivera, Mario de la Borbolla, Fabián Ruiz, Gonzalo Iturbe, Pepe Bravo, Guillermo Montes Sortibrán, Arturo Magaña, Paco Villalba, Pepe Orozco, Pepe Caro, José Luis Medina, Leonel Álvarez El Diplomático, Daniel Vilchis, Carlos Málaga El Sol, Gilberto Ruiz Torres, Óscar Rosmano o Polo Meléndez; Ruiz Loredo sumó seis tardes en una temporada que tuvo treinta y una novilladas y a decir de Daniel Medina de la Serna, fue el auténtico triunfador de ella.

Recibió la alternativa en Tijuana, el 15 de junio de 1969, le apadrinó el regiomontano Raúl García y atestiguó la ceremonia su compañero de quinta Curro Rivera, el toro de la cesión fue Bullicioso, de San Miguel de Mimiahuápam como todos los lidiados esa tarde. Ese doctorado lo confirmaría en la Plaza México el 21 de febrero 1971, de manos de Leonardo Manzano que le cedió la muerte del toro Pajarito, de don Gustavo Álvarez, en presencia de Mario Sevilla.

La confirmación en Las Ventas

Su confirmación madrileña se arregló para el domingo 8 de septiembre de 1974, en una combinación típica del verano de la capital de España. Le apadrinaría Joaquín Bernadó y sería testigo el cordobés Florencio Casado El Hencho, quienes tendrían que dar cuenta de una corrida de Joaquín Murteira Grave, habitual en esas fechas de la temporada de Las Ventas.

Seleccioné dos relaciones del festejo para esta remembranza. La primera en tiempo es la que escribe quien firmó como Pepe Luis en la Hoja del Lunes de Madrid el día siguiente del festejo y es de la siguiente guisa:
Bonito, pero difícil ganado en Madrid 
Confirmó su alternativa el mejicano Ruiz Loredo; le correspondió el único toro bravo y noble de Murteira Grave 
Portugal, Méjico... y Córdoba 
Todos los domingos, confirmación de alternativa. Ayer le correspondió a un muchacho nacido hace veinticuatro años en la capital mejicana. Se llama Arturo Ruiz Loredo y llegó a Madrid sin otro bagaje noticiable que el haber merecido la atención de un hombre tan despierto y conocedor del mundo taurino de ambos continentes como es Raúl Ochoa Rovira (le apoderó hasta hace muy poco tiempo); que tomó la alternativa en la plaza de toros de Tijuana el 15 de junio de 1971 y que la confirmó en la Monumental Méjico el 8 de febrero del año siguiente. Otros datos de su pequeño historial son que es un buen jinete y que incluso antes de torear a pie quiso probar fortuna como rejoneador. Ayer, para el solemne acontecimiento de refrendar su doctorado en nuestra Monumental, tuvo un precioso toro, enmorrillado y lustroso, largo y hondo, que como los cinco restantes de la tarde pertenecía a la ganadería portuguesa de don Joaquín Manuel Murteira Grave; se llamaba “Sirviente”, estaba marcado con el número 87 y pesaba 520 kilos. Haciendo honor a su nombre, el animal “sirvió” noble y bravamente al lucimiento de Ruiz Loredo – que éste lo lograse o no, es otra cuestión – y al prestigio de su divisa azul y amarilla. El torero ultramarino se mostró bullicioso y variado con el capote, lo que se premió con aplausos y menos divertido con la muleta. Toreó mucho y por todos los registros, pero el gentío estaba más pendiente del comportamiento del bóvido que de lo que el diestro realizaba. Faena larga, que por muchas razones no llegó a calar en la sensibilidad pública. Cuando se convenció de la inutilidad de su porfía, mató de media estocada traserilla que bastó. Se le aplaudió... pero se aplaudió más, y con justicia a “Sirviente” al ser llevado al desolladero. En el sexto, el menos malo de los cinco restantes, el azteca tampoco logró lucirse a pesar de sus esfuerzos por agradar. Mató de dos medias estocadas y un descabello al borde mismo del aviso, después de muchos intentos. Digamos en su honor que salvó a El Chuli de un percance casi seguro, cuando el peón, a merced del toro, iba a ser corneado en el suelo. Y también que con este sexto toro volvió a lucirse como alegre y variado torero de capa... 
Tarde cálida y tres cuartos de plaza, tres cuartos que para la empresa son muchos cuartos.  
¡Enhorabuena!...
Enseguida está la que firma en el ABC madrileño Pérez Mateos, que con un ánimo más conciliador, expresa:
Tarde de capotes caídos 
Serio y duro ganado de Murteira y vuelta al ruedo de «El Hencho» 
También han venido los toros de don Joaquín Manuel Murteira Grave que, por estas calendas septembrinas al margen de San Isidro, suelen hacerle una visita a esta plaza. Los «murteiras» han venido hechos unos auténticos galanes; preciosos de lámina, guapos de trapío. Se les notaba que su dueño, el señor Murteira, hombre aficionado, muy aficionado, los había tratado a cuerpo de rey allá por los pagos de «Galiana» una extensa finca portuguesa con mucho de extremeña en la misma muga hispano – lusa. 
Ya digo que los «murteiras» venían a exhibirse como si el ruedo de las Ventas fuera una pasarela para modelos taurinos. Aquí creo que el jurado, en este caso el público, no ha opuesto ningún reparo a estos guapos galanes. Pero en lo que se refiere a bravura siento de veras que la sangre no les bulliese con el mismo entusiasmo que al ganadero a la hora de criarlos. Solamente me ha gustado el primero, que obedecía por «Serviente» y que de haberlo toreado el mejicano Arturo Ruiz Loredo sin ahogarlo, a más distancia, hubiese brillado mucho. Los demás, serios y duros, acusaron mansedumbre y sentido. 
Y tras este exordio, dedicado a los toros, vámonos, amigo lector, a ver que hicieron los toreros con estos guapos galanes a los que se les recibió con aplausos y admiración cuando aparecieron por los chiqueros. Era lo justo. 
Ahí está Ruiz Loredo que confirma la alternativa. Unas verónicas, unas chicuelinas y unos lances con cierto gusto. Llega el último tercio y el mejicano se encamina hacia «Serviente», que es noble de embestida y, si el torero le cita desde más lejos, ¡ay, qué bien puede ir! Una voz – un apuntador taurino – se lo dice altamente. Se agradece el consejo, debe pensar el manito, pero hace falta mucho corazón para saludar desde lejos a este galán. Debe parecer un ciclón... El mejicano torea cerca por redondos llenos de voluntad, mata con decoro y saluda. «Rabino», que así se denominaba el sexto, nada más salir se dedicó a corretear. Unos lances airosos de Ruiz Loredo. El tercio de banderillas se transforma en un rubicón para los subalternos. Con la muleta algún pase que otro y nada más. «Rabino» tarda en embestir y cuando lo hace actúa distraídamente. El mejicano tarda en matar a «Rabino». Algunos pitos...”
Como podrán ver, Arturo Ruiz Loredo resolvió la papeleta con una absoluta dignidad. El encierro no era para una ocasión de triunfo, pero de lo transcrito se aprecia que lo aprovechó en lo permisible. 

Después de su confirmación de alternativa, Arturo Ruiz Loredo compareció en la Plaza México tres ocasiones más. En la actualidad se dedica a la enseñanza de la monta a la alta escuela.

Retales de la prensa de esa fecha

Navacerrada, 8 de septiembre. Antoñete, alternando con Curro Vázquez y el rejoneador Joaquín Moreno de Silva, sufre probable fractura de un dedo de la mano izquierda.

Barcelona, 8 de septiembre. Rafael Gil Rafaelillo corta dos orejas a su primero, que le provocó una contusión abdominal, no salió a matar a su segundo. Alternó con Julio Vega Marismeño, que corta dos orejas y José Mari Manzanares, que corta una oreja a cada uno de sus toros. Toros de Ignacio Pérez Tabernero.

Utrera, 8 de septiembre. Toros del Conde de la Maza. Curro Girón, 2 orejas; Manolo Aroca, tres orejas, Richard Corey, cuatro orejas y Juan Montiel, una oreja.

Murcia, 8 de septiembre. Toros de Mercedes Pérez Tabernero (2), Juan Mari Pérez Tabernero (3) y Sánchez Fabrés (1). Diego Puerta, palmas en su lote; Paco Camino, palmas en su lote; Niño de la Capea, dos orejas.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Incuria empresarial

Raúl Contreras Finito
Axioma de esta fiesta es el que para que el escalafón llamado mayor se renueve, se tienen que dar novilladas. Es también algo incontestable que en términos de pesos y centavos, esos festejos menores en la mayoría de los casos no son rentables. Pero también es algo que no se puede rebatir, que si no se invierte en el futuro de la fiesta, la estamos condenando a la extinción.

Todo esto lo traigo a cuento porque entre la Ley de Espectáculos de la Ciudad de México y su Reglamento de Espectáculos Taurinos, por una razón atávica, se fija como fecha para el inicio de la temporada de corridas de toros el primer domingo de noviembre y antes de esa fecha, la empresa encargada de ofrecer esa serie de festejos, para obtener la autorización administrativa correspondiente, debió ofrecer a la afición un mínimo de 12 novilladas. Los dispositivos legales no señalan si deben ser con o sin picadores y por esa razón, en el último par de años, la empresa encargada de los destinos de la Plaza México ha intercalado festejos de una y otra clase para salir del paso y poder obtener así los permisos correspondientes.

El problema real reside en ese salir del paso. Hace algunos años, quizás muchos ya, las temporadas de novilladas constaban de 25 o 30 festejos y se iniciaban una o dos semanas después de que concluía la de corridas de toros. En esos festejos se programaba a novilleros que en las plazas de la República habían destacado, por lo que salir a torear al coso más grande del mundo era una especie de premio. Y lo hacían ante entradas respetables, de media plaza hacia arriba, y surgían muchachos que despertaban el interés de la afición y en más de alguna temporada surgió algún torero que adquirió al paso del tiempo el carácter de “figura del toreo”. Pero había voluntad de las empresas que gobernaban los destinos de la gran plaza por encontrar quienes les ayudaran a seguir adelante con su negocio.

Hoy las cosas parecen tomar un derrotero distinto. No se muestra otro interés más que el de programar a determinadas figuras que tienen ya más de un cuarto de siglo ocupando posiciones en los carteles de importancia. Las fechas que eran tradicionalmente para festejos postineros, o se dejan sin toros o se reservan para programar carteles sin atractivo alguno. Las plazas de la República en las que tradicionalmente se daban novilladas ya las ven de cuando en cuando y con una serie de carteles cerrados, sin aliciente para los triunfadores que tras de torear su tarde anunciada, saben que pasará un largo tiempo para que se vuelvan a vestir de luces.

Cuando no había escuelas taurinas, era posible dar esas 25 o 30 novilladas en la Plaza México cada año. Hoy, habiéndolas en una buena cantidad de municipios del país, resulta incomprensible que se deje para la última hora y a las carreras la programación de apenas una docena de festejos para cumplir con la ley. Entiendo, como decía al principio, que al corto plazo, quizás las novilladas no satisfagan las expectativas económicas de un consorcio empresarial, pero eso no debe ser visto como un “gasto”, sino como una “inversión” en el futuro, porque de no hacerla el día en que esas “figuras” de hace más de 25 años se vayan de los ruedos, ¿qué quedará por hacer?

Se me podrá acusar de quedarme viendo “para atrás”, pero hace años (temporada 1964 – 1965) surgió un novillero que merece ser recordado y que demuestra que las novilladas pueden generar interés. Me refiero a Raúl Contreras, Finito. En el desaparecido Progreso de Guadalajara, toreó seis tardes seguidas y fueron seis llenos. Aquí un resumen de esas tardes:

11 de octubre de 1964 (Inauguración de temporada). – Novillos de Cerro Viejo. Raúl Contreras, Finito, Manolo Rangel y Ricardo García. Finito una oreja a Tejocote y a Respetuoso, y Manolo Rangel las dos al quinto de nombre Tejedor.

25 de octubre de 1964. – Novillos de Cerro Viejo. Raúl Contreras Finito, Alfonso Ramírez Calesero Chico y Javier Liceaga. Finito le corta las dos orejas al 4º Bordador.

22 de noviembre de 1964. – Novillos de Matancillas. Juan Clemente, Jesús Solórzano y Finito. Raúl Contreras, Finito le corta las dos orejas al 6º, Tepiqueño y sale a hombros de la plaza.

6 de diciembre de 1964. – Novillos de Cerro Viejo. Finito mano a mano con Manolo Rangel. Manolo Rangel corta la oreja del 6º, Carretero y Raúl las dos de uno de regalo y los dos salieron a hombros.

13 de diciembre de 1964. – Novillos de Garfias. Finito, Manolo Rangel y Rafael Muñoz Chito. El novillo Gaitero de don Javier Garfias, le pegó una cornada grave a Finito.

25 de diciembre de 1964. – Novillos de Jesús Cabrera. Jesús Solórzano, Finito, Manolo Rangel y Rafael Muñoz Chito. Novillada del Estoque de Plata. Raúl Contreras Finito, se llevó a su casa el trofeo y las dos orejas de Agujetas, estupendo ejemplar de don Jesús Cabrera.

Las novilladas, programadas con inteligencia e imaginación, atraen a la afición y a los públicos y ofrecidas con frecuencia se vuelven atractivas, pues a más de las aptitudes de los aspirantes a toreros, hay una voluntad extraordinaria de querer ser en los novilleros, al menos en lo particular, me parecen más auténticas.

El descuido de esta arista de la fiesta puede acabar con ella. En las manos de las empresas, de la afición y de los públicos está la solución.

Nota del amanuense: Esta pesimista entrada es la número 500 de esta bitácora. Deberían ser, a esta fecha algunas más, pero la verdad es que la dejé abandonada algún tiempo. A quienes pasan por aquí les agradezco su atención y espero seguir dando la tabarra algún rato más.

domingo, 25 de agosto de 2019

Cayetano Palomino Palomino de Méjico

Cayetano Palomino, Palomino de Méjico
Foto: Búscame en el ciclo de la vida
En el primer tercio del siglo XX, apareció brevemente por las plazas mexicanas y con más frecuencia por las españolas, un torero que de este lado del Atlántico se anunció con su nombre, Cayetano Palomino y de aquél otro lado, fue más conocido como Palomino de Méjico, quizás para diferenciarlo de otro novillero del mismo apellido, Miguel Palomino, originario de Teruel, contemporáneo suyo y que gozó de cierto predicamento por aquellas calendas.

Cossío establece que Cayetano Palomino Benito – ese es su nombre completo – nació en la Ciudad de México el 7 de agosto de 1910. A partir de ese hecho se le considera un torero mexicano, pero existen evidencias que establecen como su lugar de nacimiento la ciudad de Madrid, el 7 de agosto de 1906. De esto me ocuparé un poco más adelante y estableceré mi particular teoría al respecto.

Cayetano Palomino no llegó a ser una figura del toreo. Es un caso interesante, pues su momento de mayor desarrollo coincide con el estallido de la Guerra Civil en España, misma que detuvo la carrera de muchos diestros y terminó con la de otros.

Palomino de Méjico se presentó en el Toreo de la Condesa el sábado 14 de septiembre de 1929, en la víspera de la novillada de la Oreja de Plata. Alternó en la lidia de novillos de Ajuluapan, anunciados como fracción de Tepeyahualco con Jesús Quintero, Paco Hidalgo, Miguel Gutiérrez, Pedro Peña y Juan Prieto y el cronista de El Taurino – semanario continuador de Toros y Deportes – señala que se le vieron buenas maneras y mucha habilidad con las banderillas.

En España

De sus actuaciones en ruedos hispanos pude localizar relaciones de algunas de ellas, de las que por orden cronológico extraigo lo siguiente:

En Tetuán el 7 de mayo de 1933: Novillos de Juan Belmonte (ganadería debutante) para José Vera Niño del Barrio. Manuel Suárez Magritas hijo y Palomino de Méjico. (Magritas herido, no mató ninguno). La crónica publicada en el ABC de Madrid del 9 de mayo relata lo siguiente:
En Cayetano Palomino, el torero mejicano, vimos apuntar más netamente en su actuación el estilo de un buen estoqueador de toros, aparte de otros detalles que le acreditan como poseedor de excelentes condiciones de torero. Con el capote supo parar y mandar con temple; quitando estuvo oportuno y adornadísimo, y como banderillero hizo gala de formidables facultades en el momento de unir los brazos, clavar y salir limpiamente de la reunión. Sus faenas de muleta en los tres bichos fueron de dominio, sobre todo en el quinto, al que muleteó por bajo de forma inmejorable, para entrar tres veces a herir, en corto y despacio, agarrando la última vez una magna estocada… Al sexto no le supo sacar todo el partido que permitían las condiciones del bravo novillo; no obstante logro lucidos muletazos de pecho y repitió su estilo de buen estoqueador. En este muchacho hay masa para moldear una buena figura taurina. – J. Carmona.
En Barcelona, el 3 de marzo de 1935: Novillos del Marqués de Albayda para Edmundo Zepeda El Brujo, Jesús González El Indio y Cayetano Palomino. En la crónica que se publicó en el semanario Fiesta Brava del 8 de marzo siguiente se dice:
Gustó el debutante Palomino y para él fueron las palmas más sinceras de la tarde… Desde el primer momento se apreciaron en el muchacho destellos de torero de buena clase… Está enterado del oficio y da en todo momento la sensación de que hay en él un novillero cuajado... La faena de su segundo tuvo más consistencia. Bravo y con temperamento el novillo, Palomino pudo desarrollar un toreo que produjo legítimo entusiasmo… Llevando siempre toreado a su enemigo, pasó por el de pecho varias veces en unos muletazos largos y ceñidísimos, dibujó unos trincherazos magníficos de aguante y mando y entre ovaciones y música, cada vez más metido en el toro, hizo un faenón al que puso por contera un estoconazo a un tiempo quedando prendido de un pitón… Se le ovacionó, cargaron con él en hombros y entre aplausos dieron con él la vuelta al ruedo y se lo llevaron hasta el coche... Gustó Palomino. Puso vibración en todo lo que hizo y junto a la frialdad de sus compañeros, su trabajo destacó notablemente... Trincherilla  
En Salamanca, el 23 de junio de 1935: Novillos de María Montalvo para Cayetano Palomino, Silverio Pérez y Jaime Coquilla. La crónica publicada en el ABC de Madrid del 25 de junio siguiente cuenta:
Salamanca 24, 12 mañana. – Ayer se celebró la novillada para la presentación profesional del joven ganadero Jaime Coquilla… El ganado, de doña María Montalvo, fue excelente; a dos bichos se les dio la vuelta al ruedo… Palomino de Méjico dio buenos lances al primero y le clavó tres buenos pares de banderillas; muleteó embarullado y movido, sacando algún pase aceptable para estocada ladeada y un descabello al tercer golpe. En el cuarto lanceó vulgarmente y puso tres pares de banderillas formidables. Hizo faenas de muleta buenas y adornadas para media estocada delantera, que le valieron ovación y oreja…
Presentación en Madrid, el 25 de agosto de 1935: 6 de Ramón Ortega y 2 de Lorenzo Rodríguez para Silvino Zafón Niño de la Estrella, Paco Bernal, Cortijero y Cayetano Palomino. La crónica de Eduardo Palacio publicada en el ABC de Madrid el 27 de agosto siguiente cuenta:
Cayetano Palomino es un diestro mejicano que hacía en esa fiesta su presentación dando la impresión en ella de ser un muchacho valiente, si bien manejando el percal ignora casi lo más rudimentario. Se banderilleó fácilmente sus dos enemigos, menester que domina, y se le aplaudió, y con la franela se mostró también un tanto verde. Por la muerte de su primero, realizada de media estocada en lo alto, se le ovacionó, haciéndole salir a los medios, y concluyó con el que cerró plaza, ya encendidos los focos, de tres pinchazos y media estocada... E.P.
En Tetuán, el 22 de septiembre de 1935: Novillos de Clemente Tassara, antes González Nandín para Palomino de Méjico, Manuel Suárez Magritas hijo y Pedro Martín Carmona. La crónica aparecida en el ABC de Madrid del 24 de septiembre siguiente relata:
En ese ambiente de alegría que hemos hablado vimos a Palomino de Méjico manejar con suavidad el capote y tirar con lentitud del toro, con ese estilo moderno que ha borrado el antiguo lance, movido y desajustado, y en los quites torear por chicuelinas y verónicas de rodillas, y después banderillear aguantando fuertes arrancadas con magníficos pares de frente, por ambos lados, y al cambio, verdaderos alardes de arrogancia y de arte. Y si bien estuvo en su primer novillo, al que, después de dominarle en tablas, le hizo rodar de soberbio pinchazo y media estocada en las agujas, logró superarse en la lidia cuidada que le dio a su segundo, al torearle con suavidad a la salida y en los quites, al clavarle cuatro pares de banderillas y al desarrollar con la muleta una teoría de naturales ligados con los de pecho, cambiándose la muleta de mano, molinetes y rodillazos que culminaron en un gran pinchazo, una estocada y un descabello. Palomino de Méjico cortó la oreja, dio la vuelta al ruedo y tuvo una apoteosis triunfal... J. Carmona
De lo que se transcribe hasta aquí podemos deducir que Cayetano Palomino fue un torero que era eficaz con la capa, un muy buen banderillero y también un eficaz estoqueador. Tanto así, que el año de 1935, según Cossío, logró sumar la friolera de 30 fechas, lo que lo dejaba a mi juicio en la antesala de una alternativa para el año de 1936, pero la actividad taurina quedó truncada por el estallido de la Guerra Civil y seguramente por eso no ocurrió.

El mismo Cossío señala que recibió la alternativa en Talavera de la Reina el 12 de octubre de 1937 de manos de Antonio Márquez y llevando a Victoriano de la Serna como testigo siendo los toros que se lidiaron de Galache. Por otra parte he de señalar que Antonio Fernández Casado en su obra Garapullos por Máuseres, fija la fecha un año antes, es decir el 12 de octubre de 1936, a unos cuantos días de la toma de la ciudad por las llamadas tropas nacionales.

El mismo Cossío señala que Palomino de Méjico toreó en Talavera y en Salamanca en el año de 1938 y que es a partir de ese año que se le pierde la pista en los ruedos hispanos.

¿Mexicano o Español?

Publicación aparecida en el ABC de Madrid el
11 de noviembre de 1978
Decía al principio que Cossío establece su lugar de nacimiento como la Ciudad de México. En la búsqueda de información acerca de este torero – he de aclarar que llevo una bitácora de los toreros mexicanos que han recibido la alternativa en plazas españolas y francesas – me encontré con un aviso judicial publicado en el diario ABC de Madrid el 17 de noviembre de 1978 en el que la que supongo ya entonces viuda del torero, promovía su declaración de muerte por ausencia prolongada.

Mi deformación profesional me hizo referirme a la legislación civil sustantiva y procesal vigente en el momento de la publicación para ver los alcances de la información allí contenida, sobre todo la que se refiere al lugar y fecha del nacimiento del diestro, que se señala como ocurrido en Madrid el 7 de agosto de 1906.

La iniciadora del proceso de declaración de muerte de Cayetano Palomino Benito tuvo que acreditar la celebración de su matrimonio con él y para celebrar ese acto del estado civil ambos contrayentes tuvieron que demostrar entre otras cosas su lugar de nacimiento y su filiación, razón por la cual, puedo concluir con algún margen de error que Cayetano Palomino nació efectivamente en Madrid, que su nacionalidad era española y que el único motivo por el cual se le anunciaba como Palomino de Méjico era quizás porque inició su carrera como novillero aquí en México antes que en España.

Existe otro motivo que puede reforzar mi anterior argumento, es que de haber sido efectivamente mexicano, el decreto publicado en la Gaceta de Madrid el 3 de mayo de 1936 y que desencadenó lo que se ha dado en llamar el boicot del miedo le hubiera impedido seguir actuando en España y hubiera tenido que regresar a México a bordo del Cristóbal Colón junto con los otros seis matadores de toros, trece subalternos y dieciocho novilleros que fueron deportados tras la puesta en vigor de la disposición firmada por Enrique Ramos, Subsecretario del Trabajo y Acción Social del Gobierno de la Segunda República Española.

En fin, que esta es una historia que tiene mucho todavía por escribirse, según se ve de todos los datos que están aquí.

En La Fiesta Brava, Barcelona
13 de abril de 1934

domingo, 18 de agosto de 2019

18 de agosto de 1946. Muere Eduardo Liceaga por cornada recibida en la plaza de San Roque

Eduardo Liceaga
Foto: El Ruedo
La dinastía Liceaga es una de las más largas que han existido dentro del llamado planeta de los toros. El tronco inicial surge de Mauro, David y el personaje que me ocupa el día de hoy. Después vendrían Anselmo, un segundo Mauro, otro Eduardo, Javier, Carlos y para cerrar temporalmente el círculo, un nuevo David.

Eduardo Liceaga Maciel nació en la Ciudad de México el 20 de noviembre de 1922, estando ya dedicados sus hermanos Mauro y David a las cosas del toreo, su familia procuró que él se dedicara a los estudios y logró avanzar hasta iniciar los de bachillerato. Sin embargo al cumplir ya los 17 años inició su andadura por los ruedos actuando como sobresaliente en algunos festejos en los que actuaba David su hermano, adquiriendo preparación para presentarse como novillero.

Se presenta en El Toreo de la Condesa el 6 de agosto de 1944, para lidiar novillos de Rancho Seco, alternando con Tacho Campos y Nacho Pérez, tarde en la que dio dos vueltas al ruedo y de la que me he ocupado en este lugar en esta misma Aldea. Se presentó en la plaza de Las Ventas el 26 de agosto de 1945, alternando con Rafael Llorente y Luis Álvarez Andaluz Chico, en la lidia de novillos de Garro y Díaz Guerra, cortando una oreja en esa tarde y logrando hacer una interesante campaña en ruedos hispanos que le invitó a permanecer en aquellas tierras el invierno de ese año para preparar la temporada siguiente. De acuerdo con las informaciones de la prensa de la época, la intención de Eduardo era recibir la alternativa al final de la campaña de 1946, para regresar a México como matador de toros. La fecha escogida sería el 6 de octubre en Barcelona, con Carlos Arruza como padrino.

La tragedia de San Roque

Pero para llegar a ese día tendría que cumplir con varios contratos pendientes. Entre ellos se encontraba el pactado para las fiestas de la plaza de San Roque en el Campo de Gibraltar. La fecha se pactó para el domingo 18 de agosto de ese 1946 y para lidiar novillos de Concha y Sierra se le anunció con Julio Pérez Vito y Manuel Chaves Flores.

El primero del festejo se llamó Jaranero, era el número 93 y era de pelo cárdeno. Por antigüedad le correspondía a Eduardo Liceaga. La crónica publicada en el ABC de Sevilla el martes siguiente al festejo, relata lo siguiente:
Liceaga había sido aplaudido al lancear, a pesar de que el novillo embestía de muy mal estilo. Igualmente fue ovacionado al quitar, repitiéndose las ovaciones al colocar tres pares de banderillas, el último, al cambio. Brindó el infortunado diestro al público, empezando con tres estatuarios que causaron emoción, porque el bicho derrotaba. Lo saca a los medios, y al dar un pase de costadillo es cogido, suspendiéndolo el de Concha y Sierra uno segundos, lanzándolo aparatosamente. Acudieron al quite Vito, Chaves Flores y los peones, pasando el diestro a la enfermería en brazos de la asistencia, quedando en la plaza la desagradable impresión de la mortal cogida. Vito remata al novillo…
Por su parte, la Hoja del Lunes de Madrid del día siguiente al festejo cuenta lo siguiente:
El novillero comenzó a torear con la muleta, dando unos pases con la derecha bastante aceptables que el público aplaudió. Algunos espectadores le pidieron que toreara con la izquierda, y el diestro, accediendo a ello, se dispuso a hacerlo. En el instante de cambiarse la muleta de mano fue empitonado por la espalda y arrojado al suelo, de donde el novillo volvió a recogerlo y lo encunó por la entrepierna, teniéndole suspendido cerca de dos minutos y arrojándole nuevamente al suelo de forma violenta, hasta que acudieron al quite algunos de sus compañeros…
El recuento de la manera en la que se produjo el percance es breve, casi telegráfico y sin imágenes que nos puedan ilustrar para darnos una idea de lo que en verdad ocurrió hace setenta y tres años en San Roque.

Trasladado a la enfermería, se inició una lucha que tuvo un final indeseado. La historia que cuenta la prensa sigue estos derroteros de acuerdo con el ABC sevillano:
En la enfermería. El traslado a Algeciras. Fallecimiento del diestro. El parte facultativo. – Algeciras 19. – Una vez el diestro mejicano en la enfermería de la plaza de San Roque, le fue desinfectada y taponada la herida por los doctores Marenco y Luna, apreciándole dichos facultativos una grave cornada en la región glútea, por lo que dispusieron el traslado a Algeciras, lo que se efectuó, acompañándole el empresario de la Plaza de Toros de Algeciras, don José Casero y el médico señor Luna…
La Hoja del Lunes de la capital de España no es más prolija en detalles, según vemos enseguida:
Inmediatamente fue conducido a la enfermería, donde le practicaron la primera cura de urgencia el médico forense don Fernando Marenco Pereztébar y el capitán de Sanidad Militar señor Luna. Una vez curado y en vista de la gravedad de la herida, situada en la región glútea, y de no disponerse de medios suficientes en la localidad, se dispuso el traslado inmediato al Hospital Militar de Algeciras…
En Algeciras

Eduardo Liceaga, de acuerdo con la información periodística, ingresó en el Hospital Militar de Algeciras a las nueve de la noche. Algeciras se encuentra a trece o catorce kilómetros de San Roque, aunque trazar una línea de tiempo es complicado, porque no existe constancia de la hora de inicio del festejo, así como tampoco hay señalamiento de la hora en la cual el torero ingresó en la enfermería. Es de suponer, además, que la magnitud de la cornada, exigió a los médicos que la atendieron en primera oportunidad, invertir tiempo para contener la hemorragia que producía y estabilizar al torero herido para preparar su traslado al hospital en el que pudiera ser intervenido.

Las informaciones de la prensa refieren lo siguiente y continuando con el orden utilizado hasta ahora, recurro a la versión del ABC de Sevilla:
El señor Casero, a la llegada del Hospital Militar y por haber sufrido el diestro “schot” traumático a consecuencia de la hemorragia, se ofreció a dar su sangre para la transfusión no llegando, desgraciadamente a realizarse, porque sobrevino un nuevo “schot”, falleciendo a las veintidós horas. 
Rodeaban al diestro en aquél instante, su mozo de estoques y banderillero facilitando los doctores Martínez Zaldívar y Pérez Espá el siguiente parte facultativo: 
“A las 21 horas de ayer ingresó en este Hospital el diestro Eduardo Liceaga, el que, según manifestaciones del mismo y de sus acompañantes, fue herido por un toro en la plaza de San Roque, donde fue curado de primera intención. El diestro sufre una herida de asta de toro en la región pironeal, penetrante en pelvis que produce grandes destrozos, rotura de plexon, con gran hemorragia y “schot” traumático de carácter gravísimo, falleciendo en este hospital una hora después sin salir de dicho “schot”, a consecuencia de las heridas sufridas”
La Hoja del Lunes de Sevilla refiere esto:
Algeciras 18. – Eduardo Liceaga ha fallecido en el hospital de esta localidad a consecuencia de la cogida sufrida en el primer novillo de la corrida de esta tarde en San Roque. El infortunado diestro fue trasladado a Algeciras después de serle taponada la herida en San Roque. En el hospital, al tratar de intervenirle el doctor Pérez Espá sufrió dos “schots” traumáticos seguidos que no dieron lugar a empezar la operación, falleciendo a los ocho minutos de ingresar en el citado centro benéfico. – CIFRA
La Hoja del Lunes de Madrid refiere una ruta distinta en el traslado de Eduardo Liceaga al Hospital Militar de Algeciras como se ve enseguida:
En la enfermería de la plaza le fue taponada al diestro la herida, ordenando los doctores el traslado inmediato a Algeciras. Seguidamente, y en su coche particular, fue traído a esta localidad el diestro mejicano por el empresario de esta plaza de toros, don José Casero Pesino, que lo llevó primeramente a la clínica del doctor Pérez Espá, quien reconoció al herido y, en vista de la gravedad de la herida, ordenó su traslado al Hospital Militar, donde procedió inmediatamente, en unión del director de dicho centro benéfico, don Tomás Martínez Zaldívar, a operar; pero debido a la pérdida de sangre, sobrevino “shock” traumático por dos veces, falleciendo a las diez y media de la noche, después de recibir los Santos Sacramentos…
Como se advierte de esta última información, que de ser cierta, quizás se perdió un tiempo importante en la atención de Eduardo Liceaga en su traslado a la primera clínica, en lugar de llevarlo directamente al Hospital Militar para ser intervenido, pero al no haber uniformidad en las relaciones sobre ese suceso, es preferible ponerle un signo de interrogación.
Algeciras 19. – Hoy le ha sido practicada la autopsia, facilitando los mismos doctores Martínez Zaldívar y Pérez Espá el siguiente parte facultativo: “El parte de la autopsia ratifica en todo sentido el facilitado esta mañana”.
Es decir, que ratifica el parte médico dado originalmente.

La temporada de Eduardo Liceaga

En la temporada de 1946 toreó 15 novilladas más ésta en la que se encontró con la fatalidad. Actuó en las plazas de Barcelona, Valencia, Sevilla (3), Madrid (2), Badajoz, Granada, Peñarroya, Huelva, La Coruña, Málaga, Cantillana, Cazalla de la Sierra y San Roque y como apuntaba líneas arriba, tenía en apariencia, apalabrada la alternativa para el 6 de octubre en Barcelona, con Carlos Arruza como padrino. Todo eso se quedó como un apunte para la historia.

Algunas reflexiones sobre Eduardo Liceaga

José Carrasco, en la edición del semanario El Ruedo aparecida el 22 de agosto de 1946 escribió lo siguiente:
A Liceaga, el destino le empujó hacia los ruedos. Su envidiable posición le obligaba a arriesgarse en la dura pelea con los astados. Pero los recuerdos de su hermano mayor obraron como vivos estímulos en Eduardo, hasta hacerle abandonar los estudios del Bachillerato, que cursaba en la capital de Méjico. 
A los diecinueve años, edad que contaba el infortunado diestro, era ya una figura de la novillería. Y triunfó en España y en Méjico, y abandonó por completo su preparación académica, para la que reunía magníficas condiciones. 
Inteligente, culto, con facilidad para alcanzar el éxito en otras profesiones, el desgraciado diestro mejicano sentía mas honda la atracción del riesgo que el goce de una vida tranquila. Estaba dotado de gran valor, y su arte hacía suponer que en un futuro próximo alcanzaría las cumbres de la fama. 
Desde que llegó a la capital de España vivía para su profesión. Y la alternativa constituía para él la ilusión más fuerte de su carrera artística. El doctorado de manos de su paisano y maestro, Carlos Arruza le tenía en tensión. Ese 6 de octubre, en que alcanzaría la codiciada borla, con la que tanto había soñado, le preocupaba. 
Vino a España con esa ilusión. Y cifraba toda su gloria con regresar a Méjico de matador de toros. Por este motivo no fue el pasado invierno a Méjico y se quedó en España, para actuar en tentaderos, recobrar fortaleza y entregarse de lleno al entrenamiento con las vaquillas en las ganaderías... Esta obsesión de arrimarse a los toros y de exponer le ha cortado su vida en plena juventud. Por valiente y por pundonoroso, ha caído en la plaza...
Por su parte Roque Armando Sosa Ferreyro Don Tancredo, en su libro La Fiesta que fue de Toros y Toreros. Recopilación histórica hasta 1987, expresa lo siguiente acerca de este torero:
Había en él consistencia, tenía sitio en la arena y frente al toro, estaba en plena madurez. Era valiente, pero sin temeridades, sin locuras, y fundíanse en él – casos raros en el historial de la fiesta – el dominador y el artista. No era sólo una esperanza sino una floreciente realidad, aunque podía haber llegado a un desenvolvimiento de mayores dimensiones hasta culminar en la cima de los elegidos, mandones de su generación y de su época. Torero completo, practicaba todas las suertes del primero y el segundo tercios; con la muleta era poderoso y afiligranado — clásico y rondeño y sevillano — y con la espada sabía coronar sus faenas haciendo gala de la verdad y la maestría de los grandes estoqueadores de antaño...
Así fue como se rompió otra promesa que pudo engrandecer el nombre de México en los ruedos del Mundo.

domingo, 11 de agosto de 2019

En el 105 aniversario del natalicio de Calesero

Calesero y Danzante de Rancho Seco en El Progreso de Guadalajara

José Alfonso Ramírez Alonzo – así con z está en su partida de nacimiento – nació el 11 de agosto de 1914 en la entonces llamada calle de la Cárcel, hoy número 506 de la calle Cristóbal Colón del Barrio de Triana o del Señor del Encino en la ciudad de Aguascalientes. Ya me ocupé hace un lustro de hacer algunos apuntes biográficos aquí y aquí en esta misma bitácora y hoy quiero recordar al Poeta del Toreo en una tarde que fue una de las grandes de su paso por los ruedos, la del 15 de febrero de 1942, verificada en una de sus plazas talismán, la de El Progreso en Guadalajara, misma en la que alternó con Fermín Rivera y Paco Gorráez en la lidia de toros de Rancho Seco, en lo que fue la segunda corrida de una feria celebrada con motivo de las celebraciones por el cuarto centenario de la fundación de la Perla de Occidente.

La tarde de ese domingo resultó ser una triunfal, primero por el gran juego que dieron los toros de don Carlos Hernández Amozurrutia y después, por el extraordinario partido que les sacaron los toreros que los enfrentaron. La faena de la tarde fue realizada por Calesero al tercero de la corrida, nombrado Danzante por su criador y la crónica aparecida al día siguiente del festejo en el diario tapatío El Informador, firmada por El Tío Castuera, relata lo siguiente:
Los aficionados ocasionales a los toros tendrán que lamentarse de no haber asistido a la corrida de ayer, que en conjunto ha sido la mejor de la temporada. ¡Cuánta bizarría, cuánto arte y cuánta voluntad del triunviro de gladiadores que campearon en la segunda corrida de feria! No es difícil adivinar el por qué de que mucho público se haya ausentado, privándose de concurrir a este festival bravo, que de seguro será el que nos deje más gratos recuerdos. Hacía ya muchas temporadas que no veíamos pasear en son de triunfo por las arenas del coso, ni a los ganaderos ni a los empresarios, y ayer, después de los triunfos que alcanzaron tanto Fermín Rivera como Calesero y Paco Gorráez, el público pedía a grito en cuello la presencia del dueño de los toros, que había hecho el envío de una corrida tan pareja en bravura que hizo poner muy en alto la divisa de Rancho Seco, y que precisamente por los propios toros, que no eran catedrales ni llevaban mucha leña, habían sido el principal factor de no haber simpatizado muchos con la fiesta, y aún dudaron que alcanzara las proporciones halagadoras que tuvo, y se quedaron en casa... 
Tercero. – Danzante, negro meleno. Calesero, desde el primer momento en el que va frente al toro clava en la arena los pies y nos obsequia con dos lances de esos que le han dado personalidad, y en seguida cuatro más muy artísticos, y suena la ovación. Amezola pone una vara de exposición y Calesero con chicuelinas hace el quite y oye palmas. Hay otra vara y Fermín, puesto de hinojos, ejecuta dos faroles que son de luz intensa. Palmas y dianas. 
Cuando el bicho ha sido mal adornado por los del coso, Calesero se pone de rodillas y ejecuta el primer pase por alto, luego de pie estirándose y con arte muy peculiar, le anotamos uno por lo alto. Se pone la flámula en la siniestra y suelta un natural, pero el toro se le queda en la suerte y luego lo alegra para seguir con un pase de costado, tres derechazos, ayudados por bajo y uno cambiando de mano por detrás. 
Cambia de mano la flámula y con la zurda hay dos naturales, dos afarolados y suenan las palmas, y la música toca en su honor. Hay varios pases de los de Fermín Rivera, luego un molinete y otro mucho mejor, y se repiten las palmas. El toro cuadra y luego cobra una estocada que hace rodar a su enemigo sin puntilla. Palmas, música y se pide la oreja para el matador. El Juez concede y se le da también el rabo del bravo toro, que por un descuido no se le dio la vuelta al ruedo que bien que la mereció. En medio del jolgorio, cuando todo le mundo de pie aplaudía a Calesero, es sacado el ganadero don Carlos Hernández, y juntamente con el torero dan la vuelta al ruedo...
También ante el sexto tuvo Calesero una actuación destacada, pero emborronó lo realizado al fallar con el acero. La crónica citada nos recuerda:
…ÚLTIMO. – Cárdeno listón. Alfonso Ramírez lo torea con cuatro verónicas con los pinreles fijos en la arena. Palmas, y luego termina con lances de aliño. Amezola coloca un puyazo, y Calesero quita con faroles invertidos que son de su propia invención, siendo muy aplaudido. Otra vara y Fermín quita por cortinas, también de gran sabor. Paco se adorna con el percal, liándose con el burel y ganando nueva ovación y oyendo música. 
Alfonso ejecuta una faena pinturera muy emotiva y luego, después de un pinchazo tira a su enemigo patas arriba de una media estocada. Las palmas suenan y la música vuelve a sonar en su honor. 
Tanto Calesero como Fermín Rivera y Gorráez fueron sacados en hombros, al igual que el ganadero, siendo paseados los cuatro por las calles de la ciudad. Están Ustedes servidos.
Del resto del festejo se refiere lo siguiente: Fermín Rivera dio la vuelta al ruedo tras pinchar al primero Patito número 26 y cortó la oreja al cuarto, número 25 sin que en la relación del festejo se precise su nombre, acompañado al torero de San Luis Potosí el empresario Ignacio García Aceves; por su parte Paco Gorráez dio la vuelta al ruedo en sus dos toros, Pirinolo número 34 y Escorpión número 33.

A las figuras del toreo se les reconoce por sus realizaciones. Aquí tienen Ustedes la historia de una de las de Calesero, la que traigo a recuerdo en el aniversario de su nacimiento.

domingo, 4 de agosto de 2019

Detrás de un cartel (XII)

Antonio Toscano es un torero que poco resuena en los anales de la historia a pesar de que en su tránsito por los ruedos tuvo jornadas brillantes. Aunque Alfredo Marquerie, crítico de El Ruedo lo describe como alto y desgarbadote, de lo que he podido leer en la prensa de su trayectoria, hoy le conceptuaríamos como un torero de pellizco, de esos que hacen las cosas con finura.

Nació en la Guadalajara mexicana el 14 de enero de 1918. Se presentó como novillero en el Toreo de la Condesa el 27 de abril de 1941, para enfrentar novillos de Santín alternando con Ángel Procuna y Manuel Gutiérrez Espartero. En su ciudad natal, debutó el 12 de abril de 1942, formando terna con Nacho Pérez que también se presentaba y Juan Estrada, para lidiar novillos hidrocálidos de Peñuelas. Ese año del 42, don Nacho le vio posibilidades y lo programó tres tardes más, en las que compartió cartel con toreros como el infortunado Félix Guzmán, Luis Procuna o Gregorio García

Marcha a España en el año de 1945 una vez arregladas las relaciones taurinas hispano – mexicanas y logra presentarse en Madrid el jueves 10 de mayo de ese año, alternando con Rafael Llorente y José Catalán en la lidia de novillos de Pérez de la Concha y de su actuación escribió Giraldillo que su presentación hizo concebir grandes esperanzas… Tanto diría yo, que le repitieron en la fecha que me motiva a escribir estas líneas.

Para el domingo 5 de agosto de ese mismo 1945 se anunciaron novillos – desecho de tienta y defectuosos – de José María de Soto para Antonio Toscano, Manolo Navarro y Luis Álvarez Andaluz. Un festejo que como veremos enseguida, fue accidentado y en el que, la diosa fortuna estuvo del lado de Antonio Toscano.

Inicia la crónica de Giraldillo, aparecida en el ABC de Madrid del 7 de agosto siguiente al del festejo, con esta reflexión:
Novillos fogueados ...Y no era preciso hallarse en posesión de don profético para asegurarlo con éxito desde el día en que se fijó el cartel. De los cinco novillos que se jugaron pertenecientes a la vacada de Soto (López Plata), tres fueron fogueados, y el sexto lo hubiera sido también, a no volver a los corrales... ¿Cabe mayor proporción de mansos? El primero, que tomó cuatro varas, derribando a los jinetes en tres de ellas, dio mala lidia a la gente de a pie. Únicamente el torillo cuarto fue pasable. Y con estos mansos se presentaron tres novilleros de categoría. Tan de categoría y de interés para los aficionados, que se registró una entrada muy buena a pesar del calor y del insoportable bochorno. Ni Toscano, ni Manolo Navarro, ni Luis Andaluz podían ignorar que habían de vérselas con ganado de poca casta. Ni ellos, ni sus apoderados. Venían a correr un albur, que se presentía desfavorable, y lo corrieron. Yo se lo elogio. Sobre todas las reservas habituales pusieron el deseo de torear en Madrid. Séales esto alabado y agradecido, y tómeseles como descargo...
Por su parte, don Luis Uriarte, firmando como El de Tanda, en La Hoja del Lunes del día siguiente del festejo, hace la siguiente crítica:
De los cinco novillos de Soto, tres fueron fogueados. ¡Un éxito para el ganadero! Únicamente el cuarto cumplió en varas, pese a su flojedad de facultades – tomó dos y no admitió más que un par de banderillas –, y se dejó torear. Los demás, los otros cuatro, fueron broncos, huían hasta de su sombra y se defendían reculando y corneando con la incertidumbre y el traicionero instinto de los toros mansos, mansos, mansos... Por manso fue sustituido el sexto. ¿Con arreglo a qué reglamento? De sentar este funesto precedente, si de una corrida de seis toros salieran mansos los seis, habría que disponer de seis sobreros. Esto sería lo justificado si el reglamento lo dispusiera así; pero como no es así... Los toros mansos tienen su lidia…
Las crónicas del festejo me causaron cierta perplejidad al hablar de banderillas de fuego, pero la realidad es que investigando sobre el tema vine a enterarme que es hasta el año de 1950 que se sustituyen por las viudas, entonces, debió ser deprimente el espectáculo de ver a la mitad del encierro calentado por los cohetones en el segundo tercio y para más inri, ver a otro novillo devuelto por su manifiesta mansedumbre.

Los fogueados se los repartieron Manolo Navarro en el segundo y quinto lugar – lo que deja claro que a veces sí hay quinto malo – y Andaluz Chico con el tercero, pero además él vio al sexto devuelto y enfrentó al sustituto de Juan José Cruz que fue también una prenda.

El triunfo de Toscano

El cuarto de la tarde fue el único que se dejó hacer cosas y a partir de lo leído, Antonio Toscano se las hizo y le cortó la oreja. El de Tanda, le vio así:
A Toscano le correspondió el único novillo que se dejaba torear, y el mejicano lo aprovechó de la mejor manera posible. Hubo en su faena tranquilidad, aguante, compostura y hechuras de buen estilo. Si de algo se le podría tachar, es de haberse prolongado en su buen deseo de redondear el éxito. Así, le ocurrió que el novillo, tan flojo que no admitió más que dos varas y un par de banderillas, se le quedó a las dos docenas de pases, y a poco le estropea el triunfo. Se basó éste en los pases en redondo, en los ayudados y en algunos naturales, ejecutados con quietud, con prestancia y con decisión. Cortó la oreja y dio la vuelta al ruedo. Fue lo único, aparte algunos lances de capa de Navarro, que tuvo color y sabor de arte taurino en esta novillada, que duró, para aburrimiento de los espectadores, dos horas y media bien contadas. ¡Y con más de treinta grados a la sombra!...
Por su parte, Manuel Sánchez del Arco, Giraldillo entendió de esta manera su actuación:
Toscano brindó al público y comenzó la faena con dos pases por alto, muy quietos y elegantes, que elegante es este mejicano en el juego de muleta. Rompieron los olés entusiásticos y la faena se centró en unos soberbios pases en redondo. Tuvimos tres naturales y de nuevo surgió el muleteo en redondo, cerca, perfectos, medidos, con juego de toreo al natural. Seguían los olés la faena, que tuvo ligeras variantes sobre lo referido, y Toscano dio un pinchazo, para repetir después de unos pases buenos, con una estocada que mató sin puntilla. Tanto ha gustado la faena del mejicano, que le dieron la oreja, acompañada por una ovación larga…
Terminado el festejo, Antonio Toscano fue entrevistado por F. Mendo para el semanario El Ruedo, y estas fueron las impresiones del torero:
Como el hombre cortó una oreja, se le traslucía su contento a través del sudor vertido por todos los poros de su piel.
- Ese toro – el del trofeo – fue el de mejor embestida, aunque no anduviera desprovisto de sosería. Por su falta de alegría vino durante la lidia muy a menos. Por esta causa no pudo ser ni muy extensa ni muy vistosa mi faena de muleta. En los últimos pases hube de ayudarle con muletazos por bajo para hacer pasar a un novillo cuya fuerza se iba por momentos.
¿Contento amigo Toscano?
- Muchísimo, por haber conseguido cortar mi primera oreja en Madrid, que hace la octava desorejada en España. Y muy reconocido al público de la Plaza Monumental por las atenciones dispensadas, no solo hoy, sino también en la tarde de mi debut.
- Para terminar, ¿qué le pareció su primer enemigo?
- Pues que llegó a mis dominios con mucha fuerza, embistiendo mal y poniendo siempre de manifiesto sus ansias de coger. Era uno de esos toros que pareciendo bueno a los ojos del público, hace andar de cabeza a los que están en el ruedo...
Antonio Toscano
Foto: El Ruedo (08/08/1945)
Sin duda el torero mantenía los pies en la tierra. Eso le valió recibir la alternativa el 7 de abril siguiente en Barcelona, de manos de Domingo Ortega y llevando a Luis Miguel Dominguín como testigo. El toro de la cesión fue Rojillo de Atanasio Fernández.

Antonio Toscano falleció en la Ciudad de México el 26 de enero de 1993.

Así que esa es la historia detrás del cartel. Una historia que sin duda, merece ser contada.

Retales de información de la fecha

Muchos toreros mexicanos hacían campaña en ruedos españoles. De la prensa de esos días, extraigo lo siguiente:

El domingo 5, Carlos Arruza corta un rabo en Vitoria alternando con Domingo Ortega y Parrita. Toros de Luis Ramos (5) y uno de Cobaleda (5°)

El lunes 6, también en Vitoria, con toros de Antonio Pérez, Manolete reaparece alternando con Arruza y Pepín Martín Vázquez. Manolete corta 2 orejas del 4º, Arruza, 2 orejas del 5º.

En Santander, el domingo 5, Silverio Pérez escucha ovaciones, Manolo Escudero cumplió, Pepín Martín Vázquez corta una oreja y El Choni escucha ovaciones. Toros de Molero (6) y Villamarta (2).

En La Coruña. Toros de Gabriel González (1 rejones) y Conde de la Corte (6). Conchita Cintrón, vuelta al ruedo. Armillita, 2 vueltas al ruedo. Pepe Luis Vázquez, 2 orejas. Luis Miguel Dominguín, rabo.

Estella. Toros de Pérez de la Concha (4). Cañitas y Julián Marín, oreja cada uno.

Barcelona. Novillos de Manuel González (6) y Bernardo Escudero (2) Ricardo Balderas 2 orejas, Manuel Perea Boni, Alfredo Fauró, oreja y Lorenzo Pascual Belmonteño. Carnicerito de México y Arturo Álvarez Vizcaíno se encontraban en el tendido.

Barcelona. Lorenzo Garza sufre una recaída en su recuperación de la cornada sufrida el 31 de julio anterior. Presentó fiebre y tuvo que ser intervenido nuevamente por el doctor Olivé Gumá. Continúa el estado de gravedad.

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