jueves, 26 de mayo de 2011

Mexicanos en San Isidro (II/III)

San Isidro 1970, el anuncio hecho en
El Ruedo de Madrid (Cortesía del blog
Aula Taurina de Granada)
Para el inicio de la década de los 70, la fiesta en España había experimentado ya algunos cambios y estaba por enfrentar otros que indudablemente trascenderían a lo que la Feria de San Isidro era y representaba en ese momento determinado. Más o menos a la mitad del periodo objeto del artículo anterior de esta serie (1959), se implanta el segundo círculo concéntrico que delimita el terreno en el cual se ha de poner el toro para la suerte de varas; en 1962, se implanta como reglamentaria la puya de cruceta, sustituyendo a la antigua de arandela, que en teoría, limitaría el castigo abusivo a los toros en el primer tercio y en 1969, se implanta el Libro de Registro para los toros de lidia. Es decir, surge la obligación de los criadores de inscribir las nacencias y de herrar el último dígito del año del nacimiento. Eso implicaba que a partir de 1973, los toros cuatreños que salieran a las plazas en corridas de toros llevarían el guarismo “9” en el brazuelo y a partir de ese año, se podría conocer, por ese simple hecho, la presunta edad de la res que se lidiaba.

El Cordobés y Palomo Linares volvían en 1970 a las plazas de primera después de un año sabático en la guerrilla – donde ni por equivocación vieron un toro, según comenta Paco Abad – y entre ellas estaba Las Ventas, donde el segundo de los nombrados confirmaría su alternativa. Con esa misma referencia temporal comienzo el recuento de esta etapa de la presencia de los toreros mexicanos en la Feria de San Isidro, misma que se verá influida por estos acontecimientos como lo veremos adelante. Reitero que aquí solamente consideraré hechos ocurridos en lo que es propiamente San Isidro, quedando fuera cualquier situación sucedida en otro festejo serial como el de la Comunidad, el Aniversario, la Beneficencia o cualquiera que sea su denominación.

Los años 70 y 80. Los toreros de la Edad Moderna Mexicana

Lo que creo que válidamente puede llamarse La Edad Moderna del Toreo en México se caracteriza por el férreo mando que ejerció aquí sobre la fiesta Manolo Martínez durante alrededor de un cuarto de siglo. Le acompañaron en ese tránsito en una primera época Eloy Cavazos, Curro Rivera, Antonio Lomelín y Mariano Ramos y en su última etapa se adhirieron Miguel Espinosa Armillita y Jorge Gutiérrez. Ya con referencia a la feria madrileña, en la etapa a la que se refiere esta aportación, por su orden, los diestros que tuvieron mayor presencia e impacto con sus actuaciones en ella, fueron Curro Rivera, Eloy Cavazos y Antonio Lomelín, siendo paradójicamente, el que menos huella e impacto tuvo, precisamente el mandón.

Manolo Martínez Ca. 1970
Comparecieron además en el tiempo que pretendo cubrir, otros toreros que sin alcanzar las cotas de los antenombrados, dejaron en buen sitio su nombre y el pabellón mexicano, incluso pensando la crítica de su tiempo que harían largas campañas en los ruedos peninsulares y así toreros como Manolo Arruza, Rafael Gil Rafaelillo, César Pastor o David Silveti tuvieron buenos momentos en la feria taurina más importante del mundo, que permitieron que se les augurara un porvenir distinto al que finalmente tuvieron en plazas hispanas.

No debo dejar de lado que es también en estas décadas cuando se lidian por primera vez toros mexicanos en la Plaza de Las Ventas y en la Feria de San Isidro. En 1971 son los ya míticos Mimiahuápam de don Luis Barroso Barona y en 1987 serán 2 de San Mateo y 2 de San Marcos para la confirmación de David Silveti.

Apuntado lo anterior, pasemos a ver lo que pudiera considerarse como algunos de los hechos más destacados de aquellos años.

1970: El 22 de mayo confirma su alternativa Manolo Martínez. Santiago Martín El Viti le cede los trastos para matar al toro Santanero, de Baltasar Ibán en presencia de Sebastián Palomo LinaresDon Antonio, cronista de la revista madrileña El Ruedo, refiere de esa tarde lo siguiente: La faena fue torera y muy adornada, con destellos originales. Muy buenos los pases para doblar y quebrantar al toro y los tres naturales primeros ligados al de pecho... Redondos con un original giro a la inversa – no conozco el nombre del adorno en la lexicografía azteca –, pase alto, con cambio, para uno garboso de pecho y refrendo final de media estocada de buena calidad... Manolo corta la oreja del toro de su alternativa. Hay para él una gran ovación cuando, con elegante parsimonia, la exhibe en la vuelta al ruedo.

El 28 de mayo confirma su alternativa el acapulqueño Antonio Lomelín. Sin ir precedido del aparato publicitario que preparó Manolo Martínez, la suya fue la confirmación más exitosa de ese periodo de tiempo. El padrino de la ceremonia fue el zamorano Andrés Vázquez y el testigo José Manuel Inchausti Tinín y Antonio le cortó la oreja a Montillano de Alonso Moreno de la Cova, que fue el toro de la ceremonia y las dos a Napolitano que fue el que cerró plaza. Sorprendió con las banderillas y por lo cerca que se pasaba a los toros con la muleta. Cuentan quienes lo vieron, que después de muchos años, se oyó en Las Ventas el grito de ¡torero, torero!, como en México. Don Antonio, en El Ruedo, escribió esto acerca de esa tarde: Me acordé del día de la presentación de Carlos Arruza en Madrid, el 18 de julio de 1944. Todos entraron en la plaza preguntando quien era y salieron proclamando la llegada de un torero

1971: Curro Rivera confirma su alternativa el día 18 de mayo. Lo apadrina Antonio Bienvenida, que le cede al toro Beluco de Samuel Flores, en presencia de Andrés Vázquez y el toricantano se lleva la oreja.

Dos días después el confirmante es Eloy Cavazos, que recibe los trastos de manos de Miguelín en presencia de Gabriel de la Casa. El toro de la ceremonia se llamó Retoñito y fue de José Luis Osborne. También actuó el caballista Curro Bedoya, ante un toro de José María Moreno Yagüe. Eloy Cavazos cortó dos orejas esa tarde.

Cartel del 22 de abril de 1971
El 22 de mayo tiene efecto uno de los grandes hitos de la Historia del Toreo en México, pues se lidia en la Feria de San Isidro el encierro de Mimiahuápam que estaba programado inicialmente para el 29 de mayo del año anterior. El cartel de toreros que lo enfrentaría estaba integrado por Victoriano Valencia, Antonio Lomelín y José Luis Parada. Los toros que salieron al ruedo venteño fueron por su orden 21, Hermano; 22, Cariñoso; 14, Manito; 33, Amistoso; 58, Cuate y 39, Amigo. Antonio Lomelín le cortó la oreja al segundo de la tarde, Cariñoso y el cuarto, Amistoso, recibió el homenaje de la vuelta al ruedo de sus despojos. En esa forma, la de Mimiahuápam, dirigida en esos días todavía por don Luis Barroso Barona, sin duda el ganadero mexicano más importante de la segunda mitad del Siglo XX, era la primera ganadería de México que adquiría antigüedad en España y lo hizo de manera triunfal.

Tres días después Curro Rivera corta una oreja de peso al primero de su lote en un cartel que compartió con Antonio Ordóñez y Paco Camino en la lidia de 5 toros del Duque de Pinohermoso y uno de Atanasio Fernández. Ese trofeo le valió ser invitado a participar en la Corrida de la Beneficencia del año de 1971.

1972: Curro Rivera es el único torero mexicano que firma tres fechas para la Feria de este año, en tanto que Eloy Cavazos signa dos contratos.

El 22 de mayo se produce un hecho que en estos días, casi cuatro décadas después, es todavía motivo de discusión. Palomo Linares corta el rabo del toro Cigarrón de Atanasio Fernández en corrida en la que alternaba con Andrés Vázquez, que cortó una oreja y Curro Rivera, que se llevó cuatro orejas. No se cortaba un rabo en Madrid desde 1935 y las opiniones en las crónicas están divididas. Emilio Romero – bajo su firma – en el vespertino Pueblo y la redacción de El Ruedo – curiosamente esa crónica no está firmada – justifican plenamente la concesión de los apéndices y consideran la faena una de las grandes obras de la tauromaquia moderna; por su parte Díaz – Cañabate y Vicente Zabala Portolés hablan de una actuación verbenera del Presidente, el comisario Antonio Pangua (que acabó siendo despedido días después), aunque ambos coinciden en que los toreros estuvieron bien esa tarde. Un apunte pertinente. Para quienes consideran que el rabo de Palomo Linares se concedió para aguar el gran triunfo de Curro Rivera, conviene señalar que éste se otorgó en el quinto de la tarde y que Curro, tercer espada, todavía tenía por lidiar al sexto, del que obtuvo dos orejas, así que en principio, no parece haber habido tomate en la concesión de ese rabo.

Curro Rivera, Madrid, Ca. 1972
1973: El 29 de mayo se anunció la confirmación del tijuanense Adrián Romero, llevando de padrino a Gabriel de la Casa y como testigo a Francisco Ruiz Miguel. El primero de la tarde, Farolero, de Alonso Moreno de la Cova, le dio una cornada de 25 centímetros que el doctor calificada de grave por el doctor Máximo García de la Torre, motivo por el cual la ceremonia de confirmación no se llevó a cabo. Adrián Romero no volvió a la plaza madrileña.

1974: Mariano Ramos se presenta en Las Ventas y confirma su alternativa de manos de Curro Romero y con el testimonio de Paquirri el día 18 de mayo. El toro de la cesión fue Fusilillo de Baltasar Ibán y de esa tarde Vicente Zabala Portolés escribió: Confirmaba la alternativa el mejicano Ramos. Peleó con corazón en sus dos toros... Lo mejor de la valiente labor del azteca fue el aguante a la cortísima embestida del sexto y el soberbio volapié que refrendó su entusiasta quehacer. Así se matan los toros. El animal no hizo nada por él. Mariano cruzó limpiamente, atacando con rectitud. Me pareció tacaña la ovación del ya aburrido y desfilante público, que casi abarrotó la plaza.

1975: Rafael Gil Rafaelillo, otro diestro nativo de la fronteriza Tijuana hacía su presentación en San Isidro, pues había confirmado en Madrid el verano anterior. El 12 de mayo actuó como testigo de la confirmación de alternativa de Juan Martínez, concedida por Julián García, lidiándose 4 toros de Sánchez Fabrés, 1 de Francisco Campos Peña (4º) y 1 de Miguel Zaballos Casado (5º).  Su actuación sorprendió gratamente a la crítica madrileña, Vicente Zabala Portolés hace el siguiente recuento: Valiente en verdad encontré al mejicano “Rafaelillo”, que atesora las virtudes características y también muchos de los defectos de los toreros aztecas; es variado en quites, se arrima como un león, lleva consigo el temple... Tuvo un lote pésimo y se la jugó sin cuento... Descuida la estética, pero debe dársele la oportunidad de una sustitución en la feria. Llega con facilidad a las masas, y si no le coge un toro puede dar una vuelta a España con mucha más fuerza que los Manolo Martínez, Curro Rivera y Eloy Cavazos. Fue muy ovacionado en los dos.

Rafaelillo (imagen cortesía del blog
Toreros Mexicanos)
Al día siguiente estaba anunciado Eloy Cavazos para actuar junto a Miguel Márquez y José Luis Galloso, pero en la víspera, por los veterinarios de Las Ventas se anunció que el encierro de Amelia Pérez Tabernero no reunía las condiciones para ser lidiado en Madrid, por lo que fue sustituido por uno de Clemente Tassara – al final se lidiaron 5 de estos y uno de Luciano Cobaleda –, Cavazos se cayó del cartel y le sustituyó Rafaelillo, quien tuvo otra notable actuación, descrita así por Vicente Zabala Portolés: ...mató con entrega, pero sin vaciar, saliendo con la pechera rota, como cuentan las viejas crónicas que terminaba Machaquito tras los volapiés de atragantón. Le ovacionaron muy fuerte y dio la vuelta al ruedo, recogiendo sombreros de los charros de su país que han venido al homenaje a Agustín Lara. Al sexto lo toreó muy bien con el capote... Faena garbosa y aseadita que le valió una ovación de despedida.

El 20 de mayo, al cumplirse 9 años de la muerte de su padre, Manolo Arruza confirmó su alternativa de manos de Palomo Linares y llevando de testigo a Paquirri, con el toro Loco, de Benítez Cubero. El resumen de la crónica de la corrida dice: Confirmaba la alternativa el hijo de Carlos Arruza. Y para su alternativa le tocó un hermoso ejemplar, el más serio de toda la corrida... se empleó en un trasteo aseadito... sacó los muletazos limpios y ajustados entre el beneplácito general. Manolo Arruza, pese a su apellido, no venía con vitola de figura. El hombre no se permite improcedentes exigencias, Mató de una estocada baja y se le concedió una oreja... Por la voluntad del muchacho y por las añoranzas de tiempos que, históricamente, no fueron mejores en ningún sentido, se le otorgó el trofeo.

1982: El día 15 de mayo fue la fecha en la que César Pastor confirmó su alternativa. Le apadrinó el linarense José Fuentes y atestiguó la cesión del toro Pelele de Martínez Benavides, Francisco Ruiz Miguel. Discreta fue la actuación del diestro capitalino radicado en Aguascalientes.

El 23 de ese mismo mayo, Jorge Gutiérrez, alternando con Miguel Márquez y con Ruiz Miguel en la lidia de 3 toros de José Joaquín Moreno de Silva (1º, 2º y 3º), 2 de Alonso Moreno de la Cova (4º y 5º) y 1 de Núñez Hermanos (6º), cortó la oreja al tercero de la tarde. Había confirmado el día anterior de manos de Manolo Vázquez y llevando de testigo a Antoñete, con el toro Berlinés de Celestino Cuadri. Esta es la impresión que causó a don Joaquín Vidal en El País: Jorge Gutiérrez... a su Saltillo le hizo una faena en la que no hubo ni un pase de más. Toreó al natural y en redondo cargando la suerte, se echó todo el toro por delante en los de pecho, que marcaba al hombro contrario, y cuando le pidió la muerte, entró a volapié neto y dejó una estocada en lo alto que por sí sola valía la oreja. Al mexicano se le saltaban las lágrimas durante la vuelta al ruedo y besó un puñado de albero, en gesto de agradecimiento al premio que le concedía la capitalidad del mundo taurino. En efecto, tiene un gran valor pues sale de Las Ventas con su cartel en alza, y sin duda lo merece...

Manolo Arruza
1983: Miguel Espinosa Armillita confirmó el 25 de mayo, vestido de nazareno y oro, de manos de Manolo Vázquez y llevando de testigo a José María Manzanares. El toro de la cesión se llamó Piconero y fue de Gabriel Rojas. En el diario El País, de Madrid, don Joaquín Vidal reflexiona lo siguiente: El sexto, también de Ordóñez, manseó, flojeó, y reculaba cuando Armillita pretendía iniciar la faena de muleta. Al responder a un pase de tirón, cayó desvanecido. Doctos espectadores sentenciaron que había sido un infarto de miocardio, y no les íbamos a discutir. Fuera de combate el toro, no pudimos ver a Armillita, que en el borrego de su alternativa y en diversos pasajes del festejo había exhibido detalles de torero bueno. Manejó el capote con finura e instrumentó con naturalidad y estilo las suertes de muleta. Su repetición tiene interés…

1987: Dos sucesos se reunieron el 24 de mayo. Se presentaron en Las Ventas los toros mexicanos de San Mateo (1º y 2º) y San Marcos (3º y 4º) y confirmó su alternativa David Silveti de manos de Tomás Campuzano, llevando como testigo a Nimeño II. La actuación de El Rey David con Huidizo, el toro de la ceremonia fue la siguiente: Silveti le bajó la mano, toreó cadencioso, con gusto, en dos series impecables de redondos. Quizá le faltara dejar la muleta en la cara del animal al rematar los pases. Por eso se enfriaba en público entre muletazo y muletazo. Una verdadera pena, porque tiene buen corte de torero... Debió cortarle la oreja, porque el cornúpeta tenía clase y bondad... escuchó muchas palmas desde el tercio. Acerca de los toros, David declaró a Joaquín Vidal: Estaban demasiado gordos y tenían casi cinco años, ambas condiciones no se dan en México, donde es la ganadería de mayor prestigio. Ha sido una pena que el público no haya podido divertirse.

Resumen del periodo

Años de ausencia: 1976, 1978, 1979, 1980, 1981, 1985, 1986, 1988, 1989.

Festejos toreados:

Curro Rivera, 9: [1971 (2); 1972 (3); 1973 (2); 1977 (2)]; Eloy Cavazos, 4: [1971 (2); 1972 (1); 1975 (1)]; Jorge Gutiérrez, 4: [1982 (2); 1983 (2)]; Antonio Lomelín, 3: [1970 (1); 1971 (2)];  Manolo Arruza, 3: [1975 (2); 1984 (1)]; Manolo Martínez, 2: [1970 (2)]; Mariano Ramos, 2: [1974 (2)]; Rafaelillo, 2: [1975 (2)]; Miguel Espinosa Armillita, 2: [1983 (2)]; Adrián Romero, 1: [1973 (1)] César Pastor, 1: [1982 (1)]; David Silveti, 1: [1987 (1)].

Vuelvo a insistir en que cada uno puede tener, aparte de las fechas aquí recordadas, alguna más que le represente especial significación. El caso aquí no es hacer un recuento exhaustivo de todos los sucesos – pese a lo kilométrico del artículo presente – de este periodo de tiempo, sino rescatar la memoria de algunos de los más señalados. Esta aportación, sumada al recuerdo individual de cada quien, reitero, es una de las cuestiones que hace rica a esta fiesta, que le da memoria y que por ello, también contribuye a su gloria.

Continuará…

domingo, 22 de mayo de 2011

Mexicanos en San Isidro (I/III)

Monumento a Livinio Stuyck, interior de la
Plaza de Las Ventas
Livinio Stuyck, quien según Dominique Lapierre y Larry Collins, es descendiente de unos alfombristas flamencos llegados a España en la época de Felipe V, era abogado y accedió a la gerencia de la empresa Nueva Plaza de Toros de Madrid S.A. (Jardón) en una situación coyuntural que sería temporal en un principio, más su habilidad innata para dirigir se reflejó también en los destinos de la Plaza de Las Ventas, la más importante del planeta de los toros, lo que le haría permanecer al frente de ella más tiempo del que habrían calculado, tanto él, como quienes le encomendaron esa tarea.

Una de las innovaciones que don Livinio llevó al manejo de los asuntos de Las Ventas, fue la creación de una serie de festejos de gran tronío en torno a la festividad de San Isidro Labrador, patrono de Madrid y que tenían por objeto el resaltar la importancia taurina de la Villa junto con las demás festividades que enmarcaban la celebración. La primera Feria Taurina de San Isidro – aunque las ferias fueran cosa de pueblos el Marqués de la Valdavia dixit – se da en 1947 y ya en relación con los toreros mexicanos, será hasta 1951 cuando comiencen a aparecer en ella, pues es al final de la temporada mexicana 46 – 47, que se rompen las relaciones hispano – mexicanas y se reanudan precisamente hasta ese calendario.

El primer torero mexicano en comparecer en San Isidro será Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes, que el 16 de mayo de 1951 entrará a sustituir a Manolo dos Santos en un cartel que éste inicialmente formaba junto a los sevillanos Pepe Luis Vázquez y Manolo González, para lidiar un encierro de don Felipe Bartolomé. Al final, de los toros anunciados, solo se lidiaron cuatro, completando la corrida uno de doña Francisca Sancho Viuda de Arribas y otro de Castillo de Higares de don Pedro Gandarias.

Esa tarde Rafael Rodríguez confirmó su alternativa de manos del Sócrates de San Bernardo, siéndole cedido el toro Guitarrero de don Felipe Bartolomé, toro al que le cortó la oreja, en consecuencia, la primera que un torero mexicano ha obtenido en esta trascendente feria taurina. Para la anécdota, contaba El Volcán que teniendo preparado el inicio de su campaña para unas semanas después, la ropa de torear que había encargado a la maestra Marcén no estaba lista, por lo que cuando se le avisó de la sustitución, no tenía un terno para vestir y de esa manera, Antonio Velázquez le prestó un terno blanco y oro, nuevo, que fue el que sacó para tan señalada corrida, vestido que después le obsequió Corazón de León y que la familia del diestro hidrocálido aún conserva con gran orgullo.

Debido a la extensión del tema – abarca seis décadas – intentaré presentárselos en tres partes, la primera que cubrirá las décadas de los 50 y 60; una segunda que se referirá a los años 70 y 80 y la final que amparará desde los años 90 y hasta la fecha. El objeto de lo que se relacione aquí, será exclusivamente la Feria de San Isidro, motivo por el cual, no obstante su cercanía cronológica, no quedarán comprendidos aquí, hechos ocurridos en otras ferias o festejos señalados, como la Corrida de la Beneficencia, o la Feria del Campo, que se daba en los años 50, la de la Comunidad o la más reciente del Aniversario, insisto, aunque a veces, en el tiempo, no tengan diferencia temporal con la del Santo Patrono, pues el objeto es meramente lo que se anuncia y abona como Feria de San Isidro.

Los 50 y 60. La Edad de Plata Mexicana

Ya apuntaba arriba que fue El Volcán de Aguascalientes quien abrió la presencia mexicana en lo que inicialmente se quiso denominar como Corridas Extraordinarias del Santo Patrono y en esos cuatro lustros de lo que bien puede considerarse como la Edad de Plata del Toreo en México, fueron quienes llevaron el pendón nacional a lo que se considera la principal plaza de toros del mundo.

Confirmaron su alternativa o actuaron en ese periodo de tiempo, además del citado Rafael Rodríguez, diestros como Manuel Capetillo, Jesús Córdoba, Juan Silveti, Joselito Huerta, El Ranchero Aguilar o Alfredo Leal y de lo sucedido en esas calendas, destaco lo siguiente:

Juan Silveti
1952: El 15 de mayo de 1952 confirmó su alternativa Manuel Capetillo. Le apadrinó Paquito Muñoz y llevó de testigo a Antonio Ordóñez. Esa tarde le cortó la oreja a Brillante, que fue el toro de la ceremonia y que fue de Antonio Pérez de San Fernando, como todos los corridos ese día. Giraldillo, cronista del ABC madrileño, señaló acerca de la actuación del diestro mexicano: …hubo unánime petición de oreja, concedida con los honores de la vuelta al ruedo y la salida hasta el centro, pues las palmas seguían. Capetillo, en el séptimo toro de los 63 que han de correrse, había puesto un punto de luz en la Feria de San Isidro...

El día 24 de mayo Jesús Córdoba tras de fallar con la espada da dos celebradas vueltas al ruedo en corrida en la que alternó con Manolo Vázquez y Julio Aparicio en la lidia de toros de Sánchez Cobaleda. De él dijo esa tarde Manuel Sánchez del Arco Giraldillo, cronista del diario ABC de Madrid: Torea tan limpiamente que ello, acaso, le perjudique para los que adoran el barullo del torero y el toro rebujado en maraña emocionante... sin una concesión ni a los morenos del sol ni a los pálidos de la sombra…

Al día siguiente, Juan Silveti se convertiría en el primer torero mexicano en abrir la Puerta Grande de Las Ventas en San Isidro y escribiría una de las grandes páginas de su historia y de la Feria, al quedarse casi con la corrida completa de Pablo Romero que en principio lidiaría en unión de Raúl Acha Rovira y Pablo Lozano. Canario, el tercero de la tarde hiere primero a Pablo Lozano y después a Rovira. Así, Silveti se queda con Chaleco, Campero Cautivo y es al quinto, Campero, al que de acuerdo con la crónica del nombrado Giraldillo, el hijo del Tigre de Guanajuato, toreó estupendamente al natural, para cortarle las dos orejas y salir a hombros junto con el mayoral de la ganadería.

1953: Por primera vez en la historia de la Feria, un diestro mexicano se acartela tres tardes. Es Jorge El Ranchero Aguilar, quien había confirmado el verano del año anterior. La primera, el 10 de mayo, sirviendo de testigo para que Jerónimo Pimentel le confirmara la alternativa a Emilio Ortuño Jumillano, con toros de Antonio Pérez de San Fernando, siendo aplaudido; la segunda, el día del Santo, para lidiar toros de Fermín Bohórquez y alternar con Rafael Ortega y Antoñete, con lleno de no hay billetes, está discreto y dos días después, alternando con Antonio Bienvenida y Rafael Rodríguez en la lidia de toros de Joaquín Buendía, salda su participación con una vuelta al ruedo tras la lidia del tercero.

1957: José Ramón Tirado, hábilmente apoderado por El Pipo, quien aprovechó que en la temporada anterior el sinaloense cortó orejas en tres novilladas consecutivas, abriendo la puerta grande la última de ellas, le coloca en tres de los carteles más señalados de la Feria de ese mayo. Confirma el 10 de mayo, de manos de Julio Aparicio y llevando como testigo a Antoñete, lidiándose toros de Eusebia Galache de Cobaleda. Repite al día siguiente alternando de nuevo con Julio Aparicio y Manolo Vázquez en la lidia de 3 toros de Atanasio Fernández, 1 de El Pizarral de Casatejada (3º), 1 de Flores Albarrán (5º) y 1 de Eusebia Galache (6º) y cierra su comparecencia a la semana exacta de su presentación actuando junto a Gregorio Sánchez y de nuevo Manolo Vázquez para enfrentar toros salmantinos de Barcial. El resultado de las tres tardes del mazatleco no fue halagüeño y quedan como un hecho meramente anecdótico.

En esa misma feria, Joselito Huerta – quien había confirmado en el San Isidro del año anterior –, el 15 de mayo, al alternar con Rafael Ortega y Chicuelo II en la lidia de toros de Pablo Romero – el de Tetela sustituía a Antoñete – fue herido gravemente. El parte rendido por el doctor Jiménez Guinea dice: Herida en parte alta de la región glútea izquierda, con una trayectoria ascendente de 15 centímetros hacia región lumbar, que produce destrozos en los músculos de la región lateral del abdomen y termina a nivel de la duodécima costilla, calificada de pronóstico grave.

Jesús Córdoba
El 19 de mayo Jesús Córdoba actuó por última vez en una Feria de San Isidro, sustituyendo al herido Joselito Huerta. Alternó con José María Martorell y Gregorio Sánchez y llevaron por delante al rejoneador portugués Simao da Veiga. Los toros fueron de Salvador Guardiola para los de a pie y del Marqués de la Ribera para rejones. La opinión de José María del Rey Selipe acerca de esta actuación del Joven Maestro es en este sentido: …Llevó a cabo el mejicano dos faenas limpias, tersas y elegantes, con un sereno entendimiento del toreo, que desarrolló principalmente con la muleta en la mano derecha mediante pases redondos acabados y de excelente traza... Esta actuación fue premiada con una aclamada vuelta al ruedo, quedándose sin orejas nuevamente por sus fallos con la espada.

1962: Alfredo Leal firma tres tardes para la Feria de este calendario. Se presenta el 13 de mayo alternando con Gregorio Sánchez y Curro Girón, con el prólogo del rejoneador Ángel Peralta, para lidiar 5 toros de Antonio Pérez Angoso (uno para rejones) y 2 de María Montalvo (5º y 6º). La segunda comparecencia de El Príncipe del Toreo sería siete días después, flanqueado por Curro Romero y Manolo Vázquez y llevando por delante al caballero jerezano Fermín Bohórquez. Los toros para la ocasión serían de Carlos Núñez para los de a pie y el de rejones, de las dehesas del propio caballista. Cerraría su actuación abriendo con los rejoneadores Ángel y Rafael Peralta y alternando con Curro Girón y Rafael Chacarte en la lidia de 7 toros de Clemente Tassara. De acuerdo con las crónicas de Antonio Díaz – Cañabate – por lo leído, poco amigo de lo mexicano – la actuación de Leal fue desafortunada en esas tres tardes.

1963: Se presentan por primera vez novilleros mexicanos en la Feria. El 25 de mayo lo hace el regiomontano Fernando de la Peña, quien alterna con Jerezano y José María Aragón en la lidia de 4 novillos de Carmen González de Ordóñez y 2 de Antonio Ordóñez (2º y 6º) y el día 26 cierra la feria Óscar Realme, que alterna con Jerezano y Antonio Medina en la lidia de novillos de Clemente Tassara. Al final, Realme y Jerezano quedaron mano a mano, pues el tercero de la tarde hirió muy grave a Medina.

1964: El 31 de mayo Antonio Sánchez Porteño, debutante en Madrid, abre la Puerta Grande – es el último mexicano en hacerlo en esta etapa histórica – de Las Ventas al cortarle las dos orejas al tercer novillo de un importante encierro del Marqués de Albayda, cuando alternaba con José Luis Barrero y Antonio Sánchez Fuentes. Sobre este festejo escribió Antonio Díaz – Cañabate: La novillada del señor marqués de Albayda fue magnífica. Fue soberbia. Fue ejemplar. Sobre todo esto, ejemplar. Demostró lo que vengo sosteniendo con reiteración, que la fiesta es de toros y que los ganaderos, en su afán de complacer a los toreros, la han convertido en fiesta de los borregos. El señor marqués de Albayda, por lo menos en esta novillada, ha sabido conservar la casta, la fiereza de los toros... Dos vueltas al ruedo a dos toros, primero y quinto. Cuatro orejas e innúmeras ovaciones a los toreros. Vuelta al ruedo acompañado de los espadas. Es decir, la apoteosis de la casta. El triunfo de los toros sobre los borregos... Un triunfo auténtico del novillero acapulqueño, que no tuvo ocasión de reiterarse. 

Alfredo Leal
Antes, el tlaxcalteca Gabino Aguilar se había presentado el día 10 de mayo, alternando con Rafael Corbelle y el cordobés Manuel Cano El Pireo en la lidia de novillos de Andrés Parladé. El compromiso lo cerró Gabino con discreción, teniendo ya en puerta su alternativa en la cercana Corrida de la Beneficencia.

1966: El 26 de mayo el torero de Monterrey, Raúl García confirma su alternativa de manos de Paco Camino y llevando de testigo a El Cordobés. El toro de la cesión se llamó Camilloso, de Francisco Galache. Fue una corrida en la que el padrino y el testigo fueron abroncados toda la tarde, por imputárseles la blandura y poca presencia de los toros lidiados, en tanto que al regiomontano, como confirmante, se le trató respetuosamente, pero el éxito fue ausente para todos.

Resumen del periodo

Años de ausencia: 1958, 1959, 1960, 1961, 1967, 1968, 1969.

Festejos toreados en el periodo:

Joselito Huerta, 7 [1956 (2), 1957 (1), 1964 (2), 1965 (2)]; Jesús Córdoba, 5 [1952 (2), 1954 (2), 1957 (1)]; Manuel Capetillo, 3 [1952 (2), 1963 (1)],  Jorge El Ranchero Aguilar, 3 [1953]; José Ramón Tirado, 3 [1957]; Alfredo Leal, 3 [1962]; Rafael Rodríguez, 2 [1951 (1), 1953 (1)]; Juan Silveti, 2 [1952 (1), 1954 (1)]; Antonio Campos El Imposible, 2: [1963]; Miguel Ángel García, 1 [1955]; Raúl García, 1 [1966]; Fernando de la Peña, 1 [1963, novillada]; Óscar Realme, 1 [1963, novillada]; Antonio Sánchez Porteño, 1 [1964, novillada]; Gabino Aguilar, 1 [1964, novillada].   

A mi parecer, estos son algunos de los hitos que marcan la presencia de México en la Feria de San Isidro en este periodo de la Historia. Cada quien, en su opinión particular, podrá recordar estos mismos u otros distintos. No obstante, la riqueza de esta fiesta y de su Historia, está precisamente en lo que cada uno de nosotros podamos aportar a su recuerdo.

Continuará… 

lunes, 16 de mayo de 2011

16 de mayo de 1920: Los hechos de Talavera de la Reina según Rafael El Gallo

Detalle del cartel anunciador de la
corrida del 16 de mayo de 1920
(Colección Gabriel Vegas)

Por algunas razones que no vienen al caso, en las últimas semanas me he mantenido más lejos del ordenador que de costumbre y más cerca de los libros también. Uno de los que retomé para su lectura, después de muchos años, fue el de Marino Gómez Santos, Mi Ruedo Ibérico, el que compendia una serie de magníficas y extensas entrevistas a toreros de distintas épocas en las que, a diferencia de la interviú de hoy, Gómez Santos deja a sus interlocutores hablar, hablar a su aire a partir de leves insinuaciones que les hace. Eso enriquece la obra en comento y dibuja de manera extraordinaria al personaje entrevistado.

Hace más o menos un año, un amigo, Gabriel Vegas, me envió la imagen que encabeza esta entrada, a propósito del díptico que entonces publiqué conmemorando el nonagésimo aniversario de la tragedia de Talavera y exponiendo la visión de la prensa regional toledana sobre el asunto. En su comunicación sobre el envío, me hacía notar que el cartel que ilustraba el primer artículo, era una alegoría realizada a posteriori y que el auténtico era el que en presentación más humilde, se imprimió en la Imprenta Velasco de Madrid, sita en Marqués de Santa Ana número 11, duplicado. En su comunicación, me pedía incluirlo en esas entradas, pero le respondí entonces que me parecía un desperdicio dejar un documento tan valioso en algo que quedaría archivado, por la relativa frecuencia con la que actualizo esta bitácora. (A petición del propio Gabriel recorté parte del cartel, para evitar que sea usado con fines de falsificación)

Taleguilla usada por Joselito en Talavera
(Museo Taurino de Valencia, imagen aportada por
Gabriel Vegas)
Así que ofrecí a Gabriel el publicar alguna arista sobre este tema al año siguiente, para publicar la imagen que tan gentilmente me envió, junto con otras dos que tiempo después me hizo llegar también y allí empezaron mis quebraderos de cabeza, pues me pareció un despropósito el reiterar alguna temática trillada o el recurrir a algún lugar común – con mis disculpas a Monsieur Flaubert – pero en la lectura del libro de Marino Gómez Santos al que al principio aludía, se me abrió el panorama, dado que allí hay una serie de charlas que durante quizás una semana de abril de 1959, sostuvo con Rafael El Gallo, en la casa familiar de la sevillana calle O'Donnell y entre los temas tratados, está precisamente el de Joselito y los sucesos de Talavera de la Reina.

Lo que contó Rafael a Gómez Santos no es una versión al uso y aunque en otro sitio de esta misma Aldea he señalado que a El Gallo no debemos recordarle por sus bagatelas, sino por su esencia como torero, considero que en este caso vale la pena saber cómo le venía a la memoria, justo un año antes de morir, la tragedia del 16 de mayo de casi 40 años antes:
…¿Dónde estaba Usted aquella tarde…?
- La corrida de Talavera se hizo para mí y para Ignacio, pero José me dijo: «Quítate de Talavera y vete a Madrid. Cógete el sitio mío, porque yo no voy a ir.» José estaba disgustado por lo que ocurría con la corrida de Urquijo.
- Pero ¿qué ocurrió?
Rafael el Gallo se aprieta el pañuelo de seda blanco al cuello.
- Que la marquesa de Urquijo iba a dar la primera corrida de su ganadería y quería que la torease José. Todo el mundo se opuso a que José fuese a Madrid con toros desconocidos. Y José no quieras saber cómo se puso. Dijo que o no toreaba la corrida de Urquijo o no iba. Por eso no quiso torear en Madrid y me dijo a mí que fuese yo, porque no acababa de ponerse de acuerdo con la empresa.
Coloca los brazos sobre la mesa y apoya sobre ellos la barbilla.
- Ese día, 16 de mayo, me reemplazó en Talavera. En Madrid amaneció lloviendo.
El Gallo, al levantarse de la cama la mañana de la corrida, se fue al balcón para ver la cara al día. Llovía torrencialmente. Se quedó un buen rato contemplando el aguacero, miró al cielo turbio y se fue al teléfono para comunicar con Juan Belmonte, con quien debía torear aquella tarde.
- Oye, Juan: te llamo para decirte que si nos vestimos, porque el día ha amanecido infame. ¿A ti qué te parece?
- Hombre, Rafael, yo creo que debemos vestirnos, no sea que a las cuatro «campe» y nos coja en pijama.
El Gallo le dijo a su mozo de espadas que fuese vistiéndole. Sonaba el agua torrencial en los cristales.
- Yo no sé para qué se viste usted, maestro, porque han dicho abajo que en Talavera se ha suspendido también por la lluvia. En Madrid, seguro que también se suspende – le dijo el mozo de espadas.
Rafael el Gallo sintió entonces un alivio inmenso de que suspendiese la corrida de Talavera que iban a torear Joselito y Sánchez Mejías. No sabía por qué, pero estaba contento.
- Vete despacio vistiéndome, que me parece a mí también que no va a cesar de llover y vas a tener que desvestirme.
Sonó el teléfono en la habitación.
- Maestro, que resulta que en Madrid se ha suspendido y en Talavera se está celebrando.
El Gallo comenzó a vestirse de calle y pidió que le marcasen el número de teléfono de Belmonte.
- Oye, Juan: ¿sabes que se ha suspendido en Madrid?
- Sí, acaban de pasarme recado.
- Oye, yo creo que lo mejor será que vaya a recogerte para ir a tomar un cocido a Casa Morán. Estoy aquí en el hotel con el marqués de Llen, que tiene el coche abajo. No tardamos nada.
El Gallo, con el marqués de Llen, bajaba por la escalera del hotel. Al llegar a la conserjería entraba un repartidor de telegramas.
- No se vaya, don Rafael, que es para usted.
Ajeno completamente a la posible tragedia que no había pensado aquella tarde, el Gallo abrió el telegrama: «José, cogida gravísima vientre.»
Ahora, al referirse al telegrama, Rafael el Gallo palidece. Su semblante se torna sombrío. Cambia su tono de voz.
- Yo pensé en seguida que aquello no era nada tranquilizador, porque si era una cogida gravísima en el vientre, lo más probable es que no tuviera salvación. «Lo ha matado», pensé rápidamente.
El marqués de Llen puso en marcha un flamante Rolls – Royce.
- Belmonte me aguardaba para ir a Casa Morán a tomar el cocido, y como no había salido del cuarto no se enteró de lo que ocurría hasta que nosotros estábamos en la carretera.
La noticia llegó a Madrid con rapidez.
- Al llegar a Alcalá para entrar en la Puerta del Sol, la gente se agrupaba en Teléfonos. Era un enjambre que se revolvía como si se tratase de una revuelta política. Bueno, en la Puerta del Sol aquello ya no puede explicarse. No cabía una persona más. Estaba hirviendo.
El Gallo gesticula con la mano.
- ¡Hirviendo estaba aquello! No sé si la gente esperaba noticias o sí sabían todo lo que pasaba.
 En medio de la carretera, que estaba en reparación, había grandes montones de piedras.
- Pasamos sobre ellas como por un tobogán. No sé a qué velocidad íbamos, ni cómo llegamos a la plaza de Talavera. Cuando entré en la enfermería me encontré con dos médicos jóvenes, amigos de José, que estaban ya lavándose las manos. Tenían los brazos manchados de sangre. Al volverme así, vi a José tendido, con el vestido de torear roto a jirones y la cara pálida. Estaba ya de cuerpo presente.
En el rostro de Rafael, continente de cuero, aparece una lágrima.
- Me quedé solo con él, mirándole, contemplándole. Blanquito, el pobre, estaba acurrucado en un rincón.
- Pero ¿y la gente de Talavera, Rafael?
- Había ido al pueblo a llorar.
Esta contestación del Gallo me produce una profunda impresión.
- Sí; la gente había ido a llorar al pueblo. Mi cuñado Ignacio se fue a la estación a gestionar el que reforzaran los turnos del telégrafo.
 Se le rompe la voz. Respeto el silencio. No quiero preguntarle nada.
- José estaba allí, de cuerpo presente.
Me acuerdo de aquellas imágenes certerísimas de Lorca:
Tres golpes de sangre tuvo,
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
A medianoche se percibió el rumor lejanísimo de un motor de automóvil. Prestó atención.
- Junto a la ventana de la enfermería se detuvo un automóvil. Oí un portazo. Empujaron la puerta y vi que entraban la reina Victoria y el rey don Alfonso XIII. No saludaron. Se fueron derechos a arrodillarse a los pies de José. Recuerdo que el rey dijo: «Victoria, ¿has traído el rosario?» La reina dijo que sí: «Vamos a rezar», dijo el rey. Yo estaba empezando a sentirme enfermo, porque no he podido llorar nunca, y eso hace mucho daño al corazón. Me quedé mirando como rezaban los reyes. La reina llevaba un velo negro sobre la cara, muy tupido. Al marcharse, don Alfonso me dio un abrazo y me dijo: «¡Lástima de hombre el que hemos perdido, Rafael!»
A los pocos momentos de haber emprendido los reyes el viaje de regreso a Madrid, la gente que estaba llorando en el pueblo llegó hasta la enfermería de la plaza de toros de Talavera.
- Las mujeres entraban, sin saber por dónde. Entraban atropellándose, y al encontrarse frente a mi hermano de cuerpo presente, decían: «¡José!» Y no decían más porque se desmayaban. Los hombres, con la gorra de visera en la mano, le miraban, se quedaban muy pálidos y acababan por caerse al suelo también. Hubo que prestarles auxilio, y los médicos acabaron todas las cosas que tenían en el botiquín.
Rafael da una palmada en el brazo de madera del sillón.
- ¡Ea, hablemos de otra cosa!
No le digo nada. Y él sigue con su recuerdo melancólico encerrado en la plaza mayor de su cabeza.
- Al día siguiente me puse malo. Estuve siete meses en cama. Creí que también yo me iba «pá» allá.
Pienso que por hoy ya basta el relato. Me despido de Rafael el Gallo, que se queda en su cuarto. Salgo al pasillo, en penumbra. Las mujeres cosen silenciosamente en el comedor.
- Buenas noches.
- Vaya usted con Dios…
(Marino Gómez Santos, Mi Ruedo Ibérico, Ed. Espasa Calpe, Colección La Tauromaquia, Vol. 37, 1ª edición, Madrid, 1991, Págs. 76 a 79)
Museo Taurino de Valencia
(Cortesía Gabriel Vegas)
Como pueden deducir de la lectura de lo transcrito, la versión de El Gallo no es una versión común y corriente de lo sucedido en Talavera. No obstante, resulta de interés saber cómo vio y se vio Rafael ese día, al menos en los remolinos de su mente. Por esa razón no haré comentario alguno, ni la contrastaré con la prensa de la época, creo que vale por sí sola y por lo que en sí representa, por lo que no tiene caso el intentar acreditar o desacreditar su contenido y sí por el contrario, disfrutarlo intensamente.

Espero que pese a su extensión, esto haya resultado de su interés.

domingo, 8 de mayo de 2011

La Feria de San Marcos y su actual estructura a 40 años vista, y XII

La proyección hacia el futuro de la apuesta de Guillermo González Muñoz

Guillermo González y José Julián Llaguno en el callejón
de la Plaza San Marcos (Archivo Carlos Meza Gómez)
En otro artículo de esta serie había apuntado que después de la Feria Guadalupana de 1956 en El Toreo de Cuatro Caminos no se había intentado, con visos de permanencia, otro ejercicio de implantar una feria a la española en ninguna otra ciudad mexicana, donde se seguía prefiriendo el concepto de temporada, con festejos semanales en una determinada época del año.

En la Ciudad de México es aún más notorio el rechazo a ese tipo de programación, pues tras de la experiencia de ese 1956, se volvió a intentar en el Palacio de los Deportes en los años 70 y 80 y alguna vez en la Plaza México en un fin de semana largo cercano a un 5 de febrero con escasa respuesta de público y afición e insisto, allí prima la idea de dos temporadas bien diferenciadas, la de otoño – invierno para las corridas de toros y la de primavera – verano para las novilladas y eso es así casi desde los inicios del Siglo XX.

Cuando Guillermo González Muñoz digamos, injerta la idea que don Livinio Stuyck posicionó en Madrid a partir de 1947 – pese a la oposición de personajes como el Marqués de la Valdavia, que no quería que se llamara Feria de San Isidro, sino algo así como Corridas Extraordinarias del Santo Patrono, para no dar un “toque pueblerino” al serial –, era difícil predecir cuál sería el desenvolvimiento en el futuro próximo de una feria así, porque si bien, en ese 1971 cuatro de las seis corridas se saldaron con llenos de acuerdo con las crónicas revisadas, la tónica respecto del ganado lidiado fue su escasa presencia y su desesperante falta de bravura.

Pero aún en esas condiciones, Guillermo González Muñoz repetiría la experiencia al año siguiente, aumentando el número de festejos y logrando llenar la plaza casi en la totalidad de ellos, pese a que para ese calendario no logró la contratación de Manolo Martínez, por lo que la serie de corridas descansó sobre Curro Rivera. Ante tales evidencias, empresarios como Ignacio García Aceves, Joaquín Guerra y varios más, comenzaron a ofrecer propuestas similares en las plazas que regentaban, al ver que el modelo funcionaba.

Entradón en la Plaza San Marcos Ca. 1971
(Archivo Carlos Meza Gómez)
Así pues, este tipo de feria que se dio por primera vez en Aguascalientes en 1971, resulta ser un parteaguas en la historia del empresariado taurino mexicano. A partir de ella las celebraciones cívicas y patronales de las ciudades taurinas de México se disfrutarían con series continuadas de festejos y no con alguno destacado, pero aislado dentro o fuera de una temporada.

Sobre los resultados que se iban produciendo, se fueron haciendo correcciones al esquema original. Por ejemplo, entre nosotros no se utiliza el esquema del abono, que implica que el titular de éste debe retirar la totalidad de las entradas del ciclo que el mismo ampara, generalmente con un descuento sobre el precio suelto de las mismas; aquí se aplica el derecho de apartado, que es un sobre precio que se paga a la empresa por reservar la entrada hasta un cierto plazo antes del festejo – en Aguascalientes son 72 horas – y el titular del apartado puede decidir si lo retira o no. En los festejos de entre semana, aunque fueran nocturnos, se veían entradas magras y además, tienen el sambenito de que la luz artificial afecta el juego de los toros; por esa razón, se procuró agrupar los festejos en la cercanía de los fines de semana, para darlos siempre de día y así se ofrecen en tres o cuatro bloques, para garantizar mejores entradas, eliminando al tiempo los nocturnos, que al inicio del esquema, permitían dar festejos todos los días de la semana.

El éxito así fue rotundo. La Plaza de Toros San Marcos tiene capacidad para cuatro mil espectadores. En 1971 tenía 75 años de ser el centro de la atención taurina de nuestra feria. Para 1973 se había convertido en un escenario insuficiente por su capacidad y en 1974 se dio en ella la última feria completa – el 24 de abril 1996 se ofreció una corrida suelta por el centenario de su inauguración – que albergara, porque para 1975, el serial se mudó a la nueva Plaza Monumental Aguascalientes, que en esos días duplicaba la capacidad de la San Marcos.

La otra cara de la moneda

Vista aérea de la Plaza San Marcos
(Foto: Google Maps)
El otro aspecto de la Feria de San Marcos así concebida, es que poco a poco se fue diluyendo la idea de una temporada de toros fuera del tiempo de feria. Mientras Guillermo González Muñoz tuvo el manejo de las cosas de la fiesta aquí, centró su esfuerzo en esa feria y procuró conservar algunas fechas tradicionales como la Navidad, el Año Nuevo, el 15 de agosto, el 16 de septiembre o el 20 de noviembre, además de tener un sagaz sentido de la oportunidad para aprovechar fechas  sueltas de toreros importantes y ofrecer corridas extraordinarias de gran atractivo.

Pero los tiempos cambiaron y las empresas también. Hoy, esa aportación de Guillermo González Muñoz es el único eje de la Fiesta en Aguascalientes y en la mayoría de las ciudades taurinas de México, que con alguna variación insustancial, consideran así solventado su compromiso con sus respectivas aficiones.

Desde aquí expreso mi reconocimiento a un gran empresario, aficionado y por qué no, revolucionario en estas cosas, don Guillermo González Muñoz, quien hace 40 años le dio a nuestra Feria de San Marcos, la identidad y la estructura que hoy tiene.   

martes, 3 de mayo de 2011

En el centenario de Armillita, V

3 de mayo de 1911: Nace en Saltillo, Coahuila, Fermín Espinosa Saucedo, Armillita

Hoy se cumple el centenario del natalicio de quien con poco margen de discusión puede ser considerado el más grande torero que ha dado México. Vino al mundo en la casa número 10 de las calles de Guerrero, en el barrio entonces llamado del Águila de Oro, en la capital del Estado de Coahuila, siendo el octavo hijo del matrimonio formado por don Fermín Espinosa Orozco, natural de Guadalupe, Zacatecas, banderillero de toros y zapatero y doña María Saucedo Flores, originaria de Saltillo, Coahuila.

En algún otro apartado de esta serie de remembranzas, apunté que el Maestro Armillita, en los meses anteriores a su deceso, comenzó a escribir sus memorias, mismas que comienzan a partir del momento de su llegada a este mundo y que alcanzan a cubrir los días previos a su alternativa española en Barcelona, el día 3 de abril de 1928, con su llegada a Madrid y su instalación en la capital española. Esos apuntes biográficos, de puño y letra del torero, fueron entregados por su familia a don Mariano Alberto Rodríguez, quien los publicó en su libro Armillita, El Maestro y de los cuales, extraigo lo siguiente, que cubre desde el natalicio del diestro, hasta su primer contacto con el mundo de los toros:

Nací el 3 de Mayo de 1911, en el barrio de Arteaga, en la ciudad de Saltillo, Coahuila. Mis padres fueron Fermín Espinosa Orozco y María Saucedo Flores. Por lo que cantaban mis padres fui un niño sano y mi principal alimento fueron los frijoles que me gustaban con locura ya que a todas horas los comía antes que cualquier otro alimento. Mis primeras andanzas en esta vida desde que yo tengo uso de razón recuerdo una vez que el e hato mi hermano que trabajaba en el ferrocarril le entregó su sueldo en puras monedas de veinte centavos a mi madre y en un descuido que ella tuvo le cogí una moneda y yo sintiéndome ya muy hombre fue a una tienda compre cigarros y refrescos, convidé a un amigo y en el corral de mi casa sobre unas piedras que hacían la vez de un mostrador de cantina nos pasamos toda la tarde tomando los refrescos como si fueran tequila y nuestros cigarrillos, pero no terminamos nuestra parranda porque mi madre nos descubrió y desde luego vinieron los manazas en la parte trasera de mi cuerpecillo pues en ese entonces tendría yo 3 años. Con el Chato me encariñé en mi niñez mucho pues él me atendía en todo y me consentía en mis caprichos y a todos lados me llevaba. 

Una vez que en un descuido al atravesar una calle me atropelló una carretela ligera, me paso por una pierna, afortunadamente no hubo fractura. Otra vez jugando con un amiguito en el corral de su casa al entrar corriendo a la cocina me tropecé con la señora madre de mi amigo la cual llevaba un cazo con dulce hirviendo del que se le cayó gran parte con tan mala suerte que me cayó en el brazo o sea la muñeca de la mano derecha, y fue tal la quemada que me dio el dulce que a la fecha tengo una gran cicatriz todo al rededor de la muñeca. 

Mis aficiones taurinas empezaron yo creo que cuando todavía no tenia uso de razón pues me cuentan mi padre y mis hermanos que una vez de tantas veces que me llevaron a los toros a una corrida que por cierto toreaba mi padre de banderillero, saltó un toro al tendido. Este es el único detalle que vagamente recuerdo, y que se armo un lío tremendo en el tendido, al grado que tuvieron que matar a tiros al toro allí mismo, y para esto mi padre estaba prendido de la cola pues vestido de torero subió al tendido a tratar de coger al toro corno fuera para evitar desgracias entre el público. Una vez terminado todo este lío y ya todo en calma mi hermano el chato se volvía loco buscándome pues me dejo solo y con el lio y contusiones que hubo en esos momentos no supo de mi para donde gane yo. Al mucho rato y después de terminada la corrida me encontró en un balcón de la plaza que daba a la calle. Como digo de esto creo no tenia uso de razón pues casi no lo recuerdo. Dicen que yo de niño ya toreaba muy bien, me gustaba torear en la calle a las puertas de mi casa, y una vez estando yo echando mis capotazos vi llegar un coche de caballos que paro frente a la casa. Bajaron de él mi padre y un charro muy bien ajuareado, y una señora. Me llamaron pero me asustó ver ese hombrote tan raramente vestido que salí corriendo para la casa y fui a parar hasta bajo de una cama, de donde no salí hasta como a las dos horas que me sacaron a jalones pues después de comer y estar un rato con mi familia se acordaron de mi y antes de marcharme este señor quiso que me llevaran con él. Una vez que lo lograron me acaricio dándome palmaditas en la cabeza y en la cara y de su bolsa saco una moneda de oro de $20.00 pesos y me la regalo. Yo me sentí feliz pues a esa edad, 3 años, en esos tiempos piara mi era algo único. Ese detalle del charro tan llamativamente vestido nunca lo olvidaré. Ese charro era el que fuera famoso matador de toros Juan Silveti. 

Al poco tiempo sin saber yo los motivos tuvimos que trasladarnos a San Luis Potosí, seguramente porque mi padre buscaba nuevos horizontes para sacar avante a la familia que era muy numerosa y en Saltillo había pocos toros y con el trabajo de zapatería que él ejercía en la misma casa, (remiendos y composturas) no era seguramente suficiente para poder vivir y mantenernos a todos pues mis hermanos mayores todavía no sabían ganar dinero para aportarlo para ayuda de los gastos de la casa. De este traslado solo recuerdo que pase mucho frío en la estación de Saltillo durante la espera del tren que nos tenía que llevar a San Luis. 

De los primeros años que pasamos en San Luis mi primer recuerdo, por cierto desagradable, fue cuando me llevaron a la escuela. Yo no quería ir y cuando llegamos al colegio mi madre tuvo que meterme a rastras y llorando como un desesperado. Esto sucedió cuando yo tenía entre seis y siete años. Curse normalmente los dos primeros años y al tercero me reprobaron, menos mal que al empezar nuevamente a repetir el 
3º 
nos tuvimos que venir a México, confieso que no me gusto estudiar. Fui muy flojo en mis calificaciones, siempre fueron lo más bajo posible, y siempre que podía me iba de pinta, pero mis pintas por lo regular eran muy buenas. Por no saber a dónde irme pasaba todo el tiempo recorriendo todas las iglesias que me encontraba y que conocía en San Luis, hasta que una vez por no calcular la hora llegue antes de tiempo a la casa y por no saber en ese momento mentir me receto mi madre una buena tunda. Desde esa vez no volví a faltar al colegio, Escuela Modelo, pero de nada sirvió, no aprendí nada más que a leer y casi nada en cuestión de números. Mientras tanto, en esos siete años que pase en San Luis, mis aficiones al toro recuerdo yo que las tenia adentro pues todos los días, a media calle, organizábamos nuestras corridas de toros. Unos de mis amigos decían que eran Gaona, otros Belmonte, o Mejías, pero a mí nadie me quitaba de que yo era Juan Silveti y es que era mi ídolo y además no olvidaba el detalle que había tenido conmigo. Los domingos formábamos una cuadrilla más en serio; o sea los que estábamos mejor con el toro (un muchacho con unos cuernos), nos íbamos a una corraleta que estaba acondicionada de tal forma que parecía plaza, teníamos público y todo, y ante ellos procurábamos hacer con el aparato grandes faenas, y lo que yo sí recuerdo es que Juan Silveti nunca se dejaba ganar la pelea de “Gaona” y “Belmonte”. ¡Menuda tercia alternábamos en esa corraleta de San Luis!...”

Partida de bautizo de Armillita
Con esta breve remembranza, recuerdo hoy el centenario de la llegada a este mundo de uno de los más grandes toreros que ha conocido este inmortal arte y cabeza de una importante dinastía de toreros, don Fermín Espinosa Saucedo, Armillita.

domingo, 1 de mayo de 2011

La Feria de San Marcos y su actual estructura a 40 años vista, XI

1º de mayo de 1971: Cierra la Feria con una novillada y el triunfo de José Manuel Montes

La única novillada de la Feria de San Marcos de hace 40 años se ofreció como el cierre del serial. Cuando se anunció la novedosa manera de darlo, se dijo en inicio que serían dos los festejos menores, pero los hechos concluyeron de manera distinta. Los nombres que se manejaron en un inicio, fueron los del moreliano Miguel Munguía El Inspirado y el local Arturo Magaña, para formar terna con un indiscutible José Manuel Montes, que era el novillero que durante la segunda mitad de 1970 y los primeros meses de 1971, con sus actuaciones, se había asegurado un puesto en los festejos feriales, pero, seguramente no se llegó a un arreglo con la administración del torero michoacano y en el caso de Magaña, la nota previa al festejo, aparecida en El Sol del Centro, el mismo día del festejo, explica el por qué de su ausencia del mismo:


 ...La novillada de hoy, enmarca el último festejo taurino de la feria y en el cartel, figurarán los triunfadores de la temporada, Pepe Luis Sánchez, José Manuel Montes y Luis Procuna Jr., quienes se disputarán el trofeo, El Cristo Negro del Encino, lidiando seis magníficos novillos de la ganadería de Chinampas que imponen respeto por su peso y su estampa.


Se conjugan en sí, tres auténticas figuras que salen al ruedo con el afán de lograr la faena que los coloque como el triunfador absoluto de la novillada porque en ello va aparejado el éxito personal y la obtención del trofeo que marque un recuerdo perdurable de su relevante actuación en el último festejo taurino de la feria en este 1971 que taurinamente fue la más abundante. 

Pepe Luis Sánchez, a quien la suerte le deparó su inclusión en el cartel por el grave percance sufrido por Arturo Magaña, quien por cierto evoluciona satisfactoriamente, tiene enormes deseos de justificar la oportunidad y llega dispuesto a cuajar las mejores faenas durante los dos novillos que le toquen en suerte, de lo que puede hacer de frente a los astados, ya hay clara evidencia cuando toreó al sobrero de Valparaíso en forma extraordinaria…”

En ese orden de ideas, se conformó un cartel con dos novilleros locales que tuvieron actuaciones destacadas en la temporada novilleril previa a la feria y con uno que, a más del atractivo que su nombre implicaba, también se destacó por sus actuaciones en esa serie de festejos llamados menores. La crónica de don Jesús Gómez Medina, como siempre, en El Sol del Centro, resalta la actuación de José Manuel Montes ante el cuarto de la tarde, de nombre Arriero, de Chinampas, al que califica como el mejor toro de toda la feria y de la que extraigo lo siguiente:

…El epílogo al brillante capítulo taurino de la Feria, constituido por la novillada del día primero, tuvo también una página de gran esplendor: la lidia y muerte del cuarto novillo de Chinampas, que mereció a José Manuel Montes obtener las orejas y el rabo del magnífico burel y, posteriormente, el trofeo que estaba en disputa. 

Lucido éxito el de Montes, sin género de duda. Más, ¿cómo olvidar lo que para su obtención representaron la alegría, la nobleza, la acometividad y el claro estilo de “Arriero”? Por esta suma de cualidades, seguramente fue este el mejor burel lidiado en la Feria; un burel cuya bravura pasó con creces la prueba de fuego de los piqueros, frente a los que recargó con auténtica codicia. 

Con mayor razón que ningún otro, “Arriero” era merecedor de los honores que se otorgan a los despojos de los astados de excepción; pero ni la Autoridad – ¡oh, la Autoridad! – acertó a ordenarlos, ella, que hace una semana se exhibió tratando de homenajear los despojos de un manso; ni tampoco José Manuel Montes tuvo el buen juicio de solicitarlos. De esta manera ni el toro ni su criador recibieron el premio necesario, salvo los aplausos de algunos buenos aficionados y el reconocimiento que desde aquí hacemos a lo que fue “Arriero”. 

Frente a tal adversario, José Manuel Montes volvió a ser el novillero emotivo, entusiasta que se estaba perdiendo. Tras un farol de hinojos, en el que aguantó enormidades, lances valerosos, con ajuste y sabor. Y una faena en la que hubo ligazón, continuidad y emoción; un trasteo derechista, que llegó al público por el aguante de que hizo gala el torero, aprovechando la alegría y la nobleza del burel. A toro desigualado, un espadazo fulminante. Las orejas, el rabo y varias vueltas al ruedo, entre ovaciones y música…

De esta forma, José Manuel Montes cerró triunfalmente la feria llevándose el trofeo llamado El Cristo Negro del Encino, que por aquellas calendas se entregaba al triunfador de las novilladas de Feria. Para la estadística, Luis Procuna hijo se vio empeñoso y Pepe Luis Sánchez inexperto, de acuerdo con la relación de don Jesús.

De este recuento del cuadragésimo aniversario de nuestra feria en este modo de darse, solo me queda hacer el balance de lo que significó para el futuro, lo que espero hacer en los próximos días. Hasta entonces.

Aldeanos